Mostrando entradas con la etiqueta Arabia Saudita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arabia Saudita. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de abril de 2026

Prepárense para el impacto

 

Queridos lectores:

Anticipar lo que va a pasar en las próximas semanas es una tarea harto difícil. Sin embargo, dada la acumulación de riesgos y la evolución de los diversos factores que afectan a la actual situación geopolítica, no es aventurado decir que vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance y duración.

No voy a entretenerme a valorar la inmensa cantidad de efectos y correlaciones que hay entre la infinidad de variables que están en juego. Me voy a fijar en unos pocos aspectos que ahora mismo están bastante claros, para transmitir una idea que es bastante sencilla: de manera inevitable, en el curso de las próximas semanas vamos a tener una gran escalada de precios, seguida de restricciones en el acceso a determinados productos y servicios, para acabar en una situación de verdadero racionamiento. En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas. Todo va a depender de la evolución de ciertos factores ahora mismo imponderables pero que tienen un curso muy negativo.

Vamos a ir a lo más básico: de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, en el momento actual se ha detenido la extracción de unos 13 millones de barriles (Mb/d) de petróleo diarios en la zona del Golfo Pérsico, fruto de la incapacidad de darle salida a ese petróleo. Eso supone la desaparición del 13% de los aproximadamente 100 Mb/d que se producen en el mundo. Encima, la detención de la extracción de esos pozos, en campos ya muy maduros, va a implicar la pérdida definitiva de 1 ó 2 Mb/d para siempre debido a los procesos de compactación y cierre de la roca cuando se deja de inyectar agua a presión, y eso ya supone una pérdida muy significativa, en torno al 1-2% de la producción mundial. Además, los daños causados en terminales de carga, refinerías, oleoductos, gasoductos e inclusive algunos yacimientos van a suponer una ralentización del flujo de hidrocarburos durante años, que podrían suponer una pérdida adicional comparable durante ese período. Por tanto, incluso en el mejor de los casos nos enfrentamos quizá a una pérdida del 4% de la producción mundial durante años. Conviene recordar además que, como los países productores consumen ellos mismos un poco más de la mitad del petróleo que extraen, en términos del petróleo disponible a la venta (lo que es lo más importante para países netamente importadores como es España) esos porcentajes se tienen que multiplicar por 2. Por tanto, la interrupción de la extracción en la zona supone el 26% del petróleo exportado en el mundo, y de manera más o menos definitiva habremos perdido entre el 4 y el 8% del total de petróleo a la venta. Esos números nos pueden dar una idea de cómo de apurada es la situación de países importadores como el nuestro.

Pero la situación tiene el potencial de volverse mucho peor. EE.UU. está bloqueando el paso de petroleros iraníes, habiendo ya capturado algunos. Irán exporta 2 Mb/d, lo cual implica añadir otro 4% del petróleo exportado que faltaría, y ya llegamos al 30%. Además, si la situación bélica se recrudece, Irán puede atacar los oleoductos con los que Arabia Saudita y Kuwait están esquivando el Golfo Pérsico, lo cual retiraría hasta otros 7 Mb/d del mercado, o lo que es lo mismo, otro 14% menos. Eso sin contar con que, si EE.UU. lanza la ofensiva terrestre, la destrucción que puede generar Irán en la zona podría poner fuera de línea toda la producción de la región, que es de unos 27 Mb/d. Para más inri, estos países exportan la mayoría de su petróleo, unos 20 Mb/d, la mayoría de los cuales pasaban antes por el estrecho de Ormuz  aunque actualmente unos 7 Mb/d se desvían por oleoductos que hemos comentado. En ese caso, faltaría hasta el 40% del petróleo disponible a la venta (y por no hablar de que si esos países se quedan sin petróleo para producir y traer alimentos, conseguir agua o usar el aire acondicionado en verano, la expresión "catástrofe humanitaria" se va a quedar cortísima).

En resumen: en este momento no circula el 30% del petróleo que se exporta, en caso de recrudecimiento de la crisis ese porcentaje llegaría al 40%, e incluso si la guerra se detuviera ya y la situación se "normalizase", habríamos perdido por varios años o quizá para siempre entre el 4 y el 8%.

Es decir: en el mejor de los escenarios (se pierde solo el 4% del petróleo a la venta), vamos a una crisis económica más grave que la del 2008; en el peor (se pierde de manera duradera en torno al 40%), vamos a algo peor que la Gran Depresión de 1929.

¿En qué situación se encuentra España?

De acuerdo con los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), España está consiguiendo comprar aproximadamente el 85% del petróleo que consume. Eso hace que el 15% que falta lo esté sacando de sus reservas, principalmente las comerciales. Antes de la guerra de Irán, España contaba con unas reservas estratégicas (del Estado) equivalentes a 30 días de consumo nacional, en tanto que las comerciales (de las compañías) equivalían a 65 días. En total, todas las reservas representaban 95 días de consumo nacional. En la actualidad, las reservas representan unos 83 días, y perdemos el equivalente a 0,15 días de consumo nacional cada día que pasa. Esto es, perdemos aproximadamente un día de reservas cada semana que pasa. Si no hay cambio de la situación, en unas 13 semanas (3 meses, es decir, a finales de julio) las reservas llegarán a 70 días y se activarán ciertas medidas restrictivas, que se irán endureciendo en función del descenso de las reservas.

España tiene una situación mejor que la de otros países europeos, porque aquí se han mantenido en funcionamiento 8 refinerías de las que había, y solo ha cerrado una, en Canarias. De ese modo, España tiene capacidad para refinar aproximadamente 1,3 Mb/d de petróleo y a partir de ello produce la práctica totalidad la gasolina y el diésel que consume, y el 83% del queroseno que se usa aquí. Por contraste, en Europa, a lo largo de los últimos 20 años se cerraron más del 40% de las refinerías porque salía más económico importar combustibles de Rusia y otros lugares, y eso hace que ahora Europa sea mucho más vulnerable a la actual situación, ya que en los mercados de la gasolina, el diésel y el queroseno hay mayor competencia entre la demanda, en tanto que los clientes del petróleo crudo son menos, ya que se necesita tener refinerías y éstas son instalaciones muy caras que no todos los países se pueden permitir tener.

El escenario que se dibuja no es excesivamente favorable para España, pero no se anticipa una disrupción inminente. Hay sin embargo ciertos riesgos que invitan extremar la cautela en las próximas semanas, y que probablemente van a provocar que se tomen medidas restrictivas e inclusive racionamientos más pronto de lo que se podría pensar.

  • Precio del petróleo: Durante el mes de abril, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. ha manipulado las referencias que se toman como "precios del petróleo", a saber, los contratos de compra a futuro en el mes de junio tanto del petróleo Brent como el West Texas Intermediate. El volumen físico realmente extraído de estos dos tipos de petróleo es muy pequeño, apenas unos cientos de miles de barriles diarios, y por eso es un mercado más fácilmente manipulable. Se han comprado opciones de compra de petróleo en junio a un precio más caro y luego se han revendido a un precio más barato con el objetivo de conseguir contener el precio; primero se fijó un nivel de 90$ por barril y más tarde, cuando se vio que ésa era una referencia difícil de mantener, se tomó la de 100$/barril. Todo este "petróleo de papel" no deja de ser un mero instrumento especulativo sin conexión directa con el petróleo físico real que se comercia en los puertos, pero en general el precio de los futuros a 3 meses y el precio del petróleo en venta inmediata suelen ser muy parecidos, con unos pocos dólares por barril de diferencia. Hasta este mes de abril, claro.
  • Lo que hemos observado es que la separación entre el precio del petróleo físico y los futuros ha llegado a ser de más de 30 dólares por barril, fruto de esta manipulación por parte del Tesoro estadounidense. La razón de esta manipulación, que obviamente le ha costado cientos de millones de dólares al Departamento del Tesoro americano, es que lo que los noticiarios refieren como "precio del petróleo" es el del mercado de futuros, no el de venta inmediata, entre otras cosas porque el valor de este últimos es más difícil de conocer, ya que depende del país, puerto y entrega, y se tendría que registrar todos esos valores y hacer una media ponderada. Como esos "precios del petróleo" se utilizan como índices para muchos ajustes bursátiles, con esta maniobra el gobierno de los EE.UU. ha ganado tiempo para evitar el pánico de la bolsa. Pero el tiempo se acaba. Mañana, 30 de abril, se tienen que liquidar los contratos a futuro del Brent con entrega en junio. Por ese motivo, querido lector, habrá observado que desde que empezó esta semana el precio del petróleo (es decir, de los contratos de futuros a junio) ha ido subiendo progresivamente, siendo en el momento que esto escribo ya de 118$/barril. Entre hoy y mañana el precio tendrá que dispararse hasta que el precio de entrega inmediata y el del futuro se igualen prácticamente, porque si no lo hicieran alguien podría comprarlo para revenderlo inmediatamente más caro y ganar la diferencia. La huida hacia adelante que ha supuesto esta manipulación contable llega por tanto a su fin. Cuando acabe la jornada de mañana sabremos dónde se queda el Brent (para el WTI aún tendremos que esperar al 19 de mayo), pero no se extrañen si aterriza en los 140 ó 150$ por barril. Ese precio refleja la escasez real del petróleo físico en Europa, y lo peor es que ni siquiera es el techo, lo más probable es que acabe derivando, con el paso de las semanas, hacia los 200$ o más. En todo caso, con 150$/barril de Brent, espérense que lleguemos a precios del diésel ya cercanos a los 3 euros por litro.
     
  • Destrucción de la demanda: Éste es el único factor que puede servir para aliviar la actual situación de escasez. Con el precio de las gasolina y el diésel disparado, muchos negocios van a tener que cerrar, y eso implicará una caída de la demanda. El problema es que esperar que este mecanismo cierre una brecha en demanda del 15% del petróleo es prácticamente asumir un descenso de actividad industrial en un porcentaje similar, y por rebote y dependencias mutuas, un descenso del PIB que fácilmente superaría el 5% y hasta el 10%. Eso sería una verdadera debacle económica, así que lo más probable es que el Gobierno tome medidas inmediatas para contener la demanda de los particulares, que es lo que menos daño causa a la actividad económica. Por tanto, no sería en absoluto descartable que en las próximas semanas se tomen ya medidas restrictivas. El problema es que con esas medidas es dudoso que se consiga cerrar la brecha del 15% entre demanda y disponibilidad de petróleo en más de un 5% del total, y aún quedaría un 10% por cubrir. En tanto que no se cierre ese brecha, es inevitable que el precio suba, dado que lo que empuja el precio al alza es la incapacidad de cubrir toda la demanda.
  • Hundimiento económico de los países del Golfo: La actual estrategia americana de bloquear la salida de barcos iraníes (o de quién les haya pagado tributo) tiene como objetivo deteriorar la ya muy debilitada economía iraní, provocar protestas y revueltas internas y conseguir un cambio de régimen. Desgraciadamente para los americanos, el régimen iraní está demostrando ser muy resiliente y estar muy bien atrincherado, y más ahora que su ejército, la Guardia Revolucionaria, parece haberse hecho de facto con el control político del país. Sin embargo, la resiliencia del resto de países del golfo Pérsico, que son aliados de los EE.UU., es mucho más cuestionable. Ellos también están sufriendo económicamente por la guerra y el bloqueo de Ormuz. Es en este contexto que debe entenderse el anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP pasado mañana, cuando la guerra no se ha acabado y el cierre del estrecho de Ormuz aún impide la salida de la mayoría de su petróleo. Emiratos es el único país que cuenta con una capacidad ociosa significativa, y cree que podría pasar de los 3 Mb/d de producción actual que le fija la cuota de la OPEP hasta los 5 Mb/d, es decir, 2 Mb/d más, un incremento del 66%. EAU está pensando que, en cuanto se desbloquee la situación actual, debe vender petróleo a la máxima velocidad posible para enjugar sus cuentas públicas. La situación de los EAU es un síntoma del problema de todos estos petroestados, que tienen sistemas políticos autoritarios y represivos, sin más políticas redistributivas que las que permitían los excedentes del petróleo. Un bloqueo prolongado de la situación actual puede acabar llevando a revueltas y levantamientos, y eventualmente a la caída de alguno de estos países, lo cual agravaría toda la situación a más largo plazo: simplemente, piensen en las consecuencias de una guerra civil en Arabia Saudita...
  • La poca fiabilidad del socio americano: Gracias a su política exterior agresiva y al aislamiento de Rusia respecto a Europa, EE.UU. ha conseguido incrementar hasta extremos inimaginables la cantidad de petróleo y gas natural que le vende a Europa. En realidad, EE.UU. nunca fue autosuficiente en petróleo, pero produce demasiado petróleo ligero mientras importa petróleo medio y pesado, y es en Asia y en Europa donde coloca sus excedentes del ligero. En cuanto el gas, EE.UU. sí que extrae más del que consume y es un verdadero exportador neto, aunque su exportación hacia Europa se tiene que hacer por buque metanero, lo cual encarece el producto final. En cualquier caso, como EE.UU. aún importa el equivalente al 40% de su consumo de petróleo, están igual de expuestos a la subida de precio del mismo que el resto del mismo. A medida que la situación en EE.UU. se vaya haciendo insostenible, es muy probable (yo diría que es prácticamente seguro) que la administración Trump decida primero limitar y después prohibir las exportaciones de gas y de petróleo. Recordemos que todo apunta a que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya ha tocado máximos y empezará a caer con fuerza en los próximos años, y seguramente el gas natural seguirá sus pasos en breve; todo lo cual incrementa los incentivos de EE.UU para cortar en seco sus exportaciones. En el caso del petróleo, España actualmente importa el 14% del petróleo que consume de los EE.UU., lo cual prácticamente duplicaría la actual brecha entre suministro y demanda que tenemos aquí, y sin posibilidades reales de cerrarla: el resto de Europa estaría igual, y el ajuste que nos aplicaría el amigo americano nos acercaría a la media de 30% menos de petróleo disponible en el comercio mundial. En el caso del gas natural, el cierre de Ormuz prácticamente no ha afectado al suministro de España (de Catar, España obtenía menos del 2% de su suministro), pero el cierre del grifo americano sería demoledor, ya que importamos el 30% de nuestro consumo de allá. Por tanto, cuando EE.UU. empiece a aplicar restricciones a las exportaciones de hidrocarburos, la crisis va a tomar una dimensión completamente diferente en Europa y en España. Una en la que por primera vez vamos a ver lo que es estar en la media mundial: ni siquiera en lo peor, solamente en la media. Si llegamos a este punto (y no me parece para nada descartable, si la guerra no acaba), no sé qué va a ser de Europa...
  • La solidaridad europea: Desde la aprobación de la directiva RepowerEU en 2022, justo después del arranque de la guerra de Ucrania, se estableció un mecanismo de solidaridad entre los países europeos que tiene como finalidad compensar los déficits de combustibles de algunos socios con la ayuda de los otros socios. Aunque el mecanismo de solidaridad está más bien pensado para hacer compras conjuntas, no será de extrañar que, en medio del marasmo actual, se le pida a España un esfuerzo extra dado que España puede cubrir bien durante bastantes meses sus necesidades de gasolina y diésel, y parcialmente las de queroseno, gracias a sus 9 refinerías y sus reservas. De hecho, ya se ha ofrecido que España compense parte de los faltantes europeos de queroseno. Habrá que ver qué sucede cuando lo que falte sea la gasolina y el diésel - que ya empiezan a faltar en países como Irlanda, Francia o Eslovenia. Si España comienza a compartir con Europa sus productos refinados, dado que las refinerías españolas no pueden aumentar mucho más su capacidad de producción, significaría que se tendrían que implementar de manera inmediata medidas restrictivas en España. Se tiene que hacer notar, además, que las paradas de mantenimiento programadas para las refinerías españolas se han aplazo sine die, dada la situación actual, lo cual incrementa el riesgo de averías críticas y tiempo sin funcionamiento en el futuro.

 

Por terminar, cabe recordar que el cierre del estrecho de Ormuz está afectando también al tráfico de otras materias primas, como el gas natural, los fertilizantes nitrogenados, el azufre, el helio o el aluminio, todo lo cual tendrá también mucho impacto sobre la actividad económica mundial y española en particular. 

¿Qué podemos hacer en este escenario? Recordémoslo: No Normal. Ahora es el tiempo de actuar. Contacte con la comunidad que se está organizando cerca de Vd., y prepárese. Porque esto no es un simulacro.

Prepárense para el impacto. 

 

Salu2.

AMT 

viernes, 6 de marzo de 2020

Según lo previsto




Queridos lectores:

Estos días, la economía del planeta está sufriendo uno de los frenazos más fuertes que se recuerdan, sobre todo por lo repentino. En cuestión de unas pocas semanas, la actividad industrial en la fábrica del mundo, China, ha caído drásticamente. Tal caída se refleja en multitud de indicadores, como es el comercio de materias primas y también en el descenso de la contaminación. Una imagen en particular ha ilustrado muy bien lo que está pasando en el gigante asiático: son imágenes composite del satélite europeo Sentinel 5P, que nos muestran la concentración atmosférica de óxidos de nitrógeno sobre China, a principios de enero y hace unos pocos días.




La razón de este frenazo económico tan salvaje es el dichoso coronavirus.

Antes de ir al análisis económico propiamente dicho, querría dejar claras una serie de cosas sobre mi opinión sobre la epidemia del CoVid-19 que se está extendiendo por todo el planeta.

Como ya comenté en el post anterior, este coronavirus representa sin duda un serio problema de salud pública. Se trata de un germen que está demostrando ser bastante infeccioso, y eso está favoreciendo su rápida extensión geográfica en un mundo tan globalizado como es el nuestro. 

¿Es el CoVid-19 una gran amenaza? Pues no a nivel de la especie humana, pero sí a nivel de los sistemas de salud.

Esta enfermedad está lejos de ser una amenaza a la continuidad de la especie humana. Como muestran los datos que va compilando la OMS, la tasas de mortalidad en la mayoría de los grupos de edad (menores de 50 años) son relativamente bajas, de alrededor del 0,3%, 3 de cada mil, y en un gran número de casos (se suele decir que el 80%) se trata de personas con patologías previas. Además, esa tasa de mortalidad está calculada sobre el número de casos reportados (mortalidad aparente), pero en muchos casos la enfermedad cursa de manera tan leve que mucha gente puede haberla padecido sin saberlo. A falta de un estudio epidemiológico que lo corrobore, se estima que hasta un 80% de los casos de infección por el CoVid-19 no son reportados, lo cual querría decir que se deberían de dividir las tasas aparentes hasta por 5. Por tanto, la mortalidad que va a inducir este virus será muy inferior al crecimiento vegetativo de la población humana y por sí mismo el CoVid-19 no compromete la existencia de la Humanidad. Sin embargo, cuando se habla de los fríos hechos estadísticos conviene recordar que estamos hablando de seres humanos, de carne y hueso, que han muerto y van a morir por esta enfermedad, y cualquier pérdida es siempre lamentable. Además, al igual que pasa con la gripe y otras infecciones causadas por virus de esta familia, también mata a gente perfectamente sana sin patologías previas; a muy pocos, pero también pasa.

Sin embargo, el CoVid-19 supone un problema muy importante para los sistemas de salud. Por un lado, porque la mortalidad (aparente) se dispara en los grupos de edad por encima de los 50 años, llegando a ser del 20% en los mayores de 70 años. Por el otro, porque en todos los grupos de edad genera una gran morbilidad: el tiempo típico para recuperarse completamente de la enfermedad (y no ser infeccioso para los demás) es de unas dos semanas, y hasta el 10% del total de los infectados (reportados) requieren hospitalización, que encima es de larga duración (más de 10 días). Por tanto, si una infección por CoVid-19 se extendiese ampliamente por un territorio colapsaría en nada de tiempo la capacidad del sistema sanitario de darle una respuesta adecuada, y eso redundaría también en mayores tasas de mortalidad. Es por todo ello que el CoVid-19 no puede tomarse tampoco a la ligera.

Teniendo en cuenta la experiencia que tenemos con otras infecciones respiratorias similares, lo más probable es que en las próximas semanas veamos una contención y después una disminución del número de nuevos infectados, a medida que las más altas temperaturas y sobre todo la más intensa radiación UV esterilicen las superficies donde se encuentra el virus, dificultando su propagación. A pesar de que siempre se tienen que mantener todas las cautelas tratándose de una enfermedad nueva, cuyas características epidemiológicas aún no se conocen, parece probable que hacia abril la epidemia esté más que contenida y que en mayo sea algo residual. Cabe, por tanto, tener paciencia y seguir trabajando para contener la expansión del virus.

Dado que además se trata de un retrovirus, que tiene un gran potencial para ir mutando, lo más probable es que el año que viene cepas del CoVid-19 formen parte del pool habitual de virus que infectan estacionalmente a toda la humanidad, como ya pasó con la gripe A. En suma, será un factor más a tener en cuenta en nuestros planes sanitarios, y todo volverá más o menos a la "normalidad" (normalidad que es de una extremada complejidad para los gestores sanitarios, aunque de eso mucha gente no se de cuenta).

Importante como es el CoVid-19, no parece más importante que muchos otros problemas que comprometen el futuro inmediato y a más largo plazo de la Humanidad. Ha habido diversos autores que se quejan de que hasta ahora no se haya dado una respuesta adecuada a la crisis climática, que pone en peligro a toda la Humanidad, pero con el coronavirus se ha podido disminuir radicalmente las emisiones de CO2 en cuestión de pocos días. Se comenta también que no es de esperar que el CoVid-19 mate más que a unos cuantos miles de personas, mientras que la contaminación atmosférica mata a 8 millones de personas al año. Obviamente, la diferencia entre unos y otros es que en el caso del CoVid-19 las medidas que se toman tienen vocación de temporales (todo el mundo cuenta con poder retomar la actividad progresivamente a partir de mayo), mientras que luchar verdaderamente contra las causas de nuestros problemas climáticos y ambientales requeriría cambiar permanentemente nuestro sistema económico. Además, en el caso de los problemas ambientales, la población más afectada se encuentra en países "en vías de desarrollo", y por tanto, siendo cínicos, tiene "poca importancia" en los países más desarrollados.

Hay un aspecto, sin embargo, que querría destacar de la crisis del coronavirus. Estos días hemos sabido que se ha producido una fuerte caída de demanda de petróleo en China, que llega a ser del 20% de su consumo: 3 millones de barriles diarios menos, por tanto. Es una bajada muy fuerte, y eso solo en China. Al albur de la recesión económica mundial que parece estar gestándose como consecuencia de este parón repentino de actividad, es de esperar que otros países reduzcan también su consumo. 

Esta caída repentina del consumo ha tenido consecuencias inmediatas sobre el sector petrolífero, que como sabemos lleva años atenazado por el problema de los bajos precios y los costes crecientes. Por lo pronto, la OPEP ha decido reducir su producción de petróleo en 1,5 millones de barriles diarios para hacer frente a la situación, en un movimiento que parece indicar que ellos están dispuestos a asumir la mitad de la reducción, pero que la otra mitad la deberían asumir el resto de países productores.

La caída de producción de la OPEP, que será asumida principalmente por Arabia Saudita, supondrá un alivio importante justamente para ese país. Como recordarán, en septiembre pasado unos atentados comprometieron seriamente la capacidad productiva saudí, y no era de esperar que se pudiera reestablecer la producción plenamente antes de entre 6 y 9 meses. Para compensar la parte faltante de la producción, Arabia Saudita ha ido tirando del petróleo que tenía almacenado en sus depósitos para cumplir sus compromisos internacionales, pero esa estrategia no podía prolongarse más que unos pocos meses. Así que la llegada del la crisis del coronavirus va a ser más que bienvenida en Arabia Saudita, porque al mismo tiempo le va a permitir avanzar con menor presión en la reconstrucción de sus instalaciones, y por el otro podrá aprovechar este tiempo para recargar sus depósitos. Si la crisis del coronavirus se prolonga dos o tres meses más, seguramente eso será suficiente para que la industria petrolífera de Arabia Saudita pueda recuperarse del todo.

Comentábamos en diciembre del año pasado, cuando enunciaba las previsiones para este año, que lo más probable es que el principio de este 2020 estuviera marcada por un intento de los principales agentes económicos de domesticar la crisis económica que viene larvándose durante los últimos años. La crisis del coronavirus ha dado la ocasión perfecta para pilotar ese aterrizaje, quizá más brusco de los deseado pero probablemente más suave de lo que hubiera pasado sin ningún control. Eso quiere decir que todo va según lo previsto, estamos siguiendo la hoja de ruta que se marcó para este año. Eso implica también que el precio del petróleo se va a mantener bajo, prolongando el daño a las petroleras y en particular al muy maltrecho y a punto de agonizar sector del fracking estadounidense. Y por tanto se hace más probable que en la segunda mitad de 2020 estalle la crisis del petróleo que también anticipábamos. 

Es decir, todo va según lo previsto.

Salu2.
AMT

jueves, 10 de octubre de 2019

El gatillo




Queridos lectores:

Hace unos días, mi hija me enseñó un vídeo que quería que viese. Se trataba de la última pieza de un YouTuber más o menos conocido, un chico joven que hace vídeos sobre temas de actualidad y de interés para su público objetivo, que en su caso se trata de gente muy joven. El estilo de este muchacho (me cuesta un poco usar el término, porque aunque aún en la veintena no dejo de considerarle un adulto, joven pero adulto) es muy desenfadado, demasiado en realidad, rondando lo faltón. Aunque a mi me resulte repelente, en realidad es eso lo que espera su público: es así como ha conseguido millones de subscriptores y es así como consigue los preciados "likes" con los que se gana su dinero - "likes" que obviamente no obtendría de (casi) cincuentones como yo.

Como es natural, yo nunca tendría el más mínimo interés en mirarme un vídeo de esta persona, pero mi hija me dijo que era importante que lo viera, porque hablaba de Greta. Mi hija estaba indignada, porque le habían pasado el enlace y no daba crédito a lo que veía: ese individuo se dedicaba a criticar a Greta Thunberg de manera denigrante y por supuesto infundada.

No voy a poner un enlace aquí al vídeo de este señor porque no quiero darle una publicidad inmerecida, que, no olvidemos, es de lo que vive. Aunque, bien mirado, después de ver el vídeo llegué a la conclusión de que probablemente ha conseguido otras vías de financiación. Y es que, en medio de una serie de críticas ramplonas y completamente infantiles (insisto: a los 25 años uno ya es, o debería de ser, adulto), encontré un discurso bien estructurado e intencionado que me resultó muy familiar, completamente disonante con la vulgaridad y falta de profundidad de las críticas anteriores. Mientras que en la primera mitad del vídeo sus críticas son meramente imbéciles (una retahíla de apelaciones al ridículo y argumentos ad hominem sazonados con grititos, vocecitas e imágenes deformadas), en la segunda mitad se dedica a hacer una crítica argumentada contra las energías renovables por caras e ineficientes y una loa a la energía nuclear (en la que no podía faltar la famosa -y falseada- referencia a que a consecuencia del accidente de Chernóbil solo murieron 31 personas). La conclusión de este señor era que "ya hay gente que se está ocupando del cambio climático y no hace falta por tanto que venga una niñata sueca, que llora como una tonta porque le han robado su infancia cuando en realidad es una privilegiada".

No creo que merezca la pena desmontar toda la sarta de tonterías y falsedades que destila el vídeo de este señor (ya llevamos mucho blog para repetir siempre las mismas cosas). Mucho más interesante me parece, sin embargo, ver que la negacionía a sueldo de los grandes think tanks de las petroleras ha intensificado sus actividades delante de lo que podríamos denominar "la amenaza Greta". Por una parte, es obvio que se ha puesto en nómina a "profesionales" de un nuevo segmento comunicativo, el de los YouTubers, influencers y toda la nueva comunicación social. Estos nuevos ingresos en la larga caterva de empleados de la negacionía profesional tienen ciertamente por objeto llegar a la gente más joven, y está claro que se busca contrarrestar el gran predicamente que Greta tiene precisamente sobre ese segmento de la población. Por el otro lado, el gran despliegue mediático y el debate que se ha generado durante estas semanas sobre la joven sueca muestran hasta qué punto los negacionistas han comprendido que estamos en las postrimerías de la guerra climática. Se ha buscado centrar toda la discusión sobre Greta, como si destruyendo el mito montado sobre la pobre niña se pudiera cancelar el problema con la desestabilización climática.

Seamos claros: Greta es irrelevante. Es igual cuáles son las intenciones reales u ocultas de Greta. Es igual si ella es muy coherente o no lo es en su vida personal. No tiene ninguna importancia si ella está recibiendo una atención inmerecida porque lo que ha hecho no tiene tanto mérito al entender de algunos. El hecho de que muchos activistas ambientales en tantos lugares del mundo hayan perdido la vida por defender lo que es justo y que casi nadie lo sepa, tristísimo e indignante como es, no hace ni peor ni mejor a Greta, ni cambia la gravedad e importancia de lo que Greta habla.

Lo cierto y lo verdaderamente importante no es Greta. Es la crisis climática. Es la crisis ambiental. Es la crisis de los recursos. Es la crisis de sostenibilidad. Dejen a la niña en paz. ¿No tienen nada mejor de qué hablar? ¿No creen que deberíamos centrar nuestras energías en el problema gordo y real que tenemos? Y si esta chica inspira y moviliza a la gente más joven y no tan joven, ¿cuál es el problema? ¿Tenemos que exigirle a Greta que sea una santa para que esté a la altura del problema del cual habla? ¿Por qué tanta gente se obsesiona con Greta? En Italia han llegado a ahorcar su efigie (estamos hablando de una niña, no lo olvidemos). No somos pocos que pensamos que lo que más ofende de Greta es que sea tan joven y mujer, aunque eso es ya otra discusión.

Greta es solo un síntoma, la fiebre de una enfermedad largamente larvada. Es la punta del icerberg que sobresale en un mar de malestar, el epítome de una generación que sabe que le están robando el futuro con las peores y más deleznables excusas. Si fueran capaces de entender el momento histórico que estamos viviendo, no perderían energía intentando destruir a Greta: es solo un átomo en lo más alto de una montaña que mañana va a seguir ahí. Bajo Greta están Fridays For Future, By 2020 we rise up y Extinction Rebellion, entre otros, y más abajo todos los grupos ecologistas que han venido trabajando durante décadas para preparar el camino. Y más abajo aún está una parte creciente de la sociedad que está comenzando a comprender lo que está en juego.

En particular, Extinction Rebellion está aquí, y ha venido para quedarse. Extinction Rebellion (abreviado XR) es un movimiento que pretende pasar a una acción más directa para exigir a nuestros veleidosos gobernantes que tomen ya medidas realmente efectivas para atacar la crisis ambiental. No se conforman con hacer meras manifestaciones; XR toma las calles y por sus acciones intenta interrumpir el normal devenir de la economía, porque es el normal devenir de economía el que está causando la normal destrucción de la biosfera. En el Reino Unido es donde el grupo es más numeroso y activo. XR había preparado dos semanas de intensas actividades en las calles del Reino Unido, pero ya antes de comenzar la policía allanó sus locales y detuvo a unas 200 personas; en este momento, hay ya casi 600 detenidos. Se ve que protestar contra la normal destrucción de nuestro futuro es algo que no es aceptable dentro del BAU (o statu quo, como prefiere que se designe mi amigo Sebastián). Cuando ves que la policía detiene preventivamente a centenares de personas, antes incluso de que hagan algo, te das cuenta de hasta qué punto las grandes empresas se sienten amenazadas por la ola de protestas contra la inacción climática. A una escala mas modesta pero significativa, en España varios centenares de personas han acampado delante de la sede del Ministerio de Transición Ecológica e incluso alguno de ellos fue detenido por el grave delito del cortar el tráfico con sus protestas. La gente empieza a levantarse y el capital tiene miedo.

Tiene miedo y más que debería de tener. A la cada vez más palpable evidencia de que nos estamos dirigiendo a la siguiente crisis económica se añaden numerosos nubarrones en el horizonte internacional, que apuntan a que las cosas pueden acabar yendo mucho peor. En particular, hay amenazas muy serias en lo que a la producción de petróleo se refiere. Arabia Saudita ha podido contrarrestar temporalmente las pérdidas de producción que le produjeron los ataques a sus instalaciones, pero sin duda alguna esta normalización del flujo de petróleo se ha conseguido simplemente vendiendo el petróleo que ya tenían almacenado. Esto les da un par de meses de margen antes de tener que reducir drásticamente sus ventas por falta de mercancía, y obviamente depositan su esperanza en que en estos dos meses, trabajando frenéticamente, se pueda reparar lo suficiente las instalaciones para volver prácticamente a los niveles anteriores. Un equilibrio muy precario que en cualquier momento puede desmoronarse como un castillo de naipes: basta un pequeño retraso de un contratista o cualquier accidente menor para que todo se vaya al traste, y no digamos si vuelve a haber otro ataque. Y para añadir más grados de complejidad a la situación, la relativamente tranquila vida del reino saudí está sufriendo últimamente muchas perturbaciones que no auguran nada bueno - una de las últimas, la muerte del guardaespaldas del rey en un incidente bastante turbio. La inestabilidad en el entorno de la casa de Saud alimenta aún más las sospechas de que los ataques a las refinerías no fueron de origen iraní - máxime cuando ya no se habla de atacar al país persa.


Hay otras situaciones que nos tocan más directamente en casa. Aquí en España particularmente uno de los escenarios más peligrosos se sitúa en Argelia, el país que nos suministra el 60% del gas natural que consumimos y que algunos años ha sido nuestro principal proveedor de petróleo y siempre está entre los cinco más importantes. Pero la producción de petróleo llegó a su máximo en 2008, y la producción de crudo es ahora un 25% inferior a entonces. Por otro lado, la producción de gas está estancada desde principios de siglo mientras que el consumo interno ha ido aumentando, dejando cada vez menos gas para la exportación y además la calidad del gas se ha resentido. Todo ello combinado ha llevado a un rápido descenso de los ingresos por la venta de hidrocarburos, y este empobrecimiento sin duda aumenta la inestabilidad social en el país. De momento el Gobierno anuncia una tremenda reducción del 9,2% en los Presupuestos Generales para el año que viene. Si esta situación se prolonga demasiado, Argelia va a estallar. ¿Qué hará España, entonces?

Al otro lado del Atlántico, las revueltas en Ecuador están ocupando actualmente el foco mediático. Las imágenes de los asaltantes tomando el Parlamento han dado la vuelta el mundo. ¿Cuál ha sido el desencadenante de estas protestas? Sin duda ha habido muchos factores, pero uno de los más importantes ha sido el brutal encarecimiento de los precios de los combustibles (la gasolina ha aumentado a más del doble de su precio anterior). Ecuador, país productor de petróleo, no se puede permitir continuar subvencionando la gasolina a sus ciudadanos. Seguramente, los analistas económicos clásicos no vean la clara relación entre la eliminación de los subsidios domésticos y que hace unos días Ecuador anunciara su salida de la OPEP para el año que viene. Sin embargo, la explicación es simple si uno mira la evolución de la producción de petróleo del país.



Ecuador probablemente superó su peak oil particular en 2016 y está haciendo todo lo que puede por remontar la caída que ha sufrido desde entonces, abriendo nuevos campos aunque ello implique una mayor degradación ambiental y que la calidad del crudo sea mucho peor. Pero no le está bastando con eso; así pues, la única manera que tiene de intentar evitar la debacle fiscal es disuadir el consumo interno para tener más petróleo disponible para la exportación. Eso, al mismo tiempo, le implicaba salirse de la disciplina de la OPEP para intentar sacar el máximo beneficio de su petróleo. Así de simple y así de complicado, porque Ecuador no conseguirá vencer a las leyes de la Física y de la Geología, y por más empeño que le ponga no conseguirá mantener de manera duradera su producción de petróleo. Es por tanto de prever mucha más inestabilidad y problemas en el país andino.

Volviendo a Oriente Medio, son éstos días inciertos en Siria. EE.UU. ha decidido retirarse delante de la anunciada ofensiva turca contra los kurdos del norte de Siria. Se trata, sin duda, de un acto de guerra turco, ya que está atacando más allá de sus fronteras, pero obviamente nadie dirá nada: ni el Gobierno sirio, al cual ya le conviene que se debilite a las facciones insurgentes del norte del país, ni Rusia, país aliado de Siria, ni el resto de la comunidad internacional, que harán seguidismo a los norteamericanos. Se puede decir que es cosa hecha y que la autonomía del kurdistán sirio estará en breve liquidada. ¿Quién controlará los campos de petróleo del kurdistán sirio-iraquí? Eso es lo que se tendrá que decidir en las próximas semanas. En todo caso, los EE.UU. se lavan las manos. La segunda fase de la era del petróleo es demasiado costosa para que los americanos intenten mantener el control de todo el mundo.

Y todo eso es solo rascar la superficie de un conjunto de situaciones cada vez más complejas e inestables en todo el mundo. La situación se va degradando en muchos sitios de donde solo nos llegan noticias esporádicas e inconexas o ni tan solo oímos hablar: Yemen (donde la guerra de exterminio sigue), Venezuela (donde la interinidad de tener dos presidentes se ha convertido en algo estructural, dado el equilibrio táctico entre los dos bloques), Brasil (donde la deforestación del Amazonas sigue, aunque no se hable de ella, mientras se atropellan cada vez más los derechos civiles), Argentina (donde se aplican a machamartillo una vez más las draconianas normas del Banco Mundial, para mayor sufrimiento de la población), Chile (donde la preocupación por la caída de la producción de cobre crece a la par que la inquietud por el futuro),... Y podríamos seguir, también por Europa (por ejemplo, mirando al bodevil italiano, el Brexit, el embate de los chalecos amarillos que después de un año no cesa en Francia, etc).

Mucho más cerca de mi, la situación de Cataluña es, ahora mismo, tensa, por decir lo menos. El mundo político y social está en la espera del próximo anuncio de la sentencia que condenará a los líderes independentistas que hace dos años tuvieron la osadía de poner las urnas en la calle y preguntarle a la gente. Nadie duda de que los juzgados serán todos ellos condenados a prisión; solo los más ingenuos creen que las sentencias no serán tan duras como muchos anticipamos. El mundo independentista espera la sentencia para saltar a calle y protestar a una escala nunca antes vista. Yo tengo mis dudas sobre cuál será el alcance y la extensión real de estas protestas, y por su lado el estado español se prepara para lo que tenga que venir enviando más policías a Cataluña. Está claro que vamos a vivir unos días muy turbulentos.

El mundo entero es como un resorte comprimido por un pistón, y alguien está acercando su dedo al gatillo.


Salu2.
AMT

martes, 17 de septiembre de 2019

Aceleración



Queridos lectores:

El pasado sábado 14 de septiembre de 2019, al menos 10 drones atacaron las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudita en Abquaiq y Khurais, afectando gravemente refinerías, depósitos de almacenamiento y sistema de distribución en esos lugares. Como consecuencia de esos ataques, la producción de petróleo saudí se ha reducido a menos de la mitad, o lo que es lo mismo en más de 5 millones de barriles diarios (Mb/d). Dado que la producción total de todos los líquidos del petróleo es de unos 95 Mb/d, eso supone retirar del mercado mundial algo más del 5% del petróleo que se consume hoy en día. Las milicias hutíes que combaten a Arabia Saudita en Yemen han reivindicado el ataque, aunque los EE.UU. se han apresurado a señalar con el dedo a Irán como probable financiador y cerebro de la operación. Ésta es, más o menos, la descripción oficial de lo que ha pasado.

Existen muchas dudas sobre el verdadero origen y naturaleza de los ataques. Las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudita llevan ya tiempo siendo objetivo de ataques por parte de grupos radicales que buscan desestabilizar a la monarquía saudí atacando al corazón de su economía, y por ese motivo estas instalaciones están dotadas de numerosos sistemas de vigilancia, control y defensa, que en el caso particular de los drones incluye inhibidores de frecuencia y sistemas antiaéreos. Hasta la fecha se habían producido más de media docena de ataques con drones de origen yemení que habían sido completamente inefectivos gracias, justamente, a esos sistemas de defensa. Resulta por tanto sorprendente la eficacia, simultaneidad y número de estos ataques, que han dejado a Arabia Saudita de rodillas. Yo no quiero entretenerme a discutir aquí otras hipótesis alternativas sobre lo que realmente ha pasado, pero sí que querría apuntar diversos datos para su consideración. Por una parte, Yemen es hoy en día un país devastado por una terrible guerra civil, guerra que agrava la participación de una coalición extranjera con Arabia Saudita a la cabeza y que pretende un objetivo nada claro. Eso hace muy difícil que los hutíes puedan disponer de algo tan sofisticado como unos drones militares tan precisos. Mantener la premisa de que han sido los hutíes lleva al corolario de que necesariamente han sido ayudados desde el exterior, al menos financieramente; el problema es que no hay sospechosos razonables. Para los iraníes, embarcarse en una campaña de destrucción de las instalaciones petrolíferas de su gran rival en la región es prácticamente suicida, ya que ellos también tienen muchas instalaciones igualmente vulnerables; además, Arabia Saudita permanece bastante tibia frente a las acusaciones a Irán, lo cual indica que el reino de Saud no ve probable que los iraníes estén detrás (y el propio presidente Trump ya ha dejado claro que no piensa atacar Irán, aunque lo vigilarán de cerca). Hay quien ha indicado que el ataque podría ser un atentado de falsa bandera de los EE.UU. para catapultar el precio del petróleo y así favorecer la industria del fracking estadounidense. Sin embargo, es dudoso que tal maniobra fuera beneficiosa para el gigante americano: como comenta Matthieu Auzzaneau en su último artículo, la producción de petróleo de los EE.UU. probablemente ya ha tocado techo y la previsible escalada de precio del petróleo poco va a ayudar a resolver ese problema. Además, una subida del precio del petróleo muy brusca probablemente generará una recesión económica global, que tampoco beneficia a los EE.UU. Por acabar, Arabia Saudita es un aliado estratégico de los EE.UU. en la región y no parece sensato poner en peligro esa relación especial, cuando sería mucho más conveniente ejecutar ataques de ese estilo en el lado iraní para conseguir el mismo efecto de subida de precios. Además, significativamente Arabia Saudita tampoco ha señalado con el dedo a los EE.UU.. Existe una tercera posibilidad bastante más agobiante, y es que en realidad este ataque haya sido un sabotaje de una facción de los propios saudíes, que buscan desbancar del poder al actual príncipe y sus previsibles herederos. Si fuera un conflicto interno saudí (en el que posiblemente ni hubiera habido drones, lo que explicaría la precisión y simultaneidad), todo el mundo tendría interés en crear cortinas de humo mientras la situación se aclara internamente. Sea como sea, éste es terreno abonado para la especulación y sin demasiado interés para las cosas que prefiero discutir.

Dentro de la confusión en parte deliberada, aún no sabemos cuánto tiempo llevarán las reparaciones de las instalaciones afectadas. Algunos analistas apuntan a que harán falta muchas semanas, lo que puede acabarse traduciendo en unos cuantos meses, y eso suponiendo que se pueda mantener un clima de estabilidad adecuado. La cuestión de la estabilidad social del reino no es menor porque Arabia Saudita no puede permitirse perder tantos ingresos de manera prolongada. Comentábamos ya hace unos años que para mantener su balanza fiscal equilibrada Arabia Saudí necesita que el precio del barril de petróleo se mantenga consistentemente por encima de los 100 dólares. Pero desde 2014 el precio medio es aproximadamente la mitad, lo cual ha hecho que Arabia Saudita haya conocido sus primeros déficit fiscales en décadas, que vinieron acompañados con ciertos recortes sociales que hicieron crecer el malestar. Pero una reducción de la producción de petróleo a la mitad, sobre todo si es prolongada, puede ser catastrófica para Arabia Saudita, un país con muchas desigualdades. Si la situación se prolonga demasiado, el riesgo de que haya una revolución aumentará.  Si se produce un segundo ataque tan exitoso como éste, la revolución será prácticamente inevitable. Así que una pieza clave de la siguiente fase del declive energético pende, literalmente, de un fino hilo.

Se debe tener en cuenta, además, que Arabia Saudita está probablemente llegando ya, si no estaba allí aún, a su máximo de producción de petróleo. Hace años comentábamos que Arabia Saudita no sacaba al mercado el petróleo de su campo de Manifa, a pesar de que se podían extraer hasta 1 Mb/d de él, debido a que ese petróleo estaba excesivamente contaminado por vanadio. Se esperaba entonces que las nuevas refinerías, que tendrían que estar listas a finales de la década de los 20, podrían procesar este crudo. Pero la situación de la producción saudí no pudo esperar tanto tiempo, y ya en 2014 el campo de Manifa se puso en producción. ¿Cómo se resolvió el problema de su baja calidad? Simplemente, mezclándolo con el resto de crudos saudíes, rebajando la calidad global de su petróleo pero manteniéndolo en unos niveles que eran aceptables para las refinerías. Pero después de Manifa ya no quedan ni se esperan nuevos grandes yacimientos. Los ataques del pasado sábado van a servir, entre otras cosas, para cubrir con una sábana el elefante de que uno de los mayores productores de petróleo del mundo ha pasado ya su peak oil. Cuando pasen los años y la producción de Arabia Saudita nunca se recupere del todo se alegará que todo es culpa de aquellas instalaciones destruidas y con eso podremos ocultar la realidad quizá diez años más y ganar otra década de excusas.

Mirando ahora el panorama global, un descenso del 5% de la producción mundial de petróleo hará que la crisis (cada vez más reconocida) que se avecina sea extremadamente aguda. Cuando se produjo la crisis de 2008 la caída del consumo de petróleo fruto del parón económico fue solo del 2%, así que pueden imaginarse qué efecto sobre la actividad puede tener un caída del crudo disponible de más del doble.





Hace ya algunos años, David King y James Murray publicaron un artículo en Nature en el cual analizaron, entre otras cosas, cuál era la elasticidad de la producción del petróleo, es decir, la capacidad de la producción de petróleo de responder a los incrementos de demanda.





El artículo fue publicado en 2012, con lo que obviamente no se tiene en cuenta la capacidad del fracking de mejorar un poco esa elasticidad. De acuerdo con la estimación de King y Murray, la elasticidad de la producción de petróleo se encuentra en torno a los 25 $/barril por cada Mb/d adicional que se quiera producir. Por tanto, una caída de la producción de 5 Mb/d tiene el potencial de hacer subir el precio 125 $ más de lo que estaba hace unos días, es decir, hasta los 185$. Aceptando que el fracking haya conseguido reducir la elasticidad quizá a solo 20 $/barril por cada Mb/d, estaríamos igualmente ante una subida potencial del precio del petróleo de unos 100$ $/barril, hasta los 160 $/barril. Es decir, la situación actual, de prolongarse, tiene el potencial de llevar el precio del barril por encima de los máximos absolutos de 2008, justo cuando se desencadenó la Gran Recesión. De momento, tanto Arabia Saudita como EE.UU. van a movilizar sus reservas de petróleo almacenadas, pero eso solo puede conceder un balón oxígeno momentáneo, de un par de meses. Si la reparación de las instalaciones saudíes se prolonga más de ese período (lo que es probable) la subida del precio inmediato (no las especulaciones a futuro, que es lo que se está viendo ahora mismo) será inevitable y muy fuerte.

La coincidencia temporal entre esta caída súbita de la producción y la recesión ya inminente va a agravar esta última. Si no hay una forma rápida de reparar las refinerías y depósitos saudíes, la subida de precio del petróleo durante las próximas semanas va a acelerar nuestra caída en la recesión. Justamente porque la recesión está ya a las puertas resulta improbable que la subida de precio del petróleo llegue a su máximo potencial (los 185 $ por barril que comentábamos antes) porque la demanda va a caer fruto de la recesión y el precio no podrá llegar tan alto; pero a diferencia de 2008 el precio del petróleo no va a caer hasta los 40$ por barril en el momento de más intensa recesión económica, sino que se va a mantener alrededor de los 100$, en el umbral del dolor para la economía mundial. Cómo se va a conjugar con la crisis saudí y con la siguiente ronda de recesión, y los posibles conflictos dentro de los países y entre ellos, es algo que iremos descubriendo en los próximos meses.

Salu2.
AMT

jueves, 21 de febrero de 2019

El futuro de Arabia Saudita



Queridos lectores:

En los últimos años se han ido operando una serie de cambios muy importantes en el mundo, particularmente en lo que se refiere al mercado de petróleo. Según las preferencias y sesgos de cada uno, la interpretación que se les da a los diversos hechos puede ser muy diferente, pero en general puede haber una gran coincidencia al señalar que se están operando transformaciones de gran calado, y que estos cambios se dan sin que se publiciten en demasía, a pesar de lo que anticipan y de las consecuencias que traerán.

Un país que a día de hoy sigue siendo crucial para el normal funcionamiento del mundo y donde se están produciendo muchos cambios es Arabia Saudita. No voy a entrar a analizar la compleja situación política de una monarquía ejercida por una grandísima familia cuyos miembros siguen un extraño sistema de rotación por el trono; y tampoco discutiré las enormes injerencias geopolíticas que ejerce en otros países (la presión que ejerce sobre Irán o Emiratos Árabes Unidos), por no hablar de la intervención militar directa en otros casos (Yemen siendo el peor exponente en la actualidad, pero los saudíes han metido las narices en muchos países de la zona, incluyendo Bahrein - país que ocupó militarmente hace unos años - o Siria). Lo que sí que quiero abordar en el post de hoy es la situación de Arabia Saudita por lo que se refiere al petróleo, su principal fuente de ingresos, amén de su importancia para el mundo entero ya que Arabia Saudita es el mayor exportador de petróleo del mundo.

En 2012 se publicó un estudio de Citigroup que establecía que hacia 2030 Arabia Saudita dejaría de exportar petróleo, ya que su curva de producción (decreciente que sería en aquel momento) se encontraría con la de demanda interna del país (que hace muchas décadas que es creciente). Al margen de la mayor o menor precisión en la datación de la efemérides, lo que el informe nos decía es que en algún momento de las siguientes dos décadas alguna cosa cambiaría de manera fundamental en el mundo, puesto que el cese de exportaciones del principal exportador de petróleo del mundo no es un asunto menor. Y preocupante también era que el plazo dado, unas dos décadas, no era excesivamente dilatado - y más preocupante es ahora, que prácticamente hemos consumido la primera.

En los años que siguieron al informe de Citigroup se hicieron numerosos anuncios de que el reino saudí iba a apostar fuerte por fuentes de energía alternativas al petróleo. Se habló de que quería construir 16 centrales nucleares para, precisamente, 2030 - aunque actualmente la pretensión se ha rebajado a solo 2. Después, y aún ahora, se dice que van a apostar por un grandísimo despliegue de sistemas de energía renovable, fundamentalmente fotovoltaica, también para 2030. Mientras tanto, el tiempo va pasando y no acaba de quedar claro por qué va a apostar el reino wahabita y la fecha crítica continúa acercándose.

Hace dos años se anunció que la bastante secretista compañía nacional de petróleo saudí, Aramco, que tiene la exclusiva de las concesiones de petróleo del reino, iba a efectuar una oferta pública de acciones, por un paquete total del 5% de la compañía. Para poder optar a realizar esta oferta a través de los principales mercados de acciones del mundo, y particularmente del parqué norteamericano, Aramco debía de cumplir con una serie de requisitos bastante estrictos, y uno de ellos era tener una auditoría probada de sus reservas de petróleo. Esto, justamente, era un escollo muy importante, porque durante las dos últimas décadas las reservas de petróleo declaradas de Arabia Saudita se han mantenido inamovibles en los 260.000 millones de barriles de petróleo, a pesar de que, lógicamente, durante ese período se ha ido extrayendo más y más crudo (actualmente, casi 4.000 millones de barriles al año). El caso es que, en un extraño movimiento, Arabia Saudita anunció que sus acciones serían vendidas primeramente - y luego solamente - en su mercado nacional. La actitud saudí levantó muchas suspicacias y al final la oferta pública de acciones fue retirada, en un reconocimiento tácito - pero siempre explícitamente negado - de su fracaso.

Claramente Aramco necesitaba cambiar su estrategia. Así que encargó a dos grandes y reconocidas firmas de auditoría que auditasen sus reservas de petróleo, y tras más dos años de trabajo el resultado de esta auditoría fue publicado en enero de 2019.

El resultado de la auditoría dejó perplejo a muchos: las reservas de petróleo estimadas eran ligeramente mayores a las declaradas anteriormente por Aramco, llegando a rozar los 270.000 millones de barriles de petróleo. La noticia en general fue saludada por los mercados: mayores reservas de petróleo significan que la compañía es más valiosa, y que por tanto la oferta pública de acciones (que todo el mundo da por hecho que se volverá a intentar) es un caramelo muy apetecible.

En el mundillo peakoiler, sin embargo, la noticia fue recibida con mucho escepticismo. Muchas personas creen que de alguna manera los auditores se han dejado sobornar y han maquillado los números, ya que diversas estimaciones usando la linearización de Hubbert indicaban que las reservas actuales de Arabia Saudita deberían ser mucho menores, del orden de una cuarta parte de lo que dice la auditoría. Sin embargo, dado el progreso en las técnicas de exploración y extracción, y los ligeramente mayores precios del petróleo actuales, no es completamente imposible que el monto total de las reservas de petróleo de Arabia Saudita se encuentren actualmente en un valor tan elevado (como explica Robert Rapier).

Dejando al margen la interesante disputa de si los auditores han decidido arruinar su imagen corporativa a cambio de un puñado de dólares (según esta teoría conspirativa, porque saben que, total, al negocio del petróleo tal y como lo entendemos hoy en día le quedan 10 años de vida a lo sumo), y el hecho de que lo importante no son las reservas sino la producción, hay un detalle muy interesante que se ha pasado por alto en medio de esa discusión. De acuerdo con el pliego de la oferta pública de acciones de la propia Aramco, valoran la compañía en 2 billones de dólares (lo que corresponde a valorar el 5% de la compañía en 100.000 millones de dólares). Asumiendo que el único activo relevante de Aramco fueran esos 267.000 millones de barriles de petróleo de sus reservas ahora probadas, eso correspondería a un beneficio de 7,5 dólares por barril. Incluso esperando un retorno de la inversión del 5% anual durante los próximos 20 años, eso supone esperar un beneficio máximo por barril de 20 dólares, con un beneficio medio de 12,4 dólares por barril. Teniendo en cuenta que el coste de extracción por barril se estima en unos 20 dólares para el petróleo de Arabia Saudita y que el precio actual por barril es de unos 60 dólares (es decir, 40 dólares de beneficio), la valoración de Aramco parece ridículamente baja. Máxime cuando, además, no se han contabilizado ni las reservas de gas natural ni otros activos (oleductos, refinerías, petroleros, etc) que obviamente también tienen un valor y no es insignificante. Y sin embargo hay analistas que dicen que en realidad Aramco vale la mitad de lo que se dice.

Hay por tanto alguna cosa que no cuadra en todo el discurso que se está haciendo, y que probablemente tiene que ver con la estimación sobre la producción futura de petróleo saudí. Y es que al margen de cómo de grandes sean las reservas, lo que cabe esperar es que la producción de Arabia Saudita irá bajando a lo largo de los próximos años. Por tanto, no tiene sentido pensar en todos esos barriles, porque solo una fracción rápidamente decreciente saldrá cada año. Qué más da tener en potencia cientos de miles de millones de barriles de petróleo, si irán saliendo con cuentagotas, y eventualmente llegará a un ritmo que no va a permitir mantener el negocio como hasta ahora. Y además, porque se tienen que pagar grandes impuestos para poder financiar la estructura de Arabia Saudita, para que el propio reino no colapse.

Confirmando que la situación de Arabia Saudita no es tan boyante como se podría presuponer después de la reciente auditoría de Aramco, la compañía lleva ya unos años comprando activos en el extranjero, incluso en los EE.UU. Y no solo está comprando refinerías y gasolineras para llegar a la fracción de mayor valor añadido del negocio del petróleo, no: también está comprando (o intentando comprar) derechos de explotación de petróleo, a través de la compra de otras compañías, y en particular las que operan en el sector del fracking americano (que como sabemos es un negocio ruinoso). Una estrategia un tanto extraña para una compañía que teóricamente controla tan vastas reservas de petróleo, el 16% de todas las que existen en el planeta Tierra... de no ser, claro, porque obviamente no puede producirlas todas al ritmo adecuado.

Porque, insistamos de nuevo, el problema del petróleo no es la cantidad de petróleo que hay bajo tierra, sino a qué ritmo sale. Ése es, ése siempre ha sido, el problema del peak oil: llegar al máximo de producción y a partir de ahí inexorablemente ir disminuyendo la cantidad disponible cada año. Ése es el problema de Arabia Saudita, ése siempre fue su problema. Nada ha cambiado, excepto una cosa: nos queda menos tiempo hasta llegar al desenlace final.

Salu2.
AMT