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lunes, 26 de marzo de 2018

Ciclo "Adiós al coche" en la Sala Beckett de Barcelona

 

Queridos lectores,

Durante este mes de abril que pronto comienza, la Sala Beckett de Barcelona ha programado un ciclo de conferencias, espectáculos y actividades culturales alrededor de una idea clave: "Adiós al coche". Se trata de hacer reflexionar a los espectadores/oyentes sobre el futuro de la ciudad cuando ésta quede liberada del vehículo privado.

A lo largo y ancho de este blog se ha discutido en numerosas ocasiones sobre los problemas que plantea la automoción privada y las negras, negrísimas perspectivas de futuro que tiene: a la imperiosa necesidad de la lucha contra el cambio climático se le ha unido más recientemente una mayor concienciación sobre el alto impacto que tiene el tráfico rodado en las ciudades sobre la contaminación y por ende sobre la salud de sus habitantes. Por si esto fuera poco, está la compleja cuestión que es leit motiv de este blog, el inexorable declive de los combustibles fósiles y el descenso energético que afectarán de manera dramática a la automoción en general y a la privada en particular. Y las pocas alternativas que se proponen, centradas principalmente en la quimera del coche eléctrico, no ofrecen una solución a una escala significativa (el lector interesado en la temática de la automoción privada puede seguir este índice con todos los posts que hacen un análisis exhaustivo del problema). 

Por todos estos motivos, las ciudades están abocadas a un drástico cambio de la movilidad y por ende del uso del espacio público. Sin embargo, un debate de la importancia y del calado que tiene éste es tratado de forma superficial por las instancias públicas, con una proliferación de falsas soluciones y múltiples debates espurios que están hurtando al público general de una discusión real de problemas que les afectan y mucho. ¿Se iría Vd. a vivir al extrarradio de una gran ciudad o a una urbanización aislada si quizá el día de mañana no podrá disponer de un coche?

Plantear este problema no es nada fácil, dado los grandes intereses económicos y sociales implicados, y llegar al público general, al cual más le interesaría estar al tanto de esta discusión, es una tarea casi imposible. Como ha dicho hoy en la rueda de prensa en la que se ha presentado el ciclo uno de sus comisarios, David Bravo, la probabilidad de que la noticia de este ciclo aparezca en los diarios al lado del anuncio de un coche es muy elevada, y pocas cosas mejor que eso ejemplifican cómo intentar plantear este debate choca y chocará siempre contra los intereses de una potente industria que paga espléndidamente su publicidad en los medios.

"Adiós al coche" es, por tanto, una propuesta transgresora y la exploración de una vía diferente para llevar este tipo de cuestiones a la ciudadanía. En vez de hacer un ciclo de conferencias técnicas centradas en el tema, se trata de combinar la presentación técnica con el arte, y además de conferencias más estándar hacer teatro, espectáculo, música, para atraer a un público amplio. De entre todo el catálogo de actividades podemos destacar algunas, como por ejemplo:

Yo mismo tengo la suerte y el honor de participar en este ciclo, el día 24 de abril, con una conferencia más clásica aunque tendrá un planteamiento más abierto y menos técnico que mis charlas habituales ("El canvi de paradigma" | Conferencia de Antonio Turiel https://www.salabeckett.cat/activitat-resta/el-canvi-de-paradigma/).

Si viven en Barcelona o pasan por allí, no desaprovechen esta ocasión para venir y reflexionar sobre qué futuro le espera a las ciudades después del coche.

Salu2,
AMT

viernes, 3 de febrero de 2012

La dificultad de romper la cáscara



Queridos lectores,

Mis muchos compromisos me quitan el tiempo necesario para terminar un post sobre un problema que nos va a afectar y gravemente pronto - el pico del diésel (espero que esté listo para principios de la semana que viene). Entre tanto, Juan Luis Chulilla acaba de improvisar un breve pero interesante post sobre la alienación social que nos produce el bien de consumo por excelencia: el coche. Les dejo con Juan Luis.

Salu2,
AMT


Un resumen urbano de la inevitabilidad del oil crash

Plaza de Jacinto Benavente, Madrid. 9:50. -2 grados en el termómetro digital de la marquesina. El autobús se retrasa. Van pasando los minutos, más de los 9 previstos para esta hora de un viernes. Los futuros pasajeros miramos hacia la calle de Atocha y descubrimos los motivos del retraso: dado que el párking está completo, los que quieren acceder a él se detienen y taponan el principio de la calle de Atocha. Ni un policía. Poco a poco, los coches van entrando en el párking, pero otros ocupan su lugar y la calle sigue taponada. Contemplamos nuestro autobús a 20 metros, sin poder moverse, durante 10 interminables minutos. A las 22:15 logramos subir al autobús.

Ver Atasco metafórico del oil crash en un mapa más grande
En su momento me he cabreado, y me ha tentado severamente acercarme a los que taponaban la calle para describir su genealogía por el lenguaje de gestos tradicional. Pero una vez que he entrado en calor en el autobús, la imagen me ha parecido perfecta: los que estaban generando ese atasco, calentitos dentro de sus coches, ni se inmutaban ante el atasco que estaban provocando, con los autobuses parados detrás suyo. Aunque era completamente evidente, aunque era una obscenidad que con esta ola de frío la gente estuviera esperando en la calle por culpa suya, no tenía la más mínima importancia. Lo único que importaba era que esos simpáticos ciudadanos habían decidido ir al centro de Madrid en coche, y si tenían que parar el tráfico para poder entrar al párking, pues lo paraban.

El coche ha cambiado nuestras ciudades y a nosotros de paso. Las boinas de contaminación que tenemos encima, las muertes y discapacidades sobrevenidas y el resto de efectos negativos que nos produce el abuso del coche son objetivos e indiscutibles. A poco que se sigue el desarrollo de los acontecimientos, cada vez es más evidente que esto no puede durar, porque estamos en las postrimerías de la era del petróleo barato.

Pero tanto los efectos objetivos como el futuro inmediato dan igual porque, además de cambiar nuestras poblaciones, nos han cambiado a nosotros. Y es muy sencillo visualizarlo: al transportarnos, nos encerramos en el interior de un coche, de un objeto tan central para nuestras vidas que, a pesar de que tiene ventanas transparentes, no nos deja ver lo inevitable del presente y del futuro. 

En su momento hablé del problema del coche como símbolo de status, pero es sólo parte de un problema más amplio. El coche ha condicionado la percepción de la mayoría de la población de los países desarrollados. Desde su interior no vemos, hasta el punto de que somos incapaces de imaginar nuestras vidas sin ellos.

Mañana, o pasado, o el año que viene, esos satisfechos conductores que nos habían dejado ateridos no podrán volver a hacer lo mismo. Como casi todos, renunciarán forzados al coche.

¿Qué será de ellos, cuando el oil crash les obligue a salir del coche y a ver?



Juan Luis Chulilla