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miércoles, 22 de agosto de 2018

Tasa de Retorno Energético: concepto, significado y limitaciones




Queridos lectores:

Como hemos discutido en numerosas ocasiones en este blog, estamos en los albores de una crisis histórica que,
si no se trata adecuadamente, pone en peligro la continuidad de nuestra sociedad. Es un problema que atañe a la disponibilidad de los recursos energéticos no renovables, es decir, el petróleo, el carbón, el gas natural y el uranio. Generalmente la gente piensa que los problemas con los recursos naturales comienzan en el momento que se acaban por completo, pero en realidad las dificultades comienzan mucho antes. Como es fácil de suponer, de todos los recursos los que primero se explotan son aquéllos a los que es más fácil acceder y los que tienen mejor calidad, y solo cuando éstos se acaban se van considerando otros recursos, cada vez más difíciles de extraer y cada vez de peor calidad. Hay un momento cumbre, un punto crucial, en el que se está produciendo tanto, y en el que lo que queda es tan complicado de explotar y de menor calidad, que, tanto si se quiere como si no, la producción comienza a disminuir. Es el cenit del petróleo (también conocido como pico del petróleo o peak oil), el cenit del carbón, el cenit del gas natural, el cenit del uranio... El cenit de producción es ese momento transcendental en el que ya no se puede seguir aumentando la producción y ésta tiene que ir bajando. No es una cuestión de dinero, ni siquiera de tecnología - pues ésta tiene unos límites, los de  la termodinámica, que no pueden franquear. Cuando la producción de petróleo, carbón, gas natural y uranio llega a su máximo - y parece que ya estamos prácticamente en ese momento - la producción de energía toca techo y comienza a disminuir (al principio más despacio, luego más rápidamente). Eso, en un sistema económico como el nuestro, diseñado para crecer siempre y que no puede funcionar si no crece, nos condena a decrecer de una manera que no tiene por qué ser agradable (aunque tampoco necesariamente catastrófica).

Si malo es que la producción de energía no renovable comience a decaer, peor aún es que la energía neta que extraemos de ella caiga aún más rápidamente. Por energía neta nos referimos a la que se obtiene de una fuente, una vez hemos descontado la energía que nos ha costado extraerla. Y es que, naturalmente, a medida que los recursos que quedan son peores hay que dedicarle más energía a su extracción. Así pues, no solo decae la producción bruta de energía (el total producido) sino que más deprisa aún lo hace la producción neta (la parte disponible para la sociedad).

Debido a ese más rápido decaimiento de la energía verdaderamente disponible, de la energía neta, los estudiosos del problema de los recursos energéticos hace ya algún tiempo que pretenden divulgar este problema. Problema este, el de la rápida caída del rendimiento neto, que, aunque no sea difícil de entender, es más complicado de explicar que el del cenit de producción. Y es que cuando se comenzó a estudiar el rendimiento neto de las fuentes de energía renovable se vio que, en muchos casos, los rendimientos eran mucho menores de lo esperado, y que incluso, bajo determinadas circunstancias, invertir en según qué sistemas podría ser un malgasto de recursos, ya que esas instalaciones renovables particulares no podrían recuperar la energía invertida de manera satisfactoria.

Es en este contexto que surge la necesidad de introducir parámetros que caractericen la energía neta producida por las fuentes de energía, siendo el más conocido de ellos la Tasa de Retorno Energético (TRE). El objetivo de la TRE, como el de cualquier otro parámetro similar, es el de poder homogeneizar la información de fuentes de energía diversas, a fin de caracterizar si cualquiera de ellas es o no es útil para el abastecimiento de una sociedad industrial como la nuestra.

Sucede, sin embargo, que la realidad física subyacente es muy compleja, es multidimiensional, mientras que la TRE es solo una de muchas dimensiones importantes. A pesar de ello, en algunas ocasiones, al discutir sobre la viabilidad de una sociedad futura basada en tal o en cual fuente de energía, se cometen abusos importantes, tanto por parte de los que creen que la TRE lo describe todo y que si no se llega a ciertos valores no hay sociedad viable, como por parte de los que niegan la importancia de la TRE para valorar la utilidad de las fuentes de energía.

En los últimos años se han escrito ensayos diversos analizando el concepto de la TRE y señalando sus limitaciones (por ejemplo, de Carlos de Castro o del grupo de Autonomía y Buenvivir). Dada que en los próximos años sin duda cobrará mucha importancia el concepto de energía neta, y con el ánimo de ayudar en este debate necesario, me he tomado la libertad de escribir esta entrada en la que intentaré de una forma sistemática, aunque sin realmente llegar a ser exhaustivo, delimitar y en la medida de lo posible aclarar algunas cuestiones sobre qué es la TRE, para qué se puede usar y para qué no. Puesto que mi comprensión de lo que es la TRE es también limitada, me reservo la potestad de corregir, eliminar y añadir más material en el futuro, si se revelara necesario, con el ánimo de que la entrada contenga una visión lo más acertada posible de lo que es y para qué sirve la TRE.


Éste es un post técnico, muy detallado y largo, escrito con la vocación de servir de referencia para discusiones futuras. Advertidos quedan los lectores.


Definición:

La Tasa de Retorno Energético, abreviado TRE (en inglés Energy Return on Energy Investment, abreviado EROEI o a veces también EROI), es un parámetro que pretende cuantificar la rentabilidad de una fuente de energía (o de un sistema de producción de energía). Se define como el cociente entre la energía producida por dicha fuente durante toda su vida útil y la energía consumida para poder operar esa fuente, también durante toda su vida útil. En forma de ecuación,

t = E/C

donde t es la TRE, E es el total de energía producida por una fuente y C el total de energía consumida para poder operar esa fuente.

A partir de esta ecuación básica, se pueden derivar otras expresiones habituales para la TRE. Si definimos N como la energía neta producida por una fuente durante su vida útil (es decir, descontando los costes energéticos de operación, N=E-C), podemos obtener las siguientes expresiones:

C=E/t

t = 1 + N/C

N= (t-1) C

C= N/(t-1)


Interpretación:

La TRE es el tanto por uno de energía producida respecto a la energía consumida en la producción, es decir, cuántas unidades de energía se producen por cada unidad de energía invertida. Se podría decir también que la TRE es el factor multiplicador de una fuente de energía: si se consumen C unidades de energía, se obtendrán t*C unidades en la salida, donde t será la TRE de esa fuente (uso la convención usual en informática de designar la multiplicación con el símbolo del asterisco, *).

Por el mismo motivo, se puede hablar de la TRE como una medida del rendimiento energético de una fuente, aunque al contrario de lo que sucede con el rendimiento económico no es usual expresarla en términos porcentuales, ya que generalmente el valor de la TRE es bastante mayor que 2 (t=2 implicaría una ganancia de energía del 100%, y en general para un valor cualquiera de t el porcentaje de ganancia sería (t-1)*100%).

A igualdad de otros factores, lógicamente las fuentes con mayor TRE son preferibles, pues son las de mayor rendimiento. Sin embargo, esas fuentes podrían tener otros factores limitantes o inconvenientes (necesidad de materiales, impacto ambiental, riesgos), factores que la definición de TRE no contempla, pues se centra solo en la rentabilidad energética.

Es importante no confundir la TRE con la eficiencia, pues son conceptos que se aplican en dos contextos diferentes. En el caso de la TRE, lo que se mide es el rendimiento energético de una fuente de energía (cuánta energía se obtiene por cada unidad de energía invertida), en tanto que la eficiencia energética se suele referir a la cantidad de energía consumida por un uso de la energía (por ejemplo, fabricar algo, iluminar, dar calor, etc), de manera que se considera un uso más eficiente de la energía aquél que, para generar el mismo output, consume menos energía. En suma: la TRE es el rendimiento de una fuente de energía, en tanto que la eficiencia energética nos habla de cuánta energía se consume para hacer algo.

Origen:

El concepto de TRE tiene sus raíces en los análisis del equilibrio en ecosistemas, es decir, es un concepto que se ha tomado prestado y adaptado desde la Ecología, que es una rama de la Biología. El ejemplo típico es el análisis del balance entre el débito metabólico de un depredador y la cantidad de calorías que consigue de sus presas: un jaguar, para poder sobrevivir en su entorno, a través de la comida que consigue debe al menos recuperar la energía que emplea en la caza y aún debe poder conseguir algo más de energía para otras actividades diferentes de la caza (el débito metabólico en reposo, la reproducción y el cuidado de las crías, fundamentalmente). No es por tanto una casualidad que hablando de la TRE se aluda con frecuencia al ejemplo del predador-presa, puesto que es justamente de aquí que surge la idea.


Características:

Por construcción, la TRE tiene un carácter estático: el concepto solamente tiene pleno sentido en una situación de estacionariedad, es decir, en una situación tal en la que de manera muy estable en el tiempo se obtienen los mismos rendimientos con los mismos procesos. Volviendo a la analogía ecológica, la TRE es realmente informativa en un ecosistema en equilibrio. Imagínense qué pasaría en un ecosistema donde de repente se introdujera un superdepredador, mucho más eficiente que los otros existentes. A la hora de valorar su TRE, nos encontraríamos que sería muy elevada, pero justamente un depredador con mucho éxito normalmente aprovecha esos excedentes energéticos para reproducirse más, incrementando la presión sobre el resto del ecosistema y eventualmente lo puede desequilibrar hasta destruirlo y autodestruirse (si el jaguar es tan bueno que caza todos los conejos, al final no tendrá que comer y se morirá de hambre). De manera análoga, si se está modificando las técnicas de extracción de determinadas fuentes se puede incrementar enormemente la TRE como se calcularía en un determinado momento, a costa de hacerla caer en picado un tiempo después, al haber agotado rápidamente los recursos para los que esa técnica era más eficaz. Por tanto, en un sentido propio calcular la TRE solo tendría sentido en una situación estática, en la que nada evoluciona.
 

La TRE del conjunto de fuentes que sustentan a una sociedad debe ser lo suficientemente elevada como para garantizar la estabilidad de esta sociedad. Eso equivale a decir que, para que una sociedad pueda mantenerse, los excedentes de la extracción de energía deben ser los adecuados para poder "costear energéticamente" los usos sociales convencionales (educación, sanidad, infraestructuras, actividad económica, etc). Sin embargo, determinar el valor numérico concreto de la TRE mínima para que una sociedad no colapse es complejo, porque depende por completo de la estructura de esa sociedad (cómo obtiene y procesa la energía, en qué la usa). En añadidura, como se ha dicho antes la TRE es un concepto estático, pero la sociedad es algo que evoluciona y se transforma, y su punto de equilibrio energético puede modificarse con el tiempo, o sin modificarse el valor numérico de la TRE se puede basar en un consumo completamente distinto de fuentes de energía, haciendo las cosas de manera enormemente diferente pero estable, al fin y al cabo.
 

La TRE mínima para el sustento de una sociedad es algo estructural, consustancial a la sociedad; y si las fuentes que usa esa sociedad empiezan a perder energía neta ello no significa que la sociedad necesariamente colapse, sino que tendrá que modificar su estructura. Por tanto, cuando se habla de la TRE societaria no se puede hablar aisladamente o disociar, en modo alguno, de la sociedad a la que se refiere.

Importancia:

A pesar de sus limitaciones, el cálculo de la TRE tiene una buena capacidad diagnóstica, siempre que se use una metodología única. En suma: sirve para detectar tendencias a corto plazo (principalmente, disminución rápida de la rentabilidad energética de las fuentes utilizadas).


Además, el cálculo de la TRE puede usarse para evidenciar problemas graves y reales. Por ejemplo, cuando se invierte en determinadas fuentes de energía (e.g., arenas bituminosas, fracking) que aunque no tienen rentabilidad económica actual se espera que la tengan en el futuro. Un análisis de TRE correctamente ejecutado puede revelarnos que la TRE de esas fuentes es excesivamente baja y que las posibles mejoras tecnológicas no tienen la capacidad de cambiar sustancialmente la situación (un ejemplo de esto es el énfasis que se suele poner en la mejora en eficiencia de los paneles solares, cuando una instalación solar tiene otros componentes que representan unos costes adicionales que implican un bajo rendimiento incluso aunque se llegara a una eficiencia del 100% en la conversión de la energía solar en las placas).



La TRE puede usarse también para señalar el problema de la depauperización energética de amplias capas de la sociedad: aunque en términos brutos la energía aumente, la energía neta puede estar disminuyendo, y eso se va a reflejar en una TRE en caída. Sin conocer cuál es el proceso de asignación de recursos en una sociedad (cosa que suele ser muy compleja y mediada por el dinero), lo cierto es que si hay menos recursos energéticos netos disponibles habrá forzosamente una disminución general del consumo, que probablemente será soportada mayormente por las clases populares.

Limitaciones:


La definición de la TRE es muy ambigua, comenzando por los términos que aparecen en la fracción. Al contrario de lo que sucede en el contexto ecológico, en el metabolismo energético social la energía es diversas veces transformada antes de su uso final, y eso puede hacer más confuso saber qué energía debe ponerse en el numerador (energía producida). Por ejemplo, no es obvio si se tiene que poner la energía primaria (la producida en bruto) o la energía final (ya transformada para su uso por el consumidor final).



Esa ambigüedad es, de acuerdo con algunos autores, mucho mayor, porque todo depende de dónde se ponen las fronteras del sistema, en particular para calcular en este caso el denominador (energía consumida en la producción). Hay autores que consideran que se tiene que contabilizar toda la energía consumida en todo el proceso de transformación de la energía, que suele ser complejo y consistir de muchas etapas hasta su disponibilidad real por el usuario final.

Sin embargo, sobre la ambigüedad en los dos términos de la fracción que definen la TRE yo creo que se tiene que tomar una posición mucho más simple, de acuerdo con la visión ecológica en la que se basa la definición de la TRE. Por el lado de la energía producida, lo lógico es que se tome la energía primaria puesto que es esto lo que entra en el sistema. No tiene sentido preocuparse por cómo se transforman las diversas fuentes de energía cuando igualmente se tiene que analizar la estructura de la sociedad concreta de la que se habla, como dije arriba, y además la eficiencia en la transformación también evoluciona con el tiempo, al igual que la sociedad. Por el lado de la energía consumida, lo lógico es que no se tomen fronteras excesivamente extensas y que el término se ciña a lo propiamente necesario para la producción energética porque el resto de factores no son exclusivos de la producción de energía y ya están teniendo una utilidad o uso social. Por ejemplo, a la hora de realizar el cálculo del coste de extracción del petróleo es razonable contabilizar el coste energético de producir y transportar las vigas de acero que se han usado en la construcción del pozo, pero no el de la carretera donde discurre el camión (que es usada también por el resto de la sociedad) o el salario que se le paga a los obreros (que son parte justamente de esa sociedad). Muchas veces la energía considerada como "disipada" cuando se toman fronteras muy extensas en realidad está siendo usada socialmente para que cierta gente viva su vida y es en realidad un uso social de la energía, no un verdadero coste de producción: es algo que sirve para mantener la sociedad en su conjunto en marcha. Hay que entender que la producción de energía es algo integrado en el metabolismo de la sociedad y que no puede ser disociado de ella, que sus fronteras son bastante difusas. Para que la TRE sea útil para entender tendencias y caracterizar la evolución de la sociedad lo lógico es, ceteris paribus, quedarse con la parte específica de ese negocio concreto (la producción de energía) asumiendo que todo lo demás es igual - recordemos que la TRE es por definición un concepto estático, así que siempre será imperfecta para caracterizar una situación cambiante; como mínimo, que la magnitud calculada sea realmente informativa de los cambios que queremos medir.
  
Pero incluso con la simplificación de factores que acabo de proponer, lo cierto y verdad es que la estimación del valor de la TRE es muy compleja. No siempre se tiene acceso a los valores numéricos de todas las magnitudes requeridas, no siempre hay una verdadera trazabilidad de factores que son muy importantes, y muchas veces se tiene que recurrir a una conversión entre costes monetarios (que, éstos sí, siempre están bien trazados) y costes energéticos que pecará siempre de cierta arbitrariedad (aparte del hecho de ser mucho más variable en el tiempo que otros factores). Eso no quiere decir que el concepto de energía neta y de TRE no sean relevantes, pero conocer su valor preciso es a veces difícil. Por esa razón, sería interesante explorar la conexión entre estas variables difíciles de medir y otras más sencillas de observar para poder deducir el valor de las primeras (una investigación sobre la que hay mucho campo para desarrollar).

Otra complejidad que el mero concepto de la TRE no puede describir es que la sociedad usa diversas fuentes de energía muy diferentes; y no solo es que su aprovechamiento depende del entramado social como ya hemos comentado, sino que además las diferentes fuentes interactúan directamente entre ellas. Por ejemplo, se usa electricidad o grupos electrógenos accionados con diésel para las operaciones en las minas, se usa gas natural para extraer y después mejorar químicamente los petróleos extrapesados, se usan productos derivados del petróleo en la extracción de gas de fracking, en China se usa masivamente el carbón para generar la electricidad con la que después se elaboran las placas fotovoltaicas y así un largo etcétera. Por ello, al tratar de la energía se tiene que considerar como un todo. Además, el mercado de la energía está globalizado, con frecuentes flujos de productos y subproductos yendo y viniendo de los diversos países, así que la energía es algo global. 


A esta dificultad se le añade que cada tipo de energía suele ser más eficaz para ciertos usos y mucho menos para los otros, con lo que no basta con conocer la TRE de cada fuente o del conjunto de todas ellas, sino si se están usando de la manera más apta. Cada fuente (o tipo de energía, según el caso) tiene su nicho: el petróleo destaca en el transporte, la maquinaria pesada autónoma y la industria petroquímica; el gas natural en el calor industrial y los fertilizantes; el carbón, en la producción de electricidad (por desgracia) y en la producción de acero; y la electricidad de diversos orígenes en la industria manufacturera, los sistemas de control y la iluminación. Hay muchos otros usos en los que las fuentes son bastante intercambiables, y en algunos las elecciones mayoritarias no son necesariamente las más eficientes energéticamente pero sí que lo son en términos de facilidad de acceso en el contexto del país que lo usa (el caso de las centrales térmicas de carbón es un buen ejemplo). Sin embargo, hay muchos usos para los cuales el cambio de vector energético lleva a una ineficiencia enorme; por ejemplo, electricidad en maquinaria pesada autónoma o petróleo para producir electricidad. Por motivos de diversa índole, y no siempre energéticos (por ejemplo, por dificultad de acceder a la materia preferida) una sociedad puede aprovechar bastante menos la energía de la que dispone a pesar de tener la misma TRE que otra donde los recursos energéticos sean más apropiados. Y es que los julios o kw·h de las diversas fuentes son iguales solo sobre el papel, la especialización de las fuentes de energía es una dimensión más que tiene que ser considerada para saber si una sociedad es o no viable.

Otra limitación que tiene la definición de TRE aparece cuando se trata de determinar el valor umbral por debajo del cual la sociedad no es viable. Valores de TRE extremadamente bajos (menores que 2, por ejemplo) son prácticamente incompatibles con una sociedad medianamente igualitaria, aunque podrían serlo con sociedades muy jerarquizadas en las que solo unos pocos se beneficiasen de la disponibilidad de fuentes de alta densidad energética o utilidad pero caras de producir, a fuerza de condenar a la masa a no disponer de ella y, peor aún, trabajar esclavizados para garantizar el bienestar de la minoría. Sin embargo, valores intermedios de TRE (digamos alrededor de 5) son probablemente compatibles con sociedades muy diferentes: sociedades igualitarias de gran bienestar social pero menos complejas y con fuerte sentido comunitario, o sociedades fuertemente jerarquizadas con una élite acomodada y una mayoría viviendo en mayor o menor miseria. Lo que todo el mundo acepta es que para valores de TRE por encima de 10 es posible tener sociedades como la nuestra, muy jerarquizadas pero con un nivel de bienestar alto para la masa (al menos la de esta parte del mundo, ya que en realidad nuestro bienestar se basa en la degradación de las condiciones de vida de los países nada igualitarios que nos suministran a bajo precio los recursos que necesitamos). Observen, sin embargo, que TREs elevadas no garantizan ese cierto igualitarismo, solo lo hacen compatible con la existencia de una élite que vive mucho mejor que el resto. Pero siempre podríamos estar peor, y en ese sentido la TRE no tiene un valor predictivo sobre lo social como a veces se le atribuye.

Y ése es el problema esencial que ha habido en muchas discusiones en las que se ha invocado el concepto de TRE: que se ha pecado con demasiada frecuencia de un exceso de reduccionismo a la hora de describir la complejidad de las sociedades humanas. Sin entrar ya en las consideraciones sociales y centrándonos solo en los aspectos meramente materiales, hay otros muchos factores que interactúan con la energía y que no son descritos por la TRE, que son tan o más limitantes que la misma: materiales, agua, alimentos. Los factores materiales suelen ser más bien restrictivos, esto es, nos indican que aquello que es posible energéticamente en realidad no es posible por falta de otros recursos.  Pero están también los factores sociales, como la asignación de recursos, la igualdad social, el sentido de pertenencia o la cohesión social. Estos factores pueden ampliar los límites energéticos, es decir, hacer posible cosas que mirando simplemente el uso de energía no nos parecen posibles. Cuando pensamos en el más que previsible descenso energético de nuestra sociedad, asumimos que va a colapsar porque implícitamente aceptamos que mantendremos exactamente la misma manera de funcionar que hasta ahora, que nos comportaremos mecánicamente, como un coche que continuará avanzado hasta que se le acabe su depósito de gasolina. Sin embargo, cambios en la estructura social y económica permitirían mantener una sociedad estable y no tan diferente de la actual con un consumo mucho menor. Hay un ejemplo que siempre pongo: cuando yo nací (1970) España tenía unos 34 millones de habitantes y ahora tiene unos 46, un incremento poblacional del 35%. Sin embargo, en el mismo período el consumo energético en España se ha multiplicado por 4. La mitad de ese consumo energético es petróleo. Ahora imaginen que en vez de usar los 27 millones de coches que hay en España usáramos solo la cuarta parte (pues la mayoría de los coches suelen llevar solo un ocupante cuando pueden llevar 4 o 5). O que en vez de transportar tantas mercancías desde largas distancias el consumo fuera mayoritariamente de producción local. Y así con un largo etcétera de medidas. Se podrían conseguir reducciones del consumo del 20, 30, 40, 50%... El problema que se generaría es que se venderían menos coches y los obreros de esas fábricas se irían al paro, se vendería menos agua embotellada y sus trabajadores se irían al paro, y así con todo. El problema, por tanto, es social, no técnico: se trata de ocupar a toda esa gente en actividades que no impliquen un consumo desmesurado y creciente de energía y de recursos. Eso no es lo problemático: lo problemático es que nuestro sistema económico y financiero está diseñado para crecer siempre, mientras que desde un punto de vista económico los cambios productivos arriba enunciados supondrían una contracción económica escalofriante. Por tanto, lo que realmente hace falta es la reforma del sistema económico y financiero para que no necesiten el crecimiento. Cosa, por supuesto, harto difícil; pero no es en realidad un problema energético, sino eminentemente social, de organización social. En resumen los condicionantes sociales pueden conseguir ampliar los límites del uso energético y,de nuevo, la TRE no permite predecir el destino de nuestra sociedad - a no ser que nos empeñemos en conducir un coche que se ha quedado sin gasolina

Errores comunes en la aplicación de la TRE:

  • "Fuentes con TRE negativa": Por definición, como la TRE se calcula como la división de dos cantidades positivas la TRE no puede ser negativa. Obviamente, quien dice esto quiere decir es que un recurso que se piensa que es una fuente de energía pero que en realidad es un sumidero, es decir, que produce menos energía que la que se gasta en él. En la definición de la TRE, eso quiere decir que E es menor que C y por tanto la TRE es menor que 1. Así pues, los sumideros energéticos tienen TREs inferiores a 1. Tener una TRE por debajo de 1 invalida a un recurso como fuente de energía, pero aún puede ser útil para otras cosas: es el caso de los vectores energéticos, como la electricidad. Cuando se produce electricidad, se pierde parte de la energía de la que se parte, pero la conversión resulta interesante ya que con la electricidad podemos hacer cosas que posiblemente con la fuente original no podríamos (por ejemplo, al usar diésel en un grupo electrógeno para poder utilizar un ordenador en un lugar remoto). 
  • Hablar de la TRE de materiales o de cualquier otra cosa que no es una fuente de energía: En ocasiones, hay gente que habla de la TRE del grafeno o del litio, o incluso del acero o del cemento. Los materiales pueden tener una utilidad (cosa que a veces se mide en términos de exergía, como hace Alicia Valero en sus trabajos), pero no aportan energía. Por tanto, E=0 y su TRE sería de 0, aunque como digo en estos casos no tiene sentido el concepto. 
  • Asumir valores límite en sentido duro: A veces se dice que no es posible mantener una civilización cuando la TRE cae por debajo de 10, o de 5, y se dice de manera muy categórica. Teniendo en cuenta las incertidumbres en el cálculo de la TRE mencionadas más arriba, y que como vimos la respuesta social cambia completamente como se aprovecha la energía, los valores de 10 o de 5 se tienen que tomar como una referencia, pero nunca como un límite estricto. Que la TRE decaiga es un claro síntoma de dificultades y de crisis, crisis que potencialmente pueden ser muy destructivas, pero no se puede creer que implican un destino inexorable porque no es cierto. 
  • Apilamiento de fuentes: A veces me he encontrado con el curioso argumento de que si tenemos una fuente que tiene una TRE de 2, podemos fácilmente conseguir una fuente con una TRE de 4, simplemente tomando dos copias de la misma fuente y metiendo la salida de la primera fuente como entrada de la segunda; así, la primera multiplica las unidades de energía invertidas por 2, y la segunda las multiplica de nuevo por 2, con lo que la cantidad original ha sido multiplicada por 4. Siguiendo con ese argumento, a fuerza de apilar las fuentes se puede conseguir una TRE tan grande como se quiera. Este tipo de razonamiento viene de pensarse que una fuente de energía es un dispositivo ajeno a la sociedad que la utiliza, en vez de un sistema completamente integrado en la misma, y no darse cuenta que la TRE es una variable de diagnóstico del sistema. Es decir, cuando se explota una fuente de energía se consideran muchísimas variables (tanto condicionantes materiales como sociales) y el valor de TRE es simplemente una medición de una de las muchas dimensiones del problema. Como norma general, las fuentes de energía se tienden a explotar de la manera más efectiva, y si no se les consigue sacar más rendimiento es porque faltan materiales, o la regulación no lo permite, o porque falta espacio, o porque no hay mercado, o mil cosas más. En un yacimiento de petróleo habrá una distancia mínima entre pozo y pozo motivada por cuestiones de seguridad y de operatividad (han de pasar camiones, operarios, los pozos no deberán interferir unos con otros en el subsuelo, etc); la cantidad de agua disponible para la recuperación secundaria será limitada; el oledoducto tendrá una capacidad máxima; el número de camiones que lleguen por día estará limitado; la cantidad de acero que se puede comprar a precio razonable será una dada; la cimentación de los pozos tardará un tiempo en fraguar; las inspecciones de seguridad llevarán un tiempo; a veces habrá roca más dura; a veces los perfiles del subsuelo serán más difíciles de hacer; en ocasiones problemas en la superficie (huelgas, revueltas, accidentes) detendrán las operaciones; y mil circunstancias más que no permiten escalar las operaciones más allá de un límite físicamente razonable. Y algo similar pasa con las fuentes de energía renovable: las presas se hacen donde se puede, igual que los parques eólicos, y la fotovoltaica tiene muchas más restricciones de lo que la gente se piensa. Al final, la clave es que no se pueden apilar sistemas de producción de energía unos detrás de otros por razones que van más allá de la energía. La TRE es simplemente una variable medida, una "temperatura" que tomamos de un sistema ya establecido de acuerdo con sus posibilidades y que nos da un poco de información sobre su estado. 
  • "La TRE es un concepto térmico (o fosilista)": Alguna vez me he encontrado con este curioso argumento, caro a ciertos grupos ecologistas que promueven las instalaciones renovables. Esencialmente, este argumento pretende que no se puede aplicar el concepto de TRE a fuentes de energía renovable porque no son "térmicas" (en el sentido que no es una energía proveniente de la quema de combustibles fósiles o uranio). Sin embargo, el concepto de energía neta se aplica a cualquier fuente de energía, como es lógico (pues lo que se pretende es que la fuente de energía proporcione más energía que la que se consume en su uso) y en el fondo la TRE es solo un número que, con todas las limitaciones discutidas más arriba, expresa la ganancia neta de energía. Las energías renovables tienen características y maneras de funcionar diferentes de las fósiles, y su uso depende, como en el caso de todas las demás fuentes de energía, de la estructura de la sociedad que las utiliza. Tienen su idiosincrasia, ciertamente, como también la tienen las otras. Las limitaciones que tiene la TRE para describirlas, y que hemos descrito más arriba, son las mismas que tiene para describir cualquier otra fuente de energía. Pero, al igual que con las otras, el uso de la TRE nos da información sobre el uso y las tendencias del uso de las energías renovables, exactamente igual que con las otras.

Más allá de la TRE:

Entender la complejidad de los cambios que se están operando en el panorama energético requeriría la introducción de conceptos y métodos de auditoría que den una información más precisa de la situación concreta que se vive en un momento determinado y que permitan un ajuste dinámico a circunstancias cambiantes, como se requiere en la situación actual en que las cosas están cambiando rápido.


Una posible manera de obtener una imagen más fiable de la situación actual de la energía en nuestra sociedad sería incorporando el cálculo del Balance Energético Integral (BEI). De la misma manera que  los productos incorporan un trazador obvio del coste (a través del precio) y que en los últimos años se han introducido sistemas de contabilidad para saber cuánto CO2 se ha emitido en la generación de un determinado producto (dato que a veces se puede ver en la etiqueta del producto que llega al consumidor final), no sería mucho más difícil hacer una contabilidad de la energía (primaria) consumida para la generación de todos los productos. El BEI se define de manera similar a la TRE, pero en vez de considerar toda la vida útil del sistema de producción de energía se tiene en cuenta el consumo y la producción de energía en cada momento, cosa posible si se traza el gasto energético en la producción de todo, desde tuberías de acero hasta el hormigón, pasando por los alimentos y el transporte. Conociendo el gasto energético en cada momento, sería facilícisimo calcular el BEI de pozos concretos, de minas concretas, de instalaciones renovables concretas, y así se tendría un diagnóstico en tiempo real de la rentabilidad energética de cualquier sistema de producción de energía, renovable o no. Con el BEI se podría detectar rápidamente si una instalación está funcionando correctamente o no y tomar medidas correctoras, y nos resultaría más informativo sobre el rumbo que está tomando la sociedad.*******************************


En resumen: hay que tener presente que el descenso del volumen de energía producida vendrá acompañado por un descenso de la energía neta disponible que no siempre será detectable por sí misma. Sin embargo, esta caída de la energía disponible tendrá un alto impacto social porque es la energía disponible la que realmente llega a la actividad económica, y la que proporciona el sustento económico y material de nuestra sociedad. Es por ello que habrá que prestar mucha atención al problema de la energía neta, y saberlo explicar. Ardua tarea.

Salu2.
AMT

lunes, 10 de abril de 2017

Un aumento de producción “autoportante”

Queridos lectores,

Tras un corto receso, la actividad del blog se retoma. En esta ocasión, tenemos un nuevo post de Ruy Núñez sobre la producción de petróleo requerida para mantener el propio sistema de producción, basándose en un nuevo análisis de los datos del último WEO de la Agencia Internacional de la Energía. Estoy seguro de que será de su mayor interés.

Les dejo con Ruy.

Salu2,
AMT 


Un aumento de producción “autoportante”
En el diseño de un puente la estructura que cubre la distancia entre dos apoyos consecutivos debe ser capaz de resistir las diversas cargas que actúan sobre el mismo. Por no complicar la exposición consideremos sólo las cargas gravitatorias, esto es, los pesos. A grandes rasgos, están las cargas debidas al tráfico que pasará por el puente, y el peso de la propia estructura. A medida que separamos los apoyos la estructura necesaria para aguantar las cargas aumenta sus dimensiones y consecuentemente su peso, y creo que es intuitivo entender que, a medida que aumentamos la distancia entre apoyos, la estructura resultante está cada vez más determinada por la necesidad de resistir su propio peso. Es decir, el peso del tráfico cada vez moviliza menos capacidad resistente de la estructura. El absurdo llega en el momento en que se moviliza tanta capacidad de la estructura para aguantarse a sí misma que el tráfico se convierte en algo residual y sin efecto determinante. En el diseño de un puente puede haber condicionantes orográficos que obliguen a hacer estructuras fundamentalmente autoportantes. Por ejemplo, en un valle muy profundo en el que resulte más económico un puente así, pues la alternativa de construir apoyos muy altos sea más cara. Pero también es cierto que las posibilidades modernas han permitido construir auténticos monumentos a la soberbia.
Desde que leí un primer “El Ocaso del Petróleo” de Antonio Turiel, creo que fue el de 2014 (seguido por la serie completa y ediciones posteriores), me surgió la pregunta de qué parte del crecimiento en la producción de petróleo se explicaba por la creciente necesidad de invertir más energía para extraer petróleos de menores tasas de retorno energético (TRE). Y si no podría darse el caso de que el incremento de producción se debiera a la necesidad de invertir más energía en la extracción de los hidrocarburos líquidos.
A medida que fui profundizando en el conocimiento de la problemática de los límites del crecimiento, la duda fue progresando hasta llegar a preguntarme si no estaríamos ya en esa situación de aumentar la producción de petróleo simplemente para mantener un nivel dado, o peor aún, por mantener la idea del crecimiento perpetuo. Y en caso negativo, ver cuándo podría producirse tal acontecimiento. En conclusión, si el aumento de producción previsto por la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) no obedece simplemente a un esfuerzo autoportante de la industria del petróleo, de forma que los aumentos de producción simplemente hacen crecer la producción total pero no la neta.
Si eso fuera así, tal como concluye Antonio Turiel, el petróleo ya no sería capaz de contribuir al crecimiento económico, sentando las bases para una situación de colapso en nuestra organización socioeconómica.
Finalmente me he animado a hacer un intento de valoración de la cuestión, pues en realidad no es nada difícil si reinterpretamos la información que nos da Antonio Turiel cada año.
He cogido los datos de la tabla 3.11 del World Energy Outlook edición 2016 (WEO’16) de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y los he interpolado para 2005 y 2010 (se aprecian unas pequeñas diferencias con los datos empleados por Antonio Turiel, pero no son significativas para el análisis). La gráfica obtenida es la siguiente:
Gráfica 1. Suministro de hidrocarburos líquidos según los datos de la tabla 3.11 del WEO’16 de la IEA. En todo el artículo se mantiene la nomenclatura y los colores empleados en el WEO’16 y el post de Antonio Turiel, El Ocaso del Petróleo edición 2016, para facilitar las comparaciones.


En un primer momento realicé un análisis completo sobre las hipótesis que Antonio desarrolla en sus posts. Sin embargo, la pregunta planteada sólo tiene sentido si consideramos que la producción de hidrocarburos líquidos aumenta. Por tanto, para ahorrar al lector muchas gráficas y esfuerzo interpretativo he decidido eliminar los escenarios en los que la cantidad de petróleo total disminuye, sea en volumen o en volumen equivalente por densidad de energía al petróleo crudo convencional.
Bajo estas premisas sólo caben dos escenarios:
  1. El escenario central de la IEA (New Policies Scenario) sin ninguna modificación.
  2. El escenario central de la IEA con ajuste por densidad de energía.
Presentaré primero el segundo escenario para dotar de cierto suspense al texto y porque se trata de un escenario más ajustado a la realidad desde una perspectiva energética, que la simple adición de volúmenes de productos que no ofrecen la misma capacidad de realizar trabajo.
Para los lectores asiduos de los posts de Antonio Turiel, insistir en que el presente análisis no persigue hacer una estimación realista de la energía neta que nos deja a día de hoy y en un futuro próximo, la industria del petróleo. Lo que se persigue es ver si el incremento previsto de producción se traduce en un incremento de la energía neta y por tanto, de la posibilidad de que la extracción de hidrocarburos líquidos contribuya al crecimiento económico.
Evidentemente para la estimación de la energía necesaria para la extracción, refino y distribución del petróleo sí necesitamos echar mano del concepto de TRE y de unos valores para cada categoría considerada. En este punto utilizo los valores ofrecidos por Antonio Turiel en su serie de posts.
También es importante señalar que cuando se presentan las gráficas de energía necesaria para la producción se mantiene la convención de colores por mor de distinguir cuánta energía requiere cada categoría, pero que dichas curvas no representan que se esté destinando a la extracción/refino/distribución esa cantidad de cada una de ellas. Puesto que la industria del petróleo emplea diversas fuentes de energía para desarrollar su actividad, es muy probable que parte de la energía consumida no provenga de cada categoría particular, o ni siquiera del petróleo. Pero a efectos de determinar cuanta energía neta dejan los hidrocarburos líquidos no supone ningún impedimento considerarlo así.


1. Escenario central de la IEA (New Policies Scenario) ajustado para igualar a volumen de petróleo crudo por densidad de energía.
La primera consideración de este escenario es que se excluye la categoría de ganancias de proceso (processing gains) dado que dichas ganancias no son más que aumentos de volumen debidos a que los productos derivados del petróleo suelen tener menor densidad, por tanto ocupan más volumen, y a que se añade gas natural en algunos de los procesos. Por tanto, a efectos de energía, las ganancias de proceso no son tales (cuestión perfectamente explicada en el postEl Ocaso del Petróleo” edición 2012).
En segundo lugar se ajustan los volúmenes de los líquidos no convencionales y de los líquidos del gas natural a un 70% para tener en cuenta esta menor densidad energética.
Bajo estas condiciones las gráficas resultantes son las que siguen a continuación.
Gráfica 2. Curvas de extracción para las distintas categorías ajustando los volúmenes a un volumen equivalente al de petróleo crudo convencional por densidad energética.
Gráfica 3. Curvas de energía necesaria para la extracción de cada categoría. Como ya se ha indicado, se mantiene la convención de colores por mor de distinguir cuánta energía requiere cada categoría siendo importante señalar que no es que se esté destinando a la extracción, refino y distribución esa cantidad de cada uno de ellos. De forma genérica, y puesto que la industria del petróleo emplea diversas fuentes de energía para desarrollar su actividad, se puede pensar que este análisis es aproximado en tanto en cuanto es muy probable que parte de esa energía consumida no provenga  de cada categoría particular, o ni siquiera del petróleo. Pero a efectos de determinar cuanta energía neta dejan los hidrocarburos líquidos no supone ningún impedimento considerarlo así.
Gráfica 4. Curvas de energía extraída, energía neta y energía necesaria para la producción.
Aunque se presentan tres gráficas, la de producción, la de energía para producción, y la de energía producida/energía para producción/energía neta, de cara al análisis de este artículo sólo interesa la última.
Las otras dos gráficas se presentan para poner en contexto la tercera. En ésta, la línea verde corresponde a la envolvente de la primera gráfica (producción total de hidrocarburos líquidos, salvo ganancias de proceso), la línea roja corresponde a la envolvente de la segunda gráfica (que viene a ser la energía necesaria, en términos de volumen de petróleo crudo convencional, para la producción de los hidrocarburos líquidos) y la línea azul corresponde a la envolvente de la energía neta resultante (la que resulta de las gráficas de los posts de Antonio Turiel).
Sí sirven las dos gráficas introductorias para constatar visualmente que los líquidos correspondientes a las categorías de petróleos no convencionales y petróleos convencionales todavía por explotar (hallados pero no aprobados y todavía por descubrir), si bien suponen una fracción cada vez mayor en la producción total de hidrocarburos, simultáneamente suponen una proporción todavía mayor en la energía necesaria para producir dichos hidrocarburos (obvio si se tiene en cuenta su menor TRE).
El resultado es palmario: resulta que el incremento de energía necesaria para la producción de hidrocarburos líquidos se come todo el aumento de producción y más. Y el reverso de este hecho es que la energía neta resultante para la sociedad es decreciente.
Desde 2015, último punto de datos reales de la serie, el aumento de producción se ve superado por el aumento en la energía necesaria para producir y por tanto, se inicia el descenso de energía neta. En consecuencia se puede concluir que el aumento de producción es un espejismo contable que sólo enmascara la realidad de una disponibilidad decreciente de energía neta. Es como cuando un país aumenta la deuda pública para hacer crecer el PIB sin visos de poder devolver dicha deuda. ¿Les suena?
Llegados a este punto aparece la duda de qué pasaría si se aplica el análisis anterior a los datos de la IEA sin ajustar. Veámoslo a continuación.


2. Escenario central de la IEA sin ningún ajuste (New Policies Scenario)


Gráfica 5. Curvas de extracción (es la misma curva presentada al inicio del post).
Gráfica 6. Curvas de energía necesaria para la extracción de cada categoría. Se mantiene el criterio de que se diferencian categorías para distinguir cuánta energía requiere cada una sin que ello signifique que esa sea la cantidad real de cada categoría destinada a producción.
Gráfica 7. Curvas de energía extraída, energía neta y energía necesaria para la producción.


¡Caramba! Resulta que incluso considerando sin reservas los datos de producción de hidrocarburos líquidos de la IEA, el incremento de energía necesario en los próximos años para sostener la producción se come dicho incremento y todavía más, de forma que la energía neta restante es declinante (como ya sabíamos por los posts de "El Ocaso del Petróleo"). De nuevo hay que señalar que este resultado es consecuencia de los valores de TRE empleados para cada categoría, pero es importante señalar que los valores empleados están en línea con lo que postulan los estudiosos más reputados en este campo.
Luego podemos concluir que incluso en el escenario más optimista, el de la propia IEA, ya estamos en una situación dónde sólo aumenta el esfuerzo “autoportante” de la industria del petróleo. Quizás eso explica en parte las desinversiones de la industria, la constatación de que por más recursos que se destinen a incrementar la producción, éstos no se traducen en ganancias energéticas y, consecuentemente, económicas.
Obviamente esto tiene implicaciones enormes pues el punto de inflexión en la curva de energía neta marca el momento en que la economía mundial deja de ser capaz de producir aumentos de la riqueza tangible. Todavía queda cierto margen para la riqueza financiera que tarde o temprano se verá arrastrada por la falta de colaterales que sustenten su existencia. Esta nueva tendencia decreciente tiene un primer factor acelerador: el aumento de población. Si la energía neta total disponible decrece, mientras que la población total mundial sigue aumentando, observaremos invariablemente un descenso fuertemente no lineal de la energía neta per cápita. Claro que a nuestro sistema, ya injusto en la distribución de la riqueza en su fase de crecimiento, es un aspecto que probablemente le importará poco, excepto por el hecho de que ahora deberemos decidir si acentuamos la desigualdad (la gran exclusión) o si buscamos maneras de decrecer solidarias y más justas.
Concluyo el artículo recordando una vez más que éste es un análisis parcial sobre los hidrocarburos líquidos. El momento clave decisivo será cuando el sistema energético global considerando todas las fuentes de energía cruce ese punto. Por lo que respecta al petróleo, y dado el papel esencial que juega en nuestro sistema socioeconómico, puede que acabe siendo subsidiado energéticamente, tal como apuntaba en mi anterior post sobre el modelo ETP. Sin embargo, ese mismo papel crucial puede ser fuente de fuertes distorsiones en las cadenas productivas y financieras si no entendemos rápidamente el reto al que nos enfrentamos y seguimos haciendo como que todo sigue igual.
Dejo para un siguiente post un análisis de la TRE global de la industria del petróleo que resulta muy sencillo a partir del trabajo anterior y que muestra resultados muy interesantes al tiempo que preocupantes. 

Ruy Núñez

viernes, 8 de enero de 2016

La falsa contabilidad energética de los países productores

Queridos lectores,

Estrenamos este 2016 con un nuevo análisis de JotaEle, continuación de su post sobre las pérdidas energéticas en el sistema mundial. Estoy seguro que lo encontrarán de mucho interés, y esclarecedor en medio de estas turbulencias económicas y políticas con las que ha comenzado el año.

Salu2,
AMT

¿Falseando datos energéticos?
Una vez terminado el post “Pérdidas crecientes en el sistema de abastecimiento energético mundial”, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) añadió un nuevo año a su balance energético. El caso es que me dio por actualizar alguna que otra gráfica y me encontré con un caso en el que el nuevo dato variaba totalmente la tendencia de la gráfica. Como no es normal que un dato cambie tanto una tendencia, me fijé en años anteriores y advertí que también habían cambiado, esto hizo que tuviera que actualizar varios años anteriores. Pese a que el balance de la AIE tiene un desfase de tres años con respecto al año actual, esto no garantiza que sus datos sean los definitivos, algunos datos continúan ajustándose incluso cuatro años antes.
Por otra parte me encontré también alguna gráfica que variaban más de cuatro años, incluso alguna que había cambiado todo el periodo del tiempo del balance. Buscando cual era la causa de semejantes cambios encontré que algunos países sorprendentemente habían cambiado cantidades significativas de energía de unos sectores a otros:

Gráfica 1    Desviación de energía desde el sector industrial hasta el sector consumo en usos propios    Datos de AIE

La gráfica 1 está formada con datos de consumo energético de Canadá, contiene el consumo de gas perteneciente al sector industrial y también contiene el consumo total en usos propios. Se puede notar a partir del 2004 el bajón energético del gas en el sector industrial, compensado en la gráfica roja de consumo en usos propios. Con este cambio energético cambia totalmente la tendencia de la gráfica de consumo en usos propios y varia totalmente su interpretación. Con la anterior gráfica los consumos en uso propio de Canadá estaban bajando a pesar del gran crecimiento de la producción de petróleo y arenas asfálticas en dicho país; daba la sensación de que Canadá estaba consiguiendo aumentar fuertemente la eficiencia en la extracción de combustibles fósiles. La nueva gráfica en este caso no hace más que poner las cosas en su sitio.
Al igual que Canadá, EE.UU. también ha pasado gas natural desde el sector de la industria hasta el consumo en usos propios. Precisamente los dos países que están incrementando su producción de petróleo con arenas asfálticas y con fracking. ¿Qué objetivo tenía el estar reportando mal los datos?, ¿esconder pérdidas energéticas en la energía final quizás?. En todo caso, ¿si antes estaban ocultando datos de pérdidas, qué sentido tiene reconocerlo ahora? Supongo que casos como el de Canadá son demasiado evidentes como para ocultarlos.
Una vez visto lo fácil que es encubrir pérdidas energéticas, me centré en Arabia Saudita; ya haciendo el post anterior me sorprendió que tuviera muy pocas pérdidas, Arabia Saudita tiene prácticamente las mismas pérdidas en uso propio que España a pesar de ser el cuarto país que produce más energía en el mundo.
La tabla siguiente muestra la relación entre la producción y el consumo de usos propios de varios países. También muestra la relación entre la energía final y el consumo de usos propios de esos países. La relación es simplemente la división de la producción y la energía final entre el consumo en usos propios.


España
Arabia Saudí
EEUU
Rusia
Kuwait
China
Producción/Usos propios
3,92
65,82
13,66
24,91
22,66
13,91
Energía final/Usos propios
9,27
14,25
10,85
8,07
2,06
10,54

Entre los seis países están los cuatro mayores productores de energía en el mundo, está España cuyo producción es muy baja, prácticamente la que corresponde a las renovables, y Kuwait cuya comparación es interesante por estar en la misma zona petrolífera que Arabia Saudita, por lo tanto sus consumos deberían de ser parecidos. Todos estos países tienen un Índice de Desarrollo Humano (IDH) muy alto, excepto Rusia y China que lo tienen alto, por lo tanto se asume que todos tienen un consumo de energía final considerable.
Se ve como Arabia Saudita está muy por encima del valor de los demás países en los dos conceptos lo cual sugiere un consumo en usos propios muy por debajo de los demás y por lo tanto, muy por debajo de lo normal. En el caso de la energía final, o bien sugiere un consumo en usos propios bajo o bien sugiere una energía final muy alta (encubriendo parte de las pérdidas).
Aparte de esto, Arabia Saudita también ha pasado datos de un sector hacia otro, de nuevo el gas natural, aunque en este caso los dos sectores están dentro de la energía final:

Gráfica 2         Desviación de energía desde el sector uso no energético al sector industrial        Datos de AIE

La gráfica nos muestra un trasvase brutal de energía desde usos no energéticos hasta la industria, la desviación de energía de Arabia Saudita equivale casi al consumo del transporte en España del año 2013. Aunque en este caso no se reconocen más pérdidas en consumo de uso propio, ¿qué sentido tenía mantener tanta energía en usos no energéticos?, ¿ocultar emisiones quizás?.
A continuación la gráfica del consumo energético por sectores de Arabia Saudita:
Gráfica 3         Consumo energético por sectores de Arabia Saudita                            Datos de AIE

Incluso después del traspaso energético al sector de la industria, el resultante en el sector uso no energético sigue siendo muy alto además de mantener un crecimiento continuado, está 10 puntos por encima de la media de los países OCDE y no OCDE. En cuanto a los demás sectores, el transporte se encuentra en niveles de consumo de países OCDE, mientras que el sector residencial se encuentra muy por debajo de la media OCDE y no OCDE. El sector de la industria, ahora si se encuentra en niveles de consumo de países no OCDE. Parece estar acomodando datos para que no se noten muchas diferencias con otros países.
Todos estos datos y acciones parecen indicar que Arabia Saudita esconde mucha energía dentro de la energía final. Muy probablemente pérdidas.