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sábado, 21 de diciembre de 2013

La España buena y la España mala



Mientras completo un largo periplo por España y Francia que me ha tenido casi una semana fuera de mi hogar, en la media penumbra de este tren regional francés que poco a poco me lleva de vuelta a casa, tengo por fin tiempo para reflexionar sobre todas las cosas que han pasado estos días y poner en orden algunas de las cuestiones sobre las que hemos discutido con los asistentes a las charlas sobre la crisis energética que he conseguido intercalar en medio de mis actividades más bautómaticas. Me detengo un rato para tomar aire y perspectiva; son muchos los pensamientos que se agolpan en esta cansada y dolorida cabeza mía. Vuelvo una vez más a las discusiones más sombrías que he mantenido, las cuales se centran en el futuro de Cataluña, de España, de Europa, del mundo...

Cataluña será independiente en un futuro no muy lejano.

Lo digo sin pena ni alegría, sin anhelarlo ni rechazarlo: yo no soy catalán y no deseo la independencia, pero entiendo perfectamente que muchos de los amigos que he hecho tras diez años de vivir en Cataluña hayan acabado deseando la independencia. El cambio en la postura de esta gente, que de estar más o menos cómodos en España han acabado por desear marcharse de este país sin moverse de su casa, se ha operado insensiblemente, alentado por un cúmulo enorme de frustraciones que han llegado a su máximo con la crisis económica que ha destrozado familias y empresas, y el hartazo con la corrupción política, la inoperancia del Estado y que se gobierne en favor de los más poderosos. Ninguno de esos problemas son exclusivos de Cataluña: pasa lo mismo en el resto de España y también en otros países. Sin embargo, mientras en mis viajes por España detecto una cierta resignación mezclada con desesperanza, un cierto derrotismo que niega que las cosas puedan mejorar puesto que no se divisa ningún partido que pueda cambiar tan nefasto rumbo, en Cataluña los promotores del independentismo han actuado con mucha astucia y han sabido canalizar el descontento popular en un proyecto ilusionante. "Que Cataluña sea independiente y las cosas comenzarán a ir bien", vienen a decir, "Abandonemos ese nido de pobredumbre que es España, gestionemos nuestro futuro y nuestro dinero, y las cosas por fuerza nos irán mucho mejor". Y así mucha gente que había perdido, al igual que en el resto de España, la esperanza de que las cosas pudieran mejorar, han encontrado en esta apuesta, en este proyecto político, una nueva ilusión. La gente habla de la independencia de Cataluña en las cafeterías, la gente se reúne en masa para manifestarse en la calle o hace una larga cadena humana con ese fin. Los ciudadanos toman la calle y se reconocen como partícipes de un proyecto colectivo, común, una promesa de mejora si Cataluña coge las riendas de su futuro y sale de una vez este barco que se hunde en su miseria y que se llama España.

Dicen las encuestas de la televisión catalana que de celebrarse hoy un referéndum un 54% de los catalanes votarían que sí a la independencia, frente un 26% que votarían que no y un 20% que a día de hoy aún no saben qué votarían. En suma, que los que quieren la independencia no sólo son mayoría sino que duplican a los que se oponen a ella. Yo no sé hasta qué punto estos datos están adulterados, pero mi experiencia del día a día me indica que no están muy desencaminados. Quizá la gente que votaría que sí no lleguen a la mitad de la población, pero la impresión que a mi me causa escuchando conversaciones, hablando con unos y con otros, es que ya son mayoría, y que su número sólo puede crecer a medida que las cosas inevitablemente empeoren. Y en este contexto el presidente del gobierno autonómico de Cataluña, Artur Mas, ha pactado con varios partidos celebrar un referéndum sobre la independencia el día 9 de Noviembre de 2014.

Desde el Gobierno central de España se percibe este desafío como una boutade de Artur Mas, sin comprender que si éste está al frente del proceso independentista es porque el movimiento por la independencia de Cataluña le arrastra, no porque él lo lidere. Mientras tanto, el movimiento independentista catalán va recabando discretamente apoyos por toda Europa. El Gobierno de España cree tener la situación controlada por el flanco europeo por las declaraciones muy medidas de algunos comisarios europeos que avisan de que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea y tendría en todo caso que solicitar el ingreso, sin darse cuenta de que las cancillerías del resto de Estados europeos (que son las que al final toman las decisiones) permanecen extrañamente calladas, y cuando se les pregunta directamente siempre responden que es un asunto interno de España. A partir de esa errónea sensación de seguridad que les da el falso apoyo europeo a las posiciones del Gobierno central, los diarios españoles descuentan el fracaso de la iniciativa catalana, basándose sobre todo en dos razones: porque el referéndum catalán es ilegal en el ordenamiento jurídico español y porque de consumarse finalmente la independiencia de Cataluña España quedaría dentro de la UE pero Cataluña estaría fuera, y para que fuera admitida todos los países tendrían que votar a favor pero, dan por hecho, naturalmente España se opondría. Asumiendo que fuera de la UE Cataluña se arruinaría, confían los medios españoles en que en última instancia el referéndum fracasaría porque el catalán, pueblo pragmático, no será tan suicida. Zanjado el asunto tras algunos comentarios despectivos dirigidos a los irresponsables que la prensa española cree que están al frente del desaguisado, los medios se centran en otros asuntos de más enjundia e importancia para el futuro de España.

Y sin embargo yo tengo la impresión exactamente contraria. No puedo saberlo con certeza, pobre de mi, un punto diminuto perdido en medio de una marea humana que me arrastra de un lado a otro; pero mis impresiones apuntan en la dirección completamente opuesta. De entrada el argumento de la ilegalidad de la consulta y en última instancia de la separación es completamente espurio. Por supuesto que separarse de España es ilegal con respecto a las leyes españolas, pero eso no quiere decir que sea ilegítimo: si la mayoría de un territorio quiere separarse resulta difícil de justificar desde un punto de vista moral, que no legal, que no se les tenga que escuchar. Además, no es nunca la legalidad del territorio abandonado la que impide o detiene la secesión: seguramente que cuando los países de Sudamérica se independizaron de España lo hicieron violando la ley española, lo cual llegados a ese punto es completamente irrelevante; lo que verdaderamente cuenta es la legitimidad, la voluntad mayoritaria de ser y actuar así. Tampoco importa si hay una justificación histórica o no para independencia, ni siquiera que el argumento "España nos roba" tiene grandes dosis de falsedad. Se puede intentar convencer a la gente, pero no oponerse a su determinación.

Por tanto, el único argumento que podría servir para parar a los catalanes es el de la ruina económica por quedar excluídos de la Unión Europea. Y sin embargo el sonoro silencio de los Gobiernos "amigos" indica que quizá pese a la grandilocuencia de la prensa ibérica (grandilocuencia semejante a la empleada cuando daban por hecho que Madrid sería sede olímpica) el desenlace no va a ser el previsto. De hecho, y si se mira la cuestión fríamente, la decadente Unión Europea podría tener buenas razones para desear una Cataluña independiente y en la UE.

España es un problema para la UE. Con altos niveles de endeudamiento, alto paro y actividad económica cayendo en picado, España es demasiado grande como para dejarla caer y liquidar después los restos al estilo de lo que se ha hecho en Grecia. El nivel de endeudamiento de España es tan elevado que se tiene que mantener a toda costa el diferencial de la deuda española respecto a la alemana tan bajo como se pueda, porque si no los intereses de la deuda harían peligrar la estabilidad financiera de España y al final la de toda Europa. Reestructurar la deuda española, separando la parte asumible y condonando la considerada impagable, tampoco es viable porque la confianza en la solvencia financiera de España desaparecería por muchos lustros y elevaría las dudas sobre la de otros países, inclusive alguno tan grande como Francia, lo cual haría tambalearse toda la UE. Pero si no se hace nada igualmente la deuda española combinada con su actividad económica en caída libre llevará a la quiebra de las finanzas de este Estado. La situación de España es por tanto demasiado peligrosa para la UE.

La independencia de Cataluña brinda una interesante escapatoria a este problema, si la UE permite que Cataluña se independice y una vez constituido el nuevo Estado se presiona a España para que acepte su ingreso en la UE. No es una tarea difícil: España sigue y seguirá necesitando del dinero europeo para mantener su banca y sus finanzas, e incluso aunque renunciara a conseguir más financiación del Banco Central Europeo no puede devolver toda la deuda ya contraída en su plazo de vencimiento. Una simple amenaza de que el BCE podría cerrar el grifo del dinero y España al día siguiente votaría a favor del ingreso de Cataluña, "por un sentido de la responsabilidad del que carecen nuestros vecinos del Este". La televisión pronto explicaría el necesario pragmatismo de la aceptación del ingreso de Cataluña en la UE: con una larga frontera común poner aduanas y aranceles, dado el intenso intercambio de mercancías, sería costosísimo e ineficiente; además, al usar Cataluña aún el euro y haber en ese territorio deudas y obligaciones nominadas en la divisa común europea las pérdidas por su conversión forzosa a una nueva divisa catalana, por supuesto muy devaluada, serían muy onerosas, sobre todo para las empresas españolas con intereses en Cataluña, "y no podemos permitir que encima de irse lo hagan sin pagar", como diría algún profesional de las tertulias. Sin embargo en la negociación del reparto de la deuda justamente Cataluña podría liberarse de una parte que en puridad le correspondería, endosándosela a España con la bendición de los observadores nombrados por la Comisión Europea, el BCE y el FMI para tutelar el proceso. De ese modo se lograría la cuadratura del círculo de reestructurar la deuda española sin que cundiese el pánico en los mercados, "ya que la situación de Cataluña es completamente excepcional".

Por supuesto que la situación de Cataluña no tiene nada de excepcional. La progresiva descomposición de los Estados tiene toda la lógica con la progresiva inviabilidad del sistema capitalista del que se nutren y al cual nutren, inviabilidad ocasionada por entre otras cosas la rápida disminución de las materias primas disponibles  y particularmente la del petróleo. Pero una manera posible de alargar la agonía de este sistema consiste en disgregar los territorios más productivos, capaces de asumir una porción razonable de la deuda y seguir adelante con ellos, mientras que el resto de la deuda va quedando en territorios cada vez menos productivos, iterando el proceso de disgregación hasta que se han separado todos los territorios productivos y queda uno sólo, improductivo, cuyas finanzas quiebran. Es la misma lógica del llamado "banco malo", que es un banco creado ad hoc para asumir todos los activos de rentabilidad o liquidez dudosa de otros bancos. Se trata, pues, de separar los países en su parte buena y su parte mala.

La segregación de Cataluña y el voto positivo de España a su ingreso en la UE tendrá un efecto desestabilizador sobre la sociedad española semejante al desastre del 98. Toda la grandilocuencia de la prensa española riéndose del referéndum catalán se tornará en rictus unos meses más tarde al contemplar estupefacta la entrada del nuevo Estado en Europa. Cataluña ya está, probablemente, perdida para España; pero España debería aprovechar este mazazo del destino para, en vez de encerrarse en rancios esencialismos, emprender un proceso de profunda regeneración política, económica y social. De no hacerlo así la alternativa podría ser que al final haya varias Españas buenas productivas y una España mala que sufra por las deudas de todos.

Esta noche es fría y oscura en Francia. Aún quedan unas horas para llegar a casa...

Antonio Turiel. Diciembre de 2013.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La descomposición de los Estados




(Nota: a lo largo de todo este artículo me referiré a Catalunya como Cataluña, al ser ésta la grafía castellana para esa región, autonomía, nacionalidad o nación, según gusten Vds. considerar - del mismo modo que escribo Inglaterra o Francia, no England o France. Eso no es óbice para que la denominación oficial sea Catalunya, como corresponde en el idioma original).
 
Queridos lectores,

Ayer tuvo lugar un evento de gran trascendencia local. Una cadena humana recorrió los 400 kilómetros que separan la frontera norte de Cataluña, en los Pirineos, de la frontera más meridional y oriental, en las Tierras del Ebro. El objetivo de esa gigantesca fila humana era pedir la independencia de Cataluña. Desde hace más de 30 años Cataluña ha regulado sus relaciones con España por medio de un estatuto de autonomía, pero desde hace un tiempo se ve que el estatuto queda corto para cubrir las aspiraciones catalanas, máxime en los tiempos de estrechez que corren. Y los catalanes ahora reclaman más de lo que el Estado español y su Constitución pueden permitir.

En los 400 kilómetros de cadena había, por lógica, al menos 400.000 personas (una por metro), aunque a juzgar por lo que vi personalmente al pasear a lo largo del tramo que pasaba por mi ciudad y por las imágenes que he visto de diversas ciudades del recorrido (especialmente Barcelona) la cantidad de asistentes fue muy superior, al menos del doble, aunque seguramente no llegase a la cifra dada por el Departament d'Interior de la Generalitat de Catalunya (1.600.000 personas, lo cual sería impresionante en este proto-país con 7 millones de habitantes). Poco importa cuánta gente se dice que asistió; el caso es que es obvio que el movimiento independentista en Cataluña ha cogido mucha fuerza y que puede ser ya incluso mayoritario (una encuesta reciente encargada por el diario El País así lo mostraba). Mi experiencia del día a día, de tanto ir de aquí para allá por Cataluña, me indica lo mismo: que existe ya una gran masa social que desea, o cree desear, la independencia de Cataluña.

Cómo se ha llegado a este punto no es un misterio para los que vivimos aquí. La razón más importante por la cual se ha pasado de una minoría de independentistas a una posible mayoría es la crisis. Una crisis que es económica, sí, pero también de valores. Mientras los ciudadanos de a pie sufren para mantener sus negocios o conservar su trabajo, y muchas veces no lo consiguen, las noticias de cada día nos cuentan de nuevos y cada vez más graves casos de corrupción que afectan a las más altas magistraturas del Estado, desde los Gobiernos Autonómicos hasta el propio Gobierno del Estado e incluso afectan a la Casa Real. Tener que malvivir con un puñado de euros al mes, a veces mantenido por la propia familia, y al tiempo escuchar la retahíla de millones que se han malgastado en fastos absurdos o que simplemente se ha embolsado el aprovechado de turno, lleva a una rabia comprensible y difícil de parar. Los efectos de esta crisis económica y moral azotan una buena parte de Europa y a toda España, y seguramente con más fuerza que en Cataluña en otras autonomías españolas, pero en Cataluña ha habido un elemento aglutinante, ilusionante: un discurso que ofrece una explicación simplista de lo que pasa y una vía de acción positiva para cambiar las cosas.

El discurso que está triunfando en Cataluña es simple, como decimos: España nos roba; la Cataluña productiva mantiene la España subsidiada; y demás lindezas por el estilo. Para que se hagan una idea de a qué me refiero, les enlazo aquí un vídeo que se ha hecho popular en Cataluña y que glosa estos desequilibrios con la intención de demostrar que Cataluña está siendo expoliada por España. Los agravios que se describen en el vídeo son algunos reales, otros imaginarios, y en otros se utilizan cifras o comparaciones manipuladas para dar la imagen que se busca.

Cataluña es una de las regiones ricas de España y los fallos estructurales que tiene, fruto de la desidia a veces del Gobierno central, a veces de la Generalitat de Catalunya, son percibidos como agravios insoportables. En ese contexto, resulta muy fácil motivar a la gente buscando una vía de salida, la vía positiva: salgamos de España; gestionemos nuestro propio dinero; seríamos ricos si no tuviéramos que soportar el peso muerto de una España que nos ningunea; y otros slogans similares. La actitud de los sucesivos Gobiernos españoles no ha ayudado tampoco a desmontar esa imagen de gobernadores absolutos y chulescos que roban y humillan cuanto quieren, ya que a veces por cálculo electoral ha resultado rentable mantener una actitud beligerante contra Cataluña o su gobierno; y desde la Generalitat con frecuencia se ha recurrido al victimismo para mejorar las expectativas electorales del partido en el poder autonómico.

La agitación catalana contra "la España que nos roba" ha ido creciendo a lo largo de los últimos meses, partiendo de un poso histórico con décadas de recorrido pero que sólo se ha convertido en mainstream gracias a la crisis. En las televisiones y los diarios se han sucedido debates y columnas en los que reputados economistas analizaban la estructura económica de una Cataluña antes y después de la independencia, en algunos casos encontrando que el saldo sería positivo y en otros negativo. Para mi hay tres aspectos curiosos de esos debates, cada vez más frecuentes. En primer lugar, la disparidad de cifras ofrecidas: delante de un tema de tanto calado, lo lógico es que se creara un cierto consenso de bases para analizar fríamente la situación; pero nadie tiene ningún interés en sentar las bases claramente, probablemente porque las posiciones de unos y otros tienen más de ideológico que de lógico y se suele poner el acento en cuestiones políticas (por ejemplo, ¿sería admitida Cataluña en la Unión Europea a pesar de la previsible oposición de España?). En segundo lugar, no deja de ser curioso que todo el discurso se centre en la existencia o no de beneficios económicos con la independencia. Para alguien que se siente catalán por encima de español lo lógico es que se apelase más a sus sentimientos de pertenencia a una comunidad y de extrañeza respecto a la otra; sin embargo, esa ligazón sentimental no parece ser un buen leit motiv para la creciente masa de nuevos independentistas. El motivo que realmente moviliza es el económico, y con gran pragmatismo los sectores nacionalistas tradicionales y algunos nuevos actores se han dirigido hacia aquí. Y en tercer y último lugar, todos los análisis de viabilidad económica de Cataluña parten del supuesto del mantenimiento del BAU, de que el crecimiento económico en Cataluña y en el mundo volverán en un momento determinado, cuando en realidad sabemos que eso no es posible. En suma, que tanto los que argumentan a favor de la continuidad de Cataluña en España como los que lo hacen en contra aludiendo a razones económicas están, consciente o inconscientemente, engañando a la gente.


El proceso independentista en Cataluña es simplemente uno más de los procesos de descomposición de los Estados occidentales fruto de su inviabilidad económica. En medio del marasmo e inoperancia creciente de los Estados, a medida que se consuma la fase 3 del colapso y los Estados se sumen primero en la ineficacia y después en su desaparición, nuevas estructuras de menor tamaño emergen para intentar cubrir este vacío de poder. Lo que hoy pasa en España con Cataluña acabará pasando en los próximos años en el Reino Unido con Escocia, en Francia con Bretaña o en Alemania con Baviera, por poner sólo tres ejemplos de tres regiones en Europa; pero el problema tiene una escala global y así numerosísimos países de América, Asia y África sufren derivas centrífugas de ciertas regiones que, con el tiempo, les pueden llevar a su secesión.

¿Va a solucionar la independencia de Cataluña los problemas de Cataluña? Solamente si Cataluña comprende lo que realmente hay en juego, sólo si se comprende que el crecimiento económico no va a volver, sólo si se acepta que la deuda no se puede pagar y por tanto ni se intenta pagar. Intentar reproducir los errores del pasado pero a menor escala geográfica sólo acelera el camino hacia el colapso. Emprender un proyecto nuevo que supere el BAU, definir un nuevo modelo productivo no basado en el crecimiento económico, sentar las bases de una nueva sociedad de ciudadanos y no de consumidores, ése es el único camino hacia una independencia real.

Salu2,
AMT

viernes, 16 de noviembre de 2012

Una mirada desde Barcelona a la primera huelga general europea



Queridos lectores,

El que es in péctore el cronista social oficial de este blog, Ferran Fontelles, ha hecho - a petición mía- esta pequeña pieza sobre la jornada de huelga general del miércoles pasado. Esta jornada es significativa no sólo por lo multitudinarias de las manifestaciones con las que concluyó, sino por ser la primera convocada para todo el ámbito europeo (aunque haya sido en los países del Sur de Eurpa donde ha tenido más resonancia). Les dejo con la crónica de Ferran.

Salu2,
AMT

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Éramos pocos y parió la abuela

Luis de Guindos, actual ministro de Economía y Competitividad español:

“La huelga no es el camino adecuado para reducir la incertidumbre. La hoja de ruta del Gobierno es la única alternativa posible. El camino iniciado es el único camino para salir de la crisis y garantizar el estado del bienestar". Tiene su miga que nuestro ministro de Economía y “Competitividad” fuese miembro del Consejo Asesor del banco de inversión Lehman Brothers en Europa. Estuvo trabajando allí hasta la quiebra y bancarrota de éste en 2008, lo que muchos consideran el desencadenante de la crisis financiera internacional en la que todavía navegamos. La mayoría de seres terrenales, si están en una empresa y esta entra en quiebra, tienen una mancha en su currículo, pero se ve que en las altas esferas la cosa va diferente. Ya no sé reconocer qué sensación me produce esa obsesión enfermiza hacia “los mercados”, este miedo casi medieval que tienen los gobiernos hacia un monstruo invisible. Es duro conocer la realidad energética mundial y ver que la obsesión de nuestros “gobernantes” es casi monolítica: reducir el déficit, no ofender al “los mercados” y saciar cualquier fantasía que tengan (por enfermiza y sadomasoquista que sea) en forma de recortes y más recortes, amputando ahora aquí ahora allá órganos varios del terminal estado del bienestar. Pasando por completo de la crisis energética. Una huelga general es una medida para responder a tanta sangría. Al Gobierno no le ha gustado/cree que no es quien debe valorarla. Era de esperar.

El baile
Para empezar, un poco del baile de cifras habitual. Siempre me ha gustado que para unas cosas nos cuenten con precisión de computadora y que para otras no pase nada por 80.000 personas más o menos. Depende de las gafas, supongo. Cifras en Barcelona: más de un millón de personas según los sindicatos convocantes, 110.000 según la Guàrdia Urbana, 50.000 según la Delegación del Gobierno Central en Catalunya. ( Nota: creo que los de la Delegación del Gobierno Central son miopes y salen a contar desde el balcón. En la pasada manifestación nacionalista del 11 de Septiembre: según los convocantes --> 2 millones de personas, Guàrdia Urbana y Departament Interior Generalitat--> 1,5 millones, Delegación Gobierno Central --> 600.000).  Trabajadores públicos que hicieron huelga: según Govern de la Generalitat 17%, según sindicatos 87%.

Según la Red Eléctrica de España (REE) cae el consumo de electricidad un 12,7% versus el 11,4% que dice el Gobierno (tampoco resulta difícil encontrar por la red fotos de farolas encendidas en pleno día por toda España: hecha la ley, hecha la trampa).

Los motivos de la huelga
La huelga general del 14N es ya la tercera en dos años. En la huelga del mes de marzo de este año, hice un análisis más centrado solo de lo que viví ese día en la calle. Esta vez voy intentar analizar los motivos de esa huelga. Voy intentar describir porque el ciudadano no está de acuerdo con “el único camino para salir de la crisis y garantizar el estado del bienestar" que nos impone el Gobierno español. Según él, la huelga no es el camino. Pero la realidad es que motivos no faltan.
La reforma laboral por si sola fue y es motivo de huelga. Según el sindicato CC.OO., el poder adquisitivo de los españoles ha disminuido un 30%, que atribuyen a la posibilidad que tienen las empresas de limpiarse las posaderas con los convenios (“tocar” los sueldos, por ej.), dada la nueva reforma. Apuntan que se han perdido medio millón de puestos de trabajo desde entonces y que se han duplicado los EREs. Subida del paro incesante (a pesar de la reforma, ya me intuía yo que eso de “abaratar el despido” liga poco con la creación de empleo...), y condiciones cada vez más restrictivas para conseguir las prestaciones. Pensiones congeladas, con futuro incierto, subida de la edad mínima de jubilación a la vista. Reducción de las ayudas a los más necesitados (congelación de la Llei de Dependència por ej.). Salario mínimo congelado. Recortes en los sectores públicos: en Catalunya, el Govern del partido gobernante CiU fue de los primeros en aplicar recortes en Sanidad y otras medidas (euro por receta). Fin de la sanidad universal y gratuita (supresión de ciertas subvenciones a medicamentos, exclusión de los inmigrantes). Subida aberrante de las tasas educativas (entre un 50% y 185% según sindicatos), disminución del profesorado, personal interino reducido en un 30% de sueldo y trabajo. EREs en empresas públicas (dado que ahora la ley lo permite). El gobierno ha dicho bye bye a la paga de navidad a todos sus funcionarios públicos este año. Se aplicó una amnistía fiscal que supuso un escupitajo en toda la cara a la gente de clase media que cumple con sus impuestos (un trato a favor que beneficia a las grandes empresas, que suponen el 73% de los impuestos evadidos, según sindicatos) y ya se está hablando de una segunda. Subida del IVA (en cultura del 8% al 21%, menuda estocada). Privatización de servicios públicos (Aena o Renfe en el horizonte). Todo esto en un momento histórico donde uno de cada cinco españoles está por debajo del umbral de la pobreza, 1,7 millones de casas en España tienen todos sus miembros en el paro. En Catalunya, el 8,8% de las casas (unas 245.000) tienen todos sus miembros sin trabajo. Con unos dirigentes que no convencen, que no muestran nivel intelectual alguno, que sueltan a veces lo primero que les pasa por la cabeza, la gente empieza estar harta. Tampoco ayudan al respeto reales cacerías de elefantes, coches oficiales o casos Urdangarinianos que de vez en cuando nos salpican y que solo alegran a los dibujantes de El Jueves. En fin, aunque la huelga “no sea el camino adecuado”, motivos no faltan. El ataque al estado del bienestar es manifiesto. La gente sigue esperando “el regreso del crecimiento que curará todos los males”. Y los números no mienten, la naturaleza no negocia. Como se comenta en este blog, el crecimiento no volverá porqué existen limitantes físicos que lo impiden. 2 y 2 son cuatro.

Los hits de la manifestación.

Imagen de la versión digital del diario Ara, http://www.ara.cat

Me pasé por la manifestación convocada por la CGT en los Jardinets de Gràcia a Barcelona, a las 18:00h, a la que creo se juntaron varios colectivos. Estuve un rato por allí, observando. Me fui antes de que se diluyera (o la diluyeran). Vi padres con sus hijos, gente de edad avanzada, profesores que he tenido en la universidad, colegas míos, policía con máscaras antigás, petardos, caretas de anonymous, silbatos, saludé el helicóptero: lo visto en otras ocasiones. “Mariano el re-corto” aparecía más de una vez. “Catalunya is not CiU" (en alusión a una hipotética mayoría absoluta en las próximas elecciones y/o al abuso de recortes que percibe el ciudadano). “Troika go home” “Ni un euro más para salvar bancos” y otros mensajes parecidos: en referencia al inminente rescate español por parte de Europa, y a la llegada de los “hombres de negro” que lo controlaran (es que dicho así, parece hasta de película...). “La imposición no es la solución, los recortes en las Cortes” atendiendo al sentimiento de que la crisis la pagamos los de abajo. “Que el próximo parado, sea Mariano”, “La deuda mata”, “Capitalismo=Monopoly” “Violencia es no llegar a fin de mes” y muchas más cada cual más ingeniosa. Varias movilizaciones concretas: las camisetas amarillas de los que se manifiestan por los recortes en educación, empresas concretas donde ha habido varios despidos, gente con la pancarta que expresaba su caso particular. Al pasar por delante de los cajeros automáticos (algunos llenos de basura, pegatinas y eslóganes con grafitis) la gente gritaba “¡Culpables! ¡Asesinos!” en relación al reciente suicidio de una ex concejal del PSE en Barakaldo porque tenía que ser desahuciada. Qué sorpresa hoy al leer que el Gobierno ha puesto "remedio". Referencias al consumo desmesurado, a la compra de productos de proximidad y alguna cosa más, pero en ningún momento oí nada al respecto de la crisis energética. (Quizás sí había, pero no las detecté). Nota final: curioso el contraste de la gente circulando pacíficamente, las luces de navidad instaladas y apagadas, y las luces azules de los furgones de los Mossos iluminándonos a cada esquina.

Hechos acontecidos
La actuación de los Mossos d'Esquadra (cuerpo de policía de Catalunya), en su línea. Treinta detenidos en Catalunya,  un Mosso atropellado por una de sus propias furgonetas,  una mujer que de un balazo de goma pierde un ojo, varios heridos. Quizás lo más notable fue un chaval de trece años en Tarragona, que se convirtió en Trending Topic mundial en Twiter, tras ser agredido “accidentalmente” por un Mosso. Vi basura en el suelo, cerca de los contenedores, pintadas en muchas paredes. Se quemaron dos coches de la Guàrdia Urbana. Curioso también lo acontecido en el Palau de la Música, donde algunos presentes apedrearon la totalidad de los vidrios de los exteriores y causaron importantes desperfectos en los alrededores. Se ve que hay quien se acuerda todavía del Caso Millet o saqueo del Palau de la Música, quizás el mayor y más reciente caso de corrupción y tráfico de influencias acontecido en Catalunya en los últimos tiempos. Algunos tienen memoria, pensé. Ocurrieron muchas más cosas, como es preciso en toda buena huelga: piquetes más o menos agresivos en el trato, carreteras cortadas, polígonos industriales más o menos vacíos, facultades más o menos vacías, encontronazo verbal Xavier Trias (alcalde de Barcelona) versus autubusero indignado, desperfectos y pintadas al lado de escenas de absoluta normalidad (ya se sabe, somos gente de bar, se puede hacer huelga en el bar, mejor dicho, se debe hacer huelga en el bar). 

A pesar de todo, la gente está muy harta y se ve muy cansada ya de la situación. La exclusion social a la que nos vemos sometidos es más que evidente ya. Solo no lo ven los que no lo quieren ver.

Política
Comentario escuchado al vuelo en la manifestación: “¿Cómo se debe sentir el votante de fuera de Catalunya? Al menos aquí tenemos a qué corrupto elegir. Bromas a parte, existe pluralidad política. El bipartidismo encubierto español PPSOE debe ser frustrante. Mariano es malo, pero, ¿cuál es la alternativa? Están en coma (los del PSOE, se entiende...)”. El debate del nacionalismo catalán está en la calle, se palpaba en la huelga también, era un factor más añadido. No eran pocas las esteladas o las banderas republicanas que vi. Hay una parte significativa del catalanismo que quiere ya separarse de España. Unos miran sólo el bolsillo (dado el trato fiscal y las míseras inversiones que el Gobierno Central da a Catalunya). Otros se basan en el sentimiento de identidad catalán, el cual sienten que es torpedeado constantemente por parte de España (Ministro Wert, qué coño quiere decir "españolizar a los niños catalanes"?)). Otros sencillamente ven en la Independencia la oportunidad de tirar por el retrete Marianos, Cospedales, Sorayas y demás fauna de la que no se fían. Yo no percibo un sentimiento de odio hacia “lo español”. Nada más noto hartazgo, desconfianza, indignación, pesadez... La creación de un estado catalán no sería la solución a todas las cosas (creo que muchos catalanes no son 100% conscientes de ello...), pero sin duda sería una herramienta para que la sociedad catalana pudiera decidir más concretamente su rumbo, en estos tiempos revueltos (ídem para el resto de la sociedad española), y dado el ostracismo con que el Gobierno trata al Govern de la Generalitat, no parece una opción descabellada. A fin de cuentas, sin energía abundante y barata la globalización se hace trizas, y todo parece volver a lo local. Tendremos que esperar a los comicios del 25N. El panorama catalán es muy diverso, un intríngulis de formas de pensar, pactos, escenarios, personas. Entiendo que a los lectores del “otro lado del Charco” les pueda costar seguir según que hilo, pero es que la realidad es la que es y las cosas andan agitadas (“No pasa nada, la gente está animada!” que oí gritar alguna vez en la manifestación).

No solo Spain is diferent.
Las manifestaciones también tuvieron lugar en Portugal, Grecia, Italia (donde los enfrentamientos con los cuerpos de seguridad fueron muy violentos en Roma y donde hubo más de cien mil manifestaciones), Bélgica (¿te quieres unir al club de los PIIGS, Bélgica?) y hasta en Polonia, en lo que fue una "jornada de acción europea". No tuvieron todos los países el mismo grado de seguimiento, pero me parece significativo que se tenga ya capacidad para organizar algo a la vez en distintos países de Europa. Incluso salió por TV3 (Televisión autonómica de Catalunya) que algunas personas se manifestaron en Alemania (!) en solaridad con las medidas impuestas por la eurozona a los países del sur (queda humanidad en este mundo, todavía). Algo se está gestando. Algunos se quedarán con que la burbuja inmobiliaria o las hipotecas subprime estallaron, y que ahora estamos de resaca (al estilo del sapo de la fotografía). Para mi y para cada vez más gente, esto no es más que el inicio de los últimos coletazos del pez llamado capitalismo global, una evidencia más de que el colapso, salvo que crezca una consciencia a nivel de especie que lo remedie, es más que posible.

Para terminar
Ultimamente veo que la gente usa frases de otra gente para sus escritos, sus libros, con la voluntad de terminar de transmitir todo lo que se quiere transmitir. Aquí va quizás lo más interesante que he escuchado en estos días. Teresa Forcades i Vila dixit:

"La huelga general del #14N es muy importante porqué también se hace en solidaridad con otros países, es un ejemplo de organización social, que es lo que tenemos que hacer. Pero es de un solo día y se puede quedar en el mero símbolo. Es el momento de acciones que vayan más allá y transformar la sociedad: la huelga indefinida (una medida seria que se tiene que organizar bien) tiene como consecuencia una desligitimación del orden imperante, que es lo que necesitamos, porque tenemos que reconstruir el pacto social. Es el momento de reforzar desde la base la organización porque un día se pueda convocar una huelga general indefinida. El objetivo no es la huelga, es el cambio social en profundidad”.

(Nota: para quien no lo sepa, Teresa Forcades es licenciada en medicina y teología, doctora en salud pública, un referente mediático actual, y además es monja benedictina en el monasterio de Sant Benet. Es para quitarse el sombrero que una monja lo tenga más claro que la mayoría de ciudadanos prototipo de clase media).

No pasa nada, la gente está animada.


Ferran Fontelles, estudiante universitario.




miércoles, 7 de noviembre de 2012

Una entrevista muy singular


 
Queridos lectores,

Ayer se grabó la entrevista que me hicieron para el programa "Singulars" (emitido por el Canal 33 y por TV3, dos cadenas autonómicas catalanas). Nunca antes había estado en un plató de televisión y fue una experiencia como mínimo original e interesante, a la par de bastante estresante para mi. Creo que la entrevista no salió mal del todo (a pesar de mi falta de pericia, por no decir torpeza, en algunos momentos), pero eso lo podrán juzgar Vds. mismos si residen en Cataluña (se emite por el Canal 33 a las 22:53 de hoy, y la repiten unas cinco veces más después en diferentes horarios y canales). Tranquilos: si no residen en Cataluña también podrán ver el vídeo por internet, siguiendo el enlace que en unos pocos días pondré justamente aquí.

Horarios de emisión. Lo de "uno de los máximos expertos internacionales", en fin...
 

No hay muchos elementos nuevos ni originales en la entrevista, aunque el esfuerzo de condensar las ideas deja algunos posibles hallazgos argumentales. En aras de completar lo que dije en la entrevista, y también para hacer posible seguir la discusión a aquellas personas que no entienden el catalán, he decidido hacer aquí un post resumiendo algunas ideas clave, que en realidad están más desarrolladas en la entrevista. Eso sí: no dejen de verla, ya sea por televisión o por internet. Piensen que la continuidad de este programa atrevido y vanguardista depende en parte de que se demuestre que la audiencia tiene interés en él. Además, hacia el final Jaume Barberà me hizo preguntas bastante incisivas y yo contesté sin pelos en la lengua.

Vamos, pues, con la sinopsis de la entrevista: 
 



Hace unas semanas hubo una reunión de los representantes en cada estado de la Reserva Federal (Fed) americana. Discutían sobre la nueva ronda de alivio cuantitativo (quantitative easing, que en esencia consiste en imprimir dinero para pagar deuda pública) con la que se pretende estimular la economía de la primera potencia mundial. Y uno de los gobernadores dijo esa frase, que parece un análisis bastante certero: "Nadie en la Fed sabe qué está frenando a la economía". Que los responsables de la política monetaria estadounidense, gente muy preparada, no sepan qué pasa es bastante significativo sobre el curso de esta crisis. Yo hablaré de un factor que, si bien no nos permite predecir a dónde vamos sí que nos permite saber a dónde no vamos: la energía.











 
El consumo de energía en España se está desplomando, especialmente el consumo de petróleo (franja roja), que de 2008 a 2011 ha caído un espectacular 18%. Tal caída no está siendo compensada con un aumento de otras fuentes: en general, las otra fuentes se mantienen relativamente estables excepto el gas, cuyo consumo también decae. El conjunto de toda la energía consumida en España (hasta la curva que limita la franja naranja) ha caído un 12%. Pero en 2012 las cosas van aún peor: el consumo de petróleo en España ha retrocedido, sólo en este año, más de un 10%.

Una caída tan brutal de la energía consumida ha de tener importantes efectos económicos. La visión clásica de la economía sobre estos fenómenos pasa por considerar la energía una mercancía más y explica su caída como una consecuencia de la grave crisis económica que estamos viviendo. Sin desdeñar que la crisis es una respuesta a múltiples factores, veremos que la energía no es una mercancía más y que los problemas de suministro en particular del petróleo están teniendo un gran impacto económico.















En realidad, energía y economía están íntimamente relacionadas. El gráfico que se presenta muestra el PIB de la Tierra en dólares constantes de 2000 (por tanto, descontando la inflación) y usando paridad de poder de compra (con lo que se corrigen los efectos de cambio de divisa) en el eje horizontal; el eje vertical es para el consumo total de energía en todo el planeta, en este caso tomada en millones de toneladas equivalentes de petróleo en energía. Los valores son anuales. Y no es de extrañar tan fuerte correlación: energía es la capacidad de hacer trabajo. Dado que tenemos energía y en grandes cantidades somos capaces de mover toneladas de lo que sea con un camión o de iluminar este plató con potentes focos y tener un buen aire acondicionado. Amplificamos enormemente nuestro output económico porque disponemos de cantidades grandiosas de energía. Pensemos que, según el último informe anual del BP, en el mundo se consumen hoy una cantidad de energía equivalente a tener de manera continuada una potencia de 18 Tw. Ese número, 18 Tw (una cantidad de vatios que es 18 seguido de 12 ceros) no dicen nada a la persona de la calle, pero si dividimos esa potencia media por el número de habitantes de la Tierra, 7.000 millones, nos resulta que tocamos a 2.500 vatios por persona de este planeta. Esta cifra nos es más común: viene a ser como la potencia de un horno microondas. Pero no perdamos de vista que nuestro consumo energético equivale a gastar esa potencia cada segundo de cada día de todo el año. Y si pensamos que un ser humano adulto es una máquina de unos 100 vatios, esto representa tener 25 esclavos energéticos que trabajan para cada habitante de este planeta, de manera incansable, cada segundo del día, los 365 días del año. Y como en el mundo todo está mal repartido, en realidad algunos tienen más y otros menos. Así, en España y en Cataluña tocamos a 45 de esos incansables y esforzados esclavos; en Alemania o Francia, a 60, y en los EE.UU., a 120. Gracias a tener tan colosales cohortes de esclavos detrás de nosotros hemos conseguido aumentar tanto nuestra producción de bienes y servicios, nuestro PIB, y por eso la correlación entre PIB y energía es tan fuerte.












La visión económica clásica, según la cual la energía es una mercancía más, afirma que si realmente hubiera un problema de escasez energética y particularmente de petróleo, tendría que notarse porque el precio de esta mercancía subiese y subiese sin límites hasta valores prohibitivamente altos, donde se equilibrase con la demanda. Tal visión deja de lado el hecho de que la energía es un bien esencial, es el motor de la economía, y que sin ella nuestro sistema económico y productivo simplemente no puede funcionar. Un profesor de economía de la Universidad de California San Diego, James Hamilton, ha estudiado con detalle cómo se propaga el coste de la energía y particularmente el petróleo dentro de la estructura de costes de la economía de los EE.UU., y ha llegado a la conclusión de que cada vez que el precio del petróleo supera un cierto umbral de dolor la economía empieza a sufrir y le da una especie de ataque al corazón. Como el petróleo se infiltra en toda la estructura de costes, los empresarios observan que todo se hace más caro y la gente cada vez tiene menos renta disponible para gastar, sus márgenes se reducen y al final se ven obligados a cerrar: cierran fábricas, cierran tiendas y mucha gente se va al paro. Al caer la actividad y el consumo cae la demanda, con lo que el precio vuelve a caer, y así hasta que de nuevo la demanda crezca y vuelva la tensión de precios y un nuevo ataque al corazón de la economía. Lo malo es que entre ataque y ataque la gente no recupera su trabajo, sino que cada vez hay más parados y excluídos sociales, incapaces de consumir como lo hacían antes. Poco a poco nuestra sociedad se va degradando.

Este umbral doloroso se sitúa en unos 90 dólares por barril, a precios de hoy. La gráfica que enseño es del artículo original de Hamilton y acaba en 2009; pero si miramos lo que ha hecho el precio después veremos que ha vuelto a subir desde finales de 2008, y que ahora llevamos más de un año con precios sostenidos por encima de los 100-110 dólares por barril. Ese dolor continuo es el que está precipitando a todas las economías occidentales a la recesión.

El problema grave es que ese umbral de dolor no está en el mismo sitio para nosotros y para economías más pujantes, emergentes, como las de India y China, que lo tienen más elevado (en torno a 120 dólares por barrila); y así nosotros vamos poco a poco cediendo capacidad de consumo de petróleo y ellos la van ganando. Toda la OCDE en su conjunto retrocede en su consumo de petróleo a un ritmo del 3% anual desde 2005.













Que algo particular está pasando con el petróleo es cada vez más evidente. La figura que muestro arriba es una gráfica de un estudio publicado en una revista científica de prestigio, Nature, el pasado mes de Enero. Es una gráfica que se denomina de "elasticidad de la producción de petróleo". El eje horizontal refiere a la producción media de barriles de petróleo crudo, expresados en millones de barriles diarios, para diversos trimestres durante los últimos 14 años. El eje vertical refiere al precio de esos barriles, expresado en dólares por barril. Se ve que hay dos tipos de comportamiento. Hasta 2004 (puntos azules), la producción de petróleo crudo era muy elástica: una pequeña variación del precio (pequeño desplazamiento en la vertical) llevaba a una gran variación de la producción (gran desplazamiento en la horizontal). A partir de 2005 (puntos negros), el comportamiento cambia radicalmente y la producción se vuelve muy inelástica: una gran variación en el precio (gran desplazamiento en la vertical) lleva a una pequeña variación de la producción (pequeño desplazamiento horizontal). El comportamiento inelástico es una señal inequívoca, de manual, de que la materia se ha vuelto escasa; y tal inelasticidad o escasez ya dura 7 años. No es un problema de inversión, sino de disponibilidad real de la materia. Recordemos que queremos el petróleo como fuente de energía (no sólo, pero principalmente) y por tanto no es una cuestión sólo de cuánto dinero gastamos en obtenerlo, sino -y más importante- de cuánta energía nos cuesta obtenerlo. Porque si gastamos más energía de la que cuesta extraerlo estamos peor que al principio. Y poco importan cuánto quede en el subsuelo, si no somos capaces de extraerlo con un coste energético asumible y al ritmo que nos interesa. Ése es el problema del Peak Oil: no importa cuánto queda ahí abajo, sino a qué ritmo lo puedes extraer.













Y es que efectivamente la producción de petróleo crudo ha tocado techo, como reconoció por fin en 2010 la Agencia Internacional de la Energía. La AIE siempre da previsiones muy optimistas de cara el futuro, pero poco a poco las ha ido rebajando: en 2007 la AIE anticipaba una producción de todos los líquidos del petróleo de 120 millones de barriles diarios (Mb/d) para 2030; sólo 3 años más tarde, en 2010, rebajó esa marca a 96 Mb/d para 2035 (una reducción del 20% y a cinco años más). Y por fin en 2010 reconoció que el petróleo crudo, el que realmente sale del subsuelo, llegó a su máximo productivo en 2006 y nunca más volverá a subir. En realidad, los campos actualmente en producción (franja azul oscuro) decae a un ritmo muy rápido, de tal modo que en unos 10 años su producción será aproximadamente la mitad que ahora. Esta caída de producción es natural y continuamente se están poniendo en marcha nuevos yacimientos para compensar esta caída. La AIE estima que la caída podrá ser compensada, llevándonos a una producción plana durante los próximos 25 años, gracias a la aportación de los campos que se conocen pero aún no se explotan (franja de color azul claro) y a la de los campos de petróleo que aún se tiene que descubrir. En realidad, es bastante dudoso que esa meseta se pueda mantener: respecto a los campos conocidos pero no explotados, se trata de petróleo muy caro de explotar, y ya sabemos que nuestra economía no tolera cualquier precio, con lo que una parte de éste no se podrá aprovechar; y en cuanto a los campos por descubrir, la AIE asume que el ritmo de descubrimientos será de unas cuatro veces el de los últimos 20 años (!).

La AIE aún estima que lo que denomina "todos los líquidos del petróleo" (el petróleo crudo más unos malos sucedáneos de mayor coste productivo y menor rendimiento energético) puede hacer que la producción total suba. Sin embargo, esos sucedáneos que completan la producción tienen muchas limitaciones. Por ejemplo, los líquidos del gas natural no sirven para sintetizar diésel; de hecho, se está produciendo ya una carestía global de diésel, que pronto llamará a nuestra puerta. Y en cuanto a los otros petróleos, denominados "no convencionales", son muy limitados, siendo los más importantes en volumen los llamados biocombustibles que generalmente tienen mal rendimiento energético (se consume casi tanta energía en su producción como la que luego devuelven).











En muchas ocasiones se dice que el peak oil - el hecho de que el petróleo llegue a su máximo productivo- es una teoría, sin tener el cuenta el hecho que en una cincuentena de países es un hecho perfectamente constatado, y que lo único que está en discusión es cuándo se producirá a escala global. Es interesante fijarse en la historia productiva de algunos países para ver qué ha pasado y qué está pasando (seguidamente veremos las gráficas originales que no pudieron ser incluidas para su presentación en la televisión, todas ellas obtenidas de la web Flujos de Energía usando datos del BP Annual Review):

 
Argentina llegó a su peak oil particular en 1998. Desde entonces su producción no ha parado de bajar, al tiempo que su consumo interno subía. Al final, el año pasado Argentina dejó de ser un exportador neto, lo cual es muy duro para un país que llevaba dos décadas viviendo de los ingresos del petróleo, y que explica en buena medida los últimos movimientos en la nación austral. Este fenómeno, de que el creciente consumo interno reduce muy rápidamente las exportaciones cuando se pasa el peak oil, es bastante generalizado en todo el mundo.


Venezuela es todavía un país exportador, pero como su peak oil fue en 2000 sus exportaciones están decayendo rápidamente.


El caso de las dos naciones que explotaron los campos del Mar del Norte es bastante paradigmático. El Reino Unido explotó de manera intensiva sus campos, siguiendo el ritmo del mercado. En 2000 llegó a su peak oil y en 2005 dejó de ser un país exportador. A pesar del descenso de consumo por la crisis, su producción cae más rápido y el país cada vez importa más petróleo.



Noruega ha sido mucho más conservadora en la explotación de sus campos, manteniendo además su propio consumo en ritmos moderados. Aún así, llegaron a su peak oil particular en 2000 y desde entonces la producción y las exportaciones caen a un ritmo rápido.


Yendo ya a Asia, un caso curioso es el de Indonesia. En 1991 llegaron a su peak oil y desde entonces la producción, con altibajos, ha ido cayendo. Desde 2003 aproximadamente el país es importador de petróleo, pero paradójicamente perteneció a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) hasta hace dos años. Su consumo interno crece y crece y hacen de Indonesia un cada vez mayor importador.

 
El último caso que veremos en detalle es el de Irán. Es uno de los pocos países que podrán mantener sus exportaciones, aunque hay dudas sobre cuándo su producción comenzará a declinar (algunos analistas creen que será en breve) y encima su consumo interno crece deprisa.

El caso es que los cada vez menos exportadores tendrán que vender sus cada vez menores exportaciones a un conjunto mayor de naciones importadoras y con consumos crecientes. Con las tendencias actuales en importación y consumo en 2018 las exportaciones de petróleo sólo podrían satisfacer las necesidades de China e India (!).














 

¿Y qué pasa con las otras energías no renovables? Las cosas no pintan mucho mejor: el fenómeno de máximo o cenit de producción es generalizado. Se estima que el cenit de la energía (que no del volumen) de carbón será en algún momento entre 2011 y 2020. En cuanto al gas natural, su cenit se hará esperar más pero es muy probable que se produzca entre 2020 y 2040. Y en cuanto al uranio se espera en algún momento entre 2015 y 2035, aunque algunos estudios apuntan a que será más bien la primera fecha (y eso sin contar con las implicaciones de la finalización del programa Megatons to Megawatts). Tengan en cuenta que petróleo, carbón, gas y uranio representan el 92% de toda la energía que se consume en el mundo, así que su próximo declive es un problema de primera magnitud. Para terminarlo de agravar, el fenómeno de llegada al máximo productivo no es exclusivo de las materias primas energéticas, sino de casi todo (peak everything). Por ejemplo, el oro lleva declinando a un ritmo del 1% desde 2010. Peor aún, se espera que el cobre empiece a declinar desde 2018, y con una menor producción de cobre será complicado continuar la electrificación de la sociedad.











Uno de los grandes problemas asociados a la escasez de petróleo es que la producción de muchas materias primas dependen de un gran consumo de energía, y particularmente del petróleo, para su producción. Hay que pensar que, por ejemplo, una mina típica de cobre tiene una concentración del mineral de cobre -pirita- del orden del 1 por 10.000. Es decir, hay que triturar 10 toneladas de roca para poder extraer un kilo de material, que después se ha de tratar y refinar para extraer el cobre. Todo lo cual se consigue con enorme maquinaria: excavadoras, camiones, etc, y por tanto un gran consumo de energía. Por eso, desde que el petróleo superó su punto crítico en 2005 muchas materias primas le siguen, y así se hacen más caras cuando el petróleo sube, y se abaratan cuando éste lo hace. Eso agrava los repetidos "ataques al corazón" que sufre nuestra economía y disminuye aún más la capacidad de consumo de la gente. Y el problema es que esto no afecta solo a los metales, sino también a la alimentación, a la ropa...


















  
 ¿Y qué pasa con las energías renovables? Sin duda, la energía renovable es clave en nuestro futuro, y sin duda será lo único que tendremos en el largo plazo, así que debemos apostar decididamente por ella. Es más: deberíamos aprovechar esta época en que la energía aún es asequible para garantizar una transición ordenada. Sin embargo, no podemos esperar que la energía renovable nos suministre la gigantesca potencia que es la base de nuestra sociedad. Las renovables tiene numerosas limitaciones (discutidas en este blog en la serie "Los límites de las renovables", usar esa expresión en la barra del buscador) y es más que dudoso que puedan aportar ni de lejos toda la energía que actualmente consume nuestro mundo, y eso bajo una perspectiva de consumo muy desigual con zonas opulentas y otras muy pobres. Nosotros hicimos un estudio encarando algunos de los requerimientos de un sistema 100% renovable y llegamos a la conclusión de que era técnicamente factible, pero si desde ya se emprendía un gran esfuerzo societario, comparable a una economía de guerra y durante varias décadas, para acabar después en una economía estacionaria, sin crecimiento. Además, una parte importante del problema actual de las renovables es que se orientan a la producción de electricidad, cuando en realidad la electricidad es sólo el 21% del consumo de energía final en España, y sustituir el otro 79% puede ser factible pero no fácil.
















En realidad, estamos intentando resolver el problema equivocado. Buscamos fuentes de energía alternativa, incluso, en casos extremos, creyendo a farsantes que nos prometen energías libres y prestando oídos a los fanáticos de la teoría de la conspiración, sin entender que la energía es, por definición, una cantidad limitada y que la termodinámica implica que no puede haber milagros. Pero no nos paramos a ver la incongruencia mayor, que es la de nuestro sistema económico y productivo. ¿Cuántas veces hemos oído que para que las cosas vayan bien el PIB ha de crecer un 2,5% o más al año? Tal tipo de crecimiento es muy rápido, exponencial, porque implica que las cosas se duplican cada cierto plazo fijo. Así, con un crecimiento del 2,8% anual nos encontramos que las cosas se duplican cada 25 años, se multiplican por 4 cada 50 y por 16 cada siglo. Pero, ¿se imaginan Vds. una Cataluña o una España en que el PIB, es decir, la producción de bienes y servicios, fuese 16 veces la actual? ¿16 veces más carreteras? ¿16 veces más coches? ¿16 veces más turistas, más iPhones, más de todo? Tal modelo de desarrollo es completamente absurdo y nos lleva a chocar con los límites del planeta, que no deja de ser un bola redonda y por tanto finita. Sin embargo, la teoría económica estándar parece creer que la Tierra es un plano infinito. [Este ejemplo tan visual, igual que el de los esclavos energéticos, es mérito del maestro Pedro Prieto, al cual no mencioné en la entrevista, pero al que quiero reconocer ahora aquí. No dejen de visitar la página web de su asociación].

















El crecimiento exponencial también se da a veces en la Naturaleza, en forma de plagas. Tal comportamiento expansivo siempre acaba de la misma manera: se agota el alimento y los animales mueren en masa. Es un comportamiento autoregulado, es la manera que tiene la Naturaleza de limitar aquello que no puede crecer eternamente si no sabe parar a tiempo.

















Tal tipo de autoregulación o ajuste automático también puede pasarle al hombre; es lo que conocemos como colapso de la civilización. No es algo tan extraordinario: sabemos de 26 civilizaciones en la Historia que han colapsado antes que la nuestra, en algunos casos por falta de recursos, y en algunos casos hasta la extinción total o casi total de la población. No se puede descartar, por tanto, que tal cosa pudiera pasar ahora. Pero no es algo necesario e inevitable. Tenemos medios y tenemos conocimiento. Prefiero pensar que somos más inteligentes que una hormiga o una langosta.
















¿Qué es lo que nos empuja a crecer sin cesar? Esencialmente, el crédito con interés. Cuando se concede un crédito se espera que quien lo reciba lo devuelva, y con un interés. Un porcentaje. Por ejemplo, el 2,8% anual. Es decir, capital más interés será el doble en 25 años, el cuádruple en 50 años, dieciséis veces en 100 años. Ya volvemos a estar en las mismas. Y tal necesidad de crecer nos empuja a aberraciones como el despilfarro, la obsolescencia programada o las externalidades ambientales. La única manera de escapar de este círculo vicioso no es con parches (ahorro, eficiencia, etc) sino cambiando radicalmente de modelo productivo y financiero.















 
La situación se presenta, por tanto, muy complicada y en un plazo muy breve de tiempo: no podremos compensar el rápido declive de los campos de petróleo en explotación y en los próximos años tendremos que aceptar ir perdiendo una cantidad significativa de nuestro consumo, que si no nos adaptamos adecuadamente producirá mucha miseria y exclusión. Ahora, ¿cómo es que de un tema tan grave no se hable? ¿Que nuestos líderes no sepan nada?
 














 
Por supuesto que es un tema conocido; no explicaré una vez más en detalle todos los informes de los últimos años: cada año hago una glosa que pueden consultar en el post de 2010 y en el de 2011 (y habrá algunos que irán al que haga a finales de 2012). Pueden consultar también un post específico que hice sobre el borrador del Plan de la Energía y el Cambio Climático en Cataluña. El problema es que resulta imposible reconciliar la realidad de la imposibilidad de un crecimiento infinito con el actual paradigma, que no estamos dispuestos a abandonar. De ahí la inacción y la inoperancia de nuestros líderes.















Las conclusiones hablan por sí solas, pero si quieren detalles más jugosos... tendrán que ver la entrevista.


Gracias por su atención.

Salu2,
AMT