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viernes, 26 de diciembre de 2025

The Oil Crash: Año 20


Queridos lectores: 

Como cada año, llegamos a ese momento en el que hacemos un resumen de los eventos más importantes que han marcado su devenir, principalmente desde el punto de vista de la crisis de sostenibilidad en la que estamos inmersos, sin descuidar cada uno de sus aspectos: ambientales, de recursos y sociales. Y este año ha venido especialmente cargado de eventos, por desgracia, por todos los frentes.

- La presidencia de Trump: La nueva entrada de Donald Trump en la presidencia de los EE.UU. ha sido de todo menos plácida. La mayoría de las medidas que ha tomado, tanto el frente interior como el exterior, son violaciones claras y sistemáticas de leyes nacionales e internacionales que buscan proteger derechos básicos. En el frente interior, destaca la actuación represiva y con nulo respeto a los derechos humanos de los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (los infaustos ICE) y la toma de medidas personales dirigidas a individuos concretos como represalia por sus acciones en favor de los derechos humanos, como es el caso de la relatora especial de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, aparte de otras medidas más bizarras como declarar Antifa organización terrorista (cuando es solo una etiqueta genérica, no una organización) y en general la violencia verbal contra sus oponentes políticos o simplemente periodistas, buscando la intimidación siempre. Enturbian aún más la situación doméstica los actos de violencia política (como el asesinato de Charlie Kirk) o la turbia historia con los archivos de Jeffrey Epstein. Mientras tanto, en el frente exterior la política del Sr. Trump ha sido todavía más destructiva: aranceles (que propone o quita en función de la capacidad de coacción del otro, especialmente ridícula la actuación de los EE.UU. con los aranceles a China), afán expansionista (ahí tenemos las declaraciones de Trump diciendo que necesitan Groenlandia o que el petróleo de Venezuela es suyo) y en general un alto grado de injerencia geopolítica, con resultados que van a acabar siendo desastrosos: ahí está el plan de paz para Ucrania que es de facto un plan de rendición incondicional y de sometimiento al capital americano, su plan de reconstrucción de Gaza que pasa por consumar la actual limpieza étnica y crear un resort para ricos, la guerra de (aún) baja intensidad contra Venezuela incluyendo la incautación de petroleros, y ahora el bombardeo de posiciones en Nigeria  (de repente los EE.UU. se han dado cuenta de que en el principal productor de petróleo de África se mata a cristianos). En resumen, un desastre total... y aún no lleva ni un año.

- El reagrupamiento geopolítico: Mientras los EE.UU. intentan reforzar su papel como amos del mundo, los BRICS no se han estado quietos y avanzan en su consolidación como contrapoder global. La enorme torpeza de los EE.UU. ha favorecido un mayor acercamiento entre dos rivales regionales tradicionales, como son Rusia y China, los cuales están estrechando cada vez más sus lazos comerciales y haciendo más fuerte su unión. En particular, Rusia exporta cada vez más gas natural hacia China y más petróleo hacia la India, y con la consolidación de estas rutas comerciales la importancia de Europa como cliente se va debilitando a marchas forzadas. El hecho es que Rusia no volverá ya nunca a ser un suministrador tan importante de Europa: ha diversificado su mercado, lo cual le dota de resiliencia y disminuye la capacidad de coacción de Occidente. El problema es más bien para Europa, ya que que, ¿de dónde va a conseguir ahora energía barata? Por si fuera poco, los BRICS están consolidando su sistema de intercambios bancarios y cada vez se están usando más sus propias monedas, como los rublos y los yuanes, para los intercambios de materias primas, debilitando así el papel del dólar como divisa de reserva. Quizá los EE.UU. han entendido que ya no van a poder imponer su moneda al resto del mundo, y que su "privilegio exorbitante" está llegando a su fin: de ahí los aranceles y de ahí su prisa por forzar su propia reindustrialización. El problema es dónde queda Europa en todo esto. 

 

- El hundimiento de Europa: Europa se está quedando sin escapatoria. Abandonada por los EE.UU. en una guerra imposible de ganar en Ucrania, carente de energía barata para poder mantener su industria (el gráfico que acompaña estas líneas ilustra el hundimiento del sector industrial en Alemania desde 2017), con un modelo de transición energética que está fracasando por falta de tecnologías palanca capaces de producir una verdadera substitución energética... Europa no sabe a dónde va, porque en ningún momento ha contemplado la posibilidad de que su plan de transición y en general sus políticas no tuvieran una base técnica: el dominio de los tecnócratas formados en escuelas de negocios ha descuidado la comprensión de las leyes más básicas de las ciencias naturales, desde la Física a la Biología, pasando por la Geología y la Química. Nuestros líderes están desorientados y al tiempo se echan para atrás en la prohibición de coches con motor de combustión interna para 2035 pero siguen adelante con la idea del rearme mientras proponen 47 proyectos de minas para la extracción de minerales estratégicos en el todo el territorio de la UE. Mientras tanto, la intención de voto a los partidos de ultraderecha sube en toda la UE, como respuesta a la demostrada inoperancia de los desnortados partidos tradicionales. Europa no sabe a dónde va, Europa va a la deriva y probablemente se va a estrellar contra algo.

- La guerra de Ucrania: Un año más, y ya van casi tres, de guerra cruenta, de miles de vidas segadas, de ciudades destruidas, de poblaciones desplazadas... Este año, el ejército ruso ha decidido atacar masivamente la red eléctrica, así que en medio del crudo invierno ucraniano está faltando electricidad en la mayoría del país. Ucrania tiene problemas para seguir reclutando, en tanto que Rusia utiliza mercenarios de otros países afines y al mismo tiempo ha impulsado su propia industria armamentística. Las consecuencias de todo esto son claras, aunque sé que resulta de mal tono decirlo: la realidad es que la guerra se está perdiendo, el frente colapsa por diversos sitios y las fuerzas ucranianas ya no están en condiciones de evitar el avance de los rusos, solo de retardarlo. Europa no tiene un plan B, en tanto que los americanos ya están pensando en otras cosas...

- El genocidio en Palestina: Hace más de dos años que Israel comenzó una campaña de exterminio sistemático de la población palestina, sobre todo en la Franja de Gaza. Hay decenas de miles de muertos, posiblemente centenares. Naciones Unidas declaró la situación de hambruna, consecuencia de las política de bloqueo de acceso de alimentos y medicamentos a la Franja. Precisamente para intentar forzar ese bloqueo, varias flotillas han intentado llegar a la costa de Gaza, sin éxito, pero por lo menos han servido para aumentar la conciencia en el mundo occidental de la salvajada injustificable que está pasando en este rincón del mundo. En este momento, se supone que se ha iniciado una tregua y un proceso de paz, pero Israel sigue matando varias decenas de palestinos cada semana, y la vida en la Franja sigue siendo durísima. El exterminio sigue, solo que a otra intensidad; y por desgracia esta estrategia ha funcionado, ya que los medios de comunicación occidentales efectivamente han reducido la intensidad de su cobertura de esta tragedia.

- Año de incendios: el año 2025 se estrenó con unos incontrolables fuegos en California, que amenazaron zonas muy pobladas y que causaron la destrucción de unas 18.000 viviendas y la muerte de hasta 400 personas (las estadísticas son muy variadas por la disparidad en la consideración de la causa de muertes, por ejemplo por inhalación de humo). Después, y como se está convirtiendo en costumbre, una nueva oleada de fuegos en la Columbia Británica, en Canadá, con la destrucción de casi 900.000 hectáreas de bosque. Y en España el mes de agosto vio incendios de grandes proporciones en el noroeste y en particular en mi provincia natal, León, con 135.000 hectáreas quemadas tan solo en Castilla y León. La sensación de impotencia, el abandono, la indiferencia y que a pesar de la tragedia nada cambie, todo eso contribuye a que este episodio en particular sea una de las píldoras más amargas de tragar este año para mis paisanos.

- Eventos extremos: A pesar de que el calentamiento global sigue acelerándose, 2025 no ha sido un año pródigo en eventos extremos: ha habido, por supuesto (por ejemplo, la tempestad que inundó la localidad marroquí de Safi causando 37 muertes hace un par de semanas), acompañado de otros eventos inusuales como la nevada en Arabia Saudita o los 20 grados que se marcaron ayer en Islandia, por encima de la máxima habitual en junio. Pero afortunadamente este año no han sido pródigo en eventos extremos particularmente en España, y los que ha habido han tenido una extensión espacial y temporal limitada. A una escala mayor, la temporada de huracanes de 2025 ha cerrado con uno de los conteos más bajos de la historia reciente, aunque con huracanes más fuertes. La causa de que se formen menos tempestades posiblemente tiene mucho que ver con una atmósfera mucho más inestable y mayor cizalla horizontal, que inhibe la formación de procesos convectivos. Eso sí, cuando se forman son más violentos. Qué pasará a medida que la energía disponible sea mayor, siguiendo el proceso de calentamiento, es algo con lo que solo podemos especular, pero la intuición es que veremos eventos nunca antes vistos por su violencia.

- Protestas pro-Palestina en España: España es uno de los países de Europa donde ha habido mayor concienciación de lo que está pasando en Gaza y donde la población ha podido más abiertamente manifestar su repulsa contra esta aberración, particularmente con motivo de la Vuelta Ciclista y el repudio a la participación de un equipo israelí. Todo comenzó con 5 manifestantes que cortaron la carrera unos minutos en Figueres, la localidad que me ha adoptado; al día siguiente, fueron 10 en Olot, pero más de 100 se manifestaban en la calle; en pocos días, centenares de manifestantes abarrotaban las calles del País Vasco, luego Cantabria, luego Asturias, Galicia y para finalizar miles de personas impidieron el transcurso habitual en Madrid. Unas semanas más tarde, las protestas se generalizaron en toda España con motivo del apresamiento de la Global Sumud Flotilla. En el momento actual, España se ha retirado del concurso de Eurovisión, y es posible que haya algunos boicots adicionales a actividades deportivas donde participe Israel. Solo el tiempo dirá si estas protestas han llegado para quedarse.

 - Ascenso de la ultraderecha en toda Europa: En medio de la total inoperancia de los partidos tradicionales (incapaces de dar respuesta a los problemas más acuciantes de los ciudadanos, desde la carestía y escasez de la vivienda hasta la creciente precarización de los trabajos y el deterioro de los servicios públicos), las encuestas reflejan un apoyo creciente a los partidos de extrema derecha. Partidos que para nada cuestionan la inviabilidad económica del capitalismo, y que centran sus "soluciones" en la persecución del diferente, en la criminalización de los emigrantes y en su furibundo ataque a lo que suene vagamente a ecologista. El objetivo más o menos declarado es que para superar la actual crisis social y económica lo que hace falta es más capitalismo, no menos. Muchos de estos partidos cuentan con un buen respaldo financiero, y obviamente su programa político es del gusto de una parte de las élites económicas.

- Sobra petróleo...: Llegamos al final de 2025 con un precio del barril de petróleo más que moderado, en el entorno de los 60 dólares para el barril de Brent. No solo eso, la narrativa en el mercado es que está "inundado" y que va a sobrar petróleo durante años, y que nos esperemos precios de hasta 30 dólares el año que viene. Sin embargo, este discurso oculta algunos aspectos importantes. Uno de ellos, que tan importante como el incremento de oferta es la caída de la demanda, sobre todo en Alemania y otras naciones de Europa. Por otro lado, el incremento se basa de manera muy importante en el petróleo de fracking de los EE.UU., en lo que puede ser su canto del cisne. Pero además esta abundancia oculta carencias graves y sistemáticas, y en particular del tipo de petróleo necesario para producir diésel (del que, como sabemos, hay una carencia estructural desde hace años). No deja de ser significativo que a los EE.UU. se les haya dado ahora por incautar petroleros venezolanos...

- ... pero faltan muchas materias primas: muchas materias primas están cotizando a precios de récord. En el caso de algunas, como el oro o posiblemente la plata, se puede alegar que su condición de metales precisos influye en la actual escalada de precios, ya que se buscan valores de refugio. Pero eso no justifica la subida incesante del precio del cobre, que toca máximos históricos. En realidad, tanto el cobre como la plata están ya entrando en el proceso final de su agotamiento geológico, y su extracción posiblemente ha tocado su pico, o está a punto de hacerlo. Incluso sin haber llegado a sus probables máximos de extracción, la producción ya no puede aumentar significativamente, y eso dispara su escasez y su precio, sobre todo en un momento en que su demanda es muy alta por los requerimientos tanto de la transición renovable como de las nuevas tecnologías. La creciente escasez de metales de interés industrial va a ocasionar graves problemas económicos en los próximos años, y tiene un potencial destructivo comparable al del propio peak oil.

 

- El apagón en España: Este 2025 que pronto se despide ha visto también un apagón en España, que se produjo a las 12:33 del día 28 de abril. Un apagón cuyas causas y consecuencias ya hemos discutido varias veces, y que en particular está precipitando la debacle del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI): para garantizar la estabilidad de la red, se mantiene cierta cantidad de generación eléctrica usando centrales de gas de ciclo combinado, lo cual encarece la factura y además disminuye el ya reducido margen de utilización de las plantas renovables, hundiendo aún más su rentabilidad, ya muy afectada por los crecientes curtailments. Todo lo cual era muy previsible y sobre lo que nadie ha querido actuar.

- El hundimiento del REI: Desde principios de año, y no solamente en España, se está produciendo un fuerte desinversión en la renovable eléctrica. La reevaluación de los costes operacionales de la eólica, y particularmente de la eólica marina, reflejan una baja o inclusive negativa rentabilidad. En cuanto a la fotovoltaica, dada su intermitencia y características, hacen falta muchos sistemas instalados pero compiten unos con otros cuando producen (lo que a veces se denomina canibalización), y también dejan de producir a la vez. Este problema no tiene ninguna solución, ya hace años que lo llevamos comentando, y encima tampoco se están introduciendo masivamente tecnologías palanca (como el coche eléctrico o el hidrógeno verde) para aprovechar el excedente porque simplemente no funcionan como estaba previsto, la tecnología no tiene las capacidades que se le presuponían. Para acabar de redondear la tragedia, se acaban los fondos NextGenerationEU, y encima no se van a poder cumplir algunos compromisos contractuales de suministro. El REI muere. Nadie lo va a reconocer, y se disimulará con pequeños proyectos que seguirán adelante, pero esto se acaba, ya no va a volver a haber el impulso fuerte de estos años - no en España ni en Europa, al menos. Cuántas empresas van a quebrar es a día de hoy una incógnita.

- La proliferación del biogás y la biomasa: Pero el capital lógicamente no se va a estar quieto, y ya está buscando masivamente oportunidades de inversión. Las cuales las centra actualmente en el biogás y en la biomasa - una aberración conceptual, energética y económica, aparte de social, pero que por desgracia seguramente se va a impulsar para intentar mantener rodando la pelota de nuestro insostenible sistema económico unos pocos años más. En ese sentido, en las comunidades autónomas españolas han proliferado como setas durante los últimos los planes de biometanización y de biogás, en los que se prevé el procesamiento de centenares de miles de toneladas de residuos, en conjunto millones, sin que haya capacidad en los territorios de implantación de generar ese enorme volumen de residuos, los cuales obviamente se prevén importar de otros sitios (posiblemente, desde Europa). Y ya comienzan a asomar la patita los planes de aprovechamiento masivo de la biomasa, primero con la excusa de la electricidad y el calor, pero ya también se empieza a mostrar el que desde luego siempre ha sido el objetivo último, hacer el proceso de Fischer-Tropsch para generar combustibles líquidos y compensar la creciente falta de diésel...


Y con esto acabamos el resumen de lo que ha dado el año. En el próximo post, enunciaremos nuestras previsiones para el 2026. Entre tanto, deseo que pasen unas Felices Fiestas.  

Salu2.

AMT 

miércoles, 8 de enero de 2025

The Oil Crash: Año 19

 


Queridos lectores:

Con un retraso de unos días, les presento el resumen de los hechos más destacados del año 2024 en materia de sostenibilidad, y particularmente tanto en los aspectos ambientales.

Como suele pasar, este año ha estado cargado de muchas noticias y en general el tenor, en cuestiones de sostenibilidad, ha sido considerablemente peor que el de años precedentes. De hecho, hay tantas noticias que es completamente imposible glosarlas aquí todas, así que discúlpenme si algo muy notorio acaba quedándose en el tintero.

+ Creciente caos climático: El año 2024 ha estado caracterizado por una enorme cantidad de eventos extremos, con lluvias y vientos anómalos en todos los continentes, en ocasiones con efectos muy destructivos. Lo más preocupante es la ocurrencia de estos fenómenos en lugares donde no hay constancia en décadas, a veces incluso en siglos, de nada parecido. Desde inundaciones en Arabia Saudita a nieve en Marruecos. Puestos a destacar eventos particularmente destructivos, señalaríamos el huracán John en Acapulco (por segunda vez en 11 meses se produce un huracán en esa zona que sufre una intensificación explosiva hasta categoría 5 en menos de 24 horas), el huracán Helene en los EE.UU. (que trajo la devastación a estados hasta ese momento considerados seguros, como Carolina del Norte), las catastróficas inundaciones en Katmandú (más de 200 muertos), las inundaciones en Polonia, Hungría y Austria de septiembre y las repetidas inundaciones de Turquía (cada pocos meses se producen nuevas) y, en el caso de España, la DANA de Valencia.

+ Preocupación creciente con los puntos de no retorno climáticos: Durante el 2024 ha vuelto con fuerza la discusión sobre una posible ralentización e inclusive eventual detención del brazo atlántico de la Corriente Meridional del Lazo (Atlantic Meridional Overturning Current o AMOC), a partir de diversas publicaciones que, analizando datos recientes, ponen de relieve que el peligro puede ser más cercano de lo que nos pensamos (escribí un post sobre uno de esos artículos). Los hallazgos que se han ido publicando con posterioridad durante 2024 y la investigación en curso empujaron a 44 científicos a escribir una carta al Concilio Nórdico alertando sobre el peligro para sus países de una parada abrupta de la AMOC. Por desgracia, una eventual parada de la AMOC es solo uno más de los puntos de no retorno que podríamos cruzar en los próximos años, los cuales incluyen también la sabanización de la Amazonia o el deshielo de la capa de hielo continental de la Antártida Occidental, entre otros, y encima todos ellos tienen dependencias mutuas, así que sobrepasar uno puede empujar a otro, pudiéndose producir una cascada de puntos de no retorno. Por cierto que un punto de no retorno del que no se habla porque no ha sido catalogado como tal, a pesar de que parece estar en peor estado que los anteriormente mencionados, es el colapso de la SMOC (Southern Ocean Meridional Overturning Current, a veces designado también por SOOC), aunque probablemente se empiece a hablar mucho próximamente (a lo que espero que nuestro propio trabajo de investigación aporte su granito de arena).

+ Desestabilización geopolítica masiva: Durante el año 2024 ha continuado la guerra en Ucrania, pero también se recrudeció la masacre en Gaza y Cisjordania que comenzó a finales de 2023; ambos conflictos representan un grave problema para los países occidentales y particularmente para Europa, por motivos diferentes: en el caso del primero, porque el temor existencial a un conflicto en suelo europeo está empujando a una creciente militarización del Viejo Continente, pero también a un creciente rechazo a que se destinen más recursos en una Europa donde cada vez escasean más; en el caso del segundo, por el rechazo expresado por la ciudadanía europea a la masacre indiscriminada de la población civil, lo cual compromete el discurso de superioridad moral que es tan del gusto europeo. Al tiempo, el golpe de estado en Níger en 2023 ha puesto en jaque la hegemonía de Francia en el Sahel, sobre todo al fracasar la coalición de países africanos con la que Francia quería recuperar el control al producirse sendos golpes en Malí y Burkina Faso. Ahora, los países díscolos se proponen salir de esa agrupación cooptada por Francia, la ECOWAS, lo cual está debilitando aún más el poder francés en esta parte de África. La última gran noticia a nivel geopolítico del año de 2024 es el colapso de Siria bajo la ofensiva de un grupo islamista radical, un suceso tan turbio (del que rápidamente han intentado sacar provecho tanto Turquía como Israel) que daría para hablar durante años. Se publicará en breve un programa de Radioactividad con David Feria y un servidor donde se abordan éste y otros temas.

+ Problemas con el acceso a los combustibles: El 2024 se ha caracterizado por problemas crecientes en el abastecimiento de combustibles, sobre todo en África y América Latina, con algunos países de Asia afectados como Pakistán. Algunos eventos de 2024 asociados con las dificultades para mantener el abastecimiento de combustibles derivados del petróleo fueron el paro de camioneros en Colombia, la escasez en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, en Perú y en Argentina, pérdidas en la agricultura en Bolivia, protestas por la falta y encarecimiento de los combustibles en Nigeria, y problemas en muchos países africanos: Malawi, Egipto, Burundi, Tanzania, Sudáfrica, ... El problema empieza a estar tan extendido que parece ridículo que algunos nieguen que hay un problema global con el petróleo, simplemente porque no les afecta a ellos (aún).

 + La recesión se afianza en Alemania: Desde 2020 hasta 2024, el 20% de la industria pesada alemana ha desaparecido, y las perspectivas no pintan demasiado bien. Se anuncian despidos y reducción de actividad en multitud de empresas sistémicas, como BASF, Siemens o Volkswagen. La incapacidad de tener materias primas y energía a un precio adecuado para la industria alemana está provocando la destrucción económica del país, y tiene una buena parte de responsabilidad en la caída del Gobierno alemán. El problema es que Francia y otros países de la UE tampoco están en una situación muy boyante, excepto España.

+ Retroceso democrático en Occidente: El ascenso de los partidos radicales en Europa es innegable: la ultraderecha gobierna en Italia, en Hungría, en Polonia o en los Países Bajos, y podría dar un gran salto adelante en las elecciones alemanas de febrero de 2025 o en las presidenciales francesas de 2027. La fuerte represión de las protestas por la matanza en Gaza (hasta el punto de detener a gente por exhibir banderas palestinas, aparte del uso indiscriminado de antidisturbios), la persecución a los grupos ambientalistas y, en general, la crispación y las amenazas en las redes sociales, junto con un control cada vez más sesgado de la información que se difunde, van lentamente llevando a Europa hacia una nueva pesadilla totalitaria. En EE.UU., la victoria de Donald Trump augura cuatro años de retroceso en las libertades a nivel doméstico y una política populista y radicalizada.

+ El "oasis" español: En medio de la debacle económica y de la agitación política de Europa, España es actualmente una especie de oasis tanto en lo político como en lo económico (hasta el punto locomotora económica). En lo económico, España aportó el 40% del exiguo crecimiento del 0,8% de la Eurozona durante el 2024 (lo que es más una muestra de la debilidad económica europea que de la fortaleza de España). En lo político, el acuerdo con casi todos los partidos del arco parlamentario excluyendo la derecha nacional continúa apuntalando al Gobierno de coalición entre PSOE y Sumar, a pesar de los múltiples bandazos y anuncios de abandono, y que el propio Sumar perdió a su coordinadora, Yolanda Díaz, dimitida después de los malos resultados en las europeas, y la mala noticia de que uno de sus socios principales, Más País, haya perdido a su miembro más carismático y fundador, Íñigo Errejón (cosa que, dada la política de acoso de ese particular partido contra los académicos españoles, solo puedo contemplar con cierto alivio). Contra viento y marea, España es aún un país económicamente solvente y políticamente... bien, no diremos que estable, pero sí más afianzado que otros de nuestro entorno. Ahora bien, viendo lo que se avecina para los próximos meses (motivo del siguiente post) veremos cuánto dura esto.


En una nota más personal, este año ha visto la publicación de mi quinto libro de ensayo, el tercero que publico en solitario: "El futuro de Europa". En él recojo tanto un análisis de los problemas de sostenibilidad que nos aquejan cómo de la inviabilidad del modelo de Renovable Eléctrica Industrial, pero también (y ésta es la parte más extensa del libro) discuto sobre soluciones y aproximaciones técnicas para conseguir mejorar nuestro aprovechamiento de la energía y acercarnos a un modelo verdaderamente sostenible.

Volvemos en breve con la previsión para 2025. Permanezcan en sintonía.

Salu2.

AMT 

domingo, 1 de septiembre de 2024

Inventario de la crisis global: agosto de 2024

 

Queridos lectores:

Como habrán podido comprobar, llevo más de dos meses sin escribir en este blog. Estuve ocupado con la escritura de mi nuevo libro, El futuro de Europa, hasta mediados de julio, y después en acabar el papeleo de diversas convocatorias y otras zarandajas, más una semana de vacaciones a principios de agosto. Desde entonces, voy trabajando en temas pendientes y entre eso, y algunos cambios importantes en mi vida familiar, no me ha quedado mucho tiempo libre para seguir escribiendo. Ahora que las cosas están un poco más calmadas quería aprovechar para ir retomando el ritmo de publicación, pero antes de empezar me ha parecido importante hacer un post de resumen analizando dónde estamos en este momento.

Desde el punto de vista ambiental, es notorio que las cosas no van demasiado bien. La persistencia de una dorsal ártica (asociada a la ralentización de la corriente de chorro polar que ya hace años comentábamos) ha permitido que en España este verano no haya sido especialmente caluroso si lo comparamos con los últimos años, algo parecido a lo que pasó en 2013. Sin embargo, en el resto de Europa ha sido un verano terrible, con temperaturas que han excedido los 50 grados en Grecia que obligaron a cerrar la Acrópolis algunos días y que favorecieron que la capital griega se viera asediada por los incendios a principios de agosto. Y, por supuesto, una sequía que vacía ríos y pantanos de Grecia hasta Italia, pasando por Hungría y otros países. Del otro lado del Mediterráneo, las olas de calor se han cobrado su peaje en centenares de muertos en Egipto, Sudán y Arabia Saudita, y yendo ya más lejos por ejemplo en la India. En el conjunto del planeta, tanto junio como julio y previsiblemente agosto se cuentan entre los meses más calurosos de la Historia de la Humanidad.


La temperatura global del planeta se mantiene en aproximadamente +1,6ºC por encima de los niveles preindustriales, sin que la finalización de El Niño 2023-2024 haya conseguido devolvernos a los niveles de temperatura previos. Y es que todo indica que en este momento, cada vez que sucede ese fenómeno planetario, en vez de equilibrar las temperaturas globales, como hacía antes, lo que tenemos es un nuevo escalón de ascenso. En este contexto también son especialmente alarmantes los récords de temperatura en el Hemisferio Sur, donde actualmente es invierno, con desviaciones de 10ºC sobre la media en Australia, o de 27ºC en la Antártida. Eso está llevando a que la extensión del hielo marino en el Océano Glacial Antártico sea muy inferior a la media de esta estación, solo superada por la de 2023, y eso que, como hemos dicho, estamos en el periodo invernal en ese hemisferio, que es cuando se forma el hielo.


Lo que es paradójico es que también se está en valores récord de anomalía negativa con respecto a la media en el Océano Ártico.

Esto es extraordinario, pues como norma general los dos hemisferios se comportan de manera opuesta, es decir, que cuando el hielo marino disminuye en un hemisferio se encuentra un exceso de hielo marino en el otro, y viceversa. Ese equilibrio energético entre ambos hemisferios parece haberse roto, y ahora en ambos nos encontramos bastante por debajo del nivel habitual para la época del año.

Pero el que quizá es el motivo más inmediato de preocupación y alarma es el extremo calentamiento de las capas superficiales del océano global, que está en niveles de récord desde el año pasado, desviándose brutalmente de la media instrumental.


La finalización de El Niño ha permitido una ligera mejora, pero aún estamos muy desviados de los valores observados durante los últimos 40 años. Algunas personas argumentan que la media instrumental de referencia en este caso es demasiado breve (solo 40 años, básicamente desde que hay satélites), pero no tienen en cuenta que el agua es mucho más densa y capaz de absorber calor que el aire, que los 3 primeros metros del océano tienen la misma capacidad calorífica que toda la atmósfera, y que por eso el océano superficial puede absorber varios centenares de veces más calor que la atmósfera. Cuesta más de calentar el mar, y por eso lo que está pasando en los últimos años, aunque la serie no sea tan larga como la de la temperatura del aire, es muy significativo. Si se fijan en las figuras de más arriba, verán que la temperatura promedio mundial del aire a nivel de la superficie terrestre varía mucho más a lo largo del año (unos 4ºC) de lo que hace la temperatura promedio mundial de la superficie del mar (unos 0,4ºC, unas 10 veces menos). La desviación de +1,6ºC del aire debida al Calentamiento Global, relativa a sus 4ºC de variación a lo largo de las estaciones del año, es comparativamente mucho menor que la desviación de +0,7ºC de la superficie del mar relativa a sus 0,4ºC de variación dentro del año. Es, de hecho, un indicio de que algo muy preocupante le está pasando al mar. Entre otras cosas, que está acumulando energía a un ritmo muy rápido, y que esa energía solo tiene una vía de salida: a través de las tempestades, que se están volviendo más violentas, con vientos extremos, mayores precipitaciones, grandes riadas, granizo de gran tamaño y frecuente generación de tornados.

Intentar hacer un censo de los eventos extremos que se han registrado durante este 2024 sería abrumador, dado su increíblemente grande número este año. Se trata mayoritariamente de eventos muy localizados en zonas concretas pero con un nivel de destrucción en muchos casos nunca visto, y en todos los casos completamente fuera de lo habitual. Llaman particularmente la atención las lluvias extremadamente torrenciales en lugares muy áridos como Arabia Saudita o Yemen, o como la que se anuncia para las próximas horas en una amplia franja del desierto del Sáhara (los 50 litros por metro cuadrado previstos pueden parecer una lluvia importante pero no algo extremo en nuestra latitud, pero en el Sáhara es más que la precipitación media anual). Lluvias torrenciales y las consecuentes riadas y a veces deslizamientos que han arrasado poblaciones se han visto con frecuencia por todo el mundo en lugares para nada habituados a este tipo de eventos. Ningún continente se salva de este tipo de anomalías, que van de China a Pakistán, de Sudán a Marruecos, de Italia a España, de Francia a Polonia, de México a los EE.UU., de Argentina a Chile... Japón acaba de recibir la visita del tifón Shashan, que ha descargado en algunas zonas hasta 1000 litros por metro cuadrado y causado numerosos estragos. Algo completamente inaudito. Por más que algunos se empeñen en argumentar lo contrario, la Crisis Climática está tomando cada vez más fuerza.

En el caso de España, la anomalía de temperatura del Mediterráneo (hasta 2ºC por encima de los niveles de 1982) garantiza que es cuestión de tiempo que una tormenta de gran magnitud cause estragos en alguna ciudad española. 


 

Simplemente es necesario que se produzca una configuración atmosférica adecuada, una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) de cierta intensidad que venga desde el este hacia la costa española. Una DANA no especialmente intensa causó graves destrozos en Es Mercadal, en Menorca, hace dos semanas. Estamos en tiempo de descuento para que algo así acabe pasando en una gran capital. Será quizá mañana, de aquí en un mes, de aquí en un año o de aquí en cinco, pero tarde o temprano acabará por pasar, mientras que de manera real y efectiva no hacemos nada ni para prevenirlo ni para mitigar sus posibles consecuencias. Lo único en lo que pensamos en ampliar las carreteras, el aeropuerto y poner casinos para atraer más turismo, mientras la fiesta dure. Es el único modelo que hay.

La preeminencia de la Crisis Climática podría hacer pensar que la Crisis Energética ha pasado a un segundo plano, pero no es así. Se informa poco y discontinuamente de cuál es la situación, pero lo cierto es que la Crisis Energética sigue su curso de deterioro, afectando preferencialmente a países periféricos de la gran metrópoli que es aún el Norte global, pero avanzando inexorablemente.

En lo que se refiere al petróleo, la producción global de crudo y condensado (lo que se puede convertir en combustible) continúa bastante estancada y unos 3 millones de barriles diarios (Mb/d) por debajo de los niveles de noviembre de 2018. Las revisiones que el Departamento de Energía de los EE.UU. hace a un año vista siguen dando por hecho que vamos a recuperar los niveles de 2018 de aquí en un año, pero lo cierto es que es poco creíble, teniendo en cuenta que llevamos escuchando esa cantinela ("en un año volvemos a los niveles de 2018") desde por lo menos 2022.

Imagen de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/april-non-opec-and-world-oil-production-drops-2/


Por supuesto que cuando se añade a la contabilidad de lo que se denomina "todos los líquidos del petróleo" la categoría de "líquidos del gas natural", que en su mayoría solo sirve para hacer plásticos, se obtiene que hemos recuperado los niveles de 2018. Publicidad engañosa para disimular la realidad en la que estamos. Y es que, al margen del precio del petróleo, el mundo está en una situación de penuria desde hace tiempo. Hace unos días, Art Berman mostraba un gráfico muy revelador: cuánto petróleo hay en almacenamiento flotante, es decir, en petroleros que no estén circulando.


Prácticamente no hay margen, no hay petróleo almacenado en los petroleros, todo lo disponible está en movimiento. No hay reservas ni capacidad de hacer frente a imprevistos. Las últimas veces que pasó esto fue en 2008, cuando el precio del barril se fue a casi 150$, y en 2022, cuando llegamos a los 132$. El precio del petróleo ha oscilado mucho en las últimas semanas, a veces al alza y a veces a la baja, pero está claro que se intenta mantenerlo en esos 80$/barril con los que la OPEP se siente cómoda, suficiente para compensar sus gastos y no demasiado caro para estrangular la maltrecha economía global. A pesar de lo cual, la industria europea continúa su proceso de destrucción sobre todo en Alemania, y los indicadores manufactureros de la Unión Europea, EE.UU. y China indican una tendencia a la contracción.

Pero, al margen de si la energía es suficientemente barata para una industria de producción masiva (que probablemente ya no, y eso explica tanto la progresiva desindustrialización europea como la persistente inflación), el descenso de la producción de petróleo tiene ya efectos muy directos en la disponibilidad de combustibles, y sobre todo y más preeminentemente, el diésel. Aún faltan unos meses para la nueva edición de nuestro análisis ahora ya anual, "El pico del diésel" (pueden consultar el del año pasado), pero un simple vistazo a los datos de la Joint Organisations Data Initiative muestra que la producción mundial de diésel sigue un proceso de lento declive y se encuentra actualmente en torno a los 22 Mb/d, lejos del máximo de los 27 Mb/d que se marcó en el período 2015-2017 (casi un 20% menos). No es por tanto de extrañar que muchos países estén experimentando problemas de acceso a combustibles, no solo diésel sino también gasolina y keroseno para aviación. En América Latina podemos destacar los casos de Bolivia, Colombia y Venezuela,  y el encarecimiento en Ecuador después de varios meses de problemas y la decisión gubernamental de retirar subsidios, lo que ha provocado una cierta caída del consumo. Argentina ha conseguido remontar una situación de escasez de petróleo y ahora está aumentando vertiginosamente su producción, algo muy interesante a lo que le dedicaré un post próximamente. En África el problema es endémico y muy extendido, con un epicentro fundamental: Nigeria. Los problemas de este superpoblado país son numerosos y crecientes, y muy preocupantes para el futuro. Javier Pérez le dedicó un análisis hace unos años y probablemente volveremos a hablar de Nigeria en el futuro. En Asia, los problemas son graves en Myanmar, Paquistán, Kazajistán,... por no hablar de la situación en Líbano, Yemen o por supuesto en Palestina, donde la situación es gravísima por motivos que van más allá de los problemas geológicos de extracción del petróleo. En Europa no hay problemas dignos de reseñar con la excepción de Hungría, y en Norteamérica ha habido algunos problemas en México, aunque lo más importante en ese país es su pérdida (aún no completamente) de condición de país exportador. En todo el mundo, el problema más repetido es la falta de combustible de aviación. Prominentemente ha faltado en Colombia, en Nigeria y en Japón, donde la industria turística local no ha podido despegar (dicen) por falta de keroseno. La escasez de keroseno, reflejo especular de la del diésel, es un problema cada vez más extendido, pero es algo de lo que se habla también en voz baja.

De lo que se ha hablado en voz algo más alta es del último informe de Exxon, del cual Quark ha hecho un buen análisis. Lo más impactante ha sido una gráfica ampliamente publicitada sobre cómo podría evolucionar la producción de petróleo de aquí al 2030 sin más inversión.


Como ven, una escalofriante caída del 70%. Esto en realidad no es nada nuevo, y se ilustra mejor con otra gráfica, más técnica y con menos infografía, contenida dentro del informe.

En realidad, el mensaje de Exxon es que sin ningún tipo de inversión, en 2030 solo habrá un 30% de la producción de petróleo actual: una caída del 70%. Por otro lado, invirtiendo solamente en el mantenimiento y mejora de los pozos existentes, el declive sería de un 25%: tremendo, pero no tan catastrófico. Pero hay un tercer escenario, fijado por su escenario previsto de demanda (la curva "Global Outlook"), la cual se mantiene prácticamente constante (en realidad, con un pequeño aumento) hasta 2050, y para la cual, como dice el informe, debería haber nuevos proyectos. Varios comentarios son pertinentes aquí:

  • Exxon considera que la demanda se va a mantener alta, en niveles incluso ligeramente superiores a los actuales, porque no ve posible una substitución al nivel que prevén los planes de transición energética como los que se manejan en Europa. Por supuesto se puede pensar que Exxon es parte interesada en ver las cosas de esta manera, pero por desgracia lo que está pasando le da al menos parcialmente la razón.
  • El informe no dice de dónde van a salir este petróleo. Identifica que hace falta, pero es terra incógnita saber de dónde viene. Obviamente, Exxon utiliza este informe para intentar captar fondos para invertir en esto, pero eso no quiere decir que haya recursos explotables en el volumen requerido para satisfacer toda la demanda de la línea "Global Outlook". De hecho, es de sospechar que no hay suficiente para evitar cierto declive, que se irá materializando en los proximos años.
  • El informe dice que sin inversión la producción de los campos existentes cae a un ritmo del 15% anual. Esto es casi el doble que el ritmo que asume la Agencia Intenacional de la Energía (8%), como bien apunta Quark en su post, y es algo especialmente preocupante.
  • Está claro que el gran caballo de batalla de los próximos años va a ser el mantenimiento y mejora de los campos existentes. Con él, la caída hasta 2030 será del 25%, suponiendo que todo salga perfecto. Es una caída en línea con la que anticipaba la OPEP hace dos años, y similar a la que anunciaba BP. A falta de una proliferación de "milagros" como el argentino, está claro que los tiros van a ir probablemente por ahí.

La conclusión del informe de Exxon es que la fase actual, de caída ligera/prácticamente estancamiento de la producción de petróleo está tocando a su fin, y que vamos a entrar en la fase de aceleración. La cual agravará la crisis del diésel y los problemas con la industria global. Que las economías más desarrolladas entren en recesión (cosa que podría pasar este mismo otoño) no frenaría este problema sino que lo aceleraría, al hacer menos rentable la costosa explotación de los recursos restantes de petróleo. Y también está claro que de aquí a 2030 va a haber cambios radicales en nuestra sociedad.

Los problemas energéticos, por supuesto, no se acaban aquí. La lista de países que por diversos motivos han sufrido apagones más o menos extensos es bastante larga en este 2024, revelando la fragilidad de muchos sistemas, su fuerte dependencia sobre todo el gas y los recursos hidroeléctricos (en muchos sitios comprometidos por la sequía) y el mayor consumo de electricidad por el uso de aires acondicionados en un verano bastante bochornoso en todo el Hemisferio Norte. Entre los lugares menos esperables están Texas, los Balcanes, Italia o Japón. Al tiempo, en muchas regiones de Francia y España se están experimentando cortes de luz de pocas horas de duración y limitada extensión geográfica pero repetitivos y con pinta de apagones rotatorios (es muy difícil enlazar ninguna noticia sobre ello, porque nadie se ha molestado en hacer una verdadera investigación periodística sobre el caso, solo tenemos testimonios dispersos de personas afectadas). Y aunque los inventarios de gas natural están altos y la demanda baja, de nuevo se anticipan problemas para Europa si el invierno viene frío - y no siempre podremos confiar en que los inviernos sean templados, y más si ya se acabó El Niño.

La clave sería, está claro, acelerar la transición energética, tanto por los problemas climáticos como por los de escasez de energía. Sin embargo, los planes de transición están derrapando. La mayoría de las compañías automovilísticas han puesto sus planes de transición al vehículo eléctrico en el congelador, mientras que países como Alemania han retirado sus subsidios a este tipo de coche y las ventas caen con fuerza en todo el Viejo Continente. La red eléctrica está saturada de electricidad no gestionable y los curtailments y otros problemas van en aumento. Y por si eso fuera poco, los fabricantes no chinos de aerogeneradores están hundiéndose: aún está pendiente de litigación la demanda contra Gamesa, quien tras un ERE anuncia que volverá a vender turbinas onshore el mes que viene después de casi un año sin fabricar (posiblemente, intento desesperado de no desaparecer); Vestas amplía sus pérdidas, Nordex reduce pérdidas pero no levanta cabeza y General Electric se enfrente a una demanda de 900 millones de dólares por sus turbinas defectuosas. En cuanto a los promotores, después de los movimientos contractivos de Iberdrola y Orsted durante el último año, ahora le toca a Equinor retirarse de algunos proyectos eólicos importantes en España y Portugal. Está claro para cualquiera que quiera verlo que el sector eólico está en una grave crisis, y con él todo el modelo de transición energética prevista.

Y eso no es todo. Los próximos meses prometen estar trufados de noticias impactantes, de los cuales iremos informando. Permanezcan en sintonía.

Salu2.

AMT

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