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domingo, 1 de septiembre de 2024

Inventario de la crisis global: agosto de 2024

 

Queridos lectores:

Como habrán podido comprobar, llevo más de dos meses sin escribir en este blog. Estuve ocupado con la escritura de mi nuevo libro, El futuro de Europa, hasta mediados de julio, y después en acabar el papeleo de diversas convocatorias y otras zarandajas, más una semana de vacaciones a principios de agosto. Desde entonces, voy trabajando en temas pendientes y entre eso, y algunos cambios importantes en mi vida familiar, no me ha quedado mucho tiempo libre para seguir escribiendo. Ahora que las cosas están un poco más calmadas quería aprovechar para ir retomando el ritmo de publicación, pero antes de empezar me ha parecido importante hacer un post de resumen analizando dónde estamos en este momento.

Desde el punto de vista ambiental, es notorio que las cosas no van demasiado bien. La persistencia de una dorsal ártica (asociada a la ralentización de la corriente de chorro polar que ya hace años comentábamos) ha permitido que en España este verano no haya sido especialmente caluroso si lo comparamos con los últimos años, algo parecido a lo que pasó en 2013. Sin embargo, en el resto de Europa ha sido un verano terrible, con temperaturas que han excedido los 50 grados en Grecia que obligaron a cerrar la Acrópolis algunos días y que favorecieron que la capital griega se viera asediada por los incendios a principios de agosto. Y, por supuesto, una sequía que vacía ríos y pantanos de Grecia hasta Italia, pasando por Hungría y otros países. Del otro lado del Mediterráneo, las olas de calor se han cobrado su peaje en centenares de muertos en Egipto, Sudán y Arabia Saudita, y yendo ya más lejos por ejemplo en la India. En el conjunto del planeta, tanto junio como julio y previsiblemente agosto se cuentan entre los meses más calurosos de la Historia de la Humanidad.


La temperatura global del planeta se mantiene en aproximadamente +1,6ºC por encima de los niveles preindustriales, sin que la finalización de El Niño 2023-2024 haya conseguido devolvernos a los niveles de temperatura previos. Y es que todo indica que en este momento, cada vez que sucede ese fenómeno planetario, en vez de equilibrar las temperaturas globales, como hacía antes, lo que tenemos es un nuevo escalón de ascenso. En este contexto también son especialmente alarmantes los récords de temperatura en el Hemisferio Sur, donde actualmente es invierno, con desviaciones de 10ºC sobre la media en Australia, o de 27ºC en la Antártida. Eso está llevando a que la extensión del hielo marino en el Océano Glacial Antártico sea muy inferior a la media de esta estación, solo superada por la de 2023, y eso que, como hemos dicho, estamos en el periodo invernal en ese hemisferio, que es cuando se forma el hielo.


Lo que es paradójico es que también se está en valores récord de anomalía negativa con respecto a la media en el Océano Ártico.

Esto es extraordinario, pues como norma general los dos hemisferios se comportan de manera opuesta, es decir, que cuando el hielo marino disminuye en un hemisferio se encuentra un exceso de hielo marino en el otro, y viceversa. Ese equilibrio energético entre ambos hemisferios parece haberse roto, y ahora en ambos nos encontramos bastante por debajo del nivel habitual para la época del año.

Pero el que quizá es el motivo más inmediato de preocupación y alarma es el extremo calentamiento de las capas superficiales del océano global, que está en niveles de récord desde el año pasado, desviándose brutalmente de la media instrumental.


La finalización de El Niño ha permitido una ligera mejora, pero aún estamos muy desviados de los valores observados durante los últimos 40 años. Algunas personas argumentan que la media instrumental de referencia en este caso es demasiado breve (solo 40 años, básicamente desde que hay satélites), pero no tienen en cuenta que el agua es mucho más densa y capaz de absorber calor que el aire, que los 3 primeros metros del océano tienen la misma capacidad calorífica que toda la atmósfera, y que por eso el océano superficial puede absorber varios centenares de veces más calor que la atmósfera. Cuesta más de calentar el mar, y por eso lo que está pasando en los últimos años, aunque la serie no sea tan larga como la de la temperatura del aire, es muy significativo. Si se fijan en las figuras de más arriba, verán que la temperatura promedio mundial del aire a nivel de la superficie terrestre varía mucho más a lo largo del año (unos 4ºC) de lo que hace la temperatura promedio mundial de la superficie del mar (unos 0,4ºC, unas 10 veces menos). La desviación de +1,6ºC del aire debida al Calentamiento Global, relativa a sus 4ºC de variación a lo largo de las estaciones del año, es comparativamente mucho menor que la desviación de +0,7ºC de la superficie del mar relativa a sus 0,4ºC de variación dentro del año. Es, de hecho, un indicio de que algo muy preocupante le está pasando al mar. Entre otras cosas, que está acumulando energía a un ritmo muy rápido, y que esa energía solo tiene una vía de salida: a través de las tempestades, que se están volviendo más violentas, con vientos extremos, mayores precipitaciones, grandes riadas, granizo de gran tamaño y frecuente generación de tornados.

Intentar hacer un censo de los eventos extremos que se han registrado durante este 2024 sería abrumador, dado su increíblemente grande número este año. Se trata mayoritariamente de eventos muy localizados en zonas concretas pero con un nivel de destrucción en muchos casos nunca visto, y en todos los casos completamente fuera de lo habitual. Llaman particularmente la atención las lluvias extremadamente torrenciales en lugares muy áridos como Arabia Saudita o Yemen, o como la que se anuncia para las próximas horas en una amplia franja del desierto del Sáhara (los 50 litros por metro cuadrado previstos pueden parecer una lluvia importante pero no algo extremo en nuestra latitud, pero en el Sáhara es más que la precipitación media anual). Lluvias torrenciales y las consecuentes riadas y a veces deslizamientos que han arrasado poblaciones se han visto con frecuencia por todo el mundo en lugares para nada habituados a este tipo de eventos. Ningún continente se salva de este tipo de anomalías, que van de China a Pakistán, de Sudán a Marruecos, de Italia a España, de Francia a Polonia, de México a los EE.UU., de Argentina a Chile... Japón acaba de recibir la visita del tifón Shashan, que ha descargado en algunas zonas hasta 1000 litros por metro cuadrado y causado numerosos estragos. Algo completamente inaudito. Por más que algunos se empeñen en argumentar lo contrario, la Crisis Climática está tomando cada vez más fuerza.

En el caso de España, la anomalía de temperatura del Mediterráneo (hasta 2ºC por encima de los niveles de 1982) garantiza que es cuestión de tiempo que una tormenta de gran magnitud cause estragos en alguna ciudad española. 


 

Simplemente es necesario que se produzca una configuración atmosférica adecuada, una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) de cierta intensidad que venga desde el este hacia la costa española. Una DANA no especialmente intensa causó graves destrozos en Es Mercadal, en Menorca, hace dos semanas. Estamos en tiempo de descuento para que algo así acabe pasando en una gran capital. Será quizá mañana, de aquí en un mes, de aquí en un año o de aquí en cinco, pero tarde o temprano acabará por pasar, mientras que de manera real y efectiva no hacemos nada ni para prevenirlo ni para mitigar sus posibles consecuencias. Lo único en lo que pensamos en ampliar las carreteras, el aeropuerto y poner casinos para atraer más turismo, mientras la fiesta dure. Es el único modelo que hay.

La preeminencia de la Crisis Climática podría hacer pensar que la Crisis Energética ha pasado a un segundo plano, pero no es así. Se informa poco y discontinuamente de cuál es la situación, pero lo cierto es que la Crisis Energética sigue su curso de deterioro, afectando preferencialmente a países periféricos de la gran metrópoli que es aún el Norte global, pero avanzando inexorablemente.

En lo que se refiere al petróleo, la producción global de crudo y condensado (lo que se puede convertir en combustible) continúa bastante estancada y unos 3 millones de barriles diarios (Mb/d) por debajo de los niveles de noviembre de 2018. Las revisiones que el Departamento de Energía de los EE.UU. hace a un año vista siguen dando por hecho que vamos a recuperar los niveles de 2018 de aquí en un año, pero lo cierto es que es poco creíble, teniendo en cuenta que llevamos escuchando esa cantinela ("en un año volvemos a los niveles de 2018") desde por lo menos 2022.

Imagen de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/april-non-opec-and-world-oil-production-drops-2/


Por supuesto que cuando se añade a la contabilidad de lo que se denomina "todos los líquidos del petróleo" la categoría de "líquidos del gas natural", que en su mayoría solo sirve para hacer plásticos, se obtiene que hemos recuperado los niveles de 2018. Publicidad engañosa para disimular la realidad en la que estamos. Y es que, al margen del precio del petróleo, el mundo está en una situación de penuria desde hace tiempo. Hace unos días, Art Berman mostraba un gráfico muy revelador: cuánto petróleo hay en almacenamiento flotante, es decir, en petroleros que no estén circulando.


Prácticamente no hay margen, no hay petróleo almacenado en los petroleros, todo lo disponible está en movimiento. No hay reservas ni capacidad de hacer frente a imprevistos. Las últimas veces que pasó esto fue en 2008, cuando el precio del barril se fue a casi 150$, y en 2022, cuando llegamos a los 132$. El precio del petróleo ha oscilado mucho en las últimas semanas, a veces al alza y a veces a la baja, pero está claro que se intenta mantenerlo en esos 80$/barril con los que la OPEP se siente cómoda, suficiente para compensar sus gastos y no demasiado caro para estrangular la maltrecha economía global. A pesar de lo cual, la industria europea continúa su proceso de destrucción sobre todo en Alemania, y los indicadores manufactureros de la Unión Europea, EE.UU. y China indican una tendencia a la contracción.

Pero, al margen de si la energía es suficientemente barata para una industria de producción masiva (que probablemente ya no, y eso explica tanto la progresiva desindustrialización europea como la persistente inflación), el descenso de la producción de petróleo tiene ya efectos muy directos en la disponibilidad de combustibles, y sobre todo y más preeminentemente, el diésel. Aún faltan unos meses para la nueva edición de nuestro análisis ahora ya anual, "El pico del diésel" (pueden consultar el del año pasado), pero un simple vistazo a los datos de la Joint Organisations Data Initiative muestra que la producción mundial de diésel sigue un proceso de lento declive y se encuentra actualmente en torno a los 22 Mb/d, lejos del máximo de los 27 Mb/d que se marcó en el período 2015-2017 (casi un 20% menos). No es por tanto de extrañar que muchos países estén experimentando problemas de acceso a combustibles, no solo diésel sino también gasolina y keroseno para aviación. En América Latina podemos destacar los casos de Bolivia, Colombia y Venezuela,  y el encarecimiento en Ecuador después de varios meses de problemas y la decisión gubernamental de retirar subsidios, lo que ha provocado una cierta caída del consumo. Argentina ha conseguido remontar una situación de escasez de petróleo y ahora está aumentando vertiginosamente su producción, algo muy interesante a lo que le dedicaré un post próximamente. En África el problema es endémico y muy extendido, con un epicentro fundamental: Nigeria. Los problemas de este superpoblado país son numerosos y crecientes, y muy preocupantes para el futuro. Javier Pérez le dedicó un análisis hace unos años y probablemente volveremos a hablar de Nigeria en el futuro. En Asia, los problemas son graves en Myanmar, Paquistán, Kazajistán,... por no hablar de la situación en Líbano, Yemen o por supuesto en Palestina, donde la situación es gravísima por motivos que van más allá de los problemas geológicos de extracción del petróleo. En Europa no hay problemas dignos de reseñar con la excepción de Hungría, y en Norteamérica ha habido algunos problemas en México, aunque lo más importante en ese país es su pérdida (aún no completamente) de condición de país exportador. En todo el mundo, el problema más repetido es la falta de combustible de aviación. Prominentemente ha faltado en Colombia, en Nigeria y en Japón, donde la industria turística local no ha podido despegar (dicen) por falta de keroseno. La escasez de keroseno, reflejo especular de la del diésel, es un problema cada vez más extendido, pero es algo de lo que se habla también en voz baja.

De lo que se ha hablado en voz algo más alta es del último informe de Exxon, del cual Quark ha hecho un buen análisis. Lo más impactante ha sido una gráfica ampliamente publicitada sobre cómo podría evolucionar la producción de petróleo de aquí al 2030 sin más inversión.


Como ven, una escalofriante caída del 70%. Esto en realidad no es nada nuevo, y se ilustra mejor con otra gráfica, más técnica y con menos infografía, contenida dentro del informe.

En realidad, el mensaje de Exxon es que sin ningún tipo de inversión, en 2030 solo habrá un 30% de la producción de petróleo actual: una caída del 70%. Por otro lado, invirtiendo solamente en el mantenimiento y mejora de los pozos existentes, el declive sería de un 25%: tremendo, pero no tan catastrófico. Pero hay un tercer escenario, fijado por su escenario previsto de demanda (la curva "Global Outlook"), la cual se mantiene prácticamente constante (en realidad, con un pequeño aumento) hasta 2050, y para la cual, como dice el informe, debería haber nuevos proyectos. Varios comentarios son pertinentes aquí:

  • Exxon considera que la demanda se va a mantener alta, en niveles incluso ligeramente superiores a los actuales, porque no ve posible una substitución al nivel que prevén los planes de transición energética como los que se manejan en Europa. Por supuesto se puede pensar que Exxon es parte interesada en ver las cosas de esta manera, pero por desgracia lo que está pasando le da al menos parcialmente la razón.
  • El informe no dice de dónde van a salir este petróleo. Identifica que hace falta, pero es terra incógnita saber de dónde viene. Obviamente, Exxon utiliza este informe para intentar captar fondos para invertir en esto, pero eso no quiere decir que haya recursos explotables en el volumen requerido para satisfacer toda la demanda de la línea "Global Outlook". De hecho, es de sospechar que no hay suficiente para evitar cierto declive, que se irá materializando en los proximos años.
  • El informe dice que sin inversión la producción de los campos existentes cae a un ritmo del 15% anual. Esto es casi el doble que el ritmo que asume la Agencia Intenacional de la Energía (8%), como bien apunta Quark en su post, y es algo especialmente preocupante.
  • Está claro que el gran caballo de batalla de los próximos años va a ser el mantenimiento y mejora de los campos existentes. Con él, la caída hasta 2030 será del 25%, suponiendo que todo salga perfecto. Es una caída en línea con la que anticipaba la OPEP hace dos años, y similar a la que anunciaba BP. A falta de una proliferación de "milagros" como el argentino, está claro que los tiros van a ir probablemente por ahí.

La conclusión del informe de Exxon es que la fase actual, de caída ligera/prácticamente estancamiento de la producción de petróleo está tocando a su fin, y que vamos a entrar en la fase de aceleración. La cual agravará la crisis del diésel y los problemas con la industria global. Que las economías más desarrolladas entren en recesión (cosa que podría pasar este mismo otoño) no frenaría este problema sino que lo aceleraría, al hacer menos rentable la costosa explotación de los recursos restantes de petróleo. Y también está claro que de aquí a 2030 va a haber cambios radicales en nuestra sociedad.

Los problemas energéticos, por supuesto, no se acaban aquí. La lista de países que por diversos motivos han sufrido apagones más o menos extensos es bastante larga en este 2024, revelando la fragilidad de muchos sistemas, su fuerte dependencia sobre todo el gas y los recursos hidroeléctricos (en muchos sitios comprometidos por la sequía) y el mayor consumo de electricidad por el uso de aires acondicionados en un verano bastante bochornoso en todo el Hemisferio Norte. Entre los lugares menos esperables están Texas, los Balcanes, Italia o Japón. Al tiempo, en muchas regiones de Francia y España se están experimentando cortes de luz de pocas horas de duración y limitada extensión geográfica pero repetitivos y con pinta de apagones rotatorios (es muy difícil enlazar ninguna noticia sobre ello, porque nadie se ha molestado en hacer una verdadera investigación periodística sobre el caso, solo tenemos testimonios dispersos de personas afectadas). Y aunque los inventarios de gas natural están altos y la demanda baja, de nuevo se anticipan problemas para Europa si el invierno viene frío - y no siempre podremos confiar en que los inviernos sean templados, y más si ya se acabó El Niño.

La clave sería, está claro, acelerar la transición energética, tanto por los problemas climáticos como por los de escasez de energía. Sin embargo, los planes de transición están derrapando. La mayoría de las compañías automovilísticas han puesto sus planes de transición al vehículo eléctrico en el congelador, mientras que países como Alemania han retirado sus subsidios a este tipo de coche y las ventas caen con fuerza en todo el Viejo Continente. La red eléctrica está saturada de electricidad no gestionable y los curtailments y otros problemas van en aumento. Y por si eso fuera poco, los fabricantes no chinos de aerogeneradores están hundiéndose: aún está pendiente de litigación la demanda contra Gamesa, quien tras un ERE anuncia que volverá a vender turbinas onshore el mes que viene después de casi un año sin fabricar (posiblemente, intento desesperado de no desaparecer); Vestas amplía sus pérdidas, Nordex reduce pérdidas pero no levanta cabeza y General Electric se enfrente a una demanda de 900 millones de dólares por sus turbinas defectuosas. En cuanto a los promotores, después de los movimientos contractivos de Iberdrola y Orsted durante el último año, ahora le toca a Equinor retirarse de algunos proyectos eólicos importantes en España y Portugal. Está claro para cualquiera que quiera verlo que el sector eólico está en una grave crisis, y con él todo el modelo de transición energética prevista.

Y eso no es todo. Los próximos meses prometen estar trufados de noticias impactantes, de los cuales iremos informando. Permanezcan en sintonía.

Salu2.

AMT

G
M
T
Y
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martes, 17 de diciembre de 2019

Duelo, tabú y capitalismo



Queridos lectores:

La vigésimo quinta Conferencia de Partes, también conocida como COP25 o Cumbre del Clima de Chile-Madrid, ha fracasado estrepitosamente.

¿Por qué?

Respuesta simple y breve:

Dentro del capitalismo es imposible dar una solución a la crisis climática, porque es el capitalismo quien la genera, necesariamente. 

Ampliando un poco la respuesta:

La situación es ya tan apurada que ni siquiera se puede intentar maquillar. En esta cumbre, al contrario de las anteriores, no se ha podido hacer ver que se hace algo cuando en realidad no se hace nada. Ya estamos en el tiempo de descuento, y ya está claro que no hay manera. Cualquier medida estructural de las que se tienen que tomar ya atenta directamente contra el capitalismo, así que al final no se toma ninguna medida.

Pero si sigue el capitalismo, no seguirá el clima. No seguirá la civilización. No seguirá la Humanidad. Y, obviamente, tampoco seguirá el propio capitalismo, pero para cuando eso pase ya será demasiado tarde.

Como ven, la cosa es muy simple. Hemos fracasado porque con el planteamiento que había era imposible triunfar. Si no empezamos por el abandono del capitalismo no hay absolutamente nada que hacer. En la lucha contra el Cambio Climático ése debe ser el primer y principal paso. Cualquier otra estrategia está condenada al fracaso.

La pregunta clave ahora es:

¿Cómo se siente Vd. después de leer esto?

Si es Vd. un lector asiduo de este blog, nada de lo que he escrito arriba le habrá sorprendido. Ya hemos presentado a lo largo y ancho de estas páginas sobradamente datos para hacer comprender que no hay ninguna solución a nuestros problemas de sostenibilidad (de los cuales la crisis ambiental solo es una parte) que no pase por el abandono del capitalismo.

Pero si es Vd. un lector casual o accidental, seguramente se siente ahora mismo... incómodo. Incómodo, sí, porque he entrado directo a decir, sin paños calientes, que hay que abandonar el capitalismo. 

Si Vd. no me conoce, pensará quizá que soy un idealista, o un ingenuo, o un radical con una fuerte agenda política, o un loco con ansias destructivas, o qué se yo. Pero en realidad soy un científico, y he llegado a esta conclusión simplemente analizando los datos.

Si ha llegado hasta aquí, estará planteándose dejar de leer. Alguien que critica así al capitalismo no sabe de lo que habla, por más científico que diga ser, así que todo lo que haya escrito debajo debe ser absurdo. 

En ese caso, tengo otra pregunta para Vd.

¿Por qué le molesta que se critique al capitalismo?

Al fin y al cabo, tenemos libertad de expresión, ¿no?, así que podemos hablar de todo, siempre que se haga de una manera respetuosa y razonable. Además, Vd. mismo sabe de sobras que hay cosas que no funcionan bien en el capitalismo, no es un simple ni un fanático. Quizá esté Vd. pensando que, bueno, el capitalismo ha demostrado ser un sistema que funciona, y si lo abandonásemos, como digo yo, sería el desastre, habría desempleo, hambre, revueltas... No hay otros sistemas alternativos, el comunismo demostró ser mucho peor y mucho más autoritario. ¿Qué estoy proponiendo yo, entonces? ¿Pretendo colar un discurso marxista haciéndolo pasar por ecologista, aprovechándome de los males del planeta para colarla bien gorda? ¿Qué alternativas estoy dando yo? Además, se tendría que preguntar a la gente, no intentar imponerle nada a nadie, por más científico que sea.

Y aquí de nuevo se estará planteando dejar de leer.

Tranquilícese. Yo no he venido a proponer una alternativa, porque los sistemas sociales se tienen que construir por consenso. En particular, yo no vengo a venderle el comunismo, porque el sistema comunista, tal y como ha funcionado en la Tierra, es capitalismo de estado y por tanto adolece exactamente de los mismos problemas en materia de sostenibilidad, con el agravante de que encima es represivo y no democrático.

Yo solo he venido a explicarle por qué el capitalismo ya no funciona. Por qué, a pesar de sus logros del pasado, solo va traer sufrimiento y eventualmente nuestra destrucción en el futuro. Por qué tenemos que abandonarlo.

Yo solo soy el doctor que viene a darle el diagnóstico. Lo que haya que construir después es una cosa que tendremos que hablarla entre todos. Pero lo primero es entender por qué el capitalismo es el problema.

Y por qué Vd., si aún se atreve a seguir leyendo, se siente tan incómodo.

Por qué el capitalismo es insostenible.

Por algo muy sencillo.

El capitalismo necesita del crecimiento exponencial.

Le pongo un ejemplo sencillo. Coja una calculadora y sígame.

Hemos oído miles de veces que para que España cree empleo neto, el PIB tiene que crecer como mínimo un 2,2% anual. Que por debajo del 2% de crecimiento en España se destruye empleo.

Vamos a suponer que en España el Productor Interior Bruto anual o PIB (valor monetario de todos los bienes y servicios producidos en un territorio durante un período de tiempo) creciera siempre un 2% de media.

Crecer un 2% anual significa multiplicar por 1,02 cada año. Si multiplicamos ese 1,02 anual 25 veces, para saber que nos da al cabo de 25 años, nos sale 1,64. En suma, que el PIB tendría que crecer un 64% cada 25 años. Y si lo miramos a 100 años vista (es decir, multiplicamos 4 veces por 1,64) nos da 7,24 o, lo que es lo mismo, aumentar el PIB un 624 %. 

Fíjense bien lo que estamos diciendo: cada siglo, para que no aumente el paro, tendríamos que multiplicar el PIB por más de 7. Si Vd. no está habituado a trabajar con números quizá no vea la enormidad de esto, pero realmente es algo grave. Para producir tanto PIB España tendría que incrementar varias veces (no 7, pero fácilmente 4 o 5 veces) su consumo de energía y materiales. A veces se explica el cuento de que se puede incrementar el PIB disminuyendo el consumo de energía, pero no es verdad y no ha pasado (de manera consistente) en ningún país del mundo. Encima, la mejor manera de hacer crecer el PIB es aumentando la población. ¿Vd. se imaginan una España con 5 veces más población dentro de un siglo, es decir, con unos 250 millones de habitantes? Y lo peor es que al siglo siguiente debería volver a multiplicarse por 4, hasta los 1250 millones, y en un siglo más ya sería de 6.250 millones, como cuatro veces y media la población actual de la India y el 80% de la población del planeta. Y cada siglo subiendo exponencialmente, de esa manera.

Es obvio que eso no es posible en un planeta finito. Al principio, cuando comenzó la Revolución Industrial, era fácil crecer tanto: éramos pocos, no teníamos de nada, y además disponíamos de muchísimos combustibles fósiles y minerales fáciles de extraer. Pero a medida que la población ha ido creciendo y nos hemos ido desarrollando la cosa se ha ido poniendo cada vez más complicada. Hasta el punto que se está volviendo imposible. Los combustibles fósiles ya no son capaces de seguir nuestro ritmo y, al contrario, su producción empieza a bajar. Los gases resultantes de su quema hacen que el planeta retenga más radiación y se caliente. Hemos contaminado todos los mares, arrasado la mayoría de las pesquerías, polucionado el mismo aire que respiramos. Y ahora tendríamos que multiplicar todo eso por 5 en el próximo siglo. No vamos a poder. No hay recursos suficientes, y el planeta no puede absorber más residuos. Y este planeta es todo lo que tenemos: deje de soñar con colonizar otros planetas.

Pero el capitalismo necesita del crecimiento económico. Entienda esto: lo necesita. Lo define. Sin crecimiento económico no hay capitalismo; habrá otra cosa, pero no será capitalismo.

El capitalismo se caracteriza porque el capital tiene derecho a una remuneración.

En las sociedades precapitalistas, se pagaba por un trabajo, por un servicio. A veces el servicio era impuesto, como la protección que daba el señor feudal a sus vasallos, pero en todo caso se pagaba de lo que había, de lo que se producía. No había necesidad de crecer.

En el capitalismo, al capital que se invierte se le paga un interés. Fíjese bien: el interés es un porcentaje. Yo te dejo el dinero y tú me lo devuelves y además me das un 2% adicional, o el interés que se haya estipulado. Es decir, tú has de trabajar para producir por tanto como te he dejado más un 2% adicional. Has de multiplicar la producción por 1,02 al menos, si quieres devolverme la deuda. Y si el año que viene te vuelvo a dejar dinero para mantener tu actual producción, que ya es un 2% más grande que la del primer año, tendrás que volver a multiplicar por 1,02 para poderme pagar. Y así todo el rato, en 25 años tu producción habrá crecido un 64%, y en un siglo se habrá multiplicado por 7,24, y así todo el rato. Hasta que algo reviente. Las crisis recurrentes del capitalismo, les dicen: hay un momento que algo se rompe, algo no puede seguir creciendo. Entonces se hace borrón y cuenta nueva, y volvemos a comenzar.

Por eso necesitamos crecer siempre: porque los capitalistas necesitan colocar su dinero en múltiples inversiones y que les den rendimiento. Pero el mundo está ya saturado, agotado. No da más de sí. Y los síntomas de este agotamiento se multiplican. Los ríos envenenados, el clima desestabilizado, los recursos agotándose... El capitalismo está llegando a su fin, porque no puede seguir, porque físicamente es imposible seguir. Hasta aquí lo hizo más o menos bien, al menos desde la óptica de los países más desarrollados, pero ya está, estamos llegando al final del trayecto.

Y no se equivoque: los primeros que saben esto son los propios capitalistas. El gran capital internacional es perfectamente consciente de que hemos llegado al final del camino.

El Duelo.

El capital está de luto. Está pasando un proceso de duelo. La doctora Kübler-Ross hizo un modelo para describir las fases típicas por las que se pasa en un proceso de duelo, es decir, las reacciones psicológicas cuando te comunican una noticia grave, y son por estas fases por las que ahora mismo están pasando los principales agentes económicos del mundo, a los que por simplificar llamaremos los capitalistas.
 
  • Negación. En esta fase se encuentran, aún, los pequeños capitalistas. Es propia de gente de ya cierta edad, que ya poco tienen que perder -piensan-, y de algunas personas muy cerriles. También de algunos políticos de poco fuste. Consiste en negar que esté pasando nada malo. Esta postura es cada vez más minoritaria porque la evidencia la contradice.
    No hay cambio climático: el clima de la Tierra siempre ha variado. No se está agotando el diésel: los motores son cada vez más eficientes y necesitan menos. No hay problema con las materias primas no renovables: la innovación hace que se puedan explotar nuevas materias. La contaminación no es para tanto, y la innovación tecnológica la remediará. Nadie va a renunciar a sus privilegios. Todo va bien.

  • Rabia. En esta fase se encuentran la mayoría de los analistas económicos y cuadros medios. Consiste en actuar con despecho delante de los problemas que ya no se pueden ocultar, echando la culpa a otros o alegando que otros sistemas económicos tampoco lo harían mejor.
    El comunismo mató a millones y tuvo mucho peor impacto ambiental. ¿Y tú, qué pretendes, que volvamos a las cavernas? Si no eres capaz de dar soluciones, ¿para qué hablas? Lo que deberías hacer es volver a la escuela y dejar a los verdaderos profesionales encargarse de esto. No sabes lo que es llevar un negocio de verdad, nunca has arriesgado tu dinero.
  • Negociación. En esta fase se encuentra la mayoría del gran capital. Saben que el problema es de verdad, pero en vez de asumirlo y actuar en consecuencia, lo que pretenden es poner pequeños parches sin cambiar nada de lo sustancial. Sus gran propuesta fue el Capitalismo Verde y ahora lo apuestan todo al Green New Deal.
    El cambio climático
    es en realidad una gran oportunidad de negocio. Con sistemas de compensación de emisiones podemos hacer una descarbonización ordenada; el libre mercado lo puede regular. Podemos descarbonizarnos a un ritmo del 7,6% anual a base de sustituir energía fósil por renovable y ser más eficientes.
  • Depresión. Ésta es la posición de la gente más rica, de los ricos entre los ricos. Ellos cuentan con la mejor información y comprenden mejor que nadie que no hay solución dentro del capitalismo. En lo único que están pensando es en difrutar estos últimos años (o décadas) del capitalismo y prepararse un retiro a salvo del colapso de la civilización, el cual consideran inevitable. Si no lo conocen, les recomiendo que lean el artículo de Douglas Rushkoff, "Survival of the richest" (traducido por CTXT como "Supervivencia de los más ricos", busquen por Google, yo no pongo enlaces a diarios españoles).
  • Aceptación: En algún momento, los capitalistas comprenderán que no existe salvación si no es colectiva, que no podrán mantener el control en cualquier paraíso artificial que quieran construir, y que hay que buscar una solución para todos o al menos para la mayoría. Una solución en la que puedan preservar la mayoría de sus privilegios, pero que implique el abandono del capitalismo. No sé si hay alguien en esa fase, posiblemente sí, pero seguramente es gente discreta.
Y mientras el capital tiene su Duelo, el resto de los mortales tenemos el Tabú. El Tabú de no poder decir que el capitalismo no es bueno. 


El Tabú.

Todos nosotros, desde muy jóvenes, hemos sido adoctrinados en el discurso del capitalismo. Asumimos de manera natural ciertos aspectos del capitalismo que atribuimos a la naturaleza humana, aunque no sea cierto. Aunque el capitalismo per se sea una cosa relativamente nueva en la historia de la humanidad (no llega a los dos siglos de vida), no queda nadie vivo que pueda recordar ninguna otra cosa, y eso se utiliza para fijar esta idea que los valores del capitalismo (individualismo, egoísmo, competición, obsesión por el consumo y el dinero, despreocupación por las generaciones posteriores...) son realmente sustanciales a los humanos desde siempre.

A esas ideas más o menos concretas y a escala humana, se le une otra idea más abstracta y a una escala social, que es la del crecimiento. Todos tenemos inculcada la idea de que el crecimiento es bueno, porque identificamos crecimiento con bienestar, desarrollo, mejora de las condiciones de vida, libertad... Sin embargo, el crecimiento por sí mismo no significa nada de eso; y resulta obvio que un exceso de crecimiento puede ser negativo (por ejemplo, intentando meter más cosas en un espacio ya lleno, o también si pensamos en una enfermedad o en un tumor). Sin embargo, todos sabemos (porque se nos ha repetido mil veces) que cuando no hay crecimiento nos va mal: hay desempleo, pobreza, crimen, hambre... Se asocia la idea de Crecimiento con la idea de Progreso (la cual es también una idea travestida, porque se asocia el Progreso con la Mejora).

El capitalismo está tan infiltrado en todos los aspectos de la vida que criticarlo nos hace sentirnos incómodos. Todos sabemos que los anticapitalistas son gente marginal, inadaptados, destructivos e incluso parásitos. A quien ataca directamente al capitalismo se le suele criticar que sus hábitos de consumo son posibles gracias al capitalismo, inclusive en aquéllos que se creen más desconectados del mismo, y que eso evidencia la hipocresía de los anticapitalistas. La idea subyacente es que realmente no hay nada fuera del capitalismo, incluso entre los que se empeñan en lo contrario; que el anticapitalismo no deja de ser una excentricidad y un lujo que solo se pueden permitir los que viven en una sociedad capitalista, y que si quisieran ser coherentes deberían irse a vivir a las cavernas y vestirse con taparrabos. Por todo esto, criticar el capitalismo implica superar la vergüenza de la estigmatización, de tener un comportamiento socialmente inaceptable.

Se podría discutir en extenso cuál es el origen de este tabú, y cómo la aparición de la socialdemocracia consolidó la legitimidad del capitalismo ya que la izquierda renunció a intentar superar el capitalismo a cambio del mantenimiento de un Estado del Bienestar (renuncia que por cierto ahora se le paga considerando "radicales de izquierda" a partidos que defienden posiciones socialdemócratas mientras que a un tiempo se va desmantelando el Estado del Bienestar). Lo cierto es que el capitalismo ha conseguido la Hegemonía del Discurso, de modo que actualmente es muy difícil ser tomado en serio cuando se critican las bases mismas del capitalismo (por ejemplo, cada vez que se habla de hacer ciertas reformas que suenan muy radicales hay que aclarar rápidamente que mediante renovables o tecnología en general se va a poder mantener la competitividad y el crecimiento). Quien se sale del guión marcado es criticado con dureza (por ejemplo, a los que hablan de redistribuir la riqueza se les dice que en realidad quieren redistribuir la pobreza) y así todos aprendemos que hay cosas que no podemos decir porque no son de buen tono en las reuniones sociales. Nadie nos ha dicho que no podamos hablar de estos temas, supuestamente tenemos libertad de expresión, pero la Hegemonía del Discurso del capitalismo es tal que nos autocensuramos cuando detectamos que nos vamos a dar de bruces con algunos de los límites impuestos. Y así, aceptando esas convenciones sociales no escritas,  vivimos nuestras vidas, esperando ser sujetos productivos y dichosos y no meternos en líos innecesarios.

El problema comienza cuando, investigando, uno encuentra alguno de los múltiples síntomas de que el capitalismo se está estrellando con los límites biofísicos del planeta, y que no va a ser posible seguir manteniéndolo; más aún, que si no paramos el capitalismo cuanto antes van a sobrevenir grandes calamidades a la humanidad. Puede ser por el cambio climático, puede ser por la crisis energética, puede ser por la contaminación de los mares, o por la polución atmosférica, la pérdida de biodiversidad, el envenamiento por plásticos o metales pesados, la disminución de la cantidad de agua potable, la Sexta Extinción, la degradación de las condiciones laborales, el drama de la emigración masiva, la desertización... Y así mil temas mas. Escoja cualquiera, profundice y la misma verdad emergerá: no podemos seguir de la misma manera. Y cuando intente entender por qué seguimos de la misma manera, por qué seguimos emitiendo CO2 y tirando plástico, por qué no nos anticipamos a la crisis energética o a la de desposesión, llegará inevitablemente a la cuestión de que hace falta decrecer. No decrecer para siempre, claro está: decrecer lo justo y necesario para tener un nivel adecuado para todo el mundo y estable, y entonces mantenerlo. Porque, al final, ¿para qué uno quiere crecer siempre?

Es entonces cuando se produce otra manifestación de la Hegemonía del Discurso del capitalismo, conocida como TINA (There is no alternative, No hay alternativa). El convencimiento de la Hegemonía del capitalismo es tal que la mayoría gente cree que, efectivamente, no hay alternativa al capitalismo. Este mensaje, TINA, es repetido frecuentemente en los medios de comunicación, y particularmente cuando los costurones por los que está reventando el capitalismo se hacen más evidentes. TINA tiene un importante efecto desmovilizador: es habitual oír decir que no hay nada que podamos hacer, que no podemos cambiar las cosas, que de nada sirven las pequeñas acciones individuales o colectivas. No es cierto en absoluto, y en la historia de la humanidad un grupo de personas que se decide a levantarse y actuar son capaces de arrastrar a una gran masa que no se atrevía a actuar pero que tenía las mismas motivaciones. Sin embargo, cuesta mucho luchar contra TINA, y requiere mucha pedagogía y paciencia.

Otra de las características de la Hegemonía del Discurso es la del establecimiento de un marco conceptual erróneo. Es común ver en definiciones del capitalismo que se trata de un sistema basado en la propiedad privada de los bienes de producción y en el libre mercado, cosas que son ciertas e importantes para el capitalismo, pero que no lo definen en absoluto ya que tales cosas han existido antes que el capitalismo y seguramente seguirán existiendo una vez el capitalismo desaparezca. La característica verdaderamente distintiva y definitoria del capitalismo es que el capital tiene derecho a recibir una remuneración, que es proporcional a su propio tamaño. Estos errores de planteamiento llevan a una gran confusión en la discusiones: no será la primera vez que me encuentre a alguien a quien no le gusta que yo "ataque el capitalismo" (en realidad, yo critico o más bien expongo sus inconsistencias) porque estoy "atacando" (en el sentido de "querer acabar con") el libre mercado o la propiedad privada. En realidad, el mantenimiento del libre mercado o la propiedad privada es una cuestión de discusión política, pertinente sin duda, pero en realidad independiente (en bastante extensión) de la viabilidad o no del capitalismo, y en todo caso es un tema en el que yo no entro.

También es común encontrarse con quien cree que lo opuesto al capitalismo es el comunismo, y que si uno critica al capitalismo defiende el comunismo. El eje capitalismo-comunismo no tiene nada que ver con el problema de la inviabilidad del capitalismo, entre otras cosas porque el comunismo es también inviable; esa visión es por tanto otro ejemplo más de la reducción de la discusión a única dimensión que es en realidad ajena a la del verdadero problema. Ítem más cuando el paradigma de lo que muchos consideran hoy en día un país comunista es China, que es donde se fabrican los objetos que se consumen en todo el mundo capitalista. A decir verdad, China es hoy en día un sistema de capitalismo de Estado, en el que el Estado detenta la propiedad de todos los medios de producción y ésta se dirige a la acumulación de capital (¿o es que alguien cree que el estado chino dedica sus recursos a satisfacer las necesidades de sus ciudadanos?); la diferencia principal de China con las democracias occidentales es que China es una dictadura, lo cual le hace ser, paradójicamente (o no), más eficiente desde el punto de vista de la producción y la acumulación de capital.

El Tabú del Capitalismo, que como hemos visto va desde la autocensura hasta el derrotismo, pasando  por la confusión conceptual, lleva a la futilidad de tantas acciones. Hace poco participé en un grupo donde se discutía hacer un comunicado para denunciar el fracaso de la COP25. En un momento dado, se convino eliminar de él la palabra "capitalismo" porque, según alguien dijo, "los sistemas comunistas también están agravando el problema y particularmente China es el mayor emisor de CO2 del mundo". De modo que al final se descafeinó completamente el comunicado por mor de una absurda linearización del problema, que no entiende que es a través de las otras dimensiones que quedan completamente inexploradas que se debe buscar la solución.


Estar a estas alturas del problema intentando contemporizar con el capitalismo y no llamar a las cosas por su nombres nos lleva, básicamente, a perder un tiempo que ya no tenemos. No hay negociación posible con y en el capitalismo, y en particular con eso que se ha dado en llamar neoliberalismo. No hay ninguna posibilidad de éxito sin salirse previamente de ese marco conceptual. Seamos un poco menos arrogantes: no somos los primeros que hemos intentado "humanizar" el capitalismo. ¿Por qué no íbamos a fracasar como hicieron nuestros mayores? Tendríamos que leer un poquito la Historia y comprender que por esa vía no vamos a ningún lado, no estamos yendo a ningún lado. 

La Salida:

Hay que superar el capitalismo. No hay que destruirlo: hay que salir de su trampa lógica. Explicar, mostrar, demostrar y comprender por qué seguir en la línea de progresión que nos marca el capitalismo solo nos va llevar a nuestra destrucción, a nuestra extinción.

Necesitamos comprenderlo para poder pasar página, para empezar a articular una respuesta que merezca la pena. No podemos seguir escribiendo y (limitadamente) divulgando más comunicados que son rápidamente ignorados, ahogados en el fragor de la propaganda que no cesa. ¿De qué sirve que salga mi compañero Jordi Solé diciendo aquello de que "la fiesta se acabado" si a continuación, en la misma tele, en el mismo telediario, te asaltan con el anuncio de una marca de agua, colonia o coche? Y es que, como dice Marcel Coderch, la publicidad debería ser considerada delito de incitación al consumo y completamente prohibida.

Hay que movilizar a la gente, sí, a la ciudadanía. Y se le tiene que hacer comprender que con "el sistema" no se puede negociar. Porque lo que deseamos, porque lo que necesitamos, aunque no lo entendamos, supondría su muerte. ¿Qué podemos negociar, entonces?

Tenemos además el problema de que nuestros representantes no nos representan. Delante del grave problema ambiental, de recursos, de sostenibilidad en suma, que tenemos nuestros representantes se embarcan en discusiones aparentemente técnicas que tras el fárragos de articulados, disposiciones y leyes lo único que procuran es la distracción y la inacción. Todos los términos de la discusión política actual son completamente erróneos: no vamos a solucionar el problema con coches eléctricos, ni con renovables, ni con centrales nucleares, ni con gas natural como combustible de transición, ni con captura y secuestro de carbono, ni con fusión nuclear, ni con eficiencia y ahorro, ni con grafeno, ni con hidrógeno, ni con helio 3 de la Luna, ni con combustibles artificiales, ni con biocombustibles, ni con fracking, ni con carbón limpio, ni con smart grids, ni con el 5G, ni con nada de nada de todo lo que se está oyendo hablar. Solo hay una opción real: decrecer. El decrecimiento es la única salida del atolladero. Y es la única que no se discute seriamente. Nuestros representantes políticos lo saben, pero no quieren llevar la discusión a los términos lógicos, los únicos razonables, los únicos posibles. No se atreven a transitar ese camino, por miedo a la incomprensión ciudadana, sí, pero también y sobre todo por miedo al rechazo y hostilidad del mundo económico. Y, por tanto, no nos representan. No están haciendo aquello para lo que los elegimos, que es buscar nuestro bien. No lo buscan. Únicamente evitan meterse en problemas ellos, al menos durante los 4 años que estén en el cargo.

No podemos negociar con "el sistema", ni podemos esperar que nuestros representantes nos representen. Solo nos tenemos a nosotros mismos para intentar sobrevivir.

No es éste un llamado per se a la desobediencia, pero si a la exigencia. Tenemos que explicar, tenemos que hacer entender, y tenemos que reaccionar ya. Si la ciudadanía no entiende los términos exactos de lo que está pasando y por qué está pasando, seguiremos como los burros dando vueltas a la noria que extrae la vida del planeta.

Salu2.
AMT


martes, 16 de enero de 2018

El tsunami de plástico


Queridos lectores,

Con unas importaciones de unos 10 millones de toneladas métricas por año el año pasado, China es el principal importador de residuos plásticos del mundo, absorbiendo un poco más de la mitad del total mundial. A eso debe añadirse que el segundo principal importador es Hong Kong, que suma más del 20%, con lo que la inmensa mayoría de la importación de plásticos del mundo acaba en China, bien sea directamente bien sea a través de la ex-colonia inglesa (que, al fin y al cabo, sólo actúa como intermediario de tan lucrativa actividad). Tal vorágine importadora de lo que en el mundo occidental se considera un residuo se explica por la voracidad de materiales de la economía china, que transforma todo ese plástico usado, tras su clasificación, en resina de plástico que después es usada por las fábricas de la factoría del mundo para crear los mil enseres que luego nos son vendidos. Visto así, el trasiego de plástico usado hacia China y de productos elaborados desde China cierra un círculo virtuoso, al decir de las escuelas de negocios (de aquí). Y así era hasta que la cosa se torció.

En julio del año pasado China anunció a la Organización Mundial del Comercio que a partir de 2018 prohibiría completamente la importación de 24 tipos de plásticos, además de la de papel y material textil (de las que no hablaré aquí aunque también representa otro serio problema). Durante estos seis meses básicamente no se ha hecho nada aparte de intentar convencer al Gobierno de China que se replanteara la prohibición. Y ahora Occidente se encuentra delante de un problema de grandes dimensiones, el cual carece de capacidad de afrontar, dadas profundidad insodable de los cambios que se requeriría hacer.

Esta noticia ha tenido un eco bastante importante por todo el mundo, debido a los problemas ambientales que está empezando a causar la acumulación de residuos en los países de origen, que son básicamente todos los países occidentales (España incluida). Resulta bastante impresionante que ningún medio analiza la noticia desde el punto de vista chino: ¿cómo es que China hace colapsar una industria propia que ocupa a un gran número de personas y prefiere pasarse a la resina de plástico virgen, que es mucho más cara? En algunas noticias se apunta a razones ambientales y de salud de la población, que fueron las razones que alegó China en su anuncio a la Organización Mundial del Comercio, pero se comenta siempre de pasada, y en ningún caso analizando el grave problema ambiental que ya ha causado en China esta industria sucia que se sustenta en la explotación de las clases sociales más desfavorecidas. Pues efectivamente, para conseguir un reciclaje eficiente se necesita hacer una buena clasificación de los residuos plásticos, y la manera más barata y eficiente para hacer eso es usar mano de obra humana mal pagada, que en China aún abunda. Como refleja con horrible precisión el documental "Plastic China", la separación de residuos la hacen miles de personas que literalmente viven en medio de la basura, en unas condiciones de vida miserables e insalubres. Esencialmente, los chinos están explotando en el presente las minas del futuro de las que hablaba en este blog hace más de 7 años, aunque no con el objetivo de conseguir energía sino materiales, y lo están haciendo no introduciendo más tecnología sino con mano de obra semiesclava, justamente como se anticipaba también aquí hace 6 años. Frente a los adalides del tecnooptismo más irredento que se creen que la tecnología es prácticamente un sustituto de la energía, aquí no se ha visto ninguna implantación de nuevas tecnologías extremadamente eficientes a gran escala, no; lo que se ha producido aquí es una explotación inmisericorde del "ejército laboral de reserva" que tanto abarata la Gran Exclusión. No es ninguna casualidad: la tecnología no lleva siempre y necesariamente a un abaratamiento de los costes, y particularmente cuando se trata de hacer procesamientos complejos, para los cuales un ser humano con un poco de entrenamiento habitualmente hará el trabajo mejor y con menor coste energético que cualquier sistema automatizado. Aunque para que las cuentas salgan es fundamental que los salarios sean escandalosamente bajos y que no se respeten las mínimas normas de salubridad, que sólo servirían para encarecer el proceso. Es por eso que este tipo de reciclaje no se ha hecho aquí, aunque lo que ha pasado en China es una advertencia de lo que nos puede acabar pasando a nosotros mismos si continúa progresando la devaluación interna.

Hay dos aspectos de esta crisis que no he visto tratar en ninguna de las noticias que he leído sobre este tema, y que me gustaría destacar. 

En primer lugar, que además del grave problema ambiental y de salud que comporta el procesamiento y reciclaje de esos residuos, es bastante probable que si China se ha decidido a tomar tan drástica medida es debido a que ya no tiene prácticamente capacidad de absorber más residuos. Tengan en cuenta que lo que se reaprovecha para hacer resina plástica es sólo una fracción del volumen total, y el resto ha de ser incinerado (con mayor contaminación atmosférica) o bien enviado al vertedero. Es muy probable que los vertederos chinos estén ya muy saturados, y la peligrosidad de algunos residuos (pues Occidente ha aprovechado el envío de estos residuos para colar de matute materiales muy contaminados, aparte de lo contaminantes que ya de por sí son sobre todo algunos plásticos) hace imposible optar por la incineración. Mientras Occidente ha estado presionando a China para aceptar más de su basura, China se ha encontrado probablemente saturada e incapaz de asumir más.


El segundo aspecto de la noticia que me gustaría destacar es lo que yo calificaría de "cinismo industrial" de muchas de las empresas que en Occidente dicen dedicarse al reciclaje. Como ha evidenciado esta crisis, muchas de estas empresas no son verdaderamente empresas de reciclaje, sino más bien intermediarios o, en el mejor de los casos, plataformas de gestión logística de los residuos en su camino de ida y vuelta a China, seguramente llevándose una buena tajada por no realizar la tarea que se supone que es tan importante hacer, y que ellos en realidad se la han endosado a otros.

Al final, toda esta crisis es un buen ejemplo de cómo algo, que podría haberse anticipado y que se origina bajo la lógica del despilfarro a la que aboca nuestra sociedad de sobreconsumo, se gestiona desde la lógica capitalista imperante. La necesidad de mantener apretado el acelerador del consumo lleva un sobreconsumo de plásticos, sobre todo en forma de envases y embalajes, y este sobreconsumo acaba creando una "industria" que se dedica a su "reciclaje"; y la lógica de seguir creciendo impide poner freno a esta locura hasta que se llega un momento en que el problema tiene dimensiones tales que no se puede gestionar y estalla una crisis como la actual.

¿Y cómo se va a gestionar la crisis actual, una crisis que ya está aquí y que cada día que pasa va generando más residuos que se acumulan en los puntos donde se recogía la mercancía que ya no se puede enviar a China?

Por un lado, estamos escuchando muchos cantos de sirena sobre la oportunidad de negocio que se abre para las empresas de aquí y cómo esto va a favorecer la innovación y gestión local de los residuos, creando nuevos y mejores puestos de trabajo. Pero, como comentábamos arriba, es imposible hacer este reciclaje de manera mínimamente competitiva sin la mano de obra semiesclava que se prodiga en China. E incluso aunque nuestros grandes emprendedores locales consiguieran encontrar la manera (más probablemente, explotando el ejército laboral de reserva local) se requerirían unos cuantos años para poner a punto una industria local a la altura del volumen de residuos que generamos. Y no olvidemos que tal industria tiene fecha de caducidad, porque sólo se recicla efectivamente una fracción del total, mientras que el resto tiene que ir al vertedero o ser incinerado. 

Justamente son esas dos (vertedero e incineración) las dos soluciones terribles que se están proponiendo a corto plazo para abordar este problema. Ya se anticipa el problema ambiental que supondría cualquiera de las dos soluciones, aunque obviamente es mucho peor en el caso de la incineración por la liberación de dioxinas y partículas en general. Pero los plásticos siguen amontonándose a gran velocidad y se tiene que encontrar una solución rápida. Así las cosas, es evidente que los países occidentales van a presionar a algunos países del tercer mundo o asimilables para que se conviertan en los nuevos importadores de residuos de último recursos para el mundo occidental, incluso sin tener la pretensión que estos importadores intenten hacer algo parecido a reciclar y se muestren claramente como lo que serían, los vertederos mundiales. Lo peor de esta lógica absurda de la huida hacia adelante y la búsqueda de la solución más económica a corto plazo que guía los razonamientos de mercado tradicionales es que tan sólo es un parche, una solución a corto plazo, hasta que los nuevos vertederos globales se saturen, y con la seguridad de que durante este tiempo añadido nadie va intentar buscar una verdadera solución a largo plazo.

Lo lógico sería comenzar a dar a este problema un tratamiento integral. No hay duda de que el uso masivo de envases y embalajes mantiene una fuerte industria local en los países occidentales, pero es un malgasto de recursos (que en realidad ya no nos podemos permitir, en las vísperas del declive energético) y genera el grave problema de gestión de residuos en el que estamos inmersos. Hay mucho camino posible a recorrer en la dirección en la que pocos analistas miran, que es la reducción. Si no se quiere explorar ahora que es más fácilmente gestionable, se tendrá que hacer cuando sobrevenga la nueva crisis de altos precios del petróleo. De momento tenemos a China como nuevo cliente global de resina virgen de petróleo tensionando este mercado, justo cuando la producción de hidrocarburos líquidos ya está cayendo.

Salu2,
AMT