Después de tantos post tan negativos sobre las alternativas renovables, el post de hoy corre a cargo de un viejo conocido de este blog, Juan Luis Chulilla, quien nos brinda algunas ideas útiles sobre una cuestión clave y poco discutida de la crisis energética: las necesidades logísticas. Les dejo con Juan Luis.
Salu2,
AMT
Amortiguador logístico y local a la crisis energética
(CC-By) Juan Chulilla
Cada vez hay que hacer un esfuerzo de voluntad más férreo, cada vez
hay que ser más disciplinado en el wishful thinking, para
negar el escenario que nos espera en el futuro cercano: la oferta
energética no va a poder satisfacer la totalidad de la demanda.
Antonio lleva más de dos años ilustrándonos con análisis propios
y ajenos distintos aspectos de este cuadro.
Podríamos dejarlo aquí, dado que es tan innegable como
inevitable... si no se matiza. Efectivamente, la oferta energética
no va a poder responder a la demanda energética tal cual es hoy
en día. Como quiera que los homo sapiens somos muy buenos en
hacer de la necesidad virtud, hay espacio para una reflexión
positiva y realista, sin wishful thinking por un lado ni madmaxismos
por otro. No sé vosotros, pero a mí el cuero con tachuelas me
quedan fatal y sé quién saldría de la cúpula del trueno con
aquello de “dos hombres entran, uno sale”: no sería yo.
A lo que voy. La demanda energética es más elástica de lo que
parece, si pagamos distintos precios. Como Antonio nos ha ido
comentando, uno de los precios va a ser el del transporte privado. De
hecho, en colaboraciones anteriores hablé del problema del coche
como símbolo de status, con lo que huelga repetirlo. Sin embargo, el
transporte privado es una parte hasta menor de un problema mucho más
general, de uno de los problemas esenciales de la humanidad de
nuestro tiempo: la logística.
Si tengo que ir al curro en tren en vez de en coche (no es mi caso) y
le tengo que echar 4 horas en vez de una es una faena tremenda, pero
puedo vivir con ello. Si la flota logística mundial transporta menos
productos de primera necesidad, no es una faena: es un peligro mortal
para poblaciones enteras. Las dos maravillas de la logística
industrial y postindustrial es que es eficaz a escalas inimaginables
hace 60 años, o incluso 30, y que es transparente. Y la sostienen la
energía barata, lo que tienen los días contados, y la
digitalización de la cadena, lo que tiene margen para la mejora.
Vaya por delante que las mejoras en la digitalización de la cadena
no pueden compensar la caída de la energía barata, pero sí
aminorar un poco su impacto. Sobre todo, si deja de ser transparente:
nuestro día a día ha provocado que nos resulte invisible el
trasiego de mercancías por nuestros núcleos urbanos, a fuerza de
verlo. Sólo una minoría de la población es consciente de las
enormes distancias que recorren nuestras mercancías, y del
kilometraje excesivo consecuencia de las economías de escala
dependientes de la energía barata. Lo mismo que es más barato
producir en China y transportar en enormes portacontenedores a
Rotterdam, es más barato producir los componentes del ketchup en
gran escala en donde sea más barato de Europa y mezclarlos en UK.
Si la población es consciente de que la cadena logística puede
mejorar, que es necesario que mejore y que una de las mejoras
consiste en eliminar los kilometrajes innecesarios, aumentarán la
presión para reconfigurar las cadenas de producción. Los logos
pueden llegar a ser muy poderosos si adquieren viralidad, con lo que
a lo mejor sería muy útil que, una vez que empezara el movimiento
de limitación logística, los fabricantes que se adhirieran a él
usaran un logo impactante. Algo así
Claro que la disminución de la huella logística de un producto no
acaba ahí. Podemos dar un paso más y apostar por la vuelta del
granel, tanto en envase reciclable como en sobre de papel.
Cuando vayáis a una gran superficie, paraos a observar las
estanterías repletas de productos. Una orgía visual y de colores
envuelve a cada alimento o bebida. Si las bandejas de poliuretano
expandido son obligatorias de facto para envolver carne o
pescado y muy habituales para fruta y hasta verdura, ahora
plastificamos hasta la herramienta más inane para colgarla de su
gancho en el expositor. Cada producto consume no sólo cantidades
nada despreciables respecto a su masa de envoltorio y decoración del
mismo, sino que además ocupa mucho más en el transporte.
Es obvio que no se puede volver de golpe a las compras que hacían
nuestras abuelas, pero algunos pasos son sencillos: desde el envase
retornable en refrescos y bebidas alcohólicas, a rechazar el
embalaje en poliuretano del máximo de productos posibles, para
llegar a una conciencia cívica y social de la falta de necesidad de
tanta fanfarria marketiniana. Y esto no es político o estético,
sino energético: transportar barriles de bebidas, o alimentos a
granel, es más eficiente que empaquetarlos en cómodos packs.
La ciudadanía y su conciencia es imprescindible. Vuelvo a la idea
sencilla, hasta tonta, de un logo que podría convivir con el
caracol. Aquí no lo veo tan obvio, pero quizás un paquete abierto,
o un cucurucho... (perdonad si el arte gráfico no es lo mío).
Y por no extenderme demasiado, una última medida logística, aún
más social que la anterior: volver a la fabricación local
aprovechando el conocimiento distribuido.
Las lamentables condiciones de trabajo en China y otros países en
desarrollo provocan que sea muy barato producir en grandes fábricas
al otro lado del mundo. El fin de la energía barata romperá esa
situación, y la única solución nace del decrecimiento o
downshifting. Pero ese decrecimiento, tan inevitable como deseable,
no tiene por qué ser en bruto, lineal.
Ocurre lo mismo que con la logística: de tan abundante, es
invisible. En este caso, las fábricas se han alejado de las zonas
residenciales, y sólo una minoría pequeña de la población conoce
de primera mano los procesos de fabricación de los bienes. Contando
con que el decrecimiento reducirá la masa de productos fabricados y
por lo tanto la ventaja de la economía de escala, la fabricación
local puede responder muy bien a la nueva situación. No sólo por
reducir la huella logística de productos elaborados - recordemos,
hasta ahora hay que moverlo todo, la materia prima y el producto
elaborado, por medio mundo - sino que con apoyo digital se puede
ajustar mucho más el stockage y el volumen de fabricación a
demandas mucho más precisas. Dell en su día fue un ejemplo de cómo
reducir al mínimo el stockage de componentes aprovechando la cadena
de distribución basada en Internet.
Pero eso es sólo el principio. El problema de la fabricación
industrial convencional es que exige el empleo de máquinas
herramienta enormes, caras y complejas de operar. Aunque no sea el
ejemplo más positivo, el Kalashnikov es “barato” porque hay en
Izhmash y otros lugares líneas de producción kilométricas que
permiten producciones millonarias. Sin embargo, el auge de las
tecnologías digitales ha provocado que la Ley de Moore influya
también en el coste de las máquinas-herramienta asistidas por
ordenador o CNC: cortadoras, prensadoras, rematadoras, etc. Siguiendo
con el ejemplo, el abaratamiento de las CNC permitió que en USA
floreciera una red de pequeñas empresas de armamento basadas
completamente en CNC, lo que les aseguraba tanto unas calidades y
acabados muy estrictos como les permitía que tiradas muy cortas
fueran viables y ajustables a la demanda, en lugar de almacenar
kilómetros de armeros.
La ley de Moore se sigue aplicando a los procesos de fabricación, y
hay margen para la mejora. No sólo eso, Internet ha entrado de lleno
y ha provocado su típico efecto disruptivo: si antes de Internet era
complejo acceder a los conocimientos necesarios para operar máquinas
CNC, hoy hay comunidades de particulares que adquieren máquinas
baratas y/o usadas y las operan adquiriendo y compartiendo
conocimiento.
Como ejemplo de comunidad (amateur, sin pretensiones profesionales,
pero aún así impactante) tenemos thingiverse
(http://www.thingiverse.com).
Os recomiendo un paseo a los que no la conozcáis, porque es un
ejemplo magnífico de lo que puede lograr una comunidad motivada para
la autofabricación.
De hecho, en thingiverse vemos gran cantidad de ejemplos de unos
dispositivos con más publicidad mediática: las impresoras 3D. Estos
aparatos, que lentamente y capa a capa extruden un modelo plástico a
partir de instrucciones del ordenador, bien pueden ser el anticipo de
una revolución que algunos creen cercana, la autofabricación en
casa. Sin embargo, hoy por hoy no solucionan la mayoría de las
necesidades reales de objetos y productos fabriles de primera
necesidad.
Por otra parte, si se distribuyen y abaratan las máquinas CNC, si se
distribuye el conocimiento de operarlas y, como vemos en thingiverse,
modelos digitales para fabricar productos reales, la fabricación
distribuida, plenamente local, podría ser una realidad en
relativamente poco tiempo. Esto tendría el beneficio añadido de dar
empleo a las masas de desempleados habidos y por haber.
En resumen: la conciencia de la
logística moderna, sus problemas y sus soluciones permiten ser
optimistas hasta cierto punto y asumir que, con más decisión que
suerte, el downshifting puede no ser catastrófico