Mostrando entradas con la etiqueta negacionismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta negacionismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de noviembre de 2023

Las porfías del pobre idiota


Queridos lectores:

Hace poco, participé en la presentación de un libro sobre psicología climática en una librería de Barcelona. Mi función en ese evento era hablar principalmente sobre el Cambio Climático y la Crisis Ambiental, con alguna pincelada sobre la Crisis Energética y de Recursos. Al acabar el acto se me acercó una persona, la cual literalmente me dijo que ahora que me había escuchado entendía mejor cuál era mi opinión. Como quiera que yo no entendiera a santo de qué venía esa frase, esta persona me dijo que ella pertenecía al Consell de la República (órgano extraparlamentario cuya función es asesorar a lo que debería ser la futura república independiente de Cataluña) y que yo, literalmente me dijo, "les había hecho sufrir". Capté en ese momento por dónde iba y le dije que la entendía, pero poco a poco fui llevando la conversación al punto que a mi me interesaba: "Bien, ahora que me ha escuchado se ha dado cuenta Vd. de que mi posición no es tan radical, ni tan infundada, como Vd. se pensaba. De hecho, esa versión caricaturesca de mi discurso que Vd. ha oído tan a menudo tiene más que ver con mi crítica al capitalismo que no con mi presunta posición antirrenovable". Al finalizar, le conminé a leer lo que yo he realmente escrito, en vez de quedarse con la versión de mi que otros dan.

Un par de días antes tuve que sufrir en las redes sociales el bastante maleducado acoso de un señor que parece ser trabaja para una de esas publicaciones de verificación de noticias. Su mensaje tenía un tono acusatorio inequívoco: "¿Cuándo va a pedir Antonio Turiel perdón?", y enlazaba y citaba frases de un post mío del año pasado, "El porqué de un llamamiento". Allí, entre otras muchas cosas, decía que el pasado invierno habría gente que moriría de frío y que seguramente se producirían apagones en Europa, aunque dejaba claro que en España era harto improbable que pasase tal cosa. En aquellos meses, yo estaba muy impresionado por los continuos anuncios de planes de contingencia frente apagones en el Reino Unido, en Francia, en Alemania, y me había estudiado el documento de ENTSO-E sobre cómo íbamos a sortear el invierno. Y después de la voladura del Nord Stream todo apuntaba en la peor de las direcciones.

Obviamente pasó el invierno y la cosa no fue ni de lejos tan grave, en parte por la fuerte disminución de la actividad industrial (que aún se profundiza) y en parte por un invierno anómalamente templado. Justamente le repliqué esto a mi inopinado interlocutor, pero cual martillo de herejes intentaba, siempre con modales sinceramente mejorables, desmontar cada cosa que yo decía como si fueran meros bulos. Así, si yo decía que en un momento la anomalía térmica en Centroeuropa llegó a ser de 15 grados, él me atizaba con una gráfica de las anomalías promedio mensuales de toda Europa (en sí muy considerables, por encima de un grado si recuerdo bien) y todo de este jaez. Al final me cansé del tono chulesco y le bloqueé. El bloqueo es una fantástica herramienta para que los pesados no vean qué escribes y también para no ver tú qué barbaridades ponen y así no te entren las ganas poco oportunas de responder.

Es cierto: en Europa no pasó lo que se temía. Para este señor, eso me hacía a mi acreedor de la obligación de disculparme, como si por culpa de mis palabras algo malo hubiera sucedido, y como si lo que yo decía fuera un auténtico disparate infundado. Por desgracia, los problemas estructurales que teníamos entonces no se han resuelto en absoluto, y la próxima vez que venga un invierno frío (con un poco de suerte éste que viene tampoco lo será) podría pasar lo peor. Por cierto que justo antes de bloquear a este energúmeno, trataba de porfiar acerca de qué es lo que entendía yo por invierno frío.

Este autoproclamado censor había comenzado a rondarnos, a Juan Bordera y a mi, unos días antes a resultas de un artículo que publicanos en Contexto y Acción. En él hablábamos de los fenómenos de intensificación climática actuales y en un momento osamos decir que los modelos climáticos del IPCC tienen dificultades en describir los puntos de transición, debido a su fuerte no linealidad. A este martillo de herejes, en su profunda ignorancia, debió sonarle nuestra afirmación a negacionismo climático del más rancio, e ipso facto comenzó a acosar a Juan por esa concreta frase. Juan se afanó en publicar referencias sobre esta cuestión, pero en el mundo de opciones binarizadas de este señor seguramente tales matices no entran. Lo cierto es que su furibunda diatriba no puede ser más necia: cualquiera que haya trabajado con modelos geofísicos sabe que, por el efecto de la discretización de las ecuaciones y de la integración de las mismas, se genera ruido numérico que el carácter no lineal de las ecuaciones de Navier Stokes amplifica descontroladamente y por ello se requiere introducir cierta viscosidad numérica que inevitablemente suaviza los resultados. Añádase que algunos modelos incorporan cierto grado de relajación a climatología, que la elección del esquema de clausura turbulenta también tiene mucho impacto y que muchos procesos, como la interacción con el hielo, están mal descritos porque están mal comprendidos, y así se entenderá mejor porque los modelos climáticos tienen sus limitaciones. Limitaciones que resultan caer, en todas las ocasiones, en el lado de subestimar la gravedad de los problemas, y nunca en el de sobrestimarla (todo es siempre peor de lo esperado). Lo que para el celote verificacionista es negacionismo es en realidad una aceptación de nuestras limitaciones y un aviso de que en realidad las cosas son peores de lo que nos pensamos.

Mientras contabilizaba la energía que Juan y yo hemos perdido con este auditor escogido por nadie, yo me preguntaba si usará ese mismo furor revisionista delante de quienes decían que el futuro era la gran eólica (ésa misma que está ahora mismo colapsando económicamente) o sobre los que por encima de toda evidencia técnica aún claman que el hidrógeno verde es el combustible del futuro. En particular, me pregunto si les habrá exigido, como hizo conmigo, que pidan perdón, lo cual estaría bastante más justificado, viendo la cantidad de millones que se están tirando a la basura. La pregunta es retórica: verificadores, sí, pero no imbéciles. Arrogantes con el débil y sumisos con el poderoso.

Siguiendo con las redes sociales, pocos días después tuve que aguantar una nueva ridícula murga acerca de un artículo que publiqué en Contexto y Acción hace un año, "El manifiesto que nadie pidió". Hice en ese artículo un par de afirmaciones que en su momento escocieron mucho y las cuales desde entonces ciertas personas intentan siempre refutar. La primera es que en la red eléctrica no cabe un kilovatio·hora más, así que poco se justifica instalar más y más sistemas masivos de producción de electricidad. Y eso es simplemente factual, es otra manera de decir que el consumo eléctrico cae desde 2008. Por supuesto, la caída del consumo no es una simple línea recta, sino que tiene cierta modulación, pero la tendencia decreciente es a todas luces innegable.


Contra este hecho irrefutable se han intentado oponer muchos argumentos de una banalidad infantil y unos pocos con algo de sentido. Entre los últimos se encontraría el hecho de que la caída del consumo se debe fundamentalmente al despegue del autoconsumo. Aunque hay pocos números sobre el autoconsumo, y aún aceptando que algo ha influido en la caída de la demanda observada en la red de alta tensión, un análisis rápido muestra que es imposible que la mayoría de la caída se corresponda con esto; aunque en realidad da igual, porque la clave es que no hay mucha justificación para los grandes proyectos, y más si verdaderamente el autoconsumo fuera tan floreciente. Entre los argumentos banales nos encontramos que ese año se ha instalado mucha energía renovable "¿y cómo va a ser que se instale si no se aprovecha?", el confundir los kW instalados con los kW·h generados, y en general hacer una loa a que las nuevas tecnologías de almacenamiento, de coches eléctricos y de hidrógeno verde van a permitir en un futuro "próximo" aumentar el consumo.

Más sutil es la porfía con el otro de mis argumentos en el artículo, en el que digo que a principios del siglo XXI se había instalado en España mucha energía renovable y que ahora simplemente no se puede integrar más. Aquí mis púgiles dialécticos me enseñan gráficas que muestran cómo se ha incrementado en los últimos diez años el consumo de electricidad específicamente renovable (con un notorio estancamiento en los dos últimos), demostrándose así, a su entender, que sí que se integrado más. En este caso, la palabra clave es "integrado". La integración de los sistemas renovables tiene que ver con el papel que desempeñan dentro del sistema eléctrico (algo que Beamspot nos ha explicado con mucho detalle), y no si en determinados años producen algo más o algo menos de energía. De nuevo, que se estén instalando cada vez más sistemas de energía renovable no demuestra que se estén integrando en la red, si la energía finalmente consumida que viene de las renovables ya podía producirse con lo que existía antes de la instalación de esos nuevos sistemas. En realidad, para probar que se está integrando más energía renovable se necesita demostrar que las nuevas instalaciones están proporcionando una energía que ahora se consume y que antes no estaba disponible, cosa que obviamente no ha pasado si nos fijamos solamente en los últimos años. Aquí, de nuevo, yo juego con la imprecisión temporal de los plazos (¿qué quiere decir exactamente "en los últimos años"), pero, a fin de cuentas, el artículo que tanto les desvela no deja de ser una pieza divulgativa y de opinión, y no un trabajo científico donde todo tiene que ser obsesivamente precisado. Y si les molesta tanto que no sea más preciso, entonces no deben ser capaces de abrir un periódico; o quizá deberían entender que más que mostrar de forma precisamente cuantificado algo, lo que se pretende es introducir de forma divulgativa un concepto. Mención aparte merece el hecho de que si en la suma de la energía renovable generada se introduce la hidroelectricidad (que también es renovable), la resultante es aún menos brillante por lo que ha sufrido la sequía de los últimos dos años esta fuente en particular.

Todos estos ejemplos tienen en mi opinión un denominador común: intentar demostrar que o bien me equivoco o que estoy proporcionando deliberadamente una información errónea. La posición de partida es ésta: simplemente, no puede ser que yo tenga razón. Porque si tengo razón, entonces el mundo, su mundo, se hunde. Ese mundo que han construido basándose bajo la hipótesis de que podremos mantener el mismo nivel de consumo actual, simplemente cambiando nuestras fuentes de energía. Y así no puede ser que los sistemas renovables tengan muchas y notorias limitaciones, que los recursos que se precisan sean no solo escasos sino insuficientes a tal fin, ni que los problemas de sostenibilidad (de recursos, ambientales, sociales, etc) exigen un cambio de rumbo inmediato.

Hay algo, empero, que es nuevo: el nivel de porfía, de empecinamiento. Esta gente está convirtiendo el intentar refutarme en una cuestión vital. En vez de pasar olímpicamente de mi (no nos engañemos, sigo siendo un don nadie y mis opiniones no tienen ningún impacto en ninguna toma de decisión relevante), se obsesionan conmigo. No es algo casual, creo. Estas últimas semanas han sido nefastas para el sector renovable: ahí están los anuncios de los sucesivos planes de rescate de la eólica, centrados fundamentalmente en Siemens Gamesa pero con el resto de empresas también afectadas en mayor o menor medida por los mismos problemas; o la creciente preocupación por los precios cero o negativos de la electricidad en el mercado mayorista, que preludian el estallido de la actual burbuja renovable al estilo del parón que se vive en Alemania desde 2016 con el frenazo de la Energiewende. Ahora más que nunca hay necesidad de contrarrestar las noticias negativas matando al mensajero y descalificando los datos que se dan, por más que sean eso, datos.

Justo antes de que se produzca una transición de fase, un sistema muestra síntomas crecientes de inestabilidad. Algunas variables críticas oscilan, y a medida que te acercas al fatídico punto de ruptura, estas oscilaciones se van haciendo más lentas pero al mismo tiempo de mayor amplitud. Así, hasta que algo se rompe y el sistema colapsa en su nuevo estado.

Toda esta creciente porfía insensata nos muestra esto, que nos estamos acercando a ese punto crítico, a ese momento de ruptura. Lo peor es que los que porfían descuidan lo que debería ser la sustancia real de la discusión: el mantenimiento del bienestar de los ciudadanos y la defensa del interés común. Sacrifican lo que son los asuntos de la polis, la política, por defender una tecnología concreta, unos conceptos abstractos concretos. No se ocupan ya de la polis. Son porfías idiotas, en el más propio sentido terminológico. Lástima que en este momento no tengamos tiempo que perder en discusiones espurias y desatinadas. Suerte del bendito botón de bloqueo...

Salu2.

AMT

viernes, 30 de julio de 2021

Max Weber y el pico del petróleo

 Queridos lectores:

A raíz de mi último post, un lector me contactó para ofrecerme su reflexión sobre la interacción social y las posibilidades de comunicación. Él mismo tiene un blog (Reflexiones librepensantes) donde escribe bajo el nombre de Rubén Tala, y allí publicó el siguiente post (vean la fuente original), que reproduzco aquí a petición mía y con su permiso.

Les dejo con Rubén.

Salu2.

AMT


Max Weber y el pico del petróleo

Max Weber, uno de los "padres fundadores" de la sociología

El último post de Antonio Turiel en su blog me estimuló a unas reflexiones. Es un recorrido personal sobre las consecuencias negativas que tiene alertar públicamente sobre el pico del petróleo, tarea a la que él se viene dedicando hace más de 10 años.

Leyéndolo, me acordé de los tipos ideales de acción social en Weber. Son 4: acción racional con arreglo a fines, acción racional con arreglo a valores, acción emotiva, y acción tradicional.

Un tipo ideal es una herramienta teórica creada para el análisis. La acción social real no se ajusta a ningún tipo ideal, pero el tipo ideal sirve para encontrar patrones, y si por ejemplo una acción social coincide un 80% con la acción racional con arreglo a fines vamos a encontrar que ese tipo ideal es útil para el análisis y quizás también para diseñar una respuesta a esa acción.

Me identifico con Turiel en esta necesidad moral de alertar a quien quiera oír sobre el grave futuro que se nos viene, a pesar de las consecuencias negativas que me pueda traer. A pesar de que, como razona correctamente Turiel, estaremos del lado de los "perdedores" hagamos lo que hagamos. Esto sucede porque hacemos lo que hacemos no (sólo) para conseguir ciertos fines, sino para ser coherentes con ciertos valores. Estamos hermanadas en la racionalidad con arreglo a valores.

Ahora, esto no nos hace únicas ni especiales.

Tres tipos (ideales) de negacionismo

Aplicando los tipos ideales weberianos de acción social (también existen tipos ideales de dominación), encuentro los suficientes paralelismos entre reacciones negacionistas que recuerdo o puedo concebir tres de los cuatro tipos ideales. De manera que habría tres tipos de negacionismo:

  1. El negacionismo emotivo, que viene de reacciones puramente emocionales ante la perspectiva del colapso/decrecimiento.
  2. El negacionismo racional con arreglo a fines, cuando se tienen beneficios concretos por ejercer la actividad negacionista ($$$, estima de pares o superiores, seguridad).
  3. El negacionismo racional con arreglo a valores. Por ejemplo, la gente que tiene muy incorporados a los valores de este sistema (competencia, crecimiento), y gente con valores alternativos a los del capitalismo neoliberal (desde fascistas hasta marxistas, pasando por reformistas) con apego a ideas transformativas de la sociedad que presuponen la continuidad del actual productivismo.

Siendo un poco racional con arreglo a fines, ¿para qué nos puede servir esto? Para disminuir nuestra frustración (que es como una mochila), para aumentar nuestra lucidez sobre los motivos de la gente, para expandir la empatía, para discernir mejor y reaccionar de la manera más eficiente ante cada tipo de negacionista.

Yo mismo no lo tengo 100% resuelto, y de hecho lo estoy pensando a medida que lo escribo, pero tengo la sensación de que nos puede ser útil, y por lo tanto lo quiero compartir.

Tengo la intuición de que, para cuestiones sociales y por lo tanto complejas, una perspectiva integral (e integradora) siempre va a ser más útil y más apegada a la realidad que una perspectiva reduccionista.

Algunas conjeturas que derivo

Ante este nuevo conocimiento, si lo adoptamos, veo dos maneras de aplicarlo. Una hacia adentro y otra hacia afuera.

Hacia adentro

Comprendamos que no toda la gente negacionista es irracional ni cínica. Del otro lado también hay argumentos racionales y también hay valores. En nuestro lado también hay un componente emocional que necesitamos reconocer, como acto de sinceridad y para no caer en el racionalismo.

La racionalidad con arreglo a valores tiene la ventaja de ser "incorruptible" pero también la desventaja de tratar injustamente a argumentos verdaderos que cuestionen nuestros valores y de no considerar lo suficiente los resultados deseados de nuestro accionar. Chequeemos nuestros sesgos. Necesitamos afectos aliados que no estén en el tema pero tengan la habilidad de conservarnos honestos. Si somos como Mulder, necesitamos una Scully.

Hacia afuera

Podemos diseñar una respuesta adecuada para cada tipo de negacionismo. Como primera medida, todos requieren que ampliemos nuestra empatía.
  • En el caso del negacionismo emocional, se requiere una actitud compasiva más que argumentos fríos sobre los hechos. Nosotras mismas hemos hecho ese duelo por nuestra civilización y las expectativas dentro de ella (algo hablé sobre este tema), pasa que ahora estamos en la etapa de la aceptación y hemos hecho las paces con la realidad. ¿Cómo ayudamos a transitar el duelo a quienes están en las etapas anteriores como la negación, la ira, la negociación?
  • El negacionismo racional con arreglo a valores, en cambio, sí requiere argumentos fríos sobre los hechos. Si en la oposición se encuentra gente esencialmente sincera pero equivocada, los hechos encontrarán su camino a sus cabezas, y nuestro rol es acercárselos y ser pacientes con sus tiempos (y con sus ocasionales estupideces, que seguramente habremos hecho también).
  • El negacionismo racional con arreglo a fines. A menos que haya un fin para este negacionismo que esté relacionado al bien común y yo no esté viendo, aquí sí estamos hablando de gente mentirosa y con motivaciones espurias. No veo otra salida que desenmascararla (necesitamos pruebas). Sobre todo para beneficio de los anteriores.

Y de vuelta hacia adentro

Dicho todo esto, recordemos la distancia entre los tipos ideales y la realidad y recordemos que la sociología puede clasificar cómo actúa la gente y explicar por qué lo hace, pero eso no clasifica ni explica a la gente en sí (somos seres bio-psico-sociales, no solo sociales).

Seguro que si aplicamos algo de "auto-socioanálisis", veremos que a pesar de considerarnos personas racionales, estamos actuando de manera emocional o tradicional en otros aspectos de nuestras vidas.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Las sirenas del colapso


Queridos lectores,

Déjenme comenzar este post haciendo un poco de recapitulación, para poner en contexto este artículo.

Estamos a principios de 2017. El peak oil, que es uno de los eventos clave de la Historia de la Humanidad y la razón de ser principal de este blog, probablemente se ha producido ya, y no ahora mismo sino que podría datar de hace unos dos años. En beneficio de algún lector que llegue a estas orillas sin saber dónde está, recordemos una vez más qué es el peak oil y qué es lo que significa.

El peak oil es el momento en el que la producción de petróleo llega a su máximo alcanzable y a partir de ahí comienza a declinar. La razón por la cual la producción de petróleo tiene un máximo histórico es fundamentalmente física y geológica, pero también económica: a medida que se han ido agotando los yacimientos fáciles y que contenían el petróleo de mayor calidad, hemos tenido que ir recurriendo a yacimientos donde la extracción es más difícil y lo que se produce, que no siempre es exactamente petróleo, es de peor calidad y requiere más coste (y más energía) para convertirlo en los combustibles que consumimos hoy en día. 


Mientras la cosa fue bien, la industria petrolera fue aumentando rápidamente la producción de petróleo, pues para que la economía pudiese crecer más rápido se necesitaba más energía y en particular más petróleo; pero al crecer la producción crecía la industria de todo tipo, y al crecer la industria crecía la demanda, y al crecer la demanda se requería cada vez un mayor esfuerzo para mantener la producción a un nivel que la pudiera satisfacer

Y así fuimos inflando el globo, hasta que llegamos a unos niveles de producción tan elevados que costaba un grandísimo esfuerzo simplemente mantenerse en ellos, sobre todo porque muchos yacimientos se hacían viejos y ya no rendían tanto, y costaba mucho encontrar nuevos yacimientos que los reemplazaran. Se aguantó lo que se pudo hasta que la cosa empezó a no dar más de sí.

Los primeros signos de alarma comenzaron con el siglo XXI, cuando el precio del petróleo empezó a subir paulatinamente después de décadas de estabilidad. Aproximadamente hacia 2005 el petróleo crudo convencional (el petróleo de verdad, que se extrae como siempre se extrajo) llegó a su máximo y comenzó un lento declinar, decadencia que últimamente se está acelerando. Para hacer frente a la caída del crudo convencional se comenzó a introducir a gran escala todo tipo de sucedáneos, con limitado éxito: primero los biocombustibles, después los petróleos extrapesados y por último el petróleo ligero de roca compacta explotado mediante el fracking. Todas estas alternativas eran bastante mediocres y tampoco tenían mucho rendimiento; de hecho, a pesar de haber llevado el precio del petróleo a valores históricamente elevados durante varios años las compañías que los explotaban perdieron dinero a mansalva. Y ahora, desde finales de 2014 vivimos una tregua en el precio del petróleo motivada por una relativa caída de demanda, en un ciclo más del proceso de destrucción de oferta - destrucción de demanda que aquí denominamos "la espiral", mientras las compañías petrolíferas reducen sus gastos en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos de manera drástica y nos abocan a estrellarnos contra un nuevo pico de precios en poco tiempo. Pero no les queda más remedio, es una cuestión de supervivencia, pues las pérdidas en el sector son enormes, y ya lo eran incluso antes de 2014, cuando el precio del petróleo era históricamente elevado; sirva de botón de muestra la siguiente gráfica, tomada del recomendable artículo de SRSroccoreport sobre el colapso de la industria petrolera.


La gráfica representa la evolución durante los últimos años del balance financiero (flujo libre de caja o free cash flow menos dividendos) de las tres mayores compañías petrolíferas estadounidenses, Exxon Mobil, Conocco Philips y Chevron.

Que la producción de petróleo haya llegado a su máximo y comience su progresivo declive implica que los graves trastornos económicos en los que estamos inmersos y de los que no acabamos de escapar simplemente no puedan acabar. De hecho, esta crisis no acabará nunca.

Y sin embargo, en el momento en el que más falta haría reaccionar, delante de un problema tan serio y tan grave, en el momento en el que se imponía la más serena reflexión y la meditada toma de decisiones clave, la sociedad occidental continúa ajena a todo esto. Hay un serio problema de comunicación, que hace años que dura y no tiene visos de solucionarse, ni siquiera estando cada vez más cerca de la parte tumultuosa del descenso energético


Una parte de este desdén informativo delante de éste y otros problemas fundamentales viene de cómo chocan con las necesidades del sistema económico imperante (a fin de cuentas, el fin de energía abundante y barata es el fin del BAU). Así, delante de un problema tan serio y adulto se le contrapone toda una contrapropaganda, pensando quizá, de manera infantil, que si no lo miramos el problema desaparecerá por sí solo. 

Hay, sin embargo, otra parte de la la dificultad comunicativa en la que la responsabilidad de la comunidad experta en recursos energéticos (entendida en un sentido amplio) tiene una gran responsabilidad. La cuestión es que no se está transmitiendo un mensaje sólido y creíble, sino muchos mensajes contradictorios y a veces dudosos. Ese difuso dominio donde la sociedad sitúa a los expertos en energía, donde espera encontrar consejo en ese tema, está formada por una amalgama de estudiosos y empresas, de gente honrada y de gente oportunista, en un tótum revolútum en el que los ciudadanos de a pie no pueden distinguir las diferencias, aunque éstas sean más que de matiz, y al final las llamadas a ir en direcciones opuestas a lo único que mueven es al inmovilismo. En este post he intentado sintetizar algunas de las principales especies de este zoológico que de un modo u otro pretenden arrimar el ascua a su sardina, sin importarle las consecuencias a largo plazo (excluyo deliberadamente de esta lista los fanáticos de la teoría de la conspiración y de la magia de cualquier tipo, incluyendo la negación de la Termodinámica).

- Los puramente negacionistas: Forman un grupo relativamente compacto en cuanto a sus argumentos, que suelen ser los mismos independientemente de la extracción política del sujeto. Algunos de sus argumentos preferidos son la falta de conocimiento preciso de las reservas de petróleo (como si el conocimiento incompleto fuera igual que el desconocimiento, y como si por no conocer la cantidad de algo significara que hay tanto como queramos), la presunta maléfica manipulación que hace la OPEP del mercado (cosa que pasó en tiempos pero no ahora; es la ilusión del control, que ya comentamos), que el precio del petróleo se mantiene bajo contradiciendo cualquier hipótesis de su escasez (endosando al bando peakoiler una predicción sobre el precio que en realidad es suya, de los economistas clásicos, ya que aquí lo habitual es hablar de precios oscilantes causados por la espiral - miren el quinto post de este blog, que data de hace 7 años) o que el fracking ha cambiado las reglas del juego (cuando se sabía desde el principio que era una burbuja porque no es rentable, y cuando a estas alturas la producción cae en picado, e incluso la productividad por pozo cae, último clavo ardiendo al que se agarraban). Creo interesante destacar, en el caso del fracking, un par de gráficas significativas. La primera es sobre la actual producción en Bakken y Dakota del Norte, extraída de un artículo muy interesante de Peak Oil Barrel:




La otra gráfica la publiqué en el post "La ilógica financiera", y nos muestra el gran desfase entre gastos e ingresos de las 127 compañías de petróleo y gas más grandes del mundo. Lo interesante es que este desfase (de más de 110.000 millones de dólares anuales) se produce de 2011 a 2014, es decir, con valores históricamente elevados del precio del petróleo, y es consecuencia de la nula rentabilidad de los petróleos no convencionales (arenas bituminosas y fracking entre ellos). 



Lo terrible del asunto es que, a pesar de la abrumadora evidencia, los autodenominados expertos en energía siguen enfrascados en una idea equivocada, contradicha por la experiencia y los datos. Para todos ellos, como siempre, con todo mi cariño les recomiendo nuestra guía.

- El coche eléctrico como fetiche: Parece mentira que, cuando se habla de luchar contra las consecuencias del cambio climático o de atenuar las dificultades que conllevará el descenso energético, el primer foco de preocupación para mucha gente sea el mantenimiento del vehículo privado como fórmula fundamental de movilidad, cuando que siga habiendo coches o no es un problema terriblemente menor. El máximo exponente de la fijación pequeño burguesa en el coche-fetiche es la obsesión por el coche eléctrico (que por ejemplo llevó recientemente al parlamento catalán a aprobar una absurda moción para la promoción de puntos de recarga que nunca se usarán a escala significativa), y es lo que le ha reportado a la empresa automovilística Tesla Motors una inmerecida atención no sólo mediática sino de los expertos. Expertos en cuyo punto ciego caen los evidentes desbalances e insostenibilidades de Tesla, una operación especulativa sin ningún tipo de fundamente. El hecho de que en sus 7 años de historia Tesla Motors sólo haya tenido beneficios un trimestre, que pierda al menos 1.000 dólares por cada coche que ensamblan, que sus activos estén completamente sobrevalorados y que sólo se puedan mantener recurriendo a un endeudamiento espiralmente creciente, que su modelo de negocio se basa en que las otras compañías le compren sus bonos de emisión de CO2 y sobre todo gracias a la regulación de California, y muchos más datos negativos sobre la compañía, no hace que una legión de expertos diga y repita que Tesla es el futuro (cuando recientemente estuve en el Congreso del Futuro de Chile, tuve que soportar ver, más asqueado que estupefacto, mo los otros ponentes de mi panel alababan las virtudes de Tesla). Sobre la inviabilidad del coche eléctrico como solución de movilidad a gran escala no me voy a extender más aquí; este blog contiene una comprensiva colección de artículos que lo analizan con gran profundidad. En todo caso, ése no es el problema y esto no es una solución.

- Los apóstoles de la transición renovable: Que dada la situación en la que estamos se necesita hacer una transición a un modelo energético 100% renovable es algo que no tiene discusión alguna. En lo que no hay de acuerdo es en todo lo demás. En particular, nadie puede garantizar que tal transición sea algo sencillo, y más bien parece que no lo es. Uno de los problemas para tal transición es que la caída del aporte energético de las no renovables, que será relativamente rápida (unas pocas décadas) puede crear disrupciones incapacitantes en sistemas críticos para el funcionamiento de todo (incluido los sistemas necesarios para el despliegue del 100% renovable) sin que haya habido tiempo para sustituirlos. Puede haber problemas de escasez de materiales críticos, que a día de hoy se extraen, transportan y procesan usando grandes cantidades de combustibles fósiles. El rendimiento energético de los sistemas de captación de energía renovable llamados a sustituir a los actuales combustibles fósiles y el uranio es también un tema controvertido, y sin un rendimiento energético suficiente no habrá un rendimiento económico adecuado y será difícil conseguir que se invierta en tales sistemas. Además, los modernos sistemas de producción renovable están orientados a la producción de electricidad, pero ésta es poco más del 20% de la energía final consumida en los países occidentales, y conseguir electrificar el otro 80% es un desafío de primera magnitud. Y al final, sea como sea, habrá límites a la capacidad máxima de producción renovable, posiblemente muy inferiores a los considerados normalmente, y eso significa el fin del crecimiento y un cambio que va mucho más allá de la simple sustitución de la matriz energética. Todos estos temas han sido discutidos en gran detalle en este blog, donde incluso hubo hace poco más de un año un debate muy prolijo sobre la cuestión. Por eso, resulta extraordinariamente frustrante que intelectuales como Naomí Klein o personajes muy mediáticos como Leonardo di Caprio digan públicamente, en libros y documentales, que la transición renovable es algo fácil, asequible y hasta un buen negocio. Pues no, no lo es; es algo que, si es posible, se conseguirá mediante un gran esfuerzo de coordinación y salvando enormes dificultades, y en modo alguno se conseguirá sin hacer cambios sustanciales en nuestro modo de vida. Y lo malo ya no es sólo estos personajes de gran proyección que confunden al gran público, sino algunas organizaciones serias que de buena fe han analizado la transición renovable fijándose sólo en una parte del problema y que considerando inmutables parámetros clave (disponibilidad de materiales, precio, eficiencia, productividad) llegan a conclusiones muy optimistas que sólo se sustentan sobre el papel; después, cuando se intenta llevar esa transición a la práctica uno se encuentra con escollos que antes no se habían ni mencionado, y eso a la larga puede perjudicar la causa que se pretende, por más noble y necesaria que sea. En particular, si la tan cacareada Energiewende alemana al final hace aguas, será muy difícil volver al punto de partida y explicar, entonces, que en realidad el proceso de cambio es duro y tortuoso, pero que sigue siendo muy necesario, incluso más de lo que se anticipaba.

- Los colapsistas ventajistas: Este término lo acuñó mi compañero y amigo Jordi Solé para hacer referencia, sobre todo, a cierto economista muy mediático y muy amigo de proponer recetas mágicas con las que solucionar los problemas del país. Se da la circunstancia de que este mismo economista publicó en 2008 un artículo en el que explicaba el peak oil y se veía claramente que comprendía el concepto; pero desde entonces ha renegado de tal explicación y se ha dedicado a ir navegando y sacar provecho de su gran habilidad para manipular estadísticas y hacerles escupir la verdad que más le interesa a él y a quienes le pagan. El colapsista ventajista es, por tanto, un individuo bien formado, que comprende qué es el peak oil e incluso va más allá: comprende que, sin una adaptación que es muy difícil de orquestar, el destino inevitable de nuestra sociedad es el colapso. Y en vez de esforzarse por informar, por intentar evitar el colapso o, como mínimo, ayudar a amortiguar sus consecuencias, este individuo pretende tan sólo sacar un provecho personal, arrogándose por tanto una superioridad moral sobre el resto del mundo al que está dispuesto mirar hundirse en el fango con tal de poder estar él un poco más por encima.

El colapsista ventajista es una especie relativamente nueva, debido a que hasta hace poco la idea de un colapso era completamente extraterrestre para el común de las sociedades occidentales. Sin embargo, la idea del colapso va cogiendo fuerza en la psique colectiva progresivamente, con los estragos que está causando en la clase media esta crisis económica que ya dura casi diez años, y con el temor fundado en los medios económicos y financieros a que la nueva oleada recesiva que se está gestando sea aún peor que la de 2008 (y las repetidas intervenciones de los bancos centrales, más que conjurar este peligro, únicamente lo están postergando pero al tiempo están aumentando el impacto potencial que tendrá). Que alguien diga que tiene un mapa que cartografía el colapso y que lo ofrece al mejor postor, y le lloverán ofertas, de los más incautos e incluso de algunos no tan incautos. 

No tengo suficientes elementos de juicio para saber si el misterioso informe del Hills Group en el que se introducía el denostado modelo Etp respondía a una estrategia de interés económico puro y duro, pero está claro que los que han promovido ese modelo (del que tontamente yo mismo me hice eco en su día) son colapsistas, son gente que sabe de lo crítico de la situación actual y la comprenden correctamente, y que sin pudor han desarrollado un modelo que saben perfectamente que es conceptualmente aberrante pero que, adornado con palabras esotéricas como "exergía" y "entropía" y un modelo abstruso para una mayoría lega en física y matemáticas, podía ganar un campo adepto y al tiempo presentarse como una opción respetable. Cuando, con el tiempo, toda la aberración del modelo Etp quede completamente expuesta, será complicado explicar al público general que aunque el modelo sea técnicamente deplorable, las conclusiones a "las que llega" (en realidad, estaban definidas a priori) son correctas; y el fracaso del modelo Etp retrasará aún más la tarea urgente y necesaria de hacer saber a esta sociedad infantilizada y autista que hay que hacer cambios radicales. 

No hablo de manera abstracta aquí: cuando el lunes de la semana pasada asistí a la reunión de la FUHEM para hablar del problema del declive energético, vi una preocupación generalizada, interesada y legítima, y un interés en llevar este problema a la primera línea de la discusión política en España. Después de mi presentación, y las intervenciones de Carlos de Castro, Xavier García Casals y Antonio Serrano, en las que quedó expuesto lo burdo, errado y grosero del modelo Etp, resultaba muy difícil volver a conducir la discusión al punto central del debate: el declive energético es algo cierto y urgente, aunque el modelo Etp sea una filfa. Carlos de Castro lo apuntó brevemente, Pedro Prieto hizo una muy buena y muy centrada intervención poniendo el foco en el problema real, pero el daño ya estaba hecho: en la sala flotaba el desencanto de saber que el motivo principal que se quería analizar en esa reunión era, ni más ni menos, un bulo, sino una estafa. Si el modelo Etp hubiera sido correcto, en muy pocos meses hubiéramos podido ver cómo el problema del rápido declive de la energía neta aparecería recurrentemente en las discusiones políticas españolas, incluso en el Congreso de los Diputados; después del fiasco del otro día, dudo que el tema llegue a emerger en varios años, y en todo caso no hasta que la próxima oleada recesiva nos sacuda. Y eso en España; no quiero ni imaginar qué efecto tendrá ultramar. Justo en el peor momento posible.

*****************************************


De acuerdo con la mitología griega, los barcos que atravesaban ciertas aguas especialmente peligrosas debían tener cuidado con el canto melódico y atrayente de las sirenas, que hacía que los hombres que las oyeran saltaran al agua, cautivados, para perecer ahogados. Es el canto de estas sirenas del colapso el que nos puede llevar a perecer, atrapados por ese colapso que quizá aún puede ser evitado o como mínimo domesticado. Nuestra única arma contra ellas no es ponernos cera en los oídos, sino armarnos de conocimiento. Y de paciencia, de mucha paciencia.

Salu2,
AMT