Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas
jueves, 10 de octubre de 2019
El gatillo
Queridos lectores:
Hace unos días, mi hija me enseñó un vídeo que quería que viese. Se trataba de la última pieza de un YouTuber más o menos conocido, un chico joven que hace vídeos sobre temas de actualidad y de interés para su público objetivo, que en su caso se trata de gente muy joven. El estilo de este muchacho (me cuesta un poco usar el término, porque aunque aún en la veintena no dejo de considerarle un adulto, joven pero adulto) es muy desenfadado, demasiado en realidad, rondando lo faltón. Aunque a mi me resulte repelente, en realidad es eso lo que espera su público: es así como ha conseguido millones de subscriptores y es así como consigue los preciados "likes" con los que se gana su dinero - "likes" que obviamente no obtendría de (casi) cincuentones como yo.
Como es natural, yo nunca tendría el más mínimo interés en mirarme un vídeo de esta persona, pero mi hija me dijo que era importante que lo viera, porque hablaba de Greta. Mi hija estaba indignada, porque le habían pasado el enlace y no daba crédito a lo que veía: ese individuo se dedicaba a criticar a Greta Thunberg de manera denigrante y por supuesto infundada.
No voy a poner un enlace aquí al vídeo de este señor porque no quiero darle una publicidad inmerecida, que, no olvidemos, es de lo que vive. Aunque, bien mirado, después de ver el vídeo llegué a la conclusión de que probablemente ha conseguido otras vías de financiación. Y es que, en medio de una serie de críticas ramplonas y completamente infantiles (insisto: a los 25 años uno ya es, o debería de ser, adulto), encontré un discurso bien estructurado e intencionado que me resultó muy familiar, completamente disonante con la vulgaridad y falta de profundidad de las críticas anteriores. Mientras que en la primera mitad del vídeo sus críticas son meramente imbéciles (una retahíla de apelaciones al ridículo y argumentos ad hominem sazonados con grititos, vocecitas e imágenes deformadas), en la segunda mitad se dedica a hacer una crítica argumentada contra las energías renovables por caras e ineficientes y una loa a la energía nuclear (en la que no podía faltar la famosa -y falseada- referencia a que a consecuencia del accidente de Chernóbil solo murieron 31 personas). La conclusión de este señor era que "ya hay gente que se está ocupando del cambio climático y no hace falta por tanto que venga una niñata sueca, que llora como una tonta porque le han robado su infancia cuando en realidad es una privilegiada".
No creo que merezca la pena desmontar toda la sarta de tonterías y falsedades que destila el vídeo de este señor (ya llevamos mucho blog para repetir siempre las mismas cosas). Mucho más interesante me parece, sin embargo, ver que la negacionía a sueldo de los grandes think tanks de las petroleras ha intensificado sus actividades delante de lo que podríamos denominar "la amenaza Greta". Por una parte, es obvio que se ha puesto en nómina a "profesionales" de un nuevo segmento comunicativo, el de los YouTubers, influencers y toda la nueva comunicación social. Estos nuevos ingresos en la larga caterva de empleados de la negacionía profesional tienen ciertamente por objeto llegar a la gente más joven, y está claro que se busca contrarrestar el gran predicamente que Greta tiene precisamente sobre ese segmento de la población. Por el otro lado, el gran despliegue mediático y el debate que se ha generado durante estas semanas sobre la joven sueca muestran hasta qué punto los negacionistas han comprendido que estamos en las postrimerías de la guerra climática. Se ha buscado centrar toda la discusión sobre Greta, como si destruyendo el mito montado sobre la pobre niña se pudiera cancelar el problema con la desestabilización climática.
Seamos claros: Greta es irrelevante. Es igual cuáles son las intenciones reales u ocultas de Greta. Es igual si ella es muy coherente o no lo es en su vida personal. No tiene ninguna importancia si ella está recibiendo una atención inmerecida porque lo que ha hecho no tiene tanto mérito al entender de algunos. El hecho de que muchos activistas ambientales en tantos lugares del mundo hayan perdido la vida por defender lo que es justo y que casi nadie lo sepa, tristísimo e indignante como es, no hace ni peor ni mejor a Greta, ni cambia la gravedad e importancia de lo que Greta habla.
Lo cierto y lo verdaderamente importante no es Greta. Es la crisis climática. Es la crisis ambiental. Es la crisis de los recursos. Es la crisis de sostenibilidad. Dejen a la niña en paz. ¿No tienen nada mejor de qué hablar? ¿No creen que deberíamos centrar nuestras energías en el problema gordo y real que tenemos? Y si esta chica inspira y moviliza a la gente más joven y no tan joven, ¿cuál es el problema? ¿Tenemos que exigirle a Greta que sea una santa para que esté a la altura del problema del cual habla? ¿Por qué tanta gente se obsesiona con Greta? En Italia han llegado a ahorcar su efigie (estamos hablando de una niña, no lo olvidemos). No somos pocos que pensamos que lo que más ofende de Greta es que sea tan joven y mujer, aunque eso es ya otra discusión.
Greta es solo un síntoma, la fiebre de una enfermedad largamente larvada. Es la punta del icerberg que sobresale en un mar de malestar, el epítome de una generación que sabe que le están robando el futuro con las peores y más deleznables excusas. Si fueran capaces de entender el momento histórico que estamos viviendo, no perderían energía intentando destruir a Greta: es solo un átomo en lo más alto de una montaña que mañana va a seguir ahí. Bajo Greta están Fridays For Future, By 2020 we rise up y Extinction Rebellion, entre otros, y más abajo todos los grupos ecologistas que han venido trabajando durante décadas para preparar el camino. Y más abajo aún está una parte creciente de la sociedad que está comenzando a comprender lo que está en juego.
En particular, Extinction Rebellion está aquí, y ha venido para quedarse. Extinction Rebellion (abreviado XR) es un movimiento que pretende pasar a una acción más directa para exigir a nuestros veleidosos gobernantes que tomen ya medidas realmente efectivas para atacar la crisis ambiental. No se conforman con hacer meras manifestaciones; XR toma las calles y por sus acciones intenta interrumpir el normal devenir de la economía, porque es el normal devenir de economía el que está causando la normal destrucción de la biosfera. En el Reino Unido es donde el grupo es más numeroso y activo. XR había preparado dos semanas de intensas actividades en las calles del Reino Unido, pero ya antes de comenzar la policía allanó sus locales y detuvo a unas 200 personas; en este momento, hay ya casi 600 detenidos. Se ve que protestar contra la normal destrucción de nuestro futuro es algo que no es aceptable dentro del BAU (o statu quo, como prefiere que se designe mi amigo Sebastián). Cuando ves que la policía detiene preventivamente a centenares de personas, antes incluso de que hagan algo, te das cuenta de hasta qué punto las grandes empresas se sienten amenazadas por la ola de protestas contra la inacción climática. A una escala mas modesta pero significativa, en España varios centenares de personas han acampado delante de la sede del Ministerio de Transición Ecológica e incluso alguno de ellos fue detenido por el grave delito del cortar el tráfico con sus protestas. La gente empieza a levantarse y el capital tiene miedo.
Tiene miedo y más que debería de tener. A la cada vez más palpable evidencia de que nos estamos dirigiendo a la siguiente crisis económica se añaden numerosos nubarrones en el horizonte internacional, que apuntan a que las cosas pueden acabar yendo mucho peor. En particular, hay amenazas muy serias en lo que a la producción de petróleo se refiere. Arabia Saudita ha podido contrarrestar temporalmente las pérdidas de producción que le produjeron los ataques a sus instalaciones, pero sin duda alguna esta normalización del flujo de petróleo se ha conseguido simplemente vendiendo el petróleo que ya tenían almacenado. Esto les da un par de meses de margen antes de tener que reducir drásticamente sus ventas por falta de mercancía, y obviamente depositan su esperanza en que en estos dos meses, trabajando frenéticamente, se pueda reparar lo suficiente las instalaciones para volver prácticamente a los niveles anteriores. Un equilibrio muy precario que en cualquier momento puede desmoronarse como un castillo de naipes: basta un pequeño retraso de un contratista o cualquier accidente menor para que todo se vaya al traste, y no digamos si vuelve a haber otro ataque. Y para añadir más grados de complejidad a la situación, la relativamente tranquila vida del reino saudí está sufriendo últimamente muchas perturbaciones que no auguran nada bueno - una de las últimas, la muerte del guardaespaldas del rey en un incidente bastante turbio. La inestabilidad en el entorno de la casa de Saud alimenta aún más las sospechas de que los ataques a las refinerías no fueron de origen iraní - máxime cuando ya no se habla de atacar al país persa.
Hay otras situaciones que nos tocan más directamente en casa. Aquí en España particularmente uno de los escenarios más peligrosos se sitúa en Argelia, el país que nos suministra el 60% del gas natural que consumimos y que algunos años ha sido nuestro principal proveedor de petróleo y siempre está entre los cinco más importantes. Pero la producción de petróleo llegó a su máximo en 2008, y la producción de crudo es ahora un 25% inferior a entonces. Por otro lado, la producción de gas está estancada desde principios de siglo mientras que el consumo interno ha ido aumentando, dejando cada vez menos gas para la exportación y además la calidad del gas se ha resentido. Todo ello combinado ha llevado a un rápido descenso de los ingresos por la venta de hidrocarburos, y este empobrecimiento sin duda aumenta la inestabilidad social en el país. De momento el Gobierno anuncia una tremenda reducción del 9,2% en los Presupuestos Generales para el año que viene. Si esta situación se prolonga demasiado, Argelia va a estallar. ¿Qué hará España, entonces?
Al otro lado del Atlántico, las revueltas en Ecuador están ocupando actualmente el foco mediático. Las imágenes de los asaltantes tomando el Parlamento han dado la vuelta el mundo. ¿Cuál ha sido el desencadenante de estas protestas? Sin duda ha habido muchos factores, pero uno de los más importantes ha sido el brutal encarecimiento de los precios de los combustibles (la gasolina ha aumentado a más del doble de su precio anterior). Ecuador, país productor de petróleo, no se puede permitir continuar subvencionando la gasolina a sus ciudadanos. Seguramente, los analistas económicos clásicos no vean la clara relación entre la eliminación de los subsidios domésticos y que hace unos días Ecuador anunciara su salida de la OPEP para el año que viene. Sin embargo, la explicación es simple si uno mira la evolución de la producción de petróleo del país.
Ecuador probablemente superó su peak oil particular en 2016 y está haciendo todo lo que puede por remontar la caída que ha sufrido desde entonces, abriendo nuevos campos aunque ello implique una mayor degradación ambiental y que la calidad del crudo sea mucho peor. Pero no le está bastando con eso; así pues, la única manera que tiene de intentar evitar la debacle fiscal es disuadir el consumo interno para tener más petróleo disponible para la exportación. Eso, al mismo tiempo, le implicaba salirse de la disciplina de la OPEP para intentar sacar el máximo beneficio de su petróleo. Así de simple y así de complicado, porque Ecuador no conseguirá vencer a las leyes de la Física y de la Geología, y por más empeño que le ponga no conseguirá mantener de manera duradera su producción de petróleo. Es por tanto de prever mucha más inestabilidad y problemas en el país andino.
Volviendo a Oriente Medio, son éstos días inciertos en Siria. EE.UU. ha decidido retirarse delante de la anunciada ofensiva turca contra los kurdos del norte de Siria. Se trata, sin duda, de un acto de guerra turco, ya que está atacando más allá de sus fronteras, pero obviamente nadie dirá nada: ni el Gobierno sirio, al cual ya le conviene que se debilite a las facciones insurgentes del norte del país, ni Rusia, país aliado de Siria, ni el resto de la comunidad internacional, que harán seguidismo a los norteamericanos. Se puede decir que es cosa hecha y que la autonomía del kurdistán sirio estará en breve liquidada. ¿Quién controlará los campos de petróleo del kurdistán sirio-iraquí? Eso es lo que se tendrá que decidir en las próximas semanas. En todo caso, los EE.UU. se lavan las manos. La segunda fase de la era del petróleo es demasiado costosa para que los americanos intenten mantener el control de todo el mundo.
Y todo eso es solo rascar la superficie de un conjunto de situaciones cada vez más complejas e inestables en todo el mundo. La situación se va degradando en muchos sitios de donde solo nos llegan noticias esporádicas e inconexas o ni tan solo oímos hablar: Yemen (donde la guerra de exterminio sigue), Venezuela (donde la interinidad de tener dos presidentes se ha convertido en algo estructural, dado el equilibrio táctico entre los dos bloques), Brasil (donde la deforestación del Amazonas sigue, aunque no se hable de ella, mientras se atropellan cada vez más los derechos civiles), Argentina (donde se aplican a machamartillo una vez más las draconianas normas del Banco Mundial, para mayor sufrimiento de la población), Chile (donde la preocupación por la caída de la producción de cobre crece a la par que la inquietud por el futuro),... Y podríamos seguir, también por Europa (por ejemplo, mirando al bodevil italiano, el Brexit, el embate de los chalecos amarillos que después de un año no cesa en Francia, etc).
Mucho más cerca de mi, la situación de Cataluña es, ahora mismo, tensa, por decir lo menos. El mundo político y social está en la espera del próximo anuncio de la sentencia que condenará a los líderes independentistas que hace dos años tuvieron la osadía de poner las urnas en la calle y preguntarle a la gente. Nadie duda de que los juzgados serán todos ellos condenados a prisión; solo los más ingenuos creen que las sentencias no serán tan duras como muchos anticipamos. El mundo independentista espera la sentencia para saltar a calle y protestar a una escala nunca antes vista. Yo tengo mis dudas sobre cuál será el alcance y la extensión real de estas protestas, y por su lado el estado español se prepara para lo que tenga que venir enviando más policías a Cataluña. Está claro que vamos a vivir unos días muy turbulentos.
El mundo entero es como un resorte comprimido por un pistón, y alguien está acercando su dedo al gatillo.
Salu2.
AMT
Etiquetas:
Acción climatica,
Arabia Saudita,
Argelia,
Ecuador,
Extinction Rebellion,
Greta Thunberg,
Siria,
Venezuela
jueves, 26 de noviembre de 2015
Europa ante la guerra
Queridos lectores,
Resuenan con fuerza los tambores de la guerra en Europa, y los ciudadanos europeos, amedrentados por la omnipresente amenaza del terror integrista, se unen fervorosos al clamor contra el yihadismo, o bien callan por temor a ser tachados de blandos, cuando no de estúpidos.
Corren malos tiempos para los que tratan de invocar la cordura, en medio de tantas tertulias de bajo perfil, sostenidas sobre la base de argumentos torpes y manidos. Cuesta tomar perspectiva, cuesta tener unos minutos para reflexionar con calma y tratar de entender qué está pasando, cómo ha pasado en tan poco tiempo Europa de ser un baluarte de prosperidad y entendimiento a ser presa del miedo y del ardor guerrero.
¿Es fruto este cambio del brutal atentado vivido en París hace dos semanas? Aún tengo amigos en la capital francesa, y varios me han referido escenas de un horror indescriptible vividas por personas allegadas a ellos, algunas de las cuales no sobrevivieron. Pero, ¿realmente actúan los gobiernos cegados por la indignación de la indiscriminada matanza, más difícil de asumir en un territorio ya no habituado a estas atrocidades?
Con una celeridad desconcertante, a las horas de haberse cometido los atentados de París y tenerse los primeros datos sobre los asesinos, se atribuyó por la vía sumarísima, sin juicio previo, la culpa al Estado Islámico, antes denominado ISIS, ahora Daesh (pues parece que esta palabra tiene connotaciones despectivas en árabe, y alguien con conocimientos de relaciones públicas habrá aconsejado el cambio). Incluso aunque el Estado Islámico haya reivindicado los atentados, resulta sorprendente que se le atribuya sin más discusión, sin más investigación, toda la culpa de lo sucedido. Los asesinos eran ciudadanos franceses; ¿no tiene el Estado francés ninguna responsabilidad por tanto? Se arguye que combatieron en Siria, pero, ¿demuestra ese simple hecho que fueron enviados aquí por el Estado Islámico? No malinterpreten mis palabras: estoy convencido que ISIS o Daesh o como quieran llamarle instigó los atentados, si no es que dio apoyo logístico y dinero para su comisión, pero aún así, el más elemental sentido de la prudencia indicaría que debería investigarse un poco más antes de lanzarse a una cosa tan grande y tan terrible como es hacer la guerra, con un coste tan elevado, tanto humano como económico. Una guerra que para Francia comenzó no tras los atentados de París, sino hace varios meses, en septiembre, cuando Hollande declaró que Siria era una amenaza para la seguridad nacional de Francia y comenzó a bombardear posiciones de Daesh en Siria.
Como explicaba Christian Gebauer en el post anterior, la zona de Siria e Irak es "el ombligo del mundo", un lugar estratégico para el paso de oleoductos y que contiene algunos de los mayores yacimientos, que no han sido explotados al máximo rendimiento por las sanciones que recayeron sobre Irak durante años. Ahora que en el resto del mundo escasea el petróleo fácil de producir, esas reservas son demasiado golosas, demasiado necesarias para el futuro de tantos países importadores de petróleo, que necesitan ese petróleo para mantener sus elevadas cuotas de desarrollo, para no hundirse de forma irremediable en esta crisis que no acabará nunca.
¿Por qué se produjo otro sangriento atentado en Bamako, la capital de Malí, unos días después? Como comentamos hace casi tres años en el post "El canto del gallo", Francia tiene un grandísimo interés en mantener el control de Malí para garantizar la estabilidad de sus minas de uranio en Níger. Malí es, por tanto, otro frente importante para Francia, de cara a mantener el suministro de los combustibles vitales (en este caso, uranio) con los que mantener su economía. Quienes atentaron en Malí estaban, consciente o inconscientemente, haciéndolo contra el poder de Francia, y así este atentado era una lógica continuación del de París.
Pero cubrir dos frentes de guerra, y tan distantes de la metrópoli, es demasiado para una potencia crepuscular como Francia, así que ha pedido ayuda para que le cubran el frente menos activo y menos problemático, el de Malí. España se ofreció de inmediato a relevar a Francia en Malí, pero el Gobierno español ahora duda en dar ese paso inmediatamente. Seguramente en la decisión del gabinete de Mariano Rajoy ha pesado las duras jornadas vividas entre el 11 y el 15 de marzo de 2004, en las que el propio Rajoy, quien iba primero en todas las encuestas, perdió las elecciones después de los terribles atentados de Madrid del 11 de marzo. En aquel entonces, en España aún se agitaban los rescoldos del movimiento contra la guerra en Irak, en la cual el Gobierno del también conservador Jose María Aznar (del cual Rajoy era ministro) había involucrado a España un año antes, a pesar del mayoritario rechazo por la opinión pública española. El Gobierno de España vive en el temor de que los movimientos anti-guerra, tan activos hace una década, se pudieran reactivar por culpa de una torpeza en la gestión mediática de la actual crisis internacional, y por ello camina con pies de plomo. Sobre todo, porque en España hay previstas elecciones legislativas para el 20 de diciembre.
Si se confirma lo que indican las encuestas y se impone una coalición entre las dos opciones más conservadoras, PP y Ciudadanos, lo más probable es que España entre en la guerra de Siria, ya sea directamente sobre el propio teatro de operaciones, ya sea cubriendo la retaguardia de Francia en Malí. Tampoco tiene muchas más opciones desde una perspectiva BAU: estas guerras son para controlar el acceso a las últimas grandes bolsas de recursos naturales; no las más abundantes sino las de mejor calidad. Quien las controle podrá mantenerse un poco mejor que aquellos que no lo consigan. Ésta es la verdadera razón detrás de ésta y de las otras guerras que la seguirán, y es por ello que España entrará junto con sus aliados en las guerras que vienen. Guerras que se irán multiplicando, por una sola razón, que se puede sintetizar en un gráfico extraído del informe anual de 2015 de la Agencia Internacional de la Energía y que recientemente comentamos.

Ahí lo pueden ver: incluso de acuerdo con los infladísimos escenarios de la AIE, Europa está condenada a decrecer en su consumo energético un 12% adicional a lo que ya ha decrecido. Nos dicen que eso lo va a hacer aumentando su PIB un 50% en términos reales, pero como tal cosa (crecer económicamente mientras se decrece energéticamente) no sólo no se ha visto jamás sino que además es imposible, nadie con un poco de conocimiento le da la más mínima importancia al eje horizontal de la gráfica. Lo importante, por tanto, es esa caída en el eje vertical, y la desasosegante certeza de que encima ese escenario es optimista...
Europa está condenada a decrecer energéticamente, simplemente, porque no hay para todos, porque, según reconocía la AIE en ese mismo informe de 2015, la producción de carbón y petróleo va a decaer a partir de 2020 (disfrazada, a su decir, de pico de demanda). Europa no necesita que se lo diga la AIE; en la Comisión Europea ya saben que actualmente el nivel de consumo de energía primaria de todo tipo está a niveles de principios de los años 90 del siglo XX, y ya saben que de seguir así en pocas décadas estará en niveles de los años 70. Pero Europa se resiste a agonizar energéticamente. Y se resiste porque no hay plan B. No hay alternativa al crecentismo. Y no las hay porque no existan propuestas (y algunas de una gran calidad); no las hay, simplemente, porque es políticamente inaceptable.
Así las cosas, la conciencia pública española tendrá que irse volviendo cada vez más bélica para poder adaptarse al único plan de futuro que hay ahora mismo sobre la mesa. Vendrán más guerras, inevitablemente. Guerras que se librarán en países extranjeros para asegurar el flujo de los vitales recursos, principalmente de combustibles fósiles. Guerras que causarán dolor, destrucción y muerte, y no sólo en los pobres países que asediemos; una pequeña pero dolorosa parte del mal que causaremos se volverá contra nosotros, en nuestros hijos que volverán en ataúd de una lejana colina, en nuestros parientes y amigos que morirán por culpa de una pequeña bomba que un miserable y desesperado traerá de esas recónditas tierras para explotar en nuestro mercado, en nuestro tren, en nuestro trabajo. Y esa bomba que tanto daño nos hará servirá para justificar que los tambores de guerra redoblen aún con más fuerza, que destrocemos aún más sanguinariamente aquellas tierras lejanas que guardan el petróleo que tanto necesitamos, el gas natural que nos calienta, el uranio que pone en marcha nuestras decrépitas centrales nucleares.
Seguramente en el curso de los años que vendrán veremos como España, probablemente del brazo de Francia, entrará en guerra en Argelia. La situación en el país norteafricano se ha ido degradando, especialmente desde que el precio del petróleo ha bajado tanto y el país se acerca a su bancarrota petrolífera, mientras hay cada vez más personas que hablan de que podría reproducirse la sangrienta guerra civil de los años 90; la presencia sobre el terreno de grupos vinculados al Estado islámico no hace más que acrecentar el temor a la vuelta a un conflicto interno argelino. Cuando dentro de unos años España entre en Argelia, dirán que vamos a pacificar aquellas tierras, nuevamente asoladas por otra cruel guerra civil; dirán que hay que dar soporte a la democracia en el norte de África, sin cuestionar la legalidad factual de las elecciones en Argelia; dirán, por último, que es vital evitar la formación de un estado fallido tan cerca de casa. No se dirá nunca que España obtiene el 60% del gas natural que consume de Argelia, ni que por culpa de la llegada a su cenit productivo las exportaciones de gas de Argelia cayeron en 2014 un 4,8%.
![]() |
| Imagen de la web Flujos de energía: http://mazamascience.com/OilExport/index_es.html |
Nunca se explicará que estamos allí para asegurarnos de que el petróleo y el gas argelino sigan fluyendo hacia España, a pesar de la caída geológica de la producción, a pesar de que poco puede hacer la voluntad de los hombres para oponerse a las leyes de la Física. Al final, el punto clave consiste en apropiarse de esos recursos, de manera que lleguen antes a nosotros que a los propios argelinos, si es que no hay suficiente para todos. Hace poco un diario español expresó esta misma idea con una pasmosa e involuntaria claridad: "¿Está en peligro el gas español en Argelia?". Fíjense qué frase: el gas español. Como si Argelia tuviese alguna obligación de garantizar que de sus pozos seguirá manando y al mismo ritmo un gas natural que, por algún motivo, resultar ser en origen español, y no argelino.
De todos modos, el papel que España está llamada a desempeñar en estas guerras cenitales no es demasiado destacado, debido a que rápidamente los conflictos se van a volver multilaterales. Ya lo hemos podido comprobar hace poco con el caso del derribo del cazabombardero ruso por parte de dos cazas turcos mientras bombardeaba posiciones rebeldes en Siria. Resulta que los intereses de Rusia y de Occidente en Siria no son los mismos: Rusia quiere mantener en el poder a Bashar el Assad, su aliado natural en la zona, y por ello aprovecha los bombardeos sobre Siria no sólo para atacar a Daesh, sino también a otros grupos opositores a el Assad. Pero resulta que a Occidente le interesa favorecer a algunos de esos grupos, en la esperanza de no sólo derrotar a Daesh sino también de derrocar a el Assad y garantizarse el control de una zona geostratégicamente fundamental. Y en este juego de equilibrios Turquía también tiene sus preferencias: el avión ruso que derribaron estaba justamente bombardeando las posiciones de un grupo pro-turco.
Esta multilateralidad de intereses se irá haciendo cada vez más evidente, a medida que los recursos escaseen más y ya no den para cubrir las necesidades de los hoy aliados. Cuando el botín de estas neoguerras de conquista sea más magro, algunas potencias menores irán quedando arrinconadas del reparto. En el caso particular de España, en un momento determinado no se le invitará a participar en las operaciones militares, e incluso se le pedirá que abandone ciertos escenarios donde ya se encontraba sobre el terreno. Y si España, o cualquier otra potencia menor, no accede a irse de grado, se usará la misma fuerza militar contra ella. Esto degradará aún más la TRE de la guerra, pues dado lo magro de los recursos el número de países invasores tendrá que irse reduciendo, sin que por ello se reduzcan las dificultades sobre el terreno, con lo que el rendimiento de estas aventuras militares caerá doblemente: porque habrá menos recursos militares, y eso hará que los flujos serán más pequeños e irregulares; y porque, agotadas las otras opciones, se pondrán los ojos en países con menores recursos naturales.
Convertir la guerra en el principal instrumento para garantizar el flujo de recursos naturales hacia las economías occidentales tendrá también un coste importante para los países invasores. En lo que respecta a las derechos de los ciudadanos, se impondrán cada vez mayores restricciones a las libertades individuales, necesarias para acallar las críticas a aventuras bélicas cada vez más dudosas y menos rentables. Las sociedades en guerra prolongada sufren de un proceso de militarización de la conciencia ciudadana, en la que el clima de guerra lo preside todo y lo justifica todo; no se puede cuestionar no ya la legitimidad sino la utilidad de lo que se hace, so pena de ser considerado un traidor y, eventualmente, tener que afrontar penas de prisión. La disidencia es acallada y, con el paso del tiempo, puede acabarse convirtiendo en insurgencia, a medida que el flujo menguante de recursos sea distribuido de manera poco equitativa entre la sociedad. Con el incremento del gasto militar, es inevitable un incremento de los recortes sociales; estos mayores recortes sociales ya sobrevendrían por razón del declive energético inevitable, pero serán más grandes por la cantidad de recursos destinados a sostener el ejército. El coste nada despreciable de las aventuras militares lo hemos podido comprobar recientemente, cuando Francia ha conseguido que la Comisión Europea le permita no cumplir con su objetivo de déficit público para este año por la razón explícita de sus necesidades militares.
Muchos de los grandes imperios de la Historia colapsaron al ser incapaces de sostener sus últimas aventuras militares, a veces un tanto esperpénticas. La lógica subyacente de muchas guerras de conquista era que la economía se había vuelto dependiente de la expoliación de recursos en los territorios conquistados. Esta es una situación en mucho análoga a la que tenemos actualmente. Los lugares en disputa son aún hoy atractivos desde el punto de vista de los recursos, pero el inevitable declive de la producción mundial de hidrocarburos llevará a países cada vez más remotos, más poblados, mejor defendidos y con menos recursos. Al final, exhaustos por el esfuerzo e incapaz de sostenerse con los magros frutos de las últimas guerras, todas las potencias occidentales irán colapsando.
Digámoslo alto y claro: el colapso de la sociedad europea es inevitable si continuamos por la vía militar. Será un colapso económico, sí, pero también, y mucho antes, moral, si por mor de mantener unos pocos años más un sistema insostenible renunciamos a los valores fundamentales en los que hace tiempo decidimos creer.
La guerra no es la única opción para Europa, y desde luego no es la mejor. Europa puede y debe aspirar a mucho más que a intentar robar violentamente los últimos despojos de la era fósil. Tendremos que decrecer, ciertamente, pero podemos hacerlo desde ya y con dignidad, en vez de emborracharnos en una orgía de sangre que sólo retrasará lo inevitable hasta mañana y entonces nos hará caer de una manera más brutal y precipitada. No permitamos que el continente que una vez fue un ejemplo de democracia se convierta en sinónimo de barbarie y de abyección. No mancillemos el nombre de Europa a ojos de las próximas generaciones. Guardemos para nosotros nuestro recurso más valioso: nuestro honor.
Salu2,
AMT
Etiquetas:
Argelia,
declive energético,
demagogia,
España,
Europa,
guerra,
guerra por los recursos,
Irak,
Siria
lunes, 23 de noviembre de 2015
El ombligo del mundo
Queridos lectores,
Christian Gebauer nos ofrece esta breve reflexión sobre la actual situación de guerra, que enlaza con el último post.
Salu2,
AMT
El Ombligo del Mundo
La región que incluye el centro-norte de Irak y el conjunto de Siria, cuyos principales actores son el llamado Estado Islámico y la Siria marítima de Al Assad, ha llegado a constituirse en centro neurálgico global.
La llamaremos el ombligo del mundo, porque no es casual que sea el centro neurálgico: hay un consenso muy amplio en la industria de los hidrocarburos en que Irak cuenta con las mejores reservas petroleras del planeta, y Siria es su salida directa al Mediterráneo. Para ponerlo en pocas palabras, un Irak pacificado y extenso como el de Saddam tendría asegurado el estrellato global por muchos años.
Ahora entre el país informal que poseen los kurdos y el Estado Islámico se reparten todos los yacimientos del norte de Irak, habiendo el segundo incorporado además los importantes pozos de Siria oriental. A su manera es una economía floreciente, y sin duda muchos extraños también se benefician de ella –tema que ha poblado algunos medios últimamente (uno, dos, tres, y en inglés uno, dos, tres).
En cambio Siria más bien está siendo azotada. Por parte de la OTAN o sus adeptos, pues Al Assad es el único aliado fuerte de Rusia en la región. También por Rusia, en defensa de Al Assad. Por el Estado Islámico, o Daesh, que tiene grandes ambiciones. Y por los kurdos.
Pero al ombligo del mundo también lo habitan decenas o cientos de grupos de tamaños e índoles diversas, y lo frecuentan sus vecinos, notoriamente Arabia Saudí, Turquía, Israel, Irán e Irak propiamente dicho.
Parece imposible guiarse en semejante panorama, cada quien con intereses particulares y muchas veces ambiguos, pero las piezas grandes se cortan primero por la mitad.
A diferencia de la situación ucraniana, aquí sí nos hallamos con que las dos superpotencias se enfrentan casi cara a cara. Estamos realmente en el terreno de la guerra fría, pero lo que la motiva ya no es la ideología sino el control de los recursos.
Dentro de esta lógica el objetivo número uno es que los recursos no se los quede el otro, y es implausible una solución política que no tranquilice a ambos bandos en este sentido –como hubiera podido hacerlo hace tiempo un protectorado conjunto, por ejemplo.
Más allá de la forma que semejante entidad pudiera adquirir, debe compensar el diferencial de recursos entre las mitades este y oeste de la región, ya que es el único modo de contener la economía siria y estabilizar realmente el lugar.
Cualquier otro curso de acción traerá más dolor y perjudicará a la economía global, con la única excepción del mercado de armas. Es lo que sucede hasta ahora.
Recordemos que las potencias aéreas pueden neutralizar fácilmente a cualquier grupo local que se oponga a una administración civil y pacífica, ya que las instalaciones petroleras son muy vulnerables. Que todavía no lo hayan llevado a cabo indica hasta qué punto su adversario es, más bien, otra potencia.
Etiquetas:
Christian Gebauer,
Daesh,
geoestrategia,
guerra,
Irak,
ISIS,
recursos,
Siria
jueves, 3 de septiembre de 2015
Agosto de 2015: Temblor y temor
Queridos lectores,
Este mes de Agosto de 2015 ha supuesto un cambio importante. Así como en los meses previos veíamos cómo los problemas se acumulaban y se añadían nuevos puntos de tensión y fricción, y en Julio se hacía evidente que algunos grandes cambios ya estaban en marcha, en este mes de Agosto se han comenzado a sufrir las consecuencias de tantos problemas. El cambio, por tanto, no es un cambio de tendencia, que se mantiene inalterable: es un cambio en el nivel de las consecuencias, que comienzan a ser más evidentes.
Como cabía esperar, los medios generalistas ha tratado estos problemas como si fueran cuestiones desconectadas, como si se tratasen de crisis independientes aunque aceptando que todos ellos tienen una magnitud bastante considerable. Sin embargo, una aproximación crítica a lo que está sucediendo muestra que las múltiples crisis no son más que las múltiples facetas de un solo problema, de una gran crisis que hunde sus raíces en un punto histórico; un punto en el cual nuestra manera de concebir las relaciones de producción e intercambio, nuestro sistema económico, está llegando a un punto en el que no es que el sistema sea insostenible (siempre fue insostenible, lo cual quiere decir que no se podía mantener indefinidamente en el tiempo) sino que se está volviendo ya inestable y amenaza de colapsar. Por desgracia, la actitud dogmática (casi se podría decir religiosa) del pensamiento económico actual impide que se puedan cuestionar los fundamentos perfectamente cuestionables de nuestro sistema económico, con consecuencias funestas. Pero analicemos ya estos problemas que están empezando a desbordarse.
La última semana de Agosto las bolsas mundiales dieron un primer susto. Después de una semana anterior muy mala en los mercados asiáticos, en la tónica de la evolución de los últimos meses, el lunes 24 de Agosto las bolsas de todo el mundo registraron pérdidas muy importantes, comenzando por la bolsa de Shanghai. El martes se avecinaba tan negro como lunes, pues a la apertura el mercado chino caía también a plomo, pero los estabilizadores del mercado entraron en acción. Las grandes compañías que velan por el buen hacer de los mercados bursátiles se gastaron millones de dólares para estabilizar el mercado, aprovechando también que en Agosto el volumen de contratación es inferior al de otros meses y que con menos dinero se consigue mayor variación. A pesar de las absurdas explicaciones que se dieron, sobre todo para explicar la "recuperación" del martes y el resto de la semana (según decían, porque el Banco de China ha reducido los tipos y eso fomentará la inversión, a pesar de que no fue precisamente la bolsa china la que se recuperó, sino las europeas y la estadounidense), se está hablando cada vez más claramente del verdadero problema de fondo: que se está produciendo un frenazo económico considerable a escala global. De entrada, el parón de China es un fenómeno de una escala mundial: piensen que el 40% del crecimiento económico global del año pasado fue debido a ese país. Pero es que además también se empieza a reconocer que la caída del precio de las materias primas no sólo está perjudicando a los países que viven de su exportación sino que pone en peligro el buen curso económico global (contrariamente al habitual mensaje de que si es barato el petróleo, el carbón, el cobre, el acero, etc es bueno para la economía global). Todos estos problemas refieren a lo mismo: hay un problema de demanda - en el caso de China, porque las clases medias de las economías occidentales tienen cada vez menos renta disponible y no están muy dispuestas a gastársela en productos innecesarios; y en el caso de las economías exportadoras de materias primas, doblemente, por el frenazo chino y por la caída del consumo occidental. A pesar de los esforzados mensajes de tranquilidad que se imparten desde los cenáculos económicos, la realidad es que se ve cada vez más claro que hay una gran recesión en ciernes. Y como era de esperar, la evolución de la bolsa en la última jornada de Agosto y la primera de Septiembre no ha sido tan boyante, y el retroceso poco a poco se consolida. Síntoma de un otoño que se prevé movido.
Durante este mes de Agosto la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha reconocido abiertamente en su último Oil Market Report que ya ha comenzado el declive de la producción de petróleo por fracking en los EE.UU. A pesar de la evidencia que se acumula (que la demanda no está siguiendo los patrones esperados y que la oferta, al final, está comenzando a disminuir, porque a estos precios el negocio del petróleo es ruinoso, lo cual nos lleva, como saben, a la espiral), se sigue hablando de sobreoferta cuando en realidad lo que hay es subdemanda, que de acuerdo con el OMR ya es de unos 3 Mb/d.
En esa gráfica, las últimas 7 barras representan la previsión de la AIE para los próximos trimestres. La línea verde corresponde a la producción de petróleo, la amarilla a la demanda, y las barras azules son los cambios en los stocks (el petróleo almacenado), que están directamente relacionados con la diferencia entre oferta y demanda. Como ven, el problema actual ha estado originado porque la demanda no ha seguida por donde estaba previsto y lleva sin crecer desde hace casi un año; de hecho, ha descendido un poco. Delante de esta situación, lo que prevé la AIE es un estancamiento de la producción durante los próximos 18 meses. Que es lo más parecido a un reconocimiento de la llegada del peak oil de todos los líquidos del petróleo (ya sabemos que el peak oil del petróleo crudo fue en 2005) que se puede esperar de la AIE. La congelación de la demanda es muy preocupante, teniendo en cuenta que en verano la demanda siempre aumenta; si, siguiendo el ciclo habitual, la demanda baja aún más en otoño, las perspectivas para los próximos meses son muy malas para el sector petrolero. Máxime si, como decía Bloomberg hace unos días, las compañías petrolíferas necesitan medio billón de dólares para sobrevivir. ¿De dónde sacarán esa cantidad de dinero? ¿Quién se lo va a dejar en el actual entorno de precios tan bajos? Para cuando las quiebras de empresas y países productores haga bajar la oferta y el precio vuelva a ser lo suficientemente elevado como para hacerlas viables ya será muy tarde para muchas de estas empresas. Por lo pronto, los trabajadores de Petrobras se han declarado en huelga indefinida.
El mes de Agosto ha sorprendido también a la miserable (aunque se resista a aceptarlo) Europa con una gravísima crisis migratoria. Si primero fueron las oleadas masivas de inmigrantes intentando pasar el Canal de la Mancha para llegar de Francia al Reino Unido, después la desesperación de miles de personas que intentan cruzar el Mediterráneo a bordo de precarias embarcaciones recrudeció con fuerza. Nada nuevo, en realidad; como bien saben en España e Italia, hace ya años que miles de personas perecen cada año intentando cruzar de la orilla sur a la norte. Sólo resulta que ahora el flujo migratorio se ha desplazado algo hacia el Este, y también que los que intentan huir de la miseria y la destrucción son étnicamente demasiado parecidos a los europeos del sur. En realidad, ni siquiera cuando los que perecían ahogados tenían una tez más morena la razón para dejarlos morir como perros era étnica; siempre ha sido económica (lo cual no la hace menos abominable). También como novedad, no sólo están entrando por el mar, sino también por tierra, sobre todo los refugiados que huyen de Siria (un país que pasó recientemente su propia bancarrota petrolífera). Y eso está llevando a que no se pueda dejar todo a la barrera del mar, que eliminaba físicamente el problema simplemente con que los países europeos no hicieran nada. Ahora sí que tienen que hacer algo, y lo hacen: contener la masa migratoria con la fuerza. Aquí se ha visto cuál es la verdadera catadura de los gobiernos europeos, por si alguien tuviera alguna duda: gases lacrimógenos, material antidisturbios, alambradas especialmente diseñadas para lacerar la carne con mayor daño y efectividad, y muros, muchos muros, de ladrillo y de papel, de crueldad y de indiferencia. Para dejar claro de qué va todo esto, el Gobierno de Hungría anunció hoy mismo que devolverá a todos aquellos que considere "inmigrantes económicos", es decir, a los pobres de solemnidad. Mientras tanto, el resto de países discuten sobre qué cuota de inmigrantes sirios están dispuestos a aceptar; por ejemplo España no quiere alojar a los 4.500 que se le quieren asignar, sino sólo 1.500. A eso hemos llegado, aunque presiento que aún no hemos tocado fondo. Lo más triste de todo esto es que, viendo el trato que se dispensa a los pobres desgraciados que lo han perdido todo al colapsar su país, ya sabemos qué podremos esperar nosotros mismos cuando sigamos ese mismo camino. Quizá la furibunda y poco caritativa reacción de los gobiernos europeos se deba, justamente, al terror que produce verse reflejado en los otros, que no son tan otros como nos gustaría.
Y la crisis climática también está recrudeciéndose. Comentábamos en Julio que en el Pacífico se había visto, por primera vez, tres huracanes o tifones simultáneos. Pues bien, en Agosto no sólo se ha repetido la efeméride, sino que encima esta vez los tres huracanes eran de categoría 4 (sobre 5). El sobrecalentamiento de las aguas del Pacífico con el advenimiento del ya denominado El Niño Godzilla es el responsable de que se haya subido la apuesta de Julio. Las previsiones apuntan a que probablemente en Diciembre tendremos un fenómeno de El Niño que será el más intenso en décadas, aunque aún hay alguna esperanza de que no supere al de 1997-98. Curiosamente, cuando se produce El Niño el Atlántico está más frío que la media y eso ayuda a que se disminuya la recurrencia de huracanes en esa cuenca oceánica; este año, sin embargo, el Atlántico también está marcando anomalías positivas de temperatura y sólo la cizalladura vertical del viento evita que se produzcan más huracanes en esa cuenca; sin embargo, eso también hace que la temperatura superficial del océano continúe subiendo y por tanto cuando cambie el régimen de vientos se producirán más huracanes. No descarten, por tanto, observar fuertes huracanes en el Atlántico hacia el fin de la temporada (Octubre-Noviembre).
Y los problemas políticos continúan escalando. De un lado, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, viendo perdido una gran parte de su apoyo inicial y con su partido escindido, decidió renunciar y convocar elecciones para el 20 de Septiembre; en ese momento se verá cuál es la factura que le pasa lo que muchos consideran su cesión frente al saqueo del gran capital. Entre tanto, el conflicto entre Cataluña y España sigue imparable su marcha hacia yo no sé muy bien dónde. Por una parte, el president Artur Mas ha convocado ya las elecciones para el próximo 27 de Septiembre, recalcando el carácter plebiscitario de esos comicios. Es decir, que en vez de servir para elegir el parlamento regional de Cataluña, el apoyo relativo que reciban las diferentes opciones políticas servirían, a decir de los proponentes de la independencia de Cataluña, como un sucedáneo de referéndum de autodeterminación. Para reforzar este hecho, el partido del president, CDC, y el principal partido de la oposición, ERC, ambos independentistas, han renunciado a presentar una lista propia y presentan una conjunta, en la que también entran personalidades de la sociedad catalana no vinculadas en principio al juego partidista (aunque en esta lista conjunta no ha entrado el tercer partido independentista, la CUP, más pequeño, más de izquierdas y claramente anticapitalista). En España están empezando por fin a verle las orejas al lobo, pues esta lista conjunta podría, según las encuestas, arrastrar entre el 35 y el 45% de los votos, y junto con la CUP podrían moverse entre el 38 y el 50% de los votos. Dado que no todas las otras opciones son claramente unionistas, y que la lista conjunta será, sin duda, el partido más votado con diferencia, el problema de legitimidad que se va a plantear a partir del día 27 es de aúpa. Toda la discusión ulterior va a depender de cuán lejos o cerca se quede el bloque independentista de ese mágico 50% de los votos que en realidad no define nada pero en la práctica lo va a definir todo. Por eso, muchos medios españoles se han lanzado a una campaña por intentar espolear el voto unionista, algunos apelando al miedo, otros al odio, otros haciendo comparativas odiosas, en algunos casos prometiendo mejoras en el autogobierno de Cataluña que, a estas alturas, son insuficientes para los que ya no se conforman con nada menos que la independencia. Permanezcan atentos, pues este mes será decisivo no sólo para el futuro de Grecia, de España y de Cataluña, sino para el de muchos otros territorios europeos que se verán afectados por los sucesos que se desarrollen en estos lugares.
Salu2,
AMT
Etiquetas:
crisis bursátil,
crisis de los refugiados,
El Niño,
Irak,
Libia,
recesión,
Siria
martes, 25 de febrero de 2014
Guerras de prestado
Queridos lectores,
Parece que este año 2014 rápidamente degenera hacia una situación de conflicto y violencia generalizados por todo el globo. Por desgracia la violencia es algo muy común en nuestro mundo, en sus múltiples formas, desde las más individuales a las más colectivas; lo grave es que se está extendiendo a países donde hacía tiempo que no se veía (aunque nunca fue olvidada).
Ahora mismo uno de los focos más calientes de la atención occidental se sitúa en Ucrania, donde la reiterada ocupación de la calle por un movimiento que esgrime la bandera pro-UE y pro-occidental y que exige un cambio de Gobierno acabó llevando a una sangrienta represión de la policía y la lógica escalada de violencia, que en los últimos días ha llevado al presidente del país a huir hacia la pro-rusa región oriental del país. Muchas capas se solapan en el conflicto en Ucrania, algunas internas (la crisis económica, el paro, la insatisfacción con la falta de reformas desde la Revolución Naranja) y otras externas, con una fuerte carga de juego de ajedrez geopolítico entre Rusia y los EE.UU. (Rusia ve con enorme recelo tener un país pro-occidental en su misma frontera, mientras que Europa ve una gran oportunidad de expandirse hacia el Este y para los EE.UU. cualquier iniciativa que acote el poder ruso es bienvenida). No es ajena a la crisis en Ucrania la entrada en funcionamiento del gasoducto Nordstream en Diciembre pasado. Si hacen memoria recordarán que los últimos inviernos recurrentemente Rusia amenazaba con cortar el suministro de gas natural a Ucrania, pues este país no pagaba los precios que los rusos querían cobrar, y al final le cortaba el suministro unos pocos días pero en seguida tenía que volver a abrir el paso puesto que ese mismo gasoducto que atraviesa tierras ucranianas es el que lleva a un buen cliente, Alemania, y tensar demasiado esa cuerda llevaría a la nación teutona a buscar otras vías de aprovisionamiento quizá más caras pero más seguras. Todo eso se acabó con el nuevo gasoducto, que atraviesa el mar Báltico y va directamente de Rusia a Alemania. No es por tanto casualidad que este año no se haya escenificado el amago de corte de suministro, puesto que los rusos pueden cerrar ya el grifo con tranquilidad y el gobierno ucraniano ha tenido que administrar la escasez como ha podido, a pesar de la crisis y el descontento popular; también es significativo que justamente una de las contrapartidas que ha ofrecido Rusia durante estas confusas semanas es el suministro de gas a Ucrania a buen precio.
Pero volviendo a los sucesos en las calles de Kiev y de otras ciudades ucranianas, es difícil saber con precisión qué pasa porque la información que difunden los medios occidentales está sesgadísima. Parece que una parte de los manifestantes en el Maidán está pertrechada casi militarmente, en medio de una masa de inocentes ciudadanos que sólo quieren expresar su hartazgo con una situación que no mejora (y que al final se retiran al crecer la violencia). El conflicto parece ir degenerando hacia una guerra civil más o menos abierta, de manera similar a lo que pasó en Siria, de dónde tampoco es posible obtener una visión fiable de qué es lo que pasa en este momento (y se habrán fijado que de Siria últimamente casi no se habla en los medios: ha pasado a ser prácticamente un no-tema, a pesar de que obviamente sigue la guerra civil en aquel país).
Al parecer la agitación también crece en Venezuela, aunque de nuevo es muy difícil en Occidente (irónico llamar Occidente a unos países que están más al este o al norte que Venezuela) acceder a una información fiable sobre lo que está pasando actualmente. Al margen de los detalles, casi inasibles desde aquí, de nuevo uno intuye una situación semejante a la de Ucrania: por un lado hay un Gobierno resultante de las urnas que se enfrenta a una situación interna muy complicada que le lleva a veces a huidas hacia adelante y a medidas de carácter autoritario, y por el otro un cierto de nivel de protesta ciudadana azuzada por el descontento y en medio de la cual se camufla una fuerza emergente, de mucho menor tamaño pero cada vez mejor armada, con pretensión de deponer al Gobierno por el medio que sea. Si es un proceso completamente interno o azuzado desde el exterior es complicado de saber, aunque seguramente hay mezcla de ambos: problemas internos de los que agentes externos (y de nuevo muchos dedos señalan a los EE.UU.) intentan sacar provecho.
De entre los diversos factores internos que contribuyen al malestar en Venezuela es importante resaltar la cada vez menos disimulada caída de la producción de petróleo y de sus exportaciones, como muestra la siguiente gráfica (sacada como siempre de la web Flujos de Energía); tengan en cuenta que sólo llega hasta 2012, así que la situación ahora mismo puede ser sensiblemente peor:
Si comparan esta gráfica con la de otros países que se han visto envueltos en procesos semejantes (y que comentamos en el correspondiente post) se diría que a Venezuela le quedan por lo menos cinco años antes de que comiencen los problemas graves con la caída de ingresos del petróleo. Sin embargo, aproximadamente una tercera parte del petróleo que produce Venezuela ahora mismo es crudo extrapesado, de baja Tasa de Retorno Energética (TRE), lo cual quiere decir que la energía neta proveniente del petróleo de Venezuela es bastante menor de lo que indica el volumen bruto, y eso en particular implica que el rendimiento económico es bastante menor de lo que cabría esperar; probablemente este hecho influye en los problemas de la nación caribeña. No casualmente, EE.UU. importa petróleo de Venezuela y tiene gran interés en que el petróleo siga fluyendo (a pesar de los cantos de sirena que hablan de una falaz independencia energética de los EE.UU.); no es por tanto de extrañar que, en medio de la confusión reinante y quizá en parte provocándola, algunas personalidades políticas estadounidenses estén reclamando ya a Obama que invada Venezuela.
Mientras tanto, Yemen, país en el punto de mira, se acerca con paso firme a su colapso final; son frecuentes los atentados en aquel país, mientras que el poder político trata de frenar su inevitable descomposición con una medida descentralizadora (dividir el país en seis estados confederados, a pesar de su pequeña extensión). Dada la rapídisima caída de las exportaciones de petróleo de un país tan dependiente del exterior el desastre es más que previsible: es una certeza. Siendo un país limítrofe con la crucial Arabia Saudita es obvio que no se permitirá que el país explote descontroladamente, y en algún momento las tropas saudíes, apoyadas por EE.UU. directa o indirectamente, entrarán en el país, de modo análogo a lo que ya hicieron en Bahrein en 2011 (por cierto, a tiempo para que se pudiera celebrar el Gran Premio de Fórmula 1 de ese año, BAU a ultranza).
Por su parte, Egipto no se ha estabilizado tras las revueltas del hambre de 2011 (cínicamente bautizadas aquí como "primavera árabe") y el ejército se resiste a ceder el poder a la sociedad civil de un país superpoblado (85 millones de habitantes) y empobrecido. Para acabarlo de rematar, los planes de Etiopía, otro país superpoblado (92 millones) y empobrecido, de hacer una presa en el Alto Nilo amenaza con desencadenar una verdadera guerra por el agua (como ya explicamos, otra forma más de las Guerras del Hambre) mientras que en Egipto se privatiza el acceso al agua y se da un acceso preferente a las clases pudientes: una forma, aún más vil, de la Gran Exclusión, en un país sediento y abarrotado. Tantos problemas sólo pueden acabar en desastre. Pero Egipto es un enclave estratégico por la presencia del Canal de Suez, por lo que es de esperar que más pronto o más temprano las tropas extranjeras hagan su aparición al menos en la franja del canal, mientras dejan que el resto del país se suma en el caos y la miseria.
Todos los ejemplos arriba muestran casos de países con graves problemas internos, en todos ellos profundizados por su declive energético (a excepción de Ucrania, todos ellos son o eran hasta recientemente exportadores de petróleo) y en todos ellos grandes potencias extranjeras desempeñan o acabarán desempeñando un papel principal, en ocasiones luchando entre ellas a través de bandos locales. Son las nuevas Proxy Wars o guerras subsidiarias: guerras librados por otros en beneficio no declarado (y a veces desconocido por los propios combatientes) de intereses de las grandes potencias, una tradición que data de los comienzos del capitalismo y que tuvo su auge en el siglo XX. Son las nuevas guerras de prestado que por desgracia parece que van a caracterizar nuestro declive energético.
Pero el problema no son sólo estas guerras de prestado que se van a librar en suelo de los principales productores de petróleo y de otros recursos. Incluso sin llegar a la intensidad de una guerra, la inestabilidad crece a escala mundial. Por ejemplo, la población de un país tan futbolero como Brasil se revuelve contra los dispendios el Mundial de fútbol, odiosos en un país sometido a muchas estrecheces y recortes (de nuevo "La parábola del lago" resulta oportuna). Recuerden también como en Argentina hubo revueltas y saqueos hace sólo un par de meses. Mientras tanto, la economía China se está ralentizando y crece el descontento popular pues se subvierte la base del contrato social implícito (no reclaméis democracia y os dejaremos medrar e incluso enriqueceros si trabajáis duro); es cuestión de tiempo que estalle, también allí, una revuelta.
¿Y qué pasa en Europa Occidental? Grecia sufre, Portugal padece, Italia desvaría, Irlanda parece bastante tranquila, Francia languidece, Alemania espera... Y en cuanto a España, algunos días diría que estamos haciendo una cuenta atrás colectiva, silenciosa, que no sé muy bien hacia dónde nos lleva.
Salu2,
AMT
Etiquetas:
colapso,
Egipto,
Guerras del Hambre,
inestabilidad geopolítica,
proxy wars,
Siria,
Ucrania,
Venezuela,
Yemen
lunes, 2 de septiembre de 2013
La excusa del día
| Imagen de http://blogs.publico.es/dominiopublico/2653/la-espana-del-avestruz/ |
Queridos lectores,
Estados Unidos se apresta para ir a la guerra contra Siria por razones humanitarias, después de muchos meses de dejar pudrirse la situación en aquel país. Seguramente el país americano prefería que la cosa se resolviese a una escala mucho menor, forzando la caída de la tiranía de Al Assad con un discreto apoyo a los insurgentes sirios, cuya legitimidad y motivos tampoco son revisados de manera demasiado escrupulosa. Pero de repente hay mucha prisa, y algunos analistas apuntan a la razón de fondo: el petróleo. El precio del petróleo comienza a subir rápidamente mientras resuenan los tambores de guerra, y su alza, se admite abiertamente, puede impedir la recuperación económica de la que tan necesitada está Occidente.
Justamente para saber más sobre esa misma escalada de precios hace unos días, mientras estaba visitando a la familia, me llamaron de la emisora de radio RAC1. Querían hacerme unas preguntas sobre la evolución del precio del petróleo y su relación, en ese caso, con las revueltas en Egipto. Quizá porque yo estaba un poco desconectado de los medios en esos días la breve entrevista fue un tanto confusa: a mi interlocutora le sorprendían mis respuestas y a mi sus preguntas. Comprendí durante la entrevista que el leit motiv de la misma era mostrar que el precio del petróleo subía por culpa de las revueltas en el país árabe, mientras que yo le explicaba que el precio del petróleo llevaba subiendo unas seis semanas, un par de dólares por semana; ella me hablaba de precios de futuros mientras que yo me refería a precios spot o inmediatos... En fin, un desastre de comunicación. Una cosa curiosa de aquella entrevista fue que me preguntaron si yo creía que lo que estaba pasando en Egipto podría llevar a una crisis del petróleo como las de los años 70. Yo les contesté que el mayor problema era, obviamente, el Canal de Suez y todo el petróleo que pasa por allí, que la necesidad de hacerlo pasar por otras rutas podría crear problemas a algunas naciones y que ningún país estaba en condiciones de suplir el posible faltante que se originara. Y una vez más surgió la cuestión de si al subir los precios del petróleo la recuperación económica (inexistente en realidad en España) se podría ir al traste, delante de lo cual mi respuesta fue un categórico "sí".
Los problemas sobre el terreno que se mencionan más arriba efectivamente son reales. Siria es un verdadero avispero: es importante por el proyecto de gasoducto que controla Rusia (y que EE.UU., que ha fallado en sus alternativas, tiene interés en controlar) y muchos países tienen allí intereses cruzados (EE.UU., Rusia, la Unión Europea, Arabia Saudita, Irán, China...). En el caso de Egipto, por otro lado, el cierre del Canal de Suez y del oleducto SUMED tendría un gran impacto ya sólo en el mercado del petróleo (por no hablar del comercio en general) dado que unos 3,8 millones de barriles de petróleo pasan por allí cada día. Lo cual, comparado con los 90 Mb/d en total que consume el mundo puede parecer poca cosa (un 4,2% del total) pero esos 3,8 Mb/d en realidad representa más del 8% del petróleo disponible a la exportación, y que en el caso de algunos países (como la China) el tráfico por Egipto llega a suponer el 25% del petróleo que importa. Y obviamente, si en cualquiera de esos dos lugares (o en los dos) se da el peor escenario posible el precio del barril de petróleo subiría mucho como consecuencia directa. Sin embargo, no es eso lo que está empujando al alza el precio del petróleo en este preciso momento (como no lo hicieron los problemas de Occidente con Irán que según los medios parecían tan graves el años pasado); al contrario, nos estamos pasando por alto que el precio del barril hace semanas que sube y nos damos estas explicaciones ramplonas para eludir la razón de fondo.
Es verdad que durante las últimas décadas de manera continua ha habido problemas, inconvenientes e inestabilidad asociados a los países productores de petróleo. De alguna manera, ya se paga una cierta prima en el precio del barril - menor de lo que muchos se piensan - por ese motivo. En algunos casos concretos (embargo árabe de 1973, revolución islámica en Irán en 1978, guerra Irak-Irán en 1979, colapso de la URSS en 1991) el precio del barril ha registrado un aumento considerable de precio debido a los problemas geopolíticos, pero en contra de lo que se suele presentar en los medios (ya discutimos algo de eso cuando hablamos sobre el futuro de la OPEP) el precio del barril no ha sido, hasta el año 2008, excesivamente volátil, y el impacto de sus relativamente pequeñas variaciones sobre la economía ha sido bastante limitado (con ciertas excepciones). En la época pre-2008 el trauma de los años 70 hacía que con mucha frecuencia se hayan usado las subidas del precio del petróleo como excuse du jour (excusa del día) para justificar el mal comportamiento de la economía; en esta época post-2008, en el que realmente el precio del petróleo se mantiene continuamente a un precio muy elevado para lo que nuestra economía se puede permitir (de acuerdo con el umbral de Hamilton que ya discutimos) se sigue citando el precio del petróleo como factor amenazante para la economía mundial pero se magnifica la importancia de las variaciones de un momento determinado como el actual sin ver que el proceso de subida tiene ya semanas de recorrido, y se las relaciona inmediatamente y sin reflexión a factores geopolíticos coyunturales. En suma, que el problema que ocupa la centralidad mediática del momento se convierte a su vez en la excusa del día para justificar que el precio del petróleo está caro (abusando del hecho de que la mayoría de los ciudadanos no van siguiendo la evolución del precio y no sabe a cuánto está el petróleo si los medios no lo destacan).
Pero la razón profundad de esta carestía es simple: muy probablemente la cantidad de energía neta que nos está dando el petróleo ya está disminuyendo. Explicamos esta cuestión con profundidad en el post "El ocaso del petróleo" hace unos meses y a él me remito para la discusión a fondo, pero querría traer aquí las dos gráficas de ese post que mejor definen qué es lo que pasa. Por un lado, la evolución que seguiría la energía neta que nos proporciona el petróleo según el propio escenario de referencia de la Agencia Internacional de la Energía publicado en su último World Energy Outlook:
Las diferentes franjas de color representan los diferentes tipos de petróleo según su procedencia, tal y como se explicaba en aquel artículo. Como se ve, tan pronto como se expresan los valores en términos de energía neta, y no de volúmenes brutos producidos, se observa que ya estaríamos en una situación de estancamiento con un próximo declive de la energía procedente del petróleo que le va a quedar disponible a la sociedad. Pero es que si además corregimos tan sólo el maquillaje más burdo de este escenario (esencialmente descontando la injustificada dulcificación de la tasa de declive de los campos actualmente en explotación respecto al valor usado en previos informes y substituyendo los valores irrazonablemente altos de aprovechamiento de algunas fuentes por otros aún optimistas pero físicamente alcanzables) lo que se obtiene tiene aún peor aspecto.
![]() |
| Misma gráfica pero con las correcciones indicadas en el texto, corresponde a un escenario más realista sobre la evolución de la energía neta proveniente de todos los líquidos del petróleo. |
Éste declive de la energía neta procedente del petróleo que ya está en marcha, y cuya primera manifestación es la disminución del volumen de petróleo crudo producido que hasta la propia Agencia Internacional de la Energía reconoce, es lo que está llevando el precio del petróleo a un alza sostenida que sólo acabará cuando la recesión se instale en un número suficiente de países. Es justamente debido a la reactivación de la economía en varias potencias que la demanda de petróleo ha subido pero la producción neta (no la total, sino la que realmente llega al mercado) no consigue aumentar porque ya es físicamente imposible hacerlo, lo cual empuja el precio hacia arriba y "amenaza la recuperación". También por razón de lo justo de la oferta actual el precio del petróleo sigue un patrón estacional, siendo más elevado en las épocas de mayor demanda (sobre todo verano y también algo en invierno) y menor en las de demanda más baja (aunque nadie parece darse cuenta de esta variación a lo largo del año y prefieren ir sacando cada año excusas: el año pasado y el anterior era Irán). Al final, la escasez de petróleo es la causa última y no la coyuntura geopolítica, la cual efectivamente puede cambiar este estado de cosas pero sólo en una dirección: a peor.
Este autoengaño sobre las verdaderas causas de la escasez creciente de hidrocarburos opera también a escala más local con excusas del día más locales. Por ejemplo, las empresas petroleras que operan a Nigeria advierten a las autoridades de ese país que si siguen adelante con su plan de subir los impuestos la producción de ese país caerá un 25% "debido a la falta de inversión" (y no porque Nigeria ya esté llegando a su propio peak oil). Mientras, al otro lado del Atlántico México se enfrenta a una caída vertiginosa de su producción de petróleo con anuncios de que se buscan inversores extranjeros para sacar una gran rentabilidad con el previsto "incremento de la producción" en los próximos años; semejante estrategia de negación de su realidad la podemos encontrar también en Argentina, donde las exportaciones de petróleo prácticamente se han desvanecido mientras se hacen continuos y a veces contradictorios anuncios sobre la inversión extranjera en sus yacimientos de petróleo no convencional (como dice Pedro Prieto, cuando los países que tenían sus recursos nacionalizados se abren así a la inversión extranjera es que ya queda poco más por arañar). En otros lugares, como en Polonia, se apunta a los problemas de regulación para justificar que el gas de esquisto no fluye (como en esta noticia que más parece publicidad engañosa) en vez de al hecho conocido de que las reservas de gas esquisto de Polonia sólo son marginalmente explotables. Y así podrían encontrar un sinfín de noticias similares en países donde su producción de hidrocarburos lleva ya algún tiempo disminuyendo. Pero no deja de ser verdad que con más inversión y menos regulación se puede conseguir más petróleo y más gas. Un petróleo y un gas más caros, tanto energética como económicamente. Los que los explotan se dan cuenta de que sus costes marginales crecen sin que haya un aumento de la producción, con lo que su beneficio baja. La ceguera de 150 años de producción de petróleo barato y la necesidad de amortizar la maquinaria lleva a continuar explotando recursos cada vez peores con beneficio bruto tendiendo a cero. Pero las pequeñas excusas del día que se citan en cada caso no dejan ver una realidad global de escasez de recursos y de recursos de peor calidad, con TREs cada vez más pequeñas.
A medida que los recursos escasean crece la crispación. Los problemas de hoy en Egipto y en Siria y los que se desencadenen en un futuro en otros países son realmente guerras por los recursos. En el caso de Egipto se trata de una bomba malthusiana, mientras que Siria es un productor menor de petróleo (menos de 0,2 Mb/d, muy por debajo de su peak oil que fue en 2002 con algo más de 0,6 Mb/d) pero que es estratégico para que los rusos puedan aumentar su exportación de gas. Mientras las grandes potencias libran en estos tableros prestados sus partidas actúan como si los problemas fueran coyunturales, pasajeros, cuando en realidad son estructurales, permanentes. La crisis de recursos no se va a resolver, la crisis económica no acabará nunca. No aceptar estas verdades simples puede provocar que la lucha soterrada por los recursos acabe siendo no tan soterrada, con consecuencias imprevisibles pero seguro que nada favorables.
Salu2,
AMT
Etiquetas:
EE.UU.,
excusa,
guerra por los recursos,
ocaso del petróleo,
Siria
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







