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viernes, 3 de mayo de 2019

Repartiendo el peak oil



Queridos lectores:

Vuelvo al trabajo de divulgación de este blog después de una semanas de receso (motivadas por acumulación de trabajo, motivos personales y, por qué no decirlo, vacaciones), con la esperanza de poder retomar el ritmo de publicación más o menos habitual. El post de esta semana será, sin embargo, algo menos analítico que los que suelo escribir, en buena medida por esa falta de tiempo a la que antes aludía.

Hace unos pocos días, un importante representante de la industria hizo una afirmación bastante curiosa. Se estaba hablando sobre el futuro de la producción y suministro de gas natural en los EE.UU., y él, comentando sobre las dudas y reparos que generaba esta cuestión, dijo: "Estas dudas parecen propias de cuando creíamos en el peak gas". Afirmación curiosa por varios motivos. Primero, porque plantea que el pico del gas es una materia de opinión o, peor aún, de creencia, cuando en realidad la única cosa que es cuestionable es la fijación de la fecha precisa en la cual se producirá esa efemérides. Otra cuestión que plantea esa afirmación es que en última instancia está presuponiendo que la cantidad de gas disponible para su uso industrial en la Tierra es virtualmente infinito, cuando eso es una aberración lógica que además sería indeseable por el problema ambiental que se generaría. Pero en realidad lo que es interesante de esta afirmación es el esfuerzo que se está haciendo en Occidente en negar una realidad que no es ya inminente, sino que ya estamos inmersos en ella.

Podría decirse que la afirmación de que el gas natural es virtualmente infinito (algo completamente absurdo) está motivada por la necesidad. La necesidad es la que plantea la ya indisimulable llegada al peak oil, o máximo de producción de petróleo. Para entender mejor dónde estamos, conviene aquí hacer un pequeño repaso de cómo han evolucionado las previsiones sobre la producción de petróleo que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) - la cual, recordemos, siempre ha intentado ser muy optimista en sus proyecciones de futuro - ha formulado durante los últimos años.

En 2010 la AIE reconocía por primera vez que la producción de petróleo crudo había tocado techo hacia 2005-2006. De acuerdo con la previsión de aquel año, se esperaba que la producción de petróleo crudo se mantuviera estable, constante alrededor de los 70 millones de barriles diarios (Mb/d), hasta 2035 y que por tanto el crecimiento de la producción de petróleo en los años ulteriores al 2010 dependía de la capacidad de producir otros hidrocarburos líquidos alternativos, lo que habitualmente se conoce como "petróleos no convencionales".



En 2012 la AIE reconocía (con bastante discreción, eso sí) que la producción de petróleo crudo ya estaba bajando lentamente, asumiendo que para 2035 la producción de petróleo crudo sería 5 Mb menor que en 2005 (una caída de solo el 7%). Evitar el peak oil de todos los líquidos del petróleo quedaba por tanto fiado a la evolución de los hidrocarburos no convencionales.



En 2013 la AIE, en vista de los anuncios de la industria sobre la reducción de su inversión en la exploración y desarrollo de nuevos yacimientos petrolíferos, mostraba una gráfica tremebunda, en la cual se observaba una caída muy rápida de la producción de todos los líquidos del petróleo si no llegaba una inversión suficiente a tiempo. Aún no era la previsión central de la AIE, simplemente un toque de atención: todo un aviso a navegantes que sin embargo no hizo cambiar los planes de desinversión por parte la industria, la cual obviamente no quería inmolarse por un bien común mayor.

En 2016, por primera vez la AIE muestra una previsión en la que se ve decrecer la producción de todos los líquidos del petróleo. Para no hacer la cosa aún más alarmante la gráfica no muestra la previsión para los siguientes 25 años (que es el horizonte temporal que usa la AIE en sus previsiones) sino que lo dejaba en 9 años escasos, hasta 2025. Con todo, la gráfica era muy significativa.




Y en 2018 la AIE parece arrojar definitivamente la toalla. De entrada, preve que de aquí a 2025 la producción de todos los líquidos del petróleo sea hasta un 34% inferior a la demanda esperada para aquel año, guarismo que se podría reducir a un aún grave 14% si EE.UU. pudiera multiplicar su producción de petróleo de fracking por 3 y se produjeran algunas otras mejores inverosímiles en el resto del mundo. En este contexto, la AIE alerta que una sucesión de picos de precios de aquí a 2025 es inevitable.


En el mismo informe de 2018 se muestra una gráfica, ésta sí sobre el horizonte de 25 años, que enseña como evolucionaría la producción de petróleo si no se recupera la inversión. Creo que la gráfica se comenta sola.


Por tanto, hay una cosa que debe de quedar clara: la discusión ya no es cuándo se va a producir el peak oil. La fecha exacta puede todavía variar en algunos meses, pero de manera práctica ya se ha producido. Es algo que ya está aquí. Seguir discutiendo cuándo se va a producir es contraproducente. No solo eso: es una distracción. Una distracción que a algunos interesa, pero que en realidad no sirve a nadie. Porque en este momento la cuestión no es cuándo va a comenzar a bajar la producción de petróleo, sino cómo se va a repartir ese descenso de producción. O, dicho de otro modo, quienes tendrán que asumir una mayor reducción de su disponibilidad de petróleo mientras que otros mantienen la suya intacta o incluso crece.

El reparto del peak oil no solo no es una cuestión accesoria, sino que de hecho va a ser lo más importante en la discusión. Los medios de comunicación están transmitiendo y continuarán haciéndolo una imagen confusa de la realidad, lo cual no solo es lo más conveniente para los grandes poderes económicos, sino que por desgracia  acomoda bien con los intereses de las clases medias de Occidente, que van a preferir creer que no pasa nada hasta que la debacle petrolera les llegue de pleno. Como tantas veces me he encontrado, mucha gente en España asume que el problema del peak oil ni es tan importante ni es tan urgente porque simplemente no les está afectando a ellos, a pesar de que, como digo, no es algo que esperemos sino que ya ha pasado.

El reparto del peak oil se está haciendo, y se va a hacer, en dos frentes: uno externo y otro interno. O si lo prefieren, uno entre países y otro dentro de cada país.

Lo que le corresponde a cada país en el reparto internacional es bastante diferente, pero en absoluto tiene nada que ver con la suerte o la mala gestión, que son las excusas que se suelen utilizar para explicar por qué pasa lo que pasa. Analicemos primero la cuestión de los países productores de petróleo.

Hay países que esencialmente se consideran agotados y prescindibles. Es el caso de Yemen que, de ser productor significativo de petróleo, ha pasado a ser abandonado, cuando no llevado al exterminio. No es ninguna coincidencia: la caída de producción en Yemen fue muy abrupta por razones geológicas (petróleo somero y de fácil acceso, lo cual permitió llegar a altos niveles de producción pero que también llevó a una caída rápida de la producción una vez superado su peak oil). Yemen ya solo podría servir como consumidor y como consumidor no interesaba. Éste es también un destino cercano y  probable de Sudán y de Sudán del Sur, que explicaría los movimientos que actualmente tienen lugar en ambos países. Éste sería también, con el tiempo, el destino probable de Argelia o de Nigeria.

Hay otros países productores de petróleo que muestran graves síntomas de agotamiento, pero que por diversas razones no conviene o no se pueden hundir en guerras de exterminio. Es el caso de Venezuela o de México. En el caso de Venezuela, la estrepitosa caída de la producción de petróleo (que de ser más de 2,5 Mb/d a principios de siglo se encuentra ya por debajo de 1,3 Mb/d actualmente) está llevando a una gravísima crisis económica, crisis que se agudiza por el hecho de que la mayoría del petróleo que actualmente producen procede de los petróleos extrapesados de la Franja del Orinoco (petróleo de bajísima calidad y con escaso rendimiento energético y económico). Aún así, las inmensas reservas venezolanas de ese mal subproducto del petróleo y la cercanía geográfica parecen seguramente tentadoras a los EE.UU., que necesita petróleo pesado para combinar con su petróleo extremadamente ligero proveniente del fracking. Así pues, en vez de dejar a Venezuela sumirse en el inevitable caos de su bancarrota petrolífera, hay un cierto interés internacional, y particularmente de los EE.UU., en meter las narices en los asuntos venezolanos. Una situación diferente es la de México: con una producción petrolífera también en caída libre desde hace más de una década (sobre todo por la agonía del campo supergigante de Cantarell), pero que por su proximidad a los EE.UU. no interesa que se suma en el caos en el que están los países del primer grupo (so pena de desencadenar un flujo migratorio hacia el norte muchas veces mayor que el actual). El caso de México es interesante, porque las diferentes reformas energéticas (ahora en signo contrario con la llegada de un nuevo presidente de mayor sensibilidad hacia los temas sociales) están evidentemente fracasando en su objetivo de evitar el inescapable descenso energético, a pesar de que casi nadie dentro de México se dé cuenta de que ésa es la causa principal de sus problemas, más allá de gasolinazos y huachicoleo. Este grupo de países van camino de convertirse en Estados fallidos, donde restos de estructuras de poder mantendrán un cierto orden pero en los que las condiciones de vida de la mayoría van a degradarse (como ya lo están haciendo).

Están también los países que aún exportan o pueden producir cantidades significativas de petróleo. Estos países gozan aún de cierto respeto, pero su futuro en los próximos años es muy incierto, y en general es más probable que acaben como países del primer tipo que como del segundo. Tenemos en este grupo a Libia, donde las recientes ofensivas militares despiertan ahora mayor interés de los medios que toda la guerra civil que se desarrolla desde 2011, quizá porque se ve que Libia aún tiene un gran potencial para producir petróleo de calidad en un momento en que nos comienza a faltar. Tenemos también en este grupo a los países de Oriente Medio en general (con la ostensible excepción de Yemen, comentado arriba), principalmente Irak, Irán y la propia Arabia Saudita. Son países que van a ser respetados durante un tiempo, pero cuyo futuro es más bien negro (y no por el color del petróleo precisamente).

Tenemos, por último, los países productores pero que necesitan importar grandes cantidades de petróleo para mantener su pujante industria. En este grupo se encuentran básicamente los EE.UU. y China, las dos grandes potencias que se van a disputar la hegemonía del mundo, con Rusia (que aún exporta petróleo y tiene su propia potencia industrial y militar) como fiel de balanza.


Recuerden: la disminución de la producción de petróleo de todos estos países poco o nada tiene que ver con la buena o mala gestión que realizan de ella. Es un fenómeno de naturaleza geológica, que se ha verificado en decenas de países en todo el mundo, de todo tipo, y de la que no escapa ni Arabia Saudita. El único país que ha conseguido invertir esa tendencia es EE.UU., y eso a costa de arruinarse económicamente, porque en realidad están explotando un petróleo que no sale ni nunca podrá salir a cuenta. No se dejen engañar por los economistas engolados que salen por la televisión. Aquí quien manda es la ciencia, y la Economía no es una ciencia.
 
Por el lado de los países importadores de petróleo, la clasificación es mucho más simple. Están los países que van a ser arrinconados o lo están ya, y están los países que, por su potencial industrial y militar conseguirán estar algún tiempo más en el candelero. De estos últimos los países de Europa son los mejores representantes. Europa, sin embargo, está condenada a sufrir grandes cambios en las próximas décadas e incluso se arriesga a acabar sojuzgada por un poder superior. Y es que todo aquello que permitió a Europa dominar el mundo en el siglo XIX no solo hace tiempo que se ha desvanecido, sino que en el siglo XXI Europa es probablemente, debido a sus niveles de consumo, un lujo suntuario que el mundo ya no se puede permitir. Cuando más tiempo se tarde en comprender que la actual stravaganza europea no tiene futuro en un mundo agobiado por los límites biofísicos peor le irá a Europa.

Es precisamente en Europa, y en general en Occidente, donde tendrá mayor importancia el frente interno de la repartición del peak oil. Porque la mejor manera de conducir a las masas dócilmente por el camino del descenso inevitable de su consumo es adormecerla con quimeras imposibles y mentiras mientras se va consumando el declive de las clases medias y por ende el de su nivel de consumo. Por eso, se vende la idea absolutamente quimérica e irrealizable de que todo el mundo tendrá un coche eléctrico cuando, al mismo tiempo, se prevé encarecer y mucho los coches en general, las empresas automovilísticas anuncian nuevas rondas de despidos y los gobiernos preparan nuevos impuestos al diésel y demás carburantes (como hace poco ha anunciado el gobierno socialista en España). No se va a explicar que realmente ya falta diésel (primera consecuencia del peak oil) y que no hay planes adecuados de alternativas energéticas porque, simplemente, el saco de los milagros está vacío. En vez de explicarle la verdad a la ciudadanía, se prefiere ir tomando medidas aparentemente no conectadas pero que todas ellas redundan en un descenso del consumo, a veces justificándose en la necesaria lucha contra el cambio climático. Cualquier cosa antes que reconocer que nuestro descenso es inevitable y que sería imprescindible debatir cómo vamos a repartir lo que queda. 
 
Estamos en el umbral de la gran crisis. Una crisis que, los que abordamos los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, llevamos años explicando. Algunas personas que nos han acompañado en estos largos años han comenzado a abandonar o como mínimo cuestionar la causa justo en este momento. Es normal: todos somos humanos, y, al cansancio de mantenerse en esta lucha, se une el lógico y normal deseo de encontrar salidas menos onerosas en lo personal, aunque ese deseo no tenga sustento racional. Dadas las circunstancias, es un momento poco oportuno para la defección, justo cuando los problemas de los que hemos hablado durante tantos años están a punto de mostrarnos su peor cara. Pero, como digo, es algo humano; en realidad, es otra consecuencia del desigual reparto del peak oil. Los que estamos mejor situados en esta sociedad decadente tenemos todos los incentivos para negarnos a creer aquello que puede echar a perder nuestras cómodas vidas. En cambio, quienes se han adentrado sin remedio en la senda del descenso energético, y los jóvenes, a los que ya no se les va a dar ninguna otra opción más que el descenso, comprenden que ésta es la lucha necesaria. A aquéllos que ahora marchan solo me resta decirles que les estaremos esperando aquí, con los brazos abiertos, cuando la realidad y la cordura se impongan.


Salu2.
AMT

miércoles, 11 de julio de 2018

Energía en Latinoamérica: cada vez menos para más personas

Queridos lectores:

Una vez más, Demián Morassi, Erasmo Calzadilla y Aníbal Hernández han elaborado un análisis regional sobre el estado de la energía en Latinoamérica utilizando los datos de la reciente edición del anuario estadístico de BP. Un análisis que muestra como el déficit energético se profundiza en el continente, y que creo que será del máximo interés de los lectores de The Oil Crash, especialmente de los que nos leen al otro lado del Atlántico.


Les dejo con Demián, Erasmo y Aníbal.

Salu2.
AMT



Energía en Latinoamérica: cada vez menos para más personas



PREFACIO
Por cuarto año presentamos nuestra revisión sobre el estado energético en la región*. En los tres anteriores pasamos por los picos de producción y consumo de las principales fuentes de energía y entramos a una meseta del consumo energético total. Este hecho es todo un hito que pone fin a más de 200 años de historia poscolonial, donde en cada década se agregaban nuevas fuentes de energía y modos de mejorar su eficiencia.
Nuestra fuente principal es el BP Statistical Review of World Energy, que si bien no es la única entidad que hace estos balances, es la que proporciona de manera abierta la mayor cantidad de datos para trabajar.

El primer año [1], con los números de 2014 alertábamos acerca de un inminente pico de consumo de petróleo debido a que se estaban encontrando el aumento de consumo con la caída de la producción.

Al siguiente [2], con los números de 2015, nos percatábamos de que nuestro pronóstico era atinado; de hecho, 2014 se ha convertido en el pico de consumo de petróleo en Latinoamérica y El Caribe. Era hora de una nueva pregunta ¿Habremos llegado al pico de consumo energético total?

Los números de 2016 [3] mostraron que se había llegado a una meseta. En ese año subrayamos el declive de la producción de las tres energías fósiles (el petróleo venía cayendo desde 2006, el gas y carbón siguen sin superar el pico de 2014), y lo difícil que sería para las "renovables", aún creciendo vertiginosamente, contrarrestar la caída de las anteriores.

Como nuestros pasos parecen ir en la dirección correcta y cada año que pasa nuestros informes son republicados en más medios de comunicación [4], nos animamos a esta nueva cruzada contra los optimismos económicos cantados por nuestros dirigentes y la totalidad de los medios masivos de comunicación. Y lo hacemos con un análisis más largo de lo habitual dividido en dos partes. La primera es una breve introducción al contexto  político económico en el que se produce el declive energético de la región dividida en tres partes: México y El Caribe, la Zona Sur y la Zona Andina. La segunda parte incluye los datos de producción de todas las fuentes energéticas primarias, tanto fósiles como renovables que son básicamente una actualización de los datos que presentamos cada año.


INTRODUCCIÓN: LATINOAMÉRICA POR ÁREAS


México
Una de los acontecimientos energéticos del 2017 en Latinoamérica y El Caribe fue la clausura oficial del portentoso yacimiento Cantarell. Descubierto en los 70 y explotado hasta el agotamiento ya no hay mucho que hacer con él.
Pero Cantarell no es la excepción sino el mejor ejemplo de lo que viene ocurriendo a lo largo y ancho del país. En 2004 México llegó a producir 3.830 mbd de petróleo; hoy solo extrae del suelo el 58% de dicho volumen. Se trata de una caída muy similar a la que sufre Venezuela. ¿Por qué entonces uno de estos países ya colapsa mientras el otro resiste? Una de los argumentos más fuertes es que para Venezuela los hidrocarburos representan más del 90% de los ingresos por exportaciones, mientras que en México la cifra ronda el 10%.
El cierre oficial de Cantarell fue la razón expuesta por Peña Nieto para un alza en el precio de la gasolina y el diésel entre 14% y 20%, provocando una ola de protestas a nivel nacional. Tanto el gobierno de derecha en México como el supuesto izquierdista de Venezuela se han visto obligados a subir los precios de los combustible. Es que el problema que estamos tratando trasciende los diversos sistemas de organización política.
Muere Cantarell pero nace Zama-1. Desde 2015 México viene subastando bloques petrolíferos offshore a compañías privadas. Dos años después tenemos la primera buena noticia: un consorcio con sede en Texas descubrió un “gran” pozo con un volumen de entre mil y dos mil millones de barriles de crudo ligero (clasificados en la categoría de Reserva). De esta cantidad solo un 22 a 30% puede ser extraído [5].
Partiendo de los datos y estimaciones más abultadas (2 mil millones de volumen inicial, 30% recuperable) una sencilla regla de tres arroja 600 millones de barriles a extraer en toda la vida útil de Zama-1, equivalente a unos 7 días del consumo mundial. Se nos fue el gigante Cantarell, que dio la hora durante tres décadas, y entre bombos y platillos aparece este enano que no le llega a los tobillos [6].



Centroamérica y El Caribe
Con una economía menos dependiente del mermante oro negro, la situación energética de Centroamérica y el Caribe no es tan crítica como la de sus vecinos productores y exportadores.
En el peor caso está la isla caribeña Trinidad Y Tobago, cuyos ingresos por exportación de petróleo y gas representan el 34% del PIB. La producción de hidrocarburos declina de manera lineal y estable desde hace más de 10 años (repuntando levemente en 2017). pero -mundo de locos- el consumo continúa la cuesta arriba como en sus mejores momentos. No por mucho tiempo; a ritmo de caída actual Trinidad Y Tobago dejará de exportar crudo hacia mediados de la próxima década, y de producirlo a principio de los años 30. Lo mismo para el gas.
En 2017 se hicieron algunos descubrimientos de envergadura en la región. Exxon-Mobil encontró un yacimiento de unos 500 millones de barriles de petróleo en la cuenca Guyana-Surinam y BP pinchó un hoyo al que se le calculan nos 57 mil millones de metros cúbicos de gas (menos de seis días del consumo mundial) en las cercanías de Trinidad y Tobago. Desde entonces la exploración ha cobrado intensidad en el área del Caribe. 
El resto de los países caribeños han sufrido un leve recorte en su consumo de petróleo con respecto al 2007 (-1.6%). En el caso especial de Cuba, ahora recurre a la Federación Rusa y países africanos para compensar lo que Venezuela ha dejado de enviar.


Centroamérica y el Caribe tuvieron en 2017 un ascenso relativamente minúsculo, pero porcentualmente importante, en su producción y consumo de energía renovable.


Los andinos del norte
En la zona andina todas las miradas están puestas en Venezuela, donde se desarrolla otro de los escenarios energéticos más relevantes de la región. Este país tiene las reservas más abundantes de petróleo del mundo (aunque las cifras son muy controvertidas) y en 2015 era el principal productor de América Latina. Ahora su producción cae a ritmos del 10% anual y de seguir así pronto dejará de ser un país exportador. Maduro ha conseguido mantenerse en el gobierno ganando elección tras elección, pero lo que no ha conseguido es enderezar una economía en caída libre. En los últimos cuatro años el PIB ha caído más de un 30%, un 9,5% solo en 2017. La inflación no baja del 300% [CEPAL] desde hace dos años (algunos hablan de más de 40.000% en la actualidad [7]) y la empresa más importante del país, PDVSA ha perdido entre 2014 y 2016 el 60% de sus ingresos. Los beneficios de un incremento del precio del petróleo en este último año han permitido compensar la caída en la producción pero no alcanzaron para aprovechar las imponentes reservas de un costos crudo extrapesado que necesita de la cada vez mayor importación de crudo ligero. Durante el segundo semestre de 2017 esa importación se tuvo que suspender por las deudas de PDVSA [8].  
En Colombia, cuarto productor de la región, la producción de petróleo se está estabilizando alrededor de los 850 mbd, muy por debajo de los 1035 mbd de su pico productivo en 2013. Una proporción cada vez mayor es de petróleos pesados y extrapesados. Si bien el consumo se ha mantenido a raya, la caída de la producción ha afectado también a las exportaciones lo cual a su vez ha perjudicado la balanza de pagos y el déficit comercial del país. El estancamiento de la producción de carbón y del gas desde hace ya unos años tampoco ayuda. El presidente recién elegido ha hecho de la exploración y explotación de petróleo uno de los ejes de su campaña, así que extractivismo sin complejos es lo que se puede esperar (a diferencia de lo que habría hecho el candidato derrotado: extractivismo igualmente, pero pintado de verde). Económicamente la tasa de crecimiento del PIB se desacelera cayendo un par de décimas hasta el 1,8% en 2017. 
En Ecuador, el otro miembro latinoamericano de la OPEP, la economía se recuperó de una corta crisis y volvió a crecer alrededor de un 1%. La producción de petróleo superó su segundo pico de producción a finales de 2014, luego se mantuvo relativamente estable pero en 2017 la caída se aceleró y parece que en 2018 continuará.
La economía de Perú se ha resentido en este año con el PIB creciendo menos y una deuda pública que si bien se mantiene baja, aumenta. La producción de combustibles fósiles es reducida en Perú y se mantiene estable desde hace casi un lustro. Sin embargo el consumo energético, especialmente el de gas y petróleo, anda disparado debido a un ciclo de crecimiento económico bastante robusto desde finales de 2015 que puede estarse agotando.


El sur de la región
Brasil se convirtió este año en el principal productor de petróleo de la región gracias a sus yacimientos de aguas profundas, Argentina cuenta con las reservas de Shale gas más suculentas del mundo en relación a su consumo, Uruguay pasó a ser un ejemplo en materia eólica y Chile en solar. Cuando se revisan en detalle cada uno de estos modos de acceder a la energía lo que vemos es que son alternativas mucho más costosas que la simple extracción o compra del crudo convencional, gas o carbón que tenían tan solo una década atrás. Los nuevos valores de la energía obligan a buscar alternativas. 
En el caso de Argentina, la extracción mediante fracking ya cubre el 26% del consumo de gas del país pero con más de un lustro de trabajo las compañías aún no han podido demostrar un balance económico positivo sino que se han mantenido mediante subsidios. En Brasil, durante este mes hemos visto la huelga de patrones de camiones por los aumentos del precio del diésel que terminó con la salida del presidente de Petrobras y otra huelga en Electrobrás por el intento de privatización de Temer. En Paraguay (principal exportador de electricidad) hubo en 2017 grandes manifestaciones contra los tarifazos, y en Argentina se cortó con los subsidios al consumo de gas y electricidad, elevando el precio a cerca del 1297% el gas y 1490% la electricidad en solo dos años [9], lo cuál no solo generó grandes manifestaciones sino que logró reunir a toda la oposición contra el gobierno para retrotraer los aumentos. 
Al igual que en México, en Brasil y Argentina hay una marcada tendencia hacia la privatización de la producción y distribución de la energía, comenzando con la desregulación de los precios (en Argentina se puso fin en 2017 al “barril criollo”, un precio propio que apenas variaba con respecto al mercado internacional).
Los cambios de gobierno se enfocaron en tratar de seducir al gran capital pero están devolviendo a los sectores medios y bajos a los niveles de inseguridad económica de principio de siglo.
Bolivia y Paraguay, las dos economías más chicas, son las de mayor crecimiento en medio de la debacle de los grandes. En el caso de Bolivia hay que tener en cuenta que la producción de gas, su recurso estrella, tocó techo en 2014 y viene en caída permanente.


ESTADÍSTICAS ENERGÉTICAS


Una vez introducido el panorama político-económico general de la región pasamos a revisar los datos totales de producción y consumo de las principales fuentes energéticas partiendo del informe de BP de junio de 2018.


Petróleo, gas, carbón y “renovables”
La principal fuente energética en la región sigue siendo (aunque cada vez un poco menos), el petróleo. 
De los tres gigantes Brasil es el único que no ha llegado al pico. México (campeón hasta 2014) y Venezuela (líder en 2015) están en franca caída. El otro dato a señalar es que la meseta de producción que duró nueve años con valores entre 10,8 y 10,2 millones de barriles diarios (mb/d) se rompió definitivamente en 2016, perdiendo medio millón de barriles ese año y otro tanto el siguiente para quedar en 9,4 mb/d.
El declive de la producción en una región netamente exportadora, al mismo tiempo que se desplomaba el precio en los mercados internacionales, incidió negativamente en las arcas de los Estados. A finales de 2017, con la nueva subida del barril, se ve una pequeña reactivación, aunque es claro que la debacle es irreversible.
La disminución en la producción, junto al estancamiento económico arrastra a una caída en el consumo.


En caso de mantenerse estos altos precios en 2018 es posible que los países exportadores puedan mejorar económicamente, lo cual redundaría en un aumento del consumo y a los importadores les sucedería lo contrario.
La producción de gas solo aumentó en Brasil y Trinidad y Tobago, aunque aún no compensa la caída de los grandes productores como México y Venezuela. Argentina, que supo ser el principal productor hasta 2005, se está recuperando de una caída de diez años pero para lograrlo las empresas mudaron sus inversiones de las cuencas eminentemente petroleras hacia el shale gas de Vaca Muerta.

Los datos de BP para el gas fueron revisados hacia abajo en 2015 y hacia arriba en 2016. Por ahora no podemos saber cuál es o será el pico de consumo. Lo que es claro es que cada vez más, el gas viene jugando un papel importante en la sustitución de una parte del petróleo y el carbón de la matriz energética de la región aunque el techo lo está poniendo la caída en la producción. Si no hay grandes revisiones quedará 2016 como el pico histórico de consumo de gas en Latinoamérica y Caribe.


En cuanto al carbón, Colombia va quedando cada vez más sola como productora de esta histórica fuente de energía que aún sirve como fuente de generación eléctrica a diversas naciones. Los descensos más fuertes tuvieron lugar en México (-8.5%) y Venezuela (-52.4%), que no casualmente sufren la caídas más importantes en la producción de petróleo. Esto es un ejemplo de cómo el declive en la extracción de una de las fósiles puede arrastrar al abismo a sus “hermanas”. Y es lo que tememos ocurrirá pronto con las renovables.




Las “renovables” siguen creciendo. La hidroeléctrica está recuperando los valores más altos alcanzados en 2011, aumentando en casi todos los países. El aporte de las “Otras Renovables” (44,5 mtep) ya se aproxima a la producida por medio del carbón (45,8 mtep) [10]. Brasil es la que más contribuye por lejos en el desarrollo de estas energías.

Energía total y cuánto queda para cada uno
La producción de energía total tocó techo en 2014 al darse al mismo tiempo el pico del gas y el carbón, mientras el petróleo se mantenía en leve declive desde 2006. El consumo total de energía ha logrado mantenerse en una especie de meseta cuyo pico es en 2016 (aunque pueda ser modificado en las revisiones futuras). Lo que se vislumbra claramente es una caída en la energía per cápita para una población, que continua aumentando, aunque la tasa es menor cada año.


CONCLUSIONES
Si bien, estos datos pueden verse revisados en los años venideros podemos sacar algunas conclusiones parciales:
  1. Se consolida la retirada de las tres fósiles, producción, refinería y consumo, arrastrando hacia abajo a la energía total producida en Latinoamérica.
  2. Continúa el crecimiento constante según BP del mix “renovable” formado por la eólica, solar y geo-biomasa a la vez que hay un repunte de la energía hidroeléctrica. Sin embargo están lejos de compensar la pérdida de energía proveniente de fuentes fósiles.
  3. Los conflictos directamente relacionados con la escasez energética comienzan a provocar terremotos en el escenario político. Protestas en Venezuela, Paraguay, Haití, Argentina, México y Brasil (en estos tres últimos por la desregulación del precio de las tarifas o los combustibles), inflación constante en Argentina e hiperinflación en Venezuela. En este último caso se consolida un colapso social estrechamente relacionado con el declive de la producción de energía.
Reflexiones finales
Mientras continuamos oyendo hablar en forma optimista sobre el crecimiento de la economía tanto en partidos de corte neoliberal como socialistas o progresistas, nuestra lectura muestra que cada vez estamos más cerca del fin del crecimiento económico en la región, se registra un estancamiento de tres años en el PIB y para revertirlo de manera sólida es necesario un crecimiento industrial que exige mayor consumo energético lo cual se choca de frente con nuestro análisis.


El efecto de haber pasado el, por ahora, pico de consumo de energía per cápita y PIB per cápita, incluso con un incremento poblacional muy bajo, está conectado con un deterioro en el nivel de vida de los sectores medios y bajos. El aumento en la deuda externa de la región [11] puede invisibilizar el faltante en las arcas de los Estados pero augura una mayor inseguridad en el futuro (a la falta de ingresos habrá que sumar el pago de las deudas).
La electrificación creciente está dando un respaldo a las renovables (especialmente a las que están en constante ascenso como la eólica, solar y geo-biomasa) pero aún no sabemos qué lugar ocuparán en el mediano plazo. Una extrapolación de las tendencias actuales de caída de las energías fósiles y del crecimiento de las renovables demuestra que ni siquiera manteniendo el crecimiento exponencial de la solar, la eólica y la geo-biomasa durante más de 30 años se llegaría a superar el aporte energético de las fósiles de hoy y por lo tanto no se superaría el pico actual de producción de energía primaria. Esto sin tener en cuenta que no son directamente sustituibles unas por otras.
Tampoco sabemos qué lugar ocupará Latinoamérica y el Caribe en la geopolítica de esta tendencia al tener las reservas más grandes de litio del mundo, fundamentales para las baterías.
Dejar de quemar combustibles fósiles es una buena noticia ambiental pero solo puede ser presentado como positivo desde un punto de vista social si el reparto de los beneficios de su uso es más veloz que la caída de los miles de barrilles per cápita perdidos año a año. Hoy está pasando justo lo contrario y aportar estos datos es nuestra manera de hacer ver la imposibilidad de un “derrame” como el que se pudo dar en otros momentos históricos con modelos económicos semejantes a los actuales.

REFERENCIAS
* Al hablar de “la región” haremos referencia a Latinoamérica y el Caribe (incluidas Puerto Rico e islas dependientes de naciones europeas). Si bien no es un sistema cerrado, ya que se podría importar aún más petróleo, gas y carbón para mantener el nivel de consumo como hacen los países más ricos una vez superado su pico de producción, hay que tener en cuenta que los resortes económicos internos dan cuenta que el comportamiento, a grandes rasgos es el de un sistema cerrado: Cae la producción y arrastra al consumo.
[4] Medios que han republicado nuestros reportes: Rebelion.org, NODAL, Question digital,  Sur y Sur, OPSur, Energía Sur, Tiempo de crisis, Hondudiario, Les ciencies en bloc, Blog del proyecto Lemu, con modificaciones, en Havana Times, La izquierda diario y en inglés en Peak Oil News.
[10] BP agrupa a estas energías como “otras renovables” (para diferenciarlas de la energía hidroeléctrica y nuclear)
[11] Fuente: http://estadisticas.cepal.org/cepalstat/Portada.html. Según la CEPAL, el PIB total de Latinoamérica y el Caribe para 2016 es de 5.585.580 millones de dólares y 8.826 dólares per cápita.
[12] La deuda externa como porcentaje del PIB viene aumentando desde el 2008 (representaba el 20,1%) pero acaba de tener un especial incremento entre 2015 (29,3%) y 2016 (37,2%). Fuente: CEPAL.