viernes, 18 de noviembre de 2011

Antes de la ola

"Aquellos que están dispuestos a sacrificar su libertad por su seguridad no se merecen ni la una ni la otra". Benjamín Franklin.

Queridos lectores,

Uno de los fenómenos más intrigantes que vive a caballo entre la oceanografía y la geología es el de los tsunamis, principalmente los de origen sísmico. Un desplazamiento transversal de una falla en el fondo marino, con la enorme energía que libera, puede desplazar toda la masa de agua que tiene encima una distancia no muy grande, quizá 50 centímetros, puede que un metro. El problema es que el desplazamiento afecta a toda la columna de agua, que puede tener cuatro o más kilómetros de altura. La onda generada por la mera gravedad se propaga a velocidades de cientos de kilómetros por hora, en ocasiones -si el terremoto tiene lugar en aguas muy profundas- llegando casi a velocidades supersónicas. Cuando esta onda se acerca a la costa, la pendiente del suelo marino induce un efecto conocido como somerización (shoaling): la onda solitónica se rompe y se descompone en diversos paquetes, los cuales se propagan a velocidades mucho más pequeñas (algunos kilómetros por hora) pero por el agolpamiento del agua su altura crece y crece. Por eso es mucho más seguro esperar un tsunami en alta mar, donde la ola, de algunos centímetros, pasará sin hacer mayor mal, en tanto que en la costa su altura llegará tener varios metros, en algunos casos tantos como 15 (hay documentados casos históricos de tsunamis monstruo de hasta 50 metros de alto) y capaces de penetrar en tierra firme varios kilómetros, arrasándolo todo con su enorme potencia y presión. Justo antes de que la primera ola de un tsunami llegue a costa el agua del mar se retira rápidamente varios kilómetros, revelando un fondo rocoso de aspecto irreal. Algunas personas quedan fascinadas por el fenómeno y se quedan mirándolo embobadas sin entender que, si en aquel momento apretasen a correr tierra adentro, quizá consiguieran alejarse lo suficiente o ganar tierra lo suficientemente elevada como para sobrevivir; son esos pocos minutos vitales antes de la llegada de la primera ola. Otra cosa que la gente suele desconocer es que la primera ola no es casi nunca la mayor, y a veces sucede - como en el tsunami de Hawai del 1 de Abril (día anglosajón de los inocentes) de 1946- que la gente baja a la playa a ver qué ha pasado durante la media hora que pasa entre la primera y la segunda ola, aumentando horriblemente las bajas humanas cuando la segunda ola - que ésta sí suele ser la mayor - descarga toda su violencia sobre los pobres infelices.


Ayer la prima de riesgo de los bonos del Tesoro españoles respecto a los alemanas llegó, según nos dicen, a los 500 puntos básicos. Eso quiere decir que la rentabilidad que se da a estas emisiones de deuda españolas es un 5% mayor que a la de los títulos equivalentes germánicos. Como la información que dan los medios es siempre brutalmente incompleta y oscurantista, nunca tengo claro a qué se refieren exactamente: no sé si estamos hablando de bonos a un año, a cinco o a diez, o de todos a la vez. Entiendo además que este spread respecto a los títulos alemanes se está observando en el mercado secundario -es decir, los particulares que poseen deuda española la están vendiendo a otros particulares con un cierto descuento (porque evidentemente no pueden renegociar las condiciones expresadas en el título de deuda). Lo cual, si lo piensan un poco, es todavía más grave que que se le exija a España colocar su deuda con un mayor tipo de interés (cosa que ya pasa, pues la emisión de deuda suele seguir a la evolución del mercado secundario: España no puede conseguir dinero más barato de lo que percibe el mercado que se le tiene que cobrar). Es más grave porque, en suma, los tenedores de deuda española que la están vendiendo están aceptando cierto porcentaje de pérdidas (quizá no pérdidas reales, pero sí sobre sus expectativas de ganancia), y eso en suma quiere decir que la credibilidad de España como estado solvente está cayendo.


Pero, en fin, este no es un blog propiamente sobre economía y no tenemos por qué perdernos en estas cuestiones. Lo interesante del movimiento observado ayer es que la deuda española llega a los niveles que motivaron el "rescate" de Grecia o que forzaron un "cambio de Gobierno" en Italia la semana pasada. Aquí en España estamos a sólo dos días de una elecciones generales que todas las encuestas preconizan que ganará el conservador Partido Popular con una holgada mayoría absoluta; su líder, Mariano Rajoy, ya ha anticipado que se tendrán que tomar medidas adecuadas para intentar sanear las cuentas españolas, dando a entender que vendrán más recortes en prestaciones sociales y salarios que los que se han producido en el último año. Tampoco podría decir, por coherencia, otra cosa, ya que por ser diletante en la aplicación de tales medidas el primer ministro italiano Silvio Berlusconi fue fulminado por la mediáticamente denominada troika europea -yo pensaba que las troikas eran de tres, pero ahora he aprendido que se puede hacer con dos; de hecho sólo una basta - y se sobra (todos los sentidos de esta última frase, particularmente los más ariscos, son buscados deliberadamente: vivan las lenguas latinas).


Tenemos, pues, unas elecciones generales que cambiarán radicalmente el signo del partido gobernante, de socialista a conservador, en un país donde se percibe que la derecha es mejor gestora y que por tanto podrá capear mejor la difícil situación económica. En realidad da igual el resultado, porque después de ver lo que ha pasado en la fatuamente democrática Unión Europea durante las últimas semanas, con Grecia e Italia, queda claro que las decisiones no se toman en cada país, y mucho menos reside el poder en el pueblo soberano: nuestros nuevos gobernantes harán lo que se les diga, y punto. Tal situación conllevará una desilusión creciente del pueblo español con la ya muy desacreditada clase política, desilusión que se puede tornar ira cuando la nueva recesión que ahora comenzamos aumente los niveles de paro del 21,5% actual al 25 o 26% en un par de años. Y, sin embargo, lo único que estamos haciendo es seguir un camino conocido: el del colapso. Por cierto que, a propósito del colapso, Dimitri Orlov ha revisado recientemente su modelo de cinco fases de colapso (financiero, comercial, del estado, de la comunidad y de la familia), y su conclusión no puede ser más decepcionante: según él, parece que el gran empeño de los estados por detener el colapso financiero - que debería haberse expresado en toda su magnitud hace dos o tres años- causará que el colapso financiero sobrevenga al mismo tiempo que el comercial, y eventualmente que el del Estado, arrastrado éste por el peso descomunal de la deuda asumida en el rescate financiero. En suma, que su modelo todavía era demasiado gradual y suave comparado con el curso abrupto al que nos arrastra el BAU (Business as Usual). Una nueva muestra de que el descenso por el lado derecho de la curva de Hubbert estará dominado por los efectos no-lineales. Y los eventos actuales en Grecia apuntan a que, efectivamente, el colapso financiero se producirá al tiempo que el comercial:  Grecia ha tenido que recurrir a Irán como su suministrador principal de petróleo (gracias, Ángel, por la referencia), ya que otros países no se fían de la solvencia griega. El descenso que nosotros los españoles empezamos, siguiendo el camino de griegos, irlandeses, portugueses e italianos nos llevará desde nuestro pretendido "Primer Mundo", al cual arrogantemente nos creíamos pertenecer por propio mérito, hacia el Segundo o el Tercero en el que hemos sumido sin importarnos un bledo al resto del planeta; y de poco nos servirá que hace un par de años nos codeáramos con los ricos y poderosos: éstos tienen ahora sus propias preocupaciones y les estorbamos en este momento.

Estos días hasta las elecciones son como el mar que se retira antes de la primera ola de un tsunami: hay una extraña e irreal calma mientras una sombra vaga y ominosa se forma en el horizonte. En realidad, si conocemos un poco de Historia y de cómo se ha practicado la economía en el siglo XX sabemos qué va a pasar en España. A partir del lunes se empezará a decir lo que ahora se calla: que es urgente tomar ya medidas para contener el gasto, que es intolerable que el déficit español se desvíe del objetivo (fijado para este año en el 6% y que podría llegar al 8%), etc. Es posible que el Gobierno socialista, en funciones hasta Enero cuando tomará posesión el nuevo Gobierno, se vea obligado a tomar ya algunas medidas drásticas, medidas que en todo caso adoptará el PP cuando entre: bajar de inmediato el sueldo a los trabajadores públicos -otra vez; quizá un 10% en esta ocasión-, recortar aún más en Sanidad, Educación y, ay, en Obra Pública -porque Alemania y Francia están muy sensibilizadas con esos aeropuertos muchimillonarios sin pasajeros y otras estúpidas infraestructuras infrautilizadas hechas durante la época dorada del ladrillo. Habrá, posiblemente, una subida del IVA y seguro una reducción generalizada de subvenciones y ayudas (en lo que a mí me toca, becas de investigación y proyectos). Todo esto llevará a una mayor contracción económica y más paro, con lo que se recaudarán menos impuestos y se tendrá que pagar más en subsidios - en algún momento se hablará de reducir el subsidio de desempleo y el salario mínimo. Y eso en un contexto donde los productos básicos subirán de precio y los no básicos bajarán mientras se liquida el stock, para después volver a subir. En suma, nos iremos haciendo más pobres, más pobres...

El sol se oscurece: la ola ya le tapa, ya la tenemos aquí. En algún sitio tenía que escribir algunas verdades en medio de tantas mentiras como se dicen. No son "rescates" lo que se les aplica a los países, son liquidaciones; no son "cambios de Gobierno por Gobiernos tecnocráticos", son golpes de Estado en el que se da las riendas al matón de nuestros acreedores, que se asegurará que sus patrones reciben su dinero aunque nosotros nos arruinemos; no es austeridad, es ruina creciente; no será orden publico sino represión; no será interés común sino particular; no será recuperar la senda del crecimiento sino adentrarse en la del empobrecimiento; no hay crecimiento sino el fin del crecimiento. Sólo nos queda el pobre consuelo de que estas olas acabarán llegando a Berlín y a Nueva York.

Ya llega el agua.

Salu2,

AMT

Postdata: Efectivamente, este post no va de energía, pero tenía que escribirlo.

martes, 15 de noviembre de 2011

Rentabilidad energética versus rentabilidad económica

Queridos lectores,

Uno de los temas recurrentes cuando se discute el futuro de la energía (y al cual nos hemos referido ya muchas veces en este blog) es el de la Tasa de Retorno Energético (TRE), es decir, la rentabilidad (en términos energéticos) de la explotación de una determinada fuente de energía. Sabemos que la TRE tiende a declinar con el tiempo, a pesar -y posiblemente más bien por causa de- los avances tecnológicos, lo cual lleva a que el declive de la energía neta (la que realmente queda a disposición de la sociedad) sea más rápido que el de la producción, con lo que la gravedad de la situación es mayor de lo que uno podría pensarse mirando las curvas de producción (algunos autores afirman que el cenit de la energía neta -de toda ella, contando todas las fuentes- se alcanzó en 2008). También sabemos que la rentabilidad energética, tal y como nos la expresa la TRE, es más importante que la económica, ya que si las cuentas no salen energéticamente es imposible que salgan económicamente (lo contrario, sin embargo, es posible: un yacimiento rentable energéticamente podría no serlo económicamente, ya que se necesita una TRE mínima). Por tanto, parece que la rentabilidad energética de una fuente está íntimamente ligada a la rentabilidad económica de la misma, y de hecho algunos de los métodos de estimación de TREs -no los más populares, empero- se basan en aplicar un factor de conversión a los costes económicos (mejor documentados y fáciles de trazar que los energéticos). Sin embargo, como ya hemos discutido, la TRE mínima para que una sociedad sea viable es bastante más elevada que el retorno de una buena inversión financiera al uso. Así pues, sabemos que la TRE media de todas las fuentes de energía de una civilización debe ser una cantidad no menor de 5 y posiblemente tan grande como 10, es decir, retornos en la inversión energética del 400 y del 900%, respectivamente, muchísimo más grandes que los retornos en inversiones financieras, que se consideran hoy en día muy buenos si superan el 5% anual. El añadido de la palabra "anual" nos da ya una pista de la posible discrepancia puesto la TRE se refiere a todo el ciclo de vida de la fuente y por tanto su alcance temporal es mucho mayor; si tomamos por ejemplo una central hidroeléctrica con una TRE de 60 pero un tiempo de vida útil de unos 100 años nos da un rendimiento energético del 4% anual. Invirtiendo los términos, si pensamos en una fuente de energía con un ciclo de vida de 30 años que tuviera que suponer una rentabilidad energética media del 5% anual su TRE tendría que ser de 4,3. Por tanto, los valores de TRE no son inconmesurables con los valores de rentabilidad económica a los que están acostumbrados los economistas  (desgraciadamente, estas diferencias de lenguaje favorecen que los economistas no comprendan el concepto de TRE), aunque la ganancia energética porcentual es siempre mayor que la económica porque en la producción de energía además de los inversión meramente energética están también la de materiales y la financiera, las cuales restan algunos puntos porcentuales al rendimiento económico respecto al energético. Aunque no sepamos con precisión cuál es el diferencia porcentual entre el rendimiento energético y el rendimiento económico, sabemos que para una fuente con una tecnología ya madura y con cierta implantación, debido a las mejoras de eficiencia no sólo tecnológicas sino también financieras este diferencial no puede ser más que unos pocos puntos porcentuales (cuántos exactamente depende de qué fuente se trate). Y eso nos permite descartar algunas afirmaciones exageradas e interesadas que a veces se vierten, intentando hacer creer que la TRE de determinadas fuentes es muy alta. Como alguna vez ha comentado Juan Carlos Barba, si una fuente tuviera una TRE muy alta el negocio que se puede hacer con ella debería ser fabuloso, cosa que nuestro análisis de aquí arriba confirma. Y al revés: el análisis de la TRE de la energía nuclear de Charles Hall indica que, sobre el ciclo de vida que maneja la industria -60 años, lo cual descarta una buena parte del problema de la gestión de los residuos nucleares- la TRE de la energía nuclear convencional es de 10, es decir, un 4% anual; dado que esa industria tiene grandes necesidades de capital inicial eso explica la baja rentabilidad de estas instalaciones.


Cuestión aparte es la de la TRE mínima de las fuentes energéticas de una sociedad para que ésta sea viable. Situemos ese valor en 10, de acuerdo a lo que nos muestran diversos estudios antropológicos (Lee, R. B., 1968. "What Hunters Do for a Living, or How to Make Out on Scarce Resources". En Man the Hunter, R. B. Lee &I. DeVore, eds., p. 30-43, Chicago: Aldine; y también Harris, M., 1997. Culture, People, Nature - An Introduction to General Anthropology, Allyn & Bacon; ver el capítulo 11: "Energy and Ecosystem"). Cuando se considera un sistema de gran tamaño como es una sociedad, se toma una instantánea de la misma sin considerar el ciclo de vida de sus fuentes de energía; ¿cómo, por tanto, podemos hablar de TRE si no sabemos cuáles son los tiempos de vida de las diversas fuentes, y además pueden ser muy diferentes entre sí?. Ello es posible si se considera que hay suficientes sistemas de adquisición de energía como para que todos las etapas del ciclo de vida estén representadas en la muestra instantánea, es decir, que haya tantas fuentes en su primer año de su ciclo de vida como en el segundo, el tercero, etc, hasta llegar al último año del ciclo de vida. Si la sociedad es lo suficientemente grande y si (punto clave) la situación respecto a sus fuentes de energía es estacionaria esta hipótesis es razonable. Esta hipótesis de estacionariedad nos permite estimar la TRE de una sociedad, simplemente comparando en un momento cuánta energía se está consumiendo para producir más energía con el total de energía disponible. Sin embargo, este enfoque estático no nos permite relacionar la rentabilidad energética con la rentabilidad económica; no es lo mismo, por ejemplo, sociedades como las arcaicas en las que los ciclos de vida eran larguísimos - típicamente una vida humana de la época, unos 40 años, lo que para una TRE de 10 implicaría una rentabilidad energética del 6% anual- que una sociedad hipotética en la que los ciclos fueran brevísimos -por ejemplo de 10 años, lo que para una TRE de 10 daría una rentabilidad energética del 26% anual. Lo cual nos muestra también que a una sociedad orientada al crecimiento económico le interesa favorecer la renovación rápida de sus sistemas de producción de energía, una expresión más de la sociedad de consumo y del por qué se despilfarra tanto.


El análisis estático de la TRE de una sociedad nos permite hacernos una idea de cuán lejos o cerca estamos del colapso energético. Bajo una hipótesis de estacionariedad, es razonable pensar que el valor económico que la sociedad asigna a la energía es inversamente proporcional a la TRE. Si la TRE media de las fuentes de energía que nutren una sociedad es de 10 eso quiere decir que un 10% de la energía total se ha usado para producir ese 90% de energía neta que aprovecha la sociedad para la producción de bienes y servicios. Aquellos usos que despilfarran la energía y que producen bienes comparativamente más caros -en términos energéticos- serán progresivamente reemplazados por bienes energéticamente más económicos hasta alcanzar un equilibrio. Así pues, tras un período de estabilización, lo razonable es que grosso modo el PIB se pueda descomponer de la misma manera que la producción energética y que por tanto el porcentaje del PIB representado por la producción energética represente el porcentaje de energía de producción (el 10%, en el caso de una TRE de 10). La conclusión es que el valor (en términos de PIB) de la energía es el inverso de la TRE (1/TRE, uno dividido por la TRE, en tanto por uno: e.g.: una TRE de 10 implica que 1/10 del PIB es la factura energética, un 10%). Tal estimación es muy grosera y aproximada: aparte de la estacionariedad mencionada arriba necesita que la economía considerada sea una "economía tipo", que no esté volcada más que la media en el sector financiero (y sea por tanto más etérea y de menor consumo energético) o en el sector productivo (y sea por tanto más material y más energética). A pesar de las limitaciones de tal aproximación, creo que nos da una pista correcta sobre cuál es el valor económico asignado a la energía en función de la TRE. Y me reafirma en tal impresión los estudios del profesor James Hamilton, que en su artículo "Causes and consequences of the oil shock of 2007-2008" analiza la dependencia en la factura energética de su país, EE.UU., y llega a la conclusión de que cuando la factura del petróleo supera el 5,5% del PIB su economía entra en recesión. En una interesante extensión de este trabajo Hamilton estudia toda la energía en su conjunto, y allí la conclusión es que el valor límite para la factura energética total es el 10% del PIB. El cual se correspondería, de acuerdo con los cálculos que he mostrado más arriba, justamente con una TRE de 10, la cual parece estar cerca del valor de colapso. Por supuesto que llegar en un momento determinado a ese valor crítico del 10% de factura energética no implica el colapso inmediato de la sociedad, pero sí que ésta se mueve en una región de inviabilidad; como respuesta a este estrés, la sociedad evoluciona intentando volver a valores más sanos de esa factura. Pero si, como parece, hay una conexión estrecha entre la TRE media de nuestras fuentes energéticas y el peso económico de la energía, a medida que la TRE continúe bajando el problema dejará de ser puntual para ser estructural, y la sociedad tendrá que emprender reformas más profundas, estructurales, para evitar el colapso.


Como referencia para la reflexión, la factura petrolífera de España se sitúa actualmente alrededor del 3,6% del PIB. Dado que el petróleo representa en España casi el 50% de nuestro consumo de energía primaria, la factura energética total debe rondar el 7 o el 8% (Actualización: Usando datos del INE de 2007, Juan Carlos Barba -ver comentarios- estima que ese año la factura energética de España fue del 10% del PIB). Eso quiere decir que estamos bastante cerca del valor límite lo que, si deviene persistente en el tiempo, nos fuerza al cambio estructural o al colapso. En realidad, la situación de la mayoría de los países occidentales es similar. Sin embargo, a pesar de todos los indicios, seguimos posponiendo el tránsito necesario.


Salu2,
AMT

jueves, 10 de noviembre de 2011

World Energy Outlook 2011: Un difícil equilibrio entre optimismo y realismo


Queridos lectores,

Como prometí, aquí está el post sobre la última edición del informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (WEO por sus siglas en inglés; es un documento de pago y de acceso restringido). Documento ya habitualmente prolijo y extenso, en esta ocasión consta de la fatídica cifra de 666 páginas (yo no entiendo cómo no le ponen una página más para evitar excitar más todas las paranoias conspirativas que corren por el mundo). Como es obvio, no he tenido tiempo para leerme tal mamotreto, así que he seleccionado ciertas secciones que contienen alguna información que me interesa, guiado también por el documento de hechos relevantes (este público, se puede acceder a él aquí). Este análisis es, por tanto, provisional y preliminar.

Al igual que en la edición del año pasado, hay tres escenarios de previsión: Políticas Actuales, Nuevas Políticas y Escenario 450. El primer escenario corresponde al mantenimiento de las políticas tradicionales en materia de crecimiento económico y gestión de la energía; Nuevas Políticas, en cambio, corresponde a un escenario en que los países más desarrollados implementan realmente las medidas previstas para luchar contra el cambio climático; por último, el Escenario 450 corresponde a la implementación vigorosa de las políticas adecuadas para evitar que la concentración equivalente en CO2 de gases de efecto invernadero llegue a 450 partes por millón. El escenario de referencia para la Agencia es el de Nuevas Políticas, y es sobre todo a éste que me referiré.


A diferencia del año pasado, no hay una gráfica con el típico diagrama de estratos de producción de petróleo que permite ver cuál es la evolución prevista por la AIE según el tipo de fuente. Únicamente tenemos la referencia de que estiman que para el año 2035 se producirán 99 Mb/d (Mb/d: millones de barriles por día) en el escenario de referencia, lo cual es una subida de 3 Mb/d respecto al máximo estimado para ese mismo año en el WEO 2010, y rompe una racha histórica de revisiones a la baja: desde 2006, la AIE ha ido previendo producciones futuras cada vez menores según pasaban los años (desde los 120 Mb/d para 2030 que decía en 2007 hasta los 96 Mb/d para 2035 que dijo el año pasado). Sin embargo, reconoce esta vez que la producción de petróleo crudo declinará un poquito  hacia 2035: ya no asume que continuará en los 70 Mb/d actuales durante los próximos 25 años, sino que bajará a los 68 Mb/d. ¿De dónde sale, por tanto, todo ese petróleo extra? De las fuentes no convencionales, obviamente, pero el peso de la nueva producción se pone en los biocombustibles, como ilustra claramente la siguiente gráfica sacada del documento de gráficos clave (también público):




"Liquids" aquí se refiere a todos los líquidos del petróleo, de los cuales el crudo son esos 70 Mb/d de media que dice la AIE -75 si añadimos los líquidos del gas natural- y el resto son petróleos no convencionales. El gráfico representa cuál será de aquí al 2035 el incremento (si la barra crece hacia la derecha) o disminución (si crece hacia la izquierda) de las distintas categorías de petróleo por países - con la excepción de los biocombustibles, que la barra refiere a todo el globo; los rombos azules dan la variación neta para cada país, sumando los petróleos que crecen y restando los que bajan. Hay varias cosas que llaman la atención de ese gráfico. La primera es que la AIE asume que Arabia Saudita incrementará su producción en casi 4 Mb/d, pero tal objetivo es irrealizable a día de hoy. Como ya comentamos aquí las autoridades de ese país no tienen la intención de aumentar la producción actual, y encima proyectan ir disminuyendo progresivamente sus exportaciones para atender la creciente demanda interior (y en la demanda interna seguramente se camuflan las crecientes necesidades de energía para extraer sus cada vez más exprimidas reservas, en un claro caso de disminución de la Tasa de Retorno Energético -TRE-, un problema con graves consecuencias como ya mostramos); por tanto, lo previsible es que esos 4 Mb/d saudíes de incremento no se materialicen. Llaman también la atención que a pesar de las exageraciones oídas recientemente se prevé un modesto aumento de la contribución del petróleo no convencional en los EE.UU., de alrededor de 0,5 Mb/d, y el gran incremento de los biocombustibles, que pasarían de los 2 Mb/d actuales a 5 Mb/d, cosa difícil con el actual modelo de producción de los mismos. Recordemos que hoy en día el 6,5% de la producción de grano y el 8% de la producción de aceite vegetal a nivel mundial se destinan a biocombustibles; sin un gran cambio tecnológico -que no está a la vista actualmente- el aumento previsto de la producción de biocombustibles nos llevaría a consumir alrededor del 16% de las cosechas de grano y el 20% de la de aceite vegetal a escala global a este fin; es inimaginable el efecto de esta transformación sobre los ya tensionados mercados mundiales de alimentos y las más que seguras revueltas del hambre que se desatarían, en particular en países productores de petróleo de Oriente Medio y del Norte de África, causando una pérdida de producción mucho mayor que esos miserables 3 Mb/d que se ganarían con tal tropelía. Llama también poderosamente la atención que la AIE no estima ninguna caída de producción del petróleo convencional en los EE.UU. durante los próximos 25 años, lo cual contradice claramente la tendencia histórica de los últimos 40 años de producción; que la caída de producción prevista para México en tan dilatado período es muy modesta; o que se estime un aumento de casi el 200% de la actual producción de las arenas bituminosas del Canadá (a pesar de las muchas limitaciones verificadas en su expansión). Todo parece indicar que los números están masajeados para ofrecer su mejor cara, y así, cuando se analiza la producción de petróleo por grandes grupos regionales resulta que en ninguno de ellos declina, ya sea por los muy dulcificados declives de petróleo convencional, por las buenas estimaciones del petróleo no convencional en general, y/o por el efecto distribuído de los biocombustibles en particular.






La falta de realismo de la AIE es una vez más evidente tras el análisis de la siguiente gráfica, que presenta los valores de importaciones de petróleo de diversos grupos de países en 2000, 2010 y la proyección hecha para 2035.






Como se ve, la AIE prevé que los EE.UU. reduzcan sus importaciones en casi 4 Mb/d (desde los 10 Mb/d actuales a poco más de 6 Mb/d en 2035) gracias, dicen, al aumento de producción propia y a la mejora de eficiencia en el sector del transporte. Ya han visto arriba que la AIE da para los EE.UU. un aumento de producción de sólo 0,5 Mb/d, todo ello shale oil, para 2035, sin aumento -y, más increíblemente, sin disminución- de la producción convencional. Por tanto, lo que se nos dice aquí es que en los EE.UU. el consumo se reducirá en 3,5 Mb/d, lo que es aproximadamente un 20% de su consumo actual. Por lo que he visto aquí y allá en el informe, la AIE está pensando en el vehículo eléctrico para esta transformación, aunque yo sólo la veo factible con un determinado vehículo eléctrico: el tren. Sin embargo, la necesaria inversión en infraestructuras sería tan enorme que hasta eso es difícil, y por supuesto es completamente inviable pensar en una implantación a gran escala del coche eléctrico, apuesta que sigue siendo un grave error (con el permiso de Alb). Es esta inverosímil mejora en eficiencia del transporte la que explica por qué la AIE piensa que EE.UU. consumirá menos petróleo que la UE en 2035, a pesar de la más discreta mejora de ésta última, y todo ello para dar alas al consumo de China.


Como quiera que este escenario tiene demasiado optimismo, la AIE presenta una serie de diferentes "Casos" que serían como pequeñas desviaciones respecto al escenario de referencia. Y son nada menos que cinco casos diferentes, cuatro de ellos claramente adversos y sólo uno favorable. Es significativo que en esta ocasión la Agencia "module" con tantos matices su escenario de referencia, lo cual demuestra su inseguridad respecto al futuro y la necesidad de cubrirse las espaldas ante las previsibles críticas que sobrevendrán cuando se verifique que su escenario de referencia, que tampoco es demasiado brillante, aún era optimista. Los cinco casos son bastante interesantes: está el caso "Bajo crecimiento del PIB" (como si el crecimiento económico se pudiera desacoplar del acceso a la energía), el caso "Edad de oro del gas" (el único favorable y que se basa sobre todo en el gas no convencional, el cual parece ser un gigantesca burbuja como ya discutimos), el caso "Descenso nuclear" (en el que la energía nuclear entra en declive debido al recientemente avivado miedo nuclear por el accidente de Fukushima -y a mi entender más probablemente por razón del pico del uranio) y el caso de las "Inversiones Aplazadas". Este último caso es particularmente interesante, ya que la AIE analiza qué pasaría si la inversión en exploración y desarrollo (upstream) en los países del Oriente Próximo y Norte de África cayese respecto a su escenario de referencia, debido a revueltas internas o conflictos entre países - una clara referencia a la primavera árabe pero sin mentarla. Como el resultado de tal simulación sobre los 25 años del WEO 2011 debía ser demasiado tétrico, han acotado su alcance tanto en tiempo como en intensidad; así, el caso "Inversiones Aplazadas" considera una caída respecto a la inversión prevista del 33% pero sólo durante el período 2011-2020, y que después recuperan rápidamente los niveles que le corresponden y hasta compensan la falta de inversión anterior. En tal caso, la AIE considera que la producción prevista decaería en la zona 6Mb/d respecto a lo previsto en el escenario de referencia, y el precio medio del barril se situaría en los 150$, un valor elevadísimo (observen que durante el episodio de 2008, con un pico de precio de casi 150$, el precio medio durante aquel año se sitúo a penas por encima de los 100$ por barril). Es decir, bajo esta hipótesis de "crisis árabe domesticada" los problemas serían ya muy graves. Como aviso a navegantes, la AIE advierte que a corto plazo los beneficios de estos países aumentarían mucho, pero que después caerían en picado por pérdida de cuota de mercado (cosa difícil con un mercado tan cautivo como es el del petróleo, pero en fin...). Ahora hace falta ver si estos argumentos tan de peso convencen a los potenciales revolucionarios árabes para no levantarse en armas, sobre todo si convertimos alimentos en otros 3 Mb/d más. Pero es que además estamos hablando de un objetivo difícil de alcanzar; fíjense si no en las inversiones previstas como necesarias durante los próximos 25 años.




Son casi 38 billones españoles de dólares constantes (de 2010) para toda la inversión en energía, de los cuales 10 billones son para el petróleo, y más concretamente 8,7 billones para el sector upstream del petróleo. No es, por supuesto, solamente la inversión en Oriente Próximo y el Norte de África, pero igualmente se trata de cifras de vértigo: el PIB de todo el planeta fue en 2010 de unos 63 billones de dólares, o sea que esta inversión en todas las fuentes fósiles (petróleo, gas, carbón y generación eléctrica) representará el 60% del PIB global a repartir en 25 años, o sea, un 2,5% del PIB global cada año. Y si les parece que esta cifra es asumible piensen que el grueso de esta inversión se ha de hacer en países que tienen un PIB bastante reducido (Arabia Saudita, de los más ricos, tiene un PIB que es menos de un tercio del español), con lo que en relación a su PIB la inversión local que tendrá que efectuarse en esos países supondrá llegar en algunos caso al 10% de su PIB, quizá más. Obviamente estos países tendrían que recurrir a la financiación exterior, en un momento como éste en que el acceso al crédito no es fácil, y de una manera masiva; esto generará una gran competencia por el capital a escala global y desequilibrios en los países receptores. Si la debilitada economía global puede acometer tamaña empresa está por ver.


Hay otros elementos preocupantes en el informe de este año. El WEO 2011 reconoce explícitamente que la era del petróleo barato ha terminado, usando exactamente esa expresión. De acuerdo con sus previsiones, incluso en el contenido escenario 450 el precio medio del barril de petróleo se situaría en términos reales en máximo históricos (alrededor de los 100$ del 2008). En el escenario de referencia la Agencia estima que el precio medio del barril de petróleo en dólares constantes llegará a 120$ (nominalmente por encima de los 200$). Tal afirmación se contradice fuertemente con el análisis del profesor James Hamilton, al que ya hemos citado muchas veces en este blog, según el cual el precio límite del barril se situaría en torno a los 80-85$, por encima de lo cual se induce una recesión en EE.UU. y por ende global al cabo de unos meses. Lo mejor del caso es que durante este último año el FMI, el Banco Mundial y la propia AIE han aceptado esa referencia, con lo que de algún modo la AIE asume que tendrá que haber un cambio de paradigma económico importante para que tal precio sea soportable, y encima tal cambio debe sobrevenir ya, puesto que el plazo para sobrepasar los 100$ fue ayer, según se ve en el gráfico.



El WEO 2011 dedica un capítulo entero a glosar el papel de Rusia en el futuro energético del mundo. Rusia, primer productor (que no exportador) de petróleo a escala mundial y principal suministrador de gas a Europa, posición que se verá reforzada con la reciente entrada en funcionamiento del Nord Stream y la futura del South Stream. El WEO pone mucho énfasis en la importancia de que Rusia mejore su eficiencia energética para que haya más combustibles fósiles disponibles para el resto, y le da mucha importancia como suministrador de referencia y fiable sobre todo para Europa y también, en menor medida, para los EE.UU. y resto de la OCDE. Las implicaciones geopolíticas de esta hegemonía rusa me parece que son bastante claras, especialmente para Europa, que poco a poco se está convirtiendo en un satélite del gigante euroasiático.


Otro elemento de preocupación que me surge leyendo el WEO es la relevancia que se le da al carbón. Como se ve en el siguiente gráfico, el carbón va camino de convertirse en la principal fuente energética del mundo, ya que es la que mayor crecimiento experimentará:


El informe le da mucha importancia a los sistemas de captura y secuestro de carbono (CCS por sus siglas en inglés), ya que con ellos quemar carbón será menos dañino en términos de CO2, puesto que las emisiones de la combustión serán inyectadas en reservorios geológicos subterráneos. Sin embargo, los CCS implican un coste energético de aproximadamente el 50% de la energía del carbón, con lo que en un momento de escasez energética es impensable que lleguen a usarse nunca. Hay grandes reservas de carbón repartidas por el mundo, que aunque al borde de la declinación darán para muchas décadas; se confirma así la tendencia que apuntábamos hace semanas: quemaremos todo lo quemable para mantener el actual sistema en marcha.


En suma, a pesar de los esfuerzos de presentar un panorama de normalidad, el WEO 2011 empieza a proyectar un futuro muy complicado, en el que se adivinan tensiones. La impresión que a mí me causa es que el reciente cambio de director ejecutivo por uno de perfil más político (Maria van der Hoeven, antigua ministra holandesa de Educación, Cultura y Ciencia) ha servido para  compensar la tendencia reciente de la Agencia hacia el reconocimiento de un grave problema con el suministro energético, a pesar de lo cual se insiste muchas veces en el documento en los graves problemas de seguridad energética a nivel global (y de hecho el mensaje de la rueda de prensa fue muy claro: "La AIE alerta de un futuro energético insostenible"). Si en algún momento se acaba produciendo la sustitución de Fatih Birol, economista en jefe, se confirmaría este giro político de la institución y se acrecentaría su control político y su pérdida de fiabilidad.



Salu2,
AMT

martes, 8 de noviembre de 2011

Construyendo el futuro desde arriba


Queridos lectores,

En el programa de Radio Libertad del pasado jueves Juan Carlos Barba anunció que esta semana hablaríamos sobre las medidas que se deberían tomar para hacer la necesaria adaptación al futuro de La Gran Escasez. Como ha habido un cambio de invitados (yo mismo no podré participar esta semana) es posible que también haya un cambio de discusión, pero el tema en cuestión acabará siendo debatido algún día. Además, es una pregunta muy lógica, que ya suele surgir en las charlas del Oil Crash, y que simplificando y por abreviar se podría formular así: ¿Qué recomendaciones le daría Vd. al Gobierno (o a los Gobiernos) para pilotar el Oil Crash, si le hicieran caso?


Me preocupa bastante meterme en ese berenjenal, el de dar consejos o líneas de actuación, porque más que en otros ámbitos me doy cuenta de mis propias limitaciones o carencias. No sé prácticamente nada de economía y tampoco de las dificultades de gestión de la cosa pública, no digamos ya de cómo legislar correctamente. Un error fatal en cualquiera de ésas y otras direcciones y nuestras mejores intenciones empedrarán el camino del infierno. Pero, por otro lado, no sería honesto de mi parte eludir completamente la responsabilidad de hacer observaciones y sugerencias, que deberán tomarse como eso, meras observaciones crudas que necesitarán, y no poca, elaboración antes de que puedan interpretarse en clave de acción política. Por otro lado, creo que en esta misión, la de definir pautas adecuadas de actuación, los diversos comentaristas que suelen leer este blog aportarán sus diversos puntos de vista y seguramente del debate que un post como éste suscitará se podrán sacar ideas interesantes de cara a lo que podría ser un plan de Gobierno de la transición. Por ello, creo que puede ser útil e instructivo, particularmente para mí mismo, abrir por fin este debate y ver qué cosas podemos sacar en claro.


Por supuesto que otros antes, y con mayor mérito y conocimiento, han abordado esta tarea: ahí está por ejemplo el Real New Deal del Post Carbon Insitute. A nivel más local, está el plan de transición construido por la asociación gallega Véspera de Nada (miren en la columna de la derecha de su página web, Medidas fronte ao teito do petróleo), en el que tuve el honor de serme solicitada mi opinión. Yo, sin llegar al nivel de detalle de éste último, quisiera recoger algunas ideas que creo que deberían formar parte de ese plan de transición gobernado desde arriba. He aquí algunas de esas ideas clave:

Abandonar el BAU

Ésta es la más complicada de las tareas a emprender y la que más implicaciones tiene. Tenemos que hacer comprender a nuestros gobernantes que el Busines As Usual, el BAU, la manera de hacer de las últimas décadas, no tiene sentido en un mundo donde los recursos son limitados, disminuyentes y no sustituibles. Lo hemos discutido muchas veces: el acceso cada vez más limitado al petróleo en particular, y a la energía en general implican que esta crisis económica no acabará nunca, porque dentro de nuestro sistema económico tenemos que crecer siempre a un cierto ritmo; ése es el motivo de que nuestra sociedad sea denominada como "sociedad de consumo" y el por qué de tanto despilfarro como hacemos. Nuestros líderes reaccionan en base a una serie de recetas económicas aprendidas durante los últimos cien años, según las cuales el crecimiento es la mejor garantía para conseguir una elevada tasa de empleo y evitar así revueltas sociales, aparte de tener contentos y satisfechos a los poderes económicos e industriales. Toda la actual política de recortes de gasto público y de disminución de prestaciones sociales va dirigia a ahorrar en la parte no productiva de la sociedad para concentrar el flujo económico en las partes productivas, en la esperanza que éstas se revitalizarán, generarán un nuevo ciclo de crecimiento económico y nuevo empleo, y se podrá dar marcha atrás en la política de recortes que tanto intranquiliza al ciudadano de a pie. El problema es que la premisa es falsa: por más recursos que se concentren en el rescate del sector financiero y en aliviar la presión impositiva sobre el sector industrial y de servicios no se conseguirá que la economía vuelva a crecer, porque igualmente cada vez la energía y los materiales consumidos serán más caros y más escasos; y no por falta de inversión en su extracción y producción, sino por las razones físicas y geológicas que tantas veces hemos discutido en este blog. Hay, sin embargo, tanta teoría económica desarrollada ignorando que no se puede crecer siempre que combatir esta falsa idea y auto-convencerse de la necesidad de cambiar de paradigma, de esquema mental, llevará mucho, mucho tiempo.

Un nuevo orden social

Una vez que se comprende que el BAU no puede seguir funcionando, se tienen que reestablecer las prioridades, porque la prioridad hasta ahora ha sido siempre el crecimiento ya que de él dimanaban las soluciones a todas demás necesidades como corolario. Si no hay crecimiento, se tiene que volver a hacer política de verdad y decidir qué se tiene que hacer y cómo. A mi entender la primera prioridad es la de garantizar el empleo de forma generalizada como medio fundamental para que se preserve la paz social - entiéndase: emplear a la gente para que se pueda ganar la vida dignamente. Algunas personas opinan que la paz social no es importante, que lo único que le interesa a los poderes económicos (que usan a los líderes políticos para implementar su agenda) es ganar cada vez más dinero, aunque para ello tengan que someter por la fuerza a toda la población. Sin entrar a discutir si ésa es o no la intención de estos poderes económicos, tal método es poco sostenible en el largo plazo: en la actualidad su poder económico se basa en vender muchos productos a mucha gente, pero si la gente pierde capacidad económica por estar desempleada o subempleada es evidente que los beneficios caerán en picado, y muchas grandes empresas se hundirán, como de hecho lo están haciendo ahora (¿o cuál creen Vds. que es el futuro a corto plazo de BMW o a más largo plazo de Apple?). Otra cosa diferente es que algunas personas bien situadas intenten garantizarse una posición de señores en un nuevo orden feudal que podría sobrevenir, aunque a mí me parece que, análogamente a lo que pasó en la Edad Media, si sobreviniera el caos anticipado por los proponentes de este futuro tiene más posibilidades de convertirse en un neo-barón un capitán de un grupo de comandos de élite en el paro que no un orondo banquero agitando fajos de devaluados dólares o enlarbolando carísimas e inútiles piezas de oro y plata. Pero, en fin, supongamos que nuestros líderes han comprendido la imposibilidad del BAU y buscan aquello que es socialmente más conveniente. Como digo, la primera cosa a hacer es establecer un sistema que dé empleo a todo el mundo, y eso dentro del contexto de una economía que no crece. Lo que no parece fácil, aunque no es necesariamente imposible.

Economía estacionaria 




Si los insumos no pueden crecer y, como parece, la desmaterialización absoluta de la economía no es un objetivo factible (y, sobre todo, efectivo) a corto plazo, está claro que en un momento determinado la economía debe dejar de crecer y volverse estacionaria, es decir, de tamaño constante, y eso probablemente después de un período de decrecimiento. Una economía estacionaria tiene unos planteamientos diferentes que una en crecimiento. La fuerza de trabajo no puede modificarse sustancialmente a lo largo del tiempo, ni el número de fábricas, ni en general los medios de producción. Peor aún, se debe establecer algún tipo de planificación de gran escala (no sobre las actividades particulares pero sí sobre el consumo general de recursos) para evitar que se produzcan grandes descompensaciones. Ser competitivo al tiempo que se imponen restricciones de uso es una tarea que se me antoja muy complicada. En todo caso, las variables a controlar son físicas (energía consumida, toneladas de material) y no monetarias. Posiblemente la mejor unidad monetaria de esta economía es la energía de procesado, o mejor aún, la exergía.


Función del trabajo 


Se ha de repensar el trabajo y su función social, y el grado de satisfacción que se podrá dar a las necesidades humanas, las reales y las percibidas. Es fundamental garantizar comida, agua, abrigo y alojamiento a la población; es conveniente y pertinente darle también educación y sanidad. A partir de ahí, lo natural es dejar a la gente desarrollar su iniciativa personal, por buenas y poderosas razones; el cómo tendrán que decirlo gente con más capacidad y conocimiento. Lo que no es fácil ni trivial es garantizar la producción por medios sostenibles de esas necesidades básicas. Es, por tanto, importante identificar los recursos locales y las capacidades locales de producción, y ver cómo mantener redes suficientes para el comercio de aquellos productos en los que cada región sea excedentaria o deficitaria. Teniendo acceso cantidades decrecientes de petróleo y gas en el medio plazo, y a ninguna cantidad en el largo plazo, es importante decidir cómo se va a poder mantener la mecanización del campo y del transporte. Se ha de estimar cuál es la cantidad de biocombustible que es razonable producir sin poner en compromiso la alimentación humana y animal, y dónde sale a más a cuenta producirla. También se tiene que decidir cuántos animales pueden razonablemente mantenerse, cómo se ha de distribuir la población sobre el territorio, cómo evitar la erosión del suelo, cómo asegurar el acceso al agua para riego y para consumo humano y animal, cómo potabilizarla y sanearla teniendo menos acceso a productos químicos especializados y así un larguísimo etcétera de cuestiones técnicas que requieren largos y especializados estudios, y que deben ser adecuadamente coordinados.


Planificación y limitaciones en el acceso a los recursos 


La finitud de los recursos y, más importante que eso, la limitada disponibilidad de los mismos por imposibilidad de incrementar su producción (y distribuirla desde los productores), implica que para empezar que se debe abandonar ciertos usos crematísticos de los recursos no renovables (aquellos que los queman o los dispersan hasta hacerlos irrecuperables), incluso de aquellos recursos no renovables para los que aún no se ha encontrado un uso de interés general - en prevención de que en el futuro pudieran ser importantes. Se tendrá que asegurar tanto la economía como el reciclaje de materiales, lo cual implica cambiar diseños para facilitar la reparación y la recuperación de materiales, aunque ello implique producir bienes menos eficientes que los actuales; y eso implica un esfuerzo de ingeniería a gran escala en toda la sociedad, repensando completamente todos los ciclos de vida.

Un punto complicado es la necesaria planificación más o menos centralizada del acceso a los materiales, tanto los agotables como los renovables, porque hasta los últimos tienen límites y mal gestionados pueden deteriorarse y disminuir (de lo cual tenemos muchos ejemplos hoy en día, desde la erosión del suelo cultivable hasta la extinción de las pesquerías). Lo ideal sería dejar al libre mercado la regulación de este acceso, pero la experiencia nos demuestra que, quizá por la imperfecta psique humana, el libre mercado suele llevar a desequilibrios y abusos de poder de aquellos que más tienen, que pervierte el mercado de libre en cautivo de sus intereses. Pero un sistema de planificación también es propenso a abusos, sobre todo si los gestores y asociados se aprovechan de su posición para recibir prebendas o favorecer sus propios intereses. No parece haber una solución simple aquí.


Libertad e información: democracia plena


Uno de los grandes problemas que tiene nuestra sociedad occidental es la tendencia a la opacidad en los asuntos clave de la gestión política; peor aún, se ha conseguido que una parte importante de la población interiorice que algunos asuntos son demasiado complicados como para que la opinión de un ciudadano corriente pueda contar. En realidad, lo lógico es informar a ese ciudadano para que pueda emitir una opinión formada, en vez de prescindir de ella; y además, no es verdad que las grandes líneas conceptuales sean tan complicadas de entender como muchas veces se quiere hacer creer: muchas veces se magnifican los siempre abstrusos detalles para que parezcan lo sustancial en vez de lo accidental. Hace falta una gestión honesta que plantee los grandes ejes políticos resumiendo los detalles y las dificultades, sin necesidad de embarullar torticeramente las discusiones (que es lo que hacen hoy en día nuestros políticos y que hace que sobre un mismo asunto saquen estadísticas aparentemente contradictorias aunque en realidad describen lo mismo, para mayor confusión del público general).


Es importante que en un futuro complejo y que en algunos momentos implicará importantes sacrificios la gente tenga una conciencia clara de cuáles son los verdaderos problemas y que pueda comprobar, sin fanfarria ni cortinas de humo, que las medidas que efectivamente se están tomando están llegando a buen puerto, y aquellas que se revelen erróneas puedan ser corregidas rápidamente sin aspavientos ni denuncias cruzadas. En suma, es importante implicar más a los ciudadanos, a ese pueblo del que emana la única soberanía, en la gestión y en la decisión, lo cual sólo se puede conseguir si la información se trasmite clara y verdadera, y no se confunde o distrae con mil tonterías sin cuento.


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Verá el lector que este programa de actuación es muy vago y general, sin centrarse en los detalles; aún así, implica cambios estructurales profundos a hacer en nuestra sociedad, cambios los cuales serán muy difíciles de acometer partiendo desde donde partimos. Sólo con mucho tesón y con información se puede intentar dar la vuelta a la situación y avanzar en la dirección del cambio necesario, un cambio que no han de protagonizar ni los políticos profesionales de hoy en día ni los técnicos como yo, que sólo somos auxiliares, sino el propio pueblo.




Salu2,
AMT

sábado, 5 de noviembre de 2011

Huyendo de la realidad

Imagen de chemtrails sacada de Pakouss blog, http://infopakous.blogspot.com/
 
Queridos lectores,

Tengo una batería grande de temas que quiero tratar en los próximos posts, batería que se densificará con la publicación la semana que viene del nuevo World Energy Outlook de la Agencia Internacional de la Energía (del cual intentaré dar una primera valoración lo más inmediatamente posible: atentos a partir del miércoles). Sin embargo, he sentido la necesidad de escribir un post retomando la idea del cénit (siempre provisional) de la estupidez humana que apuntaba Ugly Youth en un comentario a mi post, y al hilo de una discusión en Facebook sobre la manida cuestión de los chemtrails, sobre la que también en algún momento se me ha llegado a preguntar en este blog. Sé que con este post no ganaré amigos, pero creo que en momentos de confusión como el actual, y otros más confusos que vendrán, es importante mirar a nuestro mundo con sentido común y con humildad. Sentido común para no buscar explicaciones complicadas a lo que bien parece responder a una dinámica más simple, y humildad para reconocer la pequeñez e irrelevancia del ser humano, por más que se crea entronizado por su tecnología y su ciencia en la silla de un dios menor.

Para quien no sepa de que va esta historia de los chemtrails la resumiré brevemente (aparte del enlace a la wikipedia que acabo de poner): resulta que desde algún tiempo algunas personas se han fijado en unas curiosas estelas que dejan algunos aviones al pasar. A pesar de que se insiste en que tales estelas se producen por condensación del vapor de agua (dependiendo de la humedad relativa del aire, la temperatura de las alas del avión, la potencia de empuje de los reactores, etc), los chemtraileros creen que en realidad son una especie de fumigación de la población con sustancias químicas que garantizan el control mental de la masa por parte de la oligarquía dominante. A partir de aquí se organiza todo un discurso de teoría de la conspiración y de malvados illuminati que conspiran en provectas cavernas para nuestro mal. Lo malo de toda esta rocambolesca historia es que no se sostiene por ningún lado.

En primer lugar, si el objetivo es dispersar una sustancia para que sea absorbida por la población, hay métodos más seguros y estables para hacerlo. Por ejemplo, con el suministro de agua potable. Las grandes ciudades del mundo civilizado (supongo que en el Tercer Mundo no hace falta control mental, teniendo como se tiene el control de las armas) tienen sus plantas de potabilización del agua en las que sería fácil añadir el ingrediente sorpresa querido, sea éste pentotal sódico o haloperidol. Además, sería mucho más fácil regular las dosis que llegan a la población y controlar su dispersión, y en las plantas de depuración de aguas residuales hacer desaparecer las pruebas sospechosas.

Pero, bien, imaginemos que por la razón que sea la dispersión ha de ser aérea. Dispersar sustancias desde aviones a reacción que vuelan a cientos de metros de altura no parece una idea muy inteligente. Quizá habrán notado que cuando se fumigan plantaciones o se intenta apagar incendios se usan aeronaves de hélice -avionetas o helicópteros-, que son capaces de volar más cerca del objetivo, para evitar que se disperse demasiado la carga - y fíjense que en el caso de la extinción de incendios estamos hablando de una sustancia muy densa, el agua. ¿Por qué? Porque si lanzamos cualquier sustancia no sólida desde una altura de centenares de metros su dispersión a medida que se acerque a la tierra será muy complicada y caótica. Resulta que los primeros metros (pongamos los primeros 100 metros) desde el suelo hasta la atmósfera forma la denominada capa límite, en la cual la velocidad del viento tiene que irse adaptando desde los mayores valores de las capas superiores hasta el valor nulo que tiene exactamente en contacto con la superficie. Dependiendo de la estructura topográfica y de la rugosidad del suelo hay una zona de dispersión, esta capa límite, donde la velocidad del viento no sólo va disminuyendo sino que va variando rápidamente de dirección, siguiendo un patrón en espiral si la topografía es plana; y si la topografía es más complicada seguirá un patrón bastante más complejo que puede extenderse unos cuantos metros por encima de los tejados de los edificios. ¿O es que no han notado nunca, los días de fuerte viento, los remolinos que se forman en las grandes avenidas? ¿O cómo el viento sopla del Este cuando van por una calle y al girar la esquina sopla del Norte? ¿No han visto jamás el caprichoso vagar de un papel o una bolsa de plástico? Pues eso mismo pasa por encima de los tejados de las casas, sólo que de forma más violenta debido a la mayor fuerza del viento. Y eso sin contar con lo caro que deben ser
todos esos vuelos de fumigación. Si lo que se quiere es gasear a la población, instale Vd. unos pequeños dispersores en lo alto de las azoteas de algunos edificios en las zonas más transitadas, o disemínelo a través de las chimeneas de ciertos edificios, y tendrá el mismo efecto de forma más discreta y controlada. Por otro lado, para qué querrán controlarnos con los exóticos chemtrails si ya está la más prosaica pero perfectamente efectiva televisión.

Claro está, todos esos métodos no tienen la vistosidad de los chemtrails, que nos hacen imaginarnos una lucha a brazo partido contra el Doctor No, como si fuéramos justicieros vengadores a la James Bond (y ya puestos a soñar, con una buena Úrsula Andress entre los brazos). En el fondo, los proponentes de los chemtrails escogen una narrativa heroica, de lucha denodada contra un poder demoníaco, omnisciente y casi omnipotente, tras cuya derrota se establecerá un nuevo orden; nada nuevo, pues, respecto a las viejas historias de un Hermes que espada en mano le corte la cabeza al monstruo de los cien ojos. No hemos progresado mucho desde el helenismo, por lo que se ve.


Esta narrativa es en todo análoga a la de los defensores de las energías libres (de hecho, suelen ser las mismas personas). Ya comentamos aquí lo absurdo e infundado de las energías libres (por cierto que en inglés free energy es un término ambiguo, que tanto quiere decir energía libre como energía gratis, que en el fondo es lo que se pretende para seguir viviendo a todo trapo como hasta ahora); lo interesante ahora es ver cómo los mecanismos psicológicos son los mismos que en el caso de los chemtrails, y eso explica el por qué de que los afiliados a estas dos teorías coincidan. Los dos grupos anteriores también coinciden frecuentemente con los defensores de la gran conspiración mundial de los illuminati y el Nuevo Orden Internacional. No conozco todos los detalles de esta teoría de la conspiración en particular, pero en esencia es que hay una casta oculta de ricos y poderosos que forman un consejo que toma decisiones para regir el destino del mundo, y que tienen un demoníaco plan para someternos a todos a una esclavitud sin fin. En realidad, esta proposición es también bastante absurda: es obvio que los más ricos y poderosos conspiran para preservar su situación de privilegio, e influyen de manera ilegítima sobre nuestros representantes políticos, subvirtiendo lo que significa la democracia; pero lo hacen a la vista de todos, sin esconderse y, en el fondo, sin avergonzarse, porque en algunos casos hasta creen que es lo mejor, si no lo correcto; y no les hace falta una mesa de roble en una caverna oscura presidida por una cabeza de macho cabrío para actuar de esta manera. Por otro lado, aunque algunos de estos poderosos tengan sus planes para anticipar el caos que se viene, dudo que todos coincidan en el diagnóstico de los problemas y en las soluciones a aplicar. Y en última instancia no es obvio que se puedan salir con la suya, ya que queda siempre la incertidumbre del factor humano: ¿serán siempre fieles su milicias ejecutoras? ¿cumplirán siempre los líderes políticos las directrices marcadas? ¿se mantendrá el pueblo siempre sometido? La Historia demuestra que es imposible tenerlo todo atado y bien atado. Pero, de nuevo, la narrativa heroica de la lucha contra estos grandes malvados que nos han robado nuestra merecida prosperidad pasada, y que recuperaremos si les derrotamos, es mucho más atractiva que la ramplona y mediocre realidad.

Los economistas y los políticos también caen, curiosamente, en la misma práctica de autoengaño, buscando un discurso más atractivo que realista; por ejemplo, se habla de recuperar la senda del crecimiento aunque la realidad es que esta crisis económica no acabará nunca; de aceptar sacrificios ahora en pro de esa prosperidad futura cuando, en realidad, cada ajuste nos aboca al colapso catabólico; de planes de rescate necesarios para arrancar la economía cuando en realidad sirven para tapar los agujeros de los grandes bancos; de políticas de fomento del empleo que en realidad son la degradación de las condiciones laborales de los trabajadores; etc. Y es que, de nuevo, nuestros líderes buscan una narrativa heroica, en la que gracias a su tesón y sentido del Estado consiguen que todo vuelva a la situación anterior, es decir, al crecimiento sin fin.


Por contraste con esta manera de discurrir, la narrativa del Oil Crash es mucho más gris. No es negra como muchas veces se dice. El Oil Crash no es el fin de la Humanidad; no, desde luego, si no queremos que así sea. El Oil Crash no es la narrativa del apocalipsis; pero lo que sí que es el Oil Crash es una narrativa de la humillación. Porque consiste en aceptar que el ser humano tiene límites, que por una vez no va a poder ganar. Y eso al Homo Invictus surgido de la Revolución Industrial, que ha prosperado indefinidamente desde hace dos siglos, le resulta difícil de tragar. Ése es el problema en realidad con el Oil Crash: la soberbia del hombre moderno. Es mejor para nuestro ego creer que hay un hombre malvado que lo controla todo a aceptar que la situación escapa al control del hombre, aunque sea uno abyecto. Lo malo de la narrativa heroica es que no sólo es errónea, es que nos aboca al desastre. Y si de narrativas se trata, consideremos una alternativa...

Historia de los tres leñadores: Hubo una vez tres leñadores que tenían sus casas, con sus huertos y sus gallinas, en la vega de un caudaloso río. La tierra era fértil, el agua pura y los bosques proporcionaban madera en abundancia. La vida era simple pero desahogada. Un día salieron como siempre de buena mañana a buscar leña al bosque, y al volver encontraron sus propiedades devastadas. Las puertas de las casas estaban reventadas y el interior completamente lleno de barro; los huertos removidos y  muchas verduras habían desaparecido; y algunas gallinas habían muerto y otras vagaban dispersas por el bosque cercano.


Los leñadores estaban consternados. Aquél había sido un buen valle y una buena tierra, poco poblada y generosa con sus habitantes; no conocían los robos y apenas la violencia. ¿Qué había podido pasar? Tras observar que los destrozos se prodigaban por todo el valle, todo el mundo concluyó que la causa de la destrucción había sido una repentina avenida del río, la cual afortunadamente les había pillado lejos de las casas. Sin embargo, en más de doscientos años de historia no se había visto nunca una avenida de tal magnitud, con lo que los leñadores no sabían a qué atenerse, si se volvería a repetir o no. Así que cada uno de ellos se puso a reflexionar por separado sobre cuáles habían sido las causas y como prevenirlas de cara al futuro.


El leñador de la vega baja llevaba tiempo observando que el leñador de la vega alta se había hecho poco a poco con el control de muchos predios, que había comprado a bajo precio de otros leñadores a los que había embaucado con mil y una tretas. Además, razonaba, el leñador de la vega alta estaba cortando cada vez  más leña en el bosque, según él porque tenía buenos clientes en la ciudad. Concluyó el leñador de la vega baja que el leñador de la vega alta había construido una presa río arriba, que dejaba embalsar y que después dejaba ir el agua de golpe para arrasarlo todo; inclusive su propiedad, para no parecer sospechoso, pero como él tenía cada vez más terrenos fuera de la vega estos destrozos le perjudicaban menos que a los demás. Por eso, seguía su razonamiento, cuando había venido el agua alta no le pilló en casa: porque estaba río arriba reventando la presa. Su ruin plan era evidente: pretendía arruinarle a él y al leñador de la vega media para quedarse con sus tierras por cuatro chavos. Decidió por tanto el leñador de la vega baja que no quitaría el ojo al leñador de la vega alta, y que sólo dormiría en su casa cuando lo hiciera aquél. Con el tiempo, el leñador de la vega baja encontró más y más hechos que cuadraban más allá de cualquier duda con su interpretación de los hechos, y su actitud con cualquiera que presentaba objeciones se volvió más agresiva, especialmente con la actitud del leñador de la vega media, del cual ya no sabía si era tonto de no ver lo evidente o es que estaba en realidad conchabado con el leñador de la vega alta.


El leñador de la vega alta había perdido mucho dinero con la inesperada avenida. Todas sus propiedades lindaban con el río, y todas habían resultado gravemente dañadas, pero como tenía mucho aún le quedaba bastante como para vivir holgadamente. Le había costado mucho llegar a tener su posición actual, y le parecía mentira que el trabajo duro de tantos años se pudiera echar a perder por un capricho de la naturaleza, un evento brutal que se había presentado por primera vez en doscientos años que se supiera, porque no había registros anteriores y, quien sabe, quizá hacía más de mil años que no se veía una cosa así. El caudal del río estaba, después del incidente, en los niveles habituales y en nada se distinguía el río del que había visto tantos años. Además, con el aporte de sedimentos aluviales sus tierras empezaron a producir más que lo que habían producido antes. Llegó a la conclusión de que la avenida del río había sido un hecho fortuito, un evento raro que sólo se da una vez cada ciertas generaciones, y que de hecho había aportado cosas positivas, como por ejemplo que otros leñadores le habían vendido sus tierras muy bien de precio. En el fondo, razonaba, la suerte está del lado de los audaces y el aluvión era una gran oportunidad. Se convenció, en fin, de que las cosas iban de maravilla y que no había nada que temer del futuro.


El leñador de la vega media era un hombre paciente y observador, taciturno. Le gustaba quedarse largas horas en el porche de su casa mirando el río, el bosque, las montañas... o perderse paseando por el bosque, hasta el punto de conocer cada árbol, cada piedra, cada pequeño arroyo... Hacía tiempo que veía que los inviernos eran cada vez más crudos en la montaña, donde de un año para otro se acumulaba más nieve, a juzgar por lo blancas que se veían las cumbres. Además, se habían talado demasiados árboles a la vera del río y daba la impresión de que la tierra ya no absorbía tan bien el agua del río cuando éste se salía de su cauce. Se lo había comentado al leñador de la vega alta, pero éste le dijo que exageraba y que él estaba consiguiendo muchos beneficios vendiendo buena madera en la ciudad, y que en el fondo lo que pasaba es que le envidiaba. Se lo comentó al leñador de la vega baja, pero éste estaba demasiado pendiente en seguir al leñador de la vega alta y siempre iba a talar donde estuviera aquél y no atendía a otras razones. Concluyó el leñador de la vega media que en los años siguientes, cuando llegara el deshielo, podría venir alguna otra avenida, incluso mayor que la que les había destrozado sus casas y haciendas, y decidió que lo más razonable era moverse a tierras un poco más altas. Le costó mucho esfuerzo y mucho tiempo moverse hacia el interior. Primero se llevó el huerto, y dormía en un vivac al lado de él. Los otros leñadores se reían de él, pensando que era un excéntrico al dormir al raso cuando tenía una bonita casa al lado del río. Después hizo un corral para las gallinas, pero al principio se tenían que guarecer con él en su vivac, y siempre estaba lleno de plumas y le llamaban "cara de pollo". Con el tiempo fue construyéndose una casa nueva, viviendo con gran austeridad para poder comprar los enseres y herramientas que necesitaba; los otros le señalaban y le llamaban mendigo.


Terminó su casa justo para ver desde una distancia segura cómo pasaban flotando por el río crecido los cadáveres del de la vega baja y del de la vega alta.

Salu2,
AMT

jueves, 3 de noviembre de 2011

El cenit del conocimiento


Queridos lectores,

Hace unos días leía un interesante ensayo de Marcus Kracht sobre la dificultad de conservar el conocimiento en una sociedad abocada al descenso energético. Una de las cosas que más me ha llamado la atención del mismo es la conexión que establece entre el acceso a la energía barata y en cantidad al aumento de nuestro conocimiento. Reflexionando un poco sobre mi propio trabajo no puedo menos que darle la razón, confirmando muchos de los extremos que se tratan en el ensayo.

Hace poco un estudio de la Universidad de Berkeley estimaba que internet (entendido como toda la maraña de ordenadores y dispositivos que se conectan a la red global, la misma red y sus routers y demás adminículos) consume alrededor del 2% de toda la energía a escala global. La cantidad no es en absoluto desdeñable, sobre todo si tenemos en cuenta que es probablemente una subestimación (hay muchos dispositivos que no entran dentro de la clasificación usada por los investigadores, y el gasto por equipo es un gasto tipo o medio), y además este gasto no se reparte homogéneamente por el mundo. Internet es seguramente el mayor exponente de nuestro progreso en tecnologías de la información, un gran invento que ha agrandado enormemente nuestras capacidades cognitivas. Hoy en día, si tenemos una duda, por nimia o trascendente que sea (cuál fue el primer disco de un determinado cantante, qué es la mayéutica) usamos nuestro buscador de referencia y en pocos segundos tenemos la respuesta. La enorme capacidad de indexación de los sistemas de información actuales es tremendamente útil en mi trabajo corriente o a la hora de documentar este blog; en pocos segundos tengo una lista de cientos de documentos más o menos pertinentes a mis criterios de búsqueda, a partir de los cuales es fácil cribar qué es interesante y qué no; una frase clave de un documento de interés (por ejemplo, su título) me permite localizarlo sin moverme de mi silla y en cuestión de minutos decidir si me interesa o no, y en su caso buscar otro: qué diferencia con aquellos tiempos en que comenzaba mi tesis, en los que leyendo artículos científicos encontraba una referencia a algún artículo posiblemente interesante y me iba a la hemeroteca, a desempolvar archivos a veces durante horas, y a veces el archivador que me interesaba no estaba o no se encontraba en su sitio. Evidentemente, la gran disponibilidad energética, aparte del progreso técnico, ha permitido acelerar enormemente mi trabajo y seguramente mi producción, y no sólo el mío sino el de miles de científicos en todo el mundo, lo cual a su vez ha acelerado el progreso científico.

No todo ha sido bueno con esta aceleración. En la actualidad, la mayoría del progreso científico es incremental más que exponencial, con lo que se tiene que hacer mucho trabajo y leer mucho trabajo de otros, y trabajar durante años antes de llegar a algún resultado realmente destacado. Lamentablemente, el trabajo de los científicos es hoy en día evaluado con criterios economicistas, de contabilidad burda de haber y deber; para poder progresar en tu carrera científica (mientras eres eventual, para asegurar el siguiente contrato; cuando eres fijo, para garantizar el acceso a dinero de proyectos con los que mantener tu investigación) debes ser regularmente evaluado, y los criterios de evaluación son esencialmente de inventario: cuántos artículos has publicado, cuántos proyectos has conseguido en convocatorias competitivas, cuántas tesis has dirigido... Todo esto provoca en el caso de los artículos que se redacten muchos, en los que se relatan pequeños avances conceptuales, con tal de hinchar la nómina de los mismos y mejorar el propio baremo (y como en toda buena escalada armamentística, has de jugar a ese juego porque como los demás lo hacen si tú te niegas quedas fuera). Con lo cual, se multiplica el número de revistas especializadas (hay, literalmente, miles de ellas, con temáticas a veces diferenciadas por cuestiones de matiz), se amplía el número de suscripciones a las mismas por parte de las universidades y laboratorios de todo el mundo, etc, etc. Es decir, se produce mucho aunque la ganancia neta de conocimiento no es tan grande (es un caso más de la ley de rendimientos decrecientes). Hay un chiste común entre los físicos teóricos que describe bastante bien este problema: "¿Por qué la longitud de la estantería ocupada por los números del Physical Review (prestigiosa revista americana de física) crece más rápida que la luz?" (lo cual es imposible, ni la materia ni tan siquiera la información pueden viajar más rápidas que la luz) "Porque no transporta ninguna información". El caso es que toda esta producción hace aún más difícil separar el grano de la paja, y ahí de nuevo nuestros buscadores robotizados son extremadamente eficaces. Todo lo cual redunda en un aún mayor consumo energético.


En casa de mis padres hay, literalmente, cientos de libros de todo tipo, incluyendo dos diccionarios enciclopédicos. En mi casa, dejando de lado los textos especializados de nuestras profesiones, el número de libros que tenemos es un par de órdenes de magnitud inferior. Yo no me he planteado hasta ahora comprar una enciclopedia, lenta de ojear y que rápidamente se queda desfasada, cuando con unas pocas pulsaciones del teclado puedo contestar con gran precisión cualquier duda escolar que les pueda surgir a mis hijos. Pero tampoco tengo apenas libros enormes llenos con grandes fotografías ilustradas como aquellos que me impresionaban cuando era niño, hasta el punto que pasaba las páginas con un punto de miedo y otro de curiosidad, tan subyugante era el espectáculo en el que me veía literalmente inmerso al girar la hoja; hoy cuando mi hija me pregunta cómo es tal o cual cosa, google, imágenes y voilà. No sólo en las cuestiones domésticas se manifiesta esta preferencia por el formato electrónico: cuando empecé la tesis tenía varios archivadores de artículos fotocopiados que eran los básicos para fundamentar mi propio trabajo; hoy en día, tengo una biblioteca virtual con cientos de PDFs en el disco de mi ordenador, y una simple aplicación me permite buscar palabras clave dentro de todos ellos, mucho más rápido y eficaz que antaño, cuando creía recordar que había visto una fórmula que me interesaba en éste o quizá aquél artículo. Nuestra gran potencia de cálculo, fruto de la gran disponibilidad energética, nos ha hecho ser colosos intelectuales sin que apenas nos hayamos dado cuenta de ello. ¿Cuántos de Vds., queridos lectores, no han recalado en este blog buscando información sobre por qué esta crisis no acabará nunca o qué es lo que pasa con el petróleo?


La grandiosidad energética no sólo se ha manifestado en el mundo digital. En la actualidad se publican cada año centenares de miles de títulos nuevos en edición impresa, y eso hablando sólo de libros. Tal enormidad de material impreso (que no de información) tiene mucho que ver con la necesidad de convertir la cultura en una industria más, con sus necesidades de crecimiento exponencial, como todas las otras (ya discutimos anteriormente por qué se despilfarra tanto). Pero, de nuevo, hace difícil separar el grano de la paja, con el agravante añadido que esta industria, la cultural, no tiene el más mínimo interés en primar la calidad del contenido y sí la cantidad potencial del producto a ser vendido.


El declive energético al que ya estamos abocados implicará necesariamente la desaparición paulatina de muchas de estas cosas, y la considerable reducción de las que persistan. Una cuestión que a mí personalmente me preocupa es cómo podremos conservar una gran cantidad de documentos que actualmente están solamente disponibles en formato digital. Los soportes electrónicos tienen una duración física limitada, en el mejor de los casos a unas pocas décadas, y antes de su destrucción final podemos perder la capacidad de acceder a ellos por falta de medios tecnológicos. Dado este escenario, lo conveniente sería decidir qué conocimientos se deberían de salvaguardar y hacer acopios de ellos en multitud de bibliotecas diseminadas por todo el mundo, de tal modo que el conocimiento esencial de la Humanidad fuera preservado. Porque, a diferencia de lo que hicieron los monjes medievales rescatando el conocimiento del antiguo Imperio Romano, los nuevos amanuenses podrían tener dificultades tecnológicas insalvables para poder recuperar nuestro saber, que por tanto se perdería.


Decidir qué contenidos preservar y cómo es tarea ardua, y en medio del marasmo económico que nos embarga es terriblemente complicado conseguir los medios para tal tarea. Y, sin embargo, si queremos que esta civilización digital deje alguna traza cuando se apague el último ordenador, necesitamos hacer algo así. Así que quizá, pensando en preparar la transición, uno de los puntos clave sea revitalizar las bibliotecas, muchas de ellas con grave amenaza de ser cerradas en el caso de España debido a la inminente bancarrota de los Ayuntamientos en este país. Quizá, si la iniciativa popular fuese lo suficientemente fuerte, se podrían mantener pro bono, con el trabajo de los miembros de la comunidad. No lo olviden: la comunidad es una pieza esencial en la transición, no debemos pensar sólo en clave egoísta. Yo fui bibliotecario voluntario en el colegio mayor de Salamanca donde empecé mis estudios universitarios, y es una tarea más interesante y divertida, aparte de instructiva, de lo que parece. Además, estando rodeado de libros aprendes a amarlos y respetarlos, lo que es un buen paso para aprender a amar y respetar al prójimo.


He analizado hasta aquí el conocimiento reglado, el que es expresado en soportes físicos del tipo que sea. Hay, sin embargo, otro tipo de conocimiento al que no siempre se le da la importancia que tiene: el conocimiento colectivo. Aquellas ideas simples que forman el sustrato cultural de toda la sociedad sirven para cohesionarla, dividirla o mantenerla. El concepto de germen como agente infeccioso llevó al establecimiento de simples normas higiénicas en el siglo XIX (lavarse las manos antes de comer, limpiar y desinfectar las heridas, no comer alimentos que se ensucien...), que hoy en día consideramos básicas pero que contribuyeron en su día (y aún hoy, obviamente) a mejorar las condiciones de vida del ser humano. Otra idea importante que sirve para cohesionar a la sociedad es que sólo la autoridad tiene el monopolio legítimo de la violencia, así que en caso de un agravio la gente recurre a la policía y a los jueces en vez de tomarse la justicia por su mano. Sin embargo, esta última idea es cada vez más cuestionada por una sociedad que considera los poderes públicos bastante corruptos y donde la desesperación está empujando a cada vez más gente hacia la violencia. Y éste es uno de los problemas más graves a los que nos enfrentamos a nivel colectivo: el cuestionamiento destructivo (pues no propone alternativas válidas) de algunos principios fundamentales, fruto de la incapacidad organizativa de la sociedad para dar respuesta a los retos actuales, comenzando por sus líderes. Estos principios fundamentales son básicos, son el conocimiento pre-consciente de la sociedad y los que la permiten actuar como tal, y son percibidos como los correctos por la sociedad por su simplicidad y verdad palmarias, del mismo modo que se ve la conveniencia de lavar las manos o desinfectar las heridas.


Uno de esos principios básicos ahora en cuestión es la democracia. Se suponía que el pueblo soberano es libre para tomar las decisiones más adecuadas a su parecer, y que el poder emana del pueblo; que los representantes son escogidos de acuerdo con un programa que ha sido acordado con sus electores y con un mandato claro de la parte de estos últimos. Sin embargo, viendo la polvareda que ha levantado el anuncio de referéndum sobre el enésimo plan de ajuste para la economía griega uno comprende la gravedad de la crisis societaria en la que vivimos. No puede ser que nuestros líderes, que por encima de todo deberían ser democrátas, cuestionen la capacidad de decisión democrática de una nación soberana y lo consideren, como algunos han dicho, una barbaridad - e inclusive "castigando" (sic) a Grecia. Sobre todo teniendo en cuenta que, dado que la crisis no acabará nunca, la posible salida griega del laberinto al cual le empujan sea mejor opción que seguir jugando al Bussiness as Usual. Con todo, lo peor de este cuestionamiento de la democracia, supeditándola a la economía -entendida de acuerdo con el paradigma liberal que cada vez tiene menos sentido en un mundo con recursos cada vez más escasos- es que sirve para minar la confianza de la sociedad en ese principio básico, en ese conocimiento societario de cohesión. ¿Por qué en España cada vez más gente percibe que es igual votar al PSOE o al PP, los dos grandes partidos? Porque saben que independientemente de quien gobierne la agenda ya está fijada, porque lo importante son los mercados, etc. En suma, porque la opinión del pueblo soberano no tiene sentido dentro de este esquema. ¿Son nuestros líderes demócratas? El test de Solón puede darnos algunas pistas. Pero, si el pueblo comienza a cuestionar los valores democráticos institucionales (unos, como el 15M, intentando restaurarlos; otros, como los grupos ultra, intentando sustituir nuestro sistema político por otro más autoritario -aún) estamos descendiendo un peldaño más en una dirección bien concreta: el colapso.


Salu2,
AMT