sábado, 26 de junio de 2021

Las Guerras COB (I)

Queridos lectores:

El maestro Beamspot me envió hace ya unas cuantas semanas una serie de ensayos sobre el problema de la escasez de chips y todos los factores que en ella interactúan. Un fenómeno complejo fruto del mundo complejo que hemos creado. 

En esta primera entrada, Beamspot hace un glosario de los términos y nos pone en situación con respecto al complejo mundo de la fabricación de semiconductores, identificando los principales (y pocos) actores. Espero que lo encuentren interesante y los disfruten como yo lo he hecho.

Les dejo con Beamspot.

Salu2.

AMT

 

Las Guerras COB. 1ª parte.

El mundo del revés.

 

Oblea de silicio conteniendo muchos circuitos integrados, probablemente de 300mm de diámetro o algo más.

 

Prólogo.

De un tiempo a esta parte, se está hablando cada vez más de la escasez de semiconductores, cómo esta afecta al sector de la automoción: que si el minado de bitcoins, que si las tarjetas gráficas, el just-in-time, la guerra comercial, el exceso de demanda, etc.


En realidad, el mundo de los semiconductores es muy complejo y variado, y aunque todos estos comentarios y elucubraciones son ciertos, están muy, pero que muy lejos de ser la única raíz real del problema, pues este tiene muchas variables, y no hay ninguna que destaque sobremanera sobre el resto, a pesar de que la falta de semiconductores para la automoción sea muy visible.


Esa complejidad, en realidad, esconde muchas más variables y ramificaciones, medias verdades, excusas, problemáticas publicitadas muy diferentes de las reales en cuanto a su peso relativo por muy reales que sean, etc.


También hay unos cambios de rumbo muy significativos que no se tienen en cuenta, y que están detrás de buena parte de la situación. Estamos en un momento de disrupción del statu quo y de la manera de hacer las cosas en muchos sectores, y ese punto de inflexión, propiciado en buena parte por el Covid, mejor dicho ‘catalizado’ por la pandemia, está precipitando muchas cosas.


Explicar con un cierto nivel de detalle es complicado, especialmente para aquellos que no saben nada del tema, y más aún si no se pretende ahondar más allá de artículos sencillos.


Dado que este tema me afecta personalmente en tanto en cuanto trabajo en el sector de la electrónica, y, en el momento de empezar esta serie, de la electrónica de la automoción (sector que abandoné a mediados de abril para volver a la I+D+i en electrónica en otros sectores) pues me permite tener un ‘asiento de primera fila’ en todo este proceso de cambio.


Es, pues, desde este punto de vista privilegiado, en el sector que me da de comer (me refiero a la electrónica), que incluso a nivel personal me interesa profundizar en el tema. Y compartir mis reflexiones puede ser interesante para más de uno, así que os invito a un ‘tour’ probablemente más complejo y profundo del que muchos se esperan.


La idea de esta serie, indefinida en cuanto a su longitud en este primer artículo, es la de explorar las causas y consecuencias del cambio tectónico que estamos viviendo en el mundo de la tecnología, especialmente la electrónica.




Pongámoslo de otra manera: vamos a empezar explicando ‘cómo se mueven las piezas’, para luego ir entrando ya más en lo que es propiamente el ‘juego’ en sí mismo.


En esta entrada de hoy, obviamente por ser la primera, se hará un ‘breve’ estudio de lo que es el sector de los semiconductores y componentes electrónicos en particular, para explicar las complejidades del sector.


Es la pieza clave para entender el resto, pero, ni de lejos, la única. También la más extraña y desconocida, probablemente, y por tanto la más extensa.


Glosario.


Es interesante, y quizás más sencillo, empezar a explicar este complejo entramado por lo que muchas veces está al final, el glosario. Compendio de términos, palabras, jerga, siglas y demás vocabulario que pulula abundantemente a sus anchas en este sector.


Tomémoslo como una presentación de los ‘actores’ principales de este capítulo.


Semiconductores, dopado, P/N. En electrónica, los componentes más interesantes suelen estar en la categoría de Semiconductores. Un semiconductor es un elemento o material compuesto que no es ni chicha ni limoná, es decir, ni es conductor eléctrico (como el cobre) ni aislante (como la madera) sino todo lo contrario

.


 


Sus propiedades eléctricas suelen cambiar con la temperatura y otros parámetros, cosa que, en ciertas circunstancias poco habituales, puede llegar a ser de interés. Sin embargo, para la electrónica general, y el tema que nos ocupa en particular, no es el caso.


Por tanto, para usarlo en electrónica, no interesan como tal, es decir, como semiconductor puro (también llamado intrínseco). Así que se le suelen meter ‘impurezas’ de forma controlada, en lo que se llama dopado, convirtiéndolo así en un semiconductor extrínseco que tiene propiedades más parecidas a las de un conductor eléctrico ‘malo’.


Sin embargo, tampoco como tales, son elementos interesantes. Y hablo en plural porque hay dos tipos de semiconductor dopado: el P (por tener ‘exceso’ de ‘cargas positivas’ o ‘huecos’) y el N (por tener ‘exceso’ de ‘cargas negativas’ o electrones).


No, realmente la ‘magia’ de los semiconductores aparece cuando juntas diferentes tipos de ellos, por ejemplo, uno tipo P y otro tipo N. Pero también cuando juntas uno de ellos con otros elementos como ciertos conductores.


El semiconductor más habitual es el silicio (Si), pero el germanio (Ge) y el compuesto de arseniuro de galio (GaAs) también se usan (este último, en aplicaciones de RF y potencia).


BJT, MOSFET, Diodos, IGBT.

Cuando se habla de la unión de diferentes tipos de semiconductores, y según sean estas uniones, empezamos a hablar de componentes electrónicos (semiconductores, llamados activos en según que casos). Éstos son los ladrillos básicos que se utilizan en la electrónica junto a otros componentes no semiconductores como las resistencias, condensadores y bobinas.


El elemento más sencillo es el diodo, formado por una unión [de semiconductores ] P y N (aunque hay variantes). También es la base de los paneles fotovoltaicos.


Luego, el siguiente en ‘edad’, primero en fama, merecedor de un premio Nóbel, padre de la electrónica moderna, pilar fundamental de la misma, solución en búsqueda de problema, viene el Transistor Bi-Unión o Bipolar, BJT en sus siglas anglosajonas. Tiene dos uniones, y tres terminales. Hay de dos tipos: PNP y NPN.


Sin embargo, el más fabricado hoy en día, el auténtico caballo de batalla de la electrónica es la familia de transistores llamados MOSFET, de Metal-Oxide-Semiconductor Field Effect Transistor, o transistor de efecto de campo metal-óxido-semiconductor. De nuevo, tres terminales.


El MOSFET es el pilar sobre el que se basa ‘de facto’ toda la tecnología moderna, el ‘ladrillo’ con el que se construyen la mayoría de circuitos integrados y demás parafernalia.


 

Hay un miembro particular de la familia MOSFET que ha sido la última gran innovación en este sector, el FinFet, que tiene una geometría que parece una aleta (fin en inglés). Geometría que, aunque lleva poco en el mercado, ya se halla en sus límites, así que para los nodos más pequeños (<14nm, especialmente en los nuevos de 5, 3 y 2nm) se está desarrollando el GAAFet (Gate All Around Fet). Nada de eso está todavía en producción.


El último en llegar, es el IGBT, que es el ‘burro de carga’ de la electrónica de potencia, el ‘musculo’ que mueve los motores de los vehículos eléctricos, y los cargadores, etc. Tres terminales de nuevo.


Circuitos integrados, componentes discretos. Todos los elementos comentados en el apartado anterior, tomados así, ‘de uno en uno’, se consideran componentes discretos. Pero la gracia es poder utilizar unos cuantos juntos para hacer un circuito.


Es decir, la idea interesante es integrar varios componentes juntos formando un circuito específico, lo que constituye un circuito integrado. Cuanto más pequeños, mejor.


En estas lides, el rey indiscutible es el MOSFET, y cuando hablamos de integración, podemos hablar de escalas de integración según el número de componentes (mayormente MOSFETs) que contenga el circuito.


Para hacerse una idea, una memoria de 128GB de las que se pueden encontrar en un teléfono móvil, disco duro SSD, PenDrives de gran capacidad, tarjetas SD y similares, contiene más de 1.000.000 millones de mosfets.


Si, un billón (europeo) de componentes en un espacio del tamaño de una uña (una MicroSD por ejemplo).


Wafers, 180/200/300/450 mm. Pero ¿cómo se meten tantos componentes juntitos?


Bueno, para empezar, se toma una ‘base’ sobre la que se hace un proceso complejo, muy complejo, probablemente de lo más complejo que hay hoy en día. Ese proceso consta de varias fases, y no es lo que vamos a explicar en este apartado.


Aquí lo que vamos a ver es esa ‘base’. Es un disco u oblea generalmente de silicio, Wafer en el idioma del imperio. Obviamente, hay excepciones, que tendremos en cuenta en su debido momento al ser relevantes.


Suele ser un semiconductor extrínseco, tipo P o N, en el caso de ser de silicio.


Las características son muy importantes, pero generalmente suelen ser siempre similares: pureza, concentración de dopante, nivel de impurezas no deseadas (que generan errores), pulido/planitud, etc.


Sin embargo, la clave aquí suele ser el diámetro de esa oblea, en pulgadas o, más generalmente, mm.


Por término general interesa un tamaño de oblea lo más grande posible (para meter más circuitos integrados a la vez), pero también suele ser más caro y problemático de fabricar, así que mayor diámetro suele implicar mayor precio… y tecnología más moderna.


Hoy en día los tamaños menores de 180mm están (prácticamente) desaparecidos y sólo se usan en casos particulares. La dominancia está en los 300mm, pero hay bastantes procesos en la medida de 200mm.


Se ha intentado alcanzar los 450mm, pero parece ser que esa tecnología está costando de llegar. 


Más sobre este punto más adelante, ya que este es uno de los elementos clave para entender la situación presente del ‘bloqueo’ en la automoción, así como del posible futuro de los semiconductores.


Nodos, 100, 45, 28, 14, 7nm etc. Sin embargo, no sólo tenemos la medida de la oblea como dato importante o relevante. El otro elemento importante es el tamaño del MOSFET que se puede meter dentro.


Es obvio, cuanto más grande es la oblea, más circuitos integrados caben. En la misma oblea, cuanto más pequeño es el dispositivo a fabricar, más integrados caben. Así pues, el tamaño mínimo que se puede fabricar es el otro elemento clave en la tecnología de fabricación.


En realidad, aquí es donde radica la clave de la tecnología moderna. Cuanto más pequeño es el componente que podemos fabricar, más rápido, menor consumo (debido al tamaño menor, tiene menos pérdidas y menor capacitancia de puerta), más potencia de cálculo, y más ‘cosas’ podemos meter dentro de un espacio menor.


Es aquí donde se han centrado los avances. Cada vez que se conseguía un proceso de fabricación más pequeño, se avanzaba un paso, que llamaremos nodo. Y la característica de ese nodo se mide por el ‘trazo’ más fino que se puede fabricar de forma fiable, robusta, repetitiva, precisa. Se mide en nanómetros, y lo más de lo más hoy en día, está entre 2 y 3 nm, pero eso está en desarrollo, no en producción todavía.


Sin embargo, muchos de los productos que hoy en día compramos, están en nodos de 7, 10, 14, 28 o más nm, es decir, más grandes.


Por cierto, esa es la medida del ‘elemento’ más fino que se usa, y es para el terminal de puerta (gate) de los MOSFET (gate length en la imagen es de un FinFet).


Este es el campo de batalla de los fabricantes punteros, los que distinguen a los ‘grandes’ del resto.


Foundries, pure-play, fabricantes, fabless


Cuando hablamos de ‘fabricantes’, para la mayoría de gente, especialmente ingenieros, nos vienen a la mente nombres de la talla de Intel, Samsung, Apple, Qualcomm, Texas Instruments, Xilinx, Microchip, Atmel, Fujitsu.


Pues bien, la mayoría de los que he puesto aquí NO FABRICA. Son lo que se llama ‘fabless’ o ‘sin fábricas’. Fabricantes sin fábricas…


En realidad, muchos de los que fabrican de verdad semiconductores… no tienen marca propia. Si bien Intel tiene fábricas que hacen productos propios en exclusiva, también tiene otros procesadores que le fabrican terceros.


Esos terceros que fabrican para los ‘fabricantes’, se llaman Foundries (fundiciones… que no funden nada), y pueden ser ‘pure play’, es decir, sin producto propio, o bien IDM (integrated device manufacturer) aquellos que fabrican sus propios integrados, pero también fabrican los de terceros.


En el caso de Pure Play Foundry, tenemos el mayor de todos como ejemplo, Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, TMSC para los amigos. ¿Alguien se imagina dónde está ubicada la sede central?


En IDM, como ejemplo, tenemos al segundo fabricante del mundo. Samsung. No me da la gana presentar a estos desconocidos…


Sin embargo, ninguno de los presentes ‘funde’ nada de silicio. Los wafers NO son fabricados por esta gente, es cosa de otras empresas… ya ahí radica otra clave de este embrollo.


Specialty, (Main) Players, IP, proprietary. Hasta aquí hemos hablado de ‘fabricantes’ en general, pero no todos entran dentro de esa categoría. Hay otro grupo bastante particular y nada pequeño que también fabrica, con sus propias y particulares fábricas, con tecnologías diferentes.


Ese grupo hace circuitos o componentes específicos, ‘especiales’, y por tanto, en un alarde de creatividad, se les llama ‘specialty’.


Dentro de esta categoría nos podemos encontrar, por ejemplo, a Osram, fabricante europeo especializado en LED’s, que tienen su propio proceso diferente de la mayoría de otros productos. Por ejemplo, es raro el uso de silicio, y abundante el uso de Europio, mezclado con Ytrio, concretamente para hacer la ‘resina amarilla’ que hay en los LED’s ‘blancos’ (que en realidad son azules, y esa resina convierte parte de la luz en amarillo, que, mezclado con el azul da blanco).


Podemos poner también aquí a empresas como LG, que fabrica transistores (MOSFET) de película delgada… sobre cristal. Si lo pongo por sus siglas en inglés seguro que sabéis a que me refiero: TFT (thin film transistor).


Entre LG y Samsung se fabrican más de la mitad de las pantallas del mundo. Y no sólo TFT, también está la familia xLED (QLED, SuperAMOLED, OLED, etc).


Si, las pantallas son circuitos integrados, que se ponen sobre un cristal, no sobre una oblea de silicio. El nodo es relativamente grande, pero el proceso incluye la deposición de filtros de color, generalmente en base a tierras raras.


Otro fabricante ‘specialty’ es Sony. Su producto: sensores de cámara (CMOS). No es el único, aunque sea el mayoritario. De hecho, entre tres tienen más de la mitad de la producción mundial, junto con OmniVision y Samsung.


También podríamos hablar de Bosch sensortech, que se dedican a fabricar sensores específicos, por ejemplo, de condiciones medioambientales (temperatura, humedad, presión atmosférica, calidad del aire, etc). Hay otros fabricantes que se dedican a sensores MEMS (Micro Electro Mecanic Systems ¿hace falta traducirlo?) que podríamos generalizar (con cierto margen de error) por sensores inerciales: acelerómetros, giróscopos, magnetómetros (brújula), etc, que se usan para la navegación junto al GPS.


Y, hablando de GPS, podemos añadir a esta reducida lista que dista muchísimo de ser completa, a los fabricantes de tecnologías de alta frecuencia, radiofrecuencia y demás, que, generalmente se especializan en semiconductores en base a Arseniuro de Galio (GaAs), muy diferente del silicio.


Esto es una tecnología cara y compleja, y que se usa casi en exclusiva en ciertos rangos de uso de la radiofrecuencia elevada. Más concretamente, en emisores/receptores de frecuencias altas, empezando por el GPS (1.5GHz), continuando por el Bluetooth y el WiFi (2.4, 5GHz), y terminando por los radares de automoción en la gama de los 70GHz.


Un último grupito sería el de fabricantes RadHard o ‘radiation hardened’. Estos son bastante particulares, ya que utilizan tecnologías generalmente ‘obsoletas’, y de nodos enoooooormes (más de 100nm) por razones técnicas: necesitan una gran inmunidad a la radiación cósmica (de ahí lo de Reforzados contra la Radiación), puesto que su uso es espacial y especial: satélites que están más allá de las órbitas bajas, misiones extraplanetarias como la Luna o Marte (últimamente muy visitado).


Estamos hablando, en este caso, que un microcontrolador de la (muy veterana) familia 8051, que en su versión normal se puede comprar por menos de un euro (si lo encuentras, que ya es viejuno), en la versión RadHard puede costar tranquilamente decenas de miles de Euros: te lo tienen que fabricar casi ‘ex profeso’. Eso implica que hacer un prototipo te puede salir muy barato y al alcance de un aficionado… pero para poder hacer el satélite que va a salir de la atmósfera se te va a ir una pasta sólo para poder fabricarlo, sin contar con la certificación.


Hablando de radiación… los últimos avances en fabricación de IGBT’s discretos parte de obleas irradiadas para crear el dopado de base, ya que sólo así consiguen la distribución e integridad necesaria para conseguir la potencia (y también la densidad de la misma) y velocidad necesarias… otro proceso ‘especial’.


Obviamente, estos fabricantes especializados son casi los ‘propietarios’ o quasimonopolios de cierto rango estrecho de productos muy específicos de la familia de semiconductores, con procesos parecidos, pero con ciertas diferencias que no sólo los diferencian, sino cuyo know-how particular es la ventaja que aprovechan sobre el resto.


Los fabricantes especializados son numerosos, son comunes en tanto en que sus productos son ubicuos (TFT’s, cámaras, sensores inerciales, WiFi, Bluetooth), y para nada son minoría, aunque sean sólo un puñado en cada especialidad.


Fab Complex, Clean Rooms. Especialistas o generalistas, grandes o pequeños, todos estos fabricantes tienen unas cuantas cosas en común: trabajan con semiconductores, en complejos industriales (Fab Complex) que contienen Clean Rooms (o salas blancas, salas limpias).


El uso intensivo de recursos muy particulares y de gran pureza (por ejemplo, agua ultrapura, pero eso es sólo una parte) generalmente implica unas instalaciones de elevado precio que pueden ser compartidas entre varias plantas o naves de diferentes tecnologías.


Esos servicios suelen encontrarse dentro de un complejo, en naves separadas o apartadas, con sus almacenes y sistemas propios.


Dentro de estos complejos, además, están luego las ‘fábricas’ o plantas que procesan los semiconductores propiamente dichos, que suelen constar de diferentes niveles, empezando por un purificador/limpiador de aire en el techo.


Debajo del purificador de aire suele ir el ‘corazón’ de la fábrica, la sala blanca. Esta, además muchas veces está anidada, es decir contiene dentro salas blancas aún más limpias.


Cuando hablamos de salas limpias, hablamos de salas limpias de verdad, homologadas y clasificadas, dónde las más sucias dejarían avergonzada a cualquier exigente suegra tiquismiquis.


Cuando se habla de nodos de menos de 10nm, estamos hablando de cosas mucho más pequeñas que el protagonista de 2020, el coronavirus, que mide entre 100 y 500 nm.


El virus del Zika, mucho más pequeño, mide 45nm. Un pelo humano es gigantesco en comparación.


Así pues, el nivel de limpieza necesario para trabajar en uno de estos centros, es muchísimo más exigente que el presente en un laboratorio de biocontención (las medidas de seguridad son muy diferentes, por cierto, radicalmente).


Pero debajo de la sala blanca, aún hay espacio para un montón de maquinaria necesaria para dar soporte tanto a la limpieza como al suministro de materias primas.


Ah, por cierto… dentro de estas salas, el transporte de productos semielaborados se realiza con cabinas cerradas que viajan por el techo, puesto que el polvo cae hacia abajo (además de ser empujado por el sistema de reciclado del aire).


Así, no es de extrañar que los trabajadores vistan un ‘burka tecnológico’.


Steppers. ASML. Casi todos los procesos de trabajo con semiconductores tienen en común unas pocas etapas. La limpieza y depuración es una de ellas, y no me refiero sólo al aire: de ahí el elevado consumo de agua ultrapura.


Otro, es el de ir haciendo máscaras en base a resinas fotosensibles


Podríamos describir este proceso de la siguiente manera: a partir de una oblea limpia, se le pone encima una capa de resina fotosensible.


Luego se le mete un ‘flash’ de luz con una máscara (es decir, un dibujo transparente en blanco y negro), que tras un proceso de revelado y limpiado dejará partes de la superficie de la oblea cubiertas con una resina protectora resultado de este proceso, dejándola lista para el siguiente proceso, y el resto sin nada.


Ese flash se hace con un tipo de máquina llamada Stepper. Esta máquina es la clave de todo el proceso, ya que es la que define el nodo, la ‘resolución’ que es capaz de darse al semiconductor, los nm. Bueno, esta máquina junto a los coaters y etchers


El fabricante más avanzado es ASML, holandés. Si, en Europa.


El nivel actual del último modelo es tal que para que se pueda trabajar ni siquiera la depuración del aire es suficiente para asegurar la ausencia de partículas: trabajan al vacío. No hay óptica que sea transparente al láser ultravioleta ultraprofundo que utilizan (ni el mismo aire lo es), así que tienen que usar espejos.


Obviamente, la óptica (bien de cristal en los nodos más grandes, bien de espejos en los últimos nodos) tiene que tener esa precisión o más, y por tanto es cara: decenas de millones de € cada una. La máquina de ASML lista para producir está por encima del centenar largo de millones de €. Y una fábrica presentable tiene cientos, aunque de las últimas tecnologías apenas son unas decenas.


Así pues, no es de extrañar que una fábrica, sola (sin contar el resto del complejo fabril en el que está insertado) cueste la friolera de 20.000 M$.


Ni que decir tiene que, al final, todo es un tema económico.


Vapour Phase Deposition, Ionic Implantation, Epitaxia, Czochralsky. Una vez se obtiene la capa protectora mediante el proceso anterior, se suele someter la oblea a otro proceso, que puede ser retirada de material (en las áreas desprotegidas), añadir material (en todas las partes o en las zonas protegidas) o el cambio del material en las zonas desprotegidas


Por cambio se entiende el dopado (añadido mínimo dentro) del silicio, bien aumentando dicho dopado, bien reduciéndolo o incluso (habitualmente suele ser este el caso) invirtiéndolo. Ese es el proceso básico para obtener la funcionalidad del semiconductor: crear uniones P-N.


La retirada de material muchas veces se hace para luego, a posteriori, añadir de nuevo otro material. Este añadido bien puede ser de semiconductor, o bien de metales para hacer conductores o conexiones eléctricas, siendo el aluminio el más habitual, pero no siendo raro otro tipo de metales como el oro o el platino.


En muchos casos, estos añadidos o ciertos cambios, son bastante particulares y suelen ser mejoras clave para que la funcionalidad se alcance, sin ser los causantes reales de dicha funcionalidad. Por ejemplo, el añadir platino a ciertos diodos no hace que sean (o dejen de ser) diodos, pero sí que sean más rápidos.


Estos procesos suelen tener nombres bastante rimbombantes, y son definitorios del tipo de proceso o etapa en la que está la fabricación del semiconductor.


Al principio, las etapas suelen ser para crear uniones P-N, con retirada y añadidura, y cambio de materiales (semiconductores, la parte de abajo denominada FEOL). Posteriormente, cuando las uniones P-N están hechas, suele venir el añadido de las puertas de polisilicio de los MOSFET, para luego acabar con etapas de añadido de metales para hacer las interconexiones eléctricas entre los diferentes MOSFET (y demás componentes, la parte de en medio denominada BEOL) internos del circuito.


Así pues, no es de extrañar que una oblea pase por decenas de ciclos de procesado, siendo habituales tiempos entre que entra la oblea pura como materia prima, y que sale el circuito integrado ‘acabado’ de meses. Este detalle temporal es relevante, como veremos en otra entrega de esta serie.


Los procesos que se exponen como título de este apartado, excepto la técnica de Czochraslky, se aplican en la fabricación de semiconductores, algunos como la epitaxia, sólo en casos particulares.


El mencionado Czochralsky se utiliza para el crecimiento de cristales (monocristalinos) de silicio u otros materiales, como el zafiro y el cuarzo.


Por tanto, las obleas se obtienen sistemáticamente mediante este método (que luego es sometido a varios procesos más).


Es significante mencionar que no todos los semiconductores se producen en una oblea de silicio. Algunos algo particulares, especialmente procesadores de altas prestaciones, se implementan sobre obleas de zafiro (los más caros, Silicon On Sapphire), o de cuarzo, dióxido de zirconio o incluso sobre silicio ‘aislado’ (Silicon On Insulator, más baratos que los anteriores, más caros que los semiconductores ‘clásicos’).


Chip On Glass, Chip On Board (COB), Bare Die, Bonding, encapsulados. Pero estos fabricantes solo fabrican el semiconductor, no el ‘chip completo’.


Tras finalizar todos los procesos de fabricación, hay que cortar cada uno de los delicados cuadraditos y meterlo dentro de algo que los proteja… o no.


Si bien la mayoría se encapsula dentro de plástico, es posible para ciertos casos el poner el circuito integrado directamente sobre el circuito impreso. Este caso se suele llamar Bare Die, y, por ejemplo, se utiliza en las etapas de castaña de los inverters para motores eléctricos de automoción, dónde el circuito impreso es de alúmina, todo para mejorar al máximo la refrigeración es estos IGBT’s de potencia y, a la vez, reducir el tamaño.


Los procesos para montar Bare Die son muy caros, y también se tienen que realizar en una sala blanca… siendo el proceso además inherentemente sucio, lo que complica las cosas.


Lo mismo aplica para los encapsuladores, si bien éstos son más genéricos y menos sucios (no hay soldadura eléctrica, sólo ‘pegado’ y ‘wire bonding’). Éstos suelen ser fábricas externas que cogen las obleas, las cortan, ponen cada cuadradito encima de una ‘araña metálica’ (muchas veces pegada), luego los pasan por las ‘máquinas de coser’ que ponen un hilito de oro que va desde el circuito integrado a la patita metálica que luego será el pin o terminal del chip. Eso es lo que se puede ver en la foto.


Otros procesos, lo que hacen es montar el integrado ‘cabeza abajo’ encima de un circuito específico. Este suele ser el caso de los TFT’s y monitores. Este tipo de producto se suele llamar Chip On Board (COB, véase el título). La traducción literal es chip encima de la placa (Board), pero también se puede traducir más liberalmente como Chip a Bordo.


Otro caso similar se podría encontrar en los encapsulados BGA Flip Chip.


Este proceso se implementa fuera de la fábrica de semiconductores. Muchas veces, incluso fuera del país en que ésta se encuentra. Malasia es un país dónde se hace bastante de esto, igual que Filipinas.


El mundo del revés.


Ya se ha insinuado en este largo glosario (probablemente el más extenso de la serie) que muchas cosas no son lo que parecen. Vamos a explicar con algo más de detalle porqué esto es como es, el mundo al revés.


Para empezar, los fabricantes de chips no fabrican. Muchos sólo diseñan, y un buen puñado fabrica sólo una parte de su producción, concentrando la fabricación en foundries bien sean pure play, bien sean otros fabricantes que subcontratan sus excesos de capacidad productiva como es el caso de Samsung.


Y estas foundries, encima no son fundiciones porque no funden nada: compran el silicio ya rebanadito a las auténticas fundiciones que hacen los lingotes (ingots en inglés) de silicio en las condiciones requeridas.


De estas fundiciones que produzcan obleas de calidad para la fabricación de semiconductores, sólo hay un puñado. Si bien uno busca se encuentra bastantes fabricantes, resulta que la mayoría producen silicio grado solar (que ya hemos dicho que básicamente es un enoooorme diodo, lo que requiere una calidad baja), así que sólo unos pocos producen toda la producción mundial, generalmente en el tamaño de 300mm. Que produzcan de 200mm quedan aún menos.


Entre estos grandes están Tokuyama, Wacker AG, Okmetic, Shin-Etsu, Sumco (nada que ver con la compañía española de materiales de construcción).


Si se rasca un poco, prácticamente se reduce a tres: Wacker, Sumitomo y Mistubishi. La mayoría están participadas o controladas por Sumitomo y Mitsubishi. Decir que los mayores fabricantes de obleas calidad semiconductor son japoneses y que éstos controlan el mercado no es ninguna ida de la olla.


Ojo, que Sumitomo y Mitsubishi en realidad son grupos de empresas (keiretsu), así que es fácil confundirse con sus ‘primas-hermanas’ aunque no tengan ‘nada’ que ver: la Mitsubishi (Materials Corp) que hace obleas NO ES la Mitsubishi (Motors Corp) que fabrica coches.


De hecho, si uno se para a mirar detenidamente el panorama, la situación es muy parecida en todos los sectores. Los specialty, en cada campo, hay un número reducido de ‘jugadores grandes’. Ya hemos visto que las cámaras son tres: Sony, Samsung y OmniVision. En LED’s de indicación/generales, Osram y Nichia, (en LEDs de iluminación, Cree, que es algo diferente), en sensores, tres cuartos de lo mismo.


Si vamos a parar al campo más generalista, nos encontramos más variedad, pero podemos poner cinco grandes: TMSC (Taiwan), Samsung (Corea del Sur), Global Foundries (USA), SMC (Taiwan), y SMIC (China).


Un vistazo a la facturación deja claro cómo está la situación.


La dominancia de TSMC es casi absoluta… en el terreno de foundries. Si metemos los productos propios de Samsung e Intel, la cosa cambia bastante… sin que nadie adelante a TSMC. El tema de facturación aquí es complicado, ya que, por ejemplo, TSMC fabrica parte de los integrados que luego vende Intel… Y la clasificación que he enlazado sólo muestra la facturación de la parte de foundry (generalmente), lo cual distorsiona la visión del conjunto.


Por cierto… la mitad de las tripas de Apple… son Samsung… por si la cosa os parecía sencilla.


De todas formas, el mercado está dominado por muy pocos, aunque sean algunos más que en otros terrenos.


Incluso podríamos decir que entre los ‘generalistas’, cada uno está especializado en un nicho de mercado. 


Por ejemplo, Maxim está muy fuerte en fuentes de alimentación (esos chips que se encargan de ‘bajar’ la tensión de la batería del coche a los 5V o 3.3V o incluso 1.8V que se necesitan para alimentar a los otros integrados). Sus chips suelen manejar potencia, con lo que necesitan transistores grandes, así que no tiene sentido que fabriquen con nodos pequeños, aunque el proceso sea el mismo.


Sin embargo, Liebig manda. Por ejemplo, que uno de los fabricantes de WiFi esté desbordado, puede paralizar la fabricación de teléfonos móviles. 


O, como es el caso en el sector de la automoción, la falta de capacidad de fabricación de obleas de 200mm (utilizadas en nodos grandes como los que gasta Maxim) es el causante del paro en varios de los ‘fabricantes de especialidades’ como los fabricantes japoneses de microcontroladores (Fujitsu, Renesas) o de algunas líneas de la misma TMSC, aunque esta última tenga capacidad ociosa incluso en otras ramas de productos.


El mercado.


Pero… ¿cómo ha llegado el mercado a esta situación? Me refiero a que un puñado de empresas domine, que los fabricantes no fabriquen, que las fundiciones no fundan, y que otros ‘vayan a lo suyo’ haciendo sus ‘ingredientes secretos’.


Y es que la evolución es lógica… y como de costumbre, manda el dinero.


Cuando Intel mandaba, construir una fábrica de semiconductores era más barato, mucho más que ahora. Por ejemplo, las máquinas de ASML de nodos más grandes, costaban unos 50M€, mientras que las últimas que fabrica están en >120M€.


Los requerimientos de pureza eran menores, así que las máquinas de control y purificación eran más baratas, más fáciles de hacer, de menor precisión.


Y todo, en un momento en que en el mercado los procesadores se vendían caros.


Eso permitía a Intel el ir invirtiendo cada vez más en plantas más adelantadas, incluso muchas veces, en ‘reciclar’ plantas de nodos viejos. Pero a medida que el desarrollo se iba haciendo cada vez más y más caro, el margen de beneficio de los procesadores iba menguando. Así llego un momento en que la facturación de Intel no daba lo suficiente como para invertir en nuevas plantas, como la anunciada de 4nm que nunca llegó a materializar.


Rendimientos decrecientes en todo su esplendor.


De hecho, Intel dio el campanazo al empezar a subcontratar a TMSC la fabricación de sus procesadores, incluso, oh herejía, llegó a desarrollar sistemas basados en ARM (podríamos decir que la competencia).


El caso de ARM es paradigmático, la ‘culminación del mundo del revés’. Nunca han fabricado nada. Sólo se han limitado a vender propiedad intelectual a otros fabricantes, que son los que lo integran junto con otras soluciones. Es el mismo caso que las foundries, el ‘poner en común el esfuerzo’, pero aplicado al campo del desarrollo de aplicaciones (con las mismas herramientas puedes desarrollar con micros de Atmel, Qualcomm, Renesas, Fujitsu, ST, Philips, Freescale, Intel…).


Esto de ARM va mucho más allá, y como muchas otras cosas que se han comentado aquí, se analizará en más detalle en otras entradas.


Por eso, muchos fabricantes empezaron antes que Intel mismo a subcontratar foundries. Eso permitió que más de un ‘fabricante (sin fábrica)’ ‘fabricase’ en la misma ‘fábrica (o sea, foundry)’, y, por tanto, la facturación conjunta de TMSC llegó a ser tan alta, permitiendo así reinvertir en nodos cada vez más pequeños, adelantarse a la competencia, y así asegurarse clientes. Es el mismo camino que emprendió su compatriota SMC.


La estrategia de Samsung fue la inversa: invirtió en exceso de producción que luego subcontrata como foundry, sobre todo los nodos más grandes.


La razón es que Samsung, en la parte de semiconductores, en realidad es una specialy: su especialización es en la fabricación de memorias, bien RAM de varios tipos, bien flash. Las memorias son los integrados que permiten meter más componentes (transistores) en menos sitio (esto, como las viviendas, van a tanto el m2). Y dado que tenía claro que la inversión era la base de la supervivencia, pues adoptó esta estrategia. Como si el gobierno coreano no hubiese metido mano en todo esto…


Algo parecido hizo AMD, que es de dónde surgió Global Foundries.


El caso de la china SMIC es diferente, y como cabe esperar, es una apuesta estratégica del gobierno chino. En el terreno de la geoestrategia entramos… pero dejemos esto y algunos detalles más para las próximas entradas, que esta ya es demasiado larga


Mientras, si a alguien le apetece ver cómo es una fábrica de semiconductores por dentro y hacerse una idea de los procesos que se llevan a cabo, este vídeo de Global Foundries es ilustrativo.


En resumen:


  • El ‘mercado’ de los semiconductores (y también el de otros componentes electrónicos) está copado por oligopolios (por ejemplo, en la fabricación de obleas), quasimonopolios (la mayoría de commodities, Intel, ARM) y monopolios/duopolios de facto (ASML, TSMC, Samsung).

  • La razón es el coste creciente de unos avances en rendimientos decrecientes que sólo se pueden permitir grandes empresas que, la mayoría de las veces, no facturan lo suficiente como para podérselo permitir.

  • Todo esto ha hecho que el avance tecnológico se haya ralentizado estas dos últimas décadas, llevándonos a un punto de inflexión, que es en el que estamos.

  • El extremo de la dependencia hace que cualquier fallo en alguno de los puntos (que son muchos) se sienta en todo el Mundo.


Beamspot.

 

(enlace a la siguiente entrega). 

 

viernes, 11 de junio de 2021

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 1).

Queridos lectores:

Al nutrido elenco de autores que contribuyen a este blog, se le une hoy uno nuevo, Cabulco, un ingeniero especialista en energías renovables en transición. A dónde le llevará esta transición, nadie lo puede saber, pero estoy seguro que encontrarán sus reflexiones sobre sus vivencias de lo más interesante para entender mejor qué es lo que está pasando en las bambalinas de la transición energética.

Les dejo con Calbuco, a quien espero que dispensen una calurosa bienvenida.

Salu2.

AMT




 

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 1).

Por Calbuco

La primera vez que me tocó realizar una visita técnico-comercial para vender una instalación de autoconsumo fue a finales de 2018. Se había aprobado el RDL 15/2018, el mal llamado “impuesto al sol” fue derogado y la locura solar se había desatado.

Tras varios meses de formaciones técnicas con fabricantes, redacción de proyectos y alguna que otra sesión con el equipo de comerciales, esta vez me tocaba acompañar al responsable comercial de zona porque era un “cliente VIP”. Mi presencia allí era postureo puro y duro. Al ser yo el “señor ingeniero” tenía que convencer al cliente que estaba casi a punto de caramelo. Éste tiene un Ferrari y lo que le gusta es fardar. Ofértale el último modelo de placa solar y las baterías esas de litio de alto voltaje – me decía mi jefe, como si eso fuera un aliciente para motivarme. En efecto, el cliente VIP era el delegado territorial de una conocida cadena de bocadillos. Su casa era una oda al despilfarro y la pretensión. Al llegar a la azotea, tras subir en ascensor dos pisos, divisé dos unidades exteriores de aire acondicionado. Le pregunté si ambos estaban activos y su mirada me dio a entender que la duda ofendía. Obviamente tenía un dispositivo split en cada piso. La potencia contratada estaba por encima de los 10 kW en monofásica. Por cierto, ésta era su residencia de vacaciones. Comprobé el espacio disponible según el plano de implantación y no cuadraban algunas medidas. Nos tocaba reducir la potencia pico (potencia fotovoltaica) y por tanto el almacenamiento que se había diseñado se vería afectado. Al plantear al cliente la leve reducción (su ratio de autoconsumo seguía por encima del 65%) los problemas empezaron. Yo no sé como lo harás, pero quiero mantener encendido los dos aires acondicionados desde que me voy a la playa hasta que me acuesto. Aquí hace mucho calor y la factura de la luz me está saliendo muy cara los últimos veranos – declaró con soberbia, como si fuera un empleado suyo. Le contesté que la instalación fotovoltaica no le ayudaría a ahorrar si seguía con los mismos hábitos de consumo y que al tener la monitorización web (app de la instalación) de la producción FV y de su consumo, posiblemente le ayudaría a racionalizar la energía. ¡Uy, sí! Encima que hago la inversión de placas me va a tocar estar pendiente de cuando conecto y desconecto cada aparato. Yo quiero olvidarme de las facturas y taparme con una sabanita por las noches que mi mujer sino se me queja. Posiblemente mi cara fue un poema tras escuchar el argumentario que ponía patas arriba mis creencias de eficiencia energética y medio ambiente. Al salir de la mansión de los bocadillos, el responsable comercial que me acompañaba me dijo que no podía negarle nunca a un cliente que se instalara más placas de las que quería. Daba igual cualquier motivo técnico. El objetivo era vender por encima de todo. Por suerte, los siguientes clientes no fueron tan esperpénticos y el equipo de comerciales poco a poco y con mucha formación iba entendiendo los entresijos de la energía solar.

Pero de repente, una llamada de un antiguo colega de la facultad lo cambió todo. Necesitaban gente en el departamento de ingeniería de la empresa en que trabajaba y me animó a que presentara mi candidatura. Con mucho escepticismo le hice caso. No me consideraba a la altura, ni de lejos, para entrar en esa gran empresa multinacional extranjera. Referencia internacional en proyectos de energía renovable, con unos cuantos GW instalados por todo el mundo. Pero lo conseguí, tuve buen rollo con los jefes de departamento que me entrevistaron y tras un mes de pruebas absurdas de todo tipo, salí de esa empresa, que vendía a particulares con pasta, para hacer grandes proyectos alrededor del mundo. Qué tierno me recuerdo y solo han pasado 2 años.

Como todo cambio laboral, los primeros días son duros. Nunca había estado en una oficina tan grande y con tanta gente. Protocolos de seguridad, varias sesiones de formación corporativa y los últimos gadgets informáticos para que no tuviera excusa en no rendir al máximo. Faltaría más. Recuerdo con especial detalle el primer proyecto que me encomendaron. 366 MWp de módulos monocristalinos en una zona remota del país en el que había vivido más de tres años. El kmz que disponíamos en Google Earth ocupaba más de 700 Ha en medio de una zona que sólo había selva. Al preguntarle a un compañero por más información sobre la localización exacta, me indicó la ubicación de la carpeta con fotos del anteproyecto. Google Earth estaba desactualizado y esas cuantas hectáreas se apreciaban en las fotos aéreas como “calvas” en medio de la selva. Algunas de estas fotos estaban en el dossier del anteproyecto marcando la cronología de las obras y siempre acompañadas del slogan del proyecto: “llevamos la sostenibilidad de …” Entre otras tareas diversas, me tocaba ajustar la curva de GEI del ciclo de vida del proyecto. Utilizaba el software PVsyst y según los equipos empleados, país de fabricación y lugar de implantación, salían unas emisiones asociadas a la ejecución del parque solar. Las primeras simulaciones que realicé me salían unos datos completamente dispares a los que “según el contrato” teníamos que ajustarnos. Esta vez mi jefe, al notar mi frustración, me indicó que había una forma manual de estimar la huella de carbono y que el total de emisiones no tenia porque abarcar los 25 años que se suponía que duraba el proyecto. No pierdas el tiempo en esas chorradas, nadie se fija en esos detalles – me decía mientras yo trataba de cuadrar varios números. El mismo informe del programa volcaba resultados al gusto del chef y se acercaban a esas toneladas de CO2 definidas en un contrato de unos cuantos miles de millones de dólares. El greenwashing a golpe de click.

A las pocas semanas, me pasaron al departamento de estudios. Necesitaban manos para generar documentación en lo que era la oferta del año. Estábamos en lo que llaman fase shortlist. Como epecistas, competíamos con los finalistas para ser adjudicatarios del proyecto de fotovoltaica más grande jamás contando en ese lejano país. La verdad que el diseño y cálculo de la producción estimada fue muy estimulante. En esta fase final de oferta, el cliente solicita que garantices una producción de electricidad en base a un precio por MWp instalado. Es decir, tienes que ser el que mejor rendimiento (PR) ofrezcas a menor precio. En fases futuras se negocian las disponibilidades del Sol durante x años y las penalizaciones en caso de no cumplirlas. Sí, habéis leído bien, te obligan a pagar si la producción solar es inferior a las fuentes de datos meteorológicos que has utilizado para ese diseño. Finalmente, esta oferta, como la gran mayoría, se quedó en nada y el adjudicatario fue el que más estranguló a las subcontratas locales y/o menor margen final aceptó. Todo el trabajo técnico y de diseño no importó. Lo que realmente afectó, como en cualquier megaproyecto, fue el dinero. Bienvenido al mundo del diseño de grandes plantas.

Los meses pasaron y el 5 de abril de 2019 se aprobó el RD 244/2019. El autoconsumo eléctrico por fin tenía una base legal y técnica donde apoyarse. Retomé apuntes del RDL del 2018, el cual en mi anterior trabajo me había empollado bien y empecé a dar la matraca con las oportunidades que se abrían en el sector. Para mi sorpresa, me propusieron si quería liderar el departamento de autoconsumo fotovoltaico industrial. Accedí con las orejas sin saber bien donde me metía. Empecé como hombre orquesta, pero sobre todo empecé a reunirme con grandes empresarios conocidos por directivos del grupo multinacional. Eventos, jornadas, foros; el autoconsumo era una fiesta en España y yo estaba en la liga de las estrellas. Me adentré en el maravilloso mundo de estudios de facturas eléctricas en empresas. Las hipótesis a tomar, como muchos saben, son una verdadera quimera. Con una bola de cristal estimas incremento del precio de la electricidad, degradación anual del módulo fotovoltaico que el fabricante se suele inventar y una producción solar según condiciones de contorno. Esa coctelera proporciona un retorno de la inversión y una rentabilidad que serán las claves para convencer al encargado de la empresa en cuestión, que trata de entender de qué va esto de las placas solares. A medida que avanzaba en los diferentes proyectos, estudios y reuniones, comprobaba que algo no encajaba.

El boom solar volvía a resonar en España tras una década que se hizo todo mal. La competencia, sin escrúpulos, mentía descaradamente en informes de producción. Por ejemplo, muchas garantizan unos kWh autoconsumidos que son los que luego utilizan para calcular el ahorro, cuando realmente son los kWh generados, sin tener en cuenta el perfil de carga. Otras asumen que la electricidad incrementará un 4% anual durante 25 años y así salen los estupendos 4 años de payback. Tienes que mejorar la oferta porque nuestro comité de dirección no se mete en inversiones superiores a 3 años de retorno – me dijo una vez el director financiero de una gran empresa agroindustrial. Otra escena divertida es cuando el cliente final te “sopla” que tu competencia ofrece más potencia instalada. Argumentas que su perfil de carga se ajusta con una potencia que generará menos de un 10% de excedentes (sin vertido a red) y por tanto es el diseño óptimo. La clásica respuesta es que les da igual los excedentes que se pierden, queremos la máxima potencia fotovoltaica porque el banco nos permite un renting muy interesante. Y los bancos vuelven a la carga. La financiación es un aspecto que, en mi opinión, ha distorsionado el concepto del autoconsumo. Muchas empresas directamente están solicitando que ofertes un PPA. PPA on site le llaman, para hacerlo más rimbombante. Esto implica que no haya inversión inicial y la instalación se paga con el ahorro que se genera al pactar un precio de electricidad fijo durante, normalmente, la vida útil de la instalación. Es un acuerdo entre una comercializadora (apoyada y financiada con fondos de inversión extranjeros), la instaladora de turno y el cliente final. He llegado a ver PPA’s que son instalaciones que vierten toda la producción a la red. No inyectan electricidad en la acometida del punto de suministro. Simplemente generan energía en una cubierta, que esta pasa a ser propiedad de la comercializadora, y la vierten a la red de distribución. Y son instalaciones de apenas 400 kWp. No hay autoconsumo instantáneo ¿Dónde está el beneficio de autoconsumir? Que contesten los fondos de inversión que hacen el lío a pequeñas y medianas instaladoras. Eso sí, la empresa “beneficiaria” con fotovoltaica, en un tejado que deja de ser de su propiedad, presentará un video molón contando las bondades de su transición energética y los árboles equivalentes que plantará durante los próximos 25 años.

Las incongruencias de los proyectos de gran escala se pueden apreciar, en dimensiones distintas, también en instalaciones de autoconsumo. El fetichismo solar es tendencia y alardear de los megavatios instalados es lo que se lleva en las redes sociales. Es un hecho que cualquier sector con perspectivas de crecimiento suele ser invadido por charlatanes y vendemotos. Lo preocupante es volver a repetir, en otro contexto y otras formas, los mismos errores del pasado. La energía es un sector en el que, desgraciadamente, abundan los vendedores de “productos” a cualquier precio sin importar aspectos técnicos o ambientales. En los próximos meses veremos, en grandes superficies comerciales, placas solares al lado de aspiradoras. El autoconsumo fotovoltaico crea una cadena de valor que pasa por adentrarse en nuestras casas y empresas y, como mínimo, deberíamos ser rigurosos y responsables en ofrecer soluciones acordes a las necesidades. La transición energética se está convirtiendo en una carrera llena de obstáculos, amenazada por perder su propio significado por fantasmas del pasado e intereses del presente. Dejemos de correr, hagamos las cosas con buena letra y transitemos de manera ecológica.

sábado, 5 de junio de 2021

Reseña de "Si el cielo se volviera rojo" ("Si el cel es tornés vermell")

Queridos lectores:

Mi compañero Jordi Solé reseñó hace unas semanas el libro de Cori Calero "Si el cielo se volviera rojo" en su blog "Tempus fugit!" (el cual, por cierto, antes se llamaba "Encara queda temps", pero, ya saben, #NoHayTiempo).

Cori Calero es una periodista del canal televisivo catalán TV3, especializada en temas medioambientales y divulgadora sobre el Cambio Climático. El título del libro parte de una interesante premisa: ¿cómo reaccionaría la sociedad si un día, de repente, el cielo se volviera rojo y se demostrase que la actividad humana tiene la culpa? Sin duda, todo el mundo exigiría que se hiciera algo inmediatamente, y nadie descansaría hasta que nuestro cielo volviese a ser azul. Pues en realidad nuestro cielo se ha vuelto rojo, aunque no lo vemos, porque los gases de efecto invernadero son invisibles y sus efectos son ubicuos pero cada vez menos sutiles.

Dado el interés del libro, aunque esté en catalán, publico aquí la reseña de Jordi Solé traducida.

Salu2.

AMT



Estimadas lectoras:

Este post lo dedico a la reseña de un libro publicado hace muy poco,  escrito por la periodista de TV3 y divulgadora del Cambio Climático Cori Calero. El libro está publicado bajo el sello de TV3, lo cual es de agradecer a la institución : uno de los pocos medios de masas en Cataluña que se hace eco y apoya la divulgación del 'Problema' que actualmente padecemos. 

Lo primero que me llamó la atención es el subtítulo del libro que, por ser subtítulo, no deja de ser lo más importante: para combatir el cambio climático hay que conocerlo. Esto que es tan evidente para un científico, para explicarlo a una audiencia general implica muchas dificultades en la sociedad en la que vivimos, tan acostumbrada a la receta fácil, y muchas veces anestesiada por los opinadores de turno (no todos ni siempre, hay que decirlo y agradecerlo) que aparecen ante grandes audiencias diciendo lo que les parece, superficialidades, sobre un problema muy complejo del que (si lo han hecho) han leído cuatro cosas. Por tanto, el libro, ya sólo con el título, nos dice mucho de lo que encontraremos: un trabajo documentado y muy bien elaborado que logra con éxito un difícil equilibrio entre la complejidad del análisis del problema y sus implicaciones y la simplificación necesaria para que el mensaje llegue.

También hay que decir que, en cuanto al contenido, sigue una muy acertada progresión de más técnico y abstracto a más concreto y personal: una primera parte de explicación detallada, técnica pero bastante divulgativa, una segunda parte más concreta de experiencias periodísticas, otra de entrevistas a activistas y científicos y una última de sugerencias a nivel personal (¿qué podemos hacer cada uno de nosotros?). También, en cuanto al estilo, prima la continuidad, y si la lectora quiere saber más de algún concepto hay cuadros explicativos y referencias al final de cada sub-capítulo.

Finalmente deciros que vale la pena leerlo: para quien sabe, para ver una mirada fresca y comprometida de alguien que ha luchado y lucha por hacer visible lo que, a pesar de la gravedad, es invisible (si el cielo se volviera rojo ...) y para quien quiere saber más, porque explica un concepto complejo de forma muy amena y fluida, es un libro que da muchos datos y fuentes donde aprender más y documentarse y, sobre todo, es un libro vivencial que conecta con nuestra parte más sensible y vital, a pesar de la gravedad del problema que transmite.

Saludos.

SZD

martes, 18 de mayo de 2021

Algunas preguntas incómodas

Carta abierta a los responsables políticos de la Transición Ecológica, tanto en España como en Europa.

Antonio Turiel, Investigador Científico del CSIC.  

 

Estimados Sres., estimadas Sras.:

Me dirijo a Vds. con la intención de plantear una serie de cuestiones que me parecen relevantes, respecto al actual esfuerzo para la realización de una Transición Ecológica que debe conseguir la descarbonización total de España y de Europa para el año 2050. De acuerdo con lo que he leído sobre el tema, incluyendo la propia Ley de Cambio Climático y Transición Energética, hay en los planes anunciados ciertos puntos oscuros que, por su gran relevancia, creo que convendría aclarar.

Dado lo extenso de los puntos a tratar, me permitirán que vaya directamente al grano. Éstas son las cuestiones:


1.- Es conocido que se necesita una gran cantidad de materiales críticos para el gran despliegue de los sistemas energéticos renovables que se pretende hacer, y también se sabe que no hay suficiente para permitir ese despliegue a escala mundial ¿Contemplan Vds. un plan alternativo, en caso de que al final los materiales escaseen? En suma, ¿existe un Plan B para la Transición Energética?

El tema de la escasez de materiales críticos para la transición renovable es muy conocido desde hace bastante tiempo. Hace unos días, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sacó un informe sobre estos materiales, en el cual se mostraban algunas cosas curiosas. La más destacada, estas gráficas, sobre todo la de la derecha.

Como pueden ver, se prevé que, de aquí a 2040, la extracción anual de litio se multiplique por 42, la de grafito por 25, la de cobalto por 21, la de níquel por 19 y la de tierras raras por 7. Fíjense que no es que la AIE diga que eso es lo que va pasar: lo que dice es que eso es lo que se necesita que pase, lo que es muy distinto. Pero, ¿es ese incremento posible? La propia AIE tiene sus dudas, y entre sus 6 recomendaciones (obviamente, a los países de la OCDE) nos encontramos que se debe fomentar el reciclaje (complicado, porque alguna de estas materias se usa de tal manera que son difíciles de reciclar) y que, si acaso, se constituyan "reservas estratégicas para hacer frente a posibles interrupciones del suministro". En definitiva: mejor acaparar ahora estos materiales, no sea que después ya no vengan.

Volviendo a la cuestión de si tal incremento es posible, hay muchos estudiosos que tienen claro que no. Entre ellos, Alicia Valero y su padre Antonio Valero, de la Universidad de Zaragoza, que llevan años estudiando el tema. La siguiente imagen es una diapositiva de una presentación reciente de Alicia Valero.

Resulta que las reservas conocidas de muchos materiales son menores que la demanda esperada hasta 2050, y atención que incluye otros metales "más corrientes" que no estaban en la gráfica de la AIE, como la plata, el cobre, el plomo, el platino o el zinc, entre otros. Quizá la AIE se ha dado cuenta ahora de que hay un problema, pero en realidad los científicos lo saben desde hace tiempo. Por ejemplo, hay un artículo reciente del Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid que muestra que no se puede pretender mantener el actual modelo de movilidad basándose en fuentes renovables y vehículos eléctricos.

En todo caso, no quiero discutir aquí si va a haber o no esa escasez, ni tan siquiera si realmente las renovables pueden hacer todo lo que se dice.  El caso es que hay una duda razonable de si los planes anunciados pueden llevarse a cabo, y eso lleva a mi pregunta. 

 La pregunta real es si tienen un Plan B. Si tienen una alternativa, por si esto falla. Una salvaguarda. Ésa es la pregunta. ¿La tienen o no? Porque si no la tienen, la cuestión que se suscita es otra: Vale, y si este plan falla, entonces, ¿qué? ¿Nos vamos al garete? En definitiva: ¿es éste un modelo de administración responsable si no se tiene en cuenta un riesgo tan evidente?

Seguramente la tentación es decir que la ciencia y la innovación permitirán mejorar la eficiencia en el uso de los materiales. A lo cual yo les digo: perdonen, pero no pueden dar eso por asumido, porque como no sea así nos estrellamos. De nuevo, no es un modelo de administración razonable.

Quizá la otra tentación es decir que si hay problemas podremos ralentizar la transición energética hasta que la tecnología avance lo suficiente (como si eso estuviera garantizado), estirando un poco más el uso de los combustibles fósiles gracias a una implantación masiva de sistemas de captura de CO2 (suponiendo que éstos realmente se puedan implantar de manera masiva y eficaz). Si van por ahí, les recordaré esta gráfica del último informe de la AIE que nos dice que, gracias a la desinversión de las petroleras desde 2014, de aquí a 2025 la producción de petróleo puede caer hasta un 50%.


De hecho, por culpa de este descenso ahora mismo ya escasea el plástico y cada día escasean más cosas: acero laminado, aluminio, cobre, chips...

Así, pues, ¿hay plan B? Porque a lo mejor tenemos que implementarlo urgentemente...

 

2.- Incluso asumiendo que España consiguiera asegurarse suficientes materiales para hacer "su" transición, ¿es una buena apuesta a largo plazo, teniendo en cuenta de aquí 20-30 años las nuevas instalaciones renovables acabarán su vida útil y entonces será imposible reemplazarlas?

Tengamos en cuenta que muchos materiales son de difícil reciclaje por la manera en que se usan. En la electrónica de más altas prestaciones, las tierras raras que se usan y metales como el oro y la plata entran en cantidades muy pequeñas, típicamente en aleaciones con concentración de traza. El diseño de esos circuitos no está pensado para el reaprovechamiento. Algo similar le pasa a las placas fotovoltaicas: la concentración de materiales como la plata y la forma en la que están hechos los paneles no favorecen su recuperación. En el caso de los aerogeneradores, reaprovechar el cobre y el núcleo magnético o inductivo es mucho más simple; pero en su caso el problema es la degradación de los metales con el paso del tiempo, y también la dificultad para reemplazar el hormigón armado (recordemos que la arena que se usa para hacer cemento empieza a escasear) y para el reciclaje de las aspas (que es posible, pero que hasta ahora masivamente lo que se hace es enterrarlas). 

¿Tiene por tanto sentido que lo apostemos todo a un sistema que quizá solo se pueda usar durante esos 20 ó 30 años, para luego dejar a la sociedad inerme para gestionar lo que venga después? ¿Volveremos a recurrir al comodín de "el progreso tecnológico lo resolverá", cosa que no podemos saber si pasará? ¿Nos vamos a arriesgar a condenar a nuestros hijos? 


3.- La instalación de los sistemas renovables es posible consumiendo grandes cantidades de combustibles fósiles, tanto en la extracción de materiales, su elaboración, el transporte, la instalación, el mantenimiento, etc. No se instalan parques renovables usando energía renovable; quizá hacer eso ni siquiera es posible. ¿No se han parado a pensar que el modelo que se propone solo puede funcionar si hay combustibles fósiles?

Éste es un de los problemas más serios del modelo propuesto: nadie se ha planteado seriamente que todo el proceso de elaboración, transporte y despliegue use solo energía renovable. ¿Es ni tan siquiera posible? Algunos autores, como Gail Tverberg, consideran los modernos sistemas de energía renovable meras extensiones de los combustibles fósiles: solo pueden dar energía si hay combustibles fósiles disponibles. Una de las dificultades para que se pueda cerrar el ciclo de "producción de energía renovable - uso de la misma para generar más" es la complejidad (y coste energético) de los procesos, y la gran cantidad de materiales que se requieren. En un escenario de rápido declive de la cantidad de petróleo disponible, eso haría que la energía renovable producida con este modelo también decreciera en un determinado plazo. Por tanto, nos arriesgamos a que en un plazo breve de tiempo este modelo de renovable dejara de servir. ¿De verdad que es eso lo que queremos? 


4.- El nuevo modelo pretende substituir los combustibles fósiles por electricidad renovable, pero los combustibles fósiles mayoritariamente no se usan de manera eléctrica. Aquí hay un salto al vacío tecnológico enorme, teniendo en cuenta que 1) en España tenemos ya mucha más capacidad instalada de la estrictamente necesaria para garantizar el consumo; 2) en los países avanzados, la electricidad representa poco más del 20% del consumo de energía final y electrificar ese casi 80% restante parece difícil; 3) el consumo de electricidad cae en España desde 2008. ¿No tendría sentido que se concentran los esfuerzos en ver cómo aprovechar la electricidad, más que en producir más? ¿O quizá mirar cómo producir con renovables otras formas de energía que no sean electricidad?

En España la potencia media equivalente al consumo eléctrico de 2008 fue de 32 GW, y ha ido disminuyendo hasta los 30 GW de 2019. Eso, con una potencia instalada de 108 GW. Incluso contando con un cierto grado de redundancia para tener en cuenta el factor de planta, es una cantidad excesiva, que ahora se quiere incrementar en otros 58 GW de aquí al 2030.


Eso sin contar con la gran dificultad de convertir todo el consumo energético en 100% eléctrico, un problema que aqueja a todas las economías avanzadas. De hecho, lo que se suele ver es que la electricidad es una energía secundaria que de alguna manera sigue al consumo general de energía: sube si éste sube y baja cuando éste baja (aunque no ciertamente en el mismo porcentaje y a menudo con un cierto lag o retraso, que puede ser de años). Y es que la electricidad es una forma de energía muy especializada y de alto valor añadido, pero solamente útil para cierto usos.

Incluso sin pretender que toda la energía sea eléctrica, intentar que al menos toda la electricidad sea 100% renovable es ya un gran desafío. En primer lugar, se necesitan sistemas de respaldo para cubrir la intermitencia de las renovables (que no siempre luce el Sol, o que a veces no sopla viento). Para hacer ese respaldo renovable, se puede recurrir a la hidroelectricidad, pero ésta tiene un cierto margen y tampoco lo puede cubrir todo (se necesita el agua embalsada también para otros usos) o aprovechar la acumulación de los excedentes renovables cuando éstos se producen (usando, por ejemplo, bombeo inverso o hidrógeno verde), pero éstos también son limitados. La otra opción para conseguir electricidad de respaldo es las interconexiones de larga distancia, por ejemplo de ámbito continental, porque sobre la escala de un continente se puede compensar mucho la intermitencia, ya que en todo momento algún lado de Europa soplará el viento o lucirá el Sol (excepto de noche). Pero aquí chocamos con el segundo problema de la electricidad renovable: la estabilidad de la red. La instalación de muchos sistemas de generación eléctrica, que entran y salen continuamente del sistema y que están distribuidos sobre un territorio muy amplio y lejos de los centros de consumo genera inestabilidad de la red. Resulta que en Europa usamos corriente alterna con una frecuencia de 50 ciclos por segundo, pero con tanta generación intermitente y distribuida mantener esa frecuencia es hoy en día un hito: de hecho, el pasado 8 de enero una inestabilidad originada en Croacia se propagó por toda Europa y estuvo a punto de tumbar toda la red. Y poner más y más sistemas renovables conectados a la red incrementa el riesgo de inestabilidad. Se podría compensar instalando sistemas de estabilización en la red, pero nadie quiere hacer frente a este sobrecoste, que además tendría que ir creciendo con el número de sistemas enganchados. En Australia se está planteando prohibir que se conecten más sistemas fotovoltaicos a la red eléctrica.

Lo mejor sería ir aprovechando la electricidad localmente, pero entonces nos encontramos con el problema del aprovechamiento para ese casi 80% de usos no eléctricos. Es aquí donde se debería estar incidiendo seriamente, pero lo que se hace es simbólico. ¿Qué sentido tiene dar por hecho que nos conviene tener más electricidad, teniendo en cuenta todo lo dicho arriba? ¿Para qué va a servir, si no hay demanda posible para tanto?

5.- Para intentar cubrir con renovables ese casi 80% de la energía final actualmente no eléctrico actualmente, la gran apuesta es utilizar el hidrógeno producido a partir de electricidad renovable, o hidrógeno verde. El hidrógeno, sin embargo, no es la panacea y sus problemas originales no han sido resueltos. ¿Por qué va a solucionar ahora el hidrógeno nada, conociendo como conocemos sus limitaciones?

Hace algunas semanas asistí a una conferencia telemática organizada por el Club de Roma sobre el hidrógeno verde. En un momento de sinceridad, uno de los ponentes dijo que hace unos 20 años se había intentado introducir el hidrógeno como el combustible del futuro y se había fracasado; que hacía 10 años se había intentado de nuevo y que tampoco se había conseguido; y que esperaba que ahora, a la tercera, fuera la vencida. Esta reflexión es bastante interesante, porque refleja muy crudamente el problema que no se quiere ver. Y es que, ¿por qué tendría que funcionar una solución energética basada en el hidrógeno? Nos negamos a aceptar que es una mala solución, e insistimos sobre ella una y otra vez, pero no por ello se va a convertir en una buena solución. Damos por descontado que el progreso tecnológico conseguirá superar los problemas del hidrógeno, pero no comprendemos que a lo mejor esos problemas no se pueden superar porque dependen de principios inviolables de la Física o la Química.

Recordemos, una vez más, cuáles son los inconvenientes del hidrógeno:

  • El hidrógeno no es una fuente de energía: En la actualidad la mayoría del hidrógeno se consigue mediante el procesamiento químico del gas natural u otros hidrocarburos, con desprendimiento de dióxido de carbono, pero el objetivo es pasarse al "hidrógeno verde", que es el que se obtiene haciendo pasar una corriente eléctrica por una cubeta de agua, lo cual rompe la molécula de este líquido (electrolisis) y separa el hidrógeno del oxígeno, sin otras emisiones. El problema es que se necesita consumir electricidad para producir el hidrógeno; el hidrógeno es un sitio donde guardar energía, pero no una fuente de energía. Técnicamente es lo que se denomina un vector energético.
  • El rendimiento del proceso es bajo: Centrándonos en el hidrógeno verde, las mejores plantas de electrolisis consiguen un rendimiento del 70%, es decir, que el 30% de la energía se pierde y no se acumula en las moléculas de hidrógeno producidas. Pero este mejor rendimiento solo se produce en condiciones ideales y con plantas muy sofisticadas y caras; en condiciones más realistas, el rendimiento ronda el 50%, y el otro 50% simplemente se pierde.
  • El rendimiento de los motores de hidrógeno es bajo: Si se quiere el hidrógeno para motores, se puede quemar directamente en un motor de gasolina pero entonces se aprovecharía solo entre el 15% y el 20% de la energía del hidrógeno (es decir, solo entre el 7,5% y el 10% de la energía eléctrica inicial). Incluso usando pilas de combustible de las más eficientes (y haciendo más complejo el motor, porque se requiere una batería además) el rendimiento ronda el 50% (es decir, solo el 25% de la energía eléctrica inicial). Por comparación, un motor eléctrico tiene rendimientos que están sistemáticamente por encima del 75% o del 80%. Se podría decir que el hidrógeno se quiere solo para producir calor (por tanto, rendimiento del 50% sobre la energía eléctrica inicial), sobre todo industrial, pero lo cierto es que también se necesita hidrógeno para sustituir al diésel en la flota de camiones y maquinaria pesada.
  • El hidrógeno tiene que estar almacenado a alta presión: Al ser un gas, para conseguir una densidad energética en volumen aceptable el hidrógeno tiene que estar a una alta presión, generalmente de 750 atmósferas (enorme: es la presión a 7.500 metros de profundidad en el mar) para tener una densidad energética que es solo la mitad de la del gas natural a la presión habitual. Estas altas presiones implican, primero, un esfuerzo para comprimirlo (otro gasto energético adicional), segundo, usar recipientes de paredes densas (más costosos) y tercero, que se tenga que refrigerar previamente a la compresión para evitar que la temperatura suba mucho (más gasto energético). Y por no hablar del peligro que supone una grieta o un impacto medianamente fuerte en el depósito.
  • El hidrógeno se escapa de los recipientes: Al ser una molécula tan pequeña, el hidrógeno se escapa con facilidad de cualquier recipiente, incluso en uno de paredes densas y especialmente bien sellado. Pérdidas de entre el 2 y el 3% diario son normales, lo cual implica que el hidrógeno tiene que ser producido para ser consumido en el plazo de pocos días.
  • El hidrógeno corroe el acero: En los depósitos y conducciones de acero al carbono, el hidrógeno forma hidruros que acaban fragilizándolos hasta que se rompen. La solución es recubrirlos con unas películas especiales que se llaman liners, pero que no están exentas de problemas (aguantan mal los contrastes térmicos y los esfuerzos mecánicos) y que para mayor ironía se fabrican con petróleo.

En la práctica, las pérdidas energéticas de convertir electricidad a hidrógeno para cualquier uso energético son bastante  grandes, yendo del 50% de producir hidrógeno para ser quemado inmediatamente hasta pérdidas superiores al 95% si se tiene que almacenar a presión para ser consumido unos días más tarde en un motor de un camión.

En una conferencia reciente, yo presenté unos números sencillos comparando el consumo de energía del sector del transporte en Europa con la producción de energía eléctrica renovable que se necesitaría para que pudiera funcionar con hidrógeno, asumiendo el máximo y mejor rendimiento (pilas de combustible con platino, hidrógeno producido prácticamente para consumir, despreciando las pérdidas por refrigeración y compresión, etc). La conclusión es que Europa debería multiplicar su producción eléctrica renovable por 3,5. En condiciones mucho más realistas, no sería de extrañar que esa multiplicación fuera por 4, 5 o un factor todavía mayor; pero en todo caso, ese 3,5 ya supone un reto de gran envergadura... y solamente para mantener el transporte. Y ese reto es probablemente imposible, porque aquí no hemos incorporado los límites de las renovables, pero siguen existiendo.

Extrapolándolo al caso de España, no resulta creíble que pudiéramos producir aquí todo el hidrógeno que se necesitaría ya tan solo para mantener todo el sistema de transporte en pie. Y eso sin contar con todo el gasto de combustible que implica nuestro estilo de vida pero que no se computa aquí (por ejemplo, esos cargueros que llegan cargados de mercancías fabricadas en China).

¿Alguien se ha parado a mirar estos problemas con detenimiento y objetividad? ¿O solamente se han limitado a sumar cantidades en un fichero Excel, contando que todo lo que se necesite va a estar ahí porque se necesita? ¿Alguien se ha parado a pensar que quizá el hidrógeno no da, ni de lejos, para mantener el actual estado de cosas? ¿Alguien se ha planteado que quizá no es la solución?

6.- Dado que el hidrógeno que se puede producir domésticamente no puede cubrir nuestras necesidades, ¿de dónde lo vamos a sacar? ¿Vamos a intentar explotar la producción de otros países, típicamente de África?

Porque al final es de esto de lo que estamos hablando. Sabiendo que no podremos producir suficiente hidrógeno para poder mantenerlo todo en pie, dado el bajo rendimiento del proceso y los límites a la producción renovable, la idea seguramente es ir a apropiarse del hidrógeno que produce otro. Por ese motivo Alemania está en la presa del río Inga en el Congo. Y por ese motivo el tren de hidrógeno, mucho más ineficiente que el eléctrico, está ahora en boga: para sacar corriendo el hidrógeno de países que tienen vías de tren pero no catenaria.

Ese modelo de explotación colonial tiene no pocos riesgos y muchas fragilidades, aparte de otras cuestiones de índole moral. Pero además, el colonialismo se puede ejercer a muchas escalas. Colonialismo energético del centro contra la periferia, dentro de nuestro país. Pero también desde otros países, y más concretamente Alemania, contra nuestro país.

Este modelo colonial probablemente nos lo aplicarán a nosotros en beneficio de Alemania; el Gobierno federal alemán ya dice que espera que los países europeos con mayor potencial renovable le aporten su hidrógeno. Es decir, que la energía renovable captada aquí se convertiría en hidrógeno, con enormes pérdidas, para después irse en un tren de hidrógeno fabricado por Siemens hasta Frankfort o Munich. Señores y señoras representantes políticos de mi país, ¿habían pensado en esto? ¿Están seguros de que es el hidrógeno lo que tenemos que producir, si no nos da para nosotros mismos y encima nos lo quieren quitar?

7.- Por todo lo expuesto más arriba, me resulta evidente que nos hacen falta modelos alternativos para el aprovechamiento de la energía renovable, modelos mucho más locales y eficientes que garanticen la riqueza del país. El caso es que existen, pero no se debaten, no se contemplan. ¿No creen que se debería invertir, si cabe un pequeño esfuerzo, en ver cuánto podrían dar de sí?

A principios del siglo XX, proliferaban en Cataluña las colonias textiles. Se aprovechaba la fuerza hidráulica de los ríos para producir algo de electricidad de consumo local, y la fuerza mecánica del agua servía en muchos casos para accionar directamente los telares, con un rendimiento mucho mejor que poner un generador eléctrico en un extremo y un motor eléctrico en el otro. Con este sistema se mantuvieron también fundiciones y otras industrias; en todos los casos, aprovechando la energía de manera más eficiente que si se usase electricidad y, lo que es más importante, generado riqueza y empleo localmente. La energía mecánica no es como los electrones o el hidrógeno: no se puede exportar a grandes distancias. La energía de aquí se queda aquí.

Con todo el conocimiento y desarrollo técnico del último siglo, podríamos hacer eso mismo y mucho mejor. Aprovechando el Sol directamente para calentar, fundir, transformar. Aprovechando la fuerza mecánica del agua y del viento para mover, trabajar, forjar. Aprovechando las plantas, cultivadas y silvestres, herbáceas y árboles, para obtener reactivos y materiales. Produciendo también algo de electricidad para cuando fuera necesario, pero sin obsesionarse con producir solo electricidad. Produciendo también algo de hidrógeno para cuando fuera necesario, pero sin obsesionarse con mantener una ingente flota de camiones y maquinaria pesada con él. Siendo más eficientes. Alcanzando un mejor equilibrio con la naturaleza, disminuyendo nuestro impacto ambiental, adaptándonos a los ritmos del planeta, dependiendo lo justo de materiales que llegan de lejos, con instalaciones a una dimensión más humana y más fáciles de reparar y mantener, creando riqueza y empleo localmente, descarbonizando plenamente nuestra actividad.

¿Por qué no?

Repito.

¿Por qué no? 

 ¿Qué sentido tiene que esto ni se considere, ni se analice, ni se estudie siquiera someramente? ¿Qué sentido tiene que nos empeñemos en un modelo megalomaníaco, tremendamente destructivo y contaminante que, encima, ni siquiera es posible, cuando podríamos tener una alternativa mucho más razonable que ni nos dignamos en estudiar?

¿Por qué no?

¿Por qué nos vamos a condenar a un modelo insostenible e imposible que va a fracasar, cuando puede haber una alternativa viable y mucho menos costosa? Seguro que habrá muchas dificultades, pero la mayor ahora mismo es ni siquiera comenzar a trabajar sobre esta posibilidad

Yo les pregunto, y les preguntaré una y otra vez: 

¿Por qué no?

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Agradeciendo de antemano la atención recibida, resto expectante por conocer su respuesta a estas, tan apremiantes, cuestiones.

Saludos cordiales.

Antonio Turiel.

18 de mayo de 2021.


viernes, 7 de mayo de 2021

Distopía XII: Un café en la bahía

 

Joan miró una vez más hacia el mar. El agua se veía limpia, cristalina. A esa hora de la mañana, el reflejo del sol confería un tono dorado a casi toda la bahía; las pequeñas olas dispersaban su brillo, con un tintineo al tiempo irreal y relajante. 

Podría pasarse horas así, mirando la bahía, como había hecho cuando era niño, cuando la miraba casi desde la misma posición que ocupaba él ahora. Aunque de niño los camareros, con discretos puntapiés en el culo, iban sacándole de la tarima de la terraza donde se sentaba junto a Oriol a mirar el amanecer en la bahía.

Treinta años más tarde, era un respetable caballero que en vez de en el suelo se sentaba en una silla de aquella misma terraza, y los camareros no le daban puntapiés en sus posaderas, sino que revoloteban alrededor de él, obsequiosos. Quizá porque aquella fresca mañana de primavera él era el único cliente en todo el café.

Café. Revolviendo con la cucharilla el brebaje que le habían servido se preguntó por qué seguían llamando a estos establecimientos "café". Ya no había café en el pueblo, solo achicoria torrefacta.

Volvió a levantar los ojos hacia su amada bahía, pero en vez del mar y el onírico reflejo del sol se encontró con la figura de un hombre, al que reconoció a pesar del tiempo transcurrido.

- ¡Oriol! - Joan se levantó con ademán de abrazarlo, pero ante la mirada hosca del otro se conformó con estrecharle la mano - Gracias por venir.

Oriol le miraba de hito en hito, desconfiando, sin moverse del sitio, estrechando la mano de manera firme pero un tanto mecánica.

- ¿Cuánto le has pagado al chaval que me ha venido a buscar, Joan? - dijo Oriol.

- Bah... no sé... - respondió despreocupadamente Joan - Una moneda de dos euros.

- ¡Una moneda de dos euros! - exclamó Oriol - Así no me extraña que me haya arrastrado hasta aquí - dijo, señalando de manera vaga al crío de diez o doce años que aún estaba a su lado.

- Toma, chaval - dijo Joan, y para estupefacción de Oriol le lanzó otra moneda de dos euros, que el muchacho cogió al vuelo con la presteza de un urraca, antes de emprender una carrera tan rápida que casi desdibujó el "Gracias, señor".

Oriol se acercó a la mesa, apartó una silla y se sentó en ella.

- Si vas soltando pasta de cuatro en cuatro euros, tendrás a toda la muchachada pululando alrededor de ti todos los días de tu estancia - dijo, mientras acercaba la silla a la mesa y apoyaba sus codos sobre ella.

- Se lo había prometido: dos euros ahora y dos euros cuando me traigas al señor Oriol.

- Pues aquí estoy - dijo Oriol - y no me vas a impresionar con tus modos de ricachón. ¿Qué vienes a vendernos? 

- ¿Yo, Oriol? - dijo Joan - Yo no vengo a venderos nada. Solo quería volver a ver a un viejo amigo de la infancia.

Oriol esbozó una mueca sarcástica con el lado derecho de la cara y se recostó sobre el respaldo.

 - Sí, claro - dijo por fin - un amigo al que no has visto en más de veinte años y que, casualmente, ahora es el alcalde de esta villa. - Oriol posó su manaza de manera brusca sobre la mesa y añadió: - No me vengas con puñetas. ¿Qué narices vienes a buscar? ¿Qué mierda nos queréis vender ahora? ¿No nos habéis hecho suficiente daño ya?

Dijo las últimas palabras ahogando la rabia, con el rostro descompuesto. Joan miró unos segundos fijamente a Oriol y, tras un suspiro, le dijo.

- No, Oriol, no vengo a venderos nada. Solo vengo aquí buscando un poco de paz. Y de paso recuperar mi vida pasada.

- ¿Un viaje sentimental, eh? - dijo, casi apartando de un manotazo a un camarero que se había acercado a preguntarle qué desearía tomar - Pues vaya sitio que has escogido para pasar tus vacaciones, Joan. Este pueblo ahora es un puto agujero. Fue un lugar muy bello, algunos decían que el más bello del mundo, pero ahora es una cloaca - y con un gesto rápido hizo venir al camarero al que casi había agredido antes y le pidió que le trajera un trifásico.

- Yo no lo veo tan mal, Oriol. - dijo Joan, agitando su achicoria con la cucharilla, y levantando su vista hacia la bahía - Sigue siendo un lugar muy bello.

Oriol se miraba a Joan con incredulidad, negando con la cabeza.

- Un lugar muy bello, dices, ¿verdad? - Oriol miraba a su bebida y negaba cada vez más rápidamente con la cabeza. - ¿Tú ves aquellos monstruos de allí, verdad?

- ¿Los aerogeneradores? - dijo Joan - Sí, sí que los veo. Creo que los fabricó la empresa para la que trabajo en Alemania.

- ¿Ves que bien? Así todo queda en casa. - dijo Oriol, apurando la mitad de su trifásico de un solo trago - ¿Y qué te parecen, en tu opinión de ingeniero experto? ¿Cómo se ven?

- Se ven abandonados - dijo Joan, sin sombra de emoción en su voz - Parece que solo uno conserva las tres aspas, pero viendo la mancha de óxido que se distingue desde aquí apuesto a que no puede ni girar.

- Ya no giran, no. Pero bien que giraban el día que tú te fuiste de aquí, perdón, el día que huiste - dijo Oriol, con cierto tono de reproche.

- En realidad inauguraron el parque unos días después de que me fuera. Pero, Oriol, yo no participé en ese proyecto, ni tuve nada que ver - dijo Joan.

- ¿Y qué más da? Seguro que sí que participaste en otros proyectos que destrozaron otros sitios - repuso Oriol.

Joan bajó la cabeza porque lo que decía Oriol era cierto.

- Oriol - dijo al fin - era una situación de crisis. Teníamos el cambio climático, y teníamos una grave escasez de combustibles fósiles encima. Se tenía que hacer algo, y hacerlo con rapidez.

- No, Joan, no te equivoques - dijo Oriol, mientras pedía otro trifásico "me invitas tú, ¿verdad?" y Joan asintió - no se tenía que hacer esto. Esto es lo que tú, y gente como tú, decidisteis hacer, sin consultarnos a la gente del pueblo, sin preguntarnos qué queríamos, sin escuchar nuestras dudas y nuestro miedos. Sin respetar nuestra tierra.

Joan seguía con la cabeza baja, mirando su bebida de achicoria torrefacta, pero por fin levantó la mirada, fijándola en Oriol.

- Sí, Oriol, tienes toda la razón. - le dijo pausadamente, como se dice una verdad que uno ha guardado durante años en el pecho - Fue un error instalar este parque aquí.

- Claro que fue un error, Joanet, claro que lo fue, pero, si al menos ése hubiera sido el único error... - las palabras de Oriol se aceleraban - porque después de plantarnos el puñetero parque vino todo lo demás.

Joan callaba, pero ya no bajó la mirada.

- ¿Ves aquel edificio de allá? Era la subestación terrestre. Los días de bruma y calima se sentían chasquidos de la electricidad en el ambiente, si te acercabas demasiado. Claro, nos instalaron un gigavatio de potencia eólica, nada menos.

- Es normal - dijo Joan - esta zona tiene un gran potencial para la eólica marina.

- Sí, y tanto que tiene potencial - siguió Oriol, con visible sorna - y también diferencia de potencial: tanta diferencia de potencial que cualquiera que se acercara a unos pocos metros del cable submarino quedaba frito. ¿Has visto cómo tiene la mano Albert, el hijo de Quimeta? Pues eso.

- Pero eso no fue todo - añadió Joan.

- Pero eso no fue todo, en efecto - prosiguió Oriol - porque con el parque montado se dieron cuenta de que no había demanda para tanta electricidad. Así que, ¿qué se podía hacer? Pues una planta de electrólisis y a producir hidrógeno verde.

- El hidrógeno verde se podía aprovechar para mover camiones - dijo Joan, con calma.

- Claro que sí, y por eso nos montaron la plataforma logística allí detrás. Todo ese trozo de playa, a tomar vientos, nunca mejor dicho. - Oriol se espoleaba, recordando la desgracia - Claro que así le dimos utilidad a la playa, ¿no? Porque entonces comenzaban a desaparecer los turistas: total, ¿quién podría querer venir a veranear a una playa con malos olores por el cloro que se desprendía con el hidrógeno, con una agua que desteñía los bañadores por culpa de la sosa cáustica que la planta de electrólisis concentraba en el agua del mar, y con un tránsito interminable de camiones?

- A decir verdad, en aquellos años el turismo cayó en picado en toda Europa - apuntó Joan.

- Sí, lo sé; - Oriol se lo miraba con aquella expresión del que lleva años oyendo y discutiendo los mismos argumentos -  no sabes cuánta gente, de por aquí incluso,  decía: "Si nos quedamos sin turismo, tendremos que reconvertirnos industrialmente". Por eso montaron una pequeña papelera, para aprovechar el cloro, y una fábrica de jabón, para aprovechar la sosa cáustica.

- Y esto trajo nueva prosperidad al pueblo - dijo Joan.

- Sí, claro, Joan - contestó Oriol - pero también vertidos de organoclorados y otras miserias. Conseguimos cargarnos toda la vida de la bahía  - Oriol abría mucho los ojos, casi fuera de sí - ¡Toda la vida, Joan! Fuera las fanerógamas, las algas, los peces, los moluscos. Incluso exportábamos contaminación a otras playas hacia el sur. Un éxito comercial en toda regla.

- Ya ha pasado un tiempo, Oriol - dijo Joan.

- Sí, claro, ya ha pasado un tiempo - la voz de Oriol se fue calmando mientras miraba la taza: aún le quedaba más de la mitad de su segundo trifásico - Resulta que no era tan económico mantener una planta de electrólisis que usa agua de mar, porque todo se corroe y tienes que cambiar muchas piezas cada pocos años. Piezas que empezaron a escasear. Como las de los aerogeneradores. Al final, tu empresa quebró...

- No, Oriol - le corrigió Joan - mi empresa no ha quebrado nunca; en aquel momento el parque y resto de instalaciones habían sido vendidas a otra empresa.

- Sí, claro, tienes razón - dijo Oriol - una tapadera pensada para quebrar y no endilgarle el marrón a tu empresa.

- No te falta razón - concedió Joan.

- Pues eso. Ya no se reparaban los aerogeneradores, todo fue decayendo, y luego vino el temporal del invierno del 32 y... bueno, el resultado está a la vista - dijo Oriol, mirando a la bahía y apretando los dientes con rabia.

Joan miró al mismo punto. Atravesado en medio de la bahía, la gigantesca estructura de un aerogenerador volcado obstruía el paso de toda una sección del antiguo puerto.

- Dijeron que no había habido un temporal como ese en cien años - continuó Oriol, mientras Joan seguía con la mirada fija en el cadáver tecnológico - Después de eso, hemos tenido otros tres - añadió, casi con el tono de un actuario haciendo inventario. - Hey, que aparte de esa bestia que rompió las anclas y llegó prácticamente hasta la orilla, tenemos otras dos bestias hundidas en el fondo.

- ¿Y qué, Oriol? - dijo Joan, mirando a los ojos a un perplejo Oriol - ahora han pasado ya, cuánto hace, ¿cinco años? Las estructuras comienzan a agrietarse. Tardarán años, décadas quizá, en colapsar, pero al final lo harán. Colapsarán. Quedarán reducidas a polvo. Desaparecerán. Y mientras tanto, la vida ha vuelto ya a la bahía. ¿No oyes cómo cantan los pardales? El agua vuelve a estar limpia, cristalina. Han vuelto las algas y los peces. La vida se abre camino.

Oriol dio un buen tiento a su carajillo.

- Pues mira, te voy a dar la razón. - dijo por fin - puesto que al final las aguas van volviendo a su cauce. Pero, eso sí, ahora somos mucho más pobres. No fuiste el único que se fue del pueblo.

- Todo el mundo se volvió más pobre, Oriol. - el tono de Joan tenía algo de solemne - Era algo inevitable.

- No en Alemania. - dijo Oriol, mientras negaba con la cabeza - He oído decir que ganaste tus buenos dineros, y viendo cómo gastas tus euros está claro que es verdad.

- Hacer de ingeniero en Alemania estos años ha sido provechoso económicamente, es cierto - dijo Joan - y a base del hidrógeno que se producía en otros sitios, por ejemplo aquí, pero que se consumía allá, logró Alemania mantener un nivel de vida más alto... por un tiempo. El espejismo también se acaba allí, Oriol, solo que aún no se han dado cuenta. Aún tienen que hacer el proceso que vosotros ya habéis hecho aquí: comenzar de cero, con humildad y con tesón, viviendo de lo que la Naturaleza da.

- ¿Así que has venido a pasar unos días, sin más, no, Joanet? - dijo Oriol tras apurar el trifásico - Pues bueno, hombre, ya me gustará quedar algún rato para hablar de recuerdos de infancia y que me cuentes cómo se vive en Alemania. ¿En qué hotel te quedas? ¿En el Europa o en el Bahía?

- Me he instalado con mi familia en casa de mis padres - respondió Joan.

- ¿En casa de tus padres? - Oriol le miró extrañado - Pero, ¿no la habías vendido?

- Sí, pero la he vuelto a comprar. Nos mudamos aquí. No hay futuro en Alemania. Ya no. Y aquí - dijo mirando de nuevo al mar - al menos tenemos la bahía más bonita del mundo.

Antonio Turiel

Mayo de 2021.


domingo, 2 de mayo de 2021

Centro versus periferia


Queridos lectores:

Una de las mayores dificultades para articular una transición energética adecuada y eficaz reside en ciertas ideas preconcebidas de cómo debe ser esta transición. Esas ideas, adecuadas para aprovechar las características de los combustibles fósiles mientras éstos han sido abundantes, nos llevan ahora a intentar aprovechar la energía renovable de una manera que no solo no es la más eficaz, sino que es tan mala que puede ser hasta incompatible con una sociedad funcional. Pero cuando señalamos esta incompatiblidad, y antes de que se nos permita explicarnos mejor, habitualmente nos encontramos con un muro: un muro de incomprensión y un muro de oposición cerril, el cual desdeña nuestros argumentos porque los toma como un ataque a la única salida al grave problema de sostenibilidad actual, sin darse cuenta de que en realidad hay muchas más salidas. Tal es la cerrazón que, cuando se les muestra la imposibilidad lógica de "su" solución, creen que lo que estamos diciendo es que "estamos perdidos" o que queremos "condenar a la Humanidad a volver a las cavernas" - sin ir más lejos, estos dos comentarios me los han dicho en la última semana. Me sorprende encontrarme con gente que de nada me conoce que cree que me gusta ser catastrofista o que piensa que digo que no podremos tener ni luz ni agua corriente (dos ejemplos reales también recientes).

La realidad no puede ser más lejana. No es que no haya solución. Al contrario, sí que hay soluciones alternativas, más de una. Pero son soluciones muy diferentes a las que ellos sueñan, aunque no peores. De hecho, en realidad son mejores, empezando por el simple hecho de que son posibles.

Comencemos por el principio. Entendamos cuál es el paradigma actual, y hasta qué punto es prisionero de la mentalidad de los combustibles fósiles.

Los combustibles fósiles tienen una característica que los hace muy interesantes: tienen una gran densidad energética. Contienen mucha energía concentrada en un volumen pequeño. Eso favorece que se pueda transportar la energía extraída en un punto para consumirla en otro punto, aunque sea muy lejano, y con un gran aprovechamiento. En el caso concreto del petróleo, se añade otra gran ventaja: es un líquido, como también son los combustibles que de él se derivan. Eso hace muy fácil su manipulación: para trasvasar grandes cantidades de energía de un recipiente a otro simplemente se deja fluir y en cuestión de pocos minutos el depósito se ha llenado de una cantidad inaudita de kilovatios·hora. Además, al ser líquido es más fácil de hacerlo reaccionar químicamente para sacar un alto rendimiento. El carbón tiene una manipulación un poco más difícil, pero también se puede transferir grandes cantidades de energía gracias a él. Y el gas natural es el más difícil de manipular de los tres, pero aún con él tenemos un increíble saldo energético en las operaciones de transferencia.

Dadas las características de los combustibles fósiles, y particularmente del petróleo, se ha podido llevar la lógica de las economías de escala hasta prácticamente su límite físico. El principio de la economía de escala es aumentar el volumen de producción de un objeto hasta el máximo rendimiento económico. Cuando ponemos una fábrica, debemos hacer una gran inversión para crear el edificio, comprar la maquinaria, tener las infraestructuras necesarias, etc, y esa inversión es prácticamente la misma hasta un cierto volumen de producción; por tanto, es mejor producir ese máximo volumen que cualquier cantidad inferior, porque así el coste por unidad producida será menor. Incluso, una vez hecha la inversión inicial, aumentar la producción partiendo de la fábrica inicial suele comportar un incremento de costes menor que poner una nueva fábrica en otro sitio, porque ciertas infraestructuras (carreteras, líneas eléctricas, etc) no necesitan ser ampliadas porque pueden aumentar su capacidad. Así que la lógica de la economía de escala se basa en aumentar la producción de una fábrica hasta su máximo rentable.

La gran cantidad de energía concentrada en los combustibles fósiles, y su gran abundancia, ha favorecido que se creen grandes centros de producción, que en algunos casos abastecen el mercado global. Concentrar más y más la producción en pocos lugares ha seguido siendo beneficioso, hasta que en algunos productos se abastece el mundo con una o unas pocas fábricas. La lógica de la hipercentralización de la producción ha sido una consecuencia del petróleo abundante y barato, en suma.

Por contraste, la producción de energía renovable es por definición muy distribuida y de pequeña densidad energética. Además, es difícil de manipular y transportar  a grandes distancias. El viento sopla aquí, y las zonas más insoladas están allá, y tomar esa energía y llevarlo para otro lado no es nada simple. Se pueden crear sistemas de aprovechamiento renovable que tomen esas fuentes de energía renovable y las conviertan en electricidad. En el proceso, se aprovecha solamente entre el 15% y el 20% de la energía renovable disponible; y luego el transporte comporta pérdidas adicionales, más el hecho de que la disponibilidad de la red eléctrica hace que no siempre se pueda aprovechar la energía producida o producible. Se puede intentar soslayar ese problema convirtiendo la electricidad en hidrógeno, pero entonces se tienen que añadir otro 30-50% de pérdidas adicionales en la producción del hidrógeno, y encima, si se intenta utilizar en un motor, habrá de nuevo un recorte del 50% de la energía, de modo que al final se habrá aprovechado solamente un 4% o menos del flujo renovable inicial. La alternativa es usar baterías u otros sistemas como el bombeo incerso, con pérdidas mucho más pequeñas (del orden del 10-15%) pero con un alto coste económico y energético en materiales escasos o en limitaciones de localización, con lo que encima tampoco se puede garantizar que estarán disponibles a gran escala.

La pregunta es: ¿y no se puede aprovechar esa energía renovable de una manera mejor? Y la respuesta es que sí.

Ya comentamos al hablar de la entropía que siempre que se produce una transformación de un tipo de energía a otro tipo de energía, en virtud del Segundo Principio de la Termodinámica, se tiene que pagar un peaje energético, es decir, se va a perder parte de la energía en el proceso. Esa pérdida energética es de tanto mayor que más diferentes sean los tipos de energía inicial y final. Por ejemplo, la transformación del impulso mecánico del viento o del río en electricidad implica pérdidas de hasta el 75% de la energía que incide en la turbina o aerogenerador. Sin embargo, si esa energía mecánica lineal del flujo de agua o aire se convierte en energía mecánica de rotación para accionar los engranajes de una fábrica, las pérdidas son mucho menores, del 20% o incluso más bajas. Quizá esto les suene un poco a ciencia ficción, pero lo cierto es que las primeras villas industriales a principios del siglo XX usaban esos procedimientos para mantener en marcha la maquinaria; yo siempre comento el caso de las fundiciones de la villa de Olot, ciudad perdida en la montaña de Gerona y que no tenía precisamente buenas comunicaciones terrestres con el resto del país, y que sin embargo tenía una gran capacidad industrial precisamente por ese tipo de aprovechamiento mecánico de la energía hidráulica de los abundantes saltos de agua de la zona.

Lo cierto es que existen tecnologías apropiadas que requieren materiales y procesos constructivos mucho más sencillos que las renovables eléctricas, que son mucho más fáciles de instalar y mantener, y que son entre 2 y 3 veces más eficientes que producir electricidad. Con la ventaja añadida de que la energía se puede aprovechar de manera más final, además.

Yendo al caso de España, las posibilidades son infinitas. En las zonas con mayor insolación, como Andalucía, Extremadura o el sur de Castilla- La Mancha, la energía solar se puede concentrar para cocer ladrillos y, más concentrada aún, para fundiciones metalúrgicas. En el norte de España, la proliferación de saltos de agua proporciona una potencia mecánica que permite la instalación de muchas industrias donde se requiera; y de manera similar las regiones con viento intenso. En cuanto a las praderas que ocupan las mesetas, pastizales y paja proporcionarían una fuente inmensa de compuestos para la síntesis de química orgánica, y  semejantemente los bosques.

¿Cuál es el inconveniente de esta aproximación? Que la producción se vuelve distribuida. Pero eso es lógico: es que se está intentando aprovechar una energía, la renovable, que ya es de suyo distribuida, que se encuentra repartida por todo el territorio, y no precisamente en los actuales centros de consumo. Con estos modelos no eléctricos de aprovechamiento renovable, que tienen una eficiencia mucho más alta que la de las renovables eléctricas, en vez de tener grandes fábricas en pocos sitios, la economía de escala asociada a una energía muy distribuida haría proliferar muchas pequeñas fábricas, con mucho menor impacto y presión ambiental sobre su entorno, asegurando además la riqueza y el empleo local. La introducción de la renovable no eléctrica es por tanto más vertebradora y redistributiva.

¿Por qué hay, entonces, esta obsesión con electricidad? Porque no se ha abandonado el paradigma fosilista, y se sigue queriendo llevar la energía desde los lugares de generación energética a los actuales centros de producción industrial. Por este motivo, el debate sobre la transición renovable está viciosamente y erróneamente centrado en la producción de electricidad, de modo que hemos llegado a un punto en el que la gente cree que las renovables son para producir electricidad, y que el actual discurso político pretende alcanzar la descarbonización con un 100% eléctrico renovable. Poco importa a ese discurso que la electricidad sea solo el 20% del total de energía final consumida, que lleve décadas así sin que se vea como aumentar ese porcentaje, y que se sepa que hay una parte que no puede ser electrificado. Y poco importa, como hemos visto, que el aprovechamiento eléctrico sea altamente ineficiente en la transformación energética.

La centralización de la producción industrial durante los dos últimos siglos ha llevado a una centralización del poder político, y se usa ese centralismo para intentar forzar que la transición renovable también sea centralista. Pero a la Naturaleza no se la puede contradecir, y si la energía renovable es distribuida, no será posible centralizarla. Encabezonarse en hacer algo imposible no logrará hacerlo, pero sí que nos puede hacer colapsar como sociedad.

La fijación de la agenda en la renovable eléctrica y el completo ninguneo de las alternativas renovables no eléctricas (hasta el punto de que son un no tema, y que hasta las organizaciones ecologistas adoptan la agenda eléctrica renovable) es una manera de mantener el centralismo imposible en la época del descenso energético. Por eso, no nos equivoquemos: la renovable eléctrica busca apuntalar los centros de consumo/producción frente a la periferia de generación energética. Es un modelo de expolio del territorio, es un modelo colonial intramuros y extramuros.

La transición renovable, la verdadera, la posible, debe basarse en el aprovechamiento local y eficiente de la energía renovable. Un aprovechamiento que hará renacer al territorio. Renacer del territorio que debe ser a costa del abandono del centralismo metropolitano. Ceterum censeo Metropolem esse delendam.

Salu2.

AMT