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viernes, 27 de marzo de 2015

Las lágrimas del Ártico

Viento a  la superficie isobárica de 250 hectoPascales (aproximadamente 10 Km, la altura del Jet Stream), el día 27 de Marzo de 2015 a las 15:00



Leía con desgana el borrador del programa de trabajo para el bienio 2016-2017 del área del programa marco Horizonte 2020 que incluye las actividades marinas. El documento, aún confidencial (pues aún pueden producirse algunos cambios menores en su contenido) contiene las líneas de investigación que la Comisión Europea quiere fomentar en los próximos años y que por tanto va a financiar. La financiación de la investigación europea funciona así: un amplio grupo de expertos y algunos lobbies muy potentes deciden cuáles son los temas que se tienen que investigar, se elaboran estos programas de trabajo y finalmente salen las convocatorias para propuestas de proyectos de investigación, que deberán ceñirse a alguna de las líneas propuestas. El plan de trabajo es muy detallado y salen literalmente centenares de líneas diferentes, pero con un poco de experiencia uno sabe ir directamente a buscar aquéllas que le interesan. Idealmente, si uno está bien relacionado y sabe moverse en estos ambientes, puede llegar a conseguir que sus propias ideas queden recogidas directamente en una de esas líneas y así es más fácil (aunque no está garantizado) conseguir uno de esos proyectos. Yo, que tengo pretensiones y capacidades más modestas, simplemente voy leyendo todas las líneas del borrador, buscando aquéllas que corresponden con el trabajo que sé y que quiero hacer, filtrando de éstas las líneas que ya sé que están fuertemente apadrinadas y que por tanto no merece que me presente a ellas pues nada sacaré.

Sigo buscando dinero para mantener el grupo de investigación. Hemos hecho un buen trabajo en los últimos años y nuestra progresión es ahora muy buena, pero justo en nuestro mejor momento se nos van a acabar los fondos, y por más que intento conseguirlos aquí y allá de momento no cosecho más que fracasos. Todavía podré aguantar un año, quizá dos, pero el reloj sigue su curso y, como dice un amigo, "no hay que esperar a tener sed para construir un pozo". Así que estoy al tanto de las convocatorias y voy pensando en nuevos proyectos.

En eso estaba cuando de repente llegué a una sección que me interesaba. "Fortaleciendo la capacidad europea para la observación, recogida de datos y monitoreo del océano". Bien, esta es la mía, me dije, y comienzo a leer.

La mitad de las líneas propuestas por la Unión Europea para la investigación en 2016 y 2017 en ese área se refieren al Ártico (la otra mitad al Mediterráneo y las pequeñas empresas). Y ahí se decía claramente: el Cambio Climático está siendo especialmente intenso en el Ártico, las graves alteraciones en el Ártico están llevando a cambios de los patrones meteorológicos en el Hemisferio Norte, hay que mejorar la predición meteorológica y climática teniendo en cuenta esos cambios, hay que incorporar estos cambios para gestionar mejor los riesgos asociados (cita explícitamente inundaciones, sequías, eventos extremos...).

Mientras un pequeño grupito de trolls a sueldo siguen dando vueltas alrededor de este blog, como lo hacen alrededor de otros, a la espera de lanzarse en picado sobre cualquier post que huela a cambio climático, tratando de desacreditar los argumentos que se dan con argumentos sesgados, tergiversaciones groserísimas y un buen número de ad hominem, la Comisión Europea ya tiene claro a estas alturas que se están produciendo grandes cambios en el Ártico, y que estos cambios están desestabilizando el clima del Hemisferio Norte con graves consecuencias. No sólo eso, sino que le está dando una atención preferente entre las líneas que quiere que se investiguen.

No tenemos que engañarnos sobre el papel de la Unión Europea y de la Comisión Europea en este asunto. Los intereses cruzados y el cabildeo (lobby) son intensos en esos foros, así como la hipocresía y la doble moral. Sin embargo, el problema Ártico (como ya se le comienza a conocer) empieza a ser tan evidente que resulta cada vez más difícil no ya disimularlo, sino incluso no comenzar a tomar cartas en el asunto puesto que los perjuicios ya causados y los previsibles pueden convertirse en una factura difícil de gestionar. Y a pesar de ello, la presión política sobre estos temas es extrema. Así, las resoluciones que está tomando la Comisión Europea relacionadas con el Cambio Climático (y que cada vez son más) son filtradas con tanta intensidad que tras la sordina mediática apenas se oye un rumor, si es que se llega a oír algo.

El problema Ártico. ¿Qué es el problema Ártico? Esencialmente, que los efectos del cambio climático están teniendo una amplitud mucho mayor en el Ártico que en otras zonas del planeta, por razones que son bien conocidas desde hace tiempo. Año tras año se acumulan los datos que nos muestran el problema Ártico con toda crudeza, mientras la mayoría de los medios miran hacia otro lado y los pocos que hablan de ello no contextualizan el problema y no le dan la relevancia que tiene, y al tiempo sacan editoriales infectas escritos por tipos cuyo único mérito relevante es el colorismo con el que lucen los hábitos de su religión.

Este año hemos tenido varios signos preocupantes del problema Ártico. Por ejemplo, a principios de Marzo se registraron valores anómalos de temperatura en el Ártico, que superaron en 20ºC la temperatura media de las últimas décadas, una desviación de una amplitud enorme. Este tipo de desviaciones monstruo eran inauditas hace unas décadas pero, desgraciadamente, se están haciendo cada vez más frecuentes.


Imagen de https://robertscribbler.wordpress.com/



Teniendo en cuenta la evolución del volumen de hielo en el Ártico en los últimos años y estas fuertes anomalías de temperatura, no es sorprendente que este año el momento anual de máxima cobertura del hielo (justo el día que comienza la primavera septentrional, el 21 de Marzo, y que sale el Sol en el Polo) el área cubierta de hielo era inferior a la de cualquier año precedente. Hay cada vez menos hielo, cada vez más fino, cada vez más frágil, y se repone menos durante la estación fría.

Algunos trabajos científicos muestran que hay una conexión entre el deshielo ártico y el debilitamiento de la corriente de chorro polar (Jet Stream). Este debilitamiento del Jet Stream (del cual ya hemos hablado aquí) sería el responsable del comportamiento meteorológico cada vez más extraño a ambos lados del Atlántico. Así, en la costa Este de los EE.UU. tienen temperaturas 10ºC por debajo de las medias históricas mientras en la costa Oeste las temperaturas son casi 10ºC superiores:


Extraído del NOAA National Climatic Data Center, http://www.ncdc.noaa.gov/


(el típico argumento negacionista para soslayar este hecho sería hacer el promedio de temperaturas sobre todo el país y comenzar a argumentar que la temperatura media de los EE.UU. no presenta ninguna anomalía). La sequía en California se recrudece y el ansiado El Niño -que traería fuertes lluvias en ese lugar- finalmente no ha venido, con lo que peligra la tercera parte de la producción de verduras y hortalizas de los EE.UU. En el Atlántico Sur, una combinación de escasa precipitación y mala gestión ha dejado a la megalópolis de Sao Paolo en una situación de crisis hídrica sin precedentes. En Europa, los patrones de lluvias y temporales entran todavía dentro de la relativa normalidad en cuanto a su frecuencia marginal, pero cada vez menos si se tienen en cuenta una escala más sinóptica, y el peligro latente de un año sin verano continua ahí. ¿Será 2015 un año sin verano en Europa? Seguramente no si tomamos Europa en su conjunto, pero en determinadas zonas de Europa bien podría ser el caso.

Y a pesar de la evidencia que se acumula, seguimos discutiendo si son galgos o si podencos son.


Después de este post, volverán al foro de este blog los mismos de siempre a sacar los mismos argumentos de siempre en discusiones que serán calcadas a otras anteriores; jalearán la inoportunidad o exageración de mis afirmaciones y si suficientes foreros les plantan cara dirán que se van para no volver y en seguida volverán a estar ahí, defendiendo su posición, que es lo mismo que decir defendiendo a su amo. Pero cuando salgan a la calle, sobre su cara, al igual que sobre la mía, caerán las lágrimas del Ártico.


Antonio Turiel
Marzo de 2015.

domingo, 6 de julio de 2014

Derrota y deriva



Queridos lectores,

Esta semana Televisión Española ha emitido un programa sobre el estado del Mediterráneo y el intento de algunas multinacionales de buscar petróleo en algunas zonas y eventualmente explotarlo. Al final del programa se emite una entrevista que me hicieron hace algunos meses (donde por cierto me presentan con el desmesurado e inapropiado título de "experto reconocido internacionalmente").

Los puntos actualmente candentes en la explotación de petróleo en alta mar en España están en la bahía de Roses (Girona) y en Fuerteventura y Lanzarote (Canarias). En ambos casos estamos hablando de yacimientos que contienen, siendo muy optimistas, unas reservas de entre 500 y 1.000 millones de barriles de petróleo, lo cual es una insignificancia comparado con el consumo mundial de 90 millones de barriles diarios (Mb/d); efectivamente, todo el petróleo contenido en esos yacimientos daría para abastecer entre 5 y 11 días de consumo mundial. Pero además este petróleo no puede se extraído de golpe, sino que los yacimientos seguirán, como cualquier otro, una curva de extracción, con una fase inicial de menos producción, un máximo y un eventual y progresivo descenso de la producción. Al final, dado el tamaño de los yacimientos y a juzgar por la producción de otros yacimientos en el mar cabe esperar que como mucho puedan proporcionar, en conjunto y no por mucho tiempo, no más de 20.000 barriles diarios. Esto puede parecer mucho (teniendo en cuenta que cada barril contiene 159 litros), pero si se lo compara tan siquiera con el consumo de España es bastante poco:

Consumo (línea negra) e importaciones (curva sombreada en rojo) de España. Gráfica generada por Flujos de Energía.





Como se ve, incluso a pesar del escalofriante descenso del consumo del petróleo en España de casi un 25% desde los máximos de 2008, aún se consumen 1,2 Mb/d, es decir, 60 veces más de lo que se puede esperar producir en los yacimientos actualmente en exploración. Eso sin contar con que estos yacimientos tienen muy baja TRE, con las graves implicaciones que eso tiene. En realidad, estos yacimientos, si al final son económicamente viables, serán una buena fuente de ingresos para quienes los exploten pero sin que ayuden para nada a aliviar la grave crisis energética en la que está envuelta España, razón fundamental por la que la actual crisis económica no acabará nunca. En realidad, como los lugares de explotación viven activamente del turismo, la mayoría de los detractores temen que su imagen se pudiera ver perjudicada por la aparición de una industria tan sucia - sin ver que de todos modos el turismo tampoco tiene mucho futuro en un mundo en crisis permanente e irreversible. Más sentido tiene preocuparse por el estado de salud del mar en este mundo profundamente enfermo, aunque quienes piensan en estas cuestiones son una minoría.

¿Por qué consideramos ahora estos yacimientos que hace tan sólo una década desdeñábamos? ¿Por qué nos fijamos en recursos tan poco -o nada- rentables como las arenas bituminosas del Canadá o el fracking? Porque según reconoce la propia Agencia Internacional de la energía la producción de petróleo crudo convencional no superará jamás el nivel de 2006, porque en realidad la producción de petróleo crudo convencional ya decae y porque sin una gran inversión adicional la caída será muy rápida... pero esa inversión no está llegando. Ese imprescindible aumento de la inversión no se produce porque se multiplica la inestabilidad en países que tradicionalmente han vivido muy bien de los ingresos del petróleo pero que con la caída de su producción están ahora inmersos en graves problemas: Egipto, Siria, Yemen, Irak, Nigeria, Venezuela... Soplan intensos vientos de cambio. Para Europa la situación en Ucrania tiene peligrosas implicaciones, principalmente por el suministro de gas ruso a través de aquel país (aunque no debe perderse de vista que el 46% del petróleo consumido en Europa es de origen ruso: no conviene contrariar al oso ruso). En España se sigue soñando con aliviar la situación europea exportando el gas que importamos de Argelia, país que ya pasó sus propios peak oil y peak gas (la producción de gas argelina ya ha caído un 18%), y dónde la desesperación de ver reducirse esta fuente de ingresos les ha llevado a comenzar a tantear el fracking. Y a pesar de eso, cada día sale una nueva ridícula fantasía periodística anunciándonos que EE.UU. exportará petróleo y gas, o que el fracking salvará al mundo, fantasías que no resisten el más mínimo análisis crítico.

Y mientras los hombres se afanan en el imposible objetivo de mantener un sistema social que necesita consumir cada vez más para mantenerse vivo, rebañando las últimas migajas de los combustibles fósiles, las consecuencias de tanto despilfarro se dejan sentir cada vez más.  Algo pasa con el verano; no sabemos qué es, no queremos ver qué es, pero la cosa obviamente no mejora. Continuos frentes de lluvia y aire fresco pasan por el tercio norte de la Península Ibérica y azotan Europa; cae granizo masivamente en multitud de localidades diferentes... Nada es insólito tomado por separado, pero sí tomado en conjunto y por su repetición. La corriente de chorro polar, que organiza la circulación del tercio norte del planeta y que depende de la diferencia de temperatura entre el polo y el ecuador, está completamente desestructurada como consecuencia del incremento de temperaturas en el Ártico:


Desgraciadamente, que la corriente de chorro polar se desestructure favorece a su vez que la temperatura del Ártico suba más, con lo que el problema no hace más que agravarse. Ello es debido a que una corriente de chorro polar desorganizada favorece una series de fenómenos que contribuyen a una mayor destrucción del hielo ártico, y como el hielo refleja la luz mientras que el agua la absorbe, menos hielo significa más calentamiento.

La superficie ocupada por el hielo ártico está ahora mismo en mínimos, ya muy cerca de los mínimos históricos del año 2012:


Pero es que encima el hielo tiene ahora un grosor muy pequeño, con lo que es muy frágil. En 2012 el responsable del rápido declive del hielo ártico fue una tormenta que duró más de un mes y que hizo migas una buena fracción del mismo; en 2014 la superficie cubierta por el hielo ya está casi en los niveles de 2012, por lo que la llegada de una fuerte tormenta podría desmenuzar el anterior récord y acercar aún más la situación de un Ártico sin hielo en verano.


Grosor de la capa de hielo ártico durante este mes de Julio. Imagen sacada de Arctic News.


Y en este estado de cosas, de repente el huracán Arthur, convertido ya en tormenta tropical, girará hacia el Noroeste y entrará de lleno en el Ártico en los próximos días:


Previsión de evolución de Arthur según el National Hurricane Center.


¿Es habitual que un huracán, en su curso normal de declive, entre el Ártico? No es inaudito, pero no es lo usual: por lo general, por razones geofísicas (conservación de la vorticidad potencial, orografía, presencia de la corriente de chorro polar) lo normal es que giren hacia el este y se acaben extinguiendo en el Atlántico Noroccidental (vean, por ejemplo, la evolución de los huracanes de la temporada 2005, una de las más intensas de los últimos años):


¿Qué va a pasar? Nadie lo sabe, pero las perspectivas no pueden ser más inquietantes.

En náutica derrota es la trayectoria que sigue una nave para ir de un punto a otro, mientras que la deriva es el desvío de la derrota, atribuíble al efecto de los vientos y las corrientes. Si me lo permiten yo dría que en la actualidad la deriva que seguimos de nuestra derrota nos lleva a una deriva que garantiza nuestra derrota.


Salu2,
AMT

martes, 24 de junio de 2014

Aporía

Imagen de http://robertscribbler.wordpress.com/2014/06/20/jet-stream-tattered-by-climate-change-brings-new-bout-of-worst-storms-on-record-for-north-central-us/


Las lágrimas del Ártico caen, incesantes y copiosas, sobre mi cabeza. El Ártico se muere, o al menos lo hace la secular capa de hielo que lo cubría, cuya eventual desaparición implicará no sólo el final del hábitat de unas pocas especies, sino un desequilibrio climático a gran escala que afectará a todo el tercio septentrional del planeta.

Es normal, dicen algunos; ya sabemos que a veces llueve y a veces hace Sol; es lo normal en primavera, me repiten, pero ya no es primavera sino verano.

Caen la lluvia densa que moja nuestro grano e impide su recolección, cae el duro granizo que destroza nuestros huertos y nuestras mieses, y lo hace durante días, alternando semanas secas con días en los que parece que el cielo se abre encima de nuestras cabezas. El viento que nos trae la lluvia sopla, extrañamente, del Oeste o del Sur, y el anticiclón que nos garantizaba los típicos veranos secos y cálidos no hace acto de presencia. La lluvia constante y cerrada nos la trae una borrasca que entra y barre desde el oeste, y ya no hay las clásicas nubes de evolución que los días calurosos garantizaban las típicas tormentas de verano al caer la tarde. Llueve, sí, pero no es la misma lluvia, no son los mismos fenómenos, no son los mismos mecanismos, no son las mismas consecuencias. Llueve mucho más de lo que llovería, en cantidad, extensión y duración y nuestra tierra no se adapta tan rápidamente a este nueva forma de llover, tan diferente.

Tal año en Junio llovió más en Madrid, tal otro en La Coruña, otro más en Barcelona. Pero por más que busquen y rebusquen en los anales no encontrarán años tan lluviosos en todos esos sitios al mismo tiempo. El sistema climático es turbulento con un número de Reynolds muy elevado a las escalas humanas y regionales, y por tanto es muy ergódico, palabreja esotérica de los físicos estadísticos que significa, entre otras cosas, que para entender la estadística del sistema se pueden considerar series temporales muy largas de un solo punto o series de muchos puntos diferentes en un sólo instante. En suma, que si uno quiere caracterizar que está habiendo un cambio tanto puede observar series muy largas y observar cambios que por probabilidad no pueden ser debidos al azar (por ejemplo, la tendencia al calentamiento del planeta que nos muestran las series de temperatura) o bien observar patrones de eventos a gran escala cuya coincidencia simultánea es también poco probable y por tanto no es debida al azar. Los patrones actuales no son debidos al azar, y no son comparables a lo observado décadas atrás. El tercio norte de la Península Ibérica está en la vía de salida de un tren continuo de borrascas, que en invierno fue terrible y en verano, aunque debilitado y discontinuo, tiende a reproducirse. El tercio sur vive ajeno a estas alteraciones y conoce el año más cálido y seco que se recuerda. La tierra de nadie entre estas dos partes vive en medio de continuos sobresaltos. Y eso es sólo mirando a esta pequeña península; en Europa los cambios están siendo radicales, desde temperaturas 20 grados más elevadas que la media en el Círculo Polar Ártico hasta inundaciones recurrentes en las Islas Británicas. ¿Por qué pasan tales cosas? Sabemos en parte por qué, pero cuando nos lo contaron la primera vez nos tomamos a burla el titular: ¿un año sin verano? ¡Qué tontería, qué fabulación! No leímos la explicación, no entendimos el verdadero riesgo que corríamos. Ahora simplemente la padecemos, esperando que la cosa no vaya a más.

Oigo truenos. O quizá es el lamento grave del Ártico moribundo, no lo sabría decir. Se queja repetidamente. Se muere, se muere pronto. Quizá sólo le quedan unos años, en el peor caso posible quizá sea éste el año de su defunción. Seguiremos discutiendo si pasará antes o después, repetiremos interminables discusiones y apuestas sobre el índice de extensión de hielo ártico que publica el Centro Americano de Datos sobre Nieve y Hielo. Este 2014 la cobertura de hielo marino en el Ártico en este momento es mejor que en las mismas fechas de 2012 (el peor año hasta la fecha), dirán algunos; y otros dirán que igualmente 2014 es el tercer peor año hasta la fecha y que el hielo es más delgado que nunca, con lo que es más frágil. Y así seguiremos hasta que un verano cualquiera de repente no haya hielo en el Ártico, seguramente después de varias semanas de una tormenta intensa. Entonces, en ese justo momento, comenzaremos a discutir cuánto hielo se puede reponer durante el invierno septentrional...



¿Qué está pasando? ¿Por qué está pasando esto? ¿Cuál es la causa última de todo este desvarío? Es simplemente que queríamos crecer infinitamente en un planeta que es finito. Y cuando decíamos crecer queríamos decir aumentar nuestro consumo de materia y energía, como si nuestro planeta, nuestro entorno, nuestro hábitat en suma nos fuera a proporcionar todo lo que quisiéramos y al ritmo que le exigíamos. Olvidamos que somos animales también, que tenemos necesidades básicas materiales, que dependemos de este hábitat porque no tenemos ningún otro.

Pero hacer notar esos límites es de mal tono, es ser un inmaduro idealista, es ser un peligroso inconsciente. Lo correcto es pensar sólo en el crecimiento económico, como si la producción de valor pudiera desligarse de las realidades físicas que las limitan; pensar en productividad, cuando el planeta ya está a su máximo ritmo de explotación de recursos y de absorción de residuos; pensar en finanzas, cuando al valor nominal de la deuda harían falta varias decenas de planetas para cancelarla; pensar en progreso, cuando la masa de excluidos y esquilmados crece sin cesar. Contradicciones evidentes que los expertos económicos (aparentemente, los únicos que cuentan) no son capaces de ver por más que se las repitas, paradojas imposibles de un sistema que se hunde, porque la gente cada vez más rechaza lo que es imposible y es inhumano.

Llueve sin parar, como un llanto sin consuelo. Llanto inane, porque no puede lavar el mayor pecado, el de la avaricia, de nuestros corazones hueros.

Antonio Turiel
Figueres, Junio de 2014



Nota: La imagen que abre este post representa el estado de la Corriente de Chorro Polar el día 20 de Junio de 2014, estimado con un diagnóstico basado en un modelo meteorológico con asimilación de datos. Una corriente con meandros tan profundos que ya está deshecha y ha perdido su coherencia interna.