Gabriel Anz, desde Neuquén (Argentina), nos ha enviado este interesante post analizando la situación de las tierras cultivables y del agua potable en el mundo. Recuerden que Jeremy Grantham decía que en el largo plazo los dos recursos críticos eran, justamente, ésos. Conviene saber, por tanto, de dónde partimos y cuáles son las tendencias, dado que además éste es un tema recurrente en las discusiones de los comentaristas.
Les dejo con Gabriel.
Salu2,
AMT
LAS TIERRAS Y EL AGUA EN EL MUNDO
El siguiente trabajo es una recopilación de información
obtenida de sitios en la WEB, entre los cuales se encuentra el de la
FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations),
el cual tiene por objetivo contrastar y comparar datos que ilustran
la situación acerca del uso de las tierras y del agua en el Planeta.
Dejo al lector la espinosa tarea de sacar conclusiones
sobre cómo podrían incidir en nuestras vidas y en las estadísticas
futuras, variables como la evolución del crecimiento poblacional,
cambio climático y energía decreciente.
Básicamente el agua y la comida (producto de la tierra)
han sido, son y serán los movilizadores de los seres vivos a
interactuar por los recursos y los espacios, por lo que me parece
relevante analizar y contextualizar las estadísticas que aquí se
expresan, aunque sean éstas un atisbo apenas de la enorme cantidad
de datos e información existente y disponible para quienes deseen
buscarla y profundizar en ella.
Gabriel Anz (Técnico Agrónomo)
ESTADO DE LOS RECURSOS DE
TIERRAS Y AGUAS DEL MUNDO
Datos básicos de Producción agrícola:
• Aumento de la superficie destinada a la producción de cultivos
alimentarios de 1960 a 2010: 12%
• Aumento de la productividad agrícola mundial en el mismo
período: 150% - 200%
• Total de la superficie cultivada (secano + riego) en 1961: 1 400
millones de hectáreas
• Total de la superficie cultivada (secano + riego) en 2006: 1 500
millones de hectáreas
• Superficie agrícola de regadío en 1961: 139 millones de
hectáreas
• Superficie agrícola de regadío en 2006: 301 millones de
hectáreas
• Promedio de hectáreas de tierras agrícolas necesarias para
alimentar a una persona en 1961: 0,45 ha
• Promedio de hectáreas de tierras agrícolas necesarias para
alimentar a una persona en 2006: 0,22 ha
Uso de la tierra:
• Total mundial de tierras aptas para la agricultura: 4.400
millones de hectáreas
• Porcentaje del total de la superficie agrícola mundial que es de
secano: 80% (1.200 millones de hectáreas)
• Total de la superficie actualmente en cultivo: 1 600 millones de
hectáreas de las cuales el 20% (300 millones de hectáreas) se
encuentra en tierras marginalmente aptas
• Proporción mundial de tierras degradadas: 25%
• Proporción de tierras en condiciones moderadas de degradación:
8%
• Proporción de tierras que se están mejorando: 10%
• En varias regiones, más de la mitad de la superficie agrícola
básica afronta limitaciones de calidad de los suelos, notablemente
en el África subsahariana, el sur de América, sureste de Asia y
norte de Europa.
Uso del agua:
• Porcentaje del total de agua extraída de los acuíferos, ríos y
lagos por la agricultura: 70%
• Porcentaje del total de la producción agrícola mundial obtenida
en sistemas de secano: 60%
• Cantidad en la cual el riego suele mejorar la productividad
agrícola: el doble
• Volumen de las cosechas de cereales de secano en el mundo en
desarrollo, en promedio: 1,5 t/ha
• Volumen de las cosechas de cereales de regadío en el mundo en
desarrollo: 3,3 t/ha
• Número promedio de cultivos anuales en las tierras de secano en
Asia: 1
• Número promedio de cultivos anuales en las tierras de regadío
en Asia: 2
• Porcentaje de la población mundial que vive hoy en regiones
donde hay escasez de agua: 40%
• Número de países que actualmente destinan más de un 40% de sus
recursos hídricos al riego anualmente, umbral que se considera
crítico: 11
• Número de países que están retirando del 20% de sus recursos
de agua al año, lo que indica una presión considerable y la escasez
inminente de agua: 8
• Porcentaje de los recursos hídricos renovables utilizados
actualmente en Libia, Arabia Saudita, Yemen y Egipto: 100%+
• Total de los recursos hídricos renovables utilizados actualmente
en América del Sur: 1%
Desigualdades mundiales:
• Superficie terrestre del mundo cubierta por países de bajos
ingresos: 22%
• Tierras agrícolas per cápita en los países: ingresos bajos:
0,17 ha/per cápita; ingresos medios: 0,23 ha/per cápita; ingresos
altos: 0,37 ha/per cápita
• La disponibilidad promedio de tierras agrícolas per cápita en
los países de ingresos bajos es menos de la mitad que en los países
de ingresos altos y la aptitud de las tierras en cultivo para la
agricultura por lo general es más baja.
• Los países de altos ingresos, como grupo, cultivan más del
doble de la superficie per cápita (0,37 ha) que los países de
ingresos medios (0,23 ha) o de ingresos bajos (0,017 ha).
SITUACIÓN Y TENDENCIAS
Disponibilidad y uso de los recursos de tierras y aguas:
Existe una variación geográfica
significativa en la disponibilidad de tierras consideradas aptas para
la agricultura. El
crecimiento demográfico y la demanda de otros sectores ejercen una
presión creciente sobre los recursos disponibles. Suponiendo que se
utilicen sistemas bien adaptados de producción, las tierras que
actualmente están en cultivo son en su mayor parte de calidad óptima
(el 28% del total) o buena (53%). La mayor proporción regional de
las mejores tierras cultivadas actualmente está en América Central
y el Caribe (42%), seguidos de Europa occidental y central (38%) y
América del Norte (37%).
En los países de altos ingresos en conjunto, la proporción de
tierras óptimas actualmente en explotación es del 32%. En los
países de bajos de ingresos, los suelos muchas veces son más
pobres y sólo el 28% de la superficie cultivada es de calidad
óptima.
La superficie agrícola del mundo ha crecido
un 12% en los últimos 50 años. La
superficie irrigada del mundo se duplicó en el mismo período, lo
que representa la mayor parte del aumento neto en las tierras
agrícolas. Mientras
tanto, la producción agrícola ha crecido entre 2,5 y 3 veces,
gracias al aumento significativo de la productividad de los
principales cultivos.
Sin embargo, en algunas
regiones los resultados mundiales se asocian a la degradación de los
recursos de tierras y aguas, y al deterioro de los
ecosistemas y servicios relacionados. Estos incluyen la biomasa, la
fijación de carbono, el buen estado de los suelos, el almacenamiento
y suministro de agua, la biodiversidad, así como servicios sociales
y culturales. La agricultura ya utiliza el 11% de la superficie
terrestre del planeta para la producción agrícola. También consume
el 70% de toda el agua que se extrae de los acuíferos, ríos y
lagos. Las políticas agrícolas han beneficiado principalmente a los
agricultores que tienen tierras productivas y acceso al agua,
desatendiendo a la mayoría de pequeños productores que siguen
atrapados en una pobreza con una gran vulnerabilidad, degradación de
las tierras e incertidumbre climática.
Políticas e instituciones:
Las instituciones responsables de las tierras y las aguas no han
seguido el ritmo de la creciente intensidad del desarrollo de las
cuencas fluviales y el grado cada vez mayor de interdependencia y
competencia por los recursos tierras y aguas. Se
necesitan instituciones mucho más adaptables y colaboradoras para
responder con eficacia a la escasez de recursos naturales y a las
oportunidades del mercado.
Perspectivas hacia 2050:
Hacia el año 2050 se prevé que el aumento
de la población y los ingresos requiera un 70% más de producción
mundial de alimentos y hasta un 100% más en los países en
desarrollo, en relación con los niveles de 2009. Con
todo, la distribución de los recursos de tierras y aguas no favorece
a esos países que deberán producir más en el futuro: la
disponibilidad media de superficie agrícola per cápita en los
países de ingresos bajos es menos de la mitad que en los países de
altos ingresos, y la idoneidad de las tierras cultivadas para la
agricultura por lo general es más menor. Algunos países cuya
demanda de alimentos crece aceleradamente también son los que
afrontan elevados niveles de escasez de tierras o agua. Lo
más probable es que la mayor contribución al aumento de la
producción agrícola se dé por intensificación de la producción
en las tierras agrícolas existentes. Para
ello será necesaria la adopción generalizada de prácticas
sostenibles de gestión de las tierras, y un uso más eficiente del
agua de riego a través de una mayor flexibilidad y fiabilidad y una
mejor aplicación del agua de riego.
Sistemas en peligro:
Es necesario hacer un examen crítico de las pautas predominantes de
producción agrícola. Una serie de sistemas de tierras y aguas corre
actualmente el riesgo de deterioro progresivo de su capacidad
productiva, por una combinación de excesiva presión demográfica y
prácticas agrícolas insostenibles. Los límites físicos de la
disponibilidad de tierras y agua en estos sistemas pueden agudizarse
aún más en algunos lugares por causas externas, como el cambio
climático, la competencia con otros sectores y los cambios
socioeconómicos. Estos sistemas en peligro exigen una atención
prioritaria de medidas correctivas, simplemente porque no hay
sustitutos.
Condiciones favorables:
Hay potencial para ampliar la producción de
manera eficiente para abordar la seguridad alimentaria y la pobreza a
la vez que se limitan las repercusiones en otros valores de los
ecosistemas. Hay espacio
para que los gobiernos y el sector privado, así como los
agricultores, intervengan en forma mucho más dinámica para avanzar
en la adopción general de prácticas sostenibles de gestión de las
tierras y el agua. Las
medidas no sólo incluyen opciones técnicas para promover la
intensificación sostenible y reducir los riesgos de la producción,
también comprenden un conjunto de condiciones para eliminar las
limitaciones e incrementar la flexibilidad. Estas
incluyen: (1) la eliminación de deformaciones en el marco de los
incentivos, (2) mejora de la tenencia de la tierra y el acceso a
recursos, (3) instituciones de las tierras y las aguas fortalecidas y
más colaboradoras, (4) servicios de apoyo eficientes, con
intercambio de conocimientos, investigación adaptativa, y finanzas
rurales, y (5) un acceso mejor y más seguro a los mercados.
Cooperación internacional, inversión y políticas:
La adopción generalizada de prácticas sostenibles de gestión
de las tierras y las aguas también requerirá que la comunidad
mundial tenga la voluntad política para aportar el apoyo financiero
e institucional necesario para fomentar la adopción generalizada de
prácticas agrícolas responsables. Es
necesario dar marcha atrás a la tendencia negativa de los
presupuestos nacionales y la ayuda oficial para el desarrollo
asignada a las necesidades de las tierras y las aguas. Algunas
posibles nuevas opciones de financiación son el pago por servicios
ambientales (PSA) y el mercado de carbono. Por último, existe
una necesidad de integración mucho más eficaz de las políticas
internacionales e iniciativas relacionadas con la gestión de las
tierras y las aguas. Sólo
con estos cambios el mundo podrá alimentar a sus ciudadanos a través
de una agricultura sostenible que produzca dentro de los límites del
medio ambiente.
¿Sabías que en el mundo...?
- La superficie agrícola en el mundo era en 2001 de 5.016.729 miles de hectáreas (incluyendo pastos), lo que representa el 38,4% de la superficie terrestre. El 65,2% de la superficie agrícola se encuentra en países en desarrollo.
- El VAB (Valor Agregado Bruto) de las ramas primarias en el mundo representa el 6,2% de su PIB, alcanzando para el caso de los países en desarrollo el 11,9%.
- En el mundo hay aproximadamente 1.100 millones de personas empleadas en las ramas primarias, de ellos el 40% son trabajadores asalariados por cuenta ajena.
- La media mundial de tractores por cada mil empleados en agricultura es de 20, aunque las diferencias son gigantescas entre regiones. En la Unión Europea alcanza los 920 mientras que en África sub-sahariana sólo es de 1 tractor por mil agricultores.
- El suministro de energía alimentaria medido en calorías por persona al día se situó en 2002 en 2.803, en los países desarrollados alcanza las 3.314 mientras que en los países en desarrollo el promedio es de 2.674 calorías.
- El consumo de carne en los países en desarrollo ha pasado de los 10 kilos anuales por persona entre 1964-66 a los 26 kilos de 1996-97. La leche y los productos lácteos han experimentado también un crecimiento rápido, pasando de los 28 Kg. anuales por persona en 1964-66 a los 45 kg. actuales.
- La producción mundial de la pesca de captura y la acuicultura suministró alrededor de 101 millones de toneladas de pescado para el consumo humano en 2002, lo que equivale a un suministro per cápita aparente de 16,2 kg.
- Si no se tiene en cuenta la producción de China, el suministro total de pescado para consumo humano ha ido creciendo más lentamente que la población mundial; como consecuencia de ello, el suministro medio de pescado per cápita, excluido el de China, disminuyó de 14,6 kg en 1987 a 13,2 kg en 1992 y se ha mantenido estable desde entonces.
Fuentes: FAO (Naciones Unidas), Banco Mundial, INE, Ministerio de
Agricultura y Pesca.
Históricamente, el aumento de
producción agrícola se ha logrado por expansión del área
cultivada y por incrementos en los rendimientos por unidad de
cultivo. Hasta la década de los cincuenta la expansión de la
superficie cultivada desempeñaba un papel más importante en el
aumento de producción. En cambio, las décadas de los sesenta y
setenta se caracterizan por el hecho de que la intensificación de
los cultivos por unidad de superficie pasó a ser, paulatinamente, el
factor principal en los aumentos de producción. Se estima que la
contribución de la intensificación de los aumentos de la producción
agrícola mundial es del orden de 80%. En la década de los setenta
la superficie arable del mundo aumentó en forma lenta, con excepción
de Oceanía, y disminuyó en el caso de Europa occidental.
En los países en desarrollo la
expansión de las áreas cultivadas siguió desempeñando un papel
importante, si bien decreciente. Es así como, ya a fines de los
setenta, aproximadamente dos tercios de la producción adicional se
originaba en cultivos intensivos, reflejando una tendencia diferente
a la de los años cincuenta. La situación se ilustra con el caso
latinoamericano. El 80% del incremento anual de cultivos durante la
década de los cincuenta tenía su origen en el aumento de la
extensión del área cultivada; en cambio, en la década de los
setenta, con excepción de Brasil, sólo 25% del incremento es
atribuible a esa causa.
La
reducción en el ritmo de expansión de la frontera agropecuaria
coincide, históricamente, con elevadas tasas de crecimiento de la
población, que resulta en una decreciente relación tierra
agrícola-hombre. En el área dedicada al cultivo de cereales se ha
reducido esa relación de 0.24 hectáreas por persona en 1950 a 0.18
hectáreas por persona en 1975, y a 0.13 en 1990, reducciones
significativas ya que los cereales ocupan el 70% del área total
mundial destinada al cultivo de granos.
Obviamente,
se dan diferencias importantes entre países. Para África la FAO
señala que la tierra utilizada para la producción de alimentos es
inferior a 0.10 hectáreas per
capita en
Rwanda, de 0.20 a 0.29 hectáreas en Etiopía, y es superior a 0.50
en Chad.
Asociado
al proceso de pérdida de tierras agrícolas, se da un proceso de
deterioro de aquellas actualmente en uso o de utilización potencial.
La FAO señala que los suelos aptos para uso agrícola son sólo un
porcentaje relativamente reducido de las disponibilidades globales de
suelos. Según Kovda (nombre
de la organización que agrupa a diversas localidades rurales de
Rusia), aproximadamente
el 70% de la tierra disponible dista mucho de ser ideal para la
producción agrícola y, por lo tanto, requiere mejoras de diferentes
tipos. Sólo 11% de los suelos del mundo están libres de
limitaciones serias para el uso agrícola. Las limitaciones más
importantes son la sequía, que afecta a 28% de los suelos, la
resistencia mineral y problemas químicos afecta a 23%, mientras que
la escasa profundidad es un problema que caracteriza a 22% de los
suelos; el exceso de agua y las heladas son las limitaciones que
afectan principalmente a 10% y 6%, respectivamente, de los suelos del
mundo.
Lo anterior implica que las
posibilidades de incorporar tierras nuevas al cultivo son cada vez
menores, o que las inversiones que ello significa, así como el costo
de su conservación, son bastante elevados. De las tierras
actualmente en uso, la gran mayoría están sometidas a fuertes
presiones para aumentar su productividad y, además, expuestas a
fuerte deterioro, que en casos extremos puede dar lugar a la pérdida
irreversible del recurso.
La degradación de los suelos, o
sea «la pérdida total o parcial de su capacidad productiva, tanto
para su utilización presente como futura» (FAO), se debe
fundamentalmente a los siguientes procesos: erosión, sedimentación,
anegamiento, salinización y alcalinización, contaminación química,
uso indiscriminado de fertilizantes, herbicidas, pesticidas, etc.,
uso inadecuado del recurso y, finalmente, la desertificación.
Sequía
|
Estrés
mineral
|
Turberas
|
Exceso
de agua
|
Heladas
|
Sin
limitación
|
|
Norteamérica
|
20
|
22
|
10
|
10
|
16
|
22
|
América Central
|
32
|
16
|
17
|
10
|
--
|
25
|
América del Sur
|
17
|
47
|
11
|
10
|
--
|
15
|
Europa
|
8
|
33
|
12
|
8
|
3
|
36
|
Asia del Sur
|
43
|
5
|
23
|
11
|
--
|
18
|
Asia del Norte
|
17
|
9
|
38
|
13
|
13
|
10
|
Asia Se
|
2
|
59
|
6
|
19
|
--
|
14
|
Australia
|
55
|
6
|
8
|
16
|
--
|
15
|
Total suelos:
|
28
|
23
|
22
|
10
|
6
|
11
|
Fuentes:
FAO, Dimensions
of need, op. cit.
Obviamente, con el
crecimiento poblacional es inevitable que las relaciones tierra
agrícola-hombre sigan disminuyendo, alcanzando sus valores más
bajos en países como Egipto y Rwanda, donde es inferior al 0.1. Esta
situación inevitable es manipulada y alimenta los argumentos
neomalthusianos. Sin ignorar la importancia de la disminución del
recurso tierra por habitante, lo importante es recordar que muy pocos
países han sido y pueden llegar a ser autosuficientes en producción
de alimentos. Es por eso que las magnitudes globales son importantes.
La
información existente revela que la producción de alimentos ha
aumentado más rápidamente que la población, siendo la
producción per
capita actual
18% superior a la de hace 30 años, como se muestra en el gráfico
adjunto. Esto no quiere decir que el problema alimentario no existe,
sino simplemente que tiene diferentes dimensiones: una, la capacidad
interna de producción de alimentos, y otra, la capacidad para
acceder a la producción de los países excedentarios. El primer
aspecto orienta la política sobre el mejor uso del recurso tierra de
cada país de acuerdo a sus posibilidades de importar aquello que no
pueden producir.
No sólo hay pérdidas
irreversibles de tierra fértil por conversión a otros usos, sino
que las disponibles tienen limitaciones y además su mala gestión se
traduce en deterioro, con disminución de sus capacidades productivas
y eventualmente pérdida, de allí la importancia de examinar algunos
aspectos de gestión del suelo.
Un estudio
comisionado por el PNUMA (Programa
de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) calcula
que cerca de 1 200 millones de hectáreas de tierra agrícola sufren
procesos de degradación, de éstas algo más de un millón de
hectáreas lo son por efectos de la erosión. Las diferentes formas
de degradación están asociadas o se derivan de las modalidades de
intervención y uso que lleva a cabo el ser humano. El total de área
degradada en el mundo es calculado por dicho estudio en 1 964.4
millones de hectáreas, de las cuales 1 215 millones de hectáreas lo
son con carácter de moderada, grave y extrema; estas cifras
representan, respectivamente, 17% y 10.5% de la tierra con
vegetación.
En términos absolutos, la mayor
degradación se da en Asia, con 747 millones de hectáreas, o
alrededor de 20% de su superficie cubierta con vegetación; en
términos porcentuales, sin embargo, la mayor degradación se da en
América Central y México, con 24.8% de su área cubierta por
vegetación degradada y 24.1% moderada, grave y extremadamente
degradada; en términos absolutos, estos porcentajes corresponden a
62.8 y 60.9 millones de hectáreas. En América del Sur el área
degradada ha sido calculada en 243 millones de hectáreas, 14% de su
superficie cubierta con vegetación, de las cuales 138.5 lo son con
carácter de moderada, grave y extrema.
El uso de los elementos del
sistema natural, en este caso suelos, y la explotación de sus
recursos llevan aparejadas transformaciones inevitables del
ecosistema, su estructura y funciones. De estos cambios lo que el ser
humano percibe directamente son los que experimenta el paisaje, sobre
todo cuando estos tienden a perpetuarse y acentuarse, terminando por
ser ya modificaciones prácticamente irreversibles.
Las transformaciones dependen de
los cambios en las estructuras económicas y sociales y del creciente
poder de transformación que proporciona el mayor conocimiento
científico y tecnológico. El paisaje contemporáneo que se percibe,
sobre todo en el Viejo Mundo y en Europa en particular, dista mucho
de ser natural, es en realidad un continuo natural-social-cultural y
tecnológico resultante de la interacción milenaria del sistema
social con el natural a lo largo de la historia.
La tecnología es, sin duda, el
instrumento más poderoso con que cuenta la sociedad para utilizar su
sistema natural; su aplicación ha estado asociada a grandes e
irreversibles modificaciones del ecosistema y su expresión visual:
el paisaje. Los rasgos típicos del ecosistema se mantienen debido a
parámetros climáticos, ecológicas, situación geográfica,
topografía, diversidad de especies y otros, así como por la forma
como estos elementos se asocian. Pero la explotación de la
naturaleza altera su complejidad, la importancia relativa de sus
componentes y de sus interrelaciones se modifica, el hombre común
llega, en algunos casos, a percibir cambios en el paisaje, pero por
lo general no sabe, o no se da cuenta, de que ellas son reflejo de
alteraciones más profundas que sufre el ecosistema. Estas últimas
van asociadas a pérdidas de diversidad, cambios en la estructura del
suelo, mayores flujos de energía, menor persistencia de los ciclos
de la materia y la creciente madurez del ecosistema.
Algunos sistemas naturales están
dotados de gran resiliencia de manera que, de interrumpirse la
interferencia antrópica que origina la modificación, pueden
recuperarse, retornando, si no a un estado preexistente, al menos a
uno muy similar a ese estado original. Otros sistemas, en cambio, no
se recuperan y se mueven hacia nuevas posiciones de equilibrio con
condiciones de funcionamiento y sustentabilidad diferentes. En ambos
casos la dimensión temporal es fundamental ya que, en periodos
largos, cualquiera que sea la resiliencia del sistema, los cambios
tienden a incorporarse en forma permanente, de manera que todo
ecosistema, y su expresión visual, es decir el paisaje, aun
conservando sus rasgos típicos fundamentales, o su «personalidad»,
como decía González Bernáldez, lleva incorporadas modificaciones
provocadas en diferentes periodos históricos y como respuesta a
diferentes situaciones socioeconómicas y culturales: «En un mismo
paisaje encontramos siempre retazos de épocas distintas, partes de
edad diferente, superpuestas y entremezcladas. Es el resultado de la
distinta histéresis o persistencia de procesos muy variados».
Una consecuencia de lo anterior
es que los ecosistemas fuertemente intervenidos, y por periodos muy
largos, tienden a hacerse dependientes de la intervención humana. Es
decir, la conservación de ese ecosistema está supeditada a la
acción humana ya sea a través de suministros regulares de energía
(por ejemplo, fertilizantes), de acciones de protección (uso de
plaguicidas), del suministro regular de agua o finalmente por la
conservación de las modificaciones topográficas y zonales
introducidas, como terrazas y bancales. Esta dependencia se observa
claramente por el deterioro que sufren ciertos paisajes cuando se
abandonan o cesan en ellos las actividades económicas.
Desde el punto de vista espacial
todo proceso de transformación tiene un epicentro en el que se
produce la intervención directa desde el cual, a través de
interconexiones espaciales y temporales, se originan una serie de
efectos, a menudo insospechados y a veces indeseados, en otros
sistemas tanto adyacentes como distantes.
La agricultura ha tenido efectos
de transformación importantes que se iniciaron varios milenios antes
de la era cristiana. Las poblaciones de animales y plantas, las
pendientes y los valles, la cubierta de suelo fértil, la cubierta
vegetal de bosques, las praderas, han sido alteradas continuamente en
una forma que es hoy prácticamente irreversible: la roturación de
los campos, los barbechos, las terrazas y bancales, el riego y la
desecación de zonas húmedas han tenido un impacto decisivo en las
características, las estructuras y funciones, las disponibilidades
de recursos, sobre la productividad de los sistemas naturales y,
finalmente, sobre el paisaje.
Los medios y las formas de
utilización de los recursos del sistema natural y los cambios que
introducen son variados; sin intención de hacer una enumeración
exhaustiva, y limitándose a aquellos inherentes a la agricultura, se
pueden recordar:
- La eliminación de la cubierta forestal, ya se sea por medio del fuego, por el método tradicional de roza, tumba y quema, por simples talas o eliminación destructiva con bulldozers y cadenas;
- La manipulación del suelo mediante herramientas manuales, arados o equipos mecanizados de gran envergadura, con profundos efectos sobre sus características estructurales y funcionales; o mediante nivelaciones de tierras, etcétera.
- Modificaciones provocadas por los sistemas de regadío, incluyendo la incorporación de tierras marginales a la agricultura;
- Alteraciones por aportes de subsidios energéticos y químicos, en particular fertilizantes sintéticos y plaguicidas;
- La delimitación artificial del espacio mediante cercos, diques, acequias o canales;
- Desecación de zonas húmedas, explotación de acuíferos y construcción de sistemas de riego;
- Construcción de terrazas y bancales;
- Construcción de vías de acceso, silos, edificios, establos, etcétera;
- Agricultura intensiva, homogeneización de cultivos;
- Colonización de ecosistemas por especies o variedades ajenas, o por especies híbridas o modificadas genéticamente;
- El desarrollo de la ganadería estabulada y sus efectos indirectos en la conversión de usos del suelo: conversión de bosques a pastizales, conversión de cultivos alimentarios a cultivos forrajeros.
Algunas transformaciones afectan
a pocos componentes del sistema y de sus ciclos, por lo general los
más breves, como por ejemplo los de algunas variedades de animales y
plantas; pero otras repercuten sobre la estructura y funcionamiento
del sistema propiamente, alterando sus ciclos básicos, como el
hidrológico.
Así, la agricultura altera
inevitablemente el suelo. Los cultivos obligan a remover la
vegetación natural o a su modificación drástica; los cultivos
itinerantes con largos periodos de barbecho permiten la recuperación
de los bosques naturales, pero pueden causar cambios en las especies
y composición de la vegetación secundaria. Otras formas implican la
eliminación total de la cubierta vegetal original y la eliminación
de especies y/o variedades nativas; por ejemplo, la producción de
cereales en la agricultura moderna mecanizada ha eliminado no sólo
la vegetación original, sino además los setos y árboles que un
tiempo fueron plantados alrededor de tierras arables y pasaron así a
ser el hábitat de diversas especies vegetales y animales, y además
cumplían funciones microclimáticas en relación con los vientos y
la evaporación, o antierosivas en relación con el suelo.
La agricultura moderna tiende a
la simplificación del ecosistema y, por lo tanto, del paisaje. La
roturación ha alterado los suelos, se han añadido o removido
nutrientes, se ha reducido la acidez mediante la adición de cal, se
drenan los suelos para eliminar el exceso de agua, se remueven
piedras y rocas para facilitar las operaciones agrícolas y recuperar
tierras, se nivela para facilitar el riego y la mecanización; se
cambian, en fin, la estructura de los suelos y el paisaje. Estas
modificaciones están a menudo respaldadas o justificadas por la
posibilidad de incorporación de recursos al sistema económico. Por
ejemplo, tierras inundadas de llanura padana en
Italia, los polders holandeses, y
los fenlands ingleses han sido incorporados a la
agricultura y se las incluye entre las tierras de la mejor calidad.
Las pendientes de las laderas montañosas, en particular aquellas muy
empinadas, no favorecen la agricultura, pero la construcción de
terrazas y bancales han hecho posible plantar esas pendientes en las
culturas más diversas a lo largo de la historia. A su vez, el riego
ha alterado los paisajes de amplias zonas áridas y semiáridas en
muchas partes del mundo como Egipto, Iraq, Israel, Estados Unidos,
etcétera.
Fuente: http://www.eurosur.org/
