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viernes, 6 de marzo de 2026

El hundimiento

La segunda temporada de Juego de Trumps está llena de sobresaltos.


Queridos lectores:

Llevamos ya una semana de guerra en el Golfo Pérsico. Sin duda, Israel y EE.UU. pensaron que si golpeaban de manera certera a Irán, dada su inestabilidad interna, el régimen de los ayatolás caería como fruta madura gracias a una reacción del pueblo iraní que los depondría inmediatamente. Confiaban, seguramente, en una capitulación completa a la venezolana, en la que los EE.UU. en la práctica se han apropiado de todos los recursos petroleros (sin que, por cierto, haya habido un cambio real del régimen político). Lo que increíblemente no se esperaban es la resistencia de la estructura política iraní, quizá porque interpretaban erróneamente que era completamente subsidiaria del liderazgo de Alí Jamenei y que, muerto éste, habría tal vacío de poder que el cambio sería inevitable. 

Pero, bien al contrario, el régimen iraní se ha atrincherado y ha contestado con rapidez y mucha contundencia, bombardeando bases militares americanas, refinerías y oleoductos por todos los países del Golfo que están prestando su apoyo tácito o explícito a la coalición agresora, y al mismo tiempo cerrando en la práctica el paso del Estrecho de Ormuz. Irán ha golpeado fuerte, ha golpeado rápido y ha golpeado masivamente. El gobierno iraní sabe que su supervivencia depende de crear un estado de postración económica tal a escala mundial que los EE.UU. se vean obligados a parar por presiones internas y externas.

Y así llegamos al momento presente. Donald Trump tiene muy difícil echarse atrás, porque no podría salvar la cara delante de su pueblo y de los intereses económicos a los que representa. Por su parte, los dirigentes de Israel están completamente alucinados y no contemplan ninguna otra posibilidad que la rendición de su enemigo más importante en la región. En cuanto al gobierno iraní su única salida es seguir golpeando, haciendo daño hasta que Israel y EE.UU. cedan. 

Pero, pase lo que pase, nadie va a salir indemne de ésta. Ni estos tres países, ni el resto del mundo en su conjunto. La situación es tan mala ya que lo menos que podemos esperar es una fuerte recesión económica y unos años de mucho sufrimiento. Aunque en realidad lo más probable es que ya nunca salgamos del proceso de descenso que seguramente ya estamos iniciando.

Por el lado de los EE.UU., las ínfulas belicistas de Trump tienen, seguramente, diversos orígenes, desde lo ideológico hasta lo religioso pasando por ese extraño ascendente que tiene Israel sobre la política norteamericana. Pero, al margen de todas esas motivaciones, hay una que también es muy clara: EE.UU. necesita petróleo y lo necesita ya.

Durante los últimos 16 años EE.UU. ha vivido la revolución del fracking, que les ha permitido pasar uno unos lánguidos 5 millones de barriles diarios (Mb/d) que producían en 2010 a los actuales más de 13 Mb/d (4 Mb/d convencional más 9 Mb/d de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking), lo que le sitúan como el mayor productor del mundo con prácticamente el 13% de la producción (se producen en el mundo 103 Mb/d de todo tipo de líquidos asimilados a petróleo, aunque esto también daría para hablar mucho, ya que hay unos 20 Mb/d de líquidos del gas natural que mayoritariamente no sirven para hacer combustibles, solo plásticos, y se contabilizan igualmente aquí). Sin embargo, los días del fracking de los EE.UU. están contados: los pozos de fracking generalmente llegan al 80% de toda su producción en los dos primeros años, y habitualmente no se explotan más allá de cinco años. En sus últimas actualizaciones, el Departamento de Energía de los EE.UU. apunta por primera vez desde que empezó el fracking a que el máximo de producción de petróleo de los EE.UU posiblemente ya pasó, en octubre de 2025, y que en los próximos años viviremos un proceso de declive que aún contemplan como gradual, aunque todo apunta a que será bastante más rápido.

 

Imagen de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/us-december-oil-production-drops-2/

EE.UU. necesita desesperadamente petróleo. Su hegemonía de los últimos años se ha basado en el fracking, y si éste empieza a fallar necesitan pasar a controlar los recursos disponibles en el mundo. Están yendo, por supuesto, por los más grandes que aún no controlaban: primero Venezuela (aunque es dudoso que su petróleo extrapesado sea económicamente rentable) y ahora Irán. Realmente, la torpeza y apresuramiento americano, que asalta sin verdadera planificación (como está siendo evidente en el caso iraní) responde a esta urgencia vital. 

La situación no es nada buena para el gobierno de Donald Trump. Con una popularidad en caída por los excesos de la policía de inmigración y por haber traicionado el principio MAGA de centrarse en los problemas internos y no meterse en guerras extranjeras, con su sistema de aranceles puesto en cuestión y con las elecciones de noviembre en el horizonte, Donald Trump tenía la necesidad de anotarse algún que otro éxito clamoroso. La escalada de precios del petróleo y las pésimas perspectivas económicas fruto de esta guerra, combinado con el coste exorbitante de la campaña militar, solo le ponen las cosas más difíciles.

Tampoco pinta demasiado bien para el gobierno de Benjamin Netanyahu. Para el actual gobierno de Israel, la desaparición de su mayor enemigo en la región se ha convertido en cuestión existencial, una auténtica obsesión, hasta el punto de que han perdido completamente la perspectiva de su capacidad real y sobre todo de su vulnerabilidad. Los sistemas de intercepción israelíes, bien nutridos de misiles interceptores americanos, se muestran impotentes para evitar el goteo de bombardeos iraníes que ya no se limitan a objetivos militares, sino que alcanzan también a la población civil, particularmente en Tel Aviv. Irán apuesta por enviar enormes cantidades de misiles y de drones, muy baratos, mientras que los interceptores son incomparablemente más caros; y aunque Israel intercepte el 80 o incluso el 90% de los proyectiles, el 10% que llega a su objetivo está causando mucho daño. Israel sufre, y Netanyahu, muy contestado por su gestión en general, sale muy perjudicado de una guerra en la que ilusamente creyó marcarse un tanto.

El gobierno iraní también está en una situación muy precaria. El asesinato de su líder supremo y una buena parte de la cúpula política le ha obligado a rehacerse en tiempo breve, pero ése no es el mayor de sus problemas. El descontento de la población iraní es muy importante desde hace ya varios años, tras 50 años de un régimen autoritario y muy represivo. Las protestas de enero, sangrientamente reprimidas, ejemplificaron la importancia de la contestación interior. Con 90 millones de personas y una población muy joven, Irán necesita mejoras muy importantes a nivel social, aunque está claro que no será precisamente EE.UU. quien se las va a proporcionar. Para terminar de complicar la situación, Irán sufre una grave crisis hídrica que llevó hace pocos meses a plantear la necesidad de evacuar Teherán, con toda la inestabilidad social que eso implica. Crisis hídrica que por cierto también es bastante grave en la vecina Irak. Al mismo tiempo, su vecina Afganistán está ahora mismo en guerra con Pakistán por la disputa de los recursos hídricos de un río compartido. Toda la región está en una situación precaria.

Queda claro que ni EE.UU. ni Israel ni Irán parten de una buena situación. Pero ninguno de los tres puede echarse atrás en el escenario actual. Los tres necesitan desesperadamente una victoria en esta guerra. Y la desesperación es la peor de las consejeras, porque lleva a asumir riesgos excesivos que pueden materializarse en auténticas catástrofes.

El cierre del Estrecho de Ormuz pone al mundo de rodillas. Por ejemplo, por Ormuz pasan 20 Mb/d, el 20% del petróleo que se consume en el mundo. Pero si lo miramos desde la perspectiva del petróleo disponible para comerciar (descontando ese 50% que consumen los propios países productores), resulta que lo que pasa por Ormuz es el 40% de las exportaciones mundiales de petróleo, lo cual es gravísimo para países importadores como es España. Y poco importa que en la actualidad España importe poco petróleo de la región: el mercado del petróleo es muy fungible y los contratos se rescinden o el petróleo se encarece por la mayor demanda. Nadie está cubierto en esta crisis. Mientras esto escribo, el precio del barril de Brent ya ha llegado a los 90$, que es el umbral de dolor para la economía europea. Si esta situación se prolonga e incluso agrava durante las próximas semanas, será inevitable que se produzca una grave recesión económica.

El otro foco de atención está en el gas natural. Por Ormuz pasa el 20% de todo el Gas Natural Licuado (GNL) que se exporta en el mundo, y éste no tiene la opción de pasar por ductos internos (por cierto que de poco van a servir tampoco para el petróleo, en vista de que Irán también los está bombardeando). Europa depende en un 14% de este gas natural. El gas natural se usa en todo tipo de industria, y es fundamental para mantener la estabilidad de la red eléctrica. Europa, además, llega al final del invierno con las reservas de gas natural en mínimos, y encima con unas reservas hídricas también en mínimos después de un invierno relativamente seco - no es el caso de España, al que las fuertes tormentas al menos le han servido para llenar pantanos. Sin gas y sin hidroelectricidad, Europa se enfrenta al riesgo cierto de apagones, que incluso se podrían producir en cascada. De momento, el precio de la electricidad se ha disparado en Europa a la par que el precio del gas - en España, gracias a la bonanza hidroeléctrica, el precio está más contenido.

Pero es que por el Estrecho de Ormuz circulan muchos otros materiales críticos para el comercio y la industria mundial. Se destaca por su gran importancia el amonio y la urea, base de los fertilizantes, justo cuando está a punto de empezar la estación del crecimiento de los cultivos; y también el ácido sulfúrico, que se usa en infinidad de procesos industriales. Pero obviamente hay muchas más derivadas e interacciones que hacen muy difícil vislumbrar el alcance de todo lo que pasa. Por ejemplo, el petróleo del Golfo es fundamental para garantizar la producción mundial de diésel, ya que es el más apropiado a este fin.

Lo que suceda a continuación va a depender crucialmente de lo que se alargue el actual impasse. Unos pocos días más de bloqueo en Ormuz pueden acabar de provocar un pánico en las bolsas y desencadenar una recesión muy profunda. Teniendo en cuenta las enormes burbujas financieras de las que lleva tiempo alertando Quark (la de la deuda, la de la inteligencia artificial y la de los productos derivados sobre metales preciosos), esta recesión puede provocar el estallido final de estas burbujas y una debacle económica como posiblemente el mundo no haya visto jamás, una de la que ya jamás nos podremos recuperar completamente porque acelerará el declive del petróleo y de otras materias primas al parar la industria clave para su extracción. Hace unas horas, el fondo de inversión Blackrock decidió limitar la cantidad de dinero que permite retirar de uno de sus fondos de deuda, al observar un gran volumen de retiradas - una intervención que yo diría que raya lo fraudulento, y que puede provocar un aumento de la desconfianza. La sesión de la bolsa del próximo lunes promete ser muy movida.

Tengo claro que el gran capital y los estados va a poner en marcha todos los mecanismos a su alcance para intentar evitar la debacle; por ejemplo, EE.UU. ha anunciado un fondo de reaseguros por valor de 20.000 millones de dólares para los barcos estadounidenses, después de que hace unos días las 7 mayores aseguradoras decidiesen retirar sus seguros a los buques que operan en la zona por el riesgo de guerra (por cierto, si tienen media hora y paciencia suficiente, lean ese último enlace, merece mucho la pena, y entenderán por qué el daño que se ha hecho es mucho mayor de lo que parece). Durante este tenso fin de semana habrá seguramente muchos más anuncios y movimientos, para intentar evitar un lunes negro en las bolsas. Ahora mismo, el único punto clave es saber cuánto va a durar este bloqueo, y si es total o parcial. Lo que sí que parece claro es que si la cosa se alarga más allá de unos días, vamos a una recesión económica que puede transportarnos al declive terminal. Donald Trump tendrá el mérito de haber adelantado 5-10 años el proceso de declive de nuestra sociedad.

Esto va en serio. La situación pinta mal, muy mal. Crucen los dedos pero, por si acaso, vayan tomando sus precauciones. Sigamos la evolución de los acontecimientos y esperemos. 

Salu2.

AMT 

miércoles, 13 de agosto de 2025

El fin de la observación de la Tierra desde el espacio


 

Queridos lectores:

Como muchos de Vds. ya saben, una buena parte de mi trabajo de investigación se centra en la observación de los océanos con satélites artificiales. Desde hace 18 años he trabajado intensamente en la misión SMOS de la Agencia Espacial Europea (conocida como ESA por sus siglas en inglés). El profesor Jordi Font, mi jefe cuando yo llegué al Instituto de Ciencias del Mar, y una gran persona y científico, fue el co-líder de esta misión satelital de observación de la Tierra, y unos años antes de jubilarse me cedió a mi la dirección del grupo de investigación de salinidad por satélite del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, en Barcelona, donde trabajo. Aparte de con SMOS, he trabajado con datos provenientes de una docena de otras misiones, especializadas en medir la temperatura de la superficie del mar, el color del océano o las corrientes superficiales, entre otras variables. Y de vez en cuando he usado datos de otras misiones de observación de la Tierra, más allá del océano, en el contexto de muchas colaboraciones nacionales e internacionales.

Por este motivo, estoy bastante al corriente de los cambios que se están produciendo en los últimos años en referencia a la observación de la Tierra por satélite. Y particularmente de un proceso al que yo denomino "finalización tecnológica". No es un evento abrupto, no es un cambio radical de la noche al día, pero sí una sucesión de eventos, espaciados en el tiempo aunque con algunos momentos destacados, y que tienen en común que definen el lento camino a través del cual una tecnología va siendo abandonada. Creo sinceramente que éste es el caso del ámbito tecnológico sobre el cual trabajo. Y también creo que estamos en un momento de aceleración de ese abandono tecnológico, motivado por los cambios evidentes y no tan evidentes que se están dando en la escena geopolítica mundial.

En julio de este año se ordenó la finalización del Programa de Satélites Meteorológicos de la Defensa (DMSP). Se trata de un conjunto de satélites del Departamento de Defensa de los EE.UU. que se utilizan para mejorar las predicciones numéricas de los modelos meteorológicos, y particularmente la previsión de los huracanes, por parte de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), la agencia estatal norteamericana que se encarga de la previsión meteorológica, oceánica y climática. En su momento se alegó que el impacto de la finalización del DMSP iba a ser menor, teniendo en cuenta que la decisión de acabar con el programa se tomó ya en 2015, que los satélites a desactivar ya han pasado con largueza su vida útil y que en realidad se procederá a una sustitución por otros satélites más modernos.

Sin embargo, otros movimientos en paralelo indican que la situación dista de ser tan brillante. La NOAA tomó hace meses la decisión de postponer el mantenimiento de los satélites del Sistema Conjunto de Satélites Polares (JPSS), que es uno de los sistemas que se supone que tiene que sustituir al DMSP. Al mismo tiempo, ya se han ordenado reducciones de personal y reestructuraciones en la propia NOAA, y se anticipa que cuando en octubre se apruebe el nuevo presupuesto federal los despidos van a ser masivos. Muchos investigadores de ésta y otras instituciones han empezado a sondear la posibilidad de irse a Europa (algunos incluso a España).

Particularmente grave es el decomisionado de los satélites Terra, Aqua y los satélites NOAA-15, NOAA-18 y NOAA-19. Con ellos, EE.UU. se queda sin sensores AVHRR (quedarán todavía los embarcados en los Metop europeos), acabándose así la serie más larga de datos de temperatura de la superficie del planeta. Más grave aún, se queda sin sensores CERES, poniendo en peligro la continuidad de una serie ahora mismo crucial para estudiar el desbalance radiativo del planeta (el cual se ha incrementado alarmantemente en los últimos años; es esa gráfica que suelo comentar en mis últimas presentaciones que es la más importante que van a ver este año).

Gráfico generado por Leon Simons a partir de los datos del programa CERES.

 

De nuevo, el argumento es el de que estos sistemas (todos ellos con muchos años a sus espaldas) van a ser sustituidos por otros más modernos. Sin embargo, a día de hoy esas sustitución no está tan clara, ya que los nuevos sensores no permiten medir las mismas variables que los antiguos, y algunas series quedarán sin duda interrumpidas. Una situación que no me resulta en absoluto ajena de manera más directa y personal, saltando ahora a Europa: llevamos años intentando garantizar la continuidad de las observaciones en radiometría de la banda L de los microondas (que es la que usa SMOS para medir la salinidad de la superficie marina), y como mucho conseguiremos observaciones de menor resolución espacial y temporal gracias al satélite CIMR (y eso si su lanzamiento llega a tiempo de impedir que haya un agujero de datos en la serie).

Pero hay dos eventos recientes en los EE.UU. que certifican que entramos en un momento radicalmente nuevo, que va más allá de la simple decadencia por falta de fondos. Por un lado, la administración Trump ha decidido que a final de año se eliminarán los satélites OCO que miden los niveles de CO2 atmosféricos. En este caso, no se trata de satélites viejos, e inclusive se cuestiona la legalidad de la medida, pero la orden es clara: se debe forzar la reentrada de los satélites, lo cual comportará su destrucción. Si la orden finalmente se ejecuta, el daño estará hecho, pues reemplazar estos satélites requeriría años. La intencionalidad política es clara: hay que dejar de medir el CO2, y particularmente indagar sobre dónde se está emitiendo más. Si no se observa, no hay responsabilidades exigibles a los que más contaminan.

Por el otro, hace unos días el Departamento de Energía norteamericano publicó un informe sobre los impactos en el clima de las emisiones de CO2 de los EE.UU. Las conclusiones son desoladoras por lo grotescas: de acuerdo con este informe, el impacto del CO2 es muy pequeño y el de  las emisiones de los EE.UU. en particular es indetectable.

Resulta por tanto obvio que en los EE.UU., por la vía de hecho, se va a dejar de investigar en Cambio Climático, y para asegurarse de que así sea se van a ir no solo reduciendo fondos, sino eliminando sistemas de medidas e incluso series de datos actualmente disponibles, mientras que se fabrica un discurso aberrante exculpatorio. Nada sorprendente con un presidente negacionista, aunque el nivel de osadía supera todas las expectativas.

Y, mientras tanto, ¿qué está pasando en esta orilla del Atlántico? 

Pues no tenemos todavía plena confirmación, pero aquí las perspectivas tampoco son muy brillantes, en nuestro caso por otro motivo: los planes de rearmamento para la preparación de las nuevas guerras coloniales. Por lo poco que mis colegas y yo hemos podido llegar a saber, el nuevo programa de la ESA "Resiliencia desde el Espacio", centrado en la seguridad, va a ser la gran apuesta en la próxima reunión ministerial de noviembre, y probablemente la aportación económica de los países va a reducirse en otros programas considerados menos críticos, como es el de Observación de la Tierra (irónico en un momento en que los problemas ambientales son cada vez mayores, como estamos viendo estos días de salvajes incendios en España). A nivel de la Unión Europea las cosas no están tan definidas, pero parece avanzarse sobre la misma dirección y concepto de "resiliencia". Pero donde soplan vientos más fríos aún es en el ámbito español: no tenemos ningún comunicado oficial, pero después de ver los resultados de la última convocatoria de proyectos del Plan Nacional y por los mensajes que nos llegan de diversas personas vinculadas a su evaluación, en los próximos años se va a poner el acento en que la investigación que realicemos tenga un carácter "dual". Eso quiere decir que se va a favorecer el trabajo sobre tecnología y aplicaciones que tengan carácter tanto civil como militar. La clave: poder justificar parte de la inversión en ciencia como respuesta a ese 2,1% del PIB que el presidente Pedro Sánchez se ha comprometido a gastar en fines de defensa y armamento. Como pueden imaginar, esto ha causado gran inquietud en mi comunidad, y es un asunto de discusión muy activa en este momento. ¿Qué debemos hacer? ¿Bajar la cabeza y empezar a buscar aplicaciones de nuestro conocimiento para el arte de matar personas? ¿O bien rebelarse y negarse a ello, aceptando que tendremos que despedir a la gente joven - y no tan joven - ya que nuestros fondos se reducirán drásticamente?

Irónicamente, a nivel de acceso a las observaciones, el gran empuje en observación de la Tierra de China, que siempre fue muy reacia a compartir sus datos, podría ayudarnos a mantener las líneas de trabajo y desarrollo actuales. Pero seguiremos teniendo problema de acceso a financiación, a no ser que o bien encontremos un nicho de investigación razonable o bien aceptemos trabajar para los militares. 

Epílogo personal: Hace un par de años yo cedí la dirección del grupo de salinidad a mi compañera, la doctora Estrella Olmedo, a pesar de que aún me queda más de una década para jubilarme, porque creo que ella se lo ha merecido con su trabajo intenso todos estos años y porque es importante dar oportunidades a la gente que aún tiene que desarrollar su carrera, y así yo podría dedicarme en la recta final de mi propia carrera a trabajar en multitud de temas que tengo abiertos y que me gustaría investigar, aunque siempre estando presente para ayudar en cuanto fuera menester. Yo era consciente del fardo que cargaba sobre sus capaces espaldas (nada es gratis en este mundo), pero lo que realmente no me imaginé es que ella (junto con mis otras compañeras senior con las que trabajamos) se vería abocada a tomar decisiones muy duras. Tampoco puedo decir que lo que está pasando sea algo realmente sorprendente, teniendo en cuenta la temática de este blog y de mi divulgación. Como decía al principio, estamos empezando el proceso de finalización tecnológica: nuestra sociedad hipercomplejificada no puede sufragar el coste de mantener activas todas las tecnologías que ha desarrollado, y, con el paso del tiempo, irá abandonando aquéllas que le den menor retorno o cuyo sacrificio le suponga menor coste. Era un proceso previsible, como también era bastante previsible que particularmente las tecnologías espaciales, y más en concreto las relacionadas con la observación de la Tierra para fines civiles, serían de las primeras cosas en caer, en llegar a su finalización tecnológica. Por supuesto estamos hablando de un proceso, no de un evento puntual, y así seguirá habiendo observación de la Tierra por satélite durante décadas, aunque cada vez será menor y más marginal. Queda ver si como sociedad somos capaces de encarar no ya éste sino tantos otros retos como tenemos pendientes y podemos revertir la tendencia. Solo el tiempo lo dirá. 

Entre tanto, en el aquí y el ahora de los grupos de investigación que nos vemos afectados, y en el concreto caso del mío, tendremos que pensar cómo vamos capeando estas turbulentas aguas, mientras seguimos la curva de descenso inevitable de la civilización industrial. Ideas no nos faltan, talento - sobre todo el de mis compañeras - tampoco. Solo necesitamos oportunidad.

Salu2.

AMT  

miércoles, 25 de abril de 2018

En transición hacia un período de precios altos del petróleo (dos)

Queridos lectores,

Recientemente, JotaEleEne me envió una revisión de su post del mismo título que el actual, aparecido en estas páginas hace menos de dos años. Como llevo unos días preparando un post largo sobre las actuales tendencias en la producción de petróleo que aún no he acabado, me ha parecido oportuno publicar el del JotaEleEne como introducción, y estoy seguro que será de su mayor interés. Les dejo con JotaEleEne.
Salu2,
AMT


En transición hacia un período de precios altos del petróleo (dos)
Ha pasado un año y siete meses desde que escribí el post En transición hacia un período de precios altos del petróleo. Ya entonces en el trabajo se consideraba que más de la mitad de la producción mundial de petróleo no podía soportar precios tan bajos.
También se decía que lo más lógico es que los precios se recuperasen hasta por encima de los 100 dólares el barril, como se mantuvieron desde el 2011 hasta el 2014, ya que fue un precio que facilitó la expansión de los petróleos no convencionales y que además convenía a la mayoría de productores de petróleo. Sin embargo también se decía que era posible que los precios tardasen un tiempo en recuperarse, lo cual se está cumpliendo. Y tardan en recuperarse porque no hay voluntad en todos los productores de recuperar precios, y también porque la capacidad de endeudamiento de algunos países productores y de  empresas energéticas es grande.
Escribo ahora este post porque considero que hay algunas razones para creer que a lo largo de este año se puede volver a precios próximos o superiores a los 100 dólares el barril.
Ante todo veamos la situación de la producción y el precio.
Gráfica 1: Producción, demanda y precio del petróleo. Datos de OMR.
 
Una vez terminada la sobreproducción de petróleo que provocó la caída del precio del petróleo y que se refleja en la gráfica en los años 2014, 2015 y mitad del 2016, había esperanzas de que el precio volvería a subir por encima de los 100 $/barril. Sin embargo la incapacidad de la OPEP para llegar a un acuerdo para estancar la producción y el aumento de la producción de EE.UU. con el fracking está retrasando el aumento esperado. Se puede ver en la gráfica como el precio del petróleo lleva una progresión de subida muy lenta, aunque ya en el año pasado se afianzó el precio sobre los 50 dólares por barril, un precio bastante más lógico que el pozo de los 34 dólares en el que cayó en el primer trimestre del 2016.
¿Qué razones hay para pensar que pueda continuar la progresión de subida del precio al final de la gráfica?.
Ante todo y quitando a los EE.UU., los demás grandes productores han conseguido salvar sus diferencias y tienen estancado el aumento de producción.
Estas son las gráficas:
 
Gráfica 2: Producción de petróleo OPEP. Datos de OMR
Gráfica 3: Producción de petróleo Rusia. Datos de OMR

Gráfica 4. Producción de petróleo de Canadá. Datos de OMR
Gráfica 5: Producción de petróleo de China. Datos de OMR

Gráfica 6: Producción mundial de petróleo. Datos de OMR

En realidad el crecimiento de la producción de Canadá ya estaba afectado por los bajos precios desde finales del 2014, señal inequívoca de que los precios bajos también afectan a las arenas asfálticas de Canadá.
También China parece estar afectada por los bajos precios del petróleo, aunque si tenemos en cuenta que el crecimiento de la producción en China en estas últimas décadas había sido muy estable y que se está compensando este declive con importaciones, podría ser que la producción de China se encuentra entrando en una meseta por la  llegada a su cenit de producción. Algo que sin duda tardaremos algunos años en verificar.
Como se puede ver, el resto de los mayores productores de petróleo salvo EEU.U tienen detenido el aumento de la producción, lo cual ha hecho que la producción mundial entre en una pequeña meseta al final (gráfica 6).
Veamos cual es la situación de los EEUU:
 
Gráfica 7: Producción de petróleo de EE.UU. Datos de OMR
 
Vemos que la producción de EE.UU. después de una fortísima subida desde el 2008 (no representada en la gráfica), con la bajada del precio del petróleo tuvo un cenit de producción en abril de 2015, después del cual bajó levemente la producción hasta que nuevamente tuvo un ciclo alcista en septiembre del 2016, poco después de empezar otra vez a subir el precio del petróleo (gráfica 1). Esto nos indica que la producción de EE.UU., mayormente el fraking, también quedó afectada por los bajos precios del petróleo.
Si actualmente quitamos la producción de EEUU de la producción mundial, desde agosto del año pasado la producción mundial estaría disminuyendo, lo que quiere decir que desde que los grandes productores han estabilizado el crecimiento de la producción, el fracking es el único capaz de responder al crecimiento de la producción mundial; situación a tener en cuenta, ya que la demanda siempre tiende a crecer (gráfica 1). La demanda suele subir en los tres trimestres finales de cada año y suele bajar en el primero, esto es algo que se puede observar también en la gráfica 1.
Si como hasta el final del año es previsible que suba la demanda. ¿Será capaz el fracking de compensar él solo el crecimiento de la demanda mundial? ¿Se conformará con este precio o necesitará de precios más altos?.
A continuación una gráfica con la producción de las tres cuencas más importantes del fracking con el precio del petróleo superpuesto.
 
Gráfica 8: Producción de las tres cuencas más importantes del fracking y precio. Datos EIA.

Se puede observar como la bajada del precio del petróleo afectó a las cuencas de Bakken y Eagle Ford; sin embargo, Permian en principio moderó su crecimiento para posteriormente continuar creciendo. Según la evolución de la gráfica, a Permian no le afecta gran cosa la disminución del precio del petróleo.
¿Qué es lo que hace que el precio del petróleo no afecte a Permian?.
En principio hay varias características que favorecen la mayor rentabilidad de Permian:
  • Su geología está compuesta de varias zonas apiladas que pueden ser aprovechadas por una sola perforación.
  • Dispone de refinación local y de oleoductos existentes. Si nos fijamos en la gráfica el fracking en Permian empieza a crecer encima de una buena base de petróleo convencional que ya se estaba extrayendo.
  • Dispone de varias zonas donde se puede extraer petróleo de pozos verticales menos costosos de desarrollar y de más duración.
  • Se aplican con éxito nuevas técnicas de recuperación e innovaciones tecnológicas como perforaciones horizontales más largas.
  • Reducción del costo de servicio.
  • Se extrae el petróleo más rentable y de fácil extracción, dejando el resto para cuando suba el precio del petróleo.
Aunque algunas de estas características son también usadas en otras cuencas, es la combinación de todas lo que hace tan rentable la extracción de petróleo en Permian. Desde el punto de vista del rápido crecimiento que permite esta zona, pienso que la característica más decisiva de todas es la obtención de solo el petróleo más rentable; que sin duda se puede permitir esta zona más fácilmente gracias a las características geológicas de la zona y al rápido acceso a infraestructuras de distribución.
Teniendo en cuenta todo esto vamos a hacer unos escenarios de cómo puede evolucionar el precio del petróleo a corto plazo. Siempre teniendo en cuenta que la OPEP y Rusia siguen respetando su acuerdo y mantienen su producción estabilizada.
  • La extracción de Permian a precios parecidos a los actuales puede durante un tiempo compensar la subida de la demanda mundial.
  • Permian no puede compensar él solo la subida de la demanda mundial, por lo tanto sube el precio del petróleo y con ello se activa el aumento de producción en las cuencas de Eagle Ford, Bakken y demás cuencas de fraking. Canadá estaría también es esta situación, favorecida por subidas del precio del petróleo, aumentaría también su producción. Igual que Canadá estaría Brasil, cuya evolución de la producción ha sido muy parecida a la de Canadá.
  • El fracking, Canadá y Brasil no consiguen compensar el aumento de la demanda por lo tanto aumentarían la producción la OPEP y/o Rusia pero manteniendo precios altos.
  • La OPEP y Rusia son mucho gallo en el corral, así que hay rebeliones de gallos aumentando la producción. Esta situación rompería los escenarios anteriores y volvería al escenario de precios más bajos como pasó en el 2015. A mi juicio, esto no le interesaría a nadie, pero tampoco deberíamos descartarlo, ya que ha pasado en estos años anteriores.
La producción del resto de países no se contempla ya que la producción no-OPEP sin estos mayores productores estaría en declive.

Conclusión
Le ha llegado la hora al fracking de demostrar hasta dónde puede llegar. En principio salvo Permian, el fracking necesita de precios más altos. Si consigue Permian mantener el aumento de producción de la demanda mundial a estos precios tendremos que esperar durante algún tiempo más el tan ansiado aumento del precio del petróleo. Mientras tanto seguirá siendo difícil vender la idea del peakoil a estos precios... y los picoileros seguiremos hablando de política en foros de energía.

Saludos.
JotaEleEne 

sábado, 30 de diciembre de 2017

Predicciones para 2018


Queridos lectores,

Una vez más, como por estas fechas, me enfrento al difícil ejercicio de intentar adivinar cuáles son las tendencias que configurarán el año que empieza en un puñado de horas. Lo haré atendiendo, como es del interés de este blog, al problema de los recursos y ambientales, y a sus consecuencias socioeconómicas. Como siempre, debido a lo corto del plazo comparado con los tiempos propios de los procesos que pretendo describir, así como la multiplicidad de factores que intervienen, hacen de este ejercicio una pirueta difícil y arriesgada, pues las probabilidades de equivocarse son mucho más elevadas que las de acertar. Aún y con todo, creo que el ejercicio de plasmar cuáles son mis ideas sobre la actual situación es interesante por sí, más que nada con una función de prevención de los peores problemas que se podrían dar y también ejemplarizante.

Pero antes de empezar con la previsión de este año propiamente dicha, haremos como siempre un repaso de las previsiones que hicimos el año pasado, analizando cuán acertadas o equivocadas fueron.


  • Comienzan a notarse la caída de la producción de petróleo: Lo cierto es que no, aún no se ha notado, justamente por el aspecto que se consideraba improbable: el aumento de inversión en fracking en los EE.UU. Aunque sea una locura, no sólo por cuestiones ambientales sino también porque es financieramente ruinoso, es exactamente eso lo que está pasando. Considero esta previsión fallida en lo esencial.
  • EE.UU. lo apuesta todo al fracking: A pesar de que las explotaciones de fracking son desesperamente ruinosas, ciertamente los EE.UU. lo están apostando todo a esto, y como se preveía han conseguido remontar el máximo de producción de 2015. Esta previsión ha sido completamente correcta y más aún, hasta el punto de arruinar la anterior.
  • Recesión, por fin: Llevo desde 2014 avanzando esta recesión y este año tampoco ha llegado. Previsión completamente fallida
  • Auge del populismo: Esta previsión ha sido al menos parcialmente acertada. En Europa está habiendo claramente un resurgir de la xenofobia y el populismo, sobre todo en Centro Europa.
  • Nuevas guerras: Afortunadamente no. Se trataba de una posibilidad más que de una certidumbre; aún así, la considero fallida.
  • La España ingobernable (segundo acto): Lo cierto es que, a pesar de que todos los problemas que se apuntaban se han dado y siguen ahí, la legislatura nacional ha conseguido tirar adelante todo el año, y eso que con la cuestión catalana hubo momentos en que pareció que se hundiría. Considero la previsión parcialmente fallida (muchas de las cosas que se comentaban han estado presentes y continuarán estando ahí).
  • Cataluña, colisión inminente: Previsión completamente acertada, por desgracia, ya que ha ido mucho más lejos de lo que yo acertaba a atisbar.
  • El cambio climático no descansa: Desgraciadamente muy acertada, con posibles derivadas (sequía en España, si al final se demuestra que es un efecto del cambio climático) que nos afectan muy de cerca.
  • Cierre de este blog: Se consideraba poco probable y afortunadamente hemos acertado.
Seguramente las previsiones de 2017 han sido las peores que he hecho nunca, pues las he marrado, y por mucho, sobre todo en los aspectos más importantes, los relacionados con el tema principal de este blog.

Vayamos con las de 2018. Nada difícil de verbalizar, porque voy a hacer básicamente las mismas que hice en 2017, esperando que este año sean más acertadas.

  • Caída de la producción de petróleo: Actualmente la compensación del declive del volumen total de hidrocarburos producidos se está realizando principalmente gracias al repunte del petróleo de fracking en los EE.UU. Pero los problemas han continuado aumentando en muchos productores principales y la tensión es máxima, la desinversión es generalizada excepto en el fracking, y en los EE.UU. el fracking no podrá mantenerse por mucho tiempo más con los números ruinosos que tiene. A pesar del previsible pico de precios (ver más abajo), 2018 cerrará con un descenso apreciable de la producción de hidrocarburos líquidos, que podría llegar, en el peor de los casos, a ser de alrededor de 2 millones de barriles diarios (Mb/d) menos que el máximo, actualmente conseguido en agosto de 2016.
  • Pico de precios del petróleo: Considero bastante probable que el precio del petróleo crudo, por culpa del declive productivo ya anunciado, llegue a máximos no vistos desde 2008. No sé si llegaremos a tocar un precio tan elevado como los 150 dólares por barril de aquel año (aunque no es descartable que esta vez fuera incluso mayor), pero en todo caso asumo que el precio superará la barrera de los 120 dólares por barril, lo más probable hacia el mes de julio y en todo caso antes de cerrar el año, para luego precipitarse a precios mucho más bajos en medio de la grave crisis económica que desencadenará.
  • Grave crisis del fracking en los EE.UU. con fuertes consecuencias políticas: Dilapidar dinero en el fracking de la manera que se está haciendo no puede seguir para siempre, y considero bastante probable que el año que viene, a pesar de que los fugaces altos precios del petróleo hagan pensar que por fin el fracking va a producir beneficios, acabe en una gravísima crisis en el sector cuando se vea que ni por ésas se realizan los beneficios esperados. El hundimiento final del fracking (que, por ser sinceros, lo más probable es que no se verifique hasta principios de 2019) generará una crisis política de grandes dimensiones, que puede lastrar de forma definitiva la presidencia de Donald Trump.
  • Recesión, por fin: Un pico de precios del petróleo como el que estoy previendo desencadenaría una gran recesión global, como en 2008. En el caso concreto de las economías occidentales, incluyendo España, esta crisis arruinará todas las previsiones macroeconómicas y disparará el paro Quizá, después de tres años de repetirla infructuosamente, esta vez la previsión se cumpla.
  • Nuevas guerras: Por desgracia, considero que la probabilidad del estallido de nuevas guerras, con el factor de control de los recursos más o menos explícito, va ser muy elevada durante el año que viene. Desde escaramuzas y revueltas hasta verdaderas guerras, la lista de países donde podría estallar conflictos es bastante larga: Argelia, Nigeria, Libia de nuevo, Sudán del Sur, Venezuela e incluso Arabia Saudita. Veremos qué nos depara 2018 en este aspecto.
  • La España ingobernable (tercer acto): La consolidación de Ciudadanos como fuerza alternativa al PP, la revalidación de la mayoría independentista en el Parlament de Catalunya, y por último la crisis económica con el consecuente descontento social, hacen muy probable que el actual Gobierno del PP acabe finalmente por caer. Ante la perspectiva de una caótica moción de censura, el Gobierno del PP convocará elecciones anticipadas hacia el final del año, de las que saldrá un Congreso de los Diputados más fragmentado que nunca, haciendo todavía más difícil la formación de coaliciones para gobernar España.
  • Cataluña, rebelión de baja intensidad: La situación de Cataluña va a volverse aún más compleja de lo que lo ha sido durante los últimos años. El punto central de la estrategia independentista será, probablemente, intentar restituir a Carles Puigdemont como President de la Generalitat. Aquellos diputados electos que todavía estén en la prisión o huidos de España para esquivar a la justicia española acabarán probablemente renunciando a sus actas para garantizar la mayoría independentista en el Parlament, con la sola excepción de Carles Puigdemont (actualmente en Bruselas) y quizá la de Oriol Junqueras (en prisión), de manera que se garantice la mayoría absoluta del bloque independentista aunque haya dos que nunca estarán en el Parlament (aunque eso les implicará apoyarse mucho en la CUP). El bloque independentista intentará que se proclame a Puigdemont presidente aunque no llegue a estar presente nunca, proponiendo una modificación del reglamento e intentando escenificar, si no lo consiguen, la anomalía que representa que el candidato con mayor apoyo parlamentario no pueda tomar posesión del cargo de President por la persecución judicial. Lo que pase después no sé que será, pero tiene pinta de que será bastante complejo: un President (o Presidenta) comodín, que representará el papel aunque "obedecerá" las órdenes de Carles Puigdemont (con amplia escenificación de las teleconferencias en los consejos de gobierno); una nueva hoja de ruta hacia la proclamación de la República Catalana pero de menor intensidad, intentando forzar los límites legales pero sin traspasarlos, una acción continua en todos los frentes jurídicos nacionales e internacionales y, para mantener la tensión en la calle, una nueva fecha a como mucho un par de años vista en la que deberá pasar algo muy importante y definitivo, de modo que actúe como acicate y tótem ilusionante. Un Procès 2.0, vaya. Debido a la crisis del Gobierno de España, lo más probable es que los independentistas catalanes aprovechen la situación para sacar mayor beneficio para sus fines. En todo caso, como digo, la situación que se dibuja parece extremadamente compleja.
  • La sequía en España se agrava: Normalmente las fases agudas de las sequías en España duran un par de años y eso hace probable que la actual se prolongue aún un poco. Los problemas que tal prolongación de la sequía puede generar a nivel social no deben ser desdeñados, porque ya estamos en una situación bastante extrema, y tiene un impacto económico nada despreciable. Quizá eso sirva para hacer más evidente en la población general la necesidad de tomar medidas decididas para combatir el cambio climático. Otra cosa es que las medidas que se implementen al final sirvan para algo.
  • Cierre de este blog: Los lectores más antiguos habrán observado una disminución en el ritmo de publicación, sobre todo en la recta final del año. Esto es debido a que mi trabajo principal cada vez me toma más tiempo y me implica viajar mucho más (he hecho 5 viajes sólo en el último mes). Durante el año que viene no creo que la situación varíe mucho respecto al nivel actual, con lo que veo probable que mi ritmo de publicación pase de uno a la semana que más o menos mantenía a uno cada dos semanas. Pero tengo en la recámara unos cuantos buenos posts de Beamspot y de otros autores nuevos, aparte de tres posts comenzados sobre diversos temas de interés, y confío en que con otras contribuciones que irán llegando podamos mantener el nivel de publicación en un post a la semana o más. En todo caso, no creo que haya presiones para cerrar el blog, y menos este año en que los temas que aquí se tratarán recobrarán mucho interés
En resumen, creo que 2018 será un año que marcará un hito, un cambio de tendencia bastante fuerte, una etapa destacada en nuestro declive energético.

Salu2,
AMT

viernes, 30 de diciembre de 2016

Predicciones para 2017



Queridos lectores,

Llegamos una vez más a ese punto del año en el que hacemos el complicado ejercicio de intentar aventurar qué nos deparará el año que está por comenzar. Entre los que nos dedicamos a alertar de las graves consecuencias que tendrá la continuada y deliberada ignorancia de los problemas que está causando y que causará el inevitable declive energético, es moneda común hacer estos ejercicios de prospección, anticipación o adivinación (así calificados según la indulgencia de quien los valora), a pesar de la dificultad intrínseca que comportan y del riesgo de descrédito que se sigue cuando las cosas no van como estaban "previstas". La razón de hacer este ejercicio, a pesar de su dificultad y riesgo, radica en la necesidad que tiene la actual sociedad, infantilizada y acomodaticia, de fijar plazos concretos para reaccionar a los problemas anunciados, incluso plazos excesivamente breves (un año, en este caso) para la dinámica propia de los procesos en marcha. Así que, un año más, intentaremos anticipar qué es lo que nos pueden deparar los próximos 365 días, teniendo en cuenta las actuales tendencias energéticas y económicas.

Antes de pasar a hacer las previsiones para el 2017, echemos un vistazo a cómo fueron las que hicimos en 2015 sobre cómo iría 2016.

  •  Situación del precio del petróleo: Correcto en lo que se refería a que la situación de precios bajos se prolongaría, equivocado en esperar que a partir del verano el precio remontaría con fuerza: algo remontó, pero mucho menos de lo esperado, probablemente porque ni ha quebrado una empresa productora suficientemente grande aún, ni ha colapsado un país productor importante. Considero esta previsión esencialmente fallida.
  • Estallido de la burbuja del fracking: Si bien la burbuja del fracking se ha ido desinflando a lo largo del año (con una caída de la producción de casi el 20% del petróleo ligero de roca compacta o LTO, que se produce mediante fracking, en los EE.UU.), en los últimos meses se ha producido una ligera recuperación de la producción de LTO en el gigante americano, motivada más por las expectativas que por las capacidades reales del mercado o el abaratamiento real de los costes de producción. A pesar de las continuas quiebras de empresas productoras en los EE.UU., el capital financiero aún apuntala a las empresas de fracking y no se ha producido la anunciada implosión financiera. Esta previsión ha sido completamente errónea.
  • Será cada vez más difícil ocultar que se ha producido el peak oil: A pesar de las peculiaridades del último informe de la Agencia Internacional de la Energía, especialmente en lo que se refiere al peak oil, lo cierto es que es un tema del que no se habla (aunque hay una preocupación creciente entre los expertos por el futuro de la producción de petróleo, dado lo agresivo de la desinversión petrolera). El esperado declive de producción de hasta 2 Mb/d no se ha producido, aunque 2016 probablemente se cerrará con una producción inferior a 2015. Previsión fallada en lo principal.
  • Recesión europea: Completamente equivocada. Puede que las economías europeas en su conjunto estén más o menos en estado letárgico (no, por cierto, España, cuya economía crece a buen ritmo), pero no hay tal recesión.
  • Las guerras europeas: Ni tanto ni tal calvo. Siguen los problemas que había, se intuyen algunos nuevos, pero no hay conflictos en ciernes - con los que hay ya estamos bastante servidos en miseria y terror. Previsión bastante fallida.
  • ¿Y la española?: Si algo es cierto es que España no ha entrado en ningún nuevo despliegue militar, pero no por las razones indicadas en esta previsión (falta de gobernabilidad) sino porque no ha habido necesidad. Fallida.
  • España, ingobernable: Sorprendentemente, muy acertada, defenestración de Pedro Sánchez incluida.
  • Cataluña, camino a la independencia: Con matices, previsión acertada. En 2016 se ha seguido por el mismo camino por el que se iba, con una tensión creciente entre España y Cataluña, y se han dejado los platos fuertes para 2017, como se preveía.
  • Desestabilización climática: Acertada en la evolución del hielo ártico y el alza de temperaturas, pero no se ha dado ni el año sin verano (que en todo caso era sólo una posibilidad) ni demasiados extremos climáticos (aunque depende de dónde viva el lector no estará de acuerdo, por ejemplo si lo hace en Valencia). Considero la previsión esencialmente acertada, con matices.
  • Cierre de este blog: No se consideraba probable y no ha pasado. 

En resumen, puede que mis previsiones para 2016 hayan sido las peores que he hecho desde el comienzo de este blog, pues la gran mayoría han fallado. En mi opinión, porque el plazo fijado era demasiado breve para lo que se quería describir, así que ya pueden imaginar por dónde van a ir mis previsiones para 2017, que ahora enuncio.
 
  • Comienzan a notarse la caída de la producción de petróleo: La combinación del declive natural de producción de los campos maduros, los costes crecientes para la producción de nuevos yacimientos y sobre todo la brutal desinversión en el sector provocará que en 2017 la caída en producción de todos los líquidos del petróleo no sea una cosa sutil, sino algo bien marcado y definido. La magnitud de la caída dependerá de cuánto dinero público decida gastarse Donald Trump en el fracking (ver más abajo), pero parece poco probable que EE.UU. dilapide la monstruosidad requerida para evitar que la caída de producción sea ya evidente en 2017. Con todo, la caída desde máximos no llegará aún a los 2 Mb/d y por tanto los medios especializados lo considerarán un simple bache que puede ser remontado. Es decir, 2017 aún no es el año del reconocimiento público del peak oil, aunque seguirá ganando fuerza el hablar de la falacia del peak demand.
  • EE.UU. lo apuesta todo al fracking: Dado el gabinete que ha configurado Donald Trump y su apuesta por relocalizar toda la actividad productiva posible a su país, y teniendo en cuenta la cantinela sobre la presunta abundancia energética de los EE.UU. de los últimos años, es más que probable que la nueva administración norteamericana apostará fuerte por el relanzamiento del extractivismo en su suelo patrio. Eso implicará una relajación de la regulación y de los impuestos a pagar por las empresas extractivas, y en el caso concreto del petróleo eso afectará con fuerza a las explotaciones en el mar, en la Reserva de Alaska y a las múltiples explotaciones de fracking. Pero estas últimas son desesperamente ruinosas, con lo que el propio Estado, mediante créditos blandos y otros mecanismos financieros, financiará los costes de exploración y desarrollo. Lógicamente, eso implicará desviar dinero de otros sitios, pero si como prometió Trump EE.UU. se repliega militarmente (o cobra peaje por su protección a sus vasallos) la cosa puede durar un tiempo. Esta financiación pública puede camuflar el efecto del peak oil durante todo 2017, e incluso la producción de LTO podría recuperar su máximo histórico.
  • Recesión, por fin: Una de las cosas que puede precipitar el fin del apoyo público estadounidense al fracking es el comienzo de una nueva crisis económica (aunque, por poner las cosas en su justa medida, tengan en cuenta que desde este blog llevamos vaticinando esa crisis desde finales de 2014 y aún no ha asomado su pata en Occidente). A pesar de la mucha tensión financiera acumulada en el sistema y otros problemas, dadas las tendencias actuales no creo que la recesión se manifieste en Europa hasta finales de 2017; pero cuando llegue lo hará con fuerza, con quiebras de algunos bancos importantes. En el caso concreto de España, la bolsa se mantendrá prácticamente plana, como este año, subiendo muy pocos puntos porcentuales con respecto a la apertura del año, hasta que probablemente hacia finales de año experimentará una caída bastante fuerte, de alrededor de un 20% por debajo de los valores del principio de año. Poco antes el paro comenzará a repuntar otra vez, y lo hará con fuerza, lo cual hará crecer el descontento.
  • Auge del populismo: Europa se enfrenta a nuevas citas electorales clave, como las presidenciales francesas, y algunas elecciones menores podrían acabarse convirtiendo en cuestiones de confianza de más de un gobierno. La manera en la que se gestione el Brexit puede desencadenar nuevos conflictos. Entre tanto, los problemas con los refugiados y los atentados de corte islamista harán que la xenofobia y el populismo ganen cada vez más peso político.
  • Nuevas guerras: El escenario bélico global seguirá extendiéndose, y el año que viene se añadirá un conflicto armado en al menos un nuevo país clave en el juego geostratégico de los recursos. Cuál es difícil de saber, aunque algunos como Nigeria (aquí sería más bien una escalada) tienen más bazas. Conviene no perder de vista tampoco Venezuela, donde las tensiones son crecientes, aunque espero que en este caso los problemas no tomen la forma de una guerra civil y más bien sean revueltas.
  • La España ingobernable (segundo acto): La crisis de gobernabilidad de España de este año se ha cerrado en falso, con un gobierno en minoría y con no demasiado margen de maniobra, dependiente de lo que haga ese pecio a la deriva en el que se está convirtiendo el PSOE. El presupuesto del año 2017, que se tendrá que aprobar en enero, conllevará un considerable coste político para el Gobierno y para quienes le apoyen, pues se tendrán que tomar nuevas medidas restrictivas del gasto. Para cuando estalle la previsible recesión, el Gobierno se volverá muy impopular y quienes ahora le apoyan se cuestionarán si merece la pena mantener el apoyo o ir a unas nuevas elecciones. El gobernante PP cuenta con la ventaja de que el PSOE está en proceso de redefinir su nuevo liderazgo, Ciudadanos lucha por preservar un espacio propio y Unidos Podemos se pierde en luchas internas lejos de las necesidades de los ciudadanos. Aún así, la  amenaza de nuevas elecciones será continua y se podría acabar materializando por cualquier futesa a priori irrelevante.
  • Cataluña, colisión inminente: El calendario de los problemas económicos no va a ayudar al ejecutivo español en su gestión de la amenaza separatista en Cataluña: de acuerdo con la hoja de ruta actualmente trazada por el ejectivo autonómico catalán, en septiembre de 2017 se tendría que celebrar por fin el ansiado referéndum sobre la independencia - algo complicado de materializar, dado que la Generalitat no tiene competencias reconocidas en esa materia y el Gobierno de España no desea hacer tal cosa ni en sueños, y  tampoco es cuestión repetir el vodevil del 9N. La estrategia actual de encausar a cargos públicos catalanes por diversos motivos no ayuda a rebajar la tensión, sino al contrario, puede producir el efecto contrario y empujar a los indecisos hacia el bando independentista.
  • El cambio climático no descansa: La situación con el hielo ártico y antártico no va a mejorar, sino que más bien tenderá a empeorar. Si se consolida el cambio de fase observado este año, el descenso de la cobertura del hielo marino global podría acelerarse. Las temperaturas globales seguirán su lenta pero decidida ruta de ascenso, y probablemente se vivan nuevos fenómenos extremos locales.
  • Cierre de este blog: Aunque este blog no es demasiado simpático para ciertas personas, aún es demasiado pronto para su cierre.

En resumen: 2017 será un jalón más del declive energético que ya ha comenzado, y no podemos descartar que durante el próximo año se produzcan algunas perturbaciones importantes.


Salu2,
AMT