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miércoles, 31 de marzo de 2021

El fin del plástico y los chips baratos

 

Queridos lectores:

La crisis de la CoVid-19 que se desató durante 2020 ha supuesto un cambio radical de nuestra sociedad; es, en muchos sentidos, un evento que marca una era o, más bien, el fin de una era y el comienzo de una nueva. Aparte del grave problema sanitario que plantea, la pandemia ha acelerado  procesos que ya estaban en marcha, y ha agrandado grietas que ya estaban abriéndose; pero es mucho más que eso. Esos procesos van ahora a tal velocidad que no tienen vuelta atrás, no hay punto de retorno. Se ha comenzado una espiral de cambios tremendos y profundos que van a derruir las bases de la actual sociedad industrial de una manera tan completa que lo que se pueda crear después tendrá que ser radicalmente diferente. Y lo más inquietante de todo ello es la profunda indolencia y casi autocomplacencia general de la sociedad, ignorante de la rápida destrucción de sus cimientos.

Mientras vivimos ajenos a ello, se está operando un profundo cambio del mercado en las materias fundamentales que moldean el mundo moderno. En el post de hoy hablaré de dos de ellas: los plásticos y los chips. 

El fin del plástico y de los chips baratos es un tema de una extraordinaria complejidad con muchísimas facetas que son difíciles de abarcar por completo, así que este post es solamente una primera y muy somera introducción al tema. Solo sobre el tema de los chips y la electrónica moderna, Félix Moreno ha escrito con gran extensión en su blog, aparte de haber publicado ya varios libros; y el maestro Beamspot nos ofrecerá desde estas páginas durante las próximas semanas su visión sobre el mismo (y complejísimo) tema.

Empecemos por el plástico.

A principios de este año saltaba la noticia de que, debido a las inclemencias meteorológicas de febrero en el estado de Texas, el precio de los plásticos se había disparado debido a la escasez global que había originado. Un mes más tarde, los precios siguen altos: ¿tanto llegaron a afectar los problemas de Texas? 

En realidad, no. La noticia del impacto sobre la producción de plásticos de las heladas de Texas es simplemente una de esas noticias prefabricadas para dar explicaciones absurdas y rápidas a los problemas que se van presentando, como si fueran resultado de sucesos fortuitos y desconectados en vez del devenir lógico de un mismo problema. Son noticias sin fundamento, de usar y tirar, que se generan para distraer a la opinión pública y lo peor es que algunas personas se quedarán de manera duradera con una idea equivocada del asunto. Dos ejemplos de noticias señuelo sobre este mismo tema: "Los operadores están creando una escasez artificial de plásticos" (6 de diciembre de 2020); "Los mercados globales de polietileno esperan un exceso de suministro en la primera mitad de 2021" (4 de diciembre de 2020). Lo interesante de esas noticias es que demuestran que en diciembre de 2020 ya había escasez de plástico, dos meses antes de las heladas de Texas; y también es destacable la disparidad de opiniones y previsiones.

Lo cierto es que ya en diciembre de 2020 ya se sabía que venía una escasez de plásticos, y rascando más en la noticia y no quedánse en la superficie se ve que diversos fabricantes estaban "acaparando" materia prima porque veían venir los problemas. Mientras tanto, algunos fabricantes, en mensajes claramente dirigidos a sus inversores, apuestan porque en el futuro se va a incrementar el reciclaje (sin comentar la verdadera razón por la que se recicla tan poco hoy en día, que son los elevados costes del proceso); vamos, el típico movimiento de apostar por cambios estructurales cuando ya es demasiado tarde para abordar los problemas largo tiempo larvados (es tan común esta manera de proceder que creo que voy a acuñar un término para ello: santabarbarismo). El sector comienza a aceptar que la escasez de plástico no se va a resolver hasta finales de año.

Si uno bucea un poco más, se encuentra que ya desde mediados de 2020, con la recuperación incipiente de la economía después del cierre estricto de la CoVid, se había comenzado a notar la escasez de plásticos.

¿Podría ser que este problema se estuviera gestando desde incluso antes?

Sin esforzarse mucho, uno puede ver que ya en 2017 había problemas con el nailon, y que hacia 2019 se hizo bastante agudo. En 2018 se sabía que el problema principal del nailon se encontraba en que en todo el mundo solo tres empresas fabricaban un reactivo fundamental para hacer nailon, el adiponitrilo,  y esto creaba un cuello de botella en la producción. Lo curioso del adiponitrilo es que no es una sustancia especialmente difícil de sintetizar, aunque al ser tóxica e inflamable debe ser manipulada con cuidado. ¿Por qué se ha concentrado tanto la producción de esta sustancia, en unas pocas fábricas de tan solo tres compañías en todo el globo? Es simple: la continua maximización del beneficio necesita una continua reducción de costes, y una manera de conseguir esa reducción es aplicando la lógica de las economías de escala hasta sus últimas consecuencias. Si el nailon tiene que ser barato, el adiponitrilo se tiene que producir a grandísima escala en unas pocas fábricas  y no se pueden poner más porque entonces el coste aumenta. Y el nailon tiene que ser barato porque si no algo tendría que dejar de crecer. No se podrían vender más camisetas, o suéteres, o calcetines. Los precios de las cosas tienen que mantenerse al alcance de una clase media occidental cada vez más esquilmada para que todo el entramado social se sostenga. Pero no se puede adelgazar indefinidamente la pared de una casa sin que ésta se caiga. Y el problema es que no estamos adelgazando solo una pared.

Comentábamos en el último post que las grandes compañías petroleras están desinvirtiendo desde hace 7 años en el negocio del petróleo porque ya no es rentable. Pues resulta que las compañías químicas están siguiendo un proceso similar. No he tenido tiempo de buscar más enlaces, pero si uno lee y busca con atención encontrará una gran cantidad de noticias sobre este proceso de desinversión en los últimos años (Total en junio de 2020, Aliaxis en marzo de 2020, Polytec en noviembre de 2020, BASF en febrero de 2019 y en septiembre de 2020, Covestro en septiembre de 2019, ...).  ¿Qué está pasando?

Está pasando que la industria química está dejando de ser rentable. Las empresas químicas están dejando de tener fe en su sector, a causa de dos problemas estructurales.

El primer problema es semejante al del diésel: nos estan quedando cada vez menos hidrocarburos líquidos aptos para la producción de ciertas sustancias. Empieza a faltar materia prima. La crisis de la CoVid, con la caída global de la demanda, ha camuflado el problema, pero debido a la caída acelerada de la producción de petróleo que comentábamos en el último post, empieza a haber ya tirantez en el suministro. No es que nadie esté acaparando materia prima: es que ya no llega para todos.

El segundo problema es lo que yo denomino la Ley de Liebig de las refinerías. Cuando se introduce petróleo es una refinería, se obtiene un porcentaje de cada tipo de producto refinado, según el tipo de petróleo o mezcla que se procese y según la refinería. Por pintar un cuadro simplista, digamos que puede ser un 50% de gasolina, un 20% de diésel, un 20% de destilados medios y un 10% de alquitranes. Con pequeños ajustes en la mezcla de entrada y en el propio proceso de refinado podemos disminuir un poco al gasolina y aumentar el diésel. Haciendo ya algunas inversiones en la refinería podemos apurar un poco más los márgenes, de modo que aumentemos más algunos de los productos refinados a expensas de los otros. Pero, al final,  hay siempre un límite mínimo de cada categoría de producto que se tiene que producir. Aunque no te haga tanta falta, sacarás siempre un cierto porcentaje de gasolina. Aunque no lo quieras para nada, tendrás siempre una cierta fracción de chapapote con alto contenido de azufre. Aunque no sepas qué hacer con ello, tendrás una mínimo de alquitrán como producto residual. Antes de la CoVid, se había conseguido un (precario) equilibrio entre lo que se extraía y lo que se demandaba para los diversos usos. Ahora ese equilibrio se ha roto porque no todos los sectores económicos han sido golpeados igual y porque no hay la misma necesidad de unas cosas que de otras. Las refinerías, operando con normalidad, se encuentran que tienen que almacenar gasolinas y/o fuel oils y/o alquitranes que nadie quiere. La necesidad obliga a agudizar el ingenio, y así últimamente se está mezclando ese keroseno que no queman los aviones con el diésel, en la proporción justa para no causar problemas. Pero, como todo lo demás, tiene un recorrido limitado. Y aunque las refinerías pueden tirar un tiempo acumulando los productos sobrantes, al final se ven obligadas a ir reduciendo su actividad para equilibrar su producción con la del producto del que tienen menos demanda. Ésta es la ley de Liebig de las refinerías. Y como el sector de las refinerías también está sufriendo una falta crónica de inversión, al final la producción de las refinerías está cayendo, aunque sea por debajo de lo necesario para abastecer ciertos productos más demandados. Por eso faltan diésel y ciertos productos necesarios para la industria química.

Estos dos problemas no son ninguna sorpresa para las grandes empresas. Por eso hace tiempo que venden. Por eso, hace tiempo que se retiran. Saben que ya no queda un negocio de suficiente volumen a hacer aquí. Por pura lógica empresarial, se están retirando, desde hace ya algunos años, de un negocio que saben que ya no va a dar para más. La misma lógica de las petroleras.

Todo esto va mucho más allá de los plásticos. Es toda la industria química la que está en compromiso, la que lleva desinvirtiendo desde hace años. Los plásticos son solo el canario en la mina, la primera señal de aviso (en puridad, fue el nailon el primer indicador). Y dado que el escenario de referencia es una caída de la producción de petróleo de hasta el 50% de aquí a 2025, no es de esperar una caída menor para la producción de la industria química, y en particular para la producción de plásticos. No estamos preparados para hacer frente a una escasez tan repentina de petróleo, y tampoco para afrontar una escasez aún mayor de plásticos, teniendo en cuenta su uso masivo. Miro lo que me rodea, sentado delante de este ordenador, y todo está lleno de  plástico. Los envases, los recubrimientos, los remates de tantos utensilios y aparatos... ¿cómo improvisaremos soluciones delante de una carencia de plástico que puede ser mayor que la del 50% del petróleo tan pronto como en 2025?

Por comparación, la escasez de microchips que también se está dando en este momento puede parecer más inocua, pero no lo es. Al igual que en el caso de los plásticos, se lanzan noticias señuelo para despistar sobre el origen del problema: que si la caída de demanda de chips durante la pandemia ha hecho que las fábricas no estuvieran preparadas y ahora les cuesta volver a arrancar; que si se ha producido un cambio de hábitos de la población, que ahora pasa más tiempo en casa y compra más electrónica para su ocio; que si los mineros de bitcoins acaparan todas las GPUs... Sin embargo, uno luego va y mira las cifras de móviles producidos y ve que están más bien estancadas y en 2020 hubo de hecho un retroceso (la cifra de 2021 es una previsión del sector, bastante optimista, se tiene que decir).


Y en cuanto a los ordenadores personales, tampoco se observa un gran incremento, y en todo caso seguimos por debajo del máximo de 2011.


Lo que sí podemos constatar, de nuevo, es una concentración de la producción mundial de chips en manos de unas pocas compañías y en poquísimas fábricas. De hecho, los chips de más alta tecnología, con regletas de 10 o menos nanómetros, se fabrican tan solo en un par de fábricas en todo el mundo. Pero, al contrario que en el caso del adiponitrilo, aquí se requieren tecnologías muy complejas, cadenas de suministro complejas de materiales muy especializados y una grandísima inversión en capital, que está al alcance de muy pocas empresas en todo el mundo. Aunque el resultado al final es el mismo: economías de escala elevadas a su máxima potencia e imposibilidad física de reducir aún más los costes, y consecuentemente una producción que ya no puede aumentar más. Y aunque aún es difícil de saber si los problemas causados por la escasez de petróleo está afectando a la producción de microchips de una manera tan directa como lo hace en el caso de los plásticos, está claro que pronto le va a afectar: el proceso de fabricación de los chips requiere enormes cantidades de energía y de agua. Con el agravante de que la concentración de la fabricación en pocas factorías aumenta la fragilidad global: un incendio en una fábrica de chips de Renesas puede parar las líneas de producción de muchas fábricas de coches en todo el mundo. Ése es el mundo donde vivimos.

Los microchips son estratégicos para el mantenimiento de las estructuras de datos y de control de nuestro complejo y complejificado mundo. Por eso Europa y los EE.UU. se están planteando ahora recuperar la soberanía en la fabricación de esta componente fundamental del mundo moderno, pero pronto comprobarán que no tienen una manera asequible de producir chips de alta tecnología. Solo puede haber unas pocas fábricas y tienen que ser enormes, y solo puede haber unos pocos proveedores de los materiales intermedios; si no, el proceso no sale a cuenta económicamente. Si no fuera así, mediante esta concentración masiva del capital, no se podrían vender móviles por unos pocos centenares de euros: tendrían que valer entre 10 y 100 veces más, pero eso mataría el mercado. La concentración y la grandiosidad de estas fábricas es un simple reflejo de que lo que se produce está en el límite de la rentabilidad.

Las empresas de microchips lo saben y se han ido retirando del mercado. Intel ya no fabrica sus microchips. AMD encarga una parte de su producción a esas empresas monstruo. No queda negocio y las empresas se van alejando discretamente de él, sin hacer ruido. 

Es un fenómeno global y, por lo que vemos, multisectorial. Es la Gran Retirada del Capital. La Gran Desinversión. El final de tantas décadas expansivas. El inicio del repliegue antes del batacazo final. Un movimiento que podría parecer paradójico con el Gran Despilfarro, pero no lo es: ambos pretenden preservar (y aumentar) el capital.

Todo esto solo anticipa otras escaseces. Por ejemplo, la de alimentos, que ya comienza a asomar.

Plásticos y chips. Unidos en la escasez y también en su degradación. Como saben, los chips se fabrican a partir de obleas de silicio, que es el elemento que junto con el oxígeno forma la arena (óxido de silicio), aunque en realidad los chips se fabrican a partir de cuarzo porque es más puro en silicio (fabricar chips a partir de arena sería energéticamente prohibitivo). Hoy en día, si Vd. va a cualquier playa, aunque la arena le parezca blanca impoluta, lo más normal es que tenga una gran cantidad de impurezas plásticas en su interior. El polipropileno forma unas bolitas que a primera vista y a segunda le pasarán desapercibidas, pero no son arena: son plástico. Incluso las playas más recónditas del planeta están contaminadas con gran cantidad de plásticos. Dentro de unos siglos, eso quedará de los plásticos y chips que hoy consumimos en cantidades ingentes: arena y polipropileno mezclados en la playa, quizá a partes iguales. Habremos cumplido nuestra función de degradar este planeta, sin ningún otro objetivo identificable más que la degradación por sí misma. Solo somos siervos de entropía.

Salu2.

AMT

martes, 20 de mayo de 2014

La obsesión con el apocalipsis zombi





Queridos lectores,

Uno de los memes caros a la cultura americana es el del apocalipsis zombi. Ya saben: un virus infecta a la mayoría de los seres humanos y los convierte en una especie de muertos vivientes, que caminan sobre la faz de la tierra intentando comerse a los que no son como ellos. No voy a poner una imagen de zombis para ilustrar este post porque son bastante desagradables y ésta es una página apta para todos los públicos (como cualquier lector habitual ya sabe). El caso es que hay un montón de películas, series y hasta novelas (hay gente que lee de eso) sobre el apocalipsis zombi. Ahora incluso hasta se preparan planes de contingencia militar para hacerle frente, como nos mostraba una reciente noticia de El Confidencial: el informe Conop 8888 del Ejército de los Estados Unidos prevé diversos escenarios de catástrofe planetaria y uno con los que se entrenan es, justamente, el apocalipsis zombi.

Pero, ¿a qué viene esta obsesión con un escenario imposible, en vez de contemplar cualquiera de los centenares de escenarios que más que posibles parecen casi inevitables, desde una grave desestabilización climática global hasta hambrunas y guerras por el agua, por no hablar de las guerras por los recursos? ¿Por qué es tan popular en los medios de divertimento de masas este escenario de cartón-piedra, ridículo por lo maniqueo, de malos-malísimos-perversísimos contra buenos-buenísimos-abnegadísimos?

Los que hablamos desde hace algún tiempo del problema de la creciente escasez de recursos no podemos evitar ver una cierta relación entre los conflictos que se van a desencadenar si no se toman medidas eficaces y esta especie de guerra de todos contra todos que plantea el apocalipsis zombi. Algunos como Manuel Casal Lodeiro ven el apocalipsis zombi como una sublimación en la psique colectiva de la lucha del hombre corriente e individualista contra el hombre-masa, el bautómata, que amenaza con arrasarlo todo sólo por seguir las directrices programadas ("tenemos que crecer el 2% este año","no importan pájaros y florecillas sino aumentar los beneficios","la tecnología siempre nos salvará de los problemas que provoca justamente la mala aplicación de la misma","llegaremos a Marte, a Alfa Centauri, al infinito y más allá", etc). Sin embargo, yo soy más de la opinión de Xoan Doldán, que en una reciente conversación por e-mail sobre la noticia del Conop 8888 decía lo siguiente:


Aunque la redacción de la noticia no es muy afortunada y hace risible una serie de amenazas para la humanidad que para nada debían serlo, creo que hay un aspecto que ilustra como ven estos centros de decisión a la mayor parte de la humanidad:

"Todos estos informes coinciden en que la escasez (alimentaria, de agua o energía) será la base común denominador del posible colapso civilizatorio. Es por ello que el cambio climático es otro de los conceptos más presentes en estos catastróficos documentos, y la razón de que el Pentágono eligiese el desafío zombi como metáfora de todos los posibles riesgos a los que se enfrenta la humanidad a corto y medio plazo."

Es decir, la amenaza zombi -los muertos vivientes- son las masas de gente famélicos hasta el punto de comerse entre ellos, mientras que hay que proteger a los verdaderos humanos (los no muertos de hambre: recuerda esto a otros tiempos en que determinados pueblos eran considerandos no humanos). El fin lo indican ellos mismos "ayudar a las autoridades civiles en el mantenimiento de la ley y el orden y restablecer los servicios básicos durante y después de un ataque zombie". ¿Sera este el modo que tienen previsto para adaptarse a la nueva situación?.


En suma, que detrás de este concepto de un conflicto final en el que se divide a las personas entre hombres y zombis, entre seres humanos y bestias, subyace la idea de separar a las personas de bien (que defienden sus legítimas posesiones adquiridas  por su buen capital) de los muertos de hambre y zarapastrosos que, faltando agua o comida, se atrevan a entrar en su propiedad. No es por tanto extraño que la situación tipo en estas películas, series, etc sea la de los héroes atrincherados en algún lugar (lo más típico, un centro comercial, símbolo moderno de la abundancia), el cual defienden del ataque de las hordas de muertos de hambre que hay fuera, los cuales no dudarían en devorarlos -matarlos- si les ponen las manos encima. Vaya, un escenario de Gran Exclusión a lo bruto.

Yo no soy muy amigo de los escenarios apocalípticos y siempre digo que los problemas que tenemos pueden ser correctamente encauzados mediante soluciones de tipo social (aunque no nos gusten) antes que de tipo técnico, y que en realidad buscar soluciones meramente técnicas es directamente autoengañarse. Sin embargo, sé que mi punto de vista delante de la grave situación en la que nos encontramos dentro de esta crisis que nunca acabará no es el más habitual; en general, la gente prefiere ensoñarse con escenarios de confrontación y apocalipsis (incluso les parece imposible que yo no piense así). Y es que en el fondo nadie quiere abandonar el actual paradigma, porque el adoctrinamiento es tan profundo que nadie contempla que haya nada posible fuera del capitalismo actual (aunque sea sólo un pequeño paréntesis de 200 años en los 10.000 años de Historia de la Humanidad), como bien muestra un post reciente.

Por otro lado, es hasta cierto punto lógico que dentro de las élites económicas y políticas de nuestra sociedad, cuyas condiciones de vida son tan favorables que algunos sociólogos consideran que son como una especie diferente, miren con desconfianza a los que pueden plantearse darle la vuelta a la situación. No se equivoque, querido lector: Vd., como yo, somos los futuros zombis.



Y probablemente no va a estar Vd. en un barco que admite pocos invitados...





Si ha leído este post con una sonrisa en los labios, le propongo algo nuevo. Vuelva a leerlo, pero cada vez que haya un enlace (y hay muchos) pinche en él y lea lo que allí se cuenta. Seguro que se le quita la sonrisa de la cara.

Salu2,
AMT

viernes, 28 de marzo de 2014

Otra década de excusas



Queridos lectores,

Los signos evidentes del deterioro social avanzan sin cesar. En el caso de España, el descontento cristalizó el pasado sábado en una gran manifestación en Madrid (foto de portada de este post), culminación de las llamadas Marchas de la Dignidad que durante las semanas precedentes avanzaron desde todos los puntos de la geografía española, con un general ninguneo por parte de los medios de comunicación. La muerte el domingo del primer presidente del Gobierno español desde la restauración de la democracia, anunciada desde el viernes (esto es, desde la jornada anterior a la manifestación) ha servido para poner sordina mediática a la que posiblemente ha sido una de las mayores manifestaciones vividas en Madrid (y a la que ridículamente fuentes oficiales le han asignado un asistencia de sólo 50.000 personas).

No es una coincidencia. A medida que se fractura el muro de seguridades sobre el que se construyó el Estado del Bienestar y se comprometen las bases mismas del capitalismo tal y como se ha entendido durante los dos últimos siglos, los medios de comunicación, cada vez más cautivos de los grandes grupos económicos que los poseen, van abandonando su obligación de informar y la van sustituyendo por la necesidad de hacer propaganda. Propaganda que busca adormecer conciencias y dar seguridades. Pero las seguridades de las que hablamos tienen una base física, en la disponibilidad de materiales  y de energía. Hace cuatro años que lo repetimos: esta crisis no acabará nunca, sin que los detalles concretos del curso de los acontecimientos  cambien este hecho simple y poco discutible cuando se mira con un poco de racionalidad.

Y sin embargo se discute, y cada vez con mayor porfía, con mayor griterío; la propaganda se dirige a intentar tapar con cinta adhesiva las cada vez mayores grietas en el muro de la realidad. Y aunque no podrán evitar su derrumbe final, sí que pueden contribuir, y mucho, a crear una imagen completamente distorsionada de lo que está pasando, a introducir suficiente ruido en la comunicación como para que una gran masa de gente acepte resignada y dócilmente el camino de la Gran Exclusión.

Durante los próximos años nos veremos abrumados con falsas noticias de bonanza energética, algunas completamente nuevas, algunas que ya están apareciendo y algunas otras que serán recicladas del pasado reciente. He creído conveniente hacer aquí una pequeña guía de algunas de las mentiras y excusas que se usarán mediáticamente para "quitar hierro" al problema energético y que intentarán hacer creer que el origen de nuestros problemas son otros grupos humanos y no lo absurdamente insostenible de nuestro modelo económico. No puedo prever todas las cosas que se dirán, pero espero que estos apuntes sirvan a algunos de guía, de faro en medio de la tormenta que se avecina.



+ El precio del petróleo: Quiero ilustrar esta discusión con una pequeña anécdota que me atañe. Hace poco vi un hilo de Burbuja.info donde se burlan de mi por lo que denominan mi "previsión fallida sobre el precio del petróleo". Quien inició el hilo fue el ínclito Alb, que tanto dio la paliza por aquí con su sueño (que ése sí no se ha materializado) de explosiva implantación del coche eléctrico y que obviamente ha hecho de meterse conmigo su cruzada personal (cómo olvida, ay, todo lo que me criticó por decir en 2010 que el 75% de los campos de petróleo decaía a un ritmo de casi el 6% anual, cuando en 2013 hasta la propia AIE reconoce que ya decaen a ese ritmo el 100% de los campos actualmente en explotación). El caso es que en su crítica Alb enlaza la imagen de apertura del post (que no es mía, sino de Dave Cohen), 



y dice: "Mirad cómo de erróneas son las previsiones de Turiel, cuando en realidad el precio ha hecho esto":



Dejando al margen que ni él ni los que comentan se han molestado en leer el post en cuestión y ver todas las salvedades que en él se hacen (por ejemplo, textualmente: "En realidad, todo esto [el post] es completamente especulativo; hay muchos factores no lineales que favorecerán que los ritmos sean más rápidos que los aquí indicados y otros que harán que el precio vaya más lentamente, pero como consecuencia de una gran devastación en la economía") lo verdaderamente curioso es que tampoco nadie se ha molestado en poner las dos gráficas juntas para ver hasta qué punto la gráfica de Dave Cohen (grosera y aproximada, pues el punto a mostrar era el comportamiento general cualitativo, no el cuantitivo) se ha parecido a la realidad:




La correspondencia está hecha a mano alzada, pero aún así es llamativo como la previsión de Dave Cohen ha capturado correctamente la tendencia y una parte significativa de la volatilidad (seguramente mejor que lo que lo han hecho en ese período tan largo de tiempo muchos analistas profesionales que cobran sueldos de 6 cifras). Y si en algo falla la previsión de Dave Cohen, como también fallaba la mía (también cualitativa, como sabrá quien sí haya leído el post), es en que los precios no caen tanto entre picos consecutivos (y que el segundo pico no es tan elevado) por las razones que yo apuntaba en el párrafo que he destacado de mi post, que en este caso se llama fracking, una técnica por la cual EE.UU. ha conseguido producir unos 2,5 millones de barriles diarios de petróleo que en condiciones de libre mercado no serían explotables y si lo son es por la técnica de exportar inflación al resto del mundo, es decir, deteriorando la economía del resto del mundo (en primera instancia la de sus proveedores, aunque éstos le endosan sus dólares sobrevalorados a sus propios proveedores hasta hacer caer el peso de la inflación implícita sobre los últimos eslabones de la cadena, que suelen ser los países suministradores de materias primas). Pero aún así este "petróleo subprime" (en expresión de fortuna de Rafa Íñiguez) ha costado caro a las grandes multinacionales del petróleo, que como ya explicamos están recortando gastos a marchas forzadas con consecuencias previsiblemente desastrosas en la producción de petróleo a corto plazo. Cómo va a afectar esto al futuro precio del petróleo depende de muchas cuestiones (como, por ejemplo, si los Estados acuden al rescate de los yacimientos no rentables, detrayendo para ello recursos que ya no llegarán al resto de la sociedad), pero lo que es obvio es que tanto si la volatilidad es salvaje como si el precio simplemente se mantiene elevado, en ambos casos será a costa de un empobrecimiento imparable de la sociedad.

En realidad, la cuestión clave no es el precio (representación del valor) sino la producción de petróleo y más específicamente la energía neta que nos deja (el valor en sí, pues es con la energía que se efectúa trabajo útil), y para ésta las previsiones no pueden ser más sombrías. Sin embargo, es más que previsible que durante los próximos años toda la discusión se centrará en el precio del petróleo, buscando a cada paso la excusa del día para justificar sus variaciones. Durante un tiempo se ha podido ocultar el declive de la energía neta (que en realidad empezó en 2010) simplemente añadiendo más volumen de petróleo sin ganancia real de energía, pero en poco tiempo el volumen de petróleo crudo disminuirá y no mucho después hasta el volumen de todos los líquidos mostrará signos de decadencia. Será tiempo de guerras y revueltas y en ese momento las excusas de distracción tendrán que ser otras. Teniendo en cuenta eso, estimo por tanto que las discusiones inanes sobre el precio del petróleo durarán desde ahora hasta dentro de unos cinco años aproximadamente. 

Por cierto que no deja de ser irónico que a pesar de la cantidad artículos desde los inicios de este blog y de charlas grabadas hace años en los que he repetido que lo importante es la producción y no el precio, aún he leído por ahí que eso es algo nuevo que digo ahora "porque me equivoqué en mis previsiones sobre el precio".
 




+ La escasez la origina la guerra; cuando acabe todo se resolverá: Tarde o temprano los conflictos que se están desencadenando en todas partes del globo acabarán por afectar a un productor importante de petróleo. En ese momento se hará patente que hay realmente un problema con el suministro de petróleo, dado que realmente faltará en el opulento Occidente independientemente del precio que se quiera pagar. Como nadie pondrá las cifras en perspectiva, nadie caerá en la cuenta de que la caída de producción de 2 o 3 millones de barriles diarios representa tan sólo el 2,2 o el 3,3% de los 90 millones de barriles diarios que se consumen en el mundo, y que una bajada así, aunque brusca, es relativamente pequeña y si hay problemas para cubrirla es porque el resto de productores realmente no pueden poner ni una gota más en el mercado, porque ellos mismos están en declive productivo o próximos a hacerlo. Todo el esfuerzo de análisis se centrará en analizar la guerra, en cómo el país en cuestión es el 4º o 7º mayor productor del mundo, como si eso explicara por qué no se puede sortear el problema de suministro; nadie explicará tampoco que ese pequeño porcentaje de volumen de petróleo representa un volumen más grande y por tanto significativo de la energía neta del petróleo que llega a la sociedad, porque todo el maquillaje contable de la espuria categoría "todos los líquidos del petróleo" esconde la realidad de lo que vale y lo que no . Con la falta repentina de crudo y el esfuerzo de la guerra, la población de los países occidentales se verá obligada a medidas drásticas de reducción del consumo, pero si acaso alguien osa relacionar la escasez del preciado líquido con el peak oil, algún analista económico de guardia saldrá a decir que tal afirmación es una barbaridad, que la escasez está causada "artificialmente" y que es "temporal", que acabará "cuando acabe la guerra y vuelva la inversión", puesto que el mundo nada en petróleo y en sustitutos del mismo. Aunque al lector avisado le casará mal tal escenario de pretendida abundancia con los problemas que estará causando la falta de producción de un sólo país cuyas exportaciones, además, llevaban tiempo bajando, a la mayoría de la población tal explicación les cuadrará.

Sin embargo, el azote cruel de la guerra no sólo se llevará su lamentable y evitable peaje de vidas humanas, sino que causará que la producción del país afectado no vuelva nunca a los niveles prebélicos. Fíjense por ejemplo en el caso de Libia: al ver que los levantamientos populares no conseguían derrocar a Gadafi los países occidentales desencadenaron una corta guerra que causó una caída en picado de la producción durante el año 2011, pero como muestra esta gráfica de Flujos de Energía durante el año 2012 la producción aún no ha recuperado los niveles de antes de la guerra:



Como ven, Libia no ha recuperado nunca el nivel de producción de petróleo que tenía en 1970, aproximadamente cuando Muammar El Gadafi llegó al poder al derrocar al rey Idris. Cuando parecía que la producción volvía a remontar, la guerra con Chad primero y las represalias por el atentado de Lockerbie después, con el embargo que siguió los ataques americanos, llevaron a un nuevo retroceso y posterior estancamiento. Y cuando de nuevo la cosa parecía que iba a remontar parece que llega el peak oil de Libia (hacia el año 2008), y después la guerra. Si uno mira con más detalle lo que ha pasado en los últimos años se ve que la situación en Libia está lejos de estar estabilizada:


  
Hay dos razones para ello: unas sobre el suelo y otras debajo del suelo. Sobre el suelo tenemos un país en una situación convulsa, inestable, con protestas frecuentes (como las que han hecho cerrar el campo Elefante en fechas recientes) que acaban interrumpiendo parcialmente el flujo de petróleo. Pero también hay razones debajo del suelo: mantener en buenas condiciones de explotación un campo maduro no es sencillo, ya que se tiene que inyectar continuamente gas o agua a presión, y si por razón de una guerra tal flujo se interrumpe reestablecerlo no es tan sencillo, puesto que al faltar el suplemento de presión la porosidad de la roca puede disminuir, al irse colapsando lentamente por acción de la presión. Además, existen muchas instalaciones desde el pozo hasta la refinería o el almacén que requieren mantenimiento continuo y que se ven seriamente afectadas por una interrupción de la actividad durante semanas, no digamos ya si son meses. Este fenómeno se ha visto en muchos países en guerra (Irak, Irán, Siria), con convulsiones sociales (Venezuela) o que sufrieron un colapso societario (Rusia, donde el nivel de producción no ha vuelto nunca a los niveles de 1980). Es por ello que cualquier país que se vea envuelto en un conflicto a gran escala difícilmente podrá recuperar su nivel de producción de petróleo previo.


+ Podemos presionar a los productores de petróleo para que produzcan más: La actual situación con Rusia muestra hasta qué punto el mundo ha ido cambiando sin que nos diéramos cuenta. Europa amenaza con sancionar a Rusia por la ocupación de Crimea, pero en la práctica es un león con garras de terciopelo: el 26% del gas y el 40% del petróleo que consume Europa viene de Rusia, así que en realidad es más Rusia la que nos puede perjudicar que no nosotros a ella. Los americanos, por su parte, se han embarcado en un rueda de peligrosas fantasías. Por un lado, quieren exportar a Europa sus excedentes de gas de fracking (sin tener en cuenta que la burbuja tiene sus días contados y que habría reventado para cuando acabasen de construir las costosísimas instalaciones de licuefación del gas para el transporte en los también carísimos buques metaneros). Por el otro, están intentando convencer a los saudís para que inunden el mundo de petróleo a bajo precio y así hundir la economía rusa; en esencia, el mismo truco que hicieron en los 80 y que tanto ayudó al hundimiento de la Unión Soviética. Sin embargo, a diferencia de hace 30 años a Arabia Saudita ya no le queda capacidad ociosa, sólo la apariencia de tenerla, y tampoco los EE.UU. se van a convertir en el primer productor de petróleo del mundo gracias al fracking.  Es decir, la capacidad real de presionar a Rusia es nula y en realidad es Rusia la que tiene la sartén por el mango, sobre todo si deciden eliminar el dólar de sus transacciones de petróleo, como ya ha acordado con China. La tremenda distancia entre el mundo en el que cree vivir la opinión pública occidental y en el que realmente vive va a dar lugar durante los próximos años a declaraciones absurdas y situaciones ridículas que serían jocosas de no ser todo tan grave y tan triste.

 
+ Ilusiones diversas en el mundo de los hidrocarburos: Mientras la guerra va dando sus negros zarpazos en uno u otro confín del planeta, los voceros de la abundancia en Occidente anunciarán que están a punto de llegar en nuestro auxilio nuevas fuentes de hidrocarburos. Hace 10 años eran los biocombustibles quienes tenían que salvarnos, y ya se ha visto que no va a ser así; hace 5 años la panacea eran los petróleos ultra-pesados y como bandera a escala mundial teníamos las arenas asfálticas del Canadá (seguidas de cerca por los petróleos de la Franja del Orinoco en Venezuela), pero eso también se ha visto que tiene demasiados límites como para cambiar sustancialmente la situación. Ahora se alienta el fracking como método fantástico para extraer gas en todo el mundo y petróleo ligero en algunas pocas zonas, pero cada vez es más evidente que es un recurso de muy baja rentabilidad y que en realidad no es más que una burbuja financiera a punto de explotar. Y así como el gas de fracking siempre fue ruinoso y se prepara ya para un rápido descenso, el petróleo de fracking, que aunque poco sí que llegaba a ser rentable, está comenzando ya a dar las boqueadas.



Imagen del artículo "Texas RRC Crude and Condensate Data, Is Eagle Ford Peaking?", http://peakoilbarrel.com/texas-rrc-monthly-update/



De aquí dos o tres años comenzará a ser evidente que el fracking no va a cambiar el mundo ni, muchos menos, apuntalar la fantasía de que los EE.UU. van a ser independientes energéticamente; y dentro de 5 años el fracking estará prácticamente olvidado (aunque cuando se saque el tema el experto en energía de turno dirá que se abandonó "por un exceso de regulación de los Estados", dando a entender que los Gobiernos cedieron a la histeria ecologista desinformada). Y después del fracking, ¿qué? Pues volverán los mitos recurrentes de los últimos 10-20 años: el petróleo del Ártico, las formaciones pre-sal de Brasil y de la costa africana occidental, los hidratos de gas, incluso si son osados los recursos de la Antártida... Se harán nuevas y costosas campañas para intentar demostrar la capacidad comercial de todos esos recursos, los diarios se harán eco de que ya están aquí, que casi los podemos tocar con la punta de los dedos, pero nunca llegarán a explotarse a escala significativa, pues si todos los que ya hemos enumerado son de mala rentabilidad, estos otros son directamente ruinosos ya en la fase de inversión previa. Sin embargo, los clarines de la prensa harán creer a más de uno que el "problema del petróleo" (del que cada vez más se será consciente) está a punto de resolverse.

+ El carbón: Hay quien enlaza mis artículos anunciando un revivir del sector del carbón en España, quizá sin ver que en realidad toda nuestra sociedad está amenazada por la escasez energética y que quizá para que sean energéticamente rentables esas minas de carbón en España se acaben explotando con esclavos humanos, de facto o de iure. Lo cierto es que la energía del futuro es la energía del pasado: en todo el mundo el consumo de carbón sube, sube más deprisa desde que el consumo de petróleo está estancado, y muy pronto el carbón sobrepasará al petróleo como primera fuente de energía primaria a escala mundial (si no le ha sobrepasado ya). El problema con el carbón es que también se espera que llegue a su cenit en no muchos años más; por ejemplo, de acuerdo con la previsión del Energy Watch Group se espera que su máximo (en energía producida) se toque hacia 2020:



Cabe destacar que, debido a las características geológicas del carbón (puede ser extraído prácticamente a mano si así se requiere, al contrario que el petróleo y el gas), es posible que se pueda retrasar ligeramente su pico y alargar la meseta productiva (en la línea de lo que ya muestra la gráfica arriba). Lo cual no son necesariamente buenas noticias desde el punto de vista de la carga humana que tendrá que soportar esa sociedad basada en la extracción del último carbón, rentable sólo en penosas condiciones de explotación. En todo caso, y aún en las mejores condiciones de explotación, el carbón no nos va a permitir volver a los ritmos crecientes del pasado; es sólo un tiempo de descuento, un "viejo amigo fiel" que nos puede ayudar un tiempo si somos capaces de aprovecharlo (aunque dado su impacto ambiental cabría preguntarse si realmente queremos su ayuda). Para cuando la escasez de petróleo sea flagrante, los medios de comunicación nos contarán que científicos locales han descubierto un método novedoso y ultra eficiente para convertir el carbón en "petróleo" (eso dirán), "con mejor octanaje" (en referencia a las gasolinas que de él se deriven) y que las reservas locales (por ejemplo, en el caso de España) permitirán asegurar el suministro del país durante al menos 200 años. En realidad el descubrimiento será una pequeña mejora del centenario proceso de Fischer-Tropsch, conocido y usado desde hace mucho, y la exageración provendrá, como siempre, de confundir reservas (lo que se puede sacar del suelo) con producción (a qué velocidad sale). En la práctica la sociedad española y otras en semejante situación tendrá que aprender a pasar con menos hidrocarburos líquidos, que se reservarán para servicios críticos, mientras que el carbón para quemar en las calderas de calefacción será un lujo no al alcance de cualquiera.

+ Hay escasez porque se quiere, tenemos energía renovable para dar y regalar:  Este tema se ha tratado in extenso en este blog. La energía renovable es sin duda la que nos quedará en el futuro a largo plazo, pero no puede cubrir ni de lejos el agujero tan tremendo que está dejando tras de sí el petróleo y dejarán en algunos años más el gas y el carbón. Las renovables tienen muchos límites, tanto los asociados a las necesidades de capital, de materiales, de ubicaciones para paneles fotovoltaicos y aerogeneradores,  y tienen también limitaciones a su potencial máximo (tanto la eólica como la fotovoltaica - de ésta última aún me falta por escribir el ensayo correspondiente y por eso no está enlazado). Por otro lado la TRE de la fotovoltaica es baja y en general se plantea la duda de si la TRE sería demasiado baja sin combustibles fósiles; si, en suma, los actuales sistemas de generación renovable no son más que meras extensiones de los combustibles fósiles. Además, viendo cómo evoluciona el consumo de energía eléctrica y entendiendo por qué pasa eso se comprende que el actual modelo de implantación de centrales renovables no va a resolver la crisis energética (en parte porque se está planteando el problema equivocado).

No obstante todo lo enumerado aquí arriba, aún durante demasiado tiempo se insistirá desde ciertos sectores que este modelo de inversión en energía renovable es el camino correcto, la buena dirección. Se crearán facciones en el debate público propagado y espoleado por los medios de comunicación: por un lado los defensores de los nuevos yacimientos fantasiosos mencionados aquí arriba o de alguna otro tecno-fantasía relacionada con la energía nuclear (ya sea la más que improbable fusión o los reactores de IV Generación con los que se experimenta desde hace 70 años); por el otro, los defensores de este modelo de generación renovable. La opinión pública estará convencida que ésas son todas las alternativas disponibles y asistirá al debate esperando a que al final alguien gane, a que una solución a nuestros graves problemas se imponga. Por supuesto tal cosa no pasará nunca y cada vez estaremos más hundidos económicamente, pero distraídos creyendo que nuestra salvación radica en ese falso e inmóvil debate.

+ La clave es la superpoblación: Este tema sale algunas veces en el blog, y no es uno sencillo de abordar. Obviamente, somos muchos en el planeta y, como alguna vez se ha comentado, el número de hectáreas cultivables por habitante es de sólo 0,16, es decir, 1.600 metros cuadrados, un cuadrado de 40 metros por 40 metros. Está en el límite de la capacidad de carga de un ser humano, y eso con un suministro de energía fósil enorme. Es por tanto obvio que si no se toman medidas correctoras se tomarán automáticamente las que ejecuta la Naturaleza en este tipo de situaciones: hambre, epidemias, guerra y muerte.

Un problema tan crítico y tan delicado, que requeriría una gestión integral (de modo que aprovechásemos los recursos no renovables restantes para adaptarnos suavemente a la capacidad poblacional sostenible del planeta durante las próximas décadas) no va a ser en absoluto abordado de esa manera, y así los medios de comunicación tenderán a hacer un discurso cada vez más simplista y cada vez más xenófobo y de trazos gruesos. En un determinado momento la base social comúnmente aceptada probablemente será que lo nuestro es nuestro y que hay que echar a los de fuera, que vienen a aprovecharse de lo nuestro (ignorando quiénes somos y de dónde venimos). Como es un discurso simplista y ramplón pero fácilmente popular por populista, y viendo cómo está evolucionando Europa a ese respecto, mis esperanzas de que se imponga un mínimo de racionalidad, si son bajas respecto al resto de cuestiones, respecto a ésta son nulas.

+ Los problemas con el cambio climático: Otro frente de negación y confusión es el relacionado con el cambio climático. Hace un año publiqué aquí un artículo titulado "Un año sin verano", del cual se han burlado repetidas veces en diversos foros de internet con el curioso argumento de "¿Ves? Este tío se equivocó: sí que hubo verano". Quien dice eso demuestra, una vez más, que lo único que leyó del artículo fue el título. Para nuestra desgracia, el problema que se describía en aquel post (la inestabilización del chorro polar, que es cada vez menos zonal y más meridonal) persiste, con consecuencias inciertas para nuestro futuro.




Los episodios de oleadas sucesivas de frentes de fuertes lluvias en el Atlántico Norte, el estacionamiento del Vórtice Polar en la zona oriental de los EE.UU. y las sequías en la zona occidental están fuertemente relacionados con el problema del Jet Stream, y aún así se persiste en intentar desdeñar los problemas como cosas que caen dentro de una más o menos pretendida "normalidad". En ese sentido, es llamativo ver con frecuencia en los medios de comunicación cómo gente con conocimientos de meteorología hacen de menos las tendencias actuales y por ejemplo explican que en 1962 la mínima de temperatura de Junio en Cuenca fue inferior a la observada en 2013 o que en 1958 hubo mayores marejadas en Santander, y sin embargo no son capaces de entender que nunca se había visto fenómenos de tal amplitud en todos esos puntos al mismo tiempo (es lo que en estadística se llama comparativa de estadísticas marginales frente a la comparativa de estadísticas conjuntas). Cuando se insiste una y otra vez que para descifrar tendencias estadísticamente significativas hace falta ver la evolución del patrón climático durante décadas, lo cual es cierto cuando se habla de las marginales, también se desdeña que un patrón conjunto de muchos puntos al mismo tiempo tiene mucha mayor significación estadística que una serie larga de un sólo punto (por razón de una propiedad básica en Física Estadística: la ergodicidad). No obstante, se intenta tranquilizar a la población incluso en presencia de fenómenos significativamente anómalos, y lo cierto es que aún lo consiguen: hace poco me contaban en Gijón como una anciana que llegaba a su casa en medio de una terrible marejada que inundaba su calle se encontró con un asistente a una de mis charlas, y ella misma le dijo que nunca en su vida había visto cosa semejante; cuando él le comentó que posiblemente fuera una consecuencia del cambio climático ella le contestó: "Bueno, eso yo ya no lo veré". Y en cierto modo es cierto, porque lo tiene delante pero no lo ve.

Al final, parece un poco extraña la insistencia en usar plantillas del pasado para intentar describir el comportamiento del clima en el presente y futuro si uno entiende que en realidad este clima está cambiando. Básicamente, podríamos decir que una parte de los meteorólogos de manera implícita no cree en la validez del cambio climático, puesto que insisten en creer que el futuro es una réplica del pasado.

El problema más serio a corto plazo con la desestabilización climática es su efecto sobre la producción de alimentos y las posibles guerras que se puedan desencadenar por su causa (las Guerras del Hambre). A pesar de ello, todos estos asuntos se taparán con ilusiones tecnológicas de remedios técnicos para combatir una fuerza que supera en órdenes de magnitud la capacidad industrial del Hombre, y con apelaciones al consumo responsable y el ahorro que en realidad ocultan la necesidad de consumir menos por la menor disponibilidad que poco a poco habrá de todo. Lo que pueda acabar pasando con el Cambio Climático es imposible de saber con certeza ahora mismo, aunque los escenarios de futuro, si no se hace nada en absoluto, pueden ser próximos a un cuento de terror.


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Y aquí acabo mi catálogo no exhaustivo de excusas para la próxima década. Al final, todas las excusas tienen un mismo punto en común: la oposición férrea a cambiar el sistema económico por uno verdaderamente sostenible y la necesidad de mantener a ultranza el BAU cueste lo que cueste, engañando a la gente por los medios que sea con tal de conseguirlo. Es herejía cuestionar las bases de nuestro sistema económico y por eso se va a retorcer la realidad tanto como sea necesario para mantener la ilusión el máximo tiempo posible, aunque sólo sea unos segundos más y aunque eso nos deje peor preparados para lo que suceda a la caída del capitalismo.

A pesar de todo lo expuesto, se observan últimamente algunas grietas en la complacencia oficial. Hace poco el Banco de Inglaterra hacía público un sorprendente artículo de investigación que tira por tierra las ideas convencionales sobre la creación del dinero, con graves consecuencias sobre lo que significa nuestro sistema monetario. Un estudio científico financiado por la NASA, por un lado, y un informe la ONU, por el otro, alertan de un más que probable colapso de la sociedad. Incluso por el lado de la economía más tradicional, hace unos días se publicaba en la Carta de la Bolsa un artículo en el que un economista bastante convencional convenía, sobre bases completamente racionales, que la escasez de recursos es un serio problema y que cambiará nuestro mundo. ¿Será todo eso suficiente? ¿Estamos a tiempo de parar la barbarie?



Salu2,
AMT

jueves, 6 de marzo de 2014

El colapso de la producción


Queridos lectores,

El perturbador artículo de Gail Tverberg sobre la actual tendencia de las grandes compañías petroleras a desinvertir en el llamado upstream, es decir, en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos (encontrarán su traducción al castellano aquí) lleva a una profunda reflexión sobre el futuro inmediato de nuestra sociedad. En el momento más crítico de la crisis energética las compañías petroleras lanzan la toalla. No es ninguna sorpresa. Hace cuatro años, en este mismo blog, explicábamos como algunas de estas compañías estaban abandonando la inversión en upstream. El espejismo del fracking (sobre todo en la busca del petróleo ligero de roca compacta, LTO por sus siglas en inglés) ha sido el último intento de continuar en el negocio. Como decía recientemente un analista del mundo del petróleo, EE.UU. tenía la necesidad de buscar un recurso por explotar porque no podía permitirse el lujo de dejar a la industria de explotación de hidrocarburos más potente del mundo sin trabajo, ya que las consecuencias sociales y económicas serían inasumibles. Así pues, se inventaron el milagro del fracking y con esta quimera han mantenido la ilusión de que se podía seguir adelante por el mismo camino durante estos cuatro años; gracias a las arenas bituminosas de Canadá, a los petróleos extrapesados de Venezuela y al LTO la producción de petróleo ha podido mantenerse estable en torno a los 76 millones de barriles diarios (Mb/d) desde hace tres años, y la de todos los líquidos del petróleo (incluyendo los líquidos del gas natural, PG en las gráficas que siguen) en torno a los 90 Mb/d, como muestran las siguientes gráficas de Telecomunista (encomiable su trabajo, que desde aquí felicito) que he tomado de un hilo de Burbuja.info:



Sin embargo las mismas gráficas muestran que el petróleo convencional, después de una larga meseta de producción de poco más de 70 Mb/d de media al año que comenzó hacia 2004, y con fuertes subidas y bajadas siguiendo el ciclo económico, parece haber comenzado ya su inexorable descenso. No es nada nuevo: la meseta de producción ya sale en el informe de 2010 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés; las otras siglas de las gráficas, EIA, corresponden a la Administración de Información sobre Energía del Departamento de Energía de los EE.UU.; observen que la Agencia Internacional de la Energía tiende a ser un poco más optimista que la EIA), y en el informe de 2012 se reconoce el inicio del declive del petróleo convencional. Peor aún, como ya explicamos al analizar el informe de 2013  la Agencia Internacional de la Energía avisa de que si no se producen las inversiones a tiempo la producción de petróleo puede caer rapidísimamente, ocasionando serios problemas.


¿Y cuál es la reacción a este aviso? Comienza a ser evidente hasta para el mundo de los negocios que el LTO de fracking está llegando a su final y ésta era la última apuesta. Ya está. No hay nada más; realmente nos hemos quedado sin opciones. Por supuesto que continuará la repetición absurda de los mismos memes, las mismas quimeras (los hidratos de gas un día, las pizarras bituminosas otro, el petróleo Ártico o incluso Antártico, los yacimientos pre-sal de Brasil, sus contrapartes en la otra orilla del Atlántico... lo mismo que lleva diciéndose durante un par de décadas o más) mientras otros sueñan que las renovables nos sacarán del hoyo (cosa poca verosímil a la luz de los problemas que discutimos en la serie de posts "Los límites de las renovables"), o con los reactores nucleares de fusión (que probablemente no serán viables nunca, ya sea por la vía ITER o por confinamiento inercial - ¡cuidado con las falseadas notas de prensa!), o los de 4ª Generación (sobre los que se experimenta desde hace 70 años sin que se resuelvan los problemas críticos que los aquejan) o con el uso del gas natural para automoción (que requeriría una inversión ingente no para la motorización sino para la distribución, cuando el pico del gas también está a la vuelta de la esquina), o con cualquier otra distracción que parezca que tenga algo que ver con la energía (ya sean tecnologías para baterías, el grafeno, el magnesio, o concentradores de energía infrarroja). 

El caso es que las petroleras están exahustas, como se explicaba en el post precedente, y han comenzando una agresiva política de desinversión (vean, por ejemplo, esta presentación de Shell que resume sus resultados de 2013 y sus estrategias para 2014). En el post de Gail Tverberg se mostraba la gráfica de Steve Kopits que sintetiza la previsión de descenso de la inversión de las compañías multinacionales:

 

En el gráfico de arriba, la línea gris horizontal representa la inversión en bienes de capital de las petroleras privadas que se preveía hace bien poco, en Octubre del año pasado, hace apenas 6 meses; la línea gris declinante, la revisión que se hizo ese mismo mes; la línea negra de trazos, la previsión actual; y la roja de puntos la que indican las últimas declaraciones de las compañías multinacionales: una caída total de alrededor de un 30% en sólo un año. Piensen que en realidad para mantener el status quo la inversión en bienes de equipo tendría que ir creciendo con el tiempo, puesto que los recursos que van quedando son cada vez peores y requieren mayor esfuerzo, así que una caída de un 30% en la inversión anticipa una caída mucho mayor en la nueva producción, y no olviden que los campos actualmente en producción ya caen un 6% anual (según reconocía en Noviembre la propia Agencia Internacional de la Energía).

Algún avispado especialista en energía se ha precipitado ya a decir que aquí no pasa nada, que la desinversión es fruto de un ciclo de sobreeinversión. Esta interpretación tiene un fallo fundamental, como destacaba el otro día Juan Carlos Barba: cuando se produce un exceso de inversión en una actividad productiva (porque los inversores ven un buen negocio y lo hacen crecer demasiado rápido) la producción sube mucho, más de lo que el mercado pide en realidad, y por tanto al final el precio cae; en ese momento los inversores salen del negocio y cae la inversión hasta que la cosa se estabiliza. Sin embargo, aquí lo que pasa es que mientras la inversión subía y subía la producción ha caído y el precio se ha mantenido.



Por tanto, la ramplona explicación de que se trata de un habitual ciclo de sobreinversión no se sostiene. No se preocupen: seguro que nuestros analistas económicos de cabecera ya encontrarán alguna alambicada explicación alternativa para justificar sus apriorismos; lo que sea antes que aceptar que el peak oil ya está aquí porque el peak oil era esto en realidad, que simplemente es a esto a lo que huele el peak oil.

Ciertamente estamos hablando de la desinversión de las compañías privadas y éstas sólo cubren un tercio del mercado mundial del petróleo, pero las compañías nacionales que suministran los otros dos tercios necesitan de las multinacionales para relanzar su propia producción, ya que están en pérdidas más que significativas (por ejemplo la mexicana Pemex o la noruega Statoil, pero es un fenómeno generalizado - fíjense en esta curiosa noticia sobre Arabia Saudita). Y la receta para salir de este atolladero, la misma que se repite machaconamente en todos los países con problemas de producción de petróleo ya sea México, Venezuela, Brasil, Argentina, Bahréin, Libia, Irán o Noruega, es abrirse a la inversión extranjera. Sin embargo, ¿quién entrará a invertir en esta plétora de nuevas y dudosas oportunidades? Los inversores naturales serían las grandes multinacionales del petróleo, pero justo éstas están huyendo de los yacimientos de dudosa rentabilidad y centrándose en los beneficios y en arrojar dividendos, en ir aumentando su rentabilidad aunque sea a costa de ir disminuyendo su tamaño. Peor aún: éstas se están deshaciendo de sus activos más dudosos. Tantos yacimientos a la venta por un lado junto con tantos países buscando inversión para sus explotaciones nacionales por el otro forman un exceso de oferta que proyecta más dudas sobre la rentabilidad y ahuyenta a los demás potenciales inversores. Es por tanto obvio que los problemas de las multinacionales del petróleo van a causar una fuerte  caída de la inversión en petróleo a escala mundial tanto en el sector privado como en el público.

La consecuencia más directa de todo esto a corto plazo es que no habrá un cuarto ciclo de inversión como se aventuraba en el post de mi compañero Antonio García-Olivares: como la sociedad no puede tolerar precios más altos, las compañías no pueden adentrarse en la explotación de los recursos más caros. Por tanto, si no cambia la tendencia actual de desinversión no va a haber una meseta de producción de petróleo hasta 2040 como decía Antonio García-Olivares (con todo lo malo que ello ya sería), sino que el declive de la producción de todos los líquidos del petróleo (no sólo el petróleo convencional) va a comenzar de inmediato. De hecho, si no se actúa rápidamente la pérdida de inversión que ya están aplicando las compañías multinacionales y los previsibles movimientos que harán las nacionales puede conducir a una caída de la producción de todos los líquidos del petróleo de entre 5 y 10 millones de barriles diarios (hasta un 11% de lo que se produce ahora mismo) en un plazo inferior a los dos años. Si una caída tan rápida de esta magnitud se materializa los efectos sobre la economía pueden ser devastadores, y la capacidad de adaptación de los diferentes países dependerá de su capacidad de echar mano de otros recursos.

Por si todo lo anterior fuera poco hay un problema extra: la fuerte dependencia en el petróleo que tiene la extracción de otros recursos naturales, energéticos o no. Algunos de los yacimientos más extremos de carbón, de gas y de uranio requieren el uso de ingentes cantidades de carburantes para mover toda la maquinaria asociada; y como el carbón, el gas y el uranio barato también se están acabando el peso del combustible en los costes de producción está subiendo: fíjense por ejemplo que ahora mismo el coste del diésel usado en la extracción representa el 10% del precio del uranio. Y eso sin entrar en el impacto en el sector agrícola, fuertemente dependiente del petróleo, que afecta no sólo a la nula rentabilidad de los biocombustibles, sino a la alimentación humana. En lo que respecta a la extracción de minerales en general, los crecientes costes de producción (reflejo del mayor consumo de combustible a medida que los filones restantes tienen concentraciones de mineral más pobres) compromete la viabilidad de las explotaciones de muchos minerales (como muestra, este artículo las minas de oro podrían cerrar en seis meses si no sube el precio).

Alicia Valero escribió una extensa y detallada tesis hace unos años que en ocasiones cito en este blog, la cual usa una aproximación interesante para abordar el problema de la escasez de las materias primas ya sean energéticas o no. La idea consiste en calcular la exergía de cualquier materia, cuantificada como la cantidad de trabajo útil que representa para la sociedad. Esta aproximación exergética permite tratar el cenit de producción del cobre o del oro de la misma manera que el cenit del petróleo o del carbón. Esencialmente, nuestro problema no es sólo que la energía útil que nos llegue del petróleo o del uranio estén cayendo ya y que las del carbón y del gas estén a la vuelta de la esquina, sino que además la exergía de muchas materias primas fundamentales para nuestra sociedad (sea cobre o neodimio, acero o cemento) están ya cayendo o no muy lejos de hacerlo. La aproximación economicista que domina la visión de nuestra sociedad, tan alejada ella de la Termodinámica, sólo ve costes monetarios y ciclos de inversión, y es incapaz de reconocer que los techos de producción van bajando; simplemente creen que con más inversión se podría conseguir aumentar la producción, sin comprender que un montón de papeles de color verde no arrancan una pirita o un trozo de carbón del fondo de una mina. Para cuando la disminución de la producción de casi todo sea evidentemente menor que los niveles actuales los gurús de este credo al que llamamos Economía sacarán alguna de sus absurdas teorías ad hoc, reediciones de la vieja falacia del Peak Demand, y nos dirán que los gustos de la sociedad se han vuelto más austeros y que hemos decidido usar menos de todo por conciencia ecológica u otros motivos, como si la penuria fuera una elección. Nada nuevo desde Ésopo, vamos.

Dejando al margen ese pensamiento sociopático e ignorante de la realidad física, el escenario que se nos dibuja para nuestro futuro inmediato es el de La Gran Escasez. Si no se actúa ya la probabilidad de que experimentemos en los próximos años, incluso en un plazo de no demasiados meses, una transición fuertemente no lineal es muy elevado. El nivel de estrés del sistema es ahora altísimo; por todo el mundo están estallando conflictos donde la energía, sin ser siempre el factor fundamental, es uno de los factores importantes. Esto aumenta el riesgo de una caída repentina del flujo de energía y materiales; piensen, por ejemplo, qué pasaría si aumentasen las hostilidades con Rusia, país que se turna con Arabia Saudita en el primer puesto de la producción mundial de petróleo y que suministra el 26% del gas natural y más del 40% del petróleo que se consume en Europa. Piensen que pasaría si la actual y creciente inestabilidad en Bahrein o Yemen acaba degenerando en guerras civiles y se acaban contagiando a una Arabia Saudita donde los costes de producción crecen también al envejecer sus campos, comprometiendo su estabilidad presupuestaria y la paz social. O si Irán, Venezuela o Argelia acaban en una guerra civil. Además de la tragedia en los desgraciados países que sucumban, ¿se imaginan Vds. dónde irá el bienestar de Occidente cuando dejen de enviarnos puntualmente su petróleo y su gas natural?

Éste es un punto de no retorno en la Historia de la Humanidad. Las contradicciones de nuestro sistema económico no pueden soslayarse por mucho más tiempo, pero nuestros líderes siguen ensoñándose con la salida de la crisis y el retorno del crecimiento económico. Pero en muy poco tiempo tendrán que tomar medidas de urgencia para evitar que la sociedad colapse. Es fácil de prever que en cuanto nuestros gobernantes se den cuenta de que el necesario petróleo está dejando de fluir, fruto de la desinversión de las grandes compañías, los Estados entren en el capital de estas empresas para asumir los proyectos menos rentables. Tal medida garantizará un flujo mínimo de base para la actividad económica, pero será a costa de gravar impuestos muy superiores a los actuales, con lo que este último intento de mantener el status quo extenderá rápidamente la pobreza y la miseria a la sociedad. En añadidura, dado el sobrecoste social que esta intervención supondrá para cada país, el comercio del petróleo se resentirá, puesto que los países se resistirán a compartir una materia tan esencial que tantos sacrificios les cuesta.

Ahora miren a su alrededor. ¿Con qué recursos cuenta su país? ¿Qué esfuerzo societario implicará su explotación autárquica? ¿Cómo le afectará a Vd. la miseria que viene, qué potencial tiene para resistir la próxima ola?
 
Se puede esbozar el caso de España como un caso tipo. Si se mantiene la forma de reaccionar que se ha demostrado durante estos primeros años de crisis energética, durante la próxima década España se apoyaría en su carbón autóctono. Las centrales eléctricas en activo serían principalmente las hidroeléctricas, las eólicas y las térmicas de carbón, las cuales permitirían mantener un nivel de suministro no muy inferior al actual, aunque el consumo caería considerablemente, con lo que no sería esperable grandes caídas de la red durante las próximas décadas. El problema es, como tantas veces hemos repetido, que la electricidad es sólo el 21% del consumo de energía final en la España de hoy. Para el resto de usos energéticos se convertiría el carbón nacional en hidrocarburo líquido usando el proceso de Fisher-Tropsch aunque se desperdicie en el camino el 50% de su energía. Como la producción sería insuficiente para cubrir la demanda actual, se restringiría progresivamente su uso, centrándose en la agricultura, el Ejército y los servicios esenciales, y se iría abandonando la automoción privada, sólo al alcance de los más pudientes. Eso haría hundirse la mayoría de la actividad económica actual del país y condenaría a una gran masa de la población a la pobreza y a sobrevivir en los límites más miserables de la sociedad. Un fenómeno que ya hemos descrito aquí: La Gran Exclusión. Con el tiempo, la organización social podría devenir un nuevo feudalismo.

¿Es esto inevitable? No, pardiez. No tenemos por qué seguir un camino tan triste. No es nuestro destino inexorable acabar esclavizados, ni mucho menos, como tampoco lo es el colapso de la sociedad o la extinción de la raza humana; definitivamente, no tenemos por qué acabar en el Apocalipsis. Pero si no tenemos cuidado nuestro destino puede ser muy poco brillante. Aún podemos evitarlo. Para ello el primer paso es el de reconocer la verdad, una verdad dura que hay que decir a la cara; y después pasar por fin de la idea a la acción. Pero rápido: ya no queda mucho tiempo.

Salu2,
AMT