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domingo, 23 de octubre de 2016

Los escenarios peligrosos: Nigeria

Queridos lectores,

Javier Pérez nos ofrece una nueva entrega de sus análisis sobre la situación de países en los cuales las actuales turbulencias en el mercado de petróleo y su propia idiosincrasia productiva les está llevando a problemas graves. Esta semana, el país analizado es Nigeria.

Les dejo con Javier.

Salu2,
AMT


Los escenarios peligrosos: Nigeria

 

    Siguiendo con mi recorrido por las casillas más peligrosas del tablero mundial, hoy quiero acercarme a la situación de Nigeria.
Antes de nada, y con perdón, vamos a poner un par de mapas del país, porque aunque la mayoría (cof, cof…) sepan dónde está, nunca viene mal situar geográficamente el centro de atención de lo que se dice.
Luego, si nos acercamos un poco, nos encontramos ante este otro mapa:
Aunque, con diferencia, el más complicado es este tercero que voy a insertar, que señala las lenguas y grupos étnicos del país:
Lo de la multiculturalidad de los países suena muy bien, muy cosmopolita y muy plural, pero en la práctica genera toda una gama de problemas que ya iremos abordando, y con buen cuidado de no salirnos de Nigeria ni entrar a ver cual es la Nigeria buena y cual la Nigeria mala. Por prudencia, más que nada…
Visto, pues, un pequeño esbozo geográfico del país del que hablamos, vayamos a su historia para ponernos en antecedentes:
A finales del siglo XV, llegó a las costas nigerianas la expedición del portugués  Joao Alfonso De Aveiro, que introdujo en el país las primeras armas de fuego y las primeras semillas de coco, aunque su intención era dedicarse al tráfico de esclavos, una actividad que alcanzó tal importancia que  toda la costa nigeriana, y de parte del resto del golfo de Guinea, se llegó a conocer como “Costa de los esclavos”. Ya entonces comenzó la rivalidad entre los Yoruba, los Fausa y los Igbo, intentando todos ellos controlar el tráfico de esclavos, pues eran las propias autoridades del país las que cazaban a los seres humanos para venderlos a los europeos, sin que estos se aventurasen casi nunca a hacerlo por su cuenta. Así surgieron varios centros económicos de importancia. La organización consistía fundamentalmente en ciudades Estado, entre las que destacó Oyo, en el siglo XVII, que detuvo los avances musulmanes y se impuso a sus vecinos al ser capaz de organizar un ejército con fuerzas de caballería, especialmente en las praderas libres de mosca tse-tsé.
Entre 1500 y 1800, buena parte de su economía giró en torno a la captura y comercio de esclavos. De hecho, gran parte de las frecuentes guerras que sacudieron la zona se explican por la necesidad de capturar prisioneros que poder vender en los florecientes mercados, sin que importase gran cosa la razón por la que comenzaban las guerras para las que, en ocasiones, ni siquiera se buscaba pretexto alguno. Simplemente se iba a cazar personas para venderlas a los europeos y a los tratantes musulmanes del Norte de África.
La situación prosiguió de este modo hasta la gran crisis que supuso la abolición de la esclavitud. El rey de Bonny, Opubu el Grande (1790-1830) reconvirtió la economía del país hacia la producción de aceite de palma. Los británicos se interesaron entonces por la zona, lanzaron a sus exploradores y en 1861, con la excusa de detener una de las innumerables guerras entre los pueblos africanos, atacaron la ciudad de Lagos y la convirtieron en colonia británica.
La gran depresión económica de 1873 a 1895 marca el comienzo de la crisis del aceite de palma, al reducirse su precio a la mitad. Entonces, los británicos se lanzan hacia el interior del país, compitiendo con franceses y alemanes, que trataban de extenderse desde el interior de África, y enfrentándose a los señores de la guerra locales, que al ver reducidos los ingresos del aceite de palma, se habían lanzado de nuevo al tráfico clandestino de esclavos, el cobro indiscriminado de tributos y el vasallaje y saqueo de amplias zonas del interior agrícola.
    Tras largas y complejas vicisitudes y guerras entre franceses, británicos,  líderes  locales y compañías privadas europeas, el 1 de enero de 1900, los británicos establecen oficialmente el protectorado sobre el Norte de Nigeria. Este protectorado combate enérgicamente el tráfico de esclavos, que aún en el siglo XX había sido retomado por los fulani y consigue imponer cierto orden en el país. En el sur se establece otro protectorado, que se fusiona a Benín. Posteriormente, ambos protectorados se unen, bajo la norma de que los europeos no puedan poseer tierras, los líderes locales musulmanes controlen el orden en el norte, y los cristianos en el sur.
    En 1920, tras la derrota alemana en la I guerra Mundial, Camerún es anexionada a Nigeria. En esta época se hace sentir de nuevo la inmensa diversidad o división cultural, étnica y religiosa, de la que finalmente salen fortalecidos los igbos, que se convierten en élite intelectual, por ser más propensos a asistir a las escuelas y enviar a sus hijos a formarse en Europa, ya que tenían contactos desde hacía cuatro siglos con los misioneros cristianos, mientras los musulmanes rechazaban la influencia de Occidente. Nnamdi Azikiwe, un igbo educado en Pennsylvania, sería el primer gran líder político del país y el impulsor del movimiento de independencia, que finalmente se verificaría el 1 de octubre de 1960.
    En 1962 se declararon las primeras hostilidades entre los musulmanes del norte y los cristianos del sur y en los años siguientes se sucedieron diversas tensiones políticas, tanto entre norteños y sureños como entre los partidarios de la federación y quienes preferían partir el país en multitud de estados que reflejasen mejor la diversidad lingüística y étnica de Nigeria, para crear así estados más homogéneos. En 1966 hubo revueltas y un intento de golpe de Estado por estos mismos motivos, lo cual desembocó en la guerra civil de 1967 a 1970, conocida también como guerra de Biafra, que causó algo más de un millón de muertos.
    Posteriormente, entre 1975 y 1990, hubo al menos media docena de golpes de estado de todo signo, que no tenemos espacio para detallar aquí. De hecho, los golpes de Estado se sucedieron también en 1993, 1995 y el vacío de poder de 1998. Desde entonces, y para resumir, no ha cesado el caos político, la violencia étnica ni los enfrentamientos entre distintas facciones.
    Los gobernadores de los estados del norte impusieron en 2003 la sharia o ley islámica, obligando a su cumplimiento también a los no musulmanes. Por todo el país  se extendió la creación de milicias y ejércitos privados, ya fuese con base étnica, religiosa, o como grupos armados para asegurar la explotación de recursos y las rutas comerciales. Algunos de estos grupos, como el integrista musulmán Boko Haram (que significa “la educación occidental es pecado”) se han hecho tristemente famosos por sus ataques y secuestros de niñas.
    Sin embargo, desde 2011, a pesar de la corrupción rampante y de la violencia sectaria, se aprecia cierta mejoría, ya que por primera vez en la historia del país ninguno de los partidos políticos contendientes en las elecciones acusó de fraude a sus adversarios.

Situación actual:
Tras este recorrido, no sé si demasiado corto o demasiado largo, por la historia de Nigeria, echamos un vistazo a su situación actual y la evolución de sus datos.
Lo primero, para mí, es su evolución demográfica.  Nigeria es el país más poblado de África y el séptimo del mundo en esta magnitud. Aunque los datos varían de unas fuentes a otras, cuenta con alrededor de 180 millones de habitantes y una densidad de 190 habitantes por kilómetro cuadrado (923.000 Km2). Lo impresionante del asunto es que, en 1960, en el momento de obtener su independencia, contaba con apenas 40 millones de habitantes y la tendencia, como se ve en la gráfica, aún no ha comenzado a moderarse.
En cuanto a creencias religiosas, la población se divide en un 50% de musulmanes, un 40% de cristianos y un 10% que siguen los cultos tradicionales.   
    El crecimiento económico, basado en el petróleo, la industria del cine, la telefonía móvil y una curiosa mezcla de economía de subsistencia y sectores punteros, es de más del 8% anual, lo que no impide que el PIB per cápita se siga situando  en menos de 2500$, con un 40% de la población viviendo en la pobreza extrema, con menos de 1 dólar al día.
    Como dato favorable, su deuda es solamente el 11% del PIB, pero la extremada corrupción hace que el país ocupe uno de los últimos lugares en todos los índices de desarrollo, dificultando la inversión y cerrando las opciones de negocio a una inmensa mayoría, tanto de población local como de empresas extranjeras.
    El gasto público apenas alcanza el 10% del PIB, con lo que los servicios son en general muy deficientes. Aún así, más del 10% del gasto público se destina a defensa, ante la necesidad de combatir a las distintas facciones armadas, especialmente a Boko Haram, que en los últimos años ha causado más de 15.000 muertos, decenas de miles de secuestrados y casi un millón de desplazados.
    En cuanto a la energía, las exportaciones de crudo de Nigeria han sufrido una triple merma: por una parte, al reducirse la producción, por otra, al reducirse los precios y, por último, al incrementarse el consumo interno, razón por la cual el Gobierno trató de reducir las subvenciones a los carburantes, lo que desembocó en importantes disturbios a mediados de este mismo años:
Su consumo energético, por otra parte, sigue siendo limitado y procedente de fuentes tradicionales:
Lo que ha conseguido mantener el volumen de sus exportaciones:
Nigeria es un país importador de alimentos, pero la importante extensión del país, de casi un millón de kilómetros cuadrados, y la fertilidad de sus tierras, fuera de la zona desértica, le permitiría autoabastecer sin problemas a la población, siempre que el crecimiento demográfico se moderase y se acometieran a fondo la lucha contra la corrupción y viejas costumbres que frenan este apartado. A día de hoy, casi la mitad de la extensión cultivable del país se dedica a plantaciones de caco, un producto más orientado al mercado internacional que a la alimentación de la población local.
Uno de los mayores problemas del país es el abastecimiento de agua, especialmente en las grandes urbes. Lagos, la antigua capital, es una megaurbe que engloba otras poblaciones hasta sumar cerca de 22 millones de habitantes, y las autoridades no han conseguido siquiera el acceso universal al agua potable. La contaminación en algunas zonas del país, el cambio climático, y la ausencia de inversión en infraestructuras básicas agudizan cada día este problema.
La foto de abajo no muestra un atasco, sino un día cualquier en Lagos.

Conclusión:
-Nigeria cuenta con recursos, tanto naturales como humanos, para ser una superpotencia. Según los últimos datos ha superado ya ha Suráfrica y es la primera potencia del continente africano.
-Desde el punto de vista energético, su producción sigue siendo alta, pero al mantenerse limitado el desarrollo humano, y con una población rural muy elevada, el consumo energético per cápita es bajo aún, con lo que no me parece probable un colapso energético de este país.
-Casi el 90% de las exportaciones de Nigeria son petróleo. Si los precios se mantienen a la baja durante mucho tiempo (cosa bastante esperable), la economía del país se resentirá sin remedio. Los intentos de diversificación han conseguido sólo resultados limitados, lo que supone un riesgo muy elevado.
-Nigeria es una verdadera bomba demográfica. El paso, en 50 años, de 40 a 180 millones de habitantes, supone una sobreexplotación de recursos y un conjunto de tensiones que fragilizan enormemente el país.
-A mi juicio, los principales riesgos de este país son económicos, políticos y climáticos.
Por una parte, en un país con más de cien millones de personas al borde de la economía de subsistencia, cualquier pequeño recorte presupuestario puede tener consecuencias devastadoras, y los precios de los recursos naturales, principal riqueza del país, no llevan al optimismo. Los disturbios relacionados con la reducción de subsidios a los combustibles son un buen ejemplo de esta inestabilidad.
Los enfrentamientos sectarios y la persistencia de milicias integristas como Boko Haram son un riesgo permanente que se puede agudizar en cualquier momento con una crisis económica. El separatismo, que pretendía dividir el país en decenas de pequeños países más homogéneos, parece de momento superado, pero cualquier enfrentamiento por los recursos puede reavivarlo en cualquier momento, con consecuencias imprevisibles si se mezclan con cuestiones étnicas y religiosas.
El cambio climático está acelerando la desertización de todo el norte del país, y por su escasez de infraestructuras y la sobreexplotación de las selvas del sur del país, cualquier episodio climático agudo podría suponer una catástrofe de proporciones descomunales, máxime en un país con un deficiente acceso al agua y una población tan elevada.
A mi juicio, Nigeria es un país muy fuerte, pero terriblemente frágil, expuesto a cualquier contratiempo agudo, ya sea en lo económico, lo político, o lo climático. Su situación, en condiciones normales, no es tan grave como la de Egipto, pero en caso de que apareciese cualquier cambio inesperado, uno de los famosos cisnes negros, creo que su deterioro sería mucho más rápido y grave que el que pudiera padecer país de los faraones. La carga demográfica del momento actual hace que, a mi parecer, este posible evento no fuese comparable a los sufridos por el país en otros momentos de su convulsa historia.
Como en el caso anterior, cuando hablamos de Egipto, confiemos en su demostrada resiliencia.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Correspondencia con los lectores: Crisis, población y populismo


Queridos lectores,Hay una cuestión que planea desde hace cierto tiempo por el blog, y es el papel de la población en el dimensionamiento de nuestra crisis energética. La idea subyacente es que plantea Juan en su comentario al último post: "Los límites de las renovables: capital":


El otro día estaba hablando con un conocido sobre la crisis energética, el cenit del petroleo y temas relacionados... Entonces mi amigo, en plan broma, soltó este comentario (disculpas si es algo molesto):


"Oye, pues si no se puede producir mas energía entonces que se reduzca el consumo, para ello que expulsen a todos los inmigrantes y de esta forma se ahorrara electricidad y recursos al haber menor consumo... ¡Y encima al consumir menos energía aumentaría el porcentaje de energías renovables!"

Resumiendo: Reducir población del país para reducir el consumo de recursos.


Me gustaría preguntarte tu opinión sobre la reducción de población en un país para ahorrar energía y recursos. ¿Es una vía factible?


Ha sido, y continua siendo, el deseo de este autor no centrarse en el tema de la población por diversos motivos. El primero, porque mi cualificación técnica para hablar con cierta solidez del tema es nula; sociólogos, economistas y otros especialistas llevan estudiando el problema de la población en general, y específicamente en su conexión con el consumo, desde hace décadas y corresponde a ellos el hacer un balance ponderado de la situación. Eso no evita, por supuesto, que yo tenga mi propia opinión sobre el tema, y es esta opinión la que una y otra vez se me está solicitando, como si mi opinión personal fuese relevante. No puede serlo, no tiene más valor lo que sobre este tema diga que la de cualquiera, porque no tengo más datos que cualquiera otro ni he analizado con detalle esa cuestión. Sin embargo, de cara a zanjar de una vez por todas esta solicitud, voy a expresar en lo que sigue mi opinión sometida a la siguiente salvedad: es la opinión de un ciudadano de a pie, de alguien que no es experto, y como tal no debe tomarse como una opinión técnica y sólidamente fundada; y si ya en las cuestiones técnicas que yo domino o conozco bien me reservo el derecho de adaptar mi opinión a los nuevos hechos que vaya conociendo, en el tema del que hoy hablaré con mayor motivo ejerceré este derecho porque con mayor facilidad conoceré en el futuro nuevos hechos, tan poco es lo que sobre el tema sé. También, intentaré que ésta sea la última vez que me pronuncie sobre el tema y en lo sucesivo remitiré a los nuevos lectores del blog que me cuestionen a este post.

Un tema caro y recurrente en Hank es que la mayor población se da en países donde el consumo de energía per cápita es de los más bajos del mundo. De aquí mi amigo parece colegir que un colapso societario es improbable (éste es nuestro deseo, qué duda cabe) ya que, por un lado, es posible vivir con menos (en eso todos estamos de acuerdo) y por otro no hay relación entre energía abundante y población. Lamentablemente, en ese último punto no puedo estar de acuerdo. Una de las razones de la superpoblación es muchos países es la llegada de medicamentos baratos a esos países, medicamentos cuya producción y distribución en masa propició la energía barata sobre todo del petróleo. Hace años visité la fábrica de Antibióticos en León, mi ciudad natal en España, la cual era prácticamente la única gran industria que había en esa ciudad (130.000 habitantes). Con grandes cubetas donde cultivaban los hongos (y un relevante consumo energético, que duda cabe, para entre otras cosas mantener caliente el caldo de cultivo) esta fábrica llegó, en su mejor hora, a cubrir la mayoría del mercado de antibióticos de Europa (al menos en algunas especialidades, como la penicilina, si no recuerdo mal). Después la compró Mario Conde y comenzaron las desgracias, pero ése es ya otro tema... El caso es que la fabricación a escala de algo tan banal como lo es hoy en día un antibiótico, fabricado en abundancia y distribuido a grandes distancias gracias al aporte energético de los combustibles fósiles, permite combatir eficazmente numerosas infecciones que de otro modo serían mortales. Sólo con eso y con una mejora de la alimentación propiciada por la Revolución Verde se crea una explosión demográfica y una recaída en la trampa maltusiana. ¿Se puede desligar este aumento explosivo de la población del subsidio energético de los combustibles fósiles? Parece poco probable. Además, en muchos países del África Central y Meridional, el gran aumento de la población ha servido para hacer viable la explotación de recursos minerales recónditos, típicamente en minas, para extraer minerales fundamentales para la expansión de la sociedad industrial occidental (para los que ignoran qué llevan en su bolsillo, buscar la palabra "coltan" en Internet puede hacerle comprender que todos tenemos una parte de responsabilidad en el genocidio de África Central -Ruanda, Uganda, Congo- de hace una década). En el caso de materias energéticas de bajo EROEI (o TRE, en español), los esclavos energéticos de Occidente son substituidos por esclavos físicos y bien reales, y de esa manera las cuentas acaban saliendo. Lo siento, es duro de tragar, pero es la puñetera verdad. La conclusión final que a mí se me antoja, en mi completamente subjetiva opinión, es que 1) el subsidio energético de los combustibles fósiles ha favorecido la superpoblación y 2) esta superpoblación es útil para mantener nuestros excedentes energéticos en Occidente. Un último apunte: se calcula que durante las últimas inundaciones unos 20 millones de paquistaníes están en riesgo vital debido a la falta de alimentos, las infecciones y las epidemias (típicamente propagadas por agua no potabilizada). La comunidad internacional ha enviado numerosa ayuda para tratar de mitigar este problema, y como en particular alimentos y medicinas son baratos en nuestro esquema energético, es posible que con el relativamente magro aporte económico se pueda reducir considerablemente el riesgo de muerte para esos 20 millones de almas. Ahora imagínense que en una situación de carestía energética mundial no les pudiéramos proporcionar esa ayuda. Resultado: posiblemente 20 millones de muertos (en un país de 180 millones es el 11% de su población). Ahora sumen mentalmente las mayores catástrofes que recuerden de solamente el último año: inundaciones en China, el terremoto de Haití, los sucesivos huracanes,... Sin un gran aporte energético cada vez que un gran desastre azotase una parte del mundo causaría allá una gran mortalidad, y al cabo de unos pocos años veríamos rápidamente reducida la superpoblación. De la peor manera posible, eso sí.


Volviendo a la cuestión que plantea el amigo de Juan, hay varios errores de concepto, a mi parecer, en esa observación. Si descontamos el consumo de los coches privados, el consumo energético de los hogares es, en todos los países occidentales, menor del 10%. La parte del león del consumo energético se la lleva la actividad industrial, incluyendo el consumo del transporte de mercancías. Se puede pensar que en última instancia la producción industrial y su consumo son un gasto energético de los ciudadanos, y es verdad, pero un gran parte de él es discrecional (no tengo más remedio que comprar comida y ropa, pero puedo pasarme sin el iPad) y por tanto no se distribuye homogéneamente sobre toda la población: aquellos con rentas más altas consumen más que los de rentas más bajas (al fin y al cabo, la energía es un proxy o comodín del dinero). Encima, parte de la producción se exporta a otros países, y parte de la energía que consumimos se gasta en importar de otros países. Lo cierto y verdad es que dentro del consumo energético de un país hay una componente extensiva con la población (es decir, que crece linealmente con la población - a doble población, doble consumo) y una componente no extensiva, aunque no independiente. La prueba más simple de este hecho es que mientras España ha duplicado de 1993 a 2008 su consumo energético (es decir, un incremento del 100%, según datos del prof. Josep Puig de la Universitat Autònoma de Barcelona, aunque no los tengo de primera mano) no ha duplicado su población en ese mismo período (pasó de unos 40 millones a 44 millones, un 10%). Lo cual sugiere que la componente intensiva en población del gasto energético español representa alrededor del 10% en la estructura actual (este porcentaje no sería constante, y en una sociedad más colapsada y menos industrial el porcentaje correspondiente a la población iría subiendo). Por tanto, expulsar a los inmigrantes -unos 4 millones en España- produciría un ahorro quizá del 10% de la energía consumida, lo cual es poco. Pero es que además esos inmigrantes son mayoritariamente mano de obra barata, con lo que su expulsión agravaría probablemente la crisis. He de añadir que se está constatando un retorno espontáneo a sus países de origen de inmigrantes que no encuentran trabajo, así que la parte ociosa de la población inmigrada ya se va ella solita; expulsar a los que quedan, que seguramente trabajan en tareas que los españoles no quieren hacer, y menos por el sueldo que se les da, sólo puede profundizar nuestra crisis económica. España tiene el funesto precedente histórico de la expulsión de los moriscos y la crisis económica que le siguió, no seamos tan necios esta vez. Por acabar con esta cuestión, decir además que el consumo energético de estos inmigrantes no es gratis; ellos pagan, al igual que nosotros, por la energía que consumen, y con su consumo estimulan la economía nacional. Por todos estos motivos, y por otros de naturaleza moral, esta expulsión que propone tu amigo es una barbaridad, además de un despropósito.


Es curioso qué pronto hemos olvidado los ufanos españoles de hoy en día que sólo una generación nos separa de aquellos españolitos que se iban a Europa o a las Américas (que yo en mi familia también tengo), y qué rápidamente hemos adoptado actitudes xenófobas o supremacistas. El supremacismo español es, encima, absolutamente idiota, pues si hay un país en Europa donde la mezcla racial a lo largo de los siglos haya sido intensa es España. Sólo por la parte de los pueblos que invadieron España de una u otra manera, los españoles son descendientes de árabes, judíos, germanos, suevos, alanos, vándalos, fenicios, griegos, romanos, celtas, íberos y de todas las razas que sepamos que se dieron cita en esta península. Mi nombre es de origen griego y significa "digno de estima", mi primer apellido significa "roca de Dios" en hebreo, mi segundo apellido es de origen germánico y significa "hijo de Martín", tengo una bisabuela francesa y mi mujer tiene antepasados alemanes que huyeron a España en los turbulentos años de la Revolución Francesa. Esa mezcla continúa hoy en día con la llegada de gente de otros pueblos que buscan aquí una vida mejor; no es nada nuevo ni nada malo per se. Sin embargo, en una situación de dificultad es muy fácil dejarse llevar por el miedo irreflexivo contra el extraño, el diferente, el que no pertenece a nuestra comunidad, el que no es uno de los nuestros.

Esos miedos son hábilmente explotados por los grupos que hacen demagogia populista y acaban asentándose en la población, incluso aquella que defiende los intereses de los inmigrantes pero que dice, por ejemplo, que hay más delincuentes entre los inmigrantes que entre los naturales del país. La verdad es que lo lógico sería que la proporción de delincuencia fuera mayor en este colectivo, pues está constituido por más hombres y en edades medias, que es el colectivo donde siempre se practica más la delincuencia; encima, mayoritariamente pertenecen a estratos sociales más bajos, donde la delincuencia también es mayor, fruto de las mayores carencias. Sin embargo, recuerdo haber leído hace ya unos años un artículo publicado en una irreverente web que llevaba como nombre Sonotone, en el que el autor analizaba los datos objetivos de la incidencia de la delincuencia y se veía que la incidencia absoluta de población delincuente entre los inmigrantes es varias veces menor que entre la población nativa española. Lo cual también es lógico, porque la mayoría de la gente viene para trabajar para ayudar a su familia en su país, y lo último que quiere son problemas. Sin embargo, las noticias se fijarán en ese clan de carteristas rumanos (¡qué malos que son los rumanos!) porque los miles de honrados trabajadores rumanos que se dejan la piel en la construcción o haciendo de camareros, haciendo su trabajo día a día y sin ruido no son noticia y por tanto no se ven.


Pero el discurso xenófobo no se detiene ahí, y se acusa a los inmigrantes de saturar los servicios médicos, como si no tuvieran derecho a usarlos, como si no los pagaran ellos también, como si no contribuyeran a la riqueza del país. Un bienpensante llegará a una consulta en la que esperan cuarenta personas, de entre los cuales estadísticamente tendrá que haber 4 que serán inmigrantes (o 8 si vive en una gran ciudad, o 20 si vive en según que barrio de esa gran ciudad) y se fijará en lo que para él aporta más información, aquello que es diferente, y se sacará la impresión de que sólo usan el servicio inmigrantes, ignorando la mayoría nativa que no le llamó la atención "porque son gente normal". También se acusa, y se acusará más cuando la crisis se agrave, a los inmigrantes de arrebatar el trabajo a los locales, cuando los salarios que se les ofrece y la dureza del trabajo que desempeñan, como hemos dicho, son inaceptables para los locales. La próxima vez, lector, que oiga una de estas arengas, piense en los datos objetivos y mire si el hecho que le perturba es estadísticamente significativo o sólo la proporción esperable, y aún en realidad por debajo de ella.


La escasez de recursos que trae consigo el Peak Oil implica un riesgo de intentar dar respuestas simplonas a problemas complejos; en la presentación suelo enfatizar esto y el riesgo de que los medios de comunicación fijen la agenda, espoleando más este debate, "que está en la calle", como dicen, como si no fuera creado por esos mismo medios. Porque si no sabemos repartir la carestía no tendremos posibilidades de gestionar el descenso, de crear las comunidades que nos serán tan vitales. Sólo un ejemplo para acabar, que siempre me comenta Quim: En la comarca del Maresme de Barcelona, tradicional huerto de donde se nutría la capital, el saber de los campesinos locales, o payeses, se ha perdido entre la población local, y sólo se ha preservado en los africanos que trabajan de sol a sol partiéndose allí el espinazo. Si echamos a esos "negros de mierda", ¿quién nos dará de comer? Ya expulsamos a los moriscos, no cometamos ese error dos veces.


Salu2,

AMT