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lunes, 20 de junio de 2022

Crónica del caos - Junio de 2022

 

 

Queridos lectores:

He pasado unas semanas excepcionalmente ajetreadas, con mucho trabajo y una cantidad desmesurada de charlas y actos (44 de momento en este 2022), aparte de multitud de entrevistas en diversos medios (creo que salgo a una media de 3 por semana, más o menos). En añadidura, he escrito algunos artículos para revistas más convencionales. Eso ha hecho que haya tenido que descuidar bastante este blog, hasta el punto de que hace un mes que no publico nada. Creo que ya va siendo hora de corregir esta tendencia, y al tiempo dar paso al numeroso material acumulado que tengo de otros autores.

Antes de empezar a dar salida a los posts acumulados, me gustaría comenzar con un post de resumen de cuál es la situación que nos encontramos en este primer semestre de 2022. Año que por lo que parece ya ha sido bastante agitado, y bastante más que lo va ser. Por eso mismo, preveo que tendré que escribir con cierta periodicidad este tipo de posts, "Crónica del caos". Ojalá me equivoque.

No hay ninguna duda que el evento que más ha marcado este semestre es la invasión de Ucrania por parte de Rusia que comenzó el 24 de febrero. No voy a entrar en el análisis de las causas de esta agresión, ni cómo está evolucionando la guerra: el lector interesado seguramente encontrará muchos textos que le resultarán mucho más adecuados en otros lugares. La parte que a mi me interesa es la de las consecuencias de esta guerra. Al margen del coste de sufrimiento humano que ha supuesto y que va a suponer, sobre todo en Ucrania pero también fuera de ella, una consecuencia importante es que ha servido para disimular las tendencias en las que ya estábamos embarcados desde mediados del año pasado. Efectivamente, ahora parece que todo lo que está pasando es culpa de Vladimir Putin y de la guerra, y aunque es innegable que la guerra en Ucrania está complicando, y mucho, la situación, sobre todo por lo que se refiere al abastecimiento energético de Europa y de cereal en amplias zonas del globo, no lo es menos que muchos de los problemas actuales comenzaron unos meses antes del 24 de febrero de 2022. Por lo tanto, creo que es importante poner en un contexto más amplio y general todo lo que está pasando y evidenciar que los problemas vienen de lejos.

Y es que otro de los motivos para escribir este post es para intentar desmontar la ficción de normalidad que está bastante instalada en Europa y particularmente en España. Como a España aún no han llegado los peores efectos de la crisis energética global en la que estamos inmersos, no es para mi extraño encontrarme con gente que, altanera, se burla de mis preocupaciones sobre el peak oil y el peak everything, a pesar de la fuerza con la que ambos fenómenos se están manifestando. Querría que toda esa gente que dice "¿dónde está esa escasez de diésel de la que hablabas hace un par de meses?" sepa dónde, efectivamente, se está produciendo esa escasez de diésel y que vea que no tardando mucho podría llegar a producirse aquí, en España (y para mis lectores de otros países puede, por desgracia, ser ya evidente dónde se está produciendo la escasez de diésel).

Y es que una de las tendencias más preocupantes de nuestra sociedad es que, como dice el aforismo, se mueve sin solución de continuidad y sin paradas intermedias entre la autocomplacencia y el pánico. Pasamos de considerar que no hay ningún problema y que no tiene sentido tomar medidas preparatorias, tachando de alarmista a quien avisa de los peligros, a la histeria más absoluta, en la que todo el mundo quiere hacer cosas rápidamente para reaccionar, aunque se no sabe muy bien el qué y si realmente las cosas propuestas sirven para su fin declarado. 

Se añade a esto que los prejuicios, también ideológicos, no permiten ver la magnitud del problema: ya hace algún tiempo que me encuentro con excesiva frecuencia quien pretende desmontar mi argumentación sobre la base de mis presuntas predicciones fallidas  cuando pocas hay en este blog, no porque yo no me equivoque, sino porque hago pocas predicciones concretas. En vez de centrarse en la discusión técnica de las cosas que se presentan, en vez de intentar la imposible tarea de refutar que se está produciendo un pico en la oferta de petróleo o en la de diésel, se eluden las discusiones técnicas y se ataca a la persona, usando frases completamente fuera de contexto (ejemplo perfecto son los ataques basado en extractos de mis posts de finales de años sobre las previsiones para el año que entra, a pesar de que el párrafo inicial de descargo deja claro que no se puede acertar lo que va a pasar en tan breve plazo y que lo que se hace es un mejor ejercicio de prospectiva especulativa). Pero quien está contaminado por los prejuicios no quiere saber nada de eso, y busca a posteriori los motivos que justifiquen su toma de posición a priori, y nada de lo que se le diga le hará cambiar de opinión, por más evidencia que se le presente. A estas personas que tienen tales anteojeras de prejuicios, sobre todo los ideológicos, recomiendo dejarlas aparte, porque discutir con ellas no sirve para nada y porque solo ellas mismas podrán salir del agujero en el que han caído, si es que así lo desean alguna vez.

Hechas todas esas aclaraciones iniciales, centrémonos en la descripción de la actual situación de creciente caos y desconcierto en la escena internacional,  los cuales son principalmente consecuencia de los problemas que genera la Gran Escasez, o peak everything.

Escasez de combustibles:

A finales de 2021 publicamos la actualización del post "El pico del diésel". En aquel post mostrábamos que la producción mundial de diésel había caído prácticamente un 15% desde los máximos de 2015, 

 

y que la disminución de la producción de diésel tenía mucho que ver con los problemas del transporte en general y con los de extracción minera en particular, agravando la escasez de materiales en la que aún seguimos instlados (a pesar de que tantos insistían entonces en que era pasajera y que en pocos meses volveríamos a "la normalidad". Esta escasez de diésel viene motivada por el cambio de la proporción de los diversos hidrocarburos líquidos a los que llamamos petróleo y a la fuerte desinversión en todo el sector. Efectivamente, desde 2015 la única categoría de "petróleo" cuya producción crece es el petróleo ligero de roca compacta que se extrae con la técnica del fracking, sobre todo en los Estados Unidos. Al refinar este petróleo ligero se genera una mayor proporción de gasolinas y naftas y una menor de diésel y querosenos. Este problema podría ser compensado introduciendo mezclas adecuadas de petróleos y haciendo adaptaciones en las refinerías, pero lo cierto es que la inversión en refinerías está disminuyendo. Y es que, consistentemente, las petroleras no solo han desinvertido en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos (recordémoslo, un 60% desde los máximos de 2014),


es que además tampoco están invirtiendo en las refinerías, en algunos países desde hace décadas. Así que incluso en países como los EE.UU. hay un problema de escasez de combustibles, aunque es un problema ahora mismo extendidísimo; por poner unos ejemplos: Reino Unido, Hungría, Sri Lanka, Laos, India, Paquistán, Kenia, Senegal, Nigeria (país que por cierto exporta petróleo a España), Sudáfrica, Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia o Argentina. Y luego otros sitios donde sale el Gobierno a decir que "no hay escasez", como en Kazajistán. M
uchos de estos países son productores de petróleo pero aún así se enfrentan a una situación de escasez de combustibles, en parte por el descenso de la producción de petróleo desde el máximo de noviembre de 2018, en parte por la cuestión de la desinversión en refinerías. La crisis, que afecta sobre todo al diésel, genera efectos rebote en el resto de combustibles, y particularmente en el queroseno, ya que se puede añadir una pequeña proporción de queroseno al diésel y se está haciendo para paliar la rampante escasez del mismo. De hecho, el problema de escasez de combustibles es tan rampante ahora mismo en la mayoría del mundo que sorprende la enorme ceguera de los europeos (excepto los que lo viven en sus carnes, como los húngaros) sobre este tema, y cómo es que no anticipan que pronto les va a afectar a ellos, máxime cuando la Agencia Internacional de la Energía dice que van a faltar combustibles este mismo verano, "especialmente en Europa".


La escasez de energía en general, y de diésel en particular, está llevando a una situación de escasez de alimentos. Muchos países están tomando medidas proteccionistas porque no están seguros de contar con alimentos para su propia población:  Rusia dejó de exportar cereales en marzo, y tampoco Ucrania puede exportar ahora mismo con la guerra que les ha traído Rusia devastando su territorio. También Kazajistán y la India han prohibido exportar trigo. Malasia ya no exporta pollo e Indonesia ha prohibido las exportaciones de aceite de palma. Todo eso en un año en que la fuerte sequía en muchas regiones agrícolas de todo el planeta anticipa unas malas cosechas generalizadas, mientras en España vivimos la segunda ola de calor del año y ni siquiera ha llegado el verano. Todo eso en un contexto en el que a nivel mundial nos queda trigo para seis semanas más, justo para acabar la próxima cosecha, pero ya no tendremos reservas, se acabó la despensa y seremos más vulnerables que nunca. Todo eso, tenemos. El pasado mes de octubre la FAO avisaba que íbamos hacia una crisis alimentaria mundial sin precedentes, con sus índices de precios en máximos históricos.


Actualmente, el Banco Mundial habla de "catástrofe humanitaria" que va a afectar al 40% de la población mundial este año. Aquí, en la próspera e indolente Europa, también se va a notar. Ya se está notando en una fuerte inflación de los alimentos, y probablemente de ahí no pasará la cosa, pero en otros países habrá hambrunas y revueltas, porque de hecho ya las está habiendo: repasen la lista de países que di más arriba hablando de la escasez de combustibles y verán que en la mitad de ellos ya hay revueltas del hambre. Y recen para que el comercio mundial no se vea excesivamente afectado, o que el mundo deje de considerar el euro una divisa fiable, porque si no quizá nosotros mismos también tendríamos algunos problemas con los alimentos...

En medio de esta crisis desatada, de este desastre en progreso, de este caos que solo crece, la desorientación de nuestros líderes es sangrante. En EE.UU., la Administración Biden amenaza con utilizar una ley de tiempos de guerra para obligar a las petroleras a sacar más combustible de las refinerías, a pesar de que eso sea química y termodinámicamente imposible. Si esto falla, la última carta es prohibir la exportaciones de productos petrolíferos fuera de los EE.UU., con consecuencias a escala mundial. Al otro lado del Atlántico la desorientación no es mucho menor: en febrero la Comisión Europea declaró la nuclear y el gas como "energías verdes" (decisión ahora contestada por el Parlamento Europeo), pero lo que es peor es que en el reciente paquete de medidas REpowerEU se ha decidido incrementar el uso del carbón un 5% respecto a los niveles actuales, durante 15 años, para compensar la falta de gas ruso, tirando así a la basura tres décadas de legislación europea en la lucha contra el Cambio Climático. Porque, no nos engañemos, la transición energética nunca se basó en una preocupación por el clima y el medio ambiente: el telón de fondo era asegurar el mantenimiento del sistema económico actual, usando para ello las fuentes de energía que fueran necesarias; y si las renovables no valen, pues bueno es el carbón. Mientras tanto, se intenta dar un impulso desesperado a las renovables con los fondos NextGenerationEU, a ver si por casualidad suena la flauta y salvamos el capitalismo, aunque ya sabemos que son una falsa solución.

Atención a las próximas semanas, porque pronto, muy pronto, se va discutir sobre el racionamiento. Será interesante ver cómo se compatibiliza con el libre mercado, o cómo se pretende hacer ver que se ha hecho compatible.

Ésta es la crónica por el momento. Seguiremos actualizándola cuando convenga, probablemente varias veces en este año turbulento.

Salu2.

AMT

domingo, 25 de julio de 2021

De fanáticos y perdedores


Queridos lectores:

En los 11 años que llevo haciendo divulgación sobre el problema del peak oil me he encontrado en numerosas ocasiones con ataques, más que críticas, dirigidas contra las personas que hablamos de este tema y de la crisis energética en general. La naturaleza de estos ataques, siempre descarnados y frecuentemente groseros y maleducados, ha ido evolucionando con el paso de los años, y siempre han ido dirigidos a evidenciar las razones ocultas e inconfesables que según nuestros detractores nos mueven a los peakoilers a hablar de estos temas. Como podrán comprobar si leen los comentarios del blog de hace unos años,  a mi en particular me han acusado de estar a sueldo de las petroleras, del lobby del carbón, del lobby nuclear y, posteriormente, del lobby renovable. Hace diez años me decían que era un imbécil porque en modo alguno iba a escasear el petróleo; hoy en día, me dicen que soy un imbécil por decir que no se puede sustituir plenamente toda la energía fósil por renovable, y que aún la que se sustituya va a ser con muchas dificultades. Como ven, lo único que ha permanecido inmutable es que soy un imbécil, aunque al final se esté cumpliendo que nos vamos a ver obligados a dejar el petróleo (los más ingenuos pensarán que lo dejamos "porque queremos", "por nuestro compromiso con el planeta" y esas cosas, y no porque su producción decae ya inexorablemente).

Pero, volviendo a la naturaleza de los ataques que sufrimos quienes decimos que el decrecimiento energético y material  es inevitable, y como quiera que aparentemente ya no queda ningún lobby más al que pudiera gustarle lo que decimos, algo que me estoy encontrando ahora y que es relativamente nuevo es el calificativo de "fanático".

Este giro de guión, este paso de ser acusado de estar vendido a algún interés económico a ser tildado de poco menos de adorador del demonio y seguidor de un culto milenarista, es en realidad muy revelador sobre el punto al que ha llegado nuestra sociedad y la dificultad de digerir noticias que no le gustan.

Desde una visión salvajemente capitalista, todas las relaciones en la sociedad, las humanas incluidas, están mediadas por la consecución del propio interés. Por tanto, cuando un colectivo de personas, mayoritariamente con perfiles profesionales del ámbito de la ciencia y la ingeniería, comienzan a decir algo que descuadra con los intereses identificados como mayoritarios, se asume que lo hacen por una razón económica, que están a sueldo de alguien, que trabajan para una industria. En definitiva, que dicen lo que dicen porque esperan conseguir un beneficio económico con ello. Esto permite rápidamente apartar ciertas ideas nocivas para el interés de uno, porque "no son independientes", "están condicionadas por tal o cual lobby". A decir verdad, este tipo de situaciones pasa tan frecuentemente que desdeñar ciertas ideas porque parecen interesadas es una reacción bastante lógica.

El problema comienza cuando se evidencia que el discurso que contraria no puede comportar ningún beneficio económico. En suma, lo que contamos los peakoilers es que nos estamos quedando sin petróleo desde 2018 (sin diésel desde antes, desde 2015) y que ninguna fuente podrá substituir de manera plena al petróleo. Que estamos abocados al descenso energético y a la escasez de todo tipo de materiales (como la que ya está empezando). Que se necesita planificar correctamente la transición, la cual tendrá que ser más rápida de lo previsto. Y que el modelo de transición que se plantea hoy en día, basado en el uso masivo de combustibles fósiles, dependiente de multitud de materiales y orientado a la producción de electricidad, simplemente no es viable ni ahora ni en el largo plazo.

Sobre todo la gente que está muy metida en el tema de la transición energética actual ve estas objeciones como un "no a todo" (sin darse cuenta de que lo es "a todo lo que se plantea", no a todo lo que se podría plantear). Resulta tentador desdeñar estas críticas atribuyéndolas a un interés económico espurio, como siempre se había hecho, pero teniendo en cuenta la barbaridad que decimos los peakoilers eso tampoco cuadra. Así que hay que buscar otro motivación, una razón que permita descalificarnos e ignorar nuestras objeciones. Podría intentar alegarse ignorancia, pero eso es difícil si la gente que decimos esto tenemos un perfil técnico. Por tanto, es así como llegamos a lo de "fanáticos".

Yo encuentro curioso que personas con responsabilidad política o provenientes también del mundo académico se queden conformes con esa explicación. Ven científicos, ingenieros, profesores, técnicos, etc que les están diciendo que esta transición no es posible y la explicación a tales críticas es que toda esa gente, tan formada, con tanto conocimiento, simplemente son unos fanáticos. Por supuesto, en seguida en el barco del fanatismo se meten otras cargas por la cara y según convenga: apocalípticos morbosos (deseáis el fin del mundo), románticos de los viejos tiempos (idealizáis épocas pasadas), fascistas encubiertos (defendéis una imposición dictatorial), ecolojetas reaccionarios (estáis en contra del progreso con vuestra locura por la Pacha Mama), etc, etc.

Todo en vez de mirar la verdad a la cara. Todo en vez de intentar entender por qué gente tan formada se mete en este agujero. Todo en vez de mirar la motivación real.

La motivación real de los peakoilers es que somos unos perdedores.

Lo sabemos desde el día mismo que empezamos a hacer divulgación. Yo lo sé desde el mismo momento que creé el blog. Sabía a lo que venía: yo he venido aquí a perder.

Pase lo que pase, los peakoilers perderemos.

Nosotros, simplemente, hemos visto un riesgo muy grande al cual la sociedad, estúpidamente, sin ningún argumento racional, ha decidido no mirar, porque no le gusta lo que ve. Dado que entendemos muy bien la situación, sabemos que no se está tomando ninguna decisión racional para encarar esto. Toda la respuesta es emocional. Todo la euforia "de progreso" es infundada. La hemos analizado una y otra vez. Sabemos que no tiene sentido. Sabemos que está abocada al fracaso. Sabemos que podría causar el colapso de la civilización.

Y, delante de eso, tomamos una decisión. La de intentar alertar, la de intentar hacer pedagogía. Con la intención de evitar los peores escenarios. Con la intención de que se pueda corregir el rumbo, al menos parcialmente. Con la intención de minimizar los daños.

Y sabiendo que, pase lo que pase, vamos a perder.

Porque si al final conseguimos que se tomen medidas correctoras, y lo peor no pasa; o si estábamos completamente equivocados, y lo peor se sortea sin mayor sobresalto, quedaremos como los imbéciles que somos. Perderemos.

Y si no se toman medidas correctoras y al final sobreviene lo peor, a despecho de cuanto esfuerzo hagamos, también perderemos porque todos, como sociedad, perderemos, y tus vecinos no se conformarán con un "ya os lo dije".

No hay nada bueno a sacar de ser un peakoiler. Hagas lo que hagas tú, personalmente, ya has perdido. Incluso si no haces nada ya has perdido, porque vivirás sabiendo que toda la miseria que viene se podía haber evitado. Más de una vez he visto comparar la epifanía que sobreviene cuando uno comprende qué es el peak oil con tomar la pastilla roja de la película Matrix. Yo siempre digo que hay una diferencia importante: esta pastilla, en vez de darte superpoderes, te da subpoderes. Eres más débil que antes. Eres, ya para siempre, un perdedor.

Es por eso que nuestros detractadores no nos comprenden. Porque elegimos perder a nivel personal, con la esperanza de intentar salvar algo a nivel colectivo, a nivel local, quizá solamente a nivel familiar. Sacrificamos nuestra vida, nuestra carrera y nuestro buen nombre intentando salvar algo que vale más: las vidas de otras personas.

Por eso no nos entienden. Porque, contra la lógica del beneficio directo que impulsa el discurso hegemónico de esta sociedad, elegimos la pérdida propia en beneficio de un bien mayor. Porque elegimos perder para ganar algo más valioso que nosotros mismos. Por eso nos consideran fanáticos, pero en realidad somos perdedores por amor al prójimo. 

Salu2.

AMT 

domingo, 18 de julio de 2021

Las ilusiones renovables

 

Queridos lectores:

Al hilo de recientes discusiones en las redes sociales, me he dado cuenta de que un argumento que se está usando para justificar el insostenible y procolapsante modelo de transición renovable que se está proponiendo desde las instancias públicas es la gran cantidad de estudios aparecidos en revistas científicas que "demuestran" (así me dicen) que el 100% renovable es posible. Me han llegado a citar que se han compilado 180 artículos científicos que muestran tal tipo de transición renovable, como si el masivo número fuera prueba de autoridad suficiente y no cupiera discutir más. Dado que, contrariamente a lo que suelen pensar mis contertulios en las redes sociales, algo sé de este tema porque mi escasa producción científica en este campo es precisamente sobre el diseño de sistemas 100% renovables, he creído conveniente escribir este post para sintetizar mejor por qué ése no es un argumento válido, y menos aún para justificar las políticas públicas que se están emprendiendo. Discutiré la cuestión primero desde la perspectiva general, y luego aludiré a mi experiencia personal en el campo, puesto que a veces las cosas se entienden mejor por la virtud del ejemplo (y espero que así también entiendan que mi posición no viene de un agorerismo fanático apriorístico, sino de una contemplación de y reflexión sobre la naturaleza de las cosas).

Comencemos por algo muy básico: la ciencia no funciona por un sistema democrático. La verdad de un aserto no se valida por el hecho de que haya muchos estudios, aunque sean 180, que parecen respaldarlo. Por supuesto que la gran cantidad de estudios avalan que probablemente se puede hacer, pero hay que estudiar y analizar los susodichos 180 estudios para ver cuáles son las condiciones de aplicación. Porque ésta es la primera cosa que los profanos al ejercicio de la ciencia no entienden: ningún estudio es completamente comprehensivo porque tal cosa es imposible, dada la complejidad y multitud de factores que intervienen en el mundo real. Cada estudio se apoya en un conjunto de hipótesis limitantes bien definidas, y ningún estudio sobre una cuestión de mediana complejidad pretende dar la solución última y final a esa cuestión, sino tan solo entender una parte del problema. Para hacer las cosas más complicadas, cada estudio establece unas hipótesis explícitas, pero al tiempo, inevitablemente, parte de unas hipótesis implícitas que no siempre son evidentes. Por ejemplo, y como cuestionaba yo a unos de mis contertulios, ninguno de los citados estudios considera ni integra el problema de la escasez de materiales y energía, o el rendimiento energético de las instalaciones; y todos ellos asumen que habrá una base industrial funcional como la actual que, de manera continua, va a permitir sin mayores sobresaltos construir todos esos sistemas.

La segunda cuestión a considerar es que lo que están proponiendo esos 180 artículos son cosas muy dispares y en ocasiones contradictorias. Cuando uno entra en los detalles de lo que dicen los artículos, algunos asumen una cantidad de energía en los vientos que es hasta 10 veces superior a la que suponen otros estudios; en algunos casos, las curvas de producción solar son bastante más grandes que en otros, que los últimos resuelven asumiendo que habrá un aumento desmesurado de la eficiencia. La manera de hacer el aprovechamiento energético también varía salvajemente de un estudio a otro, en algunos casos apoyándose en el coche eléctrico, en otros en los motores basados en hidrógeno y en algunos otros en biocombustibles. No es por tanto de extrañar que, al margen de esa cifra relativa de producción renovable, 100%, que se dice poder alcanzar, las cantidades absolutas de energía que creen poder producir unos y otros estudios difieren a veces hasta en dos órdenes de magnitud. Tal disparidad de criterios debería hacer sospechar al lector de que la madurez técnica de estos estudios es todavía limitada, que las incertidumbres sobre el potencial renovable son bastante amplias y que aunque uno encuentre 180 estudios en los que se consigue el 100% renovable, debería haber una cantidad significativa de otros estudios que se queden sensiblemente por debajo del 100%. Pero ahí interviene otro factor: cuando un grupo de investigación hace un estudio y no consigue llegar al anhelado 100%, simplemente no lo publica, dado que el objetivo está claramente marcado y si uno no lo consigue se considera que no es interesante. De ese modo, se tiene un sesgo de confirmación en la producción científica, porque de todo el amplio abanico de resultados se publican solo aquéllos que llegan a la marca del 100%.

Hay, por último, una tercera cuestión, que es de nuevo un sesgo de confirmación, que funciona como un sesgo de elección. Quien me cita esos 180 artículos que muestran, a su entender, la factibilidad del 100% renovable, está ignorando la vastísima literatura científica sobre los límites que la escasez de materiales y de petróleo imponen a la transición renovable. Esos artículos están ahí, publicados en las mismas revistas que los otros, solo hay que buscar "renewable" y "scarcity" o "resource scarcity". Seguramente no son tantos, porque no es una temática muy popular (y ahí hay un tercer sesgo: muchas veces hay que pelearse con los revisores para que te lo publiquen, porque no les gustan las conclusiones pero no porque sean lógica o científicamente erróneas) pero cada vez son más, porque es una temática emergente. En todo caso, nadie que se plantee un análisis sobre la viabilidad de una transición 100% renovable puede decidir ignorar esos estudios que hablan de dificultades, dificultades que precisamente los otros estudios no consideran. No es ni medianamente serio, a día de hoy, que se plantee una discusión sobre la transición renovable sin haber leído nada de Carlos de Castro, Ínigo Capellán o Alicia Valero, por poner ejemplos de tres autores patrios; pero es que hay muchos más en la escena internacional (y para desmayo de los gestores que lo apuestan todo al 100% renovable eléctrico, cada día hay más).

Plantear un modelo de transición al 100% renovable es algo extremadamente complejo, y que requiere un grupo de trabajo multidisciplinar y un estudio durante mucho tiempo, complementado tanto como se pueda con experiencia de campo. Es presuntuoso y arrogante creer que uno solo puede acometer una tarea de tal envergadura, con tantos vericuetos y complejidades tan pronto como uno empieza a entrar en los detalles de los usos energéticos en cada industria y en cada sector. Demasiadas veces me he encontrado con algún ingeniero con muchas primaveras ya en sus cabellos que pretender planificar la transición a golpe de hoja Excel. Ojalá fuera tan sencillo.

Justamente, mi propia escasa experiencia en estas lides me ha demostrado cómo de difícil y complejo es hacer un diseño de transición al 100% renovable que pueda ser medianamente creíble. Comentaré aquí solamente sobre tres artículos en cuya elaboración yo participé y que por tanto conozco mejor, aunque mi grupo publicó unos cuantos más.

En el año 2012 publicamos un estudio sobre cómo implementar un modelo 100% renovable (García-Olivares A., Ballabrera J., García-Ladona E. & Turiel A., 2012. A global renewable mix with proven technologies and common materials. Energy Policy 41, 561–574; también escribimos un post sobre el artículo). El objetivo de este estudio era determinar si era posible hacer una transición hacia el 100% renovable sin tener que asumir, como hacían muchos otros estudios, que aparecerían nuevas tecnologías disruptivas que permitirían mejorar de manera inverosímil la eficiencia. Además, buscamos que no se tuviera que utilizar materiales escasos, justamente para no tener que preocuparnos de los límites materiales. Por último, los sistemas a implementar deberían tener una TRE adecuada. La conclusión de nuestro estudio es que, efectivamente, se podría hacer tal sistema. Eso sí, se requeriría 1)  una cooperación internacional sin precedentes; 2) el práctico agotamiento de las reservas conocidas de cobre; y 3) el establecimiento de una economía de guerra durante 30 años. Como bonus, además, una vez culminada la transición la economía debería ser estacionaria para siempre jamás. Entre las limitaciones de este estudio se encuentran que utilizamos un enfoque bottom-up (en vez del top-down, que Carlos de Castro y sus colaboradores demostraron que era el correcto), por lo que nuestra estimación del potencial renovable está sobreestimada; y que no integrábamos el impacto del inminente descenso de la producción de petróleo en nuestros planes de transición.

En 2018 publicamos otro estudio que abordaba parcialmente el último de esos problemas (Solé J., García-Olivares A., Turiel A. & Ballabrera-Poy J., 2018. Renewable transitions and the net energy from oil liquids: A scenarios study. Renewable Energy 116, 258-271; y su post asociado). Tomando como referencia varios escenarios de declive de la producción de petróleo a partir de los informes de la AIE - retrospectivamente, la mayoría de estos escenarios resultan ser demasiado optimistas -, analizamos a qué ritmo se debería producir la sustitución renovable para compensar su caída. En los casos más extremos, los ritmos llegaban al 8% de crecimiento anual (y eso que descartamos incluir en el artículo algunos escenarios donde se llegaba al 20% anual para evitar el rechazo de los revisores). Por último, el artículo discute cómo debería ser el sistema de sustitución al 100% renovable, dando algunas directrices de cómo debería implementarse teniendo en cuenta estos problemas.

En aquel momento, sin embargo, ya teníamos claro que el problema era demasiado complejo, con demasiadas variables interactuando entre ellas. En la época en la que enviamos el artículo ya estábamos comenzando el proyecto MEDEAS, un proyecto financiado por la Comisión Europea que coordinó mi compañero Jordi Solé, cuyo objetivo era la elaboración de un modelo que permitiese testear los problemas de los escenarios de transición que se quieran proponer. Usando MEDEAS uno puede detectar si, para hacer un determinado modelo de transición, uno va a agotar algunas materias primas, va quedarse corto de petróleo o si va a disparar la concentración de CO2 o el paro. Así son los modelos de dinámica de sistemas, indispensables para poder capturar una parte aún pequeña pero significativa de la complejidad del mundo. Fruto de esos cuatro años de trabajo intensos, aparte del Libro Blanco, sacamos un artículo (J. Solé, R. Samsó, E. García-Ladona, A. García-Olivares, J. Ballabrera-Poy, T. Madurell, A. Turiel, O. Osychenko, D. Álvarez, U. Bardi, M. Baumann, K. Buchmann, Í. Capellán-Pérez, M. Cerny, Ó. Carpintero, De Blas, C. De Castro, J-D. De Lathouwer, C. Duce, L. Eggler, J.M. Enríquez, S. Falsini, K. Feng, N. Ferreras, F. Frechoso, K. Hubacek, A. Jones, R. Kaclíková, C. Kershner, C. Kimmich , L.F. Lobejón, P.L. Lomas, G. Martelloni, M. Mediavilla, L.J. Miguel, D. Natalini, J. Nieto, A. Nikolaev, G. Parrado, S. Papagianni, I. Perissi, C. Ploiner, L. Radulov, P. Rodrigo, L. Sun, M. Theofilidi, 2020. Modelling the Renewable Transition: scenarios and pathways for a decarbonised future using pymedeas, a new open-source energy systems model. Renewable and Sustainable Energy Reviews 132, 110105). Se habrán fijado en lo larga de la lista de autores: es lo que tiene ponerse en serio en una modelización de la transición, que se requieren equipos amplios y multidisciplinares. El artículo es una presentación de la herramienta pymedeas, el programa en Python de software libre (sí, se lo pueden descargar si quieren) que contiene el modelo MEDEAS. Como he dicho, este modelo sirve para comprobar si determinados escenarios de transición son o no transitables, y dónde se producen los mayores problemas, dando pistas sobre cómo resolverlos. Como ejemplo de aplicación, se muestran varias ejecuciones del modelo MEDEAS pero de manera restringida (desactivando algunos módulos de retroalimentación). Uno de los escenarios es el de Transición Renovable Rápida, y arroja información interesante: 1) la temperatura del planeta supera durante algunos años la marca de los 1,5 ºC que se ha fijado por el IPCC, por culpa del gran consumo fósiles requerido para el despliegue masivo renovable, y ello obliga a que el esfuerzo final se centre en la captura de carbono; y 2) el consumo de algunos materiales se dispara hasta tres veces sus reservas conocidas (el módulo de materiales se desconecta parcialmente para esta simulación).

El proyecto MEDEAS no representa ni mucho menos el final del camino, puesto que es necesario incrementar la granulosidad de la simulación y mejorar las funciones de producción y retroalimentación para describir mejor y con más detalle los escenarios. Éste es el trabajo que se está llevando a cabo con un nuevo proyecto europeo, LOCOMOTION, coordinado desde la Universidad de Valladolid. 

Y a medida que conocemos mejor la situación y mejoramos nuestro entendimiento de las retroalimentaciones entre las diferentes variables, queda cada vez más claro que a la transición renovable se llega por un camino cada vez más estrecho el cual podría cerrarse abruptamente si tomamos malas decisiones.

Por eso, queridos lectores, las cosas no son tan sencillas como contar cuántos artículos parecen decir una tal cosa. Hay que leer, hay que entender y, sobre todo, hay que reflexionar. Nos lo jugamos todo en esta apuesta y no nos podemos permitir el lujo de fallar.

Salu2.

AMT

miércoles, 17 de febrero de 2021

El legado de Santa Bárbara

 

Queridos lectores:

Como habrán notado, llevaba tres semanas sin publicar ningún post. La razón es la de siempre: mucha carga de trabajo - agravada por las dificultades de la nueva "realidad CoVid" - y por tanto menos tiempo libre, entre otras cosas para escribir en este blog. Sin embargo, en esta ocasión esta sobrecarga laboral ha ascendido un escalón adicional, y ese escalón tiene un nombre: NextGenerationEU.

En el caso de que no lo conozcan, les diré que NextGenerationEU es un enorme paquete de estímulo económico (tres cuartos de billón de euros) que la Unión Europea ha destinado para estimular la recuperación económica de los países miembros. La mayor parte de este paquete está formado por el denominado Fondo de Recuperación y Resiliencia (!), el cual tiene unos objetivos muy concretos, entre los cuales destacan la lucha contra el Cambio Climático (un mínimo de 37% de los fondos) y la transformación digital (al menos un 20%). 

De estos fondos a España le han correspondido nada más y nada menos que 140.000 millones de euros. Es por ello que durante las últimas semanas han proliferado por todo el territorio español decenas de proyectos para la instalación de sistemas de generación de energía renovable y de producción de combustibles "limpios" como el hidrógeno verde.

El desembarco de este chorro de dinero en España ha tenido consecuencias directas en mi sector, el de la ciencia. Una pequeña parte de esos fondos (me comentaban ayer que unos 4.000 millones de euros) se van a destinar al sistema de ciencia español. Esta cantidad es ligeramente superior al presupuesto anual ordinario del Ministerio de Ciencia e Innovación, y es casi 6 veces el presupuesto anual de la Agencia Estatal de Investigación, que es la encargada de dotar presupuestariamente los proyectos de investigación en España y que de hecho es la principal fuente de financiación del sistema de ciencia español.

Como saben, aparte del trabajo de divulgación sobre los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, mi trabajo de investigación se centra en otras materias y más concretamente en el estudio de los océanos utilizando satélites de observación de la Tierra. Además, desde hace algún tiempo tengo el encargo y el honor de coordinar las actividades de teledetección del CSIC a través de una Plataforma Temática Interdisciplinar, actividad muy importante y que me implica una mayor carga de trabajo. Justamente por esta ocupación, actualmente tengo un mejor conocimiento del funcionamiento de mi institución y me entero más de los cambios que está experimentando. Y así he sabido que, de los fondos de NextGenerationEU, este año se han asignado directamente al CSIC 150 millones de euros, dirigidos a la actividad de ciertas plataformas muy estratégicas (entre ellas Salud Global, la plataforma que lleva la investigadora Margarita del Val y que ha hecho un trabajo extraordinario durante la pandemia). Conviene hacer notar que 150 millones de euros es un 16% del presupuesto del CSIC para este año, así que esta inyección de dinero es más que notable.

Pero ésa no es la única partida de dinero que le está llegando al sistema de ciencia desde NextGenerationEU. Las comunidades autónomas están recibiendo partidas de dinero de varias decenas de millones de euros, en algún caso llegando al centenar, con el encargo de que deben ser gastados en 8 áreas científicas prioritarias: comunicación cuántica; energía e hidrógeno verde; agroalimentación; biodiversidad; astrofísica y física de altas energías; ciencias marinas; ciencias de materiales; y biotecnología aplicada a la salud. Eso ha motivado que las Comunidades Autónomas estén contactando con investigadores y centros de investigación para montar proyectos sobre estos temas, porque además se están encontrando con la dificultad de que las propuestas deben ser entregadas en el plazo de algunas pocas semanas.

Y eso no es todo: otros ministerios, como el de Industria, el de Agricultura, Pesca y Alimentación o el de Transición Ecológica y Reto Demográfico, tienen también asignadas cuantiosas partidas asociadas a NextGenerationEU, una parte de las cuales deberán plasmarse a través de proyectos en los que la participación de investigadores será fundamental. Y este frenesí que se está viviendo en el CSIC me imagino que se vivirá con similar intensidad en otros Organismos Públicos de Investigación y en las Universidades; es decir, que debe afectar a todo el sistema de ciencia español.

En resumen: después de haber pasado unos cuantos años de progresiva deprivación y lenta decadencia (por ser honestos, parcialmente remontados durante el último año), la Ciencia española se encuentra actualmente inundada por una cantidad de dinero sin precedentes en toda su historia, lo cual está generando una actividad frenética. Gracias a esta sorpresiva disponibilidad de fondos, muchas buenas ideas que nunca habían podido prosperar se están recuperando del fondo de los cajones donde estaban cogiendo polvo. Los investigadores nos estamos encontrando con una gran receptividad para que propongamos nuestras ideas y que llevemos a cabo iniciativas que sin duda serán muy positivas para la ciencia en general y para España en particular.

Esta increíble bonanza del sistema de ciencia español (alimentada por una fracción mínima de los fondos europeos, pero que comparada con nuestros fondos habituales es una barbaridad de dinero) contrasta con la penuria generalizada de prácticamente todos los sectores económicos del país. No es por tanto sorprendente que una condición que nos dejan clara en el acceso a los fondos es que por cada euro que se reciba se han de generar 5 euros en iniciativa privada. Trabajamos a destajo, cada uno en nuestra área, para intentar impulsar los sectores económicos del país, eminentemente en sus áreas más tecnológicas pero no solamente: en muchos casos, intentamos introducir procedimientos para mejorar la eficiencia y el rendimiento, tanto en las explotaciones agrícolas y ganaderas como en las fábricas, tanto en la gestión del litoral como la de los bosques, tanto en la predicción del clima como en el pronóstico a corto plazo, y así un larguísimo etcétera. Se nos está pidiendo que demos impulso a la economía del país, que hagamos un esfuerzo, aquéllos que probablemente estamos mejor preparados, para sacarnos de este atolladero.

El problema, sin embargo, es que somos la cantidad de gente que somos. Los que estamos somos los supervivientes de múltiples recortes y carestías a nivel de personal, los que pudimos pasar el corte en un momento determinado. Toda la gente que quedó atrás ya no está disponible: dejaron la ciencia y se dedicaron a otras tareas para ganarse la vida. Y ahora que tanto se nos pide, tenemos la masa humana que tenemos. Intentamos multiplicar nuestros esfuerzos, siendo conscientes como somos de la irrepetibilidad del momento y de la importancia de estar a la altura del reto, en parte para aliviar la situación actual, en parte para demostrar que siempre debieron confiar a nosotros. Pero el día tiene 24 horas y somos seres humanos. En la actualidad, yo puedo comenzar con mis reuniones a las 9 de la mañana y acabarlas a las 8 o las 9 de la noche, con paradas mínimas para atender lo más básico. Y siempre con la inquietud encima: ¿llegaremos a todo? ¿estaremos a la altura?

En situaciones como ésta (y por eso repetidamente estos días) suelo contar un chiste para hacer comprender la "lógica" económica que a veces guía algunas decisiones. El chiste reza así: "un economista es un tío que cree que si una mujer puede hacer un bebé en 9 meses, 9 mujeres pueden hacer un bebé en un mes". Lo que nos estamos encontrando estos días es que determinadas personas, seguramente con formación en gestión de empresas, con educación en lo que es el mainstream económico, han pensado en que si ponemos el doble de input en el sistema de ciencia, entonces se va a obtener de doble de output. Pero la cosa no es tan sencilla. A veces doblando las entradas se pueden producir más del doble a la salida, pero otras veces no se obtiene mucho más que antes de doblar. La ciencia es no lineal, caprichosa, y tiene sus propios ritmos, contemplativos y reflexivos; y a veces la respuesta a nuestras preguntas es un sonoro "No se puede". Pero en el contexto actual, un "no se puede" o un "no se llega" o un "no se duplican las salidas" no es una respuesta aceptable. De aquí el agobio actual.

¿Cómo hemos llegado a esta histeria, a esta mala planificación, a estas prisas?

Hemos llegado aquí porque tenemos el futuro, literalmente, encima. Y no es un futuro demasiado agradable. 

Desengáñense: Esto no va de la pandemia. No porque la crisis sanitaria de la CoVid se pueda considerar resuelta; es que no es el factor más importante ahora mismo.

Ni siquiera va de la necesaria lucha contra la Emergencia Climática, una emergencia dominada por un Cambio Climático desbocado que, de acuerdo con nuestros datos, parece estar acelerándose durante los últimos años y especialmente durante el último lustro.

De lo que va esto es de transición energética. De lo que va esto es de la adaptación económica para hacer sobrevivir el actual sistema industrial y social en una situación en la que la energía no va a ser abundante.

Un año antes de la llegada de la CoVid la Agencia Internacional de la Energía nos avisaba de que antes de 2025 tendríamos graves problemas con el acceso a la principal fuente energética del mundo, el petróleo

 


¿La razón de este descenso anunciado de la producción de petróleo? La fuerte desinversión de las compañías petroleras desde 2014. ¿Dejaban de invertir las petroleras por compromisos en la lucha contra el cambio climático? No; dejaban de hacerlo porque se estaban arruinando buscando más petróleo, porque no queda petróleo rentable.

La llegada de la CoVid ha acelerado lo inevitable: el fracking se ha ido definitivamente al garete, y en el último informe anual la AIE nos enseñaba cuatro posibles escenarios para la producción de petróleo en función de cuánto dinero se invirtiese en nueva producción. ¿Adivinan cuál de los cuatro estamos siguiendo? Efectivamente: el peor, el que anticipa un caída de la producción de petróleo de hasta el 50% solo de aquí a 2025, si los Gobiernos no reaccionan para impedirlo (cosa que probablemente harán).


La partida está acabando y estamos llegando a las últimas bazas. En septiembre de 2020 BP reconocía que la producción de petróleo ya no volverá a remontar, aunque lo disfrazaba de un fantasmagórico "pico de demanda", es decir, que la gente querría consumir menos petróleo porque sí. Poco después, Exxon se veía obligada a moderar sus optimistas previsiones sobre la producción futura. Hace unos días, Shell reconocía que su producción ha llegado a su máximo y que a partir de ahora solo decrecerá. Y hace una semana, Total avisaba que, debido a la desinversión petrolera, en 2025 faltará al menos el 10% de la demanda. Las grandes petroleras lo saben y ya lo van anunciando, aunque lo disfracen más o menos convenientemente.

Esto se acaba. Peor, esto se acelera: el precio del petróleo no para de subir y el pico de precios que esperábamos para finales de 2021 o principios de 2022 podría adelantarse unos cuantos meses.

A ambos lados del Atlántico, tanto a los EE.UU. como en Europa, se están lanzando ambiciosos programas de financiación pública de la actividad. Se pone un especial acento e interés en la transición energética. Hay prisa. Los problemas se nos están tirando encima.

Sabíamos que esto iba a pasar por lo menos desde 1970. Teníamos 50 años por delante y no hicimos nada. Nos volvieron a avisar en 1998. Teníamos 20 años por delante y no hicimos nada. En 2008 recibimos el primer susto, y cualquiera que estuviera atento habría percibido la importancia de la escasez de petróleo en la grave crisis económica que se desencadenó. Pero teníamos más de 10 años por delante, y no hicimos nada. Ahora ya está. Ya nos está explotando en las narices. Y ahora queremos una solución, basada en renovables a tutiplén y quimérico hidrógeno verde; y los mil problemas que la escasez de petróleo va a generar, queremos solucionarlos en unos pocos años, mejor incluso si son meses. Y siguiendo la lógica del economista, si pongo el doble de millones reduciré el tiempo de desarrollo a la mitad.

En ésas estamos. Los responsables públicos pidiéndonos milagros, y los científicos gestionando el legado de Santa Bárbara; ya saben, aquélla de la que nos acordamos solo en determinadas situaciones.

Salu2.

AMT 

P. Data: Tengo una buena cartera de temas para tratar, que se me han ido acumulando, y asumiendo que tenga algo de tiempo para respirar espero ir escribiendo sobre ellos en los próximos días. Permanezcan atentos. 

martes, 8 de septiembre de 2020

Por qué me voy de Facebook

 

Queridos lectores:

Después de 10 años haciendo divulgación a través de Facebook, he decidido cerrar mi perfil público en esta red social. Facebook ha sido una herramienta muy útil para entrar en contacto con otras personas, para compartir contenidos de interés común (incluyendo posts de este blog) e incluso para recabar información. Ha sido una etapa provechosa, pero que ahora debe llegar a su fin.

Facebook es una red social que pertenece a una empresa privada, que como es lógico pretende conseguir beneficios económicos con su actividad. Eso hace que la red tenga ciertos sesgos, algunos de los cuales llevaba tiempo observando. Por ejemplo, no siempre te notifica las cosas que más te interesan, sino aquéllas que le interesan a Facebook según sus propios algoritmos (que combinan información de tu perfil con elementos de su propio interés comercial - publicidad, más que nada). También es reseñable el límite de 5000 contactos para los perfiles gratuitos (los que tenemos la mayoría), que hacen que a medida que te acercas a ese límite algunas personas que te incluyeron como "amigo" dejen de manera silenciosa y automática de serlo, sobre todo si Facebook se da cuenta de que no interactuáis frecuentemente. Por otro parte, es conocido que Facebook genera un cierto efecto pecera: uno tiene la impresión de estar llegando a mucha y muy diversa gente cuando en realidad se mueve en círculos muy pequeños y muy alineados ideológicamente.

Todos estos problemas y limitaciones hace tiempo que los conocemos, y a pesar de eso, valorando pros y contras, yo, al igual que muchos otros, decidí que merecía la pena seguir en Facebook.

Pero ya no.

La gota que ha hecho colmar el vaso ha sido la censura implacable que Facebook le ha aplicado al blog "Usted no se lo cree", de Ferran Puig Vilar. Hoy hace justamente un mes que Facebook bloquea cualquier intento de enlazar cualquier artículo de ese blog. Se da la circunstancia de que "Usted no se lo cree" es uno de las mejores páginas web sobre cambio climático en castellano, con un nivel de documentación y rigor científico que para sí quisieran muchas. Este blog recibió en 2010 el premio de comunicación de su categoría de la Fundación Biodiversidad, que le fue entregado al propio Puig Vilar de manos de la actual ministra de Transición Ecológica y Vicepresidenta del Gobierno, Teresa Ribera. En cuanto a su autor, Ferran Puig Vilar, ingeniero de formación, ex presidente de la Asociación de Prensa Profesional, es un ejemplo de tesón, decoro y pulcritud informativa a un nivel que, de nuevo, ya desearían muchos alcanzar.

Durante este mes, numerosas personas se han interesado por intentar comprender las razones de Facebook para bloquear de manera completa este blog. Se han escrito numerosas reclamaciones a Facebook (incluso yo mismo escribí una), preguntando sobre los motivos de la censura, y nunca hemos obtenido respuesta. Encima, para añadir infamia al daño, cuando alguien intenta enlazar la web en cuestión desde Facebook, un mensaje te advierte que no es posible porque esa página "no cumple los estándares de la comunidad", aunque en otras ocasiones alega que "difunde información falsa" o bien "es spam". A cualquier usuario de Facebook ajeno al contexto de esta censura le parecerá que la página de Ferran tiene algo de dudoso, de ilícito. Facebook, sin decirlo explícitamente, sin haber aclarado nunca por qué bloquea "Usted no se lo cree", da a entender que hay algo oscuro e inadecuado con esa página. El daño, por tanto, es doble, porque no solo no se le permite a Ferran continuar haciendo divulgación sobre el Cambio Climático en Facebook, sino que veladamente se le acusa de fraude. Es la calumnia perfecta, porque no se formula explícitamente pero consigue crear la duda. 

Para añadir una nota inquietante, estas últimas semanas se han observado ciertos problemas cada vez que se discutía de este tema, con la ralentización de la publicación de comentarios y, en algunos casos, su desaparición (a mi me han desaparecido varios).

Hace ya algún tiempo que Facebook muestra una cierta y peligrosa deriva, una escora sumisa a los intereses económicos de terceros. Ya no estamos hablando de rentabilizar los perfiles o de sesgar contenidos para instilar publicidad; hablamos, ya, de desterrar ciertos contenidos y primar otros, con inconfesables objetivos. Que Facebook ose vetar una página sobre un tema tan sensible como es el Cambio Climático solo pone en evidencia los derroteros que ha tomado la red social. 

No sé cuales son las razones profundas. No sé si es un exceso de confianza en los algoritmos automáticos y el desprecio general a los usuarios (que hace que se ignoren las solicitudes de reparación). No sé si esta censura es un síntoma más de la deriva de nuestra sociedad, a medida que la crisis existencial que afrontamos se va asentando. No lo sé, y la verdad es que no me importa. Me son absolutamente igual las excusas: ya he tenido bastante de esto y no quiero más, gracias.

Es hora de escapar de ese ambiente viciado.

Me voy de Facebook por dignidad, porque no puedo tolerar que le pase esto a Ferran, un buen amigo, y que yo no haga nada.

Me voy de Facebook, también, mientras me quede dignidad, porque no quiero que se me aplique la famosa frase de Martin Niemöller; y antes de que vengan a por mi (que acabarán viniendo: la verdad no genera negocio) prefiero irme yo.

Soy consciente de que posiblemente algún día esto mismo pasará con blogger, la plataforma que aloja este blog. Ese día, también, recogeré los bártulos y me iré a buscar otros vientos, a respirar aire fresco.

De momento, aquéllos a los que les interese pueden unirse al canal de Telegram de The Oil Crash, o al foro asociado. La página de Facebook de The Oil Crash también seguirá activa (hasta que la censuren), aunque ya no la gestionaré yo, sino otras personas a cuyas competentes manos la he confiado.

Y eso es todo.

A la medianoche del día de hoy, 8 de septiembre de 2020, borraré mi perfil público de Facebook, y empezaré una nueva etapa en mi actividad de divulgación.

Salu2.

AMT

miércoles, 5 de agosto de 2020

Diálogos con Pedro: El otro



(Anteriormente: Los Tres Reinos).

Pedro esperaba la llegada de su Mareth sentado en "su sitio", ese espacio en la gran mesa de madera noble que había ocupado durante las anteriores sesiones educativas. Tenía a su lado los libros  que ella le había dado para leer, el ensayo que ella le había encargado y el cuaderno donde tomar notas.

Aunque intentaba disimularlo, Pedro estaba nervioso. Se había pasado toda la semana dándole vueltas a la cabeza, y los últimos días solo podía pensar en este momento, en esa sesión educativa que iba a tener lugar en unos instantes.

No entendía porqué su padre le había forzado a seguir esas "clases de refuerzo". A fin de cuentas, su futuro estaba muy claro. En algo más de un año cumpliría la mayoría de edad y se dedicaría al mismo negocio que su padre, el comercio. Un negocio que, además, conocía muy bien, ya que siempre que no estaba en la escuela o estudiando se pasaba el tiempo en la tienda de su padre; incluso, los dos últimos veranos había acompañado a su padre en algunos viajes para cerrar tratos en ciudades cercanas.

No es que las conversaciones con su Mareth (su tutora, su coadjutora) no fueran interesantes. De hecho, María (se estremecía y al tiempo se ufanaba de su osadía de llamarle así, por su nombre de pila) era ya la única persona  cuya conversación le resultaba estimulante. Ni siquiera su padre, quien tantas cosas le enseñó cuando era niño, parecía tener mucho más que aportarle. Su padre hacía tiempo que le parecía tactiturno, algunas veces distante; le trataba como si no le reconociera, a él, a su hijo. Pero María era diferente. Aunque tenía un sesgo... ¿cómo lo denominaría? ¿ecologista? No, no era exactamente eso. Era un tanto fatalista, quizá incluso catastrofista. No, no era correcto decir "catastrofista", no en ese momento de la Historia, porque el mundo había experimentado, en las décadas anteriores a su nacimiento, diversas catástrofes, según le habían contado. Él mismo había podido ver con sus propios ojos algunos signos escalofriantes y terribles de esos cataclismos, pues se los encontraban aquí y allá en sus viajes con su padre: tierra quemada, tierra quebrada, ciudades hundidas, ciudades destruidas... Es verdad que había habido una debacle universal, pero el mundo ahora renacía y todo era futuro y esperanza. Sin embargo, María tenía siempre ese deje triste de quien no ha superado el drama de los años pasados. Quizá el problema de María es que estaba anclada en el pasado, a pesar de que no era tan mayor como para haber vivido lo peor, puesto que tendría quizá solo 10 años más que él, o poco más.

Dejando vagar libremente sus pensamientos sobre María, Pedro se dio cuenta de que estaba yendo de nuevo por un camino que él mismo se había propuesto no volver a transitar, ni siquiera en sus ensoñaciones, así que bloqueó sus pensamientos y se centró en aquello de lo que realmente quería hablar ese día.

María era una extranjera. Hablaba tan bien la lengua de la isla que hasta la última sesión no se había dado cuenta, pero no era una isleña. Solo una sucia extranjera que había venido aquí para aprovecharse de nuestra bien merecida bonanza.

¿Cómo no se había dado cuenta antes? Ella era demasiado alta, demasiado rubia, demasiado... ¿guapa? Posiblemente porque era tan guapa él no se había dado cuenta, o no había querido darse cuenta, de que era extranjera. Pero el hecho era que María era extranjera. Simplemente, un parásito más, de los que sus amigos y él se habían juramentado para expulsarlos de la isla.

Pero María también era muy lista, y la persona más erudita de toda la isla, o al menos eso se decía. Por eso su padre la había contratado como Mareth, como guía o mentor de su único hijo.

Sin embargo, Pedro tenía un plan. Por más inteligente que fuera María - ¿sería ése su nombre real? - aquel día la batuta la llevaría él. Pedro quería respuestas y las quería ya. No iba a dejar que ella le distrajera con sus rotundos discursos: él iría directamente al grano.

Esta enfrascado en esos turbios pensamientos cuando, repentinamente, notó un perfume que le resultó familiar. María ya estaba ahí, pero no había dicho nada. Estaba parada a solo dos metros de su espalda, y seguramente llevaba un rato examinándole. Después de varias sesiones, Pedro sabía ya que María era muy vivaz y que ningún detalle se le escapaba, así que no tenía sentido perder el tiempo con formulismos o  comenzando una larga conversación para intentar llevarla a su terreno. Había decidido ser directo.

- ¿De dónde eres, María? - dijo Pedro, arrepintiéndose al instante por lo rudo que sonó. Ni un miserable "hola" le había dicho.

Ella le miró a los ojos, con una expresión que Pedro no pudo definir, y le contestó con una voz calmada y suave. Él esperaba una respuesta evasiva, del tipo "¿qué importa de dónde sea?", pero en vez de eso su mentora contestó directamente.

- Soy de Freidon.

Era peor de lo que esperaba. No era una mestiza del medio norte, ni siquiera provenía de las Planas Halas. No. Venía de Freidon, el agujero del mundo, la cloaca inmunda que se estaba hundiendo en el mar. Hogar de desgraciados, miserables y delincuentes de la peor calaña. Pedro solo había visto a un freidonés en toda su vida, un gigantón rubio e hirsuto al que llevaban detenido por haber asaltado diversas villas; pero sabía que los habitantes de Freidon eran lo peor: sin moral, sin respeto por las costumbres isleñas, con ese sentido de tener derecho a todo y deber de nada...

Ella había tomado asiento delante de él, como solía, aunque no sacó el material que llevaba en su bolsón y simplemente se quedó allá sentada, las manos cruzadas sobre su regazo, esperando. Pero Pedro no se había dado cuenta de nada, ensimismado como estaba en sus pensamientos, mezcla de rabia y desprecio.

- ¿Te preguntas cómo es posible que una freidonesa de mierda sea tu Mareth? - dijo ella al fin.

Él asintió, incapaz de articular una palabra, pues la rabia que sentía le agarrotaba la lengua, mientras la sangre se le agolpaba en las acaloradas mejillas.

Quizá para ignorar los esfuerzos de su pupilo por contener su infantil furia, María miró hacia el gran ventanal, a un punto distante del horizonte, más allá del mar, y comenzó a hablar:

- Hubo un tiempo, hace muchos años pero no tantos como para que se haya olvidado, que Freidon era una de las naciones más prósperas de Europeé. Aunque es cierto que entonces no se llamaba Freidon.

- ¿Cómo se llamaba? - llegó apenas a pronunciar Pedro, intentando aún contenerse.

- Oh, se le conocía por diversos nombres - dijo ella, posando por un momento su mirada sobre Pedro pero volviendo en seguida a su punto más allá del mar y de la ventana - La Tierra Baja, era el nombre más comúnmente usado - y prosiguió - La Tierra Baja era una zona próspera: era la primera potencia comercial y marítima del mundo, y tenía una gran abundancia de petróleo y gas que extraía del lecho marino, muy somero en las aguas freidonesas.

Pedró consiguió calmarse un poco y empezó a prestar más atención a la explicación de su Mareth, no porque le interesase lo que una freidonesa (de mierda, como ella había dicho con justeza) tuviera que decir, sino porque le servía para distraerse y reganar la compostura.

- Los freidoneses vivían felices, sin pensar que su bienestar pudiera acabar nunca. La freidonesa era una sociedad muy igualitaria, en la que las familias contaban con múltiples ayudas y la inserción social de los desfavorecidos era una de las grandes preocupaciones. Pero un día todo empezó a torcerse...

Pedro recordaba haber leído algo sobre la Tierra Baja, una nación pequeña pero muy próspera de los Tiempos Pasados. No la había relacionado entonces con Freidon, ni se le había pasado por la imaginación que tuvieran algo que ver.

- Como sabes, uno de los motivos del Gran Cataclismo fue la repentina escasez de combustibles fósiles - continuó ella.

- El dichoso peak oil del que siempre hablas - masculló Pedro.

- Sí, ese dichoso peak oil - dijo María, ignorando el tono impertinente de su discípulo - pero también el peak coal, el peak gas, el peak uranium, el peak copper, el peak cobalt, el peak lithium... el peak everything, el pico de todo.  Todo comenzó a escasear más o menos a la vez, incluyendo el agua y los alimentos.

- ¿Y por qué no os preparásteis? ¿Por qué no lo anticipásteis? La culpa de todo lo que os pasó fue vuestra - el ritmo atropellado de Pedro acentuaba su tono acusatorio.

- ¿Fue culpa nuestra, Pedro? - dijo María, y sin darle tiempo a responder se contestó ella misma - Sí, fue culpa nuestra, pero no solo nuestra. También fue vuestra. Y de todo el resto del mundo.

Por un momento, Pedro la miró con esa perplejidad sincera de los niños cuando no alcanzan a comprender algo. Pero sus prejuicios estaban demasiado fuertemente asentados y replicó con aspereza:

- No intentes echarnos la culpa a nosotros - dijo Pedro.

- No lo hago. Solo describo cómo fue la cosa - respondió ella, y prosiguió - ¿Quieres que te explique un poco la historia de la Tierra Baja para tener una mejor perspectiva? Podrás comprobar todo lo que digo en los libros de Historia que tenéis en la Isla.

Pedro no estaba demasiado conforme, pero no tenía argumentos para negarse realmente. Además, realmente sentía curiosidad por saber qué había pasado para que la próspera Tierra Baja se convirtiera en la cloaca de Freidon.

- Lo que ahora te contaré es lo mismo que a mi me contó mi abuelo. Ésta es su historia, y también es la mía aunque yo no la viviera - la voz de la Mareth era tan baja y suave que casi susurraba.

Ella se puso de pie y se fue a la ventana, siempre mirando hacia ese punto distante en el horizonte y ajena al bullicio de la calle, que incluso en lo alto de la colina era perfectamente audible. Ella le daba la espalda y aunque al principio, por culpa de su orgullo mal entendido, Pedro no cambió de postura, al final se giró hacia ella. Tragó saliva. La apariencia de María era sobrecogedora. Los rayos de Sol del atardecer tornaban dorados los bucles de su cabellera. Ella se giró brevemente hacia Pedro y bajo esa luz sus ojos parecían transparentes, lo cual acentuaba la sensación de irrealidad de toda su persona. Combinado con su vestido blanco, apropiado para los calores del verano, María tenía aspecto casi angélico, casi sobrenatural, como si fuera un ser de otro mundo. O de otro tiempo.

- A principios del siglo XXI, la abundancia de recursos minerales que había permitido prosperar a las sociedades industrializadas llegó a su fin - los ojos de María se habían vuelto al punto del horizonte. - No se terminó de golpe, por supuesto: la extracción de minerales y combustibles fósiles seguía a buen ritmo, pero cada año se extraía menos.

Pedro carraspeó. Esa historia ya la había oído muchas veces.

- La Tierra Baja producía petróleo y gas, además de contar con una industria muy desarrollada y uno de los mayores puertos comerciales del mundo - la voz de María sonaba un tanto mecánica, distante - Mi país pertenecía al club de los países más ricos del mundo, y además todos sus vecinos eran del mismo club, así que en ningún momento mis compatriotas pensaron que nada malo les pudiera pasar. Sabíamos que a los países pobres se les esquilmaba, prácticamente se les robaba, sus recursos; pero era impensable que eso nos pudiera pasar a nosotros. O al menos eso pensábamos...

Había algo en las palabras de la Mareth que hizo que Pedro sintiera una zozobra extraña, una angustia ahogada.

- La escasez volvió feroces a los grandes países de Europeé, y la Tierra Baja no era un gran país. Faltando de todo, los ojos codiciosos de esos países fuertes, nuestros aliados, nuestros amigos, se volvieron hacia nosotros - María suspiró - Grandes empresas e incluso gobiernos extranjeros nos animaron a extender nuestras explotaciones, y nos ofrecieron mucho dinero y tecnología para hacerlo posible. Pero la población de la Tierra Baja se oponía: esos proyectos pondrían en peligro el subsuelo de nuestras ciudades y podían contaminar nuestra agua. El Gobierno convocó un referéndum y ganó el "no" por abrumadora mayoría. Cuestión zanjada. Eso pensaron: cuestión zanjada.

María hizo una pausa. Pedro vió que se mordía levemente su labio inferior derecho. Podía sentír su zozobra, pero no sabía cómo ayudarla. Ella continuó.

- Por supuesto, nada se había acabado. Hubo una sucesión de escándalos y el Gobierno cayó. Las siguientes elecciones las ganó un nuevo partido que prometía mayor transparencia y menos corrupción. El nuevo Gobierno negoció con las grandes compañías extranjeras y los proyectos rechazados en el referéndum se llevaron a cabo. Hubo muchas protestas en la calle y el Gobierno desató una feroz represión, al tiempo que aprobó nuevas leyes que restringían las libertades. La población de la Tierra Baja, antes orgullosa de sus libertades y privilegios, se sometió en silencio, resignadamente.

La rabia resonaba en esas últimas frases. María recompuso el tono y siguió hablando.

- Primero nos arrebataron los minerales y envenenaron el agua. Pero con eso no fue bastante. Luego talaron nuestros bosques y las lluvias desnudaron la tierra de su capa fértil que fue arrastrada hacia el mar. Los pocos lugares cultivables que sobrevivieron se aprovecharon para plantar "cultivos energéticos". Pero tampoco eso fue bastante. Al final, pescaron nuestros peces, y ya no nos quedó nada más que la miseria y el hambre. En ese momento, se fueron.

La voz de María sonaba hueca, en contraste con el ruido cada vez más apagado de la calle. Se acercó más a la ventana, como si quisiera estar más cerca, aunque no fuera más que un milímetro, de ese punto inasible al cual miraba.

- Explotó la guerra civil. Los que pudieron huyeron, pero no era cosa fácil: nuestros vecinos, nuestros antiguos aliados y amigos, habían construido muros y alambradas a lo largo de nuestras fonteras. Y entonces, en el peor momento, el mar reclamó la mitad de nuestro territorio - no por nada mi país se llamaba la Tierra Baja. Sabíamos que ese día iba a llegar, porque nunca hicimos nada para luchar contra el Cambio Climático, y las consecuencias de tantas horas de negligencia nos golpearon cuando teníamos la guardia más baja. Nada muy diferente, por cierto, de lo que le pasó a otros muchos países, incluyendo a nuestros queridos vecinos.

Paró un momento para respirar hondo. Su relato estaba acabando.

- Al final Freeburg colapsó. Nadie quería creer que tal cosa podría pasarnos, pero pasó: nos pasó. A nosotros. A los que nos creíamos tan fuertes y tan poderosos, aislados de las miserias de ese mundo al que mirábamos como inferiores, como tú me miras a mi ahora - acabó María.

- Pero la culpa en realidad fue vuestra. Fue consecuencia de vuestros errores - dijo Pedro, aunque su tono era titubeante: no se sentía tan seguro como al principio.

Ella se volvió hacia Pedro. Su rostro era sereno, lo cual contrastaba con las lágrimas que aún bajaban por sus mejillas. Pedro se sintió miserable por haber sido tan insensible con ella antes, por haberla despreciado de la manera que lo había hecho. Así, vulnerable, María parecía aún más bella.

- Sí, pero también otros se beneficiaron de nuestros recursos. No es por culpar a nadie: nosotros también se lo hicimos a otros países en épocas anteriores. Nunca pensamos que algún día llegaría nuestro turno. Nos creíamos invencibles, y que nuestra situación de privilegio se debía solamente a nuestra inteligencia y buen hacer.

Con un rápido movimiento de su mano, María se enjugó las lágrimas y cambió su tono por uno mucho más jovial, con enunciación profesoral.

- ¿Sabes que si esta isla donde nos encontramos se convirtió en un vergel fue por pura casualidad? Todos los modelos climáticos decían que este lugar se volvería inhabitable: demasiado calor, falta de precipitación, desertificación acelerada... Pero se produjo una anomalía, una extraña conjunción climática: en medio del mar abrasador, a medio camino entre dos continentes, se produjo un extraño corredor de humedad persistente. La combinación de temperaturas benignas todo el año, humedad y este suelo volcánico han convertido a la Isla en un insólito paraíso. No demasiado cerca de los inestables países del Norte y separada de los populosos países del Sur no solo por el mar sino por un infranquable y abrasador desierto, pero al mismo tiempo cerca de las principales rutas comerciales y vestigios de civilización de esta esquina del mundo.  Lo cierto, querido Pedro - a Pedro se le erizó el vello al oír ese "querido" - es que tuvisteis suerte, igual que otros la tuvimos antes. No la desaprovechéis.

Pedro estaba confundido. Estaba tan... enfadado con María (¿realmente sería ese nombre?) por ser una extranjera, pero de acuerdo con su relato - y por algún motivo él sabía que lo que su Mareth le había contado era completamente cierto - su odio estaba injustificado. Pedro clavaba su codo en la mesa y apoyaba su metón sobre su puño, sin saber qué decir ni pensar. Le sacó de su ensimismamiento la activación de la luz eléctrica. Afuera ya era oscuro. ¡Mierda! ¿Realmente era tan tarde? ¿Cómo se había podido alargar tanto esa sesión educacional?

María percibió su agitación y apoyo su mano nívea sobre el hombro del muchacho.

- Tranquilo, Pedro. No tienes que ir a ningún sitio - él se volvió, perplejo, hacia ella - Mañana lo dirán los diarios. El grupo terrorista conocido como "Los Verdaderos Isleños" ha sido desarticulado. A estas horas, la mitad de tus amigos estará en prisión. Tranquilo, solo los que tienen delitos de sangre: tus amigos de toda la vida, muchachos como tú, están a salvo, en sus casas.

- ¿Esto es cosa de mi padre? - preguntó Pedro, sin saber qué más decir.

- En cierto modo sí, porque fue idea suya que yo te impartiera estas sesiones educacionales - dijo ella con suavidad - Pero si te refieres a lo de hoy, no. Tu padre no sabe nada. Éste será nuestro secreto.

Ella se dirigió a la mesa para recoger sus cosas. La sesión tocaba a su fin. María le había salvado de cometer el mayor error de su vida, de hacer algo que en el fondo de su corazón Pedro no deseaba hacer pero a lo que se veía empujado por la presión del grupo. Sintió un gran alivio y, con él, sintió que todo el odio estúpido que había sentido contra aquella mujer se desvanecía. ¿Cómo podía haber sido tan necio? La miró como si la viera por primera vez. Aquella mujer sencilla e inteligente era tan superior a él que no entendía cómo podía haberla despreciado.

Ella debía adivinar sus pensamientos, a juzgar por su sonrisa, y aún añadió unas últimas palabras.

- El Otro nunca es el enemigo, Pedro. El Otro es simplemente otro, alguien diferente. Y, si te fijas bien, en muchos sentidos, el Otro es simplemente un espejo en el que no nos gusta vernos reflejados. Porque si el Otro no es diferente a nosotros, ¿cómo podremos justificar negarle el pan? ¿Cómo podremos justificar no ayudarle?

Tomó su bolsón, pero en vez de dirigirse a la puerta se acercó directamente a él, hasta que estuvo a escaso centímetros.  Pedro casi no podía respirar.

Ella le besó en la mejilla, e inmediatamente se volvió:

- Adiós, Pedro. Te he dejado tus deberes sobre la mesa. Nos vemos la semana que viene.

- Adiós, mi Mareth - no se vio capaz de llamarla María otra vez.

Pedro se quedó ahí, plantado, mirando como ella se iba. Antes de desaparecer, ella se detuvo un momento en el quicio de la puerta.

- Yo no huí de Freidon. A mi me llamaron.

Antonio Turiel
Agosto de 2020