viernes, 4 de agosto de 2023

Energía en Latinoamérica: de exportadores a importadores endeudados

Queridos lectores:

Un año más, Demián Morassi nos ofrece su análisis sobre la situación energética en Latinoamérica. Un imprescindible de cada año, que nos permite ver cómo evoluciona la situación energética en una región con muchos retos e incertidumbres por delante.

Les dejo con Demián.

Salu2.

AMT

 

Energía en Latinoamérica: de exportadores a importadores endeudados 

Latinoamérica está en su cresta de la ola, la espuma del consumo supera ya a lo líquido de la producción... la espuma nos muestra un 2022 como año récord en el consumo energético, es espuma, ya veremos que por un lado no dura mucho y no hay que perder de vista la masa en movimiento de la producción, y por otro es engañosa, cada vez la proporción de la energía consumida que se tiene que derivar en la producción energética es mayor y queda menos para el consumo industrial o individual.

La producción de energía en Latinoamérica tuvo su pico en 2015, año en que empezamos a escribir estos informes basados en el Statistical Review of World Energy realizado hasta el año pasado por BP y desde este año por Energy Institute. Desde ese momento la producción de energía transitaba por una meseta que se rompió con la pandemia y cuyo rebote no ve signos de volver a los tiempos de más acción.

Detallaremos cómo se mueve ese oleaje en la tempestad de las distintas fuentes energéticas y algunos efectos puntuales sobre la sociedad.

El petróleo

La energía más producida y más consumida en la región tiene un momento de respiro en su largo declive. Desde su pico en 2006 con el rápido declive de Cantarell en México, sus años de crecimiento relativamente importantes fueron 2014-2015 cuando el precio del barril estaba por las nubes y ahora en 2022. 


Hay tres elementos importantes para entender lo que sucedió el año pasado. El primero es la puesta en marcha de la producción de la cuenca descubierta en Guyana (que comparte con Surinam y en menor medida con Venezuela y Guyana Francesa). La producción en Guyana ya equivale a la mitad de lo que produce Ecuador, en 2022 legó a los 278.000 barriles diarios (b/d) contra los 110.000 b/d del año anterior. En Surinam pronosticaban comenzar la producción offshore este año pero lo han pospuesto para 2027.

El segundo elemento, otros grandes saltos en la producción brasilera de 117.000 b/d para llegar a 3,1 millones de b/d y en la Argentina con 78.000 b/d extra para llegar a los 706.000 b/d.

El tercero la reactivación de la producción en Venezuela luego de años de caída. Uno de sus problemas era la falta de algunos petróleos condensados necesarios para poder refinar su crudo, en ese sentido Irán no sólo les exporta lo que Venezuela necesita sino que a la vez llevaron técnicos para reparar refinerías dañadas tras años de abandono. Además la llegada de Biden trajo un "alivio a las sanciones" en 2021 a partir del diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición. Se le permitió la importación de gas de EEUU y a fines de 2022 el gobierno estadounidense le permitió a Chevron operar en Venezuela y se espera que aumente la producción en 2023 en al menos 100.000 barriles diarios sobre el aumento de los 55.000 de 2022.

De todos modos se puede ver que la producción está lejos de los valores de hace una década.

Si la producción total dio un salto importante (444.000 b/d) el consumo dio un salto mayor (703.000 b/d) para ubicarse a 50.000 b/d del total producido. A grandes rasgos, casi todo lo que se consume en la región es de producción propia.


Gas natural

La producción de gas volvió a los niveles de la línea de declive que llevaba antes de la pandemia. Sólo dos países pudieron superar los niveles de 2019: Brasil y Venezuela; y otros dos pudieron retornar a esos valores: Perú y Argentina. Los demás mantienen el declive por causas geológicas principalmente. 

La suba en la producción en Venezuela tiene la misma explicación que para el petróleo y lo mismo sucede en Brasil con el crecimiento sostenido de la cuenca offshore presal Santos (que representa cerca del 75% de toda la producción hidrocarburífera brasilera).

En Argentina el aumento en la producción de gas depende del desarrollo de Vaca Muerta. Mientras escribo estas líneas se inauguraba “la obra de transporte de gas más grande de los últimos 40 años” (así lo comunica el gobierno), un gasoducto de 573 Km de extensión que se conecta con el gasoducto troncal que abastece la provincia de Buenos Aires. Con esta obra Argentina se evitará importar gas en los siguientes años (unos 12.000 millones de dólares se fueron en gas en 2022 que dejaron la balanza comercial en rojo por 4.400 millones de dólares). En Argentina el gas es el principal insumo energético, a diferencia del resto de países de la región que dependen principalmente del petróleo.

En cuanto al consumo, los números fueron en caída. La región sigue siendo importadora neta y los precios del gas natural se fueron por las nubes. El bloqueo a Rusia a partir de la invasión a Ucrania llevó a valores no vistos desde 2008. Si bien los precios se desinflaron en 2023 la demanda local debe competir en un mercado global que llevó a pasar a Europa un frío invierno de ahorro forzoso.

Uno de los factores no energéticos de la demanda de gas tiene que ver con el aumento del uso de fertilizantes nitrogenados debido al avance de la frontera agrícola, especialmente durante el periodo de Bolsonaro en Brasil, con el desmonte indiscriminado en la selva amazónica (sólo en los últimos cuatro años de Bolsonaro se desmontaron más de 40.000 Km² de selva, algo así como la superficie de Suiza). Más de la mitad de las importaciones dependen de Brasil (cuarto consumidor a nivel global). El aumento en la región de un 4% de los distintos fertilizantes le costó un 137% más que en 2021 por el aumento de los precios (Rusia es uno de los principales exportadores hacia Latinoamérica). La producción local viene en aumento pero compite con el consumo de gas para otros usos (calefacción, energía eléctrica y otros usos industriales).

Carbón

La producción y consumo de carbón en la región es escasa. Sólo en Colombia la producción representa una importante fuente de divisas, especialmente el año pasado por el aumento del precio. Los principales importadores del carbón colombiano son países europeos. A pesar de eso la reactivación post pandemia está lejos de volver a los niveles de 2019. Las principales demandas internas son de México y Chile pero lejos de los años de mayor consumo.


“Renovables”

Las energías no hidrocarburíferas siguen aumentando. Se destaca en 2022 la solar casi duplicando los valores de 2020, año en que había superado a la producción de energía nuclear. La hidroeléctrica volvió a producir valores cercanos a los picos de 2011-12 y la energía eólica sigue creciendo linealmente.

Estas energías dependen en última instancia del avance de la electrificación. La transición a la movilidad eléctrica sigue estando lejos de convertirse en alguna solución para una descarbonización con crecimiento económico pero su auge es innegable y en la región están algunas de las principales reservas de litio (Argentina, Chile y Bolivia) donde las multinacionales, los estados y las comunidades que habitan esos territorios aún no han llegado a un modelo productivo que satisfaga a todos los actores.


Consumo versus producción

El consumo energético en la región llegó a un nuevo récord, sin embargo, al superar a la producción, dependerá cada vez más de una economía robusta que permita costear las importaciones futuras.


El aumento sostenido de las renovables y un año más de crecimiento en la producción de petróleo y gas con una demanda en aumento constante no pueden tapar el carácter geológico del declive energético que no sólo arrastra a un decrecimiento económico en la región sino también a un sinnúmero de inconvenientes políticos para sus gobernantes si no logran distribuir las riquezas obtenidas por lo sectores que se siguen enriqueciendo. Desde 2015 casi ningún presidente ha logrado ser reelegido (sólo Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua) a diferencia de lo que solía pasar en la década anterior donde era poco probable que ganen los opositores. La región sorteó el declive productivo tomando deuda. La deuda externa se duplicó con respecto a los valores de 2010 mientras el PBI per cápita nunca volvió a los niveles de 2014 y, por el contrario la pobreza extrema casi se duplicó de 7,8% en 2014 a 13,1% en 2022. Para 2021  ya el 1% más rico concentraba más riquezas que el 50% más pobre.

Las necesidades de descarbonización son cada vez más evidentes, estos gráficos sirven para ver el casi nulo efecto que tienen las alarmas climáticas en la estrategia energética e industrial de esta región. Hay mucho para hacer.


 

 

domingo, 30 de julio de 2023

De colapsistas y ecofascistas

 

Queridos lectores:

Hace tiempo que le vengo dando vueltas a la conveniencia o no de discutir en este blog sobre la artificial polémica inflada desde un partido político español contra algunos miembros de la academia española, entre los cuales por desgracia me cuento yo mismo. Hasta ahora he sido bastante reacio a comentarlo, más que de vez en cuando en el momento en que me preguntan por ello en las conferencias, porque no me ha parecido que fuera tema de discusión técnica (que a mi entender es en la que me tengo que centrar) y porque además, al afectarme a mi personalmente, mi visión no puede ser imparcial. Sin embargo, en vista de que la tempestad no amaina sino que arrecia, que esta monserga dura ya más de un año, y por las implicaciones que tiene para nuestro futuro, he creído conveniente escribir esta entrada en mi bitácora para dar mi punto de vista sobre tan desgraciado asunto, máxime porque de otro modo solo se oye el continuo runrún de nuestros detractores sin que en ningún momento nos defendamos nosotros mismos. Va por delante, quede claro, que éstas son solo mis impresiones personales por los hechos que relataré, tal y como los he vivido y entendido yo, y que por tanto es visión de parte: además de esto, lea el lector lo que considere conveniente y sáquese su propia impresión.

Como digo, mi visión sobre este asunto es muy subjetiva, y para entender mejor mi punto de vista haré mi relato cronológico de los hechos que creo relevantes.

El problema se centra en una persona concreta, Emilio Santiago Muiño, aunque algunas otras personas (como Héctor Tejero, Xan López o Jaime Vindel) han tenido un papel destacado en esta historia. Emilio Santiago es en la actualidad Científico Titular del CSIC en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología. Su tesis doctoral versó sobre el Período Especial en Cuba y de cómo la falta repentina de petróleo proveniente de la Unión Soviética tras su colapso indujo un reverdecimiento forzoso de la revolución cubana. Durante años, Emilio Santiago ha estado vinculado a los grupos académicos que han trabajado sobre la crisis ecosocial y la llegada de nuestra civilización a los límites planetarios. Yo le conocí de la mano de Jorge Riechmann, con quien colaboraba, y nuestra relación fue siempre cordial. Con el tiempo fuimos coincidiendo en más seminarios y actos, e inclusive él me invitó a participar en algún acto del colectivo "Rompe el círculo" de Móstoles, la ciudad madrileña donde reside, o el año pasado en un curso organizado en su centro.

En un momento determinado, Emilio Santiago comenzó a implicarse en la política institucional, y me da la impresión de que fue a partir de entonces que la cosa empezó a torcerse. Le nombraron director técnico en el Ayuntamiento de Móstoles y a partir de aquí comienza a involucrarse en profundidad en el partido Más Madrid. En algún momento conoció a Héctor Tejero (quien, según sus propias palabras, lleva más de 20 años trabajando en política) y escribieron juntos un libro que probablemente es la piedra fundacional de su apuesta política personal.

El libro de Santiago y Tejero, que en su día leí (con cierto esfuerzo, dado lo plúmbeo de su prosa y lo escaso de su contenido real) hace una apuesta decidida por lo que ellos denominan el Green New Deal, y de paso denostan las ideas del decrecentismo por no ser "políticamente fértiles" y "propias de las torres de marfil de la academia". A mi, en su día, cuando leía estas cosas, me daba igual, por varios motivos, pero el más importante era porque creo que nadie está en posesión de la verdad, yo tampoco, y quién sabe si su proyecto podría tener éxito: al final, lo mejor es que cada uno intente tirar adelante sus ideas y esperar que entre todos se pueda construir algo mejor. Yo por supuesto les deseaba lo mejor en sus emprendimientos.

Se tiene que decir, empero, que su elección de términos no podía ser más desafortunada. Green New Deal es el mismo término que utiliza la UE para referirse a su iniciativa de capitalismo verde 2.0, e incluso en los EE.UU. es un término que no tiene las mismas connotaciones que tenía para Santiago y Tejero. Su proyecto fue recibido con ésta y otras críticas (yo lo comenté un poco lateralmente), y poco más sucedió.

Pasó el tiempo. El GND de Santiago y Tejero nunca llegó a tener ninguna repercusión más allá de ciertos cenáculos de la izquierda más exquisita. Entre tanto, la incipiente crisis energética hacía que los medios de comunicación de España prestasen más atención al trabajo de algunos académicos y divulgadores españoles, y al mío entre ellos. Comenzó entonces un goteo constante de entrevistas, artículos, apariciones en radio y televisión... Poco a poco, el concepto de decrecimiento comienza a ser más conocido en España, quiero creer que en parte por las menciones que conseguimos colar por aquí y por allá.

En un momento dado, Emilio Santiago anunció a los transitábamos por allá que abandonaba una lista de correo que fundamos hace ya muchos años diversas personas de instituciones y asociaciones preocupadas por la crisis de los recursos y particularmente por los energéticos, aparte de por otros problemas de sostenibilidad. Decía no sentirse cómodo con los planteamientos que en ella a veces se hacían, y que en ocasiones se sentía atacado. En aquel momento me apenó tal decisión, pero al poco supe que había "fichado" de manera más formal por Más Madrid, y entendí que pertenecer a aquella lista de email de frikis pirados podía ser comprometido para su carrera política.

En junio de 2022, Juan Bordera, Alfons Pérez y yo publicamos un artículo en CTXT sobre los previsibles planes de los países del norte de Europa de usar España y otros países del sur como colonias energéticas. Ese artículo fue respondido por otro, publicado en la misma revista, firmado por Emilio Santiago, Héctor Tejero y Xan López, con un tono que solo puede ser clasificado de salvaje y despectivo. A mi me sorprendió y me desagradó el tono tan agresivo de la respuesta, máxime cuando los argumentos en la misma brillaban por su ausencia. Para más inri, se permitían la licencia de decir que con nuestros argumentos les dábamos alas a la ultraderecha: poco más o menos nos venían a acusar de vendidos al capital. Replicamos, claro está, y ahí quedó la cosa, aunque yo ya veía que algo estaba mal, muy mal...

A principios de julio de 2022, un redactor de El País de cuyo nombre no quiero acordarme me solicitó  una entrevista para conocer de primera mano mi opinión sobre la transición renovable y por qué yo veía tantos obstáculos. Aprovechando que yo tenía que ir a Madrid, quedamos en un café cerca de Atocha y conversamos durante una hora y cuarto. Durante esos 75 minutos yo desgrané con mucha minuciosidad los problemas e inconvenientes que plantea el modelo de Renovable Eléctrica Industrial que se nos quiere imponer como único modelo posible y solución de todos los males. En un momento de aquella larga conversación, me preguntó mi opinión sobre el colapso, y yo le dije que ése era un tema que no me interesaba. Como quiera que insistiera, le dije lo mismo que hace años que digo: que el colapso es un proceso, que viene causado por el empecinamiento de las sociedades en soluciones que no funcionan y que siempre es reversible si se abandonan aquellas prácticas que le hacen daño a la sociedad. Nuestra conversación sobre el colapso debió ocupar un par de minutos de aquellos 75 de conversación.

En agosto de 2022 se destapa el pastel: se publicó el reportaje en El País, y fue absolutamente vergonzoso e indignante. Ya el título del artículo dice muy claramente de qué va y con qué intención se ha escrito: "El discurso del colapso divide a los ambientalistas españoles" - no esperen encontrar el enlace aquí, es política de este blog no poner enlaces a medios españoles. En el texto, se me presenta a mi como poco menos que el padre de los colapsistas españoles. De una manera ventajista - y concertada, como se vio en los meses que siguieron - en ningún momento se define el término. Como suele decir Manuel Casal Lodeiro, ya ni siquiera estamos de acuerdo en una definición de lo que es un colapso para empezar. Pero para seguir, ¿qué es un colapsista? ¿Una persona que estudia el proceso del colapso desde una perspectiva académica? ¿Una persona que atisba el riesgo de colapso e intenta prevenirlo? ¿O alguien que desea morbosa y enfermizamente que llegue ese colapso? En ese artículo, como en el abusivo uso que las personas implicadas han hecho del término después, no se dice, pero es obvio que quieren dan a entender la tercera opción. Es decir, un colapsista es una mente enferma y desquiciada que desea que pase lo peor.

El artículo está estructurado de modo que hay dos bandos: los colapsistas, que son los villanos, y los no-colapsistas, que son gente que está haciendo cosas útiles y tienen una actitud positiva para abordar los problemas que tiene nuestra sociedad. En el bando de los villanos, aparte de un servidor, se encuentra Juan Bordera, Margarita Mediavilla y Alicia Valero; del bando de los héroes, Eloy Sanz, Pedro Fesco, Héctor Tejero y Andreu Escrivá. Es decir, los villanos son un científico, dos profesoras universitarias y un activista ambiental, mientras que los héroes son un profesor universitario (un tanto peculiar, si le conocen), dos cargos políticos y un divulgador ambiental. Aquí ya se ve un rasgo distintivo de la campaña de acoso que comienza con este artículo: el objetivo son principalmente académicos disidentes. Pero hay una perla que redondea el artículo: al final aparece el testimonio de alguien que fue colapsista pero ahora se ha pasado al bando de los héroes. Un arrepentido que ha venido a hacer justicia. Efectivamente, es Emilio Santiago.

En su momento el artículo me pareció un insulto y un atropello, y así lo expliqué en un hilo de Twitter, en el cual acabé ofreciendo al redactor de El País la recompensa de Judas Iscariote (para mayor recochineo, se hizo el ofendido, él, y desde entonces veta mi nombre en cualquier cosa que se envíe a El País: lástima, otro diario en el que nunca se publicará nada de mi). Y aunque me pareció muy sospechosa la coincidencia Tejero-Santiago, no le di más importancia y seguí a mis cosas.

Desde entonces, el acoso ha sido continuo. En cualquier ocasión que pueden, este grupo de personas, con Emilio Santiago a la cabeza, nos moteja de "colapsistas". Parece haber además la consigna de no decir lo que realmente somos (y que es lo que verdad les molesta), "decrecentistas". Se trata de crear un clima de opinión desfavorable contra nosotros, y en ese sentido son tremendamente prolíficos en escritos y artículos, aunque afortunadamente usan una prosa tan pedante y engolada que casi nadie se los lee, solo los de su cuerda. En un momento determinado me di cuenta de que usaban cuestiones que conversábamos en la lista de distribución que había abandonado Emilio Santiago meses antes, o sea que alguien les estaba pasando información, y siempre con el objeto de humillarnos y desacreditarnos. Les tendí una trampa muy burda, poniendo un mensaje muy vejatorio en esa lista, y a las pocas horas el propio  Emilio Santiago me envió un larguísimo mensaje de refutación a mi email, demostrándome así que toda la información de la lista le llegaba puntualmente. Tras eso, obviamente y a mi pesar, tuve que abandonar la lista.

Durante estos meses he tenido ocasión de hablar con el resto de académicos a los que principalmente Emilio Santiago y a veces sus adláteres se dedican a humillar y a acosar en sus escritos. La impresión general es de disgusto y hartazgo, sobre todo porque cuesta comprender qué les hemos hecho a estos energúmenos para que nos molesten de esta manera, máxime cuando nosotros no hemos entrado en la batalla de poder de los partidos políticos (ni ganas tenemos). Parece ser que esta gente entiende que somos un estorbo porque ocupamos un espacio político que a su entender les debe corresponder por derecho. Lo cual es muy absurdo, porque a nosotros eso nos da igual; y como le comenté  a Emilio Santiago hace unos meses, en realidad ellos podrían reivindicar nuestro trabajo como propio y de acuerdo con sus ideas, incluso aunque hubiera contradicciones flagrantes, y nosotros tampoco diríamos nada porque en cualquier caso seguramente les encontraríamos más afines que otras muchas opciones políticas. Pero no. Por algún motivo, eso no les bastó. No les bastaba con que no les obstaculizáramos: tenían una necesidad de derrotarnos completamente, de someternos en el ámbito de una imaginaria batalla intelectual que creen estar librando (en ese sentido, es llamativa la gran cantidad de conceptos bélicos que usan en sus escritos: "ganar", "lucha", "conquista", "batalla", etc).

La guinda del pastel ha sido la reciente publicación de un libro escrito por el propio Emilio Santiago, de infame título: "Contra el mito del colapso ecológico". Todos los grandes periódicos del país han entrevistado a Emilio Santiago sobre su libro, a una o dos páginas, todo un lujo - obviamente el Sr. Santiago Muiño conoce resortes que yo no puedo alcanzar, porque a mi nunca nadie me entrevistó allí por ninguno de mis libros y eso que me da en la nariz de que tienen algo mejor tirada que los de él. El Sr. Santiago Muiño está aprovechando estas entrevistas para seguir echando pestes sobre básicamente toda la gente que en España trabaja a nivel académico y activista desde posiciones que no son la suya propia, tildándolos a todos de "colapsistas", y por supuesto sin definir el significado exacto de ese sambenito.

Yo ni he leído ni voy a leer su libro: ojeé algunas páginas por internet y vi la misma prosa pomposa, plúmbea, autojustificativa (este hombre debe tener muchos remordimientos) y vacía de siempre. Gente con mucho conocimiento y ganas de perder unas horas leyendo esa egocéntrica tabarra han escrito sobre él reseñas muy interesante y completamente demoledoras: Jorge Riechmann, Jordi Marín, Aurora Despierta o Vicente Guedero. Yo comentaré aquí del libro lo único que pienso leer, el título. "Contra el mito del colapso ecológico". Tengo muchos amigos y amigas, investigadores e investigadoras en el ámbito de la ecología, algunos de los cuales han visto literalmente desaparecer el objeto de su estudio, que se han sentido profundamente insultados porque un antropólogo del Instituto de Lengua se atreva a decirles que el problema del que vienen alertando desde hace décadas es un mito. En ese sentido, recomendaría al Sr. Santiago Muiño que por si acaso no pase por ningún instituto ni departamento de ecología si no quieren que le expliquen cuatro verdades, aunque me parece que ya de suyo este señor no frecuenta mucho ningún lugar donde se enseñen o tan solo se comprendan las Ciencias Naturales.

Todo lo que hasta aquí he relatado es mi visión personal y sin duda sesgada sobre lo que ha pasado este último año. Ha sido muy triste, y desagradable: yo a Emilio le consideraba un colega y un amigo, y ahora me ha quedo meridianamente claro que no es ninguna de las dos cosas. Pero con respecto a lo sucedido me gustaría ahora dejar de lado el qué y centrarme en el por qué. Por qué ha pasado esto. Y en particular, por qué exactamente están Emilio Santiago et al haciendo lo que hacen. Obviamente yo no puedo conocer sus razones últimas, pero hay ciertos detalles muy reveladores de la verdadera ideología de estas personas, manifestados en sus escritos y en sus actos.

Emilio Santiago presume de trabajar en el ámbito de la ecología política. A mi personalmente el término "ecología política" nunca me ha gustado, porque la ecología es una disciplina bien diferente y en realidad de lo que trata la ecología política son cuestiones de justicia ambiental. Y en esto ya se observa una interesante anomalía en los intereses reales de Emilio Santiago: una cuestión clave cuando se discute sobre justicia ambiental es los abusos del extractivismo sobre el Sur global. En particular, una cuestión que está emergiendo con cada vez más fuerza es cómo la loca carrera de Europa por conseguir hacer "su" transición renovable implica altos grados de destrucción ambiental en el sur del planeta, en la búsqueda masiva de los escasos materiales que son necesarios para esa transición. Cuando se le ha señalado a Emilio Santiago o a otro de sus iguales estos problemas tienen una clara tendencia a mirar hacia otro lado, a "confiar" en que se mejorarán las técnicas extractivistas para disminuir el impacto ambiental y social y, cosa interesante, a decir que nosotros tenemos que ocuparnos de los problemas de aquí, y que ahora la clave es conseguir nosotros hacer nuestra transición (mención aparte merece que también desdeñan la oposición desde el territorio a la implantación de los macroparques renovables). Es decir, su pensamiento tiene un reconocible tufo de nacionalismo del más rancio, desdeñando o ignorando el mal que se hace en otros lados o incluso aquí en pos de "hagamos España grande de nuevo". En ese sentido, da vergüenza ajena ver cómo manosean el término "ecología política" para justificar sus alharacas: hace unos meses celebraron en Barcelona un "gran encuentro de ecología política en España", al que aparte de nuestros héroes acudieron personajes de diverso pelaje. Del mundo académico solo fue, hasta donde yo sé, el ínclito Eloy Sanz; por supuesto no participó ni un ecólogo ni una ecóloga (lamentable para un encuentro de "ecología", por más "política" que fuera). Y para haberse hecho en Barcelona podrían haber contado con alguno de los interesantes académicos de la Ciudad Condal; obviamente no hablo de mi, que además soy el demonio con cuernos, pero podrían haber contado con Jordi Solé (coordinador del proyecto MEDEAS y alguien con mucho conocimiento sobre las transiciones ecológicas), o con alguna de las personas que trabajan en temas de economía ecológica o justicia ambiental, y que son referencia en Europa, como Joan Martínez-Alier, Mario Giampietro o Giorgos Kallis, por poner solo algunos ejemplos. Pero no. Era un evento de ellos y para ellos, en los que no se buscaba saber más, sino justificarse mejor y de paso posicionarse políticamente (la mayoría de los asistentes eran personas del ámbito de la política).

Otra de las claves del pensamiento de Emilio Santiago es el posmodernismo, que en sus versiones más extremas se ha convertido en una corriente tóxica de pensamiento que defiende un subjetivismo de la realidad hasta extremos enfermizos. El posmodernismo afirma que cualquier construcción humana es subjetiva y fruto de la realidad cultural en la que se haga, y de esa manera, en las visiones posmo más radicales hasta la ciencia es una construcción cultural y por tanto opinable. Que la ciencia es un fruto de la cultura es algo conocido y evidente: el entorno cultural condiciona tanto los sujetos de estudio en la actividad científica como los métodos de estudio que se aplican. Pero el relativismo llega hasta cierto punto: en Ciencias Naturales, la aplicación del método científico busca garantizar la reproductividad de los resultados observados, y con todas las salvedades y limitaciones que tiene cualquier conocimiento humano es algo bastante más objetivo de lo que los radicales posmo quisieran aceptar. Yo siempre digo que un cierto escepticismo es bueno, pero un exceso de él es puro cinismo: yo a los radicales posmo les invitaría a saltar por la ventana de un quinto piso, porque al fin y al cabo la Ley de la Gravedad es solamente un constructo cultural. Obviamente no lo harán, lo cual demuestra el absoluto cinismo de sus posiciones: posmodernos, sí, pero no idiotas.

El posmodernismo de Emilio Santiago le ha llevado por derroteros bien curiosos. Sin tener la más mínima idea de física, biología, química, geología o ingeniería se permite la ligereza de juzgar la bondad o falta de acierto de las posiciones en ciertos debates académicos en función de su aceptación cultural. Para Emilio Santiago, que Mark Jacobson y toda su red publiquen 180 artículos demostrando que la transición energética al 100% renovable es factible, fácil y económicamente rentable es prueba suficiente de que la cosa es así, porque a ellos opone la veintena larga de artículos publicados por investigadores españoles en los que se describen las deficiencias y limitaciones que aquejan a ese modelo de transición. Rizando el rizo, se cuestiona Santiago Muiño sobre la anomalía que representa que en España se pueda estar haciendo una investigación puntera sobre este tema "y no en otros países", demostrando un complejo de inferioridad ibérico habitual en las tascas de este país pero que no es de recibo en alguien que trabaja en una institución académica. 

A la tesis de Emilio Santiago resulta muy fácil oponer tres argumentos. Primero, en Ciencias Naturales, cuando hay una controversia, la cuestión no se dirime por una especie de votación artículos a favor - artículos en contra. Lo que hay que hacer es examinar con detalle la cuestión, entender cuáles son los motivos de las posibles discrepancias y resolverlas, y eso es así porque no hay múltiples verdades, sino una sola, que puede ser la de un bando, la del otro o la de ninguno de los dos y ser más compleja. Solo el trabajo detallado y la concienzuda aplicación del Método Científico nos llevará a la verdad, a veces tras largos años. Segundo, desconozco los complejos que puede arrastrar Santiago Muiño por su propia actividad en su particular campo de investigación, pero estaría bien que se informara un poco y se enterara de que España es hoy en día un país puntero en múltiples campos de investigación, sobre todo en el ámbito de las Ciencias Naturales. Y tercero, la ofuscación de Emilio Santiago por defender sus posiciones hace que ni se haya molestado en comprobar la literatura científica. En este momento hay un cuerpo creciente de artículos científicos mostrando los múltiples problemas asociados a este modelo de transición energética, publicados por centros de investigación de todo el mundo. Añadir que la reputación de Mark Jacobson ha quedado muy comprometida después del artículo de refutación que escribieron Christopher Clack y otros 20 académicos, al que Jacobson inverosímilmente contestó poniéndole un pleito a Clack y a la Academia Nacional de Ciencias y que le acabó costando a la institución de Jacobson, la Universidad de Stanford, 10 millones de dólares cuando la demanda se consideró improcedente. Quizá también conviene recordar que Jacobson tiene una importante participación económica en una empresa de instalación y gestión de energías renovables y que por tanto tiene un más que evidente conflicto de intereses.

Una de las cosas más cómicas que le he oído a Santiago Muiño a lo largo de los años es el cuestionamiento de la proximidad del peak oil (de nuevo tomado por él como una "anomalía ibérica"), justo en el momento en que nos empieza a azotar con fuerza. La caída de la inversión en upstream de los últimos años garantiza que la producción no va a poder remontar:

 

y más en un contexto en el que muchas compañías como Exxon y Mobil anuncian sustanciosas caída de beneficios (bien es cierto, viniendo de un 2022 en el que el precio del petróleo tocó los 132$/barril). Por más que los medios intentan hacer creer que la producción de petróleo ha llegado a máximos históricos, lo cierto es que la única categoría de hidrocarburos que se asimilan a petróleo que crece son los líquidos de gas natural, que sólo se parecen al petróleo en que sirven para producir plásticos pero no combustibles líquidos.


Y eso mientras ya se anuncia el declive del fracking en los EE.UU. y la caída de producción se va asentando en el resto del mundo. Y es que, por más posmodernos que nos pongamos, los coches van a seguir necesitando gasolina y diésel para funcionar...

Pero ya ha quedado claro que la realidad física del mundo donde vivimos no le interesa a Emilio Santiago y sus compañeros de travesía. Como he explicado al principio del post, una parte muy destacada de la actividad de estas personas durante el último año ha sido el acoso y el desprestigo de los académicos del Estado español (del CSIC, de la Universidad de Valladolid, de la Universidad de Zaragoza, de la Universidad de Barcelona...) que somos críticos con el modelo de transición renovable. Particularmente destacable es la obsesión de Emilio Santiago conmigo, haciendo referencias continuas a mi persona en incontables artículos, siempre para poner de manifiesto mis errores tanto técnicos (qué sabrá él...) como políticos (de nuevo, qué sabrá él, por más que se crea). Yo hasta el día de hoy no había escrito ni una línea sobre esta persona, y espero sinceramente no volver a hacerlo nunca más; pero él me tiene continuamente en su boca y me temo que ahí seguiré. Yo hice un esfuerzo para conseguir una tregua, llamando a un debate amplio sobre el modelo renovable, pero la respuesta fue con el típico tono arrogante, arrogándose para ellos la elección del qué se podía discutir y el qué no.

Complementariamente a este continuo, infundado e inmoral acoso a los académicos que expresan sus dudas sobre la panacea del Green New Deal, hay otro rasgo interesante del pensamiento político de Santiago Muiño. En una conferencia reciente en León, una persona del público (que luego me informaron que tenía vinculación con este colectivo) me preguntó sobre qué pensaba de la afirmación de Emilio Santiago Muiño de que no se debe decir la verdad a la población, porque eso causa parálisis por culpa del miedo que generan las malas noticias sobre la crisis climática y demás crisis de sostenibilidad. Mi respuesta a esta pregunta es que a mi me causa repugnancia que alguien se crea en el derecho de ocultar información a la población y tomar decisiones "por su bien". Máxime cuando me parece de una soberbia sin límites creerse facultado para tomar esas decisiones sin consultarlo a nadie, y no te digo nada si éstas nacen de un enfoque posmo de la realidad. Desde entonces, y viendo repetida la exposición de este enfoque en alguna entrevista que le han hecho, entiendo que una de las cosas que le molesta particularmente a Santiago Muiño es que esos académicos disidentes divulguemos esa información que él considera que, cierta o no, es mejor ocultar. Eso también explica su enfermiza obsesión conmigo, porque yo soy una persona que he conseguido alcanzar cierta visibilidad en esa divulgación. Lo que me parece ya alucinante es que el Sr. Santiago Muiño se crea en el derecho de intentar reprimir la divulgación de la información, de momento con los limitados medios que tiene pero que estoy seguro que si tuviera responsabilidades de gobierno no dudaría en usar métodos más ejecutivos (y expeditivos).

Así pues, sinteticemos las bases del pensamiento cálido de Emilio Santiago Muiño y sus afines: nacionalismo a ultranza, defensa de un Estado fuerte, relativismo en los aspectos técnicos supeditada a la propia visión (fuertemente ideológica) de cómo se debe hacer la transición, acoso y represión del pensamiento disidente por todos los medios posibles, ocultación de la verdadera situación a la población y toma de decisiones por un élite autoescogida y autoproclamada.

Esto tiene un nombre muy claro: ecofascismo. Los postulados ideológicos en los que se basa el pensamiento de Santiago Muiño son los mismos que los del ecofascismo. Él simplemente ha encontrado una coartada narrativa para justificarlo. El libro de Emilio Santiago, en el que él sintentiza y presenta de manera ordenada estas ideas, será probablemente el Mein Kampf del ecofascismo ibérico.

La procedencia de Santiago Muiño mantiene confundidas a algunas personas en el mundo ambiental, activista y político, que creen que Emilio Santiago sigue siendo uno de los suyos y una referencia legítima en las discusiones sobre la transición ecológica. Lo triste, por duro que sea de aceptar, es que ya no lo es. Él escogió un camino más fácil que cree que le dará más poder, aunque para ello tenga que sacrificar sus amigos y sus ideas.

 

Salu2.

AMT

P. Data: Al final, por más paciencia que se tenga, llega un momento en el que hay que decir basta. Basta ya de atropellos y abusos.


sábado, 29 de julio de 2023

Si no es ahora, será después

 


Queridos lectores:

Durante estos días se ha hablado mucho sobre la eventual detención del brazo Atlántico de la Corriente de Lazo Meridional (AMOC por sus siglas en inglés: Atlantic Meridional Overturning Current). No me entretendré aquí en explicarles que es la MOC y su brazo Atlántico: para saber más sobre ello, pueden leer este excelente hilo divulgativo en Twitter (o X, le dicen ahora) de la Agencia Estatal de Meteorología de España.

La razón por la que ha cobrado tanto interés ahora lo que pueda estar pasando con la AMOC es por la reciente publicación de un artículo que, usando un método novedoso para la identificación de puntos críticos, señala que esta corriente marina podría detenerse por completo en algún momento del siglo XXI.

La preocupación por la posible detención de la AMOC no es algo nuevo: durante los últimos 20 años se han publicado numerosos análisis sobre su posible ralentización, y en realidad los primeros avisos de que tal cosa podría pasar datan de hace unos 60 años. Sin embargo, este año estos avisos cobran una especial importancia por culpa de lo que está sucediendo en el océano global y en particular en el Atlántico Norte. Y es que la temperatura de la superficie del mar está llegando a valores nunca vistos.


En estos momentos, la temperatura promedio de todo el Atlántico Norte está aproximadamente 1,4ºC por encima de la media de referencia (tomada como el promedio entre los años 1982 y 2011). Hasta ahora las temperaturas del mar estaban moviéndose tanto hacia arriba como hacia abajo de esa media (aunque en los últimos años decantándose siempre en la dirección hacia arriba) en torno a unos 0,6ºC; por tanto, una desviación de 1,4ºC es más que significativa, sobre todo para un único año. Eso sucede, además, en un año en el que la temperatura del aire en superficie (se toma la referencia de 2 metros) está en máximos históricos y seguramente en el valor más alto de los últimos 100.000 años, aproximadamente 1,72ºC por encima de la media preindustrial y por tanto dejando atrás el límite de 1,5ºC que se había propuesto en los Acuerdos de París sobre el clima.

Este calentamiento tan anómalo y repentino del Atlántico Norte podría ser un síntoma de la detención de la AMOC, así que la publicación del artículo arriba mencionado básicamente ha echado más leña a un fuego que ya ardía con bastante intensidad.

Se tiene que decir que los modelos del IPCC (CMIP6) no contemplan la posibilidad de un colapso de la AMOC en este siglo como un evento probable. Sin embargo, como explica el profesor Stefan Rahmstorf (quien es una referencia mundial en el estudio de la AMOC), los modelos del IPCC le atribuyen a la AMOC una estabilidad excesivamente elevada, como pone de manifiesto que en los modelos del IPCC solo comienza a aparecer una zona de enfriamento al sur de Groenlandia (síntoma de ralentización de la AMOC) para calentamientos globales de más de 2ºC cuando, en realidad, ya estamos observando esa anomalía desde hace años con calentamientos de aproximadamente 1ºC.


Esta estabilización excesiva de la AMOC en los modelos climáticos nos dejaba bastante desarmados para entender cuáles son las posibles consecuencias de la detención de esta corriente marina fundamental para la redistribución del calor en el planeta. Tenemos como referencia qué sucedió en otras épocas geológicas cuando se detuvo la AMOC, pero las circunstancias eran muy diferentes, sobre todo porque había menos gases de efecto invernadero en la atmósfera. En cualquier caso, todo parece indicar que si la AMOC finalmente se detiene, las consecuencias para la vida en el planeta, y particularmente en Europa, serían muy drásticas. 

La AMOC lleva agua cálida del Golfo de México hasta Noruega y en el camino va desprendiendo calor y humedad, que hacen que Europa, a pesar de estar en latitudes bastante elevadas, sea un continente con un clima bastante benigno. Este agua después retrocede hacia Groenlandia, desprendiendo más calor, hasta que se enfría lo suficiente para volverse más densa y hundirse en el mar, y circular a una profundidad de unos 1000 metros o más. Precisamente, su detención anticipa que Europa se volvería un continente más frío y más seco, y también que el océano profundo reduciría su ventilación, habiendo menos oxígeno y causando una mortandad masiva de la vida marina. Además, el aumento continuado de la temperatura superficial del mar garantiza que se producirán tormentas cada vez más violentas y destructivas. Pero la cosa va mucho más allá. En los escenarios más extremos, el planeta se convertiría en dos enorme zonas polares y una zona central recalentada. Porque otro de los problemas asociados a la detención de la AMOC, que es uno de los puntos de no retorno del sistema planetario, es que puede desencadenar que se sobrepasen otros puntos de no retorno, desestabilizando el clima del planeta hasta convertirlo en algo irreconocible pero sin duda extremo y muy probablemente incompatible con la vida humana.

No tenemos certeza de qué es lo que pasará exactamente si la AMOC colapsa, en buena medida porque nuestros modelos numéricos son muy conservadores y tienden a privilegiar configuraciones que se parecen a nuestro clima actual y a penalizar aquellos estados que se desvían mucho de ello. Es precisamente esa contradicción entre los modelos y la realidad a lo que se agarra la nueva oleada negacionista que asola el planeta y particularmente España para negar la mayor y dar por hecho que lo que se dice son exageraciones. En realidad no comprenden que los modelos, por construcción, predicen una evolución continua y suave, y por eso tienen dificultades para modelizar correctamente lo que son cambios abruptos, transiciones de fase. Como norma general, los modelos climáticos pecan de optimistas, no de todo lo contrario.

Tampoco estamos completamente seguros de si lo que estamos viendo es un síntoma de la ralentización y eventualmente detención de la AMOC. Existen diversos factores, con gravedad diferente, que podrían explicar la anomalía de este año, aunque en suma la tendencia a la subida de la temperatura del mar debida al Cambio Climático garantiza que, tarde o temprano, llegaríamos al escenario de colapso de la AMOC.

Aquéllos que han comprendido la gravedad de la situación están, como es natural, muy alarmados y angustiados esperando a que la ciencia diga la última palabra sobre este nuevo sobresalto en la salud del planeta. Para la mayoría de la población, el posible colapso de la AMOC es algo completamente ajeno a sus vidas y por supuesto motivo de poco interés y preocupación. 

Durante los próximos meses y años, los oceanógrafos nos dedicaremos a hacer mediciones masivamente, mejorar modelos, procesar datos, analizarlos exhaustivamente, cruzarlos con datos de los meteorólogos, paleoclimatólogos, biólogos marinos, etc, con la intención de entender mejor qué está pasando. Y tras ese intenso trabajo, que llevará mucho tiempo, se emitirá un veredicto. Y habrá dos posibilidades. La primera, que AMOC se está ralentizando o colapsando ya. La segunda, que eso todavía no ha sucedido y que lo que observamos es una anomalía transitoria.

En el primer caso, dará igual lo que digamos, porque seguramente los efectos del colapso de la AMOC se habrán hecho más que evidentes para el común de la población. En el caso concreto de Europa, tendremos inviernos más fríos, más sequía y tormentas cada vez más destructivas, en un proceso que con el paso de los años irá a peor, hasta que lleguemos a un punto de estabilidad que será la nueva normalidad, y que sin duda implicará el desplazamiento de millones de seres humanos hacia zonas más habitables.

En el segundo caso, toda esta discusión parecerá el típico culebrón de un verano, la gente no le prestará la más mínima atención y seguirá con sus diarios quehaceres. Todo seguirá igual. Seguiremos emitiendo CO2 a la atmósfera como si no hubiera mañana, lo cual precisamente garantiza que no habrá mañana.

Porque ésta es la conclusión. Con nuestra manera de actuar, estamos garantizando que este desastre en ciernes se acabe materializando. 

Si no es ahora, será después.

Con nuestra actitud indolente, con la obstinación en no cambiar el rumbo como sociedad, estamos garantizando que sucederán los peores escenarios. El susto de este año debería de servir para hacernos reflexionar, para movernos a cambiar. Si no lo hacemos, ¿qué creemos que nos va a pasar?

Recuerden: Si no es ahora, será después.

Salu2.

AMT

Post Data: Hace un par de años me grabaron en una larga entrevista, al final de la cual comentábamos sobre el proceso que ya entonces comenzaba a ser evidente, y las posibles consecuencias que tendría la detención de la AMOC (en el vídeo referida como circulación termohalina). Espero que les interese.



jueves, 18 de mayo de 2023

Caminando con gente diminuta


Tengo que acabar el post sobre el WEO. Tengo que sacarlo ya, porque después tengo el post sobre el pico del diésel de Rafa, y los posts típicos de final de año que esta vez llegarán 6 meses tarde... 6 meses, Dios mío. Y tengo toda la Lavadora de Beamspot por publicar, ya debe estar desactualizadísima... Pero cada vez que tengo un rato y me pongo con el WEO tengo que volver a empezar desde el principio, y es un post largo y complicado... Y encima con ese sentimiento de culpabilidad, de que tendría que estar haciendo otra cosa: los contratos, los trabajos científicos, las reuniones de trabajo... ¿Envié aquellos informes? Y aún tengo que escribir las valoraciones. Tengo 5 meses de papeleo de viajes por entregar. ¿Y cuántos correos tengo por leer? A ver... 4033. Bueno, en diciembre eran 6200... Al final me puede la responsabilidad, voy arreglando informes, viajes, quedar con los estudiantes y los colegas... y de repente veo otro mail, y otro, y otro... que me piden que vaya aquí o allá, ¿podrías venir aquí tal día? Y miro el calendario y quizá sí pero quizá debería decir que no. Pero no sé decir que no. Pasan demasiadas cosas, hay demasiada necesidad, demasiada gente agobiada, gente diminuta abrumada bajo el peso gigantesco de tanto atropello...

Jende txikiekin ibiltzen naiz. 

En un invernadero de Donostia se agolpan 300 personas. Aquí, lógicamente, no hay proyector ni PowerPoint, solo discurso, solo la palabra. Cuento lo mismo de siempre, lo que sé, lo que no sé. Mato un mosquito que me ha picado, después en twitter me dirán (a saber si en serio o en broma) que vaya falta de respeto a la biodiversidad. Me preguntan por qué soy el único del CSIC que hablo de esto, se levanta una persona, dice que es compañero de un instituto del CSIC de allá, que todos saben que lo que digo es cierto porque es completamente lógico con todo el conocimiento que tienen, que todos están conmigo  (gracias, compañero). Luego Zumaia, luego Azpeitia, con Antonio ("Los Antonios, también disponibles para bautizos y comuniones"), también más de 300 personas. "Mikel es amigo, nos conocemos de cuando el fracking, no quiero hablar mal". "¿De dónde eres?", me preguntan. "De León", digo yo. "Bonita ciudad", dice uno. "Yo de León solo conozco Mansilla de las Mulas". No hace falta decir más. "Allí los plantarán", señalando el muro de montaña que tenemos delante. Vamos a cenar. No quiero contárselo todo, el mar, el mar... Pronto lo acabaremos y lo publicaremos, pero hoy no quiero hablar de eso. Dormimos en un caserío: es fácil comprender el amor de esta gente por esta tierra, tan hermosa. "No me venderán espelta, no habrá". Miro la montaña por la parte de atrás. Por aquí pasarán las vías de evacuación, claro. Son vascos, gente dura: sus ojos son para la rabia, no para llorar.

Jo camino amb gent diminuta.

Pero los de ella sí. ¿Tendrá 18 años? Nos cuenta que arrancarán los árboles de los bancales, en el sur de Valencia, y al final no puede evitar ponerse a llorar. Yo no sé qué decir. Solo puedo sentir su dolor. No entiendo que no lo sienta todo el mundo, con la fuerza de un terremoto. ¿Cuántas veces he ido y vuelto a Valencia? A veces para un acto académico, otras de empresa, otras una mesa redonda o un acto político en el que no sé cómo me he metido (no sé decir que no). Y por Castellón (venturosos encuentros multicódigo, interesantísimos y con una gente increíble).

Paso también por Ses Illes. Hacía tiempo que no venía. Cuánta gente, y eso que el entorno, con el actual frenesí turístico, no parecería favorable. He venido a trabajar, mañanas y tardes, pero las noches son para la divulgación. Para estar con esa gente diminuta con grandes preocupaciones. "Estoy rodeado de chemtraileros, necesito que hagáis un escrito desmintiéndolo". "Sería contraproducente: se atrincherían. Es una marea que ha subido y bajado varias veces en los últimos 20 años; hace 12 años el tema era que nos fumigaban con sustancias de control mental, hoy es esto. Es la narrativa heroica y el vago consuelo de creer que hay un malo malísimo que hace esto, preferible a la aterradora verdad de que no hay nadie a los mandos. Pasará cuando se den cuenta de que no pueden contestar a la simple pregunta: y entonces, ¿qué proponéis?".

Y hablo con la gente diminuta. Es esa pareja que está pensando en qué van a hacer. Es ese chico que está pensando en soluciones estructurales. Gente con trayectorias vitales muy diferentes pero que van convergiendo sobre el mismo punto, no se les ve, diminutos que son.

Eu camiño con xente pequeniña.

¿Había quedado para ir a Galicia? No tengo ni idea. Me costó meses empezar a poner un poco de control en los emails. Fui una vez solo en los últimos meses, pues estoy muy lejos, pero sí que doy algunas charlas telemáticamente. Desde esta distancia, la gente diminuta se la ve aún más pequeña, y se la oye peor, a veces no entiendo qué me dicen. Bueno, entenderlo lo entiendo de sobras, aunque no distinga los sonidos. El panadero que cierra la panadería. ¿Por qué no llueve? En parte, por los bloqueos de la corriente de chorro polar, cada vez más meandrosa. Qué se yo. Está claro que de un año no se pueden sacar conclusiones, y este año viene El Niño, pero todo va en la dirección esperable por efecto del Cambio Climático.

Tendré que volver a Galicia, pero he perdido el hilo, no sé dónde estamos. Todo fue duro y complicado desde noviembre fatídico. También a Asturias. Y a Andalucía. Y las reuniones con los ministerios, uno, dos y tres, por mi trabajo habitual, aunque de vez en cuando alguien me reconoce. "Oye, tú no eres...?"

Y en mi León natal, donde una gente maravillosa y combativa lo intenta, algunos que no nacieron allí pero que plantaron el pie en Madrid y ahora defienden mi tierra natal. ¿Como no vendría a ponerme a su lado? Y pienso en los compañeros y compañeras que tiraron agua con remolacha en las escalinatas del Congreso y para los que ahora piden 6 años de cárcel.

Yo camino con gente diminuta.

Por supuesto, hago mal, me dicen. Que me aprovecho de mi condición de miembro del CSIC para difundir un mensaje de odio y confusión, pero a veces es el propio CSIC que me envía a los sitios. De las 8 personas científicas que estuvimos cuando la COP 25 en la Residencia de Investigadores, 6 dijimos que la solución es el decrecimiento. Nada nuevo, en realidad. Lo dice el IPCC. Lo dice la Agencia Europea del Medio Ambiente. Esta semana se ha dicho incluso en el Parlamento Europeo. Pero, lógicamente, recibo más ataques ahora, pues estoy más expuesto. Todo ese juego imbécil de llamarnos colapsistas (sin definir nunca el término, para dar a entender lo peor) a los académicos y académicas que defendemos el decrecimiento. Gente que busca motivaciones espurias para lo que hago. Quien simplemente insulta. Pero nadie mira a los datos, nadie refuta los datos. No pueden. Y yo pienso: qué más daré yo. Qué más dará ninguno de nosotros. Solo estamos de paso, nuestros días están contados: lo único importante es lo que dejemos para el después.

Yo solo oigo un rumor incesante de voces diminutas, de gente diminuta, que me llama. Que nos llaman a todos. Otros ven un gran futuro industrial, yo solo veo a gente diminuta. Gente diminuta que con sus diminutos brazos lo sostienen todo. Porque ellos, porque ellas, son el pueblo. Yo no sé nada, nada más que una cosa: con quién quiero estar.

¿Llegaré hoy a casa o perderé el último tren?

Solo veo gente diminuta. Yo camino con gente diminuta. Como yo.

Antonio Turiel.

En algún lugar entre Castellón y Tarragona, demorado.

Mayo de 2023.

Postdata: Pronto volveré.


 

lunes, 26 de diciembre de 2022

Intermisión


Queridos lectores:

Como habrán notado, este blog está bastante abandonado desde hace un par de meses. Eso ha afectado a diversos posts que generalmente publico en esta parte del año, en particular el análisis detallado del informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (World Energy Outlook, WEO) y la actualización del pico del diésel. Y por las fechas que estamos, debería estar ya publicando o preparando los posts del balance del año 2022, las previsiones para el 2023 y el balance del blog este año.

La razón del prolongado receso en este blog (no tanto así en mis apariciones en medios de comunicación) es la repetina enfermedad y el posterior fallecimiento de mi madre. Durante el mes y pico que estuvo enferma, viajé en varias ocasiones a mi León natal para estar con ella, y después de su muerte me quedé aún algunos días para acompañar a mi padre y a mi tía. A mi regreso al trabajo tenía más de 6.200 emails pendientes de leer (recibo unos 200 al día) y entre eso y otras perentorias obligaciones no he podido dedicarle tiempo a concluir el análisis del WEO 2022, que ya tenía comenzando, y así se quedó el blog.

Durante estos días de zozobra y de dolor, con muchos viajes (a León, pero también para cumplir con diversos compromisos laborales) he paseado por media España, y he tenido mucho tiempo para pensar. Pensar en toda esa gente que me critica por ser tan negativo en mis valoraciones, por no ser capaz de ver ese futuro esplendoroso que nos espera, por boicotear con mi actitud las soluciones que se nos están vendiendo... Yo he examinado una y otra vez mis datos y mis análisis y sigo encontrando enormes lagunas y deficiencias en el modelo de Renovable Eléctrica Industrial que se nos quiere imponer a machamartillo, deficiencias a las que nadie responde si no es con ataques personales, nunca con datos. También me he preguntado numerosas veces si no me estoy equivocando, si no sería mejor dejarlo estar, que siga otra persona, que por qué tengo que hacerlo yo. Que si no se aprecia el trabajo que con mucho esfuerzo hago (mientras mantengo todo el resto de obligaciones que tengo), quizá debería dejarlo. Continuamente energúmenos en Twitter me cuestionan acerca de mis motivaciones, buscando razones torticeras e interesadas por mi parte. Y aunque sean críticas absurdas y falaces, sí que me hacen cuestionarme por qué hago lo que hago.

Eso mismo pensaba el otro día cuando me bajé del autobús que me había llevado de Pamplona a Tudela. Como me habían indicado, al llegar a Tudela llamé al número del teletaxi que me habían dado para pedir uno que me llevara hasta Ejea de los Caballeros, donde tenía un acto organizado por el Departamento de Comunicación del CSIC. Pero los pocos taxis de Tudela estaban ocupados y me dijeron que tendría que esperar. Ninguna cafetería a la vista, me quedé allí y me dediqué a hacer algunas llamadas y a pasear la vista. Entonces vi a un matrimonio de mediana edad, que se habían bajado del mismo autobús que yo. Llevaban dos maletones enormes. Les acompañaba su hijo, que no tendrían más de 12 años, más o menos de la edad del mío, con otra maleta voluminosa para el tamaño del chaval. Era obvio que venían para pasar una buena temporada. La cara del padre, posiblemente de origen latinoamericano, era la de una persona curtida en el trabajo, y mostraba preocupación. La madre, posiblemente española, también parecía preocupada, pero lo disimulaba cada vez que hablaba con el hijo. El chaval, despreocupado, jugaba con una pelota de fútbol imaginaria, quizá soñando que algún día será un campeón y vivirá una vida rodeada de la admiración de los demás. Cuando mi taxi por fin llegó, ellos seguían allí, en esa plaza, esperando a alguien que debía venir a recogerles pero que por algún motivo no había podido venir aún. Vi la pesadumbre del padre, vi la mezcla de inquietud y dulzura de la madre, pero sobre todo vi la inocencia con fecha de caducidad temprana del hijo. Vi, en suma, por qué tengo que seguir haciendo lo que estoy haciendo.

Estaré de vacaciones durante los próximos días e intentaré ponerme al día. No será sencillo y quizá no logre acabar antes de que acabe este año. Es posible que alguno de los artículos que querría escribir sean más simples que en otras ocasiones para poder cumplir mi objetivo de despacharlo todo. Pero lo haré. Es lo que mi madre querría. Ella, mujer trabajadora, que todo lo consiguió con su esfuerzo sin pedir favores a nadie, huérfana desde los 14 años, que trabajó durante 55 años, que se sacó la carrera después de haber parido a 9 hijos... Ella se guardaría sus lágrimas y seguiría para adelante. Y yo soy su hijo y haré lo mismo.

Permanezcan en sintonía. Y cuídense mucho.

Salu2.

AMT


viernes, 7 de octubre de 2022

El porqué de un llamamiento

 


Queridos lectores:

Ayer, mientras aún me encontraba en Toulouse, escribí un mensaje en el canal de Telegram en el que difundo noticias de este blog y anejas. Dicho mensaje, en el que llamaba a una movilización de todas las personas concienciadas con el verdadero alcance de la crisis energética, alertaba sobre sus previsibles efectos a corto plazo sobre Europa y cómo eso favorecerá la implantación de discursos simplistas y fascistoides, y que por eso era crucial ocupar el espacio de debate desde ya. 

El mensaje se difundió rápidamente por las redes, siendo muchas veces replicado (aquí un ejemplo en LinkedIn, aunque creo que sobre todo ha corrido por WhatsApp, Telegram y similares). Quizá porque el tono del mensaje no es el habitual que yo suelo usar, y porque me encontraba de viaje y no fui muy reactivo en las redes, hay bastantes personas que han pensado que es un mensaje falso y que alguien me había hackeado el canal de Telegram. Así pues, creo que debo una explicación de qué es lo que digo y por qué lo digo, y a eso dedicaré el post de hoy.

Qué está pasando.

Están pasando muchas cosas, y llevan pasando meses. Desafortunadamente, no las he ido reportando regularmente en este blog como hacía antaño, en parte por la carga de trabajo, en parte porque he aceptado dar muchas charlas (el momento lo justifica), en parte porque en verano estuve acabando mi último libro donde detallo muchos de los procesos en marcha, en parte porque blogger está fallando mucho (y probablemente acabaremos migrando el blog a otra plataforma) y en parte porque últimamente atiendo a muchos medios de comunicación y escribo ensayos en otros medios, particularmente en Contexto y Acción. Eso puede hacer que aquellos lectores de este blog que no sigan mis publicaciones regulares en Twitter u otros medios no sean conscientes del alcance de lo que pasa ahora mismo. Sin pretender hacer un análisis muy exhaustivo (que preferiría dejar para otro post de la serie "Crónica del caos"), describiré someramente los aspectos generales de "lo que está pasando".

Europa está en este momento en una situación crítica. Es mucho peor de lo que mucha gente se imagina. El corte de suministro del gas proveniente de Rusia (que antes de la guerra en Ucrania representaba el 40% de lo que se consumía en la Unión Europea) no puede ser cubierto de forma completa  con cualquier posible combinación de otros proveedores (y eso incluye el propio gas ruso que China nos reexporta por buques metaneros). El anuncio el pasado mes de julio de un recorte de un 15% del consumo de gas por los países de la UE (reducido al 7% en el caso de España) no es ni de lejos suficiente para cubrir las "necesidades" del Viejo Continente. Pongo entre comillas "necesidades" porque éstas implican el consumo de la potente industria europea, que en la actual situación lo más probable es que acabe colapsando de manera más o menos completa, y en ese caso la demanda de gas de la UE caerá en picado, al mismo ritmo que aumenta el desempleo y la miseria. Es difícil exagerar la gravedad de la situación industrial de Europa: tanto la industria metalúrgica como la química enviaron sendas misivas a la Comisión Europea para comunicarles que no pueden continuar su actividad con los actuales precios de la energía y que se veían abocados al cierre de sus actividades en Europa y la deslocalización a otros territorios más asequibles. Una de las amenazas más severas al tejido industrial europeo es la situación del gigante químico BASF. La viabilidad de BASF se basaba en dos premisas básicas: la optimización extrema de las economías de escala con su macrocomplejo de Ludwigshafen, y el gas barato proveniente de Rusia. Recordemos que Rusia emprendió  sucesivas reducciones del flujo de gas a través del gasoducto NordStream 1, que conecta directamente Rusia con Alemania, hasta su detención total en julio; recordemos también que Alemania se ha visto obligada a nacionalizar tres grandes empresas distribuidoras de gas (Uniper, VNG y SEFE) para evitar el colapso de sus sistema gasístico. Pero BASF está renqueante, y si BASF detuviera sus operaciones toda la industria europea se vería afectada, ya que BASF proporciona todo tipo de productos (plásticos, disolventes, reactivos para metalurgia, medicamentos, etc) a buen precio que hacen la industria europea lo suficientemente competitiva. Si BASF cae, todo cae. Éste es el contexto en el cual tiene lugar la voladura de los gasoductos NordStream 1 y NordStream 2. Ahora ya no hay vuelta atrás. Alemania anuncia el establecimiento de unas cuotas de gas por persona, un mínimo vital (un racionamiento, a fin de cuentas) y también que cortará las exportaciones de electricidad, ya que consumen mucho gas natural. Exportaciones eléctricas de las que actualmente Francia es muy dependiente, con 31 de sus 57 centrales nucleares paradas y sin fecha clara para su reapertura.

Y en este contexto, España cortó sus exportaciones de electricidad hacia Marruecos, Portugal y Francia durante las horas punta de consumo de los días 4 y 5 de octubre. La producción prevista ya el día anterior no daba para cubrir la demanda proyectada, y la única opción fue detener las exportaciones.

Este tipo de situaciones, en las que con un día de anticipación ya se sabe que no se podrá cubrir todo el consumo, son infrecuentes. Muy infrecuentes. Las razones de la caída de la producción fueron una parada programada de la central nuclear de Almaraz y el nulo viento en esos días. Pero en condiciones normales se hubiera usado más gas natural en las centrales de ciclo combinado, y listos. Sin embargo, si se han fijado en su factura eléctrica, actualmente la compensación del coste del gas natural hace que el precio de la factura se duplique (bajo la rúbrica "Compensación gas natural RDL 10/2022"). La situación podría ser peor: España, con el mecanismo de topado de precio, evita tener que pagar toda la electricidad al precio del gas natural (cosa que está pasando en toda Europa), y así, las facturas eléctricas, que en España se han multiplicado por 2 o por 3, en la mayoría de Europa se están pagando a precios entre 5 y 10 veces superiores a lo de otros años.

España podría haber decidido quemado más gas, pero no lo hizo. No lo hizo porque no tiene sentido encarecer más el precio de la electricidad simplemente para que la consuman nuestros vecinos, encima a mejor precio que la de su propia electricidad en el caso de Francia. En España, al igual que en Europa, ya se está gastando más gas de lo habitual para generar electricidad por la necesidad de estabilizar la red eléctrica (algo que el maestro Beamspot ya ha abordado parcialmente en su serie "La lavadora de medianoche" y que se extenderá en futuras entregas). En suma, España no parece dispuesta a asumir los riesgos eléctricos y financieros de sus vecinos. Como decía recientemente Fatih Birol, la crisis energética puede deshacer la Unión Europea. Eso significa también que estamos solos. En realidad, cada Estado de Europa está ya solo para hacer frente a lo que viene, a este invierno. Es un sálvese quien pueda.

Conviene también recordar que la escasez de diésel ya está empezando a hacer mella en Europa. En la actualidad, falta casi el 25% del consumo de diésel de Europa, el cual se está cubriendo con las reservas estratégicas de algunos estados: Austria, Croacia, Suiza, Alemania y ahora Francia por culpa de las huelgas en las refinerías de Total. Pero las reservas estratégicas están ahí, se supone, para cubrir las necesidades delante de problemas puntuales, limitados en el tiempo. Las autoridades de todos esos países asumen que sus problemas son pasajeros, coyunturales. Lamentablemente, no lo son del todo, hay una fuerte componente estructural. Y vaciar las reservas estatales no es la mejor manera de comenzar el inevitable racionamiento que acecha en el horizonte (el cual solo puede retrasar una crisis tan fuerte que haga bajar temporalmente el consumo).

El problema de la falta de combustible no afecta solo a Europa. De hecho, ha afectado mayoritariamente a todo el planeta. Y últimamente también a los EE.UU.: la Secretaria de Estado de Energía exhortó hace un par de meses a las compañías petroleras a moderar sus exportaciones y a priorizar el mercado nacional, amenazándolas incluso con medidas ejecutivas. Con precios altos de la gasolina por todo el país y las elecciones de medio mandato en el horizonte, los EE.UU. han visto como un acto hostil el anuncio realizado por la OPEP+ de reducir en 2 millones de barriles diarios (Mb/d) sus objetivos de producción de petróleo. Según la OPEP+ (que, no lo olvidemos, incluye a Rusia), el objetivo es mantener unos precios suficientemente altos para el petróleo delante del riesgo de recesión. Cosa realmente chocante, si se tiene en cuenta que el precio no era bajo en el momento de la decisión (más de 80 dólares por barril) y que los inventarios mundiales están en mínimos. En realidad, lo que ha hecho la OPEP+ es oficializar el hecho de que no pueden producir más petróleo, sino menos: hace meses que están a 3,5 Mb/d por debajo de los objetivos, sin ser capaces de revertir la tendencia. La OPEP ya ha superado su peak oil. Arabia Saudita probablemente ha pasado ya su peak oil. Pero nadie quiere hablar de ello.

Qué va a pasar.

Con estos mimbres, este invierno va a ser un sálvese quien pueda, en todo el mundo y particularmente en Europa y quizá en EE.UU. Va a faltar energía. Va a haber repetidos cortes de luz, programados seguro (cortes rotatorios) y accidentales posiblemente (aunque en España es probable que no haya ningún corte de luz reseñable, pero en Europa es ya inevitable). Va a morir gente de frío. Va a producirse un hundimiento industrial, con despidos en masa. Y si el descenso industrial no es suficientemente rápido, va a acabar habiendo racionamiento de diésel (que aunque a España no le debería afectar, porque está tan bien abastecida que incluso exporta, de acuerdo con el paquete REpowerEU aprobado por la Comisión Europea en mayo se le puede imponer racionamiento si otros países se ven obligados a racionar, y que exporte los excedentes así creados hacia esos países). En el peor de los casos, comenzarán a faltar incluso alimentos. Y todo eso durante este mismo invierno.

Y cuando pase el invierno las cosas mejorarán, pero solo un poco: sobre todo por lo que se refiere al frío, y en menor medida por lo que se refiere a la escasez de energía. El problema ha venido para quedarse, y aunque habrá altibajos, va a seguir una tendencia a la creciente escasez en los próximos años.

Estamos entrando ya en el Oil Crash. El escenario que hemos querido prevenir, el escenario que hemos querido evitar, el escenario para que el que nos queríamos preparar, ya está aquí.


El por qué del llamamiento.

Porque ahora es la última oportunidad para hacer entender que el problema es estructural, que se trata de algo previsible y previsto. Y que no se sale de él con soluciones fáciles, con las eternas promesas de unas soluciones tecnomágicas que no acaban de realizarse.

Ciertamente, entre las personas que trabajamos sobre el problema de la crisis energética y la transición ecológica hay una gran disparidad de opiniones. Hay gente, como yo, que vemos muchas limitaciones en el modelo de Renovable Eléctrica Industrial que se quiere imponer a machamartillo, mientras que hay quien cree que sí que es la solución. Eso ahora mismo no importa, porque hay algo más importante en juego.

Cuando el Oil Crash debute con fuerza en Europa este invierno, la población se quedará en estado de shock. No se lo podrán creer. No se lo querrán creer. La gente sufrirá, perderá su empleo, pasará frío, pasará hambre. Y se desesperará.

Tenemos, urgentísimamente, que ocupar el espacio del debate, antes que el ruido de todo al caer haga imposible escuchar ninguna voz, antes que la desesperación colectiva arrastre a la mayoría social en brazos de aquellos que les prometen soluciones sencillas a problemas complicados. El espacio que nosotros no ocupemos ahora, otros lo llenarán, con un discurso de odio y resentimiento, de represión y de autoritarismo.

Tenemos que tener unidad en medio de la diversidad. Ahora es el momento de actuar. Probablemente, es ahora o nunca. O hacemos escuchar la voz de la razón, o empezamos a imponer un poco de sentido de común en las discusiones sobre nuestro futuro como sociedad, o seremos aplastados por la apisonadora del populismo y del odio.

Es ahora o nunca. Escojamos ahora.

Salu2.

AMT