Queridos lectores,
Este post es una continuación de otros dos anteriores sobre el mismo tema: Actualización sobre el vertido del Golfo de México y It's rainning oil, hallelujah!, que versan sobre la magnitud y las consecuencias del vertido de petróleo en el Golfo de México como consecuencia del mortal accidente de la plataforma de extracción petrolífera semiflotante Deepwater Horizon el 20 de Abril de 2010.
Parece que al final, el segundo intento de hacer un top kill (enfáticamente bautizado como static top kill, para evitar ser asociado con el fracaso del primer intento) ha conseguido su objetivo, y el vertido del Golfo de México está por fin bajo control desde hace unos días. Aún se filtra algo de petróleo alrededor de la malograda válvula de prevención de explosiones (Blow-out preventer, BOP), pero se confía en que la inyección de cemento desde los pozos de alivio que se han excavado ponga definitivamente fin a esta pesadilla. Por el camino, cinco millones de barriles de petróleo se han vertido en el Golfo de México, creando el mayor desastre de esta naturaleza en los EE.UU. y causando un impacto ambiental que llevará años evaluar. Ahora que la crisis está controlada, es el momento de sentarse y ver qué hemos aprendido de ella.
Desde el punto de vista positivo:
- Cabe destacar que BP ha aprendido a hacer frente a este tipo de accidentes. Por el camino duro, hemos aprendido qué se debe hacer para parar este tipo de derrames en aguas profundas. Este conocimiento nos será muy útil, porque de aquí al año 2020 el 40% del petróleo que consumimos tendrá que venir de pozos situados en aguas profundas, y este tipo de situaciones se reproducirá, por desgracia.
- Un solo incidente de este tipo ha estado a punto de hacer quebrar una gran compañía multinacional como es BP: se calcula que las responsabilidades económicas a las que debe hacer frente BP a corto plazo (coste de las tareas de limpieza) ascienden a 30 millardos de dólares (frente a eso, se estimaba que los beneficios tras impuestos de este año de BP rondarían los 12 millardos). La cifra total de indemnizaciones podría fácilmente ascender a los 100 millardos, contando con las de los diversos colectivos damnificados. Los Gobiernos de EE.UU. y el Reino Unido han discutido varias veces esta cuestión, y parece claro que no permitirán que BP quiebre, entre otras cosas porque los dividendos que cada año arroja BP suponen una de las fuentes de financiación más importantes para los planes de pensiones radicados en el Reino Unido. Para hacer frente a sus obligaciones más inmediatas, BP se ha lanzado a la venta de algunos de sus activos (incluyendo sus instalaciones en Alaska) por valor de 30 millardos, que se venderán durante los próximos 18 meses. La pretensión de BP parece clara: cubrir sus obligaciones inmediatas con la venta de activos, retrocediendo su posición global pero sin dejar de dar dividendos tan caros a los fondos de pensiones, lo cual parecer responder a los deseos del Gobierno británico; a cambio, de una manera u otra se le permitirá alargar mediante juicios el pago del resto de indemnizaciones.
- A la espera de ver si la maniobra dilatoria de BP surte efecto y evita así la bancarrota (lo cual dependerá de que el poder ejecutivo interfiera suficientemente el judicial -pobre Montesquieu), las perspectivas para el negocio de la explotación del petróleo de aguas profundas no parecen boyantes: las primas de riesgo de las aseguradoras ya han subido un 40%, lo cual básicamente echa del negocio a las pequeñas y medianas empresas, y en cuanto a las grandes falta ver cuántas se arriesgarán ahora a comer de la fruta prohibida (ya comentamos en este blog que en 2006 Exxon previó los riesgos y decidió abandonar su pozo Blackbeard). Máxime cuando el Congreso de los EE.UU. estudia prohibir la explotación de aguas profundas a empresas con mal historial (lo cual excluiría a BP durante un tiempo).
- No se puede, sin embargo, echar toda la culpa a BP. La culpa en realidad es nuestra, por querer seguir teniendo petróleo abundante y encima a buen precio, cuando el petróleo barato ya se ha acabado y ahora sólo queda el malo, el caro, el que es difícil de extraer. Dado que los rendimientos son decrecientes, la única solución que tienen las compañías es ir recortando costes, reduciendo la seguridad y la contención de la contaminación ambiental, lo que en el caso de la Deepwater Horizon llegó hasta extremos inconcebibles... para un estándar occidental. Este tipo de incidentes pasan cada año en el Delta del Níger y nadie dice nada (casi nadie lo sabe). De hecho, es comentario frecuente de quien ha trabajado en ciertas plataformas petrolíferas que lo extraño es que no haya más accidentes (y eso tomando como cosa normal que cada mes haya algunos heridos y quizá un muerto).
- Y, todo esto, ¿para qué? Pues, en realidad, para bien poco. Porque parece que las reservas de petróleo de aguas profundas están más que sobreestimadas; el comportamiento de los yacimientos de aguas profundas es bastante diferente de los de tierra firme, en buena medida porque no se pueden explotar de la misma manera y porque su geología es diferente. Como comenta Tom Whipple, según las estimaciones más precisas actuales, el malogrado pozo de BP vertía en sus comienzos aproximadamente 62.000 barriles diarios, mientras que 87 días más tarde (en el momento en que el top kill finalmente ha funcionado) su "producción" había decaído a los 53.000 barriles diarios, una caída del 14% en menos de tres meses, lo que equivale a un 50% anual. Con esos números y asumiendo un decaimiento exponencial constante, estimo que la cantidad de petróleo finalmente recuperable para este pozo sería en torno a los 35 millones de barriles, lejos de la cifra oficial de más de 1.000 millones, y en línea con el 10-20% de la cifra oficial que estima Tom Whipple. Esto también casa con la producción observada en otros pozos de aguas profundas: Thunder Horse, que en vez de alcanzar una producción de 250.000 barriles diarios se estancó en 170.000 y ahora decae a un ritmo del 2-3% mensual; o Neptune, que debía llegar a los 50.000 barriles diarios, se quedó en 40.000 y decae al ritmo del 15% mensual.
Salu2,
AMT