Queridos lectores,
Durante las últimas semanas se ha visto una bajada vigorosa del precio del petróleo (y aún más pronunciada en el caso de ciertas materias primas); en cuestión de días el barril de crudo Brent, que en algún momento del los últimos meses coqueteó con los 120$, llegó a bajar ligeramente por debajo de los 100$. Tal desfallecimiento del precio del petróleo es la señal que algunos analistas llevan años esperando, y a raíz de ella han comenzado a decir que se esperan bajadas aún mayores, que el precio del barril se desplomará en breve por debajo de los 50 o incluso los 30$ y otras afirmaciones rotundas por el estilo.
De entre los que eso afirman una parte cree en ese conocimiendo shamánico que se ha dado en llamar "análisis técnico" y que básicamente consiste en proyectar en el futuro lo que se ha visto que ha pasado con el precio del petróleo en el pasado. Tan simplista aproximación sólo tendría sentido si para conocer los precios del futuro la única variable relevante, de modo efectivo, fuesen los precios pasados del propio petróleo. En una situación en la que el resto de factores permanece más o menos iguales tal suposición podría ser más o menos razonable, pero justamente en este momento de cambios tan profundos en los patrones de producción y consumo a nivel mundial es cuando la inferencia del futuro a través de la evolución pasada del precio es más infundada que nunca.
Otros analistas que esperan la bajada de precios, sin embargo, tienen una posición más apoyada en razones fundamentales del mercado. Interpretan la caída de precios como un signo de debilidad en la demanda y ésta como un rasgo inequívoco del desarrollo de la nueva fase de depresión económica del mundo. A una menor demanda le tiene que seguir por lógica una caída de precios, y he ahí la razón por la que hacen esa apuesta. Y aunque su razonamiento es completamente lógico y natural, sin embargo no tienen en cuenta otros factores, y en particular la imposibilidad económica de bajar los precios que tienen los países productores. Simplemente, si los precios bajan de un cierto umbral los países productores reducirán su oferta porque de otro modo perderán dinero. Así pues, el factor que regula actualmente los precios no está sólo en el lado de la demanda, sino también en el de la oferta. Para muchos economistas de la Tierra plana, que no creen que puede haber limitaciones a la oferta (a pesar de que hasta la Agencia Internacional de la Energía lo va reconociendo a regañadientes y que de hecho estamos ya en el ocaso del petróleo), la regulación de precios desde el lado de la oferta sólo puede responder a factores financieros. Sin embargo, como explicaremos ahora, las razones son más simples y prosaicas, y con los pies anclados en el mundo físico.
Gail Tverberg hizo recientemente un esclarecedor análisis en su blog Our Finite World, de donde tomo la siguiente gráfica:
El gráfico representa el precio mínimo al que cinco de los principales productores tienen que vender el barril de petróleo si quieren equilibrar sus cuentas públicas, habida cuenta de los ingresos que han presupuestado. Se podría decir que son los costes de producción totales, que incluye el coste técnico (lo que realmente cuesta producir el petróleo) y el coste de mantenimiento social (que como sabemos es especialmente oneroso en países como Arabia Saudita). Sólo Kuwait tienen unos costes de producción relativamente moderados, alrededor de los 55 dólares por barril. En el caso de Arabia Saudita este precio mínimo alcanza casi los 80 dólares, mientras que Rusia no está demasiado lejos de los 120. Es decir, que con los actuales niveles de precios países como Rusia o los Emiratos Árabes Unidos no pueden equilibrar sus presupuestos y se verían, más pronto que tarde, obligados a hacer recortes de importancia. La actual bajada de precios es por tanto un problema puntual: el precio no bajará durante los próximos meses de un cierto nivel superior a 90$/barril, puesto que si no la desviación entre presupuesto e ingresos sería demasiado elevada para varios productores importantes - y lógicamente no lo van a consentir.
Considerando ahora el problema desde el punto de vista de la demanda, ya hemos explicado en múltiples ocasiones que hay un precio máximo que cada nación importadora puede tolerar, so pena de entrar en una recesión profunda si tal límite es superado. Es el umbral de Hamilton, formulado por el profesor de Economía James Hamilton de la Universidad de California San Diego. Tal umbral viene determinado por la fracción máxima del PIB que un país se puede gastar en la factura petrolífera, que Hamilton estima en el 5,5% del PIB en el caso de los EE.UU. Con los parámetros de EE.UU. (consumo de petróleo de 18,6 millones de barriles diarios, es decir, unos 6.800 millones de barriles al año, y un PIB de 15,8 billones de dólares) ese umbral se sitúa en 127$/barril en dólares de 2013. Si asumimos que el valor del 5,5% del PIB que propone Hamilton es válido para todas las naciones industrializadas podemos sacar conclusiones interesantes mirando a dónde se encuentra este umbral en el caso de otros países. Tomando España por ejemplo, en la actualidad el consumo de petróleo se sitúa alrededor de los 1,25 millones de barriles diarios, 470 millones de barriles al año, y con un PIB (oficial) de aproximadamente 1 billón de euros nuestro umbral de Hamilton sería de 117$/barril (sin embargo, algunos analistas dicen el PIB real de España estaría por debajo del que indican las estadísticas oficiales, en torno a los 800 millardos de euros, lo que rebajaría el umbral de dolor a los 93$/barril, más coherente con la situación de recesión permanente que estamos viviendo). Es interesante también el caso de China: con un PIB de 8,2 billones de euros y un consumo de petróleo que pasa ya de los 10 millones de barriles diarios, 3.650 millones de barriles al año, su umbral de Hamilton sería de 123 dólares por barril; es decir, que en la situación actual China comenzaría a sufrir un poco antes que los EE.UU. En resumen, los umbrales de Hamilton de estas tres naciones (y en realidad de la mayoría de las naciones industrializadas) han ido convergiendo a lo largo de estos 6 años de crisis. Hace 5 años, EE.UU. consumía un 18% de petróleo más que ahora, mientras que España se "bebía" un 28% más de lo que puede ahora pagarse; por el contrario, China ha incrementado su propio consumo en ese período en más de un 30%. Los países de la OCDE en general se han visto obligados a disminuir su consumo por no poder pagar un petróleo cuya producción lleva prácticamente estancada desde 2005, y así han mejorado su umbral de Hamilton; se podría decir que han ganado "competitividad", aunque de la peor manera posible: destruyendo aquellas industrias más dependientes directa o indirectamente del petróleo. Por otro lado, las potencias emergentes han aumentado su consumo de petróleo en mayor medida de lo que lo ha hecho su PIB, lo que ha conllevado una reducción del umbral de Hamilton y una pérdida relativa de competitividad. Al final, se está produciendo una convergencia histórica en la que todos los países industrializados acabarán teniendo el mismo umbral del dolor, que en dólares de 2013 se situará en algún punto entre los 120 y los 130 dólares por barril. Tal convergencia nos aproxima a la siguiente fase de la crisis energética: el momento en el que la recesión causada por el inevitable descenso de la producción de petróleo será generalizada, sin que existan países oasis que puedan crecer mientras los demás se hunden.
Nos acercamos, pues, a una situación en la que los intereses de los países importadores se alinearán casi de manera perfecta en cuanto al nivel del precios por ellos tolerados, lo cual acaba trasladando toda la presión al lado de la oferta: al final los EE.UU., la UE y China acabarán presionando a los países exportadores para que reduzcan sus márgenes y les vendan el petróleo al precio que ellos pueden pagar. Sin embargo, los países exportadores no pueden reducir mucho sus márgenes sin entrar en peligrosos déficits fiscales que al final acaban amenazando la estabilidad social y en última instancia su capacidad de producir petróleo (imagínense una revuelta o una guerra civil en Arabia Saudita), por lo que su precio final no puede desviarse mucho de los valores que daba más arriba. Por tanto, la tendencia de los países exportadores será a no dejar que el precio del petróleo caiga demasiado, y por ese motivo los analistas que vaticinan caídas adicionales de varias decenas de dólares por barril se equivocan de parte a parte.
¿Qué pasará en el futuro? Como ya pasó en 2008 el petróleo se tiene que vender dentro de la ventana de precios viable, que en estos momentos estaría por encima de los 100 o 110$ (Rusia) por barril y por debajo de los 120-130$ que pueden tolerar los países importadores. Una ventana estrecha que tenderá a cerrarse puesto que límite inferior sube a medida que la producción de petróleo se hace más difícil y escasa y por tanto más cara. La única adaptación posible será que los países importadores aumenten aún más su umbral de Hamilton, es decir, que reduzcan su consumo de petróleo y que por tanto entren en o profundicen su recesión. Pero es que al mismo tiempo, al disminuir la cantidad de petróleo producida el precio por barril que necesitan los países exportadores (la gráfica de más arriba) subirá aún más rápido, porque el coste de sus programas sociales seguirá siendo el mismo, pero se tendrá que costear con cada vez menos barriles. Esta acelerada carrera entre los límites inferior y superior de la ventana de precios posibles sólo puede acabar desencuadradando esa ventana, cuando el mínimo necesario acabará superando al máximo soportable de manera permanente. Y eso supondrá un colapso inevitable por el conflicto de intereses entre países exportadores e importadores.
Justamente la imposibilidad de mantener el precio del petróleo en unos valores que concilien los intereses de los dos grupos de países es una más de las inestabilidades de nuestro actual sistema, el cual acumula ya muchos desequilibrios y puntos de tensión. En un post futuro analizaremos cuáles de esos puntos de tensión pueden causar una quiebra del sistema global en los próximos años. O meses.
Salu2,
AMT