domingo, 9 de enero de 2011

Lo factible y lo rentable


Queridos lectores,

Al leer las discusiones que en los diversos foros en internet se encuentran sobre cómo afrontar la crisis energética que ya tenemos encima, con excesiva frecuencia se encuentra uno con discusiones un tanto bizantinas sobre la posibilidad de implementar determinadas soluciones tecnológicas que permitirían esquivar este o aquel aspecto concreto de la Gran Escasez que se viene. Aunque desde el punto de vista más holístico de un peakoiler todas esas propuestas son sólo formas más o menos acabadas de tecnooptimismo (es decir, de una fe irracional en la capacidad del ser humano de diseñar soluciones tecnológicas para cualquier problema), cualquier peakoiler se ve obligado a aventurar un análisis de por qué la concreta propuesta tecnológica no puede sacarnos de este histórico atolladero. Esto genera gran ruido y confusión, en tanto en cuanto los análisis apresurados no suelen tener en cuenta todas las variables del problema, y a veces se anticipan problemas que no son reales, o que probablemente no se manifestarán de la manera tan nociva que se pretende. Eso lleva a que, a su vez, el proponente de la solución-milagro se reafirme en que su propuesta es en realidad la solución de todos los problemas de la crisis energética, y sólo cuando pasan los años y se ve que su tecnología propuesta no acaba de despegar los argumentos concretos que en su momento se dieron en favor en la potencia invencible de la Diosa Razón se van desvaneciendo; lamentablemente, son inmediatamente sustituidos por otra nueva propuesta, y así ad nauseam, mientras el tiempo va pasando sin que seamos capaces de articular una respuesta coherente y válida para gestionar este riesgo al que estamos sometidos. Así sucedió con la tan cacareada "Economía del Hidrógeno" con la que se nos martilleaba hace unos años, y así pasará con el modelo basado en los coches eléctricos y las redes inteligentes (smart grids) dentro de unos años. El público compra esas maravillas tecnológicas que se venden con su gran aparatosidad técnica, convencidos que de manera inevitable el siglo XXI será una ampliación y mejora del espectacular desarrollo tecnológico del siglo XX, sin comprender que aparte del ingenio humano lo que ha catapultado el progreso en el siglo pasado fue la gran abundancia de energía barata. Y mientras nos entretenemos con estos florilegios tan fuertemente publicitados, defendidos por grandes especialistas de la industria y las universidades, seguimos perdiendo ese precioso tiempo que necesitamos para adaptarnos...

Delante de estas tan improductivas discusiones, es imprescindible entender que la factibilidad técnica es sólo la mitad del problema. En realidad nuestra capacidad técnica actual va mucho más allá de lo que la gente se imagina; podemos construir objetos increíbles con maravillosas propiedades: casas indestructibles, bombillas de muy bajo consumo y eternas, coches eléctricos de gran potencia, ordenadores mucho más potentes que los que usamos, etc. ¿Por qué no tenemos todas estas maravillas a nuestro alcance, entonces? Sencillo: porque cuestan muy caras. Y es que para explotar comercialmente un determinado bien necesitamos no sólo ser técnicamente capaces de producirlo, sino saber cómo producirlo económicamente. Es decir, tenemos que ser capaces de producirlo con un coste unitario lo suficientemente bajo como para que se venda en una cantidad lo suficientemente grande como para que el beneficio sea adecuado. El beneficio será adecuado si permite pagar las amortizaciones y los costes de innovación y desarrollo, y al tiempo deja un margen que haga la inversión en esta actividad más interesante que en cualquier otra. En suma, que el negocio sea rentable. Existen infinidad de variables que repercuten en que un negocio sea rentable: la demanda del bien producido, la calidad del mismo, el equilibrio óptimo entre oferta y demanda, la competencia, la capacidad de innovación, el ciclo de vida del producto,... y eso hace también que determinados negocios que son rentables en un momento determinado dejen de serlo con el tiempo y viceversa. Sin embargo, hay un factor que resulta clave cuando se intenta producir un bien dirigido a un gran mercado potencial: el precio. Si queremos que muchos clientes consuman nuestro producto, como abarcamos un rango más amplio de la distribución de rentas necesitamos que su precio sea lo más competitivo posible. La manera más simple de reducir el precio es reducir costes, lo que se consigue reduciendo el uso de mano de obra y aprovechándose de los beneficios de la economía de escala, fundamentalmente a través de la producción en cadena. Sin embargo, se ha de tener en cuenta de que la producción en serie o en cadena no persigue optimizar el rendimiento del trabajo o energía empleado en la fabricación del producto, sino esencialmente sustituir un tipo de energía cara (mano de obra) por otra barata (petróleo, gas, electricidad). Por tanto, a medida que la energía que antes era barata se vaya volviendo cara esta estrategia de taylorización de la producción se va volviendo cada vez más contraproducente, si no se consigue mejorar, y mucho, la eficiencia energética. La hipótesis de que nuestras fuentes de energía son esencialmente baratas y abundantes está tan imbricada en la manera de hacer de nuestra sociedad que no tenemos presente hasta qué punto son fundamentales para que las cosas funcionen. Por eso, cuando la gente discute sobre las alternativas tanto de fuentes de energía como de modos de usar la energía no tienen en cuenta los costes, tanto económicos como energéticos, implícitos de las mismos, que cuando se consideran muestran que esas propuestas típicamente son inviables. Como las cosas se entienden mejor por la virtud del ejemplo, pondré ahora mismo dos ejemplos de cómo una mera consideración de costes hace dudosa la posibilidad de estas soluciones.

  • En un hilo de Crisis Energética se destacaba la noticia del reciente anuncio por parte de la marca automovilística Mercedes de la salida del nuevo modelo Mercedes-Benz SLS AMG E-Cell, que entre otras características tiene un motor de 525 CV, que se consiguen con 324 batería de litio-polímero. Algunos comentaristas denostaban lo absurdo de esta propuesta, en tanto que otros veían en la noticia una demostración de que no sólo el coche eléctrico tiene futuro (lo que es más que dudoso) sino que incluso podremos llegar a tener camiones y maquinaria eléctrica. Evidentemente, ese Mercedes-Benz SLS es un prototipo sin gran salida comercial, ya que el precio unitario, con la capacidad tecnológica actual, será desorbitante (se estima que entre 50 y 100 mil dólares más caro que el modelo con motor convencional). Es una estrategia lógica por parte de Mercedes-Benz, habitual en la industria, de comenzar a desarrollar una tecnología que al principio será cara, pero con el tiempo, y ganando experiencia podrá ser abaratada, fundamentalmente gracias a la taylorización del proceso productivo. Es decir, cuando las diversas fases de la construcción actual de este coche dejen de ser artesanales y puedan ser mecanizadas se podrá abaratar sensiblemente los costes, reducir el precio y conseguir la expansión comercial deseable. Dejando al lado las cuestiones no menores de la necesidad de reforzar enormemente la red eléctrica, de producir energía eléctrica en grandes cantidades en un momento de declive y de la escasa producción de litio como para poder producir coches a escala masiva, está la cuestión fundamental de que la premisa de todo el modelo productivo ("la producción en serie abarata costes") no está garantizada en un entorno de costes energéticos crecientes debidos a la escasez energética rampante que puede desencadenarse durante los próximos años. Evidentemente, este problema (la inviabilidad de la fórmula productiva que ha funcionado tan bien hasta ahora) no es privativo de la producción de coches eléctricos, sino de los coches de cualquier tipo y en realidad de la producción de cualquier bien. Pero, por eso mismo, teniendo en cuenta las grandes dificultades de mantener una base industrial suficiente como para sufragar nuestras necesidades más básicas futuras, centrar toda la discusión sobre los vehículos eléctricos resulta tan procedente como discutir si son galgos o son podencos.
  • Cuando se discute sobre la proximidad del cenit de extracción de uranio y los problemas asociados al desbalance del consumo actual (casi un tercio de lo que se consume viene de uranio extraído durante los ochenta, pero los almacenes civiles están a punto de agotarse y los militares están controlados por EE.UU. y Rusia), un argumento que suele recurrir es el de la enorme cantidad de uranio que hay en el agua del mar. Bernard Cohen, profesor de Física de la Universidad de Pittsburgh, hizo en 1983 un célebre artículo en el que calculaba que con el uranio que hay en los mares del mundo se podrían cubrir las necesidades energéticas del mundo hasta la extinción del Sol. Así es: con más de 4.000 millones de toneladas disueltas en el agua del mar daría para producir los 650 Gw de electricidad que se consume hoy en día en el mundo durante 7 millones de años, pero teniendo en cuenta el aporte constante de los ríos Cohen llega a estimar que el uranio daría para 5.000 millones de años de consumo eléctrico actual, más que lo que le resta de vida al Sol. Dejando al margen que el consumo eléctrico es un porcentaje mínimo del consumo energético total, está el punto clave de si se puede extraer uranio tan diluido (el uranio en el agua del mar tiene una concentración de 3,3 partes por mil millones en peso). Y aunque es tecnológicamente factible y se ha realizado en laboratorio, subsisten las dudas de si se puede realizar a gran escala de manera rentable. Se suelen citar precios de extracción de entre 260 y 1.000$ por libra de uranio extraída del agua del mar, lo que teniendo en cuenta el escaso impacto del precio del uranio en la energía nuclear sería perfectamente asumible; sin embargo, esas cifras esconden un coste energético que seguramente es más difícil de asumir, sobre todo en una época de escasez energética. De hecho, la mejor manera de no consumir mucha energía en el proceso es producir evaporación y decantación natural del precipitado que nos interese... pero ése es un proceso lento, con lo que producción sería pequeña. Por lo tanto, es más que dudoso que se pueda extraer uranio del mar a una escala económicamente viable.


Se podrían sacar tantos otros temas a colación: si es económicamente viable producir biocombustibles con algas o con las partes celulósicas de las plantas, si son viables los reactores basados en torio, etc, etc. Todas esas cosas son técnicamente viables y ya se han hecho, pero no han dado nunca el salto a la producción en gran escala por su escasa viabilidad económica. Por supuesto que los defensores de una u otra alternativa argumentarán que es una cuestión de precio, que si el petróleo u otras materias aumentan suficientemente de precio entonces serán interesantes... el problema es que nuestro sistema económico no puede soportar cualquier precio para una materia precursora e imprescindible como es la energía, cosa que discutiremos en otro post.

Salu2,
AMT

P. Data: Por razones personales, durante los próximos días estaré ausente del blog. Comenten lo que quieran, pero tengan en cuenta que yo no podré contestar más que de manera muy discontinua.

jueves, 6 de enero de 2011

Las arenas asfálticas de Canadá




Queridos lectores,

Querría comenzar el año zanjando algunas cuestiones pendientes de discutir del año anterior, y particularmente de una de las fuentes de petróleo no convencional que hace tan sólo tres o cuatro años se consideraba el nuevo Eldorado de la energía, y ahora ha quedado un tanto relegada por la realidad de su explotación: las arenas asfálticas o bituminosas de Canadá.

Las arenas bituminosas del Canadá son una mezcla de arena y una sustancia grasienta y espesa, el bitumen o alquitrán, que está formado por cadenas de hidrocarburos largas y de baja saturación en hidrógeno. Estamos hablando de un subproducto muy degradado, que en muchos casos representa el residuo de antiguas bolsas de petróleo poco cocinado geológicamente o bien en el que los compuestos más volátiles se evaporaron hace tiempo. Per se, este alquitrán tiene poco uso; sin embargo, procesado convenientemente (como discutiremos un poco más abajo) puede convertirse en petróleo sintético, de un poder calorífico inferior (en torno al 70%) al del petróleo crudo de mayor calidad pero que puede suplir, y de hecho está supliendo, una parte de las necesidades mundiales de petróleo. Debido a los costes que comporta su procesamiento es bastante menos económico de producir que el petróleo crudo (según los autores, el coste de producción se estima entre 30 y 60$ por barril), pero con precios suficientemente altos es un negocio bastante interesante. En el caso concreto del Canadá, dada la proximidad de explotaciones de gas natural necesarias para sintetizar el petróleo de arena bituminosas y las enorme reservas de este recurso (estimadas en 2006 en 170.000 millones de barriles de petróleo sintetizable, siendo las segundas más importantes después de las de Arabia Saudita) su explotación ha ido en crescendo durante los últimos años. Actualmente, Canadá es el principal suministrador extranjero de petróleo en los EE.UU., los cuales consumen la mayoría de su producción actual. Durante los últimos años su producción ha crecido a un ritmo de unos 60.000 barriles/día (b/d) hasta llegar a los aproximadamente 1,5 Mb/d actuales. En los últimos años, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado proyecciones según las cuales se esperaba que la producción de petróleo canadiense llegaría a los 5 Mb/d hacia el final de esta década, proyecciones que se han ido progresivamente moderando hasta los poco más de 2 Mb/d en 2020 que se aventuran ahora mismo. Sin embargo, hasta el objetivo de 2 Mb/d puede ser difícil de cumplir...

Para producir petróleo sintético a partir de las arenas bituminosas hay diversos procedimientos posibles, pero en esencia hay dos fases: una primera de extracción, en la que se consume mucha energía (típicamente procedente de la quema de gas natural) y agua (usada para generar vapor) para ablandar la pasta alquitranosa y extraer el bitumen por algún proceso de precipitación o decantación; y una segunda fase, en la cual se combinan el bitumen con gas natural para hidrogenarlo y convertirlo en cadenas más cortas y saturadas, propias de los hidrocarburos explotados industrialmente como petróleo. Por cada 2 toneladas de arenas bituminosas tratadas se consigue extraer aproximadamente un barril de petróleo sintético (1/8 de la masa de arena tratada), consumiéndose unos 2.000 pies cúbicos (cf) de gas natural (aproximadamente la mitad en cada fase) y entre 2,32 y 5,34 barriles de agua (recuérdese que 1 barril son 159 litros). El agua y los productos residuales son arrojados en ingentes balsas de residuos tóxicos como la que se muestra en la siguiente imagen, en las que entre otros subproductos se generan importantes cantidades de dioxinas, producto químico muy tóxico, el cual acaba contaminando los acuíferos y causando graves problemas de salud que son minimizados por el Gobierno de Canadá.




Sólo los problemas ambientales y de corrupción a todos los niveles que crea la explotación de las arenas bituminosas en Canadá, país hasta ahora ejemplar por su respeto a los derechos humanos, daría para hacer otro post bastante extenso; baste decir aquí que el influjo del oro negro está cambiando la manera de hacer política de Canadá hasta extremos inimaginables, y que el país tiene el dudoso honor de ser el único firmante del Protocolo de Kioto que ha rescindido su compromiso (ya que la producción de petróleo de las arenas asfálticas produce muchísimo CO2). Todo ello en aras de una nueva riqueza que ha hecho soñar que Canadá sería una nueva superpotencia energética... coloso que como cada día se va viendo más claro tiene los pies de barro.

Hay dos dificultades principales para hacer crecer la producción de petróleo sintetizado de las arenas bituminosas en Canadá: la falta de gas y la falta de agua. 

Por terminar, decir que el Tasa de Retorno Energético (TRE; EROEI por sus siglas en inglés) de esta fuente no es especialmente brillante: Charlie Hall la cifra en torno a 5, lo cual significa bajar un nuevo peldaño en nuestro particular descenso a los infiernos. Algunos autores la sitúan incluso por debajo de 2; en todo caso, lejos del 10 que se suele considerar como el mínimo aceptable para una sociedad funcional. En esencia, las arenas bituminosas aparecen como un parche para suplir una parte de la carencia actual, pero sin vocación de ser nunca una fuente mayoritaria: es sólo una muleta para que este cojo que es la sociedad basada en el petróleo pueda seguir avanzando unos pocos años más.


Hay varios aspectos adicionales que se podrían discutir (por ejemplo, la relación con los petróleos ultra-pesados de Venezuela), pero de manera introductoria esto es lo fundamental.


Salu2,
AMT

Addenda: JotaEle nos hace llegar esta gráfica que ha elaborado con datos de la Canadian Association of Petroleum Producers




Como muestra la gráfica los petróleos convencionales llegaron a su cenit en 1997 mientras que el producido offshore parece estar bastante estancado desde hace unos 8 años. El petróleo de las arenas bituminosas sube a un ritmo de unos 64.000 barriles/día cada año y se encuentra actualmente en el entorno del millón y medio de barriles diarios, y como se ha comentado en el post es difícil que nunca supere los 2 millones de barriles diarios. Así las cosas, Canadá habría probablemente superado su propio Peak Oil...

viernes, 31 de diciembre de 2010

Primer año de este blog

Queridos lectores,

Este post, último de este año, está dedicado al blog en sí, analizando su pasado, su presente y su futuro, para delimitar cuál fue, es y será su misión.

Pasado:
El blog nació 24 de Enero de 2010, todavía no hace un año, y fue un hijo no deseado. Yo no quería hacerlo. Quim me insistía mucho en que resultaba muy conveniente hacer un cuaderno de bitácora como éste, en donde explicar el problema del Peak Oil y de sus ramificaciones; pero yo lo veía como una soberana pérdida de tiempo. En primer lugar, por la redundancia: hay muchas páginas sobre el Peak Oil en la red, e incluso en español hay unas cuantas de gran calidad. En segundo lugar, el medio en sí tampoco me parecía el mejor para difundir un mensaje complejo con multitud de detalles técnicos; si yo escribía como quería escribir, el blog lo iban a leer cuatro gatos, y un mensaje más divulgativo y digerible gente con mayor conocimiento y experiencia que yo ya lo estaba haciendo. En tercer y último lugar, no quería que el blog me quitase tiempo para otras ocupaciones importantes. Sin embargo, al final le encontré una utilidad posible al blog: ser un centro documental donde ir enlazando y ordenando la información que compilaba, analizada de una manera lo más objetiva posible para poder usarla después cuando la necesitaba. Fruto de esta filosofía primigenia del blog, aún hoy, cuando encuentro una noticia interesante relacionada con un tema tratado la añado como comentario del post en cuestión.

Al principio el blog estaba alojado en blogspot.es, en la dirección oilcrash.blogspot.es, donde las primeras entradas aún languidecen. Sin embargo, la falta de prestaciones, la poca calidad técnica del sitio y las dificultades para importar los contenidos en la web de nuestro Oil Crash Observatory (OCO) me convencieron de la conveniencia de migrar el blog a su ubicación actual, la presente, cosa que finalmente hice el 13 de Junio, a fuerza de copiar todos los mensajes (consignando incluso la fecha y hora de escritura originales) e incluso los comentarios (suerte que entonces no comentaba tanta gente).

Uniendo los datos de los dos blogs, The Oil Crash ha tenido un volumen total de páginas vistas (hasta el día 30 de Diciembre) de 56.590, siendo el número total de visitantes de algo menos de la mitad (la mayoría son repetidos, por supuesto).  Han entrado personas de 66 países, aunque si atendemos a aquellos casos en los que la entrada no ha sido por accidente (y por tanto la permanencia media es sensiblemente superior a un segundo) el número se reduce a 52 países. La mayoría de las visitas (aproximadamente el 85% del total) provienen de España, aunque hay una presencia significativa (0.5%+) de visitas desde Argentina, México, Venezuela, Chile, Uruguay, EE.UU., Francia, Colombia y Reino Unido. El post más leído es "Digamos alto y claro: esta crisis no acabará nunca", seguido por "El peor escenario posible" y "El final de la economía".

Presente:
Gracias sobre todo al enlace desde otras páginas que son de referencia (burbuja.info, www.cenit-del-petroleo.info , Crisis Energética, Véspera de Nada,...) y a algún enlace afortunado en algún diario (especialmente en el blog EcoLab de El País), en la actualidad entran cada día una media ligeramente inferior a las 400 personas, de las cuales el 60% o así son recurrentes (personas que vuelven a visitar el sitio). Dado que no hay limitaciones para escribir comentarios, en la actualidad el blog se ha vuelto un foro bastante abierto donde se van discutiendo detalles de los aspectos tratados, y el volumen de comentarios va creciendo rápidamente. De ser un blog de mera compilación personal de información más o menos erudita para mí y los pocos que les pudiera interesar, ha pasado a ser un ámbito de discusión más genérica. Los errores reportados, que los ha habido y los habrá, permiten ir depurando el discurso y mejorar el sentido de lo que se quiere hacer. En ese sentido, tener todas las cartas a la luz permite ir mejorando y clarificando la posición, con la generosa y desinteresada ayuda de los lectores. En ese sentido, el blog ha ido bastante más lejos de lo que me imaginaba.


Futuro:
Respecto a la temática, en diversas ocasiones se ha comentado que el objetivo final del blog es ir abandonando el análisis técnico de las diferentes alternativas energéticas, con actualizaciones puntuales de las entradas hechas cuando fuera preciso, e irse centrando en el diseño de la transición. Estoy bastante lejos de ese objetivo, principalmente por ignorancia técnica y por falta de suficiente mentalización personal: sigo con mi vida A, ocupándome de las cosas que siempre me han interesado y sin decidirme a embarcarme demasiado y demasiado pronto en la vida B. Mantengo la puerta abierta pero no doy ningún paso personal en esa dirección, aparte del de hacer militancia activa en la diseminación de esta problemática, seguir dando conferencias y participar en tertulias radiofónicas; también, en menor medida, seguir contactando instancias políticas, intentando tensar el hilo. Como The Oil Crash es, por el momento, un esfuerzo personal, esta falta de transición personal mía se refleja en una escasa evolución del blog hacia esos menesteres. Posiblemente esto irá cambiando con el tiempo, tanto por la necesidad que se me pueda plantear de ir pasando a la vida B como porque otros autores diferentes de mi contribuyan en este blog.


En ocasiones se me acusa de regodearme en el pesimismo con este blog, y que no pretendo otra cosa más que el inútil autocompadecimiento. Es curioso, ya que suelo repetir que el futuro no está escrito y que no caminamos hacia un desastre necesario; que en nosotros está cambiar el rumbo y manejar una situación con unos riesgos cada vez más claros y mejor identificados. Justamente, para evitar los peores resultados, para desactivar las disonancias cognitivas más fuertes que pueden acarrear una explosión social cuando las cosas se tuerzan más, es importante no tomar un punto de vista acríticamente optimista, sino valorar el riesgo y no esconder la cabeza debajo del ala, por más repulsivo que nos resulte. Pedirle a la gente que sea adulta y encare sus miedos es, al sentir de algunos que por aquí comentan, pedir demasiado y resulta ineficaz. Yo creo que no, y no creo que nadie tenga derecho a adoptar la postura ilustrada del "todo para el pueblo pero sin el pueblo" que tanto daño ha hecho en el pasado. Al contrario, creo que la información objetiva y la capacidad de elegir revelarían unos ciudadanos dispuestos a afrontar el reto de nuestras vidas. En todo caso, de momento no sabemos el efecto de la información veraz sobre la población ya que la información no fluye libremente, como discutíamos hace poco.


Así pues, y por resumir, la misión actual de este blog es no sólo la compilación tan rigurosa como se pueda de la información, sino su difusión en el ámbito que corresponda y la promoción de las medidas necesarias del cambio. Esencialmente, los mismos objetivos del OCO, que acaba de presentar su solicitud de inscripción como organización sin ánimo de lucro. Posiblemente, los fines imprescindibles en el momento que vivimos.


Que tengan una feliz entrada del nuevo año. Salu2,


Antonio

miércoles, 29 de diciembre de 2010

¿Un mar de gas natural?


Queridos lectores,

Estos días muchos lectores me han consultado sobre una noticia recientemente aparecida en el diario El País, que reza como sigue:

Los nuevos hallazgos disparan las reservas y cambian las reglas de mercado

Leyendo la noticia tiene uno la impresión de que un hallazgo completamente inesperado de grandísimas bolsas de gas en determinadas formaciones no convencionales (es decir, que no tienen la geología de los yacimientos explotados hasta ahora o convencionales) y que hasta ahora eran inaccesibles, han pasado a ser abiertas gracias a nuevas técnicas, cambiando así completamente el panorama: EE.UU. pasa de ser un importador a ser un exportador de gas, hay muy buenas perspectivas en Europa (con lo que Rusia pierde peso geopolítico en el Viejo Continente), otros países como Argentina conseguirán resolver sus problemas de dependencia exterior... En suma, una muy positiva revolución.

La noticia tiene tres implicaciones principales:
  1. La producción de gas aumenta enormemente, con lo que se aleja el fantasma de la carestía de gas (el redactor de El País habla incluso de cuatro décadas).
  2. El precio del gas se mantendrá estable durante ese período.
  3. Aunque la noticia no lo comenta, el aumento de gas es una pieza clave para compensar el ya declarado declive de producción de petróleo convencional, puesto que una buena parte del petróleo no convencional futuro tiene que provenir de la conversión gases a líquidos.



En realidad, nada es tan bonito como aparece, como ya se ha comentado en este blog, sobre todo en algunos apartados de un post de Julio, "El pico del gas", y en algunos comentarios dispersos de otros posts. El gas no convencional procede fundamentalmente de tres tipos de terreno: pizarras (o esquistos), lechos de carbón y arenas compactas. De acuerdo con el último World Energy Outlook de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las arenas compactas tienen un potencial limitado, el metano de lecho de carbón es, principalmente, la gran baza China y en menor medida de los EE.UU., y la opción más al alcance de los EE.UU. y de Europa, y la que explica la abundancia actual en Norteamérica es el gas de pizarra. Sin embargo, hay multitud de peros, en réplica de las implicaciones citadas más arriba:


  1. No es evidente que se esté produciendo una abundancia tan grande de gas en EE.UU., ya que las cifras están un tanto manipuladas, como denuncia Dave Cohen. Teniendo en cuenta que las curvas de producción de gas decaen más rápidamente de lo modelado (exponencial en vez hiperbólico), en algunos casos dejando de ser explotables económicamente en sólo dos años, algunos geólogos afirman que las reservas están infladas. De hecho, las compañías que explotan estas reservas tienen todos los incentivos para inflar sus reservas porque así su valor bursátil aumenta, a la espera de ser compradas por compañías más grandes. La propia AIE ha moderado su optimismo sobre la producción de gas no convencional, que mientras en el WEO 2009 ocupaba un lugar central, en el WEO 2010 se reconoce que la abundancia de gas comenzará a declinar después de 2011.
  2. El gas se vende por pies cúbicos o por unidades térmicas británicas, BTU (grosso modo 1.000 pies cúbicos de gas natural equivalen a un millón de BTUs, MBTU). A día de hoy, el precio mínimo por MBTU para que salga rentable explotar el gas de pizarra es de 8$, mientras que actualmente se está pagando a unos 4$; por tanto, el precio del gas debería subir, y mucho, para poder explotar esta fuente a una escala apreciable. A mayor abundamiento, dados los enormes costes ambientales de explotar el gas de pizarra (discutidos en "El pico del gas") es posible que el gas de pizarra no sea una fuente neta de energía, sino un sumidero, con lo que en el largo plazo se tiene que ver que no es económico explotar este gas.
  3. La abundancia de gas actual, que si no se producen nuevos avances técnicos tiene todos los visos de durar pocos años, tampoco podrá usarse para transformar a gran escala gas en sucedáneo del petróleo por falta de infraestructura de licuefación, que requiere de un gran capital y tiempo para su desarrollo.

Si se fijan, la mayoría de los enlaces que doy en este post tienen muchos meses de antigüedad, y podría incluso enlazar artículos de hace dos o tres años, siguiendo la discusión en The Oil Drum sobre el tema. Es un tema que se discute activamente, que el año pasado tuvo un gran realce gracias al WEO 2009... Y ahora El País anuncia la buena nueva. ¿Por qué? Quizá hagan falta inversores, o bien creer en milagros...


Salu2,
AMT

domingo, 26 de diciembre de 2010

Perspectivas para el 2011


Queridos lectores,

Ahora que acaba el año 2010, es el momento de recapitular y en hacer un tanto de previsión sobre lo que nos puede deparar el 2011. Este 2010 ha sido, sin lugar a dudas, un año infausto, en el que las malas noticias económicas, la crisis que no cesa y los crecientes recortes han aumentado la sensación de  precariedad y angustia; sin duda, 2010 ha sido peor que 2009, que a su vez fue peor que 2008 (recuerdo que en las navidades de 2008 circulaba un SMS que decía: "Feliz 2010 (porque seguro que 2009 será una mierda)". Y, ahora mismo, no parece que 2011 vaya a ser mucho mejor. En el caso particular de España, hace pocos días el presidente Rodríguez Zapatero reconocía que quedan por lo menos cinco años más de crisis; en otros países más o menos abiertamente se están dando unas perspectivas similares. Por supuesto yo creo que aún esa mala proyección de futuro es optimista: como ya hemos comentado, sin un cambio radical de rumbo esta crisis no acabará nunca. La tendencia a medio y largo plazo es clara: mientras no se modifique sensiblemente nuestro sistema productivo y económico sufriremos un decrecimiento forzoso; en algunos momentos esporádicos la actividad económica mejorará o no empeorará; pero esos breves trimestres de no-decrecimiento se verán seguidos de muchos trimestres de fuerte contracción. Peor aún, la posibilidad de que la depauperada clase media vaya siendo destruida y cada vez más gente se vea arrojada a la indigencia aumentará la inestabilidad social, la tentación autoritaria y, en un caso extremo, incluso el colapso de la sociedad. El futuro no está escrito, no es inexorable, y en nuestras manos está cambiar nuestro rumbo. La vocación actual de este blog, que nació como una bitácora más o menos personal, va evolucionando hacia ser un altavoz de ese cambio necesario. El hecho de que se empiece a plantear, tímidamente, en algunos medios de comunicación la necesidad de cambiar el PIB por otros índices como objetivo de las políticas, indica que se empieza a tener conciencia de que el crecimiento económico no será ya posible; es un paso más, posiblemente pequeño pero en todo caso significativo, para reconocer que necesitamos cambiar.


¿Qué nos depara el 2011? Imposible es de saber. Las perspectivas no son nada halagüeñas, pero la sociedad humana es un sistema muy complejo en el que intervienen multitud de variables y su comportamiento es impredictible, con cierta propensión a las transiciones de fase, en algunos casos positivas aunque, predominantemente, las transiciones de fase espontáneas serán negativas (porque aumentan el caos del sistema). En ausencia de una bola de cristal que nos diga qué va a pasar exactamente, hay ciertas cosas que tienen una probabilidad significativa de suceder. He aquí un breve compendio, con un apunte particular para el caso de España que puede acabar teniendo consecuencias globales.
  • Aparentemente, hay un tensión nada despreciable en el mercado del petróleo. Goldman Sachs alerta que desde Mayo hay un déficit de casi un millón de barriles diarios, que los países de la OCDE estarían detrayendo de sus reservas estratégicas para evitar que el precio del petróleo suba mucho. (Cautela: Goldman Sachs no es alguien de quien te puedas fiar mucho, y mucho menos si se tiene en cuenta que llevan desde principios de año apostando por un barril a 100$ para principios de 2011). Dado que las reservas estratégicas de la OCDE cubren tres meses de su consumo, que es de unos 40 millones de barriles diarios, quiere decirse que contienen unos 4.800 millones de barriles, así que el déficit actual acabaría por beberse las reservas en algo más de 13 años. El problema a corto plazo no viene, por tanto, en que se agoten ya las reservas estratégicas, sino que el déficit comentado, si es real, tiende a crecer; además, por ley los países de la OCDE no pueden permitir que sus reservas estratégicas bajen por debajo de los dos meses o dos meses y medio; y en cualquier caso el objetivo último de las reservas no es el de amortiguar las fluctuaciones de precios del mercado (aunque en parte se usen así), sino el de garantizar el suministro en caso de interrupciones repentinas. La demanda creciente de China, India, Rusia, Brasil y otros países emergentes impulsan el precio al alza, así que es previsible que en los próximos dos meses veamos el barril por encima de los 100$, eventualmente los 110$. Cuando acabe el invierno del hemisferio norte (época junto al verano de mayor consumo) los precios se volverán a relajar, y si los altos precios invernales no han desencadenado una nueva fase recesiva (cosa de la que creo que nos daremos cuenta en el día a día) que arrastre los precios a la baja de forma prolongada, el precio del barril bajará y se mantendrá en torno a los 90-100$, hasta el verano. Si el siguiente pico de precios no ha tenido lugar antes, el verano de 2011 será, probablemente, el momento del siguiente pico de precios; en esta ocasión, con las economías occidentales más debilitadas, quizá un precio de 120$/barril será suficiente para inducir una ola recesiva global. Por tanto, la tendencia que apunto para el precio del petróleo es de causar una nueva ola recesiva antes de que pasen 7 u 8 meses.
  • Para mayor agravamiento, China está importando diésel en grandes cantidades para cubrir un déficit estructural de refinado que tiene. Respecto a otros países tenemos el caso de Irán, quien a pesar de ser el cuarto exportador mundial de petróleo está importando grandes cantidades de gasolina porque el petróleo que produce últimamente es muy sulfuroso y no lo pueden refinar en el país. Todo lo cual mete una presión adicional sobre los productos refinados (diésel y gasolina sobre todo), que están subiendo más deprisa que lo que subió el petróleo en el bienio 2007-2008. Para terminarlo de agravar, Irán disminuye los subsidios a la gasolina doméstica para evitar la sangría que le supone comprarla en el mercado internacional, y esto aumenta la inestabilidad en la calle. Un conflicto interno en Irán, o en otros países productores de petróleo con dificultades internas, podría causar una disrupción catastrófica del flujo de petróleo, con precios por las nubes y una recesión de grandes proporciones a escala global. Al margen de eso, es de esperar que los precios de los carburantes se mantengan más elevados de lo que les correspondería de acuerdo con el escenario 2007-2008.
  • La tensión en el mercado de alimentos probablemente persistirá durante los próximos meses, llevando a revueltas por alimentos en muchos países como ya pasó en 2008. Los precios suben en parte por las malas cosechas registradas (según dicen, aunque hace meses se preveían que fueran récord), por el encarecimiento causado por la subida de los carburantes y su repercusión en las actividades de cultivo, cría de animales, transporte y procesamiento; y por el desvío de grano para la producción de bioetanol, más competitivo ahora que el petróleo está tan caro. Éste último factor no se reconoce abiertamente y es difícil de evaluar su impacto, pero probablemente es bastante significativo. Pero, sobre esta tendencia de corto plazo, hay otra de más largo plazo: el acaparamiento de tierras de cultivo, sobre todo en África, por parte de los países occidentales y de China, en ocasiones echando a los pueblos que las han cultivado durante generaciones inmemoriales. En algunos casos el objetivo es utilizar estos alimentos en el Primer Mundo, aunque sea a costa de deprivar de alimento al mucho más necesitado Tercer Mundo; en otros, las tierras compradas son simplemente una inversión y se dejan sin cultivar. Sea como sea, esa tendencia de más largo plazo tenderá a agravar los problemas alimentarios a escala mundial. En el Primer y Segundo Mundo, los márgenes impuestos por los grandes distribuidores desincentivan a los pequeños agricultores y ganaderos, que ven cómo el precio al cual se les pagan sus productos apenas cubren costes, si es que los cubren. En Europa la denominada Política Agraria Común (PAC), y en otros países más industrializados otros esquemas de subvención permiten mantener esta situación insostenible, aunque es difícil de saber por cuánto tiempo, en una época de recortes presupuestarios.
  • España está a punto de sufrir un segundo crash inmobiliario. Esto es algo conocido, aunque nadie tiene el valor de decirlo en voz demasiado alta. Con una tasa de paro oficial de en torno del 20% y una tendencia a la baja en los salarios, es evidente que la capacidad de consumo de los españoles ha quedado muy disminuida. Sin embargo, el precio de la vivienda, que en España llegó a precios estratosféricos (3.000 €/metro cuadrado construido en las zonas residenciales de ciudades medianas y grandes, y más del doble en las grandes ciudades), no ha sufrido un ajuste tan brusco como en otros países; así, mientras en EE.UU. se estima que el precio de la vivienda se ha desplomado de un 50% respecto a sus máximos, en España algunos analistas estiman que ha sido sólo de un 20% (otros dicen que menos); en cualquier caso, queda bastante recorrido, como ilustra este gráfico que compara la burbuja inmobiliaria japonesa y la española. 
  • El caso es que en el caso de España no se ha permitido que el precio de la vivienda se desplome, ya que los bancos tienen una enorme exposición al sector (se estima que la deuda de promotores e inmobiliarias con los bancos se acerca al medio billón de euros, eso es, como la mitad del PIB de España). Los bancos españoles han aceptado que algunas de las deudas inmobiliarias vencidas fueran pagadas con inmuebles, contabilizándolos como activos y no como pasivos al valor del mercado; por eso mismo, los bancos españoles han sido los primeros interesados en que el precio de la vivienda no bajase. Este hecho ha sido denunciado repetidamente desde el inicio de la crisis desde fuera de España como una distorsión del mercado. El caso es que finalmente el Banco de España se decidió a actuar en Mayo de este año, y desde entonces obliga a los bancos a provisionar un 10% del valor de los inmuebles que acepte como pago, subiendo al 20% si la vivienda sigue en su poder al cabo de 12 meses y al 30% si llega a los 24 meses. Eso hace que ahora mismo los ladrillos quemen en las manos de los bancos españoles, que se encuentran en el difícil brete de querer deshacerse de ellos a toda costa mientras que no puede permitir que bajen demasiado. Todo un dilema. Al tiempo, la anulación de la desgravación por la compra de primera vivienda salvo para las rentas muy bajas disminuye el incentivo de comprar para el ciudadano de a pie, con lo que introduce presión adicional para reducir el precio. Por tanto, es previsible que durante el año que viene el precio de la vivienda en España experimente una bajada importante. Pero eso puede poner en grave riesgo de quebrar a muchos bancos españoles, acercando una vez más el fantasma del rescate financiero de España. Sólo que dado el tamaño de la economía española (más del doble que la de Grecia, Irlanda y Portugal juntas) un rescate español resulta muy difícil. Así pues, la caída del precio inmobiliario español puede llevar a la caída del euro. Esperemos que no sea así; supuestamente mucha gente inteligente conoce este problema y estará tomando medidas para evitarlo. Si somos optimistas.
  • Por acabar, el fantasma de la hiperinflación continúa acechando. Cada nueva ronda de alivio quantitativo de los EE.UU. (ahora hay una cada comienzo de mes, de unos 60.000 millones de dólares cada una) hace subir todas las materias primas, petróleo incluido. Si en algún momento se producirá un fenómeno de huida en masa de los inversores, alejándose de los bonos del tesoro americano y acaparando materias primas, es bastante incierto. Pero podría pasar durante este año 2011. Esperemos, nuevamente, que no sea el caso.



Eso es todo, más o menos. Seguramente en los comentarios sugerirán otros temas también relevantes para este año que comienza.



Salu2,
AMT

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Preparando la transición: ingeniería


Queridos lectores,

Hace unos días la televisión pública autonómica TV3 emitió un documental de factura propia titulado "Comprar, tirar, comprar", del cual se hacía eco un Quim redivivo en la web del OCO. En ese interesante filme se explica el concepto de la obsolescencia programada. El principio de la obsolescencia programada consiste en diseñar los productos con una vida útil limitada, inferior a la que las capacidades de diseño permiten, de modo que el consumidor se vea obligado a comprar uno nuevo "antes de tiempo". En algunos casos se boicotea deliberadamente el producto para que falle en un plazo preciso prefijado, ya que interesa que el producto esté al máximo rendimiento (para así poder avalar su calidad) hasta que llegue su hora; en el documental se muestra el ejemplo de una impresora que tiene un contador interno del número de impresiones hechas para, superadas las 18.000, dejar de funcionar. En otros casos, el producto no falla, pero mediante la publicidad y con nuevos diseños se consigue convencer al consumidor de que necesita cambiarlo.

La primera cosa que se ha de entender es que la obsolescencia programada es una necesidad de un sistema económico como el nuestro. Aunque sobre este punto seguro que algunos comentaristas querrán introducir matizaciones, la realidad es que todos los analistas convencionales hablan de crecimiento porcentual (y, por tanto, exponencial) del Producto Interior Bruto (PIB) como base de una economía sana. Y para aquellos empresarios que comercian con mercancías físicas, eso implica que sus mercancías, o bien aumentan de valor añadido o bien se aumenta el número de mercancías vendidas (aunque también se pueden bajar los salarios). En todo caso, lo que nunca va a ser aceptable es que el número de mercancías vendidas disminuya, cosa que inevitablemente sucederá si nuestros productos son demasiado duraderos y el mercado se satura. Por tanto, la obsolescencia programada es una necesidad de nuestro sistema económico. Otra cosa muy diferente es si la obsolescencia programada es conveniente para el mantenimiento del hábitat de nuestro planeta y para la gestión de los recursos naturales. La respuesta es, obviamente, no, dado que ni el respeto al medio ambiente ni la escasez de recursos son variables tenidas en cuento en este diseño. Aparte del mencionado "Comprar, tirar, comprar" (disponible en la web sólo hasta el 31 de Diciembre), hay varios documentales interesantes sobre la inviabilidad de nuestro sistema productivo, como "The Story of Stuff" (doblaje al castellano).

Poco importa lo que haya pasado en el pasado; ahora lo que importa es qué hacemos con el futuro. Y lo primero que tenemos que pensar de cara al futuro es que necesitamos cambiar nuestros diseños, con tres objetivos en mente, sobre los que suelo insistir en las charlas que doy:


- Se han de optimizar los diseños: Los productos se tienen que fabricar para durar tanto como se pueda, consumiendo tan poca energía y tan pocas materias primas como se pueda. Este cambio es muy radical, porque implica que las fábricas han de planificar cuidadosamente su producción, ya que después de una fase expansiva se llegará forzosamente a un estado estacionario. Para poder conseguir este cambio, seguramente sería conveniente que los productos tengan un precio  muy superior al actual, ya que han de incluir los costes implicados por usar recursos escasos - contando material de minería y reciclado (es decir, el precio ha de cubrir el coste de oportunidad de usar estos recursos escasos para este y no otro fin) y por los costes ambientales y de otro tipo hasta ahora externalizados (es decir, el precio ha de cubrir los costes de reciclaje). Piénsese que si se incluyese solamente la externalización medioambiental se estima que un teléfono móvil sencillito (no un modelo último grito tipo smartphone) podría costar más de 1.000 euros, y posiblemente llegando a los 2.000. Contando con el coste de oportunidad de agotar los recursos, el precio de ese móvil básico podría fácilmente estar en el entorno de los 3.000 euros. Pero, evidentemente, a 3.000 euros la unidad poca gente tendría móviles. Eso implica un cambio, como decimos, radical de la manera de concebir el mercado. Por lógica se ha de comenzar por cubrir las necesidades más básicas y luego, si hay recursos para ello, otras menos prioritarias. Queda la candente cuestión si de debe permitir usos que sean muy elitistas (el móvil en este nuevo orden lo sería), pero ése es ya un tema para el Acorazado Aurora.

- El diseño debe favorecer la reparación: El actual modelo de "usar y tirar" no tiene sentido en un ambiente de recursos escasos. Si una cosa se estropea debe de repararse. La capacidad de ser reparado es más importante que las prestaciones, y éstas últimas deben estar supeditadas a la primera.


- El diseño debe favorecer el reciclaje: Por los mismos motivos ya expuestos, se debe asegurar que los objetos sean reciclables en grado sumo, con el objetivo de que lleguen a serlo al 100%. Objetos no reciclables, incluso parcialmente, no deben ser producidos. Como en el punto anterior, esta exigencia debe pasar por delante de las prestaciones.


Lo que estoy contando, por supuesto, no es nada nuevo: básicamente son las tres R aplicadas al contexto de escasez de recursos. Ahora bien, ¿qué implica todo esto de una manera práctica, en nuestro día a día? ¿Qué debemos hacer para preparar la transición, que es el leit motiv de esta serie de posts? No todo el mundo podrá hacer algunas de las cosas que ahora propondré, pero es importante que quien pueda se tome la molestia de considerarlo, no sólo por su bien, sino por el bien de su comunidad:


- Aprender a reparar aquellos objetos más esenciales: Conocer su mecánica básica y los fallos más comunes. Asegurarse de tener recambios para repararlos. Intentar buscar sustitutos con materiales más comunes y abundantes para algunas de las piezas, haciendo pequeñas chapucillas si es preciso. Aprender a montar una herramienta básica sustitutiva a partir de piezas fundamentales, diseñadas por uno mismo si puede ser. Preferir la madera al plástico, y en caso de usar plástico aprender a reciclarlo/reutilizarlo. Si la capacidad de reparación se puede implementar a gran escala, mejor que mejor.


- En procesos industriales, recuperar los diseños más robustos: Ahora hay tiempo, energía y capital para intentar compilar la información sobre los diseños industriales más robustos: si en realidad sabemos hacer, como se muestra en el documental, bombillas que duran décadas, medias de nylon prácticamente irrompibles o impresoras con una vida extendida, intentemos que ese conocimiento no se pierda. Aquellos que tengan conocimiento para hacerlo deberían poner a disposición de la comunidad manuales que enseñan a hackear aparatos básicos, explicando como sustituir piezas para alargar su vida.


- En los procesos industriales, investigar cuáles son los diseños más robustos: Ya no paga el principio de la obsolescencia programada, puesto que en el medio plazo no va a haber un gran mercado para los productos por falta de recursos y de capacidad de consumo. Aún hay tiempo y capital para poder dedicar esfuerzo y energía a estudiar ciertos procesos para hacerlos más resistentes y menos dependientes en materiales escasos, más resilientes. Aquellos que tengan visión de futuro y que entiendan que las manufacturas del futuro son muy diferentes de las de hoy en día ganarán la partida.


- Entender qué es lo que tendrá demanda y a qué nivel: Por ejemplo, quizá habrá ordenadores, pero serán comunitarios y a una escala mucho más pequeña; en ese sentido, posiblemente apostar por la vía de los productos más tecnológicos no es la más provechosa, al menos no para todo el mundo. Seguramente tiene más interés, para empezar, centrarse en mecanismos clave: bombear agua, purificarla, irrigar los campos, fabricar tractores, picos, palas, poleas, gatos hidráulicos, grúas, excavadoras, ... Es difícil saber qué será lo más útil; más aún, que máquinas tendrán la suficiente demanda como para pagar su precio real. Algunas, incluso, tendrán que ser versiones reducidas, con menor capacidad que las actuales, para adecuarse a la demanda futura. Todo un cambio de mentalidad.


En suma, si hemos de repensar la manera de diseñar los objetos que usamos para las diversas tareas que tendremos que seguir ejecutando, es importante que ahora que podemos hagamos una reflexión profunda sobre este asunto en particular, y compartamos la información sobre los diseños básicos, fundamentales, que ayuden a todas las comunidades a salir adelante con el menor esfuerzo posible. Sería interesante crear un directorio de diseños básicos, robustos, reparables y reciclables, que fueran patrimonio de la Humanidad y que todo el mundo pudiera usar fácilmente. La globalización de las ideas, más allá de la del capital.


Salu2,
Antonio

viernes, 17 de diciembre de 2010

Precaución y garantía

 
Queridos lectores,

Después de haber aclarado en el post anterior que la incertidumbre es algo intrínseco a la ciencia, aunque eso no impide que tenga carácter predictivo (no determinista, sí difuso) querría discutir por fin sobre los principios de precaución (bien delimitado) y de garantía (más difuso), dado que son la pieza clave en la discusión de los problemas de gestión de riesgos en general, del riesgo medioambiental en particular, y también son aplicables y explican parte de la polemización en torno al Peak Oil.

El principio de precaución, tal y como viene recogido en la Wikipedia, respalda que se tomen medidas destinadas a proteger el medio ambiente (o el interés público en general, como se recoge en la entrada en inglés) si existe controversia científica sobre los posibles efectos de una determinada acción. Como se explica mejor en el wikipédico artículo en inglés (ya suele pasar), aplicando este principio en caso de que no haya consenso científico la carga de la prueba se ha de poner en demostrar que no hay un efecto nocivo de la acción en discusión. La Unión Europea ha incorporado en cierta manera este principio en su legislación, a partir de una vaga referencia en el tratado de Lisboa. El objetivo del principio de precaución es el de evitar preventivamente que se puedan causar daños al medio ambiente, o incluso al interés público en general, cuando haya una cierta sospecha de que así se pueda producir. El principio de precaución, por tanto, se encuadra dentro de una gestión de riesgos conservadora, según la cual ante la amenaza de un riesgo detectado se decide evitarlo completamente, en espera de que se demuestre que tal riesgo no existe. De una manera más amplia, cuando se tienen indicios de un riesgo inevitable (como sería el cambio climático) el principio de precaución puede entenderse como la toma de medidas destinadas a mitigar los efectos de ese riesgo, aún cuando no haya consenso científico sobre cuál es el alcance real de ese riesgo (lo cual, por cierto, no es el caso del cambio climático antropogénico, ya que el 99% de los científicos que trabajan en el campo están de acuerdo en sus orígenes y en buena parte de sus efectos - para los puristas: en temas científicos es imposible tener un acuerdo del 100%, con lo que tomando la palabra consenso sensu estricto nunca lo habría).

En cuanto a la garantía, el concepto es más amplio y viene recogido de diversas maneras en múltiples aspectos de la ordenación jurídica. Esencialmente, con una garantía un actor pretende asegurar que una determinada acción tendrá lugar de una manera concreta, y en caso contrario él será compensado de algún modo. En un sentido más cercano a lo que se quiere discutir aquí, se espera que en la toma de decisiones públicas las Administraciones aporten las suficientes garantías de que sus acciones no perjudican los intereses legítimos de diversos actores. Se ha de decir, sin embargo, que no hay un principio de garantía general recogido en la ordenación, al estilo del principio de precaución, entre otras cosas porque delante de cualquier decisión administrativa siempre habrá beneficiados y perjudicados. La garantía exigible a la Administración es el respeto a la seguridad jurídica, lo cual esencialmente implica que no se tomen decisiones arbitrariamente y que las decisiones se tomen con arreglo a las leyes. Se ha de decir, sin embargo, que un principio común a las leyes del Estado es la protección del interés común, con lo que a priori una decisión no arbitraria que aplique el principio de precaución no debería contradecir la garantía de seguridad jurídica, si se implementa de la manera adecuada y siempre buscando minimizar los efectos adversos.

Dejando al margen la palabrería jurídica (tema muy resbaladizo para mí), y hablando en los términos más concretos de este blog, tenemos la amenaza del Peak Oil. Estamos hablando de un riesgo concreto y real. Todo el mundo acepta la cantidad de petróleo en el planeta Tierra es finita (dejando del lado la descabellada y conspiratoria teoría abiótica). Es evidente que en algún momento se llegará al cenit de producción y eso supondrá un desafío al actual modelo económico, puesto que en su diseño no está contenido que una materia fundamental y no sustituible pueda volverse escasa (una de las premisas de la teoría económica capitalista vigente es la infinita sustitutibilidad: el mercado encontrará sustitutos para cualquier bien si el precio es lo suficientemente alto). Este desafío, en sí, no es irremontable: algunas personas opinan que la sustitución del petróleo sí que es posible, aunque puede llevar algo de tiempo; otras, que aunque no sea sustituible el sistema puede progresivamente irse modificando - cambiando hábitos, desplazando al consumo como el motor del crecimiento económico, etc- de manera no traumática; otros, en cambio, opinan que un colapso de la sociedad industrial es inevitable. En fin, hay controversia en lo que se refiere a las consecuencias, aunque lo que parece que está claro es que si hay solución requiere cierto tiempo y, a tenor del oil spike de 2008 (cuando el precio llegó a casi 150$ por barril) y de los altos precios actuales, no acaba de ser evidente que el libre mercado y la libre actuación de los agentes económicos puedan organizar espontáneamente esa transición, sobre todo en el tiempo que podría ser necesario. Porque otro punto de controversia es en qué momento exacto se producirá el Peak Oil (aunque eso parece que cada vez está más claro) y cuál será el ritmo de declive de la producción pasado ese punto (aunque también parece que para nosotros, como parte de la OCDE, el declive forzado de nuestro consumo ya ha comenzado, y todo apunta que se agravará más que significativamente cuando empiece el declive geológico).

Por resumir, tenemos que hay indicios fundados científicamente de que el Peak Oil podría producirse pronto, de que el declive de nuestro consumo de petróleo puede ser rápido, y de que sustituir el petróleo es difícil y requerirá drásticos ajustes, que si no se hacen puede causar una situación económica dramática, incluso el colapso. Todas estas afirmaciones son controvertidas, es decir, no hay un consenso, ni siquiera una clara mayoría de opinión al respecto. Sin embargo, no hay duda alguna de que estamos delante de una situación en que el interés común está en riesgo. Sería, por tanto, una clara situación de aplicación del principio de precaución, de no ser por un motivo: no hay una acción a prevenir. En realidad, se trataría de que los Poderes Públicos actuasen en primer lugar. Pero, como ya hemos comentado, a los Poderes Públicos se les debe exigir que actúen respetando las garantía jurídicas necesarias, y en particular que sus actuaciones no perjudiquen innecesariamente a otros actores. Por tanto, ante la dificultad de trabar un plan de prevención, mitigación o combate del Oil Crash (esto es, los efectos el Peak Oil) que no perjudique los legítimos intereses económicos de las empresas y los particulares, los Poderes Públicos son incapaces de hacer nada particularmente útil (sí, una fotovoltaica por aquí, unas bombillitas eficientes por allá... poca cosa). Esta sería nuestra situación, ¿verdad?

Pues no. No lo es, porque no se ha respetado otra garantía fundamental en la gestión de la cosa pública: la transparencia. No ha habido, ni está habiendo, un debate público sobre el Peak Oil. Yo no pretendo que se implementen una u otras medidas concretas para combatir este problema; yo puedo tener mi opinión particular sobre qué es lo que va a pasar y qué se tendría que hacer - la tengo, qué duda cabe- pero no me corresponde a mí tomar esa decisión, ni tengo suficientes conocimientos sobre cómo hacerlo, ni es tampoco mi función. Lo único que pretendo es mostrar el riesgo, demostrar que hay una probabilidad nada desdeñable de que el riesgo sea muy elevado, y promover un debate público y abierto sobre la cuestión, más que nada porque si al final se decide promover políticas activas de mitigación la población deberá ser informada para que entienda su necesidad.


Un tema recurrente cuando se comenta la necesidad de la transparencia sobre el Peak Oil es que eso podría causar la alarma en la sociedad. Más aún, que como los indicios disponibles no son incuestionables este alarmismo podría estar injustificado, y podría tener consecuencias muy nocivas. Quien dice esto no debe tener mucha fe en la democracia, y debe creer que es legítimo aplicar el principio del despotismo ilustrado ("Todo para el pueblo, pero sin el pueblo"). Sin embargo, esa posición es, justamente, ilegítima: va contra nuestras propias leyes. Tener conocimiento de un peligro y no alertar sobre él y no poner los medios para su mitigación es, según diversos puntos de vista, un delito (y quien sea entendido en leyes que lea estas líneas seguramente encontrará varias categorías penales para encuadrar lo que describo). Por supuesto que yo no digo que se deba salir a decir: "¡Vamos todos a morir!" (cosa cierta, aunque lo que es improbable es que lo vayamos a hacer todos a la vez), pero sí explicar que hay ciertos problemas graves y que se tendrán que tomar medidas. Quizá, antes de eso, empezar a debatir y a reflexionar. Sin embargo, la actitud generalizada de los Gobiernos es la de la opacidad, cuando no directamente la ocultación. Todo lo cual lleva a pensar que el interés principal de los Gobiernos es preservar el BAU, sea o no posible. Y esa no parece ni la mejor estrategia ni, desde luego, una posición legítima.


Salu2,
AMT

jueves, 16 de diciembre de 2010

El azar y la necesidad

Queridos lectores,

Antes de lanzarme a hacer el post sobre el rango de aplicación de los principios de precaución y de garantía, querría explicar algunas cuestiones previas que tienen que ver con la modelización del mundo real y las incertidumbres que ésta comporta. Este artículo será un poco técnico, pero creo que es necesario para comprender algunos conceptos a ser discutidos posteriormente.

En la enseñanza de la Física hay dos conceptos clave que a mí me gusta destacar a mis estudiantes:  el cálculo de errores y la importancia relativa de una magnitud. Ambos conceptos son determinantes para poder aproximarnos con algo de ventura a la realidad, para poder describir los procesos que tienen lugar en el mundo a pesar de que nuestro conocimiento de ellos sea imperfecto.

   Con respecto al cálculo de errores, una de las primeras cosas que te enseñan cuando entras por primera vez en un laboratorio es que la medición perfecta no existe. No existe porque ningún instrumento tiene una precisión absoluta, cosa que todos los estudiantes más o menos saben. De lo que se suele ser menos consciente es de otra fuente de error, causada porque el propio observador tiene sus limitaciones, y aunque crea haber hecho el experimento de una manera perfectamente cuidadosa siempre introduce una variabilidad indeseada. Y de lo que los profanos no son conscientes en absoluto, y que los estudiantes suelen ignorar también, es que hay una tercera fuente de variabilidad, de error, que viene dada por nuestro conocimiento imperfecto de las leyes que gobiernan los procesos físicos. Dados los espectaculares progresos de las ciencias en general, y de la Física en particular, durante el siglo XX, el común de los mortales tiene tendencia a creer que las leyes de la Física son perfectas, acabadas e inmutables. Pues bien, no lo son; como cualquier otra verdad humana son provisionales, y justamente el método científico nos permite ir perfeccionando los principios, las leyes y las hipótesis con las que describimos, siempre aproximadamente, la realidad. Podría poner innumerables ejemplos del carácter inacabado e imperfecto de la Física, incluso sobre aquellas leyes de las que mucha gente cree que la Física ha dicho ya su última palabra. Por tanto, hemos de aceptar que en nuestra experimentación habrá un margen para el error, una incertidumbre residual que no podremos controlar ni explicar. En suma, una aleatoriedad.


Lo que acabo de afirmar parecería ir en contra del carácter predictivo de la Física. En realidad, lo único que contradice es una visión predictiva perfectamente determinista, al estilo de la que nos ofrecen las Matemáticas. Sin embargo, toda vez que uno es capaz de asignar un intervalo de variabilidad a su predicción, una barra de error, nuestra imperfecta predicción tiene aún valor para hacer cosas útiles en nuestro mundo. De hecho, nosotros hacemos ese tipo de predicciones imperfectas cada día de forma natural: cuando estamos yendo a un lugar y avisamos a la persona que nos espera de que llegaremos allí en 10 minutos, nuestro correspondiente sabe que tan bien podemos tardar 5 como 20 minutos en llegar, pero que en todo caso es previsible que llegaremos en un lapso breve y que no tiene sentido que se embarque en tareas que requieran mucho tiempo si al cabo de poco tendrá que dejarlas con nuestra llegada. En suma, nuestra estimación imperfecta no le permite hacer un ajuste preciso, pero igualmente le aporta suficiente información como para tomar decisiones útiles. Uno de los objetivos principales de la Física es reducir tanto como sea posible ese margen de incertidumbre (aunque, como sabemos, en el mundo cuántico habrá siempre una cierta incertidumbre insoslayable).


Las técnicas de propagación de errores que se enseñan en los primeros cursos de Física te permiten hacer una estimación de cómo los diferentes errores en los diversos parámetros que se usan para construir una predicción afectan a la predicción en sí misma, de modo que al final se puede construir una barra de error, o rango de variabilidad, para la propia predicción. Una cosa importante a entender es que muchas veces la variabilidad de las predicciones pueden tener rangos muy grandes, con lo que nuestra medida de barra de error nos describe sólo la variabilidad habitual, que puede comprender el 90 o el 99% de los casos; de vez en cuando, sin embargo, se presenta un evento completamente fuera de los márgenes esperados (cisne negro). Conocer la probabilidad de esos eventos inesperados es importante, especialmente cuando pueden tener un gran impacto en un sistema (eventualmente con consecuencias catastróficas) y eso nos lleva al segundo concepto básico que enumeraba más arriba.

En el mundo físico, una determinada cantidad no es grande o pequeña en sí, sino por comparación con otra. Por ejemplo, un vaso de agua es una cantidad razonable para una persona, enormemente grande para una bacteria y más bien pequeña para un elefante. La importancia de las magnitudes, y por ende de sus errores, no es absoluta, sino que depende de a qué contexto se aplica. Yo me encuentro con esta cuestión cada día; por ejemplo, en la determinación de la concentración de clorofila en un cierto volumen de agua de mar (medida indirecta de la abundancia de algas verdes en ese volumen) a través de datos de teledetección (satélites por lo general) es habitual cometer errores de uno o dos órdenes de magnitud (es decir, subestimar o sobreestimar la cantidad con un valor entre 10 y 100 veces más grande o más pequeño que el real), debido a que la concentración de algas varía mucho y muy rápidamente tanto en el espacio como en el tiempo (intermitencia). Errores de esa magnitud son excesivos para intentar asimilar esos datos dentro de un modelo numérico del océano, ya que los fuertes gradientes espurios inducidos por esa variabilidad aleatoria crean efectos no lineales que acaban por hacer explotar la simulación. Por el otro lado, esas medidas son perfectamente útiles a los biólogos marinos, de cara a determinar cuáles son las zonas de mayor productividad primaria, cosa que también resulta útil a los barcos pesqueros (con excesiva eficacia, se ha de decir). Por tanto, nunca se puede afirmar de manera absoluta que un margen de incertidumbre, e incluso un error, es excesivamente grande (inmenso, incluso) sin mirar primero cómo se está propagando dentro del cálculo en el que se aplica y con qué se pretende comparar.


Bien, hasta aquí la discusión teórica; vayamos ahora a un caso práctico.

Hace unas semanas, al hilo de una discusión en la web de Crisis Energética, Alb sacó a colación la siguiente gráfica:


Las diferentes líneas finas representan los 20 mejores escenarios de depleción de petróleo en un momento determinado (en este caso, finales de 2010), en tanto que la línea azul oscuro representa el promedio de todos ellos. Esta información es compilada mensualmente en la web TrendLines, con una clara vocación desmitificadora de los problemas que puede causar el Peak Oil (tiene también un apartado contra los "alarmistas del Cambio Climático" que haría las delicias de muchos colegas míos). Todos los "errores de previsión" de cuándo se produciría el Peak Oil son recordados en la web, comenzando por la "gran cagada" de Campbell y Lahèrre anunciando el Peak Oil en 1989, de tan sólo 66 millones de barriles diarios (Mb/d), mientras que en la actualidad nos encontramos en torno a los 85 Mb/d y el Peak Oil habrá sido, como mínimo, 19 años después (y para que no se nos olvide viene estampado en la gráfica). Es significativo que el problema fundamental, en los primeros intentos por fijar la fecha del Peak Oil, fue tener datos fiables sobre las Reservas Finalmente Recuperables (URR en inglés) de petróleo, que son complicados de obtener si no estás dentro de esta industria, y esto explica tanto los errores de bulto de las primeras estimaciones como la dispersión actual de las distintas previsiones (como anécdota interesante, la previsión de Hubbert en 1956 sobre los EE.UU. subestimaba las URR de los EE.UU., pero también subestimaba el ritmo de crecimiento de la producción, con lo que al final la fecha del pico fue la de su escenario más optimista, 1970, aunque no acertó el valor del pico). Se tiene que decir que con el método de linearización de Hubbert, que el geólogo americano desarrolló más tarde, y con otros más sofisticados no es necesario conocer las URR y son por tanto más robustos; el problema de esos métodos es que la producción tiene que estar ya en un estadio bastante maduro, típicamente muy cerca del Peak Oil.


Como se observa en la gráfica, la curva correspondiente a la media se puede parametrizar como una curva de tipo logístico con unas URR de 3.8 terabarriles (Tb, billones -españoles- de barriles) y con un decaimiento de la producción del 0.7% anual. Aunque la fecha que esta estimación da para el Peak Oil tampoco es muy alentadora (2022), si se mira la serie histórica de estos gráficos (sólo unos seis años) se ve una ligera tendencia a postponerse con el tiempo; además, la baja tasa de declive hace pensar en que la transición será lo suficientemente lenta como para que un adaptación sea no sólo posible sino además probable. Sin embargo, este tratamiento adolece de un par de errores fundamentales.


Al calcular "la curva media de los 20 mejores modelos" (hay también un sesgo de elección implícito en cuáles son esos modelos, ver más abajo) se están entendiendo de alguna manera que la curva promedio representa la mejor estimación de la verdadera curva de depleción. Si asumimos que no hay sesgos metodológicos en los 20 modelos usados, es lógico suponer que la variabilidad de los resultados es producto de la variabilidad natural y observacional de sus parámetros. Estos resultados, por tanto, se distribuirán alrededor del resultado más probable (nota técnica: asumiendo unimodalidad de la distribución de resultados), y su dispersión entorno a ese valor de máxima verosimilitud nos da una idea de la variabilidad de los resultados. Hay dos dificultades con esa hipótesis: la primera, que la relación entre observación y resultados no es lineal (y por tanto hacer la media es una propagación de errores incorrecta); la segunda, que en algunos de esos modelos se están incorporando recursos cuya explotación a la escala que se presupone es más que discutible. La segunda cuestión es perpendicular al problema que se discute hoy, y ya será abordada en otro momento: tiene que ver con los límites para aumentar la producción de las arenas bituminosas del Canadá, entre otros recursos. La primera, por el contrario, es un ejercicio de lo que se ha discutido hoy en el post.


Durante la discusión en Crisis Energética yo destaqué que si la transformación que lleva de observaciones (URR, tasas de declive) a resultados (curva de producción) no es lineal; por tanto, no se puede hacer simplemente un promedio de los resultados y decir que esa curva es la más verosímil o siquiera la central. Temo que mi comentario no fue entendido, y ahora lo explicaré con algo de detalle. Supongamos para simplificar que todas las curvas sean, con cierta aproximación, curvas logísticas, como las resultantes de la derivación original de Hubbert, y que vienen definidas por los dos parámetros "observacionales", es decir, URR y tasa de declive. Para determinar cuál es la curva de producción más probable se tiene que tomar cuál es la URR más probable y cuál es la tasa de declive más probable, y la curva asociada será realmente la curva de producción más probable, alrededor de la cual se ha de tomar el rango de variabilidad. Lo que sucede en este problema es que el rango de variabilidad es asimétrico, es decir, el intervalo que se ha de tomar por arriba es mayor que por abajo; cosa que sin una propagación de errores correctamente efectuada pasa completamente desapercibida: en efecto, al promediar, de alguna manera estamos asumiendo una distribución simétrica respecto a su moda o valor más probable (cosa que suele pasar habitualmente ya que gracias al Teorema Central del Límite los promedios de variables tienden a comportarse como distribuciones normales, que son unimodales simétricas). Pero en este caso, al ser la distribución asimétrica, con una cola más larga hacia los valores mayores que hacia los valores menores, la media es superior a la moda, y eso explica porqué la URR de la media es de casi de 4Tb, muy por encima de lo comúnmente aceptado por los especialistas (todo y haber hasta 8 Tb de reservas potenciales si se pudieran aprovechar todas las arenas bituminosas - ya veremos que eso no es posible) y porqué su tasa de declive, del 0.7% anual, es tan baja. Si tuviera los datos originales podría hacer una estimación de cuál es, realmente, la curva de producción central, aunque sería deseable tener más de 20 curvas para evitar fluctuaciones.


Hay otra cuestión importante, y es que no se puede asignar la misma probabilidad a cada una de las 20 curvas seleccionadas. El criterio de selección invocado (desvío de una cierto porcentaje de la producción estimada vs la observada) favorece que todas las previsiones tomadas sean muy recientes, indiferentemente de su mérito metodológico. Esto establece un sesgo de selección sobre aquellas curvas que son renovadas con mayor frecuencia (ya que igualmente se tomarán sólo 20). Un análisis estadístico riguroso debería partir de todas las previsiones hechas, preferiblemente en una misma fecha. Como igualmente hay pocas, se debe hacer un estudio de sensibilidad asignando una probabilidad a cada estudio para compensar los efectos asociados al número pequeño de eventos considerado. Es todo un trabajo de estadística, que llevaría varias semanas elaborar.


En fin, eso es todo para comenzar. Hay unas cuantas cuestiones técnicas que he obviado para no hacer más farragosa la discusión, pero si alguien tiene interés se puede profundizar durante los comentarios.


Salu2,
AMT