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miércoles, 20 de noviembre de 2019

Explicando el peak oil de manera sencilla


Queridos lectores:

Hace unos días, un lector que había leído mi análisis sobre el último informe de la Agencia Internacional de la Energía me escribió para preguntarme si, en vista del planteamiento que hace la AIE este último año (por cierto, completamente contradictorio con lo que hizo el año pasado) tenía sentido preocuparse por el problema del descenso energético. A fin de cuentas, me decía, parece que hay grandes reservas de todas las materias primas energéticas, en particular de petróleo, y seguramente el problema en el que nos debemos centrar es en el del Cambio Climático.

Yo le escribí un largo mensaje en el que dejé a un lado la parte más rigurosa pero también más farragosa, intentando ser lo más claro y divulgativo posible para que entendiera por qué el problema del peak oil no tiene que ver con las reservas, sino con la capacidad de producir petróleo. Utilicé para ello metáforas y recursos que he ido elaborando a lo largo de estos años de divulgación, en numerosas charlas. En cierto modo, mi mensaje era un resumen estructurado de todos esos recursos para hacer el problema del peak oil más comprensible a todo el mundo.

Al acabar ese mensaje (que mi interlocutor me agradeció después), pensé que quizá merecía la pena compartirlo y lo colgué en Facebook. Tuvo un éxito como nunca antes lo ha tenido ninguna publicación mía, hasta el punto de que en pocas horas varias decenas de personas me pidieron amistad.

Como creo que ciertamente esa larga pero didáctica explicación podría tener un cierto valor, he decidido volver a copiarla en este post, de manera que quien la necesite en algún momento la pueda tener a mano. Éste es el único contenido real de este post. Y he aquí mi mensaje.


    Un tema recurrente en estas discusiones es el de confundir recursos con producción. Me explico.



    Hoy día en el mundo existen enormes, casi diría ingentes, recurso de hidrocarburos líquidos (nombre más apropiado que "petróleo", porque implican muchas sustancias diversas que no son completamente equivalentes).



    Si miramos solo el petróleo crudo convencional, hay suficiente como para abastecer el consumo actual durante unos 30 años.

    Si añadimos los petróleos extrapesados (bitumen), hay suficiente como para cubrir el consumo actual durante un siglo.

    Si añadimos los recursos contenidos en las lutititas y formaciones similares (el shale oil que se explota con fracking) hay suficiente como para alimentar el consumo actual durante más de dos siglos.



    Conclusión intuitiva: no hay ningún problema con el petróleo, por lo menos no inmediato. ¿Verdad?



    Éste es el enfoque de los medios de comunicación de masas, y ésa es la razón por la que me decidí a abrir el blog.

   

    ¿Cuál es la realidad?

   

    La realidad es que no importa cuánto haya en el subsuelo, sino a qué ritmo se pueda extraer. Es decir, cuál va a ser la producción. Le pondré un ejemplo.



    Imagínese que Vd. tiene sed y quiere beber agua. Yo le digo que tiene un vaso de agua disponible.



    Posibilidad 1: Hay un vaso lleno de agua. Vd. lo coge y se lo bebe. Eso es lo que hizo el mundo con el petróleo desde el siglo XIX hasta 1970.

    Posibilidad 2: El agua está derramada sobre una superficie lisa. Vd. coge una pajita y, con más esfuerzo que en el caso anterior, acaba consiguiendo beber el agua. Eso es lo que hizo el mundo con el petróleo desde 1970 hasta el 2000.

    Posibilidad 3: El agua está mezclada con arena. Vd. tiene que calentar la arena en un recipiente estanco, condensar el agua que se evapore y que acabe por un alambique en el vaso, y luego tiene que esperar a que se enfríe. El proceso no es perfecto, parte del agua nunca se evapora de la arena y parte se pierde porque sale en forma de gas al final del alambique o se evapora del vaso porque aún está bastante caliente, así que Vd. recupera 2/3 del vaso original. Además, el proceso es lentísimo y hace mucho calor, así que Vd. tiene cada vez más sed y ese proceso no le sacia. Eso es lo que he hizo el mundo con el petróleo del 2000 al 2010.

    Posibilidad 4: No hay agua líquida, pero yo le digo que Vd. la puede condensar del aire. Es un proceso muy lento e ineficiente, pero Vd. tiene sed y de algún lado tiene que sacar agua. El problema es que Vd. tiene que seguir bebiendo y la humedad relativa de la habitación va bajando. Aún queda mucha agua en el aire, pero cada vez la extrae más lentamente. Podría construir una megamáquina para "secar todo el aire" de golpe, pero realmente no tiene Vd. los recursos para hacer eso, así que se tiene que conformar con lo que hay. Eso es lo que está pasando con el petróleo desde 2010.



    Obviamente, en el mundo real tenemos una mezcla de las 4 posibilidades, desde los yacimientos sencillos de explotar (posibilidad 1) a los ridículamente caros de explotar (posibilidad 4), pero a medida que pasa el tiempo se nos van agotando los yacimientos sencillos y nos van quedando cada vez los más complicados.



    A veces te encuentras con economistas que te dicen que ok, que eso es cierto, pero que invirtiendo más dinero y con el progreso de la tecnología se va a conseguir hacer rentables y rápidos los yacimientos de la posibilidad 4. Es mentira. El problema no es la rentabilidad económica de los yacimientos, sino la rentabilidad energética (es decir, cuánta energía se gana por cada unidad de energía que se invierte en obtenerla). Si se gasta más energía que la que luego se extrae, olvídate, esa explotación no será rentable energéticamente y por tanto tampoco económicamente por razones obvias. Si se gana solo un poco más de energía, seguramente la explotación no será rentable económicamente, porque hay otros gastos. Para que un yacimiento se pueda explotar en la práctica has de ganar mucha más energía que la que gastas. Y en cuanto a la tecnología, la termodinámica impone límites al rendimiento de los procesos, límites que no se pueden superar, y ya estamos demasiado cerca de esos límites. No hay grandes mejoras a esperar (habrá mejoras, qué duda cabe, pero ya no serán grandes).



    Ésta es la situación en la que estamos. Los yacimientos de hidrocarburos líquidos que nos van quedando son de peor calidad y cuesta extraer el petróleo de ellos. Por ese motivo, la producción de petróleo ya no sube y probablemente bajará en picado en los próximos años. El petróleo no se va a acabar ni 30 años, ni 100, ni 200: durará muchos más siglos. Lo que pasa es que cada año vamos a disponer de menos cantidad. En las charlas siempre comento que la situación es parecida a la de una persona a la que le van reduciendo el sueldo. Al principio gana 2.000 euros al mes y esta persona está bien, tranquila. El año siguiente le bajan el sueldo a 1.800 euros al mes y, bueno, sigue bien. Al siguiente año se lo bajan a 1.600 y ya se comienza a enfadar. Al otro se lo bajan a 1.400, otro año más y se lo bajan a 1.200, al siguiente a 1.100, luego 1.000, luego 900, luego 850, luego 800, luego 775... Nunca deja de cobrar un sueldo, pero con lo que gana la vida se le hace cada vez más difícil. Ésta es nuestra situación: nuestro "sueldo energético" va a ir disminuyendo con el paso de los años y nosotros tendremos que aprender a vivir cada vez con menos.



    No espere un "punto de ruptura", las cosas no van a cambiar radicalmente de la noche al día, sino que será una caída paulatina aunque no precisamente lenta. Habrá momentos de disrupción, de caída más brusca, pero en general el proceso será bastante progresivo y se extenderá durante décadas. Aunque, en todo caso, la próxima década será bastante crítica.



    Así que, si ha entendido lo que le he explicado, sabrá que sí que tiene que preocuparse por el problema de los recursos.



      
Salu2.
AMT

miércoles, 17 de julio de 2019

La diferencia entre precio económico y precio político. El corazón del fracking.

Queridos lectores:

Javier Pérez aborda esta semana la curiosa cuestión de la economía del fracking, o cómo es posible que un negocio ruinoso pueda seguir en auge después que en estos 8 años haya quedado acreditado que no se gana dinero con él. La cuestión de fondo, como explica Javier, tiene que ver con la función de moneda de reserva del dólar, que permite aplicar una redistribución interna de unos bienes impropiamente adquiridos. En añadidura a que la fiesta estadounidense la esté pagando el resto del mundo, la explotación del fracking acaba generando un pago también para sus nacionales, mediante un proceso de devaluación interna causado por la baja TRE de este recurso, como planteaba en la tercera de las famosas preguntas.

Javier hace un planteamiento muy simple, casi podríamos decir simplista, de la cuestión, que tiene el mérito, con su trazo grueso, de hacer la cuestión más comprensible para el público general. Ése es siempre el gran acierto de Javier, que sabe cómo llegar a una audiencia más amplia.

Les dejo en sus manos.

Salu2.
AMT

La diferencia entre precio económico y precio político. El corazón del fracking.
 
A ver, amigos… Estos conceptos los he sacado de gente un poco caduca y no del todo bien vista, pero como parece que la Historia va a ser de veras circular, como decía el amigo Nietzsche, y como parece que los conceptos se nos están echando encima, no está de más darles un repaso.
El precio económico de algo es aquel por el que podemos conseguir una mercancía o un servicio, en el lugar en el que se demanda. Lo fija el mercado, con todas sus imperfecciones.
Por ejemplo, hoy, se puede conseguir un barril de petróleo por alrededor de 66$. Lo del transporte ya tiene sus sobrecostes, pero de momento es cosa razonable, alrededor de los 2$ el barril, si no me han informado mal, aunque sé que este coste varía mucho según las circunstancias.
El precio político, en cambio, es lo que de veras, realmente, nos costaría obtener ese barril aquí y el esfuerzo nacional que nos supondría conseguirlo. En el Caso de España, tenemos dos opciones: o lo sacamos de dónde no lo hay, que siempre es una opción a juzgar por los programas de nuestros partidos políticos, o lo fabricamos por el método de Fischer-Tropsch, cocinando carbón. Que es carísimo.  Mal asunto.
¿Pero qué pasa con los EEUU? Vamos a verlo, porque podría tener su gracia y a lo mejor descubrimos por qué el fracking es rentable y puede serlo durante una temporada.
 Supongamos que alguien en EEUU demanda un barril de petróleo. Hay dos opciones: o se trae de Arabia Saudita por 66$ la unidad o se produce en casa, por fracking, por alrededor de 90€ la unidad. En principio, parece que está claro que es mejor traerlo de fuera. Pero entonces llega un abuelo de la vieja escuela y dice: traerlo de Arabia Saudita saca 66$ del país, que van a manos de un jeque. ¿Y cómo se distribuirían los 90$del coste del barril nacional? Porque ese coste tiene seguramente una estructura de costes, ¿no?
No es mi intención ser exhaustivo con la estructura de costes del fracking, pero creo que se parece bastante a la siguiente, poniéndome en el escenario más pesimista.
-40$ de mano de obra.
-25$ de maquinaria y trabajos.
-15$ de transporte
-5 $ de costes de prospección.
-5€ de gastos medioambientales, porque nos la sopla todo.
Los 40$ de mano de obra dan trabajo a la gente de aquí, y recuperamos de media un 40% a través de la presión fiscal. Coste directo, 24$, más lo que nos ahorramos de bonos de comida, subsidios al desempleo y demás. Coste real, 20$. Y los tenemos contentos, que el rédito electoral también suma aunque no lleve cifra.
Los 25$ de maquinaria, combustible, energía y demás, también se quedan aquí, y a través del IVA u otros impuestos, recuperamos un 30%. Es más, porque buena parte de la maquinaria y los consumos son de fabricación nacional, lo que también genera impuestos, y empleos, que a su vez pagan sus impuestos. Coste real, 12$.
De los 15$ de transporte, recuperamos a través de fabricación de camiones, empleos de los conductores  e impuestos a los carburantes, al menos otro 40%. Coste real, 9$.
Costes de prospección, 5$, sí, pero lo hacen empresas de aquí, que pagan aquí sus impuestos, con trabajadores locales. 3$ de coste real.
Y sí, perdemos los 5$ de costes medioambientales (que nos la siguen soplando).
¿Cuál es el coste de ese barril nacional sacado mediante el fracking calculado en el despacho de un político de la vieja escuela?  20+12+9+3+5=49$
Pues a los saudíes, que les vayan dando. Con banda de música, si hace falta.
Creamos empleo, tenemos a la gente ocupada, evitamos el declive de las regiones remotas, recuperamos en impuestos y subsidios ahorrados todos los sobrecostes, y no dependemos energéticamente de nadie. La gente se convence de que hemos hecho el milagro, la crisis es para los demás, y nosotros estamos por encima de esas chorradas.
Éxito total.
¿Entendéis ahora por qué siguen sacando petróleo de las rocas a 90 € al barril cuando lo podrían comprar a 66$?
No se han vuelto locos. Los que nos hemos vuelto un poco locos somos los que , por mucho que lo neguemos, hacemos sólo las cuentas en unidades monetarias, a lo crudo. Porque a lo mejor si aplicásemos esa doctrina a algunos productos que estamos importando, descubriríamos que es mejor fabricarlos aquí a mayor coste que acudir al mercado internacional.
Y eso que nosotros no podemos imprimir dólares y obligar a los demás a aceptarlos … Que si pudiéramos, como puede EEUU, entonces sería descabellado no hacerlo.
Reflexionemos sobre este concepto, por favor…
Einfach ist nichts.
Javier Pérez

miércoles, 22 de agosto de 2018

Tasa de Retorno Energético: concepto, significado y limitaciones




Queridos lectores:

Como hemos discutido en numerosas ocasiones en este blog, estamos en los albores de una crisis histórica que,
si no se trata adecuadamente, pone en peligro la continuidad de nuestra sociedad. Es un problema que atañe a la disponibilidad de los recursos energéticos no renovables, es decir, el petróleo, el carbón, el gas natural y el uranio. Generalmente la gente piensa que los problemas con los recursos naturales comienzan en el momento que se acaban por completo, pero en realidad las dificultades comienzan mucho antes. Como es fácil de suponer, de todos los recursos los que primero se explotan son aquéllos a los que es más fácil acceder y los que tienen mejor calidad, y solo cuando éstos se acaban se van considerando otros recursos, cada vez más difíciles de extraer y cada vez de peor calidad. Hay un momento cumbre, un punto crucial, en el que se está produciendo tanto, y en el que lo que queda es tan complicado de explotar y de menor calidad, que, tanto si se quiere como si no, la producción comienza a disminuir. Es el cenit del petróleo (también conocido como pico del petróleo o peak oil), el cenit del carbón, el cenit del gas natural, el cenit del uranio... El cenit de producción es ese momento transcendental en el que ya no se puede seguir aumentando la producción y ésta tiene que ir bajando. No es una cuestión de dinero, ni siquiera de tecnología - pues ésta tiene unos límites, los de  la termodinámica, que no pueden franquear. Cuando la producción de petróleo, carbón, gas natural y uranio llega a su máximo - y parece que ya estamos prácticamente en ese momento - la producción de energía toca techo y comienza a disminuir (al principio más despacio, luego más rápidamente). Eso, en un sistema económico como el nuestro, diseñado para crecer siempre y que no puede funcionar si no crece, nos condena a decrecer de una manera que no tiene por qué ser agradable (aunque tampoco necesariamente catastrófica).

Si malo es que la producción de energía no renovable comience a decaer, peor aún es que la energía neta que extraemos de ella caiga aún más rápidamente. Por energía neta nos referimos a la que se obtiene de una fuente, una vez hemos descontado la energía que nos ha costado extraerla. Y es que, naturalmente, a medida que los recursos que quedan son peores hay que dedicarle más energía a su extracción. Así pues, no solo decae la producción bruta de energía (el total producido) sino que más deprisa aún lo hace la producción neta (la parte disponible para la sociedad).

Debido a ese más rápido decaimiento de la energía verdaderamente disponible, de la energía neta, los estudiosos del problema de los recursos energéticos hace ya algún tiempo que pretenden divulgar este problema. Problema este, el de la rápida caída del rendimiento neto, que, aunque no sea difícil de entender, es más complicado de explicar que el del cenit de producción. Y es que cuando se comenzó a estudiar el rendimiento neto de las fuentes de energía renovable se vio que, en muchos casos, los rendimientos eran mucho menores de lo esperado, y que incluso, bajo determinadas circunstancias, invertir en según qué sistemas podría ser un malgasto de recursos, ya que esas instalaciones renovables particulares no podrían recuperar la energía invertida de manera satisfactoria.

Es en este contexto que surge la necesidad de introducir parámetros que caractericen la energía neta producida por las fuentes de energía, siendo el más conocido de ellos la Tasa de Retorno Energético (TRE). El objetivo de la TRE, como el de cualquier otro parámetro similar, es el de poder homogeneizar la información de fuentes de energía diversas, a fin de caracterizar si cualquiera de ellas es o no es útil para el abastecimiento de una sociedad industrial como la nuestra.

Sucede, sin embargo, que la realidad física subyacente es muy compleja, es multidimiensional, mientras que la TRE es solo una de muchas dimensiones importantes. A pesar de ello, en algunas ocasiones, al discutir sobre la viabilidad de una sociedad futura basada en tal o en cual fuente de energía, se cometen abusos importantes, tanto por parte de los que creen que la TRE lo describe todo y que si no se llega a ciertos valores no hay sociedad viable, como por parte de los que niegan la importancia de la TRE para valorar la utilidad de las fuentes de energía.

En los últimos años se han escrito ensayos diversos analizando el concepto de la TRE y señalando sus limitaciones (por ejemplo, de Carlos de Castro o del grupo de Autonomía y Buenvivir). Dada que en los próximos años sin duda cobrará mucha importancia el concepto de energía neta, y con el ánimo de ayudar en este debate necesario, me he tomado la libertad de escribir esta entrada en la que intentaré de una forma sistemática, aunque sin realmente llegar a ser exhaustivo, delimitar y en la medida de lo posible aclarar algunas cuestiones sobre qué es la TRE, para qué se puede usar y para qué no. Puesto que mi comprensión de lo que es la TRE es también limitada, me reservo la potestad de corregir, eliminar y añadir más material en el futuro, si se revelara necesario, con el ánimo de que la entrada contenga una visión lo más acertada posible de lo que es y para qué sirve la TRE.


Éste es un post técnico, muy detallado y largo, escrito con la vocación de servir de referencia para discusiones futuras. Advertidos quedan los lectores.


Definición:

La Tasa de Retorno Energético, abreviado TRE (en inglés Energy Return on Energy Investment, abreviado EROEI o a veces también EROI), es un parámetro que pretende cuantificar la rentabilidad de una fuente de energía (o de un sistema de producción de energía). Se define como el cociente entre la energía producida por dicha fuente durante toda su vida útil y la energía consumida para poder operar esa fuente, también durante toda su vida útil. En forma de ecuación,

t = E/C

donde t es la TRE, E es el total de energía producida por una fuente y C el total de energía consumida para poder operar esa fuente.

A partir de esta ecuación básica, se pueden derivar otras expresiones habituales para la TRE. Si definimos N como la energía neta producida por una fuente durante su vida útil (es decir, descontando los costes energéticos de operación, N=E-C), podemos obtener las siguientes expresiones:

C=E/t

t = 1 + N/C

N= (t-1) C

C= N/(t-1)


Interpretación:

La TRE es el tanto por uno de energía producida respecto a la energía consumida en la producción, es decir, cuántas unidades de energía se producen por cada unidad de energía invertida. Se podría decir también que la TRE es el factor multiplicador de una fuente de energía: si se consumen C unidades de energía, se obtendrán t*C unidades en la salida, donde t será la TRE de esa fuente (uso la convención usual en informática de designar la multiplicación con el símbolo del asterisco, *).

Por el mismo motivo, se puede hablar de la TRE como una medida del rendimiento energético de una fuente, aunque al contrario de lo que sucede con el rendimiento económico no es usual expresarla en términos porcentuales, ya que generalmente el valor de la TRE es bastante mayor que 2 (t=2 implicaría una ganancia de energía del 100%, y en general para un valor cualquiera de t el porcentaje de ganancia sería (t-1)*100%).

A igualdad de otros factores, lógicamente las fuentes con mayor TRE son preferibles, pues son las de mayor rendimiento. Sin embargo, esas fuentes podrían tener otros factores limitantes o inconvenientes (necesidad de materiales, impacto ambiental, riesgos), factores que la definición de TRE no contempla, pues se centra solo en la rentabilidad energética.

Es importante no confundir la TRE con la eficiencia, pues son conceptos que se aplican en dos contextos diferentes. En el caso de la TRE, lo que se mide es el rendimiento energético de una fuente de energía (cuánta energía se obtiene por cada unidad de energía invertida), en tanto que la eficiencia energética se suele referir a la cantidad de energía consumida por un uso de la energía (por ejemplo, fabricar algo, iluminar, dar calor, etc), de manera que se considera un uso más eficiente de la energía aquél que, para generar el mismo output, consume menos energía. En suma: la TRE es el rendimiento de una fuente de energía, en tanto que la eficiencia energética nos habla de cuánta energía se consume para hacer algo.

Origen:

El concepto de TRE tiene sus raíces en los análisis del equilibrio en ecosistemas, es decir, es un concepto que se ha tomado prestado y adaptado desde la Ecología, que es una rama de la Biología. El ejemplo típico es el análisis del balance entre el débito metabólico de un depredador y la cantidad de calorías que consigue de sus presas: un jaguar, para poder sobrevivir en su entorno, a través de la comida que consigue debe al menos recuperar la energía que emplea en la caza y aún debe poder conseguir algo más de energía para otras actividades diferentes de la caza (el débito metabólico en reposo, la reproducción y el cuidado de las crías, fundamentalmente). No es por tanto una casualidad que hablando de la TRE se aluda con frecuencia al ejemplo del predador-presa, puesto que es justamente de aquí que surge la idea.


Características:

Por construcción, la TRE tiene un carácter estático: el concepto solamente tiene pleno sentido en una situación de estacionariedad, es decir, en una situación tal en la que de manera muy estable en el tiempo se obtienen los mismos rendimientos con los mismos procesos. Volviendo a la analogía ecológica, la TRE es realmente informativa en un ecosistema en equilibrio. Imagínense qué pasaría en un ecosistema donde de repente se introdujera un superdepredador, mucho más eficiente que los otros existentes. A la hora de valorar su TRE, nos encontraríamos que sería muy elevada, pero justamente un depredador con mucho éxito normalmente aprovecha esos excedentes energéticos para reproducirse más, incrementando la presión sobre el resto del ecosistema y eventualmente lo puede desequilibrar hasta destruirlo y autodestruirse (si el jaguar es tan bueno que caza todos los conejos, al final no tendrá que comer y se morirá de hambre). De manera análoga, si se está modificando las técnicas de extracción de determinadas fuentes se puede incrementar enormemente la TRE como se calcularía en un determinado momento, a costa de hacerla caer en picado un tiempo después, al haber agotado rápidamente los recursos para los que esa técnica era más eficaz. Por tanto, en un sentido propio calcular la TRE solo tendría sentido en una situación estática, en la que nada evoluciona.
 

La TRE del conjunto de fuentes que sustentan a una sociedad debe ser lo suficientemente elevada como para garantizar la estabilidad de esta sociedad. Eso equivale a decir que, para que una sociedad pueda mantenerse, los excedentes de la extracción de energía deben ser los adecuados para poder "costear energéticamente" los usos sociales convencionales (educación, sanidad, infraestructuras, actividad económica, etc). Sin embargo, determinar el valor numérico concreto de la TRE mínima para que una sociedad no colapse es complejo, porque depende por completo de la estructura de esa sociedad (cómo obtiene y procesa la energía, en qué la usa). En añadidura, como se ha dicho antes la TRE es un concepto estático, pero la sociedad es algo que evoluciona y se transforma, y su punto de equilibrio energético puede modificarse con el tiempo, o sin modificarse el valor numérico de la TRE se puede basar en un consumo completamente distinto de fuentes de energía, haciendo las cosas de manera enormemente diferente pero estable, al fin y al cabo.
 

La TRE mínima para el sustento de una sociedad es algo estructural, consustancial a la sociedad; y si las fuentes que usa esa sociedad empiezan a perder energía neta ello no significa que la sociedad necesariamente colapse, sino que tendrá que modificar su estructura. Por tanto, cuando se habla de la TRE societaria no se puede hablar aisladamente o disociar, en modo alguno, de la sociedad a la que se refiere.

Importancia:

A pesar de sus limitaciones, el cálculo de la TRE tiene una buena capacidad diagnóstica, siempre que se use una metodología única. En suma: sirve para detectar tendencias a corto plazo (principalmente, disminución rápida de la rentabilidad energética de las fuentes utilizadas).


Además, el cálculo de la TRE puede usarse para evidenciar problemas graves y reales. Por ejemplo, cuando se invierte en determinadas fuentes de energía (e.g., arenas bituminosas, fracking) que aunque no tienen rentabilidad económica actual se espera que la tengan en el futuro. Un análisis de TRE correctamente ejecutado puede revelarnos que la TRE de esas fuentes es excesivamente baja y que las posibles mejoras tecnológicas no tienen la capacidad de cambiar sustancialmente la situación (un ejemplo de esto es el énfasis que se suele poner en la mejora en eficiencia de los paneles solares, cuando una instalación solar tiene otros componentes que representan unos costes adicionales que implican un bajo rendimiento incluso aunque se llegara a una eficiencia del 100% en la conversión de la energía solar en las placas).



La TRE puede usarse también para señalar el problema de la depauperización energética de amplias capas de la sociedad: aunque en términos brutos la energía aumente, la energía neta puede estar disminuyendo, y eso se va a reflejar en una TRE en caída. Sin conocer cuál es el proceso de asignación de recursos en una sociedad (cosa que suele ser muy compleja y mediada por el dinero), lo cierto es que si hay menos recursos energéticos netos disponibles habrá forzosamente una disminución general del consumo, que probablemente será soportada mayormente por las clases populares.

Limitaciones:


La definición de la TRE es muy ambigua, comenzando por los términos que aparecen en la fracción. Al contrario de lo que sucede en el contexto ecológico, en el metabolismo energético social la energía es diversas veces transformada antes de su uso final, y eso puede hacer más confuso saber qué energía debe ponerse en el numerador (energía producida). Por ejemplo, no es obvio si se tiene que poner la energía primaria (la producida en bruto) o la energía final (ya transformada para su uso por el consumidor final).



Esa ambigüedad es, de acuerdo con algunos autores, mucho mayor, porque todo depende de dónde se ponen las fronteras del sistema, en particular para calcular en este caso el denominador (energía consumida en la producción). Hay autores que consideran que se tiene que contabilizar toda la energía consumida en todo el proceso de transformación de la energía, que suele ser complejo y consistir de muchas etapas hasta su disponibilidad real por el usuario final.

Sin embargo, sobre la ambigüedad en los dos términos de la fracción que definen la TRE yo creo que se tiene que tomar una posición mucho más simple, de acuerdo con la visión ecológica en la que se basa la definición de la TRE. Por el lado de la energía producida, lo lógico es que se tome la energía primaria puesto que es esto lo que entra en el sistema. No tiene sentido preocuparse por cómo se transforman las diversas fuentes de energía cuando igualmente se tiene que analizar la estructura de la sociedad concreta de la que se habla, como dije arriba, y además la eficiencia en la transformación también evoluciona con el tiempo, al igual que la sociedad. Por el lado de la energía consumida, lo lógico es que no se tomen fronteras excesivamente extensas y que el término se ciña a lo propiamente necesario para la producción energética porque el resto de factores no son exclusivos de la producción de energía y ya están teniendo una utilidad o uso social. Por ejemplo, a la hora de realizar el cálculo del coste de extracción del petróleo es razonable contabilizar el coste energético de producir y transportar las vigas de acero que se han usado en la construcción del pozo, pero no el de la carretera donde discurre el camión (que es usada también por el resto de la sociedad) o el salario que se le paga a los obreros (que son parte justamente de esa sociedad). Muchas veces la energía considerada como "disipada" cuando se toman fronteras muy extensas en realidad está siendo usada socialmente para que cierta gente viva su vida y es en realidad un uso social de la energía, no un verdadero coste de producción: es algo que sirve para mantener la sociedad en su conjunto en marcha. Hay que entender que la producción de energía es algo integrado en el metabolismo de la sociedad y que no puede ser disociado de ella, que sus fronteras son bastante difusas. Para que la TRE sea útil para entender tendencias y caracterizar la evolución de la sociedad lo lógico es, ceteris paribus, quedarse con la parte específica de ese negocio concreto (la producción de energía) asumiendo que todo lo demás es igual - recordemos que la TRE es por definición un concepto estático, así que siempre será imperfecta para caracterizar una situación cambiante; como mínimo, que la magnitud calculada sea realmente informativa de los cambios que queremos medir.
  
Pero incluso con la simplificación de factores que acabo de proponer, lo cierto y verdad es que la estimación del valor de la TRE es muy compleja. No siempre se tiene acceso a los valores numéricos de todas las magnitudes requeridas, no siempre hay una verdadera trazabilidad de factores que son muy importantes, y muchas veces se tiene que recurrir a una conversión entre costes monetarios (que, éstos sí, siempre están bien trazados) y costes energéticos que pecará siempre de cierta arbitrariedad (aparte del hecho de ser mucho más variable en el tiempo que otros factores). Eso no quiere decir que el concepto de energía neta y de TRE no sean relevantes, pero conocer su valor preciso es a veces difícil. Por esa razón, sería interesante explorar la conexión entre estas variables difíciles de medir y otras más sencillas de observar para poder deducir el valor de las primeras (una investigación sobre la que hay mucho campo para desarrollar).

Otra complejidad que el mero concepto de la TRE no puede describir es que la sociedad usa diversas fuentes de energía muy diferentes; y no solo es que su aprovechamiento depende del entramado social como ya hemos comentado, sino que además las diferentes fuentes interactúan directamente entre ellas. Por ejemplo, se usa electricidad o grupos electrógenos accionados con diésel para las operaciones en las minas, se usa gas natural para extraer y después mejorar químicamente los petróleos extrapesados, se usan productos derivados del petróleo en la extracción de gas de fracking, en China se usa masivamente el carbón para generar la electricidad con la que después se elaboran las placas fotovoltaicas y así un largo etcétera. Por ello, al tratar de la energía se tiene que considerar como un todo. Además, el mercado de la energía está globalizado, con frecuentes flujos de productos y subproductos yendo y viniendo de los diversos países, así que la energía es algo global. 


A esta dificultad se le añade que cada tipo de energía suele ser más eficaz para ciertos usos y mucho menos para los otros, con lo que no basta con conocer la TRE de cada fuente o del conjunto de todas ellas, sino si se están usando de la manera más apta. Cada fuente (o tipo de energía, según el caso) tiene su nicho: el petróleo destaca en el transporte, la maquinaria pesada autónoma y la industria petroquímica; el gas natural en el calor industrial y los fertilizantes; el carbón, en la producción de electricidad (por desgracia) y en la producción de acero; y la electricidad de diversos orígenes en la industria manufacturera, los sistemas de control y la iluminación. Hay muchos otros usos en los que las fuentes son bastante intercambiables, y en algunos las elecciones mayoritarias no son necesariamente las más eficientes energéticamente pero sí que lo son en términos de facilidad de acceso en el contexto del país que lo usa (el caso de las centrales térmicas de carbón es un buen ejemplo). Sin embargo, hay muchos usos para los cuales el cambio de vector energético lleva a una ineficiencia enorme; por ejemplo, electricidad en maquinaria pesada autónoma o petróleo para producir electricidad. Por motivos de diversa índole, y no siempre energéticos (por ejemplo, por dificultad de acceder a la materia preferida) una sociedad puede aprovechar bastante menos la energía de la que dispone a pesar de tener la misma TRE que otra donde los recursos energéticos sean más apropiados. Y es que los julios o kw·h de las diversas fuentes son iguales solo sobre el papel, la especialización de las fuentes de energía es una dimensión más que tiene que ser considerada para saber si una sociedad es o no viable.

Otra limitación que tiene la definición de TRE aparece cuando se trata de determinar el valor umbral por debajo del cual la sociedad no es viable. Valores de TRE extremadamente bajos (menores que 2, por ejemplo) son prácticamente incompatibles con una sociedad medianamente igualitaria, aunque podrían serlo con sociedades muy jerarquizadas en las que solo unos pocos se beneficiasen de la disponibilidad de fuentes de alta densidad energética o utilidad pero caras de producir, a fuerza de condenar a la masa a no disponer de ella y, peor aún, trabajar esclavizados para garantizar el bienestar de la minoría. Sin embargo, valores intermedios de TRE (digamos alrededor de 5) son probablemente compatibles con sociedades muy diferentes: sociedades igualitarias de gran bienestar social pero menos complejas y con fuerte sentido comunitario, o sociedades fuertemente jerarquizadas con una élite acomodada y una mayoría viviendo en mayor o menor miseria. Lo que todo el mundo acepta es que para valores de TRE por encima de 10 es posible tener sociedades como la nuestra, muy jerarquizadas pero con un nivel de bienestar alto para la masa (al menos la de esta parte del mundo, ya que en realidad nuestro bienestar se basa en la degradación de las condiciones de vida de los países nada igualitarios que nos suministran a bajo precio los recursos que necesitamos). Observen, sin embargo, que TREs elevadas no garantizan ese cierto igualitarismo, solo lo hacen compatible con la existencia de una élite que vive mucho mejor que el resto. Pero siempre podríamos estar peor, y en ese sentido la TRE no tiene un valor predictivo sobre lo social como a veces se le atribuye.

Y ése es el problema esencial que ha habido en muchas discusiones en las que se ha invocado el concepto de TRE: que se ha pecado con demasiada frecuencia de un exceso de reduccionismo a la hora de describir la complejidad de las sociedades humanas. Sin entrar ya en las consideraciones sociales y centrándonos solo en los aspectos meramente materiales, hay otros muchos factores que interactúan con la energía y que no son descritos por la TRE, que son tan o más limitantes que la misma: materiales, agua, alimentos. Los factores materiales suelen ser más bien restrictivos, esto es, nos indican que aquello que es posible energéticamente en realidad no es posible por falta de otros recursos.  Pero están también los factores sociales, como la asignación de recursos, la igualdad social, el sentido de pertenencia o la cohesión social. Estos factores pueden ampliar los límites energéticos, es decir, hacer posible cosas que mirando simplemente el uso de energía no nos parecen posibles. Cuando pensamos en el más que previsible descenso energético de nuestra sociedad, asumimos que va a colapsar porque implícitamente aceptamos que mantendremos exactamente la misma manera de funcionar que hasta ahora, que nos comportaremos mecánicamente, como un coche que continuará avanzado hasta que se le acabe su depósito de gasolina. Sin embargo, cambios en la estructura social y económica permitirían mantener una sociedad estable y no tan diferente de la actual con un consumo mucho menor. Hay un ejemplo que siempre pongo: cuando yo nací (1970) España tenía unos 34 millones de habitantes y ahora tiene unos 46, un incremento poblacional del 35%. Sin embargo, en el mismo período el consumo energético en España se ha multiplicado por 4. La mitad de ese consumo energético es petróleo. Ahora imaginen que en vez de usar los 27 millones de coches que hay en España usáramos solo la cuarta parte (pues la mayoría de los coches suelen llevar solo un ocupante cuando pueden llevar 4 o 5). O que en vez de transportar tantas mercancías desde largas distancias el consumo fuera mayoritariamente de producción local. Y así con un largo etcétera de medidas. Se podrían conseguir reducciones del consumo del 20, 30, 40, 50%... El problema que se generaría es que se venderían menos coches y los obreros de esas fábricas se irían al paro, se vendería menos agua embotellada y sus trabajadores se irían al paro, y así con todo. El problema, por tanto, es social, no técnico: se trata de ocupar a toda esa gente en actividades que no impliquen un consumo desmesurado y creciente de energía y de recursos. Eso no es lo problemático: lo problemático es que nuestro sistema económico y financiero está diseñado para crecer siempre, mientras que desde un punto de vista económico los cambios productivos arriba enunciados supondrían una contracción económica escalofriante. Por tanto, lo que realmente hace falta es la reforma del sistema económico y financiero para que no necesiten el crecimiento. Cosa, por supuesto, harto difícil; pero no es en realidad un problema energético, sino eminentemente social, de organización social. En resumen los condicionantes sociales pueden conseguir ampliar los límites del uso energético y,de nuevo, la TRE no permite predecir el destino de nuestra sociedad - a no ser que nos empeñemos en conducir un coche que se ha quedado sin gasolina

Errores comunes en la aplicación de la TRE:

  • "Fuentes con TRE negativa": Por definición, como la TRE se calcula como la división de dos cantidades positivas la TRE no puede ser negativa. Obviamente, quien dice esto quiere decir es que un recurso que se piensa que es una fuente de energía pero que en realidad es un sumidero, es decir, que produce menos energía que la que se gasta en él. En la definición de la TRE, eso quiere decir que E es menor que C y por tanto la TRE es menor que 1. Así pues, los sumideros energéticos tienen TREs inferiores a 1. Tener una TRE por debajo de 1 invalida a un recurso como fuente de energía, pero aún puede ser útil para otras cosas: es el caso de los vectores energéticos, como la electricidad. Cuando se produce electricidad, se pierde parte de la energía de la que se parte, pero la conversión resulta interesante ya que con la electricidad podemos hacer cosas que posiblemente con la fuente original no podríamos (por ejemplo, al usar diésel en un grupo electrógeno para poder utilizar un ordenador en un lugar remoto). 
  • Hablar de la TRE de materiales o de cualquier otra cosa que no es una fuente de energía: En ocasiones, hay gente que habla de la TRE del grafeno o del litio, o incluso del acero o del cemento. Los materiales pueden tener una utilidad (cosa que a veces se mide en términos de exergía, como hace Alicia Valero en sus trabajos), pero no aportan energía. Por tanto, E=0 y su TRE sería de 0, aunque como digo en estos casos no tiene sentido el concepto. 
  • Asumir valores límite en sentido duro: A veces se dice que no es posible mantener una civilización cuando la TRE cae por debajo de 10, o de 5, y se dice de manera muy categórica. Teniendo en cuenta las incertidumbres en el cálculo de la TRE mencionadas más arriba, y que como vimos la respuesta social cambia completamente como se aprovecha la energía, los valores de 10 o de 5 se tienen que tomar como una referencia, pero nunca como un límite estricto. Que la TRE decaiga es un claro síntoma de dificultades y de crisis, crisis que potencialmente pueden ser muy destructivas, pero no se puede creer que implican un destino inexorable porque no es cierto. 
  • Apilamiento de fuentes: A veces me he encontrado con el curioso argumento de que si tenemos una fuente que tiene una TRE de 2, podemos fácilmente conseguir una fuente con una TRE de 4, simplemente tomando dos copias de la misma fuente y metiendo la salida de la primera fuente como entrada de la segunda; así, la primera multiplica las unidades de energía invertidas por 2, y la segunda las multiplica de nuevo por 2, con lo que la cantidad original ha sido multiplicada por 4. Siguiendo con ese argumento, a fuerza de apilar las fuentes se puede conseguir una TRE tan grande como se quiera. Este tipo de razonamiento viene de pensarse que una fuente de energía es un dispositivo ajeno a la sociedad que la utiliza, en vez de un sistema completamente integrado en la misma, y no darse cuenta que la TRE es una variable de diagnóstico del sistema. Es decir, cuando se explota una fuente de energía se consideran muchísimas variables (tanto condicionantes materiales como sociales) y el valor de TRE es simplemente una medición de una de las muchas dimensiones del problema. Como norma general, las fuentes de energía se tienden a explotar de la manera más efectiva, y si no se les consigue sacar más rendimiento es porque faltan materiales, o la regulación no lo permite, o porque falta espacio, o porque no hay mercado, o mil cosas más. En un yacimiento de petróleo habrá una distancia mínima entre pozo y pozo motivada por cuestiones de seguridad y de operatividad (han de pasar camiones, operarios, los pozos no deberán interferir unos con otros en el subsuelo, etc); la cantidad de agua disponible para la recuperación secundaria será limitada; el oledoducto tendrá una capacidad máxima; el número de camiones que lleguen por día estará limitado; la cantidad de acero que se puede comprar a precio razonable será una dada; la cimentación de los pozos tardará un tiempo en fraguar; las inspecciones de seguridad llevarán un tiempo; a veces habrá roca más dura; a veces los perfiles del subsuelo serán más difíciles de hacer; en ocasiones problemas en la superficie (huelgas, revueltas, accidentes) detendrán las operaciones; y mil circunstancias más que no permiten escalar las operaciones más allá de un límite físicamente razonable. Y algo similar pasa con las fuentes de energía renovable: las presas se hacen donde se puede, igual que los parques eólicos, y la fotovoltaica tiene muchas más restricciones de lo que la gente se piensa. Al final, la clave es que no se pueden apilar sistemas de producción de energía unos detrás de otros por razones que van más allá de la energía. La TRE es simplemente una variable medida, una "temperatura" que tomamos de un sistema ya establecido de acuerdo con sus posibilidades y que nos da un poco de información sobre su estado. 
  • "La TRE es un concepto térmico (o fosilista)": Alguna vez me he encontrado con este curioso argumento, caro a ciertos grupos ecologistas que promueven las instalaciones renovables. Esencialmente, este argumento pretende que no se puede aplicar el concepto de TRE a fuentes de energía renovable porque no son "térmicas" (en el sentido que no es una energía proveniente de la quema de combustibles fósiles o uranio). Sin embargo, el concepto de energía neta se aplica a cualquier fuente de energía, como es lógico (pues lo que se pretende es que la fuente de energía proporcione más energía que la que se consume en su uso) y en el fondo la TRE es solo un número que, con todas las limitaciones discutidas más arriba, expresa la ganancia neta de energía. Las energías renovables tienen características y maneras de funcionar diferentes de las fósiles, y su uso depende, como en el caso de todas las demás fuentes de energía, de la estructura de la sociedad que las utiliza. Tienen su idiosincrasia, ciertamente, como también la tienen las otras. Las limitaciones que tiene la TRE para describirlas, y que hemos descrito más arriba, son las mismas que tiene para describir cualquier otra fuente de energía. Pero, al igual que con las otras, el uso de la TRE nos da información sobre el uso y las tendencias del uso de las energías renovables, exactamente igual que con las otras.

Más allá de la TRE:

Entender la complejidad de los cambios que se están operando en el panorama energético requeriría la introducción de conceptos y métodos de auditoría que den una información más precisa de la situación concreta que se vive en un momento determinado y que permitan un ajuste dinámico a circunstancias cambiantes, como se requiere en la situación actual en que las cosas están cambiando rápido.


Una posible manera de obtener una imagen más fiable de la situación actual de la energía en nuestra sociedad sería incorporando el cálculo del Balance Energético Integral (BEI). De la misma manera que  los productos incorporan un trazador obvio del coste (a través del precio) y que en los últimos años se han introducido sistemas de contabilidad para saber cuánto CO2 se ha emitido en la generación de un determinado producto (dato que a veces se puede ver en la etiqueta del producto que llega al consumidor final), no sería mucho más difícil hacer una contabilidad de la energía (primaria) consumida para la generación de todos los productos. El BEI se define de manera similar a la TRE, pero en vez de considerar toda la vida útil del sistema de producción de energía se tiene en cuenta el consumo y la producción de energía en cada momento, cosa posible si se traza el gasto energético en la producción de todo, desde tuberías de acero hasta el hormigón, pasando por los alimentos y el transporte. Conociendo el gasto energético en cada momento, sería facilícisimo calcular el BEI de pozos concretos, de minas concretas, de instalaciones renovables concretas, y así se tendría un diagnóstico en tiempo real de la rentabilidad energética de cualquier sistema de producción de energía, renovable o no. Con el BEI se podría detectar rápidamente si una instalación está funcionando correctamente o no y tomar medidas correctoras, y nos resultaría más informativo sobre el rumbo que está tomando la sociedad.*******************************


En resumen: hay que tener presente que el descenso del volumen de energía producida vendrá acompañado por un descenso de la energía neta disponible que no siempre será detectable por sí misma. Sin embargo, esta caída de la energía disponible tendrá un alto impacto social porque es la energía disponible la que realmente llega a la actividad económica, y la que proporciona el sustento económico y material de nuestra sociedad. Es por ello que habrá que prestar mucha atención al problema de la energía neta, y saberlo explicar. Ardua tarea.

Salu2.
AMT

viernes, 26 de enero de 2018

La transición renovable en un escenario de declive del petróleo


Queridos lectores,

Éste post y los dos que le siguen estarán dedicados a la divulgación de los resultados de un par de trabajos de investigación que hemos realizado en seno del grupo del Instituto de Ciencias del Mar que trabaja en el proyecto MEDEAS. El primero de estos trabajos, al que dedicaré este post, versa sobre los escenarios de transición renovable en un mundo en el que la energía neta disponible del petróleo se encuentre ya en disminución, mientras que los dos posts siguientes (escritos por mi compañero Antonio García-Olivares) tratarán sobre el crucial problema del transporte en un mundo 100% renovable. Cabe añadir que se puede encontrar un análisis del mismo artículo que comentaré hoy hecho por Jordi Solé y publicado en su blog (en catalán).

El trabajo en cuestión fue publicado online en la revista Renewable Energy y lleva por título "Transiciones renovables y la energía neta de los líquidos del petróleo: un estudio de escenarios". El texto, que se puede encontrar en el enlace anterior, está por supuesto en inglés y tiene esa profusión de datos y complejidad de razonamiento típica de los artículos científicos, así que en lo que sigue intentaré resumirles aquellos aspectos que me parecen que son de interés más general para los lectores de este blog.

El trabajo parte de una idea de Jordi Solé, quien me propuso utilizar una estimación del presumible declive de la energía neta del petróleo al estilo de la que yo muestro en mi serie de posts sobre "El ocaso del petróleo" para ver qué implicaciones tendría sobre el ritmo de crecimiento de los sistemas de energía renovable, como mínimo en términos de compensar esta caída energética. Por desgracia, el curso editorial de este artículo ha sido bastante largo (fue primeramente enviado a otra revista, donde pasó varias revisiones durante más de un año para al final, sorpresivamente, ser rechazado por el editor y no por los revisores) y así los datos que se usan como referencia en este estudio son los de la edición de 2014 del World Energy Outlook de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Por tanto, la referencia sería el cálculo que yo hice en "El Ocaso del Petróleo: Edición de 2014". A diferencia de lo que yo hiciera en aquel post, en el que tomaba valores constantes de rendimiento energético de las diversas fuentes a través de valores constantes de las Tasas de Retorno Energético de las mismas, en el estudio que hoy nos ocupa se consideraron diversos escenarios para el declive energético del petróleo, algunos usando valores de TRE más elevados que los que yo considero en mi post y otros más bajos, de cara a cubrir el máximo espectro razonable de posibilidades. Los tres escenarios de declive energético considerados son:

Escenario 1: TREs constantes (y un poco más elevadas que las que yo tomaba):



Escenario 2: TREs con declive potencial (el más suave de los considerados):



Escenario 3: TREs en caída lineal (la más drástica):


Una diferencia importante de estas gráficas con la última que suelo mostrar en los post sobre el ocaso del petróleo es que no intentamos desmontar los maquillajes contables a los que es propensa la AIE (por ejemplo, dulcificando enormemente la caída de la producción de los campos convencionales en producción). Así pues, damos por ciertos los datos de la AIE y simplemente les aplicamos diversos modelos de energía neta, analizando qué implica eso a nivel de la implementación renovable. Por ese motivo, las conclusiones a la que se van a llegar van a ser más que probablemente demasiado optimistas. En el artículo también comentamos que estos modelos sobre la evolución de la energía neta arrojan resultados similares a los que se obtienen con modelos tipo Hubbert según diversos escenarios de recursos recuperables.

La segunda parte del artículo se dedica a analizar cómo se podría hacer una sustitución de esta energía faltante con medios renovables y a qué ritmo tendría que producir durante los próximos 25 años, que es el período que considera la AIE en el WEO 2014. Consideramos dos casos posibles: la llegada a una economía con necesidades estacionarias de energía, por lo menos por lo que respecta a los actuales usos del petróleo (de tal modo que la suma de la energía proporcionada por el petróleo y la de las renovables es constante en ese período) o bien asumimos que se va a mantener un ritmo vigoroso de crecimiento del consumo energético, del 3% anual (y ése es el ritmo de crecimiento asumido para la suma de energías del petróleo y las renovables). 

En el primer caso (consumo de energía estacionario), nos encontramos con que el ritmo de crecimiento de la implantación renovable sería muy suave para el modelo potencial de caída da la TRE, casi siempre por debajo del 1% anual, y bastante más importante (rondando el 4% anual, pero con variaciones importantes según el momento) para el modelo lineal.



En el segundo caso (crecimiento del consumo de energía del 3% anual) nos lleva a que la implantación renovable debería tener ritmos rápidos de crecimiento anual, superiores al 5% anual en todo el período y para los dos modelos, siendo de más del 7% anual al principio del período.


Por tanto, lo más probable es que necesitemos hacer una implantación renovable bastante rápida y mantenida en el tiempo en cualquier escenario que se quiera razonablemente plantear, y con el agravante que las cifras obtenidas se derivan de unas hipótesis bastante optimistas sobre la evolución de la producción de hidrocarburos líquidos. En el lado positivo, los ritmos actuales de crecimiento de las fuentes renovables son muy similares a los requeridos incluso en el peor caso, y, aunque la dificultad de mantener tales tasas relativas crece con el tiempo, estos números indican que la transición es factible si nos centramos en ello.

Por supuesto, eso no es todo: ¿cuál sería coste energético de toda la infraestructura nueva que se tendría que crear? El artículo ofrece un cálculo muy detallado de todas las infraestructuras necesarias y sus costes en términos energéticos (se considera, incluso, el caso en que se usase carbón y gas para hacer la transición, que se ve que es menos eficiente y eso sin contar con sus posibles picos de producción). De acuerdo con nuestras estimaciones, el coste energético de todas las infraestructuras que tendrían que soportar la transición renovable que se necesitarían en los próximos 25 años es de 160.500 millones de barriles equivalentes a petróleo. Teniendo en cuenta que hoy en día se consumen unos 35.000 millones de barriles al año, esta cantidad es bastante impresionante, ya que representa unos 5 años de la producción total de petróleo actual (asumiendo que ésta fuera energía neta, que encima no es el caso). Expresado en términos diarios, el coste energético de la transición representaría 17,6 millones de barriles diarios durante los próximos 25 años, lo cual es obviamente muchísimo (es aproximadamente el 22% de la energía neta de todos los líquidos del petróleo que se producían en 2015). 

En principio, este coste energético se tendría que añadir al de los propios incrementos anuales que discutíamos antes, dando un total muy abultado y siendo, por tanto, el coste de las infraestructuras el coste mayor de la transición, más que la propia dificultad de ir adaptándose a la caída del petróleo. Este resultado es bastante consistente con lo que ya obtuvimos en el artículo que publicamos en 2012, en el que concluíamos que se necesitaba establecer una economía de guerra durante los próximos 30 años para poder hacer la transición al 100% renovable. Sin embargo, se tiene que destacar que este abultado coste de infraestructuras no significa necesariamente un sobreesfuerzo a la sociedad, por cuanto lo que lleva implícito de reconversión industrial y de sustitución de unos sectores por otros. De la misma manera que hoy en día se invierten cada año billones de dólares para mantener la industria petrolífera en marcha, en vez de invertirse en ese uso se irían progresivamente trasladando a la energía renovable. Así, aunque el esfuerzo de reconversión es muy elevado y sin duda implicará un gran esfuerzo de toda la sociedad, este esfuerzo no es tan grande como daría a entender esa cifra (22% de la energía neta del petróleo de 2015).

La conclusión del trabajo es que la transición requerida es factible aunque puede ser bastante exigente, según el escenario en que desarrolle. También hemos estimado cuánto sube el esfuerzo de la transición si hay retrasos, y concluimos que aunque mayor aún sería razonable si nos esperamos 5 años para implantarla pero que podría empezar a ser prohibitiva si esperamos 10 y sería prácticamente imposible si esperamos 15. Existen, además, multitud de cuestiones que tienen que ser tenidas en cuenta para evitar efectos secundarios no deseados (como la disminución del reciclaje de metales o el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, ambas cosas propiciadas por la carrera hacia el 100% renovable). Por todo ello, si realmente se quiere afrontar correctamente este problema es urgente una discusión política seria, que aborde el problema de manera integral y decidida, en vez de ir simplemente insertando nuevos sistemas renovables sin una buena planificación y esperando que el mercado lo regule; como ya comentamos en su momento y este trabajo viene a confirmar, tal estrategia puede ser completamente desastrosa.

Salu2,
AMT