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martes, 24 de junio de 2014

Aporía

Imagen de http://robertscribbler.wordpress.com/2014/06/20/jet-stream-tattered-by-climate-change-brings-new-bout-of-worst-storms-on-record-for-north-central-us/


Las lágrimas del Ártico caen, incesantes y copiosas, sobre mi cabeza. El Ártico se muere, o al menos lo hace la secular capa de hielo que lo cubría, cuya eventual desaparición implicará no sólo el final del hábitat de unas pocas especies, sino un desequilibrio climático a gran escala que afectará a todo el tercio septentrional del planeta.

Es normal, dicen algunos; ya sabemos que a veces llueve y a veces hace Sol; es lo normal en primavera, me repiten, pero ya no es primavera sino verano.

Caen la lluvia densa que moja nuestro grano e impide su recolección, cae el duro granizo que destroza nuestros huertos y nuestras mieses, y lo hace durante días, alternando semanas secas con días en los que parece que el cielo se abre encima de nuestras cabezas. El viento que nos trae la lluvia sopla, extrañamente, del Oeste o del Sur, y el anticiclón que nos garantizaba los típicos veranos secos y cálidos no hace acto de presencia. La lluvia constante y cerrada nos la trae una borrasca que entra y barre desde el oeste, y ya no hay las clásicas nubes de evolución que los días calurosos garantizaban las típicas tormentas de verano al caer la tarde. Llueve, sí, pero no es la misma lluvia, no son los mismos fenómenos, no son los mismos mecanismos, no son las mismas consecuencias. Llueve mucho más de lo que llovería, en cantidad, extensión y duración y nuestra tierra no se adapta tan rápidamente a este nueva forma de llover, tan diferente.

Tal año en Junio llovió más en Madrid, tal otro en La Coruña, otro más en Barcelona. Pero por más que busquen y rebusquen en los anales no encontrarán años tan lluviosos en todos esos sitios al mismo tiempo. El sistema climático es turbulento con un número de Reynolds muy elevado a las escalas humanas y regionales, y por tanto es muy ergódico, palabreja esotérica de los físicos estadísticos que significa, entre otras cosas, que para entender la estadística del sistema se pueden considerar series temporales muy largas de un solo punto o series de muchos puntos diferentes en un sólo instante. En suma, que si uno quiere caracterizar que está habiendo un cambio tanto puede observar series muy largas y observar cambios que por probabilidad no pueden ser debidos al azar (por ejemplo, la tendencia al calentamiento del planeta que nos muestran las series de temperatura) o bien observar patrones de eventos a gran escala cuya coincidencia simultánea es también poco probable y por tanto no es debida al azar. Los patrones actuales no son debidos al azar, y no son comparables a lo observado décadas atrás. El tercio norte de la Península Ibérica está en la vía de salida de un tren continuo de borrascas, que en invierno fue terrible y en verano, aunque debilitado y discontinuo, tiende a reproducirse. El tercio sur vive ajeno a estas alteraciones y conoce el año más cálido y seco que se recuerda. La tierra de nadie entre estas dos partes vive en medio de continuos sobresaltos. Y eso es sólo mirando a esta pequeña península; en Europa los cambios están siendo radicales, desde temperaturas 20 grados más elevadas que la media en el Círculo Polar Ártico hasta inundaciones recurrentes en las Islas Británicas. ¿Por qué pasan tales cosas? Sabemos en parte por qué, pero cuando nos lo contaron la primera vez nos tomamos a burla el titular: ¿un año sin verano? ¡Qué tontería, qué fabulación! No leímos la explicación, no entendimos el verdadero riesgo que corríamos. Ahora simplemente la padecemos, esperando que la cosa no vaya a más.

Oigo truenos. O quizá es el lamento grave del Ártico moribundo, no lo sabría decir. Se queja repetidamente. Se muere, se muere pronto. Quizá sólo le quedan unos años, en el peor caso posible quizá sea éste el año de su defunción. Seguiremos discutiendo si pasará antes o después, repetiremos interminables discusiones y apuestas sobre el índice de extensión de hielo ártico que publica el Centro Americano de Datos sobre Nieve y Hielo. Este 2014 la cobertura de hielo marino en el Ártico en este momento es mejor que en las mismas fechas de 2012 (el peor año hasta la fecha), dirán algunos; y otros dirán que igualmente 2014 es el tercer peor año hasta la fecha y que el hielo es más delgado que nunca, con lo que es más frágil. Y así seguiremos hasta que un verano cualquiera de repente no haya hielo en el Ártico, seguramente después de varias semanas de una tormenta intensa. Entonces, en ese justo momento, comenzaremos a discutir cuánto hielo se puede reponer durante el invierno septentrional...



¿Qué está pasando? ¿Por qué está pasando esto? ¿Cuál es la causa última de todo este desvarío? Es simplemente que queríamos crecer infinitamente en un planeta que es finito. Y cuando decíamos crecer queríamos decir aumentar nuestro consumo de materia y energía, como si nuestro planeta, nuestro entorno, nuestro hábitat en suma nos fuera a proporcionar todo lo que quisiéramos y al ritmo que le exigíamos. Olvidamos que somos animales también, que tenemos necesidades básicas materiales, que dependemos de este hábitat porque no tenemos ningún otro.

Pero hacer notar esos límites es de mal tono, es ser un inmaduro idealista, es ser un peligroso inconsciente. Lo correcto es pensar sólo en el crecimiento económico, como si la producción de valor pudiera desligarse de las realidades físicas que las limitan; pensar en productividad, cuando el planeta ya está a su máximo ritmo de explotación de recursos y de absorción de residuos; pensar en finanzas, cuando al valor nominal de la deuda harían falta varias decenas de planetas para cancelarla; pensar en progreso, cuando la masa de excluidos y esquilmados crece sin cesar. Contradicciones evidentes que los expertos económicos (aparentemente, los únicos que cuentan) no son capaces de ver por más que se las repitas, paradojas imposibles de un sistema que se hunde, porque la gente cada vez más rechaza lo que es imposible y es inhumano.

Llueve sin parar, como un llanto sin consuelo. Llanto inane, porque no puede lavar el mayor pecado, el de la avaricia, de nuestros corazones hueros.

Antonio Turiel
Figueres, Junio de 2014



Nota: La imagen que abre este post representa el estado de la Corriente de Chorro Polar el día 20 de Junio de 2014, estimado con un diagnóstico basado en un modelo meteorológico con asimilación de datos. Una corriente con meandros tan profundos que ya está deshecha y ha perdido su coherencia interna.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Un año sin verano

Chichester canal circa 1828 de J. M. W. Turner. Fuente: wikipedia

Queridos lectores,

Hace pocos días tuve la ocasión de encontrarme con varios investigadores españoles con ocasión de la lectura de una tesis en la que, ellos y yo, formábamos parte del tribunal de evaluación. Durante la cena del día anterior a la lectura tuve una curiosa conversación.

- La probabilidad de que este año sea un año sin verano es ahora mismo del 75%

Quien así hablaba no era un bocazas desinformado, sino uno de los responsables de un servicio meteorológico autonómico de España.

- MétéoFrance y MetOffice dan esta previsión; los americanos aún no lo ven claro, sus modelos están indecisos. El caso es que el Jet Stream está cambiando.


Efectivamente, parece que la Corriente de Chorro polar está cambiando. Esta corriente es responsable de mantener un clima templado y relativamente húmedo en Europa, y también tiene otros efectos en los EE.UU. Algunas de las figuras que usaré más abajo, así como una excelente explicación de qué está pasando, puede encontrarse en la web de Skeptical Science, concretamente en el artículo "A Rough Guide to the Jet Stream: what it is, how it works and how it is responding to enhanced Arctic warming".


Normalmente esta corriente atmosférica desarrolla unos meandros ondulantes moderados. Sin embargo, los meandros que se están desarrollando son más grandes: se internan mucho más hacia el sur, y su velocidad de fase (a qué velocidad se desplazan estas ondas a lo largo de la corriente de chorro) es mucho menor. La siguiente figura muestra las dos posibles situaciones: la normal (línea roja, marcada como "zonal flow") y la que se está desarrollando ahora (línea naranja, etiquetada como "meridional flow").





Parece que la razón por la que pasa esto es por la disminución del gradiente meridional de temperaturas, es decir, que la diferencia de temperaturas entre el Ecuador y el Polo Norte ha disminuido, fruto del rápido calentamiento de éste último. Hasta ahora el Ecuador era mucho más caliente que el Polo Norte y la corriente de chorro era vigorosa y con meandros pequeños. En la actualidad el Ecuador se ha calentado un poco pero el Polo Norte se ha calentado mucho. Por supuesto el Polo Norte sigue siendo mucho más frío que el Ecuador, pero por menos grados centígrados que antes; como consecuencia, la corriente de chorro se hace más perezosa, con divagaciones amplias y propagándose más lentamente. En ocasiones, incluso, el progreso de las ondas se detiene, y según si estamos en un valle o en una cresta de la ondulación tenemos un influjo continuado y durante días de aire tropical o de aire polar. Eso es lo que estaría causando la situación actual.

Cuando los meteorólogos dicen que hay un 75% de probabilidades de que este año no haya verano lo que dicen es que, de acuerdo con sus modelos, el 75% de las configuraciones que prueban llevan a una situación donde el verano es fresco, con frecuentes bloqueos de aire frío alternados con otros bloqueos de aire caliente. Los modelos tienen muchas aproximaciones y tampoco conocemos todos los datos de entrada para alimentarlos, con lo cual la incertidumbre está servida y por eso se prueban diferentes configuraciones. En todo caso, lo que sí que se está observando es que la corriente de chorro va mucho más al sur ahora mismo.

¿Y cuánto más va a durar esto? Como saben, en el Ártico el deshielo avanza rápido e imparable:


Y en Groenlandia en Julio pasado la práctica totalidad de la capa superficial de hielo (unos pocos centímetros) se fundió durante 4 días:




Por tanto la cuestión ya no es si este año tendrá verano o no; la cuestión es que el riesgo de no tener verano en Europa será permanente desde ahora hasta que el hielo del Ártico se funda por completo, y quizá durante unos años más, hasta que se estabilice una nueva situación que no tiene por qué ser igual que la anterior. En definitiva, que no es el que el clima vaya a cambiar: es que ya ha cambiado, y no sabemos lo que nos espera. Y si se preguntan cuándo se acabará de fundir el hielo ártico, las estimaciones actuales apuntan a que será en algún verano de aquí a 2020... El futuro fue ayer: hemos llegado a la era de las consecuencias.

A cambio de su información sobre este nuevo problema climático yo le expliqué a mi interlocutor lo que es el Peak Oil y sus consecuencias, de las que nada sabía el pobre. En suma: que le di la cena.

- Eso es mucho peor que el cambio climático - me dijo al final- ¿para qué preocuparnos por el cambio climático si podemos acabar antes en Mad Max?

- ¿Antes? - contesté yo- Qué va: al tiempo. El gran problema que tenemos es que tendremos que hacer frente a una grave disrupción climática justo en el momento en que tendremos menos recursos. La gente cree que vamos hacia una guerra, y quizá tienen razón, pero no han identificado correctamente el objetivo. No vamos a la guerra contra otros humanos, sino contra el clima.



Por si acaso se lo preguntan, el cuadro con el que abro el post tiene bastante conexión con el tema que se discute hoy. La última vez que hubo un año sin verano fue en 1816. En aquel entonces, la causa de esa falta de verano fue la reducción de las temperaturas globales debido a la proyección de cenizas volcánicas a gran altura que apantallaron la radiación solar en todo el globo (un efecto similar a un invierno nuclear pero a menor escala). Se ve que varias erupciones volcánicas de importancia tuvieron lugar durante los años anteriores a 1816, y fueron culminadas por la erupción del monte Tambora en 1815, en una explosión devastadora. La presencia de cenizas volcánicas por toda la atmósfera terrestre causó unos atardeceres mortecinos de característico color ámbar, como los que ilustra el cuadro de Turner. Sólo que ahora el mecanismo es diferente: la luz de Sol no está siendo apantallada, sino que la circulación general de la atmósfera está cambiando. Y el cambio está entrando en una fase de aceleración.

¿Qué impacto tendrá los nuevos años sin verano? Con frío y sin Sol el trigo y demás cereales no pueden crecer; incluso, algunas cosechas se pueden arruinar por la alternancia entre semanas secas y cálidas y semanas frías y lluviosas. En 1816 el fracaso de las cosechas en Europa causó hambrunas y revueltas. En cuanto a los EE.UU., se cree que el desvío de la corriente de chorro hacia el Sur en torno a 1930 fue una de las causas de la Dust Bowl ("tazón de polvo"), la sequía extrema que arrasó las llanuras centrales. Recuerden que el verano pasado fue justamente muy árido en los EE.UU., lo que invita a pensar que está volviendo a pasar:





Estamos acostumbrados a pensar que en el opulento Occidente no nos va a faltar comida; quizá tendremos que esperar a dos o tres años sin verano en Europa y con sequía en los EE.UU. para ver qué equivocados estamos, a ver si podemos pagar con iPhones los camiones de grano que necesitaremos. Si al final las peores previsiones se cumplen las Guerras del Hambre estarán a la vuelta de la esquina. Incluso algunos de los pocos que comprenden la magnitud del problema creen que estamos destruyendo el planeta. Ilusos y soberbios: en realidad, estamos destruyendo nuestro hábitat, solamente.






Salu2,
AMT