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jueves, 26 de agosto de 2010

Los límites de las energías renovables: materiales


Queridos lectores,

Como ya hemos visto, no hay grandes esperanzas en lo que respecta a la producción de los combustibles no renovables (petróleo, gas, carbón y uranio). Debemos por tanto comenzar el análisis de las alternativas renovables, y considerar sus límites. Ese análisis me llevará diversos posts que se irán sucediendo de manera intermitente, algunos genéricos para los dos tipos principales, solar y eólica (como éste) y otros específicos. Con el tiempo espero abordar otras fuentes minoritarias (geotérmica, mareomotriz, olamotriz, ...) y la mayoritaria (hidráulica), que la damos tanto por supuesta que con frecuencia la olvidamos. La cuestión fundamental es conocer sus límites para ver cuál es mayor potencial que estas fuentes, que son las que condicionarán nuestro futuro, pueden llegar a tener, habida cuenta también del tiempo necesario para su despliegue. El tema del post de hoy son las limitaciones en los materiales que se usan para su construcción.

Hace unos días leía el siguiente artículo de Jack Lifton: "La revolución verde en China". Jack Lifton es un analista de tierras o metales raros, del cual ya hemos hablado en un par de ocasiones en este blog (ver "El coche eléctrico, un grave error", sobre las limitaciones en la producción de litio, y "La guerra de las tierras raras", sobre la lucha cada vez menos soterrada entre los diversos países para asegurar su acceso a materiales estratégicos). En su artículo analiza los planes de expansión del parque de energías renovables de China y cómo intersecta esto con las recientes restricciones a la exportación de tierras raras que China ha impuesto a escala global (lo puede hacer, controla el 95% de la producción mundial).

Resulta que el Imperio del Medio tiene la intención de desplegar antes del año 2020 unos 330 GW de potencia eléctrica generada eólicamente (imagino por lógica que estamos hablando de potencia instalada). El Sr. Lifton hace unos números rápidamente y llega a la conclusión de qué impacto tendrá eso sobre los tres metales raros más usados en la fabricación de turbinas eólicas de más eficiencia: tres años de suministro actual de neodimio, cinco de terbio y entre dos y tres de disprosio. Estos metales se usan para hacer los imanes permanentes que hacen que esas turbinas alcancen los 3 y hasta los 5 MW de potencia. Por cierto que también se usan en los imanes permanentes de los motores eléctricos (por el mismo motivo, la eficiencia), así que si China pretende acompañar semejante despliegue energético con uno automovilístico de varias decenas, quizá centenares, de millones de vehículos eléctricos, la conclusión es clara: no va a haber neodimio, terbio ni disprosio más que para China durante los próximos 10 años. Eso va a suponer un golpe severo para la industria de aerogeneradores occidental; se podrán seguir haciendo aerogeneradores, sí, pero su potencia será radicalmente inferior, volveremos a los diseños de hasta 1 MW de potencia. Por añadidura, este movimiento será el tiro de gracia para el coche eléctrico en Occidente, porque la ya limitada capacidad de los diseños actuales no resistirá una degradación de potencia impuesta por el uso de materiales menos eficientes. Por otro lado, dado la rareza de estos metales y la falta de estudios, no sabemos dónde se encuentra su cénit de producción, ni cuál es el límite de capacidad de extraerlos (ya comentamos que generalmente se aíslan de la ganga de otro mineral más abundante, sin el cual no se justifica su extracción). Es posible que después del despliegue chino (y si hay un país que tiene capacidad de acometer con tesón, como un solo hombre, cualquier tarea, ése es China) no queden prácticamente filones explotables en el planeta (China no sólo controla su producción doméstica, sino una buena parte de la producción del resto del mundo, en buena medida por la falta de comprensión occidental de la economía de los materiales raros, también comentada en el post de las tierras raras).

El artículo de Jack Lifton no lo comenta, pero es bien conocido que las placas fotovoltaicas de mayor rendimiento también usan tierras raras, como el telurio. Es de esperar que el movimiento de China no sólo afecta a los aerogeneradores, sino a todas las energías renovables y a las de origen solar en particular. Es por los mismos argumentos previsible que habrá un estrangulamiento de materiales en los próximos años también para las placas solares de todo tipo. Para terminarlo de agravar, la falta de comprensión de la mentalidad de los chinos hace creer a los líderes occidentales que China retiene la materia prima para ganar más dinero comercializando el producto con mayor valor añadido. No es así. China quiere todo para sí, porque sabe que sin energía no hay producción.


Todo esto nos lleva a que, cuando hagamos planes de futuro sobre el despliegue a gran escala de las energías renovables, debamos pararnos a pensar de dónde van a salir los materiales, y si quizá no deberíamos considerar instalar generadores de menor potencia pero con materiales más accesibles (si es que se puede considerar que el cobre es accesible), o como mínimo reciclables. No porque queramos, sino porque no nos quedará más remedio. Lo que sucede es que si hacemos eso, las cuentas de balance energético, que ya no salían, se nos arruinan por completo.

Por hoy eso es todo. En otro momento analizaremos otro importante cuello de botella para el despliegue renovable a gran escala: el capital.

Salu2,
AMT