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lunes, 4 de noviembre de 2019

La casa en llamas en lo alto de la cumbre



Queridos lectores:

"La casa está en llamas" es un eslogan repetido por los integrantes de Friday for Future, desde que la propia Greta Thunberg lo pronunciase por vez primera. Es un aforismo potente, que condensa la urgencia a la que nos lleva el Cambio Climático. La casa está en llamas, tenemos que actuar si no queremos perderlo todo, si no queremos morir. Una idea sencilla que sintetiza la verdad simple de que ya no hay más tiempo para esperar; el tiempo de actuar es ahora.

No es por tanto casual que el último libro de Héctor Tejero y Emilio Santiago lleve el significativo título "¿Qué hacer en caso de incendio?". Se sobreentiende que en este largo ensayo (nada menos que 256 páginas) se pretende abordar, desde el punto de vista de la teoría política (campo al que pertenece esta obra), el que sin duda es el gran reto de nuestro tiempo. Sin embargo, tampoco es casual el epígrafe que lleva este libro: "Manifiesto por el Green New Deal". Es decir, no se trata de dar una perspectiva amplia de cómo abordar el desafío que nos plantea el Cambio Climático, sino que lo que se nos presenta es un manifiesto a favor del Green New Deal.

Hace semanas que llevo ese libro en mi mochila, con el objetivo de acabar de leerlo en algún momento y escribir aquí una reseña. A pesar de que tener tiempo para leer es una cosa siempre difícil con la carga de trabajo que llevo, lo he seguido llevando en mi mochila, esperando avanzar en sus páginas y en la síntesis de lo que para mi es más esencial. Lamentablemente, a estas alturas he perdido la esperanza de acabar de leer el libro y comentarlo. Aunque me sepa mal decirlo (conozco a Emilio y es una persona a la que aprecio y respeto por su trabajo), reconozco que el libro no me interesa en absoluto.

Por lo que respecta al análisis factual que realiza el libro, tomadas aisladamente estoy de acuerdo con la mayoría de las cosas que se comentan en sus páginas pero no tanto en el discurso que se va hilando, ya que, a mi entender, hay grandes omisiones que probablemente obedecen a ese deseo, explícitamente expresado en el libro, de no asustar a la gente para evitar el miedo paralizante. Y en cuanto el libro entra en el discurso político para mi pierde la mayoría del interés. En el libro se propone una estrategia de "negociación" con el statu quo y la adaptación progresiva del actual sistema capitalista, cosas las cuales, sinceramente, yo no las veo posibles. Entiendo el esfuerzo honesto de Héctor y Emilio de buscar una vía posible para salir de este atolladero, pero a estas alturas de la partida ya sabemos que el posibilismo es solo otra forma de rendición.

Huelga decir que no entiendo que se puedan escribir 256 páginas con la excusa de un texto bastante vago, vacuo y prepotente,  y mucho más corto, como fue la propuesta inicial de Alexandria Ocasio-Cortez. Ya discutimos en este blog el contenido de aquellas escasas 14 páginas del Green New Deal: nunca tan poco ha dado para hablar tanto. Quizá porque precisamente unos y otros aprovechan la absoluta vaciedad del texto original para exponer sus filias y fobias, para hablar de lo que ellos quieren hablar, que poco o nada tiene que ver con el espantajo al que dicen referirse. 

El libro de Héctor Tejero y Emilio Santiago ya ha recibido algunas críticas significativas justamente de gente que está lógica e ideológicamente próxima a ellos. En particular, veo muy destacable la prolija crítica de Manuel Casal Lodeiro (se ve que es mentar el Green New Deal y todo el mundo vierte ríos de tinta o de electrones), de la cual querría entresacar un párrafo que creo que sintetiza muy bien la carencia mayor que yo le veo al libro:

Página 27: "En el mismo campo que ello es verdad que el Green New Deal no nos permitirá apagar el incendio. Pero si mitigarlo, conseguir tiempo, forzar una prórroga. Mucho más de lo que ahora tenemos." El problema, aunque parezca mentira tener que decirlo, es que los incendios no se "mitigan": se apagan o no se apagan. Y ellos no hablan de que sea imposible apagarlo, sino que afirman, simplemente, que su propuesta no permitirá hacerlo. ¿Por qué no buscar, entonces, una que sí lo haga? ¿Por qué quedarnos en la"mitigación" o contención del fuego cuando sabemos que otro tipo de abordaje podría permitir su extinción? Además, como ya he señalado antes, ni siquiera explican (ni aquí ni en el resto del libro) cómo se supone que se ganará ese "tiempo" del que tanto hablan, sin abandonar el capitalismo.

Quizá a otras personas les resulte interesante ese libro; a mi, llegado a un punto, simplemente no me aporta nada. Y sin embargo éste es el planteamiento más avanzado que se está haciendo en el mundo político: no en vano el libro lo prologa Íñigo Errejón, líder del nuevo partido de izquierdas Más País. Esto es lo más que podemos esperar de los grandes partidos estatales, aquí en España.

¿Cómo hacer frente al cambio climático? Pues tal y como se nos presenta la cuestión, parece que básicamente hay dos opciones: o se ignora el problema (lo que hacen los negacionistas) o si no tenemos el Green New Deal, es decir, el pactismo con el capitalismo en el que a las malas prácticas de siempre se les da la pátina de "lo verde" para hacerlas políticamente digeribles. ¿Y qué es eso de "lo verde"? Muchas cosas que de verde tienen muy poco: más extracción de materiales, más contaminación, más consumo; y poca reparación ambiental, poca autocrítica y poca contención. Muchos productos presentados como "verdes" se elaboran con procedimientos más contaminantes que sus contrapartidas convencionales. Y no casualmente, mucho más caras.

Al ciudadano de a pie, a fuerza de repetirle los mensajes durante años, y por la mera observación directa de la realidad, ya le ha quedado claro que el mundo está cambiando. El tiempo está loco, las estaciones ya no son lo que eran, los eventos extremos parecen multiplicarse con el paso de los años... También ha llegado a la mayoría de la población el mensaje de que es la actividad humana, sobre todo la industrial, la que está provocando estas graves alteraciones. Los poderes políticos han ignorado mayoritariamente los problemas ambientales durante décadas, especialmente cuando se trataba de algunos bien localizados e identificados (¿cuántas poblaciones no han sufrido en sus carnes los efectos de la contaminación persistente del aire y del agua por parte de fábricas cercanas o de centrales térmicas?). Y sin embargo ahora, por fin, se dice que hay que hacer algo, y más incluso: se dice que hay que emprender una Transición Ecológica. Un cambio completo de la manera de producir y de consumir. Ser menos contaminante, más verde, reciclar más y mejor. Con todo eso el ciudadano común puede estar más o menos de acuerdo. Sin embargo, cuando se han empezado a tomar medidas en la práctica para implementar esa transición, lo que los ciudadanos han visto es que van a salir caras. Muy caras. Y que previsiblemente el coste no se va a repartir de manera justa. No en vano, en los documentos que hablan tanto de Transición Ecológica de manera genérica, como los que hablan de Green New Deal como plan más concreto, se suele poner el acento en que la transición ha de ser "socialmente justa". Obviamente, si se insiste en esto es porque ya se ve venir que no va ser socialmente justa, en absoluto.

La casa está en llamas, sí. Pero si miramos al suelo veremos un reguero de pólvora ardiendo. Un reguero de fuego que viene de Brasil.

A finales de este año, como cada año desde hace un cuarto de siglo, se celebrará la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Clima. La cumbre de este año, la COP25, debía haberse celebrado en Brasil, pero en octubre de 2018 Jair Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales y en noviembre Brasil retiró su oferta de albergar la COP25. Alegó dificultades presupuestarias y otros problemas organizativos, pero a nadie se le ocultaba que Bolsonaro, negacionista convencido, no tenía el más mínimo interés en que precisamente la Cumbre Mundial sobre el Clima tuviera lugar en su país. Después de eso, los terribles incendios de la Amazonia este verano y en general el desprecio de su presidente a cualquier cosa que le suene a ecologismo han llevado a que Brasil no sea considerado un país fiable en cuestiones ambientales.

Y, sin embargo, dejando al margen los múltiples aspectos deleznables de la persona de Bolsonaro, Brasil ha seguido una evolución bastante lógica. Es un país muy poblado, con casi 210 millones de habitantes y con todavía altas tasas de desigualdad. La rápida subida de la producción de petróleo durante las últimas décadas hacían augurar un futuro brillante para Brasil, pero la producción tocó techo en 2017, sin haber conseguido cubrir el 100% del consumo doméstico.



Todos los escándalos de corrupción de los últimos años en Brasil tienen que ver de un modo u otro con PetroBras, la compañía de petróleos estatal. Como en tantos otros países latinoamericanos en su misma situación (México, Venezuela, Ecuador, Argentina, ...), en vez de aceptar que el país seguramente ya había rebasado su peak oil, los dedos acusadores apuntaban a que la caída de producción era debida la mala gestión (mala gestión que seguro que había, pero que también estaba ahí mientras la producción subía). Al llegar Bolsonaro al poder se producen cambios drásticos y se aprietan las tuercas en PetroBras. En mayo de este año se consigue romper el techo histórico y que Brasil produjese más de 2,7 millones de barriles diarios, para después caer estrepitosamente en junio, para luego recuperarse en julio y luego volver a caer...



En enero de 2020 podremos hacer el balance anual de 2019 y ver si la táctica de Bolsonaro ha tenido éxito, pero todo apunta a que la  producción media en 2019 podría ser del estilo o incluso inferior a la del 2018.

Como ven, Brasil está luchando para intentar mantener su producción de petróleo, para superar lo que parece el momento histórico de toda la región: la llegada de Latinoamérica en su conjunto a su peak oil regional. Bolsonaro se debe a esas clases medias, descontentas con la gestión del anterior ejecutivo, y que quieren que las lleve a la riqueza y al bienestar. ¿Creen Vds. que puede entretenerse con minucias como el clima del planeta? Si lo hiciera, además, sería hombre muerto desde el punto de vista político.

La casa está en llamas, y el reguero de pólvora ardiente nos lleva a un país cercano, Chile.

Al desistir Brasil, fue Chile la encargada de asumir la COP25. Con poco más de 17 millones de habitantes, Chile es un país bastante menos poblado e industrialmente más diversificado que Brasil. Hace un par de años tuve ocasión de pasar unos días en Chile, y durante mi breve estancia pude comprobar una cosa: para los estándares europeos de los que yo provengo, Chile es un país que profesa una gran fe en el liberalismo económico como mejor sistema para regirse socialmente. Se pretende que la intervención del estado sea mínima, y que los individuos, con su propia capacidad y trabajo, tracen su propio futuro, con las mínimas interferencias externas. Pero Chile tiene una excesiva dependencia en las exportaciones de su mineral más preciado, el cobre. A Chile le ha cogido con el paso cambiado la caída de la demanda mundial de cobre por un lado (fruto de la debilidad económica mundial) y por otro el brutal incremento de los costes de extracción del cobre (síntoma inequívoco del agotamiento de las minas y de la llegada al peak copper). Como resultado, la otrora altamente rentable industria del cobre ha reducido drásticamente sus beneficios, impactando la economía nacional. El continuado deterioro de las condiciones de vida de la mayoría ha provocado que un hecho banal como fue la subida de las tarifas del metro en Santiago de Chile haya degenerado en una revuelta de alcance nacional, que el Gobierno de Chile ha reprimido con dureza sin ser capaz de sofocar.  En estos días,  el presidente Sebastián Piñera se juega su futuro político, lo que le ha llevado a medidas desesperadas, como la de solicitar la dimisión de todo su Gobierno. Y en este contexto el propio Piñera decidió hace unos días cancelar la organización chilena de la COP25. Y de nuevo, es lógico: ¿creen Vds. que los chilenos verían con agrado que se les hable de esa futurible y quimérica economía verde a la que tenemos que transitar para "salvar el planeta", cuando tienen dificultades para llegar a finales de mes?

La casa está en llamas, y el reguero ardiente nos conduce ahora hasta España.

Ante el anuncio de Sebastián Piñera de que Chile no podría organizar la COP25, España se ofreció a hacerse cargo con un plazo muy breve de tiempo antes de que empiece la cumbre (poco más de un mes).

Con 46 millones de habitantes, España es un país con un perfil muy diferente a Brasil y a Chile. No es un gran exportador de materias primas, al contrario: es un gran importador de las mismas. Su principal manufactura son los coches, aunque su principal actividad económica se encuentra en los servicios, destacando el turismo como principal motor económico del país. Un país así, con gran cantidad de palacios de congresos y amplia experiencia en la organización de eventos, está más que preparado para hacerse cargo de la organización de un evento tan importante y en un plazo tan perentorio. Así que nadie ha cuestionado que España asuma la cumbre, y así será.

¿Es España el mejor país para acoger el COP25? En principio es un país con una paz social envidiable y un alto nivel de vida, así que todo indica que sí. Claro que si miramos un poco por debajo de la superficie, empezamos a ver muchos signos bastante preocupantes. Por un lado, tenemos la situación catalana, no tan desmadrada como hace un par de semanas pero aún lejos de estar controlada. Probablemente, para una buena parte de la opinión pública española el problema catalán solo tiene que ver con el seguidismo etnicisma, narcisista y borreguil de una gran masa manipulada por unos desaprensivos, aunque unos pocos pensamos que en realidad la deriva secesionista catalana tiene mucho que ver con la forma particular que tomará el colapso en España. Pero por el otro, hay muchos síntomas de que el español de a pie está bastante harto de ser el que paga todas las fiestas. Las crecientes restricciones a la movilidad privada, prohibiendo con carácter prácticamente inmediato el uso de coches "viejos" en Barcelona y pronto en otras ciudades, y que seguramente se acabará extendiendo a todas las carreteras, implica un gravamen extra sobre las deterioradas economías de muchas familias, máxime cuando en breve los coches se van a encarecer ostensiblemente. Numerosos colectivos, desde taxistas hasta estudiantes, pasando por jubilados, están en pie de guerra, con frecuentes manifestaciones. El futuro se ve incierto, y el panorama político no lo simplifica. Al ser los partidos políticos españoles incapaces de llegar a un acuerdo para gobernar, los españoles nos encaminamos a una repetición de elecciones generales el próximo 10 de noviembre. Para ocultar su mediocridad y la falta de ideas, tanto para proponer un acuerdo viable entre los partidos que se repartirán la representación parlamentaria como ante la crisis que todo el mundo reconoce que está al caer, los partidos políticos se han llenado la boca de... Cataluña, Cataluña y Cataluña, sin que nadie proponga nada útil para salir del atolladero catalán (tampoco los partidos catalanes que se presentan para el congreso español). En este contexto, el partido que mejor está capitalizando el descontento y el malhumor es Vox, formación esencialista para la cual lo español tiene una cualidad transcendente más importante que la democracia. Vox forma parte de eso que yo denominaba "la reacción", movimientos de nuevo cuño que intentan oponerse a la falacia del progreso por la vía quizá más radical pero no exenta de cierta razón. Por eso mismo no es de extrañar que Vox sea furibundamente negacionista del Cambio Climático, ya que intuyen la carga económica que se quiere endosar a la clase media, envuelta en el papel de celofán de la Transición Ecológica o del Green New Deal.

Ahora imaginen que tras las elecciones del 10 de noviembre los votantes le dieran la mayoría a las tres formaciones de derecha, PP, Ciudadanos y Vox, y que éstas pudieran formar gobierno. ¿Se imaginan a este gobierno, con negacionistas acérrimos en él, organizando la Cumbre Mundial del Clima?

Afortunadamente no es posible que se produzca tan forzada situación, ya que los plazos para constitución del Parlamento e investidura del nuevo Gobierno son un poco más dilatados que el tiempo que le resta al actual Gobierno en funciones, pero el mero planteamiento de esta posibilidad nos muestra cuán frágiles son nuestras seguridades. E incluso si el tripartito de derechas no gana las elecciones, lo más probable es que será dificilísimo que se consiga formar un Gobierno estable. En este contexto, y con una crisis económica en ciernes, ¿cree alguien que España tomará medidas eficaces contra el Cambio Climático? ¿Medidas que realmente lo combatan y al tiempo no depauperen a las clases trabajadoras?

La casa está en llamas, y el reguero ardiente continúa corriendo, perdiéndose en el infinito.

¿Qué otro país podría, mejor que España, hacer bandera de la lucha socialmente justa e inclusiva contra el Cambio Climático?

No será Francia, con sus chalecos amarillos que saltaron inicialmente a las calles para protestar por la subida del precio del diésel. Está claro que a esos trabajadores no les importa contaminar más o menos, sino simplemente ganarse la vida.

No será el Reino Unido del Brexit, con su larvado racismo, contra el inmigrante, contra el otro, contra ese ser irreal que en su imaginario les roba el trabajo, ese trabajo que les cuesta tanto de conseguir y que cada vez se paga peor. Hagamos el Reino Unido grande otra vez, aunque sea a costa de hacerlo moralmente pequeño.

No será Italia, donde más gente de la que nos gustaría aplaude a un ministro que deja intencionalmente que personas se ahoguen en el mar; Italia está llena, Italia para los Italianos.

No será, me temo, ningún otro país de Europa, todos ellos apremiados por mil urgencias, en muchos de ellos con movimientos reaccionarios subiendo, si no están ya en el Gobierno.

Tampoco será EE.UU., por razones obvias. Ni Canadá, con su Primer Ministro que cínicamente apuesta por producir los combustibles más sucios del planeta.

No será Latinoamérica, donde ningún país se libra actualmente de las tenazas cada vez más cerradas de la crisis que aquí se describe como futura y allá es bien presente.

No será China, fábrica sucísima del mundo. No será Japón, agobiado desde hace más de 20 años por volver a la senda del crecimiento. Ni ningún otro país de Asia.

No sera Australia, gran productor, y a mucha honra, de carbón. Ni la Indonesia completamente volcada en la destrucción de bosques tropicales para cultivar palma. Ni el resto de Oceanía, por acción o por omisión.

No será Níger, Nigeria, Sudán del Sur, Argelia, Libia o Egipto, cada uno sufriendo una fase diferente de la maldición de los recursos. Ni será el resto de la sufrida África.

Solo nos queda la Antártida. Pero tampoco será allí.

La casa está en llamas, pero si miramos bien, está recorrida por infinidad de regueros en llamas. Y lo que se quema en ellos, en realidad, no es pólvora, sino personas. Personas que se queman, que malviven y sufren para mantener un sistema disfuncional que les está abrasando, simplemente porque no conocen ningún otro, porque no se les muestra ningún otro, solo variantes del mismo en las que lo único que puedes escoger es arder a la llama o a la brasa.

La casa está en llamas, sí. Pero si queremos apagar ese incendio, lo primero que tendríamos que hacer es apagar esos regueros de personas que arden, que son el combustible que mantiene vivas esas llamas que queman la casa.


Salu2.
AMT

martes, 11 de julio de 2017

El declive de las energías fósiles en Latinoamérica y Caribe

Queridos lectores,

Una vez más, Demián Morassi, Erasmo Calzadilla y Aníbal Hernández ha preparado un análisis bastante detallado sobre la evolución de la crisis energética, bastante útil para tomar una perspectiva diferente y no eurocéntrica del significado de la misma (y ojalá para aprender algo).

Les dejo con los tres expertos.

Salu2,
AMT


Imagen posteo Latinoaméricat.jpgDespacito, vamos cayendo suavecito.

El declive de las energías fósiles en Latinoamérica y Caribe

Por Erasmo Calzadilla, Aníbal Hernández y Demián Morassi.


Por tercer año traemos nuestras observaciones sobre la energía en Latinoamérica y el Caribe aprovechando la salida del nuevo BP Statistical Review of World Energy [1].
Desde 2015 descubrimos y presentamos a nuestros lectores un problema al cual suponemos potencialmente catastrófico: “La región está abocada a una crisis energética. En poco tiempo llegaremos al pico del consumo; evento que estará asociado al agravamiento irreversible de la situación social” (TOC 2015).
Hasta 2014 la situación era bastante estable, el crecimiento económico de la región aún no se había visto trastocado, sin embargo, a partir del siguiente gráfico, nos animamos a hacer un pronóstico:
1cP2YK1VdeafZ0uPbWNPLXUcAzwfA_jIb8aMKGTZBCVjItyn0H_B6hYfxhVYca3GEpU3wrP2TB4uVkDvjfLEWmqpDWZ8z4Auhb3rm0x_q5D48bCpcU8Az_e3o26Xn-o-cSeWJk0
"(...) en muy poco tiempo el consumo de energía superará la producción o, para ser más exactos, el consumo tenderá a ajustarse a la producción declinante y arrastrará consigo a la economía." (TOC 2015)
Y, como temíamos, la estabilidad de la región se empezó a quebrantar. El año pasado comenzamos a verificar cómo llegaba el pico energético en la región (TOC 2016), no sólo de la producción (habían caído la de gas, petróleo y carbón) sino del consumo (los indicadores totales para 2014 y 2015 eran casi idénticos). Esa línea ascendente del consumo podría estar preparándose para su primer declive desde la crisis global de 2008. 
Los problemas políticos de Brasil y de Venezuela eran, al correr 2015, como el plástico: derivados del petróleo. En la economía más grande de la región la corrupción en Petrobras desencadenó un efecto dominó que aún no deja de voltear fichas. En la nueva etapa venezolana post Chávez, la caída del precio del petróleo demostró que un país atado a la exportación de un sólo commodity tiene menos resiliencia que karateka frente al ISIS. La crisis brasileña también golpeó a los países vecinos y la venezolana afectó a los países de Petrocaribe, que han visto reducido drásticamente el flujo de petróleo desde Caracas. Mientras tanto en México, con la caída del precio (tanto del petróleo como del gas y el carbón), la desinversión lleva a que luego de un declive petrolero de una década se preparen para el fin del monopolio de Pemex, en búsqueda de inversores extranjeros. 
La energía de la región recién ahora está mostrándonos a la cara el problema que habíamos especulado desde el lápiz y el papel. 
Si bien Latinoamérica y Caribe no se mueven como un bloque y algunos países están más ligados a EEUU que a cualquiera del resto de nuestros países, esperamos sirva para conectar las necesidades y problemas, ya que a la hora de analizar diversos asuntos de integración en la región, la energía muchas veces permanece en la sombra.

En el trabajo de este año hemos actualizado los datos para entender qué ha sucedido desde entonces; si se han cumplido nuestros pronósticos o nos equivocamos. Vamos a analizar por separado las diferentes fuentes de energía y la situación de los principales productores. Nuestra lectura puede apenas dar un pantallazo del informe, dejando de lado elementos importantes como la capacidad de refinería o el intercambio de esos productos elaborados.
En la siguiente gráfica podemos observar el porcentaje de consumo de cada combustible al terminar 2016.
2017 Gráfico 0 MIX de energía Lat.png

PETRÓLEO
Hace dos años la producción de petróleo en la región decaía de una manera suave, mientras que el consumo crecía como en sus buenos tiempos. La lógica llevaba a pensar que, por la incapacidad de frenar la caída de la producción, antes del 2020 y probablemente en el entorno del 2017, el consumo de petróleo en Latinoamérica y el Caribe comenzaría a descender, con el arrastre de consecuencias económicas y sociales. Finalmente, y luego de una meseta, nuestras predicciones comienzan a cumplirse. Analicemos por partes, pasito a pasito.
Producción de petróleo
2017 Gráfico 2 Petróleo producción.png

La disminución en la producción de petróleo es multifactorial y sería muy difícil deslindar cuánto de ella corresponde a la falta de inversión por la ralentización de la economía mundial y cuánto tiene un origen más propiamente geológico, a raíz del declive de los pozos más generosos, variables estrechamente vinculadas porque la crisis lleva a desinversión y disminución de la producción y esto a su vez a más crisis. Pero el estudio particular de lo que sucede con la extracción en cada uno de los principales productores nos permite asegurar que el aspecto geológico y la disminución de la tasa de retorno energético son fundamentales. El máximo ejemplo es la caída de la producción del Complejo Cantarell en México (el campo más grande del continente), cuyo pico en 2004, marcó el pico de producción en México y su rápida caída arrastró a que los aumentos de toda Latinoamérica nunca vuelvan a los niveles de 2006, hoy Cantarell necesita miles de millones de dólares de inversión para frenar la caída [2].

2017 Gráfico 2 Petróleo prod x países.png

De los cinco principales productores de la región el único que crece es Brasil y no alcanza a compensar las caídas del resto. A las ya tradicionales caídas de México, Venezuela y Argentina, que rondan en algunos casos los diez años (anterior a la asunción de Chávez en el caso de la patria bolivariana), se sumó Colombia. Este país sale de su meseta ondulante y empieza una segunda etapa de declive. En Venezuela y Argentina se mezclan, como hemos dicho antes, factores geológicos, económicos y sociales, pero el resultado final es el mismo: caídas más o menos lentas son parcialmente compensadas por el crecimiento de Brasil, que pasa a convertirse en el mayor productor de la región.

Consumo de petróleo
La región no tiene políticas ambientales que orienten a una descarbonización de la economía. Se puede ver en el vertiginoso aumento en el consumo de petróleo en la primer década y así entender que la incipiente caída actual tiene una relación directa con los límites y no con un proyecto ecosocial. Dos importantes países están pasando de ser exportadores netos a importadores (Argentina y México): el costo de no tener más crudo económicamente rentable, en el primer caso, o la incapacidad de aumentar la capacidad de refinería para la demanda interna en el segundo, obligan no sólo a dejar de ganar dinero sino a empezar a perderlo. La posibilidad de aumentar la importación dependerá de las políticas económicas pero lo seguro es que, como región, nunca podremos usar ni siquiera todo el petróleo que sacamos teniendo de vecino a la gran potencia devoradora de oro negro, Estados Unidos, que seguramente cree más viable hacerse con el petróleo de Venezuela, o cualquier otro país de la región antes que agotar el propio, sumado al aumento de la demanda de China e India que ya representan más de un tercio de nuestras exportaciones. Una vez revisado el cuadro de abajo, entenderemos que las posibilidades de seguir desarrollando nuestra industria y el comercio se van a ver frustradas y por ende la economía regional también. De hecho, ya la economía está decreciendo, en 2016 el PIB para América Latina y el Caribe cayó 1% [3]
Una solución momentánea pero inútil a largo plazo es desplazar la carga hacia el consumidor: México arrancó este año con un gasolinazo (aumentos del 15 al 20%) que condujo a protestas, disturbios y hasta saqueos con al menos seis muertos y más de mil detenidos.
También Venezuela puso fin al irrisorio precio de centésimas de centavo de dólar a la gasolina, y  aunque sigue teniendo el costo más bajo del mundo, en la frontera con Colombia ya vale alrededor de 0,40 dólares el litro [4], esto junto a un inflación galopante, que es otra manera de pasarle la cuenta a la gente que, como en México, también han recibido palo y bala por manifestarse.

2017 Gráfico 1 Petróleo consumo.png

PRODUCCIÓN DE GAS
La producción de gas es dependiente de los gastos en exploración y perforación de las mismas empresas petroleras (sean estatales o privadas). Si éstas tienen que dedicar sus ingresos declinantes (por los precios internacionales o el declive de sus pozos) a pagar deudas, recomprar acciones o indemnizar trabajadores poco quedará para invertir salvo en las zonas muy seguras. El resultado de tan malas noticias es apreciable en la siguiente gráfica.
2017 Gráfico 4 gas producción.png

En Argentina el shale gas empezó a rendir luego de la gran apuesta que se hizo en Vaca Muerta pudiendo frenar la caída del gas; que aún es inferior a la demanda. Ahora bien, con el fin de atraer nuevas inversiones el neoliberalismo, recargado con Macri a la cabeza, optó por una opción previsible: quitar el subsidio (exagerado en muchos casos) a las tarifas de gas y electricidad.
Sin embargo, la quita fue tan brusca, a niveles impagables para muchos, que generó un gran conflicto donde la justicia obligó al gobierno a dar marcha atrás con la liberación de las tarifas para hacerlo paulatinamente. El problema es que en ese largo lapso hubo un frenazo económico con quiebras y cierres de cientos de PyMEs. 
En Trinidad y Tobago, el gran productor de gas del Caribe, la ecuación fue al revés, se han quitado los subsidios a la gasolina para, indirectamente, promover el uso de GNC (Gas Natural Comprimido) para el transporte. Pero tanto en estos casos como en México con el gasolinazo, el declive energético va en detrimento de lo bueno que queda del Estado de bienestar.  
2017 Gráfico 5 gas consumo.png

En el resto de países la extracción de gas siguió por los mismos caminos que la del petróleo: pocas perforaciones desde 2015, poca producción en 2016. Qué esperanzas habrá para 2017 si ya en 2016 el promedio de las plataformas de perforación activas (198) fueron menos de la mitad de las de 2014 (397) [5].

PRODUCCIÓN y CONSUMO DE CARBÓN
Si bien la producción de carbón tiene un papel secundario en el mix energético de la región (5% del total), su consumo está en descenso a pesar que la producción colombiana de esta sucia fuente de energía haya aumentado. Habrá que ver si se hacen efectivas las intenciones de Trump de incentivar el consumo en EE.UU., nuestro principal comprador, y esto promueve una nueva ronda de inversiones. En cuanto al consumo, la caída (-4,1 MTEP) tiene bastante relación con el aumento de las energías eólica, solar y geo-biomasa (+4,5 MTEP).

2017 Gráfico 6 carbón prod.png
2017 Gráfico 7 Carbón consumo.png

RENOVABLES
Las energías renovables siguen representando una esperanza para muchos. Los aumentos interanuales en capacidad instalada de energía eólica son impresionantes, especialmente en Chile (56,3%), Uruguay (43,2% aunque más sostenida en el tiempo) y Brasil (23,1%), pero acá hay que seguir teniendo en cuenta que en nuestro mix energético la electricidad está lejos de ser la principal demanda: petróleo para el transporte y, en menor medida, gas para calefacción se mantienen como poco reemplazables. 
Por otro lado, el abaratamiento de los insumos para molinos eólicos y el interés de empresas extranjeras puede mantenerse hasta un punto que es el del debilitamiento de la demanda. Habrá que ver si el decrecimiento económico de la región es sólo un mal trago para el capitalismo o si, como nosotros suponemos, será la norma en los próximos años. Por otro lado, el calentamiento global de este siglo retrae los glaciares que alimentan los ríos para las represas hidroeléctricas y aún éstas siguen siendo la principal y más económica manera de generar electricidad. Si en la gráfica que sigue no se distingue la energía solar quizás sea porque es apenas un décimo de la energía eólica (amplíe y la verá).
2017 Gráfico 8 renovables consumo.png

EL FUTURO
Como habíamos previsto hace dos años, el consumo energético de ALyC no puede seguir creciendo, y ya ha comenzado a caer. Todas las fuentes decrecen excepto las “otras renovables”, pero su aporte al mix total es mínimo.
2017 Gráfico 9 TOTAL ENERGÍA consumo.png
Energía prod vs consumo.png
Existe una bien estudiada correlación directa entre el consumo de energía y el PIB total. Se puede comparar el gráfico de la CEPAL [6] para Latinoamérica y el Caribe con la línea que describe nuestro gráfico de consumo energético total.
PBI CEPAL.png
Por otro lado sabemos bien que la biocapacidad del planeta está sobrepasada; si todos consumieran como los habitantes de Latinoamérica y el Caribe se necesitan 1,6 planetas para sostener a la población mundial [7]. La ecuación no está cerrando. 
Podríamos estar contentos porque ya en 2016 las emisiones de CO2 de nuestra región son inferiores a las de los tres años precedentes [8], pero la causa de este suceso es otro problema casi más grave. Abogamos por un decrecimiento energético consciente y en lo posible programado, no uno que nos tome desprevenidos y genere grandes sumas de sufrimiento humano. Brasil, Argentina o Venezuela son ejemplos de cómo no deberíamos estar manejando el declive de los fósiles si queremos minimizar el caos y la injusticia social. Los gobiernos y la prensa no están cumpliendo con su papel, corresponde a la sociedad civil y a los activistas conscientes tomar medidas preventivas y hacer presión en el campo político e intelectual.
Muchas comunidades de América viven dignamente con una huella ecológica relativamente baja. Creemos que más cerca de la tierra que de las grandes urbes está la posibilidad de alcanzar un aceptable nivel de desarrollo humano con un decreciente consumo de energía. Cuba lo ha conseguido, no por deseo de su gobierno o la población: los anhelos de desarrollo se han topado con la incapacidad de resolver la ecuación entre un sistema de gobierno autónomo con alto nivel de desarrollo humano (aunque políticamente enajenante) en una economía globalizada que fuerza al neoliberalismo y, en caso contrario, detiene los flujos energéticos y las posibilidades de desarrollo económico. En la otra dirección la cultura de consumo con su propagación en los medios genera un grado de empatía que aún seduce mucho más que el buen vivir andino. Superar el neoliberalismo es aún una tarea titánica y los tantos caminos contrarios se enfrentan no sólo barreras económicas sino también la omisión del Estado, la corrupción o las armas. 
Por nuestra parte seguiremos gastando energía en procesar estos datos y proponer salidas.

Nota: todos los gráficos son elaboración propia a partir de datos de BP Statistical Review of World Energy 2017 [8]. Por petróleo BP refiere a: crudo convencional, extrapesado, shale y GNL (Gas Natural Licuado, cuando los líquidos del gas natural son recuperados de forma separada)