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lunes, 10 de marzo de 2025

Abandonad toda esperanza

 

Queridos lectores:

Durante los últimas semanas, se han producido cambios de gran calado en el mundo, sobre todo a raíz de la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Desde su toma de posesión, el Sr. Trump se ha lanzado a una frenética actividad de firma de decretos que ponen patas arriba todo el estado norteamericano y por ende el mundo entero. Las medidas más impactantes han sido el despido masivo de trabajadores públicos en numerosas agencias estatales dando igual la importancia de la tarea que estuvieran desarrollando, la salida de los EE.UU. de organizaciones como la OMS o tratados internacionales como el Tratado de París, la fuerte disminución de la ayuda internacional americana y la aplicación de aranceles a la práctica mayoría de las naciones con las que los EE.UU. tienen actividad comercial.

Entre las múltiples áreas afectadas, están todas las relacionadas con la transición renovable. Particularmente, el Sr. Trump no tiene absolutamente ninguna fe en la capacidad de la Renovable Eléctrica Industrial (REI) para mantener la competitividad de la economía americana, y por el contrario se ha decidido a extraer todo el combustible fósil extraíble, y quemar todo lo quemable. En paralelo, la fuerte reducción de personal decidida para la NASA y la NOAA garantizan una pérdida de la capacidad de los EE.UU. no solo para seguir estudiando e intentar disminuir el impacto del Cambio Climático, sino que hasta su capacidad para hacer previsión meteorológica a corto plazo se va a ver afectada.

Hay una cierta tendencia a decir que el Sr. Trump es un loco o un extremista, y que no entiende lo que está haciendo; más aún, que todo lo que está haciendo acabará volviéndosele en contra. Por el contrario, yo creo que Donald Trump entiende bastante bien lo que hace y, peor aún, aunque sea inmoral sus acciones tienen una lógica que pueden proporcionarle un beneficio a corto plazo (aunque a largo plazo nos condene a todos).

Ya hemos hablado aquí con frecuencia de por qué el modelo REI no funciona, al menos no a la escala que se pretende implantar. Yo no creo que Donald Trump haya hecho un análisis tan detallado, pero seguro que sabe - porque es muy evidente - que la producción de energía renovable no es económicamente competitiva, ni probablemente lo será nunca, con respecto a los combustibles fósiles. Pero los miembros de la administración Trump no son unos ceporros que no sean conscientes de lo que implica la quema de combustibles fósiles; por ejemplo, el propio Elon Musk afirmaba en 2016 que "el Cambio Climático es el mayor riesgo que afronta la Humanidad en este siglo". Entonces, ¿cómo puede ser que Musk esté ahora aceptando que se recorten los subsidios a la instalación de nuevos puntos de carga, lo que va en contra de los intereses de su empresa Tesla? La clave es simple: a estas alturas, ya saben que no hay futuro en el REI. El REI fue una apuesta por una revolución tecnológica pero ha resultado fallida. Y el nuevo gobierno de los EE.UU. está pasando página. El propio Musk está pasando página: sabe que Tesla será una compañía de vehículos para ricos con una producción limitada. Del mismo modo que saben que en un futuro nada lejano la mayoría de la población no poseerá coche propio...

Pero eso no quiere decir que el gobierno de los EE.UU. no se dé cuenta de que el Cambio Climático es un riesgo existencial. Su apuesta, al final, es muy sencilla. Los EE.UU. tienen una cantidad considerable de recursos en su propio territorio, y una población seriamente amenazada por la pobreza: aunque la estadística oficial dice que solo el 11% de los estadounidenses viven por debajo de la línea de la pobreza, alrededor del 40% no pueden hacer frente a un gasto imprevisto. El gran problema para una gran parte de la población con poca o nula cualificación es la deslocalización de las fábricas que se viene verificando en las últimas décadas. Ergo, lo que interesa es relocalizar la producción. Para ello, EE.UU. se ha embarcado en un proceso de poco disimulado de desmantelamiento del sistema de comercio mundial, imponiendo aranceles de manera masiva. De esa manera, consigue que las fábricas vuelvan a los EE.UU. y consigue un empobrecimiento generalizado de todo el mundo (también en su país al principio), con lo que las emisiones globales de CO2 disminuyen. EE.UU. contaminará más, pero los demás contaminarán menos, y al final compensarán por los excesos del país del dólar. Hasta los recortes masivos del gasto estatal tienen perfecto sentido en este plan: al fin y al cabo, la apuesta energética de los EE.UU. implica explotar fuentes con baja Tasa de Retorno Energético (TRE), y por tanto en la situación de la tercera de mis famosas tres preguntas. Solo sacrificando partes del Estado del Bienestar se pueden explotar estas fuentes, cosa que en Argentina están experimentando con intensidad (lo cual será tema de un próximo post).

Hay, por supuesto, numerosas objeciones no solo morales sino también técnicas a este plan, y es dudoso que pueda funcionar en el largo plazo por las cuestiones que se han discutido a lo largo y ancho de esta bitácora - mayormente, la creciente escasez de recursos y particularmente de los combustibles fósiles. Pero no se puede negar que el plan tiene su lógica, e inclusive es probable que en el corto plazo pueda surtir los resultados deseados por sus promotores. El mensaje del "Make America Great Again" vendría por tanto a ser: "Dado que no se va a poder implantar el REI, que al menos nosotros podamos prosperar (por un tiempo) mientras vosotros os sumís en la miseria".

Quien ha quedado muy mal colocada en este nuevo escenario es la UE. Sin recursos, con una población avejentada y con una desindustrialización galopante, Europa se enfrenta a una nueva situación en la que el "amigo americano" nos ha dicho que nos apañemos por nuestra cuenta y que cada palo aguante su vela (de paso, que si queremos defender Ucrania, que nos encarguemos nosotros solitos). Da toda la impresión de que EE.UU. está soltando lastre con Europa. A fin de cuentas, es lógico: Europa no tiene recursos que aportar, y sí que tiene un gran nivel de consumo que a los EE.UU. no le reporta ningún beneficio. Así que para los EE.UU., de una manera cínica, lo mejor es dejar que Europa se vaya empobreciendo.

Delante de este panorama, y con la crítica situación industrial de Alemania (caída del 20% de la industria de 2020 a 2024, después de haber caído un 20% desde principios de siglo hasta 2020), a la UE no le ha quedado más remedio que reaccionar a la desesperada para intentar recuperar competitividad. En enero se aprobó la denominada "Brújula de la Competitividad", que teóricamente mantiene la descarbonización en el centro de las políticas, pero que al tiempo apuesta por la "simplificación administrativa" para facilitar la competitividad económica. Ya después de las elecciones de Alemania (con el miedo de ayudar a la ultraderecha si la reculada en el frente renovable se evidenciaba antes de tiempo), la nueva regulación Ómnibus - en particular la simplificación administrativa - conlleva una reducción de la exigencia en materia ambiental y de respeto a los derechos humanos. Se anuncian también moratorias para el destierro final de los coches con motor de combustión interna, mientras las compañías europeas siguen manteniendo el coche eléctrico en el congelador y algunas, como Stellantis, apuestan para simplificarse (eliminando marcas) para sobrevivir.

Europa está desubicada, hace ya tiempo que lo está, pero el mundo no va a esperar a que la UE reevalúe su posición en el mundo y decida la nueva dirección que quiera tomar. Los grandes fondos de inversión se están retirando aceleradamente de la inversión verde, y hasta el fondo Kanou Capital LLP, que hace un año promovía inversiones 100% verdes, considera que el mercado está muerto "por ahora". Éstos y otros indicios indican que estamos llegando al final de la primera burbuja renovable, es decir, al final de la apuesta por el REI. Mientras se mantengan los fondos NextGeneration seguirán tirando adelante algunos proyectos, y de tanto en tanto veremos planes de rescate encubiertos (como los 1.200 millones de euros anunciados por el presidente Pedro Sánchez para el cada vez más arrinconado hidrógeno verde), pero cada vez habrá menos fuelle. Ciertamente nunca se reconocerá que el REI fue un fracaso, pero progresivamente se irá hablando menos de él, poniendo de vez en cuando excusas de acuerdo con la coyuntura para justificar por qué no acaba de tomar impulso, hasta que por fin dentro de 5 ó 10 años se reconocerá por primera vez que no era viable - no a la escala que se pretendía.

No espero que los (no tan numerosos pero sí bastante ruidosos) adalides del industrialismo reconozcan jamás que se equivocaron. No espero que aquellos que defendieron y promovieron desde instancias públicas la falacia del Green New Deal asuman la responsabilidad por los dineros públicos malgastados y, sobre todo, por el coste de oportunidad de poner tanto empeño en un camino errado, destructivo y colonizador. Sé que durante un tiempo negarán que esto está pasando, que el Green New Deal se va por el desagüe de la historia, que los macroparques renovables no valen para nada, que el REI ha muerto, que no habrá ni coches eléctricos a mansalva ni hidrógeno verde hasta en la sopa; y cuanto más evidente sea el final de esta burbuja, más lo negarán. En su crispada exasperación, espero que más que nunca nos señalen a aquéllos que alertamos de todas las contradicciones técnicas de estos proyectos, que nos acusen a los que pusimos sobre la mesa su inviabilidad energética, económica y ecológica. Llegarán a decir, estoy seguro, de que todo esto es culpa nuestra. Cualquier cosa antes de aceptar que en realidad ha sido ellos y solo ellos la causa de este fracaso estrepitoso, cuya onda expansiva va a perjudicar al ambientalismo durante muchos años. Porque, por desgracia, es más que previsible que, en una Europa dominada por el discurso del populismo, se aprovechará el fracaso de estas políticas verdes (en realidad, industrialistas) para decir que el Cambio Climático y el resto de problemas ambientales son falsos, y fruto de una conspiración de izquierdosos camuflados. Cuando, por desgracia, la crisis ambiental no solo es real, sino que está llegando a un estado crítico

Vendrá entonces el llanto y el rechinar de dientes. Y nos tocará a todos los que estamos intentando concienciar de los problemas ambientales hacer nuestro descenso al infierno social. Malos tiempos para la lucha contra el Cambio Climático, algo que sinceramente me desazona, viendo la gravedad de la situación actual, viendo cómo podemos descender a un infierno literal por culpa de la codicia y el ego de unos pocos. "Abandonad toda esperanza, los que entréis aquí".

Mientras tanto, la rueda de la Historia sigue dando vueltas, ajena a nuestras pequeñas y mezquinas disputas. La reunión entre Trump y Putin para discutir el final de la guerra en Ucrania (sin contar con la propia Ucrania, no digamos ya con la UE) ha dejado claro que entramos en una nueva fase del declive de nuestra civilización, que estamos ya en los primeros compases de la partida final del descenso energético. Mientras que en América Latina y partes de África se empieza a hacer evidente que falta diésel (espero sacar pronto la última edición de nuestra serie "El pico del diésel") y los apagones se multiplican, EE.UU. y Rusia se están repartiendo sus áreas de influencia en un mundo donde habrá menos recursos y solo unos pocos actores tendrán acceso a ellos. 

¿Dónde deja eso a Europa? En realidad, en una exclusión que muchos otros países llevan décadas sufriendo pero que la engreída Europa cree no merecer. Delante de estos retos, la respuesta de la UE es una absurda y autodestructiva militarización, blandiendo la amenaza fantasma de una posible invasión rusa. Pero es éste un tema demasiado extenso y por eso lo discutiremos en el próximo post.

Salu2.

AMT

viernes, 11 de octubre de 2024

Colapsismo, o más de lo mismo



Queridos lectores:

Hemos discutido ya varias veces en este blog sobre la obsesión de los industrialistas en que su modelo de transición energético es el único válido y aplicable, y que todos los que señalamos sus deficiencias y limitaciones somos como mínimo derrotistas y posiblemente tenemos, a su modo de ver, algún tipo de tara mental. Esta gente, por supuesto, no entran nunca a discutir la sustancia técnica de las pegas señaladas, entre otras cosas porque su formación tampoco les permite, en muchos casos, entender de qué problemas se hablan, menudeando en el colectivo industrialista gente del ámbito de las humanidades y no siendo tan frecuentes las personas formadas en las ciencias naturales. Es cierto que en este colectivo encontramos también cierta cantidad de ingenieros, todos ellos trabajando para empresas del sector, pero éstos tampoco entran en la sustancia de las críticas y prefieren distraer la atención con otros datos no pertinentes a las cuestiones suscitadas, entre otras cosas porque son bien conscientes de que las críticas son ciertas y pertinentes. De hecho, conozco no pocos ingenieros que han trabajado en el sector y que lo han abandonado por una elemental cuestión de ética profesional y personal.

Viene esto a colación por el hastío que me ha producido leer el enésimo artículo, firmado por tres personas que dicen ser ecologistas, en el que se hace una defensa acrítica del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI). Repiten, una vez más, que solo mediante una apuesta total por el REI podremos detener el desastre ambiental en ciernes, que tenemos que cumplir con nuestros compromisos internacionales, que tenemos que reducir nuestra dependencia exterior... Y delante de la evidencia que se acumula de que el modelo está fracasando, sacan a pasear uno de sus espantajos favoritos. La culpa de que haya oposición en el territorio es de los que ellos denominan "colapsistas", que están difundiendo ideas falsas, confundiendo a la población, ofuscando el debate, entorpeciendo nuestra salvación climática, energética y económica...

Esta anomalía de puro cuño ibérico, de denominar "colapsistas" a quienes argumentan que el REI está desnudo, a quienes muestran que esta transición no funciona, se gestó en el seno del partido político Más Madrid. Una élite no electa de gente con excesiva buena opinión sobre sí mismos y sus capacidades intelectuales, a pesar de que no tienen particulares méritos académicos, decidió convertir la descalificación de los argumentos contrarios al REI motejando así, "colapsista", a quien los exponía. Por supuesto en ningún momento definieron qué se quería decir con la palabra "colapsista", con la intención de dar a entender que quien defendía esa posición apostaba, por pura locura, por que la sociedad colapse. Dado que no eran capaces de proporcionar una argumentación rigurosa a favor de sus tesis, y dado que cada vez se hace más patente el atropello y la apropiación colonial del territorio, los másmadrileños de esta cuerda apostaron por la descalificación, esperando que de esa manera quedara expedito el espacio político que querían ocupar y que de alguna manera sentían en peligro.

Llevamos ya más de dos años con esta monserga, y algunas cosas están cambiando. En los últimos tiempos detecto que el manoseo del término "colapsista" por parte de los másmadrileños y su entono está consiguiendo que se devalúe tanto el término en sí como quien lo utiliza. Básicamente, cuando no tienen argumentos que oponer a la crítica, recurren al término de marras, con lo que cada vez está más claro que quien lo usa simplemente no tiene argumentos.

Algo que me ha llamado la atención desde el principio es la falta de profundidad intelectual de las personas que han escogido librar esta batalla terminológica. Viendo sus argumentos, uno se da cuenta de lo escasas, mal escogidas y peor digeridas que son sus  lecturas - en realidad no solo en este ámbito: causa repetido sonrojo las posiciones dóciles y sumisas, reminiscentes del entreguismo del período entreguerras del siglo pasado en muchas otras cuestiones de la discusión pública. Pero en el caso del colapsismo, es particularmente ridículo lo menguado de su bagaje intelectual y la total ignorancia de los que son y han sido referencia tanto en la discusión del riesgo del colapso de la sociedad como los que han defendido, incluso, la conveniencia del colapso.

La discusión intelectual sobre la decadencia y caída de la civilización occidental empezó por lo menos en los años 70 del siglo pasado, y no hablo aquí de los trabajos del ámbito de las ciencias naturales como "Los límites del crecimiento", sino de los realizados en los campos de la filosofía, la sociología y la antropología. Yendo ya a este siglo, hablando de colapso sería obligado mencionar a Pablo Sevigne o a referentes intelectuales nacionales como Jorge Riechmann o Carlos Taibo, que han abordado la cuestión en diversas ocasiones, incluso argumentando sobre la conveniencia tanto ambiental como social de un colapso temprano, en la línea de aquel "colapse ahora y evite las aglomeraciones" de John Michael Greer, otro referente intelectual ignorado, como lo son Josep Tainter o Jared Diamond, ambos también completamente ausentes de sus disquisiciones. Llama también al atención, de nuevo en clave doméstica, la deliberada omisión a Félix Moreno y su manifiesto colapsista, o versiones más argumentadas sobre la necesidad de la "Incivilización" del Black Mountain Project. Nada de esto se escucha en los argumentos másmadrileños, únicamente una garrula y agañanada repetición del mantra "eres un colapsista" cuando alguien les lleva la contraria, sin obviamente saber qué narices están diciendo.

Como también he comentado muchas veces, básicamente esta gente llama "colapsista" a los decrecentistas, y particularmente a los que venimos del ámbito académico. Es decir, quienes les molestamos somos los que defendemos la necesidad de una sociedad en equilibrio con la naturaleza y que satisfaga las necesidades de su población sin necesitar el crecimiento hasta el infinito y más allá del capital. Es decir, gente que no defendemos nada que se parezca al colapso de la civilización, aunque probablemente sí sea el colapso del capitalismo.

Porque ése es el problema real. La razón por la que molestamos y nos incordian es porque somos enemigos de su amo.

El problema es que se les está viendo demasiado el plumero a estas alturas. Es obvio que el REI está fracasando: las ventas de coches eléctricos se desploman en Europa mientras las compañías automovilísticas ponen sus planes de electrificación en el refrigerador, los curtailments de extienden, el consumo eléctrico sigue bajando y ahora, para colmo de males, el Gobierno español penalizará a las instalaciones de autoconsumo, obligándolas a instalar caros sistemas de estabilización para permitir que accedan a la red (lean esta interesante entrada del maestro Beamspot sobre el tema). Mientras tanto, tanto la producción de cobre como la de plata ya bajan, anticipando un futuro en el que las renovables eléctricas serán un lujo no al alcance de cualquiera.

Y mientras tanto, estos buenos para nada, estos salvadores de la patria por nadie elegidos, estos fascistas de medio pelo, siguen apostándolo todo a un modelo que, ése sí, nos puede hacer colapsar si nos empeñamos a seguirlo a pies juntillas. Precisamente, como nos avisa el último informe sobre el estado del planeta, en el que los científicos ambientales más reconocidos del planeta nos previenen del peligro inminente del colapso de nuestra civilización si no hay un cambio de rumbo mucho más profundo que instalar renovables.

Vosotros, (eco)fascistas, sois los colapsistas.


Salu2.

AMT

martes, 31 de octubre de 2023

World Energy Outlook 2023: ¿Cómo vamos a bajar esos picos?


Queridos lectores:

Un año más, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado su informe anual, el World Energy Outlook (WEO). Como en los últimos años, esta edición está libremente disponible (pueden descargársela siguiendo este enlace). Ese año, además, tiene la particularidad de ser el informe más corto de los que yo haya analizado hasta la fecha: tan solo 355 páginas (del orden de la mitad de las que había llegado a tener otros años). Teniendo en cuenta que hay casi 100 páginas de anexos, es realmente un informe muy, muy breve. Da la impresión de que se está produciendo un cambio en la orientación que la AIE le quiere dar a los WEOs, centrándolos en cosas más concretas y dejando de perder el tiempo con múltiples cuestiones accesorias que sazonaban los informes de otros años. Lo cual en realidad es de agradecer, teniendo en cuenta las urgencias que tenemos.

Es interesante que en el prólogo se comenta que el mundo está haciendo frente a unas dificultades semejantes a las que hace 50 años llevaron a la creación de la propia AIE. Evidentemente, el discurso es que actualmente estamos más capacitados para capear estos problemas, sobre todo porque tenemos claro qué modelo de transición debemos hacer. Lo curioso es que explícitamente se menciona la actual crisis energética y se relaciona con la "energía verde" como su solución, dejando claro que en realidad la actual apuesta por el "todo renovable" tiene más que ver con la necesidad de cambiar el modelo energético porque el modelo fósil ya comienza a hacer aguas.

El breve WEO de este año está estructurado en 5 capítulos: Introducción, con los principales hallazgos; definición de escenarios (a los que en este WEO, interesantemente, le dedican todo un capítulo, en preparación de los informes que vendrán otros años); rutas para el mix energético; seguridad energética; y análisis regional. Yo seguiré el mismo esquema, pues aunque breve este WEO es más denso conceptualmente que los anteriores y es importante saber qué se dice en cada contexto; únicamente dejaré de lado el análisis por regiones, porque me parece de menos interés.

Comencemos, pues, el análisis del WEO.

1.- Introducción y hallazgos principales.

El resumen del capítulo pone el énfasis en que la economía fósil se ha vuelto inherentemente volátil y que por eso tenemos que hacer la transición a las energías renovables, ya que ellas van a garantizar la seguridad energética. Tal y como avanzábamos en los informes de otros años, a medida que transcurre el tiempo se va poniendo cada vez más énfasis en la seguridad energética y menos en la cuestión ambiental, aunque por supuesto ésta segunda siempre se pone de excusa para acelerar la transición.

Por supuesto que la noticia que ha hecho los titulares en la prensa generalista referente a la publicación del actual WEO es la llegada al pico de consumo de los combustibles fósiles, incluso en el escenario de referencia, el STEPS (en el capítulo 2 discutimos los escenarios).


La AIE insiste en su idea de que no se está produciendo ningún pico de oferta, sino lo que sucede es que hay un pico de demanda. En este WEO, la palabra "pico" y sus derivados, siempre en relación a una variable que llega a su máximo y después comienza a disminuir, se cita la friolera de 141 veces, posiblemente la vez en que el término se ha usado con mayor frecuencia. Sin embargo, la AIE
, en el caso del suministro energético, insiste siempre en que los picos que se producen son de demanda, nunca de oferta. Lo cual es un poco absurdo, porque si realmente lo que estuviera pasando es que la demanda está cayendo, lo que deberíamos de observar es que el precio baja, no que se mantiene alto y que en ocasiones se dispara. Naturalmente la AIE tiene lista toda una argumentación para explicar esto, y siempre tiene que ver con la instabilidad geopolítica, aunque cabe preguntarse qué es causa y qué es efecto. Por demás, llama la atención que incluso en el escenario STEPS, que es el más continuista y que por tanto contempla las bajadas más lentas en el consumo de petróleo y gas, el carbón se desploma rápidamente. En realidad, lo que cabe anticipar es exactamente lo contrario: el petróleo es lo que más rápido bajará, el gas seguirá un camino intermedio y el carbón seguirá un ritmo de caída bastante más lento, entre otras cosas porque su geología lo permite. Los datos actuales, con Alemania importando carbón de España en gran cantidad, avalan que de hecho se va a mantener el consumo de carbón tan alto como geológicamente sea posible; y si el petróleo al final cae será por la restricción geológica, la cual se manifiesta con fuerza en la pérdida de inversión que llevamos sufriendo desde 2014.

En ese sentido la gráfica de la evolución prevista en el escenario STEPS de la demanda de carbón por sectores es bastante reveladora:


La idea es que la caída principal en el consumo de carbón se va a producir en el sector de la generación eléctrica. Es un planteamiento lógico y consistente con el modelo de transición que se plantea, en el que las renovables van sustituyendo los sistemas tradicionales de producción de electricidad. Sin embargo, como elocuentemente ha explicado Beamspot a lo largo de la serie de posts "La lavadora de medianoche", esto es más fácil de decir que de hacer, y es que hay limitaciones técnicas muy serias a la integración masiva de electricidad de origen renovable en redes de alta tensión. En cualquier caso, esta gráfica podremos irla comparando en el curso de los próximos años con la realidad de lo que vaya pasando, y recuerden que este escenario es el que prevé la caída más moderada en el consumo de carbón.

El análisis sectorial de la evolución del consumo de gas y petróleo en el escenario STEPS es menos interesante: en el caso del petróleo, básicamente viene mediado por el descenso del consumo moderado de coches con motor de combustión interna (supuestamente substituidos por coches eléctricos, pero a un ritmo más bien lento),


en tanto que en el caso del gas la moderación viene por la ligera disminución del consumo de gas en la generación de electricidad (parece que la AIE es consciente de que los ciclos combinados seguirán siendo necesarios para garantizar la estabilidad y disponibilidad de la red eléctrica).

A continuación, el WEO constata una obviedad: quien más peso tiene en las tendencias en energía hoy en día es China, y por tanto, si en ese país se produce una ralentización económica eso se traducirá en una ralentización del consumo energético. Obviamente, pretenden anticipar una situación en la que la gigantesca crisis inmobiliaria en el país asiático degenera en una crisis económica (y por tanto de consumo energético) de grandes proporciones, aunque también tienen en cuenta que el frenazo demográfico que está experimentando China puede llevar a una más que sensible disminución de sus consumo energético.

Después nos encontramos con una loa a la expansión de la producción de paneles fotovoltaicos (ahora que comenzamos a verles las orejas al lobo con los problemas de la industria eólica). La AIE está dispuesta a agarrarse a cualquier clavo ardiente que encuentre, y el aumento vertiginoso de la capacidad productiva de paneles es en ese sentido una noticia excelente.


Lo que resulta muy interesante de este gráfico es que nos muestra la capacidad productiva de las fábricas de paneles fotovoltaicos, que se ha multiplicado por 10 desde 2010, y los aumentos previsto hasta 2030. Sin embargo, en el escenario STEPS la instalación de paneles no seguiría un aumento tan rápido y eso lleva a una caída del grado de ocupación de esas fábricas (el porcentaje de lo que producen con respecto al máximo que podrían producir). En vez de ver eso como un problema (compromete la viabilidad económica de esas fábricas), la AIE lo valora como una bendición, porque eso debería de ayudar a que se acabase instalando más potencia fotovoltaica de la prevista. Ya veremos qué pasa. Y, de nuevo, recordemos que una cosa es instalar potencia fotovoltaica y otra cosa es cuánta energía efectivamente producida y consumida se ha generado.

Posteriormente, la AIE nos dice que el camino hacia un calentamiento que no supere los 1,5ºC respecto a la temperatura preindustrial es duro pero todavía es posible. Nos los dice en un momento en que la probabilidad de que acabemos este año con un promedio anual por encima de 1,5ºC es de más del 90%, en el que el promedio de los 12 últimos meses está ya 1,54ºC por encima del promedio preindustrial, y en el que el promedio mensual en lo que llevamos de octubre está 1,9ºC por encima del promedio de octubre pre-industrial.


Es decir, cuando probablemente los acuerdos de París son ya papel mojado, cuando la situación ya es crítica y no se ha hecho nada efectivo para evitar lo peor, nos dice que aún podemos evitar lo que ya ha sucedido. Si algo ilustra mejor que nada la total desconexión de la AIE y sus propuestas de la cruda realidad, es este perfecto acto fallido. Y atención a las "cuatro razones para la esperanza" de que no pasaremos de los 1,5ºC (cuando ya lo hemos hecho) que da la AIE: las políticas de fomento de la "energía limpia" (término mentiroso donde los haya) están avanzando, el despliegue estas energías se está acelerando, tenemos herramientas para ir mucho más rápido y el mundo está encontrando respuestas innovativas. Es decir, tecnooptimismo y fe en que más tecnología nos sacará del atolladero en el que nos ha metido nuestra sobreconfianza en la tecnología. Por supuesto aquí los problemas de la escasez de materiales no se mencionan, aunque hablaremos de ello más tarde.

El resto del capítulo comenta diversas cuestiones, como por ejemplo la asequibilidad de la energía en los nuevos escenarios, los cambios en inversión en energía o una discusión somera de las necesidades de materiales críticos en los modelos de electrificación "limpia", pero no lo comentaré aquí por parecerme en general de poco interés. Les dejo aquí, eso sí, una tabla que describe los riesgos asociados a la "electrificación limpia", que creo que es bastante autoexplicativa (y eso que es muy, muy optimista).


2.- Definición de los escenarios:

El segundo capítulo está centrado en la presentación de los tres escenarios considerados por la AIE. Estos son los mismos de los últimos años:

- Escenario cero neto en 2050 (NZE): Un escenario en el que se pretende seguir una reducción de las emisiones netas de CO2 tal que permita cumplir con los acuerdos de París y así conseguir con un 50% de probabilidad que el aumento de la temperatura en el año 2100 no supere los 1,5ºC, aunque por poco - de acuerdo con la AIE, se quedaría en un calentamiento de 1,4ºC. Teniendo en cuenta lo que está pasando, es mejor olvidarse de estos objetivos y simplemente decir que ese escenario persigue que para el año 2050 las emisiones de CO2 estén balanceadas, de manera que la concentración de CO2 en la atmósfera deje de aumentar.

- Escenario de compromisos anunciados (APS): Es el escenario que tendríamos si los gobiernos cumpliesen con sus compromisos y las políticas que llevan tiempo anunciando. Este escenario, nos dice la AIE, nos llevaría a un calentamiento de 1,7ºC (en realidad, ésa es la mediana, es decir, que habría un 50% de probabilidad de estar por encima y un 50% de estar por debajo).

- Escenario de políticas establecidas (STEPS): Es el escenario más realista, en la que se proyecta una continuidad con las políticas actuales y con el nivel de cumplimiento al que estamos acostumbrados. En este escenario nos iríamos a un calentamiento de +2,4ºC (en mediana) en el 2100.

Una cosa interesante es que, contrariamente a lo que se hacía en WEOs anteriores, los escenarios se presentan precisamente en ese orden, es decir, comenzando por el NZE y acabando por el STEPS. Lo cual no deja de ser curioso, si STEPS es el escenario de referencia. Se ve una tendencia en los últimos años, por parte de la AIE, a irle dando un carácter cada vez más central a NZE, seguramente porque es lo que se va ir pareciendo más al curso real de los acontecimientos (excepto por la implantación masiva de renovables).

El resto del capítulo son detalles técnicos sobre las implementaciones de los tres escenarios (por ejemplo, los escenarios de crecimiento del PIB, que asumen como un dato externo, al margen de la realidad física de nuestro mundo). Llama la atención que en el primer capítulo se hace mención un subescenario de NZE en el que se le da todo el peso a la solar (NZE Solar) pero aquí no se dedica tiempo a presentarlo, lo cual refuerza la impresión de que hay cierta improvisación en la definición de los escenarios, adaptándose a una realidad más complicada y poco favorable (la AIE está apostando por darle mucho más peso relativo a la solar, ahora que ve que el futuro de la eólica es cada vez más turbulento - por cierto, intentaré comentar en un post próximo las consecuencias del rescate a la industria eólica aprobado por la Comisión Europea justo el mismo día de la publicación de este WEO).

Destacaría algunas gráficas interesantes de este capítulo. Para comenzar, la evolución de las inversiones en los distintos elementos energéticos, que muestra quee las inversiones en renovable han superado a las del petróleo.


Es interesante que nos muestran la evolución solo desde 2015, y esa elección de fecha no es casual. En 2014, la inversión en petróleo tocó su máximo histórico, en unos 900.000 millones de dólares  y desde entonces ha caído más que considerablemente: los casi 500.000 millones actuales suponen una caída de más del 44%, y eso que el último año ha habido una considerable remontada (aunque en términos productivos no es asimilable a un cambio de tendencia en la inversión en la capacidad de extracción de petróleo, debido al aumento de costes que supone la inflación). Que actualmente se invierte mucho en el conjunto de sistemas de energía renovable, más que en cualquier otra fuente individual, es algo evidente, pero eso no significa que estén sustituyendo en una proporción significativa el consumo de combustibles fósiles, en parte porque potencia instalada no es potencia producida, en parte porque el rendimiento energético de la inversión es inferior al de los fósiles (por más que se den estadísticas sobre costes nivelados específicamente para la generación eléctrica) y en parte porque lo que está pasando es que la inversión en combustibles fósiles cae debido al rendimiento decreciente de esos recursos por agotamiento extractivo, lo cual no augura nada bueno.

Otra gráfica interesante de esta capítulo es la que nos muestra cómo ha hecho frente la UE a la falta de gas ruso y en general sus problemas de abastecimiento


Si se fijan en los factores, hay dos que tienen que ver con usar otros combustibles posiblemente más contaminantes (carbón en el caso de la generación eléctrica, y otro combustibles en maquinaria y calefacción), y varios tienen que ver con la caída de la demanda por factores diversos, desde un invierno bastante templado a reducciones en la industria y en el consumo eléctrico en general. El mensaje es que se le ha podido hacer frente, sí, pero a qué coste.

Otra gráfica interesante es la de la evolución reciente del precio de ciertas tecnologías relacionadas con la transición renovable.



Se ve que, siguiendo la tendencia de hace años, el precio iba progresivamente reduciéndose pero ahora parece estar tocando suelo. Esto es algo que tiene perfectamente sentido ya desde el punto de vista de la evolución tecnológica normal, llega un momento que se entra en la fase de retornos decrecientes, como pasa con cualquier tecnología o desarrollo humano, en realidad. Pero es que además seguramente se está comenzando a notar el impacto de la escasez de diésel y otros combustibles, siguiendo el proceso de agotamiento de las fuentes energéticas principales en nuestro mundo. De hecho, estas gráficas deberían ser una llamada de atención a aquellos que pretenden extrapolar las tendencias de los últimos 20 años y asumir que los costes seguirán abaratándose. Por el contrario, los problemas crecientes con el abastecimiento de materias primas parece apuntar en sentido contrario. En los próximos años veremos qué tendencia es la que se consolida.

3.- Rutas para conseguir el mix energético.

Lo primero que llama la atención de este capítulo es el subtítulo: "Una vista con un pico". Así, dando a entender que de picos va la cosa...

Y precisamente de eso va la primera gráfica, comparativa de la evolución de las diferentes fuentes de energía según los tres escenarios.



En todos los escenarios se ve que se llega un máximo de la producción de petróleo, gas y carbón antes del 2030, pero, como siempre, los ritmos de declive asignados no parecen del todo realistas. Centrándonos en el que nominalmente es el escenario de referencia, STEPS, se asume que la producción de petróleo aún puede aumentar un poco y luego comenzará un suave descenso. Esto no es para nada realista, teniendo en cuenta la fuerte desinversión de los últimos años, pero, como siempre, el truco está en incluir la difusa categoría de "Líquidos del gas natural", que, como sabemos, no son líquidos, sino en un 90% una mezcla de butano y propano, los cuales no pueden usarse como combustibles líquidos pero ahorran algo de petróleo en las refinerías en la producción de plásticos. Este truco contable es muy gracioso, porque permite añadir un subproducto del gas natural, cuya producción ciertamente aún no ha llegado a su máximo, para disimular la caída del petróleo - ¿por qué contabilizar una mezcla de butano y propano que se obtiene junto con el gas natural dentro del epígrafe de "otros líquidos de petróleo" si no se puede hacer ningún carburante líquido con ellos? Mucho más atinados parecen los ritmos de caída en APS y NZE. En cuanto a la producción de gas natural, su ritmo de caída en STEPS tampoco parece demasiado realista y de nuevo parecen mucho más lógicos los que se observan en APS y NZE. Y en el caso del carbón, de nuevo los ritmos de caída no parecen realistas, pero sobre todo porque por razones geológicas el carbón puede caer mucho más lento que en el escenario STEPS, el de caída más lenta. Y, por supuesto y para que quede claro de que no hay ningún problema con la oferta de energía, nos añaden este año en la misma figura el crecimiento simpar de la energía renovable y nuclear, que por supuesto lo compensa todo.

Por cierto que hablando de la energía nuclear, éste WEO es uno de ésos en los que la palabra "uranio" no está escrita ni una sola vez. La AIE renuncia, una vez más, a hacer cualquier análisis del combustible utilizado por una de las fuentes de energía que describe en el WEO, y lo hace cuando, como sabemos, la extracción mundial de uranio ha caído un 23% desde el máximo de 2016, y los recientes acontecimientos en Níger anticipan una situación cada vez más complicada para esta tecnología (la mala leche que están gastándose algunos conocidos proponentes de la nuclear en España es un buen indicio de lo mal que están las cosas). En todo caso, resulta vergonzoso que la AIE deliberadamente decida no hacer ninguna proyección sobre la extracción de uranio, y dada la importancia de la AIE en el asesoramiento del los gobiernos de la OCDE lo lógico sería que alguno de ellos le pidiese las correspondientes explicaciones (puesto que está creando un enorme punto ciego).

El resto del capítulo me resulta de escasísimo interés, con discusiones muy específicas en por ejemplo como se puede conseguir una alta electrificación en la industria o en el transporte, que sinceramente me parecen palabrería hueca simplemente viendo cómo en el mundo real estas cosas están resultando mucho más difíciles de lo que se plantea sobre el papel.

Y entonces llegamos a la figura en la cual se nos muestra cómo tendrá que evolucionar en cada escenario la potencia instalada según la tecnología. Sí, el eje vertical está en miles de gigavatios, o sea, en teravatios.


Para darse cuenta de la aberración que está proponiendo la AIE, fíjense en qué nivel está la hidroeléctrica, fuente que globalmente está proporcionando alrededor del 17% de toda la electricidad que se consume hoy en día en el mundo y que lógicamente no esperan que cambie mucho en los próximos años (porque ya está muy explotada). Ahora compárenlo con lo que se espera sobre todo de la fotovoltaica. El argumento es, por supuesto, que hace falta instalar más fotovoltaica porque tiene menos factor de planta que otras tecnologías. Y llama mucho la atención que en el WEO del año pasado se asumía una capacidad instalada para la fotovoltaica sensiblemente menor: así, si este año se rozan los 20 TW instalados en 2050 según el escenario NZE, el año pasado se asumía que se llegarían a 15 TW (que ya era decir).

 

¿A qué se debe este bandazo este año? Posiblemente, al pinchazo de la eólica, ejemplificado con el desastre de Siemens Gamesa de estos días. Si la eólica no va a subir tanto, la AIE tiene que buscar una tecnología de reemplazo y la única opción es la fotovoltaica, la cual es incluso peor que la eólica para la gestión de sus producción en una red de alta tensión. Eso explica la mención en el primer capítulo al escenario NZE - Solar, el cual no se llega luego a volver a mencionar, ni siquiera cuando se presenta los escenarios: es evidente que esto ha sido una modificación de último minuto, y al final el NZE - Solar pasó a ser el único NZE.

Donde la cosa se empieza a poner interesante es cuando se describe uno por uno los diversos combustibles. Es así que llegamos a una tabla bastante detallada sobre los tipos de petróleo que se esperan producir según los diversos escenarios, por desgracia en solo dos fechas dadas (2030 y 2050).


Siguiendo con esas cosas raras que hace la AIE sin explicarlas, parece que los biocombustibles se computan ahora aparte y sirven para sumarse a la demanda, pero no a la oferta. Es un artificio contable nuevo al cual, sinceramente, no sé darle explicación. En los años futuros, si se fijan, la demanda de "petróleo" está compensada con la oferta de los diversos tipos que aparecen, que excluyen los biocombustibles. En 2022, sin embargo, la demanda de petróleo habrá sido de 96,5 millones de barriles diarios (Mb/d), y la oferta fue de 97,1 Mb/d, es decir, hubo un sobrante de 0,6 Mb/d (quizá en parte debido a los redondeos).

Los líquidos del gas natural representaron en 2022 19 Mb/d, que en su mayoría son consumidos de manera no energética por la industria para hacer plásticos y probablemente por los otros sectores. La inclusión de esta categoría de hidrocarburos aquí solo sirve a la confusión y el enmascaramiento de la verdad. Fíjense que sin los líquidos del gas natural, la producción total de petróleo en 2010 fue de 70,4 Mb/d y en 2022 fue de 75,8 Mb/d; por desgracia, no se muestra el año 2018, que sin duda fue el del máximo.

Otro tema curioso: En el anterior WEO comentamos que el petróleo crudo convencional había caído desde los 70 Mb/d de los años 2005 y 2006 hasta los 60 Mb/d del año 2021. En esta edición, vemos que en 2022 había remontado hasta los 62,8 Mb/d (cifra pasajera pues ya se ve que ni en STEPS es capaz de mantenerse). En todo caso, esa cifra representa un gran hito, pues implica que se ha hecho un gran esfuerzo por incrementar el crudo convencional, probablemente para hacerle frente a la crisis del diésel.

Un poco más adelante nos encontramos con las gráficas que la AIE nos lleva presentando desde 2018, con los escenarios de oferta y los escenarios de demanda de petróleo, solo que en esta ocasión le ha dado una nueva vuelta de maquillaje.


Aquí nos separan los escenarios en dos regiones: OPEP+ (es decir, OPEP y Rusia) y el resto del mundo. Se ve cómo el escenario NZE es tal que coincide con que se invierta solo en mantener los pozos existentes. El escenario STEPS es tal que coincide con que se abran todos los pozos nuevos posibles, a un ritmo absolutamente absurdo teniendo en cuenta que cada vez se encuentran menos barriles cada año (mientras que cada año se consumen unos 36.000 millones de barriles de petróleo, en 2010 se encontraban tan solo unos 10.000 millones, y en la actualidad solo 5.000 millones). Lo interesante es con qué coincide el escenario APS. Sobre todo, cómo lo dividen entre las dos regiones.

La siguiente tabla interesante es la del gas natural. Bueno, de todos los gases, ya que incluye hidrógeno.

Lo más interesante de la tabla es que en 2022 hubo un déficit de 21 bcm. Da la impresión de que es poco importante, porque en 2010 hubo un superávit de 48 bcm.

Las caídas en el consumo de gas natural se darían principalmente en el consumo de edificios (calefacción) y en la generación de electricidad.

Por último tenemos la tabla del carbón:



En este caso, la reducción de consumo está asociada principalmente a la producción de electricidad.


El resto del capítulo se dedica a otras fuentes, como el biometano o el hidrógeno, que considero de poco interés.

4.- Seguridad energética.

Éste es seguramente el capítulo más importante, porque, como ya se ha comprobado, hay cada vez más riesgos en el suministro de energía. Nominalmente el capítulo se dedica no solo al problema que realmente preocupa (la seguridad del suministro) sino también a asegurar que no llegamos al 1,5ºC de calentamiento (cosa que sabemos que es ya imposible) y que además sea una transición justa con las personas. Toda la parte de emisiones de CO2 me la voy a saltar porque me parece completamente absurda.

Y de cosas absurdas este capítulo está lleno. Por ejemplo, este gráfico sobre el comercio mundial de hidrógeno en el escenario APS (las cifras por supuesto son mucho peores en el NZE):

Teniendo en cuenta que la tempera de licuefacción del hidrógeno es de -252ºC, ¿cómo se supone que vamos a transportar ese hidrógeno sobre largas distancias? Es una cuestión que realmente nadie sabe responder; todas las alternativas usualmente comentadas (amoníaco, metanol, en matrices metálicas) implican tales pérdidas energéticas que son un absoluto despropósito. Por supuesto, la idea implícita es que en 2050 la tecnología habrá progresado tanto que permitirá hacer lo imposible, una vez más una muestra de fe en el Mito del Progreso.

Mención aparte merece la cuestión de la flexibilidad en la generación eléctrica, tema introducido el año pasado. En la siguiente gráfica nos muestra qué factores intervenían tanto para crear necesidad de flexibilidad como para cubrir esa necesidad en 2022 y cuánto tendrían que incrementarse relativamente en 2030 y en 2050, y nos lo indican tanto para las necesidades de corto plazo (imagino que diarias) como estacionales. Nos lo muestran solo para el escenario APS, porque lógicamente en el NZE es para saltar directamente por la ventana.

 

Como podemos ver en el gráfico, en el año 2022 había dos factores fundamentales que explicaban la necesidad de flexibilidad de la red en las escalas cortas de tiempo: las variaciones de demanda (a lo largo del día, sobre todo) y el carácter caprichoso de la producción solar. En 2022, la respuesta a esas necesidades se hacía con sistemas síncronos despachables: centrales térmicas e hidroeléctricas. Fíjense cómo evoluciona la cosa, sobre todo en 2050: en 2050, las necesidades de potencia eléctrica flexible se tendrían que multiplicar por 4,5 respecto a ahora, y de eso casi 3,5 es por el carácter caprichoso de la solar. Pero como en 2050 nos vamos a quitar de encima las centrales térmicas, dicen, y la hidroeléctrica no va a poder subir, ¿cómo nos proponen compensarlo? Pues con dos categorías fundamentales: un despliegue monumental de baterías (que no hay quien se crea, debido al coste y la escasez de materiales) y, atención, "respuesta de la demanda". Es decir, reducción del consumo. Es decir, racionamiento. Brillante futuro que se propone a golpe de gráfica. Y, atención, hay una categoría adicional, menor en peso relativo pero no despreciable, de la que cada vez se hablará más: curtailment. Por lo que respecta a la flexibilidad estacional, la estructura de la respuesta es muy similar, y de hecho la necesidad de flexibilidad no se incrementa tanto en términos relativos (pero, atención, no nos dan la cifra absoluta de gigavatios·hora que se necesitan, solo el factor relativo al 2022, así que las necesidades estacionales podrían ser en realidad mucho mayores que las de corto plazo). En suma, el modelo eléctrico que nos proponen en el escenario moderado (APS) es uno de poner una cantidad imposible de baterías y el resto básicamente limitar el acceso a la electricidad; y como baterías no habrá, pues todo será básicamente cortes y apagones. Richard Duncan estaría orgulloso.

Para demostrar que esta barbaridad se puede hacer, nos muestran un ejemplo práctico de una curva diaria, de nuevo en el escenario APS, para la India. Cómo era en 2022 y cómo debería ser en 2050. Fíjense que el eje vertical es 6 veces más grande en 2050 que en 2022. La demanda es como 4 veces mayor (recordemos que se asume que se está electrificando todo el consumo de energía), pero dada la variabilidad de la solar (un día de verano, que es lo que se representa aquí) hace falta añadir muchísima cantidad adicional de generación.

Así que ya lo ven, la India pasará de producir el 70% de su electricidad con carbón, que es como está ahora mismo, a prácticamente erradicarlo, y eso lo logrará sobre todo con muchísima solar, viento y baterías. Y, por supuesto, con cambios en la demanda, en este caso aumentando mucho el consumo en las horas centrales del día y disminuyéndolo durante la tarde-noche.

El WEO nos proporciona también datos de una situación bastante más desfavorable: cómo varían las necesidades de flexibilidad en una región temperada como es Europa, a lo largo del año, en el escenario moderado APS y solamente en 2030. Como ven, la variabilidad es simplemente abrumadora (como ya nos contaba Beamspot en la serie "La lavadora de medianoche").

En este capítulo tenemos también una cierta discusión sobre el problema evidente de la necesidad de materiales críticos necesarios para hacer la transición renovable. Según la AIE no va a haber problemas. Bueno, o prácticamente no los va a haber. Bueno, en las previsiones hasta 2030. Y en el escenario APS. Y si los proyectos de nuevas minas llegan a tiempo (que por ejemplo en el caso del litio suponen más del 50% de lo que se necesita). Vamos, lo que se dice un plan sin fisuras.


Por demás, la AIE constata la obviedad de que la extracción de estos minerales está muy concentrada en unos pocos países.

Por la parte de la seguridad para las personas, no haré ningún comentario, solo les dejo aquí esta gráfica sobre la reducción de consumo esperable per cápita en las economías avanzadas y en desarrollo, y una tabla que resume en qué consisten esas medidas, para que Vds. saquen sus propias conclusiones.





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En conclusión, hay poca chicha en este WEO, pero también hay pocas, cada vez menos, alternativas. Dado que la eólica no va a seguir con su desarrollo rampante, se apuesta cada vez más fuerte a la solar... la cual también tiene sus problemas y limitaciones. Mientras tanto, el declive de los combustibles fósiles (y del omitido uranio) sigue su curso, y eso hará sin duda que en los próximos WEOs hablemos cada vez más de seguridad energética. ¿Cómo vamos a bajar estos picos?

Salu2.

AMT

sábado, 4 de diciembre de 2021

Un canto desesperado contra el pensamiento mágico en la ciencia: El caso de la transición/colapso de los sistemas energéticos.

 

Queridos lectores:

No suele suceder que el propio Carlos de Castro escriba para este blog, pero eso es exactamente lo que ha sucedido en esta ocasión. Carlos ha preparado un largo texto, que me envió hace un par de semanas (pensado como dos capítulos aunque, al final, he decidido publicarlos juntos por no romper su unidad discursiva) sobre la mala praxis en la literatura científica sobre la transición energética, y las dificultades de imponer simplemente un poco de sentido común. Un grito desesperado de unos de los mejores científicos que tenemos en este campo no solo en España, sino en el mundo.

Les dejo con Carlos.

Salu2.

AMT 

 

Un canto desesperado contra el pensamiento mágico en la ciencia: El caso de la transición/colapso de los sistemas energéticos.

Carlos de Castro Carranza. Noviembre de 2021.

Capítulo I. Aprendiz de Brujo rompiendo escobas durante década y media.


Estas semanas he estado con cuentas sobre el límite tecno-sostenible del conjunto de las tecnologías de captación de energías de fuentes renovables (a partir de aquí RES). Es un trabajo para el proyecto LOCOMOTION (un proyecto europeo que lidera mi grupo GEEDS, continuación de alguna forma de MEDEAS y que parte de su modelo). En realidad, es un trabajo "para por si acaso" o como complemento del modelo WILIAM del proyecto LOCOMOTION que pretende generar esos límites de forma que llamamos endógena (desde dentro), pero que quizás luego no llegue a tanta pretensión y necesite de "cuentas" exógenas (desde fuera o ad hoc).

En MEDEAS ya se hizo esto, pero ahora se trata de hacerlo de forma regionalizada y con más detalle. Se hizo además un trabajo por los distintos grupos de investigación de LOCOMOTION de recopilación y discusión de la bibliografía sobre el tema y se publicó en un "entregable" (deliverable lo llamamos, colonizados como estamos por el idioma inglés) en el que mi participación fue lamentable porque sin querer se filtraron algunos comentarios míos al margen del tipo: "esto es basura" (garbage). Algunos se ofendieron porque interpretaron mis garbages como que iban dirigidos a ellos en vez de a la literatura que citaban. Pedí disculpas. Claro que, como siempre, la falta de tiempo y la falta de hacer cuentas básicas (de nivel pregraduado como veremos), entre otras razones, nos lleva a perder la necesaria capacidad crítica a personas de grupos de investigación reconocidos internacionalmente. Además, este tipo de trabajo de revisión/recopilación sea en proyectos o en publicaciones académicas suelen hacerlo, por tedioso, "novatos", muchas veces muy jóvenes (trabajos fin de grado, fin de máster, doctorandos), que ante el argumento de la autoridad de las revistas científicas revisadas por pares (peer review) terminan entusiasmándose con la tecnología de turno que les ha tocado revisar, lo que tiende a generar una bola de nieve que crece cayendo por una pendiente nevada (son estos posteriores entusiastas los que se hacen expertos que publican en la tecnología en cuestión).

En mi trabajo de revisión de la revisión he tenido momentos de sonrisa irónica, vergüenza y rabia. Casi nadie hace las cuentas más básicas desde una visión holística y de arriba hacia abajo (top-down) y he llegado a pensar que la mayoría de los científicos e ingenieros han perdido esa capacidad y que soy uno de los pocos tuertos en el país de los ciegos que quedan. Claro que uno tiene que revisarse continuamente a sí mismo por si el que ve gigantes por molinos es uno mismo. Pido disculpas si lo que sigue ofende a alguien y si suena demasiado soberbio: pero sinceramente creo que no es momento de remilgos y falsa humildad, la apuesta es demasiado grande y grave.

Hay varios artículos que he liderado sus cuentas y método, que son de referencia y que deberían ser leídos de verdad antes de criticar o no querer creerse los resultados y discusiones que vendrán en el siguiente capítulo:

1. Potencial eólico[1]. En él demostramos que la mayor parte de la literatura entre 1980 y 2010 (pero luego ha seguido con los Jacobson de turno aún hoy[2]) exageran el potencial de captación de viento y su transformación a electricidad, hasta el punto de ¡violar el primer principio de la termodinámica! 

Tardamos tiempo en publicarlo, primero porque no nos lo queríamos creer (nos ayudó que finalmente se nos adelantara un grupo del Max Planck liderado por Axel Kleidon) y segundo, porque el proceso de publicación en Energy Policy fue más largo de lo normal, pues nos tocó en suerte a Deluchi, colega de Jacobson, quien hizo trampas rompiendo el anonimato como revisor y ofreciéndome que esperara antes de publicarlo y que "colaborara con ellos"; no lo hice, así que sigo sin publicar en PNAS, Nature o Science. 

En el artículo hacemos una estimación de arriba hacia abajo de potencial tecno-sostenible que resulta en dos órdenes de magnitud menos de lo que se venía publicando. Nuestra estimación es discutible, sí, pero lo que no debería ser discutible es la enorme exageración y falta de hacer cuentas de nivel preuniversitario  -violación del primer principio, recuerden- sistemático en la literatura. Aún estoy esperando a que el Antropoceno[3] me agradezca la primera de las contribuciones de ese artículo. Además, basta esta publicación para sospechar no de mí, sino de la literatura RES en general (ya habíamos publicado cosas sobre el pico del petróleo y la (mala) literatura de abundancia de fósiles, que aún sigue en los escenarios del IPCC, por ejemplo). Así que lo que uno sospecha es que hay un pensamiento mágico asociado al mito del progreso tecnológico que ha lavado el cerebro a muchos científicos e ingenieros pues las publicaciones se encuentran por cientos.

Una cosa que pasó desapercibida de este artículo fue la discusión final sobre tecnologías de captación del viento a alta altura a base de cometas. He de decir que el culpable de que perdiera el tiempo con esto fue Ugo Bardi, que por entonces soñaba, como solución al pico del petróleo y el cambio climático, con cometas gigantes. ¿Dónde están esas cometas? ¿Quizás se creyeron mis cuentas para no seguir por ahí? 

Otra lección: nos hacen perder mucho tiempo en analizar las "nuevas tecnologías" (sean nucleares de enésima generación, novedosas RES o almacenamientos de CO2 para continuar con las fósiles) o el “progreso” de las ya comunes (eso de que 5 años después tu estudio está obsoleto, pero se olvidan de lo obsoleto de los suyos), porque es típico que cuando les hablas de un límite de la tecnología X, te salen con la   X+Y que no has tenido en cuenta, aunque cuatro cuentas en Y demuestran que Y es más inviable aún que X (razón de por qué no está ya aquí en masa). El problema es que publicar y pasar los filtros de las revistas lleva muchísimo más tiempo. Y por cada artículo de sentido común aparecen 10 del mito del progreso.

Por cierto, en su día hice una discusión más refinada de cuentas de arriba hacia abajo (holística) y también cuentas de abajo hacia arriba (agregada) de la eólica en suelos, en parte gracias a las discusiones que tuve con Antonio García-Olivares; el resultado fue una horquilla entre 24 y 62 EJ/año para la holística (el preliminar que dimos en 2011 fue de unos 32 EJ/año) y una horquilla de 16-32 EJ/año para la estimación agregada (bottom-up). No están publicados en una revista científica revisada por pares[4] pero sí se pueden ver aquí para expertos y muy interesados: El potencial tecnológico de la energía eólica (vuelto a visitar) - GEEDS. También Antonio Turiel ha recogido de nuevo en su blog el tema recientemente, confirmando que la ceguera sigue por parte del mito del progreso y sus seguidores. Mis estimaciones agregadas están basadas en suponer que las empresas no son estúpidas y van a seguir poniendo los parques relativamente alejados unos de otros para no competir entre ellas por el viento. Asumí una especie de disposición fractal de los molinos para la estimación agregada, método que no ha explorado nadie que yo sepa hasta ahora pero que potencialmente es compatible con la visión holística y, por supuesto, con la conservación de la energía. Algunos autores, aun reconociendo que teníamos razón en lo de la conservación de la energía, no se creen mis cuentas que ellos califican como pesimistas. A ellos les sale un potencial un orden mayor que a mí (una rebaja del pensamiento mágico de un orden de magnitud, algo es algo), pero lo que nunca se ha querido entender es que lo que ellos entienden por potencial tecnológico es un valor teórico, de papel, y no lo que yo entiendo por tecnológico-sostenible, es decir, que el problema es de definición y no de cuentas. Para superar mi límite en más de un factor dos se necesitaría un gobierno dictatorial mundial que impusiera criterios inviables para un sistema empresarial capitalista, básicamente porque habría que disponer los molinos muy alejados y casi uniformemente repartidos por todos los continentes, algo no solo que requiere otro sistema socioeconómico global previo transcendiendo Estados (y el capitalismo no va a caer antes del intento de transición energética a RES, y si se supone, hay que decir cuándo y cómo). Pero, además, ese modelo ideal de disposición de turbinas eólicas, ignora que así nos comeríamos antes las reservas de minerales y bajaría la tasa de retorno energético (TRE), pues si alejas unos molinos de otros, hay que hacer más caminos y líneas de corriente en las que transportar las aspas y los electrones. 

En el artículo que publicamos en Energy Policy ya predijimos que un día no muy lejano habría que regular los derechos de captación del viento (como los de los ríos) por la competencia ante un recurso escaso. Ya está ocurriendo esa competencia, pero seguimos sin asesorar a ningún gobierno ni institución internacional, ni nadie ha agradecido nuestra previsión.

2. Potencial solar[5] (fotovoltaico) y biocarburantes[6]. Dos artículos que demuestran que la literatura exagera los rendimientos de las tecnologías instaladas. Bastaba con contrastar la literatura publicada con lo que se estaba instalando de verdad. Resulta que la fotovoltaica y los cultivos para etanol y biodiesel ocupan más terreno y rinden menos de lo “esperado” en el papel y casi nadie parecía querer ir a ver la realidad de los datos. Por supuesto, a parte de la denuncia de las exageraciones casi sistemáticas de la literatura, hicimos nuestras estimaciones. Para la solar, a mí me parecía obvio que un factor limitante por espacio y materiales era suponer que difícilmente en este siglo íbamos a poner más infraestructuras industriales (los parques fotovoltaicos) que todo lo que ya habíamos puesto en el mundo y que ya es insostenible: todas nuestras urbes y pueblos, carreteras, líneas de alta tensión, oleoductos, aeropuertos, líneas de ferrocarril, etc. ocupan ya mucho territorio y añadir otro tanto para tecnologías de captación de la radiación solar me parecía un límite optimista razonable, más si se tiene en cuenta lo que supone de añadir materiales que hay que sacar de minas. El problema es que, de nuevo, estábamos dos órdenes de magnitud por debajo de la literatura que hablaba del potencial tecnológico. Aquellas comparaciones que hemos visto mil veces de que bastaba un pequeño porcentaje del Sahara ocupado por paneles… como si una instalación industrial que ocupa mucho territorio a escala humana en un desierto pudiera estar a cientos de kilómetros de una Escuela, un Hospital o una Iglesia. La Iglesia del progreso y crecimiento perpetuo parecía vivir de la nada, sobre un mapa digital del Sahara. 

Nuestro artículo además fue uno de los primeros artículos de la literatura científica en discutir sobre la problemática de la escasez mineral asociada a las pretendidas altas penetraciones de las tecnologías renovables.

Con los biocarburantes fue algo más fácil porque su rendimiento es tan bajo que ya había otros tuertos haciendo cuentas de sus limitaciones y había una controversia sobre la competencia con la comida. Se inventaron e inventan aún entelequias sobre combustibles de segunda y tercera generación que utilizarían tierras marginales ya degradadas y vendrían de especies leñosas que no competirían con los alimentos o incluso de algas. ¿Recuerdan las promesas de las algas? Aún se las espera, por siempre. Llegué a ver un artículo que pensaba sacar más rendimiento de algas que el que la física cuántica permitía como límite teórico, algo así como ver publicado que van a hacer un cohete espacial para ir a Marte que viajará a más velocidad que la de la luz, ni Elon Musk. 

En nuestro artículo además mostrábamos que la Huella Ecológica de los biocarburantes actuales (entonces y ahora) es mayor que la de los combustibles fósiles, incluso sin tener en cuenta las emisiones indirectas (del camión que lleva el aceite de palma a la refinería de biodiesel, por ejemplo). Aún estoy esperando el agradecimiento del Antropoceno que, ante la contundencia de los números –no solo de nuestro artículo-, tomaría lógicamente la decisión de rectificar y volver a reforestar o a cultivar para alimentar a humanos, revirtiendo las más de 100 millones de hectáreas que calculábamos que ya se estaban usando en realidad –las estadísticas oficiales decían bastante menos porque suponían rendimientos que no existen-. Hablamos de dos penínsulas Ibéricas llenitas de cultivos para alimentar vehículos frente a las 150 millones de hectáreas de todos los arrozales del mundo. ¿No se ve la locura mitológica? Pues aún se piensa en la literatura que el potencial sostenible es mayor de cero.

3. Concentración solar (CSP)[7]. Una de las ventajas de la concentración solar, que calienta mediante espejos un líquido y que con el calor se genera electricidad, es que teóricamente no necesita materiales muy raros o extraordinariamente puros como la fotovoltaica, y además permite almacenar el calor durante unas horas para verterlo en forma eléctrica a la red, lo que da un margen que no tiene la fotovoltaica al anochecer. A su vez se venía suponiendo que la TRE era relativamente alta comparada con la fotovoltaica. El resto son desventajas frente a ésta. Me puse manos a la obra con esta tecnología gracias a Antonio García-Olivares una vez más, porque para mí era obvio que no podía tener una tasa de retorno buena (bastante más densidad de materiales encima del suelo que la fotovoltaica), él dijo que mi argumento no estaba publicado y que él se basaba en artículos publicados por revisión de pares (peer review), además, es una tecnología que sale en muchos documentales de “salvación” de la Iglesia del perpetuo progreso y crecimiento y la literatura científica la exponía como complemento Y, como la X+Y en tecnología solar. 

Aquí la literatura científica nos dio una sorpresa incluso más allá de lo que esperábamos. Resultó que la eficacia que se estaba publicando durante también décadas en la literatura científica era mayor que la que venían publicando las propias empresas en sus webs promocionales (no olvidemos que son ellas las que aportan los datos). El contraste con la realidad fue al principio una pequeña aventura, porque solo dos países lideran esta tecnología en parques comerciales: España y Estados Unidos. En España no hubo forma de encontrar datos de instalaciones concretas, sencillamente por aquello del capitalismo y el secreto comercial. Pero encontré un truco: resulta que el gobierno y red eléctrica publicaban la electricidad producida por estas centrales, por lo que podía sumar todas las instalaciones y toda la producción del país, para sacar, si no el rendimiento de plantas concretas, sí del conjunto. Además, también había datos a nivel regional, por Comunidad Autónoma, y resultó que había comunidades autónomas con una única instalación, así que se podían hacer cuentas para instalaciones concretas. Nadie antes que yo se había molestado (bueno, Ted Trainer lo estaba intentando desde Australia y me preguntó). Mientras, descubrí que en Estados Unidos había una base de datos con todas y cada una de las instalaciones de producción de energía eléctrica, de toda clase y tipo. Así que hice lo que cualquier investigador debería haber hecho antes de publicar cualquier cosa sobre potenciales, rendimientos y demás: ver qué decía la realidad. Resultó que las empresas exageraban sus promesas, nada fuera de lo esperable, pero que la exageración de la literatura científica era enorme y mucho mayor, puro pensamiento mágico trasladado a papel. Bastaba poner el rendimiento real de las plantas reales y de pronto todos los estudios de tasa de retorno energético se venían abajo. A su vez, hice las cuentas a mi estilo, revisando realidad y rastreando publicaciones sin olvidar ceros, con lo que mostrábamos que la TRE era muy mala. Esto desmontaba muchos escenarios de transición energética que incorporaban mucha CSP, incluido el de Antonio García-Olivares, pero también los de Greenpeace y otros grupos que históricamente estaban peleando por una transición renovable pero que encargaban los estudios a la ciencia cargada de mito del progreso y no a tuertos como yo. 

Pero nada de agradecimientos del Antropoceno ni de asesoramiento a los gobiernos. Siguen publicando potenciales de CSP que ignoran el rendimiento real. Y asumen que es una fuente de energía cuando en realidad es un sumidero (TRE< 1). Aún siguen intentando poner CSP en algún país despistado.

Otra cosa que ha pasado desapercibida de ese artículo es que resultó que, si bien podían almacenar para unas horas la energía, esta tecnología tiene una intermitencia brutal de un día para otro y sobre todo estacional salvo en zonas ecuatoriales sin nubes, lo que estresaría aún más el sistema de instalarse más allá de la anécdota.

4. La TRE de las renovables[8]. La tasa de retorno y el problema mineral –frutos de la baja densidad energética y alta ocupación de territorio- son una controversia que, tras décadas de malas publicaciones, sigue siendo un caos del que muchos quieren salirse con la excusa de que la dispersión de los estudios es enorme (y da pereza pues entrar a separar el grano de la paja, sobre todo cuando ésta abunda mucho más). Parece obvio que tecnologías que ya tienen un siglo (eólica y fotovoltaica) no pueden tener una TRE maravillosa frente a otras como la hidroeléctrica, cuando se ha tardado tanto en expandirlas. La hidroeléctrica se expandió rápido y hoy no estamos muy lejos de su potencial (a la mitad más o menos). Que no hicieran esto la eólica y fotovoltaica pese a los esfuerzos económicos y tecnológicos hechos, debería haber sido un faro que guiara las sospechas. 

Pero sí, las tecnologías avanzaron y en las últimas décadas se han expandido. 

Pero no, siguen sin tener una buena tasa de retorno energético aún hoy que, siendo una extensión de las fósiles:

  1. no se requiere un sobredimensionamiento grande de redes, 

  2. no se requiere mucha energía para extraer minerales comparada con la que se necesitará cuando tras comerse reservas minerales se pase de reservas a recursos y 

  3. no se requieren aún los enormes sistemas de almacenamiento que sustituyan al carbón, gas natural y diésel de hoy. 

Es decir, probablemente la tasa de retorno energético de estas fuentes está apunto de tocar techo si no lo ha hecho ya y pronto empezará a disminuir como lo están haciendo ya las fuentes fósiles. En este artículo reciente usamos datos de la literatura, pero pasados por el tamiz de la realidad y de no olvidar insumos que, aunque parezcan pequeños están y no son ceros. Resultó que la mayoría de las publicaciones ignoran sistemáticamente muchos pequeños insumos al tiempo que exageran los rendimientos (engordan numerador y adelgazan denominador de la TRE). Hemos estimado la TRE más allá de la clásica estándar que solo ve lo que sale de la planta y que ya sabemos que tiende a exagerar los rendimientos respecto al mundo real, y hemos ido a lo que llega al consumidor, es decir, tener en cuenta la red eléctrica que consume energía y materiales (TRE final) y también hemos asumido una estimación gruesa, posiblemente optimista, de los costes indirectos, es decir, de todo lo que penetra en el sistema económico el sistema energético (el coste energético proporcional de la máquina que repara la carretera por la que circula el camión que lleva el aspa del molino eólico, por ejemplo), es la TRE extendida. En la literatura abundan cálculos de TRE estándar, y las nuevas RES no responden aparentemente mal aquí, aunque nuestros cálculos están en la parte baja de la literatura, como esperábamos. En la literatura hay basura que habla de TREs para algunas tecnologías de bastante más de 200 incluso, lo que ya solo la energía embebida en la firma del notario se come en el denominador. Muchos meta-análisis meten esa basura mezclada con estimaciones más serias, por lo que el resultado suele ser metabasura. Algunos tratan de eliminar los extremos, para evitar la basura, pero lo curioso es que así se llega también muchas veces a metabasura porque borran también los análisis “pesimistas” que por suerte o porque están mejor hechos, dan una mejor aproximación a la realidad. 

Se han hecho estudios de TRE extendida para fósiles, y dan números muy bajos cuando se emplean para electricidad (alrededor de 4), esto, en vez de asustarnos y mostrar que la TRE de las renovables es un desastre (ya que hoy son extensiones de las fósiles), está sirviendo a la literatura del mito del progreso para decir que las RES nos pueden salvar ya que tienen mejor tasa de retorno. Pero se están mezclando TRE extendidas para las fósiles con TRE estándar para las renovables. Nuestra estimación para las RES de TRE extendida que hemos publicado es que la hidroeléctrica funciona bien (al margen de sus impactos ambientales y sociales), que la eólica interior anda algo por debajo de las fósiles (casi 3 en vez de 4, lo que significa pérdidas de más del 33% en vez del 25%), que la eólica marina rinde menos aún, que la fotovoltaica aún menos (cerca de 2) y la CSP sencillamente es un sumidero energético (TRE < 1). De hecho, la TRE extendida en realidad no es la última palabra y debe ser mayor que uno y no uno para ser sostenible, porque en el mundo real hay gastos energéticos defensivos. Hay que corregir antes o después la contaminación causada por los sistemas de captación, hay que corregir accidentes y guerras o procesos como el cambio climático y sus impactos sobre las infraestructuras energéticas, etc., con lo que un buen criterio es que la TRE extendida debería superar el valor 2 o 3 para hablar de potencial tecno-sostenible. La hidroeléctrica cumple el requisito, las fósiles para electricidad en breve no lo van a cumplir dada su trayectoria de rendimientos decrecientes[9], y el resto de renovables que producen electricidad tampoco, ni ahora ni luego, ya que se pretende que sustituyan en el mismo sistema a las fósiles y requerirán materiales escasos, mucho territorio y un sobredimensionamiento y almacenamiento que hoy no es necesario para dar los mismos Julios de energía que hoy. 

La transición, al modo que se está haciendo o acelerada, es imposible. Sobre todo, si se busca electricidad cuya exergía (energía de calidad) es muy alta y por tanto cuesta mucha energía concentrar, sobre todo desde fuentes menos exergéticas. 

“De nada” Antropoceno, seguimos esperando llamadas desesperadas de los gobiernos e instituciones internacionales.

 

 

Capítulo 2. Las escobas se reproducen mucho más rápido que el Aprendiz de Brujo las rompe.


Resultados preliminares (siempre lo son en la ciencia): 

  1. El techo (optimista) de potencial tecno-sostenible del conjunto de unas 20 tecnologías renovables en escenarios de transición clásicos es de unos 7,5TW finales[10] gruesos (frente a los 13TW de consumo actual). Repito, esto es un límite ideal, en la práctica será menor porque hay muchos presupuestos tirando a optimistas. La Unión Europea de los 27 tiene un potencial limite regional que no llega a un 25% de su consumo actual. Esto asumiendo que no hay cuellos de botella limitantes de minerales de forma directa y que si la tasa de retorno energético (TRE) es menor o muy próxima a uno, la fuente energética considerada no es tal, es un sumidero.

  2. Una estimación del potencial neto, asumiendo no empeoramiento de las TRE según se intenta la transición hacia 100% RES, es de unos 5 TW frente a los 11TW netos del mundo actual (la realidad obviamente será bastante menor). Tendremos menos de la mitad de energía para un mundo que en teoría va a seguir aumentando su población otros mil o dos mil millones de personas más[11].

Cuatro cuentas que ya hice hace más de una década llevan a que la promesa de tecnologías marinas nunca será significativa, sencillamente por un problema similar a la limitación del potencial eólico (conservación de la energía), pues la exergía de todos los vientos es de unos 1000TW mientras que la exergía de las olas de todos los océanos es de 60TW (de ella la que impacta sobre las costas es de unos 3TW), de las mareas unos 3TW y de la OTEC que aprovecha el gradiente térmico del océano… basta con saber algo sobre el segundo principio de la entropía y máquinas de Carnot para no perder el tiempo con ella, confíen en la termodinámica[12]. 

Parecido pasa con la geotérmica, donde la potencia disipada en todo el mundo desde el interior de la Tierra hacia cerca de su superficie tiene un contenido de unas pocas decenas de mili-vatios por metro cuadrado en promedio, un flujo global de 32TW (incluidos océanos). 

Transformar una fracción significativa del 1% de esas exergías en electricidad sería una proeza tecnológica titánica. Esto debería bastar para saber que su contribución será muy pequeña leído y comprendido el artículo de eólica y que la literatura tiene tendencia a la exageración. Y sí, como nadie parece querer hacer cuatro cuentas básicas, la necesidad de más milagros de la Iglesia del progreso progresa, y la literatura científica se está llenando de violaciones del primer y segundo principios de la termodinámica y de puro pensamiento mágico, al unísono con la desesperación por hacer una transición energética rápida sin cambiar el sistema socio-económico primero.

Más resultados de cuentas de la TRE.

La geotérmica profunda, llamada en la literatura EGS (de Enhanced), usa técnicas parecidas a la de fracking de fósiles, pero para extraer calor de las rocas. En ella, la literatura reciente ve un potencial grande, incluso el tecnológico disponible habla de más de 60 TW (mucho más que nuestro consumo total de todas las fuentes), lo que para no caer en una contradicción con el primer principio cae en la contradicción con la “renovabilidad” (el flujo de extracción tiene que ser muy superior al flujo de reposición natural que, en todo el mundo, incluidos los océanos, ya he dicho que es de 32TW). Pero a toda esa literatura entusiasta se le olvida también que el TRE es y será mucho menor que uno, lo cual era obvio cuando se piensa en el fracking[13]. Es un sumidero y, por tanto, como fuente, su potencial es cero. Ya que es cero, pues a otra cosa, dejen de invertir tiempo, energía y dinero ahí… “No hay de qué” Antropoceno.

En MEDEAS hice en su momento cuatro cuentas para eliminar de un plumazo el que no se considerara ni el almacenamiento de CO2, porque bajaría la TRE de las fósiles por debajo de lo sostenible hasta convertirse en sumideros[14], ni la economía del hidrógeno[15], de nuevo por la misma razón: no podemos añadir más eslabones con bastantes pérdidas a una cadena en el denominador de la TRE ya suficientemente débil por larga. 

 

Mientras, sí, hemos hecho ya las cuentas para las baterías eléctricas de los vehículos y su infraestructura asociada –éste trabajo lo comencé yo, pero lo han liderado nuestras jóvenes promesas-, mi resultado preliminar y optimista de hace años era que la energía embebida era mucho mayor de lo que la escasa literatura venía escribiendo (ESOI menor, ESOI es el equivalente de EROI pero que son “storage”, almacenamiento), como no. El análisis detallado de mis compañeros ha confirmado que mi análisis preliminar era muy optimista, como suelo decir. Resulta que el ESOI extendido es seguramente menor que 1, lo que significa que la energía embebida en las baterías y sus infraestructuras para fabricarlas, mantenerlas y desmantelarlas es mayor que la que aportan a las ruedas del vehículo. Pero si esta energía embebida viene de un mix con fuerte componente no renovable (la realidad hoy), entonces resulta que las emisiones de gases invernadero pueden ser incluso mayores que la de los coches de gasolina y diésel que pretenden sustituir. Así, subvencionamos a la clase alta del mundo –la que se puede hoy permitir el lujo de un vehículo privado eléctrico- para que conduzca un vehículo que contamina tanto como y gasta más minerales que el vehículo de combustión, mientras los usuarios de éste, pagan más impuestos. Dejen de hacer las cosas al revés... “De nada” Antropoceno.

Lo mismo pasa para las tecnologías marinas, cuya TRE es y será menor que uno, y mientras, la gente que escribe literatura se entusiasma con su potencial. Y para la eólica flotante, lo mismo. Se cogen ensayos en condiciones ideales y por tanto anecdóticos, y se generalizan sin más y sin tener en cuenta la conservación de la energía ni los insumos materiales. En su día llegué a ver un potencial teórico (agregado o bottom-up) publicado de las olas de casi 3000TW cuando todas las olas disipan 60TW. Por supuesto, tampoco ninguno de estos estudios se para a pensar si existen los materiales en el planeta necesarios para esos potenciales.

También hay que volver a la biomasa, ya que es la fuente renovable por excelencia almacenable y me da especialmente miedo lo que va a pasar si siguen asesorándonos los de la Iglesia del progreso y crecimiento perpetuos. Pongo otro ejemplo de violación del primer principio, que estas semanas he descubierto en menos de dos horas de trabajo dedicado a demostrarlo. Esto es lo que se escribe en el “entregable” que hemos escrito en Locomotion sobre los potenciales primarios de residuos animales (traduzco): “(Hoogwijk, 2004) incluye una estimación del potencial tecnológico de la bioenergía desde los residuos animales entre 9 y 25 EJ/año. En (Kalt et al., 2020) el potencial primario global de residuos ganaderos se estima en 17.4-19.4 EJ/año en 2050. (Haberl et al., 2010) encuentran un potencial global técnico de la bioenergía de residuos animales de aproximadamente 39 EJ/año.

Basándose en las asunciones descritas antes y asumiendo una tasa recuperable sostenible del 12.5%, el potencial de los residuos animales ha sido estimado en 18.3 EJ/año, un valor que está en el medio de la literatura. Debido al hecho de que hay varias opciones para el manejo de los residuos, algunos de los cuales son más preferibles que su uso como fuente energética desde un punto de vista sostenible y social, el potencial energético de residuos animales puede estar entre 0-18 EJ/año”.    

Bien, puede ser cero, y así lo reconocemos en el “entregable” (ese que dije que contenía muchas citas basura, aunque no me metí en su momento en cada párrafo escrito). Los resultados que se reportan para los residuos agrícolas en el mismo trabajo son 0-11EJ/año. Mi pensamiento sistémico con algunos conocimientos de ecología (para saber de qué se habla cuando hablamos de bio) hace saltar la alarma: es absurdo que la energía primaria extraíble de los animales sea mayor que la agrícola por muchos pastos que explotemos. A lo sumo debería ser de un % relativamente pequeño de esta por las pérdidas metabólicas de los animales frente a los vegetales. Esto me invitó a una rápida y sencilla valoración holística de nivel matemático de bachiller que les expongo.

Estimación por reducción al absurdo: 18.3EJ/0.125 (12.5% es la tasa recuperable sostenible que hemos supuesto) nos da el contenido energético anual de los residuos del orden de 4.6TW (pasando EJ/año a TW o Tera Julios por segundo). Si el 30% va a sus heces (es el valor aproximado no metabolizable encontrado en la literatura correspondiente cuando se busca durante un ratito), esto implicaría que los animales han tenido que comer más de 15TW de energía vegetal para producir esos residuos. La fotosíntesis de todas las plantas terrestres del mundo anda por una productividad neta de 50-60TW (esto lo sé de memoria, pero no se tardan muchos minutos en encontrar la literatura correspondiente). La apropiación por recolección humana de esa productividad se estima en 8.6TW (lo que es una pasada, claramente insostenible y pretencioso por parte de esta civilización), lo que incluye todos los pastos, toda la agricultura y todo lo extraído de bosques. ¡Obviamente 8.6 TW < 15 TW y no se cumple el primer principio de la conservación de la energía! ¡Zasca al mito del progreso!

Pero, mientras tanto, nadie revisa la literatura así y nos vamos sintiendo confortables cuando nuestras estimaciones no se salen del rango de la misma. 

He visto potenciales de biogás o bioelectricidad o de biocarburantes que aparte de violar los principios más básicos de la termodinámica, huyen de pensar en términos de la cadena de insumos energéticos y materiales embebidos cuando metemos tecnología. 

Pongo un último ejemplo, para que nos asustemos de una vez viendo que la “ciencia aplicada” al uso mayoritario hoy y los remedios del GND con las renovables son peores que la enfermedad que pretenden teóricamente curar (el GND o Green New Deal[16] y sus variantes que van desde tomarlo como puente al post-capitalismo hasta el puro Green Washing o lavado de cara verde).

Hoy los usos tradicionales de la madera son poco más de 2/3 y los modernos casi 1/3 de un total aproximado de energía primaria de 40EJ/año. Los usos tradicionales son sobre todo la famosa leña que se quema para calentarse y cocinar y que sigue siendo la energía exosomática mayoritaria de miles de millones de personas empobrecidas en la mayoría de países. Estos usos son claramente insostenibles y forman parte del deterioro de los bosques y de la pérdida de biodiversidad del mundo que, a pesar de la revolución industrial, las fósiles nunca han sustituido y, de hecho, su consumo ha ido aumentando con el aumento de la población humana. Dado que los usos tradicionales superan en más del doble a los tecnológicos y los primeros tienen una eficacia estimada del 10-20% frente al 80% de los usos “modernos”, el rendimiento global actual es de un 30-40%, muy pobre para dar calor. 

Pero resulta que la eficacia de los usos tecnológicos modernos es en realidad un mercado o compensación escondida puesto que el supuesto 80% de eficiencia que se le suele asumir es a costa de añadir cadena energética en el denominador de la TRE, por lo que la energía neta que realmente llega a la sociedad no es tan elevada. Por ejemplo, la producción de pellets (esos que se queman en calderas o que se transforman en biogás o electricidad) tiene una TRE estándar de 1.9 (contenido calórico del pellet/energía gastada hasta que se lleva al sitio de consumo),  a partir de un estudio de campo hecho en Serbia[17], con un factor de corrección en el denominador de la TRE que en el estudio toman igual a 1, pero que en este caso es bastante mayor que 1 puesto que en el denominador van insumos eléctricos y otras formas de energía final como diésel, es decir, la TRE es menos de 1.9. Si se añade la propia instalación de la caldera, su mantenimiento y desmantelamiento y se hiciera un TRE extendida éste sería seguro bastante menor que 1, por lo que, de hecho, en cuanto a energía neta, ¡los usos tradicionales son más eficaces que los "modernos"! ¡Re-Zasca!

¡Y mientras, nuestros modelos y escenarios y organismos como la FAO, la OCDE, la AIE, etc. diciendo que hay que modernizar el Tercer Mundo y su uso de leña[18]! El estudio de los pellets citado además nos dice que para generar 1 tonelada de pellets se requieren 65000 metros cúbicos de madera cortada, lo que son más de 30 toneladas, lo que significa que la productividad primaria neta apropiada del mundo vegetal es enorme. Producir calor a partir de pellets no parece pues nada sostenible, y si hablamos de electricidad o biogás a partir de pellets o similares materiales procesados parece sencillamente todo menos inteligente, con TRE extendida <<1 y, finalmente, más CO2 emitido que quemar directamente gas natural en cualquier mix actual. Es decir, seguramente los usos modernos de la biomasa, incluso para calderas, ya no digo para electricidad o biogás, al tener una TRE inferior a 1, no tienen ningún potencial como fuente y su uso actual sencillamente emite más gases invernadero que las fósiles, que paradójicamente era la excusa que nos pusimos para evitar su quema y hacer la “transición”. 

Esto es gravísimo ya que la desesperación de las próximas décadas por la energía en medio de un caos climático y otros problemas podría lanzarnos a una vía de consecuencias inimaginables aún para la mayoría (extinción humana en pocos siglos): como las renovables eléctricas son inviables a escalas que superen el 20-30% del mix por su baja TRE y su abuso de minerales, podemos irnos a la biomasa aún mucho más que en la actualidad, lo que incrementará el mayor de los desastres posibles, que es la pérdida de biodiversidad en forma de 6ª Gran Extinción masiva y rápida, ya iniciada por el sobre uso y degradación de los ecosistemas naturales y otras consecuencias como el caos climático. 

Es tiempo pues de cambiar urgentemente de “ciencia aplicada”. Es tiempo de intentar, lo que nos deje La Iglesia del progreso y crecimiento perpetuos, un decrecimiento rapidísimo de los niveles de consumo de las personas de mayor afluencia económica del mundo (que incida en el decrecimiento en el consumo de al menos los 7000 millones de personas más ricas). Y también es tiempo al año siguiente de este plan de hacer planes de reducción de la población ganadera y humana sin violar más derechos.

“No hay de qué” Antropoceno por estas cuatro cuentas. 

Dos cuestiones más: 

Si llamamos negacionistas a los que niegan la realidad del cambio climático o de la existencia del virus del covid, ¿cómo hemos de empezar a llamar a los que niegan o no quieren ver la realidad de las cuentas energéticas porque su mitología se lo impide? ¿se discute con negacionistas?

Si se ha entendido este mensaje, se entenderá que proponga para premios Nobel de la Paz a “brujas y brujos” maestros, como: José Manuel Naredo, Yayo Herrero, Jorge Riechmann, Ferran Puig, Pedro Prieto, Marta Tafalla…

 

Notas:

[1] https://geeds.es/wp-content/uploads/2011/11/Global-wind-draft.pdf (borrador accesible). Artículo: doi:10.1016/j.enpol.2011.06.027   

[2] Más de 40 años de estupidez científica que incluso ha recogido el IPCC porque casi nadie quiere hacer cuentas, se dice pronto. 

[3] Emplearé el término irónicamente. A parte de formar parte de los mitos que estoy atacando (antropocentrismo, separación homo-natura con voluntad de dominio y progreso tecnológico), científicamente a escala geológica lo que estamos viviendo es un Límite tipo K/T (que no se llamó “Meteoritoceno”), no se nombra a las catástrofes como Eras Geológicas.

[4] En su momento quisimos replicar en PNAS uno de los artículos basura-científica de Jacobson publicados allí, porque atacaron nuestro trabajo, pero la revista declinó (el editor, no los anónimos revisores a los que no llegó) por no parecerle de suficiente interés general, o eso dijeron. Finalmente, el trabajo está publicado en el blog de GEEDS, y a otra cosa, que hay más pensamiento mágico que revisar.

[5] Artículo: http://dx.doi.org/10.1016/j.rser.2013.08.040

[6] Artículo: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0360544213009018

[7] https://doi.org/10.1007/s41247-018-0043-6

[8] https://doi.org/10.3390/en13123036 

[9] Lo que empeorará automáticamente la TRE de las demás fuentes pues el mundo sigue usando un 80% de su energía de fuentes fósiles. A su vez, la baja TRE de la mayoría de las RES y como veremos la pérdida de tiempo y recursos en muchas de ellas, suponen una carga sobre el sistema fósil y una de las razones de porqué está bajando, además de la geofísica, la TRE de ellas (realimentación tipo círculo vicioso)

[10] 1TW son 31,56 Exajulios al año, se refiere a la producción de energía promedio y no a la potencia instalada.

[11] Pensar que va a haber una transición controlada y equitativa cuando el pastel energético disminuya tanto es de un pensamiento mítico en el terreno histórico y sociológico no menor que el que vamos a ver aquí para la tecnología. Basta recordar cómo, cuando ha habido en el último siglo y medio pastel en crecimiento exponencial, aun así, se excluía a muchos miles de millones de personas de la fiesta.

[12] En todo caso, las cuentas al detalle están hechas y confirman el sentido común.

[13] Si el fracking es una técnica de baja TRE que consigue extraer petróleo o gas que está impregnado en rocas, debería parecer obvio, y terminar toda discusión, cuando lo que se pretende extraer es el calor “impregnado” en las rocas, de mucha menor densidad energética que la energía almacenada en los enlaces químicos del petróleo. Es obvio que el resultado de la TRE debe ser menor que uno, pero la Iglesia del progreso perpetuo me obliga a hacer las cuentas al detalle para tratar de convencer a sus feligreses (pero una Fe no se pierde mostrando datos, mi tarea tiene algo de inútil, al menos hasta ahora).

[14] Por suerte otros tuertos están haciendo las cuentas detalladas. Aquí: https://link.springer.com/article/10.1007/s41247-020-00080-5 ¡se demuestra la paradoja una vez más pues resulta que los métodos industriales de captura emiten más que lo que absorben! Tirar a la basura energía, minerales y dinero para encima emitir más. Aquí un resumen divulgativo con más artículos citados: https://energyskeptic.com/2021/carbon-capture-and-storage/

[15] Y Pedro Prieto que gusta también hacer las cuentas en una servilleta: https://www.15-15-15.org/webzine/2020/12/07/un-breve-analisis-de-la-eficiencia-de-ciclo-completo-de-la-economia-del-hidrogeno-verde/

[16] Para los que aprendemos de la historia: en realidad no hay nada nuevo bajo el sol salvo el invento de términos y técnicas de marketing nuevas. Términos que tienen décadas como Natural Capitalism, Capitalismo Verde, Desarrollo Sostenible (débil) o Crecimiento Sostenible, en realidad son el mismo rey desnudo vestido con los mismos ropajes. Es una pena que no se aprenda de las lecciones de la historia, pero el propio mito del progreso lo impide. Ecología Industrial, Factor 4 y 10, son términos de décadas que hoy se llaman “Economía Circular” (factor infinito). Cada vez más pretenciosos, eso sí, porque la separación entre el Antropoceno y la Vida aumenta.

[17] https://doi.org/10.2298/TSCI170220099F

[18] Salvo para evitar respirar contaminantes en sitios cerrados o tomar en cuenta cuestiones ecofeministas, no tiene sentido alguno.