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miércoles, 17 de septiembre de 2025

Si no ponemos mucho dinero, no habrá petróleo ni gas natural.


 

Queridos lectores:

En el post anterior comentábamos que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) no había anunciado aún la fecha de salida de su informe anual para 2025, el World Energy Outlook (WEO). Esto es bastante inusual: por lo general, la fecha concreta (que generalmente se sitúa a mediados de octubre) se suele anunciar hacia el mes de julio. Javier Blas comentaba en Bloomberg que la razón se halla en que se han visto obligado a recuperar el Escenario de Políticas Actuales (CPS por sus siglas en inglés, el cual vendría a corresponder con lo que generalmente denominamos Business as Usual o BAU) por presión de los EE.UU. La decisión de recuperar este escenario no es menor: en el CPS, no hay cortapisas ni compromisos para disminuir el consumo de combustibles fósiles, la única limitación siendo por tanto la económica. De ese modo, los escenarios CPS siempre han sido escenarios de incesantemente creciente consumo de combustibles fósiles... o así habían sido hasta 2010, en la que por primera vez se reconoció que había problemas para hacer crecer la producción de petróleo. Desde entonces, la AIE ha ido capeando como ha podido el hecho de querer reconciliar escenarios de crecimiento económico que le vienen dados por la OCDE con la realidad física de las limitaciones en la extracción de petróleo primero, y progresivamente gas y carbón. Por eso, en 2020 decidieron desterrar el CPS y pasamos a los escenarios de Políticas Comprometidas, de Políticas Anunciadas, de Desarrollo Sostenible y finalmente de Cero Neto en 2050, cada uno de ellos siendo más estricto que el anterior en cuanto al descenso del consumo de combustibles fósiles. En 2018 estuvieron a punto de reconocer que el Peak Oil era inminente, lo cual no es una coincidencia con el hecho de que noviembre de 2018 marcó el máximo de producción de combustibles líquidos.

Imagen de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/may-world-and-non-opec-oil-production-flat/ 


Pero aceptar que un planeta que no es un plano infinito sino una esfera de 6366 kilómetros de radio (y por tanto enorme pero finita) es algo incompatible con la doctrina económica liberal. Así pues, a partir de 2020 el mantra de la AIE ha sido que no se estaba produciendo un pico de producción de petróleo, sino que era un pico de demanda. Es decir, no es que no se pueda extraer más, sino que en realidad no queremos más. De esa manera, se podía mantener la ilusión de que la demanda de energía podía seguir creciendo, simplemente siendo sustituida por cantidades masivas de energía renovable, dentro del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI).

Han pasado algunos años más. El REI está fracasando estrepitosamente, por las mismas razones que señalábamos hace años y por más que los advenedizos de turno sigan intentando colocar su producto averiado. Alemania, Francia y Reino Unido están sufriendo una fuerte desindustrialización y sus economías renquean, y con ellas las de toda Europa. Alemania anuncia que rebajará sus ambiciones con la eliminación de los coches con motor de combustión interna. Y en EE.UU., Donald Trump está liquidando (con su estilo drástico y grosero) uno a uno todos los proyectos de transición renovable, pues también los EE.UU. tienen sus urgencias económicas. Básicamente, los países que lideraban la necesaria transición fuera de los combustibles fósiles han decidido que la economía va primero y es lo más importante, y por tanto quieren volver a los viejos, fiables y económicamente competitivos combustibles fósiles. Porque, a fin de cuentas y como la AIE no se ha cansado de repetir, el descenso de su producción era un pico de demanda, es decir, obedecía a una decisión. Consumíamos menos porque habíamos decidido consumir menos. Pues bien, se dicen nuestros líderes, ahora hemos cambiado de opinión y queremos consumir más.

Hay un problema, obviamente. Y es que no se había producido un pico de demanda. Lo que había pasado es que se había producido un pico de producción. Simplemente, los recursos que restan son cada vez más caros de extraer, tanto energética como económicamente. Simplemente por eso, no se puede evitar que su producción (es decir, la cantidad que se extrae cada año) entre en un proceso de descenso, de modo que año a año se extraerá cada vez menos petróleo ahora, y en unos pocos años les pasará lo mismo al gas y al carbón. De nuevo, la aberrante teoría económica hoy en día dominante piensa que todo es cuestión de inversión y de precio. Pero no es verdad. Si el rendimiento energético de los recursos extraídos no es lo suficientemente elevado, el precio de extracción es demasiado caro para que la sociedad se lo pueda permitir. Las empresas empiezan a cerrar y se entra en la peligrosa espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta que tantas veces hemos comentado. De hecho, el umbral máximo que puede soportar la economía no es tan elevado como se piensan tantos analistas: hace unos años se situaba en torno a los 120 dólares por barril de petróleo, pero en el deteriorado panorama económico actual es dudoso que se puedan soportar siquiera 100 dólares por barril. Y ni siquiera hace falta que el precio del petróleo se mantenga sistemáticamente elevado: basta con que lo haga un par de semanas para desencadenar la espiral de destrucción de demanda primero y de oferta después, y así nos mantenemos con precios relativamente bajos hasta el siguiente pico de precios. Llevamos viviendo eso desde 2008 y así seguiremos, y lo único esperable es que los ciclos (y su destrucción) se aceleren a medida que la producción de petróleo descienda.

En estas circunstancias, la AIE tiene una dificilísima papeleta. ¿Cómo explicará ahora que eso del pico de la demanda era mentira? ¿Cómo explicará que, en realidad, va a faltar petróleo primero, y luego gas y más tarde carbón? ¿Que no va a ser posible mantener el crecimiento económico? ¿Cómo conseguirá que los países occidentales acepten que, de una manera u otra, esto va a cambiar forzosamente, que el juego se ha acabado?

Y es en este contexto que la AIE acaba de publicar un informe especial que nadie se esperaba. Un informe con revelador título: "Las implicaciones de los ritmos de descenso de los campos de petróleo y gas". Un informe con el que la AIE espera allanar el terreno para las amargas píldoras que habrá que tragar los próximos años. Dada la importancia de este informe, he decidido escribir este post, analizando su contenido.

Comencemos por lo más básico: la palabra "pico" ("peak") y sus derivados aparece la friolera de 92 veces, y eso en solo 73 páginas de informe; y en todos casos, se refiere a pico de producción, nunca al pico de demanda (parece que estamos recuperando el tiempo perdido en los últimos años). Un vistazo rápido al informe muestra que estamos delante de un documento fundamentalmente técnico, con mucho análisis numérico (hasta mencionan cuestiones técnicas del lenguaje de programación usado en el análisis) y muy poca interpretación política.

El resumen ejecutivo marca las líneas maestras de lo que es este documento. Algunos mensajes clave:
 

  • Literalmente la primera frase del resumen ejecutivo: "El debate sobre el futuro del petróleo y del gas tiende a centrarse en las perspectivas de demanda, con mucha menos consideración concedida a cómo podría desarrollarse el cuadro del suministro". Y a continuación nos dicen que esa asimetría es un error y que en realidad la AIE lleva calculando los ritmos de caída de producción de petróleo y gas desde hace años. Como si no hubieran sido ellos mismos los que hubieran causado esta asimetría...
  •  "Aproximadamente el 90% de la inversión en upstream de petróleo y gas desde 2019 se ha dedicado a compensar las caídas de producción más que en alimentar el crecimiento de la demanda".
  •  En 2000 el petróleo convencional representaba el 97% de la producción, pero en 2024 su contribución se ha reducido al 77% (en el gas, al 70%). La mayoría de lo no convencional (por lo menos, lo que más ha crecido) es petróleo y gas de fracking (algo que como sabemos tiene los pies de barro).
  •  El ritmo de caída de producción de los campos de petróleo convencional es del 5,6% anual, mientras que para el gas convencional es del 6,8% (los ritmos de caída de los no convencionales llegan al 35% el primer año y un 15% anual los años siguientes, aunque en éstos la clave es la rápida sustitución de pozos). Esos son los ritmos de caída (denominados "descensos observados") si asumimos que destinamos el 90% de la inversión en upstream a compensar su caída: si se cortara esa fuerte aportación económica, el ritmo de toda la producción (no solo la convencional) caería al 8% anual para el petróleo, y del 9% en el caso del gas: éstos son los denominados "descensos naturales". Cabe decir que con esos ritmos de caída, la producción sería prácticamente testimonial en solo 10 años...
  •  Los ritmos de descenso natural se están acelerando. Y si nos atuviéramos solamente a los descensos naturales (es decir, se cortara en seco la inversión), la producción quedaría rápidamente concentrada en Oriente Medio y Rusia. Así de claro.
  •  Mantener la producción de petróleo y gas en los niveles actuales implicaría encontrar cada año nuevas reservas por 10.000 millones de barriles de petróleo y 1 billón de metros cúbicos de gas natural. Esto es más del doble de lo que se está encontrando ahora mismo.


Analicemos ahora los capítulos del informe. No entraré en todos los detalles, solo los más relevantes para los temas que quiero discutir.

Capítulo 1: Producción e inversión en petróleo y gas natural.

La primera figura habla por sí sola:



A pesar de las repetidas veces que encontramos informes que dicen que hemos sobrepasado los 100 millones de barriles diarios (Mb/d) de producción de todos los líquidos del petróleo, la AIE es clara: no, aún no hemos pasado ese umbral. Y eso teniendo en cuenta que esa categoría, "todos los líquidos del petróleo", es engañosa porque contiene un epígrafe, "líquidos del gas natural", que se utiliza mayoritariamente en la producción de plásticos y no en la de combustibles líquidos. De hecho, es claramente la categoría que más crece (en realidad, todo lo convencional declina) y sin los líquidos del gas natural la producción de líquidos mostraría una caída, a pesar del petróleo de fracking (la única otra categoría que crece de manera apreciable).

Cuando se separa por regiones, se ve claramente que lo único que evita que se desplome la producción es los EE.UU. La OPEP y Rusia aguantan más o menos el tipo, con una ligera caída, y el resto excepto EE.UU. están en franca caída. Cosa que ya sabíamos.




En el caso del gas natural, la situación es bastante peor en realidad, dada la absoluta dependencia en los efímeros pozos de gas de fracking. De hecho, sin su aportación la producción estaría prácticamente estancada desde 2010 y en declive desde 2020 (lo cual me recuerda un viejo post que escribí hace 15 años).

Un poco más tarde se analiza el ritmo de descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo y gas. Aquí la AIE utiliza uno de sus viejos trucos sucios, y en vez de presentar los hallazgos separadamente para el petróleo y el gas, los presenta conjuntamente, convirtiendo el gas en "barriles de petróleo equivalente". Tengan presente que, cuando se presentan de esta manera, el gas representa alrededor del 60% de los descubrimientos, y el petróleo el 40% restante. Creo que la gráfica es muy elocuente sobre la situación actual. En el período 2020-2024, los descubrimientos de petróleo deben estar por los 3000 millones de barriles anuales (cuando antes ya han dicho que deberían rondar los 10.000 simplemente para mantener la producción).


También muestra la AIE una gráfica sobre la evolución de la inversión en upstream (búsqueda, puesta en funcionamiento y mantenimiento de nuevos pozos) de petróleo y gas. De nuevo hay un par de trucos sucios: el consabido de mezclar gas y petróleo, y el de comenzar la gráfica en el año 2015, cuando 2014 es el año del máximo de inversión y de 2014 a 2015 se produjo una caída del 26%; aún así, se ve que la inversión actual está bien por debajo de la de 2015, pero obviamente se pretende transmitir una cierta (falsa) idea de estabilidad. 


Combinando esta gráfica con la anterior queda claro que la inversión está siendo cada vez más insuficiente, y que, al ser de peor calidad los yacimientos que quedan, cada vez se consiguen menos barriles nuevos con la misma inversión - lo cual es lógico, porque los yacimientos que quedan son cada vez peores y de acceso más complicado. Y se evidencia que la situación está peor en el caso del petróleo, pues si bien el 40% de los barriles encontrados son de petróleo, en cuanto al gasto en upstream el petróleo representa el 76% del total.

 

Es interesante ver también el gasto por región: en la actualidad, América del Norte (EE.UU., Canadá y México) es donde más se invierte, un 34% del total, bastante por encima del peso de su producción.

Capítulo 2: Ritmos de descenso observados y naturales de los yacimientos de petróleo y gas natural.

 
De nuevo, la primera figura habla por sí sola. "Post-peak" quiere decir yacimientos que ya han pasado su pico de producción y están disminuyendo; "ramp-up" son yacimientos que entraron en funcionamiento después de 2015 y aún no han llegado a su pico, y "legacy" son yacimientos anteriores al 2015 que aún no han llegado a su pico.
 

 

La inmensa mayoría de la producción proviene de  yacimientos de petróleo y de gas que han pasado ya su pico de producción (80% y 90%, respectivamente). Ésta es la situación que tenemos que manejar.

Y de eso va este capítulo, de dar muchas métricas del desastre. Se definen convencionalmente tres fases del declive: la fase 1 (del pico hasta el 85% de la producción), la fase 2 (del 85% al 50% de la producción) y la fase 3 (del 50% hasta el final de la explotación). Con esta definición, tabulan las tasas promedio de declive anual observado según diversas tipologías de yacimiento.

 

Como pueden ver, la tasas de declive observado aceleran a medida que avanzamos a fases más avanzadas del declive productivo. Por eso, cuando se dice que la tasa de declive observado promedio es del 5,6%, está claro que aún predominan los pozos en la fase 1; pero a medida que vayan envejeciendo, cada vez más pozos pasarán a las fases 2 o 3 y la tasa promedio de declive anual se disparará.

Los números promedio son semejantes para el gas natural (fase 1: 4,5%; fase 2: 11,5%; fase 9,7%), aunque su tasa promedio es algo mayor (6,8% anual), lo cual indica que tiene más pozos en fase 2, y también que la aceleración de su declive está más avanzada que en el caso del petróleo.

Hay muchos más análisis interesantes en este capítulo, pero no me detendré ahora en ellos.

Capítulo 3: Implicaciones de las tasas de declive en la producción, inversión y seguridad energética.

Como en cada capítulo, la primera figura habla por sí sola. Así evolucionaría la producción de petróleo y gas si se detuviera la inversión en upstream, es decir, si se la dejara caer a sus tasas de declive naturales:

 

Como pueden ver, a la vuelta de 25 años la producción de petróleo y gas natural sería prácticamente marginal. Lo cual es obviamente malo; pero además, como nos explican, debido a que cada vez se explotan más yacimientos de petróleo y gas no convencional, que duran poco y cuya producción decae más deprisa, los ritmos de caída natural están empeorando con el tiempo. Básicamente, que cada vez cuesta más simplemente mantener una producción constante.

 

 

Han analizado también cómo evolucionaría la situación si se invirtiera de la mejor manera posible en los campos existentes y en todos los que ya están aprobados pero no explotados. La cosa mejora, pero no crean que es para tirar cohetes. La conclusión es clara: no basta con mantener lo que hay, no basta con explotar lo que ya se conoce. Hay que encontrar nuevos yacimientos, y a mansalva (y cada vez más rápido).

 

Después, analizan en qué nivel se tiene que mantener la inversión en upstream para que la producción no caiga. La conclusión es que si nos mantenemos en los 500.000 millones de dólares al año actuales, hasta 2050 la producción de petróleo y gas natural subiría un poco. Es interesante la gráfica que dan sobre cuál sería el nivel de producción según diferentes escenarios de inversión, entre 0 y 500.000 millones de dólares anuales. También es importante hacer notar que esa gráfica asume que el ritmo de declive es constante (lo que no es cierto).

  

Y al final ésta parece ser la conclusión que quieren transmitir con este informe: que se puede conseguir una cierta estabilidad durante los próximos 25 años, con tal de mantener un nivel de inversión de alrededor medio billón de dólares anuales. 

Es una lástima que el informe acabe así, con esa conclusión.  Por supuesto, falta en este análisis una mejor comprensión de la geología de los yacimientos, puesto que en el fondo se asume que los yacimientos van a aparecer simplemente si se pone más dinero. En realidad, como muestra su gráfica de descubrimientos, a pesar de mantenerse el nivel de inversión cada vez se encuentra menos petróleo y gas. Simplemente, porque cada vez queda menos, accesible y fácil de explotar.

La AIE, con este informe, se ha cubierto las espaldas, como es su costumbre. Ellos ya han avisado del problema del declive productivo, y han dado la receta para evitarlo: hay que invertir más dinero, y por lo menos medio billón de dólares. Por lo menos, porque como ellos mismos advierten, los declives van a empeorar en los próximos años.

Vamos a ver cómo se presenta el WEO de este año, al final. Pero seguramente vamos a encontrar algunas sorpresas. Por lo pronto, vayan preparando la cartera, porque al final pagaremos por ese petróleo, tanto si se pone la inversión en upstream como si no se pone.

Salu2.
AMT

 

miércoles, 25 de mayo de 2016

El pico de la energía: edición de 2016



Queridos lectores,

Hace unos días un lector del Facebook me preguntaba en qué habían quedado las previsiones que hacíamos en este blog cuando hablábamos el pico del gas hace cosa de 6 años. En otra ocasión, un lector me preguntaba sobre la evolución de la energía nuclear y si se había cumplido la previsión del pico del uranio o no. Y por supuesto hay quien pregunta cuál es la situación sobre el pico del petróleo (o peak oil), a pesar de ser el tema más discutido del blog; en el caso concreto del peak oil hay quien incluso pone en cuestión que tal pico pueda haberse producido en 2015 (fecha que yo vengo dando como más probable desde 2011 al menos) teniendo en cuenta la situación actual con el precio del petróleo (aunque eso ya se discutió en el post anterior). En todo caso, me parece que resulta interesante tener un post resumiendo cuál es el estado actual de la producción de energía de todas (o casi todas) las fuentes que utiliza la Humanidad, justamente para poder referir a él cada vez que haya una pregunta al respecto. Éste es el objetivo del presente artículo

La primera cuestión que conviene dejar clara es que estamos hablando de procesos que tienen escalas relativamente rápidas para tratarse de procesos históricos, pero que igualmente no dejan de ser escalas de tiempo de unos cuantos años. Hacer estudios de la producción de petróleo o de otra materia mes a mes puede ser interesante para discutir el efecto de tal o cual medida, pero informa poco sobre el metabolismo de la economía global, que siempre requiere escalas un poco más largas de tiempo para adaptarse a los cambios. Los estudios mes a mes, por ejemplo, incluyen infinidad de factores estacionales que influyen en la producción y consumo del momento, y por tanto los valores de producción fluctúan considerablemente y no nos dejan ver la tendencia general a largo plazo, que evoluciona más lentamente. Por eso, en los análisis que ahora mostraré el paso de tiempo que usaré en la definición de la serie temporal de los datos del suministro energético del planeta será anual. Para disminuir el efecto del ruido estadístico y poder medir los cambios en esta serie hay que tomar períodos un poco más largos de tiempo; así, para poder ver qué está pasando y el sentido de los cambios, yo utilizaré ventanas temporales de un lustro (5 años).

La segunda cuestión es la fuente de datos a usar. Hay pequeñas discrepancias metodológicas entre unas y otras fuentes de datos, discrepancias que tienden a reducirse cuando se trata de datos revisados. Dado que queremos ver los signos de un proceso que es relativamente lento, no tiene demasiado sentido que nos afanemos a mirar los datos del último momento, todavía provisionales y en fase de revisión; y nos vale con datos de hace un año o dos, que ya han sido exhaustivamente revisados y corregidos. Por otro lado, resulta conveniente usar una fuente de datos fácilmente accesible a los lectores interesados que quieran hacer sus propias comprobaciones. Por todos esos motivos he decidido usar la compilación de datos de los anuarios de BP que están registrados en la página Flujos de energía. El último anuario estadístico de BP publicado, el 2015 BP Statistical Annual Review, compila datos del 2014 y por tanto mis series se detienen en ese año. Eso hace que no se registren los importantes eventos que comenzaron justamente a finales de 2014, pero por eso mismo son muy interesantes ya que la caída del precio de las materias primas no se materializó hasta finales de 2014, pero como ahora veremos los problemas de producción empiezan antes, incluso con precios elevados. Quede claro que los datos del anuario estadístico de BP tienen, por supuesto, ciertas limitaciones y una de ellas es que no se contabilizan los biocombustibles (cosa que, cuando uno la analiza, tiene más sentido de lo que parecería).

Comencemos, pues, con nuestro análisis. Todas las gráficas de producción y consumo están medidas en millones de toneladas equivalentes a petróleo (mtoe).

Petróleo:

La evolución de la producción de petróleo durante las últimas décadas se resume en la siguiente gráfica:


Producción mundial de todos los líquidos del petróleo


Se observa una gran tendencia creciente hasta los años 70, que fueron bastante convulsos con el shock de precios de 1973 primero y después la guerra entre Irak e Irán (la cual origina una importante caída del consumo a principios de los 80). Después, se retoma la senda del crecimiento, más moderada, hasta principios del siglo XXI, y después hay una etapa de poco crecimiento sólo rota en los últimos años gracias al gran impulso del LTO del fracking en EE.UU. De hecho, sin el impuso de los EE.UU. la producción de petróleo del mundo se hubiera quedado estancada.

Producción mundial (excluyendo EE.UU.) de todos los líquidos del petróleo


Que había un problema en ciernes con el petróleo podía haberse deducido simplemente viendo cómo había sido el incremento porcentual anual de la producción de petróleo (calculado año a año pero sobre ventanas de 5 años; por eso el último punto corresponde a 2009):


Variación porcentual anual de la producción mundial de todos los líquidos del petróleo

Los ritmos porcentuales de aumento de petróleo no sólo son los más bajos de entre todas las materias primas energéticas, sino que además han tendido a ser virtualmente cero en diversas ocasiones en los últimos 20 años, y sólo ha roto esta tendencia en los últimos años gracias al fracking. Desgraciadamente, el fracking y demás petróleos no convencionales habían llevado ya en 2014 a un exceso de endeudamiento de las empresas productoras que, combinado con la espiral de destrucción de demanda - destrucción de oferta está llevando a que en este momento estemos experimentando una caída de la producción mucho más abrupta de lo que debería de ser. Esta semana conocimos que los descubrimientos de nuevos yacimientos han caído a su mínimo en 50 años, y se estima que para 2017 habrá un descenso de producción de alrededor de 3 millones de barriles diarios (Mb/d) sobre los aproximadamente 90 Mb/d producidos actualmente, solamente por los retrasos de algunos proyectos en curso. Y la cosa podría aún ir a peor.

El petróleo continuará siendo la principal fuente de energía del mundo durante los próximos años, pero ya no puede crecer más e inevitablemente comenzará en breve, si no lo ha hecho ya, a decrecer. Eso es, exactamente, el peak oil: no que se acabe el petróleo de un día para el otro sino que se llega a un máximo después del cual sigue un proceso de declive que se prolonga durante décadas. La importancia del peak oil es primariamente económica: sin crecimiento del consumo de petróleo o se busca una fuente de energía que lo sustituya o el crecimiento económico se ha acabado (como llevamos explicando aquí desde hace 6 años). 

Carbón:

El carbón ha crecido a un ritmo especialmente acelerado desde el año 2000, gracias fundamentalmente al impulso económico de China y de la India, que se han apoyado mucho en esta fuente de energía para impulsar su desarrollo industrial. Sin embargo, los últimos años están marcados por el estancamiento e incluso una cierta tendencia al declive, que probablemente se ha visto agudizada en 2015 y en 2016 (que no salen en la gráfica).


Producción mundial de carbón

Mirando la evolución de las tasas porcentuales anuales de variación se confirma una tendencia al descenso, a pesar de que el crecimiento (a 5 años vista, recordemos) era aún importante en 2009 (del 3% anual).

Variación porcentual anual de la producción mundial de carbón

Por sus características geológicas, el declive del carbón será probablemente más suave y progresivo que el del petróleo, pero probablemente su pico no está nada lejano en el horizonte y posiblemente haya sido ya sobrepasado. Esto es bastante grave, ya que petróleo y carbón representan aproximadamente dos tercios de toda la energía primaria consumida en el mundo.

Gas natural:

La producción del gas natural ha sido creciente en todo el período estudiado, quizá con una ligera deceleración hacia el final.

Producción mundial de gas natural


Las variaciones porcentuales de la producción de gas natural no permiten aventurar cuándo se va a producir el pico del gas natural, que en todo caso se estimaba hace unos años que se produciría hacia 2020.

Variación porcentual anual de la producción mundial de gas natural

En el post "El pico del gas", escrito en julio de 2010, se comentaba que, de acuerdo con un estudio del Energy Watch de un par de años antes, se apuntaba a que antes de 2015 se producirían problemas de suministro en Europa, de acuerdo con las posibilidades reales de aumentar la producción de gas en las zonas limítrofes con Europa (especialmente Rusia) y el aumento previsto de la demanda. Justamente uno de mis lectores me argumentaba que tales problemas "no se han producido" y por tanto las previsiones del 2010 en cuando al pico del gas eran completamente erróneas. Es interesante investigar el por qué: vean cómo ha sido la evolución del consumo en Europa, y fíjense en particular en los últimos 4 años de la serie:


Evolución del consumo del gas natural en Europa
Como pueden ver, no se cumplieron las previsiones de aumento de la demanda en Europa; más bien al contrario, se ha producido una escalofriante caída del 23% del consumo. Lógicamente, así no se ha producido ningún problema de suministro. Resulta curioso que, siendo el gas natural el combustible menos intensivo en carbono y por tanto el mejor en términos de emisiones de CO2, y habiendo demostrado la Unión Europea su interés en luchar contra el Cambio Climático, haya descendido el consumo de gas natural en el continente. Obviamente, lo que estamos viendo aquí es el efecto de la recesión permanente de los sectores productivos, de esta crisis que no puede acabar. Por otro lado, mirando la evolución de la producción de gas natural rusa se ve que las previsiones de estancamiento no estaban ni mucho menos desencaminadas (atención al daño que supuso el período 2008-2009):


Producción de gas natural de Rusia

Energía nuclear:

El anuario de BP no ofrece datos sobre la producción de uranio (la cual, de todos modos, sabemos que probablemente está ya en declive) pero sí sobre la producción de energía eléctrica de origen nuclear (estos datos, como los de todas las fuentes eléctricas, están "primarizados", es decir, convertidos a su equivalente térmico asumiendo un 38% de eficiencia en la conversión; por tanto, el valor aquí representado es 2,63 veces la cantidad de energía eléctrica producida).

Producción mundial de energía nuclear

Como se ve, desde finales del siglo XX este tipo de energía está más bien estancada, y el desastre de Fukushima de 2011 ha agravado una tendencia que venía de antes. Esto es aún más evidente al mirar las variaciones porcentuales anuales:


Variación porcentual anual de la energía nuclear producida en el mundo

De hecho, se podría decir que la energía nuclear entró en una larga fase de decadencia que comenzó hacia los años 80 del siglo XX. Como se ve en la gráfica, desde aproximadamente 2003 (por tanto, 8 años antes de Fukushima) la producción de energía nuclear entró en declive, es decir, las tasas de variación se volvieron negativas. Es curioso cómo la energía nuclear sigue saliendo en los debates energéticos, cuando su decadencia es más que evidente a estas alturas.

Hidroelectricidad:

Aunque aún modesta comparada con la energía proporcionada por las energías fósiles, la energía de origen hidroeléctrico ha tenido una evolución excelente en las últimas décadas y no parece haber tocado techo alguno a escala mundial, más bien lo contrario (aunque en los países occidentales lleva tiempo estancada):


Consumo de energía hidroeléctrica a escala mundial

Las variaciones porcentuales anuales muestran que está en una fase aún expansiva, aunque posiblemente acercándose a su saturación.


Variación porcentual anual del consumo de energía hidroeléctrica.


Energía eólica:

La expansión mundial de la energía eólica es muy rápida, a un ritmo exponencial elevadísimo. La energía producida es aún 5 veces menos que la que proporciona la hidroelectricidad.

Consumo mundial de energía eólica

Las variaciones porcentuales anuales están aún en el rango de los dos dígitos: lejos de los enormes incrementos de los años 80 pero aún altísimos. Es posible que estemos ya en la fase de rendimientos decrecientes, aunque aún es prematuro afirmar tal cosa.


Variación porcentual anual de la energía eólica consumida a escala mundial


Energía solar:

La energía solar ha experimentado también un crecimiento apabullante en los últimos décadas. A pesar de ello, es la más modesta de todas las fuentes, con una cantidad de energía que es aproximadamente la cuarta parte de la eólica.


Consumo mundial de energía de origen solar

La evolución de la variación porcentual anual muestra unos valores altísimos, de tres dígitos, aunque podía estar comenzando una incipiente fase de rendimientos decrecientes.


Variación porcentual anual del consumo de energía solar mundial

Conclusiones

Las fuentes de energía no renovable muestran claros síntomas de estar llegando, si no lo han hecho ya, a su cenit; la única excepción es el gas natural, cuyo cenit se espera para comienzos de la próxima década y que difícilmente podrá compensar significativamente el declive de las otras tres (petróleo, carbón y energía nuclear). Las fuentes de energía renovable, por su parte, están mostrando una evolución excelente y por tanto es lógico poner en ellas todas las esperanzas; sin embargo, tienen un largo camino por recorrer antes de llegar a alcanzar un nivel mínimamente comparable con las no renovables, y por el camino los posibles límites a su capacidad podrían manifestarse (aparte de la dificultad que tiene intentar que se desplieguen a tiempo para evitar los mayores problemas asociados al declive de las no renovables).



Producción comparada de energía de las diversas fuentes consideradas en el post, con el mismo código de colores usado a lo largo de este artículo (negro: petróleo; rojo: carbón; azul marino: gas natural; amarillo: nuclear; azul celeste: hidroelectricidad; morado: energía eólica; verde: energía solar).


Salu2,
AMT

jueves, 29 de julio de 2010

El pico del gas



Queridos lectores,
La gráfica que ven arriba es un análisis ya un tanto antiguo (2005) publicado por ASPO (Association for the Study of Peak Oil) en el que se estudia el pico de la energía suministrada por el petróleo y el gas conjuntamente. Como verán, hace cinco años se estimaba que el pico conjunto de ambos combustibles se producirá hacia el 2012. Esto cuadra bastante bien con la previsión que Roger Bentley, del Oil Depletion Center, hizo en 2002 estimando que el pico de la producción de gas (tomado individualmente)
se producirá hacia el año 2020 (ésta es la fecha que suelo dar en mis charlas). No voy a entrar en el análisis pormenorizado de estos estudios, valorando sus pros y sus contras; admito un cierto margen de confianza en las personas que los han realizado, geólogos con años de experiencia que para elaborarlos se han basado en datos de diversas agencias (IEA, EIA, BP review,...). Sin embargo, hay dos hechos que creo que merecen ser discutidos en mayor relieve en este post. Uno de ellos es cuándo cabe esperar dificultades de suministro de gas en el caso de Europa, y el otro es cuál es el papel de las nuevas fuentes de gas no convencional (gas de pizarra) que se están explotando en los EE.UU.

A diferencia del petróleo, el gas es más complicado de transportar a grandes distancias. La forma preferible de transporte es a través de gasoductos. Alternativamente, y si no queda más remedio, se puede licuar en plantas especiales (con considerables riesgos y consiguiente oposición de la población local), ser transportado por mar en contenedores especiales y regasificado en plantas no menos exentas de riesgos. Esta segunda opción implica un gran consumo de capital y energía, y existen pocas plantas así en el mundo (la primera gran planta rusa de licuefación se espera que esté operativa en los próximos años). Por todo ello, el gas tiene a ser consumido localmente o, en todo caso, dentro del radio de acción de los gasoductos. Eso conlleva a que las estrategias que están siguiendo EE.UU. y Europa con respecto a este combustible estén bastante desconectadas: Europa mira principalmente hacia el Este (España más bien hacia el Sur, hacia Argelia), mientras que EE.UU. ha redescubierto sus yacimientos de gas de pizarra.

La situación para Europa no parece muy halagüeña. Como muestra un reciente informe del alemán Energy Watch Group, "Natural gas reserves: a false hope" ("Reservas de gas natural: una falsa esperanza"), es de esperar que a más tardar en 2015 Europa tendrá graves problemas de suministro de gas. Por un lado, la producción propia está ya en declive excepto en Noruega, y a pesar de que el Ministerio Noruego de Energía intentó primero ocultar la realidad y luego se vio obligado a reconocerla, la producción noruega entrará en declive hacia 2015. Por otro lado, la gran reserva rusa parece que no es tal; a pesar de los esfuerzos prospectivos la producción de gas rusa declina, las empresas rusas buscan otros sectores no relacionados donde invertir (análogamente a lo que pasa con las compañías petroleras, situación ya analizada en este blog) y Rusia se ve obligada a importar de otras repúblicas ex-soviéticas para asegurar sus compromisos con Europa (lo que según los analistas estaría detrás de sus recurrentes problemas con Ucrania y últimamente con Bielorusia). Los gigantescos proyectos de gasoductos que llevarían gas de Rusia hacia Centro-europa son, además, insuficientes para atender el crecimiento de la demanda prevista (ver gráfico a continuación).


La situación es, por tanto, peliaguda para Europa: antes de 2015 se esperan los primeros problemas de suministro de gas.

En la otra orilla del Atlántico tenemos a EE.UU. y sus yacimientos de pizarra, como comentamos en la introducción de este post. En el caso de EE.UU., no tiene muchas opciones, aislado como está de los grandes productores de gas, con la excepción de Canadá. Degracidamente, Canadá lo necesita en grandes cantidades para convertir sus arenas bituminosas en algo parecido a petróleo (con gran daño político y ambiental y creciente contestación social) que luego exporta, también, a sus vecinos del sur. Los EE.UU., por tanto, no ha tenido mejor opción que intentar aprovechar ese gas de escasa concentración y presión que se encuentra en ciertas formaciones de pizarra.
Curiosamente, Europa posee yacimientos de gas de pizarra considerables, pero por el momento no considera seriamente explotar esta opción - por algún motivo.

En realidad, es fácil entender el desdén (actual) de los europeos a esta opción: extraer el gas de pizarra implica hacer un uso extensivo de la técnica denominada "hidrofractura" (hydrofracking), consistente en inyectar en el subsuelo grandes cantidades de vapor de agua y sustancias químicas que rompen las láminas de pizarra y favorecen el afloramiento del gas... con consecuencias de lo más indeseadas para la capa freáticay las comunidades locales. Josh Fox es un periodista que vive en una comunidad asediada por las compañías dedicadas a la explotación del gas de pizarra y que ha visto cómo, a pesar de las múltiples promesas sobre lo seguro del método que estas empresas reiteran, se reproducen los casos de aguas envenenadas o de gente a la que les explota o se les incendia el grifo cuando lo abren para sacar agua. Finalmente, se decidió a rodar el documental Gasland, en el que describe esta barbarie. Sin embargo, los pingües beneficios de esta actividad y lo colosales de las reservas estimadas de gas de pizarra en los EE.UU. han dado alas a estas compañías, y esperanzas tanto a la Agencia Internacional de la Energía (la cuarta parte de su último World Energy Outlook estaba dedicado al gas de pizarra estadounidense) como al propio Gobierno de los EE.UU... aunque quizá no había para tanto. En su blog Decline of the Empire, Dave Cohen analiza la seriedad de las estimaciones sobre reservas finalmente recuperables de gas, encontrando resultados curiosos. Por un lado, el gas, al contrario que el petróleo, ve declinar su producción desde el mismo día que se abre el pozo y, según parece, en el caso del gas de pizarra sus tasas de declive tempranas (hasta 18 meses) son bastante diferentes de las posteriores. Se ve que algunas compañías están dando estimaciones falsas de la productividad de sus pozos y las reservas recuperables para mejorar su cotización bursátil, y esto está llevando a una sistemática sobrevaloración de las reservas de gas, hasta por un factor 4 o más. Por otro lado, las cifras de la Energy Information Administration, que depende del Departamento de la Energía de los EE.UU., está dando cifras ridículamente altas sobre el supuesto aumento súbito de la producción de gas natural en los EE.UU., produciéndose un injustificable desfase entre producción y demanda+almacenamiento de más del 10% y subiendo. Todo lo cual hace pensar que, una vez más, hay cierta desesperación por dar buenas noticias donde no las hay. Cuando en realidad, y de acuerdo con el informe del Energy Watch Group citado más arriba, incluso si uno decide dar por buenas las estimaciones de producción de gas no convencional (gas de pizarra) el pico del gas mundial se producirá en 2020... Yo apostaría que se va a producir antes, ¿y ustedes?

Salu2,

AMT