Mostrando entradas con la etiqueta localismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta localismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Independència

Imagen de la versión digital de El Periódico de Catalunya, http://www.elperiodico.cat

Queridos lectores,

Como norma general no me gusta hacer artículos demasiado ajustados a las noticias del último momento por evitar convertir el blog en una gaceta de novedades. Esto está bien, porque se evita que la prisa por informar sobre lo que pasa ahora mismo sustraiga tiempo al análisis sosegado y detallado de lo que está pasando en su conjunto y evita, por tanto, que se pierda perspectiva. Sucede, sin embargo, que en ocasiones determinados eventos tienen una gran trascendencia, clave incluso para entender la evolución futura, y es preciso detenerse en ellos y hasta dedicarles un post entero; de otro modo, parecería que la discusión del blog queda restringida a una mera discusión académica, fría y desconectada de la sociedad a la que pretende servir, encerrada en su torre de marfil. Así que, a mi pesar, saco del foco el interesante artículo de Gabriel (el cual les invito a que lean si no lo han hecho ya) por cubrir esta necesidad de poner en perspectiva eventos recientes.

Hoy (ayer, cuando lean esto) ha sucedido un evento que, por su magnitud, tendrá importantes implicaciones para el país donde yo vivo; un evento que indica una posible ruta hacia el colapso de la nación que se llama España, y por ende nos da pistas de cómo pueden colapsar las naciones de Occidente si no se toman medidas correctoras a tiempo. El evento en cuestión, para aquellos que no lo sepan, ha sido la increíblemente multitudinaria manifestación por la independencia de Cataluña que ha tenido lugar en Barcelona [Nota del autor: sé bien que la denominación oficial de esta nacionalidad histórica es Catalunya, y la uso en todas mis comunicaciones oficiales. Sin embargo, en el blog intento usar un castellano más o menos normativo y con tan pocos modismos ibéricos como soy consciente de evitar, por respeto a mis lectores de ultramar. El fonema de la discordia se representa por el grafema "ñ" en castellano y el "ny" en catalán, sin que éste ultimo tenga sentido en castellano].

Es importante comprender el trasunto histórico lejano y cercano de esta manifestación, pero no puedo extenderme tanto como sería necesario en el post; simplemente espero que con algunas pinceladas muy, muy breves, fruto de mi limitado conocimiento de la sociedad catalana que hace más de diez años que me acoge, se pueda captar el contexto.

[Addenda, 12 de Septiembre de 2012: Lo que sigue es una composición del relato histórico que más o menos he podido construir por las impresiones de muchos catalanes con los que he hablado. Ni es mi visión personal ni es una visión historiográfica ortodoxa: es el relato de su pueblo que a mi me cuentan sus gentes.]


Cataluña es un territorio con una identidad histórica fuerte y una lengua propia, que se integró en el Reino de España a raíz de diversas uniones dinásticas. Región fronteriza con Francia, fue de siempre una tierra dinámica en lo económico y muy volcada en el comercio, en tanto que Castilla (la otra región políticamente dominante) estuvo siempre más volcada en la guerra y en la expansión vía la conquista de otros territorios. La simbiosis de las dos visiones de España fue útil en muchos casos, como en la expansión militar y comercial de España en Sudamérica, pero en muchos otros ambas visiones han chocado. Quiso el destino que Cataluña tomase el partido del bando que finalmente resultó perdedor en la Guerra de Sucesión española (una guerra civil en toda regla), y como consecuencia de tal derrota muchos de los privilegios e instituciones políticas catalanas fueron allanadas y disueltas por medio de los infaustamente recordados Decretos de Nueva Planta. Todo lo que relato pasó hace casi 300 años, y parecerían por tanto hechos remotos; sin embargo, de una manera consciente e inconsciente esos acontecimientos han pervivido en el imaginario colectivo catalán, comenzando por la fiesta nacional catalana (que se celebra el 11 de Septiembre, efemérides de la derrota en 1714 del bando catalán con la caída de Barcelona) y siguiendo por el profundo desprecio que algunos amigos y conocidos míos tienen por el actual Rey de España, al cual el adjetivo descalificativo más usual que le suelen aplicar es el de Borbón, recordando la dinastía de nuestro actual monarca, la misma y rival que derrotó al bando catalán y acabó con sus libertades políticas. La larga dictadura del General Franco durante el siglo XX, con su nacionalismo español como elemento aglutinador y su represión por toda forma de libertad, aumentó más la nómina de agravios reales y percibidos en el imaginario catalán. Los cabos sueltos de la Transición Española a la democracia no permitieron resolver satisfactoriamente muchos temas pendientes. Aunque Cataluña, como los demás territorios que conforman España, consiguió tener un Gobierno autonómico parlamentario unicameral, sus poderes y atribuciones son limitados: demasiado limitados para ciertos sectores de la sociedad catalana, que siempre reclama más. Además, existe el sentimiento instalado en buena parte de los catalanes de que Cataluña, uno de los motores económicos de España, está contribuyendo con mucho más de lo que recibe del Estado, incluso aceptando una aportación solidaria para ayudar a otras Comunidades. Desgraciadamente, a tal percepción catalana se le opone una percepción frecuente entre los españoles de que los catalanes sólo buscan más y más dinero, sin límite, buscando sangrar al Estado (yo, al estar entre dos aguas, recibo comentarios de todo tipo según dónde me encuentre en cada momento). 

Tal desencuentro se había ido lidiando durante las últimas tres décadas y media con el pragmatismo, y a veces directamente el mercadeo, de los diversos gobiernos autonómicos catalanes con los concurrentes gobiernos del Estado español. Sin embargo, el inicio de la crisis hizo descarrilar la vía posibilista de avanzar en el autogobierno catalán por la vía de la reforma del Estatuto de Autonomía de 1979. El Parlament de Catalunya, el Parlamento Español y por referéndum el pueblo de Cataluña aprobaron y ratificaron el vigente Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006. Sin embargo, el 28 de Junio de 2010 el Tribunal Constitucional español, en respuesta a un recurso de inconstitucionalidad planteado por el entonces opositor Partido Popular, por medio de una sentencia irrevocable vació de contenido esencial la nueva norma. Se da la circunstancia de que, fruto de los extraños balances de poder del Estado español, la composición del Alto Tribunal está siempre muy mediatizada por los partidos políticos, y que en el momento de la resolución la falta de acuerdos en su renovación había preservado una composición favorable al Partido Popular, fruto de su anterior mayoría absoluta. La fatiga de 4 años de discusión de un Estatuto que nunca llegó a desplegarse del todo ha causado una cierta sensación de desapego y de falta de confianza en el engranaje del Estado español que detecto frecuentemente en mis conversaciones aquí, incluso en gente que no tiene un recuerdo muy claro sobre qué pasó con el dichoso estatuto.

En esto se produjeron los sucesivos relevos en el Govern catalán (de una mayoría de izquierdas se pasó a un gobierno de minoría de la tradicional coalición de derechas) y en el Gobierno español (pasando de una minoría del principal partido izquierdas a una mayoría absoluta del principal partido de derechas). Gobiernos, sobre todo el catalán, que han tenido que lidiar con lo más crudo de las medidas de austeridad para intentar contener los efectos de la crisis (aunque el Gobierno del PP está yendo aún mucho más lejos que su predecesor del PSOE, y eso sin llevar un año aún en el poder), y que están sufriendo un intenso desgaste y contestación en la calle. El Govern catalán se siente especialmente agraviado porque se puso desde el primer momento a tomar medidas muy impopulares de contención del gasto público mientras otras autonomías miraban para otro lado, a pesar de lo cual se ha visto castigado con diversos incumplimientos de financiación de los dos Gobiernos españoles que se han sucedido durante el último año. Y en esto se ha producido la situación de estrés que nos lleva a la ruptura actual.

El Govern catalán ya no es capaz de hacer frente a sus compromisos de pago y ha solicitado el rescate financiero al Gobierno español, por valor de 5.000 millones de euros (en realidad, no es la primera sino la tercera autonomía en pedir tal ayuda). A su vez, el Gobierno español está abocado a pedir pronto un rescate a Europa, lo cual complica aún más la situación. La Generalitat de Catalunya no quiere ni oír hablar de aceptar, encima de todo el esfuerzo ya hecho, una intervención o tutela de gasto por parte del Estado español, mientras que el propio Estado español podría verse en breve tutelado en su conjunto (autonomías incluidas) desde Bruselas. El caso es que el Gobierno de España maniobra para evitar un rescate que presiente oneroso para sus intereses, y eso le lleva a tomar decisiones que de tan duras llegan a ridículas. Así, la Generalitat pedía un anticipo rápido de unos 1.000 millones sobre los 5.000 millones del rescate para poder hacer frente a los compromisos de pago del mes de Septiembre, pero el Gobierno español le ofrece sólo 120 millones, que es lo que él estima que bastará para pagar nóminas y conciertos financieros de este mes. Y en ese contexto, la marcha que anualmente convocan durante la Diada de Catalunya asociaciones en favor de la independencia de Cataluña ha recibido un inesperado apoyo del propio Govern de la Generalitat!

Es obvio que el Govern, acorralado por los acontecimientos, ha decidido hacer una apuesta fuerte para forzar un cambio de rumbo en el Gobierno español. Oficialmente, el Govern ha convocado a los ciudadanos de Cataluña a manifestarse en protesta de lo que consideren más intolerable, desde los recortes sociales hasta la ignorada reclamación de un nuevo Pacto Fiscal (mejora de la financiación acordada con el Estado), hasta llegar si así lo desean a la reclamación de independencia. Desgraciadamente, también es obvio que el Gobierno de España no tiene ningún margen de maniobra, y a pesar del éxito de la convocatoria no tiene la más mínima pretensión de cambiar el rumbo, so pena de naufragar antes y peor.

En realidad ambas Administraciones hacen un planteamiento erróneo de la situación. En primer lugar, porque a pesar de las especificidades y debilidades incrementadas de España, la crisis económica por la que atravesamos es estructural y es un problema de escala global. Un reciente artículo de Zero Hedge indica que el 80% de la economía mundial podría estar en recesión. Los autores consideran el índice PMI de producción industrial y sólo toman una muestra de países, pero que corresponde con los países de economías  más grandes (véase tabla siguiente):


Como ya anticipábamos hace más de un año, estamos en una nueva fase de recrudecimiento de una crisis que, como ya sabemos, no acabará nunca. No acabará nunca porque la imparable escasez de recursos no permite un crecimiento económico duradero. Es más, se multiplican los signos que indica que vamos hacia un agravamiento inmediato en las condiciones de acceso a la energía y a los alimentos a escala global (el enlace anterior apunta a un programa de radio, pero espero hacer posts específicos pronto, queden a la escucha). La estrategia del Govern y del Gobierno español de aguantar la nueva embestida, en espera de volver al crecimiento ya imposible, no es sólo errónea: en realidad, es suicida. Y es suicida porque en este momento las dos administraciones están irremisiblemente y por siempre a partir de ahora en rumbo de colisión.

¿Qué piensan esos centenares de miles de ciudadanos catalanes que se han concentrado hoy en Barcelona? ¿Qué les ha llevado a Barcelona? Planteando la pregunta clave: ¿son todos independentistas, o son mayoritariamente ciudadanos enfadados, hartos de tantas mentiras sobre el fin de la crisis y de tanto recorte? Es difícil saberlo con seguridad, pero mi impresión personal es que la respuesta a esta última pregunta es una mezcla de los dos. Y es que a lo largo de los meses yo he ido detectando en muchas personas con las que hablo casi cada día una migración desde posiciones no comprometidas, de ocuparse de sus propios asuntos sin interesarse demasiado a la peligrosa utopía de una "Catalunya lliure", a un desencanto y unas ganas de enviar Espanya a fer punyetes y probar suerte "sin que nos mangoneen nuestro dinero". Prueba de que la marea independentista, fruto del hartazgo, estaría creciendo es la gran presencia de banderas catalanas estelades (con un triángulo y una estrella además de las cuatro barras rojas oficiales, éste es el distintivo de los independentistas), que en la manifestación se vieron en mucho mayor número que la oficial senyera (para regocijo de los comerciantes chinos que las vendieran). De hecho el sentimiento reivindicativo catalanista parece estar cogiendo fuerza: hace unos días observé que en mi ciudad muchos balcones mostraban ya las banderas que generalmente se reservan para el día 11.



Y un poco más allá:



Piensen que los catalanes tienen fama de ahorrativos (eufemismo para tacaños), así que posiblemente algunas de las senyeres no fueron substituidas por estelades porque ya las tenían de otros años. La aparición de tantas estelades es significativa, porque quien la exhibe dice con orgullo que no quiere saber ya nada más de España.

[Addenda, 12 de Septiembre de 2012: Al hilo de algunos comentarios que he leído por internet, quizá cabe aclarar que el párrafo anterior no se debe leer en sentido literal: es una ironía. El comentario sobre los chinos de más arriba también era una ironía. El problema de las ironías es que pasa como con los chistes: si los explicas pierden la gracia.]

Interpretado desde una perspectiva peakoiler: ¿qué está pasando aquí? Está pasando que estamos adentrándonos ya en la fase 3 del colapso: colapso del Estado. Ya discutimos sobre el modelo de colapso societario de Orlov, y de sus posibles síntomas y consecuencias. En una reciente revisión de su modelo, Dmitry Orlov llegó a la conclusión de que el esfuerzo de los Gobiernos por evitar el colapso del sistema financiero (fase 1) y del comercial (fase 2) podría llevar a que las tres primeras fases concluyeran a la vez y de manera catastrófica, dejándonos en una peor situación para evitar las dos siguientes. En este caso, la administración local (Generalitat) está intentando evitar que el colapso en marcha de la administración general (Estado español) le arrastre en su caída. Tampoco la Generalitat tiene un plan mucho más coherente que el del Estado español para hacer frente a esta crisis (aunque a su favor cuenta el que ha hecho un análisis más acertado de la situación). Por su lado, España no puede permitirse perder una de sus regiones más ricas y productivas, y por lógica se tiene que oponer, por la fuerza de las armas si es preciso, a cualquier conato separatista. Y aunque la Generalitat probablemente esté jugando de farol, sin querer llevar la partida hasta el final, la marea que hoy se ha levantado, superando todas las previsiones, le puede llevar a tener que abanderar un conflicto irresoluble. No hace falta decir que un conflicto entre España y Cataluña precipitaría nuestro colapso (el de los que vivimos aquí).

En los próximos meses veremos en qué degenera todo esto y si los actores implicados son capaces de desactivar la bomba de relojería que tontamente han montado, sin verdaderamente ser conscientes. Lo que va a ser difícil de desactivar son los sentimientos despertados en tantas personas en el día de hoy, la explosión de rabia después de dos años de medidas de austeridad aplicadas implacablemente, de seis años de humillaciones con el nuevo Estatuto, de treinta años de Transición mal resuelta, de siete décadas de ninguneo, y de tres siglos de humillación tras la derrota.

Hoy me voy a dormir en un país. Quizá mañana me despierte en otro. Y en el paro, me temo. Pero ésa es ya otra historia.

Salu2,
AMT