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martes, 24 de enero de 2012

Amortiguador logístico y local a la crisis energética




Queridos lectores,

Después de tantos post tan negativos sobre las alternativas renovables, el post de hoy corre a cargo de un viejo conocido de este blog, Juan Luis Chulilla, quien nos brinda algunas ideas útiles sobre una cuestión clave y poco discutida de la crisis energética: las necesidades logísticas. Les dejo con Juan Luis.

Salu2,
AMT

Amortiguador logístico y local a la crisis energética




(CC-By) Juan Chulilla


Cada vez hay que hacer un esfuerzo de voluntad más férreo, cada vez hay que ser más disciplinado en el wishful thinking, para negar el escenario que nos espera en el futuro cercano: la oferta energética no va a poder satisfacer la totalidad de la demanda. Antonio lleva más de dos años ilustrándonos con análisis propios y ajenos distintos aspectos de este cuadro.



Podríamos dejarlo aquí, dado que es tan innegable como inevitable... si no se matiza. Efectivamente, la oferta energética no va a poder responder a la demanda energética tal cual es hoy en día. Como quiera que los homo sapiens somos muy buenos en hacer de la necesidad virtud, hay espacio para una reflexión positiva y realista, sin wishful thinking por un lado ni madmaxismos por otro. No sé vosotros, pero a mí el cuero con tachuelas me quedan fatal y sé quién saldría de la cúpula del trueno con aquello de “dos hombres entran, uno sale”: no sería yo.



A lo que voy. La demanda energética es más elástica de lo que parece, si pagamos distintos precios. Como Antonio nos ha ido comentando, uno de los precios va a ser el del transporte privado. De hecho, en colaboraciones anteriores hablé del problema del coche como símbolo de status, con lo que huelga repetirlo. Sin embargo, el transporte privado es una parte hasta menor de un problema mucho más general, de uno de los problemas esenciales de la humanidad de nuestro tiempo: la logística.



Si tengo que ir al curro en tren en vez de en coche (no es mi caso) y le tengo que echar 4 horas en vez de una es una faena tremenda, pero puedo vivir con ello. Si la flota logística mundial transporta menos productos de primera necesidad, no es una faena: es un peligro mortal para poblaciones enteras. Las dos maravillas de la logística industrial y postindustrial es que es eficaz a escalas inimaginables hace 60 años, o incluso 30, y que es transparente. Y la sostienen la energía barata, lo que tienen los días contados, y la digitalización de la cadena, lo que tiene margen para la mejora.



Vaya por delante que las mejoras en la digitalización de la cadena no pueden compensar la caída de la energía barata, pero sí aminorar un poco su impacto. Sobre todo, si deja de ser transparente: nuestro día a día ha provocado que nos resulte invisible el trasiego de mercancías por nuestros núcleos urbanos, a fuerza de verlo. Sólo una minoría de la población es consciente de las enormes distancias que recorren nuestras mercancías, y del kilometraje excesivo consecuencia de las economías de escala dependientes de la energía barata. Lo mismo que es más barato producir en China y transportar en enormes portacontenedores a Rotterdam, es más barato producir los componentes del ketchup en gran escala en donde sea más barato de Europa y mezclarlos en UK.



Si la población es consciente de que la cadena logística puede mejorar, que es necesario que mejore y que una de las mejoras consiste en eliminar los kilometrajes innecesarios, aumentarán la presión para reconfigurar las cadenas de producción. Los logos pueden llegar a ser muy poderosos si adquieren viralidad, con lo que a lo mejor sería muy útil que, una vez que empezara el movimiento de limitación logística, los fabricantes que se adhirieran a él usaran un logo impactante. Algo así






Claro que la disminución de la huella logística de un producto no acaba ahí. Podemos dar un paso más y apostar por la vuelta del granel, tanto en envase reciclable como en sobre de papel.



Cuando vayáis a una gran superficie, paraos a observar las estanterías repletas de productos. Una orgía visual y de colores envuelve a cada alimento o bebida. Si las bandejas de poliuretano expandido son obligatorias de facto para envolver carne o pescado y muy habituales para fruta y hasta verdura, ahora plastificamos hasta la herramienta más inane para colgarla de su gancho en el expositor. Cada producto consume no sólo cantidades nada despreciables respecto a su masa de envoltorio y decoración del mismo, sino que además ocupa mucho más en el transporte.



Es obvio que no se puede volver de golpe a las compras que hacían nuestras abuelas, pero algunos pasos son sencillos: desde el envase retornable en refrescos y bebidas alcohólicas, a rechazar el embalaje en poliuretano del máximo de productos posibles, para llegar a una conciencia cívica y social de la falta de necesidad de tanta fanfarria marketiniana. Y esto no es político o estético, sino energético: transportar barriles de bebidas, o alimentos a granel, es más eficiente que empaquetarlos en cómodos packs.



La ciudadanía y su conciencia es imprescindible. Vuelvo a la idea sencilla, hasta tonta, de un logo que podría convivir con el caracol. Aquí no lo veo tan obvio, pero quizás un paquete abierto, o un cucurucho... (perdonad si el arte gráfico no es lo mío).




Y por no extenderme demasiado, una última medida logística, aún más social que la anterior: volver a la fabricación local aprovechando el conocimiento distribuido.



Las lamentables condiciones de trabajo en China y otros países en desarrollo provocan que sea muy barato producir en grandes fábricas al otro lado del mundo. El fin de la energía barata romperá esa situación, y la única solución nace del decrecimiento o downshifting. Pero ese decrecimiento, tan inevitable como deseable, no tiene por qué ser en bruto, lineal.



Ocurre lo mismo que con la logística: de tan abundante, es invisible. En este caso, las fábricas se han alejado de las zonas residenciales, y sólo una minoría pequeña de la población conoce de primera mano los procesos de fabricación de los bienes. Contando con que el decrecimiento reducirá la masa de productos fabricados y por lo tanto la ventaja de la economía de escala, la fabricación local puede responder muy bien a la nueva situación. No sólo por reducir la huella logística de productos elaborados - recordemos, hasta ahora hay que moverlo todo, la materia prima y el producto elaborado, por medio mundo - sino que con apoyo digital se puede ajustar mucho más el stockage y el volumen de fabricación a demandas mucho más precisas. Dell en su día fue un ejemplo de cómo reducir al mínimo el stockage de componentes aprovechando la cadena de distribución basada en Internet.



Pero eso es sólo el principio. El problema de la fabricación industrial convencional es que exige el empleo de máquinas herramienta enormes, caras y complejas de operar. Aunque no sea el ejemplo más positivo, el Kalashnikov es “barato” porque hay en Izhmash y otros lugares líneas de producción kilométricas que permiten producciones millonarias. Sin embargo, el auge de las tecnologías digitales ha provocado que la Ley de Moore influya también en el coste de las máquinas-herramienta asistidas por ordenador o CNC: cortadoras, prensadoras, rematadoras, etc. Siguiendo con el ejemplo, el abaratamiento de las CNC permitió que en USA floreciera una red de pequeñas empresas de armamento basadas completamente en CNC, lo que les aseguraba tanto unas calidades y acabados muy estrictos como les permitía que tiradas muy cortas fueran viables y ajustables a la demanda, en lugar de almacenar kilómetros de armeros.



La ley de Moore se sigue aplicando a los procesos de fabricación, y hay margen para la mejora. No sólo eso, Internet ha entrado de lleno y ha provocado su típico efecto disruptivo: si antes de Internet era complejo acceder a los conocimientos necesarios para operar máquinas CNC, hoy hay comunidades de particulares que adquieren máquinas baratas y/o usadas y las operan adquiriendo y compartiendo conocimiento.



Como ejemplo de comunidad (amateur, sin pretensiones profesionales, pero aún así impactante) tenemos thingiverse (http://www.thingiverse.com). Os recomiendo un paseo a los que no la conozcáis, porque es un ejemplo magnífico de lo que puede lograr una comunidad motivada para la autofabricación.



De hecho, en thingiverse vemos gran cantidad de ejemplos de unos dispositivos con más publicidad mediática: las impresoras 3D. Estos aparatos, que lentamente y capa a capa extruden un modelo plástico a partir de instrucciones del ordenador, bien pueden ser el anticipo de una revolución que algunos creen cercana, la autofabricación en casa. Sin embargo, hoy por hoy no solucionan la mayoría de las necesidades reales de objetos y productos fabriles de primera necesidad.



Por otra parte, si se distribuyen y abaratan las máquinas CNC, si se distribuye el conocimiento de operarlas y, como vemos en thingiverse, modelos digitales para fabricar productos reales, la fabricación distribuida, plenamente local, podría ser una realidad en relativamente poco tiempo. Esto tendría el beneficio añadido de dar empleo a las masas de desempleados habidos y por haber.



En resumen: la conciencia de la logística moderna, sus problemas y sus soluciones permiten ser optimistas hasta cierto punto y asumir que, con más decisión que suerte, el downshifting puede no ser catastrófico