| Maternidad, de Pablo Ruiz Picasso |
Queridos lectores,
En varias ocasiones se ha hablado aquí del control de la población, de cómo gestionar la violencia que viene, de las inevitables guerras, hambrunas o epidemias... todas ellas visiones muy masculinas de cómo deben gestionarse las relaciones interpersonales de la transición, muy viriles, muy "guerreras". Quizá convendría por una vez tener otra visión, de ese 50% de la Humanidad que muchas veces es invisible y que, en particular, raramente participa en este blog. Por eso creo que es una ocasión especial contar hoy con el post que ha escrito Natalia. En realidad su post no va de escasez de recursos o de cómo gestionar la crisis, sino de cosas más básicas y que en realidad están antes. Quizá de ser atendidas cosas antes no habría ese después del que tanto hablamos en este blog.
La visión de Natalia es muy diferente de la que predomina en este blog, y probablemente no será del gusto de muchos lectores habituales. Les invito, sin embargo, a leerla sin prejuicios, a ver un poco más lejos, a ver cómo, en realidad, de lo que habla Natalia es de lo mismo sobre lo que damos tantas vueltas... pero yendo más directamente al grano.
Les dejo con Natalia. Salu2,
AMT
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El
presente post se escribe desde el contexto de una crisis que no acabará nunca, tal como nos ha recordado Antonio en otro post
anterior, teniendo como posible escenario generalizado una gran exclusión social debida a la crisis económica que, como sabemos los
que aquí comentamos, va de la mano de una crisis de recursos,
energética y ecológica . Cada vez se hace más urgente gestionar
los recursos de que disponemos de una manera consciente, prudente y
moderada, para que nuestras necesidades básicas y las de nuestras
familias estén cubiertas.
He
incluido el término de maternidad consciente ya que las madres somos
el núcleo sobre el que nos sustentamos como especie. Somos la
urdimbre de este tejido social. Los hombres, padres o no, y las
mujeres que no son madres forman la trama de ese tejido humano. Sin
urdimbre no hay tejido. Sin trama, tampoco.
Cada
vez que aparezca la palabra madre hay que entenderla como persona
maternante de una criatura humana, esto es, como persona base de
conexión emocional, de alimento y de cuidados de dicha criatura.
El
Dr. Michel Odent es un conocido obstetra francés que creó en
Londres el “Centro de Investigación de Salud Primal”, centro
donde recopilan estudios publicados en revistas científicas y
médicas en las que se investiga la relación entre el periodo primal
(que comprende desde el embarazo hasta un año después del
nacimiento) y la capacidad de amar del individuo. Así, se descubrió
que las conductas violentas en edades adultas están asociadas a
“complicaciones” durante el nacimiento, junto a una temprana
separación de la madre o rechazo por parte de ella.
La
hormona oxitocina se encuentra en medio de cualquier aspecto
relacionado con el amor. Es primeramente secretada por el hipotálamo;
posteriormente, pasa a la glándula pituitaria posterior donde, bajo
circunstancias específicas, como puede ser un parto, es liberada
repentinamente al torrente sanguíneo de forma pulsátil.
Las
betaendorfinas liberan prolactina, una hormona que le da el toque
final a la maduración de los pulmones del bebé y que es necesaria
para la secreción de la leche materna. A la vez, durante el parto,
el bebé libera sus propias endorfinas. Es en este momento en el que
se establece esa relación de apego o vínculo.
Sin
embargo existen otras hormonas, como la adrenalina, que inhiben a las
anteriores y que son liberadas cuando los mamíferos tienen miedo o
sienten frío. Estas hormonas nos preparan para un posible caso de
huida o lucha, y permite a una madre en fase de parto, detener el
mismo y posponerlo. Otro potente inhibidor del parto es el neocórtex.
Para que el parto se produzca el neocórtex tiene que reducir su
actividad, permitiendo al “cerebro primitivo” tomar el mando.
Luces intensas, conversaciones lógicas, ruidos, o un ambiente
desconocido, alteran la fluidez durante el parto. Para sentirnos
seguros, antes nos debemos sentir protegidos. Lo que consideramos la
manera normal de nacer es una manera violenta de venir al mundo, es
una manera violenta de dar a luz.
Cuando
el proceso del nacimiento se vea como un período importantísimo en
nuestra capacidad de amar, nuestra visión de la violencia cambiará.
Frederick Leboyer en su precioso libro “Por un nacimiento sin violencia”,
nos acerca al nacimiento desde la perspectiva del bebé, otorgándole
el papel protagonista que le pertenece.
John Bowlby escribió un artículo titulado "The Nature of the
Child's Tie to his Mother". Por su parte Harry Harlow publicó
el mismo año "The Nature of Love”. Ambos escribieron sobre el
apego y su función primordial en la salud del bebé.
Otros
estudios antropológicos realizados por Margaret Mead en su extensa
obra, Jean Liedloff en su obra “El concepto del continuum”, o
Meredith F. Small en “Nuestros hijos y nosotros”, nos recuerdan
que las sociedades más apegadas y cuidadosas con la naturaleza, en
las que predomina la armonía, son aquellas que tratan a los niños
con igualdad, dignidad y respeto. Los niños están incluidos en
todos los ámbitos de la vida y se les tiene en cuenta para la
organización de cada aspecto de la misma. Sin embargo en las
sociedades guerreras, los niños son tratados con dureza y educados
para ese fin en su vida futura.
Se
puede concluir, por lo tanto, que si deseamos una sociedad más
justa, donde las personas sean tratadas con dignidad, respeto e
igualdad, hemos de tratar amablemente a los niños.
De
la misma manera, las madres que están criando necesitan sentirse
protegidas y cuidadas, para poder cuidar adecuadamente de su
criatura. Es por esto que se dice que para criar a un niño hace
falta toda una tribu. Antonio escribió en un post anterior sobre lanecesidad de la comunidad para resolverse en los duros tiempos que se
avecinan, y las madres y sus bebés son especialmente vulnerables a
la falta de esa comunidad.
A
su vez, tienen mucho que aportar. Ya nuestro cuerpo durante el
embarazo, momento especial en el que se ha de nutrir a otro ser vivo,
se vuelve más efectivo con los alimentos que ingiere la madre. Lo
que antes alimentaba a uno, ahora lo hace para dos personas.
Cuando
nace el bebé, aprendemos a utilizar las dos manos para tareas en las
que antes sólo sabíamos utilizar una sola, como comer, por ejemplo.
Aprendemos de manera exponencial a prestar atención a dos, tres o
incluso más tareas a la vez. Nuestro cuerpo se prepara para cobijar
durante muchos meses a la criatura recién nacida. Nuestra mente
focaliza la atención en todas las áreas cerebrales que impliquen
una mayor efectividad para ofrecer cuidados y atención. Otras áreas
tales como las implicadas en el lenguaje, son relegadas a un segundo
plano. (Ver “El cerebro femenino” de la neurobióloga Louann
Brizendine).
Hay
numerosos autores que han publicado el resultado de sus
investigaciones y sería demasiado extenso mencionarlos y resumir el
aporte de cada uno de ellos en un solo post, por lo que intentaré
aumentar la información en los comentarios.
En
nuestra sociedad disponemos actualmente de una gran cantidad y
variedad de recursos. Éstos han moldeado la cultura en la que
vivimos, con sus límites e ideas. Recuerdo el parto de mi primera
hija. Venía de nalgas y esta posición está considerada como
“peligrosa”, por lo que la solución a este problema es practicar
una cesárea. Sin embargo yo tenía suficientes conocimientos como
para elegir con conciencia qué opción tomar. Mi hija nació de
nalgas en un parto natural que duró unas tres horas en una
maternidad muy especial donde mi elección fue respetada. Mi segunda
hija nació en casa, frente al fuego del hogar. La recogieron su
padre y una amiga que nos acompañaba esa noche. La matrona se
presentó unos minutos más tarde para observar que mi evolución y
la de mi hija fueran las adecuadas. No necesité nada más, así que
liberé recursos para que repercutieran en el resto de la sociedad.
Un
día cualquiera en nuestras vidas puede transcurrir aproximadamente
así:
Nos
levantamos con el sol y desayunamos unas mandarinas, algo de pan
tostado y yo me preparo un café, que me tomo con la conciencia de
estar disfrutando de un lujo. La mañana se nos pasa en encender el
fuego y preparar la leña, dar de comer a las gallinas y al gato,
recoger los huevos, leer algún libro y practicar alguno de los
últimos conocimientos que hayamos adquirido. En mi caso hace poco he
aprendido a tejer. Mi hija está fascinada con las matemáticas y
utilizamos garbanzos, lentejas, macarrones o piedras para resolver
los problemas. Posiblemente también realice algún juego creativo
donde se invente historias, o comience una manualidad que le permita
adquirir una habilidad o un conocimiento nuevo. Mientras tanto he
amamantado varias ocasiones a mi bebé, que habrá dormido alguna que
otra vez. Su papá ocupa el tiempo fuera del trabajo en finalizar
aquellas tareas que se hayan quedado pendientes, o en atender a
alguna de sus hijas. Preparamos la comida, que en escasas ocasiones
llevará carne. Después de comer, si el tiempo lo permite,
recogeremos ramas secas del bosque que tenemos cercano a casa, o
quizá esparto para alguna manualidad. Con facilidad nos cruzaremos
con alguno de los pastores del pueblo y yo intentaré concluir algún
trueque de leche o lana por otros alimentos. A su vez visitaremos a
los vecinos de al lado para darles mandarinas a cambio de las patatas
que recibimos hace unas semanas atrás. Llegará la noche y cenaremos
aprovechando el horno de leña unas patatas asadas, que acompañaremos
de los huevos que hemos recogido de nuestras gallinas. Cuando llegue
la hora de dormir, a pesar del cansancio, tendremos la sensación de
que faltó tiempo para todas las cosas que deseábamos hacer. Con
calma, nos acostamos sabiendo que mañana comienza un nuevo día y
que miles de nuevas opciones se abren ante nuestros ojos.
Buenas
noches.

