viernes, 18 de agosto de 2023

World Energy Outlook 2022: Atropellados por la crisis energética


 

Queridos lectores:

El 27 de octubre del año pasado, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sacó su informe anual, el World Energy Outlook (WEO) 2022. Cada año dedico un post a su análisis detallado, y este año no podía ser menos. Como bien sabrán, he tenido mi blog bastante abandonado por unos meses por razones personales y de sobrecarga de trabajo. Tenía pendiente desde octubre pasado sacar este post, y aunque ya está desactualizadísimo me gustaría igualmente publicarlo por completitud, aunque sea en una versión más breve que la que hubiera querido sacar.

Un año más, el informe está accesible de manera gratuita: pueden acceder a él a partir de esta página de la web de la AIE. Se trata de un informe relativamente corto para lo que se estila la AIE, 529 páginas, de las cuales 40 son las tablas (donde, por cierto, podemos encontrar alguna información bastante interesante).

La edición del año 2022 es especialmente importante, fundamentalmente por la grave crisis energética en la que está inmersa el mundo (a pesar de la relativa tregua de los primeros meses de 2023) y por la enorme volatilidad que se está generando, de manera que resulta especialmente difícil hacer ninguna predicción en este momento, aunque por ello mismo es absolutamente fundamental hacer un diagnóstico correcto de la situación.

Teniendo en cuenta la resistencia que siempre ha manifestado la AIE a reconocer que pueda haber un problema con el suministro de combustibles fósiles, y a aceptar el peak oil en particular, a pesar de que sus efectos resultan cada vez más evidentes, no es una sorpresa encontrarse una serie de excusas comunes para justificar lo que está pasando. Por una parte, se le atribuye toda la responsabilidad del caos energético a la guerra en Ucrania; y aunque sin duda esta guerra ha agravado las tendencias de base, también es cierto que los problemas habían comenzando mucho antes. Por otro lado, dado que es imposible ajustar los modelos económicos de la OCDE en un escenario en el que el suministro de combustibles fósiles crezca sin parar, en el presente WEO por primera vez la producción de todos los combustibles fósiles en todos los escenarios previstos toca techo o incluso decae; pero en vez de reconocer que eso es fruto de las limitaciones geológicas, se insiste una y otra vez que se trata de un pico de demanda, es decir, que el mundo ha decidido no consumir tantos combustibles fósiles por la gran preocupación ambiental de sus gobiernos y grandes empresas. La afirmación resultaría risible sino fuera por las consecuencias que tiene esta ceguera deliberada (de la que he visto participar hasta a catedráticos de universidad y a cuadros medios de grandes empresas). Por tanto, no es de extrañar que de las 130 veces que se menciona la palabra "peak" la mayoría de las veces sea acompañada de la palabra "demand" (el resto de las instancias corresponde a cuestiones técnicas de la demanda pico de electricidad y hay una, muy interesante, donde se cuestiona si hemos llegado al pico de la globalización). En todo caso, el planteamiento de las previsiones de este WEO es el de los últimos 10 años: progresivo estancamiento y abandono de los combustibles fósiles y rápida substitución por sistemas de energía renovable. Por tanto, más que en sus maravillosas previsiones de futuro me centraré en el análisis de los datos que nos proporciona este WEO sobre la situación presente, y también en los aspectos más claramente disonantes de sus previsiones.

Antes de comenzar, recordemos que las previsiones de futuro que hace la AIE se organizan en torno a diferentes escenarios. Los más importantes son el escenario STEPS o de Políticas Anunciadas (sería básicamente el escenario continuista); el APS o de Políticas Comprometidas (sería uno en el que se cumplen los acuerdos internacionales, particularmente en materia de emisiones de CO2) y el SDS o de Desarrollo Sostenible. El año anterior se introdujo uno nuevo, el NZE o de Cero neto en 2050, un escenario completamente construido ad hoc para cubrir la caída geológica de la producción de petróleo. Y es que estos escenarios vienen dados por escenarios económicos modelizados por la OCDE y por tanto son externos a los modelos energéticos que utiliza la AIE. Esencialmente, los escenarios de la OCDE dan el nivel de consumo de energía que se debe tener y el crecimiento esperado del PIB, y la AIE busca como puede encajar la oferta a esos condicionantes externos. El problema que se ha ido presentando recurrentemente durante los últimos años es que hay una dificultad para hacer casar la demanda requerida por los escenarios de la OCDE con la oferta posible, particularmente de petróleo, y eso llevó a gráficas tan estrafalarias como la que vimos por primera vez en el WEO 2018, en el que se mostraba una importancia diferencia entre el petróleo que se querría consumir y el que se produciría si la inversión en poner nuevos campos de petróleo en producción era más o menos la que se venía observando, con dos escenarios de oferta extremos: que no se invirtiera nada (declive natural) o que solo se invirtiera en el mantenimiento de los pozos (declive observado).

Extraído del WEO 2018.

En los años siguientes se intentó disimular este fuerte desajuste entre los escenarios de demanda de la OCDE y los de oferta que introducía la AIE, primero en el WEO 2020 simplemente rellenando en color las franjas que corresponden a los escenarios de demanda (sin saber aún cómo se podría producir ese petróleo):

Extraído del WEO 2020.

y en el WEO 2021 introduciendo el escenario NZE, que como por casualidad se solapaba perfectamente con la franja correspondiente al escenario de oferta en que solo se invirtiera en el mantenimiento de los pozos de petróleo

Extraído del WEO 2021.

 

Este año, como veremos, se va más allá en la desfachatez y se obvia cualquier referencia a un problema con la demanda, dándose por hecho que en todos los escenarios se va a cubrir con una oferta adecuada. Pero aún así se ven cosas curiosas que luego comentaremos. 

Vayamos por fin con el análisis del documento.

Ya desde el prefacio que firma Fatih Birol, la AIE nos avisa que quieren aclarar algunas concepciones erróneas sobre esta crisis, y en particular que ésta no es una crisis de la "energía limpia". Significativa declaración: ya dicen que "defensa sin acusación, culpabilidad demostrada". Delante de los problemas que crecen en todos los sectores industriales (no solo, pero también en los que se dedican a la fabricación de sistemas de captación de energía renovable), la AIE pretende vender la idea de que lo que denominan "energía limpia" puede abstraerse de las dificultades que embargan a la totalidad de la sociedad fósil, de la cual, mal que les pese, forman parte.

Segunda "falsa idea" que la AIE pretende conjurar: esta crisis energética no supone un retroceso en la lucha contra el Cambio Climático, sino, al contrario, una gran oportunidad dados los crecientes compromisos de los grandes países en el proceso de descarbonización, ahora que también representa una vía hacia la seguridad energética. Tal visión se compadece mal de los hechos: la UE aprobó aumentar el consumo de carbón en su paquete de mayo de 2022, el REpowerEU, mientras EE.UU. suplicaba a Arabia Saudita que aumentase su producción de petróleo. Seguramente se acabará produciendo una disminución de las emisiones de CO2, pero no porque nadie apueste más por la energía renovable (algunas cosas se hacen aquí y allá, pero al mismo tiempo por ejemplo en Alemania desmantelaron un parque eólico para expandir una mina de carbón - solo un ejemplo con más impacto simbólico que real, pero ilustrativo de la verdadera situación en la que estamos) sino por la fuerte recesión económica en la que estamos entrando y, más importante y preocupante, por la creciente desindustrialización de Europa. No tengo duda de que, si el marasmo económico e industrial finalmente provoca que las emisiones bajen, la AIE lo venderá como un éxito de las políticas verdes, en vez de un síntoma del hundimiento industrial.

El último aviso de Faith Birol es que no quiere que la actual crisis ahonde la división entre los países y la tensión geopolítica. Me temo que llega un poco tarde, viendo sobre todo la gran cantidad de candidatos a ingresar en el bloque de los BRICS.

El documento en sí se estructura en 9 secciones: la primera que nos ofrece la visión general y resumen del WEO; la segunda sobre la crisis energética, origen y evolución futura; la tercera, sobre la actualización del infame escenario "Cero neto en 2050" que fue introducido el año pasado y que en el informe de este año, como cabía esperar, ha cobrado más peso ahora que la matriz energética fósil se está desmoronando; la cuarta, sobre el problema de la seguridad energética (cuestión que ya anticipábamos que cada vez tendrá más peso en las discusiones, a medida que nos quedemos sin disponibilidad de energía fósil); la quinta, sobre la previsión sobre la evolución de la demanda de energía (como si fuera una cosa desconectada de la oferta, y que nos dará pistas interesantes sobre hacia dónde quieren ir); la sexta, sobre la previsión de oferta de la electricidad; la séptima, sobre la previsión sobre la oferta de combustibles líquidos; la octava, con la previsión para los combustibles gaseosos; y la novena, para los sólidos. La estructura del documento me parece muy conveniente para analizar no solo qué está pasando sino cómo lo quiere encarar la AIE, y este año seguiré bastante fielmente la misma estructura en mi análisis, aunque a algún capítulo (como el de la electricidad) no le dedicaré mucho espacio.

1.- Visión general y resumen del WEO:

Desde el principio se nos deja claro que la invasión rusa de Ucrania tiene la culpa de todo. Se nos dice que en el actual entorno de precios altos de la energía en todo el planeta ha provocado que 75 millones de personas podrían perder acceso a la electricidad, rompiendo la tendencia de las últimas décadas, y 100 millones más volver a usar leña y biomasa en general para cocinar. También nos comentan que por primera vez en la historia de los WEOs, el escenario de referencia (STEPS) refleja una caída de la producción total de combustibles fósiles. 

 

También nos comentan que a corto plazo aumenta la demanda de combustibles fósiles porque se buscan alternativas más baratas al gas natural ahora escaso, pero que en un futuro nada lejano el incremento de la producción de energía va a ser cubierto prácticamente en su totalidad con renovables y, en algún caso, con nuclear (a pesar del problema del uranio, que luego comentaremos). 

Es curioso dónde ubica los picos (por supuesto, de demanda según la AIE) de los diferentes combustibles fósiles: en pocos años en el caso del carbón, hacia 2030 en el caso del gas natural y a mediados de los años 30 en el caso del petróleo. Es curioso porque todo apunta a que va a ser justo al revés: la producción de petróleo tocó máximo en noviembre de 2018 y no parece capaz de remontar teniendo en cuenta la fuerte desinversión desde 2014; la producción de gas debería llegar al máximo antes de 2030, y en cuanto al carbón, aunque es posible que ya hayamos pasado su máximo absoluto, éste no viene condicionado por razones geológicas y de hecho podría ser el combustible fósil con su pico final más tardío (y máxime ahora cuando se está recurriendo mucho a él para compensar los problemas del gas y el petróleo). Da la impresión de que la AIE está diciendo más bien lo que le gustaría (porque favorece a los países occidentales, menos carboníferos) que lo que realmente las tendencias indicarían.

Un aspecto también a destacar es que la AIE reconoce que en el escenario STEPS nos vamos a 2.5ºC de calentamiento global en 2100, y aún se pretende vender como algo positivo porque es un grado menos del escenario previsto antes del Acuerdo de París. Como si en estos 6 años no hubiera pasado nada, y como si el no haber incrementado tanto las emisiones de CO2 no fuera fruto de cuestiones accidentales como la pandemia de CoVid-19 o la guerra en Ucrania.

Otra cosa curiosa es que, a pesar de la fortísima apuesta por el todo eléctrico, incluso en el escenario NZE la electricidad solo llegaría a ser el 50% de la energía final en 2050 (que es el año de llegar a emisiones netas cero, según el propio nombre del escenario). Luego veremos cómo se cuadra este círculo.

Por último, se reconoce que no se está invirtiendo lo suficiente en infraestructura energética, y que eso está creando problemas de seguridad de suministro. Por supuesto no intentan entender por qué se invierte menos y dan por hecho de que la inversión aumentará para cumplir con todos los escenarios. Lo que más llama la atención es que obviamente la gran caída en inversión se debe principalmente a la fortísima desinversión en combustibles fósiles, especialmente elevadas en 2015 y 2020.

Entre las cuestiones que se discuten, está la de cómo se iba a abastecer Europa de gas el invierno pasado, con esta interesante figura.

Hay muchos elementos tramposos en esta representación. Antes de la guerra en Ucrania, Rusia representaba el 40% del consumo de gas en Europa, pero de acuerdo con ese gráfico parecería que no representa más del 20%. La clave está en que el gráfico habla solamente del suministro durante el invierno (tomado, me imagino, como diciembre-enero-febrero o algo parecido). El peso del suministro desde Noruega se ve mayor que el de Rusia, lo cual solo tiene sentido si es que estamos hablando de cuál era el suministro desde Rusia a finales del 2022, el cual, efectivamente, estuvo alrededor del 20%. Por tanto, cuando se nos hace el desglose de cómo se iba a cubrir el suministro ruso este invierno si se produce algún corte adicional es descontando todo lo que ya se ha hecho: todo el enorme incremento de gas licuado por barco (LNG) y toda la reducción de consumo que se ha hecho (en Europa, el consumo de gas ha caído más de un 20%, gracias sobre todo al parón industrial). Por tanto, la compensación que se propone ahí significa añadir a todo lo que ya se hizo, incluyendo más gas por barco, más almacenamiento (complicado, si ya lo estás consumiendo), más gas por otros gasoductos... y más ahorro. Al final, fue el general Invierano (con anomalías de temperatura de 15ºC por encima de la media en la Europa Continental) el que salvó la situación. La pregunta del millón es si este invierno volverá a pasar lo mismo...

Cuando se analizan los riesgos de seguridad de suministro de electricidad, la AIE nos da un dato muy interesante: el 65% del carbón y el 40% del gas consumidos en el mundo se usan para la producción de electricidad. En el WEO reconoce que se está incrementando el uso de carbón para ese uso (lo cual no es solo China, sino también Alemania o el Reino Unido), pero al entender de la AIE esto es algo temporal  (yo sobre eso tengo mis serias dudas, porque el carbón es el combustible fósil cuyo declive es más lento e inclusive quizá aún no se ha llegado a su pico definitivo). Justo después, la AIE reconoce que la integración de más eólica y solar en la generación eléctrica fuerza a un gran incremento de las "necesidades de flexibidad", definiendo "flexibilidad" como "la capacidad del resto del sistema eléctrico de acomodar la variabilidad en la demanda y la de la producción eólica y solar". Esencialmente, los problemas que describe Beamspot en su serie sobre "La lavadora de medianoche". Teóricamente hay cuatro maneras de proporcionar esa flexibilidad: con generación despachable, extendiendo la red, con sistemas de almacenamiento y gestionando la demanda. Pues bien, la AIE reconoce que la principal fuente de flexibilidad hasta ahora han sido las centrales térmicas, es decir, las que queman gas y carbón. Pero sus escenarios contemplan su progresiva disminución con el tiempo hasta su total desaparición, según el escenario, y que eso plantea un riesgo a la seguridad energética eléctrica. En definitiva, necesitamos el carbón y el gas para mantener la estabilidad de la red pero los vamos a hacer desaparecer aunque no sabemos muy bien cómo vamos a mantener la estabilidad sin ellos.

Otro aspecto de la seguridad energética de la electricidad que obviamente está cobrando cada vez mayor relieve es el de la fuerte dependencia del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) de materiales críticos, como ilustra la siguiente figura.


Lo que es un bastante  feo de esas gráficas es que se apilen megatoneladas de cosas diferentes, lo cual no permite apreciar la inmensidad de lo que se propone, aunque el pie de foto ya deja claro que la producción total se tiene que multiplicar por cuatro en el NZE. Para no hacer la cosa más alarmante, han mostrado solo la producción en el año 2030: recordemos que en el WEO 2021 los valores de producción a satisfacer en 2050 eran absolutamente escandalosos (e inverosímiles). En vista de la magnitud del problema, el WEO hace una loa al reciclaje, aunque sobreestima la reciclabilidad de los sistemas y no habla del enorme coste energético que comporta.

El análisis de los riesgos asociados al gas natural es un sapo difícil de tragar para la AIE: hace 11 años anunciaba la llegada de la Edad de Oro del gas, y ahora ese sueño llega a su fin. Para empezar, reconociendo una revisión a la baja en 750 bcm del consumo en 2050 con respecto al WEO del año pasado. El mayor problema del gas (con el cual se genera el 23% de toda la electricidad del mundo) es su uso para flexibilizar la producción eléctrica mundial, y es algo de mal sustituir. En cuanto a los riesgos del petróleo, nos dicen que no ven ningún problema de suministro, en particular por la caída del consumo de combustibles en coches. Para la AIE, el riesgo está en... la falta de inversión. Nos informa que nunca se había encontrado tan pocos barriles de petróleo nuevos desde 1930, y que hay riesgos asociados a la falta de campos por desarrollar y que muchos países no invierten en upstream. O sea, básicamente están hablando del peak oil pero sin llamarlo por su nombre. Porque no aclaran el por qué de esta reducción de inversión a lo largo de estos años, si todavía hay tanta demanda (hasta el punto de que Joe Biden exhortaba hace unos meses a la OPEP para que aumentase su producción). La razón, obviamente, es que ya no es rentable de explotar, como llevamos explicando desde 2014. Lo que realmente es llamativo son las gráficas sobre el consumo de energía en el transporte en los tres escenarios:


Como se puede ver, el escenario NZE implica una disminución radical del transporte. La AIE pretende justificar el enorme descenso del consumo energético en el NZE amparándose en el mucho menor consumo de energía en los modos de transporte eléctricos. Incluso aunque eso sería aceptable en el caso de los coches eléctricos, la caída del consumo de productos petrolíferos parece demasiado grande para el transporte en camiones, barcos y aviones, a no ser que se contemple una fuerte caída del uso de esos modos de transporte. Llama también la atención los comentarios sobre los problemas que pueden tener las refinerías y su impacto en la seguridad energética.

En cuanto a los riesgos asociados al carbón, no hay nada digno de reseñar, excepto la subida de consumo a corto plazo de la que habla la AIE.

Tras unos comentarios sobre la reorganización del mercado para Rusia (básicamente, se apuesta por que va a ser relativamente arrinconada del mercado mundial, algo que me parece totalmente inverosímil), hay un apartado con el título curioso: "¿Una transición desordenada es inevitable?". Según la AIE, los modelos que ellos usan describen una transición suave y ordenada, pero que las fricciones geopolíticas crean desconfianza y ponen en peligro la buena coordinación para conseguir el objetivo del cero neto en 2050 (recordemos que ni China ni India ni Rusia han participado en la COP27). La AIE da 10 recomendaciones para evitar los peores escenarios, pero son demasiado vagas y, sinceramente, poco adaptadas a los retos a los que se tiene que hacer frente.

El capítulo acaba con una visión detallada de las tendencias según países o regiones que me parece poco interesante, un apartado sobre cómo intentar aún no sobrepasar los 1,5ºC de calentamiento (simplemente imposible) y cómo de buenas son las oportunidades laborales en el sector de la energía, los cuales no comentaré.

 

2.- Análisis de la actual crisis energética y adaptación de los escenarios a la misma.

Ya desde el principio, una frase deja claro todo el planteamiento: "La invasión de Ucrania por parte de Rusia está cambiando el mundo de la energía". Hay una gráfica que encuentro tremendamente interesante: cómo ha evolucionado el flujo de gas desde Rusia hacia Europa durante los últimos meses de 2022.


Y es que aparte de mostrar una caída de más del 80% de ese flujo, deja en evidencia cómo de importante era el NordStream. Ahora que esa infraestructura está destruida (no sabemos por quién, dicen), Europa no puede ni soñar con recuperar nunca el flujo de gas desde Rusia. Actualmente, el gas que exporta Rusia vía gasoducto a Europa llega a través de Turquía o a través de Ucrania, en partes casi iguales. Si la guerra empeora, todo dependerá de Turquía, y el flujo será un 10% de lo que había sido.

No obstante lo cual, los objetivos (marcados externamente por la OCDE, recordémoslo) son que el PIB mundial tendrá que crecer un 2,8% anual de 2030 a 2050 (se acepta que hasta 2030 crezca un poco más lentamente) y que la población mundial pase de los más de 7.800 millones de 2021 a los 9.700 millones en 2050, y eso en todos los escenarios planteados, dejando claro que los objetivos económicos son inmutables.

Pero en este punto, la AIE nos presenta una gráfica que deja claro que el discurso de que la razón de la crisis energética es la guerra en Ucrania no se sostiene.


Como se ve claramente, muchos precios de referencia en el mercado de la energía comenzaron la senda ascendente durante el año 2021, revelando que ya había problemas serios antes de la guerra en Ucrania. Para explicarlo, la AIE recurre a la manida excusa de atribuírselo todo a efectos directos e indirectos de la pandemia de CoVid-19. Y entre todas esas excusas, la AIE reconoce que hay un déficit de inversión en energía que se ha hecho especialmente evidente en los dos últimos años (aunque viene pasando desde 2014, como la propia AIE reconocía en su WEO de 2018).

No me resisto a incluir una gráfica absurda, muy del gusto del discurso economicista dominante, con la cual la AIE pretende argumentar que la actual crisis energética no se parece a los del años 70, y en particular que el petróleo tiene muy poca importancia hoy en día.


Lo que muestran las gráficas, para el petróleo y para el gas, es la intensidad energética (energía consumida por dólar de PIB) en el eje vertical en frente del PIB per cápita para diversos países. En todos los países mostrados, y para el conjunto del mundo, se ve una clara tendencia decreciente con respecto al petróleo, mientras que en gas solo los EE.UU. (y el conjunto del mundo) tienen ese "buen" comportamiento.

En realidad, estas gráficas no significan absolutamente nada. Por ejemplo, si el petróleo generase siempre la misma cantidad de dólares de PIB por MJ consumido, pero se añadiesen otras fuentes de energía (se empezase a consumir más de otras fuentes, como de hecho ha pasado), la intensidad energética del petróleo disminuiría sin que ello significase que se sea más eficiente en su uso. De hecho, es por eso que la intensidad energética del gas empeora en la mayoría de los territorios: porque su consumo ha ido creciendo. Por otro lado, el hecho de usar el PIB per cápita sirve también para exagerar la fuerza de las tendencias: si el consumo de energía por dólar y habitante fuera constante durante los años, en la gráfica no avanzaríamos en la dirección horizontal, y sin embargo el aumento de población sí que haría crecer el PIB (y el consumo energético). Por tanto, lo que realmente daría una idea de si el mundo es más o menos eficiente sería representar la evolución del PIB total en frente del consumo total de energía. Claro que en ese caso la historia que nos contarían los datos no sería tan favorable. Y todo eso sin tener en cuenta que la deslocalización de las actividades más contaminantes de los países occidentales hacia China...

Llegamos así al punto en el que la AIE se cuestiona si no habremos llegado al pico de la globalización. Todo se basa en la observación empírica de que el comercio no está incrementando su peso en el PIB global, sino que más bien va disminuyendo... desde 2008.


El año 2008 no es para nada casual, y es algo que de hecho tiene mucho que ver con la caída del consumo de electricidad en las economías más desarrolladas en ese mismo período. Con todo, la gráfica es un poco engañosa, ya que se refiere al porcentaje del PIB, no al PIB absoluto, pero aún así muestra que algo está cambiando. Más aún, la AIE hace explícito su temor a que realmente el peso del comercio pueda estar tomando una incipiente tendencia negativa, aún difícil de determinar por lo relativamente breve del período y que esa tendencia es más pequeña que las fluctuaciones que se observan. Es un tema interesante en el que, de manera consciente e inconsciente, la AIE nos ha puesto sobreaviso.

Acto seguido, la AIE hace una puesta al día de sus escenarios. El NZE se ha actualizado teniendo en cuenta que, de hecho, la demanda de combustibles fósiles sigue alta y que tenemos un año menos hasta 2050 (fecha fijada para conseguir el objetivo de cero neto emisiones), pero no se hace el más mínimo comentario sobre el hecho de que conseguir mantener la temperatura en una subida de 1,5ºC para 2100 es simplemente imposible ya. Con respecto al APS, lo más interesante que se comenta es que nos llevaría a un aumento de 1,7ºC en 2100 (que, teniendo en cuenta lo comentado anteriormente, sería probablemente más bien en el entorno de 2ºC). Por último, STEPS - que, no lo olvidemos, es el escenario de referencia - implicaría una subida de la temperatura de 2.5ºC, y eso solo con una probabilidad del 50%. Es decir, en el escenario de referencia vamos al desastre global con un 50% de probabilidad, y con otro 50% a algo aún peor. Otra cosa curiosa es que en esta edición descartan completamente el escenario de Desarrollo Sostenible (SDS de previas ediciones) porque, consideran, en muchos aspectos el APS ya se le parece bastante. Lo cual no es cierto ni de broma, pero así estamos: bastante tienen con lo que tienen para meter más complicaciones.

Lo mejor es, como siempre, el escenario de crecimiento económico se ha decidido al margen de los escenarios de consumo de energía, de manera completamente exógena, y es el mismo para NZE, APS y STEPS. Y no contentos con esta aberración conceptual, se fija que el crecimiento mundial del PIB hasta 2050 sea de en torno al 3% anual. No me resisto incluir aquí una tabla donde hasta se permiten el lujo de decir cuál es el precio medio que van a tener los diferentes combustibles fósiles por región en cada escenario. Obviamente lo que pasará en la realidad no se va a parecer a nada de esto.


Se incluye después una breve descripción del problema evidente que ha habido con el fuerte encarecimiento de las materias primas no energéticas, y particularmente de aquellas necesarias en la transición.

La AIE nos dice que los altos precios están favoreciendo un aumento de la inversión para abrir nuevas explotaciones de estos materiales, y además que han favorecido una caída de la demanda (aceptación implícita de un inicio de recesión). Pero reconocen que hay mucho riesgo en el futuro de que los precios de mantengan altos porque la inversión es claramente insuficiente y que se tendrá que apostar por buscar materiales sustitutos (buena suerte con eso).

3.- Actualización del escenario Cero Neto en 2050 (NZE).

No voy a discutir los detalles de las implementaciones del NZE que se dan en el capítulo que le dedican. La sarta de disparates que se dicen en él es absolutamente apabullante. Simplemente, me conformaré con dejar aquí el gráfico de resumen de cómo piensan llegar a esas cero emisiones netas en 2050, con los principales hitos destacados.

Tenemos también la gráfica de la evolución prevista del consumo de los combustibles fósiles en este escenario. Dado que, como ya comentamos, el NZE es previsiblemente la manera con la que la AIE pretende introducir el descenso inevitable, por razones geológicas, de la producción de los combustibles fósiles, disfrazándolo de "caída del consumo" (vamos, como si fuera voluntario), es interesante echarle un vistazo a esas gráficas. Interesante y escalofriante. Las gráficas, creo yo, se comentan solas.


El resto del capítulo, como he dicho antes, me parece absolutamente carente de interés: loas a la tecnología, despliegues masivos de renovables, plantas de electrólisis, captura y secuestro de carbono, etc que no tienen ningún tipo de lógica.

4.- Seguridad energética.

Este capítulo es uno de los más críticos en este WEO, porque sin duda a medida que nos vayamos desviando de las "previsiones" se le va ir echando la culpa a los problemas asociados con la seguridad energética. Y obviamente hay muchos retos por delante, particularmente que el modelo de transición energética que se propone hacer simplemente no funciona. Pero vamos a ver qué dice la AIE.

La AIE propone un decálogo de medidas para afrontar los restos a la seguridad energética. No me voy a entretener a comentar todos sus puntos, pero sí algunos de los que encuentro más interesantes:

Uno de los puntos clave es un buen balanceo entre el mantenimiento pero progresivo abandono de la inversión en combustibles fósiles mientras al tiempo se aumenta la inversión en renovables. Esto parece la cuadratura del círculo, pero lo más llamativo es que en el escenario de referencia se necesita incrementar la inversión desde los niveles actuales si se quiere evitar un desabastecimiento hacia... ¡2025! Algo que no resulta en nada sorprendente a los lectores habituales de este blog. Otra cosa que es muy curiosa es que dice que es importante planificar cuidadosamente el final de vida de infraestructuras fósiles para evitar problemas en la transición, y que éstas tendrán que convivir durante un tiempo con las renovables antes de ir siendo progresivamente desmanteladas. Algo que nunca ha pasado antes, siempre todas las fuentes se han ido apilando, acumulando, y eso por no hablar de todas las dificultades técnicas con la falta de sincronía, despachabilidad, intermitencia, etc a las que siempre alude Beamspot. Otro brindis al Sol, en suma. De hecho, se comenta que el uso de centrales de gas está aumentando justamente para dar flexibilidad a la generación eléctrica. En sus proyecciones, aunque la generación total por centrales de gas baje, van a mantener un papel importante por su despachabilidad. Pero, claro, eso implica que se tiene que abonar a los operadores por ese servicio que están dando, si se quiere que mantengan abiertas estas centrales.

Otro de los retos a los que alude el WEO 2022 es la dificultad de mantener abiertas las refinerías, a medida que los coches se vayan volviendo eléctricos, y es que las principales ganancias de las refinerías son por la venta de gasolina, diésel y combustible para aviones, pero también son necesarias para la producción de muchos otros productos químicos. Se sugiere que haya una negociación con los gobiernos para asegurar que sigan funcionando aunque ya no produzcan combustibles, aunque el problema estaría en cómo conseguir convertir lo que antes era combustible en otra cosa.

La AIE también identifica un peligro en la pérdida de estabilidad de países que dependen de sus ingresos por la venta de combustibles fósiles, con Arabia Saudita a la cabeza. Y aunque les identifica como potenciales productores y exportadores de hidrógeno, se reconoce que eso no podrá cubrir más que una pequeña parte de sus ingresos actuales.

Por otro lado, el futuro de las industrias intensivas en energía es incierto, mencionándose explícitamente que los precios serán volátiles (y no continuamente caros, como a veces erróneamente se dice). Se comenta que en Europa la producción de aluminio cayó a la mitad en 2022 y que es previsible que otras muchas empresas cierren (como de hecho está pasando). Lo que es la monda es que para la AIE en el futuro las empresas buscarán lugares con acceso a "electricidad limpia" y en particular con sistemas de captura y almacenamiento de carbono. Es decir, exactamente lo contrario de lo que está pasando, ahora que todas emigran hacia China y los EE.UU.

Un aspecto clave de la seguridad energética en un mundo como el que concibe la AIE, con un gran despliegue eléctrico, es el de la flexibilidad. Por flexibilidad quieren decir que se cuente con medios suficientes para garantizar el suministro eléctrico y la estabilidad de la red. Hoy en día, como hemos comentado antes, se está consiguiendo sobre todo apoyándonos en las centrales de gas de ciclo combinado como último recurso. En el futuro, la AIE prevé un aumento completamente inverosími de los sistemas basados en baterías y, atención, un aumento de los ajustes de demanda que llegaría  ser hasta el 25% de la capacidad de respuesta. Es decir, cortar el suministro a ciertos usuarios si hace falta.


Y por supuesto, el suministro de materiales críticos para los nuevos sistemas renovables es otro riesgo para la seguridad energética. La AIE da números agregados de todos los materiales para que no se vea la enormidad que está proponiendo en alguno de ellos (ese multiplicar por 120 la producción anual de litio o por 42 la de níquel y cobalto que se comentaba en el WEO 2021), pero es que además hay otro riesgo no menor y cada vez más importante: casi todas las cadenas de suministro global pasan por China.

Por supuesto, la AIE confía en que el avance tecnológico hará que los nuevos sistemas renovables necesiten cada vez menos materiales escasos.

Un aspecto adicional de la seguridad energética que la AIE discute, y que considero muy interesante, es la vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas al cambio climático, principalmente por culpa de los eventos extremos (de los cuales estamos viendo muestras frecuentes por todo el mundo). Algunos datos que dan son, como mínimo, inquietantes: la eficiencia de un panel solar cae entre un 0,3 y un 0,5% por cada grado por encima de los 25ºC (y seguramente más rápido a temperaturas altas), algunos aerogeneradores no están preparados para operar a más de 45ºC, las centrales de gas de ciclo combinado pierden eficiencia  a partir de los 25ºC y las centrales térmicas de carbón y nucleares tienen problemas cuando el agua del río de donde sacan la refrigeración se calienta demasiado. Se citan además otros problemas, como el efecto de la sequía en la extracción de combustibles fósiles y de materiales críticos para la transición (porque son actividades que consumen mucha agua), las tempestades y las inundaciones, etc, etc. Hasta aquí todo bien. El problema comienza cuando intentan hacer una estimación del valor económico de los problemas que puede provocar el cambio climático. Su conclusión es que según el tipo de activo y la zona del planeta en la que esté, se puede devaluar en torno a un 1% anual. Una cantidad que me parece ridículamente subestimada (los efectos del Cambio Climático son fuertemente no lineales) pero que a pesar de ello puede ser inquietante para un inversor.

5.- Evolución de la demanda energética:

Al principio del capítulo nos presentan una gráfica que resume la evolución de la demanda según los tres escenarios.


En todos ellos, la demanda de combustibles fósiles cae (en el NZE, el que más). En todos ellos, la demanda de energía renovable sube (de nuevo, en el NZE, el que más). Y el único escenario en el que la energía nuclear tiene un aumento apreciable es el NZE. Lo cual es curioso teniendo en cuenta que la extracción mundial de uranio esta un 23% por debajo del máximo histórico, en 2016, y eso gracias a que el último año Canadá aumentó considerablemente su producción, que si no la caída sería mayor.


Pero en este WEO, como suele pasar, no se menciona en ningún momento el uranio y sí muchas veces la energía nuclear, como si la primera no fuera una materia prima energética indispensable para la segunda. Supongo que porque saben de sobra que la producción de uranio solo puede caer (como ya indicaban hace 12 años los modelos geológicos), y más con lo que está pasando en África (de lo cual hablaremos en un próximo post).

Una cosa interesante de este capítulo es que se trata la demanda independientemente de la oferta. Esto resuena con la situación actual, en la que la producción de todos los líquidos del petróleo está unos 4 Mb/d por debajo de la demanda y la diferencia se está cubriendo con las reservas de los países, mientras esto sea posible. A estos ritmos de declive, si se estuviera utilizando de manera homogénea todos los tipos de petróleo y refinados almacenados, se necesitarían unos cuantos años para acabar con los almacenes, y creo que por eso se hace esta disociación entre oferta y demanda, para justificar que se puede temporalmente exceder la capacidad de oferta, hasta que se produzca el ansiado "pico de demanda".

El capítulo en sí me parece poco interesante: comenta sobre la producción de hidrógeno verde (insignificante en todos los escenarios excepto en el NZE, donde en todo caso tampoco es demasiado), de los ahorros en consumo debido a cambios de comportamiento en Europa, etc. A estas alturas y con el fuerte parón industrial en Europa, todas esas discusiones han quedado muy obsoletas, y no ha pasado ni un año.

En cuanto a las emisiones de CO2, hay una gráfica muy reveladora: en qué año se agotaría el nivel total de emisiones de CO2 previsto en el NZE para 2050 si las emisiones mundiales per cápita fueran como son actualmente para diferentes regiones del mundo.

Respuesta: solo si el nivel global de emisiones per cápita fuera como el que actualmente tiene África se podría cumplir el objetivo NZE. Lo cual lo hace, ciertamente, muy inverosímil y pone en perspectiva la capacidad real de implementar ese escenario.

Sería también tierna, si no fuera tan absurda, la discusión sobre la cantidad de energía eléctrica extra que se necesitará para operar los aires acondicionados que necesitarán vastas extensiones del planeta, sobre todo en los escenarios de Cambio Climático. Como si tal cosa fuera posible, como si ésa debiera ser la estrategia...

6.- Evolución de la oferta de electricidad:

Capítulo con poco interés, desde mi punto de vista, ya que se basa en suposiciones muy poco realistas. Se intenta disimular que los niveles de consumo de electricidad en Europa y los EE.UU. son inferiores a los de 2008 a base de comparar el año 2010 con el 2021, para que se vea una pequeña subida (por cierto, desaparecida por completo en 2022, por supuesto). Aún así, va a subir el consumo de electricidad y tralará. Dada la experiencia y los datos de los 15 últimos años, se echa en falta mucho más realismo a la hora de abordar esa presunta electrificación masiva de la sociedad. Para el que le interese, dejo aquí las proyecciones que hace la AIE. No se las tomen demasiado en serio: dentro de unos pocos años, serán otras muy diferentes.


Lo que es gracioso es que este tremendo despliegue de renovables, nos dicen, obligará a que se aumente de manera gigantesca la "flexibilidad", es decir, la capacidad de cubrir con fuentes despachables las posibles intermitencias de las fuentes renovables modernas (eólica y fotovoltaica), hasta el punto que para 2030 la flexibilidad deberá ser de hasta el 50% de la generación eléctrica a ciertas horas. ¿Y saben cómo se va a cubrir esa flexibilidad? Adivinen...

Las previsiones para el escenario NZE ni las ponen porque deben ser abrumadoras. Lo que obviamente no se sostiene de ninguna manera es el enorme incremento del uso de baterías (la cantidad de materiales requeridos y su coste serían prohibitivos), y lo que va a ser curioso es la "respuesta de la demanda", que yo creo que es donde efectivamente va a haber la mayor reacción, pero de la peor manera posible (contracción industrial y disminución del consumo doméstico por empobrecimiento generalizado y cortes de suministro).


7.- Evolución de los combustibles líquidos:

El capítulo comienza con una gráfica reveladora, que pongo aquí para comparar con lo que pase los próximos años: cuándo espera la AIE que se produzca el pico "de demanda" de petróleo según los diversos escenarios.


Es decir, el pico se produjo en 2021 según el escenarios NZE, será en 2024 en el  APS y en 2035 en el STEPS. Aquí, de nuevo, se recalca la separación entre demanda y oferta. Con los actuales niveles de producción de crudo+condensado un 3% por debajo de los niveles de noviembre de 2018 y con fuerte tendencia a la baja, se tiene que mantener la ilusión de que se mantendrá la demanda, a base de ir vaciando los almacenes de la industria y la reserva estratégica de los países occidentales. Por supuesto, la situación es insostenible y la demanda caerá bastante antes del 2035 del escenario de referencia, el STEPS. Actualmente estamos en máximos de demanda de petróleo, con 103 Mb/d, y de seguro será imposible mantener estos niveles y más con la desindustrialización en marcha en Europa.

Adjunto la tabla de resumen de la producción y demanda porque muestra cosas interesantes, pero sobre todo una: la caída de la producción de petróleo crudo convencional.

Como sabemos, la producción de petróleo crudo convencional tocó su máximo entre 2005 y 2006, en 70 Mb/d. Consiguió mantenerse en ese nivel durante unos pocos años pero, según la tabla de arriba, en 2010 ya había bajado a los 66,8 Mb/d y en 2021 ya era de 60,1 Mb/d. Esto sin duda significa que el peak oil del petróleo crudo convencional está más que pasado (hace 18 años, ahí es nada) y lo que cabe esperar es que a partir de ahora su caída se acelere. Teniendo en cuenta eso, el único escenario que muestra valores de producción realistas de caída es el NZE y, recordemos, esto es por caída de la oferta por razones geológicas, no por una supuesta caída en la demanda. Pero NZE no es (aún) el escenario de referencia, sino STEPS, el cual prevé... ¡un ligero aumento de la producción! El resto de categorías también muestran signos de sobreestimación, pero la desviación más grande está en la de crudo convencional. Con tal negación de la realidad y la sistemática y grosera sobreestimación de las posibilidades reales de producción (repasen las previsiones que lleva haciendo la AIE en los informes de la última década) está claro que los escenarios de la AIE no son demasiado fiables.

Hay un par de cosas más a destacar de la tabla. Uno, que se está usando la categoría "líquidos del gas natural" (NGL) para enmascarar la gravedad de la situación. Efectivamente, sin los NGL (y las absurdamente contabilizadas ganancias de proceso) la producción total de todos los líquidos del petróleo pasó de 70,7 Mb/d en 2010 a 72,1 Mb/d en 2021, es decir, un incremento de solo 1,4 Mb/d en 11 años; contando con los NGL se había pasado de 83,4 Mb/d a 90,3 Mb/d, es decir, un incremento de 6,9 Mb/d en ese mismo período. En suma, prácticamente todo el aumento de la producción de "todos los líquidos del petróleo" se debe al incremento de los líquidos del gas natural, los cuales han aumentado porque, como sabemos, la producción de gas natural aún no ha tocado techo (aunque lo hará en los próximos años). Pero resulta que los NGL son mayoritariamente (90%) una mezcla de butano y propano, que no se pueden usar para hacer combustibles líquidos y que se utilizan para la producción de polímeros y plásticos en las refinerías. Es por eso que contabilizar los NGL junto con el resto de categorías siempre ha sido un poco engañoso, es por eso que la producción de diésel cae desde 2015 y es por eso que no se refleja la gravedad de la situación actual. En realidad, el máximo de lo que se denomina crudo+condensado (es decir, todo menos los NGL) tocó máximo en noviembre de 2018 y no se recupera desde entonces (y todo indica que va a entrar en una senda fuertemente descendente en breve):

Evolución reciente de la producción mundial de crudo+condensado, datos de la Energy Administration Information d elos EE.UU. Gráfica sacada de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/april-non-opec-and-world-oil-production-drops/

 

Es tremendamente preocupante que, delante de una realidad de los datos cada vez más desfavorable, la AIE haya optado por estas tácticas que prácticamente se podrían calificar de desinformación. Entre otras cosas porque los gobiernos están completemente confundidos sobre los peligros que nos acechan a pocos años vista, y el riesgo claro de que el actual declive se acelere rápidamente.

8.- Evolución de los combustibles gaseosos:

En un informe especial de la AIE del año 2011 se nos decía que el gas natural era "el combustible de futuro" y esperaban para el una nueva "edad de oro". Once años después, en el informe de 2022, la AIE se plantea si el gas natural "está perdiendo gas". Claro, ¿qué otra cosa podría decir después de la crisis de suministro que sufrió Europa el año pasado y que está lejos de estar resuelta?

No hay una gráfica decente de la evolución prevista para la demanda de gas natural (aquí de nuevo se juega a desvincular la demanda de la oferta, aunque los almacenes de gas son sensiblemente más pequeños que los de petróleo y por tanto están mucho más unidas). La única gráfica que he sacado es la de esta lamentable infografía al principio del capítulo.



Se ve que incluso en STEPS se prevé muy poco crecimiento, y en APS y NZE las caídas son más que significativas. 

Todo lo que se había dicho hace una década de usar el gas natural como combustible de transición, de su papel en el transporte con vehículos de gas natural comprimido... Todo queda en agua de borrajas ahora, no completamente demolido pero sí muy diluído. Como para fiarte de las recomendaciones de la AIE. Tan clamoroso es el fallo que han tenido que incluir una gráfica comparando lo que dijeron con lo que dicen (solo para un subgrupo de países, los de menos consumo, para amortiguar un poco la vergüenza): juzguen Vds. mismos.

 

Claro, no pueden desdecirse del todo, y pretenden compensar el evidente fiasco de sus recomendaciones pasadas hablando ahora de "combustibles gaseosos", lo cual incluye otros combustibles fósiles (supongo que GLP), biogases y, cómo no, hidrógeno. Aún así, no se modifica mucho el lamentable cuadro anterior.


Como se ve, la parte del hidrógeno verde es bastante pequeña en STEPS y APS y solo gana importancia en NZE, pero de manera muy conveniente han incluido en la misma categoría lo que viene de la electrólisis con lo que viene de bioenergía, que básicamente es otra forma de producir biogás a partir de materia orgánica (solo que es directamente hidrógeno, no metano). No detalla cuánto hay de cada, aunque sospecho que la mayoría sería bioenergía porque la electrólisis es una ruina. La pregunta es: ¿qué sentido tendría usar materia orgánica para producir hidrógeno cuando resulta mucho más conveniente y manejable -y sencillo- producir metano? Otra más de las barbaridades técnicamente infundadas de los informes de la AIE.

Una parte importante del capítulo se dedica al caso de Europa después de la invasión rusa de Ucrania. Muy reveladora la tabla de la dependencia de los diversos países europeos en el gas ruso en 2021.


Y cómo se supone que la Unión Europea iba a compensar esa dependencia, tanto a nivel de oferta como de demanda (nuevos proveedores), de acuerdo con el escenario APS.

Ahora que han pasado unos meses podemos decir que todo parecido con la realidad es pura coincidencia. En realidad, la Unión Europea sigue importando muchísimo gas de Rusia solo que a través de países intermedios, y así por ejemplo en el caso de España Rusia ha pasado a ser el segundo suministrador de gas, cuando antes era bastante marginal. En todo caso, la AIE nos ofrece un cuadro claro de cómo se va a materializar la salida de Europa de su dependencia del gas ruso en el escenario APS.


Es decir, básicamente el consumo se va a ir reduciendo a la par de las importaciones del gas de Rusia, siendo ligeramente compensado por el aumento de las importaciones de gas natural licuado (LNG), las cuales vendrán en una buena parte de Rusia a través de terceros países. Un plan sin fisuras.

En este capítulo encontramos algo que hace tiempo que me venía temiendo. Cuando la actual burbuja renovable acabe de explotar (probablemente no más allá de 2025) y se vea que no hay niguna posibilidad de hacer una sustitución energética masiva basada en fotovoltaica y eólica, los grandes fondos de inversión se dirigirán hacia nuevos nichos de mercado, intentando apuntalar un sistema que cada vez más claramente se muestra como insostenible. Durante bastante tiempo he especulado sobre hacia dónde se van a dirigir esos esfuerzos, dónde va a estar la próxima burbuja una vez ésta estalle, y hace ya un par de años que llegué a la conclusión que sería la biomasa, los biocombustibles y el biogás. Y entonces va la AIE y pone esta espeluznante gráfica.

 

Como ven, están considerando qué parte del consumo actual de gas en Europa se puede llegar a cubrir con biogas producido de la biomasa. Por supuesto, no son conscientes de que en una sociedad deprivada energéticamente habrá menos residuos orgánicos, porque ademas muchos de esos residuos dependen del actual consumo de petróleo (para el uso agrícola, para las importaciones de alimentos) y que la biomasa forestal debe ser gestionada de manera sostenible so pena de irla degradando. Nada de eso entra, y se dan unos porcentajes de cobertura de la demanda que, a pesar de que puedan parecer relativamente pequeños, no son realistas en absoluto si se quisiera hacer una gestión sostenible. Las espadas se están afilando ya para el asalto a la siguiente gran burbuja de inversión, con todo el rastro de degradación ambiental que dejará tras de sí.

9.- Evolución de los combustibles sólidos:

Bajo este epígrafe encontramos el carbón y la biomasa sólida (principalmente leña) - no esperen encontrar el uranio, que por lo que se ve no es sólido, líquido o gaseoso, o no es combustible (en sentido estricto no lo es, puesto que no experimenta una reacción química de combustión o combinación con oxígeno, aunque se suele hablar de "combustible nuclear"). De hecho, en todo el WEO, la palabra "uranio" aparece solo 3 veces: dos, mencionando la importancia estratégica de Rusia en ciertos materiales, y una más, hablando de los riesgos de la cadena de suministros de materiales críticos, mencionado como uno más de una larga lista. La omisión a toda previsión sobre el suministro de uranio, habitual en los informes anuales de la AIE, es otra más de las anomalías consentidas que debería hacer saltar las alarmas en los gobiernos que se basan en estos informes para diseñar sus políticas. Pero todo el mundo parece estar conforme con este estado de cosas.

En fin, yendo a lo que sí se trata en este capítulo, comencemos por esta gráfica de resumen.

Hay varias observaciones a hacer de esta gráfica. En primer lugar, como ya hemos dicho la previsión de que el consumo de carbón va a bajar bastante rápidamente en todos los escenarios parece poco probable. Precisamente el año pasado el consumo de carbón se incrementó un 3,3%, y aunque hay importantes dificultades logísticas para aumentar mucho el consumo de carbón, y el declive del petróleo afectará sin duda a la distribución desde las minas, teniendo en cuenta las limitaciones geológicas (que son bastante menores en el caso del carbón que en el del petróleo y del gas) es bastante probable que de todas las materias primas no renovables el carbón tenga la producción que decaiga más lentamente, máxime cuando la caída del petróleo fuerce a buscar alternativas. Ya lo estamos viendo con el viraje hacia el carbón de China y Alemania, y lo seguiremos viendo en los próximos años. Por desgracia, porque el carbón es el combustible más intensivo en emisiones de CO2 por caloría producida. Así pues, los escenarios que enuncia la AIE parecen más fruto del deseo y más bien del agrado de Occidente, que consume menos carbón, pero no son realistas.


La segunda observación tiene que ver con lo que denominan "bionergía sólida moderna". Este término incluye diversas cosas, pero lo más notorio son los infames pellets. Es decir, leña procesada para hacer más eficiente su combustión en calderas especiales, ya sea para la producción de electricidad o de calefacción. La elaboración de los pellets conlleva un gran gasto energético de transformación, con una componente nada desdeñable de combustibles provenientes del petróleo, y es seguramente una forma poco eficiente de aprovechar la leña, pero resulta muy conveniente para mantener los sistemas de altas prestaciones modernos. Y lo que es realmente alarmante es el gran aumento que se prevé para esta "bioenergía sólida moderna", lo cual parece estar en línea con la futura burbuja de la biomasa que comentábamos antes. En el caso del escenario NZE, nos detallan cuál será el origen de esta biomasa:


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En resumen, este WEO muestra una gran desorientación en cuanto a las causas de la crisis energética que estamos viviendo y una falta de realismo sobre los mecanismo propuestos para afrontarla. El vicio mayor consiste en suponer que el escenario macroeconómico de la OCDE se va a cumplir, lo cual es cada vez más incompatible con la realidad física de las posibilidades de suministro. A pesar de las flagrantes falacias, a pesar de los numerosos errores conceptuales, seguiremos apostándolo todo a un modelo de transición imposible mientras la realidad nos va atropellando. 

Dentro de un par de meses la AIE sacará su informe de este año, y en esta ocasión espero hacer una revisión en pocos días. Y entonces podremos comparar lo que decían el año pasado con lo que van a decir este, al tiempo que nuevos problemas que se barruntan en el horizonte empezarán a materializarse. Lo que desde luego no esperamos encontrar es sinceridad y objetividad.

Salu2.

AMT



Salu2.

AMT

viernes, 4 de agosto de 2023

Energía en Latinoamérica: de exportadores a importadores endeudados

Queridos lectores:

Un año más, Demián Morassi nos ofrece su análisis sobre la situación energética en Latinoamérica. Un imprescindible de cada año, que nos permite ver cómo evoluciona la situación energética en una región con muchos retos e incertidumbres por delante.

Les dejo con Demián.

Salu2.

AMT

 

Energía en Latinoamérica: de exportadores a importadores endeudados 

Latinoamérica está en su cresta de la ola, la espuma del consumo supera ya a lo líquido de la producción... la espuma nos muestra un 2022 como año récord en el consumo energético, es espuma, ya veremos que por un lado no dura mucho y no hay que perder de vista la masa en movimiento de la producción, y por otro es engañosa, cada vez la proporción de la energía consumida que se tiene que derivar en la producción energética es mayor y queda menos para el consumo industrial o individual.

La producción de energía en Latinoamérica tuvo su pico en 2015, año en que empezamos a escribir estos informes basados en el Statistical Review of World Energy realizado hasta el año pasado por BP y desde este año por Energy Institute. Desde ese momento la producción de energía transitaba por una meseta que se rompió con la pandemia y cuyo rebote no ve signos de volver a los tiempos de más acción.

Detallaremos cómo se mueve ese oleaje en la tempestad de las distintas fuentes energéticas y algunos efectos puntuales sobre la sociedad.

El petróleo

La energía más producida y más consumida en la región tiene un momento de respiro en su largo declive. Desde su pico en 2006 con el rápido declive de Cantarell en México, sus años de crecimiento relativamente importantes fueron 2014-2015 cuando el precio del barril estaba por las nubes y ahora en 2022. 


Hay tres elementos importantes para entender lo que sucedió el año pasado. El primero es la puesta en marcha de la producción de la cuenca descubierta en Guyana (que comparte con Surinam y en menor medida con Venezuela y Guyana Francesa). La producción en Guyana ya equivale a la mitad de lo que produce Ecuador, en 2022 legó a los 278.000 barriles diarios (b/d) contra los 110.000 b/d del año anterior. En Surinam pronosticaban comenzar la producción offshore este año pero lo han pospuesto para 2027.

El segundo elemento, otros grandes saltos en la producción brasilera de 117.000 b/d para llegar a 3,1 millones de b/d y en la Argentina con 78.000 b/d extra para llegar a los 706.000 b/d.

El tercero la reactivación de la producción en Venezuela luego de años de caída. Uno de sus problemas era la falta de algunos petróleos condensados necesarios para poder refinar su crudo, en ese sentido Irán no sólo les exporta lo que Venezuela necesita sino que a la vez llevaron técnicos para reparar refinerías dañadas tras años de abandono. Además la llegada de Biden trajo un "alivio a las sanciones" en 2021 a partir del diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición. Se le permitió la importación de gas de EEUU y a fines de 2022 el gobierno estadounidense le permitió a Chevron operar en Venezuela y se espera que aumente la producción en 2023 en al menos 100.000 barriles diarios sobre el aumento de los 55.000 de 2022.

De todos modos se puede ver que la producción está lejos de los valores de hace una década.

Si la producción total dio un salto importante (444.000 b/d) el consumo dio un salto mayor (703.000 b/d) para ubicarse a 50.000 b/d del total producido. A grandes rasgos, casi todo lo que se consume en la región es de producción propia.


Gas natural

La producción de gas volvió a los niveles de la línea de declive que llevaba antes de la pandemia. Sólo dos países pudieron superar los niveles de 2019: Brasil y Venezuela; y otros dos pudieron retornar a esos valores: Perú y Argentina. Los demás mantienen el declive por causas geológicas principalmente. 

La suba en la producción en Venezuela tiene la misma explicación que para el petróleo y lo mismo sucede en Brasil con el crecimiento sostenido de la cuenca offshore presal Santos (que representa cerca del 75% de toda la producción hidrocarburífera brasilera).

En Argentina el aumento en la producción de gas depende del desarrollo de Vaca Muerta. Mientras escribo estas líneas se inauguraba “la obra de transporte de gas más grande de los últimos 40 años” (así lo comunica el gobierno), un gasoducto de 573 Km de extensión que se conecta con el gasoducto troncal que abastece la provincia de Buenos Aires. Con esta obra Argentina se evitará importar gas en los siguientes años (unos 12.000 millones de dólares se fueron en gas en 2022 que dejaron la balanza comercial en rojo por 4.400 millones de dólares). En Argentina el gas es el principal insumo energético, a diferencia del resto de países de la región que dependen principalmente del petróleo.

En cuanto al consumo, los números fueron en caída. La región sigue siendo importadora neta y los precios del gas natural se fueron por las nubes. El bloqueo a Rusia a partir de la invasión a Ucrania llevó a valores no vistos desde 2008. Si bien los precios se desinflaron en 2023 la demanda local debe competir en un mercado global que llevó a pasar a Europa un frío invierno de ahorro forzoso.

Uno de los factores no energéticos de la demanda de gas tiene que ver con el aumento del uso de fertilizantes nitrogenados debido al avance de la frontera agrícola, especialmente durante el periodo de Bolsonaro en Brasil, con el desmonte indiscriminado en la selva amazónica (sólo en los últimos cuatro años de Bolsonaro se desmontaron más de 40.000 Km² de selva, algo así como la superficie de Suiza). Más de la mitad de las importaciones dependen de Brasil (cuarto consumidor a nivel global). El aumento en la región de un 4% de los distintos fertilizantes le costó un 137% más que en 2021 por el aumento de los precios (Rusia es uno de los principales exportadores hacia Latinoamérica). La producción local viene en aumento pero compite con el consumo de gas para otros usos (calefacción, energía eléctrica y otros usos industriales).

Carbón

La producción y consumo de carbón en la región es escasa. Sólo en Colombia la producción representa una importante fuente de divisas, especialmente el año pasado por el aumento del precio. Los principales importadores del carbón colombiano son países europeos. A pesar de eso la reactivación post pandemia está lejos de volver a los niveles de 2019. Las principales demandas internas son de México y Chile pero lejos de los años de mayor consumo.


“Renovables”

Las energías no hidrocarburíferas siguen aumentando. Se destaca en 2022 la solar casi duplicando los valores de 2020, año en que había superado a la producción de energía nuclear. La hidroeléctrica volvió a producir valores cercanos a los picos de 2011-12 y la energía eólica sigue creciendo linealmente.

Estas energías dependen en última instancia del avance de la electrificación. La transición a la movilidad eléctrica sigue estando lejos de convertirse en alguna solución para una descarbonización con crecimiento económico pero su auge es innegable y en la región están algunas de las principales reservas de litio (Argentina, Chile y Bolivia) donde las multinacionales, los estados y las comunidades que habitan esos territorios aún no han llegado a un modelo productivo que satisfaga a todos los actores.


Consumo versus producción

El consumo energético en la región llegó a un nuevo récord, sin embargo, al superar a la producción, dependerá cada vez más de una economía robusta que permita costear las importaciones futuras.


El aumento sostenido de las renovables y un año más de crecimiento en la producción de petróleo y gas con una demanda en aumento constante no pueden tapar el carácter geológico del declive energético que no sólo arrastra a un decrecimiento económico en la región sino también a un sinnúmero de inconvenientes políticos para sus gobernantes si no logran distribuir las riquezas obtenidas por lo sectores que se siguen enriqueciendo. Desde 2015 casi ningún presidente ha logrado ser reelegido (sólo Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua) a diferencia de lo que solía pasar en la década anterior donde era poco probable que ganen los opositores. La región sorteó el declive productivo tomando deuda. La deuda externa se duplicó con respecto a los valores de 2010 mientras el PBI per cápita nunca volvió a los niveles de 2014 y, por el contrario la pobreza extrema casi se duplicó de 7,8% en 2014 a 13,1% en 2022. Para 2021  ya el 1% más rico concentraba más riquezas que el 50% más pobre.

Las necesidades de descarbonización son cada vez más evidentes, estos gráficos sirven para ver el casi nulo efecto que tienen las alarmas climáticas en la estrategia energética e industrial de esta región. Hay mucho para hacer.


 

 

domingo, 30 de julio de 2023

De colapsistas y ecofascistas

 

Queridos lectores:

Hace tiempo que le vengo dando vueltas a la conveniencia o no de discutir en este blog sobre la artificial polémica inflada desde un partido político español contra algunos miembros de la academia española, entre los cuales por desgracia me cuento yo mismo. Hasta ahora he sido bastante reacio a comentarlo, más que de vez en cuando en el momento en que me preguntan por ello en las conferencias, porque no me ha parecido que fuera tema de discusión técnica (que a mi entender es en la que me tengo que centrar) y porque además, al afectarme a mi personalmente, mi visión no puede ser imparcial. Sin embargo, en vista de que la tempestad no amaina sino que arrecia, que esta monserga dura ya más de un año, y por las implicaciones que tiene para nuestro futuro, he creído conveniente escribir esta entrada en mi bitácora para dar mi punto de vista sobre tan desgraciado asunto, máxime porque de otro modo solo se oye el continuo runrún de nuestros detractores sin que en ningún momento nos defendamos nosotros mismos. Va por delante, quede claro, que éstas son solo mis impresiones personales por los hechos que relataré, tal y como los he vivido y entendido yo, y que por tanto es visión de parte: además de esto, lea el lector lo que considere conveniente y sáquese su propia impresión.

Como digo, mi visión sobre este asunto es muy subjetiva, y para entender mejor mi punto de vista haré mi relato cronológico de los hechos que creo relevantes.

El problema se centra en una persona concreta, Emilio Santiago Muiño, aunque algunas otras personas (como Héctor Tejero, Xan López o Jaime Vindel) han tenido un papel destacado en esta historia. Emilio Santiago es en la actualidad Científico Titular del CSIC en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología. Su tesis doctoral versó sobre el Período Especial en Cuba y de cómo la falta repentina de petróleo proveniente de la Unión Soviética tras su colapso indujo un reverdecimiento forzoso de la revolución cubana. Durante años, Emilio Santiago ha estado vinculado a los grupos académicos que han trabajado sobre la crisis ecosocial y la llegada de nuestra civilización a los límites planetarios. Yo le conocí de la mano de Jorge Riechmann, con quien colaboraba, y nuestra relación fue siempre cordial. Con el tiempo fuimos coincidiendo en más seminarios y actos, e inclusive él me invitó a participar en algún acto del colectivo "Rompe el círculo" de Móstoles, la ciudad madrileña donde reside, o el año pasado en un curso organizado en su centro.

En un momento determinado, Emilio Santiago comenzó a implicarse en la política institucional, y me da la impresión de que fue a partir de entonces que la cosa empezó a torcerse. Le nombraron director técnico en el Ayuntamiento de Móstoles y a partir de aquí comienza a involucrarse en profundidad en el partido Más Madrid. En algún momento conoció a Héctor Tejero (quien, según sus propias palabras, lleva más de 20 años trabajando en política) y escribieron juntos un libro que probablemente es la piedra fundacional de su apuesta política personal.

El libro de Santiago y Tejero, que en su día leí (con cierto esfuerzo, dado lo plúmbeo de su prosa y lo escaso de su contenido real) hace una apuesta decidida por lo que ellos denominan el Green New Deal, y de paso denostan las ideas del decrecentismo por no ser "políticamente fértiles" y "propias de las torres de marfil de la academia". A mi, en su día, cuando leía estas cosas, me daba igual, por varios motivos, pero el más importante era porque creo que nadie está en posesión de la verdad, yo tampoco, y quién sabe si su proyecto podría tener éxito: al final, lo mejor es que cada uno intente tirar adelante sus ideas y esperar que entre todos se pueda construir algo mejor. Yo por supuesto les deseaba lo mejor en sus emprendimientos.

Se tiene que decir, empero, que su elección de términos no podía ser más desafortunada. Green New Deal es el mismo término que utiliza la UE para referirse a su iniciativa de capitalismo verde 2.0, e incluso en los EE.UU. es un término que no tiene las mismas connotaciones que tenía para Santiago y Tejero. Su proyecto fue recibido con ésta y otras críticas (yo lo comenté un poco lateralmente), y poco más sucedió.

Pasó el tiempo. El GND de Santiago y Tejero nunca llegó a tener ninguna repercusión más allá de ciertos cenáculos de la izquierda más exquisita. Entre tanto, la incipiente crisis energética hacía que los medios de comunicación de España prestasen más atención al trabajo de algunos académicos y divulgadores españoles, y al mío entre ellos. Comenzó entonces un goteo constante de entrevistas, artículos, apariciones en radio y televisión... Poco a poco, el concepto de decrecimiento comienza a ser más conocido en España, quiero creer que en parte por las menciones que conseguimos colar por aquí y por allá.

En un momento dado, Emilio Santiago anunció a los transitábamos por allá que abandonaba una lista de correo que fundamos hace ya muchos años diversas personas de instituciones y asociaciones preocupadas por la crisis de los recursos y particularmente por los energéticos, aparte de por otros problemas de sostenibilidad. Decía no sentirse cómodo con los planteamientos que en ella a veces se hacían, y que en ocasiones se sentía atacado. En aquel momento me apenó tal decisión, pero al poco supe que había "fichado" de manera más formal por Más Madrid, y entendí que pertenecer a aquella lista de email de frikis pirados podía ser comprometido para su carrera política.

En junio de 2022, Juan Bordera, Alfons Pérez y yo publicamos un artículo en CTXT sobre los previsibles planes de los países del norte de Europa de usar España y otros países del sur como colonias energéticas. Ese artículo fue respondido por otro, publicado en la misma revista, firmado por Emilio Santiago, Héctor Tejero y Xan López, con un tono que solo puede ser clasificado de salvaje y despectivo. A mi me sorprendió y me desagradó el tono tan agresivo de la respuesta, máxime cuando los argumentos en la misma brillaban por su ausencia. Para más inri, se permitían la licencia de decir que con nuestros argumentos les dábamos alas a la ultraderecha: poco más o menos nos venían a acusar de vendidos al capital. Replicamos, claro está, y ahí quedó la cosa, aunque yo ya veía que algo estaba mal, muy mal...

A principios de julio de 2022, un redactor de El País de cuyo nombre no quiero acordarme me solicitó  una entrevista para conocer de primera mano mi opinión sobre la transición renovable y por qué yo veía tantos obstáculos. Aprovechando que yo tenía que ir a Madrid, quedamos en un café cerca de Atocha y conversamos durante una hora y cuarto. Durante esos 75 minutos yo desgrané con mucha minuciosidad los problemas e inconvenientes que plantea el modelo de Renovable Eléctrica Industrial que se nos quiere imponer como único modelo posible y solución de todos los males. En un momento de aquella larga conversación, me preguntó mi opinión sobre el colapso, y yo le dije que ése era un tema que no me interesaba. Como quiera que insistiera, le dije lo mismo que hace años que digo: que el colapso es un proceso, que viene causado por el empecinamiento de las sociedades en soluciones que no funcionan y que siempre es reversible si se abandonan aquellas prácticas que le hacen daño a la sociedad. Nuestra conversación sobre el colapso debió ocupar un par de minutos de aquellos 75 de conversación.

En agosto de 2022 se destapa el pastel: se publicó el reportaje en El País, y fue absolutamente vergonzoso e indignante. Ya el título del artículo dice muy claramente de qué va y con qué intención se ha escrito: "El discurso del colapso divide a los ambientalistas españoles" - no esperen encontrar el enlace aquí, es política de este blog no poner enlaces a medios españoles. En el texto, se me presenta a mi como poco menos que el padre de los colapsistas españoles. De una manera ventajista - y concertada, como se vio en los meses que siguieron - en ningún momento se define el término. Como suele decir Manuel Casal Lodeiro, ya ni siquiera estamos de acuerdo en una definición de lo que es un colapso para empezar. Pero para seguir, ¿qué es un colapsista? ¿Una persona que estudia el proceso del colapso desde una perspectiva académica? ¿Una persona que atisba el riesgo de colapso e intenta prevenirlo? ¿O alguien que desea morbosa y enfermizamente que llegue ese colapso? En ese artículo, como en el abusivo uso que las personas implicadas han hecho del término después, no se dice, pero es obvio que quieren dan a entender la tercera opción. Es decir, un colapsista es una mente enferma y desquiciada que desea que pase lo peor.

El artículo está estructurado de modo que hay dos bandos: los colapsistas, que son los villanos, y los no-colapsistas, que son gente que está haciendo cosas útiles y tienen una actitud positiva para abordar los problemas que tiene nuestra sociedad. En el bando de los villanos, aparte de un servidor, se encuentra Juan Bordera, Margarita Mediavilla y Alicia Valero; del bando de los héroes, Eloy Sanz, Pedro Fesco, Héctor Tejero y Andreu Escrivá. Es decir, los villanos son un científico, dos profesoras universitarias y un activista ambiental, mientras que los héroes son un profesor universitario (un tanto peculiar, si le conocen), dos cargos políticos y un divulgador ambiental. Aquí ya se ve un rasgo distintivo de la campaña de acoso que comienza con este artículo: el objetivo son principalmente académicos disidentes. Pero hay una perla que redondea el artículo: al final aparece el testimonio de alguien que fue colapsista pero ahora se ha pasado al bando de los héroes. Un arrepentido que ha venido a hacer justicia. Efectivamente, es Emilio Santiago.

En su momento el artículo me pareció un insulto y un atropello, y así lo expliqué en un hilo de Twitter, en el cual acabé ofreciendo al redactor de El País la recompensa de Judas Iscariote (para mayor recochineo, se hizo el ofendido, él, y desde entonces veta mi nombre en cualquier cosa que se envíe a El País: lástima, otro diario en el que nunca se publicará nada de mi). Y aunque me pareció muy sospechosa la coincidencia Tejero-Santiago, no le di más importancia y seguí a mis cosas.

Desde entonces, el acoso ha sido continuo. En cualquier ocasión que pueden, este grupo de personas, con Emilio Santiago a la cabeza, nos moteja de "colapsistas". Parece haber además la consigna de no decir lo que realmente somos (y que es lo que verdad les molesta), "decrecentistas". Se trata de crear un clima de opinión desfavorable contra nosotros, y en ese sentido son tremendamente prolíficos en escritos y artículos, aunque afortunadamente usan una prosa tan pedante y engolada que casi nadie se los lee, solo los de su cuerda. En un momento determinado me di cuenta de que usaban cuestiones que conversábamos en la lista de distribución que había abandonado Emilio Santiago meses antes, o sea que alguien les estaba pasando información, y siempre con el objeto de humillarnos y desacreditarnos. Les tendí una trampa muy burda, poniendo un mensaje muy vejatorio en esa lista, y a las pocas horas el propio  Emilio Santiago me envió un larguísimo mensaje de refutación a mi email, demostrándome así que toda la información de la lista le llegaba puntualmente. Tras eso, obviamente y a mi pesar, tuve que abandonar la lista.

Durante estos meses he tenido ocasión de hablar con el resto de académicos a los que principalmente Emilio Santiago y a veces sus adláteres se dedican a humillar y a acosar en sus escritos. La impresión general es de disgusto y hartazgo, sobre todo porque cuesta comprender qué les hemos hecho a estos energúmenos para que nos molesten de esta manera, máxime cuando nosotros no hemos entrado en la batalla de poder de los partidos políticos (ni ganas tenemos). Parece ser que esta gente entiende que somos un estorbo porque ocupamos un espacio político que a su entender les debe corresponder por derecho. Lo cual es muy absurdo, porque a nosotros eso nos da igual; y como le comenté  a Emilio Santiago hace unos meses, en realidad ellos podrían reivindicar nuestro trabajo como propio y de acuerdo con sus ideas, incluso aunque hubiera contradicciones flagrantes, y nosotros tampoco diríamos nada porque en cualquier caso seguramente les encontraríamos más afines que otras muchas opciones políticas. Pero no. Por algún motivo, eso no les bastó. No les bastaba con que no les obstaculizáramos: tenían una necesidad de derrotarnos completamente, de someternos en el ámbito de una imaginaria batalla intelectual que creen estar librando (en ese sentido, es llamativa la gran cantidad de conceptos bélicos que usan en sus escritos: "ganar", "lucha", "conquista", "batalla", etc).

La guinda del pastel ha sido la reciente publicación de un libro escrito por el propio Emilio Santiago, de infame título: "Contra el mito del colapso ecológico". Todos los grandes periódicos del país han entrevistado a Emilio Santiago sobre su libro, a una o dos páginas, todo un lujo - obviamente el Sr. Santiago Muiño conoce resortes que yo no puedo alcanzar, porque a mi nunca nadie me entrevistó allí por ninguno de mis libros y eso que me da en la nariz de que tienen algo mejor tirada que los de él. El Sr. Santiago Muiño está aprovechando estas entrevistas para seguir echando pestes sobre básicamente toda la gente que en España trabaja a nivel académico y activista desde posiciones que no son la suya propia, tildándolos a todos de "colapsistas", y por supuesto sin definir el significado exacto de ese sambenito.

Yo ni he leído ni voy a leer su libro: ojeé algunas páginas por internet y vi la misma prosa pomposa, plúmbea, autojustificativa (este hombre debe tener muchos remordimientos) y vacía de siempre. Gente con mucho conocimiento y ganas de perder unas horas leyendo esa egocéntrica tabarra han escrito sobre él reseñas muy interesante y completamente demoledoras: Jorge Riechmann, Jordi Marín, Aurora Despierta o Vicente Guedero. Yo comentaré aquí del libro lo único que pienso leer, el título. "Contra el mito del colapso ecológico". Tengo muchos amigos y amigas, investigadores e investigadoras en el ámbito de la ecología, algunos de los cuales han visto literalmente desaparecer el objeto de su estudio, que se han sentido profundamente insultados porque un antropólogo del Instituto de Lengua se atreva a decirles que el problema del que vienen alertando desde hace décadas es un mito. En ese sentido, recomendaría al Sr. Santiago Muiño que por si acaso no pase por ningún instituto ni departamento de ecología si no quieren que le expliquen cuatro verdades, aunque me parece que ya de suyo este señor no frecuenta mucho ningún lugar donde se enseñen o tan solo se comprendan las Ciencias Naturales.

Todo lo que hasta aquí he relatado es mi visión personal y sin duda sesgada sobre lo que ha pasado este último año. Ha sido muy triste, y desagradable: yo a Emilio le consideraba un colega y un amigo, y ahora me ha quedo meridianamente claro que no es ninguna de las dos cosas. Pero con respecto a lo sucedido me gustaría ahora dejar de lado el qué y centrarme en el por qué. Por qué ha pasado esto. Y en particular, por qué exactamente están Emilio Santiago et al haciendo lo que hacen. Obviamente yo no puedo conocer sus razones últimas, pero hay ciertos detalles muy reveladores de la verdadera ideología de estas personas, manifestados en sus escritos y en sus actos.

Emilio Santiago presume de trabajar en el ámbito de la ecología política. A mi personalmente el término "ecología política" nunca me ha gustado, porque la ecología es una disciplina bien diferente y en realidad de lo que trata la ecología política son cuestiones de justicia ambiental. Y en esto ya se observa una interesante anomalía en los intereses reales de Emilio Santiago: una cuestión clave cuando se discute sobre justicia ambiental es los abusos del extractivismo sobre el Sur global. En particular, una cuestión que está emergiendo con cada vez más fuerza es cómo la loca carrera de Europa por conseguir hacer "su" transición renovable implica altos grados de destrucción ambiental en el sur del planeta, en la búsqueda masiva de los escasos materiales que son necesarios para esa transición. Cuando se le ha señalado a Emilio Santiago o a otro de sus iguales estos problemas tienen una clara tendencia a mirar hacia otro lado, a "confiar" en que se mejorarán las técnicas extractivistas para disminuir el impacto ambiental y social y, cosa interesante, a decir que nosotros tenemos que ocuparnos de los problemas de aquí, y que ahora la clave es conseguir nosotros hacer nuestra transición (mención aparte merece que también desdeñan la oposición desde el territorio a la implantación de los macroparques renovables). Es decir, su pensamiento tiene un reconocible tufo de nacionalismo del más rancio, desdeñando o ignorando el mal que se hace en otros lados o incluso aquí en pos de "hagamos España grande de nuevo". En ese sentido, da vergüenza ajena ver cómo manosean el término "ecología política" para justificar sus alharacas: hace unos meses celebraron en Barcelona un "gran encuentro de ecología política en España", al que aparte de nuestros héroes acudieron personajes de diverso pelaje. Del mundo académico solo fue, hasta donde yo sé, el ínclito Eloy Sanz; por supuesto no participó ni un ecólogo ni una ecóloga (lamentable para un encuentro de "ecología", por más "política" que fuera). Y para haberse hecho en Barcelona podrían haber contado con alguno de los interesantes académicos de la Ciudad Condal; obviamente no hablo de mi, que además soy el demonio con cuernos, pero podrían haber contado con Jordi Solé (coordinador del proyecto MEDEAS y alguien con mucho conocimiento sobre las transiciones ecológicas), o con alguna de las personas que trabajan en temas de economía ecológica o justicia ambiental, y que son referencia en Europa, como Joan Martínez-Alier, Mario Giampietro o Giorgos Kallis, por poner solo algunos ejemplos. Pero no. Era un evento de ellos y para ellos, en los que no se buscaba saber más, sino justificarse mejor y de paso posicionarse políticamente (la mayoría de los asistentes eran personas del ámbito de la política).

Otra de las claves del pensamiento de Emilio Santiago es el posmodernismo, que en sus versiones más extremas se ha convertido en una corriente tóxica de pensamiento que defiende un subjetivismo de la realidad hasta extremos enfermizos. El posmodernismo afirma que cualquier construcción humana es subjetiva y fruto de la realidad cultural en la que se haga, y de esa manera, en las visiones posmo más radicales hasta la ciencia es una construcción cultural y por tanto opinable. Que la ciencia es un fruto de la cultura es algo conocido y evidente: el entorno cultural condiciona tanto los sujetos de estudio en la actividad científica como los métodos de estudio que se aplican. Pero el relativismo llega hasta cierto punto: en Ciencias Naturales, la aplicación del método científico busca garantizar la reproductividad de los resultados observados, y con todas las salvedades y limitaciones que tiene cualquier conocimiento humano es algo bastante más objetivo de lo que los radicales posmo quisieran aceptar. Yo siempre digo que un cierto escepticismo es bueno, pero un exceso de él es puro cinismo: yo a los radicales posmo les invitaría a saltar por la ventana de un quinto piso, porque al fin y al cabo la Ley de la Gravedad es solamente un constructo cultural. Obviamente no lo harán, lo cual demuestra el absoluto cinismo de sus posiciones: posmodernos, sí, pero no idiotas.

El posmodernismo de Emilio Santiago le ha llevado por derroteros bien curiosos. Sin tener la más mínima idea de física, biología, química, geología o ingeniería se permite la ligereza de juzgar la bondad o falta de acierto de las posiciones en ciertos debates académicos en función de su aceptación cultural. Para Emilio Santiago, que Mark Jacobson y toda su red publiquen 180 artículos demostrando que la transición energética al 100% renovable es factible, fácil y económicamente rentable es prueba suficiente de que la cosa es así, porque a ellos opone la veintena larga de artículos publicados por investigadores españoles en los que se describen las deficiencias y limitaciones que aquejan a ese modelo de transición. Rizando el rizo, se cuestiona Santiago Muiño sobre la anomalía que representa que en España se pueda estar haciendo una investigación puntera sobre este tema "y no en otros países", demostrando un complejo de inferioridad ibérico habitual en las tascas de este país pero que no es de recibo en alguien que trabaja en una institución académica. 

A la tesis de Emilio Santiago resulta muy fácil oponer tres argumentos. Primero, en Ciencias Naturales, cuando hay una controversia, la cuestión no se dirime por una especie de votación artículos a favor - artículos en contra. Lo que hay que hacer es examinar con detalle la cuestión, entender cuáles son los motivos de las posibles discrepancias y resolverlas, y eso es así porque no hay múltiples verdades, sino una sola, que puede ser la de un bando, la del otro o la de ninguno de los dos y ser más compleja. Solo el trabajo detallado y la concienzuda aplicación del Método Científico nos llevará a la verdad, a veces tras largos años. Segundo, desconozco los complejos que puede arrastrar Santiago Muiño por su propia actividad en su particular campo de investigación, pero estaría bien que se informara un poco y se enterara de que España es hoy en día un país puntero en múltiples campos de investigación, sobre todo en el ámbito de las Ciencias Naturales. Y tercero, la ofuscación de Emilio Santiago por defender sus posiciones hace que ni se haya molestado en comprobar la literatura científica. En este momento hay un cuerpo creciente de artículos científicos mostrando los múltiples problemas asociados a este modelo de transición energética, publicados por centros de investigación de todo el mundo. Añadir que la reputación de Mark Jacobson ha quedado muy comprometida después del artículo de refutación que escribieron Christopher Clack y otros 20 académicos, al que Jacobson inverosímilmente contestó poniéndole un pleito a Clack y a la Academia Nacional de Ciencias y que le acabó costando a la institución de Jacobson, la Universidad de Stanford, 10 millones de dólares cuando la demanda se consideró improcedente. Quizá también conviene recordar que Jacobson tiene una importante participación económica en una empresa de instalación y gestión de energías renovables y que por tanto tiene un más que evidente conflicto de intereses.

Una de las cosas más cómicas que le he oído a Santiago Muiño a lo largo de los años es el cuestionamiento de la proximidad del peak oil (de nuevo tomado por él como una "anomalía ibérica"), justo en el momento en que nos empieza a azotar con fuerza. La caída de la inversión en upstream de los últimos años garantiza que la producción no va a poder remontar:

 

y más en un contexto en el que muchas compañías como Exxon y Mobil anuncian sustanciosas caída de beneficios (bien es cierto, viniendo de un 2022 en el que el precio del petróleo tocó los 132$/barril). Por más que los medios intentan hacer creer que la producción de petróleo ha llegado a máximos históricos, lo cierto es que la única categoría de hidrocarburos que se asimilan a petróleo que crece son los líquidos de gas natural, que sólo se parecen al petróleo en que sirven para producir plásticos pero no combustibles líquidos.


Y eso mientras ya se anuncia el declive del fracking en los EE.UU. y la caída de producción se va asentando en el resto del mundo. Y es que, por más posmodernos que nos pongamos, los coches van a seguir necesitando gasolina y diésel para funcionar...

Pero ya ha quedado claro que la realidad física del mundo donde vivimos no le interesa a Emilio Santiago y sus compañeros de travesía. Como he explicado al principio del post, una parte muy destacada de la actividad de estas personas durante el último año ha sido el acoso y el desprestigo de los académicos del Estado español (del CSIC, de la Universidad de Valladolid, de la Universidad de Zaragoza, de la Universidad de Barcelona...) que somos críticos con el modelo de transición renovable. Particularmente destacable es la obsesión de Emilio Santiago conmigo, haciendo referencias continuas a mi persona en incontables artículos, siempre para poner de manifiesto mis errores tanto técnicos (qué sabrá él...) como políticos (de nuevo, qué sabrá él, por más que se crea). Yo hasta el día de hoy no había escrito ni una línea sobre esta persona, y espero sinceramente no volver a hacerlo nunca más; pero él me tiene continuamente en su boca y me temo que ahí seguiré. Yo hice un esfuerzo para conseguir una tregua, llamando a un debate amplio sobre el modelo renovable, pero la respuesta fue con el típico tono arrogante, arrogándose para ellos la elección del qué se podía discutir y el qué no.

Complementariamente a este continuo, infundado e inmoral acoso a los académicos que expresan sus dudas sobre la panacea del Green New Deal, hay otro rasgo interesante del pensamiento político de Santiago Muiño. En una conferencia reciente en León, una persona del público (que luego me informaron que tenía vinculación con este colectivo) me preguntó sobre qué pensaba de la afirmación de Emilio Santiago Muiño de que no se debe decir la verdad a la población, porque eso causa parálisis por culpa del miedo que generan las malas noticias sobre la crisis climática y demás crisis de sostenibilidad. Mi respuesta a esta pregunta es que a mi me causa repugnancia que alguien se crea en el derecho de ocultar información a la población y tomar decisiones "por su bien". Máxime cuando me parece de una soberbia sin límites creerse facultado para tomar esas decisiones sin consultarlo a nadie, y no te digo nada si éstas nacen de un enfoque posmo de la realidad. Desde entonces, y viendo repetida la exposición de este enfoque en alguna entrevista que le han hecho, entiendo que una de las cosas que le molesta particularmente a Santiago Muiño es que esos académicos disidentes divulguemos esa información que él considera que, cierta o no, es mejor ocultar. Eso también explica su enfermiza obsesión conmigo, porque yo soy una persona que he conseguido alcanzar cierta visibilidad en esa divulgación. Lo que me parece ya alucinante es que el Sr. Santiago Muiño se crea en el derecho de intentar reprimir la divulgación de la información, de momento con los limitados medios que tiene pero que estoy seguro que si tuviera responsabilidades de gobierno no dudaría en usar métodos más ejecutivos (y expeditivos).

Así pues, sinteticemos las bases del pensamiento cálido de Emilio Santiago Muiño y sus afines: nacionalismo a ultranza, defensa de un Estado fuerte, relativismo en los aspectos técnicos supeditada a la propia visión (fuertemente ideológica) de cómo se debe hacer la transición, acoso y represión del pensamiento disidente por todos los medios posibles, ocultación de la verdadera situación a la población y toma de decisiones por un élite autoescogida y autoproclamada.

Esto tiene un nombre muy claro: ecofascismo. Los postulados ideológicos en los que se basa el pensamiento de Santiago Muiño son los mismos que los del ecofascismo. Él simplemente ha encontrado una coartada narrativa para justificarlo. El libro de Emilio Santiago, en el que él sintentiza y presenta de manera ordenada estas ideas, será probablemente el Mein Kampf del ecofascismo ibérico.

La procedencia de Santiago Muiño mantiene confundidas a algunas personas en el mundo ambiental, activista y político, que creen que Emilio Santiago sigue siendo uno de los suyos y una referencia legítima en las discusiones sobre la transición ecológica. Lo triste, por duro que sea de aceptar, es que ya no lo es. Él escogió un camino más fácil que cree que le dará más poder, aunque para ello tenga que sacrificar sus amigos y sus ideas.

 

Salu2.

AMT

P. Data: Al final, por más paciencia que se tenga, llega un momento en el que hay que decir basta. Basta ya de atropellos y abusos.


sábado, 29 de julio de 2023

Si no es ahora, será después

 


Queridos lectores:

Durante estos días se ha hablado mucho sobre la eventual detención del brazo Atlántico de la Corriente de Lazo Meridional (AMOC por sus siglas en inglés: Atlantic Meridional Overturning Current). No me entretendré aquí en explicarles que es la MOC y su brazo Atlántico: para saber más sobre ello, pueden leer este excelente hilo divulgativo en Twitter (o X, le dicen ahora) de la Agencia Estatal de Meteorología de España.

La razón por la que ha cobrado tanto interés ahora lo que pueda estar pasando con la AMOC es por la reciente publicación de un artículo que, usando un método novedoso para la identificación de puntos críticos, señala que esta corriente marina podría detenerse por completo en algún momento del siglo XXI.

La preocupación por la posible detención de la AMOC no es algo nuevo: durante los últimos 20 años se han publicado numerosos análisis sobre su posible ralentización, y en realidad los primeros avisos de que tal cosa podría pasar datan de hace unos 60 años. Sin embargo, este año estos avisos cobran una especial importancia por culpa de lo que está sucediendo en el océano global y en particular en el Atlántico Norte. Y es que la temperatura de la superficie del mar está llegando a valores nunca vistos.


En estos momentos, la temperatura promedio de todo el Atlántico Norte está aproximadamente 1,4ºC por encima de la media de referencia (tomada como el promedio entre los años 1982 y 2011). Hasta ahora las temperaturas del mar estaban moviéndose tanto hacia arriba como hacia abajo de esa media (aunque en los últimos años decantándose siempre en la dirección hacia arriba) en torno a unos 0,6ºC; por tanto, una desviación de 1,4ºC es más que significativa, sobre todo para un único año. Eso sucede, además, en un año en el que la temperatura del aire en superficie (se toma la referencia de 2 metros) está en máximos históricos y seguramente en el valor más alto de los últimos 100.000 años, aproximadamente 1,72ºC por encima de la media preindustrial y por tanto dejando atrás el límite de 1,5ºC que se había propuesto en los Acuerdos de París sobre el clima.

Este calentamiento tan anómalo y repentino del Atlántico Norte podría ser un síntoma de la detención de la AMOC, así que la publicación del artículo arriba mencionado básicamente ha echado más leña a un fuego que ya ardía con bastante intensidad.

Se tiene que decir que los modelos del IPCC (CMIP6) no contemplan la posibilidad de un colapso de la AMOC en este siglo como un evento probable. Sin embargo, como explica el profesor Stefan Rahmstorf (quien es una referencia mundial en el estudio de la AMOC), los modelos del IPCC le atribuyen a la AMOC una estabilidad excesivamente elevada, como pone de manifiesto que en los modelos del IPCC solo comienza a aparecer una zona de enfriamento al sur de Groenlandia (síntoma de ralentización de la AMOC) para calentamientos globales de más de 2ºC cuando, en realidad, ya estamos observando esa anomalía desde hace años con calentamientos de aproximadamente 1ºC.


Esta estabilización excesiva de la AMOC en los modelos climáticos nos dejaba bastante desarmados para entender cuáles son las posibles consecuencias de la detención de esta corriente marina fundamental para la redistribución del calor en el planeta. Tenemos como referencia qué sucedió en otras épocas geológicas cuando se detuvo la AMOC, pero las circunstancias eran muy diferentes, sobre todo porque había menos gases de efecto invernadero en la atmósfera. En cualquier caso, todo parece indicar que si la AMOC finalmente se detiene, las consecuencias para la vida en el planeta, y particularmente en Europa, serían muy drásticas. 

La AMOC lleva agua cálida del Golfo de México hasta Noruega y en el camino va desprendiendo calor y humedad, que hacen que Europa, a pesar de estar en latitudes bastante elevadas, sea un continente con un clima bastante benigno. Este agua después retrocede hacia Groenlandia, desprendiendo más calor, hasta que se enfría lo suficiente para volverse más densa y hundirse en el mar, y circular a una profundidad de unos 1000 metros o más. Precisamente, su detención anticipa que Europa se volvería un continente más frío y más seco, y también que el océano profundo reduciría su ventilación, habiendo menos oxígeno y causando una mortandad masiva de la vida marina. Además, el aumento continuado de la temperatura superficial del mar garantiza que se producirán tormentas cada vez más violentas y destructivas. Pero la cosa va mucho más allá. En los escenarios más extremos, el planeta se convertiría en dos enorme zonas polares y una zona central recalentada. Porque otro de los problemas asociados a la detención de la AMOC, que es uno de los puntos de no retorno del sistema planetario, es que puede desencadenar que se sobrepasen otros puntos de no retorno, desestabilizando el clima del planeta hasta convertirlo en algo irreconocible pero sin duda extremo y muy probablemente incompatible con la vida humana.

No tenemos certeza de qué es lo que pasará exactamente si la AMOC colapsa, en buena medida porque nuestros modelos numéricos son muy conservadores y tienden a privilegiar configuraciones que se parecen a nuestro clima actual y a penalizar aquellos estados que se desvían mucho de ello. Es precisamente esa contradicción entre los modelos y la realidad a lo que se agarra la nueva oleada negacionista que asola el planeta y particularmente España para negar la mayor y dar por hecho que lo que se dice son exageraciones. En realidad no comprenden que los modelos, por construcción, predicen una evolución continua y suave, y por eso tienen dificultades para modelizar correctamente lo que son cambios abruptos, transiciones de fase. Como norma general, los modelos climáticos pecan de optimistas, no de todo lo contrario.

Tampoco estamos completamente seguros de si lo que estamos viendo es un síntoma de la ralentización y eventualmente detención de la AMOC. Existen diversos factores, con gravedad diferente, que podrían explicar la anomalía de este año, aunque en suma la tendencia a la subida de la temperatura del mar debida al Cambio Climático garantiza que, tarde o temprano, llegaríamos al escenario de colapso de la AMOC.

Aquéllos que han comprendido la gravedad de la situación están, como es natural, muy alarmados y angustiados esperando a que la ciencia diga la última palabra sobre este nuevo sobresalto en la salud del planeta. Para la mayoría de la población, el posible colapso de la AMOC es algo completamente ajeno a sus vidas y por supuesto motivo de poco interés y preocupación. 

Durante los próximos meses y años, los oceanógrafos nos dedicaremos a hacer mediciones masivamente, mejorar modelos, procesar datos, analizarlos exhaustivamente, cruzarlos con datos de los meteorólogos, paleoclimatólogos, biólogos marinos, etc, con la intención de entender mejor qué está pasando. Y tras ese intenso trabajo, que llevará mucho tiempo, se emitirá un veredicto. Y habrá dos posibilidades. La primera, que AMOC se está ralentizando o colapsando ya. La segunda, que eso todavía no ha sucedido y que lo que observamos es una anomalía transitoria.

En el primer caso, dará igual lo que digamos, porque seguramente los efectos del colapso de la AMOC se habrán hecho más que evidentes para el común de la población. En el caso concreto de Europa, tendremos inviernos más fríos, más sequía y tormentas cada vez más destructivas, en un proceso que con el paso de los años irá a peor, hasta que lleguemos a un punto de estabilidad que será la nueva normalidad, y que sin duda implicará el desplazamiento de millones de seres humanos hacia zonas más habitables.

En el segundo caso, toda esta discusión parecerá el típico culebrón de un verano, la gente no le prestará la más mínima atención y seguirá con sus diarios quehaceres. Todo seguirá igual. Seguiremos emitiendo CO2 a la atmósfera como si no hubiera mañana, lo cual precisamente garantiza que no habrá mañana.

Porque ésta es la conclusión. Con nuestra manera de actuar, estamos garantizando que este desastre en ciernes se acabe materializando. 

Si no es ahora, será después.

Con nuestra actitud indolente, con la obstinación en no cambiar el rumbo como sociedad, estamos garantizando que sucederán los peores escenarios. El susto de este año debería de servir para hacernos reflexionar, para movernos a cambiar. Si no lo hacemos, ¿qué creemos que nos va a pasar?

Recuerden: Si no es ahora, será después.

Salu2.

AMT

Post Data: Hace un par de años me grabaron en una larga entrevista, al final de la cual comentábamos sobre el proceso que ya entonces comenzaba a ser evidente, y las posibles consecuencias que tendría la detención de la AMOC (en el vídeo referida como circulación termohalina). Espero que les interese.



jueves, 18 de mayo de 2023

Caminando con gente diminuta


Tengo que acabar el post sobre el WEO. Tengo que sacarlo ya, porque después tengo el post sobre el pico del diésel de Rafa, y los posts típicos de final de año que esta vez llegarán 6 meses tarde... 6 meses, Dios mío. Y tengo toda la Lavadora de Beamspot por publicar, ya debe estar desactualizadísima... Pero cada vez que tengo un rato y me pongo con el WEO tengo que volver a empezar desde el principio, y es un post largo y complicado... Y encima con ese sentimiento de culpabilidad, de que tendría que estar haciendo otra cosa: los contratos, los trabajos científicos, las reuniones de trabajo... ¿Envié aquellos informes? Y aún tengo que escribir las valoraciones. Tengo 5 meses de papeleo de viajes por entregar. ¿Y cuántos correos tengo por leer? A ver... 4033. Bueno, en diciembre eran 6200... Al final me puede la responsabilidad, voy arreglando informes, viajes, quedar con los estudiantes y los colegas... y de repente veo otro mail, y otro, y otro... que me piden que vaya aquí o allá, ¿podrías venir aquí tal día? Y miro el calendario y quizá sí pero quizá debería decir que no. Pero no sé decir que no. Pasan demasiadas cosas, hay demasiada necesidad, demasiada gente agobiada, gente diminuta abrumada bajo el peso gigantesco de tanto atropello...

Jende txikiekin ibiltzen naiz. 

En un invernadero de Donostia se agolpan 300 personas. Aquí, lógicamente, no hay proyector ni PowerPoint, solo discurso, solo la palabra. Cuento lo mismo de siempre, lo que sé, lo que no sé. Mato un mosquito que me ha picado, después en twitter me dirán (a saber si en serio o en broma) que vaya falta de respeto a la biodiversidad. Me preguntan por qué soy el único del CSIC que hablo de esto, se levanta una persona, dice que es compañero de un instituto del CSIC de allá, que todos saben que lo que digo es cierto porque es completamente lógico con todo el conocimiento que tienen, que todos están conmigo  (gracias, compañero). Luego Zumaia, luego Azpeitia, con Antonio ("Los Antonios, también disponibles para bautizos y comuniones"), también más de 300 personas. "Mikel es amigo, nos conocemos de cuando el fracking, no quiero hablar mal". "¿De dónde eres?", me preguntan. "De León", digo yo. "Bonita ciudad", dice uno. "Yo de León solo conozco Mansilla de las Mulas". No hace falta decir más. "Allí los plantarán", señalando el muro de montaña que tenemos delante. Vamos a cenar. No quiero contárselo todo, el mar, el mar... Pronto lo acabaremos y lo publicaremos, pero hoy no quiero hablar de eso. Dormimos en un caserío: es fácil comprender el amor de esta gente por esta tierra, tan hermosa. "No me venderán espelta, no habrá". Miro la montaña por la parte de atrás. Por aquí pasarán las vías de evacuación, claro. Son vascos, gente dura: sus ojos son para la rabia, no para llorar.

Jo camino amb gent diminuta.

Pero los de ella sí. ¿Tendrá 18 años? Nos cuenta que arrancarán los árboles de los bancales, en el sur de Valencia, y al final no puede evitar ponerse a llorar. Yo no sé qué decir. Solo puedo sentir su dolor. No entiendo que no lo sienta todo el mundo, con la fuerza de un terremoto. ¿Cuántas veces he ido y vuelto a Valencia? A veces para un acto académico, otras de empresa, otras una mesa redonda o un acto político en el que no sé cómo me he metido (no sé decir que no). Y por Castellón (venturosos encuentros multicódigo, interesantísimos y con una gente increíble).

Paso también por Ses Illes. Hacía tiempo que no venía. Cuánta gente, y eso que el entorno, con el actual frenesí turístico, no parecería favorable. He venido a trabajar, mañanas y tardes, pero las noches son para la divulgación. Para estar con esa gente diminuta con grandes preocupaciones. "Estoy rodeado de chemtraileros, necesito que hagáis un escrito desmintiéndolo". "Sería contraproducente: se atrincherían. Es una marea que ha subido y bajado varias veces en los últimos 20 años; hace 12 años el tema era que nos fumigaban con sustancias de control mental, hoy es esto. Es la narrativa heroica y el vago consuelo de creer que hay un malo malísimo que hace esto, preferible a la aterradora verdad de que no hay nadie a los mandos. Pasará cuando se den cuenta de que no pueden contestar a la simple pregunta: y entonces, ¿qué proponéis?".

Y hablo con la gente diminuta. Es esa pareja que está pensando en qué van a hacer. Es ese chico que está pensando en soluciones estructurales. Gente con trayectorias vitales muy diferentes pero que van convergiendo sobre el mismo punto, no se les ve, diminutos que son.

Eu camiño con xente pequeniña.

¿Había quedado para ir a Galicia? No tengo ni idea. Me costó meses empezar a poner un poco de control en los emails. Fui una vez solo en los últimos meses, pues estoy muy lejos, pero sí que doy algunas charlas telemáticamente. Desde esta distancia, la gente diminuta se la ve aún más pequeña, y se la oye peor, a veces no entiendo qué me dicen. Bueno, entenderlo lo entiendo de sobras, aunque no distinga los sonidos. El panadero que cierra la panadería. ¿Por qué no llueve? En parte, por los bloqueos de la corriente de chorro polar, cada vez más meandrosa. Qué se yo. Está claro que de un año no se pueden sacar conclusiones, y este año viene El Niño, pero todo va en la dirección esperable por efecto del Cambio Climático.

Tendré que volver a Galicia, pero he perdido el hilo, no sé dónde estamos. Todo fue duro y complicado desde noviembre fatídico. También a Asturias. Y a Andalucía. Y las reuniones con los ministerios, uno, dos y tres, por mi trabajo habitual, aunque de vez en cuando alguien me reconoce. "Oye, tú no eres...?"

Y en mi León natal, donde una gente maravillosa y combativa lo intenta, algunos que no nacieron allí pero que plantaron el pie en Madrid y ahora defienden mi tierra natal. ¿Como no vendría a ponerme a su lado? Y pienso en los compañeros y compañeras que tiraron agua con remolacha en las escalinatas del Congreso y para los que ahora piden 6 años de cárcel.

Yo camino con gente diminuta.

Por supuesto, hago mal, me dicen. Que me aprovecho de mi condición de miembro del CSIC para difundir un mensaje de odio y confusión, pero a veces es el propio CSIC que me envía a los sitios. De las 8 personas científicas que estuvimos cuando la COP 25 en la Residencia de Investigadores, 6 dijimos que la solución es el decrecimiento. Nada nuevo, en realidad. Lo dice el IPCC. Lo dice la Agencia Europea del Medio Ambiente. Esta semana se ha dicho incluso en el Parlamento Europeo. Pero, lógicamente, recibo más ataques ahora, pues estoy más expuesto. Todo ese juego imbécil de llamarnos colapsistas (sin definir nunca el término, para dar a entender lo peor) a los académicos y académicas que defendemos el decrecimiento. Gente que busca motivaciones espurias para lo que hago. Quien simplemente insulta. Pero nadie mira a los datos, nadie refuta los datos. No pueden. Y yo pienso: qué más daré yo. Qué más dará ninguno de nosotros. Solo estamos de paso, nuestros días están contados: lo único importante es lo que dejemos para el después.

Yo solo oigo un rumor incesante de voces diminutas, de gente diminuta, que me llama. Que nos llaman a todos. Otros ven un gran futuro industrial, yo solo veo a gente diminuta. Gente diminuta que con sus diminutos brazos lo sostienen todo. Porque ellos, porque ellas, son el pueblo. Yo no sé nada, nada más que una cosa: con quién quiero estar.

¿Llegaré hoy a casa o perderé el último tren?

Solo veo gente diminuta. Yo camino con gente diminuta. Como yo.

Antonio Turiel.

En algún lugar entre Castellón y Tarragona, demorado.

Mayo de 2023.

Postdata: Pronto volveré.