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viernes, 4 de agosto de 2023

Energía en Latinoamérica: de exportadores a importadores endeudados

Queridos lectores:

Un año más, Demián Morassi nos ofrece su análisis sobre la situación energética en Latinoamérica. Un imprescindible de cada año, que nos permite ver cómo evoluciona la situación energética en una región con muchos retos e incertidumbres por delante.

Les dejo con Demián.

Salu2.

AMT

 

Energía en Latinoamérica: de exportadores a importadores endeudados 

Latinoamérica está en su cresta de la ola, la espuma del consumo supera ya a lo líquido de la producción... la espuma nos muestra un 2022 como año récord en el consumo energético, es espuma, ya veremos que por un lado no dura mucho y no hay que perder de vista la masa en movimiento de la producción, y por otro es engañosa, cada vez la proporción de la energía consumida que se tiene que derivar en la producción energética es mayor y queda menos para el consumo industrial o individual.

La producción de energía en Latinoamérica tuvo su pico en 2015, año en que empezamos a escribir estos informes basados en el Statistical Review of World Energy realizado hasta el año pasado por BP y desde este año por Energy Institute. Desde ese momento la producción de energía transitaba por una meseta que se rompió con la pandemia y cuyo rebote no ve signos de volver a los tiempos de más acción.

Detallaremos cómo se mueve ese oleaje en la tempestad de las distintas fuentes energéticas y algunos efectos puntuales sobre la sociedad.

El petróleo

La energía más producida y más consumida en la región tiene un momento de respiro en su largo declive. Desde su pico en 2006 con el rápido declive de Cantarell en México, sus años de crecimiento relativamente importantes fueron 2014-2015 cuando el precio del barril estaba por las nubes y ahora en 2022. 


Hay tres elementos importantes para entender lo que sucedió el año pasado. El primero es la puesta en marcha de la producción de la cuenca descubierta en Guyana (que comparte con Surinam y en menor medida con Venezuela y Guyana Francesa). La producción en Guyana ya equivale a la mitad de lo que produce Ecuador, en 2022 legó a los 278.000 barriles diarios (b/d) contra los 110.000 b/d del año anterior. En Surinam pronosticaban comenzar la producción offshore este año pero lo han pospuesto para 2027.

El segundo elemento, otros grandes saltos en la producción brasilera de 117.000 b/d para llegar a 3,1 millones de b/d y en la Argentina con 78.000 b/d extra para llegar a los 706.000 b/d.

El tercero la reactivación de la producción en Venezuela luego de años de caída. Uno de sus problemas era la falta de algunos petróleos condensados necesarios para poder refinar su crudo, en ese sentido Irán no sólo les exporta lo que Venezuela necesita sino que a la vez llevaron técnicos para reparar refinerías dañadas tras años de abandono. Además la llegada de Biden trajo un "alivio a las sanciones" en 2021 a partir del diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición. Se le permitió la importación de gas de EEUU y a fines de 2022 el gobierno estadounidense le permitió a Chevron operar en Venezuela y se espera que aumente la producción en 2023 en al menos 100.000 barriles diarios sobre el aumento de los 55.000 de 2022.

De todos modos se puede ver que la producción está lejos de los valores de hace una década.

Si la producción total dio un salto importante (444.000 b/d) el consumo dio un salto mayor (703.000 b/d) para ubicarse a 50.000 b/d del total producido. A grandes rasgos, casi todo lo que se consume en la región es de producción propia.


Gas natural

La producción de gas volvió a los niveles de la línea de declive que llevaba antes de la pandemia. Sólo dos países pudieron superar los niveles de 2019: Brasil y Venezuela; y otros dos pudieron retornar a esos valores: Perú y Argentina. Los demás mantienen el declive por causas geológicas principalmente. 

La suba en la producción en Venezuela tiene la misma explicación que para el petróleo y lo mismo sucede en Brasil con el crecimiento sostenido de la cuenca offshore presal Santos (que representa cerca del 75% de toda la producción hidrocarburífera brasilera).

En Argentina el aumento en la producción de gas depende del desarrollo de Vaca Muerta. Mientras escribo estas líneas se inauguraba “la obra de transporte de gas más grande de los últimos 40 años” (así lo comunica el gobierno), un gasoducto de 573 Km de extensión que se conecta con el gasoducto troncal que abastece la provincia de Buenos Aires. Con esta obra Argentina se evitará importar gas en los siguientes años (unos 12.000 millones de dólares se fueron en gas en 2022 que dejaron la balanza comercial en rojo por 4.400 millones de dólares). En Argentina el gas es el principal insumo energético, a diferencia del resto de países de la región que dependen principalmente del petróleo.

En cuanto al consumo, los números fueron en caída. La región sigue siendo importadora neta y los precios del gas natural se fueron por las nubes. El bloqueo a Rusia a partir de la invasión a Ucrania llevó a valores no vistos desde 2008. Si bien los precios se desinflaron en 2023 la demanda local debe competir en un mercado global que llevó a pasar a Europa un frío invierno de ahorro forzoso.

Uno de los factores no energéticos de la demanda de gas tiene que ver con el aumento del uso de fertilizantes nitrogenados debido al avance de la frontera agrícola, especialmente durante el periodo de Bolsonaro en Brasil, con el desmonte indiscriminado en la selva amazónica (sólo en los últimos cuatro años de Bolsonaro se desmontaron más de 40.000 Km² de selva, algo así como la superficie de Suiza). Más de la mitad de las importaciones dependen de Brasil (cuarto consumidor a nivel global). El aumento en la región de un 4% de los distintos fertilizantes le costó un 137% más que en 2021 por el aumento de los precios (Rusia es uno de los principales exportadores hacia Latinoamérica). La producción local viene en aumento pero compite con el consumo de gas para otros usos (calefacción, energía eléctrica y otros usos industriales).

Carbón

La producción y consumo de carbón en la región es escasa. Sólo en Colombia la producción representa una importante fuente de divisas, especialmente el año pasado por el aumento del precio. Los principales importadores del carbón colombiano son países europeos. A pesar de eso la reactivación post pandemia está lejos de volver a los niveles de 2019. Las principales demandas internas son de México y Chile pero lejos de los años de mayor consumo.


“Renovables”

Las energías no hidrocarburíferas siguen aumentando. Se destaca en 2022 la solar casi duplicando los valores de 2020, año en que había superado a la producción de energía nuclear. La hidroeléctrica volvió a producir valores cercanos a los picos de 2011-12 y la energía eólica sigue creciendo linealmente.

Estas energías dependen en última instancia del avance de la electrificación. La transición a la movilidad eléctrica sigue estando lejos de convertirse en alguna solución para una descarbonización con crecimiento económico pero su auge es innegable y en la región están algunas de las principales reservas de litio (Argentina, Chile y Bolivia) donde las multinacionales, los estados y las comunidades que habitan esos territorios aún no han llegado a un modelo productivo que satisfaga a todos los actores.


Consumo versus producción

El consumo energético en la región llegó a un nuevo récord, sin embargo, al superar a la producción, dependerá cada vez más de una economía robusta que permita costear las importaciones futuras.


El aumento sostenido de las renovables y un año más de crecimiento en la producción de petróleo y gas con una demanda en aumento constante no pueden tapar el carácter geológico del declive energético que no sólo arrastra a un decrecimiento económico en la región sino también a un sinnúmero de inconvenientes políticos para sus gobernantes si no logran distribuir las riquezas obtenidas por lo sectores que se siguen enriqueciendo. Desde 2015 casi ningún presidente ha logrado ser reelegido (sólo Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua) a diferencia de lo que solía pasar en la década anterior donde era poco probable que ganen los opositores. La región sorteó el declive productivo tomando deuda. La deuda externa se duplicó con respecto a los valores de 2010 mientras el PBI per cápita nunca volvió a los niveles de 2014 y, por el contrario la pobreza extrema casi se duplicó de 7,8% en 2014 a 13,1% en 2022. Para 2021  ya el 1% más rico concentraba más riquezas que el 50% más pobre.

Las necesidades de descarbonización son cada vez más evidentes, estos gráficos sirven para ver el casi nulo efecto que tienen las alarmas climáticas en la estrategia energética e industrial de esta región. Hay mucho para hacer.


 

 

martes, 9 de agosto de 2022

Energía en Latinoamérica: recesión del declive

Queridos lectores:

Como cada año, Demián Morassi ha analizado la situación de Lationamérica a partir de los datos del último anuario estadístico de BP.

Este año ha sido especialmente candente en la región, con una creciente conflictividad por el mal reparto de los beneficios de las actividades extractivas y un general aumento de la conflictividad social como respuesta a los altos precios de la energía y los bienes de consumo. El análisis de Demián (que lógicamente se refiere a los datos de 2021) muestra cómo la situación de declive energético se ha ido consolidando, y en parte explica lo que estamos viviendo ahora. 

Les dejo con Demián.

Salu2.

AMT

Energía en Latinoamérica: recesión del declive



En el año 2014 sucede un hecho inédito, por primera y única vez, cuatro mujeres estuvieron ejerciendo la presidencia de países latinoamericanos al mismo tiempo. Esto durará menos de un mes, entre marzo y mayo asume Michelle Bachelet en Chile y termina su mandato Laura Chinchilla en Costa Rica, mientras continúan sus mandatos Cristina Fernández en Argentina y Dilma Rousseff en Brasil. Más de la mitad de sudamericanos están gobernados por una mujer.

En 2014 también sucedió el hecho histórico del pico de producción energética en la región.

Sería muy complejo constatar que estos dos hechos están vinculados pero sí podemos darnos cuenta que las diversidad de fuentes de energía han liberado al ser humano en muchos aspectos de la economía (especialmente los que requieren el uso de su energía convertida en fuerza física) y han permitido a la sociedad generar profundos cambios y darse tiempo para debates estructurales.

Todos los años desde 2015 insistimos con esta revisión de las estadísticas anuales de energía (basadas en el BP Statistical Review of World Energy) [1] porque aún no consideramos que haya demasiada preocupación ni análisis al respecto. Esta lectura de los datos implica revisar y proyectar no sólo qué hacer con estos recursos energéticos decrecientes que mecánicamente podemos percibirlos como volver al pasado (paso a paso volvemos a tener una cantidad de energía disponible como la que tuvimos en años anteriores) sino también qué hacer con el cambio cultural que significa pasar de vivir en crecimiento económico (con algunas recesiones) a vivir en decrecimiento continuo (con, este año, un pequeño rebote positivo).

Es interesante señalar que en Latinoamérica y Caribe (LAyC), a grandes rasgos, no se formula el concepto "decrecimiento" ni en términos ecologistas ni en términos economicistas. No ha existido el objetivo desde los movimientos ambientalistas de decrecer ni luego se ha nombrado esta palabra al comenzar a descender en todos los índices económicos.

Hago una salvedad, el PBI a precios constantes está "estancado" (a precios corrientes tuvo su pico en 2013) pero con un aumento galopante de la deuda externa (del 27% del PBI en 2013 al 44% en 2021). Ya ha descendido el PBI per cápita desde su pico en 2014 y aumentado la pobreza y la indigencia [2].

Todavía, economistas y políticos (de gobiernos y oposiciones) utilizan el término "recesión", lo que implica que esta "crisis" económica se estaría dando pero sólo sería un intervalo en un periodo más largo de crecimiento al que todavía le quedan algunos años. La observación de los datos nos demuestra lo contrario, estamos en un decrecimiento y este rebote postpandemia sería un receso en la caída.

Volviendo a las presidencias, el efecto es que de 2015 en adelante casi ningún gobierno logró mantenerse en el poder, no pudieron satisfacer las demandas crecientes de la población (que aún no ha parado de crecer) con recursos energéticos decrecientes. Hoy nos encontramos con cambios importantes en los dos países modelos del neoliberalismo en la región, Chile y Colombia, sin embargo estas fuerzas progresistas, si no logran romper con las desigualdades estructurales de sus países, tendrán que enfrentarse a los molinos de este ciclo adverso.


El Petróleo

Lo primero que se ve en esta gráfica es que si excluimos a Venezuela (cuyo colapso económico y energético tiene su particularidad) parecería que la región se mantiene en una meseta productiva donde el declive mexicano se compensa con el aumento de la producción en Brasil. Pero… 
 

 
... es necesario tener en cuenta que el offshore en aguas profundas en Brasil no sólo es mucho más costoso de extraer que la del gran complejo Cantarell (que dio a México 50 años de energía barata) sino que mucha de la energía producida en esos cuencas PreSal se gasta en el mismo proceso de extracción. La cantidad que luego se podrá refinar para transporte e industria es por ende mucho menor. Algo similar sucede en Argentina que pudo aumentar, después de muchos años, su producción pero la misma utilización de energía para el fracking le obliga a descargar gran parte de lo obtenido en el complejo entramado productivo.

Ya anunciamos que las estadísticas de 2022 vendrán con algunas sorpresas. Guyana ya en 2021 extrajo 117 mil b/d (casi lo que produce Perú o un cuarto de lo que produce Ecuador) y para 2022 los valores se podrían estar triplicando, Venezuela también podría estar sumando cerca de 200 mil b/d más y Surinam hará su aparición. La crisis energético global tras la guerra en Ucrania explican en parte la subida de precios y este “buen momento” para las inversiones petroleras. Sin embargo cada vez las poblaciones son más conscientes de los efectos ambientales y en muchos territorios no importa el valor de este u otro commodity, las poblaciones están logrando poner a debate o detener numerosos emprendimientos. 
 
Paralelamente las más grandes revueltas se han ido dando por el aumento de los precios de la energía para los sectores más empobrecidos, hoy resuena el caso de Ecuador que es uno de los pocos exportadores netos de la región donde las empresas presionan para vender todo lo que pueden en el mercado global mientras amplios sectores de la población trabajadora y consumidora reclama por mantener los subsidios al consumo. 
 

 
El consumo de petróleo ha ido cayendo de manera general en casi todos los países y es interesante ver cómo el rebote postpandemia nos devolvió a esa línea descendente en que veníamos desde 2013 (casi 200 mil b/d) que, de todos modos, es muy lento para los requerimientos ambientales que exige nuestra crisis climática.

GAS

Defasaje entre un consumo estancado y una producción en declive. 
 
 
 
La curva de declive está llevando a la importación por fuera de la región, el principal importador es México que compra a relativo bajo costo vía gasoducto a Estados Unidos pero también ha aumentado la llegada de barcos con Gas Natural Licuado de 13,7 a 25,3 mil millones de m3 entre 2019 y 2021 cuyos valores para 2022 se han disparado por la guerra. La solución en Argentina es comenzar un gasoducto desde Vaca Muerta hacia el noreste del país que podría tardar dos años y demuestra como el cambio de la producción convencional al fracking implica otros costos que en la gráfica no se perciben.

CARBÓN

Si bien la producción de carbón en la región es insignificante en el concierto global y tampoco es muy importante en el consumo local, no deja de ser más que importante para Colombia y los países consumidores.
 


 
Estamos viendo que la caída en la producción es más veloz que la del consumo, esto para Colombia significará un fin de ciclo de país que exporta a ultramar. Las causas ambientales explican en parte la caída en el consumo global en relación a otras fuentes de energía.


ENERGÍAS NO FÓSILES

Las denominadas "renovables" siguen en crecimiento con dos cambios históricos: la energía eólica ha superado al mix biomasa - geotermia y las solares han superado a las nucleares.
 
 
Sin embargo la energía hidráulica sigue siendo la más importante en la región, Brasil es el segundo país después de China con mayor capacidad instalada en 256 represas (30 de más de 1GW). En los últimos diez años los conflictos relacionados con los megaproyectos hidráulicos han crecido y si bien sigue siendo la energía más económica una vez instalada, los costos ambientales y sociales están cada vez más documentados. Desde el asesinato de Beta Cáceres en Honduras en 2016 y con cada vez menos ríos para embalsar, este tipo de energía puede haber llegado a su techo.

Y si es por conflictos, las otras energías no se quedan atrás pero en la fase previa. Nos referimos a la minería de sus materiales estratégicos: el triángulo del litio que produce el 30% del total mundial tiene conflictos abiertos especialmente en Chile, el segundo productor mundial, como también en Argentina, Bolivia y Perú; la lucha contra proyectos para extraer níquel están abiertos en Brasil, Venezuela, Colombia y Guatemala; y para el más importante de todos, el cobre, no sólo en los dos grandes productores, Chile y Perú sino también en Ecuador, Argentina y Panamá hay grandes resistencias. Casi la totalidad de proyectos megamineros se están desarrollando con oposición de amplios sectores de las poblaciones de sus territorios, la región es líder no sólo en producción de cobre y plata sino también en conflictos sociales relacionados con la actividad. La ruptura del dique de contención del agua de la mina de Brumadinho en 2019 con 272 muertos muy poco tiempo después de la catástrofe ambiental de Bento Rodrigues que contaminó 800 km de cauce de ríos en 2015 motivan u obligan a dar batalla contra estos megaproyectos. Estos movimientos son tan fuertes que explican la llegada a la vicepresidencia de Colombia de una activista ambiental contra la minería aurífera.

Paralelamente, la instalación de megaproyectos eólicos y solares por parte de empresas extranjeras está comenzando a ser debatida en los términos de pérdida de soberanía del estado que a grandes rasgos supo ser el gran actor en la puesta en marcha y control de las energías tradicionales.

CONSUMO TOTAL Y EMISIONES

En general se da una relación entre el consumo de energía y el PBI de una región, donde a un incremento en el consumo de energía suele sucederle un incremento en el PBI.
 
 
La región, a pesar de aumentar sus ingresos por créditos internacionales, no ha podido mejorar la calidad de vida de sus habitantes. La pobreza que había caído bruscamente (de un 42,3 % en 2002) [3], según un reciente informe de la CEPAL [4] estaría aumentando de 29,8% en 2018 a 33,7% en 2022 y la pobreza extrema se incrementaría de 10,4% en 2018 a 14,9% este año. La transferencia de ese PBI que se mantiene estanco está cambiando de destino.

El efecto del declive en el consumo (y especialmente en los combustibles fósiles) también se puede ver positivamente en la caída de las emisiones de CO2 y metano derivadas del sistema energético.
 
 
La región contribuye un 5,4% si sumamos las emisiones de CO2 y las de metano (medidas en Toneladas equivalentes de CO2), teniendo un 8,3% de la población mundial se puede. Sin embargo es nuestra región una de las más afectadas por la crisis climática y una de las que tiene las mayores tasas de pérdida de biodiversidad. El encuentro entre la conciencia de la tendencia climática catastrófica y el declive energético delinean la crisis civilizatoria que implica el fin del modelo de acumulación capitalista (basado en el crecimiento económico constante) y el fin del desarrollo industrial basado en el consumo de energía siempre creciente.

Esperamos contribuir a trazar ese mapa.


Referencias:

[1] BP (2022). BP Statistical Review of World Energy. En: https://www.bp.com/en/global/corporate/energy-economics/statistical-review-of-world-energy.html

[2] CEPAL Stats: https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/index.html?lang=es

[3] Banco Mundial (2020). La crisis de la desigualdad. América Latina y el Caribe en la encrucijada. En: https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/La-crisis-de-la-desigualdad-America-Latina-y-el-Caribe-en-la-encrucijada.pdf

[4] CEPAL (2022). Menor crecimiento, mayor inflación y aumento de la pobreza en América Latina y el Caribe: ¿Cómo enfrentar los efectos de la guerra en Ucrania? En: https://www.cepal.org/es/notas/menor-crecimiento-mayor-inflacion-aumento-la-pobreza-america-latina-caribe-como-enfrentar

viernes, 16 de julio de 2021

Energía en Latinoamérica: Bajando un escalón

Queridos lectores:

Como cada año,  Demián Morassi nos ofrece su análisis de cómo evoluciona la producción y demanda de energía en Latinoamérica. Pasado ya el pico, uno puede comprender algunos cambios que se están dando en la región simplemente viendo la evolución del sistema energético. Importante y preocupante.

Les dejo con Demián.

 

Salu2.

AMT 

 

 

Energía en Latinoamérica: bajando un escalón



Como cada año desde que comenzamos con estos reportes hay algún detalle que nos interesa llamar la atención. El año del inicio de la pandemia evidentemente fue un corte en el consumo energético global, en Latinoamérica y Caribe podríamos verlo como un paso definitivo hacia un escalón más bajo, tanto en el consumo como en la producción. Recordemos que la producción de energía está a la baja desde hace seis años, al pasar el pico del gas y el carbón, ambos en 2014. El aporte de las nuevas "renovables" (eólica, solar y geotermia) está en expansión pero no alcanza a compensar la menor producción de las fuentes fósiles y ni siquiera la caída de la producción de la principal renovable que es la energía hidroeléctrica.

La información con la que acá trabajamos está desglosada del BP Statistical Review of World Energy (1) que tiene la particularidad de separar Norteamérica por un lado y el resto por otro, por lo tanto hay que ir sumando los datos de México para incluirlos en cada gráfico. México justamente es quien en el último lustro está definiendo que la región venga en declive productivo. Brasil venía siendo el motor que compensaba la caída productiva del resto de países importantes (Argentina, Venezuela y Colombia) pero a nivel de consumo no ha visto casi cambios desde 2013, esto indica que ni la industria ni la población se han visto beneficiadas con ese mayor aumento en la producción.

En 2020 no ha habido caídas espectaculares como en otras regiones pero lo que se nota claramente es el bajón de los pocos recursos que se exportan, el más notorio es el carbón, tanto el colombiano que es el principal productor como el mexicano que cayó por debajo de la mitad del 2019 y, siguiendo con su colapso, la producción venezolana de petróleo ya pasó a ser la quinta a nivel regional (luego de Brasil, México, Colombia y Argentina) y mientras el bloqueo continúe no se percibe un cambio en las posibilidades de algún resurgimiento.

Por supuesto que estos datos que generan gran incertidumbre para el sistema socioeconómico que habitamos es siempre buena noticia para el ambiente. Las emisiones de CO2 han caído a un nivel inesperado sólo un año antes pero no muy diferente a la caída que tuvo durante el año posterior a la crisis del 2008.

Vamos con los gráficos que es la única manera de captar el panorama histórico con sus particularidades.

Petróleo sin turismo y sin compradores

La producción de petróleo viene en caída exacerbada por las dificultades políticas de Venezuela más aún que por las dificultades geológicas, sin embargo es bueno recordar dos cosas del caso venezolano, el pico de producción fue uno de los primeros de la OPEP, en 1998, su caída de veintitrés años sólo tenía algo de optimismo con la posibilidad de sacar petróleo ultrapesado de la reserva más importante del mundo que está en la cuenca del Orinoco. Pero las dificultades de extraer este petróleo mezclado con arena necesita demasiadas condiciones favorables que son todo lo contrario al contexto político que se fue dando luego de la muerte de Chávez, al mismo tiempo que el valor no se recompone a niveles que permiten desarrollar esta costosa industria de los bituminosos. La cuestión del bloqueo es central, de hecho los datos oficiales muy probablemente sean inexactos, algunas empresas han sido denunciadas por vender petróleo venezolano etiquetado como malayo, los niveles fueron bajos en 2020 pero para mayo de 2021 se calculaba en 324 mil barriles diarios.

En México, el cierre definitivo de Cantarell no encontró sucesor de peso, sigue habiendo expectativas tanto en el Golfo con mediante el fracking pero la realidad es que mientras se desarrollan esos costos emprendimientos la caída de los pozos principales sigue a un ritmo invariable, cada cinco años desde 2005 viene perdiendo medio millón de barriles diarios (de 3,8 mb/d en 2004 pasó a 1,9 mb/d en 2020).

Con este panorama alentador desde el punto de vista de la descarbonización global, es importante entender que el petróleo sigue siendo la fuente energética más importante del mix del continente, con más del 45%... La caída en la producción de petróleo arrastra hacia abajo a todo el sistema productivo de la región, con sus implicancias económicas que repercuten en la población. 

El frenazo en el turismo o en los traslados laborales puede ser una muestra de lo que se espera en esta (ya no tan) nueva normalidad de declive energético permanente.

En la gráfica pueden advertir como los niveles de consumo de países como México o Venezuela fueron más bajos que en cualquier momento de los últimos veinticinco años.

El gas se está gastando

Cuando hablamos de gas hay dos pequeñas economías que se ponen a la altura de los grandes: Bolivia y Trinidad y Tobago. 

Bolivia pasó de ser el país con más crecimiento económico sostenido a toparse con un golpe de estado justo antes del frenazo de la pandemia. Una población que venía ganando en confort gracias a que gran parte de la producción energética se había reconducido hacia sus habitantes, se encuentra rápidamente con un gobierno ilegítimo y con objetivos opuestos a los intereses mayoritarios. El experimento no duró mucho y cayó por su propio peso, pero lo que nos interesa es rastrear las causas materiales de la debacle de Evo Morales en el referéndum (que fue la excusa final para el golpe). Aquí podemos observar que la producción gasífera boliviana ya había tocado techo en 2014 con una caída ya evidente desde 2018. El combo de menor producción y precios bajos de su recurso estrella hacía imposible mantener la estrategia de desarrollo de la primer década de gobierno. Las dificultades para el nuevo gobierno democrático seguirán más allá del apoyo popular.

Trinidad y Tobago, por su parte, llegó a su pico en 2010 y mantuvo una producción declinante y muy atada a los vaivenes del precio de exportación del gas. La pandemia dejó al descubierto lo vulnerable de la economía del archipiélago. En 2020 su producción cayó un cuarto de lo que se producía diez años antes (de 40 a 30 millones de m3) cuando en 2019 se producían cerca de 35 millones de m3.

Sin embargo el amperaje de la región lo siguen moviendo los grandes, Venezuela y México registraron las caídas más notorias mientras que Argentina trata de mantenerse estable con Vaca Muerta pero su logros siguen siendo ínfimo a escala regional y su producción nunca volvió a los niveles que tuvo entre 2004 y 2008.

La caída en el consumo que llama más la atención, como en casi todas las gráficas sigue siendo la venezolana. Su producción gasífera estaba destinada casi de lleno a las necesidades de la industria del petróleo y, al caer la producción del líquido negro, el consumo de gas cae con él de la mano. Las caídas en el consumo fueron parejas en el resto de países pero es especialmente notoria en Brasil que es dependiente de Bolivia para cubrir un tercio de la demanda interna.

 

¿Cerrando la era del carbón? 

Latinoamérica se caracteriza por su escasa producción y consumo de esta fuente que supo disputarle hasta hace no demasiado la primacía al petróleo como fuente principal de energía a nivel global. 

En la producción se destaca el frenazo dado en México y Colombia. En México descendió más del 50%, sin embargo el gobierno de López Obrador busca reactivar esta industria languideciente que viene en caída desde 2011. En Colombia, que es el principal productor, la situación es distinta, la caída se retrotrae a niveles de hace dos décadas pero puede volver a reactivarse. Colombia produce el carbón más preciado a nivel global por ser de los más "limpios", sin embargo la demanda de carbón de los mayores importadores cayó estrepitosamente en 2020 (21% en Norteamérica, 16% en Europa y 6% en la India) y también los precios hacen poco atractivo salir a vender un mineral que puede quedarse esperando bajo tierra.

 

La demanda interna de carbón sigue pareja en la región, declinando levemente a medida que se buscan alternativas "renovables", sin embargo en 2020 la demanda interna de México mostró los efectos del frenazo industrial interno y de su vecino del norte. En menor medida se sintió en Brasil, Chile o el Caribe que son los grandes consumidores del mineral negro.


Renovando la visión de las renovables

Así como México mostró una caída en la producción y consumo de carbón, fue el país con el mayor aumento en la generación y consumo proveniente de la renovable más importante, la energía hidroeléctrica (un 13,4%), algo similar se vio en los países de Centroamérica y el Caribe, mientras que en Sudamérica cayó un 6%, pero como Brasil por sí sólo consume 2/3 de toda la energía hidroeléctrica de la región, podemos entender el descenso en el gráfico que arrastra al combo de renovables hacia abajo. Las demás fuentes siguen experimentando un crecimiento mientras que para la energía nuclear sigue habiendo proyectos pero con alto rechazo de las poblaciones sobre todo cuando se anuncia el lugar dónde se ubicarían. En Energía solar se destaca el aumento de generación en Argentina y México con un 60% más que el año anterior, sacándole ahora México gran diferencia a Brasil como líder en la producción de energía fotovoltaica, aunque en relación a su consumo, Chile es el que sigue estando al frente. En generación eólica también es Argentina el país que más creció en 2020 con un 89% de aumento aunque su producción es escasa en relación a Brasil o Uruguay.

Sin embargo vemos que casi toda la demanda de electricidad se sigue saciando con termoeléctricas a gas en México y Argentina e hidroeléctricas en la mayoría del resto de países. Las nuevas fuentes dependientes de desarrollos tecnológicos más complejos están abriendo una abanico de debates, por un lado permiten la descentralización de la generación eléctrica pero, por otro lado, traen mayor dependencia de empresas extranjeras que la generación de hidroeléctricas o los recursos fósiles de los cuales se tienen mayor control estatal.


Energía como base de la economía y de la situación política

La caída en la producción energética en nuestra región trajo consigo problemas económicos para casi todos los países. La región ya no es una exportadora neta de energía sino que gracias a experimentar un gran crecimiento a lo largo del siglo los niveles de consumo se dispararon y esa línea amarilla del gráfico supero a una producción que aún previo a la pandemia se encontraba niveles altos en términos históricos. Ahora, esa caída en la producción lleva inevitablemente una imposibilidad de disponer de energía propia para todo el sistema, lo que vuelve más frágil a cada uno de sus sistemas políticos que aún son parte de un modelo económico que sólo se sostiene con el crecimiento perpetuo. Los gobiernos ya no pueden endeudarse y dar por sentado que el siguiente ciclo les será suficientemente favorable para desarrollar sus industrias y pagar las deudas. El resultado, por ahora es que las poblaciones buscan salidas por el voto favoreciendo a los partidos opositores o bien estallan en grandes movilizaciones.


Estos dos últimos gráficos sirven para entender cómo viene cada país (o subregión) en lo que es el espejo de sus capacidades productivas. Sin embargo el efecto pandemia cuyo fin es incierto no sólo no se puede tratar como un paréntesis sino que más bien debe mirarse como una renovación en el pensamiento político y económico, desglobalizarse, repensar los traslados personales de larga distancia, renovar el uso de internet para las necesidades laborales urbanas y repensar el rol primordial de la salud pública y la producción de alimentos. 

Un interesante trabajo reciente puede dar cuenta de nuevos debates en torno a la "pobreza energética", el segundo número de la revista Energía y equidad, titulada "Energía ¿para quiénes?" nos muestra un panorama en el cual aparecen los hogares de bajos recursos que dependen de carbón vegetal y deshechos (más del 40% de hogares en Honduras, Nicaragua, Haití y Guatemala) o leña húmeda muy contaminante (el caso del sur de Chile), cortes eléctricos como problema habitual en muchas ciudades del Caribe mientras que en Centroamérica países como Guatemala o Nicaragua aún tienen un 15% de la población sin acceso a electricidad y algo parecido puede verse en los asentamientos rurales de Perú o Bolivia. 


Por último destacamos cada año el declive en las emisiones del principal gas de efecto invernadero, si bien la gráfica no tiene en cuenta los incendios forestales y otros emisiones relacionadas con la agricultura, es importante ser conscientes de cómo van de la mano el consumo energético fósil con el dióxido de carbono emitido por el sistema. La pandemia permitió a los sectores más pudientes a tener un panorama de cómo es vivir una vida energéticamente más austera pero también la caída inevitable de emisiones puede hacer que nuestros gobiernos se desentiendan de proyectos estratégicos que vayan en ese sentido y sigan buscando producir todo el carbón, gas y petróleo que tengan a mano ya que sus números son suficientes para hacer buena letra ante los pactos climáticos.


Referencias

1. Statistical Review of World Energy 2021: https://www.bp.com/en/global/corporate/energy-economics/statistical-review-of-world-energy.html

2. Revista Energía y Equidad N°2: Energía ¿para quiénes?  (2021) VV.AA. http://www.energiayequidad.com/PDF/1.Revistas/E_y_E_2021-N2_Energias_para_quienes.pdf