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miércoles, 17 de septiembre de 2025

Si no ponemos mucho dinero, no habrá petróleo ni gas natural.


 

Queridos lectores:

En el post anterior comentábamos que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) no había anunciado aún la fecha de salida de su informe anual para 2025, el World Energy Outlook (WEO). Esto es bastante inusual: por lo general, la fecha concreta (que generalmente se sitúa a mediados de octubre) se suele anunciar hacia el mes de julio. Javier Blas comentaba en Bloomberg que la razón se halla en que se han visto obligado a recuperar el Escenario de Políticas Actuales (CPS por sus siglas en inglés, el cual vendría a corresponder con lo que generalmente denominamos Business as Usual o BAU) por presión de los EE.UU. La decisión de recuperar este escenario no es menor: en el CPS, no hay cortapisas ni compromisos para disminuir el consumo de combustibles fósiles, la única limitación siendo por tanto la económica. De ese modo, los escenarios CPS siempre han sido escenarios de incesantemente creciente consumo de combustibles fósiles... o así habían sido hasta 2010, en la que por primera vez se reconoció que había problemas para hacer crecer la producción de petróleo. Desde entonces, la AIE ha ido capeando como ha podido el hecho de querer reconciliar escenarios de crecimiento económico que le vienen dados por la OCDE con la realidad física de las limitaciones en la extracción de petróleo primero, y progresivamente gas y carbón. Por eso, en 2020 decidieron desterrar el CPS y pasamos a los escenarios de Políticas Comprometidas, de Políticas Anunciadas, de Desarrollo Sostenible y finalmente de Cero Neto en 2050, cada uno de ellos siendo más estricto que el anterior en cuanto al descenso del consumo de combustibles fósiles. En 2018 estuvieron a punto de reconocer que el Peak Oil era inminente, lo cual no es una coincidencia con el hecho de que noviembre de 2018 marcó el máximo de producción de combustibles líquidos.

Imagen de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/may-world-and-non-opec-oil-production-flat/ 


Pero aceptar que un planeta que no es un plano infinito sino una esfera de 6366 kilómetros de radio (y por tanto enorme pero finita) es algo incompatible con la doctrina económica liberal. Así pues, a partir de 2020 el mantra de la AIE ha sido que no se estaba produciendo un pico de producción de petróleo, sino que era un pico de demanda. Es decir, no es que no se pueda extraer más, sino que en realidad no queremos más. De esa manera, se podía mantener la ilusión de que la demanda de energía podía seguir creciendo, simplemente siendo sustituida por cantidades masivas de energía renovable, dentro del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI).

Han pasado algunos años más. El REI está fracasando estrepitosamente, por las mismas razones que señalábamos hace años y por más que los advenedizos de turno sigan intentando colocar su producto averiado. Alemania, Francia y Reino Unido están sufriendo una fuerte desindustrialización y sus economías renquean, y con ellas las de toda Europa. Alemania anuncia que rebajará sus ambiciones con la eliminación de los coches con motor de combustión interna. Y en EE.UU., Donald Trump está liquidando (con su estilo drástico y grosero) uno a uno todos los proyectos de transición renovable, pues también los EE.UU. tienen sus urgencias económicas. Básicamente, los países que lideraban la necesaria transición fuera de los combustibles fósiles han decidido que la economía va primero y es lo más importante, y por tanto quieren volver a los viejos, fiables y económicamente competitivos combustibles fósiles. Porque, a fin de cuentas y como la AIE no se ha cansado de repetir, el descenso de su producción era un pico de demanda, es decir, obedecía a una decisión. Consumíamos menos porque habíamos decidido consumir menos. Pues bien, se dicen nuestros líderes, ahora hemos cambiado de opinión y queremos consumir más.

Hay un problema, obviamente. Y es que no se había producido un pico de demanda. Lo que había pasado es que se había producido un pico de producción. Simplemente, los recursos que restan son cada vez más caros de extraer, tanto energética como económicamente. Simplemente por eso, no se puede evitar que su producción (es decir, la cantidad que se extrae cada año) entre en un proceso de descenso, de modo que año a año se extraerá cada vez menos petróleo ahora, y en unos pocos años les pasará lo mismo al gas y al carbón. De nuevo, la aberrante teoría económica hoy en día dominante piensa que todo es cuestión de inversión y de precio. Pero no es verdad. Si el rendimiento energético de los recursos extraídos no es lo suficientemente elevado, el precio de extracción es demasiado caro para que la sociedad se lo pueda permitir. Las empresas empiezan a cerrar y se entra en la peligrosa espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta que tantas veces hemos comentado. De hecho, el umbral máximo que puede soportar la economía no es tan elevado como se piensan tantos analistas: hace unos años se situaba en torno a los 120 dólares por barril de petróleo, pero en el deteriorado panorama económico actual es dudoso que se puedan soportar siquiera 100 dólares por barril. Y ni siquiera hace falta que el precio del petróleo se mantenga sistemáticamente elevado: basta con que lo haga un par de semanas para desencadenar la espiral de destrucción de demanda primero y de oferta después, y así nos mantenemos con precios relativamente bajos hasta el siguiente pico de precios. Llevamos viviendo eso desde 2008 y así seguiremos, y lo único esperable es que los ciclos (y su destrucción) se aceleren a medida que la producción de petróleo descienda.

En estas circunstancias, la AIE tiene una dificilísima papeleta. ¿Cómo explicará ahora que eso del pico de la demanda era mentira? ¿Cómo explicará que, en realidad, va a faltar petróleo primero, y luego gas y más tarde carbón? ¿Que no va a ser posible mantener el crecimiento económico? ¿Cómo conseguirá que los países occidentales acepten que, de una manera u otra, esto va a cambiar forzosamente, que el juego se ha acabado?

Y es en este contexto que la AIE acaba de publicar un informe especial que nadie se esperaba. Un informe con revelador título: "Las implicaciones de los ritmos de descenso de los campos de petróleo y gas". Un informe con el que la AIE espera allanar el terreno para las amargas píldoras que habrá que tragar los próximos años. Dada la importancia de este informe, he decidido escribir este post, analizando su contenido.

Comencemos por lo más básico: la palabra "pico" ("peak") y sus derivados aparece la friolera de 92 veces, y eso en solo 73 páginas de informe; y en todos casos, se refiere a pico de producción, nunca al pico de demanda (parece que estamos recuperando el tiempo perdido en los últimos años). Un vistazo rápido al informe muestra que estamos delante de un documento fundamentalmente técnico, con mucho análisis numérico (hasta mencionan cuestiones técnicas del lenguaje de programación usado en el análisis) y muy poca interpretación política.

El resumen ejecutivo marca las líneas maestras de lo que es este documento. Algunos mensajes clave:
 

  • Literalmente la primera frase del resumen ejecutivo: "El debate sobre el futuro del petróleo y del gas tiende a centrarse en las perspectivas de demanda, con mucha menos consideración concedida a cómo podría desarrollarse el cuadro del suministro". Y a continuación nos dicen que esa asimetría es un error y que en realidad la AIE lleva calculando los ritmos de caída de producción de petróleo y gas desde hace años. Como si no hubieran sido ellos mismos los que hubieran causado esta asimetría...
  •  "Aproximadamente el 90% de la inversión en upstream de petróleo y gas desde 2019 se ha dedicado a compensar las caídas de producción más que en alimentar el crecimiento de la demanda".
  •  En 2000 el petróleo convencional representaba el 97% de la producción, pero en 2024 su contribución se ha reducido al 77% (en el gas, al 70%). La mayoría de lo no convencional (por lo menos, lo que más ha crecido) es petróleo y gas de fracking (algo que como sabemos tiene los pies de barro).
  •  El ritmo de caída de producción de los campos de petróleo convencional es del 5,6% anual, mientras que para el gas convencional es del 6,8% (los ritmos de caída de los no convencionales llegan al 35% el primer año y un 15% anual los años siguientes, aunque en éstos la clave es la rápida sustitución de pozos). Esos son los ritmos de caída (denominados "descensos observados") si asumimos que destinamos el 90% de la inversión en upstream a compensar su caída: si se cortara esa fuerte aportación económica, el ritmo de toda la producción (no solo la convencional) caería al 8% anual para el petróleo, y del 9% en el caso del gas: éstos son los denominados "descensos naturales". Cabe decir que con esos ritmos de caída, la producción sería prácticamente testimonial en solo 10 años...
  •  Los ritmos de descenso natural se están acelerando. Y si nos atuviéramos solamente a los descensos naturales (es decir, se cortara en seco la inversión), la producción quedaría rápidamente concentrada en Oriente Medio y Rusia. Así de claro.
  •  Mantener la producción de petróleo y gas en los niveles actuales implicaría encontrar cada año nuevas reservas por 10.000 millones de barriles de petróleo y 1 billón de metros cúbicos de gas natural. Esto es más del doble de lo que se está encontrando ahora mismo.


Analicemos ahora los capítulos del informe. No entraré en todos los detalles, solo los más relevantes para los temas que quiero discutir.

Capítulo 1: Producción e inversión en petróleo y gas natural.

La primera figura habla por sí sola:



A pesar de las repetidas veces que encontramos informes que dicen que hemos sobrepasado los 100 millones de barriles diarios (Mb/d) de producción de todos los líquidos del petróleo, la AIE es clara: no, aún no hemos pasado ese umbral. Y eso teniendo en cuenta que esa categoría, "todos los líquidos del petróleo", es engañosa porque contiene un epígrafe, "líquidos del gas natural", que se utiliza mayoritariamente en la producción de plásticos y no en la de combustibles líquidos. De hecho, es claramente la categoría que más crece (en realidad, todo lo convencional declina) y sin los líquidos del gas natural la producción de líquidos mostraría una caída, a pesar del petróleo de fracking (la única otra categoría que crece de manera apreciable).

Cuando se separa por regiones, se ve claramente que lo único que evita que se desplome la producción es los EE.UU. La OPEP y Rusia aguantan más o menos el tipo, con una ligera caída, y el resto excepto EE.UU. están en franca caída. Cosa que ya sabíamos.




En el caso del gas natural, la situación es bastante peor en realidad, dada la absoluta dependencia en los efímeros pozos de gas de fracking. De hecho, sin su aportación la producción estaría prácticamente estancada desde 2010 y en declive desde 2020 (lo cual me recuerda un viejo post que escribí hace 15 años).

Un poco más tarde se analiza el ritmo de descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo y gas. Aquí la AIE utiliza uno de sus viejos trucos sucios, y en vez de presentar los hallazgos separadamente para el petróleo y el gas, los presenta conjuntamente, convirtiendo el gas en "barriles de petróleo equivalente". Tengan presente que, cuando se presentan de esta manera, el gas representa alrededor del 60% de los descubrimientos, y el petróleo el 40% restante. Creo que la gráfica es muy elocuente sobre la situación actual. En el período 2020-2024, los descubrimientos de petróleo deben estar por los 3000 millones de barriles anuales (cuando antes ya han dicho que deberían rondar los 10.000 simplemente para mantener la producción).


También muestra la AIE una gráfica sobre la evolución de la inversión en upstream (búsqueda, puesta en funcionamiento y mantenimiento de nuevos pozos) de petróleo y gas. De nuevo hay un par de trucos sucios: el consabido de mezclar gas y petróleo, y el de comenzar la gráfica en el año 2015, cuando 2014 es el año del máximo de inversión y de 2014 a 2015 se produjo una caída del 26%; aún así, se ve que la inversión actual está bien por debajo de la de 2015, pero obviamente se pretende transmitir una cierta (falsa) idea de estabilidad. 


Combinando esta gráfica con la anterior queda claro que la inversión está siendo cada vez más insuficiente, y que, al ser de peor calidad los yacimientos que quedan, cada vez se consiguen menos barriles nuevos con la misma inversión - lo cual es lógico, porque los yacimientos que quedan son cada vez peores y de acceso más complicado. Y se evidencia que la situación está peor en el caso del petróleo, pues si bien el 40% de los barriles encontrados son de petróleo, en cuanto al gasto en upstream el petróleo representa el 76% del total.

 

Es interesante ver también el gasto por región: en la actualidad, América del Norte (EE.UU., Canadá y México) es donde más se invierte, un 34% del total, bastante por encima del peso de su producción.

Capítulo 2: Ritmos de descenso observados y naturales de los yacimientos de petróleo y gas natural.

 
De nuevo, la primera figura habla por sí sola. "Post-peak" quiere decir yacimientos que ya han pasado su pico de producción y están disminuyendo; "ramp-up" son yacimientos que entraron en funcionamiento después de 2015 y aún no han llegado a su pico, y "legacy" son yacimientos anteriores al 2015 que aún no han llegado a su pico.
 

 

La inmensa mayoría de la producción proviene de  yacimientos de petróleo y de gas que han pasado ya su pico de producción (80% y 90%, respectivamente). Ésta es la situación que tenemos que manejar.

Y de eso va este capítulo, de dar muchas métricas del desastre. Se definen convencionalmente tres fases del declive: la fase 1 (del pico hasta el 85% de la producción), la fase 2 (del 85% al 50% de la producción) y la fase 3 (del 50% hasta el final de la explotación). Con esta definición, tabulan las tasas promedio de declive anual observado según diversas tipologías de yacimiento.

 

Como pueden ver, la tasas de declive observado aceleran a medida que avanzamos a fases más avanzadas del declive productivo. Por eso, cuando se dice que la tasa de declive observado promedio es del 5,6%, está claro que aún predominan los pozos en la fase 1; pero a medida que vayan envejeciendo, cada vez más pozos pasarán a las fases 2 o 3 y la tasa promedio de declive anual se disparará.

Los números promedio son semejantes para el gas natural (fase 1: 4,5%; fase 2: 11,5%; fase 9,7%), aunque su tasa promedio es algo mayor (6,8% anual), lo cual indica que tiene más pozos en fase 2, y también que la aceleración de su declive está más avanzada que en el caso del petróleo.

Hay muchos más análisis interesantes en este capítulo, pero no me detendré ahora en ellos.

Capítulo 3: Implicaciones de las tasas de declive en la producción, inversión y seguridad energética.

Como en cada capítulo, la primera figura habla por sí sola. Así evolucionaría la producción de petróleo y gas si se detuviera la inversión en upstream, es decir, si se la dejara caer a sus tasas de declive naturales:

 

Como pueden ver, a la vuelta de 25 años la producción de petróleo y gas natural sería prácticamente marginal. Lo cual es obviamente malo; pero además, como nos explican, debido a que cada vez se explotan más yacimientos de petróleo y gas no convencional, que duran poco y cuya producción decae más deprisa, los ritmos de caída natural están empeorando con el tiempo. Básicamente, que cada vez cuesta más simplemente mantener una producción constante.

 

 

Han analizado también cómo evolucionaría la situación si se invirtiera de la mejor manera posible en los campos existentes y en todos los que ya están aprobados pero no explotados. La cosa mejora, pero no crean que es para tirar cohetes. La conclusión es clara: no basta con mantener lo que hay, no basta con explotar lo que ya se conoce. Hay que encontrar nuevos yacimientos, y a mansalva (y cada vez más rápido).

 

Después, analizan en qué nivel se tiene que mantener la inversión en upstream para que la producción no caiga. La conclusión es que si nos mantenemos en los 500.000 millones de dólares al año actuales, hasta 2050 la producción de petróleo y gas natural subiría un poco. Es interesante la gráfica que dan sobre cuál sería el nivel de producción según diferentes escenarios de inversión, entre 0 y 500.000 millones de dólares anuales. También es importante hacer notar que esa gráfica asume que el ritmo de declive es constante (lo que no es cierto).

  

Y al final ésta parece ser la conclusión que quieren transmitir con este informe: que se puede conseguir una cierta estabilidad durante los próximos 25 años, con tal de mantener un nivel de inversión de alrededor medio billón de dólares anuales. 

Es una lástima que el informe acabe así, con esa conclusión.  Por supuesto, falta en este análisis una mejor comprensión de la geología de los yacimientos, puesto que en el fondo se asume que los yacimientos van a aparecer simplemente si se pone más dinero. En realidad, como muestra su gráfica de descubrimientos, a pesar de mantenerse el nivel de inversión cada vez se encuentra menos petróleo y gas. Simplemente, porque cada vez queda menos, accesible y fácil de explotar.

La AIE, con este informe, se ha cubierto las espaldas, como es su costumbre. Ellos ya han avisado del problema del declive productivo, y han dado la receta para evitarlo: hay que invertir más dinero, y por lo menos medio billón de dólares. Por lo menos, porque como ellos mismos advierten, los declives van a empeorar en los próximos años.

Vamos a ver cómo se presenta el WEO de este año, al final. Pero seguramente vamos a encontrar algunas sorpresas. Por lo pronto, vayan preparando la cartera, porque al final pagaremos por ese petróleo, tanto si se pone la inversión en upstream como si no se pone.

Salu2.
AMT

 

martes, 31 de octubre de 2023

World Energy Outlook 2023: ¿Cómo vamos a bajar esos picos?


Queridos lectores:

Un año más, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado su informe anual, el World Energy Outlook (WEO). Como en los últimos años, esta edición está libremente disponible (pueden descargársela siguiendo este enlace). Ese año, además, tiene la particularidad de ser el informe más corto de los que yo haya analizado hasta la fecha: tan solo 355 páginas (del orden de la mitad de las que había llegado a tener otros años). Teniendo en cuenta que hay casi 100 páginas de anexos, es realmente un informe muy, muy breve. Da la impresión de que se está produciendo un cambio en la orientación que la AIE le quiere dar a los WEOs, centrándolos en cosas más concretas y dejando de perder el tiempo con múltiples cuestiones accesorias que sazonaban los informes de otros años. Lo cual en realidad es de agradecer, teniendo en cuenta las urgencias que tenemos.

Es interesante que en el prólogo se comenta que el mundo está haciendo frente a unas dificultades semejantes a las que hace 50 años llevaron a la creación de la propia AIE. Evidentemente, el discurso es que actualmente estamos más capacitados para capear estos problemas, sobre todo porque tenemos claro qué modelo de transición debemos hacer. Lo curioso es que explícitamente se menciona la actual crisis energética y se relaciona con la "energía verde" como su solución, dejando claro que en realidad la actual apuesta por el "todo renovable" tiene más que ver con la necesidad de cambiar el modelo energético porque el modelo fósil ya comienza a hacer aguas.

El breve WEO de este año está estructurado en 5 capítulos: Introducción, con los principales hallazgos; definición de escenarios (a los que en este WEO, interesantemente, le dedican todo un capítulo, en preparación de los informes que vendrán otros años); rutas para el mix energético; seguridad energética; y análisis regional. Yo seguiré el mismo esquema, pues aunque breve este WEO es más denso conceptualmente que los anteriores y es importante saber qué se dice en cada contexto; únicamente dejaré de lado el análisis por regiones, porque me parece de menos interés.

Comencemos, pues, el análisis del WEO.

1.- Introducción y hallazgos principales.

El resumen del capítulo pone el énfasis en que la economía fósil se ha vuelto inherentemente volátil y que por eso tenemos que hacer la transición a las energías renovables, ya que ellas van a garantizar la seguridad energética. Tal y como avanzábamos en los informes de otros años, a medida que transcurre el tiempo se va poniendo cada vez más énfasis en la seguridad energética y menos en la cuestión ambiental, aunque por supuesto ésta segunda siempre se pone de excusa para acelerar la transición.

Por supuesto que la noticia que ha hecho los titulares en la prensa generalista referente a la publicación del actual WEO es la llegada al pico de consumo de los combustibles fósiles, incluso en el escenario de referencia, el STEPS (en el capítulo 2 discutimos los escenarios).


La AIE insiste en su idea de que no se está produciendo ningún pico de oferta, sino lo que sucede es que hay un pico de demanda. En este WEO, la palabra "pico" y sus derivados, siempre en relación a una variable que llega a su máximo y después comienza a disminuir, se cita la friolera de 141 veces, posiblemente la vez en que el término se ha usado con mayor frecuencia. Sin embargo, la AIE
, en el caso del suministro energético, insiste siempre en que los picos que se producen son de demanda, nunca de oferta. Lo cual es un poco absurdo, porque si realmente lo que estuviera pasando es que la demanda está cayendo, lo que deberíamos de observar es que el precio baja, no que se mantiene alto y que en ocasiones se dispara. Naturalmente la AIE tiene lista toda una argumentación para explicar esto, y siempre tiene que ver con la instabilidad geopolítica, aunque cabe preguntarse qué es causa y qué es efecto. Por demás, llama la atención que incluso en el escenario STEPS, que es el más continuista y que por tanto contempla las bajadas más lentas en el consumo de petróleo y gas, el carbón se desploma rápidamente. En realidad, lo que cabe anticipar es exactamente lo contrario: el petróleo es lo que más rápido bajará, el gas seguirá un camino intermedio y el carbón seguirá un ritmo de caída bastante más lento, entre otras cosas porque su geología lo permite. Los datos actuales, con Alemania importando carbón de España en gran cantidad, avalan que de hecho se va a mantener el consumo de carbón tan alto como geológicamente sea posible; y si el petróleo al final cae será por la restricción geológica, la cual se manifiesta con fuerza en la pérdida de inversión que llevamos sufriendo desde 2014.

En ese sentido la gráfica de la evolución prevista en el escenario STEPS de la demanda de carbón por sectores es bastante reveladora:


La idea es que la caída principal en el consumo de carbón se va a producir en el sector de la generación eléctrica. Es un planteamiento lógico y consistente con el modelo de transición que se plantea, en el que las renovables van sustituyendo los sistemas tradicionales de producción de electricidad. Sin embargo, como elocuentemente ha explicado Beamspot a lo largo de la serie de posts "La lavadora de medianoche", esto es más fácil de decir que de hacer, y es que hay limitaciones técnicas muy serias a la integración masiva de electricidad de origen renovable en redes de alta tensión. En cualquier caso, esta gráfica podremos irla comparando en el curso de los próximos años con la realidad de lo que vaya pasando, y recuerden que este escenario es el que prevé la caída más moderada en el consumo de carbón.

El análisis sectorial de la evolución del consumo de gas y petróleo en el escenario STEPS es menos interesante: en el caso del petróleo, básicamente viene mediado por el descenso del consumo moderado de coches con motor de combustión interna (supuestamente substituidos por coches eléctricos, pero a un ritmo más bien lento),


en tanto que en el caso del gas la moderación viene por la ligera disminución del consumo de gas en la generación de electricidad (parece que la AIE es consciente de que los ciclos combinados seguirán siendo necesarios para garantizar la estabilidad y disponibilidad de la red eléctrica).

A continuación, el WEO constata una obviedad: quien más peso tiene en las tendencias en energía hoy en día es China, y por tanto, si en ese país se produce una ralentización económica eso se traducirá en una ralentización del consumo energético. Obviamente, pretenden anticipar una situación en la que la gigantesca crisis inmobiliaria en el país asiático degenera en una crisis económica (y por tanto de consumo energético) de grandes proporciones, aunque también tienen en cuenta que el frenazo demográfico que está experimentando China puede llevar a una más que sensible disminución de sus consumo energético.

Después nos encontramos con una loa a la expansión de la producción de paneles fotovoltaicos (ahora que comenzamos a verles las orejas al lobo con los problemas de la industria eólica). La AIE está dispuesta a agarrarse a cualquier clavo ardiente que encuentre, y el aumento vertiginoso de la capacidad productiva de paneles es en ese sentido una noticia excelente.


Lo que resulta muy interesante de este gráfico es que nos muestra la capacidad productiva de las fábricas de paneles fotovoltaicos, que se ha multiplicado por 10 desde 2010, y los aumentos previsto hasta 2030. Sin embargo, en el escenario STEPS la instalación de paneles no seguiría un aumento tan rápido y eso lleva a una caída del grado de ocupación de esas fábricas (el porcentaje de lo que producen con respecto al máximo que podrían producir). En vez de ver eso como un problema (compromete la viabilidad económica de esas fábricas), la AIE lo valora como una bendición, porque eso debería de ayudar a que se acabase instalando más potencia fotovoltaica de la prevista. Ya veremos qué pasa. Y, de nuevo, recordemos que una cosa es instalar potencia fotovoltaica y otra cosa es cuánta energía efectivamente producida y consumida se ha generado.

Posteriormente, la AIE nos dice que el camino hacia un calentamiento que no supere los 1,5ºC respecto a la temperatura preindustrial es duro pero todavía es posible. Nos los dice en un momento en que la probabilidad de que acabemos este año con un promedio anual por encima de 1,5ºC es de más del 90%, en el que el promedio de los 12 últimos meses está ya 1,54ºC por encima del promedio preindustrial, y en el que el promedio mensual en lo que llevamos de octubre está 1,9ºC por encima del promedio de octubre pre-industrial.


Es decir, cuando probablemente los acuerdos de París son ya papel mojado, cuando la situación ya es crítica y no se ha hecho nada efectivo para evitar lo peor, nos dice que aún podemos evitar lo que ya ha sucedido. Si algo ilustra mejor que nada la total desconexión de la AIE y sus propuestas de la cruda realidad, es este perfecto acto fallido. Y atención a las "cuatro razones para la esperanza" de que no pasaremos de los 1,5ºC (cuando ya lo hemos hecho) que da la AIE: las políticas de fomento de la "energía limpia" (término mentiroso donde los haya) están avanzando, el despliegue estas energías se está acelerando, tenemos herramientas para ir mucho más rápido y el mundo está encontrando respuestas innovativas. Es decir, tecnooptimismo y fe en que más tecnología nos sacará del atolladero en el que nos ha metido nuestra sobreconfianza en la tecnología. Por supuesto aquí los problemas de la escasez de materiales no se mencionan, aunque hablaremos de ello más tarde.

El resto del capítulo comenta diversas cuestiones, como por ejemplo la asequibilidad de la energía en los nuevos escenarios, los cambios en inversión en energía o una discusión somera de las necesidades de materiales críticos en los modelos de electrificación "limpia", pero no lo comentaré aquí por parecerme en general de poco interés. Les dejo aquí, eso sí, una tabla que describe los riesgos asociados a la "electrificación limpia", que creo que es bastante autoexplicativa (y eso que es muy, muy optimista).


2.- Definición de los escenarios:

El segundo capítulo está centrado en la presentación de los tres escenarios considerados por la AIE. Estos son los mismos de los últimos años:

- Escenario cero neto en 2050 (NZE): Un escenario en el que se pretende seguir una reducción de las emisiones netas de CO2 tal que permita cumplir con los acuerdos de París y así conseguir con un 50% de probabilidad que el aumento de la temperatura en el año 2100 no supere los 1,5ºC, aunque por poco - de acuerdo con la AIE, se quedaría en un calentamiento de 1,4ºC. Teniendo en cuenta lo que está pasando, es mejor olvidarse de estos objetivos y simplemente decir que ese escenario persigue que para el año 2050 las emisiones de CO2 estén balanceadas, de manera que la concentración de CO2 en la atmósfera deje de aumentar.

- Escenario de compromisos anunciados (APS): Es el escenario que tendríamos si los gobiernos cumpliesen con sus compromisos y las políticas que llevan tiempo anunciando. Este escenario, nos dice la AIE, nos llevaría a un calentamiento de 1,7ºC (en realidad, ésa es la mediana, es decir, que habría un 50% de probabilidad de estar por encima y un 50% de estar por debajo).

- Escenario de políticas establecidas (STEPS): Es el escenario más realista, en la que se proyecta una continuidad con las políticas actuales y con el nivel de cumplimiento al que estamos acostumbrados. En este escenario nos iríamos a un calentamiento de +2,4ºC (en mediana) en el 2100.

Una cosa interesante es que, contrariamente a lo que se hacía en WEOs anteriores, los escenarios se presentan precisamente en ese orden, es decir, comenzando por el NZE y acabando por el STEPS. Lo cual no deja de ser curioso, si STEPS es el escenario de referencia. Se ve una tendencia en los últimos años, por parte de la AIE, a irle dando un carácter cada vez más central a NZE, seguramente porque es lo que se va ir pareciendo más al curso real de los acontecimientos (excepto por la implantación masiva de renovables).

El resto del capítulo son detalles técnicos sobre las implementaciones de los tres escenarios (por ejemplo, los escenarios de crecimiento del PIB, que asumen como un dato externo, al margen de la realidad física de nuestro mundo). Llama la atención que en el primer capítulo se hace mención un subescenario de NZE en el que se le da todo el peso a la solar (NZE Solar) pero aquí no se dedica tiempo a presentarlo, lo cual refuerza la impresión de que hay cierta improvisación en la definición de los escenarios, adaptándose a una realidad más complicada y poco favorable (la AIE está apostando por darle mucho más peso relativo a la solar, ahora que ve que el futuro de la eólica es cada vez más turbulento - por cierto, intentaré comentar en un post próximo las consecuencias del rescate a la industria eólica aprobado por la Comisión Europea justo el mismo día de la publicación de este WEO).

Destacaría algunas gráficas interesantes de este capítulo. Para comenzar, la evolución de las inversiones en los distintos elementos energéticos, que muestra quee las inversiones en renovable han superado a las del petróleo.


Es interesante que nos muestran la evolución solo desde 2015, y esa elección de fecha no es casual. En 2014, la inversión en petróleo tocó su máximo histórico, en unos 900.000 millones de dólares  y desde entonces ha caído más que considerablemente: los casi 500.000 millones actuales suponen una caída de más del 44%, y eso que el último año ha habido una considerable remontada (aunque en términos productivos no es asimilable a un cambio de tendencia en la inversión en la capacidad de extracción de petróleo, debido al aumento de costes que supone la inflación). Que actualmente se invierte mucho en el conjunto de sistemas de energía renovable, más que en cualquier otra fuente individual, es algo evidente, pero eso no significa que estén sustituyendo en una proporción significativa el consumo de combustibles fósiles, en parte porque potencia instalada no es potencia producida, en parte porque el rendimiento energético de la inversión es inferior al de los fósiles (por más que se den estadísticas sobre costes nivelados específicamente para la generación eléctrica) y en parte porque lo que está pasando es que la inversión en combustibles fósiles cae debido al rendimiento decreciente de esos recursos por agotamiento extractivo, lo cual no augura nada bueno.

Otra gráfica interesante de esta capítulo es la que nos muestra cómo ha hecho frente la UE a la falta de gas ruso y en general sus problemas de abastecimiento


Si se fijan en los factores, hay dos que tienen que ver con usar otros combustibles posiblemente más contaminantes (carbón en el caso de la generación eléctrica, y otro combustibles en maquinaria y calefacción), y varios tienen que ver con la caída de la demanda por factores diversos, desde un invierno bastante templado a reducciones en la industria y en el consumo eléctrico en general. El mensaje es que se le ha podido hacer frente, sí, pero a qué coste.

Otra gráfica interesante es la de la evolución reciente del precio de ciertas tecnologías relacionadas con la transición renovable.



Se ve que, siguiendo la tendencia de hace años, el precio iba progresivamente reduciéndose pero ahora parece estar tocando suelo. Esto es algo que tiene perfectamente sentido ya desde el punto de vista de la evolución tecnológica normal, llega un momento que se entra en la fase de retornos decrecientes, como pasa con cualquier tecnología o desarrollo humano, en realidad. Pero es que además seguramente se está comenzando a notar el impacto de la escasez de diésel y otros combustibles, siguiendo el proceso de agotamiento de las fuentes energéticas principales en nuestro mundo. De hecho, estas gráficas deberían ser una llamada de atención a aquellos que pretenden extrapolar las tendencias de los últimos 20 años y asumir que los costes seguirán abaratándose. Por el contrario, los problemas crecientes con el abastecimiento de materias primas parece apuntar en sentido contrario. En los próximos años veremos qué tendencia es la que se consolida.

3.- Rutas para conseguir el mix energético.

Lo primero que llama la atención de este capítulo es el subtítulo: "Una vista con un pico". Así, dando a entender que de picos va la cosa...

Y precisamente de eso va la primera gráfica, comparativa de la evolución de las diferentes fuentes de energía según los tres escenarios.



En todos los escenarios se ve que se llega un máximo de la producción de petróleo, gas y carbón antes del 2030, pero, como siempre, los ritmos de declive asignados no parecen del todo realistas. Centrándonos en el que nominalmente es el escenario de referencia, STEPS, se asume que la producción de petróleo aún puede aumentar un poco y luego comenzará un suave descenso. Esto no es para nada realista, teniendo en cuenta la fuerte desinversión de los últimos años, pero, como siempre, el truco está en incluir la difusa categoría de "Líquidos del gas natural", que, como sabemos, no son líquidos, sino en un 90% una mezcla de butano y propano, los cuales no pueden usarse como combustibles líquidos pero ahorran algo de petróleo en las refinerías en la producción de plásticos. Este truco contable es muy gracioso, porque permite añadir un subproducto del gas natural, cuya producción ciertamente aún no ha llegado a su máximo, para disimular la caída del petróleo - ¿por qué contabilizar una mezcla de butano y propano que se obtiene junto con el gas natural dentro del epígrafe de "otros líquidos de petróleo" si no se puede hacer ningún carburante líquido con ellos? Mucho más atinados parecen los ritmos de caída en APS y NZE. En cuanto a la producción de gas natural, su ritmo de caída en STEPS tampoco parece demasiado realista y de nuevo parecen mucho más lógicos los que se observan en APS y NZE. Y en el caso del carbón, de nuevo los ritmos de caída no parecen realistas, pero sobre todo porque por razones geológicas el carbón puede caer mucho más lento que en el escenario STEPS, el de caída más lenta. Y, por supuesto y para que quede claro de que no hay ningún problema con la oferta de energía, nos añaden este año en la misma figura el crecimiento simpar de la energía renovable y nuclear, que por supuesto lo compensa todo.

Por cierto que hablando de la energía nuclear, éste WEO es uno de ésos en los que la palabra "uranio" no está escrita ni una sola vez. La AIE renuncia, una vez más, a hacer cualquier análisis del combustible utilizado por una de las fuentes de energía que describe en el WEO, y lo hace cuando, como sabemos, la extracción mundial de uranio ha caído un 23% desde el máximo de 2016, y los recientes acontecimientos en Níger anticipan una situación cada vez más complicada para esta tecnología (la mala leche que están gastándose algunos conocidos proponentes de la nuclear en España es un buen indicio de lo mal que están las cosas). En todo caso, resulta vergonzoso que la AIE deliberadamente decida no hacer ninguna proyección sobre la extracción de uranio, y dada la importancia de la AIE en el asesoramiento del los gobiernos de la OCDE lo lógico sería que alguno de ellos le pidiese las correspondientes explicaciones (puesto que está creando un enorme punto ciego).

El resto del capítulo me resulta de escasísimo interés, con discusiones muy específicas en por ejemplo como se puede conseguir una alta electrificación en la industria o en el transporte, que sinceramente me parecen palabrería hueca simplemente viendo cómo en el mundo real estas cosas están resultando mucho más difíciles de lo que se plantea sobre el papel.

Y entonces llegamos a la figura en la cual se nos muestra cómo tendrá que evolucionar en cada escenario la potencia instalada según la tecnología. Sí, el eje vertical está en miles de gigavatios, o sea, en teravatios.


Para darse cuenta de la aberración que está proponiendo la AIE, fíjense en qué nivel está la hidroeléctrica, fuente que globalmente está proporcionando alrededor del 17% de toda la electricidad que se consume hoy en día en el mundo y que lógicamente no esperan que cambie mucho en los próximos años (porque ya está muy explotada). Ahora compárenlo con lo que se espera sobre todo de la fotovoltaica. El argumento es, por supuesto, que hace falta instalar más fotovoltaica porque tiene menos factor de planta que otras tecnologías. Y llama mucho la atención que en el WEO del año pasado se asumía una capacidad instalada para la fotovoltaica sensiblemente menor: así, si este año se rozan los 20 TW instalados en 2050 según el escenario NZE, el año pasado se asumía que se llegarían a 15 TW (que ya era decir).

 

¿A qué se debe este bandazo este año? Posiblemente, al pinchazo de la eólica, ejemplificado con el desastre de Siemens Gamesa de estos días. Si la eólica no va a subir tanto, la AIE tiene que buscar una tecnología de reemplazo y la única opción es la fotovoltaica, la cual es incluso peor que la eólica para la gestión de sus producción en una red de alta tensión. Eso explica la mención en el primer capítulo al escenario NZE - Solar, el cual no se llega luego a volver a mencionar, ni siquiera cuando se presenta los escenarios: es evidente que esto ha sido una modificación de último minuto, y al final el NZE - Solar pasó a ser el único NZE.

Donde la cosa se empieza a poner interesante es cuando se describe uno por uno los diversos combustibles. Es así que llegamos a una tabla bastante detallada sobre los tipos de petróleo que se esperan producir según los diversos escenarios, por desgracia en solo dos fechas dadas (2030 y 2050).


Siguiendo con esas cosas raras que hace la AIE sin explicarlas, parece que los biocombustibles se computan ahora aparte y sirven para sumarse a la demanda, pero no a la oferta. Es un artificio contable nuevo al cual, sinceramente, no sé darle explicación. En los años futuros, si se fijan, la demanda de "petróleo" está compensada con la oferta de los diversos tipos que aparecen, que excluyen los biocombustibles. En 2022, sin embargo, la demanda de petróleo habrá sido de 96,5 millones de barriles diarios (Mb/d), y la oferta fue de 97,1 Mb/d, es decir, hubo un sobrante de 0,6 Mb/d (quizá en parte debido a los redondeos).

Los líquidos del gas natural representaron en 2022 19 Mb/d, que en su mayoría son consumidos de manera no energética por la industria para hacer plásticos y probablemente por los otros sectores. La inclusión de esta categoría de hidrocarburos aquí solo sirve a la confusión y el enmascaramiento de la verdad. Fíjense que sin los líquidos del gas natural, la producción total de petróleo en 2010 fue de 70,4 Mb/d y en 2022 fue de 75,8 Mb/d; por desgracia, no se muestra el año 2018, que sin duda fue el del máximo.

Otro tema curioso: En el anterior WEO comentamos que el petróleo crudo convencional había caído desde los 70 Mb/d de los años 2005 y 2006 hasta los 60 Mb/d del año 2021. En esta edición, vemos que en 2022 había remontado hasta los 62,8 Mb/d (cifra pasajera pues ya se ve que ni en STEPS es capaz de mantenerse). En todo caso, esa cifra representa un gran hito, pues implica que se ha hecho un gran esfuerzo por incrementar el crudo convencional, probablemente para hacerle frente a la crisis del diésel.

Un poco más adelante nos encontramos con las gráficas que la AIE nos lleva presentando desde 2018, con los escenarios de oferta y los escenarios de demanda de petróleo, solo que en esta ocasión le ha dado una nueva vuelta de maquillaje.


Aquí nos separan los escenarios en dos regiones: OPEP+ (es decir, OPEP y Rusia) y el resto del mundo. Se ve cómo el escenario NZE es tal que coincide con que se invierta solo en mantener los pozos existentes. El escenario STEPS es tal que coincide con que se abran todos los pozos nuevos posibles, a un ritmo absolutamente absurdo teniendo en cuenta que cada vez se encuentran menos barriles cada año (mientras que cada año se consumen unos 36.000 millones de barriles de petróleo, en 2010 se encontraban tan solo unos 10.000 millones, y en la actualidad solo 5.000 millones). Lo interesante es con qué coincide el escenario APS. Sobre todo, cómo lo dividen entre las dos regiones.

La siguiente tabla interesante es la del gas natural. Bueno, de todos los gases, ya que incluye hidrógeno.

Lo más interesante de la tabla es que en 2022 hubo un déficit de 21 bcm. Da la impresión de que es poco importante, porque en 2010 hubo un superávit de 48 bcm.

Las caídas en el consumo de gas natural se darían principalmente en el consumo de edificios (calefacción) y en la generación de electricidad.

Por último tenemos la tabla del carbón:



En este caso, la reducción de consumo está asociada principalmente a la producción de electricidad.


El resto del capítulo se dedica a otras fuentes, como el biometano o el hidrógeno, que considero de poco interés.

4.- Seguridad energética.

Éste es seguramente el capítulo más importante, porque, como ya se ha comprobado, hay cada vez más riesgos en el suministro de energía. Nominalmente el capítulo se dedica no solo al problema que realmente preocupa (la seguridad del suministro) sino también a asegurar que no llegamos al 1,5ºC de calentamiento (cosa que sabemos que es ya imposible) y que además sea una transición justa con las personas. Toda la parte de emisiones de CO2 me la voy a saltar porque me parece completamente absurda.

Y de cosas absurdas este capítulo está lleno. Por ejemplo, este gráfico sobre el comercio mundial de hidrógeno en el escenario APS (las cifras por supuesto son mucho peores en el NZE):

Teniendo en cuenta que la tempera de licuefacción del hidrógeno es de -252ºC, ¿cómo se supone que vamos a transportar ese hidrógeno sobre largas distancias? Es una cuestión que realmente nadie sabe responder; todas las alternativas usualmente comentadas (amoníaco, metanol, en matrices metálicas) implican tales pérdidas energéticas que son un absoluto despropósito. Por supuesto, la idea implícita es que en 2050 la tecnología habrá progresado tanto que permitirá hacer lo imposible, una vez más una muestra de fe en el Mito del Progreso.

Mención aparte merece la cuestión de la flexibilidad en la generación eléctrica, tema introducido el año pasado. En la siguiente gráfica nos muestra qué factores intervenían tanto para crear necesidad de flexibilidad como para cubrir esa necesidad en 2022 y cuánto tendrían que incrementarse relativamente en 2030 y en 2050, y nos lo indican tanto para las necesidades de corto plazo (imagino que diarias) como estacionales. Nos lo muestran solo para el escenario APS, porque lógicamente en el NZE es para saltar directamente por la ventana.

 

Como podemos ver en el gráfico, en el año 2022 había dos factores fundamentales que explicaban la necesidad de flexibilidad de la red en las escalas cortas de tiempo: las variaciones de demanda (a lo largo del día, sobre todo) y el carácter caprichoso de la producción solar. En 2022, la respuesta a esas necesidades se hacía con sistemas síncronos despachables: centrales térmicas e hidroeléctricas. Fíjense cómo evoluciona la cosa, sobre todo en 2050: en 2050, las necesidades de potencia eléctrica flexible se tendrían que multiplicar por 4,5 respecto a ahora, y de eso casi 3,5 es por el carácter caprichoso de la solar. Pero como en 2050 nos vamos a quitar de encima las centrales térmicas, dicen, y la hidroeléctrica no va a poder subir, ¿cómo nos proponen compensarlo? Pues con dos categorías fundamentales: un despliegue monumental de baterías (que no hay quien se crea, debido al coste y la escasez de materiales) y, atención, "respuesta de la demanda". Es decir, reducción del consumo. Es decir, racionamiento. Brillante futuro que se propone a golpe de gráfica. Y, atención, hay una categoría adicional, menor en peso relativo pero no despreciable, de la que cada vez se hablará más: curtailment. Por lo que respecta a la flexibilidad estacional, la estructura de la respuesta es muy similar, y de hecho la necesidad de flexibilidad no se incrementa tanto en términos relativos (pero, atención, no nos dan la cifra absoluta de gigavatios·hora que se necesitan, solo el factor relativo al 2022, así que las necesidades estacionales podrían ser en realidad mucho mayores que las de corto plazo). En suma, el modelo eléctrico que nos proponen en el escenario moderado (APS) es uno de poner una cantidad imposible de baterías y el resto básicamente limitar el acceso a la electricidad; y como baterías no habrá, pues todo será básicamente cortes y apagones. Richard Duncan estaría orgulloso.

Para demostrar que esta barbaridad se puede hacer, nos muestran un ejemplo práctico de una curva diaria, de nuevo en el escenario APS, para la India. Cómo era en 2022 y cómo debería ser en 2050. Fíjense que el eje vertical es 6 veces más grande en 2050 que en 2022. La demanda es como 4 veces mayor (recordemos que se asume que se está electrificando todo el consumo de energía), pero dada la variabilidad de la solar (un día de verano, que es lo que se representa aquí) hace falta añadir muchísima cantidad adicional de generación.

Así que ya lo ven, la India pasará de producir el 70% de su electricidad con carbón, que es como está ahora mismo, a prácticamente erradicarlo, y eso lo logrará sobre todo con muchísima solar, viento y baterías. Y, por supuesto, con cambios en la demanda, en este caso aumentando mucho el consumo en las horas centrales del día y disminuyéndolo durante la tarde-noche.

El WEO nos proporciona también datos de una situación bastante más desfavorable: cómo varían las necesidades de flexibilidad en una región temperada como es Europa, a lo largo del año, en el escenario moderado APS y solamente en 2030. Como ven, la variabilidad es simplemente abrumadora (como ya nos contaba Beamspot en la serie "La lavadora de medianoche").

En este capítulo tenemos también una cierta discusión sobre el problema evidente de la necesidad de materiales críticos necesarios para hacer la transición renovable. Según la AIE no va a haber problemas. Bueno, o prácticamente no los va a haber. Bueno, en las previsiones hasta 2030. Y en el escenario APS. Y si los proyectos de nuevas minas llegan a tiempo (que por ejemplo en el caso del litio suponen más del 50% de lo que se necesita). Vamos, lo que se dice un plan sin fisuras.


Por demás, la AIE constata la obviedad de que la extracción de estos minerales está muy concentrada en unos pocos países.

Por la parte de la seguridad para las personas, no haré ningún comentario, solo les dejo aquí esta gráfica sobre la reducción de consumo esperable per cápita en las economías avanzadas y en desarrollo, y una tabla que resume en qué consisten esas medidas, para que Vds. saquen sus propias conclusiones.





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En conclusión, hay poca chicha en este WEO, pero también hay pocas, cada vez menos, alternativas. Dado que la eólica no va a seguir con su desarrollo rampante, se apuesta cada vez más fuerte a la solar... la cual también tiene sus problemas y limitaciones. Mientras tanto, el declive de los combustibles fósiles (y del omitido uranio) sigue su curso, y eso hará sin duda que en los próximos WEOs hablemos cada vez más de seguridad energética. ¿Cómo vamos a bajar estos picos?

Salu2.

AMT

viernes, 18 de agosto de 2023

World Energy Outlook 2022: Atropellados por la crisis energética


 

Queridos lectores:

El 27 de octubre del año pasado, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sacó su informe anual, el World Energy Outlook (WEO) 2022. Cada año dedico un post a su análisis detallado, y este año no podía ser menos. Como bien sabrán, he tenido mi blog bastante abandonado por unos meses por razones personales y de sobrecarga de trabajo. Tenía pendiente desde octubre pasado sacar este post, y aunque ya está desactualizadísimo me gustaría igualmente publicarlo por completitud, aunque sea en una versión más breve que la que hubiera querido sacar.

Un año más, el informe está accesible de manera gratuita: pueden acceder a él a partir de esta página de la web de la AIE. Se trata de un informe relativamente corto para lo que se estila la AIE, 529 páginas, de las cuales 40 son las tablas (donde, por cierto, podemos encontrar alguna información bastante interesante).

La edición del año 2022 es especialmente importante, fundamentalmente por la grave crisis energética en la que está inmersa el mundo (a pesar de la relativa tregua de los primeros meses de 2023) y por la enorme volatilidad que se está generando, de manera que resulta especialmente difícil hacer ninguna predicción en este momento, aunque por ello mismo es absolutamente fundamental hacer un diagnóstico correcto de la situación.

Teniendo en cuenta la resistencia que siempre ha manifestado la AIE a reconocer que pueda haber un problema con el suministro de combustibles fósiles, y a aceptar el peak oil en particular, a pesar de que sus efectos resultan cada vez más evidentes, no es una sorpresa encontrarse una serie de excusas comunes para justificar lo que está pasando. Por una parte, se le atribuye toda la responsabilidad del caos energético a la guerra en Ucrania; y aunque sin duda esta guerra ha agravado las tendencias de base, también es cierto que los problemas habían comenzando mucho antes. Por otro lado, dado que es imposible ajustar los modelos económicos de la OCDE en un escenario en el que el suministro de combustibles fósiles crezca sin parar, en el presente WEO por primera vez la producción de todos los combustibles fósiles en todos los escenarios previstos toca techo o incluso decae; pero en vez de reconocer que eso es fruto de las limitaciones geológicas, se insiste una y otra vez que se trata de un pico de demanda, es decir, que el mundo ha decidido no consumir tantos combustibles fósiles por la gran preocupación ambiental de sus gobiernos y grandes empresas. La afirmación resultaría risible sino fuera por las consecuencias que tiene esta ceguera deliberada (de la que he visto participar hasta a catedráticos de universidad y a cuadros medios de grandes empresas). Por tanto, no es de extrañar que de las 130 veces que se menciona la palabra "peak" la mayoría de las veces sea acompañada de la palabra "demand" (el resto de las instancias corresponde a cuestiones técnicas de la demanda pico de electricidad y hay una, muy interesante, donde se cuestiona si hemos llegado al pico de la globalización). En todo caso, el planteamiento de las previsiones de este WEO es el de los últimos 10 años: progresivo estancamiento y abandono de los combustibles fósiles y rápida substitución por sistemas de energía renovable. Por tanto, más que en sus maravillosas previsiones de futuro me centraré en el análisis de los datos que nos proporciona este WEO sobre la situación presente, y también en los aspectos más claramente disonantes de sus previsiones.

Antes de comenzar, recordemos que las previsiones de futuro que hace la AIE se organizan en torno a diferentes escenarios. Los más importantes son el escenario STEPS o de Políticas Anunciadas (sería básicamente el escenario continuista); el APS o de Políticas Comprometidas (sería uno en el que se cumplen los acuerdos internacionales, particularmente en materia de emisiones de CO2) y el SDS o de Desarrollo Sostenible. El año anterior se introdujo uno nuevo, el NZE o de Cero neto en 2050, un escenario completamente construido ad hoc para cubrir la caída geológica de la producción de petróleo. Y es que estos escenarios vienen dados por escenarios económicos modelizados por la OCDE y por tanto son externos a los modelos energéticos que utiliza la AIE. Esencialmente, los escenarios de la OCDE dan el nivel de consumo de energía que se debe tener y el crecimiento esperado del PIB, y la AIE busca como puede encajar la oferta a esos condicionantes externos. El problema que se ha ido presentando recurrentemente durante los últimos años es que hay una dificultad para hacer casar la demanda requerida por los escenarios de la OCDE con la oferta posible, particularmente de petróleo, y eso llevó a gráficas tan estrafalarias como la que vimos por primera vez en el WEO 2018, en el que se mostraba una importancia diferencia entre el petróleo que se querría consumir y el que se produciría si la inversión en poner nuevos campos de petróleo en producción era más o menos la que se venía observando, con dos escenarios de oferta extremos: que no se invirtiera nada (declive natural) o que solo se invirtiera en el mantenimiento de los pozos (declive observado).

Extraído del WEO 2018.

En los años siguientes se intentó disimular este fuerte desajuste entre los escenarios de demanda de la OCDE y los de oferta que introducía la AIE, primero en el WEO 2020 simplemente rellenando en color las franjas que corresponden a los escenarios de demanda (sin saber aún cómo se podría producir ese petróleo):

Extraído del WEO 2020.

y en el WEO 2021 introduciendo el escenario NZE, que como por casualidad se solapaba perfectamente con la franja correspondiente al escenario de oferta en que solo se invirtiera en el mantenimiento de los pozos de petróleo

Extraído del WEO 2021.

 

Este año, como veremos, se va más allá en la desfachatez y se obvia cualquier referencia a un problema con la demanda, dándose por hecho que en todos los escenarios se va a cubrir con una oferta adecuada. Pero aún así se ven cosas curiosas que luego comentaremos. 

Vayamos por fin con el análisis del documento.

Ya desde el prefacio que firma Fatih Birol, la AIE nos avisa que quieren aclarar algunas concepciones erróneas sobre esta crisis, y en particular que ésta no es una crisis de la "energía limpia". Significativa declaración: ya dicen que "defensa sin acusación, culpabilidad demostrada". Delante de los problemas que crecen en todos los sectores industriales (no solo, pero también en los que se dedican a la fabricación de sistemas de captación de energía renovable), la AIE pretende vender la idea de que lo que denominan "energía limpia" puede abstraerse de las dificultades que embargan a la totalidad de la sociedad fósil, de la cual, mal que les pese, forman parte.

Segunda "falsa idea" que la AIE pretende conjurar: esta crisis energética no supone un retroceso en la lucha contra el Cambio Climático, sino, al contrario, una gran oportunidad dados los crecientes compromisos de los grandes países en el proceso de descarbonización, ahora que también representa una vía hacia la seguridad energética. Tal visión se compadece mal de los hechos: la UE aprobó aumentar el consumo de carbón en su paquete de mayo de 2022, el REpowerEU, mientras EE.UU. suplicaba a Arabia Saudita que aumentase su producción de petróleo. Seguramente se acabará produciendo una disminución de las emisiones de CO2, pero no porque nadie apueste más por la energía renovable (algunas cosas se hacen aquí y allá, pero al mismo tiempo por ejemplo en Alemania desmantelaron un parque eólico para expandir una mina de carbón - solo un ejemplo con más impacto simbólico que real, pero ilustrativo de la verdadera situación en la que estamos) sino por la fuerte recesión económica en la que estamos entrando y, más importante y preocupante, por la creciente desindustrialización de Europa. No tengo duda de que, si el marasmo económico e industrial finalmente provoca que las emisiones bajen, la AIE lo venderá como un éxito de las políticas verdes, en vez de un síntoma del hundimiento industrial.

El último aviso de Faith Birol es que no quiere que la actual crisis ahonde la división entre los países y la tensión geopolítica. Me temo que llega un poco tarde, viendo sobre todo la gran cantidad de candidatos a ingresar en el bloque de los BRICS.

El documento en sí se estructura en 9 secciones: la primera que nos ofrece la visión general y resumen del WEO; la segunda sobre la crisis energética, origen y evolución futura; la tercera, sobre la actualización del infame escenario "Cero neto en 2050" que fue introducido el año pasado y que en el informe de este año, como cabía esperar, ha cobrado más peso ahora que la matriz energética fósil se está desmoronando; la cuarta, sobre el problema de la seguridad energética (cuestión que ya anticipábamos que cada vez tendrá más peso en las discusiones, a medida que nos quedemos sin disponibilidad de energía fósil); la quinta, sobre la previsión sobre la evolución de la demanda de energía (como si fuera una cosa desconectada de la oferta, y que nos dará pistas interesantes sobre hacia dónde quieren ir); la sexta, sobre la previsión de oferta de la electricidad; la séptima, sobre la previsión sobre la oferta de combustibles líquidos; la octava, con la previsión para los combustibles gaseosos; y la novena, para los sólidos. La estructura del documento me parece muy conveniente para analizar no solo qué está pasando sino cómo lo quiere encarar la AIE, y este año seguiré bastante fielmente la misma estructura en mi análisis, aunque a algún capítulo (como el de la electricidad) no le dedicaré mucho espacio.

1.- Visión general y resumen del WEO:

Desde el principio se nos deja claro que la invasión rusa de Ucrania tiene la culpa de todo. Se nos dice que en el actual entorno de precios altos de la energía en todo el planeta ha provocado que 75 millones de personas podrían perder acceso a la electricidad, rompiendo la tendencia de las últimas décadas, y 100 millones más volver a usar leña y biomasa en general para cocinar. También nos comentan que por primera vez en la historia de los WEOs, el escenario de referencia (STEPS) refleja una caída de la producción total de combustibles fósiles. 

 

También nos comentan que a corto plazo aumenta la demanda de combustibles fósiles porque se buscan alternativas más baratas al gas natural ahora escaso, pero que en un futuro nada lejano el incremento de la producción de energía va a ser cubierto prácticamente en su totalidad con renovables y, en algún caso, con nuclear (a pesar del problema del uranio, que luego comentaremos). 

Es curioso dónde ubica los picos (por supuesto, de demanda según la AIE) de los diferentes combustibles fósiles: en pocos años en el caso del carbón, hacia 2030 en el caso del gas natural y a mediados de los años 30 en el caso del petróleo. Es curioso porque todo apunta a que va a ser justo al revés: la producción de petróleo tocó máximo en noviembre de 2018 y no parece capaz de remontar teniendo en cuenta la fuerte desinversión desde 2014; la producción de gas debería llegar al máximo antes de 2030, y en cuanto al carbón, aunque es posible que ya hayamos pasado su máximo absoluto, éste no viene condicionado por razones geológicas y de hecho podría ser el combustible fósil con su pico final más tardío (y máxime ahora cuando se está recurriendo mucho a él para compensar los problemas del gas y el petróleo). Da la impresión de que la AIE está diciendo más bien lo que le gustaría (porque favorece a los países occidentales, menos carboníferos) que lo que realmente las tendencias indicarían.

Un aspecto también a destacar es que la AIE reconoce que en el escenario STEPS nos vamos a 2.5ºC de calentamiento global en 2100, y aún se pretende vender como algo positivo porque es un grado menos del escenario previsto antes del Acuerdo de París. Como si en estos 6 años no hubiera pasado nada, y como si el no haber incrementado tanto las emisiones de CO2 no fuera fruto de cuestiones accidentales como la pandemia de CoVid-19 o la guerra en Ucrania.

Otra cosa curiosa es que, a pesar de la fortísima apuesta por el todo eléctrico, incluso en el escenario NZE la electricidad solo llegaría a ser el 50% de la energía final en 2050 (que es el año de llegar a emisiones netas cero, según el propio nombre del escenario). Luego veremos cómo se cuadra este círculo.

Por último, se reconoce que no se está invirtiendo lo suficiente en infraestructura energética, y que eso está creando problemas de seguridad de suministro. Por supuesto no intentan entender por qué se invierte menos y dan por hecho de que la inversión aumentará para cumplir con todos los escenarios. Lo que más llama la atención es que obviamente la gran caída en inversión se debe principalmente a la fortísima desinversión en combustibles fósiles, especialmente elevadas en 2015 y 2020.

Entre las cuestiones que se discuten, está la de cómo se iba a abastecer Europa de gas el invierno pasado, con esta interesante figura.

Hay muchos elementos tramposos en esta representación. Antes de la guerra en Ucrania, Rusia representaba el 40% del consumo de gas en Europa, pero de acuerdo con ese gráfico parecería que no representa más del 20%. La clave está en que el gráfico habla solamente del suministro durante el invierno (tomado, me imagino, como diciembre-enero-febrero o algo parecido). El peso del suministro desde Noruega se ve mayor que el de Rusia, lo cual solo tiene sentido si es que estamos hablando de cuál era el suministro desde Rusia a finales del 2022, el cual, efectivamente, estuvo alrededor del 20%. Por tanto, cuando se nos hace el desglose de cómo se iba a cubrir el suministro ruso este invierno si se produce algún corte adicional es descontando todo lo que ya se ha hecho: todo el enorme incremento de gas licuado por barco (LNG) y toda la reducción de consumo que se ha hecho (en Europa, el consumo de gas ha caído más de un 20%, gracias sobre todo al parón industrial). Por tanto, la compensación que se propone ahí significa añadir a todo lo que ya se hizo, incluyendo más gas por barco, más almacenamiento (complicado, si ya lo estás consumiendo), más gas por otros gasoductos... y más ahorro. Al final, fue el general Invierano (con anomalías de temperatura de 15ºC por encima de la media en la Europa Continental) el que salvó la situación. La pregunta del millón es si este invierno volverá a pasar lo mismo...

Cuando se analizan los riesgos de seguridad de suministro de electricidad, la AIE nos da un dato muy interesante: el 65% del carbón y el 40% del gas consumidos en el mundo se usan para la producción de electricidad. En el WEO reconoce que se está incrementando el uso de carbón para ese uso (lo cual no es solo China, sino también Alemania o el Reino Unido), pero al entender de la AIE esto es algo temporal  (yo sobre eso tengo mis serias dudas, porque el carbón es el combustible fósil cuyo declive es más lento e inclusive quizá aún no se ha llegado a su pico definitivo). Justo después, la AIE reconoce que la integración de más eólica y solar en la generación eléctrica fuerza a un gran incremento de las "necesidades de flexibidad", definiendo "flexibilidad" como "la capacidad del resto del sistema eléctrico de acomodar la variabilidad en la demanda y la de la producción eólica y solar". Esencialmente, los problemas que describe Beamspot en su serie sobre "La lavadora de medianoche". Teóricamente hay cuatro maneras de proporcionar esa flexibilidad: con generación despachable, extendiendo la red, con sistemas de almacenamiento y gestionando la demanda. Pues bien, la AIE reconoce que la principal fuente de flexibilidad hasta ahora han sido las centrales térmicas, es decir, las que queman gas y carbón. Pero sus escenarios contemplan su progresiva disminución con el tiempo hasta su total desaparición, según el escenario, y que eso plantea un riesgo a la seguridad energética eléctrica. En definitiva, necesitamos el carbón y el gas para mantener la estabilidad de la red pero los vamos a hacer desaparecer aunque no sabemos muy bien cómo vamos a mantener la estabilidad sin ellos.

Otro aspecto de la seguridad energética de la electricidad que obviamente está cobrando cada vez mayor relieve es el de la fuerte dependencia del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) de materiales críticos, como ilustra la siguiente figura.


Lo que es un bastante  feo de esas gráficas es que se apilen megatoneladas de cosas diferentes, lo cual no permite apreciar la inmensidad de lo que se propone, aunque el pie de foto ya deja claro que la producción total se tiene que multiplicar por cuatro en el NZE. Para no hacer la cosa más alarmante, han mostrado solo la producción en el año 2030: recordemos que en el WEO 2021 los valores de producción a satisfacer en 2050 eran absolutamente escandalosos (e inverosímiles). En vista de la magnitud del problema, el WEO hace una loa al reciclaje, aunque sobreestima la reciclabilidad de los sistemas y no habla del enorme coste energético que comporta.

El análisis de los riesgos asociados al gas natural es un sapo difícil de tragar para la AIE: hace 11 años anunciaba la llegada de la Edad de Oro del gas, y ahora ese sueño llega a su fin. Para empezar, reconociendo una revisión a la baja en 750 bcm del consumo en 2050 con respecto al WEO del año pasado. El mayor problema del gas (con el cual se genera el 23% de toda la electricidad del mundo) es su uso para flexibilizar la producción eléctrica mundial, y es algo de mal sustituir. En cuanto a los riesgos del petróleo, nos dicen que no ven ningún problema de suministro, en particular por la caída del consumo de combustibles en coches. Para la AIE, el riesgo está en... la falta de inversión. Nos informa que nunca se había encontrado tan pocos barriles de petróleo nuevos desde 1930, y que hay riesgos asociados a la falta de campos por desarrollar y que muchos países no invierten en upstream. O sea, básicamente están hablando del peak oil pero sin llamarlo por su nombre. Porque no aclaran el por qué de esta reducción de inversión a lo largo de estos años, si todavía hay tanta demanda (hasta el punto de que Joe Biden exhortaba hace unos meses a la OPEP para que aumentase su producción). La razón, obviamente, es que ya no es rentable de explotar, como llevamos explicando desde 2014. Lo que realmente es llamativo son las gráficas sobre el consumo de energía en el transporte en los tres escenarios:


Como se puede ver, el escenario NZE implica una disminución radical del transporte. La AIE pretende justificar el enorme descenso del consumo energético en el NZE amparándose en el mucho menor consumo de energía en los modos de transporte eléctricos. Incluso aunque eso sería aceptable en el caso de los coches eléctricos, la caída del consumo de productos petrolíferos parece demasiado grande para el transporte en camiones, barcos y aviones, a no ser que se contemple una fuerte caída del uso de esos modos de transporte. Llama también la atención los comentarios sobre los problemas que pueden tener las refinerías y su impacto en la seguridad energética.

En cuanto a los riesgos asociados al carbón, no hay nada digno de reseñar, excepto la subida de consumo a corto plazo de la que habla la AIE.

Tras unos comentarios sobre la reorganización del mercado para Rusia (básicamente, se apuesta por que va a ser relativamente arrinconada del mercado mundial, algo que me parece totalmente inverosímil), hay un apartado con el título curioso: "¿Una transición desordenada es inevitable?". Según la AIE, los modelos que ellos usan describen una transición suave y ordenada, pero que las fricciones geopolíticas crean desconfianza y ponen en peligro la buena coordinación para conseguir el objetivo del cero neto en 2050 (recordemos que ni China ni India ni Rusia han participado en la COP27). La AIE da 10 recomendaciones para evitar los peores escenarios, pero son demasiado vagas y, sinceramente, poco adaptadas a los retos a los que se tiene que hacer frente.

El capítulo acaba con una visión detallada de las tendencias según países o regiones que me parece poco interesante, un apartado sobre cómo intentar aún no sobrepasar los 1,5ºC de calentamiento (simplemente imposible) y cómo de buenas son las oportunidades laborales en el sector de la energía, los cuales no comentaré.

 

2.- Análisis de la actual crisis energética y adaptación de los escenarios a la misma.

Ya desde el principio, una frase deja claro todo el planteamiento: "La invasión de Ucrania por parte de Rusia está cambiando el mundo de la energía". Hay una gráfica que encuentro tremendamente interesante: cómo ha evolucionado el flujo de gas desde Rusia hacia Europa durante los últimos meses de 2022.


Y es que aparte de mostrar una caída de más del 80% de ese flujo, deja en evidencia cómo de importante era el NordStream. Ahora que esa infraestructura está destruida (no sabemos por quién, dicen), Europa no puede ni soñar con recuperar nunca el flujo de gas desde Rusia. Actualmente, el gas que exporta Rusia vía gasoducto a Europa llega a través de Turquía o a través de Ucrania, en partes casi iguales. Si la guerra empeora, todo dependerá de Turquía, y el flujo será un 10% de lo que había sido.

No obstante lo cual, los objetivos (marcados externamente por la OCDE, recordémoslo) son que el PIB mundial tendrá que crecer un 2,8% anual de 2030 a 2050 (se acepta que hasta 2030 crezca un poco más lentamente) y que la población mundial pase de los más de 7.800 millones de 2021 a los 9.700 millones en 2050, y eso en todos los escenarios planteados, dejando claro que los objetivos económicos son inmutables.

Pero en este punto, la AIE nos presenta una gráfica que deja claro que el discurso de que la razón de la crisis energética es la guerra en Ucrania no se sostiene.


Como se ve claramente, muchos precios de referencia en el mercado de la energía comenzaron la senda ascendente durante el año 2021, revelando que ya había problemas serios antes de la guerra en Ucrania. Para explicarlo, la AIE recurre a la manida excusa de atribuírselo todo a efectos directos e indirectos de la pandemia de CoVid-19. Y entre todas esas excusas, la AIE reconoce que hay un déficit de inversión en energía que se ha hecho especialmente evidente en los dos últimos años (aunque viene pasando desde 2014, como la propia AIE reconocía en su WEO de 2018).

No me resisto a incluir una gráfica absurda, muy del gusto del discurso economicista dominante, con la cual la AIE pretende argumentar que la actual crisis energética no se parece a los del años 70, y en particular que el petróleo tiene muy poca importancia hoy en día.


Lo que muestran las gráficas, para el petróleo y para el gas, es la intensidad energética (energía consumida por dólar de PIB) en el eje vertical en frente del PIB per cápita para diversos países. En todos los países mostrados, y para el conjunto del mundo, se ve una clara tendencia decreciente con respecto al petróleo, mientras que en gas solo los EE.UU. (y el conjunto del mundo) tienen ese "buen" comportamiento.

En realidad, estas gráficas no significan absolutamente nada. Por ejemplo, si el petróleo generase siempre la misma cantidad de dólares de PIB por MJ consumido, pero se añadiesen otras fuentes de energía (se empezase a consumir más de otras fuentes, como de hecho ha pasado), la intensidad energética del petróleo disminuiría sin que ello significase que se sea más eficiente en su uso. De hecho, es por eso que la intensidad energética del gas empeora en la mayoría de los territorios: porque su consumo ha ido creciendo. Por otro lado, el hecho de usar el PIB per cápita sirve también para exagerar la fuerza de las tendencias: si el consumo de energía por dólar y habitante fuera constante durante los años, en la gráfica no avanzaríamos en la dirección horizontal, y sin embargo el aumento de población sí que haría crecer el PIB (y el consumo energético). Por tanto, lo que realmente daría una idea de si el mundo es más o menos eficiente sería representar la evolución del PIB total en frente del consumo total de energía. Claro que en ese caso la historia que nos contarían los datos no sería tan favorable. Y todo eso sin tener en cuenta que la deslocalización de las actividades más contaminantes de los países occidentales hacia China...

Llegamos así al punto en el que la AIE se cuestiona si no habremos llegado al pico de la globalización. Todo se basa en la observación empírica de que el comercio no está incrementando su peso en el PIB global, sino que más bien va disminuyendo... desde 2008.


El año 2008 no es para nada casual, y es algo que de hecho tiene mucho que ver con la caída del consumo de electricidad en las economías más desarrolladas en ese mismo período. Con todo, la gráfica es un poco engañosa, ya que se refiere al porcentaje del PIB, no al PIB absoluto, pero aún así muestra que algo está cambiando. Más aún, la AIE hace explícito su temor a que realmente el peso del comercio pueda estar tomando una incipiente tendencia negativa, aún difícil de determinar por lo relativamente breve del período y que esa tendencia es más pequeña que las fluctuaciones que se observan. Es un tema interesante en el que, de manera consciente e inconsciente, la AIE nos ha puesto sobreaviso.

Acto seguido, la AIE hace una puesta al día de sus escenarios. El NZE se ha actualizado teniendo en cuenta que, de hecho, la demanda de combustibles fósiles sigue alta y que tenemos un año menos hasta 2050 (fecha fijada para conseguir el objetivo de cero neto emisiones), pero no se hace el más mínimo comentario sobre el hecho de que conseguir mantener la temperatura en una subida de 1,5ºC para 2100 es simplemente imposible ya. Con respecto al APS, lo más interesante que se comenta es que nos llevaría a un aumento de 1,7ºC en 2100 (que, teniendo en cuenta lo comentado anteriormente, sería probablemente más bien en el entorno de 2ºC). Por último, STEPS - que, no lo olvidemos, es el escenario de referencia - implicaría una subida de la temperatura de 2.5ºC, y eso solo con una probabilidad del 50%. Es decir, en el escenario de referencia vamos al desastre global con un 50% de probabilidad, y con otro 50% a algo aún peor. Otra cosa curiosa es que en esta edición descartan completamente el escenario de Desarrollo Sostenible (SDS de previas ediciones) porque, consideran, en muchos aspectos el APS ya se le parece bastante. Lo cual no es cierto ni de broma, pero así estamos: bastante tienen con lo que tienen para meter más complicaciones.

Lo mejor es, como siempre, el escenario de crecimiento económico se ha decidido al margen de los escenarios de consumo de energía, de manera completamente exógena, y es el mismo para NZE, APS y STEPS. Y no contentos con esta aberración conceptual, se fija que el crecimiento mundial del PIB hasta 2050 sea de en torno al 3% anual. No me resisto incluir aquí una tabla donde hasta se permiten el lujo de decir cuál es el precio medio que van a tener los diferentes combustibles fósiles por región en cada escenario. Obviamente lo que pasará en la realidad no se va a parecer a nada de esto.


Se incluye después una breve descripción del problema evidente que ha habido con el fuerte encarecimiento de las materias primas no energéticas, y particularmente de aquellas necesarias en la transición.

La AIE nos dice que los altos precios están favoreciendo un aumento de la inversión para abrir nuevas explotaciones de estos materiales, y además que han favorecido una caída de la demanda (aceptación implícita de un inicio de recesión). Pero reconocen que hay mucho riesgo en el futuro de que los precios de mantengan altos porque la inversión es claramente insuficiente y que se tendrá que apostar por buscar materiales sustitutos (buena suerte con eso).

3.- Actualización del escenario Cero Neto en 2050 (NZE).

No voy a discutir los detalles de las implementaciones del NZE que se dan en el capítulo que le dedican. La sarta de disparates que se dicen en él es absolutamente apabullante. Simplemente, me conformaré con dejar aquí el gráfico de resumen de cómo piensan llegar a esas cero emisiones netas en 2050, con los principales hitos destacados.

Tenemos también la gráfica de la evolución prevista del consumo de los combustibles fósiles en este escenario. Dado que, como ya comentamos, el NZE es previsiblemente la manera con la que la AIE pretende introducir el descenso inevitable, por razones geológicas, de la producción de los combustibles fósiles, disfrazándolo de "caída del consumo" (vamos, como si fuera voluntario), es interesante echarle un vistazo a esas gráficas. Interesante y escalofriante. Las gráficas, creo yo, se comentan solas.


El resto del capítulo, como he dicho antes, me parece absolutamente carente de interés: loas a la tecnología, despliegues masivos de renovables, plantas de electrólisis, captura y secuestro de carbono, etc que no tienen ningún tipo de lógica.

4.- Seguridad energética.

Este capítulo es uno de los más críticos en este WEO, porque sin duda a medida que nos vayamos desviando de las "previsiones" se le va ir echando la culpa a los problemas asociados con la seguridad energética. Y obviamente hay muchos retos por delante, particularmente que el modelo de transición energética que se propone hacer simplemente no funciona. Pero vamos a ver qué dice la AIE.

La AIE propone un decálogo de medidas para afrontar los restos a la seguridad energética. No me voy a entretener a comentar todos sus puntos, pero sí algunos de los que encuentro más interesantes:

Uno de los puntos clave es un buen balanceo entre el mantenimiento pero progresivo abandono de la inversión en combustibles fósiles mientras al tiempo se aumenta la inversión en renovables. Esto parece la cuadratura del círculo, pero lo más llamativo es que en el escenario de referencia se necesita incrementar la inversión desde los niveles actuales si se quiere evitar un desabastecimiento hacia... ¡2025! Algo que no resulta en nada sorprendente a los lectores habituales de este blog. Otra cosa que es muy curiosa es que dice que es importante planificar cuidadosamente el final de vida de infraestructuras fósiles para evitar problemas en la transición, y que éstas tendrán que convivir durante un tiempo con las renovables antes de ir siendo progresivamente desmanteladas. Algo que nunca ha pasado antes, siempre todas las fuentes se han ido apilando, acumulando, y eso por no hablar de todas las dificultades técnicas con la falta de sincronía, despachabilidad, intermitencia, etc a las que siempre alude Beamspot. Otro brindis al Sol, en suma. De hecho, se comenta que el uso de centrales de gas está aumentando justamente para dar flexibilidad a la generación eléctrica. En sus proyecciones, aunque la generación total por centrales de gas baje, van a mantener un papel importante por su despachabilidad. Pero, claro, eso implica que se tiene que abonar a los operadores por ese servicio que están dando, si se quiere que mantengan abiertas estas centrales.

Otro de los retos a los que alude el WEO 2022 es la dificultad de mantener abiertas las refinerías, a medida que los coches se vayan volviendo eléctricos, y es que las principales ganancias de las refinerías son por la venta de gasolina, diésel y combustible para aviones, pero también son necesarias para la producción de muchos otros productos químicos. Se sugiere que haya una negociación con los gobiernos para asegurar que sigan funcionando aunque ya no produzcan combustibles, aunque el problema estaría en cómo conseguir convertir lo que antes era combustible en otra cosa.

La AIE también identifica un peligro en la pérdida de estabilidad de países que dependen de sus ingresos por la venta de combustibles fósiles, con Arabia Saudita a la cabeza. Y aunque les identifica como potenciales productores y exportadores de hidrógeno, se reconoce que eso no podrá cubrir más que una pequeña parte de sus ingresos actuales.

Por otro lado, el futuro de las industrias intensivas en energía es incierto, mencionándose explícitamente que los precios serán volátiles (y no continuamente caros, como a veces erróneamente se dice). Se comenta que en Europa la producción de aluminio cayó a la mitad en 2022 y que es previsible que otras muchas empresas cierren (como de hecho está pasando). Lo que es la monda es que para la AIE en el futuro las empresas buscarán lugares con acceso a "electricidad limpia" y en particular con sistemas de captura y almacenamiento de carbono. Es decir, exactamente lo contrario de lo que está pasando, ahora que todas emigran hacia China y los EE.UU.

Un aspecto clave de la seguridad energética en un mundo como el que concibe la AIE, con un gran despliegue eléctrico, es el de la flexibilidad. Por flexibilidad quieren decir que se cuente con medios suficientes para garantizar el suministro eléctrico y la estabilidad de la red. Hoy en día, como hemos comentado antes, se está consiguiendo sobre todo apoyándonos en las centrales de gas de ciclo combinado como último recurso. En el futuro, la AIE prevé un aumento completamente inverosími de los sistemas basados en baterías y, atención, un aumento de los ajustes de demanda que llegaría  ser hasta el 25% de la capacidad de respuesta. Es decir, cortar el suministro a ciertos usuarios si hace falta.


Y por supuesto, el suministro de materiales críticos para los nuevos sistemas renovables es otro riesgo para la seguridad energética. La AIE da números agregados de todos los materiales para que no se vea la enormidad que está proponiendo en alguno de ellos (ese multiplicar por 120 la producción anual de litio o por 42 la de níquel y cobalto que se comentaba en el WEO 2021), pero es que además hay otro riesgo no menor y cada vez más importante: casi todas las cadenas de suministro global pasan por China.

Por supuesto, la AIE confía en que el avance tecnológico hará que los nuevos sistemas renovables necesiten cada vez menos materiales escasos.

Un aspecto adicional de la seguridad energética que la AIE discute, y que considero muy interesante, es la vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas al cambio climático, principalmente por culpa de los eventos extremos (de los cuales estamos viendo muestras frecuentes por todo el mundo). Algunos datos que dan son, como mínimo, inquietantes: la eficiencia de un panel solar cae entre un 0,3 y un 0,5% por cada grado por encima de los 25ºC (y seguramente más rápido a temperaturas altas), algunos aerogeneradores no están preparados para operar a más de 45ºC, las centrales de gas de ciclo combinado pierden eficiencia  a partir de los 25ºC y las centrales térmicas de carbón y nucleares tienen problemas cuando el agua del río de donde sacan la refrigeración se calienta demasiado. Se citan además otros problemas, como el efecto de la sequía en la extracción de combustibles fósiles y de materiales críticos para la transición (porque son actividades que consumen mucha agua), las tempestades y las inundaciones, etc, etc. Hasta aquí todo bien. El problema comienza cuando intentan hacer una estimación del valor económico de los problemas que puede provocar el cambio climático. Su conclusión es que según el tipo de activo y la zona del planeta en la que esté, se puede devaluar en torno a un 1% anual. Una cantidad que me parece ridículamente subestimada (los efectos del Cambio Climático son fuertemente no lineales) pero que a pesar de ello puede ser inquietante para un inversor.

5.- Evolución de la demanda energética:

Al principio del capítulo nos presentan una gráfica que resume la evolución de la demanda según los tres escenarios.


En todos ellos, la demanda de combustibles fósiles cae (en el NZE, el que más). En todos ellos, la demanda de energía renovable sube (de nuevo, en el NZE, el que más). Y el único escenario en el que la energía nuclear tiene un aumento apreciable es el NZE. Lo cual es curioso teniendo en cuenta que la extracción mundial de uranio esta un 23% por debajo del máximo histórico, en 2016, y eso gracias a que el último año Canadá aumentó considerablemente su producción, que si no la caída sería mayor.


Pero en este WEO, como suele pasar, no se menciona en ningún momento el uranio y sí muchas veces la energía nuclear, como si la primera no fuera una materia prima energética indispensable para la segunda. Supongo que porque saben de sobra que la producción de uranio solo puede caer (como ya indicaban hace 12 años los modelos geológicos), y más con lo que está pasando en África (de lo cual hablaremos en un próximo post).

Una cosa interesante de este capítulo es que se trata la demanda independientemente de la oferta. Esto resuena con la situación actual, en la que la producción de todos los líquidos del petróleo está unos 4 Mb/d por debajo de la demanda y la diferencia se está cubriendo con las reservas de los países, mientras esto sea posible. A estos ritmos de declive, si se estuviera utilizando de manera homogénea todos los tipos de petróleo y refinados almacenados, se necesitarían unos cuantos años para acabar con los almacenes, y creo que por eso se hace esta disociación entre oferta y demanda, para justificar que se puede temporalmente exceder la capacidad de oferta, hasta que se produzca el ansiado "pico de demanda".

El capítulo en sí me parece poco interesante: comenta sobre la producción de hidrógeno verde (insignificante en todos los escenarios excepto en el NZE, donde en todo caso tampoco es demasiado), de los ahorros en consumo debido a cambios de comportamiento en Europa, etc. A estas alturas y con el fuerte parón industrial en Europa, todas esas discusiones han quedado muy obsoletas, y no ha pasado ni un año.

En cuanto a las emisiones de CO2, hay una gráfica muy reveladora: en qué año se agotaría el nivel total de emisiones de CO2 previsto en el NZE para 2050 si las emisiones mundiales per cápita fueran como son actualmente para diferentes regiones del mundo.

Respuesta: solo si el nivel global de emisiones per cápita fuera como el que actualmente tiene África se podría cumplir el objetivo NZE. Lo cual lo hace, ciertamente, muy inverosímil y pone en perspectiva la capacidad real de implementar ese escenario.

Sería también tierna, si no fuera tan absurda, la discusión sobre la cantidad de energía eléctrica extra que se necesitará para operar los aires acondicionados que necesitarán vastas extensiones del planeta, sobre todo en los escenarios de Cambio Climático. Como si tal cosa fuera posible, como si ésa debiera ser la estrategia...

6.- Evolución de la oferta de electricidad:

Capítulo con poco interés, desde mi punto de vista, ya que se basa en suposiciones muy poco realistas. Se intenta disimular que los niveles de consumo de electricidad en Europa y los EE.UU. son inferiores a los de 2008 a base de comparar el año 2010 con el 2021, para que se vea una pequeña subida (por cierto, desaparecida por completo en 2022, por supuesto). Aún así, va a subir el consumo de electricidad y tralará. Dada la experiencia y los datos de los 15 últimos años, se echa en falta mucho más realismo a la hora de abordar esa presunta electrificación masiva de la sociedad. Para el que le interese, dejo aquí las proyecciones que hace la AIE. No se las tomen demasiado en serio: dentro de unos pocos años, serán otras muy diferentes.


Lo que es gracioso es que este tremendo despliegue de renovables, nos dicen, obligará a que se aumente de manera gigantesca la "flexibilidad", es decir, la capacidad de cubrir con fuentes despachables las posibles intermitencias de las fuentes renovables modernas (eólica y fotovoltaica), hasta el punto que para 2030 la flexibilidad deberá ser de hasta el 50% de la generación eléctrica a ciertas horas. ¿Y saben cómo se va a cubrir esa flexibilidad? Adivinen...

Las previsiones para el escenario NZE ni las ponen porque deben ser abrumadoras. Lo que obviamente no se sostiene de ninguna manera es el enorme incremento del uso de baterías (la cantidad de materiales requeridos y su coste serían prohibitivos), y lo que va a ser curioso es la "respuesta de la demanda", que yo creo que es donde efectivamente va a haber la mayor reacción, pero de la peor manera posible (contracción industrial y disminución del consumo doméstico por empobrecimiento generalizado y cortes de suministro).


7.- Evolución de los combustibles líquidos:

El capítulo comienza con una gráfica reveladora, que pongo aquí para comparar con lo que pase los próximos años: cuándo espera la AIE que se produzca el pico "de demanda" de petróleo según los diversos escenarios.


Es decir, el pico se produjo en 2021 según el escenarios NZE, será en 2024 en el  APS y en 2035 en el STEPS. Aquí, de nuevo, se recalca la separación entre demanda y oferta. Con los actuales niveles de producción de crudo+condensado un 3% por debajo de los niveles de noviembre de 2018 y con fuerte tendencia a la baja, se tiene que mantener la ilusión de que se mantendrá la demanda, a base de ir vaciando los almacenes de la industria y la reserva estratégica de los países occidentales. Por supuesto, la situación es insostenible y la demanda caerá bastante antes del 2035 del escenario de referencia, el STEPS. Actualmente estamos en máximos de demanda de petróleo, con 103 Mb/d, y de seguro será imposible mantener estos niveles y más con la desindustrialización en marcha en Europa.

Adjunto la tabla de resumen de la producción y demanda porque muestra cosas interesantes, pero sobre todo una: la caída de la producción de petróleo crudo convencional.

Como sabemos, la producción de petróleo crudo convencional tocó su máximo entre 2005 y 2006, en 70 Mb/d. Consiguió mantenerse en ese nivel durante unos pocos años pero, según la tabla de arriba, en 2010 ya había bajado a los 66,8 Mb/d y en 2021 ya era de 60,1 Mb/d. Esto sin duda significa que el peak oil del petróleo crudo convencional está más que pasado (hace 18 años, ahí es nada) y lo que cabe esperar es que a partir de ahora su caída se acelere. Teniendo en cuenta eso, el único escenario que muestra valores de producción realistas de caída es el NZE y, recordemos, esto es por caída de la oferta por razones geológicas, no por una supuesta caída en la demanda. Pero NZE no es (aún) el escenario de referencia, sino STEPS, el cual prevé... ¡un ligero aumento de la producción! El resto de categorías también muestran signos de sobreestimación, pero la desviación más grande está en la de crudo convencional. Con tal negación de la realidad y la sistemática y grosera sobreestimación de las posibilidades reales de producción (repasen las previsiones que lleva haciendo la AIE en los informes de la última década) está claro que los escenarios de la AIE no son demasiado fiables.

Hay un par de cosas más a destacar de la tabla. Uno, que se está usando la categoría "líquidos del gas natural" (NGL) para enmascarar la gravedad de la situación. Efectivamente, sin los NGL (y las absurdamente contabilizadas ganancias de proceso) la producción total de todos los líquidos del petróleo pasó de 70,7 Mb/d en 2010 a 72,1 Mb/d en 2021, es decir, un incremento de solo 1,4 Mb/d en 11 años; contando con los NGL se había pasado de 83,4 Mb/d a 90,3 Mb/d, es decir, un incremento de 6,9 Mb/d en ese mismo período. En suma, prácticamente todo el aumento de la producción de "todos los líquidos del petróleo" se debe al incremento de los líquidos del gas natural, los cuales han aumentado porque, como sabemos, la producción de gas natural aún no ha tocado techo (aunque lo hará en los próximos años). Pero resulta que los NGL son mayoritariamente (90%) una mezcla de butano y propano, que no se pueden usar para hacer combustibles líquidos y que se utilizan para la producción de polímeros y plásticos en las refinerías. Es por eso que contabilizar los NGL junto con el resto de categorías siempre ha sido un poco engañoso, es por eso que la producción de diésel cae desde 2015 y es por eso que no se refleja la gravedad de la situación actual. En realidad, el máximo de lo que se denomina crudo+condensado (es decir, todo menos los NGL) tocó máximo en noviembre de 2018 y no se recupera desde entonces (y todo indica que va a entrar en una senda fuertemente descendente en breve):

Evolución reciente de la producción mundial de crudo+condensado, datos de la Energy Administration Information d elos EE.UU. Gráfica sacada de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/april-non-opec-and-world-oil-production-drops/

 

Es tremendamente preocupante que, delante de una realidad de los datos cada vez más desfavorable, la AIE haya optado por estas tácticas que prácticamente se podrían calificar de desinformación. Entre otras cosas porque los gobiernos están completemente confundidos sobre los peligros que nos acechan a pocos años vista, y el riesgo claro de que el actual declive se acelere rápidamente.

8.- Evolución de los combustibles gaseosos:

En un informe especial de la AIE del año 2011 se nos decía que el gas natural era "el combustible de futuro" y esperaban para el una nueva "edad de oro". Once años después, en el informe de 2022, la AIE se plantea si el gas natural "está perdiendo gas". Claro, ¿qué otra cosa podría decir después de la crisis de suministro que sufrió Europa el año pasado y que está lejos de estar resuelta?

No hay una gráfica decente de la evolución prevista para la demanda de gas natural (aquí de nuevo se juega a desvincular la demanda de la oferta, aunque los almacenes de gas son sensiblemente más pequeños que los de petróleo y por tanto están mucho más unidas). La única gráfica que he sacado es la de esta lamentable infografía al principio del capítulo.



Se ve que incluso en STEPS se prevé muy poco crecimiento, y en APS y NZE las caídas son más que significativas. 

Todo lo que se había dicho hace una década de usar el gas natural como combustible de transición, de su papel en el transporte con vehículos de gas natural comprimido... Todo queda en agua de borrajas ahora, no completamente demolido pero sí muy diluído. Como para fiarte de las recomendaciones de la AIE. Tan clamoroso es el fallo que han tenido que incluir una gráfica comparando lo que dijeron con lo que dicen (solo para un subgrupo de países, los de menos consumo, para amortiguar un poco la vergüenza): juzguen Vds. mismos.

 

Claro, no pueden desdecirse del todo, y pretenden compensar el evidente fiasco de sus recomendaciones pasadas hablando ahora de "combustibles gaseosos", lo cual incluye otros combustibles fósiles (supongo que GLP), biogases y, cómo no, hidrógeno. Aún así, no se modifica mucho el lamentable cuadro anterior.


Como se ve, la parte del hidrógeno verde es bastante pequeña en STEPS y APS y solo gana importancia en NZE, pero de manera muy conveniente han incluido en la misma categoría lo que viene de la electrólisis con lo que viene de bioenergía, que básicamente es otra forma de producir biogás a partir de materia orgánica (solo que es directamente hidrógeno, no metano). No detalla cuánto hay de cada, aunque sospecho que la mayoría sería bioenergía porque la electrólisis es una ruina. La pregunta es: ¿qué sentido tendría usar materia orgánica para producir hidrógeno cuando resulta mucho más conveniente y manejable -y sencillo- producir metano? Otra más de las barbaridades técnicamente infundadas de los informes de la AIE.

Una parte importante del capítulo se dedica al caso de Europa después de la invasión rusa de Ucrania. Muy reveladora la tabla de la dependencia de los diversos países europeos en el gas ruso en 2021.


Y cómo se supone que la Unión Europea iba a compensar esa dependencia, tanto a nivel de oferta como de demanda (nuevos proveedores), de acuerdo con el escenario APS.

Ahora que han pasado unos meses podemos decir que todo parecido con la realidad es pura coincidencia. En realidad, la Unión Europea sigue importando muchísimo gas de Rusia solo que a través de países intermedios, y así por ejemplo en el caso de España Rusia ha pasado a ser el segundo suministrador de gas, cuando antes era bastante marginal. En todo caso, la AIE nos ofrece un cuadro claro de cómo se va a materializar la salida de Europa de su dependencia del gas ruso en el escenario APS.


Es decir, básicamente el consumo se va a ir reduciendo a la par de las importaciones del gas de Rusia, siendo ligeramente compensado por el aumento de las importaciones de gas natural licuado (LNG), las cuales vendrán en una buena parte de Rusia a través de terceros países. Un plan sin fisuras.

En este capítulo encontramos algo que hace tiempo que me venía temiendo. Cuando la actual burbuja renovable acabe de explotar (probablemente no más allá de 2025) y se vea que no hay niguna posibilidad de hacer una sustitución energética masiva basada en fotovoltaica y eólica, los grandes fondos de inversión se dirigirán hacia nuevos nichos de mercado, intentando apuntalar un sistema que cada vez más claramente se muestra como insostenible. Durante bastante tiempo he especulado sobre hacia dónde se van a dirigir esos esfuerzos, dónde va a estar la próxima burbuja una vez ésta estalle, y hace ya un par de años que llegué a la conclusión que sería la biomasa, los biocombustibles y el biogás. Y entonces va la AIE y pone esta espeluznante gráfica.

 

Como ven, están considerando qué parte del consumo actual de gas en Europa se puede llegar a cubrir con biogas producido de la biomasa. Por supuesto, no son conscientes de que en una sociedad deprivada energéticamente habrá menos residuos orgánicos, porque ademas muchos de esos residuos dependen del actual consumo de petróleo (para el uso agrícola, para las importaciones de alimentos) y que la biomasa forestal debe ser gestionada de manera sostenible so pena de irla degradando. Nada de eso entra, y se dan unos porcentajes de cobertura de la demanda que, a pesar de que puedan parecer relativamente pequeños, no son realistas en absoluto si se quisiera hacer una gestión sostenible. Las espadas se están afilando ya para el asalto a la siguiente gran burbuja de inversión, con todo el rastro de degradación ambiental que dejará tras de sí.

9.- Evolución de los combustibles sólidos:

Bajo este epígrafe encontramos el carbón y la biomasa sólida (principalmente leña) - no esperen encontrar el uranio, que por lo que se ve no es sólido, líquido o gaseoso, o no es combustible (en sentido estricto no lo es, puesto que no experimenta una reacción química de combustión o combinación con oxígeno, aunque se suele hablar de "combustible nuclear"). De hecho, en todo el WEO, la palabra "uranio" aparece solo 3 veces: dos, mencionando la importancia estratégica de Rusia en ciertos materiales, y una más, hablando de los riesgos de la cadena de suministros de materiales críticos, mencionado como uno más de una larga lista. La omisión a toda previsión sobre el suministro de uranio, habitual en los informes anuales de la AIE, es otra más de las anomalías consentidas que debería hacer saltar las alarmas en los gobiernos que se basan en estos informes para diseñar sus políticas. Pero todo el mundo parece estar conforme con este estado de cosas.

En fin, yendo a lo que sí se trata en este capítulo, comencemos por esta gráfica de resumen.

Hay varias observaciones a hacer de esta gráfica. En primer lugar, como ya hemos dicho la previsión de que el consumo de carbón va a bajar bastante rápidamente en todos los escenarios parece poco probable. Precisamente el año pasado el consumo de carbón se incrementó un 3,3%, y aunque hay importantes dificultades logísticas para aumentar mucho el consumo de carbón, y el declive del petróleo afectará sin duda a la distribución desde las minas, teniendo en cuenta las limitaciones geológicas (que son bastante menores en el caso del carbón que en el del petróleo y del gas) es bastante probable que de todas las materias primas no renovables el carbón tenga la producción que decaiga más lentamente, máxime cuando la caída del petróleo fuerce a buscar alternativas. Ya lo estamos viendo con el viraje hacia el carbón de China y Alemania, y lo seguiremos viendo en los próximos años. Por desgracia, porque el carbón es el combustible más intensivo en emisiones de CO2 por caloría producida. Así pues, los escenarios que enuncia la AIE parecen más fruto del deseo y más bien del agrado de Occidente, que consume menos carbón, pero no son realistas.


La segunda observación tiene que ver con lo que denominan "bionergía sólida moderna". Este término incluye diversas cosas, pero lo más notorio son los infames pellets. Es decir, leña procesada para hacer más eficiente su combustión en calderas especiales, ya sea para la producción de electricidad o de calefacción. La elaboración de los pellets conlleva un gran gasto energético de transformación, con una componente nada desdeñable de combustibles provenientes del petróleo, y es seguramente una forma poco eficiente de aprovechar la leña, pero resulta muy conveniente para mantener los sistemas de altas prestaciones modernos. Y lo que es realmente alarmante es el gran aumento que se prevé para esta "bioenergía sólida moderna", lo cual parece estar en línea con la futura burbuja de la biomasa que comentábamos antes. En el caso del escenario NZE, nos detallan cuál será el origen de esta biomasa:


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En resumen, este WEO muestra una gran desorientación en cuanto a las causas de la crisis energética que estamos viviendo y una falta de realismo sobre los mecanismo propuestos para afrontarla. El vicio mayor consiste en suponer que el escenario macroeconómico de la OCDE se va a cumplir, lo cual es cada vez más incompatible con la realidad física de las posibilidades de suministro. A pesar de las flagrantes falacias, a pesar de los numerosos errores conceptuales, seguiremos apostándolo todo a un modelo de transición imposible mientras la realidad nos va atropellando. 

Dentro de un par de meses la AIE sacará su informe de este año, y en esta ocasión espero hacer una revisión en pocos días. Y entonces podremos comparar lo que decían el año pasado con lo que van a decir este, al tiempo que nuevos problemas que se barruntan en el horizonte empezarán a materializarse. Lo que desde luego no esperamos encontrar es sinceridad y objetividad.

Salu2.

AMT



Salu2.

AMT