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sábado, 29 de julio de 2023

Si no es ahora, será después

 


Queridos lectores:

Durante estos días se ha hablado mucho sobre la eventual detención del brazo Atlántico de la Corriente de Lazo Meridional (AMOC por sus siglas en inglés: Atlantic Meridional Overturning Current). No me entretendré aquí en explicarles que es la MOC y su brazo Atlántico: para saber más sobre ello, pueden leer este excelente hilo divulgativo en Twitter (o X, le dicen ahora) de la Agencia Estatal de Meteorología de España.

La razón por la que ha cobrado tanto interés ahora lo que pueda estar pasando con la AMOC es por la reciente publicación de un artículo que, usando un método novedoso para la identificación de puntos críticos, señala que esta corriente marina podría detenerse por completo en algún momento del siglo XXI.

La preocupación por la posible detención de la AMOC no es algo nuevo: durante los últimos 20 años se han publicado numerosos análisis sobre su posible ralentización, y en realidad los primeros avisos de que tal cosa podría pasar datan de hace unos 60 años. Sin embargo, este año estos avisos cobran una especial importancia por culpa de lo que está sucediendo en el océano global y en particular en el Atlántico Norte. Y es que la temperatura de la superficie del mar está llegando a valores nunca vistos.


En estos momentos, la temperatura promedio de todo el Atlántico Norte está aproximadamente 1,4ºC por encima de la media de referencia (tomada como el promedio entre los años 1982 y 2011). Hasta ahora las temperaturas del mar estaban moviéndose tanto hacia arriba como hacia abajo de esa media (aunque en los últimos años decantándose siempre en la dirección hacia arriba) en torno a unos 0,6ºC; por tanto, una desviación de 1,4ºC es más que significativa, sobre todo para un único año. Eso sucede, además, en un año en el que la temperatura del aire en superficie (se toma la referencia de 2 metros) está en máximos históricos y seguramente en el valor más alto de los últimos 100.000 años, aproximadamente 1,72ºC por encima de la media preindustrial y por tanto dejando atrás el límite de 1,5ºC que se había propuesto en los Acuerdos de París sobre el clima.

Este calentamiento tan anómalo y repentino del Atlántico Norte podría ser un síntoma de la detención de la AMOC, así que la publicación del artículo arriba mencionado básicamente ha echado más leña a un fuego que ya ardía con bastante intensidad.

Se tiene que decir que los modelos del IPCC (CMIP6) no contemplan la posibilidad de un colapso de la AMOC en este siglo como un evento probable. Sin embargo, como explica el profesor Stefan Rahmstorf (quien es una referencia mundial en el estudio de la AMOC), los modelos del IPCC le atribuyen a la AMOC una estabilidad excesivamente elevada, como pone de manifiesto que en los modelos del IPCC solo comienza a aparecer una zona de enfriamento al sur de Groenlandia (síntoma de ralentización de la AMOC) para calentamientos globales de más de 2ºC cuando, en realidad, ya estamos observando esa anomalía desde hace años con calentamientos de aproximadamente 1ºC.


Esta estabilización excesiva de la AMOC en los modelos climáticos nos dejaba bastante desarmados para entender cuáles son las posibles consecuencias de la detención de esta corriente marina fundamental para la redistribución del calor en el planeta. Tenemos como referencia qué sucedió en otras épocas geológicas cuando se detuvo la AMOC, pero las circunstancias eran muy diferentes, sobre todo porque había menos gases de efecto invernadero en la atmósfera. En cualquier caso, todo parece indicar que si la AMOC finalmente se detiene, las consecuencias para la vida en el planeta, y particularmente en Europa, serían muy drásticas. 

La AMOC lleva agua cálida del Golfo de México hasta Noruega y en el camino va desprendiendo calor y humedad, que hacen que Europa, a pesar de estar en latitudes bastante elevadas, sea un continente con un clima bastante benigno. Este agua después retrocede hacia Groenlandia, desprendiendo más calor, hasta que se enfría lo suficiente para volverse más densa y hundirse en el mar, y circular a una profundidad de unos 1000 metros o más. Precisamente, su detención anticipa que Europa se volvería un continente más frío y más seco, y también que el océano profundo reduciría su ventilación, habiendo menos oxígeno y causando una mortandad masiva de la vida marina. Además, el aumento continuado de la temperatura superficial del mar garantiza que se producirán tormentas cada vez más violentas y destructivas. Pero la cosa va mucho más allá. En los escenarios más extremos, el planeta se convertiría en dos enorme zonas polares y una zona central recalentada. Porque otro de los problemas asociados a la detención de la AMOC, que es uno de los puntos de no retorno del sistema planetario, es que puede desencadenar que se sobrepasen otros puntos de no retorno, desestabilizando el clima del planeta hasta convertirlo en algo irreconocible pero sin duda extremo y muy probablemente incompatible con la vida humana.

No tenemos certeza de qué es lo que pasará exactamente si la AMOC colapsa, en buena medida porque nuestros modelos numéricos son muy conservadores y tienden a privilegiar configuraciones que se parecen a nuestro clima actual y a penalizar aquellos estados que se desvían mucho de ello. Es precisamente esa contradicción entre los modelos y la realidad a lo que se agarra la nueva oleada negacionista que asola el planeta y particularmente España para negar la mayor y dar por hecho que lo que se dice son exageraciones. En realidad no comprenden que los modelos, por construcción, predicen una evolución continua y suave, y por eso tienen dificultades para modelizar correctamente lo que son cambios abruptos, transiciones de fase. Como norma general, los modelos climáticos pecan de optimistas, no de todo lo contrario.

Tampoco estamos completamente seguros de si lo que estamos viendo es un síntoma de la ralentización y eventualmente detención de la AMOC. Existen diversos factores, con gravedad diferente, que podrían explicar la anomalía de este año, aunque en suma la tendencia a la subida de la temperatura del mar debida al Cambio Climático garantiza que, tarde o temprano, llegaríamos al escenario de colapso de la AMOC.

Aquéllos que han comprendido la gravedad de la situación están, como es natural, muy alarmados y angustiados esperando a que la ciencia diga la última palabra sobre este nuevo sobresalto en la salud del planeta. Para la mayoría de la población, el posible colapso de la AMOC es algo completamente ajeno a sus vidas y por supuesto motivo de poco interés y preocupación. 

Durante los próximos meses y años, los oceanógrafos nos dedicaremos a hacer mediciones masivamente, mejorar modelos, procesar datos, analizarlos exhaustivamente, cruzarlos con datos de los meteorólogos, paleoclimatólogos, biólogos marinos, etc, con la intención de entender mejor qué está pasando. Y tras ese intenso trabajo, que llevará mucho tiempo, se emitirá un veredicto. Y habrá dos posibilidades. La primera, que AMOC se está ralentizando o colapsando ya. La segunda, que eso todavía no ha sucedido y que lo que observamos es una anomalía transitoria.

En el primer caso, dará igual lo que digamos, porque seguramente los efectos del colapso de la AMOC se habrán hecho más que evidentes para el común de la población. En el caso concreto de Europa, tendremos inviernos más fríos, más sequía y tormentas cada vez más destructivas, en un proceso que con el paso de los años irá a peor, hasta que lleguemos a un punto de estabilidad que será la nueva normalidad, y que sin duda implicará el desplazamiento de millones de seres humanos hacia zonas más habitables.

En el segundo caso, toda esta discusión parecerá el típico culebrón de un verano, la gente no le prestará la más mínima atención y seguirá con sus diarios quehaceres. Todo seguirá igual. Seguiremos emitiendo CO2 a la atmósfera como si no hubiera mañana, lo cual precisamente garantiza que no habrá mañana.

Porque ésta es la conclusión. Con nuestra manera de actuar, estamos garantizando que este desastre en ciernes se acabe materializando. 

Si no es ahora, será después.

Con nuestra actitud indolente, con la obstinación en no cambiar el rumbo como sociedad, estamos garantizando que sucederán los peores escenarios. El susto de este año debería de servir para hacernos reflexionar, para movernos a cambiar. Si no lo hacemos, ¿qué creemos que nos va a pasar?

Recuerden: Si no es ahora, será después.

Salu2.

AMT

Post Data: Hace un par de años me grabaron en una larga entrevista, al final de la cual comentábamos sobre el proceso que ya entonces comenzaba a ser evidente, y las posibles consecuencias que tendría la detención de la AMOC (en el vídeo referida como circulación termohalina). Espero que les interese.



viernes, 16 de febrero de 2024

Si nuestra supervivencia fuera importante


Queridos lectores:

Este no es un post cómodo. No sigan leyendo si no se sienten con la presencia de ánimo adecuado. Avisados quedan.

La semana pasada cayó como una bomba la publicación del último estudio sobre un hipotético colapso del brazo atlántico de la Corriente de Lazo Meridional (AMOC).  Y no es porque este tema no haya sido estudiado con intensidad desde hace décadas, sino porque este estudio cierra un frente que aún permanecía abierto en este debate. Durante los últimos años, con la mayor abundancia de datos y mediciones y con mejores herramientas de análisis, se ha ido acumulando cada vez más indicios de que el Cambio Climático podría llegar a ocasionar el colapso de la AMOC. Particularmente relevante fue un estudio publicado el año pasado en Nature Communications que mostraba que el colapso de la AMOC podría llegar a producirse en cualquier momento de este siglo. En aquel momento yo publiqué un post sobre el tema ("Si no es ahora, será después"), el cual les recomiendo que lean ahora si no saben absolutamente nada sobre esta corriente oceánica y las consecuencias de su detención. Y aún no ha pasado un año cuando ha aparecido el impactante estudio de Westen, Kliphuis y Dijkstra en Science Advances, el cual claramente marca un antes y un después.

La importancia del estudio de Westen et al radica en que por primera vez se consigue reproducir el colapso de la AMOC en un modelo de simulación climática de los que usa el IPCC. En el experimento numérico, se aumenta de manera muy lenta y progresiva el flujo de agua dulce que provendría de la fusión del agua continental en Groenlandia y Canadá, mientras que se mantiene una concentración de gases de efecto invernadero y una temperatura constantes y con valores de antes de la Revolución Industrial. Porque el objetivo del experimento numérico no es reproducir lo que está pasando en el mundo real ahora mismo, sino saber si con el forzamiento adecuado el colapso de la AMOC podría producirse, a qué velocidad sucedería y si existen un indicador temprano que nos alerta de la cercanía al colapso. Y aunque el valor de descarga de agua dulce a partir del cual la AMOC colapsa es elevado (unas 80 veces más grande que la descarga estimada desde Groenlandia), lo que se observa es que la AMOC colapsa muy rápido, de modo que antes de 100 años su valor es casi residual, y el grueso de la caída se verifica en menos de 50 años. Por otro lado, se encuentra que el flujo de agua dulce a través del paralelo 34º S es un indicador fiable de la proximidad al punto de colapso, independientemente de sus causas (si es solo el exceso de agua dulce del deshielo continental u otras causas individualmente o combinadas). En la segunda parte del trabajo se toman medidas del mundo real para hacer estimaciones del flujo de agua dulce a través de 34ºS para ver dónde estamos, y aquí es donde se desatan los demonios: el valor actual de ese flujo revela que estamos muy cerca de llegar al colapso de la AMOC, si no es que ya está en marcha. Y que, en todo caso y si no se toman medidas, el colapso comenzará este mismo siglo, en consonancia con el estudio de Ditlevsen & Ditlevsen del año pasado.

He visto algunas críticas quitando importancia al trabajo de Westen et al debido al hecho de que el flujo de agua dulce que provoca el colapso de la AMOC es muy elevado (alrededor de 0,5 Sv o hectómetros cúbicos por segundo) y que por tanto no es realista y que eso significa que no hay un riesgo real de colapso de la AMOC. En realidad quien dice esto no ha entendido el trabajo: como he dicho más arriba, en la parte del análisis con el modelo numérico Westen et al están buscando tres cosas: 1) saber si un modelo puede reproducir un colapso de la AMOC con el forzamiento adecuado; 2) si tal colapso sería rápido; y 3) si existe un indicador temprano de ese colapso que no dependa del forzamiento. Y la respuesta a esas tres preguntas es sí. Después, van a los datos del mundo real y con ese indicador evalúan en qué punto estamos, y el resultado es clara e indiscutiblemente alarmante. Y es que, en realidad, hay muchos factores que están parando la AMOC. Uno de ellos es el agua del deshielo, pero otro que seguramente está siendo más importante (porque afecta a un área mucho mayor) es la reducción del viento en superficie, porque el  viento vuelve el agua más densa por dos efectos: por que la enfría y porque favorece la evaporación, que la vuelve más salina. Y estamos constatando que el viento está siendo anómalamente bajo en esta zona.


En realidad, es muy difícil contabilizar todos los factores y procesos que están afectando la AMOC, y además mucho de ellos son más difusos y afectan a un área mucho mayor que el modelo simple conceptual que se suele usar (cuña aquí: en mi grupo hemos desarrollado un método pionero para poder medir directamente la formación de aguas profundas a través de datos de satélite, y pronto - cuando acabe de revisar yo el nuevo artículo - mostraremos qué está pasando en el Atlántico Norte). Por tanto, lo más sensato es mirar a los indicadores tempranos como el que se ha analizado en Westen et al (que en realidad no es nada nuevo y que hace tiempo que se utiliza como indicador de la estabilidad de la AMOC).

Como el propio artículo de Westen et al muestra, si la AMOC colapsa los efectos climáticos serían catastróficos. Sin el efecto benéfico de esta corriente oceánica, que aporta calor y humedad a Europa, el continente tendería al clima que le correspondería por la latitud a la que se encuentra, similar a la de Canadá o la del sur de Siberia. Las temperaturas en la Europa Central caerían unos 30 grados, el hielo del Ártico llegaría cada invierno a las puertas de París... El continente no solo se volvería más frío, sino también más seco, y probablemente sería completamente inhabitable. Los países del Sur de Europa se quedarían con temperaturas mucho más aceptables, aunque el reto seguiría siendo la escasez de precipitaciones (lo cual dependería de si la corriente del Golfo se debilita mucho o no). Al otro lado del Mediterráneo y en Mesoamérica, las temperaturas se dispararían porque el exceso de calor atlántico no tendría por dónde liberarse. En general las tempestades se volverían mucho más violentas en todo el Atlántico Norte, y por ajuste geostrófico el nivel del mar en esta zona subiría al menos 70 centímetros. Pero lo peor sucede alrededor del Ecuador: el recalentamiento del Trópico de Cáncer empujaría la Zona de Convergencia Intertropical varios centenares de kilómetros hacia el sur, lo cual desplazaría el monzón sudamericano (acabando con la selva amazónica), el africano (acabando con la selva africana) y el indio (comprometiendo las cosechas en ese subcontinente habitado por 1400 millones de personas). Lo peor del asunto es que hay muchos síntomas de que esto está comenzando a suceder: sequía en Europa y en Mesoamérica, desplazamiento de la ZCIT, sequía en la India, recalentamiento del agua superficial del Atlántico Norte...

Bien, hasta aquí la justificación de por qué el artículo de Westen et al es tan importante y el diagnóstico de la situación.

La pregunta natural ahora es:

¿Qué podemos hacer para evitar esta catástrofe? 

Eso si es que siquiera es evitable; si no, la pregunta es:

¿Qué podemos hacer para adaptarnos a esta catástrofe?

Teniendo en cuenta la magnitud del problema, cualquier propuesta tiene que tener también una dimensión comparable a lo que se quiere hacer frente.

Algunos políticos de poco fuste pero mucha mala fe han intentado aprovechar la noticia para intentar una vez más impulsar su fallida agenda industrialista, apostando de nuevo por más aerogeneradores, más placas, más coches eléctricos, más hidrógeno verde, más país, más planeta y si te descuidas pronto más galaxia. No son conscientes del ridículo que hacen con su cortedad absoluta de miras y su rigidez mental delante de la complejidad  y variabilidad de los retos en el mundo real.

Otros políticos con todavía peor intención, y su caterva de trolls (los que están a sueldo y los voluntarios entusiastas, que también los hay) optan por redoblar los cantos de sirena del negacionismo climático, tildando estos estudios de exagerados y apocalípticos, de dogma climático y de impulsar una agenda de tintes comunistoides con esta excusa.

Pero mientras unos y otros rebufan por los dos lados del espectro político, el poder económico ha tomado buena nota de los estudios y es perfectamente consciente de lo que hay en juego. De hecho, yo diría que en (ciertas) altas instancias hay ahora una visible incomodidad que poco a poco se va tornando en pánico.

Desde el punto de vista de esta gente, la que realmente rige los destinos de nuestra sociedad, la aproximación lógica a este problema es apostar por la geoingeniería, es decir, la modificación artificial del clima basada en un despliegue masivo de medios de todo tipo. Para ellos, éste enfoque es el lógico porque, aparte de implicar no cambiar para nada la deriva del sistema económico actual, se está creando toda una nueva oportunidad de negocio. Ya hace tiempo que se le hace publicidad a este tipo de "solución" y se intenta presentarlo como una opción viable y razonable. Estoy seguro de que a partir de ahora se van a redoblar los esfuerzos para que la opinión pública lo acepte como "la solución natural". El problema con la geoingeniería es doble: por un lado, se generan efectos secundarios indeseables e impredecibles, porque no tenemos ni una comprensión tan completa ni un control tan total sobre los procesos involucrados; por el otro lado, la escala a la que se tendrían que desplegar estas medidas para que tuvieran algún efecto es tan colosal que no es factible físicamente, no digamos ya económicamente. Quizá las únicas medidas que podrían crear un efecto a la altura de lo que se necesita sería quemar todos los bosques del mundo o una guerra nuclear - y creo que en esos dos casos los efectos indeseados resultarían bastante evidentes hasta para los más cerriles.

Un plan sencillo.

Podría pensarse que no hay nada que hacer delante este gigantesco problema, y que por tanto estamos condenados.

Nada más lejos de la realidad, al menos desde el punto de vista material, técnico. Salvo si realmente ya hemos superado un punto de irreversibilidad, aún estamos a tiempo de parar esto. Físicamente, aún es posible. Y ahora explicaré cómo.

Sé bien que los que braman desde lo que ellos llaman izquierda tacharán esta propuesta de "ingenuidad política". Cabe preguntarse si lo que ellos hacen no es todavía de una mayor ingenuidad, teniendo en cuenta que no consiguen cambiar nada. Mejor intentar cambiar algo y fallar que no intentarlo absoluto.

Por su parte, los que braman desde lo que ellos llaman derecha tacharán esta propuesta de "agenda globalista socialista davosiana comunista para acabar con la libertad" y no sé cuántos disparates más. Creo sin embargo que la destrucción de todo restringirá muchísimo más la libertad de las personas y las oportunidades de hacer negocios.

En todo caso, como es más que previsible que habrá una fortísima oposición por motivos ideológicos y para nada basados en la evidencia científica, y debido a que el esfuerzo que se requiere es escala planetaria, la primera cosa que creo que se debe hacer es dedicar un par de años a hacer todo el trabajo científico y técnico de evaluación de la magnitud del problema y llegar a un consenso sobre el estado actual y los riesgos potenciales. Quizá no tenemos esos dos años para perderlos, pero me temo que no tenemos elección, teniendo en cuenta cómo funcionan las comunidades humanas, incluyendo las científicas.

Una vez concluidos los trabajos de la comisión científica, se tendría que celebrar una gran conferencia planetaria, que forzosamente debería durar muchos meses, con grupos de trabajo verdaderamente interdisciplinares y sin la habitual injerencia de intereses espurios rebajando el tono de los textos. Esta conferencia debería salir con medidas concretas, concisas y de carácter fundamentalmente técnico.

En cuanto a las medidas, lo que se podrá discutir cómo se reparten pero la cosa es bastante simple: tenemos que reducir con carácter inmediato las emisiones de CO2 en un 90%. "Inmediato" quiere decir a la mayor brevedad, y por poner un plazo antes de un año. Luego, de manera más paulatina, habría que ir reduciendo el 10% restante. Haciendo eso, y teniendo en cuenta los mecanismos naturales de la Tierra de reabsorción de CO2, en un par de décadas deberíamos comenzar a notar efectos positivos y, si hemos tenido suerte, habríamos evitado el peor escenario.

Para que quede claro, esto no es decrecimiento. Esto es tirar a fondo y a la desesperada del  freno de emergencia. Con el decrecimiento se busca conseguir de manera paulatina y progresiva un descenso material y energético de manera que no se comprometa el bienestar de la gente. Aquí no. Aquí se alteraría de manera drástica y radical las condiciones de vida de todo el mundo,  sobre todo en los países más opulentos. Hay que ser honestos: la calidad de la vida bajaría. Todo estaría racionado, hasta los alimentos y el agua. Sería implementar una economía de guerra, con una obsesión que dominaría todas las acciones e intenciones, luchar para evitar esta catástrofe.

No es un escenario cómodo, agradable y progresivo lo que se ofrece. Es simplemente la única manera que tenemos de intentar evitar lo peor, y  es la única manera que está a la altura del tamaño y la gravedad del problema que nos desafía. Por eso es duro y desagradable, porque el peligro que afrontamos es muchísimo peor.

No es el futuro que querríamos, es el futuro que podríamos tener. El único realmente viable.

Sí, ya sé lo que dirán. Que no es políticamente viable. Que nunca se hará. Ahora vuelvan al principio del post y miren el mapa de cómo quedará el mundo. Piensen en los 3.000 millones de personas que se verán directamente impactadas por esta tragedia y que probablemente tendrán que abandonar sus lugares de residencia. Sí, lo que propongo es una locura. Pero no hacer nada y que sobrevenga esto es una locura mucho mayor. Tendremos que acostumbrarnos a luchar por estas locuras que nos ofrecen un futuro incómodo e indeseable si queremos simplemente tener un futuro.

Ya les dije que éste no era un post cómodo.

Por terminar: siempre me ha fascinado un libro de John Michael Greer que leí hace años. "La riqueza de la naturaleza: economía como si la supervivencia importase". Con mucha finura, JMG plantea el problema desde el propio titulo. Porque efectivamente el planteamiento económico habitual es que la supervivencia, tanto la nuestra como la del resto de seres vivos que nos acompañan en este planeta, no es algo que deba ser tenido cuenta. Por eso no podemos entendernos: nosotros hablamos el lenguaje de la vida y lo vivo, los otros, no. No sé de qué hablan, pero sé que no es de la vida.


Salu2.

AMT

P. Data: Otro día, si acaso, les contaré que por lo que parece el brazo sur de la MOC también está colapsando. Cosa que sé porque en este caso se trata de mi propio trabajo con investigadores del National Oceanographic Center of Southampton.

miércoles, 8 de enero de 2025

The Oil Crash: Año 19

 


Queridos lectores:

Con un retraso de unos días, les presento el resumen de los hechos más destacados del año 2024 en materia de sostenibilidad, y particularmente tanto en los aspectos ambientales.

Como suele pasar, este año ha estado cargado de muchas noticias y en general el tenor, en cuestiones de sostenibilidad, ha sido considerablemente peor que el de años precedentes. De hecho, hay tantas noticias que es completamente imposible glosarlas aquí todas, así que discúlpenme si algo muy notorio acaba quedándose en el tintero.

+ Creciente caos climático: El año 2024 ha estado caracterizado por una enorme cantidad de eventos extremos, con lluvias y vientos anómalos en todos los continentes, en ocasiones con efectos muy destructivos. Lo más preocupante es la ocurrencia de estos fenómenos en lugares donde no hay constancia en décadas, a veces incluso en siglos, de nada parecido. Desde inundaciones en Arabia Saudita a nieve en Marruecos. Puestos a destacar eventos particularmente destructivos, señalaríamos el huracán John en Acapulco (por segunda vez en 11 meses se produce un huracán en esa zona que sufre una intensificación explosiva hasta categoría 5 en menos de 24 horas), el huracán Helene en los EE.UU. (que trajo la devastación a estados hasta ese momento considerados seguros, como Carolina del Norte), las catastróficas inundaciones en Katmandú (más de 200 muertos), las inundaciones en Polonia, Hungría y Austria de septiembre y las repetidas inundaciones de Turquía (cada pocos meses se producen nuevas) y, en el caso de España, la DANA de Valencia.

+ Preocupación creciente con los puntos de no retorno climáticos: Durante el 2024 ha vuelto con fuerza la discusión sobre una posible ralentización e inclusive eventual detención del brazo atlántico de la Corriente Meridional del Lazo (Atlantic Meridional Overturning Current o AMOC), a partir de diversas publicaciones que, analizando datos recientes, ponen de relieve que el peligro puede ser más cercano de lo que nos pensamos (escribí un post sobre uno de esos artículos). Los hallazgos que se han ido publicando con posterioridad durante 2024 y la investigación en curso empujaron a 44 científicos a escribir una carta al Concilio Nórdico alertando sobre el peligro para sus países de una parada abrupta de la AMOC. Por desgracia, una eventual parada de la AMOC es solo uno más de los puntos de no retorno que podríamos cruzar en los próximos años, los cuales incluyen también la sabanización de la Amazonia o el deshielo de la capa de hielo continental de la Antártida Occidental, entre otros, y encima todos ellos tienen dependencias mutuas, así que sobrepasar uno puede empujar a otro, pudiéndose producir una cascada de puntos de no retorno. Por cierto que un punto de no retorno del que no se habla porque no ha sido catalogado como tal, a pesar de que parece estar en peor estado que los anteriormente mencionados, es el colapso de la SMOC (Southern Ocean Meridional Overturning Current, a veces designado también por SOOC), aunque probablemente se empiece a hablar mucho próximamente (a lo que espero que nuestro propio trabajo de investigación aporte su granito de arena).

+ Desestabilización geopolítica masiva: Durante el año 2024 ha continuado la guerra en Ucrania, pero también se recrudeció la masacre en Gaza y Cisjordania que comenzó a finales de 2023; ambos conflictos representan un grave problema para los países occidentales y particularmente para Europa, por motivos diferentes: en el caso del primero, porque el temor existencial a un conflicto en suelo europeo está empujando a una creciente militarización del Viejo Continente, pero también a un creciente rechazo a que se destinen más recursos en una Europa donde cada vez escasean más; en el caso del segundo, por el rechazo expresado por la ciudadanía europea a la masacre indiscriminada de la población civil, lo cual compromete el discurso de superioridad moral que es tan del gusto europeo. Al tiempo, el golpe de estado en Níger en 2023 ha puesto en jaque la hegemonía de Francia en el Sahel, sobre todo al fracasar la coalición de países africanos con la que Francia quería recuperar el control al producirse sendos golpes en Malí y Burkina Faso. Ahora, los países díscolos se proponen salir de esa agrupación cooptada por Francia, la ECOWAS, lo cual está debilitando aún más el poder francés en esta parte de África. La última gran noticia a nivel geopolítico del año de 2024 es el colapso de Siria bajo la ofensiva de un grupo islamista radical, un suceso tan turbio (del que rápidamente han intentado sacar provecho tanto Turquía como Israel) que daría para hablar durante años. Se publicará en breve un programa de Radioactividad con David Feria y un servidor donde se abordan éste y otros temas.

+ Problemas con el acceso a los combustibles: El 2024 se ha caracterizado por problemas crecientes en el abastecimiento de combustibles, sobre todo en África y América Latina, con algunos países de Asia afectados como Pakistán. Algunos eventos de 2024 asociados con las dificultades para mantener el abastecimiento de combustibles derivados del petróleo fueron el paro de camioneros en Colombia, la escasez en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, en Perú y en Argentina, pérdidas en la agricultura en Bolivia, protestas por la falta y encarecimiento de los combustibles en Nigeria, y problemas en muchos países africanos: Malawi, Egipto, Burundi, Tanzania, Sudáfrica, ... El problema empieza a estar tan extendido que parece ridículo que algunos nieguen que hay un problema global con el petróleo, simplemente porque no les afecta a ellos (aún).

 + La recesión se afianza en Alemania: Desde 2020 hasta 2024, el 20% de la industria pesada alemana ha desaparecido, y las perspectivas no pintan demasiado bien. Se anuncian despidos y reducción de actividad en multitud de empresas sistémicas, como BASF, Siemens o Volkswagen. La incapacidad de tener materias primas y energía a un precio adecuado para la industria alemana está provocando la destrucción económica del país, y tiene una buena parte de responsabilidad en la caída del Gobierno alemán. El problema es que Francia y otros países de la UE tampoco están en una situación muy boyante, excepto España.

+ Retroceso democrático en Occidente: El ascenso de los partidos radicales en Europa es innegable: la ultraderecha gobierna en Italia, en Hungría, en Polonia o en los Países Bajos, y podría dar un gran salto adelante en las elecciones alemanas de febrero de 2025 o en las presidenciales francesas de 2027. La fuerte represión de las protestas por la matanza en Gaza (hasta el punto de detener a gente por exhibir banderas palestinas, aparte del uso indiscriminado de antidisturbios), la persecución a los grupos ambientalistas y, en general, la crispación y las amenazas en las redes sociales, junto con un control cada vez más sesgado de la información que se difunde, van lentamente llevando a Europa hacia una nueva pesadilla totalitaria. En EE.UU., la victoria de Donald Trump augura cuatro años de retroceso en las libertades a nivel doméstico y una política populista y radicalizada.

+ El "oasis" español: En medio de la debacle económica y de la agitación política de Europa, España es actualmente una especie de oasis tanto en lo político como en lo económico (hasta el punto locomotora económica). En lo económico, España aportó el 40% del exiguo crecimiento del 0,8% de la Eurozona durante el 2024 (lo que es más una muestra de la debilidad económica europea que de la fortaleza de España). En lo político, el acuerdo con casi todos los partidos del arco parlamentario excluyendo la derecha nacional continúa apuntalando al Gobierno de coalición entre PSOE y Sumar, a pesar de los múltiples bandazos y anuncios de abandono, y que el propio Sumar perdió a su coordinadora, Yolanda Díaz, dimitida después de los malos resultados en las europeas, y la mala noticia de que uno de sus socios principales, Más País, haya perdido a su miembro más carismático y fundador, Íñigo Errejón (cosa que, dada la política de acoso de ese particular partido contra los académicos españoles, solo puedo contemplar con cierto alivio). Contra viento y marea, España es aún un país económicamente solvente y políticamente... bien, no diremos que estable, pero sí más afianzado que otros de nuestro entorno. Ahora bien, viendo lo que se avecina para los próximos meses (motivo del siguiente post) veremos cuánto dura esto.


En una nota más personal, este año ha visto la publicación de mi quinto libro de ensayo, el tercero que publico en solitario: "El futuro de Europa". En él recojo tanto un análisis de los problemas de sostenibilidad que nos aquejan cómo de la inviabilidad del modelo de Renovable Eléctrica Industrial, pero también (y ésta es la parte más extensa del libro) discuto sobre soluciones y aproximaciones técnicas para conseguir mejorar nuestro aprovechamiento de la energía y acercarnos a un modelo verdaderamente sostenible.

Volvemos en breve con la previsión para 2025. Permanezcan en sintonía.

Salu2.

AMT 

martes, 11 de junio de 2024

Procapitalismo o muerte (valga la redundancia)

 


Observo, una vez más, la legión de trolls que me acosan en las redes sociales, y más raramente en mi bandeja de entrada. Algunos con más educación que otros, algunos con mayor intento de articular algún argumento, otros solo vomitando su bilis farfullando algo sin sentido (tampoco sintáctico).

Apagones en Ecuador, Colombia, Bolivia, Venezuela... Nueve estados de los EE.UU. sufren un apagón. España, al borde del apagón...

A veces les respondo. A veces no. Pero en ningún caso hablo para ellos. ¿Para qué? Todos ya tienen su idea hecha. No han venido a discutir, han venido solo a acosar (para minar mis fuerzas y mi autoconfianza) y a intentar deteriorar mi imagen (de caras al exterior).

Argentina pierde parte de la cosecha por culpa de la escasez de diésel, a pesar de un productor de petróleo, y raciona el gas industrial a pesar de ser un productor de gas. La gasificación de los pozos de fracking en los EE.UU. anticipa un final abrupto para su producción de petróleo. La producción mundial de petróleo del mundo experimentó una brusca caída de 1,5 millones de barriles diarios en enero.

Cuando contesto a los trolls, en realidad hablo para los que me leen. Intento darles argumentos y estrategias para contestar a esos trolls del mundo real, que aparecen en la más suave variante conocida como cuñado. Además, las redes sociales generan un efecto microscopio: solo unos pocos son tan energúmenos para atacar, la mayoría de los que pasan leen y, estando de acuerdo o no, callan, porque tienen más sentido de la educación (y del ridículo). Lo que vemos son solo unos pocos individuos que creen que tienen que imponer su opinión, incluso en casa ajena, en vez de vivir y dejar vivir.

La producción de las minas de Chile retrocede por cuarto año consecutivo, mientras los costes se disparan. La tonelada de cobre llega ya a los 11.000 dólares. Se multiplican los robos de cobre. Matan a un actor de Hollywood para robarle el platino del catalizador de su coche.

El argumentario de la trollsfera es siempre más o menos el mismo. Hablan de mis profecías fallidas, asignando fechas que yo no he dado a problemas futuros que sí que he descrito, como el racionamiento del diésel o el final de la aviación masiva. Al final, suelen recurrir a un pantallazo fuera de contexto de un post mío de 2010, a falta de un argumento mejor, para acusarme de decir que solo se podrían construir un millón de coches eléctricos, pero hacen el ridículo en cuanto enlazo el post original. Porque los datos que me atribuyen no son míos sino de Jack Lifton, porque hace 14 años (cuando empezaba el blog y nadie me conocía) la mayoría de mis posts eran simplemente comentarios sobre artículos que leía. "Ah, pero por lo menos habrías debido explicar que los datos de Jack Lifton eran erróneos". Claro que sí. Lo hice, ya en 2010, cuando un lector me lo señaló, y rehice los cálculos de Lifton con las estimaciones del Servicio Geológico de los EE.UU., y encima enlacé este segundo post al final del primero, el cual, obviamente, mis trollacos no han leído. A pesar de lo cual, invariablemente, al cabo de unos días otro menguado me repetirá el mismo argumento de mierda con un "¡ajá!".

Después de meses en la cuerda floja, dimite el CEO de Siemens Gamesa y como era de temer se anuncia un ERE. Acciona continua con problemas. Algunas grandes compañías eléctricas comienzan a deshacerse de algunos activos renovables en España.

Otra idea-fuerza que está ganando tracción últimamente en la trollsfera es la de intentar desacreditarme académicamente. El problema es que lo hacen con argumentos de una ignorancia de lo que es la investigación que son simplemente enternecedores. El primer argumento reza que soy un investigador mediocre. Desgraciadamente para ellos, no es verdad. Mis indicadores de desempeño ciertamente no me sitúan entre el 5% más destacado, pero de ahí de calificar mi trabajo de mediocre hay un buen trecho. Mirando por ejemplo mi índice H (un indicador con ciertas limitaciones pero informativo), es actualmente de 33 de acuerdo con Scopus, un servicio de bibliometría aceptado en el mundo académico (el menos riguroso Google Scholar arroja un valor de 39). Según el creador de este índice, de manera orientativa H=20 es el valor de entrada a una posición de catedrático y se considera un valor bueno; H=40 sería excelente y H=60 sería extraordinario; dice también Hirsch que el 86% de los Premios Nobel de Física tenían H=30. También es cierto que el valor se tiene que ajustar por el tamaño de la comunidad en la que desarrollas tu trabajo principal (en mi caso, oceanografía y observación de la Tierra, ambas relativamente pequeñas) y por la edad (en mi caso, ya bastante senior). Sea como fuere, mis indicadores no son malos y están en consonancia con los de mis colegas en posiciones similares. Y eso sin contar con que a lo largo de mi carrera científica he conseguir 4 millones de euros en contratos y proyectos competitivos, y mi contribución a las tareas de asesoramiento científico a las administraciones y empresas españolas y las de desarrollo tecnológico con la Agencia Espacial Europea y algunas empresas.

En la misma semana de mayo, la temperatura llega a 50ºC en algunas partes de México y una tormenta de granizo convierte las calles de Puebla en ríos glaciales. En Delhi, temperaturas de más 50ºC hacen que se acumulen cadáveres a mayor ritmo del que pueden procesar las funerarias, y falta agua en casi todo el país, mientras la costa oriental es azotada por un tifón de fuerza inusitada. La granizada destruye el 30% de un gran parque solar en Texas y los tornados destruyen varios aerogeneradores en Iowa. Todo normal y bien...

El otro argumento, aún más tonto, es que yo no tengo formación específica en energía. Para esta gente, se ve, debería tener un título de energólogo. Se ve que el hecho de ser físico, con un doctorado en física, no me permite entender lo que es la energía. Lo peor del caso es que los temas de los que yo me ocupo caen en un disciplina académica relativamente reciente que en inglés se denomina Energy Policy (en castellano podría traducirse, quizá, como gestión y planificación de sistemas energéticos). Saber mucho de aerogeneradores, de paneles fotovoltaicos o de plantas nucleares no te da una mejor preparación para abordar cuestiones de Energy Policy. De hecho, como no hay un grado en Energy Policy (al menos en España), la conclusión para estos trolles es que nadie puede hablar de energía. Pero resulta que esto no funciona así. En investigación, una parte importante del tiempo se dedica a la autoformación, a través del estudio, los seminarios y la propia investigación, porque se está creando una disciplina nueva (¿qué investigación sería si no, si siempre se hiciera lo mismo?).

Una tormenta de granizo destroza el morro de un avión, que logra aterrizar de manera segura en Viena. Una riada de granizo inunda un túnel en el norte de Francia. El número de tempestades se multiplica en el Hemisferio Norte.

La última estrategia de descrédito ha consistido en atacarme en lo que se supone que es mi propio campo. Ha sido a raíz de un artículo de El Independiente en que nos entrevistan a un meteorólogo y a mi acerca de los efectos de una potencial detención del brazo atlántico de la Corriente Meridional de Lazo, la AMOC. El periodista habla en el titular de una posible glaciación, lo cual es un término erróneo: el colapso de la AMOC no llevaría a una glaciación (un estado estable en el cual la mayoría del planeta quedaría cubierto por la nieve), sino a un enfriamiento relativo de buena parte de Europa y una redistribución del calor hacia latitudes más bajas, lo cual traería como consecuencia una alteración muy seria de los patrones de precipitación en las zonas tropicales. Obviamente yo sé perfectamente todo esto: hace meses que escribí dos posts en este blog sobre el riesgo que supondría una detención de la AMOC: "Si no es ahora, será después" y "Si nuestra supervivencia fuera importante". Y obviamente tengo muy claro lo que es una glaciación, habiendo trabajado ya hace tiempo sobre el análisis de series temporales paleoclimáticas de los últimos 800.000 años y publicado dos artículos científicos sobre ello (1 y 2), que ya son 2 más que los de la manada de cuñados y advenedizos que me insultan por no saber lo que es una glaciación. Es además notorio y evidente leyendo el artículo que yo no hablo en ningún momento de glaciación. Y sin embargo, ha habido un tromba de descalificaciones hacia mi persona por haber usado ese término erróneamente, cuando es obvio que no lo he hecho. Lo peor es la gente que se ha abonado a esa cacería: al corifeo habitual de cuñados se le han añadido un meteorólogo de la AEMET, una meteoróloga que presenta un espacio televisivo sobre el tiempo atmosférico y un conocido divulgador ambiental. De una manera gratuita e inflando una polémica espuria por un titular desafortunado de un artículo en un diario generalista, aunque cuando entras dentro y lo lees está razonablemente explicado. A mi me ha dejado desconcertado, sobre todo, el nivel de odio e irracionalidad, y la rotundidad de los ataques sin molestarse a mirar si no ha habido un malentendido, sin intentar leer el artículo en cuestión.

Y es que al final solo hay un hilo conductor en todo este acoso, en todos estos ataques: el odio. El odio irracional e irrefrenable. Contra mi persona.

Pero, ¿acaso soy yo el enemigo a batir? Ésos que intentan por todos los medios despedazarme y desprestigiarme, ¿acosan del mismo modo a Iberdrola, a Forestalia o a CaixaBank? ¿De verdad les parece que el problema principal que tenemos soy yo? ¿De verdad creen que la causa principal de los problemas de sostenibilidad que tenemos es un pobre cretino que trabaja en un instituto de investigación y que tiene nulo poder decisorio?

¿Por qué esta obsesión con alguien tan insignificante e irrelevante?

Yo solo veo una razón: porque yo represento un peligro real, aunque sea ridículamente minúsculo, para los intereses del capital. Porque yo denuncio, con datos, que lo que se está proponiendo no tiene ningún sentido desde el punto de vista técnico, y nadie está pudiendo refutar los argumentos que doy, entre otras cosas porque no son míos, sino de todo un cuerpo de investigación de cientos de científicos del todo el mundo, de los cuales yo simplemente hago divulgación.

Éstos que con furia me atacan no comprenden que los científicos salgan de sus laboratorios, que hagan divulgación no sesgada en favor de los intereses económicos, que participen del debate público. Para ellos, nosotros deberíamos centrarnos en investigar y ya quien está más preparado se dedicará a usar los frutos de nuestra investigación. ¿Qué es eso de tener conciencia social? ¿Qué es eso de poner en evidencia los abusos y manipulaciones?

Centran su ataque en mi porque soy, posiblemente, la cabeza más visible de un grupo de decenas de académicos concienciados en España, un grupo que además va creciendo gracias al empuje de las nuevas generaciones. Les molesta que aparezca en los medios, que me entrevisten en los diarios. Y eso que cada vez estoy vetado en más medios de comunicación, dada la fuerte campaña en mi contra: "Es un catastrofista, es un colapsista, es un profeta del apocalipsis que fracasa siempre en sus predicciones, es un retardista, un enemigo de las renovables". Mismas falacias repetidas una y otra vez por gente cada vez más poderosa. Lo cierto es que cada vez estoy más arrinconado, y aún así todavía aparezco demasiado en los medios para su gusto.

¿Por qué ese odio visceral contra un tipejo insignificante como yo? Porque no se puede criticar al capital, que es lo que yo hago. Y menos que nunca ahora que está entrando en su crisis histórica terminal.

Por eso quien me ataca no entra a discutir mis argumentos, ya que para ellos yo simplemente ataco sus creencias. Porque todos estos que niegan la libertad de expresión y denostan el debate son procapitalistas. Todo se puede hablar, pero siempre desde la perspectiva capitalista y siempre sin salirse de ella.

Y ahora que el viento de la Historia hace conmoverse los cimientos del edificio capitalista, ahora que en la sociedad se generaliza un sentimiento de final de camino, de conclusión histórica, de necesidad de nuevos paradigmas, los fanáticos de esta religión tienen la necesidad de reafirmarse con más fuerza que nunca, cerrando firmemente las filas y condenando al ostracismo al disidente. Ahora que los problemas ambientales se acumulan sin que se les dé solución (al contrario, están empeorando rápidamente); ahora que los recursos y la energía empieza a escasear, ahora que las desigualdades sociales crecen y las guerras se multiplican, ahora más que nunca intentan negar la realidad de que el capitalismo se está resquebrajando y amenaza con hundirse, arrastrándonos a todos en su caída.

Su lema es "Capitalismo o muerte". Valga la redundancia.

Pues yo os digo: ya está bien de agotar nuestra paciencia, procapitalistas. Allá donde estéis, allá donde amenacéis, yo os señalaré con el dedo. Cada vez que, delante de los problemas, recitéis vuestro credo, yo os señalaré. Porque los únicos que deberían de avergonzarse son los que mantienen inconmovible su fe en un sistema ecocida y represor que solo persigue nuestra destrucción.

Antonio Turiel, junio de 2024.

viernes, 10 de enero de 2025

Decimoquinto año de este blog


Queridos lectores:

Como es habitual en este blog al acabar un año, haré un balance del desempeño de esta bitácora, aunque será más breve que en otras ocasiones. Como imagen representativa de este año, en un año trufado de eventos de gran impacto donde sobran imágenes representativas, he decidido poner la portada de mi último libro ya que este post está dedicado a mi trabajo de divulgación en el contexto de esta página web, pero también en general.

Como siempre, analizaré el pasado, presente y futuro de este blog.

Pasado:

El año 2024 ha sido un año de calma relativa en términos energéticos, pero bastante agitado en cuanto a los problemas ambientales y sociales. La escasez de energía se está manifestando con cada vez más fuerza en países sobre todo de Latinoamérica y África, pero poco a poco sus efectos se dejan sentir en la confiada Europa, por medio de los problemas de la cadena de suministros y el encarecimiento de todo tipo de materias primas. Además, 2024 ha sido un año pródigo en eventos extremos, con fuertes inundaciones, tempestades, sequías, incendios y catástrofes ambientales de todo signo, mientras crece la preocupación por la rápida subida de las temperaturas de la atmósfera y de los océanos, y se acrecienta el temor a que se produzca el paso de algún punto de no retorno climático. Por último, la creciente inestabilidad geopolítica, las guerras y la represión armada de todo tipo, y la conflictividad social están favoreciendo la emergencia con fuerza de opciones políticas radicales, represivas y autoritarias.

La carga de trabajo, algunos cambios importantes en mi dinámica familiar, la intensa actividad de divulgación - inferior a la de 2023 pero aún así bastante grande - y la escritura y presentación de mi nuevo libro han hecho que este año le haya dedicado sensiblemente menos tiempo a este blog, y en particular originó un considerable retraso en el análisis del World Energy Outlook, lo cual en cascada empujó a que los posts que típicamente se publicaban a finales de año no los haya sacado hasta ahora, a principios de enero, y haya dejado por publicar un par de posts sobre temas que merecen cierto análisis extra (como el espectacular incremento de la extracción de petróleo de fracking en Argentina o las previsiones para la producción mundial de petróleo que se deducen del WEO 2024), posts que espero sacar en las próximas semanas.

Todo esto ha llevado a que en 2024 haya publicado el mínimo histórico de posts: tan solo 11, menor que el anterior récord de 17 (incluso si los tres posts de finales de año hubieran salido a tiempo, seguiría siendo el mínimo histórico). Una situación que me gustaría evitar que se repitiese en los próximos años, dado que al final este blog es mi primer canal de divulgación y el que me permite tener material ordenado que la gente puede consultar libremente. Este año no hay contribuciones de otros autores, entre otras cosas porque Beamspot ha decidido continuar con su propio substack (cosa que me parece bien, porque además yo tardaba mucho en sacar sus posts).

De los posts publicados en el último año, el más popular ha sido  "Si nuestra supervivencia fuera importante", con unas 26.000 visualizaciones, siguiendo la tónica del año pasado, en la que el post más visto fue "Si no es ahora, será después". La inquietud por una posible detención de la AMOC es grande y eso explica el interés de ambos artículos.

Durante el último año se han visualizado unas 718.000 páginas de este blog, lo cual es un más que sensible incremento con respecto a las 645.000 del año pasado, la cual cosa muestra que mi trabajo es más conocido, a pesar de haber escrito menos artículos nuevos. El 53% de las visitas se originaron en España, un 8% desde EE.UU., un 6% en Hong Kong (sí, yo también me he sorprendido), 4% en Francia, 3% Singapur (!!) y también Alemania, 2% Rusia (!), y 1% Argentina y Países Bajos, respectivamente. La presencia de Singapur y de Hong Kong hace pensar en bots, pero el resto es probable que sí que sea representativo. De países de habla hispana solo vemos a España y Argentina, llamativo en un blog que está escrito en español.

En cuanto a la procedencia, este año son muy dispersas: 14% desde Google, 4% de X, y 1% Menéame; el resto son (81%) son "Otros".

En términos absolutos, contando desde el principio del blog en enero de 2010, blogger contabiliza 16,7 millones de páginas vistas, es decir, 800.000 más que el año pasado.

A día de hoy los 10 posts más vistos son "Un año sin verano" (2013), con 122.000 visualizaciones; "Digamos alto y claro: esta crisis económica no acabará nunca" (2010), con 113.000; "El pico del diésel" (2012), con 84.400 visualizaciones; "La España buena y la España mala" (2013), con 70.500; "Tus vecinos no se conformarán con un YA OS LO DIJE" (2015), con 69.300; "El por qué de un llamamiento" (2022), con 58.400; "Eres un pringado" (2020), con 58.200; "La Tormenta Negra" (2020), con 55.500; "La espiral" (2014), con 55.100; y "Fracking: rentabilidad energética, económica y ecológica" (2013), con 52.900. Es el mismo ránking que el año pasado, y eso significa también que no ha entrado ningún post de este año, cosa lógica dada la madurez del blog, que hace que los posts antiguos acumulen muchas visitas y que los nuevos solo podrán entrar cuando acumulen más de un año de visitas.

Presente.

Destaca sobre todo mi escasa presencia en el blog, y la desaparición de los canales para que los lectores puedan discutir. Abandonamos Facebook hace años, el Foro Crashoil fue cerrado hace ya un par de años, el foro de telegram tuve que cerrarlo dado el tono de las discusiones y las temáticas que se estaban empezando a tratar (poco apropiadas a mi entender y que podrían llegar a salpicarme legalmente como administrador) y el ambiente en X aka Twitter cada vez más enrarecido y con la anomalía de que su propietario tiene establecido un sistema que nos va drenando de manera perceptible de seguidores (todos los días me notifican que tengo una buena treintena de nuevos seguidores y aún así pierdo más que eso cada día). Por si eso fuera poco, los insultos y amenazas hacia científicos que hablamos de temas ambientales y de sostenibilidad se han recrudecido en los últimos tiempos. Malos tiempos para la lírica y para la discusión pública.

Futuro.

Por mi parte, mi intención es retomar cierta actividad en el blog. No volveremos a los niveles de los primeros años, pero mi objetivo es sacar un par de artículos al mes - a ver si lo consigo.

Por el lado de mi trabajo de investigación, tengo varias iniciativas en marcha en temas de oceanografía que espero que salgan a la luz en los próximos meses, con algunas potenciales noticias de alto impacto. Veremos.

Aparte, seguirá mi tarea de divulgación, teniendo ya apalabrados unos 30 actos para este año y solo estamos a 10 de enero. Como objetivo relevante, quiero empezar a relegar X aka Twitter como canal de difusión, visto la política que tiene Elon Musk: no lo abandonaré, pero intentaré explotar la difusión a través de Mastodon y Bluesky.

2025 promete ser un año pródigo en noticias relevantes relacionadas con los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, e inclusive uno de relativa aceleración de estos problemas. Permanezcan en sintonía.

Y por si acaso no se lo había dicho ya, les deseo un Feliz 2025 y que personalmente sea un año venturoso para Vds.

Salu2.

AMT

miércoles, 10 de abril de 2024

El marco mental del enemigo

Queridos lectores:

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?" 

Ésta es la pregunta frecuente que oigo al finalizar cualquier acto en el que participo. Una pregunta muy lógica en el marco mental que nos movemos, y que por tanto es muy repetida.

En cualquiera de estos actos empleamos, aún, una cantidad increíble de tiempo en hacer el diagnóstico de la situación, y queda siempre poco margen de tiempo para hablar sobre el qué hacer. Pero no hay remedio: hay que repetir y profundizar una y otra vez en la explicación de qué es lo que pasa, por culpa de la abrumadora sordina mediática sobre la verdadera dimensión de la crisis biofísica de nuestra civilización (la policrisis como a veces se dice, fruto del choque repetido y obstinado contra los límites biofísicos del planeta). Porque la gente no sabe lo que está pasando en realidad. Ven que las cosas no funcionan, que no van bien, pero no entienden. Más aún: hay tal cantidad de basura comunicativa, de cachivaches (des)informativos, que resulta tan difícil avanzar en la discusión como lo es moverse en medio del desván de la abuela: a cada paso, alguien te saca una "noticia" que leyó o escuchó (a veces hace ya años, pero nunca fueron desmentidas), cáscaras vacías que siempre envejecen muy mal pero que continúan ocupando espacio en la discusión: que si grafeno, que si fusión, que si torio, que si combustibles sintéticos, que si hidrógeno verde, que si metanol, que si baterías de sodio, que si litio-fosfato, que si geotermia, que si undimotriz... Y en medio de ese espeso follaje de medias verdades y clamorosas mentiras, yo me encomiendo a nuestro patrono, San Brandolini, y voy paciente pero penosamente abriéndome camino con el machete de los datos y el análisis técnico. Y así, cuando por fin y ya sin tiempo llegamos a la claridad de comprender la situación, es cuando llega la pregunta de marras.

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Esta frase es, en realidad, una falacia más, pero de un tipo diferente a las anteriores. Y es que si bien las anteriores se pueden refutar desde un punto de vista técnico, con argumentos científicos y datos contrastados, en este caso el problema es conceptual. Es una pregunta mal formulada porque parte de un marco conceptual erróneo.

El marco conceptual del enemigo.

Porque, después de una farragosa discusión técnica, sobre cuestiones técnicas, contrastando datos del mundo real, se plantea el "¿y entonces qué?" como si la respuesta debiera darse en el mismo plano conceptual, es decir, en el técnico.

Pero eso es una falacia.

Todo el trabajo previo, todo el trabajo que he hecho en estos 14 años de divulgación, se resume en que no hay ninguna manera técnica de mantener el capitalismo. No es posible, físicamente, seguir con el mismo sistema socieconómico. Faltarán recursos, faltará energía, y los problemas ambientales y el Cambio Climático en particular ya están causando desastres en cascada que afectan a la "normal" ejecución del sistema económico. Solo cabe esperar fallos y más fallos, cada vez más concatenados y al final en cascada, hasta que en la práctica el capitalismo, tal y como lo entendemos hoy en día, haya desaparecido de una manera u otra, bien porque haya evolucionado hacia un sistema democrático o - más probablemente - autoritario que sí que nos mantenga dentro de los límites biofísicos del planeta, bien porque la civilización colapse (y en el caso extremo la especie humana se extinga).

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Esa pregunta contiene, implícita, la idea de que se den soluciones técnicas para mantener el sistema tal cual. Al formular esa pregunta de esta manera, se da por hecho que hay que mantener el capitalismo y solo se acepta escuchar sobre desarrollos científicos y tecnológicos.

Llevamos atascados en este punto literalmente décadas. Hace 50 años que sabemos que no hay soluciones científico-técnicas que permitan mantener el capitalismo, pero llevamos 50 años poniendo todo el peso de la discusión en las soluciones científico-técnicas. Es la doctrina del solucionismo.

Es el marco mental del enemigo. 

Pensamos con el marco mental del enemigo, lo cual imposibilita encontrar ninguna solución.

Los industrialistas (de los que ya hablamos hace unas semanas), esas personas que piensan que el único modelo de transición energética posible es uno basado en instalaciones de energía renovable a escala industrial para producir energía a escala industrial con el objetivo único y declarado de mantener la actual civilización industrial a la misma escala de hoy en día, no aceptan que pueda haber ningún otro marco de discusión. Continuamente vociferan y porfían que éste es el único marco de discusión, y que quienes se salen de él son catastrofistas, colapsistas o, en el mejor de los casos, políticamente ingenuos. Mientras tanto, como ya comentamos, avanzamos con paso firme hacia otro shock de precios en el petróleo y posiblemente en el gas natural, mientras que la repetición de curtailments y precios cero o negativos no solo en España sino en toda Europa evidencian que el modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) está fracasando, con el lógico nerviosismo generalizado, ataques mutuos entre diversos generadores de electricidad, y larguísimas y aburridísimas (aparte de técnicamente endebles) explicaciones por parte de presuntos gurús energéticos sobre por qué esto no es un problema y que hay un futuro brillante para el REI (y no será porque no se hubiese avisado, yo mismo en el Parlament de Catalunya en septiembre de 2022 en un rato que las honorables personas que me oían pudieron dejar de mirar sus móviles).

Por si esto fuera poco, la crisis ambiental sigue su curso. El desbalance radiativo del planeta llega a los 2 vatios por metro cuadrado, un valor extraordinariamente elevado (la última glaciación terminó por un desbalance, temporal, cuatro veces menor). La AMOC podría colapsar. Innumerables ecosistemas en todo el mundo podrían desaparecer. Los plásticos y otras sustancias tóxicas entran en nuestro torrente sanguíneo. El agua dulce escasea. La sequía es un fenómeno global que pone en peligro alimentario a millones de personas. Problemas todos ellos que el REI no solo no ayuda a resolver, sino que los agrava (incluyendo la presunta reducción de emisiones de CO2). Problemas que no admiten ningún tipo de aplazamiento

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Solo hay una.

Salir del marco mental del enemigo.

No hay solución posible dentro del capitalismo. Simplemente, no la hay.

El crecimiento económico es incompatible con la preservación ambiental. Lo dice la propia Agencia Europea del Medio Ambiente, que es un organismo dependiente de la Comisión Europea. 

No hay ninguna negociación posible con el capitalismo. Lo único que podemos discutir es su finalización, si es que queremos tener un futuro.

Hay soluciones, pero no son de carácter técnico. Eso no quiere decir que la ciencia, la técnica y el desarrollo tecnológico no sean útiles. Lo son; más aún, son parte imprescindible de la solución. Pero fuera de un marco capitalista.

Los industrialistas continúan haciendo ruido una y otra vez para evitar que nos paremos y nos demos cuenta de que el problema está mal planteado. Que el problema no se podrá resolver con más tecnología, sino con más cultura, más sociedad, más personas verdaderamente humanas. El solucionismo nos distrae de la discusión real.

Durante estos meses yo sigo hablando con representantes de muchas empresas muy diferentes, todas ellas en el sector productivo. Todas ellas son conscientes de la gravedad del momento. De hecho, para todas ellas (dicho por los propios directivos con los que he conversado) la clave ahora mismo no está en el crecimiento, sino en la supervivencia. No tienen claro si podrán sobrevivir, están buscando desesperadamente métodos y maneras, de todo tipo, para sobrevivir. 

Entonces, si la industria tiene claro que la batalla es otra, ¿a quién le interesa este solucionismo impuesto a grito pelado de los industrialistas, el mismo que nos está arrastrando al foso?

El solucionismo solo le interesa al poder financiero, puesto que en un mundo postcapitalista no tiene futuro. El sector financiero es el único que no acepta ni aceptará nunca que el mundo ha cambiado, porque aceptarlo significa aceptar que su negocio se ha terminado.

Los industrialistas, con su solucionismo machacón, están hablando solo en representación del poder financiero. Es al único al cual realmente representan. 

Mientras, en el mundo real, el cambio que más desesperadamente necesitamos es social y es cultural. Da vergüenza ajena ver personas que dicen venir del ámbito de las ciencias sociales claudicando a las exigencias del industrialismo, aceptando que el momento no está "políticamente maduro" para abandonar el capitalismo (en una muestra más de insultante y condescendiente paternalismo). 

Pues no. El cambio que necesitamos es cultural, es social, es económico, es político y es radical, ya que se necesita ir a la raíz del problema. Necesitamos salir del marco mental del enemigo, y empezar a pensar por nosotros mismos, a ser libres, a respirar.

Y a éstos que no se ven capaces de abandonar el marco mental del enemigo les diría que si no van a ayudar, que se aparten y no estorben - si es que su ego se lo permite.

Salu2.

AMT

P.Data: Quizá habrán notado que, a pesar de mi promesa de escribir más durante este 2024, el ritmo de publicación de posts continua siendo bastante ralo. Pero en realidad sí que estoy cumpliendo mi promesa, solo que no estoy escribiendo aquí: continúo preparando mi próximo libro, de título provisional "El futuro de Europa", que debería entregar en un par de meses (por cierto, el libro intenta dar respuesta al solucionismo que se plantea en este post, centrándome sobre todo en la cuestión técnica). Así que discúlpenme que me prodigue menos por aquí y permanezcan en sintonía.

miércoles, 11 de febrero de 2026

La cutrificación

  


Queridos lectores:

Empiezo este post a bordo de un tren, de Madrid a Barcelona, reflexionando sobre los eventos que han marcado las últimas semanas.  

Para mi personalmente han sido días muy complicados por los problemas de movilidad que se están experimentando en Cataluña. Dependo del tren para ir a trabajar, y a pesar de contar con dos opciones para desplazarme (convencional y alta velocidad), los retrasos y cancelaciones de trenes han sido estos días la tónica. Han bastado unas lluvias persistentes en Cataluña para agravar el deterioro de una infraestructura, la del tren convencional, que lleva muchos años desatendida. El accidente mortal en Gelida, con el desprendimiento de un muro de contención que impactó contra un tren, desencadenó la protesta masiva de los maquinistas y del resto del personal de RENFE y ADIF, que llevan años denunciando el abandono de las instalaciones, y que ha abierto una grave crisis institucional que ha llevado al caos actual. La reducción generalizada de velocidad y la multiplicación de incidencias solo han servido para confirmar que, efectivamente, las instalaciones están en muchos puntos en un estado precario y peligroso.

Mientras mi tren, de alta velocidad, avanza, recuerdo también el otro accidente ferroviario, aún más grave, en Adamuz, éste en la infraestructura de alta velocidad. Se da la paradoja de que la razón siempre alegada por la que ADIF destina menos dinero al tren convencional es porque dedicaría más a la alta velocidad. Lamentable excusa, pero es que a raíz del accidente de Adamuz se han establecido limitaciones de velocidad en diversos tramos de la línea de alta velocidad, originando cambios de horarios y supresión de algunas circulaciones. Lo cual evidencia, de nuevo, que efectivamente también hay un problema de mantenimiento en la vía de alta velocidad.

Mi tren sigue avanzando. Es un Iryo, no un AVE. Mi reunión en el Ministerio acabó más temprano de lo previsto y yo, que tengo otro viaje a Alicante mañana, pensé que me merecía la pena cambiar el billete y no llegar al filo de la madrugada a Figueres, como estaba previsto. Pero la aplicación de RENFE no permitía comprar billetes, el servicio estaba "momentáneamente" no disponible. Me he acercado en Atocha a la oficina de venta de billetes, y estaba desbordadísima: tenía 100 personas por delante de mi para comprar billete para hoy. Así que me he ido al stand de enfrente y me he sacado un billete para el siguiente Iryo, a Barcelona, no a Figueres, pero teniendo en cuenta lo barato que ha costado me sale más que a cuenta. No me lo he sacado con el móvil porque la aplicación de Iryo tampoco funcionaba correctamente, en su caso porque se encallaba pidiéndome que confirmara si tenía un título de familia numerosa que no tengo.

Las aplicaciones informáticas fallan continuamente, es verdad. Todo está cada vez peor programado: los formularios se reinician, borran opciones, se visualizan de manera incompleta, se atascan sin botón de escape en opciones imposibles... No se invierte mucho en el desarrollo, muchas veces la mayor parte de la programación se externaliza a macrofactorías en la India, donde se tiene que producir tantas líneas de código al día, y falla la verificación, la adaptación, a veces la traducción... Pero da igual, todo se va a aceptando y se tira para adelante. Todo es cada vez de peor calidad, todo es cada vez más cutre, pero se acepta. La sociedad se cutrifica.

Y no solo fallan las aplicaciones orientadas al consumidor: en estos días de caos, el centro de gestión de cercanías de Catalunya ha colapsado varias veces, bloqueando todos los trenes. De vez en cuando, caes en una página web de una gran compañía que no funciona, que no carga... Muchos servicios están alojados en servidores de Amazon, lo cual es más barato pero también menos resiliente: si algo falla, de golpe fallan muchas empresas y servicios, a veces incluso gubernamentales. 

 


Hace unos días tuve que hacer los preparativos para un viaje en breve a Glasgow. Asistiré a una reunión de la Asociación Geofísica Americana. Este año han decidido hacerla fuera de EE.UU., probablemente para evitar problemas de visado y alguna que otra experiencia desagradable a los colegas que vienen de fuera de los EE.UU. - también la situación geopolítica es más cutre, como lo es la situación interna de ese país. Como de costumbre, tuve que usar el poco intuitivo y bastante pesado procedimiento de la Administración General del Estado española. Como de costumbre, tuve que guiar a la agencia de viajes contratada por la AGE (y de uso obligatorio) para que me proporcionara los billetes de avión a horarios razonables y evitar también que los facturara al doble de precio por el que yo los podía conseguir en la web. Como de costumbre, tuve que proponerle una lista de hoteles y escoger el más barato. Como de costumbre, el precio del hotel - para nada lujoso - se sale del límite que marcó el Ministerio en 2002 y que aún no ha actualizado, así que tendré que hacer otro formulario explicando que eso es lo que me da la agencia y que necesito que me cubran la diferencia. Más papeleo cutre para cubrir un control cutre y sin sentido, cuando yo soy el primero que busco la opción más barata en todo y poder así estirar los recursos de los proyectos que manejamos.

Pero sí que hay una cosa nueva: ahora, para ir al Reino Unido, hay que rellenar un formulario nuevo, una autorización electrónica de viaje (en inglés, ETA). No lo había hecho nunca, así que busqué por Google la página y fui rellenando los campos hasta que, en el momento de ir a pagar - porque, sí, tienes que pagar unas 20 libras para que te hagan ese papel -, por instinto me fijo en la dirección de la web y me doy cuenta de que no es ninguna dirección institucional del gobierno del Reino Unido. Afortunadamente no dí ningún dato bancario, pero desde ese día recibo mensajes de los estafadores avisándome de que no he completado el trámite. Todo tipo de cutreces para conseguir sacarte el dinero. Por cierto que, cuando entré en la página correcta, te obligan a descargarte una app para el móvil y después de marearte un rato con fotos y reconocimientos electrónicos, te toca pagar pero tienes que usar tarjeta de crédito, no de débito. Lo cual implica que lo tienes todo, móvil y tarjeta de crédito. Y 20 libras. Total, para que a los 5 segundos te llegue un mail que dice que, efectivamente, no eres ningún criminal y que puedes viajar al Reino Unido. Cutre, todo cutre.

En Glasgow hablaremos de la AMOC y de poner en marcha iniciativas para usar todos los datos disponibles para su monitoreo. Si tenemos suerte, conseguiremos dinero para avanzar en esto. Mientras tanto, la ola reaccionaria que avanza por el mundo lleva a cuestionar a las instituciones científicas por recordar que el mundo es finito y que no se puede sacrificar todo en aras de  crecimiento económico cada vez más imposible. Pero en mi actividad de divulgación me encuentro con cada vez más frecuencia en foros donde se cuestiona lo que es evidente, donde se porfía en contra del cambio climático o se gañanea diciendo que eso del peak oil no está claro (cuando la AIE zanjó completamente el debate el septiembre pasado, y por si había alguna duda ahí está Trump). Del otro lado, se porfía en favor del fallido modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, y en medio de la retirada masiva de las grandes empresas, se tiran millones de euros públicos para apuntalar algo que no va a ninguna parte. Mientras tanto, el capital entra en masa hacia la nueva burbuja renovable, el biogás y la biomasa, que prometen causar nuevos problemas ambientales y sociales sin dar un rendimiento económico ni energético. Las discusiones son absurdas y vacías. Nadie entra en el fondo de las cuestiones. Nadie quiere realmente buscar soluciones viables. El nivel del debate público es cada vez más bajo y más vacío. Todo es cutre.

Estoy saliendo de un Madrid tomado por los agricultores que protestan por el tratado de la UE con Mercosur, y llego a una Cataluña donde los profesores de infantil, primaria y secundaria han cortado las carreteras para protestar por un nuevo atropello y el viejo abandono del sector. Los médicos también están de huelga estos días, en toda España. Sé por mi mujer que se están planteando una huelga indefinida. Mi mujer misma visita 60 pacientes al día y vuelve a casa siempre tarde, muy tarde, porque ella es una de esos muchos profesionales que intentan mantener esto a flote en medio de un mundo cutre, de cutrez desbordante. De desidia y de abandono. De primacía de unos intereses cortos de miras y centrados solamente en el sector económico.

Recuerdo mi conversación hoy en el Ministerio. Una de las personas asistentes trabaja para la Comisión Europea, como técnica. No he podido evitar tener muchas fricciones con ella, y eso que he querido morderme la lengua, no ser la nota discordante. Pero no puedo. Los bosques no son plantaciones, son ecosistemas. La gestión del bosque va mucho más allá de su rentabilización económica. El problema sí es, siempre ha sido, el capitalismo: no hay solución viable dentro de él. Y no porque lo diga yo: lo dice la Agencia Europa del Medio Ambiente. También el sentido común, pero de esto andamos más escasos últimamente.

Hablando de sentido común, mañana hay previsión de fuertes vientos en Cataluña: quizá no podré tomar mi tren a Alicante. La Generalitat suspenderá la actividad educativa y las operaciones sanitarias no urgentes. Es la nueva (a)normalidad en la que estamos instalándonos, una en la que las emergencias se convierten en la tónica. Que se lo digan a las comarcas más castigadas de Andalucía durante la oleada de temporales que les azotaron la semana pasada. Y ahora viene una nueva tempestad. Y este sábado, una impresionante bajada de presión en el Mediterráneo Occidental puede dar lugar a una ciclogénesis muy peligrosa, de devenir incierto. La aceleración del aumento de la temperatura de la atmósfera y del océano, la mayor cantidad de agua precipitable en la atmósfera, los ríos atmosféricos y los crecientes meandros de la Corriente de Chorro Polar están llevando a patrones más agresivos de precipitación, viento y a ratos sequías. Olas de calor se suceden con olas de frío, sin solución de continuidad, en un clima cada vez más descabalado en un planeta que cada vez se parece menos a aquél en el que yo crecí. Un planeta donde la dureza ambiental se combina con la creciente dejadez y cutrez para hacer un cóctel explosivo de decadencia y degradación.

He hablado de lo que ha pasado en España porque es donde vivo, pero España no es particular. La tormenta Harry, que hizo colmar el vaso de la degradación ferroviaria en Cataluña, en realidad azotó con mayor fuerza a Sicilia y el sur de Italia, causando grandes destrozos. Las tormentas que dieron lugar a las inundaciones de Andalucía fueron las mismas que han asolado el noroeste de Marruecos, dejando un peaje de decenas de muertos. Muy lejos de aquí, diversas oleadas polares han martilleado los EE.UU. En Argentina han encadenado terribles fuegos forestales con tempestades inauditas. Mientras, la Europa Central pasa el invierno más seco y cálido en décadas.

Lo mismo pasa con la cutrez. Es algo generalizado, universalizado, mundial. Los anglosajones tienen un término para designar algo parecido: shitification. En todas partes se degradan los productos, los servicios, las infraestructuras, la acción del gobierno, el debate político y la discusión pública. Todo se degrada. Todo es decadente, peor. Sin solución y sin esperanza.

La cutrificación está en todos los ámbitos de la vida. Es la balda de la puerta de mi nevera que se cayó cuando hacía dos años que la había comprado, porque la puerta de la nevera está hecha de una espuma cutre recubierta de plástico, y la tuvimos que arreglar clavando dos tornillos. Son todas las piezas críticas de tantos productos, hechas de un plástico rígido y poco duradero que se rompe a la primera de cambio. Es esa leche que compras y está cortada. Es esa red eléctrica doméstica que hace picos de tensión que rompe los LEDs, y luego en la tienda te los cambian sin más porque están en garantía, pero no los paga la empresa sino el estado porque es consciente de la mala regulación de la red. Son esos transformadores municipales que se queman. Son esos electrodomésticos que se queman, en parte por la red mierdosa, en parte porque ellos mismos son cutres. Es ese bote de suavizante que ha cambiado de forma porque ahora por el mismo precio te dan 100 mililitros menos. Es ese paquete de pasta que ya hace tiempo es de 450 gramos en vez de 500. Es ese cajero que no da billetes o que se traga la libreta.

Me acaba de llamar la persona del Ministerio que ha organizado la reunión de hoy y que se ha ocupado de gestionar mi viaje. Mi AVE ha sido cancelado. Da igual, yo ya estoy cerca de Barcelona. Qué haré una vez allí, no lo sé. Pero no importa. Recuerdo la máxima los días de la erupción volcánica del Eyjafjallajökull en abril de 2010, que fue la misma cuando la tormenta de nieve en Cataluña en marzo de ese mismo año, o cuando cayó la nevada de la tormenta Filomena en enero de 2021. Keep on moving: sigue moviéndote. Es la única manera de sobrevivir a la cutrez: seguir moviéndote. Tener un propósito, una dirección, un anhelo de vida, para ser capaz de moverte con la mierda llegándote a los tobillos, a la cintura o al cuello. Ten convicción y sepas a dónde vas. 

Nada de lo que pasa, por supuesto, es casual. Toda esta decadencia física y moral tiene su origen en el necrocapitalismo terminal. Un sistema económico que necesita del crecimiento infinito en un planeta finito. Un sistema económico que ya está chocando con fuerza contra los límites biofísicos de este planeta, tanto ambientales como de recursos o sociales. En el intento desesperado de mantener la tasa de ganancia del capital, se recorta en todo, se sacrifica todo. Por eso los materiales son más cutres, el servicio es más cutre, se paga peor a los trabajadores que hacen el trabajo con desgana o sin poder dedicarle el tiempo suficiente o sin tener la cualificación requerida pero son más baratos. Todo este proceso de cutrificación tiene su origen en la creciente dificultad de que el capital consiga las tasas de ganancia históricas. Y para poder mantener este estado de cosas, es también necesario cutrificar toda la discusión, tanta la política como la pública, para que nadie ponga el dedo en la llaga, para que nadie plantee las preguntas incómodas. Por eso la discusión se llena de ruido sin sentido, incoherente. En el mundo físico navegamos entre mierda, y en el de las ideas, entre ruido.

Decía Marc Badal en la reunión de hoy una frase que me ha gustado mucho, aunque sé que no es de él: No podemos dedicarnos a la administración del desastre. No tiene sentido que sigamos remando dentro de este paradigma que se autoderrota, que no puede menos que hacernos nadar en la cutrez y entre la mierda. No se trata de elegir el mal menor, unas medidas un poco menos cutres en frente de otras medidas todavía más cutres. Se trata de cambiar totalmente de dirección y salir de en medio de este lodazal en el que estamos. El primer paso para ello es comprender que estamos en un lodazal. El segundo, saber hacia dónde queremos ir.

Ya estoy llegando a Barcelona. Aún no sopla el viento. No sé cuándo llegaré, pero sé a dónde voy. 

Salu2.

AMT 


P.Data: Por supuesto...