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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Liquidación de excedentes


Queridos lectores:

A medida que nos acercamos al final del año 2025, se va haciendo cada vez más evidente que va a haber un ajuste muy fuerte en el modelo de transición energética basado en la Renovable Eléctrica Industrial (REI) en Europa, y más específicamente en España. 

Aunque jamás se va a reconocer, el modelo REI ha fracasado y lo ha hecho estrepitosamente. Ha fracasado por las mismas razones que llevamos años contando, y en el caso particular de España, porque simplemente el consumo de electricidad continúa bajando mientras que se sigue instalando más sistemas de producción de electricidad renovable. La siguiente gráfica, elaborada por el profesor Sergi Saladié de la Universitat Rovira i Virgili, sintetiza muy bien la cuestión.

 


La línea de color sepia es la previsión del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima del estado español (PNIEC). La línea marrón, la realidad de por dónde ha evolucionado el consumo estos años. En 2024 había ya una desviación del 20% hacia abajo entre la expectativa y la realidad, y este 2025 la cosa irá a peor, porque según los datos disponibles hasta ahora el consumo de electricidad habrá caído al menos otro 1% este año.

No vamos a abundar una vez más en las razones de este fracaso. La clave ha estado, por supuesto, en la ausencia de tecnologías palanca adecuadas para poder hacer la tan cacareada sustitución/transición energética: ni el coche eléctrico ni el hidrógeno verde han resultado ser lo que se suponía, y al tiempo la crisis energética latente, particularmente por la falta global de diésel y de energía asequible para Europa, está acelerando la desindustrialización del Viejo Continente y con ello la caída del consumo eléctrico. No hay transición, ni la va a haber. Llevamos demasiados años instalados en la falta de decisión, las excusas y los paños calientes, y como diría Churchill, ahora nos estamos adentrando en la era de las consecuencias.

El 31 de diciembre concluye el programa NextGenerationEU y con él la brutal inyección de dinero, sobre todo en España, para favorecer la transición energética. Al mismo tiempo, y particularmente desde el apagón del 28 de abril, las renovables están teniendo problemas para llegar al mínimo de horas para cobrar la prima, problema que ya comentamos cuando decayó el primer intento de decreto del Gobierno con el que se intentaba mitigar ese problema (luego sacaron otro con agostidad y, por lo que se ve, mayor aquiescencia de los actores políticos). Se añade a estos problemas la dificultad que van a tener algunas productores de satisfacer sus compromisos contractuales de provisión de "energía verde" a grandes consumidores industriales, que necesitan justificar sus emisiones de CO2 o si no pagar por los derechos de emisión. Y si incumplen estos compromisos, tendrán que pagar sustanciosas indemnizaciones.

Y, al margen de todo esto, lo que está claro es que va a haber un parón en los nuevos proyectos. No hay mercado. Hace tiempo que no lo hay. La rentabilidad de los proyectos no solo no está garantizada: es que está garantizado que no la tendrán. Nada indica que se vaya a producir un cambio de tendencia en el consumo de electricidad, a pesar de lo mucho que se publicitan los centros de datos por la irrupción de la IA para precisamente dar la impresión contraria. Pero los datos son inapelables: el consumo de electricidad continúa cayendo. Y es que incluso si el mercado repuntara, se necesitarían unos cuantos años para que se absorbiera la capacidad excedentaria actual.

Por supuesto, nadie va a reconocer que todo ha sido un mayúsculo bluff. Nadie va a reconocer que la transición al REI estará parada unos cuantos años, quien sabe si para siempre. Del mismo modo que, en la cumbre de Bélem, la UE y la propia España siguen hablando del objetivo de no superar los +1,5ºC de calentamiento cuando el último dato diario que tenemos indica que estamos a +1,8ºC y si miramos los últimos 365 días estamos por encima de +1,6ºC. No se va a reconocer la evidencia, ni con el Calentamiento Global, ni con el fracaso del REI, porque simplemente no hay narrativa alternativa. Tenemos que mantener el discurso porque no hay ningún otro, al menos a nivel oficial y políticamente aceptable.

2025 acabará, probablemente, en un baño de sangre en el sector eléctrico, en el que muchos pequeños promotores, muchos pequeños productores y algunos pequeños distribuidores van a quebrar. Eso servirá para reajustar el mercado, pero no va a permitir continuar al ritmo que se iba. Durante un tiempo parecerá que no pasa nada, o que pasa poco, por todos los proyectos que ya estaban en marcha, licitados o adjudicados y para los que el dinero necesario ya estaba comprometido. Pero poco a poco será evidente que prácticamente no se introducen proyectos nuevos. El grueso del sector aspira ahora a retoques del sistema: introducir baterías y que entren en el mix en condiciones favorables, proyectos de sistemas de estabilización (designados eufemísticamente como "mejoras de la red"), proyectos de hibridación (pequeños parques renovables con baterías, para poder desempeñar la función de producción y regulación de estabilidad), repotenciación de parques ya existentes... y poco más: algún proyecto nuevo, de tanto en tanto, pero lejos de la enorme cantidad de ahora. El REI no desaparece, pero se va a reducir, y mucho, en el curso de los próximos dos años. El volumen de negocio va a ser bastante más pequeño del que ha sido estos años, y también la carga de trabajo. No va a haber trabajo para tantos ingenieros, y los despidos van a ser norma.

Sobran ingenieros, sí. Y también sobran voceros. 

Todas esas personas que se dedican a hacer activamente lobby en favor del modelo REI durante estos años, personas muy activas en el frente comunicativo, con contactos en los medios, con capacidad de influencia. Personas que han estado acosándonos, a mi y al resto de personas que en el mundo académico hemos intentando explicar este sinsentido. Personas y organizaciones pensadas para la promoción del REI, ahora, van a sobrar. Ahora que el REI va a pasar a un discreto plano, la intensidad de su promoción tendrá que ajustarse a su nueva dimensión real.

Las últimas semanas han sido prolijas en manifestaciones esperpénticas de la impotencia de los proREI. Algunos intentan contrarrestar las malas noticias, particularmente las que cuelgo yo en mis ahora más escasas interacciones en las redes sociales, con argumentos cada vez más bobalicones (como que en 2025 ha aumentado la capacidad fotovoltaica instalada, eso sí, sin que sirva para nada). Otros siguen con su cruzada en pro del REI sin saber que ya está muerto: estos días un diario local se hacía eco de los resultados finales del Biopaís, un proyecto científico financiado por la Fundación Biodiversidad y que cuantifica de manera inequívoca el enorme e inaceptable impacto ambiental que tendría un parque eólico en la Bahía de Roses; pero, para contrarrestar el revés, lo contrapone a un folleto propagandístico de una asociación no científica que intenta promover el REI a toda cosa en Cataluña, al cual presenta como "otro estudio científico". Una manipulación tan artera y grosera que llama la atención por lo palurda, pero a la que por desgracia ese diario, bien engrasado por los intereses del REI, nos tiene acostumbrados. Este (enésimo) lamentable incidente me recordó al que vivimos hace unos años cuando sobre este mismo tema fuimos a hablar al Parlament de Catalunya, y, aparte de la manipulación mediática descarada (en la nota de prensa aparecía la opinión de la empresa y desapareció por completo mi intervención), tuvimos que soportar la actitud cínica, sesgada y de muy mejorable educación de la que ahora es Consellera del ramo, que contraponía a nuestros estudios científicos los trabajos de la empresa ("los otros científicos", según ella) y que nos designó de manera despectiva como "más activistas que científicos" (aparte de la falsedad evidente del aserto, da qué pensar que alguien que pertenece a un partido que se dice de izquierdas considere peyorativa la palabra "activista"). O sea, que para esta gente seguimos con la miseria de siempre. No saben, sin embargo, que los cheques dejarán de llegar.

Incidentalmente, también en estas semanas alguien me hizo notar que una buena parte de esta gente (pero muchos: hagan los deberes y lo verán meridianamente claro) están siendo financiados o lo han sido por la European Climate Foundation, una organización que parece respetable (al fin y al cabo, tiene la palabra "Climate" en su nombre) hasta que te das cuenta de que entre sus primeros financiadores se encuentra la Fundación Rockefeller. La cual tiene todo el derecho legítimo a financiar lo que quiera, pero obviamente no se puede negar de que probablemente tenga un sesgo inevitable en sus fines. Como dice Juan Bordera a los proREI que dicen defenderlo por razones ambientales: "Si tus intereses coinciden con los de Iberdrola, tienes que hacérterlo mirar".

Pero, como decimos, esto se acabó. Hay un excedente de lobbystas del REI. Y ahora viene la hora del ajuste, muchachos. Aunque no os lo queráis creer. Aunque no lo queráis aceptar. 

Algunos quedarán como grupo básico de presión del REI, a menor escala, adecuado a la nueva escala del REI. 

Otros, más cínicos y oportunistas, se apuntarán a la nueva burbuja renovable (como ya lo están haciendo algunos), alabando las bondades del biogás y los gases renovables, e introduciendo ya la falca de la biomasa. Ambas cosas, aberraciones abominables, de las que ya hemos hablado y de las que hablaremos a menudo en los próximos años. 

Para el resto, lo mejor es que se vayan buscando otro trabajo. Sobran tontos útiles. Gracias por los servicios prestados, pero ya os podéis ir a casa, muchachos.

Salu2.

AMT  

viernes, 25 de julio de 2025

Ricochet


 

Queridos lectores:

Como seguramente sabrán si viven a este lado del Atlántico, el Gobierno de España fracasó recientemente en su intento de convalidar el decreto-ley de medidas urgentes para reforzar el sistema eléctrico. El decreto fue inicialmente aprobado por el Gobierno el 24 de junio, pero necesitaba ser convalidado por el Congreso en el plazo de un mes, y en la votación del pasado 22 de julio fue rechazado (y por tanto queda sin efecto). 

Se le ha dado mucha importancia a este decreto debido al sobresalto que causó el apagón general en España del pasado 28 de abril. Desde el Gobierno y desde las grandes compañías eléctricas se ha insistido en que este decreto era indispensable para evitar futuros apagones. En los últimos días, viendo que no habría una mayoría suficiente para la convalidación del decreto, las grandes eléctricas se prodigaron en declaraciones de todo tipo, inclusive diciendo que, de no aprobarse, se pondrían en riesgo inversiones por valor de 200.000 millones de euros.

Se ha hablado muchísimo sobre las motivaciones de carácter político de los partidos que han votado en contra, y se han agitado con gran aspaviento espantajos caros a los industrialistas, como asegurar que quienes se han opuesto son "negacionistas", "retardistas" o que "atentan contra la causa climática", dando por bueno el muy cuestionable argumento de que este modelo de la Renovable Eléctrica Industrial (REI) permite avanzar en la descarbonización, cosa muy discutible por muy buenas razones. Pero es que encima, esas posiciones maximalistas de los industrialistas generan mayoritariamente el efecto contrario al que persiguen, reforzando la visceralidad de los que rechazan el REI. 

En todo caso, yo quisiera dejar de lado esas consideraciones políticas y los dimes y diretes, y centrarme en las cuestiones más de carácter técnico. En particular, qué es lo que dice el decreto derogado y si realmente es tan grave su derogación. Y también, analizándolo, si se puede entender las causas de los partidos que han votado en contra (y a favor).

La primera observación que se puede hacer es que más que un decreto de medidas urgentes para evitar un apagón, lo que tenemos aquí es una ley ómnibus que regula muchos aspectos relacionados con el mercado eléctrico. Peor aún, las medidas que se proponen son muy dispares y algunas de ellas son bastante cuestionables. Se pueden clasificar las medidas en tres grandes bloques: medidas técnicas que efectivamente sí pueden ayudar a prevenir apagones, medidas dirigidas (aunque no se reconozca) a rescatar el sector renovable, y medidas dirigidas al fomento de la electrificación de la sociedad. Esta clasificación no es exhaustiva y así queda aún un buen puñado de medidas misceláneas que no se corresponden a estos tres tipos (incluyendo algunas muy importantes y positivas, como la extensión a 5 km la distancia para constituir comunidades energéticas), pero aún así los tres tipos definidos son el grueso de la norma.

Esto ya plantea una primera reflexión: si esta norma en vez de en forma de decreto-ley se hubiera planteado como una ley, habría dado lugar a la posibilidad de que se realizaran enmiendas a los apartados concretos que son más discutibles, y producir una ley acordada por la mayoría del Parlamento. Por supuesto que una ley tiene una tramitación lenta, pero parecería más lógico haber incluido en el decreto solo las normas de tenor más técnico (que, al tiempo, son las más urgentes) y que por tanto serían menos controvertidas, y dejar para la tramitación de una ley posterior todo lo demás. Con esta argucia de meterlo todo en el mismo decreto-ley y así intentar forzar un trágala al resto de partidos (una mala praxis legislativa por desgracia habitual en España, donde se abusa de los decretos-ley), al final lo que se ha conseguido es que se haya rechazado todo, tanto lo conveniente - y urgente - como lo discutible.

Dentro de las medidas de carácter más técnico, hay muchos aspectos regulación, de supervisión y de instalación de sistemas que dotarían a la red de transporte, que opera Red Eléctrica Española, de una mayor estabilidad y robustez. Sin entrar en el detalle de cada medida, lo que cabe preguntarse es quién pagaría todos esos sistemas que se tienen que instalar - a mi entender, parte de ellos son sistemas de planta, que deben acompañar a cada planta de generación y que por tanto deberían ser pagados por sus titulares.

En cuanto a las medidas de rescate, aparecen mezcladas con otras y a veces tienen una componente de carácter general y otra realmente pensada para favorecer (por no decir rescatar) al sector renovable. Conviene recordar que estamos viviendo, desde hace ya unos meses, un progresivo hundimiento y desinversión en energía renovable y sus derivados, no solo en España sino en el mundo, fruto del fracaso a estas alturas innegable del REI que tanto hemos discutido y sobre al que ahora no volveré. Lo que más se ha discutido estos días es la pérdida por caducidad de las concesiones de acceso a la red para los proyectos aún no acabados (los llamados hitos administrativos), con fechas de ejecución en varias fases y que el decreto ampliaba por tres a cinco años. Obviamente, la pérdida de estos derechos de conexión es un gran varapalo, pero no olvidemos que actualmente hay un exceso de capacidad de generación eléctrica en el estado español (130 GW de potencia instalada para un consumo medio de 26,5 GW) y que realmente ya no hay tanto negocio (y por eso los inversores llevan tiempo retrayéndose). Para mi son mucho más importantes otras medidas que claramente buscaban mejorar la rentabilidad de los proyectos renovables con argucias cuanto menos feas (como eximir en ciertos casos de las declaraciones de impacto ambiental, promover la utilidad pública que favorece expropiaciones forzosas, o dar ciertos privilegios de acceso a las instalaciones con baterías). Justamente, uno de los aspectos que probablemente va a ser el caballo de batalla de los próximos años va a ser el de las instalaciones híbridas, consistentes en renovables y bancos de baterías, que tanto servirán para generar electricidad como para almacenar y ayudar a regular la red. En realidad, dada la clara contracción del negocio de la producción renovable, muchas empresas del sector se están posicionando para dar un nuevo servicio, el de regulación de la red usando baterías. El problema de las baterías, además de sus elevados costes, es que no son generación de electricidad, no producen energía, sólo la gestionan, así que en realidad son más bien un coste. En ese sentido, el decreto abonaba el terreno para que se retribuyese de varias maneras este tipo de instalaciones, siendo el modelo de hibridación una de las fórmulas que más posibilidades ofrecía, tanto a través de ayudas y subvenciones como con un acceso ventajoso a la red.

Otra de las medidas llamativas de rescate es la rebaja temporal y solo aplicable a 2025 de las horas mínimas de funcionamiento exigidas a las plantas fotovoltaicas para poder acceder al régimen de retribuciones que tienen. Esta medida busca compensar el hecho de que desde el 28 de abril se ha forzado una mayor generación con centrales de ciclo combinado para garantizar la estabilidad de la red, y en general el aumento de curtailments por necesidades técnicas. Con una red saturada de plantas fotovoltaicas, es imposible que todas las plantas puedan acceder al régimen de retribución, no ya este sino ningún año a partir de ahora, pero obviamente la esperanza del legislador es que muy rápidamente se instalen un montón de baterías y sistemas de estabilización y se puede conseguir producir más y más energía fotovoltaica. 

Por último, están todas las medidas pensadas para favorecer la electrificación de la sociedad, que en realidad son medidas pensadas para incrementar el consumo eléctrico. Recordemos que en España, al igual que en la Unión Europea, el consumo de electricidad lleva cayendo, con altibajos, desde 2008.

 

Estas medidas son las clásicas, incluyendo - cómo no - el fomento del coche eléctrico. Por supuesto, una perspectiva completamente alejada de la realidad social de España, y es que aún no han conseguido entender por qué el consumo de electricidad continúa estancado desde hace años en el 23% del consumo de energía final, y que, de hecho, en cifras absolutas sigue cayendo. Algún día, alguien debería plantear una auditoría del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima y hacer una reflexión crítica de por qué las previsiones están tan alejadas de la realidad.

El fracaso de la convalidación de este decreto supone que el negocio renovable en España se encuentra en una situación crítica. Entre los curtailments y la desinversión, se vivían momentos muy críticos; pero sin el balón de oxígeno del decreto, necesario para sobrevivir el tiempo suficiente para hacer las reconversiones necesarias, muchos proyectos echarán el cierre y hay el riesgo de que el goteo se convierta en desbandada, y la desbandada en pánico. El sector entero podría colapsar, causando un daño gigantesco a la imagen pública de la energía renovable, y por abuso de extensión, ay, a la lucha contra el Cambio Climático. Todo por haber apostado ciegamente por un modelo erróneo, el REI, ignorando los repetidos signos de que no estaba funcionando. El Gobierno de España intentará relanzar el decreto por otras vías, pero el tiempo se agota y el calendario estival no ayuda. Dependiendo del clima internacional, si no hay un cambio rápido, a la vuelta de vacaciones se puede vivir una auténtica debacle. Y entonces, todos esos industrialistas que nos hostigaron a los que avisábamos de que este modelo era insostenible, deberían de reflexionar si realmente no se han equivocado con su actitud. Y, ya puestos, podrían pedir perdón. Aunque lo más importante en ese momento será ver cómo recomponer los platos rotos y cómo plantear rápidamente un modelo de transición que, éste sí, funcione, porque lo necesitamos urgentemente.

Salu2.

AMT  

lunes, 10 de marzo de 2025

Abandonad toda esperanza

 

Queridos lectores:

Durante los últimas semanas, se han producido cambios de gran calado en el mundo, sobre todo a raíz de la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Desde su toma de posesión, el Sr. Trump se ha lanzado a una frenética actividad de firma de decretos que ponen patas arriba todo el estado norteamericano y por ende el mundo entero. Las medidas más impactantes han sido el despido masivo de trabajadores públicos en numerosas agencias estatales dando igual la importancia de la tarea que estuvieran desarrollando, la salida de los EE.UU. de organizaciones como la OMS o tratados internacionales como el Tratado de París, la fuerte disminución de la ayuda internacional americana y la aplicación de aranceles a la práctica mayoría de las naciones con las que los EE.UU. tienen actividad comercial.

Entre las múltiples áreas afectadas, están todas las relacionadas con la transición renovable. Particularmente, el Sr. Trump no tiene absolutamente ninguna fe en la capacidad de la Renovable Eléctrica Industrial (REI) para mantener la competitividad de la economía americana, y por el contrario se ha decidido a extraer todo el combustible fósil extraíble, y quemar todo lo quemable. En paralelo, la fuerte reducción de personal decidida para la NASA y la NOAA garantizan una pérdida de la capacidad de los EE.UU. no solo para seguir estudiando e intentar disminuir el impacto del Cambio Climático, sino que hasta su capacidad para hacer previsión meteorológica a corto plazo se va a ver afectada.

Hay una cierta tendencia a decir que el Sr. Trump es un loco o un extremista, y que no entiende lo que está haciendo; más aún, que todo lo que está haciendo acabará volviéndosele en contra. Por el contrario, yo creo que Donald Trump entiende bastante bien lo que hace y, peor aún, aunque sea inmoral sus acciones tienen una lógica que pueden proporcionarle un beneficio a corto plazo (aunque a largo plazo nos condene a todos).

Ya hemos hablado aquí con frecuencia de por qué el modelo REI no funciona, al menos no a la escala que se pretende implantar. Yo no creo que Donald Trump haya hecho un análisis tan detallado, pero seguro que sabe - porque es muy evidente - que la producción de energía renovable no es económicamente competitiva, ni probablemente lo será nunca, con respecto a los combustibles fósiles. Pero los miembros de la administración Trump no son unos ceporros que no sean conscientes de lo que implica la quema de combustibles fósiles; por ejemplo, el propio Elon Musk afirmaba en 2016 que "el Cambio Climático es el mayor riesgo que afronta la Humanidad en este siglo". Entonces, ¿cómo puede ser que Musk esté ahora aceptando que se recorten los subsidios a la instalación de nuevos puntos de carga, lo que va en contra de los intereses de su empresa Tesla? La clave es simple: a estas alturas, ya saben que no hay futuro en el REI. El REI fue una apuesta por una revolución tecnológica pero ha resultado fallida. Y el nuevo gobierno de los EE.UU. está pasando página. El propio Musk está pasando página: sabe que Tesla será una compañía de vehículos para ricos con una producción limitada. Del mismo modo que saben que en un futuro nada lejano la mayoría de la población no poseerá coche propio...

Pero eso no quiere decir que el gobierno de los EE.UU. no se dé cuenta de que el Cambio Climático es un riesgo existencial. Su apuesta, al final, es muy sencilla. Los EE.UU. tienen una cantidad considerable de recursos en su propio territorio, y una población seriamente amenazada por la pobreza: aunque la estadística oficial dice que solo el 11% de los estadounidenses viven por debajo de la línea de la pobreza, alrededor del 40% no pueden hacer frente a un gasto imprevisto. El gran problema para una gran parte de la población con poca o nula cualificación es la deslocalización de las fábricas que se viene verificando en las últimas décadas. Ergo, lo que interesa es relocalizar la producción. Para ello, EE.UU. se ha embarcado en un proceso de poco disimulado de desmantelamiento del sistema de comercio mundial, imponiendo aranceles de manera masiva. De esa manera, consigue que las fábricas vuelvan a los EE.UU. y consigue un empobrecimiento generalizado de todo el mundo (también en su país al principio), con lo que las emisiones globales de CO2 disminuyen. EE.UU. contaminará más, pero los demás contaminarán menos, y al final compensarán por los excesos del país del dólar. Hasta los recortes masivos del gasto estatal tienen perfecto sentido en este plan: al fin y al cabo, la apuesta energética de los EE.UU. implica explotar fuentes con baja Tasa de Retorno Energético (TRE), y por tanto en la situación de la tercera de mis famosas tres preguntas. Solo sacrificando partes del Estado del Bienestar se pueden explotar estas fuentes, cosa que en Argentina están experimentando con intensidad (lo cual será tema de un próximo post).

Hay, por supuesto, numerosas objeciones no solo morales sino también técnicas a este plan, y es dudoso que pueda funcionar en el largo plazo por las cuestiones que se han discutido a lo largo y ancho de esta bitácora - mayormente, la creciente escasez de recursos y particularmente de los combustibles fósiles. Pero no se puede negar que el plan tiene su lógica, e inclusive es probable que en el corto plazo pueda surtir los resultados deseados por sus promotores. El mensaje del "Make America Great Again" vendría por tanto a ser: "Dado que no se va a poder implantar el REI, que al menos nosotros podamos prosperar (por un tiempo) mientras vosotros os sumís en la miseria".

Quien ha quedado muy mal colocada en este nuevo escenario es la UE. Sin recursos, con una población avejentada y con una desindustrialización galopante, Europa se enfrenta a una nueva situación en la que el "amigo americano" nos ha dicho que nos apañemos por nuestra cuenta y que cada palo aguante su vela (de paso, que si queremos defender Ucrania, que nos encarguemos nosotros solitos). Da toda la impresión de que EE.UU. está soltando lastre con Europa. A fin de cuentas, es lógico: Europa no tiene recursos que aportar, y sí que tiene un gran nivel de consumo que a los EE.UU. no le reporta ningún beneficio. Así que para los EE.UU., de una manera cínica, lo mejor es dejar que Europa se vaya empobreciendo.

Delante de este panorama, y con la crítica situación industrial de Alemania (caída del 20% de la industria de 2020 a 2024, después de haber caído un 20% desde principios de siglo hasta 2020), a la UE no le ha quedado más remedio que reaccionar a la desesperada para intentar recuperar competitividad. En enero se aprobó la denominada "Brújula de la Competitividad", que teóricamente mantiene la descarbonización en el centro de las políticas, pero que al tiempo apuesta por la "simplificación administrativa" para facilitar la competitividad económica. Ya después de las elecciones de Alemania (con el miedo de ayudar a la ultraderecha si la reculada en el frente renovable se evidenciaba antes de tiempo), la nueva regulación Ómnibus - en particular la simplificación administrativa - conlleva una reducción de la exigencia en materia ambiental y de respeto a los derechos humanos. Se anuncian también moratorias para el destierro final de los coches con motor de combustión interna, mientras las compañías europeas siguen manteniendo el coche eléctrico en el congelador y algunas, como Stellantis, apuestan para simplificarse (eliminando marcas) para sobrevivir.

Europa está desubicada, hace ya tiempo que lo está, pero el mundo no va a esperar a que la UE reevalúe su posición en el mundo y decida la nueva dirección que quiera tomar. Los grandes fondos de inversión se están retirando aceleradamente de la inversión verde, y hasta el fondo Kanou Capital LLP, que hace un año promovía inversiones 100% verdes, considera que el mercado está muerto "por ahora". Éstos y otros indicios indican que estamos llegando al final de la primera burbuja renovable, es decir, al final de la apuesta por el REI. Mientras se mantengan los fondos NextGeneration seguirán tirando adelante algunos proyectos, y de tanto en tanto veremos planes de rescate encubiertos (como los 1.200 millones de euros anunciados por el presidente Pedro Sánchez para el cada vez más arrinconado hidrógeno verde), pero cada vez habrá menos fuelle. Ciertamente nunca se reconocerá que el REI fue un fracaso, pero progresivamente se irá hablando menos de él, poniendo de vez en cuando excusas de acuerdo con la coyuntura para justificar por qué no acaba de tomar impulso, hasta que por fin dentro de 5 ó 10 años se reconocerá por primera vez que no era viable - no a la escala que se pretendía.

No espero que los (no tan numerosos pero sí bastante ruidosos) adalides del industrialismo reconozcan jamás que se equivocaron. No espero que aquellos que defendieron y promovieron desde instancias públicas la falacia del Green New Deal asuman la responsabilidad por los dineros públicos malgastados y, sobre todo, por el coste de oportunidad de poner tanto empeño en un camino errado, destructivo y colonizador. Sé que durante un tiempo negarán que esto está pasando, que el Green New Deal se va por el desagüe de la historia, que los macroparques renovables no valen para nada, que el REI ha muerto, que no habrá ni coches eléctricos a mansalva ni hidrógeno verde hasta en la sopa; y cuanto más evidente sea el final de esta burbuja, más lo negarán. En su crispada exasperación, espero que más que nunca nos señalen a aquéllos que alertamos de todas las contradicciones técnicas de estos proyectos, que nos acusen a los que pusimos sobre la mesa su inviabilidad energética, económica y ecológica. Llegarán a decir, estoy seguro, de que todo esto es culpa nuestra. Cualquier cosa antes de aceptar que en realidad ha sido ellos y solo ellos la causa de este fracaso estrepitoso, cuya onda expansiva va a perjudicar al ambientalismo durante muchos años. Porque, por desgracia, es más que previsible que, en una Europa dominada por el discurso del populismo, se aprovechará el fracaso de estas políticas verdes (en realidad, industrialistas) para decir que el Cambio Climático y el resto de problemas ambientales son falsos, y fruto de una conspiración de izquierdosos camuflados. Cuando, por desgracia, la crisis ambiental no solo es real, sino que está llegando a un estado crítico

Vendrá entonces el llanto y el rechinar de dientes. Y nos tocará a todos los que estamos intentando concienciar de los problemas ambientales hacer nuestro descenso al infierno social. Malos tiempos para la lucha contra el Cambio Climático, algo que sinceramente me desazona, viendo la gravedad de la situación actual, viendo cómo podemos descender a un infierno literal por culpa de la codicia y el ego de unos pocos. "Abandonad toda esperanza, los que entréis aquí".

Mientras tanto, la rueda de la Historia sigue dando vueltas, ajena a nuestras pequeñas y mezquinas disputas. La reunión entre Trump y Putin para discutir el final de la guerra en Ucrania (sin contar con la propia Ucrania, no digamos ya con la UE) ha dejado claro que entramos en una nueva fase del declive de nuestra civilización, que estamos ya en los primeros compases de la partida final del descenso energético. Mientras que en América Latina y partes de África se empieza a hacer evidente que falta diésel (espero sacar pronto la última edición de nuestra serie "El pico del diésel") y los apagones se multiplican, EE.UU. y Rusia se están repartiendo sus áreas de influencia en un mundo donde habrá menos recursos y solo unos pocos actores tendrán acceso a ellos. 

¿Dónde deja eso a Europa? En realidad, en una exclusión que muchos otros países llevan décadas sufriendo pero que la engreída Europa cree no merecer. Delante de estos retos, la respuesta de la UE es una absurda y autodestructiva militarización, blandiendo la amenaza fantasma de una posible invasión rusa. Pero es éste un tema demasiado extenso y por eso lo discutiremos en el próximo post.

Salu2.

AMT