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lunes, 19 de abril de 2021

La Ley de Cambio Climático y Transición Energética: una valoración personal


Queridos lectores:

Hace unos días, el Congreso de los Diputados de España aprobó el proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, y lo remitió al Senado, donde en breve se discutirán enmiendas (por la vía exprés) y posteriormente se devolverá al Congreso para su aprobación definitiva.  Si todo va como está previsto, la Ley estará definitivamente aprobada de aquí en pocas semanas.

Como saben, esta misma semana comparecí delante de la Comisión de Transición Ecológica del Senado, la cual tiene un papel destacado, justamente, en la discusión de esta Ley a su paso por esta cámara. Se podría decir que mi comparecencia no ha podido ser más oportuna. Sin embargo, dado la comprensible urgencia por aprobar por fin una ley tan crítica y que ha tenido una tramitación tan larga hace improbable que ninguna de las críticas que hice en mi comparecencia (fundamentalmente, la falta de mención a la crisis energética) pueda ser incorporada en la Ley en este momento.

Varias personas me han pedido que escriba un post valorando la Ley, así que me he leído las 39 páginas del texto remitido al Senado para poder opinar con buen conocimiento. Yo tenía muy bajas expectativas sobre esta Ley, teniendo en cuenta cómo fue el procedimiento de participación ciudadana (comenzado por el anterior Gobierno), y lo cierto es que el redactado final me ha sorprendido. La Ley está, de hecho, muy bien, y en muchos aspectos es una Ley valiente. Hubiera sido una muy buena Ley, si se hubiera aprobado hace 20 años. El problema que tiene esta Ley es que ahora es demasiado poco demasiado tarde, y no encara correctamente los retos que vamos a tener a corto plazo; pero para el tempo político es mucho y pronto: es una ley avanzada.

Incluso si por un momento dejamos al margen el mayor defecto de la Ley (es decir, que llega tarde pues está pensada para ser aplicada a un mundo que ya no existe), tiene también algunos otros defectos. En lo que sigue comentaré con cierto detalle la estructura de la Ley, destacando de cada apartado aquellos aspectos que considero más relevantes.

El preámbulo es una justificación de motivos y una definición de objetivos de la Ley. Dentro de los párrafos preliminares, en medio de cosas con las que puedo estar más o menos de acuerdo, se encuentran frases que considero curiosas, como por ejemplo (las negritas son siempre mías):

"España debe ofrecer respuestas solidarias e inclusivas a los colectivos más afectados por el cambio climático y la transformación de la economía, así como facilitar las señales adecuadas para atraer la confianza de los inversores y minorar los riesgos financieros asociados al incremento en el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero o a la mayor vulnerabilidad frente a los impactos físicos del cambio climático."

Sinceramente, si estamos preocupados en "minorar los riesgos financieros" no hemos entendido nada.

"La lucha contra el cambio climático y la transición energética conllevan transformaciones tecnológicas y cambios en la industria. Por ello, es necesario ligar la transición energética a la política industrial y a la I+D, estableciendo mecanismos de apoyo a la industria para que la transición tecnológica genere mayor competitividad y un mejor posicionamiento de la misma, y resulte en generación de riqueza y empleo de calidad."

Las primeras frases bordean la falacia (no va a haber un "progreso tecnológico" solo porque nos interesaría mucho), pero pase. Sin embargo, esa "transición tecnológica", con mayor probabilidad, va a ser un retroceso tecnológico, y no va a generar más competitividad en el sentido actual, ni va a generar más riqueza en el sentido actual, ni tampoco empleos de calidad en el sentido actual. No tiene por qué pasar tal cosa, y además todo indica que no va a pasar eso.

" La Comunicación de la Unión Europea relativa al Pacto Verde Europeo («The European Green Deal»), de diciembre de 2019, establece una nueva estrategia de crecimiento que persigue transformar la Unión Europea en una sociedad justa y próspera, con una economía moderna, eficiente en el uso de sus recursos y competitiva, y con la finalidad de hacer de la Unión Europea el primer continente neutro climáticamente en el año 2050."

Obviamente, lo del "crecimiento" no tiene ningún sentido, es no haber comprendido el origen de los problemas y tampoco que ya hemos llegado a los límites del crecimiento y que estamos condenados a decrecer. Lo de "competitivo", tres cuartos de lo mismo: no se puede garantizar, y casi seguro no podrá ser. Y lo de ser neutros climáticamente en 2050 es discutible de muchas manera diferentes, pero ya hablaremos de ello.

"La obligación de limitar las emisiones condiciona las políticas sectoriales e implica cambios en los patrones de consumo. Pero esta transformación conlleva ventajas relacionadas con la modernización del modelo productivo y el sistema energético, y ofrece oportunidades de empleo, de negocio y de crecimiento siempre que se incorpore una perspectiva de medio y largo plazo que facilite la descarbonización ordenada de la economía."

Si por "modernización" se quisiera decir sistemas económicamente no rentables en nuestro modelo económico actual, aún se podría entender. Pero no va a haber oportunidades de empleo, de negocio ni de crecimiento. Lo siento: la lucha contra el cambio climático no es una "vibrante oportunidad". No lo es. Y combinada con la crisis energética es más bien un amargo declinar...

"Así, entre las importantes transformaciones que se van a producir en el sistema energético, y por ende en la economía en su conjunto, como consecuencia de la transición energética impulsada por esta ley, está la mejora sistemática de la eficiencia energética de la economía. Concretamente, la previsión es que la intensidad energética primaria de la economía española mejore anualmente en un 3,5 % anual hasta 2030; asimismo, la dependencia energética del país, del 74 % en 2017, se estima que descienda al 61 % en el año 2030 como consecuencia de la caída de las importaciones de carbón y de petróleo."

Me he estado mirando los datos más actuales que he encontrado sobre intensidad energética primaria de España, y de acuerdo con ellos la mejora anual en los últimos 20 años ha sido del 1% anual. Recordemos que el concepto de intensidad energética es por si bastante discutible, porque lo que reflejan estas "mejoras" es un incremento de la terciarización de la economía española y una externalización a otros países (China, sobre todo) de las actividades más contaminantes e intensivas en energía, aunque luego los productos se consuman aquí, con mayor gasto energético y emisiones debido a los costes de transporte aumentados, lo cual implica cierto cinismo cuando se dice que "luchamos contra el Cambio Climático" pero provocamos que las emisiones mundiales aumenten gracias a este modelo de externalización. Y aquí en la Ley nos dicen que, por decreto legislativo, no bajará ya al 1% anual, sino hasta el 3,5% anual y así desde ya mismo y hasta el 2030. Esto es ridículo: es imposible decretar que vaya a suceder algo así, y si se pone ese número es porque alguien ha determinado qué trayectoria se debía seguir y ha calculado ese número absurdo. De otro lado, que la dependencia energética solo baje del 74% hasta el 61% (una caída del 18%), teniendo en cuenta que del exterior viene principalmente combustibles fósiles, nos da una indicación de que el camino no va a ser tan magnífico, a pesar de esa mejora de la intensidad energética, y es que se está asumiendo que el PIB de España va a crecer. Por eso se estima que las emisiones se van a reducir un 23% en 2030: eso, básicamente, significa suponer un consumo energético total muy parecido al actual (como un 95% del actual) y con la mejora en intensidad energética del 3,5% anual el PIB podrá crecer entre el 1,6 y el 2,5% anual que cuentan más tarde. La cuadratura del círculo, vamos. Obviamente esto es lo primero que se va a ver que no sucede ni de broma, sobre todo con la grave crisis económica en ciernes por culpa de la crisis energética.

"Es necesario fijar, en el marco de la ley, objetivos de reducción de emisiones para el año 2030 y 2050 ofreciendo previsibilidad para orientar las decisiones de los inversores y de los reguladores con competencias en la materia. Los objetivos cuantificados buscan favorecer la predictibilidad y las señales económicas adecuadas, recogiendo el principio de no regresión en los objetivos marcados. Desde el punto de vista medioambiental, este principio de no regresión se define como aquel en virtud del cual la normativa, la actividad de las Administraciones Públicas y la práctica jurisdiccional no pueden implicar una rebaja o un retroceso cuantitativo ni cualitativo respecto de los niveles de protección ambiental existentes en cada momento, salvo situaciones plenamente justificadas basadas en razones de interés público, y una vez realizado un juicio de ponderación entre los diferentes bienes jurídicos que pudieran entrar en contradicción con el ambiental."

Preocupante declaración de intenciones. Los objetivos se mantendrán, a no ser que no se mantengan...

Justo antes del articulado de la Ley, se establecen los objetivos: reducción de las emisiones de CO2 en 2030 del 23% respecto al valor de 1990, y neutralidad de emisiones en 2050. Mucha gente ha criticado la falta de ambición de la Ley, porque este objetivo ya está desfasado con respecto a lo que marcaba el IPCC en la propia cumbre de Madrid de 2019 (un 55% para 2030, a escala global). A mi, sinceramente, es lo que menos me preocupa. Se dice también que de la generación eléctrica al menos el 74% debe ser renovable en 2030. Si se compara con el 43% del año pasado parece muchísimo, pero en realidad hay momentos puntuales en los que se ha llegado al 60%, así que debería ser factible. Pero hay un problema que ha explicado Beamspot diversas veces en este blog, y es la inestabilidad de la red subsecuente a la integración de mucha potencia renovable, que es un problema al que se ha enfrentado repetidas veces Alemania y que dificulta la expansión renovable. Así, aunque no se diga, la manera de conseguir esta expansión y evitar la inestabilidad es dedicando directamente una parte sustancial de esta electricidad renovable a la producción in situ de hidrógeno verde, esa quimera. Así que, aunque no se diga, probablemente se está pensando en fiarlo todo a la ruina del hidrógeno verde. Otra cosa divertida es que se establece que se tendrá que mejorar la eficiencia energética disminuyendo el consumo de energía primaria al menos un 39,5% para 2030, aunque no me queda claro con respecto a qué. Una reducción tan salvaje del consumo de energía solo significa una cosa: una contracción económica brutal. Y es que el aumento de la eficiencia energética no implica un descenso del consumo de energía por culpa de la paradoja de Jevons. Lo curioso de esto es que, teniendo en cuenta lo que se nos viene encima, es hasta probable que tal descenso sí que tenga lugar. 

Respecto al articulado, como digo, no me detendré en analizarlo en detalle y destacaré algunos aspectos dispersos. Los artículos que no comento (que son, de hecho, la mayoría) no los comento porque ya me parece bien (o, al menos, no me parece mal) lo que dicen.

El artículo 6 va de digitalización. No se considera que la digitalización está amenazada por la escasez presente y futura de microchips. En esto, como en tantas otras cosas, no hay plan B para hacer frente al escenario más realista.

El artículo 7 explica el aprovechamiento hidráulico. Se pone el énfasis en las centrales reversibles, a pesar de que se sabe que su capacidad total para almacenar excedentes energéticos es muy limitada. Se incide también en que se pueden aprovechar las canalizaciones de abastecimiento y saneamiento urbano para generar electricidad. Buena suerte con eso también.

El artículo 9 prohíbe conceder nuevas licencias de estudio o explotación de hidrocarburos en España. Es ciertamente un artículo muy valiente, aunque también es verdad que no queda nada rentable por explotar, ahora que los promotores del fracking patrios se han dado cuenta de que no iba a ser nunca rentable.

El artículo 10 prohíbe lo mismo con minas de materiales radioactivos. Es aún más valiente que el anterior. Tampoco hay ninguna mina de nada radioactivo rentable en España, pero aún así es muy valiente.

El artículo 12 dice que se fomentará la penetración del uso del gas renovable, incluyendo el biogás y el hidrógeno. El biogás se puede producir en cantidades limitadas (por un problema semejante al que explicamos al principio de todo de este blog), y en cuanto al hidrógeno ya sabemos de qué va. Lo preocupante de la introducción del hidrógeno aquí es que parece ir en la dirección que apuntaba Beamspot: que se mezclará con el gas natural, disminuyendo así su poder combustible pero nos lo van a cobrar como si fuera gas del bueno.

En el artículo 13 se dice que se fomentarán los combustibles renovables para el transporte. Eso solo puede ser los biocombustibles (un grave error) y, cómo no, el hidrógeno otra vez. Ya sabemos que el hidrógeno es la única alternativa para intentar mantener la matriz industrial europea, aunque sea una mala y dudosa alternativa que, seguramente, bombeará la renta de las clases trabajadoras a las del capital.

Del artículo 14 me gustaría destacar dos cosas: una, que a partir de 2040 los coches tendrán que ser de cero emisiones de CO2 (esto lo veo fácil de conseguir: total, no tendremos coches en 2040); dos, que en los municipios de más de 50.000 habitantes se van a tener que implantar toda una serie de medidas no más tarde de 2023 que estoy seguro que van a dar mucho de que hablar en los próximos años, incluyendo limitaciones estrictas de la circulación de vehículos convencionales.

El artículo 15 va de la instalación de puntos de recarga eléctrica, dando por hecho que va a haber una implantación masiva del coche eléctrico, cosa por lo menos incierta. Añadan a lo que se comenta en el anterior enlace esto otro: hace poco revisé mis cálculos de hace 10 años sobre la cantidad de coches eléctricos que se podrían fabricar al año si destinásemos todo el litio que se produce mundialmente a eso. La producción ha aumentado mucho desde 2010 (se ha multiplicado por 3), aunque sufre considerables altibajos; y la cantidad de litio por coche ha disminuido considerablemente. Tomando como referencia un vehículo de 50 Kw·h o 8 Kg de litio metálico, hoy en día se podrían fabricar 8 millones de coches eléctricos al año. La producción mundial de coches ha caído actualmente por la CoVid y se sitúa en casi 80 millones de coches al año, por debajo de los casi 100 millones de 2018. Así pues, si se destinara toda la producción mundial de litio a fabricar coches  (adiós móviles, tablets, portátiles y sistemas de backup eléctrico de ordenadores y data centers), harían falta 175 años para renovar toda la flota mundial de 1.400 millones de coches. Y eso es con el litio: si miramos la situación con el cobalto y con el neodimio los cuellos de botella son peores. Pero, eso sí, se pone el acento en poner más puntos de recarga que solo podrán disfrutar los pocos (y seguramente adinerados) privilegiados que tendrán un coche eléctrico. Interesante también que en este artículo se obliga a las estaciones de servicio que vendieron más de 5 millones de litros de combustible en 2019 a instalar esos puntos de recarga, asumiendo ellos mismos el gasto (esto creo que va a levantar muchas ampollas). Ah, y a partir de este mismo año, cuando haya que revisar la licencia de concesión de una estación de servicio te obligarán a poner un punto de recarga eléctrica, no importa cuánto combustible vendas. Y por cierto que el nuevo Código Técnico de Edificación también obligará a tener puntos de recarga en los garajes de las casas.

El artículo 16 va de disminuir las emisiones en el sector marítimo. Se habla de "estimular el suministro eléctrico o el uso de combustibles alternativos en barcos atracados". Salvo en barcos realmente muy pequeños y de poca autonomía, es completamente impensable la electrificación de los buques. La clave está pues, en esos "combustibles alternativos". El paso al hidrógeno es todavía más dificultoso en el caso de grandes navíos, por las dificultades de manejo y contención del hidrógeno para trayectos tan largos como los marinos, así que seguramente tendrá que recurrirse a soluciones de energía naranja (aceptando la bola de que no tienen emisiones netas). Con el inconveniente añadido de que el coste de la energía naranja es muy elevado y la capacidad de producción bastante limitada. El problema de fondo es que la transmutación a energía verde del sector marítimo es irrealizable en la práctica, y eso va a causar muy serios problemas.

Los artículos que siguen, siendo honestos, me gustan mucho, especialmente el 20 que habla de aumentar la resiliencia de las infraestructuras del medio marino. Interesante el artículo 21, que habla de proteger áreas naturales sensibles de las nuevas instalaciones energéticas. Y espectacular el artículo 22, que habla del impacto de la dieta. El resto de artículos, realmente muy buenos, de lo mejor de la Ley.

A partir del artículo 27 se habla de que la Transición Energética sea justa, lo cual está muy bien e introduce ideas interesantes. Lo que a mi me parece muy difícil es garantizar eso. Y mirando las medidas concretas, están pensando en un esquema de cosas propio de hace 20 años, con una mantenimiento de la actual sociedad industrial. No es eso lo que va a pasar. El artículo 29 habla del cese de la producción de carbón nacional, y aquí también habrá un gran punto de fricción. Máxime cuando yo preveo que, cuando deje de llegar el petróleo, vamos a tener que recurrir al carbón nacional y a Fischer-Tropsch para poder mantener la maquinaria indispensable en marcha.

Me salto los artículos del Título VII (recursos que se ponen a disposición), que no me interesa en absoluto y me parece un poco extraterrestre, y me voy al Título VIII, sobre educación e investigación: en principio, todo lo que dicen suena razonable. El Título IX va sobre gobernanza, y aquí lo más importante a destacar es la creación del Comité de Expertos: ya veremos a quién eligen y en qué queda todo. Muy interesante la creación de la Asamblea Ciudadana, aunque se tendrá que ver cómo se articula.

Son también interesantes las disposiciones adicionales. La primera excluye al Ejército de todo esto, aunque se la anima a cumplir. En la cuarta se menciona a la aviación por primera vez, y es de manera laxa: es como decir "descarbonizaos lo que podáis, a vuestro gusto". La quinta va de economía circular: bonito concepto de difícil implementación. La sexta, de fomento del ferrocarril, que veo acertada e incluso que podría haber sido más incisiva. Y en las disposiciones finales se hace un montón de cambios normativos de leyes y reglamentos anteriores cuyo alcance se me escapa, pero hay cosas que tienen pinta de tener mucho impacto. Seguramente de algunas de éstas oiremos hablar en los próximos meses.

En resumen, hay muy buenas ideas en esta Ley. Es una Ley, además, que levantará bastante ampollas en muchos sectores porque les obliga a hacer cosas que claramente van contra sus intereses.

Lo peor del caso es que es una Ley inútil, o bastante inútil, a pesar de que estoy convencido de que se han puesto mucho empeño y buenas intenciones en ella. Todos los planes de ejecución, todas las ideas de transición, todas las previsiones que en ella hay, se irán al traste cuando en unos meses tengamos el primer pico de precios del petróleo y entremos en la negra senda del descenso energético para la que no nos hemos preparado. Una lástima, porque mucha gente criticará a esta Ley como si fuera la causa, cuando en realidad su problema es llegar demasiado tarde. 

Salu2.

AMT

lunes, 18 de mayo de 2020

Hoja de ruta (IV): La forja de la comunidad




(Anteriormente en esta misma serie: Hoja de ruta (III): Qué puedo hacer yo).

Queridos lectores:


He tenido varias semanas de receso por mis múltiples obligaciones; al trabajo ordinario, complicado de mantener en condiciones de confinamiento domiciliario, he tenido que añadir un gran incremento de las fundamentales y a menudo desdeñadas tareas reproductivas (en particular, las tareas del hogar y el cuidado de los niños). Ahora que todo parece haberse estabilizado en un nivel más soportable, retomo el hilo de la serie "Hoja de Ruta" en el punto en el que lo habíamos dejado. En esta ocasión, hablaremos de la importancia de la creación de una comunidad.

Uno de los problemas más graves a los que tendremos que hacer frente durante los próximos años, incluso durante los próximos meses, es a la incapacidad del sistema actual de proveer de medios de sustento a una parte no despreciable de la población.

Fijémonos en el caso de España: ya antes de comenzar esta nueva crisis, el porcentaje de la población en riesgo de pobreza o exclusión social en 2018 era del 26,1% (indicador AROPE), cifra impresionante porque significa que uno de cada cuatro españoles podría verse abocado a la indigencia si las condiciones materiales de la sociedad se deterioran - que es justo lo que está pasando ahora mismo. Con la actual crisis, es más que probable que muchos hogares en España tengan dificultades para llegar a final de mes, en un porcentaje que puede ser incluso mayor que el del indicador AROPE por el drástico cambio de las condiciones laborales para un gran número de trabajadores (según algunas estimaciones, entre parados y afectados por Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, hasta el 34% de la población activa no trabajaría en junio). Muchos de estos ERTEs se acabarán convirtiendo en EREs (lo mismo, pero no temporales), incrementando rápidamente el paro, sobre todo en el sector de servicios y principalmente los de hostelería.

A estas alturas, es evidente que la campaña turística en España este verano será un desastre: vendrán muchos menos turistas, en parte por los problemas económicos que también se viven en otros países y en parte por el temor a contraer la CoVid-19 estando lejos de casa, y eso por no hablar de las múltiples restricciones que aún pueden estar vigentes durante este verano, y que pueden comprometer la rentabilidad de hoteles, bares y restaurantes. Estamos hablando del sector económico que representó en 2019 más del 14% del PIB y del 10% del empleo. Pero no es el único sector severamente afectado: el consumo en general también se están resintiendo, sobre todo en bienes menos fundamentales en estos tiempos de incertidumbre, por ejemplo, la automoción (por poner dos noticias recientes, se anuncian reajustes importantes en el sector: Nissan cerrará su planta de Barcelona, y el Gobierno francés  condiciona las ayudas al sector a la repatriación de puestos de trabajo). Eso hace que el comercio esté también muy debilitado, ya que la gente pospone decisiones sobre el consumo a la espera de ver qué nos depara el futuro, y en el comercio al por menor las medidas impuestas, incluso en los territorios donde avanza la retirada de restricciones, hace que la afluencia de compradores sea mucho más pequeña. A quien esto beneficia es, por supuesto, a la compra por internet, con lo que se está premiando a los grandes distribuidores (Amazon, Alibaba) en perjuicio de los pequeños comerciantes y los pequeños productores. En todo caso, es de prever en los próximos meses el cierre de muchas empresas de todo tipo (desde hoteles y restaurantes hasta concesionarios de coches, pasando por la mercería de la esquina y la librería de al lado, y eso por no hablar de la gran industria). Va a haber un fuerte descenso de la actividad económica y un rápido incremento del paro.

Es completamente inútil esperar que desde las instancias estatales se pueda dar una respuesta efectiva a estos problemas. El Estado funciona bajo unas premisas de continuidad en la actividad, y no está en absoluto preparado para hacer frente a una verdadera transición de fase como la que estamos experimentando. En Física, una transición de fase sucede cuando el sistema analizado experimenta un cambio tan brusco y tan marcado que sus propiedades físicas son completamente diferentes tras la transición: es, por ejemplo, el paso de hielo a agua líquida, o de agua a vapor.  Lo que estamos viviendo no es un simple bache, primero por la crisis sanitaria y después por la económica, sino que realmente muchas cosas no podrán volver al punto de partida, ni siquiera a algo medianamente cercano. En los próximos años algunos engranajes fundamentales del sistema actual saltarán por los aires, y particularmente lo hará la producción de petróleo. No va a haber vuelta para atrás, pero el Estado es un mastodonte que no puede girar. Su manera de funcionar se basa en la recaudación de impuestos, la regulación legislativa y el mantenimiento del statu quo. En un momento en el que las bases físicas y productivas de la sociedad van a sufrir un deterioro tan importante, un Estado, en su concepción clásica, es completamente incapaz de adaptarse; de hecho, lo único que puede hacer es agravar aspectos de la actual crisis (discutiremos con más detalle por qué el Estado está condenado a hundirse en el siguiente post). Los próximos movimientos del Estado serán contraproducentes: intentará aumentar algunos impuestos para poder financiar su plan de choque, pero con una actividad en retroceso los impuestos también caerán y más rápido; recurrirá al endeudamiento, pero el volumen de deuda requerido será tan grande que en seguida el mero pago de los intereses le dejarán prácticamente sin recursos; recortará grandemente los salarios de los funcionarios y al hacerlo se reducirá aún más el consumo; recortará en partidas más "accesorias" desde el punto de vista de lograr la (imposible) recuperación económica y con ello aumentará el malestar - y, lo peor de todo, habrá gente que quedará completamente desprotegida.

¿Qué va a hacer esa gente que no tenga ningún tipo de ingresos a medida que la situación se vaya prolongando a lo largo de los meses? Durante un tiempo podrá vivir de los exiguos ahorros que tenga, de lo que le puedan prestar familiares y amigos, y de malvender algunas pertenencias por las que aún puedan sacar unos reales. Pero todo tiene un límite, y llegará un momento que la única opción para sobrevivir será robar; y a medida que la desesperación crezca, esos robos tendrán que ser más violentos, porque costará más encontrar algo que merezca la pena.

¿Qué puede hacer el Estado delante de esto? Nada. La primera reacción sería aumentar la presión policial, pero sin reclutar más policía, justamente por la falta de recursos. En cuanto el problema se generalice, la policía solo podrá dedicarse a las cosas grandes de verdad, y de vez en cuando atrapará y seguramente apalizará a algunos raterillos, para dar la impresión de que se está haciendo algo.

Este escenario no está tan lejos en el tiempo como podría pensarse, querido lector. ¿Cuánto tiempo falta para que la gente que se ve a quedar sin trabajo y sin cobertura de las diferentes administraciones se vea obligada a robar?

En el contexto actual, esperar a que haya una reacción de las autoridades es completamente suicida. La magnitud del problema es tal que no va  a haber una reacción útil desde el sistema. Y lo peor es que quedarse de brazos cruzados, "porque no me corresponde a mí ocuparme de eso", mientras nuestro vecino pasa hambre, es la mejor manera de minar la cohesión social y de dificultar el establecimiento de esa comunidad que necesitamos constituir.

Porque, sí, necesitamos constituir comunidades, para nuestro apoyo mutuo, y lo necesitamos con urgencia. Necesitamos crear comunidad para dotarnos de resiliencia en medio de los cambios profundos y terribles que se van a dar en los próximos años. Necesitamos crear cohesión y unión, y en medio de todas las dificultades tenemos que encontrar modos de supervivencia, sí, pero también modos de vida. Y tenemos que hacerlo por nosotros mismos, sin esperar a que venga nadie de fuera o "de arriba" a resolvernos este problema.

El hecho de que no quede memoria viva de lo que es vivir sin un Estado hace que la gente no pueda concebir lo que es vivir sin un Estado, pero desgraciadamente la desaparición del Estado es un hecho inevitable del devenir del descenso energético (de hecho, es una de las fases del colapso). A pesar de lo extraña que nos resulte la idea, es un error pensar que no es viable gestionar el descenso desde la comunidad; lo que de hecho es inviable es hacerlo sin la comunidad y desde fuera de ella, porque solo desde una comunidad bien cohesionada se puede gestionar la producción y los excedentes en una situación de descenso energético.

Hay mucho trabajo para hacer. Para crear una comunidad el primer paso es tener un plan. Hay que comenzar por algo muy concreto, muy centrado en un problema  específico y urgente. No se puede redefinir toda nuestra sociedad en un solo día, y necesitaremos de mucho ensayo y error para conseguir nuestro objetivo. Existen ya muchas iniciativas en todo el mundo, y en particular en el territorio español, que pueden ser buenos puntos de arranque para constituir comunidad, desde las cooperativas de consumo hasta las ecoaldeas, pasando por las iniciativas de transición y los movimientos sociales de base de todo el espectro. Cada uno debe buscar aquélla con la que se sienta más cómodo y comenzar a colaborar con ella en la medida que pueda. Recuerden siempre que el bien más preciado es el tiempo; úsenlo con cabeza.

La transición a la comunidad no va a ser idílica, por supuesto. Existen numerosos ejemplos de iniciativas que han fracasado, a veces por falta de concreción y a veces por exceso de la misma. Otro elemento que suele llevar al fracaso, o como mínimo a la marginalización, es el exceso de carga ideológica. Para evitar eso lo preferible es concentrarse en objetivos directos y concretos, tangibles y de primera necesidad, siendo pragmáticos cuando convenga y no dejando que nuestros posicionamientos ideológicos, que quizá no son tan compartidos como pensamos, pasen por delante del objetivo realmente compartido por los participantes en el proyecto. En la situación que vamos a vivir en los próximos meses y años va a ayudar a consolidar las comunidades que surjan el que poco a poco no habrá otra opción: o se construye alguna cosa o no habrá red de sustento para tanta gente.

Uno de los requisitos para crear una comunidad funcional es la gestión de la producción y del trabajo desde el ámbito local. No quiere decir esto que no pueda haber producción que venga de lejos o que algunas personas no puedan trabajar en lugares más distantes, pero de cara a dar una protección a los que se han quedado sin nada no se puede confiar en un sistema basado en las grandes escalas. Se tiene que garantizar la producción y distribución de alimentos de proximidad, fuera de los grandes circuitos de distribución, y se tiene que crear empleo en actividades ahora ninguneadas como la reparación (de todo tipo de cosas, desde el calzado hasta los electrodomésticos), el reciclaje/reutilización de materiales y piezas (algo muy diferente de lo que se hace ahora) o la fabricación artesanal de productos de primera necesidad. No se trata de crear grandes oportunidades de negocio, sino de dar trabajo y sustento a la gente que se ha quedado sin ellos. Aquí también la comunidad es muy importante, porque debe comprar esos productos y usar esos servicios "de la comunidad" en preferencia a otros de procedencia industrial. Eso es algo fácil y de hecho automático si la comunidad está formada por gente que ha caído en la exclusión, que de esta manera constituirían una economía al margen de la "economía oficial"; pero en el período de transición es importante fomentar esta actividad dirigiéndose preferentemente hacia estos servicios comunitarios. 

La transición tendrá que enfrentarse a muchas dificultades de implementación, y una que quizá a muchos les resulte inesperada proviene del pago de impuestos. Efectivamente, esta economía alternativa no genera excedentes de acuerdo con las expectativas de la actividad económica actual, ya que su objetivo no es la generación de beneficios sino la inserción social de sus miembros y proporcionarles medios de sustento y vida digna. Sin embargo, es difícil evitar que el Estado haga una valoración económica estándar de los beneficios que, a su entender, genera esta actividad y que reclame el justo pago de impuestos, al margen de la capacidad real de estas iniciativas de poder pagarlos. Por eso es muy importante que el uso de moneda y de servicios financieros sean, también, alternativos. De todos modos, eso tampoco impediría que el Estado, una vez que este tipo de actividades ganen volumen, acabe buscando maneras de hacer pagar impuestos, introduciendo las modificaciones legislativas pertinentes. Por ese motivo, cuando una iniciativa comience a tomar un cierto tamaño, debe contar con el asesoramiento legal y contable de expertos (voluntarios, por supuesto) que permitan evitar que la finalidad de la iniciativa se desvíe de sus objetivos de no lucro e inserción social. Esta tarea puede volverse muy compleja en los estadios finales del Estado, cuando en su desesperación por no desaparecer intente apropiarse de todos los excedentes, los reales y los percibidos.

Por todo lo dicho anteriormente, la gestión de los excedentes es una pieza clave en la comunidad. La comunidad ha de generar excedentes para hacer frente a momentos de carestía o de penalidad (como lo está siendo el confinamiento acarreado por el coronavirus). De hecho, justamente para tener resiliencia se requiere una producción deliberada de excedentes, esas reservas necesarias para los años de vacas flacas. Fíjense que el concepto de excedente aquí choca frontalmente con la gestión de excedentes en la actual economía: hoy en día, cuando hay excedentes estos se consideran capital y en la lógica del crecimiento exponencial deben ser inmediatamente invertidos de cara a hacer crecer aún más la actividad económica. En la lógica de la comunidad resiliente del futuro, los excedentes deben ser una despensa, una manera de poder afrontar baches, tanto colectivos como individuales, pero se necesita un plan adecuado para su gestión: quién los genera, quién los distribuye, quién tiene derecho a los mismos y, de nuevo, cómo se conjugan con el cobro de impuestos y con el objetivo de no crecimiento de la comunidad.


Como ven, queda mucho trabajo tanto teórico como, sobre todo, práctico para poder implementar una comunidad adecuada y resiliente en cada lugar. Las estrategias serán diferentes según los lugares de aplicación. Por ejemplo, las grandes ciudades necesitarán reducir su población y esponjar su urbanismo para introducir algunas actividades como la producción de alimentos; esto último implicada modificar la gestión de residuos de cara a producir abonos y también introducir cambios en la gestión del agua. Las urbanizaciones aisladas necesitarán ser repensadas y, en algunos casos, abandonadas. En otros lugares lo que se necesitará será adecuar la habitabilidad para acoger personas venidas de otros lugares, y gestionar adecuadamente problemas como el desarraigo, la añoranza del mundo perdido y los conflictos entre los recién llegados y los residentes tradicionales; eso, entre otras muchísimas cosas.

Ya lo hemos dicho: queda mucho por hacer, y cuanto antes comencemos a plantearlo, mejor. Hay que entender que lo que no podemos hacer es ignorar el problema, incluso desde un punto de vista del egoísmo bien entendido, porque delante de un problema de una magnitud tan masiva o nos salvamos todos o perecemos todos: no hay margen para soluciones individuales tan caras a los grupos supervivencialistas.

En el próximo post discutiremos con detalle por qué no cabe esperar ninguna reacción útil o eficaz por parte de los Estados, que, al igual que el capitalismo, encaran las décadas finales de su existencia, al menos en su concepción moderna.

Salu2.
AMT 


(Posteriormente en esta misma serie: Hoja de ruta (V): La caída de los Estados).

lunes, 6 de abril de 2020

Hoja de ruta (III): Qué puedo hacer yo.

(Nota: en todo el post, al referirme a las profesiones usaré el género masculino como genérico, como es normativo en castellano, pero obviamente me estaré siempre refiriendo a individuos de ambos sexos - como no podría ser de otra manera).



(Anteriormente en esta misma serie: Hoja de ruta (II): Poniéndose en marcha).

Queridos lectores:

Como prometía en el post anterior, en el presente me voy a centrar en qué cosas podemos hacer cada uno de nosotros en una situación en la que nuestra sociedad empieza a perder su funcionalidad, y sobre todo buscando una salida profesional y vital en un mundo nuevo y extraño en el que las cosas ya no van a funcionar como hasta ahora habían funcionado; un mundo en el cual de alguna manera podría parecer que ya no tenemos cabida. El objetivo de este post  es que, en los próximos años, cuando Vd., querido lector, caiga en el desánimo porque piense que ya no sirve para nada, se dé cuenta de que en realidad Vd. tiene mucho que aportar en el nuevo mundo que va a comenzar.

Aunque intentaré dar una perspectiva amplia de todas las cosas que cada uno de nosotros, en función de nuestros conocimientos, capacidades y experiencia, podríamos hacer en este nuevo mundo que tiene que nacer, es completamente imposible dar una visión completa y detallada de todas las posibilidades. Por tanto, la exposición que sigue no es completamente exhaustiva de todas las posibilidades de ocupación y empleo; además, por las limitaciones de mis propios conocimientos e inclusive porque algunos de los aspectos a los que aludiré seguramente no han sido analizados ni estudiados con profundidad, no todo lo que diré será completamente correcto o adecuado. Es por ello que les pido que tomen todo lo que digo más abajo como una mera orientación: tenemos los próximos años para tratar de de ir afinando cada uno de estos nuevos oficios y ocupaciones dentro de una sociedad mucho más local y resiliente, la que se tendrá que ir gestando justamente durante esos años. Noten también que, por deformación de mi propio perfil, tiendo a centrarme en trabajos más tecnológicos e ingenieriles, cuando obviamente hay muchos otros perfiles que sin duda serán necesarios. Tomen por tanto la relación que sigue como una lista abierta a la cual en cada comunidad podrán ir añadiendo aquello que vayan considerando importante y necesario.

Comencemos por lo más básico: la alimentación. No voy a extenderme con la producción de alimentos, ya que éste es uno de los aspectos más tratados en la blogsfera picolera y colapsista; dejemos simplemente dicho aquí que, como es obvio, la producción agrícola tendrá que emplear a mucha más mano de obra de lo que hace ahora; no quizá ese 80% de la población activa que dicen algunos, pero seguramente el 15 y hasta el 20%. No se trata de renunciar a la mecanización del campo, pero es obvio que se va a tener que planificar bien qué mecanización se puede mantener y de qué manera. Motores más sencillos de fabricar y de reparar, que puedan usar combustibles algo más toscos (por ejemplo, aceites no muy refinados), motores que tendrán menos potencia pero que estarán mejor adaptados al mundo al que vamos. Una discusión abierta y sobre la que hace falta profundizar es qué parte de la producción agrícola se tendrá que destinar a la producción de biocombustibles para operar la propia maquinaria agrícola; está claro que se ha de buscar un buen equilibrio entre la producción neta agrícola y un nivel de mecanización suficiente para reducir la penosidad del laboreo agrícola; eso seguramente implicará una mayor interacción entre personas y máquinas, de manera que aquellas tareas que se automatizan de manera menos eficiente sean realizadas por humanos (por ejemplo, las de selección), en tanto que la fuerza mecánica se limitará sobre todo a aquellas tareas donde lo que cuenta es la potencia. Debido a la futura escasez de fertilizantes artificiales, en cada lugar se tendrá que hacer un diseño adecuado de las prácticas de cultivo que den resiliencia a la producción, desde el barbecho, la alternancia de cultivos, el uso de abonos naturales provenientes de una cabaña ganadera local, la armonización entre diversos tipos de cultivos complementarios (incluyendo árboles), los bosques de alimentos, la integración ecosistémica desde microorganismos hasta los insectívoros, pasando por las "malas hierbas" e insectos que atacan a los cultivos y que ahora deberán ser integrados como parte de ese ecosistema, aparte de muchos otros aspectos como la protección de la erosión del suelo, la prevención de la acidificación, el riego y la adaptación a períodos imprevistos de sequías e inundaciones y así un largo etcétera. Muchas de estas cosas han sido estudiadas y analizadas con profusión en los últimos años en infinidad de páginas web y en libros especializados. Y eso sin contar con todas las complejidades de la gestión ganadera, optimizando su integración ecosistémica, desde palomas y gallinas (fundamentales para tener guano para fertilizar los campos) hasta los conejos, ovejas, cabras y en los lugares más productivos vacas y cerdos, así como también animales para el tiro como bueyes, caballos y mulas. Aquí por supuesto hay mucho trabajo para veterinarios, biólogos, farmacéuticos y en general toda la gente que tiene experiencia tratando con ganado.

Aparte de la gente que ya se dedica a actividades agropecuarias, aquí hay una salida para la gente que proviene del campo y ya tiene conocimientos, aunque sean básicos; también, para ingenieros agrícolas, forestales, químicos ambientales y profesiones semejantes, así como para la gente que tiene conocimientos como aficionado e interesado en estos temas. Mención aparte merece el uso de plantas silvestres para la elaboración de remedios, usando conceptos de farmacopea moderna, lo cual también da salida a farmacéuticos y biólogos. 

Una cuestión diferente concierne la pesca, una actividad que va a sufrir una seria reducción, en parte por la falta de petróleo y en parte por el agotamiento de muchos caladeros; diseñar un nuevo modelo de pesca local y sostenible es un trabajo ingente que llevará mucho tiempo pero que será la resultante natural de las restricciones que va a imponer el nuevo mundo; y esa es una ocupación para ingenieros navales (para hacer la reingeniería de los barcos, usando materiales más modestos), biólogos marinos, marinos, pescadores, etc.

Sin salirnos del ámbito de la alimentación pero avanzando en la cadena de consumo, otro aspecto clave será la distribución y tratamiento de las materias primas alimentarias. Aquí hay aspectos logísticos fundamentales, como el de la reutilización de envases, fundamental para minimizar la necesidad de materiales; también, todo lo que pueda ser distribuido a granel debe ser vendido de la misma manera; mucho trabajo para logistas, contables, especialistas en paquetería y similares, sin olvidar los transportistas, que tendrán que utilizar camiones más pequeños y optimizar los recorridos (de nuevo, con una buena planificación logística). Además, trabajar con menos envases y a granel plantea problemas sanitarios ya olvidados por el actual uso masivo de envases individuales, que deben ser también abordados por médicos, enfermeras, farmacéuticos, veterinarios, biólogos, químicos, ingenieros y un largo etcétera de profesiones similares. En el caso del tratamiento de materias primas alimentarias, existe una infinidad de consideraciones que hacer sobre seguridad alimentaria y conservación de alimentos (usando una mucho menor cadena de frío, puesto que ésta es muy costosa energéticamente), y esto también supone muchas posibilidades de trabajo completamente novedosas, y particularmente emplearía mucha mano de obra para el mero acarreo, algo que ahora se considera ineficiente pero en un futuro nada lejano se considerará imprescindible.


Consideraciones semejantes se van a dar en todo tipo de comercio: necesidad de reaprovechar envases, disminución de los envoltorios, mayor cantidad de mano de obra... se van a tener que cambiar los actuales criterios de eficiencia económica por otros de simple viabilidad, aunque eso lógicamente va a repercutir en los precios y en la renta disponible (pero tampoco hay alternativa). Los canales de distribución tendrán que ser mucho más locales, pudiéndose mantener la distribución a larga distancia para solo unos pocos bienes de alto valor. Un factor importante para todo el sector de la distribución, al igual de lo que comentamos en el caso de la agricultura, será  el reaprovechamiento de viejos motores, con todo el trabajo de reingeniería que comporta, y las posibilidades de trabajo para ingenieros, mecánicos y herreros.

En el caso concreto de la ropa, reaparecerán actividades muy arrinconadas actualmente, como el corte y confección, y el arreglo de ropa. Algunos remiendos se harán de manera casera, mientras que otros se harán de manera más profesional. La misma situación se dará con el calzado. Una cuestión interesante es que se requerirán materiales mucho más locales y se volverán a considerar materiales textiles y de otro tipo que ahora no se usan tanto; esto creará una industria local que ocupará a mucha gente en todos los niveles.

Hablando de la ingeniería, la era del descenso energético puede ser una auténtica edad de oro de la ingeniería, porque todo tendrá que ser reconcebido, rediseñando y reimplementado. La maquinaria tendrá que ser fabricada pensando en el uso de materiales sencillos y en la facilidad de la reparación, además de para el mejor aprovechamiento de la energía. Esto puede implicar que se sacrifique la compacidad de los diseños actuales y, sobre todo, la potencia: la cantidad de trabajo hecha por unidad de tiempo será en general inferior, porque a mayor potencia más entropía y por tanto más disipación e ineficiencia. Se necesitarán expertos en metalurgia y en mecanizado, se tendrán que hacer más piezas ad hoc y para cada reparación concreta. Otro aspecto importante será el aprovechamiento de metales de desecho, que actualmente están en las chatarrerías; se necesitará muchísima gente con diversos conocimientos y también mucha mano de obra para separar, preparar, refinar y distribuir los distintos materiales de la manera más eficiente. Otra fuente masiva de materiales de alta calidad, e incluso para el reaprovechamiento de algunas de sus partes y sistemas, son los actuales coches, y en ese sentido se debe incentivar su recuperación y tratamiento: una buena salida para muchos mecánicos, técnicos de ITV y operarios de plantas de ensamblaje de coches.

Un punto importante en nuestro futuro para las próximas décadas es el del mantenimiento de la red eléctrica. Richard Duncan, autor de la teoría de Olduvai, opina que en nuestra sociedad hipertecnificada la primera infraestructura en fallar debido a la escasez de combustibles fósiles será la red eléctrica. Se trata de una infraestructura de una gran complejidad física y operacional (miles de kilómetros de líneas, cientos de estaciones de transformación, decenas de estaciones de monitoreo en tiempo real, centros de gestión centralizada y un ejército de operarios que deben trabajar día y noche para garantizar que todo funcione correctamente), debido a que hoy en día la electricidad se utiliza para muchas actividades industriales y requiere una gran fiabilidad. Aguantar en pie las gigantescas torres de alta tensión, garantizar la estabilidad del flujo que se mueve a través de miles de kilómetros de cables y al tiempo conseguir que se sigan generando inmensas potencias eléctricas que se regulan según la demanda es algo titánico y casi milagroso en condiciones normales, y requerirá un replanteamiento general en una situación de descenso energético. Una cosa positiva es que la caída de los volúmenes de producción en general harán que la demanda eléctrica sea sensiblemente menor, pero en todo caso la transición a un nuevo modelo, más descentralizado, manejable y de menor potencia, será una verdadera contrarreloj durante los próximos años, y muy probablemente las próximas décadas se vean marcadas por repetidos y duraderos apagones en muchas zonas hasta que consigamos un nuevo estado de equilibrio. La generación y distribución eléctrica tendrá que volver a ser parecida a como fue al principio: generación de menor potencia, de proximidad y gestionada de manera mucho más local; todo ello, con la ventaja de los mayores conocimientos y mejores sistemas de control actuales. Nos tendremos que olvidar de LEDs y volver a sistemas de iluminación más sencillos de fabricar, y en general volver a motores más básicos. De las líneas de alta tensión, tendremos que decidir cuáles merece la pena mantener (con el gran esfuerzo que llevará) y cuáles deberán ser desguazadas para aprovechar sus materiales. Aquí de nuevo las oportunidades de trabajo son enormes y muy variadas, desde la ingeniería, la metalurgia, la electricidad, la electromecánica y en general una gran cantidad de mano de obra con todo tipo de especializaciones o prácticamente sin ella. Dado los costes, los usos de la electricidad deberán ser aquéllos que societariamente den el máximo rendimiento porque si no la actividad simplemente no será sostenible.

Yendo ya a la obra en general y a la edificación en particular, existe un gran cantidad de trabajo por hacer: se tendrá que proceder al acondicionamiento y rehabilitación de viviendas, y en algunos casos la mejor opción será la demolición controlada (para aprovechar sus materiales) de viviendas que no tienen sentido en el nuevo escenario (demasiado altas, demasiado masificadas, demasiado alejadas de las rutas de comunicación y suministro que van a pervivir, sin acceso a agua o con problemas para su bombeo, potabilización o depuración de aguas residuales, etc). Se requerirá también una mejor planificación urbana, recuperando ideas hace tiempo denostadas en aras de favorecer la movilidad rápida y masiva con coches utilitarios. Mucho trabajo para arquitectos, aparejadores, albañiles, peones y también para empresas dedicadas a la fabricación y distribución de materiales de construcción, que tendrán que readaptarse para trabajar también el reprocesamiento de los ingentes materiales de los edificios en demolición.

Mención aparte requiere la obra pública. Se tendrá que decidir qué se mantiene y de qué manera, y qué no. Aquéllas infraestructuras críticas tendrán que ser dimensionadas para la capacidad de mantenimiento real que vamos a tener, muy mermada por la disminución (aunque no desaparición, una pequeña parte de biocombustibles se podrá dedicar a esto) de la fuerza mecánica. Se tendrá que inspeccionar qué infraestructuras pueden acarrear un riesgo grave para la población si caen en un estado de abandono (presas hidráulicas, centrales nucleares, balsas de residuos, etc) y adoptar planes para su desmantelamiento controlado (una carga que va a ser muy onerosa en la era del decrecimiento energético, y cuya gestión dará muchos dolores de cabeza). Se requieren ingenieros de caminos y obra civil, planificadores, gestores, logistas y una gran cantidad de mano de obra.

Otro punto crítico, y de tanto más que hablemos de núcleos de población de mayor tamaño, es el saneamiento de las aguas residuales y del propio alcantarillado. En algunos lugares, se tendrá que repensar el alcantarillado y hacer actuaciones urgentes, y en ocasiones drásticas, de cara a evitar la rápida propagación de enfermedades transmisibles por el agua (recordemos que en el siglo XIX las epidemias de cólera y de fiebres tifoideas fueron frecuentes). El tipo de tratamiento que se tendrá que hacer será muy diferente al actual, pues no habrá tantos reactivos químicos como tenemos ahora (derivados del petróleo en muchos casos), pero se podrán encontrar alternativas razonables. Una cuestión también a tratar es la del aprovechamiento de las aguas y lodos residuales: como decía Víctor Hugo en "Los miserables", las cloacas son una fuente inmensa de riqueza, puesto que con las heces van multitud de nutrientes que deben volver a los cultivos para cerrar los ciclos naturales de muchos elementos (Aldous Huxley, en "Un mundo feliz", llegaba incluso a proponer el reaprovechamiento de los cadáveres para evitar perder el fósforo). Finalmente, aparte de la potabilización, el suministro de agua se puede ver afectado por la falta de energía y los problemas de mantenimiento de las conducciones, así que se requiere una gran planificación sobre qué se puede mantener, en qué condiciones y qué usos se permiten al agua. Se puede llegar inclusive a limitar el número de personas que pueden vivir en un cierto núcleo de población. Está también la cuestión de la adaptación al cambio climático, muy compleja y que tendrá que ser analizada municipio a municipio. Con todo lo dicho, queda claro que hablamos de un sector que también dará una gran cantidad de trabajo a todos los niveles: ingeniería, química, bioquímica, microbiología, logística, control de calidad, planificación urbansítica, poceros, albañiles y un largo etcétera.
 
Hablemos ahora de la red de telefonía, una infraestructura muy importante porque facilita la coordinación y la transmisión de información que puede ser crítica. La primera cuestión que merece ser debatida es sobre el tipo de tendido: ¿se debe usar el cobre, que cada vez será más escaso y difícil de conseguir? ¿O utilizar la tecnología de la fibra de vidrio, que se basa en materiales mucho más baratos pero que es más compleja de transmitir y decodificar, requiriendo cierta capacidad microelectrónica? Seguramente se tendrá que buscar un compromiso entre ambas, con un estándar que seguramente se tiene que desarrollar. 

La cuestión de la telefonía suscita también la de las Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones (TIC) en general y la cuestión de los ordenadores y otros sistemas de procesamiento en particular. Es evidente que los actuales niveles de la electrónica de consumo son completamente insostenibles y en el curso del descenso energético se va a producir una simplificación enorme de la informática (el cual hará que estas páginas que he escrito estos años, algún día, se perderán para siempre - no me causa ninguna pena, pierdan cuidado). Se tendrá que establecer una verdadera informática de guerra en los primeros compases del descenso energético, asegurando que los pocos sistemas informáticos que vayan quedando a medida que todos se vayan irreparablemente averiando, lo que nos quede de la actual época de apogeo de las TIC, se usa para aquellos servicios críticos donde la fuerza de computación de un microordenador es fundamental. A medida que pase el tiempo se tendrá que buscar la manera de fabricar chips de mayor tamaño y menores prestaciones pero mucho más fáciles de fabricar, y sobre todo que se puedan elaborar de manera lo más local posible. Se tendrán que recuperar prácticas de programación como las que yo conocí cuando era niño, en el que medías los bits usados al milímetro. Hay una ingente cantidad de trabajo para ingenieros electrónicos y de materiales, expertos en microelectrónica, especialistas en electrónica en general, programadores, diseñadores y una vez más un largo etcétera.

Y volviendo a un tema que acabamos de mencionar, la era del descenso energética será una era donde cobrará una renovada importancia el soporte en papel para los documentos, en una época progresivamente menos eléctrica y menos electrónica. Tendremos que desempolvar las viejas técnicas de indexación de archiveros y bibliotecarios, pues el uso de microinformática quedará restringido en aquellos casos en los que tener una alta capacidad de procesamiento sea estrictamente necesario; de hecho, para bibliotecas, registros y para el papeleo y contabilidad de empresas y similares, lo más práctico será recurrir al archivo en papel de toda la vida: más fiable, razonablemente rápido y tecnológicamente asequible (lástima que esto pasará cuando estábamos completando la digitalización de tantos archivos). Aparte de la gran cantidad de trabajo para los especialistas de biblioteconomía y documentación, hay mucho trabajo en general para contables y administrativos, bastante más que el que hay ahora.

Y todo esto por no hablar de otras profesiones actuales que lógicamente se tendrán que mantener, como médicos, enfermeros, maestros, policías, jueces, abogados, bomberos y así un larguísimo etcétera. Profesiones todas ellas que deberán hacer muchos ajustes en la época de escasez (por ejemplo, el concepto de sanidad tendrá que ser muy diferente) pero que indudablemente de una forma u otra van a pervivir. 

Para quien no encuentro trabajo es para los publicistas, pero seguramente esta gente encontrarán algo productivo a lo que dedicar su talento.

Como ven, en realidad hay muchísimo trabajo por hacer, y mucho trabajo que hacer una vez se establezca la nueva sociedad. Nadie sobra; simplemente, se deben reorientar las carreras profesionales. Tendremos también que desempolvar viejos tratados que nos explican cómo se hacían antes las cosas, y a partir de ellos y con los conocimientos actuales, deberemos desarrollar nuevos métodos y sistemas. Hay una cantidad inmensa de cosas por hacer. Faltará trabajo dentro del mundo que se muere, con sus decadentes maneras de hacer y que cada vez serán más disfuncionales, ineficaces y reducidas; pero en el nuevo mundo que va a nacer habrá muchísimo trabajo y se necesitarán muchísimas manos.

Todo está por hacer, solo que nos hemos acostumbrado tanto a lo que teníamos, que creíamos que era eterno. No lo era. Podemos sentirnos desamparados al principio, pero en realidad tenemos un mundo de oportunidades delante de nosotros. Esos sí, un mundo centrado en lo local, donde una pieza clave es la comunidad. Eso es de lo que hablaremos en el próximo post de esta serie.

Salu2.
AMT

(Posteriormente en esta misma serie: Hoja de ruta (IV): La forja de la comunidad).

viernes, 31 de enero de 2020

¿Seremos ecofascistas?

Queridos lectores:

El maestro Beamspot nos ofrece esta semana un análisis nada cómodo, nada agradable, sobre cómo se está manipulando el problema (real) del Cambio Climático para imponer una política de exclusión social y de favorecimiento de los intereses de las clases dominantes. Un ensayo en tono muy iconoclasta, no para todos los gustos, pero ciertamente interesante.

Les dejo con Beamspot.

Salu2.
AMT

¿Seremos Ecofascistas? 



 


En los últimos meses se está dando mucha relevancia al cambio climático, con manifestaciones, huelgas estudiantiles y protestas de variada índole, con un nombre relevante por encima de todos: Greta Thumberg.

Se comenta mucho en las redes sociales cómo esta niña de 16 años ha sido invitada a una reunión de la ONU, al foro de Davos, y en otras partes, donde básicamente ha ido leyendo la cartilla a la flor y nata de la diplomacia, las finanzas y el poder político.

Hasta la han nombrado para premio Nóbel de la Paz, que al final no se ha llevado.

Muchos creen, esperan, que sea la fuerza que lleve adelante toda una revolución para frenar, todos juntos, el cambio climático. Ciertamente, los movimientos Fridays For Future (FFF) y Extinction/Rebellion (XR), están captando portadas y muchos minutos en los noticiarios.

Algunos se han extrañado que últimamente se ataca mucho, cada vez más a Greta.

Lo verdaderamente extraño… es que se extrañen.

Obviamente, los que no están de acuerdo (¿en qué? esa es una clave que veremos adelante) no se iban a quedar de brazos cruzados.

Entre los que la atacan, figuran muchos youtubers, una eco-comunista de afilada pluma como es Cory Morningstar, Trump (¿cómo no?), Emmanuel Macron (eso ya es más raro), y otras figuras políticas de renombre.

Pero al menos ha servido para abrir el debate sobre ‘hacer algo para frenar el cambio climático’ y una mayor concienciación para actuar.

Eso me comentaba un compañero de trabajo, camino del concesionario a comprarse un muy ecologista SUV.

Otro, me comentaba que lo que hay que hacer es contratar todos la electricidad a una comercializadora de renovables. Claro que éste ya tiene su SUV y bien que cruza la península varias veces al mes. Justo los fines de semana que no coge un avión para irse a alguna parte.



Así van las ventas de coches por tipo. Habida cuenta que los pesados e inestables SUV son los más contaminantes a la par del tipo con mejores márgenes de beneficio, el clima no sale beneficiado, precisamente.



Esos son dos grandes ejemplos de la concienciación que se estila.

Y es que esos que atacan a la Thunberg, o, mejor dicho, al movimiento que tiene detrás, lo tienen fácil. Muy fácil.

Veamos un par de ejemplos notorios.

El primero se produce justo tras la publicación de ‘Venusianos’: justamente se propone en Alemania, y posteriormente en la reunión del G7 (a petición de Alemania, casualmente), la subida  del IVA a todas las carnes. La propuesta no es menor pues del valor reducido que tiene ahora (depende del país), al valor más alto, que en España se situaría al 21%, y creo recordar que al 19% en ese país que tanto gusta de las salchichas, los schnitzel, el leberkäse y otras comidas muy cárnicas.

Al rato salieron críticas a la propuesta por parte de Der Links (La Izquierda), y además, también y en la misma línea, por AfD (Alternativa por Alemania, digamos que de ‘derechas derechas’). Ambos decían algo que al que esto escribe y suscribe, le parece acertado: que eso iba a mermar y dañar mucho a la población más necesitada, que es la que llega justa a fin de mes, y a quiénes esa subida no les viene precisamente a mejorar su situación.


”No es acerca de privarse de todo. Es acerca de crear algo mejor… Podemos imaginarnos cómo mantener nuestros estilos de vida y la salud del planeta si lo hacemos correctamente.” Cámeron Díaz.
Claro que sí, guapi. Los 8000 millones de habitantes del planeta podemos mantener tu ritmo de vida sin fastidiar el planeta.

Si mencionamos que la idea era destinar esas recaudaciones a ‘mejorar el cuidado’ de los animales, pongamos por ejemplo Wagyu, Kobe, entonces la cosa parecía ‘más noble’.

Ciertamente, los de izquierdas son aquellos que deberían vigilar por la igualdad y que las leyes favorezcan a los que tiene menor poder adquisitivo mientras limitan los beneficios de los que tienen más poder adquisitivo.

Que el nacionalista AfD apoye la misma idea puede llevar a pensar en una nueva coalición social-nacionalista (¿o será al revés?). Desde luego, algo de razón llevan.

Tanto es así, que cierta corresponsal española de gran reputación, en la rueda de prensa en la que el G7 explicó precisamente estas intenciones, notó y publicó en Twitter que en dicha rueda de prensas se agasajó a todos los corresponsales con un suculento banquete a base, fundamentalmente, de cárnicos. Pueden consultar el video que se hizo viral aquí.

Un claro indicativo de cuáles son sus intenciones, ¿no les parece?

Una segunda noticia, está más publicada, va sobre una cumbre sobre el clima en Sicilia, donde 300 “celebrities” estaban invitadas para hablar de cómo concienciar a la población de la necesidad de actuar contra el cambio climático.

El evento se realizó gracias a 114 jets privados, un puñado de cruceros de lujo tamaño portaaviones que gastan tanto bunker o fuel oil extrapesado (y sulfurado) con unas emisiones de 3,3 toneladas de CO2 por hora, y un número indeterminado de helicópteros, limunsinas o Maseratis ‘prestados’ por la organización para que sus invitados pudiesen pasearse por la isla y disfrutar de las magníficas vistas sin desmerecer su status en el lujoso complejo de Verdura Resort cercano al parque arqueológico de Selinunte, patrimonio mundial de la UNESCO.




Villa Verdura Resort. Todo un alarde de austeridad en pos del bien del planeta. ¿Ejemplo a seguir?

De esta noticia, justo al contrario que la del G7, hay muchas noticias en Internet. Al menos, en Google me salen un porrón, tal vez porque Google era el organizador de dicho evento, como los pasados 7 eventos.

Evidentemente, el hecho que el príncipe Henry, Enrique para los amigos, diese su charla descalzo, también tendremos que agradecerle que dijera que solamente quiere tener 2 hijos, hace que todos estos detallitos que he mencionado sobre los Maseratis, yates y jets privados sea una pequeño detalle aceptable. Se ve que el clima va a dejar de cambiar porque su Alteza Real Henry no se calce los pies un día.

En resumen: una parte importante del ‘cambio climático’ es postureo, farándula, pose, moda…… y sobretodo, impuestos.

Sí, sí, I-M-P-U-E-S-T-O-S.  cuya orientación no trata de castigar al que emite CO2, el productor industrial de carne, sino al consumidor. No hay manera de saber fácilmente si el G7 aprobó la idea de cobrarnos impuestos por consumir carne, un consumo que NO emite CO2, ya que éste lo emite la producción industrial de la misma.

Ante la propuesta de comer ‘carne vegana’ deberíamos ser críticos y contrastar tanto por que ha recibido tanto apoyo por parte de los mass media, como que hay de verdad en las críticas que reciben incluso desde informes del IPCC.

Tal vez la realidad nos la evidencie algunos de los accionistas que hay tras esos Unicornios, entre otros encontraríamos a Al Gore (y muchos secuaces) y la defensa de cuyos intereses ha conseguido hacer subir las acciones de empresas como Beyond Meat e Impossible Foods más de un 20% sin que exista ninguna seguridad de que sea comida saludable y ni si quiera que su uso generalizado ayudara a mejorar el clima del planeta.  Los movimientos realizados por esos “inversores” creo que ya son un indicativo de por dónde van los tiros.

Una de las principales críticas se centra en lo llamativo que resulta que los nutricionistas defiendan que comamos el mínimo posible de comidas procesadas, y que nos centremos en hacernos nosotros mismos la comida. Pero esos Unicornios lo que hacen, precisamente, es vender comida ultraprocesada, con muchos ingredientes producidos industrialmente. Esa “carnes veganas” son todo lo contrario de lo que representa una ensalada de vegetales. Es más, la fabricación, el procesado y transporte también emite CO2, así que está por ver realmente que ganancias comporta semejante comida.

Otras críticas se centran en el contenido de Organismos Modificados Genéticament (OMG o GMO), que no hay garantías sobre lo saludables o poco saludables que resulta la ingesta de estos alimentos o su calificación como “fake food”.

Otra cara del mismo proceso es la sustitución del azúcar de las bebidas, que se dice que es malísimo, por edulcorantes procesados que también son productos “refinados” y que aunque se venden como saludables en realidad no son garantía de nada. Pero mientras tanto ya tenemos un nuevo impuesto transversal e “igualitario”, es decir que pagan por igual ricos y pobres.

En resumen, se trata de diferentes maneras de conseguir una población más controlable a través de técnicas de control de la alimentación de la población que son sobradamente conocidas por los expertos en sectas.

Que la dieta vegana es desequilibrada y requiere de suplementos como la vitamina B12 debido a la falta de ciertos nutrientes, es de sobras conocido. Nuestro organismo no está genéticamente adaptado a estas dietas.

Las personas con acceso a un nivel inferior de proteínas son mucho más controlables y a ello se pretende llegar mediante la renuncia voluntariamente al consumo de ciertos alimentos, y en favor de los alimentos producido por determinados sectores alimenticios, resuena en mi cabeza el escándalo de la dieta “Ma.Pi”. Y al mismo tiempo que se incrementa el control sobre la población también se incrementa la presión fiscal indirecta, normalizando la aceptación voluntaria de impuestos que son cualquier cosa menos proporcionales al nivel de ingresos.

Con esta munición, es lógico que los partidarios de Greta vean cómo cada vez la atacan más y más duramente.

Pues lo siento. Tal y cómo ya escribió Antonio Turiel, Greta es irrelevante. No se trata de ella. Ese despilfarro de ideas comentado no lo ha creado ella.

Greta es irrelevante.

Esos que atacan a Greta son irrelevantes.

La cumbre de Sicilia es irrelevante.

El IPCC es irrelevante.

El consenso científico es irrelevante.

El Cambio Climático es irrelevante.

Sí, sí. El Cambio Climático es irrelevante.

Lo realmente relevante, lo muy muy realmente relevante, es QUE HACEMOS ANTE ELLO.

Podemos volver de nuevo sobre la pregunta ¿Hay un cambio climático?

Creo que la gran mayoría de la población está de acuerdo con ello. Yo particularmente lo estoy.

¿Ese cambio climático es creado por el hombre?

Ahí ya hay más desacuerdo, aunque personalmente creo que la fracción del cambio debida al ser humano está entre el 60 y el 80%, pero la seguridad que tengo en esa figura es bajísima.

En cualquier caso, esto es relativamente irrelevante. Hay mucha gente que cree que la participación humana es inferior, aunque pocos que digan que es nula.

A falta de datos fiables, y el IPCC no está precisamente muy claro en este punto (no hay demostración física ni científica ni matemática de qué % exacto es debido a nosotros), este punto creo que tiene que quedar como ‘provisional’.

Pero lo dicho, es irrelevante. No debería serlo, pero lo es.

Es irrelevante porque de lo que se trata, de lo que va todo el movimiento de Greta, así como el de la mayoría de sus detractores, NO es de Cambio Climático.



Das Wetter über Alles.

ESTO VA DE CONTROL, DE AUTORITARISMO Y DE IMPOSICIÓN

Imponer. De esa palabra precisamente se deriva el término impuesto(s).

Imponer. No discutir.

Imponer, no dar explicaciones.

Imponer, no consensuar. Por mucho que hablen de consenso.

Imponer, no dialogar.

Imponer, no evaluar diferentes opciones ni las repercusiones de dichas opciones.

Imponer, no evaluar los costes tanto económicos como sociales.

Imponer, pese a quién le pese, e independientemente de la opinión de la mayoría.

Imponer, nunca escuchar ni aceptar discrepancias.

Unos quieren imponer unas cosas. Otros defienden que se mantenga el orden impuesto (que, de hecho, es algo más flexible).

Pero nadie dialoga (a los españoles nos debería sonar y mucho).

En realidad, nada nuevo.

Anteriormente ya hemos visto algunos de los caminos utilizados para ejercer el control e imponer ideas de forma autoritaria, pero se nos ha pasado por alto una que tiene siglos de vida documentada.

El uso de niños en un debate para conmover a la audiencia y lograr que el público se deje llevar más por las emociones que por la razón. LA PEDOFRASTIA.



Un talante muy dialogante, sosegado, maduro, adulto, tranquilo. Un gran ejemplo.


El uso de la pedofrastia es generalizado en el ejercicio del poder, (nunca va a entrar en el código penal, visto que quienes lo usan, los beneficiarios son precisamente los que hacen las leyes) y el control de la población, y recientemente  se puede ver por ambos lados: la Thumberg, claramente la víctima, es un gran ejemplo, prácticamente calcado del de la Cumbre de Río 1992, de la que se recuerda el discurso, pero no las previsiones que se hicieron entonces, ni de contrastarlas.

Pedofrastia que también se puede ver y casi tocar en gran parte de vídeos de youtubers jóvenes donde se ataca a Greta, con más o menos fundamento, muchas veces además de forma denostable, ataques ad hominem realmente feos, y que están dirigidos al público joven. Es decir, videos pedofrastas, perpetradores de pedofrastia.

¿Qué hay de raro en que se devuelva el ataque con la misma moneda? Ambos lados están al mismo nivel. A ninguno de los dos les interesa el debate realmente, ni el razonamiento, no quieren que la cosa salga del ámbito de los sentimientos y por ello usan a las víctimas más indefensas que hay: los niños.

Saben bien lo que hacen. Este truco, como hemos dicho, tiene siglos.

Y dos objetivos: el primero, llegar a los adultos, especialmente a los padres y abuelos, al corazón, que es el órgano que está más cerca de la cartera.

Visto que algunos personajes escriben sobre esto y encima dicen claramente que hay que incentivar que los colegios ‘eduquen’ a los niños en ‘esos valores’ (los de la cuerda del que escribe, y eso vale por ambos lados), es una clara alusión al adoctrinamiento infantil. Ese es el segundo objetivo.

Eso es tan viejo como la pedofrastia. Casi que es lo mismo, sólo que perpetrado por un cierto tipo particular de personas.

Pero si nos centramos solamente en el canal, los niños y la pedofrastia, también nos quedaremos en lo irrelevante. Una segunda capa de irrelevancia que ya les va bien.

Algunos participantes del foro ya han apuntado hacia el objetivo concreto, lo relevante. El uso del lenguaje (visual y oral principalmente) centrado en la forma en que se dicen las cosas, y el cómo se dicen, en este caso, mucho más que en el contenido del mensaje, que simplemente son ordenes concretas que no se aceptarían dichas de otra forma o modo.

De nuevo, y como no, en ambos lados por igual.

Estas técnicas de expresión, muchas de ellas claramente presentes en el lenguaje comercial, de la publicidad, de la venta a domicilio, de las técnicas de márquetin y de algunas otras más ocultas, tampoco son nuevas.

El hecho de ensalzar unas razones claramente morales (que es el único adjetivo aplicable) por encima de otras, articula una base ideológica sobre la cual esa ‘moral última’ o ‘moral superior’ está por encima de cualquier otra cosa.

Eso da permiso, justificación a hacer cosas que de otra manera serían inmorales, inaceptables.

Pongamos por ejemplo a ‘educar’ a nuestros hijos a que, si hace falta, denuncien a sus padres por ‘actos inmorales’, como no reciclar. Ok Boomer.

Eso va directamente a cultivar las diferencias morales, la distinción entre ‘buenos’ y ‘malos’ en base a esa moral última.

Esto fomenta claramente, y como primer paso, la ‘etiquetación’, la discriminación en base a esa etiqueta de ‘buenos’ y ‘malos’, la eliminación de los ‘malos’ del diálogo.

Maniqueísmo puro y duro. Maniqueísmo de base biológica que enlaza con el tribalismo ancestral. Y que afinando un poco más podríamos conceptualizar como de ‘política identitaria’.

 

POLITICA INDENTITARIA

¿Qué es la “política identitaria”?

Como sabéis, trabajo en una fábrica que hace componentes electrónicos para la automoción.

Y voy a contaros un secreto. Pssssst, no se lo contéis a nadie.

El negocio de mi trabajo, el objetivo secreto secretísimo de la multinacional para la que curro, es vender tantos productos electrónicos de la automoción como sea posible.

Resulta que todos los coches llevan de estos productos, como llevan el climatizador, el sistema de audio, asientos, puertas, ventanas y ruedas.

Es más: los coches eléctricos llevan mucha más electrónica, y encima más cara.

Así que a la empresa en la que trabajo, secretamente, le interesa vender cochepilas más que otro tipo de coche.

A mí también me interesa que estos entren y que nos den productos de estos a fabricar. Va en ello mi sueldo.

Lo dicho. Trabajo en el sector de la automoción. Esto me identifica como pro-coches.

Ergo, por definición, por ‘identidad’, yo estoy en contra del cambio climático.

Por supuesto, soy varón, blanco, hetero, europeo, español para más señas, de mediana edad y de clase media – alta, aunque sea un ‘soldado raso’.

Por tanto, según la política identitaria, soy machista, racista, homófobo, elitista, colonialista, retrógrado casposo – conservador, y burgués.


La foto robot de mi DNI según la política identitaria. Aplica a casi la mitad de la población. Sin embargo, no cuadra con las estadísticas de voto. ¿Manipulación?



Evidentemente, haga lo que haga, me guste lo que me guste, diga lo que diga o escriba, opine lo que opine, o vote lo que yo vote, por identidad, me corresponde votar a Vox.

Y si no lo voto (como es el caso), entonces peor: soy un traidor a mi identidad.

Que casi la mitad de casi todos los países (excluyamos el Vaticano) sean hombres, importa un pimiento.

Que la mayoría de españoles, más de la mitad, sean de clase media, importa un higo.

Que la mayoría de españolas y españoles seamos heterosexuales, importa un rábano (o un higo, según el género que cada cual guste).

Que sea un ‘soldado raso’ no importa un carajo. Ese es el concepto de ‘identidad política’.

No puedes hacer nada para escapar de ella… excepto la obediencia y seguimiento ciego de los preceptos de aquellos que la aplican.

Eres culpable hasta que obedezcas se demuestre lo contrario, es decir que acates la disciplina.

Siempre habrá alguna etiqueta o identificación que te hará ‘culpable’ o ‘malo’.

Otra cosa parecida ocurre con los términos, conceptos y valores ‘morales’ de la ‘escala de valores’ de la ‘doctrina’ sobre el Cambio Climático.

Dichos conceptos son deliberadamente difusos, indefinidos, genéricos, inconcretos, imprecisos. Eso permite la libre interpretación por parte de los que dirigen.

Cambio climático: Como estar “contra” el Cambio Climático si el clima cambia de un día para otro!!

Crisis Climática: Aplicar un concepto suficientemente abstracto para poder diluir la culpa entre todos. Ahora ya la culpa de la crisis no la tiene el capitalismo, ni si quiera los políticos; el problema, “la crisis”, es de origen climático; NOS AFECTA A TODOS Y TODOS SOMOS CORRESPONSABLES:

Emergencia climática: El problema, la crisis no permite reflexionar, hay que actuar. URGENCIA!! PRISA!! Lo contrario de lo que el razonamiento impondría.

Migraciones climáticas: Los migrantes ya no son económicos o políticos, son climáticos y como todos somos culpables todos estamos obligados a acogerlos con los brazos abiertos.

Escépticos del cambio climático: malos malosos, malditamente malvados.

Negacionista: aquel que se niega a aceptar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de la doctrina. Dan igual los hechos, son irrelevantes.


”Pero yo nunca he dicho que necesitamos matar, descartar o desmantelar el capitalismo para combatir el cambio climático”. Esto lo cambia todo, ¿no?

Fascismo: todo sistema político que no me gusta, que no es el mío.

Fascista: todo aquel ser que no opina lo mismo que yo, y que no atiende a razones y no se ‘doblega’ ante la evidente superioridad de mi credo-dogma-ideología-gusto-orden, todo aquel que es capaz de discutirme, independientemente de que tenga o no razón.

Aplicar esos conceptos difusos permite reinterpretarlos y adecuarlos a los cambios y gustos del poder establecido.

Este mismo léxico, además, tiene otro tipo de armas arrojadizas verbales que podríamos definir como ‘matapensamientos’.

No sólo se trata de léxico en sí, pero se basan también en la identidad política y se aplica para impedir el razonamiento del adversario. Para impedir entrar en el debate.

Unos cuantos han salido ya en la lista anterior.

¿Que no apoyas el rango de medidas contra el cambio climático que yo propongo? Eres un negacionista climático (y por eso te mereces lo peor).

¿Que tienes un diésel? Eres un criminal, un homicida (y por eso te mereces lo peor).

¿Que te parece que Greta es un producto comercial? Eres un fascista sin corazón (y por eso te mereces lo peor).

¿Que crees que hay que poner límites al uso industrial y las emisiones? Eres un marxista redomado.

¿Que eres europeo? Entonces eres un racista contra las razas indígenas de otras regiones del mundo.

¿Que me pones en evidencia porque soy una celebrity de esas que va en jet privado a un evento contra el cambio climático? Eres un fascista envidioso (y por eso te mereces lo peor).

Como eres ‘malo’, ninguno de tus argumentos y razones importará ya. Simplemente, se olvida y así la fe del que lo lanza cual conjuro, queda debidamente protegida contra todo aquello que le pueda causar una duda, una ‘crisis de fe’.

Como diría un periodista “No dejes que la realidad te estropee un buen titular” que traducido al marketing político pasaría a un “No dejes que los hechos se opongan a tu ideología”

Así resulta que, si como yo, crees que hay un cambio climático, que hay mucho que hacer, que sólo llegaremos a paliarlo, no a revertirlo, y que las soluciones que se promueven (cochepilas, renovables eléctricas intermitentes, gentrificación de los cascos antiguos de las grandes ciudades sufragados por todos nosotros), especialmente las impositivas, no son el camino adecuado, entonces eres un ecofascista (y por tanto, me merezco lo peor).

Y aquí llego al punto al que quería llevarles a todos ustedes, pacientes lectores que han sido tan valientes de leer hasta aquí.

Y es que todo lo que estoy diciendo es viejo y probado, demostrado, utilizado e historiografiado. Se usó extensivamente hace ahora un siglo en Europa, y posteriormente en parte de Asia.

Nazismo, comunismo, Jemeres Rojos, Grandes saltos hacia adelante, fascismo. Todos ellos usaron, sin excepción, estas técnicas. Incluyendo la de la prisa: hay que actuar, no es tiempo de pensar, ya, ya, ya. La casa está en llamas. Corre, actúa.

Obedece. Paga. Acata.

Shock. Histeria.

Ario/otra raza, o comunista/cualquier otra ideología económica, proletario/kulak, chino/uigur (si, y eso es actual), etc. Hay gran cantidad de ‘etiquetas’ o ‘identidades’ que se han usado, pero todos estos han aplicado exactamente el mismo tipo de técnicas.

La situación hoy en día aplica exactamente al tema del cambio climático. Y a muchos más.

Se está forzando la radicalización de la población. Se la obliga a sentir en vez de a razonar, pasando por encima del pensamiento, el diálogo, la planificación y la crítica.

Se exacerba la necesidad de los adolescentes de pertenencia a un grupo o ‘tribu’ para acentuar los sentimientos tribales. Incluso de volverse contra sus padres (“Ok Boomer”).

Se apela a las conversaciones con un elevado tono y carga emocional para incitar al ‘cerebro reptiliano’, a los sentimientos, a las partes más primitivas de nuestro sistema nervioso, a que actúen, a que tomen una decisión binaria, maniquea: eres presa o depredador, come o huye, blanco o negro, bueno o malo.

Si después es necesario, el sistema nervioso superior y más avanzado, ya racionalizará y buscará los argumentos para dar soporte a una decisión que se ha tomado en un nivel mucho más primitivo, antiguo, ancestral.

La neurociencia actual explica unos conocimientos que tienen siglos y que se han ido mejorando y perfeccionando con la tecnología y el conocimiento, la psicología, pero que no son nuevos.

Se está aplicando una doctrina comunicativa que pretende radicalizar y atrapar a la sociedad entre dos fuegos cruzados, ambos radicales, ambos minoritarios.

¿Cuál es la sorpresa? Me preguntaran algunos.

Pues que una mayoría de población no se siente representada ni por los secuaces de Greta ni por sus detractores. De hecho, la mayoría piensa como yo, que sí que hay un cambio climático, que nos estamos cargando el planeta, y que hay que hacer algo, pero que el planteamiento no nos parece el correcto, las soluciones, las imposiciones carecen de lógica.

Que nos suban el IVA de la carne que los mismos políticos dan a los periodistas (¿sería eso entonces un tipo de soborno?) mientras nos dicen al populacho que comamos gusanos e insectos, tal y como recomienda la FAO.

Que nos crujan a impuestos por tener un coche, aunque sea uno de segunda mano, o un modesto Dacia, mientras que subvencionan y dan privilegios a aquellos que pueden permitirse un Tesla de 80.000€. Pagarles la electricidad mientras están aparcados en una plaza en la que no podemos poner nuestro coche sin pagar, probablemente ni podemos siquiera acercarnos, mientras además de la electricidad gratis, también tienen la plaza gratis durante todo el día. Peajes gratis. Eso a alguien que gana una pasta gansa para gastarla en cochazos que son de lujo y que están en el 12.5% (el octavo) superior de los coches vendidos por precio.

No nos parece lógico ni razonable.

Que se demuestre que en Noruega la aplicación de estos privilegios no hace otra cosa que bombear dinero de las clases pobres, que tienen que ir en transporte público a un trabajo, pero que llegan tarde porque su carril bus está lleno de cochepilas, de sus jefes que llevan el cochepilas de turno.

Que un país donde el 25% de mayor poder adquisitivo tiene 17 veces más coches que el 25% inferior, y que hace que se adopten políticas que les permiten dejar de mezclarse con el populacho, ya sea en los transportes públicos u en otros servicios. Una élite que una vez se compra ese segundo o tercer coche, el utilitario eléctrico (que mayormente es comprado por quién ya tiene uno o dos térmicos), con el que hace un 40% del kilometraje como mucho olvida al resto de la población y solamente se ocupa de como preservar sus privilegios.

Hace ya tiempo que vengo diciendo que esto del cochepilas, y también el autoconsumo, las renovables eléctricas intermitentes, y ahora ese plan de reurbanizar las almendras centrales de las grandes ciudades con el dinero de todos para el privilegio de unos pocos, con la excusa del cambio climático, se ha convertido en una lucha de clases encubierta y favorecida precisamente por aquellos que, dicen, luchan por la igualdad y la reducción de las diferencias de clase y de salariales, la ‘izquierda del cava y el caviar’.





Como de costumbre, hacen lo contrario de lo que predican.

El viejo lema de las instituciones religiosas “Haced lo que os digo, no lo que hago”. Hipocresía en estado puro.

Una hipocresía que se está interiorizando por los que estamos en el lado que ‘recibe’ los varapalos mientras nos gritan que somos ‘malos’. Los soldados “rasos” formamos esa mayoría que cada vez se siente menos identificada con ninguno de los mensajes (activistas climáticos y negacionistas). Somos esa mayoría que está empezando a despertar del sueño y las falsas promesas del sistema.

Por eso, de momento, la gente se cansa de que la insulten a la cara, que le tomen el pelo, que los juzguen por el grupo en el que se mueven y no por su valía personal. Una mayoría cada vez más desafecta que está cansada de que la acusen, la insulten, la humillen, la idioticen, y encima le enciendan el odio.

Todo esto cansa, y causa desapego. La polarización funciona…-- durante un tiempo. Pero estar permanentemente enfrentándose es cansino, agotador. Y mentalmente muy muy peligroso.

Una moda que no tiene mucho recorrido mientras se tenga la barriga llena. Algo que deja a una gran mayoría desamparada políticamente, y que generalmente es causante del desapego político y de la abstención.

Una moda que, sin embargo, se vuelve muy peligrosa cuando las estrecheces empiezan a arreciar. Una moda que exige que cada vez se sea más y más radical para seguir forzando la radicalización. De ahí el despegue de Vox en las últimas elecciones.

Hace ya mucho tiempo empecé a escribir una serie sobre el discurso del sistema, de la que se han publicado ya las dos primeras partes, y desde entonces estoy enfrascado en la tercera, la mayor, la que explica precisamente todo esto.

Uno de los objetivos de escribir, es que me ayuda mucho a aclararme las ideas, dejar aparcado a un lado el sentimiento, mientras pongo a trabajar las partes más evolucionadas del cerebro, que son precisamente las facultades que hacen falta a la hora de escribir.

Ayuda a pensar, a aclarar las cosas.

Enfrascado en ese ‘mensaje’, en ese discurso, cada día que pasa me doy cuenta de lo extenso y enrevesado que es. Y entre las cosas que he ido descubriendo, está una obvia, que más o menos entendí justo en las mismas fechas en que uno de mis referentes, John Michael Greer, publicaba exactamente el mismo desenlace: este movimiento ambientalista es una moda que en pocos años va a pasar.

Igual que el monofuturo en el que hasta ahora hemos creído, y que vemos cómo se va desvaneciendo.

Justo antes que se conociese el caso del Google Camp y sus 114 jets privados.

Todos aquellos que tienen dificultades para llegar a fin de mes y ven como la factura de la luz no para de crecer, por gentileza de las renovables (¿pero, no iban a bajar dicha factura?), que la carne se pone por las nubes y les cuesta llega la barriga de sus hijos, a los que ven cómo los adoctrinan, mientras se quitan de encima un coche por el que no conseguirán ni un duro por ser ‘sucio’, y que no tienen claro que coche comprarse porque no pueden permitirse uno ‘limpio’, mientras sospechan que los ‘sucios’ que aún se venden podrían quedar obsoletos legalmente en breve, mientras el coste de mantenimiento los hace casi tan prohibitivos como los ‘limpios’.

Gente que ve como el transporte público sigue denostado y cada vez sale más caro. Gente que vive de un turismo que ven cómo cada día que pasa está más amenazado, y que son más del 20% de la población asalariada.

Gente que vemos (incluso llevamos años diciendo) que el cochepilas no va a sustituir el coche normal, que la gente va a ir a pie o en patinete chino, y que el futuro de la automoción europea está más negro que el petróleo, y que somos el 10% de la población asalariada.

Gente que se dedica al transporte y ven como, tarde o temprano, el hecho que generen el 60% de NOx y muchas emisiones de CO2 les va a pasar factura, a la vez que la economía se enfría. Otro 5% de empleos. Cabe añadir aquí transportes portuarios (el 7.6% de NOx de Barcelona) y aeroportuarios.

Un 35% de gente que ve peligrar su futuro laboral antes que su futuro medioambiental. Algunos vamos a tener que elegir entre morir de hambre ahora porque no pueden pagar una comida nutritiva porque contamina o morir por ‘calentamiento global’ dentro de 20, 30, 40 años (ni el IPCC dice que el cambio en 10 años sea catastrófico), van a tomar una decisión.

Ciertamente, en España nadie se muere de hambre. Y dudo que eso suceda en 20 años. Pero no hace falta llegar a extremos para que la gente se conciencie que el futuro, este presunto ‘futuro verde’, no es para ellos.

Hace más de cien años, el premio Nobel Svante Arrhenius (creo que pariente de Greta, por cierto) ya avisó que los efectos secundarios de la sociedad, nominalmente las emisiones de CO2, podían pasar factura en el futuro.

Ciertamente, los efectos secundarios que se obviaron en su momento por ser negligibles en frente de los beneficios son los que nos han llevado aquí.

Efectos secundarios que también tienen las renovables, como por ejemplo el impacto ambiental de la hidroeléctrica, o la eólica. Problemas de intermitencia. Efectos secundarios que los partidarios minimizan igual que hicieron en su momento con el tema de los combustibles fósiles.

Problemas secundarios, físicos, medioambientales, económicos, sociales, que muchos que los que nos hallamos atrapados en el fuego cruzado, pedimos que se nos explique cómo no nos van a llevar a otra situación similar en el futuro.

Problemas que, al denunciarlos, nos sitúan no en el lado de los negacionistas (no pueden, creemos en el cambio climático), sino en el de los eco-fascistas, a ojos de aquellos de defienden, intentan imponer, cierto tipo de ‘soluciones’.

Problemas que están empezando a calar en esa mayoría de la población que no es radical ni en uno ni en otro sentido.

Problemas que nos conciencian que hay más de un futuro posible, y que tanto unos como otros bandos se están montando su Bizancio mientras nos empujan al resto hacia Somalia.

Esa concienciación es lo que me está sorprendiendo. Y sin embargo, ni es rápida, ni gratis. El costo es brutal.

La mejor manera de acabar con una causa, es defenderla por las razones equivocadas.




Cuando este asunto pase de moda, dejará un poso positivo, pero también una herida negativa que no cicatrizará.

El poso positivo es que la gente empieza a tener claro que para cualquier acción diaria, hay que tener en cuenta el medio ambiente, el planeta, la sostenibilidad. Que la sociedad actual es insostenible.

Y que es muy necesario el pensarse bien, muy bien, estudiar a fondo, un debate adulto, sobre cómo debe ser esa sociedad del futuro.

Un poso que será la base de otra sociedad, todavía por ver, muy lejos de las generaciones actuales, en otro momento de la historia. Otra sociedad posible, que surja de las ruinas de esta, tras hacer tabula rasa de la sociedad actual, que morirá por las heridas que va acumulando día a día, autoinfligidas.

Y es que el discurso del sistema lo que está haciendo es sembrar líneas de falla, líneas de fractura, rupturas y descosidos en el tejido social.

El ambientalismo es uno más, como lo es también el conflicto de moda en la península ibérica.





Va prendiendo fuegos, radicalizaciones, sentimientos negativos, resentimientos.

Amplían el catálogo de fuegos para que cada uno de nosotros escoja el suyo.

Fuegos que van ardiendo lentamente en nuestro interior, esperando a que caiga el próximo varapalo económico, alimentados ya por un crecimiento anémico, sectorial, de múltiples velocidades, por barrios y clases sociales.

Un crecimiento que es un reflejo de una TRE cada vez más baja, de un problema físico, termodinámico, de retornos y recursos decrecientes, que nos aboca, queramos o no a un decrecimiento económico generalizado.

Una situación que favorece estos fuegos que son convenientemente atizados por unos grupos aspirantes al poder y que no tienen ningún escrúpulo en hacer lo que sea para obtenerlo. Fuegos que no apagan aquellos que están en el poder que constatan que el teatrillo social para mantenerse en su puesto es cada vez más difícil de mantener.

Fuegos que se avivan por el uso y abuso del poder por parte de aquellos que lo tienen, sin miramientos ni escrúpulos, para mantenerse en el poder y alejar a los pretendientes que lo acosan, sin importarles lo más mínimo aquellos que estamos por debajo: somos deplorables, carne de cañón, generadores de prole que acaban con ‘sus’ recursos. Irrelevantes como personas, como el cambio climático. Neomalthusianismo.

Fuegos que se avivarán a medida que la economía vaya fallando.

Fuegos que prenderán a lo grande cuando alguien apriete el gatillo.

Fuegos que atizan el odio.

Sembrad odio y recogeremos cadáveres.





Deseo equivocarme.

Beamspot.