jueves, 28 de diciembre de 2023

The Oil Crash: Año 18


Queridos lectores:
 
Llegamos una vez más a ese momento en el que hacemos un repaso de lo que ha sido este último año en los temas que son de interés para este blog. Un año caracterizado por muchísimas noticias importantes tanto en el terreno de la sostenibilidad en general como en el de la crisis energética y de recursos en particular. Un año que probablemente marque un punto de inflexión en nuestro inexorable declive energético y material y, si no le podemos remedio, de civilización. Un año tan lleno de noticias que es inevitable que algunos temas los deje en el tintero, pero intentaré al menos dar una visión general de lo que ha supuesto 2023. Comencemos, pues, con el resumen.

- La crisis energética no cesa: A pesar de que se repiten anuncios absurdos sobre la abundancia petrolera, no tienen ningún sentido. Hace poco, Art Berman publicaba la gráfica que acompaña a estas líneas, basada en datos hasta mayo de este año del Departamento de Energía de los EE.UU. Como se ve, la máxima producción de todos los líquidos de petróleo fue en noviembre de 2018, con 102,3 millones de barriles diarios (Mb/d), y en mayo era 1,1 Mb/d inferior (una caída del 1,1%). Si nos fijamos en la categoría "Crudo+condensado" (que es lo que puede usarse para hacer combustible líquido), de nuevo el máximo fue en noviembre de 2018 en 84,6 Mb/d y hasta mayo había caído un 3,9% (un 4,6% menos). Y a pesar de tantas tonterías como se dicen, la inversión en búsqueda y puesta en explotación de nuevos yacimientos continúa siendo un 50% inferior a lo que se invertía en 2014. Todavía no sabemos cómo vamos a acabar el año, pero es bastante probable que la caída de producción sea mayor de un 5% con respecto a los niveles de 2018. Lo malo es que todo indica que esta caída se acentuará fuertemente en los próximos años.

Esta caída se está reflejando en una escasez mundial de combustibles, que no afecta de momento a Europa y los EE.UU., pero que sí que hace estragos en Latinoamérica, África y partes de Asia. En algunos momentos de este año la producción de diésel llegó a ser un 20% inferior a los niveles del período 2015-2018 (Rafael Fernández publicará próximamente en este blog su análisis sobre el pico del diésel). Esto está llevando a problemas crecientes en toda la cadena de suministros global, ya que diésel es maquinaria (incluyendo de minería y agrícola) y camiones.

Mientras tanto, el gas natural se mantiene en precios relativamente elevados: no tan caros como llego a ser el año pasado, pero no baratos en todo caso. La producción de carbón toca máximos históricos, pero resulta difícil incrementarla de manera significativa. Al mundo le falta energía, y todo apunta a que cada vez le va a faltar más.

- Desindustrialización en Europa: Mientras en España se saca pecho porque se cerrará el año 2023 con una subida del 2% del PIB, lo cierto es que Europa está entrando en recesión, sobre todo Alemania y Francia. El mayor problema es la fuerte parada industrial. Con precios de la energía excesivamente caros y problemas con el suministro de materias primas (caras y escasas) muchas empresas están cerrando. Especialmente grave es la crisis en el sector de la automoción, donde, aunque nadie lo quiera reconocer, la transición al vehículo eléctrico está fracasando y suponiendo onerosas pérdidas a todo el sector en Europa.

La crisis industrial de Europa anticipa muchos problemas: falta de maquinaria, falta de repuestos, falta de reactivos químicos. De momento, un problema recurrente está siendo la falta de medicamentos, y otro grave problema en el horizonte va a ser la escasez de fertilizantes.

- Crisis de Gamesa: El año 2023 pasará a los libros de Historia por el principio del fin del delirio megalomaníaco de la macroeólica. Lentas décadas de desarrollo habían conseguido llegar a modelos funcionales de aerogeneradores de hasta unos 3 MW de potencia. Sin embargo, el desembarco de nuevas personas con nuevas ideas en el sector llevo a la locura de pensarse que en pocos años se podría incrementar la potencia de esos aerogeneradores a 5, 7, 9, 12, 15 MW... Hasta el infinito y más allá. Solo era cuestión de hacer aerogeneradores cada vez más grandes. Las consecuencias de esta carrera hacia ninguna parte ya les hemos comentado con detalle en el caso de Siemens Gamesa. Los problemas seguirán persistiendo, porque la dificultad estriba en construir aerogeneradores cada vez más grandes a un precio que se considere competitivo. Al final, o se acepta que el precio de la electricidad tiene que subir, o que la producción eléctrica es un servicio público asumido total o parcialmente por el Estado, o bien iremos a un abandono masivo de la eólica. El año que viene veremos exactamente hacia dónde vamos.

Mientras tanto, el fantasma de los curtailments (electricidad que no se aprovecha, ni por tanto se paga) a las renovables sigue creciendo en España. Estos excesos de electricidad inaprovechable llevan a momentos en los que el precio de la electricidad mayorista es nulo o incluso negativo. Un problema por el que ya pasó Alemania en 2016 y Australia en 2020, y que en ambos casos supuso un parón de su despliegue renovable. Es un síntoma adicional de los problemas que tiene intentar mantener a ultranza un modelo de hiperelectrificación de la sociedad sin tener realmente las soluciones tecnológicas requeridas.

- Inacción climática: La COP28, celebrada este año, ha sido absolutamente decepcionante, incluso para los que no esperábamos realmente nada de ella. Para intentar poner en valor el completo fracaso de esta cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, se dice que por primera vez se ha reconocido que los combustibles fósiles causan el Cambio Climático. Por lo demás, ningún compromiso concreto para la reducción de su uso, mientras el planeta camina desbocado a una alteración climática profunda y las emisiones de CO2 de este año llegarán a máximos históricos. Los gobiernos de los países occidentales señalan como culpables de la falta de un compromiso sobre la eliminación de los combustibles fósiles a los países productores, intentando soslayar que para acabar con el comercio de los combustibles fósiles se puede, sí, actuar a nivel del vendedor (ellos), pero también a nivel del comprador (nosotros). Por otra parte, ¿qué solución tecnológica estamos ofreciendo para la transición? En realidad, ninguna. La única solución realista pasa por la reducción del consumo. Pero, ¿cómo vamos a querer que ellos abandonen los combustibles fósiles si no damos nosotros primero ejemplo de austeridad en su uso? En fin, todo es un despropósito.

- El clima del planeta entra en terreno desconocido, incierto y angustioso: Con una probabilidad de más del 99%, este año cerrará con una temperatura 1,5ºC por encima de los niveles preindustriales, que era el objetivo a no rebasar el año 2100 en  el Acuerdo de París. Aún no se puede dar por perdido el objetivo de no sobrepasar el +1,5ºC, ya que seguramente parte del calentamiento observado este año sea de carácter temporal (en particular, por ser un año El Niño). Sin embargo, mirando la evolución de los últimos años da la impresión de que se está produciendo una aceleración del calentamiento y por eso mismo científicos como James Hansen consideran probable llegar a un calentamiento persistentemente por encima de +2ºC para el año 2050. A mi, sin embargo, la gráfica que más me preocupa es la de la enorme subida de la temperatura de la superficie del mar.

El mar es la componente lenta del sistema climático, y ahora mismo sube a un ritmo sin precedentes (para quien le interesen los detalles numéricos, la curva de este año está a más de 6 desviaciones estándar de la media del período de referencia, 1982-2011, los 30 primeros años en los que tuvimos temperatura medida por satélite - y quién sepa de estadística entenderá por qué eso es tan alarmante). Peor aún: el comportamiento de la temperatura superficial del mar indica que está en una tendencia creciente que no parece querer abandonar. A mi personalmente me quita el sueño, por muchos motivos. Entre otros, porque el mar, siendo como es un gran reservorio de energía, favorece la formación de tempestades cada vez más violentas y otros fenómenos extremos.

- Proliferación de eventos extremos: Escojan lo que quieran, que el año ha sido prolijo. Masivos incendios en Canadá, la tormenta Daniel arrasando primero Grecia y luego Libia, el huracán Otis destruyendo Acapulco, y así un largo etc con tragedias no tan grandes, como Cirian, Domingos, la dana de Madrid, las inundaciones en Oriente Medio o los tornados en diciembre en las islas británicas. España ha salido relativamente bien parada del desastre que asuela medio mundo, aunque aquí la sequía no cesa y puede acabar volviendo inhabitable la costa mediterránea y particularmente el lugar donde yo vivo. Mientras los cuñados se ensueñan con memeces acerca de manipulación climática y chemtrails (un mito de más de 20 años de antigüedad e interpretación mutable: hace 12 años era que se usaban para la manipulación mental), en el mundo real tenemos 29 grados en Málaga en diciembre y la avena que ha sembrado mi suegro (y tanta otra gente en España y en buena parte de Europa) no crece. Todo normal y bien.

- Masacre de Gaza: No bastando con el matadero ucraniano y de las otras 17 guerras que asuelan el planeta y de las que nadie habla, una salvajada indiscriminada del grupo armado palestino Hamás ha servido para desencadenar una salvajada indiscriminada aún mayor por parte del Estado de Israel. Se destruye pública y sistemáticamente la Franja de Gaza y de manera menos pública pero igualmente sistemática Cisjordania, mientras la mayoría de la opinión pública internacional mira perpleja, pero nadie reacciona. Nadie, salvo la facción hutí de uno de esos conflictos olvidados, la guerra de Yemen (otro genocidio, en realidad). Ya me quedan pocas palabras para explicar la náusea y el desaliento que me embargan.

- Más problemas para la cadena de suministros: A las dificultades de abastecimiento asociadas fundamentalmente a la escasez de diésel se le están uniendo las limitaciones de los dos pasos marítimos más importantes para el comercio mundial: el canal de Suez y el canal de Panamá. En el caso del primero, las milicias hutíes de Yemen han decidido atacar todos los barcos que tengan como origen y destino Israel. Esto ha generado un considerable caos y la decisión de grandes navieras como Maerks, o petroleras como BP, de suspender temporalmente su tránsito por el mar Rojo y por tanto por el Canal de Suez (y una oportuna respuesta militar coordinada por los EE.UU. quien de facto gana el control de esta crítica área). Esto está originando unos sobrecostes muy importantes en el transporte marítimo, ya que la alternativa para comunicar Asia con Europa es rodear África, como se hacía hasta el siglo XIX. El otro canal importante, el de Panamá, está sufriendo severas limitaciones de tránsito debido a la escasez de agua, y es que a pesar de ser Panamá un país tropical, estos años está lloviendo menos y con la ampliación del canal éste requiere más agua para el rellenado y vaciado de esclusas. En este caso, la manera de comunicar marítimamente el Pacífico Oriental con el Atlántico Occidental implican rodear América del Sur, incrementando enormemente la longitud de los trayectos y, de nuevo, su coste. La combinación de las dos crisis del transporte marítimo, junto con la escasez general de combustibles, garantiza un repunte importante de la inflación y mayores problemas en la cadena de suministros a los observados hasta ahora.

- Represión ecologista: Este año se ha caracterizado en los países occidentales por un considerable incremento de la represión de los movimientos ecologistas que abogan por la protesta no violenta. En Francia, el gobierno ilegalizó el movimiento Les Soulèvements de la Terre en mayo, motejándolo de "ecoterrorista", una decisión que fue revocada por su Tribunal Constitucional unas semanas más tarde. En España ha habido varios eventos destacados: la apertura del juicio oral contra 15 activistas de la Rebelión Científica, con petición de penas de cárcel por haber pringado las escalinatas del Congreso de los Diputados con un líquido biodegradable conocido bajo el alias de "zumo de remolacha"; el informe anual de la Fiscalía General del Estado, que en su primera versión consideraba Rebelión o Extinción y Futuro Vegetal como grupos "ecoterroristas" (después enmendada en medio del escándalo que suscitó tal calificación) y en las últimas semanas la detención masiva de casi una treintena de miembros de Futuro Vegetal bajo la acusación de formar parte de una organización criminal (después puestos en libertad pero con cargos). En el Reino Unido, la represión ha subido varios puntos con el encarcelamiento de diversos activistas por acciones tan disruptivas como desplegar una pancarta o filmar a activistas mientras ejecutaban una acción de protesta pacífica. En Alemania, varios activistas (algunos españoles) han sido condenados a fuertes multas por protagonizar un acto de protesta en un concesionario de coches. En medio del verano más caótico en lo que a eventos climáticos en Europa se refiere, el acento se está poniendo en acallar a los grupos que de forma no violenta denuncian la gravedad de la actual inacción.

- El decrecimiento en el debate público: En mayo, se celebró en la sede del Parlamento Europeo un congreso sobre decrecimiento y post-crecimiento, con discurso inaugural de la presidenta del Parlamento y de la presidenta de la Comisión Europea, con una asistencia de 1.600 científicos y activistas de toda Europa. Un evento de gran importancia que fue sistemáticamente silenciado por los grandes medios de comunicación. Y es que hablar de decrecimiento aún incomoda a las instancias oficiales, a los poderes económicos y a quienes las representan. A pesar de lo cual, para sorpresa de todos, la reina Letizia decidió sacar el tema, y muchos otros de gran calado en la discusión de nuestros problemas de sostenibilidad, en un seminario sobre periodismo y comunicación que ella presidía. Un gran hito en la normalización del inevitable debate sobre el decrecimiento.

 

Este año fue también el del acoso sistemático por parte de un partido político español a los académicos que hemos osado hablar del decrecimiento, tabarra en la que afortunadamente han decidido de momento cesar, pero éste es un tema del que prometí no volver a hablar.

Y con esto concluyo el repaso de este intenso 2023. En el siguiente post hablaremos de las previsiones para 2024.

Salu2.

AMT

domingo, 3 de diciembre de 2023

Preocupaciones reales


Queridos lectores:

El viernes 24 de noviembre se clausuró el XVI Seminario Internacional de Lengua y Periodismo celebrado en San Millán de la Cogolla, que en esta ocasión versaba sobre la comunicación del Cambio Climático. Dándole realce y postín, presidía la sesión la reina de España, doña Letizia Ortiz Rocasolano. Seguramente, los expertos y autoridades académicas allí reunidos no esperaban de la esposa del Jefe de Estado de España que interviniera más que para dirigir a los selectos asistentes unas breves palabras de apertura y de clausura. Sin embargo, no fue así. La reina preguntó y repreguntó sobre cuestiones muy incisivas que causaron un visible malestar e incomodidad en los presentes. Preguntó sobre decrecimiento (llegando a citarme a mi), comentó sobre el juicio que actualmente se desarrolla contra 15 compañeras y compañeros de la Rebelión Científica por tirar agua de remolacha delante de las puertas del Congreso de los Diputados en abril de 2021, y comentó también sobre su preocupación por la actual debacle de la energía eólica (tema sobre el que ya escribimos en el blog, aunque tengo previsto volver sobre ello pronto) y cómo puede perjudicar a la percepción pública de la energía eólica y por extensión del Cambio Climático. Preguntas y reflexiones todas ellas muy pertinentes en el contexto actual. Adjunto aquí el vídeo de la jornada de clausura del seminario.

 



Sobre lo que pasó ese día se han escrito varios artículos poniendo los hechos en perspectiva. Destacaré solamente dos de ellos: el que escribimos Juan Bordera y yo para Contexto y Acción, y el magnífico análisis de Manuel Casal Lodeiro para la revista 15/15\15. Por tanto, no quiero volver a incidir en las cuestiones que abordó la reina y prefiero analizar lo que ha sucedido desde una perspectiva más amplia.

Probablemente fui yo el primero, o uno de los primeros, en darle publicidad, a través de las redes, a lo que había sucedido. El acto de clausura había tenido lugar esa misma mañana. A las 15:02 salió publicada una reseña en la web de un revista especializada en el público femenino (en un cierto tipo de público femenino, diría yo). Habiendo aparecido en ese tipo de medio, lo más normal es que nunca hubiéramos sabido de ello. Sin embargo, alguien puso particular interés en que a mi me llegara esa reseña, la cual me envió a las 18:35. Yo estaba a punto de dar una conferencia en Vitoria y no pude ver el mensaje hasta las 22:35. Lo cierto es que cuando me enteré me quedé en estado de shock, particularmente al ver que mi nombre era de hecho uno de los pocos citados por la reina. "Tierra, trágame", pensé. No sabía qué hacer, si compartir esta información o simplemente ignorarla. Se lo envié a varios amigos y al final decidí que esto era demasiado bueno como para no utilizarlo. De este modo, en menos de 24 horas las palabras de la reina comenzaron a difundirse masivamente.

Durante esta última semana, numerosos medios de comunicación (sobre todo radio y televisión) se han hecho eco de las palabras de la reina, siempre en bloques breves y en muchos casos con un análisis muy simple y ramplón de los conceptos en discusión. Se puede decir que ha tenido cierto impacto, pero bastante moderado.

Desde el principio, una de las cosas que más me ha llamado la atención es el tono generalizado de condescendencia y desdén, cuando no desprecio, con el que muchas personas han tratado a la reina, ya en el mismo seminario, ya después en las noticias aparecidas. No es que yo sea precisamente muy fan de una institución de origen medieval como es la monarquía, pero eso no es óbice para reconocer que en nuestro ordenamiento jurídico y social la reina de España ejerce un importante papel de representación institucional como consorte del actual Jefe de Estado. Precisamente por ese papel que desempeña, me parece que lo juicioso sería, cómo mínimo, tratarla con el especial respeto que merece su cargo. Se puede discrepar con ella sin necesidad ser grosero, se le puede replicar sin tratarle de boba. Yo no sería tan maleducado con nadie, y me parece que con menos que con nadie lo sería con la reina.

Me parece particularmente grave la mala baba que le ha sido dispensada a la reina cuando cualquiera un poco avispado puede darse cuenta de que lo que ha pasado no es fruto del azar. Ella no soltó ocurrencias que le vinieron a la cabeza en el momento, sino que claramente traída preparadas las cuestiones que suscitó. De hecho, interrumpió a quien hablaba e introdujo estos temas, sin que estuvieran relacionados con lo que se estaba comentando. Y más aún, a pesar de que claramente se le invitaba implícita y explícitamente a callar, ella no se arredró sino que dijo todo lo que quería decir. Seguramente, lo que había venido a decir.

Porque para mi ésa es la cuestión clave. Es muy necia esa manera de tratar a la reina como a una especie de niña malcriada que va soltando lo primero que se le pasa por la cabeza. Se vio que lo tenía pensado, preparado y estructurado; no siempre los conceptos fueron completamente precisos, pero el hilo conductor era muy consistente.

Yo no creo en las coincidencias. Todo parece muy preparado, aunque seguramente nunca lo llegaremos a saber. En cualquier caso, yo no descartaría que todo sea simplemente un acto de comunicación promovido por la propia Casa Real, sin darle una gran publicidad pero asegurándose que el tema es difundido por los canales que han creído más oportunos para que el mensaje llegue. No podían usar al rey, porque entonces el impacto mediático hubiera sido descomunal; han utilizado a la reina y así el impacto ha sido más moderado y contenido, y ya han conseguido poner un pie en estos temas.

Quien ha promovido esto, quien ha ideado y orquestado esto, lo ha hecho con una cierta intención. El caso es que ahora la Casa Real ha dado un primer paso y ha hecho un primer posicionamiento delante de un debate que será crucial en los próximos años. Y por eso mismo, quienes se han enfrentado a la reina no solo han hecho el ridículo por la endeblez de sus argumentos (particularmente penoso ha sido el papel del ministro Escrivá), sino que encima han cometido la osadía de enmendarle la plana a la Casa Real.

Si no voy desencaminado, este tipo de pronunciamientos volverán a repetirse en los próximos meses. Por otros cauces, de otras maneras, con otras intenciones, pero se repetirán. De ese modo, la Casa Real no solo abre el debate, sino que se posiciona muy claramente en su seno.

Siendo realistas, yo no tengo muy buenas sensaciones con toda esta historia. El tipo de decrecimiento en el que yo estoy pensando seguramente tiene poco o nada que ver con el que se está pensando en las altas esferas. El riesgo de ser manipulados y tergiversados para promover su agenda es enorme (de hecho, esta semana ya he visto varias veces cómo mi discurso real era tergiversado en algunos aspectos fundamentales).

Lo que sí tengo claro es que las preocupaciones por el futuro de la Humanidad en España ya son reales, en el sentido de ligadas a la realeza. Ahora solo nos hace falta llegar hasta las preocupaciones reales de la gente.

Salu2.

AMT

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jueves, 16 de noviembre de 2023

Las porfías del pobre idiota


Queridos lectores:

Hace poco, participé en la presentación de un libro sobre psicología climática en una librería de Barcelona. Mi función en ese evento era hablar principalmente sobre el Cambio Climático y la Crisis Ambiental, con alguna pincelada sobre la Crisis Energética y de Recursos. Al acabar el acto se me acercó una persona, la cual literalmente me dijo que ahora que me había escuchado entendía mejor cuál era mi opinión. Como quiera que yo no entendiera a santo de qué venía esa frase, esta persona me dijo que ella pertenecía al Consell de la República (órgano extraparlamentario cuya función es asesorar a lo que debería ser la futura república independiente de Cataluña) y que yo, literalmente me dijo, "les había hecho sufrir". Capté en ese momento por dónde iba y le dije que la entendía, pero poco a poco fui llevando la conversación al punto que a mi me interesaba: "Bien, ahora que me ha escuchado se ha dado cuenta Vd. de que mi posición no es tan radical, ni tan infundada, como Vd. se pensaba. De hecho, esa versión caricaturesca de mi discurso que Vd. ha oído tan a menudo tiene más que ver con mi crítica al capitalismo que no con mi presunta posición antirrenovable". Al finalizar, le conminé a leer lo que yo he realmente escrito, en vez de quedarse con la versión de mi que otros dan.

Un par de días antes tuve que sufrir en las redes sociales el bastante maleducado acoso de un señor que parece ser trabaja para una de esas publicaciones de verificación de noticias. Su mensaje tenía un tono acusatorio inequívoco: "¿Cuándo va a pedir Antonio Turiel perdón?", y enlazaba y citaba frases de un post mío del año pasado, "El porqué de un llamamiento". Allí, entre otras muchas cosas, decía que el pasado invierno habría gente que moriría de frío y que seguramente se producirían apagones en Europa, aunque dejaba claro que en España era harto improbable que pasase tal cosa. En aquellos meses, yo estaba muy impresionado por los continuos anuncios de planes de contingencia frente apagones en el Reino Unido, en Francia, en Alemania, y me había estudiado el documento de ENTSO-E sobre cómo íbamos a sortear el invierno. Y después de la voladura del Nord Stream todo apuntaba en la peor de las direcciones.

Obviamente pasó el invierno y la cosa no fue ni de lejos tan grave, en parte por la fuerte disminución de la actividad industrial (que aún se profundiza) y en parte por un invierno anómalamente templado. Justamente le repliqué esto a mi inopinado interlocutor, pero cual martillo de herejes intentaba, siempre con modales sinceramente mejorables, desmontar cada cosa que yo decía como si fueran meros bulos. Así, si yo decía que en un momento la anomalía térmica en Centroeuropa llegó a ser de 15 grados, él me atizaba con una gráfica de las anomalías promedio mensuales de toda Europa (en sí muy considerables, por encima de un grado si recuerdo bien) y todo de este jaez. Al final me cansé del tono chulesco y le bloqueé. El bloqueo es una fantástica herramienta para que los pesados no vean qué escribes y también para no ver tú qué barbaridades ponen y así no te entren las ganas poco oportunas de responder.

Es cierto: en Europa no pasó lo que se temía. Para este señor, eso me hacía a mi acreedor de la obligación de disculparme, como si por culpa de mis palabras algo malo hubiera sucedido, y como si lo que yo decía fuera un auténtico disparate infundado. Por desgracia, los problemas estructurales que teníamos entonces no se han resuelto en absoluto, y la próxima vez que venga un invierno frío (con un poco de suerte éste que viene tampoco lo será) podría pasar lo peor. Por cierto que justo antes de bloquear a este energúmeno, trataba de porfiar acerca de qué es lo que entendía yo por invierno frío.

Este autoproclamado censor había comenzado a rondarnos, a Juan Bordera y a mi, unos días antes a resultas de un artículo que publicanos en Contexto y Acción. En él hablábamos de los fenómenos de intensificación climática actuales y en un momento osamos decir que los modelos climáticos del IPCC tienen dificultades en describir los puntos de transición, debido a su fuerte no linealidad. A este martillo de herejes, en su profunda ignorancia, debió sonarle nuestra afirmación a negacionismo climático del más rancio, e ipso facto comenzó a acosar a Juan por esa concreta frase. Juan se afanó en publicar referencias sobre esta cuestión, pero en el mundo de opciones binarizadas de este señor seguramente tales matices no entran. Lo cierto es que su furibunda diatriba no puede ser más necia: cualquiera que haya trabajado con modelos geofísicos sabe que, por el efecto de la discretización de las ecuaciones y de la integración de las mismas, se genera ruido numérico que el carácter no lineal de las ecuaciones de Navier Stokes amplifica descontroladamente y por ello se requiere introducir cierta viscosidad numérica que inevitablemente suaviza los resultados. Añádase que algunos modelos incorporan cierto grado de relajación a climatología, que la elección del esquema de clausura turbulenta también tiene mucho impacto y que muchos procesos, como la interacción con el hielo, están mal descritos porque están mal comprendidos, y así se entenderá mejor porque los modelos climáticos tienen sus limitaciones. Limitaciones que resultan caer, en todas las ocasiones, en el lado de subestimar la gravedad de los problemas, y nunca en el de sobrestimarla (todo es siempre peor de lo esperado). Lo que para el celote verificacionista es negacionismo es en realidad una aceptación de nuestras limitaciones y un aviso de que en realidad las cosas son peores de lo que nos pensamos.

Mientras contabilizaba la energía que Juan y yo hemos perdido con este auditor escogido por nadie, yo me preguntaba si usará ese mismo furor revisionista delante de quienes decían que el futuro era la gran eólica (ésa misma que está ahora mismo colapsando económicamente) o sobre los que por encima de toda evidencia técnica aún claman que el hidrógeno verde es el combustible del futuro. En particular, me pregunto si les habrá exigido, como hizo conmigo, que pidan perdón, lo cual estaría bastante más justificado, viendo la cantidad de millones que se están tirando a la basura. La pregunta es retórica: verificadores, sí, pero no imbéciles. Arrogantes con el débil y sumisos con el poderoso.

Siguiendo con las redes sociales, pocos días después tuve que aguantar una nueva ridícula murga acerca de un artículo que publiqué en Contexto y Acción hace un año, "El manifiesto que nadie pidió". Hice en ese artículo un par de afirmaciones que en su momento escocieron mucho y las cuales desde entonces ciertas personas intentan siempre refutar. La primera es que en la red eléctrica no cabe un kilovatio·hora más, así que poco se justifica instalar más y más sistemas masivos de producción de electricidad. Y eso es simplemente factual, es otra manera de decir que el consumo eléctrico cae desde 2008. Por supuesto, la caída del consumo no es una simple línea recta, sino que tiene cierta modulación, pero la tendencia decreciente es a todas luces innegable.


Contra este hecho irrefutable se han intentado oponer muchos argumentos de una banalidad infantil y unos pocos con algo de sentido. Entre los últimos se encontraría el hecho de que la caída del consumo se debe fundamentalmente al despegue del autoconsumo. Aunque hay pocos números sobre el autoconsumo, y aún aceptando que algo ha influido en la caída de la demanda observada en la red de alta tensión, un análisis rápido muestra que es imposible que la mayoría de la caída se corresponda con esto; aunque en realidad da igual, porque la clave es que no hay mucha justificación para los grandes proyectos, y más si verdaderamente el autoconsumo fuera tan floreciente. Entre los argumentos banales nos encontramos que ese año se ha instalado mucha energía renovable "¿y cómo va a ser que se instale si no se aprovecha?", el confundir los kW instalados con los kW·h generados, y en general hacer una loa a que las nuevas tecnologías de almacenamiento, de coches eléctricos y de hidrógeno verde van a permitir en un futuro "próximo" aumentar el consumo.

Más sutil es la porfía con el otro de mis argumentos en el artículo, en el que digo que a principios del siglo XXI se había instalado en España mucha energía renovable y que ahora simplemente no se puede integrar más. Aquí mis púgiles dialécticos me enseñan gráficas que muestran cómo se ha incrementado en los últimos diez años el consumo de electricidad específicamente renovable (con un notorio estancamiento en los dos últimos), demostrándose así, a su entender, que sí que se integrado más. En este caso, la palabra clave es "integrado". La integración de los sistemas renovables tiene que ver con el papel que desempeñan dentro del sistema eléctrico (algo que Beamspot nos ha explicado con mucho detalle), y no si en determinados años producen algo más o algo menos de energía. De nuevo, que se estén instalando cada vez más sistemas de energía renovable no demuestra que se estén integrando en la red, si la energía finalmente consumida que viene de las renovables ya podía producirse con lo que existía antes de la instalación de esos nuevos sistemas. En realidad, para probar que se está integrando más energía renovable se necesita demostrar que las nuevas instalaciones están proporcionando una energía que ahora se consume y que antes no estaba disponible, cosa que obviamente no ha pasado si nos fijamos solamente en los últimos años. Aquí, de nuevo, yo juego con la imprecisión temporal de los plazos (¿qué quiere decir exactamente "en los últimos años"), pero, a fin de cuentas, el artículo que tanto les desvela no deja de ser una pieza divulgativa y de opinión, y no un trabajo científico donde todo tiene que ser obsesivamente precisado. Y si les molesta tanto que no sea más preciso, entonces no deben ser capaces de abrir un periódico; o quizá deberían entender que más que mostrar de forma precisamente cuantificado algo, lo que se pretende es introducir de forma divulgativa un concepto. Mención aparte merece el hecho de que si en la suma de la energía renovable generada se introduce la hidroelectricidad (que también es renovable), la resultante es aún menos brillante por lo que ha sufrido la sequía de los últimos dos años esta fuente en particular.

Todos estos ejemplos tienen en mi opinión un denominador común: intentar demostrar que o bien me equivoco o que estoy proporcionando deliberadamente una información errónea. La posición de partida es ésta: simplemente, no puede ser que yo tenga razón. Porque si tengo razón, entonces el mundo, su mundo, se hunde. Ese mundo que han construido basándose bajo la hipótesis de que podremos mantener el mismo nivel de consumo actual, simplemente cambiando nuestras fuentes de energía. Y así no puede ser que los sistemas renovables tengan muchas y notorias limitaciones, que los recursos que se precisan sean no solo escasos sino insuficientes a tal fin, ni que los problemas de sostenibilidad (de recursos, ambientales, sociales, etc) exigen un cambio de rumbo inmediato.

Hay algo, empero, que es nuevo: el nivel de porfía, de empecinamiento. Esta gente está convirtiendo el intentar refutarme en una cuestión vital. En vez de pasar olímpicamente de mi (no nos engañemos, sigo siendo un don nadie y mis opiniones no tienen ningún impacto en ninguna toma de decisión relevante), se obsesionan conmigo. No es algo casual, creo. Estas últimas semanas han sido nefastas para el sector renovable: ahí están los anuncios de los sucesivos planes de rescate de la eólica, centrados fundamentalmente en Siemens Gamesa pero con el resto de empresas también afectadas en mayor o menor medida por los mismos problemas; o la creciente preocupación por los precios cero o negativos de la electricidad en el mercado mayorista, que preludian el estallido de la actual burbuja renovable al estilo del parón que se vive en Alemania desde 2016 con el frenazo de la Energiewende. Ahora más que nunca hay necesidad de contrarrestar las noticias negativas matando al mensajero y descalificando los datos que se dan, por más que sean eso, datos.

Justo antes de que se produzca una transición de fase, un sistema muestra síntomas crecientes de inestabilidad. Algunas variables críticas oscilan, y a medida que te acercas al fatídico punto de ruptura, estas oscilaciones se van haciendo más lentas pero al mismo tiempo de mayor amplitud. Así, hasta que algo se rompe y el sistema colapsa en su nuevo estado.

Toda esta creciente porfía insensata nos muestra esto, que nos estamos acercando a ese punto crítico, a ese momento de ruptura. Lo peor es que los que porfían descuidan lo que debería ser la sustancia real de la discusión: el mantenimiento del bienestar de los ciudadanos y la defensa del interés común. Sacrifican lo que son los asuntos de la polis, la política, por defender una tecnología concreta, unos conceptos abstractos concretos. No se ocupan ya de la polis. Son porfías idiotas, en el más propio sentido terminológico. Lástima que en este momento no tengamos tiempo que perder en discusiones espurias y desatinadas. Suerte del bendito botón de bloqueo...

Salu2.

AMT

martes, 31 de octubre de 2023

World Energy Outlook 2023: ¿Cómo vamos a bajar esos picos?


Queridos lectores:

Un año más, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado su informe anual, el World Energy Outlook (WEO). Como en los últimos años, esta edición está libremente disponible (pueden descargársela siguiendo este enlace). Ese año, además, tiene la particularidad de ser el informe más corto de los que yo haya analizado hasta la fecha: tan solo 355 páginas (del orden de la mitad de las que había llegado a tener otros años). Teniendo en cuenta que hay casi 100 páginas de anexos, es realmente un informe muy, muy breve. Da la impresión de que se está produciendo un cambio en la orientación que la AIE le quiere dar a los WEOs, centrándolos en cosas más concretas y dejando de perder el tiempo con múltiples cuestiones accesorias que sazonaban los informes de otros años. Lo cual en realidad es de agradecer, teniendo en cuenta las urgencias que tenemos.

Es interesante que en el prólogo se comenta que el mundo está haciendo frente a unas dificultades semejantes a las que hace 50 años llevaron a la creación de la propia AIE. Evidentemente, el discurso es que actualmente estamos más capacitados para capear estos problemas, sobre todo porque tenemos claro qué modelo de transición debemos hacer. Lo curioso es que explícitamente se menciona la actual crisis energética y se relaciona con la "energía verde" como su solución, dejando claro que en realidad la actual apuesta por el "todo renovable" tiene más que ver con la necesidad de cambiar el modelo energético porque el modelo fósil ya comienza a hacer aguas.

El breve WEO de este año está estructurado en 5 capítulos: Introducción, con los principales hallazgos; definición de escenarios (a los que en este WEO, interesantemente, le dedican todo un capítulo, en preparación de los informes que vendrán otros años); rutas para el mix energético; seguridad energética; y análisis regional. Yo seguiré el mismo esquema, pues aunque breve este WEO es más denso conceptualmente que los anteriores y es importante saber qué se dice en cada contexto; únicamente dejaré de lado el análisis por regiones, porque me parece de menos interés.

Comencemos, pues, el análisis del WEO.

1.- Introducción y hallazgos principales.

El resumen del capítulo pone el énfasis en que la economía fósil se ha vuelto inherentemente volátil y que por eso tenemos que hacer la transición a las energías renovables, ya que ellas van a garantizar la seguridad energética. Tal y como avanzábamos en los informes de otros años, a medida que transcurre el tiempo se va poniendo cada vez más énfasis en la seguridad energética y menos en la cuestión ambiental, aunque por supuesto ésta segunda siempre se pone de excusa para acelerar la transición.

Por supuesto que la noticia que ha hecho los titulares en la prensa generalista referente a la publicación del actual WEO es la llegada al pico de consumo de los combustibles fósiles, incluso en el escenario de referencia, el STEPS (en el capítulo 2 discutimos los escenarios).


La AIE insiste en su idea de que no se está produciendo ningún pico de oferta, sino lo que sucede es que hay un pico de demanda. En este WEO, la palabra "pico" y sus derivados, siempre en relación a una variable que llega a su máximo y después comienza a disminuir, se cita la friolera de 141 veces, posiblemente la vez en que el término se ha usado con mayor frecuencia. Sin embargo, la AIE
, en el caso del suministro energético, insiste siempre en que los picos que se producen son de demanda, nunca de oferta. Lo cual es un poco absurdo, porque si realmente lo que estuviera pasando es que la demanda está cayendo, lo que deberíamos de observar es que el precio baja, no que se mantiene alto y que en ocasiones se dispara. Naturalmente la AIE tiene lista toda una argumentación para explicar esto, y siempre tiene que ver con la instabilidad geopolítica, aunque cabe preguntarse qué es causa y qué es efecto. Por demás, llama la atención que incluso en el escenario STEPS, que es el más continuista y que por tanto contempla las bajadas más lentas en el consumo de petróleo y gas, el carbón se desploma rápidamente. En realidad, lo que cabe anticipar es exactamente lo contrario: el petróleo es lo que más rápido bajará, el gas seguirá un camino intermedio y el carbón seguirá un ritmo de caída bastante más lento, entre otras cosas porque su geología lo permite. Los datos actuales, con Alemania importando carbón de España en gran cantidad, avalan que de hecho se va a mantener el consumo de carbón tan alto como geológicamente sea posible; y si el petróleo al final cae será por la restricción geológica, la cual se manifiesta con fuerza en la pérdida de inversión que llevamos sufriendo desde 2014.

En ese sentido la gráfica de la evolución prevista en el escenario STEPS de la demanda de carbón por sectores es bastante reveladora:


La idea es que la caída principal en el consumo de carbón se va a producir en el sector de la generación eléctrica. Es un planteamiento lógico y consistente con el modelo de transición que se plantea, en el que las renovables van sustituyendo los sistemas tradicionales de producción de electricidad. Sin embargo, como elocuentemente ha explicado Beamspot a lo largo de la serie de posts "La lavadora de medianoche", esto es más fácil de decir que de hacer, y es que hay limitaciones técnicas muy serias a la integración masiva de electricidad de origen renovable en redes de alta tensión. En cualquier caso, esta gráfica podremos irla comparando en el curso de los próximos años con la realidad de lo que vaya pasando, y recuerden que este escenario es el que prevé la caída más moderada en el consumo de carbón.

El análisis sectorial de la evolución del consumo de gas y petróleo en el escenario STEPS es menos interesante: en el caso del petróleo, básicamente viene mediado por el descenso del consumo moderado de coches con motor de combustión interna (supuestamente substituidos por coches eléctricos, pero a un ritmo más bien lento),


en tanto que en el caso del gas la moderación viene por la ligera disminución del consumo de gas en la generación de electricidad (parece que la AIE es consciente de que los ciclos combinados seguirán siendo necesarios para garantizar la estabilidad y disponibilidad de la red eléctrica).

A continuación, el WEO constata una obviedad: quien más peso tiene en las tendencias en energía hoy en día es China, y por tanto, si en ese país se produce una ralentización económica eso se traducirá en una ralentización del consumo energético. Obviamente, pretenden anticipar una situación en la que la gigantesca crisis inmobiliaria en el país asiático degenera en una crisis económica (y por tanto de consumo energético) de grandes proporciones, aunque también tienen en cuenta que el frenazo demográfico que está experimentando China puede llevar a una más que sensible disminución de sus consumo energético.

Después nos encontramos con una loa a la expansión de la producción de paneles fotovoltaicos (ahora que comenzamos a verles las orejas al lobo con los problemas de la industria eólica). La AIE está dispuesta a agarrarse a cualquier clavo ardiente que encuentre, y el aumento vertiginoso de la capacidad productiva de paneles es en ese sentido una noticia excelente.


Lo que resulta muy interesante de este gráfico es que nos muestra la capacidad productiva de las fábricas de paneles fotovoltaicos, que se ha multiplicado por 10 desde 2010, y los aumentos previsto hasta 2030. Sin embargo, en el escenario STEPS la instalación de paneles no seguiría un aumento tan rápido y eso lleva a una caída del grado de ocupación de esas fábricas (el porcentaje de lo que producen con respecto al máximo que podrían producir). En vez de ver eso como un problema (compromete la viabilidad económica de esas fábricas), la AIE lo valora como una bendición, porque eso debería de ayudar a que se acabase instalando más potencia fotovoltaica de la prevista. Ya veremos qué pasa. Y, de nuevo, recordemos que una cosa es instalar potencia fotovoltaica y otra cosa es cuánta energía efectivamente producida y consumida se ha generado.

Posteriormente, la AIE nos dice que el camino hacia un calentamiento que no supere los 1,5ºC respecto a la temperatura preindustrial es duro pero todavía es posible. Nos los dice en un momento en que la probabilidad de que acabemos este año con un promedio anual por encima de 1,5ºC es de más del 90%, en el que el promedio de los 12 últimos meses está ya 1,54ºC por encima del promedio preindustrial, y en el que el promedio mensual en lo que llevamos de octubre está 1,9ºC por encima del promedio de octubre pre-industrial.


Es decir, cuando probablemente los acuerdos de París son ya papel mojado, cuando la situación ya es crítica y no se ha hecho nada efectivo para evitar lo peor, nos dice que aún podemos evitar lo que ya ha sucedido. Si algo ilustra mejor que nada la total desconexión de la AIE y sus propuestas de la cruda realidad, es este perfecto acto fallido. Y atención a las "cuatro razones para la esperanza" de que no pasaremos de los 1,5ºC (cuando ya lo hemos hecho) que da la AIE: las políticas de fomento de la "energía limpia" (término mentiroso donde los haya) están avanzando, el despliegue estas energías se está acelerando, tenemos herramientas para ir mucho más rápido y el mundo está encontrando respuestas innovativas. Es decir, tecnooptimismo y fe en que más tecnología nos sacará del atolladero en el que nos ha metido nuestra sobreconfianza en la tecnología. Por supuesto aquí los problemas de la escasez de materiales no se mencionan, aunque hablaremos de ello más tarde.

El resto del capítulo comenta diversas cuestiones, como por ejemplo la asequibilidad de la energía en los nuevos escenarios, los cambios en inversión en energía o una discusión somera de las necesidades de materiales críticos en los modelos de electrificación "limpia", pero no lo comentaré aquí por parecerme en general de poco interés. Les dejo aquí, eso sí, una tabla que describe los riesgos asociados a la "electrificación limpia", que creo que es bastante autoexplicativa (y eso que es muy, muy optimista).


2.- Definición de los escenarios:

El segundo capítulo está centrado en la presentación de los tres escenarios considerados por la AIE. Estos son los mismos de los últimos años:

- Escenario cero neto en 2050 (NZE): Un escenario en el que se pretende seguir una reducción de las emisiones netas de CO2 tal que permita cumplir con los acuerdos de París y así conseguir con un 50% de probabilidad que el aumento de la temperatura en el año 2100 no supere los 1,5ºC, aunque por poco - de acuerdo con la AIE, se quedaría en un calentamiento de 1,4ºC. Teniendo en cuenta lo que está pasando, es mejor olvidarse de estos objetivos y simplemente decir que ese escenario persigue que para el año 2050 las emisiones de CO2 estén balanceadas, de manera que la concentración de CO2 en la atmósfera deje de aumentar.

- Escenario de compromisos anunciados (APS): Es el escenario que tendríamos si los gobiernos cumpliesen con sus compromisos y las políticas que llevan tiempo anunciando. Este escenario, nos dice la AIE, nos llevaría a un calentamiento de 1,7ºC (en realidad, ésa es la mediana, es decir, que habría un 50% de probabilidad de estar por encima y un 50% de estar por debajo).

- Escenario de políticas establecidas (STEPS): Es el escenario más realista, en la que se proyecta una continuidad con las políticas actuales y con el nivel de cumplimiento al que estamos acostumbrados. En este escenario nos iríamos a un calentamiento de +2,4ºC (en mediana) en el 2100.

Una cosa interesante es que, contrariamente a lo que se hacía en WEOs anteriores, los escenarios se presentan precisamente en ese orden, es decir, comenzando por el NZE y acabando por el STEPS. Lo cual no deja de ser curioso, si STEPS es el escenario de referencia. Se ve una tendencia en los últimos años, por parte de la AIE, a irle dando un carácter cada vez más central a NZE, seguramente porque es lo que se va ir pareciendo más al curso real de los acontecimientos (excepto por la implantación masiva de renovables).

El resto del capítulo son detalles técnicos sobre las implementaciones de los tres escenarios (por ejemplo, los escenarios de crecimiento del PIB, que asumen como un dato externo, al margen de la realidad física de nuestro mundo). Llama la atención que en el primer capítulo se hace mención un subescenario de NZE en el que se le da todo el peso a la solar (NZE Solar) pero aquí no se dedica tiempo a presentarlo, lo cual refuerza la impresión de que hay cierta improvisación en la definición de los escenarios, adaptándose a una realidad más complicada y poco favorable (la AIE está apostando por darle mucho más peso relativo a la solar, ahora que ve que el futuro de la eólica es cada vez más turbulento - por cierto, intentaré comentar en un post próximo las consecuencias del rescate a la industria eólica aprobado por la Comisión Europea justo el mismo día de la publicación de este WEO).

Destacaría algunas gráficas interesantes de este capítulo. Para comenzar, la evolución de las inversiones en los distintos elementos energéticos, que muestra quee las inversiones en renovable han superado a las del petróleo.


Es interesante que nos muestran la evolución solo desde 2015, y esa elección de fecha no es casual. En 2014, la inversión en petróleo tocó su máximo histórico, en unos 900.000 millones de dólares  y desde entonces ha caído más que considerablemente: los casi 500.000 millones actuales suponen una caída de más del 44%, y eso que el último año ha habido una considerable remontada (aunque en términos productivos no es asimilable a un cambio de tendencia en la inversión en la capacidad de extracción de petróleo, debido al aumento de costes que supone la inflación). Que actualmente se invierte mucho en el conjunto de sistemas de energía renovable, más que en cualquier otra fuente individual, es algo evidente, pero eso no significa que estén sustituyendo en una proporción significativa el consumo de combustibles fósiles, en parte porque potencia instalada no es potencia producida, en parte porque el rendimiento energético de la inversión es inferior al de los fósiles (por más que se den estadísticas sobre costes nivelados específicamente para la generación eléctrica) y en parte porque lo que está pasando es que la inversión en combustibles fósiles cae debido al rendimiento decreciente de esos recursos por agotamiento extractivo, lo cual no augura nada bueno.

Otra gráfica interesante de esta capítulo es la que nos muestra cómo ha hecho frente la UE a la falta de gas ruso y en general sus problemas de abastecimiento


Si se fijan en los factores, hay dos que tienen que ver con usar otros combustibles posiblemente más contaminantes (carbón en el caso de la generación eléctrica, y otro combustibles en maquinaria y calefacción), y varios tienen que ver con la caída de la demanda por factores diversos, desde un invierno bastante templado a reducciones en la industria y en el consumo eléctrico en general. El mensaje es que se le ha podido hacer frente, sí, pero a qué coste.

Otra gráfica interesante es la de la evolución reciente del precio de ciertas tecnologías relacionadas con la transición renovable.



Se ve que, siguiendo la tendencia de hace años, el precio iba progresivamente reduciéndose pero ahora parece estar tocando suelo. Esto es algo que tiene perfectamente sentido ya desde el punto de vista de la evolución tecnológica normal, llega un momento que se entra en la fase de retornos decrecientes, como pasa con cualquier tecnología o desarrollo humano, en realidad. Pero es que además seguramente se está comenzando a notar el impacto de la escasez de diésel y otros combustibles, siguiendo el proceso de agotamiento de las fuentes energéticas principales en nuestro mundo. De hecho, estas gráficas deberían ser una llamada de atención a aquellos que pretenden extrapolar las tendencias de los últimos 20 años y asumir que los costes seguirán abaratándose. Por el contrario, los problemas crecientes con el abastecimiento de materias primas parece apuntar en sentido contrario. En los próximos años veremos qué tendencia es la que se consolida.

3.- Rutas para conseguir el mix energético.

Lo primero que llama la atención de este capítulo es el subtítulo: "Una vista con un pico". Así, dando a entender que de picos va la cosa...

Y precisamente de eso va la primera gráfica, comparativa de la evolución de las diferentes fuentes de energía según los tres escenarios.



En todos los escenarios se ve que se llega un máximo de la producción de petróleo, gas y carbón antes del 2030, pero, como siempre, los ritmos de declive asignados no parecen del todo realistas. Centrándonos en el que nominalmente es el escenario de referencia, STEPS, se asume que la producción de petróleo aún puede aumentar un poco y luego comenzará un suave descenso. Esto no es para nada realista, teniendo en cuenta la fuerte desinversión de los últimos años, pero, como siempre, el truco está en incluir la difusa categoría de "Líquidos del gas natural", que, como sabemos, no son líquidos, sino en un 90% una mezcla de butano y propano, los cuales no pueden usarse como combustibles líquidos pero ahorran algo de petróleo en las refinerías en la producción de plásticos. Este truco contable es muy gracioso, porque permite añadir un subproducto del gas natural, cuya producción ciertamente aún no ha llegado a su máximo, para disimular la caída del petróleo - ¿por qué contabilizar una mezcla de butano y propano que se obtiene junto con el gas natural dentro del epígrafe de "otros líquidos de petróleo" si no se puede hacer ningún carburante líquido con ellos? Mucho más atinados parecen los ritmos de caída en APS y NZE. En cuanto a la producción de gas natural, su ritmo de caída en STEPS tampoco parece demasiado realista y de nuevo parecen mucho más lógicos los que se observan en APS y NZE. Y en el caso del carbón, de nuevo los ritmos de caída no parecen realistas, pero sobre todo porque por razones geológicas el carbón puede caer mucho más lento que en el escenario STEPS, el de caída más lenta. Y, por supuesto y para que quede claro de que no hay ningún problema con la oferta de energía, nos añaden este año en la misma figura el crecimiento simpar de la energía renovable y nuclear, que por supuesto lo compensa todo.

Por cierto que hablando de la energía nuclear, éste WEO es uno de ésos en los que la palabra "uranio" no está escrita ni una sola vez. La AIE renuncia, una vez más, a hacer cualquier análisis del combustible utilizado por una de las fuentes de energía que describe en el WEO, y lo hace cuando, como sabemos, la extracción mundial de uranio ha caído un 23% desde el máximo de 2016, y los recientes acontecimientos en Níger anticipan una situación cada vez más complicada para esta tecnología (la mala leche que están gastándose algunos conocidos proponentes de la nuclear en España es un buen indicio de lo mal que están las cosas). En todo caso, resulta vergonzoso que la AIE deliberadamente decida no hacer ninguna proyección sobre la extracción de uranio, y dada la importancia de la AIE en el asesoramiento del los gobiernos de la OCDE lo lógico sería que alguno de ellos le pidiese las correspondientes explicaciones (puesto que está creando un enorme punto ciego).

El resto del capítulo me resulta de escasísimo interés, con discusiones muy específicas en por ejemplo como se puede conseguir una alta electrificación en la industria o en el transporte, que sinceramente me parecen palabrería hueca simplemente viendo cómo en el mundo real estas cosas están resultando mucho más difíciles de lo que se plantea sobre el papel.

Y entonces llegamos a la figura en la cual se nos muestra cómo tendrá que evolucionar en cada escenario la potencia instalada según la tecnología. Sí, el eje vertical está en miles de gigavatios, o sea, en teravatios.


Para darse cuenta de la aberración que está proponiendo la AIE, fíjense en qué nivel está la hidroeléctrica, fuente que globalmente está proporcionando alrededor del 17% de toda la electricidad que se consume hoy en día en el mundo y que lógicamente no esperan que cambie mucho en los próximos años (porque ya está muy explotada). Ahora compárenlo con lo que se espera sobre todo de la fotovoltaica. El argumento es, por supuesto, que hace falta instalar más fotovoltaica porque tiene menos factor de planta que otras tecnologías. Y llama mucho la atención que en el WEO del año pasado se asumía una capacidad instalada para la fotovoltaica sensiblemente menor: así, si este año se rozan los 20 TW instalados en 2050 según el escenario NZE, el año pasado se asumía que se llegarían a 15 TW (que ya era decir).

 

¿A qué se debe este bandazo este año? Posiblemente, al pinchazo de la eólica, ejemplificado con el desastre de Siemens Gamesa de estos días. Si la eólica no va a subir tanto, la AIE tiene que buscar una tecnología de reemplazo y la única opción es la fotovoltaica, la cual es incluso peor que la eólica para la gestión de sus producción en una red de alta tensión. Eso explica la mención en el primer capítulo al escenario NZE - Solar, el cual no se llega luego a volver a mencionar, ni siquiera cuando se presenta los escenarios: es evidente que esto ha sido una modificación de último minuto, y al final el NZE - Solar pasó a ser el único NZE.

Donde la cosa se empieza a poner interesante es cuando se describe uno por uno los diversos combustibles. Es así que llegamos a una tabla bastante detallada sobre los tipos de petróleo que se esperan producir según los diversos escenarios, por desgracia en solo dos fechas dadas (2030 y 2050).


Siguiendo con esas cosas raras que hace la AIE sin explicarlas, parece que los biocombustibles se computan ahora aparte y sirven para sumarse a la demanda, pero no a la oferta. Es un artificio contable nuevo al cual, sinceramente, no sé darle explicación. En los años futuros, si se fijan, la demanda de "petróleo" está compensada con la oferta de los diversos tipos que aparecen, que excluyen los biocombustibles. En 2022, sin embargo, la demanda de petróleo habrá sido de 96,5 millones de barriles diarios (Mb/d), y la oferta fue de 97,1 Mb/d, es decir, hubo un sobrante de 0,6 Mb/d (quizá en parte debido a los redondeos).

Los líquidos del gas natural representaron en 2022 19 Mb/d, que en su mayoría son consumidos de manera no energética por la industria para hacer plásticos y probablemente por los otros sectores. La inclusión de esta categoría de hidrocarburos aquí solo sirve a la confusión y el enmascaramiento de la verdad. Fíjense que sin los líquidos del gas natural, la producción total de petróleo en 2010 fue de 70,4 Mb/d y en 2022 fue de 75,8 Mb/d; por desgracia, no se muestra el año 2018, que sin duda fue el del máximo.

Otro tema curioso: En el anterior WEO comentamos que el petróleo crudo convencional había caído desde los 70 Mb/d de los años 2005 y 2006 hasta los 60 Mb/d del año 2021. En esta edición, vemos que en 2022 había remontado hasta los 62,8 Mb/d (cifra pasajera pues ya se ve que ni en STEPS es capaz de mantenerse). En todo caso, esa cifra representa un gran hito, pues implica que se ha hecho un gran esfuerzo por incrementar el crudo convencional, probablemente para hacerle frente a la crisis del diésel.

Un poco más adelante nos encontramos con las gráficas que la AIE nos lleva presentando desde 2018, con los escenarios de oferta y los escenarios de demanda de petróleo, solo que en esta ocasión le ha dado una nueva vuelta de maquillaje.


Aquí nos separan los escenarios en dos regiones: OPEP+ (es decir, OPEP y Rusia) y el resto del mundo. Se ve cómo el escenario NZE es tal que coincide con que se invierta solo en mantener los pozos existentes. El escenario STEPS es tal que coincide con que se abran todos los pozos nuevos posibles, a un ritmo absolutamente absurdo teniendo en cuenta que cada vez se encuentran menos barriles cada año (mientras que cada año se consumen unos 36.000 millones de barriles de petróleo, en 2010 se encontraban tan solo unos 10.000 millones, y en la actualidad solo 5.000 millones). Lo interesante es con qué coincide el escenario APS. Sobre todo, cómo lo dividen entre las dos regiones.

La siguiente tabla interesante es la del gas natural. Bueno, de todos los gases, ya que incluye hidrógeno.

Lo más interesante de la tabla es que en 2022 hubo un déficit de 21 bcm. Da la impresión de que es poco importante, porque en 2010 hubo un superávit de 48 bcm.

Las caídas en el consumo de gas natural se darían principalmente en el consumo de edificios (calefacción) y en la generación de electricidad.

Por último tenemos la tabla del carbón:



En este caso, la reducción de consumo está asociada principalmente a la producción de electricidad.


El resto del capítulo se dedica a otras fuentes, como el biometano o el hidrógeno, que considero de poco interés.

4.- Seguridad energética.

Éste es seguramente el capítulo más importante, porque, como ya se ha comprobado, hay cada vez más riesgos en el suministro de energía. Nominalmente el capítulo se dedica no solo al problema que realmente preocupa (la seguridad del suministro) sino también a asegurar que no llegamos al 1,5ºC de calentamiento (cosa que sabemos que es ya imposible) y que además sea una transición justa con las personas. Toda la parte de emisiones de CO2 me la voy a saltar porque me parece completamente absurda.

Y de cosas absurdas este capítulo está lleno. Por ejemplo, este gráfico sobre el comercio mundial de hidrógeno en el escenario APS (las cifras por supuesto son mucho peores en el NZE):

Teniendo en cuenta que la tempera de licuefacción del hidrógeno es de -252ºC, ¿cómo se supone que vamos a transportar ese hidrógeno sobre largas distancias? Es una cuestión que realmente nadie sabe responder; todas las alternativas usualmente comentadas (amoníaco, metanol, en matrices metálicas) implican tales pérdidas energéticas que son un absoluto despropósito. Por supuesto, la idea implícita es que en 2050 la tecnología habrá progresado tanto que permitirá hacer lo imposible, una vez más una muestra de fe en el Mito del Progreso.

Mención aparte merece la cuestión de la flexibilidad en la generación eléctrica, tema introducido el año pasado. En la siguiente gráfica nos muestra qué factores intervenían tanto para crear necesidad de flexibilidad como para cubrir esa necesidad en 2022 y cuánto tendrían que incrementarse relativamente en 2030 y en 2050, y nos lo indican tanto para las necesidades de corto plazo (imagino que diarias) como estacionales. Nos lo muestran solo para el escenario APS, porque lógicamente en el NZE es para saltar directamente por la ventana.

 

Como podemos ver en el gráfico, en el año 2022 había dos factores fundamentales que explicaban la necesidad de flexibilidad de la red en las escalas cortas de tiempo: las variaciones de demanda (a lo largo del día, sobre todo) y el carácter caprichoso de la producción solar. En 2022, la respuesta a esas necesidades se hacía con sistemas síncronos despachables: centrales térmicas e hidroeléctricas. Fíjense cómo evoluciona la cosa, sobre todo en 2050: en 2050, las necesidades de potencia eléctrica flexible se tendrían que multiplicar por 4,5 respecto a ahora, y de eso casi 3,5 es por el carácter caprichoso de la solar. Pero como en 2050 nos vamos a quitar de encima las centrales térmicas, dicen, y la hidroeléctrica no va a poder subir, ¿cómo nos proponen compensarlo? Pues con dos categorías fundamentales: un despliegue monumental de baterías (que no hay quien se crea, debido al coste y la escasez de materiales) y, atención, "respuesta de la demanda". Es decir, reducción del consumo. Es decir, racionamiento. Brillante futuro que se propone a golpe de gráfica. Y, atención, hay una categoría adicional, menor en peso relativo pero no despreciable, de la que cada vez se hablará más: curtailment. Por lo que respecta a la flexibilidad estacional, la estructura de la respuesta es muy similar, y de hecho la necesidad de flexibilidad no se incrementa tanto en términos relativos (pero, atención, no nos dan la cifra absoluta de gigavatios·hora que se necesitan, solo el factor relativo al 2022, así que las necesidades estacionales podrían ser en realidad mucho mayores que las de corto plazo). En suma, el modelo eléctrico que nos proponen en el escenario moderado (APS) es uno de poner una cantidad imposible de baterías y el resto básicamente limitar el acceso a la electricidad; y como baterías no habrá, pues todo será básicamente cortes y apagones. Richard Duncan estaría orgulloso.

Para demostrar que esta barbaridad se puede hacer, nos muestran un ejemplo práctico de una curva diaria, de nuevo en el escenario APS, para la India. Cómo era en 2022 y cómo debería ser en 2050. Fíjense que el eje vertical es 6 veces más grande en 2050 que en 2022. La demanda es como 4 veces mayor (recordemos que se asume que se está electrificando todo el consumo de energía), pero dada la variabilidad de la solar (un día de verano, que es lo que se representa aquí) hace falta añadir muchísima cantidad adicional de generación.

Así que ya lo ven, la India pasará de producir el 70% de su electricidad con carbón, que es como está ahora mismo, a prácticamente erradicarlo, y eso lo logrará sobre todo con muchísima solar, viento y baterías. Y, por supuesto, con cambios en la demanda, en este caso aumentando mucho el consumo en las horas centrales del día y disminuyéndolo durante la tarde-noche.

El WEO nos proporciona también datos de una situación bastante más desfavorable: cómo varían las necesidades de flexibilidad en una región temperada como es Europa, a lo largo del año, en el escenario moderado APS y solamente en 2030. Como ven, la variabilidad es simplemente abrumadora (como ya nos contaba Beamspot en la serie "La lavadora de medianoche").

En este capítulo tenemos también una cierta discusión sobre el problema evidente de la necesidad de materiales críticos necesarios para hacer la transición renovable. Según la AIE no va a haber problemas. Bueno, o prácticamente no los va a haber. Bueno, en las previsiones hasta 2030. Y en el escenario APS. Y si los proyectos de nuevas minas llegan a tiempo (que por ejemplo en el caso del litio suponen más del 50% de lo que se necesita). Vamos, lo que se dice un plan sin fisuras.


Por demás, la AIE constata la obviedad de que la extracción de estos minerales está muy concentrada en unos pocos países.

Por la parte de la seguridad para las personas, no haré ningún comentario, solo les dejo aquí esta gráfica sobre la reducción de consumo esperable per cápita en las economías avanzadas y en desarrollo, y una tabla que resume en qué consisten esas medidas, para que Vds. saquen sus propias conclusiones.





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En conclusión, hay poca chicha en este WEO, pero también hay pocas, cada vez menos, alternativas. Dado que la eólica no va a seguir con su desarrollo rampante, se apuesta cada vez más fuerte a la solar... la cual también tiene sus problemas y limitaciones. Mientras tanto, el declive de los combustibles fósiles (y del omitido uranio) sigue su curso, y eso hará sin duda que en los próximos WEOs hablemos cada vez más de seguridad energética. ¿Cómo vamos a bajar estos picos?

Salu2.

AMT