martes, 5 de febrero de 2019

La algarada del Diésel (parte I)

Queridos lectores:

Siguiendo con la tónica de los últimos posts, Beamspot ha querido darnos su propia visión de experto sobre la cuestión del diésel. En ella, Beamspot analiza con cierta nivel de detalle qué hay de verdad en la afirmación de que los coches de diésel son los que más contaminan, con conclusiones que quizá a algunos le resultarán sorprendentes.

Les dejo con Beamspot.

Salu2.
AMT

La algarada del Diésel.
Parte I.

En los últimos meses de 2018, a partir de agosto, se empezó a mover bastante ruido alrededor de los vehículos diésel, cambios de normativas, emisiones y demás. Una de las razones era la entrada de forma muy rápida de una nueva normativa sobre emisiones y forma de computar tanto éstas como los impuestos y normas de matriculación. Todo ello enmarcado en medio de una nueva ‘Ley de Transición Ecológica’ donde además se daban otras nuevas directrices sobre todo lo relacionado con emisiones de gases de efecto invernadero, contaminantes, combustibles, energía y ordenación territorial.

Todo esto llevó a un récord de ventas de vehículos en agosto, que continuó con un descalabro que parece afianzarse de las mismas desde entonces. Una buena parte de dicho descalabro se debe a la incertidumbre que se cierne sobre el sector de la automoción en este sentido, pero evidentemente nadie dice nada de otras razones menos agradables que están relacionadas como los elevados precios de los híbridos y sobre todo los eléctricos que no sólo no bajan de precio, sino que en algunos casos como Tesla, suben, incluyendo dos subidas de precio de las PowerWall en 2018, todo ello relacionado con la subida de las materias primas… y la llegada evidente de los rendimientos decrecientes en las tecnologías sobre este tema.

Todo esto, una vez analizado en diferentes frentes, tanto por el que esto suscribe como otras personas, no sólo en blogs afines, también incluyendo algunas entrevistas y videos, resulta que se ha empezado a observar que muchos de los datos que se aportan en los grandes medios de comunicación no son correctos, y que muchos de los argumentos que se presentan son sumamente tendenciosos, por no decir mentiras flagrantes.

Por eso, quiero agradecer a los miembros del foro de sus apuntes y notas, que han contribuido en gran manera a enriquecer estas dos entradas.

El revuelo y la polémica están servidas.

Echemos algo de gasolina (y diésel y otros combustibles) al fuego.

Empecemos por las emisiones provenientes del tubo de escape de los coches. Hace una década o así, los ecologistas y leguleyos nos vendían los parabienes de los motores diésel debido a que emite menos CO2/km que los de gasolina, amén de la mayor eficiencia de ese tipo de motores. Algunos nos preguntábamos que pasaba con el hollín visible que emitían, y que cada vez ha ido a menos, así como con otras sustancias que emiten dicho tipo de vehículos.

Incluso se le llegó a ‘subvencionar’ reduciéndole los impuestos que pagábamos con respecto a la gasolina, dejándolo en ‘sólo’ el 55% de lo que se paga.

Ahora (que emiten menos hollín) es al revés, el CO2 ha dejado de importar y a pesar de continuar siendo central en el tema del cambio climático, ha desaparecido totalmente del discurso del vehículo privado, tomando el protagonismo las emisiones de NOx, los óxidos de nitrógeno.

Y la subida del impuesto sobre el mismo.

Al parecer, ahora es lo único que preocupa y la única razón por la que hay que acabar con el asesino diésel, al cual culpan de la muerte de muchos miles de personas cada año.

Pero, ¿es lo único peligroso que sale de los tubos de escape? ¿hay más sustancias peligrosas que también pueden provocar problemas de salud? ¿son los coches diésel privados, los únicos de los que se habla de su maldad, los culpables de todas estas muertes?

Uno de los artículos que ha abordado esta temática, sencillo, corto, contundente, precisamente se centra de forma fácil sobre esta última pregunta, con respuestas bastante evidentes.

Básicamente, la idea es la siguiente:

Según la DGT (en 2016, que ha aumentado desde entonces), hay 2.327.789 camiones diésel de todos los tipos (desde los de menos de 3500 Kg de Peso Máxmo Autorizado – PMA, hasta los de más de 40.000), y 2.305.271 furgonetas y vehículos comerciales, así como 61.838 autobuses.

Pero como la DGT sólo habla de vehículos, para ver el consumo nos remitiremos al CORES, que es una entidad pública (dependiente del Ministerio de Transición Ecológica), que, junto con las grandes empresas privadas del sector, se encarga de la gestión de las reservas estratégicas. Empresa que reporta algunos datos como los de consumo, si bien no deja claro si es el consumo total (incluyendo el resto de empresas del sector) o sólo de su parte.

Según CORES, el consumo de combustibles para transporte por carretera es de unos 27.200 millones de litros al año, gasoil, gasolina y gas. El consumo de dichos combustibles se reparte entre los diferentes tipos de vehículos según la tabla adjunta.

 

Si cogemos el consumo de camiones, vehículos comerciales y autobuses, nos encontramos que estos tres sectores consumen el 52.3% de combustibles usados en transporte por carretera según la Guía Práctica de la Energía del IDAE.

Ojo, combustibles de todos los tipos, que hay que tener en cuenta que el 47.5% ese que consumen los coches y todo ese 0.2% que consumen las motos es gasolina, sólo una parte de los coches usan gasoil, y bajando. Sin embargo, casi todos los autobuses, camiones y furgonetas que gasta ese 52.3% restante, son muy mayormente, de gasoil.

Es decir, que si vamos a mirar el gasto de gasoil frente al de gasolina, seguro que es mucho mayor que ese 52.3% para el transporte pesado.

Camiones de todos los tipos, furgonetas, vehículos de reparto, autobuses urbanos e interurbanos, el camioncito del paleta autónomo de la esquina que, a pesar de ser para el transporte privado sigue consumiendo, igual que la furgoneta de la pescadería de debajo de casa o los camiones (ojo, que la mayoría son extranjeros) de 40 toneladas que salen cada 10 minutos de la planta en la que trabaja el que esto suscribe. También los autobuses del transporte público. Y todos ellos consumen más que mi 407 diésel privado.

Todo ello vehículos pesados que consumen, conjuntamente más que los coches privados y las motocicletas privadas, son los responsables de más de la mitad de las emisiones asociadas a los vehículos diésel. Es más, mientras más del 90% de estos vehículos pesados son diésel, el porcentaje de vehículos privados diésel no sólo es menos, también sabemos que va bajando mes a mes.

Por tanto, se puede afirmar sin miedo a equivocarse (puesto que quién lo dice es el CORES), que más de la mitad del diésel que se consume en España, y por tanto más de la mitad de las emisiones de NOx que se producen, son causadas por vehículos pesados de transporte, no por vehículos privados.

Y, sin embargo, sólo se habla, se prohíbe, se castiga al vehículos privado.

Pero, lo que es peor, no sólo no salen a la luz estos datos relevantes e importantes, tampoco se habla de otros productos nocivos del tubo de escape.

Veamos algunos de ellos, así como su nocividad.

He mencionado el tema del hollín que antes acompañaba a los vehículos diésel, y que todavía lo hace con bastantes vehículos pesados de transporte. Eso eran básicamente partículas sólidas pequeñas, lo que se conoce como PM (particulate materials), y que se refiere a materias sólidas de diferentes tamaños en suspensión. Los tamaños de referencia son los de 10 um y de 2.5um. Cuanto más grandes, más visibles, pero menos dañinas: nuestros ‘filtros nasales’ se encargan que no entren en nuestro cuerpo, mientas que las últimas no sólo llegan a los pulmones, también pueden llegar al torrente sanguíneo, causando problemas más graves, como cáncer.

Hay un estudio de Greenpeace (absolutamente tendencioso como se demostrará) que analiza dicha problemática, insistiendo en que la mayoría de esas emisiones provienen de los vehículos diésel. También hay otro estudio que relaciona dichas partículas con cáncer de pulmón y de estómago. Básicamente, ambos dejan claro que cuanto más pequeñas las partículas, más problemas.

Otro elemento que sale de los tubos de escape, es el muy venenoso monóxido de carbono, sumamente peligroso, un viejo conocido, y sin embargo, otro elemento olvidado.

Restos de combustibles sin quemar, o derivados del mismo, habitualmente conocidos como hidrocarburos (HC), son otras de las emisiones habituales, y configuran todo un conjunto de elementos peligrosos en varios grados. No sólo eso, habitualmente estos compuestos se suelen adherir precisamente a las partículas en suspensión, con lo que pasan más fácilmente al torrente sanguíneo.

Entre estos restos de HC, hay varios conocidos, o muy conocidos, por sus efectos cancerígenos como el Benzo(a)pireno, sobradamente estudiados por los problemas asociados al tabaco. Pero no son los únicos, ni siquiera los más peligrosos de los HC cíclicos, también conocidos como aromáticos o PAH, que se emiten por el tubo de escape. Entre ellos está el Formaldehido (como el NOx, irritante pulmonar, además de causante de alergias y otros problemas respiratorios y de piel), el Benceno (cancerígeno), y el Dinitropireno (también cancerígeno).

Es importante resaltar que, de estos productos cancerígenos la norma Euro6 no pone ningún límite ni información. Respecto del monóxido de carbono, limita el diésel a medio gramo, y la gasolina a un gramo por Km. En cuanto a las partículas, el límite está en 600 billones para los diésel, 6 trillones (10 veces más) para los gasolina de inyección directa, y ningún límite para el resto (gasolina de inyección indirecta, que son muchos).

Es decir, con la excepción de las emisiones de NOx, donde el límite es de 60mg para los gasolina y 80mg para los diésel, el resto es más restrictivo para los diésel, si es que hay alguna restricción, que es precisamente el caso de los compuestos más peligrosos, los cancerígenos.

Pero una cosa son los límites, y otra muy distinta los valores reales medidos ‘en condiciones normales’, esas mismas que tan bien controlaba la centralita de Volkswagen en sus infames motores. Esos ciclos que todos sabíamos que mentían hasta que al final, y curiosamente al amparo del fraude del ‘dieselgate’ parece que se han revisado y se han cambiado para septiembre del pasado 2018.
 

Si bajo esas condiciones pasadas las emisiones ya eran malas, en las condiciones más reales, serán peores, pero dado que la información se midió con el ciclo anterior, es muy instructivo ver las emisiones de diferentes vehículos con diferentes calificaciones de emisiones, así podremos comprar lo malos que son los diésel frente a los otros, incluyendo los limpios híbridos y eléctricos.

Para ello, en la siguiente tabla se resumen las emisiones de ‘nefasto’ motor diésel del dieselgate (VW Passat 2.0 TDI), las emisiones de un gasolina simple y económico como el Toyota Yaris 1.5, unos pocos híbridos no enchufables, como el Passat GTE, el Kia Niro 1.6 GDI Hybrid, o el BMW 225xe Hybrid y un híbrido enchufable con etiqueta 0 emisiones como Volvo XC90TB.

Vehículo
Yaris 1.5 Comfort
Passat 2.0 TDI
Passat GTE Hyb
Kia Niro 1.6 GDI Hybrid
BMW 225xe Hybrid
Volvo XC90TB
Zero Emis
 Unidades
HC
12
2
13
22
16
N/C
mg/Km
CO
189
13
1258
3607
1395
6963
mg/Km
Nox
3
84
11
4
44
9
mg/Km
PM (masa)
0.2
0.5
1
0.7
3.2
2.2
mg/Km
PM (cantidad)
1.2
0.069
17.8
21.27
25.29
67.1
partículas·1011

No constan emisiones de hidrocarburos del ‘0 emisiones’ (total, no se contemplan en el Euro 6 por mucho que sean cancerígenas, etc).

Del resto, tenemos algunos datos muy claros: 
  • Los híbridos emiten más HC cancerígenos, los que emiten menos son el gasolina y el ‘maldito’ diésel de VW. 
  • En cuanto al venenoso CO, los híbridos emiten más que el gasolina y el ‘maldito’ diésel, con mención honorífica para el ‘0 emisiones’. 
  • Sólo en el irritante pulmonar NOx el diésel es el peor, seguido de los híbridos, con el 0 emisiones emitiendo el triple que el gasolina. 
  • Y en cuanto a las cancerígenas PM’s no sólo los híbridos emiten mucha más masa, también muchas más partículas con lo que éstas son mucho más pequeñas y peligrosas que las del ‘maldito’ diésel y el modesto gasolina.

Conclusiones obvias:

Y, sin embargo, los genios que nos gobiernan nos piden que recibamos abiertos de brazos (y cartera) a estos últimos que son peores, mientras maldicen no sólo el ‘maldito’ diésel de VW, también al humilde gasolina.

Obviamente, los datos de los híbridos no son de fiar. Si ya decíamos que los consumos reales de los diésel distaban de la realidad, no está demás comprobar los consumos reales de los gasolina y los híbridos, aunque las medidas aquí expuestas son obtenidas por el ADAC 
alemán, no las declaradas.
 

El resultado a la vista está, los consumos de los diésel no son más realistas que los muy exagerados y mentirosos híbridos, aunque parece que éstos tienen bulo papal y pase lo que pase, no constan, ni en consumos, ni en emisiones.

De esto se desprende otra evidencia: la ceguera selectiva.

Antes eran las emisiones de CO2, ahora los NOx, y sólo los NOx, el resto, por muy cancerígeno que sea, no importa.

Esa es una observación interesante.

También es obvio que las medallitas a la superioridad moral, perdón, las etiquetas clasificatorias NO dependen de las emisiones. Aparentemente, sólo de la tecnología, lo que explícitamente dice la normativa europea que no debe hacerse.

Pero no sólo los coches emiten partículas. Pero de los camiones y vehículos comerciales no se dice nada, ni de los autobuses.

Tampoco se dice nada de los aviones, ni de los barcos en los grandes puertos que tampoco cubre el CORES.


Además, los buques, y eso incluye los cruceros de ocio, no queman diésel normal, sino bunker o fueloil, que tiene actualmente un contenido en azufre del 3.5% en peso, y que se prevé reducir al 2.5% en un futuro próximo.
 

Eso implica que estos vehículos emiten entre 58.4 y 72.8 gramos de SO2 y SO3 que en contacto con agua, por ejemplo de las fosas nasales o los alveolos pulmonares, se convierten en H2SO3 y H2SO4, es decir, ácido sulfuroso y ácido sulfúrico respectivamente, de una masa entre 71.34 y 89.2 gramos por litro consumido. Y no consumen poco. (Las centrales de carbón también emiten este gas, así como NOx y PM’s).

Eso con la normativa actual, que con la nueva normativa (otro reto de la industria petrolífera que promete tener consecuencias) se rebaja a ‘sólo’ entre 50.96 y 63.7 gramos por litro.

Evidentemente, respirar ácido sulfúrico no me parece muy saludable. Así es lo normal que estos vehículos contaminen mucho.

Pero ni se menciona.

Por supuesto muchos abogarán que los puertos no son el centro de la ciudad, pero los tubos de escape de estos barcos están pensados para no difundir sus emisiones cerca (para no molestar a los pasajeros de los cruceros de placer), así que no es tan raro que su contaminante resultado llegue a 400 Km lejos.

Con esto, es de esperar que las zonas con mayor concentración de NOx coincidan con las zonas con mayor tráfico portuario.

Nótese cómo en el mapa se puede encontrar una elevada concentración de NOx en el Mar del Norte, cerca del Canal de la Mancha, en medio del mar, donde, evidentemente, circulan entre 0 y ningún coche diésel.

Todo esto ejemplifica la ceguera voluntaria por parte de los medios y de la población.

Y no se queda aquí la cosa.

Esto son sólo las emisiones a partir de combustibles fósiles, lo que se desprende del CORES. Pero si miramos otras emisiones de NOx en total, no sólo las que se emiten desde tubos de escape, sino las emisiones totales de NOx, lo primero que se salta a la vista, y con diferencia, es que la mayoría de emisiones de NOx no se hacen a partir de tubos de escape. Se producen en el campo por el uso de fertilizantes nitrogenados. Claro que en el campo la concentración es menor por m2.
 

Pero si vamos a profundizar en los datos, nos encontramos con que las emisiones de bunker son significativas, lo cual confirma lo que se ha anticipado antes, pero en un tamaño más o menos similar nos encontramos las emisiones residenciales y comerciales, es decir otras fuentes de NOx en el ámbito urbano y que no provienen de tubos de escape. Y las emisiones industriales están incluso por encima.

Es decir, la mayoría de NOx que se emite en entornos urbanos ni siquiera se debe a los vehículos diésel de superficie, incluyendo vehículos pesados.

Y es que el campo siempre ha sido más saludable (y eso que ahora es dónde más NOx se emite en cantidades absolutas), y las ciudades mucho más insalubres. Bien lo sabía ya Louis Pasteur, el inventor de las vacunas, y eso que por aquellos tiempos no había coches diésel en la carretera.

Pero es que hasta la Roma de Julio César tenía ‘boina’.

Sin embargo, hay otras partículas que emiten los coches, y se deben a otros usos: neumáticos, frenos, carretera. Hay estudios que confirman que hasta dos terceras partes de las emisiones de los coches térmicos se deben a estos factores, donde el peso del vehículo es más determinante.

Y los híbridos y eléctricos, pesan más, aunque parte de la frenada sea regenerativa (no es el caso de los híbridos no enchufables, que apenas usan el motor eléctrico para simular la retención, pero la frenada es con frenos normales)

Ciertamente, los eléctricos, especialmente los eléctricos puros, pesan bastante más que los térmicos, y por ende emiten más de esas partículas. Pero no es este el mayor problema. El problema son los vehículos pesados, esos mismos que antes hemos mencionado: furgonetas, camiones, autobuses.

Por supuesto, los eléctricos puros, tampoco se libran de estas emisiones por un inexistente tubo de escape, pero el problema está en otra parte, literalmente.

Pongamos por ejemplo uno de los elementos común en los coches híbridos y eléctricos, las tierras raras.

Por cada Kg de mena de tierras raras (de las cuales sólo una fracción corresponde a la tierra rara en sí), se vierte otro Kg de material radiactivo al río, entre 9.2 y 12 m3 de gas con ácido hidrofluórico, dióxido de azufre y ácido sulfúrico (otra vez a vueltas con lo mismo), 75 litros de líquidos de ácidos varios, incluyendo agua radiactiva, y dos toneladas de residuos sólidos con torio radiactivo, bicarbonato de amonia, y ácido oxálico. La mayoría va a parar al Río Amarillo (la mayoría de tierras raras se obtienen en China, en las cabeceras de dicho río, donde, en la desembocadura, se hacen crecer muchos peces que luego nos sirven en restaurantes en España).

Un Toyta híbrido no enchufable (llámese Prius, Yaris o Auris) lleva unos 11 Kg de Lantano (las baterías son de Níquel-Hidruro de Lantano), un Kg de Neodimio y unos 120g de Disprosio, más otros usos de tierras raras como los núcleos magnéticos de las bobinas que se usan con profusión en la electrónica del coche.

Dado que el Neodimio, y más especialmente el Disprosio, no se hallan en las cantidades deseadas, como ‘subproducto’ de los mismos se obtiene bastante Cerio y Europio, otras tierras raras que se usan en la fabricación de LED’s blancos, pero que van a muy bajo precio debido a que no se usa tanto como se obtiene como subproducto del refino del Disprosio. Eso implica que esos 120g de Disprosio implican mucha más contaminación que la que se ha enumerado y que se podría dar por buena para el abundante Lantano.

La fabricación de baterías de litio también es contaminante, hasta el punto en que se calcula que la contaminación por cada KWh de batería de Litio (seguramente de alta energía, que contaminan menos que las de alta potencia) se emiten unos 170 a 200 Kg de CO2 equivalente.

Resulta curioso que cuando interesa, se utiliza la métrica de CO2 que ‘solo’ es un gas de efecto invernadero, y se obvian las emisiones de otros elementos que igual son radiactivos, ácidos, contaminantes, o problemáticos en otros sentidos para el medio ambiente o la población, tal y cómo se ha comentado para las tierras raras.

De los temas de la contaminación y residuos con la minería del cobre, así como los más polémicos, éticos y morales del cobalto (que básicamente es un subproducto de otras minerías excepto en el peor caso de todos), con especial énfasis en el coltán congolés y sus minas con mano de obra infantil, ni mencionar su relación con el cochepilas.

Este es uno de los 40.000 niños congoleses que extrae cobalto para tus portátiles y teléfonos. Porque nuestra sociedad le da más valor a la vida de las batería sque a las vidas humanas.
 
Con esos datos, se considera que la fabricación de un Tesla contamina tanto como usar un diésel (que emite menos CO2 que el resto) durante alrededor de 200.000 Km.

Y eso, suponiendo, que es mucho suponer, que el eléctrico es ciertamente ‘cero emisiones’ (obviando como ya hemos comentado, otras emisiones que realiza el mismo). Pero como ya se explicó, en China, a los 800gCO2/KWh, usar un eléctrico contamina y emite más CO2 más que usar un diésel. ¡¡Y sin contar las emisiones por su fabricación!!

Ciertamente, la generación en China ha bajado hasta cerca de los 600gCO2/KWh, lo cual deja las emisiones derivadas de su uso ligeramente por encima (unos 100gCO2/Km) de lo que es un diésel… si no fuese por dos puntos más que discutibles: tanto los diésel como los eléctricos mienten a la hora de publicar los consumos por Km, como bien claro tiene ya Noruega, que obliga a que los consumos de los eléctricos se calculen de otra forma, recortando la autonomía entre un 25 y un 40%, es decir, aumentando las emisiones en el mismo porcentaje.

Por supuesto, de las otras cosas que emiten las centrales de carbón como el NOx, SO2 y PM’s, tampoco se mencionan.

Pero lo más importante es: ¿Cuándo se cargan estos vehículos? Porque lo habitual es cargarlos durante la noche, que es cuando la fotovoltaica no genera nada y, por tanto, cuando se produce electricidad con carbón.

Porque, no lo olvidemos, el aumento de la demanda eléctrica para cargar tantos vehículos eléctricos ha hecho subir todavía más el consumo de carbón, y por ende, las emisiones de CO2 y las tóxicas por otras razones.

Ejemplo de emisiones en centrales de carbón en España


Y eso que la mayoría de los vehículos eléctricos vendidos en China NO son coches, sino motillos que sustituyen a las mucho más sanas bicicletas, que ahora se oxidan en las orillas de los ríos.

Por tanto, aunque en números relativos parece que la contaminación disminuye en China, en números brutos, en total, éstas han subido, y en buena parte, precisamente por el aumento de demanda de los vehículos eléctricos. La magia de los números relativos, razón por la que ciertos colectivos las usan con tanta profusión.

Ergo éstos, de ‘cero emisiones’, nada de nada: aumentan las emisiones y la contaminación.

Sin embargo, tienen un punto que muchos han observado y que la mayoría dan por bueno: la suciedad de emite lejos de las ciudades (aunque eso, generalmente, es incorrecto: las centrales eléctricas de carbón suelen estar cerca de los puntos de consumo, especialmente en China). Igual que la porquería que sale de la mina de Bayun Obo.

Es decir, que lo que importa no es la contaminación. Lo que importa en que ésta no esté en mi casa.

Me gustaría saber que les parecería si a los usuarios de un vehículo híbrido y eléctrico, muy limpios ellos, se les echasen en la puerta de su casa todos los subproductos que se han usado en la producción de sus ‘limpios’ vehículos. En la puerta, pero por dentro.

Sin embargo, nada de esto aparece en los medios. Muchos tertulianos no tiene reparos en decir directamente y sin tapujos que ‘por culpa del diésel hay 40.000 muertes anuales en el Reino Unido, aunque esto no es una criminalización del diésel’. Cinismo en estado puro.

Pues si eso no es una criminalización del diésel, que alguien me lo explique que no lo entiendo.

Pero, siguiendo la misma regla, y dado que esas presuntas muertes no son por NOx (no hay ni un solo certificado de defunción que ponga similar causa), sino probablemente por cáncer de pulmón, muchas de estas muertes deberían ser asignadas a los híbridos y gasolina, o a las emisiones de NOx urbanas y comerciales, o a otras partículas que vienen de los neumáticos, los frenos, la carretera, así que podríamos hablar que los vehículos híbridos y eléctricos son causantes de 5000 muertes anuales de la misma forma en Europa, según otra fuente, y, tal y cómo dicen estos tertulianos, no sería demonizar nada, ¿no?

Resumiendo lo dicho hasta ahora:
  • Los vehículos ‘limpios’ son tan o más sucios que los diésel. 
  • La ‘maldad’ de los diésel (emisiones de NOx) tiene otras fuentes que no son de los diésel, menos aún los privados. 
  • Hay muchas más emisiones tan o más peligrosas que las NOx, que podrían ser causantes de las muertes que se atribuyen a los diésel, en mayor medida. 
  • Las etiquetas de emisiones no tienen nada que ver con las emisiones. 
  • Las emisiones de CO2 han aumentado, a pesar de las medidas tomadas, y probablemente (sólo probablemente) debido al aumento de vehículos a gasolina y gas. 
  • Las razones que se esgrimen para eliminar los diésel privados son más válidas para eliminar el transporte pesado, que además es responsables de más emisiones que los vehículos privados. 
  • Hay otras razones por las que lo que debería hacerse es prohibir todo vehículo de más de un cierto peso, independientemente de la motorización del mismo. Con ello, además, presumiblemente reduciríamos atascos y otros problemas. 
  • Nada de lo que se nos pone en los medios de comunicación se sostiene ni tiene nada que ver con los datos totales, ergo son falsas, un fraude, una mentira.

Por todo ello, queda claro que la obvia cruzada contra el vehículo diésel privado tiene otras razones, otros motivos que los que se nos explican con tanta profusión de datos parciales, sesgados y tendenciosos.

Reflexionemos sobre ello.

miércoles, 30 de enero de 2019

Usted va a pagar el coche eléctrico, aunque nunca tenga uno

Usted va a pagar el coche eléctrico, aunque nunca tenga uno

Lo que nos dicen
Hay que quitarse de encima los coches de diésel porque contaminan y son malos para el medio ambiente. También hay que deshacerse de los de gasolina. Con el tiempo, incluso tendremos que prescindir de los híbridos. Todos queman petróleo y eso no es bueno para el planeta, nos dicen (y es cierto).
Todos estamos de acuerdo con que hay que proteger el medio ambiente. Pero necesitamos el coche. Para ir trabajar, para ir a buscar a los niños, para ir a hacer la compra, incluso para alguna escapadita.
Así que, vale, usemos coches eléctricos. Pero los coches eléctricos aún no se han popularizado, no hay tantos sitios para recargarlos y aún son caros. Todos estamos de acuerdo con que hay que preocuparse por el planeta, pero sin empujar. Todo el mundo está de acuerdo que hace falta tiempo para desarrollar los coches eléctricos. Hace falta tiempo para hacer el cambio.
Y sin embargo todo son prisas. Más impuestos, más anuncios de que se prohibirán los coches de diésel y gasolina, más restricciones para entrar en el centro de las ciudades. Parece que de repente todo el mundo se ha vuelto loco por cambiar ya al coche eléctrico.

Lo que pasa
En realidad, estas prisas repentinas con los coches de diésel no son solo por la preocupación medioambiental, sino porque la producción mundial de diésel está disminuyendo. No es que se vaya a acabar de hoy para mañana: la caída durará décadas, pero cada vez habrá menos y tendremos que ver cómo se va repartiendo. Así que da la impresión de que se ha decidido que se le va a ir quitando ya a los coches. Es normal: el diésel también lo utilizan los camiones, los tractores, la maquinaria y pronto los barcos. Así que es mejor reservarlo para eso, pero preferiríamos que nos explicasen la verdad.
Esto que le pasa ya al diésel le acabará pasando a la gasolina dentro de pocos años, así que la solución tampoco pasa por los coches de gasolina. Aquí también se tendrá que ir pensando cómo se irá repartiendo la caída de la producción, que también durará décadas. Todo el mundo tendrá que ir conduciendo menos, o dejando el coche.
Eso explica la prisa por deshacerse de los coches con motor de combustión interna y mantener el negocio con la fabricación de otro tipo de vehículos.
Parece que en realidad el cambio no se hace tanto voluntariamente porque nos importe el planeta, sino principalmente obligados porque el petróleo va para abajo. No nos queda otra que pasarnos al coche eléctrico, ¿verdad?


Los problemas del coche eléctrico que nadie explica
Pongamos números sencillos, para entendernos.
La energía que contienen las baterías se mide en kilovatios-hora (kw·h). El kilovatio-hora es la energía que carga una batería si la conectas a un cable con una potencia de un kilovatio durante una hora (eso suponiendo que no haya pérdidas, que siempre las hay, aunque sean pequeñas).
Imagínese que tiene un coche con una batería con capacidad para 50 kw·h. No es un coche pequeño, pero tampoco es de los grandes. Un coche para toda la familia y para ir al trabajo. Con esa batería, el fabricante le dirá que su coche puede llegar a hacer 250 km con una carga completa de la batería, pero los fabricantes siempre exageran. En la práctica, en condiciones de conducción real, la mayoría de las veces se podrán hacer unos 150 km (si hay cuestas, si se usa el aire acondicionado o la calefacción, si la batería ya tiene un tiempo…). Pero imaginemos que esos 150 km le son suficientes para el día a día, le dejan el coche no demasiado caro y se decide a comprárselo.
El problema viene a la hora de cargar el coche. Es un sudoku de lo más complicado. No es imposible, pero hay que calcular mucho, y hay que andarse con ojo.
Pongamos que en su casa tiene contratada una potencia eléctrica de 4,4 kw, que es una potencia contratada bastante habitual en los hogares españoles. Con eso, las cargas completas son complicadas. Incluso aunque pusiera a cargar el coche cuando prácticamente no haya otro aparato consumiendo electricidad en su casa (de noche, cuando todos duermen), para cargar completamente los 50 kw·h del coche necesitaría más de 11 horas usando toda la potencia eléctrica de la casa.


Pero cargar el coche completamente es un caso extremo, es verdad. Imaginemos que no necesita cargar del todo la batería porque solo hizo 60 km: aún así se necesitarían cuatro horas y media en las que apenas se podría usar nada eléctrico en su casa.
No seamos tan cenizos y vayamos a un caso más favorable. Pongamos que es Vd  el usuario medio, el que hace unos 35 km al día. De acuerdo con el fabricante eso debería corresponder a un consumo de 7 kw·h, pero ya hemos comentado que en condiciones reales el coche le va a gastar más, pongamos unos 11 kw·h: son aún dos horas y media de alimentar el coche con toda la potencia de la casa. Puede preparar la instalación eléctrica de su casa para reservar una parte de toda la potencia, digamos 3 kw, para cargar el coche de noche (y que así no le salten los plomos al encender la luz). Con eso recargaría lo que gastó para hacer esos 35 km en unas cuatro horas. Se puede hacer, pero hay que calcular mucho: cuidado con hacer más de 35 km – y si lo hace que cuente con tiempo extra para recargar lo gastado de más -, cuidado con poner la lavadora de noche, acuérdese de conectar el coche al llegar a casa y programar la carga, y asegúrese que se esté las cuatro horas que necesita, y que no tenga que coger el coche para una urgencia…
Si no quiere vivir con tanto estrés y tanto cálculo, podría contratar más potencia a su compañía eléctrica para no ir tan justo. El problema es que le saldría carísimo cada mes.
Pero, espere, quizá la cosa es mucho peor.
Quizá usted es de los que no tiene garaje y tiene que dejar el coche en la calle. Millones de coches duermen en la calle en nuestro país. Para poder recargar esos coches durante la noche haría falta poner un poste eléctrico por cada 5 metros de acera, aproximadamente. Si fueran postes de 22 kw, como los que quiere poner el Gobierno en las gasolineras, en 125 metros de calle se tendría que poner el cableado y los postes para poder suministrar más de un megavatio (Mw) de potencia. Eso es lo mismo que suministra un aerogenerador pequeño. Una ciudad como Madrid, que tiene más de 1.000 km de calles, necesitaría cableados, subestaciones eléctricas y sistemas de control para disponer de unos 8 Gw de potencia (es decir, como todas las centrales nucleares de España). Extrapolando para el resto de España, estaríamos hablando de más de 100 Gw (es decir, como la capacidad eléctrica máxima de España). Así planteado es una obra enorme, algo inimaginable, así que intentemos hacer algo más modesto. Podemos imaginar que se usen postes de mucha menos potencia (por ejemplo, de 4,4 kw en vez de 22 kw), y también que no todas las calles estén cableadas. Igualmente estamos hablando de una infraestructura colosal: incluso si la redujéramos a la décima parte de lo que calculamos más arriba, a “solo” 10 Gw, estaríamos hablando de una instalación enorme que requiere levantar un montón de calles y gastarse un montón de dinero. Y para que luego los usuarios se den de tortas para pillar un poste de ésos libre cuando vuelves tarde de currar y no pudiste recargar el día anterior. Y que no vengan vándalos a cortar los cables, o aprovechados que te quiten la manguera para cargar su coche en doble fila… ¿Y quién paga la recarga? ¿Y cómo se paga? ¿Y el mantenimiento?
La alternativa sería recargar el coche en las electrolineras que se vayan instalando. Los postes de 22 kw que propone el Gobierno recargarían completamente nuestro coche familiar pero sin pretensiones en dos horas y media, lo cual es demasiado lento. Si lo enchufamos solo media hora (lo que daría como para unos 30 km) es aún demasiado lento, sobre todo si hay otros coches esperando para recargar delante de nosotros: simplemente con dos coches por delante ya nos implica esperar una hora y media (una hora a que se carguen ellos y media a que se cargue el nuestro). Y que no se les ocurra recargar más que para 30 km. ¿Se imaginan las colas que se podrían llegar a formar? ¿Y qué harán los propietarios de las estaciones de servicio? ¿Cuántos minutos nos dejarán cargar el coche para que las cuentas les salgan, para que puedan ganar dinero?
Veamos otras alternativas. Podríamos usar postes de carga rápida. De éstos no habrá en todos los sitios, porque son más caros de instalar y mantener, pero con uno de ellos podríamos cargar la batería completamente en media hora, o tan solo cinco minutos para recargar lo suficiente para 30 km. Eso ya comienza a ser más razonable. El problema es que esos postes de alta potencia fuerzan las baterías y eso acorta rápidamente su vida (se calientan mucho). Si usted visitara frecuentemente estos postes, la batería de su coche podría durar solo dos años. Incluso menos. Por eso los puntos de recarga de alta potencia no son una buena opción, y eso sin contar los peligros de usar potencias tan elevadas.
Y esto no se acaba aquí. Las baterías llevan fatal el calor: cuando la temperatura pasa de 35ºC se comienzan a deteriorar, y si pasa de 40ºC se degradan muy rápido, incluso aunque no esté usando el coche. Algo a tener muy en cuenta en España. Intente aparcar el coche a la sombra, y mejor con un ventilador.
Y eso por no hablar de las limitaciones en la producción de litio y cobalto, de los costes prohibitivos, de las prestaciones escasas… Y tampoco hemos comentado cómo subiría el precio de la electricidad, si de repente hay tantos coches eléctricos para cargar y al tiempo disponemos de menos petróleo.
¿Qué significa todo esto? ¿Es imposible pasarse al coche eléctrico para todos? Imposible no lo es, pero haría falta una coordinación extrema para hacerlo posible. Si todos actuáramos de una manera perfectamente coordinada y cuidadosa los números salen; justitos, pero salen. Al menos sobre el papel salen. Ahora bien, ¿se cree usted que nos vamos a organizar tan bien? ¿O esto va a ser el follón habitual?


¿Es el coche eléctrico un coche para ricos?
Lo cierto es que parece difícil generalizar el coche eléctrico para todo el mundo. Caro, poca autonomía, vida de las baterías limitada, y si se generaliza sería una locura para poderlo recargar. Así que el secreto está, quizá, en que no se generalice. En que haya relativamente pocos. Quizá pasar de los 27 millones de coches que hay ahora en España a un millón (o quizá menos).
A lo mejor el negocio de las automovilísticas (lo poco que quede) está en hacer coches de gama alta, sedanes con baterías de 200 y 300 kw·h, con autonomía de muchos cientos de kilómetros, coches que se aparcan solos y que hasta se conducen solos, y el más barato de los cuales se vende por 100.000 euros.
Quien se compra un coche de ésos seguro que tiene un buen enchufe en su casa, y seguro que no tiene problemas para contratar en su casa una potencia de 15 kw de electricidad, o 20 kw, o lo que necesite para mantener todo encendido y el coche cargando cuando le dé la gana. Incluso puede tener un par de coches, para usar uno mientras se recarga el otro.
Pero hay algo que estos conductores adinerados necesitan: puntos de recarga por el camino. Porque cuando hagan un viaje largo necesitarán poder repostar en algún lugar. Y para eso ha de haber puntos adecuados de recarga.
Y no parece que sea rentable poner puntos de recarga para solo un millón (o quizá menos) de coches, al menos no desde la perspectiva de los propietarios de las gasolineras. Así que esos puntos de recarga se tienen que subvencionar, si se quiere que estén ahí. El Estado los tiene que avalar, incluso tiene que obligar, a que se construyan.
Si el coche eléctrico no se generaliza (y como hemos dicho, es difícil que esté al alcance de todo el mundo), apostar por poner muchos puntos de recarga por todo el territorio nacional, invirtiendo para ello mucho dinero público y dando subvenciones al coche eléctrico, podría acabar convirtiéndose en una transferencia de dinero de los pobres a los ricos. Así que antes de lanzarse a esta aventura, en la que todos están haciendo como si todos los problemas del coche eléctrico estuvieran solucionados o a punto de solucionarse, convendría hacer un análisis mucho más pormenorizado y con planteamientos mucho más realistas. Porque no está claro que esto del coche eléctrico nos interese a todos.


¿Realmente interesa apostar tanto por el coche eléctrico?
Nos están vendiendo un futuro deslumbrante de movilidad eléctrica, pero lo que hay ahora mismo es algo mucho más limitado. No está claro que se pueda generalizar el coche eléctrico privado para todos. Probablemente no se puede, y más probablemente aún no resulte rentable hacerlo.
Se insiste, una y otra vez, en que el coche eléctrico es el futuro, como si fuera una verdad evidente e indiscutible, cuando en realidad tendríamos que aclarar unas cuantas cosas antes de lanzarnos a invertir en una nueva burbuja que va a empeorar aún más las condiciones de vida de la mayoría para que solo se beneficie una minoría.
Los defensores de esta transición al coche eléctrico tendrían que plantearse si en realidad no se está promoviendo que se subvencione, con cargo al erario público, un medio de transporte reservado a las clases más pudientes (subvenciones directas al coche eléctrico e indirectas por la vía de las estaciones de carga o los privilegios de uso del espacio público).
Sin duda, hay que tomar medidas contra la contaminación, el cambio climático y el agotamiento de los combustibles fósiles. Pero por lo menos a día de hoy el coche eléctrico no parece que sea la medida adecuada para ello.

Antonio Turiel
Enero de 2019

miércoles, 23 de enero de 2019

El colapso y la Realpolitik de las urnas

Queridos lectores:

Javier Pérez ha escrito un breve y provocador ensayo sobre cómo se pervierte la democracia en función del poder de presión de diversos colectivos en un contexto de deprivación energético en el que no todo el mundo va a valer lo mismo.

Les dejo con Javier.


Salu2.
AMT


El colapso y la Realpolitik de las urnas




Uno de los signos visibles más notorios del colapso, después de la necesidad de contar cuentos bonitos para que los niños se duerman,  es la dificultad para manejar el incremento de complejidad de las sociedades. Porque la complejidad lo es todo, y su incremento, más que el incremento de los bienes y servicios producidos, es el auténtico signo de que se avanza.
De hecho, para mí, no hay síntoma más claro del colapso que esa dificultad para avanzar en el más difícil todavía, aunque empiezo desde ya por decir que, hasta el momento,  sólo he observado esa cojera en pocos temas y en muy pequeña medida.
Sin embargo, creo que hay un hecho, ya visible, que empezará a ganar volumen en el horizonte de los estrategas políticos y que no deja de ser consecuencia de esta incapacidad para gestionar la complejidad. Un hecho que se pesará tras las cortinas, como se analiza cada casilla entre analistas de ajedrez, aunque luego haya que presentar al público explicaciones más vistosas.  Me refiero al distinto valor de los votos, y no dependiendo de su procedencia geográfica, como muchos señalan al referirse a nuestra ley electoral, sino de su procedencia social.
¿Qué los votos no valen igual según la clase del votante? Seguro que intuitivamente nos suena, y que todos pensamos que los ricos tienen de algún modo más influencia, incluso con sus votos, aunque no podamos demostrarlo. Pero no va por ahí. Lo siento, amigos, pero conmigo nada es tan sencillo.
Me refiero, en realidad, a que los votos también valen según la energía que contienen. Su energía cinética y su energía potencial, y creo que tales magnitudes serán tema central de la estrategia política REAL, aunque dudo que se hable de ello públicamente.
¿Qué es la energía cinética de un voto? Lo lejos que ese votante puede llegar para defender sus ideas, los riesgos que está dispuesto a correr y los costes que está dispuesto a asumir para sostener, defender o apoyar a una determinada opción política. Si tus votantes te han elegido porque el resto daba asco, tu energía cinética es casi nula, porque esos votantes, que se suman como cualquiera, no están dispuestos ni ir a la vuelta de la esquina por ti.
¿Y qué es la energía potencial de un voto? La fuerza, la virulencia con que está dispuesto ese voto a combatir a sus adversarios. Y no se confunda con el caso anterior, porque una cosa es lo que la gente está dispuesta a hacer por los tuyos y otra, muy distinta, lo que esa misma gente está dispuesta a hacer CONTRA sus adversarios. La energía potencial de un voto la determina lo difícil que son tus votantes de ser captados por otro partido, otra idea, u otra opción, y hasta qué punto formarán fuerzas de choque en caso de necesidad contra ideas enfrentadas.
Esas son las dos variables que determinará en el poder real en las democracias. Fijémonos en Francia y en su revuelta de los chalecos amarillos, por ejemplo. Un presidente que ha obtenido el sesenta por ciento de los votos, se ha visto obligado a dar marcha atrás en buena parte de sus medidas y, más recientemente, en publicar una carta presidencial intentando negociar las reivindicaciones de los revoltosos. ¿Por qué?
Porque Macron tiene votos, pero no tiene quién le defienda. La gente le votó por negación de otros, por no votar a Hollande, por no votar a Le Pen. ¿Pero quién demonios le quiere a él? Nadie, y los estrategas de los movimientos opositores lo han detectado y lo van a hacer albóndigas, verdadero picadillo, el tiempo que intente resistir en el Elíseo. Sus votos están tan muertos como Victor Hugo y su jorabado de Notre Dame: mucha fama, mucho brillo, y poca vida. Sus votos limitan su energía cinética a los banqueros que piensan dar sablazos a sus conciudadanos y se quedan en nada, prácticamente, si hablamos de energía potencial.
¿Y en España? ¿quién puñetas apoya a Pedro Sánchez? Lo contrario: poca energía cinética, porque nadie tiene claro qué se puede ganar con semejante tío y no lo quieren ni en su guardería, pero una notable energía potencial, porque la otra opción, que era el PP, ahora es el PP más el petit Macron Naranja, más VOX. Una energía potencial de la leche, que lo mantiene, extrañamente a flote. Pero sin capacidad e movimiento, porque carece de energía cinética. ¿Lo vamos viendo?
Los votos no valen nada si quienes los dejan en la urna no están dispuestos  hacer nada más que depositar ese papelito. Los votos no pueden seguir considerándose opiniones muertas, porque la dinámica actual, de referendo encubierto constante, no permite semejante cosa.
Y ahora, para concluir, echadle un ojo a nuestra pirámide demográfica y decidme si no nos encaminamos, de no estarlo ya, a una apabullante gerontocracia. Pues bien: en teoría sí. En teoría los pensionistas juntan y juntarán tal número de votos que serán una fuerza electoral formidable. Capaz de imponer sus necesidades de pensiones y gasto asistencial sobre cualquier otra necesidad e nuestra sociedad. En teoría pueden capturar rentas y voluntades…. ¿Pero de veras se puede sostener un Gobierno con el apoyo simplemente electoral de los viejos? ¿De veras es eso posible, con los conceptos que acabamos de introducir, si los jóvenes salen a la calle?
¿Qué sucederá con esas enormes masas de votantes a los cuatro días de huelga general, o a los tres días de apagón por los sabotajes de quienes no ven futuro? La democracia dice una cosa, y la realidad otra. Los viejos tienen voto, pero carecen de energía cinética y carecen de energía potencial. Quien sólo sepa contar, se encontrará con la bombilla apagada, y un montón de gente con garrote a su puerta.
La máxima complejidad, la mayor de todas, la más sutil y difícil de nuestra actual sociedad, estriba en desarmar a la fuerza de razones, en esterilizar la fuerza, en convertir la violencia en un hecho inútil y sin sentido. Hasta ahora se ha conseguido, pero poco a  poco será más difícil desactivar esa energía primitiva, radical y primigenia que quiere imponerse porque se siente con derecho, derecho natural a ello. En esta dinámica de energía menguante, cada día será más difícil olvidar que el derecho a la inviolabilidad del domicilio no procede la ley, de la constitución ni de los tribunales: procede del padre de familia, con un hacha, a la puerta de casa. Y lo otro vino luego, poco a poco.
Lo otro es complejidad, y a medida que la complejidad se desmorona volvemos a las razones últimas de las cosas: al padre de familia, acompañado de sus hijos, guardan la puerta de casa con un hacha en la mano. Las naciones que se quedan con los recursos porque pueden aplastar al otro, las tribus que conquistan territorios de caza… Y los viejos que aconsejan, pero no deciden.
    No habrá gerontocrcia, no temamos. Los votos de los viejos sólo se cuentan. Sólo eso. Podría ser de otro modo, pero ya no queda energía pare ello.
Javier Pérez

miércoles, 9 de enero de 2019

Reseña de "Iv"


7 años después de la publicación de "El Oráculo de Gaia", Erawan Aerlín (pseudónimo de una persona muy conocida en el ámbito de la crisis energética y ambiental) nos ofrece una nueva novela, "Iv", que es en cierto modo su continuación. Y ciertamente hay una lógica que conecta ambos libros, a pesar de sus enormes diferencias estilísticas, narrativas y cronológicas. Así, si "El Oráculo de Gaia" era un libro cronológicamente circular que no se podía ubicar en un tiempo concreto aunque daba vueltas en el entorno cercano del colapso de nuestra civilización industrial, "Iv" es una novela completamente lineal y mucho más estándar, con un claro inicio y final de su acción principal, y además en un tiempo muy distante del momento actual. Si "El Oráculo de Gaia" tenía algo de libro sagrado de una nueva religión gaiana (podría bien ser la nueva biblia de un tal credo), en el caso de "Iv" se trata de una novela de acción (mucha más acción que "El Oráculo") que en realidad viste un ensayo muy profundo sobre la trascendencia ecosistémicas y supraecosistémicas de la acción no ya del ser humano, sino de todos los seres vivos (y en el cual la acción humana se va volviendo en realidad cada vez más irrelevante con el paso del tiempo). Pero ambos libros conectan un único discurso: el desarrollo de la idea de Gaia como supraorganismo, yendo mucho más allá de la idea original de Lovelock y abriendo un marco conceptual extraordinariamente profuso. 

Un aspecto muy destacable de "Iv" es que explora aquello que John Michael Greer llama "el futuro profundo". Y es que el marco temporal en el que se mueve dista muchos siglos, algo más de un milenio, del momento presente. Érawan no está interesada en la recreación morbosa de nuestro colapso; de hecho, no hay referencias explícitas a ese momento en todo el libro, puesto que siempre se habla de "antes" o de "después", pero nunca del "durante". Este libro escapa de la ciencia ficción más simplista, del futuro cercano, para mostrarnos un mundo que está comenzando a recuperarse (tan solo comenzando a recuperarse) del cataclismo global que supuso la civilización industrial, la cual de esta manera se mantiene en un plano de igualdad (a mi entender, bastante acertado) al de otros eventos catastróficos que marcaron el devenir del planeta, como la extinción cámbrica o la de los dinosaurios.

Y a pesar de que la acción la desarrollan principalmente los descendientes del Homo Sapiens, la recuperación que nos explica este libro no es la de la civilización humana, sino la de Gaia, entidad que trasciende y que de hecho da sentido a la vida de todas las especies que la componen, la humana incluida. Y es que a medida que se desarrolla la acción se va percibiendo de una manera cada vez más clara que la verdadera importancia del ser humano es mucho menor, y mucho más accesoria, de la que él mismo se atribuye. No quiere esto decir que la humanidad (así, en minúscula) no tenga un papel relevante para Gaia, pero lo tiene en similitud y no más importancia que muchas otras especies, también instrumentales en el plan de Gaia de expandir la vida por el Universo. Por ese motivo, este libro supone una fuerte humillación para los tecnooptimistas que han comprado la idea del Homo Deus: ad astra, sí, pero no por nuestra mano sino más bien a pesar de nuestra impericia, y desde luego sin que nosotros seamos los pilotos.

La complejidad y el alcance de algunas ideas que la autora difunde con la excusa de la novela pasarán desapercibidas a muchos lectores en una primera lectura del libro, y sin embargo todas ellas encajan con una lógica implacable en el devenir de los acontecimientos, con lo que probablemente dejarán un poso en los que lean este libro y una preparación para una discusión más profunda de las numerosísimas cuestiones que se comentan casi de pasada.

Por ese motivo, la trama de la novela está realmente supeditada al objetivo de la difusión conceptual, a la vertiente ensayística de este trabajo. Para poder darle fluidez a la presentación de esos argumentos, a un ritmo que si uno percibe todos los detalles es endiablado, Érawan introduce un tipo de personaje, la Sacerdotisa, que es en muchos sentidos un superhumano. El hecho de que sea una supermujer permite alejarse de algunos paradigmas nietzschesianos ya demasiado manoseados, y así la supermujer lo es también por su extremado amor y piedad. Es a través de la sacerdotisa (porque, aunque parezca lo contrario, en el fondo solo hay una) y de su constante adoctrinamiento de los demás personajes que se puede dar salida a toda la carga conceptual. Las características tan supranaturales de la sacerdotisa y su uso y abuso como vehículo ensayístico hace que este personaje tenga trazos más planos que el resto de personajes. También es cierto que tampoco es una preocupación central de la autora el dotar de demasiada perfilación psicológica a sus otros personajes, porque el objetivo de la novela es otro, pero la simplificación de carácter es extrema en el caso de esa sacerdotisa prácticamente omnisciente y en equilibrio gaiano. Este aspecto le resta, a mi entender, valor literario al conjunto, aunque el libro debería antes tomarse por lo que es, un ensayo sobre Gaia desde una perspectiva verdaderamente gaiana y no humana - justamente desde esa perspectiva, las pequeñas miserias y pequeños triunfos humanos son demasiado irrelevantes para entretenerse con ellos, habiendo asuntos de más enjundia por dilucidar.

Hace años que sigo el trabajo de la persona que ha escrito este libro, y habiendo visto algunas charlas suyas y leído estos dos libros creo que su pensamiento ha llegado a un grado de madurez intelectual que merecería que escribiera un tratado científico de buena extensión desarrollando todas las ideas que nos ha dejado vislumbrar hasta ahora. Quizá ese tratado sería la base de un nuevo pensamiento gaiano que pueda influir en las futuras generaciones.





lunes, 31 de diciembre de 2018

Noveno año de este blog



Queridos lectores:

Como siempre por estas fechas, es la hora de hacer balance de cómo se ha desarrollado este blog durante el último año, y también como siempre he escogido una imagen significativa de los temas que hemos tratado. Este año he escogido la figura 1.19 del último informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Es una figura terrible, mucho peor que aquellas a las que la AIE nos tiene acostumbrados - y ni siquiera es la peor de este informe. Según la AIE, incluso asumiendo que el fracking estadounidense crecerá de una manera desmesurada y completamente inverosímil, incluso así, en 2025 habrá un déficit de por lo menos 13 Mb/d  sobre la demanda que para ese año se espera que sea de 100 Mb/d. En una situación no tan favorable, el déficit podría llegar a ser de 34 Mb/d. Estamos hablando de un tercio de la producción total de hidrocarburos líquidos. Y en 7 años tan solo. Después de eso poca cosa más queda por decir.

Como es costumbre, analicemos el pasado, presente y futuro del blog.


Pasado:


Éste ha sido, en muchos sentidos, un año más de  tránsito, con un precio del petróleo que amenazó con desbocarse pero que finalmente se contuvo, y que gracias a eso la situación ha sido favorable a las economías occidentales pero desfavorable a las economías que dependen de la exportación de materias primas. El auge de la ultraderecha en el Viejo Continente es tan fuerte que ahora hasta España está bajo su influencia, y Francia e incluso Alemania parecen a su alcance. En el caso concreto de España, ha sido un año muy agitado, con cambio de gobierno incluido y con el conflicto catalán a medio gas pero siempre latente.

Respecto al blog, contando éste el año se cerrará con 47 posts, uno más que el año pasado (46), que ha marcado el mínimo histórico de posts publicados aquí. Parece que hemos conseguido estabilizar el número de posts, con 20 posts contribuidos por otros autores (a los que de nuevo agradezco su generosidad y dedicación). Sigo haciendo muchos viajes al año, me sigue faltando tiempo para leer, documentarme y poder escribir más posts, pero seguimos ahí. The Oil Crash sigue siendo en un lugar de referencia donde buscar información sobre el peak oil en castellano, y afortunadamente cada vez hay más páginas donde se abordan este problema y otros conexos en nuestra lengua.



Lo que realmente ha marcado el año para este blog fue la publicación de una entrevista que me hicieron en El Confidencial a principios de diciembre. Esa entrevista, en la que discutía el problema del pico del diésel, tuvo mucha repercusión e hizo que las más mortecinas estadísticas actuales se duplicaran durante algunos días, e incluso tres semanas después siguen por encima de la media. La publicación del post "¿Trabaja usted en el sector del automóvil? Pues sepa que le están engañando" fue el origen de todo. Ese post, con un tono muy diferente al habitual, más divulgativo y menos analítico, más incisivo y menos frío, tocando un tema más cercano a la mayoría de población, ha demostrado que se puede conseguir mejorar la divulgación con estrategias más adecuadas, sin caer en el tremendismo, eso sí.

Desde el punto de vista de la estadística, las discrepancias entre Google Analytics y el propio blogger son como siempre muy amplias en cifras absolutas, debido a la diferente manera que tienen de medir las visitas. Así, según Google Analytics hasta hoy ha habido 3.940.026 visitas y se han visualizado
10.184.168 páginas, mientras que según la contabilidad interna de blogger (de la que se nutre el contador que pueden ver aquí a la derecha) el número de páginas vistas (no hay estadísticas de las visitas) ha sido de 9.851.384. Como siempre, en lo que sigue usaré las estadísticas de Google Analytics, que son más detalladas, aceptando la incertidumbre en las cifras.

Desde el 31 de diciembre de 2017 al 30 de diciembre de 2017 el número de páginas vistas fue de
945.078, un 4,5% superior al del anterior período anual (904.490). Cabe destacar que, mirando la tendencia, si no fuera por la remontada de las últimas semanas probablemente la cantidad de páginas vistas hubiera sido ligeramente inferior este año a lo que fue el anterior. El número de visitantes únicos durante el último año fue de unos 168.000, que cuando se compara con los 131.000 del año pasado nos indica un incremento del 28%, muy significativo teniendo en cuenta que el número de posts de este año es prácticamente el mismo que el año pasado. El número medio de páginas por visita sube ligeramente (2,41) y la duración media de las visitas sube ligeramente con respecto al año anterior (1'55'' este año frente a los 1'49'' del año anterior). El 80,6% de los usuarios que han entrado este año son nuevos, que es un porcentaje muy semejante al de cada período anual. Si el año pasado hablábamos de la madurez del blog y de la dificultad de ampliar la audiencia si no se escribían más posts, la experiencia con el post que mencionaba más arriba demuestra que la mejor estrategia para conseguir audiencia es escribir posts más apropiados para una audiencia amplia.

El blog sigue manteniendo una buena afluencia de público, que ha hecho que durante 2019 hayamos llegado al noveno millón de páginas vistas el 19 de marzo, a un ritmo semejante al de los últimos millones. A ritmos actuales (que se ha incrementado espectacularmente en el último mes, y se sitúa en unas 150.000 páginas vistas al mes, casi el doble de lo que teníamos en noviembre) lo previsible es que a finales de enero o principios de febrero el blog llegue a los diez millones de páginas vistas. De mantenerse el ritmo, el siguiente millón se daría también en 2019.


En cuanto a la procedencia de los visitantes, durante 2018 España siguió ocupando el primer lugar con el 79,86% de los visitantes, seguida de México (2,67%), Argentina (2,01%),  EE.UU. (1,87%) y  Alemania (1,22%). La subida de EE.UU. y Alemania desplaza a Francia y Reino Unido a las sexta y octava posiciones, respectivamente. Llama la atención la presencia de cuatro países de lengua no española entre los diez primeros de la lista (EE.UU., Alemania
, Francia y Reino Unido), aunque el año pasado también estaba aquí Italia.

En cuanto a la procedencia de los usuarios, destaca en primer lugar  los enlaces directos, seguido por los provenientes de Facebook, donde todos los artículos son publicitados. También hay muchos usuarios que acceden al blog desde el Foro Crashoil o desde diversos diarios o blogs de actualidad y especializados.

En términos absolutos (contando desde el año 2010, inicio del blog), el número de visitantes únicos ha sido de
1.496.682, mientras que hasta el 30 de diciembre de 2017 era 1.328.205. Este dato confirma que se ha  seguido produciendo reclutamiento de nuevos lectores. 

A día de hoy (estadísticas de blogger, en este caso) los 10 posts más vistos son "Un año sin verano" (2013), con 91.818 visualizaciones; "La España buena y la España mala" (2013), con 50.637; "Tus vecinos no se conformarán con un YA OS LO DIJE" (2015), con 47.214; "El pico del diésel" (2012), con 42.840 visualizaciones;
"Vidas low cost" (2017), con 41.529; "Digamos alto y claro: esta crisis económica no acabará nunca" (2010), con 41.361; "¿Trabaja usted en el sector del automóvil? Pues sepa que le están engañando" (2018), con 31.191; "La espiral" (2014), con 29.402;  "Sucedió en el Parlament" (2016), con 28.208; "El coche eléctrico delante de los eventos inesperados" (2018), con 26.085.  Dos de los 10 posts más destacados fueron publicados este año, "¿Trabaja usted en el sector del automóvil? Pues sepa que le están engañando" y "El coche eléctrico delante de los eventos inesperados", y además irrumpiendo con bastante fuerza. Son dos posts que tocan un tema de interés general y con un lenguaje muy asequible, lo que motiva su mayor interés.


Presente:

Lo más destacado acerca del blog este año es la llegada hasta los nueve millones de páginas de vistas y la estabilización del número de posts. Los comentarios siguen cerrados; ya saben que si quieren discutir sobre los temas aquí tratados y otros similares siempre pueden acudir al Foro Crash Oil.

Futuro:

Como esperaba, a finales de 2018 el blog ha ganado una mayor atención pública, gracias sobre todo al pico del diésel y las medidas precipitadas que están tomando los gobiernos para afrontarlo. Teniendo en cuenta nuestras previsiones para 2019, es esperable que haya cada vez una mayor atención pública a la temática del blog. Si se cumplen mis peores augurios, seguramente recibiré más estímulos para realizar y publicar más análisis. Ya veremos como se desarrolla el año que viene, pero por lo pronto promete ser movidito.


Que tengan Vds. una buena entrada de año y Feliz Año 2019.

Salu2.
AMT