martes, 9 de enero de 2024

El pico del diésel: Edición de 2023



Queridos lectores:

Una vez más, Rafael Fernández Díez nos ha hecho el favor de estudiar los datos de la Joint Oil Data Initiative para analizar cómo evoluciona la crisis de los combustibles derivados del petróleo, y particularmente del diésel. Este año el análisis es un tanto más complicado que en los años anteriores, y nos depara varias interesantes sorpresas. Aunque se haya publicado en 2024, lo consideraremos la edición de 2023 porque probablemente a finales de este año se publique una nueva edición.

Les dejo con Rafa.

Salu2.

AMT

Introducción

La edición de este año del estudio del diésel nace de la fusión del artículo que se redactó para el año 2022, que no se pudo publicar por motivos personales, y el del año 2023, con lo que las apreciaciones que se hicieron el año pasado, aún siendo válidas para éste, han sido mejoradas y ampliadas con el devenir de los acontecimientos. Seguramente me haya dejado algunos datos por el camino y es que tengo la impresión que desarrollar profusamente cada apartado podría dar lugar a todo un libro, lo que excede del objetivo de este artículo, así que vayan por delante mis disculpas por la longitud del texto.

Esta edición tiene la particularidad de que he tenido que acabar mientras estaba en el hospital, cuidando a mi mujer y a mi hijo recién nacido. Espero que sirva para despertar conciencias y para hablar de los problemas por su nombre con el fin de enfrentarlos y conseguir un futuro mejor para todos y no sólo para unos pocos, aunque todo apunta a que nos espera un futuro más bien negro.

Los lectores que se hayan incorporado a este blog durante este último año quizás se pregunten porqué se menciona frecuentemente el diésel como talón de Aquiles de nuestra sociedad. Este combustible fósil no es un combustible más, sino que es uno de vital importancia para la sociedad industrial y de consumo que hemos creado entre todos.

Durante la última década hemos venido haciendo este seguimiento a la producción del diésel y habiendo concluido el año 2023 vamos a actualizar los datos disponibles para este combustible en este artículo, aunque también es cierto que es interesante aprovechar el momento para ampliar un poco más la mirada hacia otros combustibles vitales para el funcionamiento de nuestro sistema socioeconómico.

Para aquellos que no conozcan la saga publicada sobre el pico del diésel pueden consultar las anteriores ediciones en los siguientes enlaces:

Si alguien se pregunta por qué es de vital importancia para nuestro sistema este combustible es por que no se ha parado a pensar en la intensa utilización que hacemos de él. El diésel se utiliza profusamente para el transporte de mercancías y, en menor medida, para el de personas, pero también se utiliza en la maquinaria pesada que trabaja en nuestros campos de cultivo, como los tractores o cosechadoras, así como en toda la gama de maquinaria de obra civil que construye nuestras infraestructuras, como carreteras, ferrocarriles, caminos o edificaciones de todo tipo, por no hablar que es imprescindible en los trabajos de minería actuales. Este último uso no es baladí puesto que, gracias a la minería, extraemos enormes y variadas cantidades de minerales de los cuales obtenemos casi la totalidad de los elementos de la tabla periódica que son necesarios para los desarrollos tecnológicos más modernos y prometedores.

El diésel se ha convertido, de forma directa o indirecta, en un componente básico para la industria y para el transporte puesto que proporciona el mejor rendimiento en los potentes motores que tienen que soportar duras y largas jornadas de trabajo. Todo ello, como es predecible, de la forma más económica posible.

Nuestro sistema socioeconómico, basado en el crecimiento sinfín, necesita un flujo de diésel confiable, pero también en continuo aumento porque, de no ser así, deben aparecer problemas en todas las actividades económicas puesto que los de unas afectan a otras como eslabones de una ramificada, enorme y compleja cadena. Esta alta complejidad ha favorecido la eficiencia y la productividad a costa de la resiliencia. En definitiva, nuestra sociedad industrial y de consumo se ha vuelto muy sensible y el suministro de energía abundante, barata y altamente disponible es su eslabón débil y opaco a la sociedad.

En el fondo, y desde siempre, lo que importa es el ritmo al que somos capaces de hacer llegar al consumidor las materias primas, ya sean minerales o energéticas, y no importa mucho, por no decir nada, la cantidad que pueda haber en el subsuelo.

En estos dos años que han pasado desde nuestra última revisión de este combustible, las noticias sobre la escasez del diésel en particular, o de los combustibles comunes en general, no han dejado de aparecer en los medios de comunicación. Cierto es que no abren las portadas de los telediarios ni de los diarios, pero allí están, para quien las quiera buscar. Esta falsa sensación de normalidad que disfrutamos en Europa en general, o en España en particular, esconde graves problemas de suministro mundial que afectan muy seriamente los procesos productivos claves de muchos países.

Veamos el ejemplo de Argentina, entre muchos otros ejemplos que podríamos mencionar. Los problemas allí de suministro de diésel son continuos y persistentes en el tiempo, tal y como podemos ver en una noticia de junio de 2022 o en esta otra noticia de septiembre de 2023 donde se muestran los problemas graves en la recolección de alimentos. El gobierno argentino se ha visto obligado a autorizar el uso de diésel de peor calidad, dado su alto contenido en azufre, allí donde su uso estaba prohibido por su elevado grado de contaminación respecto al diésel de mejor calidad, con el fin último de aliviar la escasez que están sufriendo de este combustible. Estos problemas repercuten en la cantidad de alimento cosechado, en su capacidad de exportación y, lógicamente, en sus precios, lo que influye negativamente en el coste de la cesta de la compra, en el mejor de los casos, y en que alguien pase hambre en el peor. Aún peor, los transportistas se ven forzados a reducir sus márgenes, ya sean autónomos o asalariados, porque el sistema económico, con el fin de aumentar o mantener los beneficios, va minimizando las pérdidas en los procesos hasta tal punto que les cuesta mucho esfuerzo hacer su trabajo. Esto se traduce en un empeoramiento de las condiciones laborales para compensar los incrementos de los costes, lo que les empuja a protestar con huelgas que interrumpen el suministro de productos provocando escasez en las industrias y al consumidor final. Una búsqueda en un navegador de internet cualquiera con las palabras “Nadie quiere ser camionero” les ilustrará una parte del problema.

Como siempre, el estudio de este artículo se basa en los datos extraídos de la Joint Oil Data Initiative (JODI), siendo los últimos datos consultables los pertenecientes al mes de septiembre de 2023. Como ya sabemos, los datos de los últimos meses tienen sus limitaciones, por incompletos pero, como siempre, esta limitación es persistente a lo largo de los años, como ya se ha comentado en otras ediciones, y no invalidan las tendencias observables. No obstante, con cada edición se vuelven a cargar todos los datos disponibles, con lo que las posibles subestimaciones de una edición concreta, quedan corregidas en la siguiente. En cualquier caso y como se ha comentado, el estudio no pierde validez dado que estas correcciones no suelen afectar las tendencias observadas, que es lo realmente importante, tal y como veremos más adelante en detalle.

En la última edición se amplió el estudio a otros productos, aparte del diésel, con el objetivo de intentar tener una fotografía algo más precisa y en esta revisión de la base de datos de JODI cabe destacar, principalmente, la desaparición de todos los datos de Rusia desde abril de 2023. Es fácil intuir que muy posiblemente Rusia ha dejado de colaborar con JODI desde este mes como respuesta a las sanciones económicas que llevan a cabo los países de la OCDE contra este país con motivo de su operación especial en Ucrania, tal y como se puede comprobar en la tabla de “compromiso” con JODI, donde Rusia está calificada como muy poco colaborativa para el período que va desde enero hasta junio de 2023. Que no aparezcan los datos de Rusia no significa que haya dejado de producir, así que sólo implica que ahora es más difícil seguir la pista a los productos rusos. De hecho no se observa un aumento apreciable en las importaciones de otros países y quizás no deberíamos esperarlo tampoco, puesto que ya antes importaban productos rusos, pero el producto ruso faltante puede dar lugar a interpretaciones erróneas. En todo caso, se comentará específicamente esta problemática en el producto analizado.

De igual manera que en otras ediciones se muestran los datos de los valores mensuales, que provocan ruido pero permiten ver detalles, y los desestacionalizados durante un año, que reducen el ruido y la precariedad de los datos finales, lo que ayuda a tener una visión más limpia y coherente de lo que está sucediendo.

Petróleo

El diésel se obtiene como uno de los productos de la destilación fraccionada del crudo de petróleo que se lleva a cabo en las refinerías. Por esto es importante también mostrar la evolución de la producción de petróleo crudo, según JODI, a lo largo de los últimos años para tener una idea más clara de las causas de los problemas.

Como ya se ha comentado en este blog con anterioridad, los datos de crudo de petróleo no son fáciles de obtener por la propia opacidad interesada de muchos de los países productores, a la que suma especialmente Rusia en esta edición. Somos conscientes de que faltan países productores en la base de datos de JODI, pero la tendencia que se observa va bastante en consonancia con otras fuentes de datos, como la del Energy Institute, que ha tomado el relevo del Statistical Review of World Energy que venía elaborando British Petroleum, o la de la propia Agencia Internacional de la Energia (IEA), que nos indican que el Peak Oil, o fecha en la que se produjo la máxima cantidad de petróleo diaria, fue en 2018, como se reconoce de forma indirecta en el WEO de 2022.

En el gráfico que muestra la producción de petróleo que se obtiene directamente de los datos de JODI muestra una meseta ondulante de producción entre 2013 y 2018. A partir de esta fecha se detectan dos caídas bruscas de la producción de crudo que corresponden a la desaparición de los datos de Irán, en 2018 y de los Emiratos Árabes Unidos, en 2019. A partir de esta fecha se produce una caída brusca de la producción debido al parón mundial provocado por las medidas políticas de contención del virus COVID-19. Más recientemente también desaparecen los datos de Brasil, en enero de 2023 y de Rusia, en abril de 2023.


Para compensar todas estas desapariciones de datos se escoge, de manera artificial, repetir la producción del último mes conocido para Irán, Emiratos Árabes Unidos, Brasil y Rusia, porque estos países han continuado produciendo petróleo. Que no lo comuniquen a JODI no implica que ese petróleo no exista, tal y como se puede observar en la web de peakoilbarrel, donde sí que podemos ver la producción de alguno de estos países en estos últimos años. Si bien es cierto que asumir la misma producción sin cambios durante tanto tiempo, sobre todo para los dos primeros países de la lista, es arriesgado, siempre es mejor que no tener en cuenta ninguna producción. Con estas burdas estimaciones obtenemos el siguiente gráfico, que se ajusta mejor a la realidad.


En el anterior gráfico modificado se continúa observando la meseta ondulante de producción a partir de 2013 hasta 2020, momento en que la reducción de la actividad provocada por la paralización artificial de las economías mundiales indujo una reducción brusca de la producción de petróleo crudo para adaptarse a esta circunstancia.

La tendencia observada es que ya no se está siendo capaz de alcanzar los valores máximos de producción diaria previos a la pandemia y ya han pasado algunos años desde los valores máximos.

Otro organismo que proporciona datos interesantes para la OCDE es la EIA (Energy Information Admnistration) de los Estados Unidos de América. El gráfico elaborado por peak oil barrel es muy significativo. No sólo no se han alcanzado los valores de producción máximos previos a la pandemia, sino que sus previsiones de producción a corto plazo tampoco son optimistas en cuanto a aumentos significativos en la producción de crudo.


Organismo diferente pero misma tendencia. El uso de la energía, y el petróleo es principalmente energía, va íntimamente ligado al crecimiento de nuestro sistema socioeconómico. Sin crecimiento nuestro sistema socioeconómico se viene abajo. Para quien quiera más información sobre esto deberá buscar otros posts en este blog, donde ya se ha argumentado profusamente.

A finales de 2021, el ministro de energía de Arabia Saudí declaraba que si no se invertía suficiente en la industria del petróleo habría problemas muy serios en forma de crisis energética mundial. Durante el año 2022 hubo varias noticias sobre la incapacidad de los países de la OPEP+ de aumentar la producción de crudo, cosa que disgustó visiblemente a muchos, entre ellos al presidente Biden. Pero durante el año 2023 hemos visto que las tensiones en el mercado del petróleo continúan y se concretan en acuerdos de reducción en la producción, como en junio de 2023 o incluso en noviembre de este mismo año para, según ellos, conseguir aumentar el precio del crudo.

En estos últimos tiempos hay dos aspectos claves que hay que conocer para comprender que el comportamiento clásico de fijación del precio de un producto como el petróleo ya no se puede aplicar tan a la ligera, está en decadencia.

Por una parte nos encontramos con un mercado financiero altamente tecnificado que es manejado, cada vez más, por programas informáticos (bots) con el fin de maximizar el rendimiento económico de sus operaciones mediante la especulación. Pero parece ser que no sólo tienen este fin. En mi opinión se está intentado reventar el sistema de casación clásico de precios que se consigue con la famosísima ley de la oferta y la demanda para conseguir precios artificialmente bajos del petróleo con los que incentivar la economía y desestabilizar a los países del cartel de la OPEP+. No es muy lógico que no observemos aumentos significativos del precio del crudo en un mercado donde la demanda continua alta y la oferta no es capaz de seguirla.

Por otra parte, siempre se ha “confiado” en la capacidad ociosa de los grandes productores de crudo, es decir, en que pueden producir más de lo que producen, pero que no lo hacen por que les interesa hacer subir el precio del producto artificialmente. Hemos llegado a un momento histórico en el que todo apunta a que esa capacidad ociosa, muy posiblemente, ya no existe. Los campos saudíes más famosos ya están en declive, aunque no lo hayan dicho abiertamente, mientras que los rusos ya lo están, confirmado por ellos mismos.

A esto hay que añadir la problemática existente con los pozos exhaustos de los que se consigue extraer petróleo con enormes esfuerzos técnicos y económicos. Si se cierran coyunturalmente después no es fácil volver a ponerlos en funcionamiento, de hecho suele ser imposible porque se han cegado. La pandemia no sólo nos ha proporcionado un tiempo extra para alargar el periodo en el que podamos usar el petróleo restante, sino que también provocó, de rebote, que se perdiera capacidad productora.

Por último, los últimos informes apuntan a que la revolución del shale americano ya ha llegado a su fin y en un muy corto período de tiempo veremos como cae la producción de este petróleo ligero.

Todo lo anteriormente comentado es importante. No hay conejo debajo de la chistera. Hemos llegado arriba y ahora toca bajar y adaptarse a este descenso. El no reconocerlo y no actuar en consecuencia provocará, y ya provoca, desigualdades, injusticias, sufrimiento, etc. En nuestra mano está intentar controlarlo. Pero sigamos con el análisis.

Productos destilados

El pico del petróleo se refleja individualmente en los productos destilados en mayor o menor grado. Según los datos proporcionados por JODI, la producción conjunta de todos estos productos parece que quiere recuperar los niveles prepandémicos de 2018, aún con la desaparición de Rusia, consiguiendo recuperar buena parte de la producción perdida en la pandemia. Es todo un logro.


Las gasolinas, como se ve en el gráfico siguiente, no consiguen acercarse a los niveles máximos de producción anteriores a la pandemia, encontrándose éste ahora en niveles similares a los conseguidos en 2010-2012. De momento todo parece indicar que el “peak gasolinas” también se produjo hacia el 2018/2019.


Los destilados medios

A la hora de obtener productos destilados del petróleo, la fracción que más nos interesa en este artículo es la conocida como los destilados medios, que son aquellos productos que se obtienen en un rango intermedio de temperaturas en la destilación del crudo.

Estos productos son el diésel, o gasóleo, el gasóleo de calefacción extra ligero (gasóleo de calefacción, el diésel marino (MDO) como etapa intermedia entre los destilados medios y el fuelóleo pesado, y el jet fuel, también conocido como queroseno. Así que, sin ánimo de ser meticuloso, vamos a hacer un repaso a algunos de estos productos y sus interrelaciones.

El diésel

Comenzaremos por el combustible protagonista de este artículo y veamos qué es lo que está sucediendo con la producción de diésel, según los datos de JODI.

Al igual que pasaba con el petróleo notamos a faltar los datos de la producción de algunos países: Brasil, con un 2,7% sobre el total desde enero de 2023 y Rusia, con un 6% desde abril de 2023, que suman entre los dos suman casi un 9%. Su capacidad de refino no ha desaparecido de la noche al día, simplemente no lo comunican a JODI, así que, como burda aproximación, podemos inferir una producción similar a la última conocida durante estos últimos meses para conseguir dibujar una gráfica lo más realista posible.



Antes de continuar analizando los datos es interesante mostrar la comparativa entre diferentes ediciones del pico del diésel. Cuando comparamos los gráficos podemos observar la poca relevancia que tiene la falta de precisión de los datos de JODI de los últimos meses, que se van corrigiendo progresivamente a medida que los países van aportando los datos que faltan. Al final, lo que importa es la tendencia, como siempre hemos comentado.


Se observa fácilmente que la pandemia COVID-19 redujo la producción de diésel a niveles de 2011 y que ha habido una recuperación importante en la producción de este combustible aunque no llega a compensar toda la caída producida desde los valores máximos que se consiguieron en el período 2016 a 2019.

Debemos notar que, si nos atenemos al sacrosanto PIB, las economías mundiales han seguido creciendo, prácticamente de forma ininterrumpida, desde los 35 billones de euros de principios de siglo hasta los 100 billones de euros en el año 2022, tal y como informa el Banco Mundial.

Si tenemos en cuenta el aumento en el PIB acaecido desde 2016, la reducción efectiva de la producción de diésel en el mismo periodo, a nivel global, indica que tiene que haber problemas de abastecimiento de diésel en algunas zonas del mundo puesto que este combustible, como ya hemos comentado anteriormente, es fundamental para sostener la actividad económica a todos los niveles. Dicho de otra manera, para que haya países que continúen haciendo aumentar el sacrosanto indicador de productividad llamado PIB, tiene que haber otros que padezcan graves problemas en los suministros energéticos, entre ellos el diésel. Es el famoso juego del baile y las sillas, pero en versión perversa para las personas de buen corazón. Todos conocemos ese otro tipo de personas que no sólo defienden que esto sea así sino que lo promueven y lo alientan con tal de que siempre sean otros los que se queden sin silla y no ellos, sin importar lo que esto signifique.

Para analizar lo que está sucediendo con el diésel, conviene tener en cuenta el contexto geopolítico actual, que es bastante diferente al de hace dos años, cuando publicamos el último artículo de esta saga del diésel. El conflicto armado entre Rusia y Ucrania, con fuerte intervención directa de los países miembros de la OTAN, ha provocado que no sea igual de fácil la obtención en occidente de crudo ruso para destilar en las refinerías occidentales, ni tampoco el obtener diésel directamente desde allí. Este hecho implica más de lo que pudiera parecer puesto que las refinerías se especializan en determinados tipos de crudo dado que no todos los crudos son iguales.

El petróleo ligero, no convencional, que es el que ha mantenido la esperanza y el espejismo durante estos últimos 10 años, no sirve para destilar productos medios o pesados, como el diésel, fuel oil u otros productos todavía más pesados. Este petróleo ligero ha compensado la producción de crudo total y ha escondido que el petróleo bueno, el que sirve para hacer diésel, hace ya casi veinte años que llegó a su pico productivo.

Modificar una refinería para que acepte otros tipos de crudo no es fácil y, a veces, es inviable, lo que repercute en su capacidad productiva, no solo de diésel, sino también de otros productos. Es por esto que ante la imposibilidad de acceder a los recursos de un productor, la adaptación sea lenta y cara, no sólo por las modificaciones técnicas que tienen que llevar a cabo, sino especialmente por la necesidad de añadir intermediarios en el proceso, lo que lastra de nuevo las economías y las impulsa hacia la recesión. Los primeros problemas siempre se repercuten en el precio, que no deja de ser un racionamiento encubierto del producto cuando éste se ha convertido en un bien esencial. Más adelante llegará el racionamiento institucional.

El refino del petróleo para obtener productos derivados es un asunto complejo pero para simplificar las cosas podríamos decir que un barril de petróleo crudo convencional se obtienen unos subproductos aproximadamente en proporciones siempre parecidas y que no varían mucho entre los distintos tipos de petróleo. Nate Hagens lo explica muy didácticamente. Por eso no es fácil compensar la escasez de un subproducto. Podríamos refinar más petróleo, si lo tuviéramos, para suplir la falta de diésel, pero entonces tendríamos una sobreoferta de otros subproductos y que no se pueden almacenar indefinidamente por que se estropean. No creo que la opción sea esconderlos bajo la alfombra o quemarlos para que no molesten.

Pero volvamos a Rusia, que es un país enorme y un gran productor mundial de recursos de todo tipo, como petróleo, carbón, gas natural, así como productos derivados del petróleo o incluso de uranio, enriquecido y sin enriquecer. Las sanciones económicas creadas por la Unión Europea para castigar al gobierno ruso por su operación militar en Ucrania, tal y como la denominan desde Rusia, consisten en prohibir transacciones económicas con este país para castigarlo y conseguir así limitar las divisas europeas que tienen y que puedan usar para abastecerse de lo que necesiten. Pero estas sanciones han sido muy desiguales, tanto en el tiempo como en su tipología de tal manera que aquellas materias primas fundamentales y de muy difícil sustitución en el mercado mundial han quedado hipócritamente excluidas, como por ejemplo el uranio, manteniendo su comercio con relativa tranquilidad. El resto de materias primas rusas han seguido llegando a Europa, a excepción del gas natural, que por sus características de transporte lo hace inviable, pero a costa de un significativo aumento de precios puesto que ahora intervienen terceros países que hacen de intermediarios y que no se alinean con los postulados del “mundo occidental”, sino que más bien tienen su mirada puesta en el grupo BRIC+, o ya forman parte de ellos, como comentaremos más adelante.

El desmantelamiento de la mayoría de las refinerías europeas, excepto en España, buscando la reducción de costes que producen las economías de escala, con la consabida globalización, ha puesto a Europa en una situación difícil que ha conllevado que el diésel ruso se haya seguido importando, aunque de manera encubierta mediante terceros países, como Marruecos o Turquía. Por eso Europa se preocupa cuando Rusia anuncia que detiene la exportación de diésel, porque lo necesita para su mercado interno que se encuentra muy estresado por los costes de la guerra en Ucrania, aunque sea temporalmente.

Rusia ha seguido exportando de todo hacia todo el mundo, a un precio u otro, porque en un mundo en el que comienza a haber escasez pocos se pueden permitir el lujo de prescindir de alguna materia prima. Todo esto demuestra que el mundo está estrechamente interconectado y que el famoso efecto mariposa de la teoría del caos se traduce en que cualquier evento en cualquier parte del mundo conlleva repercusiones globales que a priori no tienen por qué ser intuitivas.

Tenemos un problema mundial de escasez de diésel y de otros productos también. No lo decimos nosotros desde este humilde blog, sino que la misma Unión Europea convocó, en octubre, una reunión para hablar de los problemas de suministro de diésel.

En la introducción a este artículo ya se ha comentado alguna medida que se está tomando, como por ejemplo en Argentina, que para paliar la escasez de diésel comienzan a admitir combustibles con más contenido en azufre, lo que aumenta el volumen de combustible disponible, mitigando así la escasez, a costa de empeorar la calidad del aire. En otros lugares ha comenzado una apuesta política que consiste en tomar medidas para limitar su consumo haciendo la vida más difícil a aquellos que lo necesitan. Un caso reciente, entre otros, lo podemos ver con la protesta de los agricultores alemanes con motivo de la retirada de las ayudas fiscales al uso del diésel, indispensable hoy en día en el manejo moderno de la tierra. Es muy posible que estas medidas comporten una reducción del número de agricultores y esta disminución puede provocar que haya más tierra a disposición de las grandes multinacionales. Éstas pueden hacer frente, de momento, a costes de producción en aumento gracias a la economía de escala que les da su tamaño, siempre a costa de la calidad del producto y de prácticas de manejo de la tierra poco respetuosas con el suelo y el medio. Éstas empresas hacen válida, a mi entender, la máxima de pan para hoy, hambre para mañana. También pudiera ser que la reducción de los agricultores redundara en una simple reducción de cultivos cuya consecuencia sería la disminución de los alimentos disponibles. Ninguna de las dos posibilidades es buena.

En Latinoamérica se está notando especialmente la falta de diésel. Llegan muchas noticias de países que nos hablan de la escasez de este combustible, como en Bolivia, Argentina o Venezuela, todos ellos productores de petróleo, por cierto. Últimamente hemos visto cómo ha subido especialmente el precio, no sólo del diésel, en Argentina, con el ascenso al poder de Milei. Las nuevas medidas económicas de su equipo de gobierno han provocado un encarecimiento sin precedentes del combustible, lo que a la práctica conlleva una reducción de la demanda por la vía salvaje de los precios, lo que se traduce en un empobreciendo de las clases más humildes del país.

Otro parche para reducir el uso del diésel es el apoyo institucional al vehículo eléctrico, hasta incluso subvencionando su adquisición con el dinero del contribuyente. De este tema se ha hablado largo y tendido en este blog, así que no voy a explayarme con él. Solo quiero comentar que el uso del diésel en el transporte es efectuado, en un altísimo porcentaje, por los camiones y buques, y no por el coche, así que aunque se cambiara todo el parque de coches térmicos por eléctricos, su repercusión en la demanda de diésel sólo conseguiría ajustes cosméticos pero nada suficiente como para ser decisivo.

El queroseno

El combustible para aviación, por excelencia, es el queroseno que también pertenece al rango de los destilados medios. Hemos decidido incluir este producto en este artículo por su gran influencia, como veremos más adelante. Veamos los datos de JODI de este producto.


Según podemos observar, la fecha en la que se produjo el máximo de producción fue justo antes de la pandemia, con una punta de 5 millones de barriles diarios. La detención de las economías y, especialmente, de los viajes aéreos produjo un descenso en la producción de este combustible muy acusado del que todavía no se ha conseguido recuperar, estando la producción, ahora, en los niveles de 2015, aproximadamente.

Según la IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo), el tráfico aéreo mundial alcanza en julio el 95,6% del nivel prepandemia, sin embargo, la producción de queroseno no ha aumentado tanto, así que o JODI no tiene todos los datos de producción, alguien no dice toda la verdad o quizás sea la falta de este destilado lo que ha provocado el importante aumento en el precio de los billetes de las aerolineas que hemos observado en este último año.

La falta de queroseno se ha de notar de alguna manera además de en el incremento de precios, como por ejemplo que le sucede a Nigeria que, a pesar de ser un gran productor de crudo y exportarlo a medio mundo, España incluida, ha tenido problemas de suministro de diésel y de queroseno, por sus reducidas capacidades internas de refino, haciendo imposible mantener sus rutas de aviación por falta de combustible. Esperemos que una parte de sus problemas se resuelvan con la nueva refinería recientemente inaugurada.

Durante la pandemia, debido a la paralización del transporte aéreo, sobraba queroseno porque los aviones no volaban. Como consecuencia hubo un aumento de queroseno disponible para ser utilizado y aparecieron iniciativas para utilizarlo mezclándolo con el diésel. De sobra es conocida la posibilidad de mezclar queroseno con diésel a fin de mejorar sus propiedades en épocas frías. Es una práctica conocida y extendida, pero que tiene sus consecuencias, entre ellas, la inutilización del motor. En el momento en que los problemas de abastecimiento de diésel sean más acuciantes todavía que los que hoy en día ya padecemos, no es nada descabellado pensar en sostener las actividades que hacen un uso intensivo del diésel a costa de otras actividades que se nutran de queroseno. Dicho de otra manera, se va a dejar caer la aviación de masas y el queroseno sobrante se irá mezclando con el diésel con el fin de aumentar su disponibilidad a costa de la durabilidad de los motores. Tiempo al tiempo.

El fuelóleo

Cuando se habla de fuelóleo suele haber bastante confusión hacia este término porque dependiendo de la fuente se suele referirse a diferentes combustibles con este mismo nombre, incluso a veces agrupaciones de combustibles.

Por lo que a JODI respecta, la categoría de fuelóleo se refiere al fuelóleo pesado, incluso el tipo bunker, así que, de forma estricta, ya no debemos considerarlo como destilado medio. Si lo incorporamos en este estudio es debido a que se puede conseguir una cierta transferencia de fuelóleo pesado hacia diésel si se llevan a cabo algunas adaptaciones en las refinerías, así que tener en cuenta también la evolución de este combustible nos da una idea de la capacidad “sobrante” existente para conseguir diésel extra, aunque sea con una gran esfuerzo técnico y económico.

Para corregir la desviación a la baja de la producción de fuelóleo debido a la desaparición de los datos de Brasil (3%) y Rusia (7%), se ha optado por hacer el mismo truco contable, que no es otro que repetir de ininterrumpida el último dato conocido, de diciembre de 2022 y marzo de 2023 respectivamente.



Aunque también se ha conseguido recuperar de los efectos de la pandemia, se puede ver sin discusión alguna que no volverá a alcanzar los valores de producción de hace 15 años, que fue el momento en el que alcanzó su máximo nivel productivo.

Si observamos de forma conjunta la producción de diésel y de fuelóleo se puede comprobar que continuamos en niveles productivos anteriores a la crisis de 2008, ligeramente mejores que los mostrados en la anterior edición del peak del diésel pero aún así a niveles de hace 15 años, con lo que se confirma la situación.



Conviene hacer ver que, durante estos últimos 15 años, se ha ido produciendo un cierto relevo. La producción de diésel ha ido ganando protagonismo a expensas de la de fuelóleo y lo que éste ha ido perdiendo, el otro lo ha ido ganando. Seguimos pensando que se ha producido una cierta compensación al destinar parte de la materia prima para la producción de fuelóleo para producir diésel, tal como se ha explicado en anteriores ediciones del pico del diésel.

Para este artículo hemos querido adicionar también la producción de queroseno, como producto relevante de la categoría de destilados medios, para ver cual es su contribución en el total y para tener en cuenta posibles mezclas de éste combustible con el diésel, hoy seguramente de poco calado pero que previsiblemente irán en aumento. 



Los datos disponibles de producción de queroseno en JODI comienzan en 2009 y su contribución de forma apilada nos muestra un pico de producción total hacia el año 2015. La recuperación post pandemia deja la producción agregada en valores de 2011, hace ya más de una década.

Todos estos datos constatan que el declive en la producción de petróleo de calidad, que se produjo en la primera década de este siglo, está arrastrando la producción conjunta de diésel, gasóleo y hasta queroseno hacia su propio declive y más específicamente la producción de diésel.

Los precios

Al igual que hicimos en la anterior edición, la gráfica de la evolución de los precios de los combustibles nos ayuda a entender cómo se traducen los valores de producción según su impacto directo en nuestras economías.



Durante el año 2022 vivimos un gran aumento del precio del crudo de petróleo y una posterior relajación en este 2023 que ha arrastrado, primero al alza y después a la volatilidad, los precios de los combustibles derivados de éste. El gran aumento de precio vino provocado por la especulación originada por el conflicto armado entre Ucrania y Rusia y la especulación que se produjo debido a la incertidumbre asociada. Ya se sabe el dicho, a río revuelto, ganancia de pescadores.

El comportamiento durante 2023, mucho más volátil pero de una cierta estabilidad entre los 80 y los 100$, es el que continúa marcando la pauta y las agendas en el corto plazo. De hecho, ya lo comentábamos en la introducción de este artículo, que estos precios parece que no les vienen bien a nadie, puesto que el cártel de la OPEP quiere subirlos, aún a costa de provocar recesiones de todos los colores, mientras que las economías occidentales quieren bajarlos para evitar, precisamente, esas recesiones, a lo que hay que sumar los campos de petróleos ligeros estadounidenses que necesitan precios eminentemente altos para ser medianamente competitivos. Por cierto, a estos últimos actores los precios altos del crudo tampoco les van a servir de mucho porque todo apunta a que en un año, máxime dos, el descenso en la producción de estos campos será notable al haber aparecido ya los primeros síntomas del agotamiento de los pozos. Ya nos podemos ir preparando…

Es interesante observar que con la subida del barril de crudo de 2022, que fueron precios tan elevados ya, de media, como los que hubo entre 2011 y 2015, el precio del diésel, de la gasolina y hasta del diésel de calefacción, se dispararon muy por encima de aquellos históricos valores de aquel período hasta llegar a niveles que son completamente inasumibles por la economía. Todos recordamos en Europa los precios por encima de la barrera psicológica de los 2€ por litro, impensable en 2021. Este hecho ha provocado una inflación como nunca vista en décadas cercanas en Europa y su consecuente e incipiente recesión difícil de camuflar ya en 2023.

Llegados a este punto conviene recordar el concepto de la espiral de destrucción de demanda y de oferta, que va ligado al comportamiento del preció del petróleo y de sus combustibles derivados, aunque también al de cualquier materia prima esencial y no sustituible. La escasez de cualquier materia prima energética y del diésel en particular, puesto que ya hemos explicado hasta la saciedad que es un combustible esencial para las economías mundiales, provoca su aumento de precio y éste repercute en todos los productos, lo que se traduce en la famosa inflación que estamos sufriendo nuevamente. Superado un cierto umbral de inflación, la destrucción del tejido productivo, es decir, de la demanda, debido a estos altos costes es tan alta que la presión compradora sobre el producto energético desciende, provocando una reducción de su precio. Así pues, nos encontramos con que, paradójicamente, el precio baja en periodos de escasez después de haber pasado por un pico de precios inasumible aunque, eso sí, con terribles consecuencias, como por ejemplo la desestabilización total de un país entero. Esta volatilidad en los precios cada vez se producirá en períodos más cortos de tiempo y siempre habrá quien diga que la culpa es de una guerra o de los especuladores, pero hay que reconocer que estos últimos no operan cuando hay abundancia sino cuando hay miedo, miedo generado por la escasez o por las perspectivas de escasez.

Medidas políticas de intervención en el precio

Durante el año 2022 vimos dos medidas estrella de intervención política en el precio de los combustibles. Por un lado, el uso de las reservas estratégicas y por otro, la reducción artificial del precio del combustible en la gasolinera a modo de descuento final mediante subvenciones estatales directas.

Estas dos medidas han supuesto una intervención directa en el mercado violando la sacrosanta ley liberal del mercado autoregulado que no necesita ningún tipo de intervención gubernamental. “Cosas veredes…”.

Pero es que, además, estas dos medidas no tienen el efecto deseado cuando los problemas que intentan paliar son estructurales, como la crisis energética. De hecho, sólo tienen sentido cuando los problemas que causan aumentos de precios son coyunturales, por eso son inútiles y contraproducentes ante causas estructurales. Veamos con más detalle la intervención mediante el uso de las reservas estratégicas.

El uso de los reservas estratégicas

Los países almacenan combustibles para asegurar el suministro durante un cierto periodo de tiempo, aunque este periodo no es el mismo entre países ni entre las diferentes materias primas energéticas. A modo de ejemplo, para el petróleo se suele estipular un mínimo de 90 días. A este almacén, que se reparte entre el estado y las empresas, se le conoce como reserva estratégica energética.

La finalidad de la reserva estratégica energética es la de proporcionar estabilidad de suministro interno de emergencia ante problemas de desabastecimiento temporales, es decir, provocadas por situaciones más o menos impredecibles pero limitadas en el tiempo, por que estas reservas son finitas y, de hecho, pequeñas respecto al consumo diario.

Pues bien, en los últimos meses ha habido un uso intenso de estas reservas estratégicas liberando combustible almacenado con el fin de combatir los altos precios de estos. Esta política de uso de las reservas reduce el precio del combustible disminuyendo el impacto negativo de los altos precios en la economía, lo que ha posibilitado que el consumidor final no haya notado tanto los efectos de la escasez.

Esta estrategia de intervención, que muchos países han optado por seguir auspiciada por la IEA, aumenta la oferta de forma artificial y reduce el precio, pero cuando el motivo del desabastecimiento no es temporal sino que es estructural, como se explica vastamente en este blog, el efecto real es limitado y, de hecho, contraproducente.

La liberación de combustible de las reservas estratégicas ante el desabastecimiento estructural provoca que el tejido productivo continúe funcionando ajeno al verdadero problema de fondo y que no se tomen medidas que permitan hacer una reconversión de este tejido productivo ante la escasez en ciernes. En definitiva, provocan un falso sentimiento de normalidad. Mientras se va manteniendo el consumo de bienes, las reservas se van vaciando y se van volviendo inútiles para cumplir con el objetivo con el que fueron creadas.

Como ejemplo paradigmático, los Estados Unidos estuvieron liberando petróleo de sus reservas estratégicas durante gran parte de 2022. Tanto es así que sus reservas bajaron a mínimos históricos. Si tenemos en cuenta que anunciaron que liberarían hasta 180mb y que su consumo diario se sitúa casi en 20mb, esta liberación ya supondría un descenso en las reservas de hasta 9 días de consumo. Peor aún, el Estado controla menos de la mitad de esas reservas estratégicas, que es desde donde se han liberado, así que el impacto medido en días de consumo es bastante mayor.

Veamos, en datos actualizados de la EIA, una sucesión de gráficos con los datos de las reservas SPR, las de crudo y las de crudo + productos destilados de los Estados Unidos.




En todos los casos vemos un brusco descenso de los inventarios que los sitúan en niveles de hace 40 años para los dos primeros y de hace 20 años para el último. Como están expresados en cantidad de barriles y no en días de consumo, siendo éste muy inferior al actual en aquellas décadas, la eficacia de los inventarios es mucho menor ahora que entonces, es decir, hay poco margen de maniobra, muy poco de hecho.


Como en este artículo hablamos principalmente del diésel, también podemos decir que las reservas estratégicas de los EUA del diésel están bajo mínimos históricos. Pero no sólo los EUA usan sus reservas estratégicas de diésel, en plena Europa Austria hace lo propio, Suiza lo mismo, etc.

Dicho de otro modo, la reducción de las reservas estratégicas está poniendo en peligro el objetivo de éstas, que no es otro que asegurar el suministro esencial de emergencia ante problemas estructurales. Ante esta situación, los EUA anunciaron a finales de 2022 que revertirían la decisión de usar la reserva estratégica y que comenzarían a rellenarla, lo que implicaría un aumento de la presión sobre el combustible fósil existente en el mercado por este acaparamiento. Dado que la OPEP continuaba y continúa sin aumentar su producción, aquella decisión pondría en dificultades la adquisición de petróleo para el resto de países, especialmente Europa. De todas formas, tal y como vemos en el gráfico anterior, no han podido cumplir con lo que prometieron y sus reservas continúan en los niveles que tenían hace diez años, cuando el consumo era menor.

El conflicto bélico en Europa

Desde la publicación del artículo sobre el pico del diésel del año pasado han sucedido muchas cosas. Tantas que daría para hacer un artículo sólo para analizarlo todo y entrever sus repercusiones energéticas. Uno de los hechos más importantes para Europa ha sido el conflicto armado entre Ucrania y Rusia, que está teniendo implicaciones energéticas muy intensas para toda Europa, aunque también para el resto del mundo. Mi visión, y la de muchos, es que este conflicto lo único que ha conseguido es acelerar enormemente el proceso de declive energético mundial, especialmente en Europa, adelantándose una década a nuestras previsiones y deseos.

Aún a costa de recibir críticas por integrar en este artículo sobre el diésel conceptos más geopolíticos, quiero exponer aquí hacia dónde nos estamos dirigiendo puesto que la energía está teniendo un papel fundamental para entender los últimos movimientos geoestratégicos.

Lo que está sucediendo en Europa tiene mucho que ver, por no decir todo, con la desaparición del orden mundial que se instauró después de la segunda guerra mundial. La potencia hegemónica de los Estados Unidos de América (EUA) está en declive mientras que China está asumiendo el rol de potencia hegemónica que los EUA han tenido hasta ahora. Después de veinte años de enorme crecimiento económico, China, la fábrica del mundo, ha acumulado una capacidad productora sin igual y la capacidad técnica propia para producir.

El mundo se está dividiendo en dos polos enfrentados, los que continúan con la potencia en declive, los EUA, y que han vivido bien, o muy bien, desde hace 80 años y los que están con o miran hacia China, la “nueva” potencia mundial, aunque de nueva tenga poco puesto que ellos mismos consideran que las últimas décadas sólo han sido un paréntesis en su recorrido hegemónico mundial. China forma parte de la asociación comercial BRICS que se está configurando como el bloque de poder económico, político y hasta militar, que va a relevar a los EUA y sus países afines.

Con intención de resumir, los BRICS y todos aquellos múltiples países que han pedido la adhesión a esta asociación en las últimas fechas, reúnen muchos más recursos energéticos y materiales, así como población y capacidad productiva que lo que nosotros llamamos Occidente. No son ya países emergentes, no son el futuro. Son el presente.

Europa, que fue el motor del mundo industrial en el siglo XIX y principios del XX hasta la llegada de las guerras mundiales, hace décadas que ha consumido sus recursos energéticos y minerales. Tanto en esas fechas como en las posteriores, lo que hemos necesitado lo hemos ido obteniendo del comercio, o eso nos contaban, aunque la realidad es que siempre los obtuvo gracias a la explotación de los países colonizados en su día, en África principalmente aunque no sólo en este continente, o presionando políticamente otros países con recursos en otras zonas planetarias. Por si fuera poco, desde la década de los 90 del siglo pasado, Europa se ha ido desindustrializando en pos de la Globalización relocalizando su capacidad productiva hacia Asia y también ha ido perdiendo su conocimiento técnico por simple envejecimiento poblacional y por su especialización en el sector terciario.

Hoy en día tenemos una Europa sin recursos y con su industria en declive. Su último y, en cierta manera, único recurso ha sido la impresión de moneda fiduciaria con la que comprar lo que necesita en el exterior. Pero el sistema monetario que ha imperado hasta ahora también está en declive. Los BRICS están cambiando las reglas de juego mundiales y han comenzado a comerciar con sus monedas mientras que el dólar y el euro comienzan a perder peso a un ritmo muy acelerado. Hasta incluso Arabia Saudí está virando hacia los BRICS y sus reglas. La diferencia entre los dos sistemas radica en lo que sustenta las monedas. En Oriente el respaldo viene dado por los recursos, mientras que en Occidente, el respaldo viene de la confianza, puesto que son monedas fiduciarias, o dicho de otra forma más directa, el respaldo se consigue por el miedo que ha provocado el temible y grande ejército estadounidense y sus políticas. En un mundo con recursos menguantes, aquellos que los tienen, sobreviven. Sin entrar en muchos detalles que en este artículo no vienen al caso ¿Qué haremos los europeos cuando los que tienen recursos no quieran nuestras monedas porque, en el fondo, no se sustentan en nada más que la confianza o el miedo? ¿Vamos a poder comprar petróleo como hasta ahora, privando a otros países con monedas más débiles? Mucho me temo que no.

Pero volvamos a la energía en Europa porque es la clave para entender los acontecimientos mundiales de estos últimos dos años. Durante las últimas décadas Europa ha usado el gas natural ruso como fuente de energía constante y barata, pero no sólo de gas, sino también de petróleo, diésel, uranio enriquecido, fertilizantes y un sinfín de materias primas vitales. La reacción europea, que ha sido condicionada por los EUA, al conflicto entre Ucrania y Rusia se ha basado en instaurar sanciones económicas contra este último, cada vez más severas, con un impacto real sobre la economía rusa más bien escaso, mientras que esas misma sanciones han provocado efectos devastadores en la propia Europa.

Para asegurarse que Europa no cambiaba su política sancionadora ni de bloque de poder, alguien decidió destruir los gasoductos que comunicaban directamente Rusia y Alemania, conocidos como los Nord Stream, asegurando así la carestía energética en el corazón de Europa y la imposibilidad para Rusia de comerciar esta materia prima de forma directa. Este evento ha impulsado los precios al alza del gas al añadir intermediarios y está destruyendo el complejo y fuerte tejido industrial que quedaba después de la intensa deslocalización de las últimas dos décadas. Este proceso de desindustrialización forzada, que justo comenzó en la segunda mitad del 2022, ya se conoce como la gran desindustrialización de Europa y nos llevará, más pronto que tarde, a niveles de ruina y miseria que no somos capaces de imaginar. No hay que ser muy hábil para encontrar un país que tenga suficientes razones para destruir el Nord Stream y provocar con ello una debacle en Europa ganando mucho en el proceso puesto que elimina un competidor industrial, atrae parte de las industrias europeas a su propio territorio gracias a políticas de ayudas específicas creadas para este menester, consigue vender su gas que obtiene profusamente de sus pozos de de shale y que suministra a Europa mediante barcos metaneros ya que ahora Europa no lo puede comprar directamente a Rusia, ayuda a su propia economía interna y su propia población que está comenzando a sufrir intensamente la decadencia de su país, etc. Seguro que todos saben a qué país me estoy refiriendo.

Una Europa agotada en recursos energéticos y minerales, sin capacidad industrial, con los suelos agrarios agotados y que necesita grandes insumos en fertilizantes químicos derivados directa o indirectamente del petróleo, y que importa una grandísima parte de lo que necesita está abocada a la irrelevancia y, quien sabe, al colapso, tal y como lo han sufrido otros países. Sólo nos quedan los papelitos de colores que imprimimos en los Bancos Centrales y que los países con recursos van aceptando, de momento.

En un mundo con recursos limitados y menguantes, la desaparición del gran consumidor de recursos que es Europa dejará disponibles esos recursos para otros. Es el juego de la silla energética que tan bien redactó Javier Pérez en este mismo blog hace ya ocho años. Esto es vital para los dos grandes polos de poder, tanto para el polo en declive como para el polo emergente. Dudo mucho que los dirigentes europeos estén tan ciegos como para que no lo vean. Seguramente, sumidos por el miedo y la arrogancia, están decidiendo entre lo malo y lo peor y, de momento, nos está llevando al auge del fascismo, con sus medidas populistas, y que derivará en su versión ecofascista, con el paso de los años.

Solo nos falta ahora, a los europeos, tener problemas serios de abastecimiento de diésel, tal y como nos avisó no hace mucho el mismísimo consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz.

Concluyendo

Seguimos, un año más, sin notar que falte diésel en nuestras gasolineras, pero a diferencia del año pasado, las noticias inquietantes al respecto ya no hay que buscarlas en países alejados de Europa sino que cada vez están más cerca, incluso dentro de la misma Europa.

En estos últimos meses se habla continuamente sobre sanciones y más sanciones, sobre límites al precio de las importaciones rusas, lo que no deja de ser absurdo en una economía de mercado global. Pero el único hecho cierto es que hace una década casi nadie creía que en un futuro próximo pudiera haber problemas de escasez del diésel, incluso en Europa, salvo honrosas excepciones, y éstos, ahora, ya están apareciendo. De igual forma que hace una década, los grandes estamentos económicos ahora aparentan no ver las consecuencias de este desabastecimiento, así como de todos los otros grandes problemas civilizatorios que tenemos encima de la mesa, pero sólo es apariencia, tal y como pudimos comprobar recientemente con las preguntas, atinadas y certeras, hechas por la reina Letizia hace pocas semanas.

Acababa el artículo del 2021 recomendando que se abrocharan los cinturones porque parecía que los problemas con el diésel no habían hecho nada más que comenzar y que no sería divertido. Pues hemos consumido el año 2023 y la falta de diésel ya está en boca de muchos medios de comunicación, cosa que no sucedía hace dos años, como demuestra una sencilla búsqueda en cualquier motor de búsquedas de internet.

Sigan tapándose los ojos, mirando hacia otro lado, cantando bajo la lluvia para no oír lo que no les gusta escuchar. El día menos pensado nos va a estallar en la cara y no deberíamos poder decir que no lo sabíamos.


domingo, 31 de diciembre de 2023

Decimocuarto año de este blog


Queridos lectores:

Como es habitual en este blog, llegados al 31 de diciembre hacemos balance del desempeño de esta bitácora durante el año que hoy acaba. Este año tenía muchas imágenes representativas que podía haber escogido, pero he preferido la del meme de la reina Letizia hablando sobre decrecimiento en el Seminario de Lengua y Comunicación, en reconocimiento del gran favor que nos ha hecho a todos los que trabajamos para darle un enfoque diferente al estándar a los problemas de sostenibilidad (aparte de dar su apoyo implícito a grupos como Extinción o Rebelión, Rebelión Científica y Futuro Vegetal delante de la represión que sufren).

Como es habitual, analizaré el pasado, presente y futuro del blog.

Pasado:

El año 2023 ha sido un año de tensa calma en lo que se refiere a la crisis energética. El precio de la energía sigue siendo demasiado elevado para muchas actividades industriales, pero en vez del shock que supuso el año 2022, los precios actuales llevan a una sangría lenta de fábricas que van cerrando. Desde el punto de vista de la energía, una de las noticias más importantes es el estado crítico de Siemens Gamesa y el aviso para navegantes que supone para todo el sector de la eólica. Desde la perspectiva de la sostenibilidad en general, donde han saltado todas las alarmas es en el rápido incremento de la temperatura tanto de la atmósfera como de los océanos, lo que está llevando a una mayor recurrencia de eventos extremos; y lo más preocupante, no se ve un fin próximo a la actual tendencia creciente. Así las cosas, se anticipa un clima cada vez más extremo y violento si no se toman medidas drásticas de inmediato.

Respecto al blog, 2023 ha marcado un nuevo mínimo histórico en publicación de posts: 17, contando éste, el mismo número que en 2022. Después del parón forzoso de finales del año pasado, no fue hasta mayo que escribí mi primer post del año. Y aún tuve la suerte con contar con un montón de posts de Beamspot en la recámara (5 le publiqué este año), ya que si no la cosecha hubiera sido aún más magra.

Si el año ha sido parco en publicaciones en esta bitácora, no lo ha sido en mi esfuerzo de divulgación. Aparte de seguir contribuyendo en programas de radio y televisión, y algunos artículos y entrevistas en otros medios, de acuerdo con mi agenda este año he participado en 95 actos, más algunos que no tengo registrados en ella por motivos diversos. Una veintena de estos actos fueron realizados telemáticamente, pero el resto presencialmente, y aunque en su mayoría fueron en tierras catalanas y por tanto me implicaron menor desplazamiento, fuera de Cataluña este año he estado, entre otros sitios, en Málaga, Granada, Almería, Valencia, Mallorca, Pamplona, Vitoria, Bilbao, Portugalete, San Sebastián, Zumaia, Elgoibar, Azpeitia, Santander, Gijón, Oviedo, León, Salamanca, Madrid y Lugo. La mayoría de las charlas y actos han sido abiertas al público, pero muchas otras no. Y aparte de eso he tenido unos cuantos viajes relacionados con mi trabajo habitual, que en algunos casos he compaginado con las charlas de divulgación. En suma, ha sido un año intenso y agotador, como intensa y agotadora es la presión que se ejerce por todo el territorio de España para intentar imponer a machamartillo un modelo de transición energética que no funciona, solamente para poder cobrar los dichosos fondos NextGenerationEU.

El post más popular de este año, con algo más de 20.000 visualizaciones, ha sido "Si no es ahora, será después", por razones que son fáciles de entender.

En junio de 2023, Google acabó con el servicio estándar de Google Analytics y me pasó a un servicio más básico que se denomina G4, el cual no tiene registro de los datos anteriores. Por tanto, se ha perdido el registro histórico de las estadísticas del blog (o al menos yo no sé cómo tengo que hacer para acceder a ello y tampoco tengo demasiadas ganas de investigarlo). En realidad, casi es mejor así, puesto que simplifica enormemente la redacción de este post. Los únicos datos de los que dispongo ahora, por tanto, son los del propio blogger (mientras esta plataforma tire), que son harto más imprecisos. En particular, no tengo información sobre el número de usuarios únicos que acceden al blog. El año que viene, usando G4, podré ofrecer ese dato, aunque solamente sobre los años a partir de ahora.

De acuerdo con blogger, este año se han visualizado unas 645 mil páginas. El 66% de las mismas se han visualizado en España, seguido por el 6% de los EE.UU., el 5% de Alemania, 3% de Francia, el 1% de Argentina, Singapur (!!), Italia e Irlanda y ligeramente por debajo del 1% los Países Bajos y México. Sorprende la presencia de Singapur sobre todo y de los Países Bajos en esta lista, pero el resto es similar a lo que reportaban las estadísticas de Google Analytics, aunque España solía rondar el 80%.

En cuanto al modo de acceder al blog, las procedencias más habituales son a través del buscador de Google (12,6%), Twitter (4,6%) o Menáme (0,8%), y en algún caso a través de un enlace directo en algún diario o plataformas como Telegram.

En términos absolutos, contando desde el principio del blog en enero de 2010, blogger contabiliza 15,9 millones de páginas vistas.

A día de hoy los 10 posts más vistos son "Un año sin verano" (2013), con 121.000 visualizaciones; "Digamos alto y claro: esta crisis económica no acabará nunca" (2010), con 111.000; "El pico del diésel" (2012), con 82.600 visualizaciones; "La España buena y la España mala" (2013), con 69.900; "Tus vecinos no se conformarán con un YA OS LO DIJE" (2015), con 68.100; "El por qué de un llamamiento" (2022), con 57.500; "Eres un pringado" (2020), con 57.300; "La Tormenta Negra" (2020), con 55.000; "La espiral" (2014), con 54.500; y "Fracking: rentabilidad energética, económica y ecológica" (2013), con 52.100. Pocos cambios en esta lista con respecto a los últimos años, destacando solamente la entrada de "El por qué de un llamamiento", post de finales del año pasado escrito en un momento de mucha incertidumbre y con muy malos presagios (afortunadamente no consumados en ese momento, aunque eso no me libró de aguantar el martillo de herejes verificacionista). Cabe destacar también que se mantiene entre los diez primeros el veterano "El pico del diésel", y es destacable porque este post en concreto sufrió en mayo de este año un ataque por parte de la trollesfera, que consiguió que blogger lo eliminara durante un par de semanas bajo la acusación de contenido inapropiado. Como quiera que yo me encontraba viajando cuando esto ocurrió, no me di cuenta del email que me envió blogger avisando de que el post estaba en revisión, y me enteré unos diez días más tarde cuando los trolls me acusaban en las redes sociales de haber borrado ese post para ocultar lo que ellos denominaban "antiguas previsiones fallidas" mías. Obviamente, quien usaba ese argumento era el mismo que había denunciado el post, o alguien cercano a él, porque, ¿quién coño se da cuenta de que falta un post de 2012 en un blog que tiene cientos de entradas, y encima a los pocos días de desaparecer? Afortunadamente, blogger me dio la razón y restituyó el post, pero esto nos da una idea de cómo se las gastan los amigos, y lo obsesionados que están con un tío que no deja de ser un pringado, un científico que trabaja en un laboratorio en una esquinita de España y que intenta hacer divulgación sobre sostenibilidad.

Presente:

Lo más destacado del blog en este momento es que yo lo estoy retomando, después de unos meses bastante duros en lo personal y con muchísima actividad de divulgación. Para hacer comentarios, por desgracia el Foro Crashoil ha sido cerrado por no poder mantenerlo su administrador, además del tono muy abrupto que desarrollaban algunos foreros por allí. Siguen teniendo la opción de acudir al foro de Crisis Energética.

Futuro:

Yo este año tan crítico he hecho un gran esfuerzo por llegar a múltiple sitios en España, pero no voy a seguir al mismo ritmo con mis actividades de divulgación por múltiples motivos. En primer lugar, porque en este momento creo que es más importante que me centre en mis trabajos sobre oceanografía física, por razones que serán evidentes dentro de unos meses. En segundo lugar, porque creo que la mayor parte del trabajo está hecho y también es importante entender que la mayor sostenibilidad implica viajar menos. En tercer lugar, porque tengo la responsabilidad de garantizar la continuidad de mi equipo de investigación y eso implica garantizar la consecución y ejecución de proyectos, en los cuales yo tengo un papel importante. Y en cuarto lugar, porque mi multiplicidad puede acabar siendo contraproducente, tanto por hacerme blanco demasiado visible de los detractores de siempre como por inhibir que aparezcan nuevas personas, más jóvenes, que tomen el relevo. Eso no quiere decir que no participe en actos o no dé conferencias, pero de buen seguro no serán las más de 100 en las que he participado este año.

Además, creo que 2024 va a ser un año pródigo en noticias importantes en el ámbito de la sostenibilidad, o más bien evidenciando su falta en la mayoría de las actuaciones humanas, y por eso creo que será importante hacer el trabajo analítico que realizo en este blog. Y además mi nuevo libro me va a requerir cierto trabajo de investigación y documentación. Por tanto, mi intención es virtualizarme más este año. Seguiré estando por aquí, con mayor presencia que en 2023.

No quisiera acabar sin desearles a todos mis lectores una buena entrada de año y Feliz 2024.

Salu2.

AMT

viernes, 29 de diciembre de 2023

Predicciones para 2024


Queridos lectores.

Cada año a finales de diciembre enunciamos desde este blog las previsiones para el año siguiente. Es una cita a la que siempre he acudido excepto el año pasado por razones de fuerza mayor que me costó remontar bastantes más meses de lo que yo me pensaba. El caso es que ahora vuelvo a estar presente en el blog y quería, una vez más, enunciar las líneas maestras que yo creo que definirán el año que viene.

Como siempre (y posiblemente con mayor motivo que siempre, por razones que ahora explicaré), debo empezar con una nota de descargo. Como es obvio, resulta muy difícil saber qué pasará en un período tan relativamente corto como son 12 meses y fijándose solamente en los aspectos que conozco mejor, que son los que definen la crisis de sostenibilidad de nuestra civilización y particularmente la crisis energética. Existen multitud de factores, más allá de los meramente energéticos y materiales, que condicionan el devenir de los acontecimientos y más aún la desigual repartición de los recursos y los problemas; y aunque en líneas generales uno puede intuir la tendencia general que sigue la sociedad, es completamente imposible hacer una predicción precisa y menos a tan corto plazo. El único interés de hacer este ejercicio no es tanto acertar lo que finalmente va a pasar como imaginar escenarios de futuro que puedan corresponderse a esas tendencias, con el objetivo principal de reconocerlos y evitar así los más negativos. Por ello mismo, nunca cabe esperar que se sigan los peores pronósticos, e inclusive, haberlos trazado debería de servir de guía para evitarlos, o en su caso contrarrestar esa manida excusa de nuestros gobernantes, la de "nadie lo vio venir". Así pues, nadie espere encontrar aquí una respuesta clara y precisa a lo que de seguro va a pasar en los próximos 366 días, y sí el enunciado de los riesgos mayores que podríamos afrontar en el próximo año, fruto de nuestra conducta indolente pero no estando exentos de las veleidades del azar.

Esta nota de descargo es este año de tanto más pertinente que se está haciendo lugar común en la trollesfera acusarme a mi de hacer "predicciones fallidas", cuando en su mayoría este blog habla solo de tendencias y riesgos, no de certezas y vaticinios. En realidad, estos trolls son incapaces de sustanciar "en qué me he equivocado", y eso que de seguro hay muchas cosas que he dicho en estos 13 años de singladura que no son correctas. Como norma general, o dicen vaguedades que son tergiversaciones de mis afirmaciones reales, o bien aluden a un post concreto de principios de este blog, cuando yo solamente estaba empezando a interesarme en este tema, aún no manejaba las bases de datos estándar y simplemente comentaba sobre un artículo de un analista de materias primas llamado Jack Lifton y discutía sus implicaciones sobre un despliegue masivo de coches eléctricos. Lo más cómico del asunto es que ya en 2010 alguien me avisó de lo errado de los números de Lifton y yo escribí otro post, esta vez con datos del USGS, sin que las conclusiones fueran cambiadas en lo esencial, y ese nuevo post lo enlacé al final del que blanden los trolls, sin que nunca se hayan dignado a leerlo. 

En fin, esta obsesión en buscar mi descrédito tiene sin duda su origen en el hecho de que, por desgracia, muchas de las tendencias apuntadas en este blog desde hace años se están materializando y están complicando el panorama no solo energético, sino también social; y piensan esos necios que matando al mensajero matan el mensaje. 

Quede claro, por tanto y en resumen, que las predicciones que se enuncian en este post son de carácter especulativo y en modo alguno son precisas. Si después de todo esto decir aún viene un troll a acosarme con "errores" de lo que luego diré, estará claro que se trata de un completo gilipollas.

Antes de enunciar las previsiones para 2024, y como siempre, hagamos un repaso de las últimas previsiones que hice, en este caso en 2021 para el año 2022.

  • La CoVid, superada: Esta predicción resultó ser muy acertada. La CoVid sigue con nosotros, pero se ha convertido en un problema de mucha menor magnitud.
  • Los problemas de la cadena de suministros se recrudecen: En líneas generales, previsión acertada: si acaso, el precio de las materias primas no cayó tanto en 2022 como en 2023.
  • Crisis del petróleo: Muy acertada: el precio del barril llegó a 132 dólares y en los surtidores el diésel rozó los 2 euros. Incluso es acertada la previsión de que se pondría más el acento en la necesidad de descarbonizar el transporte.
  • Crisis del gas: Completamente acertada.
  • Crisis de la electricidad: Bastante acertada, aunque no se ha visto ningún corte de luz en algún país de Europa (sí en la China o en la India, como se indicaba).
  • Crisis económica: Previsión esencialmente errónea: no ha habido repunte del paro ni una crisis como tal, gracias sobre todo al influjo de los fondos NextGeneration. Lo que sí que hubo fue alta inflación.
  • Crisis alimentaria: Parcialmente correcta. Sí ha habido una crisis alimentaria global, y algunos esporádicos estallidos por falta de alimentos, pero la inflación alimentaria en España, importante como ha sido, no ha sido tan dramática.
  • Revueltas generalizadas: Sorprendentemente, previsión errónea. Ha habido revueltas y disturbios, pero no a un nivel que llamara la atención.
  • Eventos climáticos extremos: Bastante acertado (ya en 2022 sufrimos muchos eventos extremos) y sería aún más acertado si lo referimos a lo que ha pasado en 2023.
  • Inestabilidad estadounidense: La presidencia Biden es una presidencia débil, pero no se puede hablar de inestabilidad. Previsión errónea.
  • Inestabilidad europea: No es evidente para 2022, pero hay elementos de lo que se decía que sí se han observado en 2023, como el reatrincheramiento nacionalista. Esencialmente equivocada.
  • Inestabilidad española: Más o menos acertada. Y efectivamente Sánchez no adelantó las elecciones en 2022 y lo acabó haciendo en 2023.
  • Creciente confrontación académica: Por desgracia, esta previsión ha sido relativamente correcta aunque no por el lado que se preveía.
  • Cierre de este blog: No se preveía que lo fuera cerrar y obviamente no ha pasado. Se anticipaba que me costaría llevar el blog al día y así ha sido.

Vayamos, pues, con las previsiones para este año:

  • Precios planos del petróleo: A pesar de que el descenso de la producción de petróleo se va a acentuar durante el 2024, el más que previsible descenso de la actividad y la exclusión parcial por la vía de facto de cada vez más países del mercado mundial de petróleo van a hacer que la franja de oscilación del precio del petróleo durante la mayoría de 2024 sea relativamente estrecha, entre los 70 y 100 dólares por barril aproximadamente. Solamente hacia finales de 2024 se podrá observar una aceleración del precio debido a que la caída de la producción de petróleo va a empezar a superar al descenso de consumo. En EE.UU. la producción de petróleo de fracking se mantendrá relativamente estable, sin crecer ni descender mucho, pero la poductividad seguirá cayendo, anticipando que a partir de 2025 el descenso de la producción de fracking va a ser muy acelerado. Pero eso, para las predicciones del año que viene...
  • Crisis del gas: En un plano opuesto se sitúa el gas natural. Su logística se ha vuelto mucho más complicada a nivel mundial sobre todo por los problemas de Europa, cortados los canales directos con Rusia. El precio del gas se va a mantener caro y encima en 2024 estaremos ya muy cerca del máximo histórico de producción de gas natural, lo cual va a complicar aún más las cosas aunque sobre todo a partir de 2026.
  • La producción de carbón continúa a buen ritmo: Durante 2024 se va a manener un nivel alto de extracción de carbón, el más contaminante de los combustibles fósiles, e inclusive se intentará incrementar aún su producción un poco más. No se trata solo de países muy carboníferos como India y China: incluso EE.UU. y Alemania recurrirán más al carbón.
  • La producción de uranio se desploma: Por el contrario, la geología muy desfavorable del uranio va a acentuar la actual caída de su extracción: en 2022 la extracción anual de uranio fue un 23% inferior al máximo de 2016, y es previsible que cuando conozcamos los datos de 2023 tengamos alrededor de un 4% adicional de caída. En 2024 no se van a producir mejoras sustanciales en la extracción de uranio y, peor aún, la delicada situación de la extracción en el primer productor mundial, Kazajistán, donde ya están recurriendo a la lixiviación in situ (básicamente, el método de último recurso para intentar rebañar el fondo de la olla) anticipa que en 2024 se puede producir otra gran caída de la producción mundial de uranio (aunque esos datos no los tendremos hasta junio de 2025). En este contexto, el futuro de las centrales nucleares en España parece estar bastante sellado.
  • Revueltas por escasez de combustibles: Los faltante de combustible son ahora moneda común en muchos países de Latinoamérica y África. Durante 2024 estos problemas se van a extender a más países y se van a agravar en los que ya están presentes. Esto va a crear una creciente inestabilidad política global y encima va a favorecer una mayor inflación en ciertas materias primas y problemas de aprovisionamiento en la cadena de suministros. Aunque no es previsible que falte combustible aún en Europa, sí que puede haber problemas de escasez de algunas materias primas, particularmente metales y alimentos.
  • Nuevas guerras: La creciente escasez global favorecerá el estallido de guerras civiles más o menos abiertas, y verdaderos conflictos a gran escala entre países. Esto puede ser particularmente grave, y llevar a situaciones de tipo Cisne Negro si algún actor importante en el sector energético se ve implicado. Se tiene que prestar una especial atención a Argelia y Nigeria por ese motivo. Combinado con las revueltas antes mencionadas, estos conflictos tienen el potencial de detener algunas cadenas de suministros globales.
  • Fin de la guerra en Ucrania: En un clima de agotamiento económico, material y moral, la guerra de Ucrania llegará probablemente a su fin durante este 2024, e incluso me atrevería a decir que durante los primeros meses del año. Nadie gana realmente en una guerra, pero en este contexto se podrá considerar que la victoria es rusa. En realidad, más que una victoria rusa es una derrota europea. Y en cierto modo es también una victoria estadounidense. El fin de la guerra abrirá el camino para un reestablecimiento paulatino de las relaciones de Europa con Rusia, pero ya nada podrá ser como antes. Europa queda más aislada y más desvalida.
  • Recesión económica profunda en Europa: El precio de la energía y de las materias primas continúa siendo un lastre para la economía europea. Encima, los planes de reindustrialización (con el Green New Deal como bandera) no están funcionando como estaba previsto. Por todo ello, los países más potentes industrialmente (Alemania y Francia) van a ir renqueando durante ese año. Técnicamente no tendremos recesión todos los trimestres, pero los crecimientos serán exiguos y las caídas más pronunciadas. En general, habrá más paro y menos renta disponible. En España, se comenzará a notar el problema en la campaña de verano, cuando vengan menos turistas europeos y gasten menos en general, pero mientras siga llegando el chorro de dinero de los fondos Next Generation (teóricamente, hasta junio de 2026) el impacto va a ser más pequeño (pensemos que el total de los fondos asignados a España equivalen al 10% de su PIB).
  • Crisis de desindustrialización: Con todo, lo más grave de lo que está pasando en Europa a nivel productivo es el proceso de desindustrialización, con cierres masivos de fábricas. Europa está perdiendo la capacidad de hacer. Y todo el músculo industrial que pierda ahora costará mucho recuperarlo después. El problema de fondo es que se sigue apostando por un modelo desarrollista y crecentista, que es suicida e inviable. Se está viendo sobre todo en el sector de la automoción, en el que la transición al coche eléctrico no está funcionando en Europa y las marcas europeas pierden pie delante de modelos más baratos (y sin duda peores) venidos de China. Pero afecta también a la matelurgia, a la química, a los plásticos... En el año 2024 este proceso de agudizará, así como el malestar del sector industrial europeo por la falta de propuestas efectivas por parte de los estados. El recurso a lanzar más dinero parece estar cerrándose ya, con la retirada progresiva de los diversos paquetes de estímulo, simplemente porque se duda de su efectividad en un período de inflación estructural causada no por el recalentamiento económico, sino por la verdadera escasez. Al mundo político le faltan ideas y al industrial tiempo. Preveo muchas tensiones en 2024 e inclusive algún anuncio drástico, del tipo que una gran empresa europea abandona el Viejo Continente.
  • La eólica da un paso (o dos) atrás: Con el principio del año 2024 tendremos forzosamente que ir al desenlace del drama de Siemens Gamesa. Es muy difícil saber qué va a pasar exactamente, pero la tendencia más clara ahora mismo es la reducción del gasto público, precisamente por el fantasma de la alta inflación. Así pues, es complicado que haya un gran rescate de Gamesa: puede haber alguna ayuda, pero no a la altura de lo realmente necesario. Es previsible que haya despidos masivos e inclusive el cierre de alguna o algunas factorías. En un escenario catastrófico, que yo veo poco probable en 2024, la liquidación de Gamesa (pero atención a eso, porque si sucediese sería un auténtico Cisne Negro para el sector, con consecuencias de largo alcance). En todo caso, incluso en escenarios más moderados (y más probables), todo el sector va ir al ralentí. Nadie quiere pisar arenas movedizas y acabar como Gamesa. La rentabilidad de la eólica está ahora mismo en entredicho. Así que probablemente vamos a ver una ralentización en la ejecución de los proyectos. Un asunto sobre el que conviene estar muy pendientes es ver qué pasa con los proyectos en los que se prevé la instalación de aerogeneradores gigantes (de 9 MW y más). Mi previsión es que mayoritariamente van a ir más despacio que el resto y es posible que más de uno sea finalmente cancelado.
  • Dificultades crecientes en la gestión de la red eléctrica: Faltando la eólica y expandiéndose la solar, con un gas cada vez más caro y con nubarrones de problemas de suministro en los próximos años (aunque no propiamente en 2024), la gestión de la red eléctrica va a ser cada vez más compleja. En 2024 sigo viendo riesgo de apagones en Europa, sobre todo en los meses de invierno a principios y finales de año, y durante el verano. En España el riesgo sigue siendo muy bajo, aunque con tendencia a emperorar con los años (sobre todo cuando empiecen a cerrar las centrales nucleares, pero nada de eso pasará en 2024).
  • El declive de las TICs: Comenzará como un rumor sordo, algo casi imperceptible. Primero fueron los móviles y ordenadores reacondicionados, después será los tiempos de entrega cada vez más largos, después la descatalogación repentina de algunos modelos. Los servicios por internet se irán haciendo más básicos y más caros. Es un proceso muy largo, que llevará años, y que probablemente aún pase bastante desapercibido durante 2024, pero que poco a poco se irá notando más. Bueno, eso en Occidente: en la periferia global es un proceso cada vez más notable. No haré ninguna previsión específica sobre este tema, pues como digo es un proceso lento, pero quizá se empiece a hablar de ello en algunos círculos especializados. Félix Moreno lleva años estudiándolo y ha escrito una buena colección de libros sobre el tema que quizá les interese consultar.
  • Inestabilidad política: en 2024 hay elecciones presidenciales en los EE.UU., en un escenario que se antoja muy abierto. La presidencia de Joe Biden ha sido muy anodina, y eso favorece a los republicanos, dependiendo también de qué lider propongan. Por inverosímil que pueda parecer, si éste fuera Donald Trump creo que arrasarían. Para los demócratas, su mejor baza sería buscar un reemplazo eficaz para Biden, pero por cortesía política eso no se suele hacer. En todo caso, el año electoral en los EE.UU. seguramente provocará que EE.UU. se centre más en sus problemas domésticos, que no son pocos, sobre todo con la rampante inflación y la pobreza creciente. En cuanto a Europa, el mayor problema es el ascenso del nacionalismo más radical y los grupos de extrema derecha. En junio se celebrarán elecciones al Parlamento Europeo, y no se puede descartar de que se produzca un fuerte reposicionamiento de fuerzas en el sentido más radical, haciendo la UE en su conjunto más ingobernable y más errática en la práctica. En España, a pesar de la turbulenta investidura de este año, no es previsible que pase nada de importancia. En los asuntos de estado, como ya se ha visto en la reciente votación de la ampliación del puerto de Valencia, PSOE y PP votarán juntos. En resumen, 2024 no será un año tranquilo pero no es esperable que haga ningún gran evento a nivel político.
  • El desastre climático: Sin embargo, todo apunta a que el caos climático no va a dar tregua este 2024. Al contrario, mi impresión es que la situación va a empeorar sensiblemente durante este año. La última vez que se produjo un fenómeno de El Niño (2015-2016) la Tierra empezó a derivar a un nuevo estado climático, con marcados cambios en muchas variables. Ahora estamos en el punto álgido del siguiente Niño, el de 2023-2024, y mi temor es que este nuevo empujón incremente aún más esta tendencia acelerada de inestabilización. Si la temperatura de la superficie del mar y la del aire a 2 metros sigue subiendo al ritmo que va, 2024 va acabar trayéndonos alguna gran catástrofe climática. No es que no las haya habiado en 2023 o los años anteriores, pero en este caso es cada vez más probable que un país occidental sea quien reciba el castigo. Mi previsión es que en 2024 habrá una sucesión prácticamente continua de eventos extremos con alto potencial destructivo por todo el mundo, y que se pueden producir dos o tres eventos de gran destrucción en zonas concretas, uno de los cuales podría afectar a EE.UU. o a Europa (España incluida).
  • Cierre de este blog: Veo poco probable que suceda este año. Al contrario, dado que pretendo reducir mis viajes, creo que le dedicaré algo más de tiempo del que le he dedicado estos dos últimos años. Lo que sí que anticipo es que crecerá aún más la mala leche y peor educación que algunos me prodigan, sobre todo en las redes, cabreados como están porque las cosas no salen como querrían y como si eso fuera culpa mía.

A estas previsiones querría añadirle otras dos de índole más personal, y es que sacaré dos nuevos libros el año que viene. El primero, "El final de las estaciones", es un compendio de artículos escritos por Juan Bordera, Fernando Valladares y un servidor y ya publicados en la revista Contexto y Acción. Lo publicará Escritos Contextatarios y saldrá a principios de año. El segundo, en solitario y de título aún por cerrar, versará sobre el debate urgente sobre la reindustrialización de Europa desde una perspectiva decrecentista. Lo edita Destino y se publicará a finales de 2024.

Salu2.

AMT

jueves, 28 de diciembre de 2023

The Oil Crash: Año 18


Queridos lectores:
 
Llegamos una vez más a ese momento en el que hacemos un repaso de lo que ha sido este último año en los temas que son de interés para este blog. Un año caracterizado por muchísimas noticias importantes tanto en el terreno de la sostenibilidad en general como en el de la crisis energética y de recursos en particular. Un año que probablemente marque un punto de inflexión en nuestro inexorable declive energético y material y, si no le podemos remedio, de civilización. Un año tan lleno de noticias que es inevitable que algunos temas los deje en el tintero, pero intentaré al menos dar una visión general de lo que ha supuesto 2023. Comencemos, pues, con el resumen.

- La crisis energética no cesa: A pesar de que se repiten anuncios absurdos sobre la abundancia petrolera, no tienen ningún sentido. Hace poco, Art Berman publicaba la gráfica que acompaña a estas líneas, basada en datos hasta mayo de este año del Departamento de Energía de los EE.UU. Como se ve, la máxima producción de todos los líquidos de petróleo fue en noviembre de 2018, con 102,3 millones de barriles diarios (Mb/d), y en mayo era 1,1 Mb/d inferior (una caída del 1,1%). Si nos fijamos en la categoría "Crudo+condensado" (que es lo que puede usarse para hacer combustible líquido), de nuevo el máximo fue en noviembre de 2018 en 84,6 Mb/d y hasta mayo había caído un 3,9% (un 4,6% menos). Y a pesar de tantas tonterías como se dicen, la inversión en búsqueda y puesta en explotación de nuevos yacimientos continúa siendo un 50% inferior a lo que se invertía en 2014. Todavía no sabemos cómo vamos a acabar el año, pero es bastante probable que la caída de producción sea mayor de un 5% con respecto a los niveles de 2018. Lo malo es que todo indica que esta caída se acentuará fuertemente en los próximos años.

Esta caída se está reflejando en una escasez mundial de combustibles, que no afecta de momento a Europa y los EE.UU., pero que sí que hace estragos en Latinoamérica, África y partes de Asia. En algunos momentos de este año la producción de diésel llegó a ser un 20% inferior a los niveles del período 2015-2018 (Rafael Fernández publicará próximamente en este blog su análisis sobre el pico del diésel). Esto está llevando a problemas crecientes en toda la cadena de suministros global, ya que diésel es maquinaria (incluyendo de minería y agrícola) y camiones.

Mientras tanto, el gas natural se mantiene en precios relativamente elevados: no tan caros como llego a ser el año pasado, pero no baratos en todo caso. La producción de carbón toca máximos históricos, pero resulta difícil incrementarla de manera significativa. Al mundo le falta energía, y todo apunta a que cada vez le va a faltar más.

- Desindustrialización en Europa: Mientras en España se saca pecho porque se cerrará el año 2023 con una subida del 2% del PIB, lo cierto es que Europa está entrando en recesión, sobre todo Alemania y Francia. El mayor problema es la fuerte parada industrial. Con precios de la energía excesivamente caros y problemas con el suministro de materias primas (caras y escasas) muchas empresas están cerrando. Especialmente grave es la crisis en el sector de la automoción, donde, aunque nadie lo quiera reconocer, la transición al vehículo eléctrico está fracasando y suponiendo onerosas pérdidas a todo el sector en Europa.

La crisis industrial de Europa anticipa muchos problemas: falta de maquinaria, falta de repuestos, falta de reactivos químicos. De momento, un problema recurrente está siendo la falta de medicamentos, y otro grave problema en el horizonte va a ser la escasez de fertilizantes.

- Crisis de Gamesa: El año 2023 pasará a los libros de Historia por el principio del fin del delirio megalomaníaco de la macroeólica. Lentas décadas de desarrollo habían conseguido llegar a modelos funcionales de aerogeneradores de hasta unos 3 MW de potencia. Sin embargo, el desembarco de nuevas personas con nuevas ideas en el sector llevo a la locura de pensarse que en pocos años se podría incrementar la potencia de esos aerogeneradores a 5, 7, 9, 12, 15 MW... Hasta el infinito y más allá. Solo era cuestión de hacer aerogeneradores cada vez más grandes. Las consecuencias de esta carrera hacia ninguna parte ya les hemos comentado con detalle en el caso de Siemens Gamesa. Los problemas seguirán persistiendo, porque la dificultad estriba en construir aerogeneradores cada vez más grandes a un precio que se considere competitivo. Al final, o se acepta que el precio de la electricidad tiene que subir, o que la producción eléctrica es un servicio público asumido total o parcialmente por el Estado, o bien iremos a un abandono masivo de la eólica. El año que viene veremos exactamente hacia dónde vamos.

Mientras tanto, el fantasma de los curtailments (electricidad que no se aprovecha, ni por tanto se paga) a las renovables sigue creciendo en España. Estos excesos de electricidad inaprovechable llevan a momentos en los que el precio de la electricidad mayorista es nulo o incluso negativo. Un problema por el que ya pasó Alemania en 2016 y Australia en 2020, y que en ambos casos supuso un parón de su despliegue renovable. Es un síntoma adicional de los problemas que tiene intentar mantener a ultranza un modelo de hiperelectrificación de la sociedad sin tener realmente las soluciones tecnológicas requeridas.

- Inacción climática: La COP28, celebrada este año, ha sido absolutamente decepcionante, incluso para los que no esperábamos realmente nada de ella. Para intentar poner en valor el completo fracaso de esta cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, se dice que por primera vez se ha reconocido que los combustibles fósiles causan el Cambio Climático. Por lo demás, ningún compromiso concreto para la reducción de su uso, mientras el planeta camina desbocado a una alteración climática profunda y las emisiones de CO2 de este año llegarán a máximos históricos. Los gobiernos de los países occidentales señalan como culpables de la falta de un compromiso sobre la eliminación de los combustibles fósiles a los países productores, intentando soslayar que para acabar con el comercio de los combustibles fósiles se puede, sí, actuar a nivel del vendedor (ellos), pero también a nivel del comprador (nosotros). Por otra parte, ¿qué solución tecnológica estamos ofreciendo para la transición? En realidad, ninguna. La única solución realista pasa por la reducción del consumo. Pero, ¿cómo vamos a querer que ellos abandonen los combustibles fósiles si no damos nosotros primero ejemplo de austeridad en su uso? En fin, todo es un despropósito.

- El clima del planeta entra en terreno desconocido, incierto y angustioso: Con una probabilidad de más del 99%, este año cerrará con una temperatura 1,5ºC por encima de los niveles preindustriales, que era el objetivo a no rebasar el año 2100 en  el Acuerdo de París. Aún no se puede dar por perdido el objetivo de no sobrepasar el +1,5ºC, ya que seguramente parte del calentamiento observado este año sea de carácter temporal (en particular, por ser un año El Niño). Sin embargo, mirando la evolución de los últimos años da la impresión de que se está produciendo una aceleración del calentamiento y por eso mismo científicos como James Hansen consideran probable llegar a un calentamiento persistentemente por encima de +2ºC para el año 2050. A mi, sin embargo, la gráfica que más me preocupa es la de la enorme subida de la temperatura de la superficie del mar.

El mar es la componente lenta del sistema climático, y ahora mismo sube a un ritmo sin precedentes (para quien le interesen los detalles numéricos, la curva de este año está a más de 6 desviaciones estándar de la media del período de referencia, 1982-2011, los 30 primeros años en los que tuvimos temperatura medida por satélite - y quién sepa de estadística entenderá por qué eso es tan alarmante). Peor aún: el comportamiento de la temperatura superficial del mar indica que está en una tendencia creciente que no parece querer abandonar. A mi personalmente me quita el sueño, por muchos motivos. Entre otros, porque el mar, siendo como es un gran reservorio de energía, favorece la formación de tempestades cada vez más violentas y otros fenómenos extremos.

- Proliferación de eventos extremos: Escojan lo que quieran, que el año ha sido prolijo. Masivos incendios en Canadá, la tormenta Daniel arrasando primero Grecia y luego Libia, el huracán Otis destruyendo Acapulco, y así un largo etc con tragedias no tan grandes, como Cirian, Domingos, la dana de Madrid, las inundaciones en Oriente Medio o los tornados en diciembre en las islas británicas. España ha salido relativamente bien parada del desastre que asuela medio mundo, aunque aquí la sequía no cesa y puede acabar volviendo inhabitable la costa mediterránea y particularmente el lugar donde yo vivo. Mientras los cuñados se ensueñan con memeces acerca de manipulación climática y chemtrails (un mito de más de 20 años de antigüedad e interpretación mutable: hace 12 años era que se usaban para la manipulación mental), en el mundo real tenemos 29 grados en Málaga en diciembre y la avena que ha sembrado mi suegro (y tanta otra gente en España y en buena parte de Europa) no crece. Todo normal y bien.

- Masacre de Gaza: No bastando con el matadero ucraniano y de las otras 17 guerras que asuelan el planeta y de las que nadie habla, una salvajada indiscriminada del grupo armado palestino Hamás ha servido para desencadenar una salvajada indiscriminada aún mayor por parte del Estado de Israel. Se destruye pública y sistemáticamente la Franja de Gaza y de manera menos pública pero igualmente sistemática Cisjordania, mientras la mayoría de la opinión pública internacional mira perpleja, pero nadie reacciona. Nadie, salvo la facción hutí de uno de esos conflictos olvidados, la guerra de Yemen (otro genocidio, en realidad). Ya me quedan pocas palabras para explicar la náusea y el desaliento que me embargan.

- Más problemas para la cadena de suministros: A las dificultades de abastecimiento asociadas fundamentalmente a la escasez de diésel se le están uniendo las limitaciones de los dos pasos marítimos más importantes para el comercio mundial: el canal de Suez y el canal de Panamá. En el caso del primero, las milicias hutíes de Yemen han decidido atacar todos los barcos que tengan como origen y destino Israel. Esto ha generado un considerable caos y la decisión de grandes navieras como Maerks, o petroleras como BP, de suspender temporalmente su tránsito por el mar Rojo y por tanto por el Canal de Suez (y una oportuna respuesta militar coordinada por los EE.UU. quien de facto gana el control de esta crítica área). Esto está originando unos sobrecostes muy importantes en el transporte marítimo, ya que la alternativa para comunicar Asia con Europa es rodear África, como se hacía hasta el siglo XIX. El otro canal importante, el de Panamá, está sufriendo severas limitaciones de tránsito debido a la escasez de agua, y es que a pesar de ser Panamá un país tropical, estos años está lloviendo menos y con la ampliación del canal éste requiere más agua para el rellenado y vaciado de esclusas. En este caso, la manera de comunicar marítimamente el Pacífico Oriental con el Atlántico Occidental implican rodear América del Sur, incrementando enormemente la longitud de los trayectos y, de nuevo, su coste. La combinación de las dos crisis del transporte marítimo, junto con la escasez general de combustibles, garantiza un repunte importante de la inflación y mayores problemas en la cadena de suministros a los observados hasta ahora.

- Represión ecologista: Este año se ha caracterizado en los países occidentales por un considerable incremento de la represión de los movimientos ecologistas que abogan por la protesta no violenta. En Francia, el gobierno ilegalizó el movimiento Les Soulèvements de la Terre en mayo, motejándolo de "ecoterrorista", una decisión que fue revocada por su Tribunal Constitucional unas semanas más tarde. En España ha habido varios eventos destacados: la apertura del juicio oral contra 15 activistas de la Rebelión Científica, con petición de penas de cárcel por haber pringado las escalinatas del Congreso de los Diputados con un líquido biodegradable conocido bajo el alias de "zumo de remolacha"; el informe anual de la Fiscalía General del Estado, que en su primera versión consideraba Rebelión o Extinción y Futuro Vegetal como grupos "ecoterroristas" (después enmendada en medio del escándalo que suscitó tal calificación) y en las últimas semanas la detención masiva de casi una treintena de miembros de Futuro Vegetal bajo la acusación de formar parte de una organización criminal (después puestos en libertad pero con cargos). En el Reino Unido, la represión ha subido varios puntos con el encarcelamiento de diversos activistas por acciones tan disruptivas como desplegar una pancarta o filmar a activistas mientras ejecutaban una acción de protesta pacífica. En Alemania, varios activistas (algunos españoles) han sido condenados a fuertes multas por protagonizar un acto de protesta en un concesionario de coches. En medio del verano más caótico en lo que a eventos climáticos en Europa se refiere, el acento se está poniendo en acallar a los grupos que de forma no violenta denuncian la gravedad de la actual inacción.

- El decrecimiento en el debate público: En mayo, se celebró en la sede del Parlamento Europeo un congreso sobre decrecimiento y post-crecimiento, con discurso inaugural de la presidenta del Parlamento y de la presidenta de la Comisión Europea, con una asistencia de 1.600 científicos y activistas de toda Europa. Un evento de gran importancia que fue sistemáticamente silenciado por los grandes medios de comunicación. Y es que hablar de decrecimiento aún incomoda a las instancias oficiales, a los poderes económicos y a quienes las representan. A pesar de lo cual, para sorpresa de todos, la reina Letizia decidió sacar el tema, y muchos otros de gran calado en la discusión de nuestros problemas de sostenibilidad, en un seminario sobre periodismo y comunicación que ella presidía. Un gran hito en la normalización del inevitable debate sobre el decrecimiento.

 

Este año fue también el del acoso sistemático por parte de un partido político español a los académicos que hemos osado hablar del decrecimiento, tabarra en la que afortunadamente han decidido de momento cesar, pero éste es un tema del que prometí no volver a hablar.

Y con esto concluyo el repaso de este intenso 2023. En el siguiente post hablaremos de las previsiones para 2024.

Salu2.

AMT

domingo, 3 de diciembre de 2023

Preocupaciones reales


Queridos lectores:

El viernes 24 de noviembre se clausuró el XVI Seminario Internacional de Lengua y Periodismo celebrado en San Millán de la Cogolla, que en esta ocasión versaba sobre la comunicación del Cambio Climático. Dándole realce y postín, presidía la sesión la reina de España, doña Letizia Ortiz Rocasolano. Seguramente, los expertos y autoridades académicas allí reunidos no esperaban de la esposa del Jefe de Estado de España que interviniera más que para dirigir a los selectos asistentes unas breves palabras de apertura y de clausura. Sin embargo, no fue así. La reina preguntó y repreguntó sobre cuestiones muy incisivas que causaron un visible malestar e incomodidad en los presentes. Preguntó sobre decrecimiento (llegando a citarme a mi), comentó sobre el juicio que actualmente se desarrolla contra 15 compañeras y compañeros de la Rebelión Científica por tirar agua de remolacha delante de las puertas del Congreso de los Diputados en abril de 2021, y comentó también sobre su preocupación por la actual debacle de la energía eólica (tema sobre el que ya escribimos en el blog, aunque tengo previsto volver sobre ello pronto) y cómo puede perjudicar a la percepción pública de la energía eólica y por extensión del Cambio Climático. Preguntas y reflexiones todas ellas muy pertinentes en el contexto actual. Adjunto aquí el vídeo de la jornada de clausura del seminario.

 



Sobre lo que pasó ese día se han escrito varios artículos poniendo los hechos en perspectiva. Destacaré solamente dos de ellos: el que escribimos Juan Bordera y yo para Contexto y Acción, y el magnífico análisis de Manuel Casal Lodeiro para la revista 15/15\15. Por tanto, no quiero volver a incidir en las cuestiones que abordó la reina y prefiero analizar lo que ha sucedido desde una perspectiva más amplia.

Probablemente fui yo el primero, o uno de los primeros, en darle publicidad, a través de las redes, a lo que había sucedido. El acto de clausura había tenido lugar esa misma mañana. A las 15:02 salió publicada una reseña en la web de un revista especializada en el público femenino (en un cierto tipo de público femenino, diría yo). Habiendo aparecido en ese tipo de medio, lo más normal es que nunca hubiéramos sabido de ello. Sin embargo, alguien puso particular interés en que a mi me llegara esa reseña, la cual me envió a las 18:35. Yo estaba a punto de dar una conferencia en Vitoria y no pude ver el mensaje hasta las 22:35. Lo cierto es que cuando me enteré me quedé en estado de shock, particularmente al ver que mi nombre era de hecho uno de los pocos citados por la reina. "Tierra, trágame", pensé. No sabía qué hacer, si compartir esta información o simplemente ignorarla. Se lo envié a varios amigos y al final decidí que esto era demasiado bueno como para no utilizarlo. De este modo, en menos de 24 horas las palabras de la reina comenzaron a difundirse masivamente.

Durante esta última semana, numerosos medios de comunicación (sobre todo radio y televisión) se han hecho eco de las palabras de la reina, siempre en bloques breves y en muchos casos con un análisis muy simple y ramplón de los conceptos en discusión. Se puede decir que ha tenido cierto impacto, pero bastante moderado.

Desde el principio, una de las cosas que más me ha llamado la atención es el tono generalizado de condescendencia y desdén, cuando no desprecio, con el que muchas personas han tratado a la reina, ya en el mismo seminario, ya después en las noticias aparecidas. No es que yo sea precisamente muy fan de una institución de origen medieval como es la monarquía, pero eso no es óbice para reconocer que en nuestro ordenamiento jurídico y social la reina de España ejerce un importante papel de representación institucional como consorte del actual Jefe de Estado. Precisamente por ese papel que desempeña, me parece que lo juicioso sería, cómo mínimo, tratarla con el especial respeto que merece su cargo. Se puede discrepar con ella sin necesidad ser grosero, se le puede replicar sin tratarle de boba. Yo no sería tan maleducado con nadie, y me parece que con menos que con nadie lo sería con la reina.

Me parece particularmente grave la mala baba que le ha sido dispensada a la reina cuando cualquiera un poco avispado puede darse cuenta de que lo que ha pasado no es fruto del azar. Ella no soltó ocurrencias que le vinieron a la cabeza en el momento, sino que claramente traída preparadas las cuestiones que suscitó. De hecho, interrumpió a quien hablaba e introdujo estos temas, sin que estuvieran relacionados con lo que se estaba comentando. Y más aún, a pesar de que claramente se le invitaba implícita y explícitamente a callar, ella no se arredró sino que dijo todo lo que quería decir. Seguramente, lo que había venido a decir.

Porque para mi ésa es la cuestión clave. Es muy necia esa manera de tratar a la reina como a una especie de niña malcriada que va soltando lo primero que se le pasa por la cabeza. Se vio que lo tenía pensado, preparado y estructurado; no siempre los conceptos fueron completamente precisos, pero el hilo conductor era muy consistente.

Yo no creo en las coincidencias. Todo parece muy preparado, aunque seguramente nunca lo llegaremos a saber. En cualquier caso, yo no descartaría que todo sea simplemente un acto de comunicación promovido por la propia Casa Real, sin darle una gran publicidad pero asegurándose que el tema es difundido por los canales que han creído más oportunos para que el mensaje llegue. No podían usar al rey, porque entonces el impacto mediático hubiera sido descomunal; han utilizado a la reina y así el impacto ha sido más moderado y contenido, y ya han conseguido poner un pie en estos temas.

Quien ha promovido esto, quien ha ideado y orquestado esto, lo ha hecho con una cierta intención. El caso es que ahora la Casa Real ha dado un primer paso y ha hecho un primer posicionamiento delante de un debate que será crucial en los próximos años. Y por eso mismo, quienes se han enfrentado a la reina no solo han hecho el ridículo por la endeblez de sus argumentos (particularmente penoso ha sido el papel del ministro Escrivá), sino que encima han cometido la osadía de enmendarle la plana a la Casa Real.

Si no voy desencaminado, este tipo de pronunciamientos volverán a repetirse en los próximos meses. Por otros cauces, de otras maneras, con otras intenciones, pero se repetirán. De ese modo, la Casa Real no solo abre el debate, sino que se posiciona muy claramente en su seno.

Siendo realistas, yo no tengo muy buenas sensaciones con toda esta historia. El tipo de decrecimiento en el que yo estoy pensando seguramente tiene poco o nada que ver con el que se está pensando en las altas esferas. El riesgo de ser manipulados y tergiversados para promover su agenda es enorme (de hecho, esta semana ya he visto varias veces cómo mi discurso real era tergiversado en algunos aspectos fundamentales).

Lo que sí tengo claro es que las preocupaciones por el futuro de la Humanidad en España ya son reales, en el sentido de ligadas a la realeza. Ahora solo nos hace falta llegar hasta las preocupaciones reales de la gente.

Salu2.

AMT

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