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miércoles, 28 de diciembre de 2016

The Oil Crash: año 11

Evolución del hielo marino global a lo largo de diversos años

Queridos lectores,

Hace 11 años ya que la producción de petróleo convencional llegó a su máximo efectivo (leve y brevemente superado en 2008) y desde entonces el mundo entró en una nueva época, la del petróleo difícil de conseguir, la de la economía global disfuncional, aunque a los líderes económicos y políticos les cueste reconocerlo. Durante todo este tiempo se ha intentado compensar el estancamiento (y últimamente el declive) de la producción de petróleo convencional introduciendo otros hidrocarburos líquidos, no convencionales, que se parecen más o menos al petróleo (aunque no puedan replicarlo en todos sus usos). Estos "petróleos no convencionales" han introducido un montón de nuevos problemas, no sólo por su repercusión ambiental sino también por su baja rentabilidad, que ha arrastrado a las compañías productoras a los números rojos incluso mientras el petróleo fue caro (hasta 2014). Pero incluso con esos malos sustitutos, la producción total de hidrocarburos líquidos más o menos asimilables a petróleo (lo que en un abuso de notación se conoce como "todos los líquidos del petróleo") probablemente llegó a su máximo absoluto histórico el año pasado - aún faltan un años para saber si 2015 marca realmente ese valor máximo, aunque en todo caso la cifra de 2015 no será nunca superada de manera significativa, y la fecha del inicio del declive terminal no puede estar demasiado lejana.

Una vez más, en este post hago un recorrido por determinadas noticias que durante este año han marcado la cada vez más difícil relación entre energía, economía y sociedad en un mundo que se ve enfrentado a una progresiva escasez energética y de recursos. En los medios de comunicación y en el lenguaje de los expertos, este nexo es sistemáticamente ignorado o ninguneado, y por ese motivo veo especialmente relevante este post, para como mínimo motivar una pequeña reflexión fuera de las veredas más comúnmente transitadas.

He aquí, por fin, la relación de eventos que he destacado este año.

- El precio del petróleo no sube: Después de 3 años (2011 a 2014) de precios históricamente elevados, el elevado precio de los hidrocarburos líquidos motivó un significativo descenso de la demanda que llevó a una drástica bajada del precio (un ciclo más de la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda de la que ya hemos hablado). A pesar de que los bajos precios del petróleo debían estimular un rápido crecimiento de la demanda, lo cierto es que la demanda no se ha recuperado tan rápido como esperaban muchos analistas. La razón tiene mucho que ver con la progresiva devaluación interna de las clases medias en Occidente y la incapacidad de hacer crecer el consumo de masas de manera persistente. Al final, por tanto, la demanda destruida no se ha recuperado con la celeridad esperada. También ha contribuido a postergar la subida de los precios el hecho de que durante 2014 y 2015 los stocks (la cantidad de petróleo almacenada por estados y empresas) ha llegado a niveles históricamente elevados, y hasta que tal stock no sea evacuado el precio se mantendrá bajo aún un tiempo.

Gráfica del último Oil Market Report de la Agencia Internacional de la Energía

 

- Las compañías petroleras desinvierten agresivamente de la exploración: Los costes de exploración y desarrollo de nuevos yacimientos y explotaciones de hidrocarburos líquidos se multiplicaron por tres, en términos reales, en el conjunto de la industria del petróleo y el gas desde el año 2000 hasta el año 2014. Lo cual es lógico, porque desde 2005 una proporción cada vez mayor de estos hidrocarburos líquidos provienen de explotaciones no convencionales, mucho más costosas. Desde 2011 al 2014, a pesar de tener un precio del barril de petróleo por encima de los 110$, las 127 mayores compañías de petróleo y gas del mundo perdieron en su conjunto más de 100.000 millones de dólares al año. Desde agosto de 2014 y hasta ahora, con un precio a penas por encima de los 50$ por barril, la sangría se ha hecho mucho más grande. No es de extrañar así que quiebren dos o tres compañías pequeñas o medianas cada semana. Tal sangría ha llevado a las grandes compañías a tomar una decisión drástica, y desde comienzos de año han disminuido sus gastos en exploración y desarrollo de manera taxativa, en un movimiento que tiene más de lucha por la supervivencia que de estrategia a largo plazo.


Ahora mismo, la trayectoria que sigue la industria es prácticamente de barrena: ya explicábamos al analizar el informe anual de 2016 de la Agencia Internacional de la Energía que si no se cambia rápido esta tendencia, durante 2017 se tendrían que aprobar nuevos proyectos a un ritmo nunca visto históricamente. 



Dada el lapso de tiempo que pasa entre que se empieza un proyecto y se empieza a vender la primera gota de petróleo, la actual desinversión garantiza una caída bastante rápida del suministro de petróleo dentro de unos pocos años. De hecho, por primera vez en un informe anual la Agencia Internacional de la Energía nos ha mostrado qué es asomarse en este abismo, y aún así lo ha edulcorado bastante para que no se vea toda su profundidad.

  

La destrucción de Alepo
- La guerra de Siria: Entre tanto, en Siria se continúa librando una guerra confusa al servicio de intereses no declarados. No casualmente el terreno en disputa, donde se asienta el fantasmagórico Estado Islámico, toma buena parte no sólo del Kurdistán sirio sino también del irakí, donde están algunas de las últimas reservas de petróleo no completamente explotadas del mundo y eterno Eldorado por el que suspiran los principales asesores energéticos del mundo. Mientras las dos principales potencias mundiales, EE.UU. y Rusia, libran una partida de ajedrez, apoyados localmente por otras potencias regionales (Arabia Saudita, Turquía e Irán), la guerra sigue cobrándose su implacable precio de vidas humanas y de destrucción salvaje, sin que en Occidente la ciudadanía se pregunte sobre las causas reales del conflicto y si realmente tanta muerte y miseria merece la pena. Entre tanto, otras guerras por el control de los recursos, ya sea su producción o su distribución, o simplemente restos de guerras anteriores, siguen librándose en cada vez más rincones sin que gocen ya del foco mediático: ¿Quién se acuerda de Ucrania? ¿De Sudán del Sur? ¿De Malí? ¿Llegó por fin la paz y la democracia a Egipto?

Tropas españolas destacadas en Malí
- Y otras guerras que vienen: La tensión creciente de un mundo escaso de recursos para la ambición de unos pocos que siguen creyendo que se puede crecer indefinidamente en un planeta finito hace que 2016 haya sido una nueva vuelta de tuerca en el crecimiento de tensiones internas que acabarán derivando, si nadie lo remedia, en guerra abiertas, ya sea civiles, ya sea con los países vecinos. El caso de Nigeria es paradigmático, pues la situación de guerra civil es casi un hecho allí. La lista de otros países donde la tensión va creciendo por problemas diversos (problemas entre los que destaca pero no es el único la escasez de petróleo o gas) es muy extensa. Destacaré solamente tres por las implicaciones que tienen para España. Por un lado está el caso de Argelia, donde la caída de ingresos por la venta de petróleo y gas acerca al país a un escenario de guerra civil, y si la división fuera suficientemente profunda podría alentar a países europeos, particularmente España y Francia por sus intereses gasísticoS, a intervenir sobre el terreno. Por otro lado, tenemos el caso de Malí (y Níger), del cual ya tratamos con cierto detalle la intervención militar francesa. Por último, es especialmente doloroso el caso de Venezuela, país cuya producción de petróleo está en un compromiso más serio de lo que se podría deducir de las estadísticas oficiales debido al hecho de que más de una tercera parte del total es petróleo extrapesado de la franja del Orinoco, el cual tiene un rendimiento económico y energético muy bajo y por tanto ayuda poco a la economía nacional. Diversos factores sobre el terreno están contribuyendo a llevar a Venezuela en una dirección cada vez más peligrosa, en la que ninguno deseamos que vaya.

- El problema de los refugiados: La contrapartida de las guerras cada vez más intensas en Oriente Próximo (lugar, por cierto, donde se produce la mitad del petróleo del globo) está llevando a un volumen de desplazados como el mundo no había visto desde la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de esos refugiados intentan entrar en la opulenta Europa, pero ésta es reacia a aceptar a los cientos de miles que huyen del horror y la muerte. La solución, por omisión o deliberada (a veces es difícil distinguir), es el confinamiento de esos centenares de miles de personas desesperadas en campos de refugiados, generalmente militarizados para que no escapen (cosa que los hace no tan lejanos a los antiguos campos de concentración para prisioneros de guerra). El año que ahora acaba ha visto cómo estos campos han incrementado su número y población, gracias sobre todo a un vergonzante acuerdo que la UE ha suscrito con Turquía. Con todo, la solución será como intentar poner una tirita en el muro agrietado de un embalse, si las guerras y revueltas continúan extendiéndose por Oriente Medio y el Norte de África. La creciente concienciación del ciudadano medio europeo ante el drama y la injusticia que están viviendo los refugiados necesitaba algún antídoto para evitar que éstos forzasen a sus gobiernos a tomar medidas humanitarias expeditivas tales como abrir las fronteras, y de este "antídoto" 2016 ha tenido también varias dosis.

- 2016, año de atentados indiscriminados: A rebufo de los ataques de París de noviembre de 2015, 2016 se ha visto trufado por una serie de atentados atribuidos a fanáticos islamistas, más o menos afines al Estado Islámico. Algunos han requerido el uso de armas y explosivos y un mayor nivel de preparación, al menos material (como el atentado del aeropuerto de Bruselas o el tiroteo en un pub gay en Orlando), pero para otros se han utilizado medios más sencillos sin ser por ello menos efectivos (como los atropellos múltiples, camión de gran tonelaje mediante, de Niza o Berlín), amén de un goteo de ataques "menores" (si se puede decir tal cosa) en los que un número reducido de personas fueron apuñaladas por algún energúmeno que se creía en la legitimidad para hacerlo. Todos estos atentados han sido mediatizados por algunos para crear una cierta psicosis colectiva que permita seguir recortando libertades individuales (recordemos que en Francia se ha extendido el estado de emergencia seis meses más) al tiempo que se demoniza convenientemente a los refugiados, para así despojarlos de su Humanidad y hacer aceptable sus deplorables condiciones actuales. Tal proceso es peligrosísimo, pues puede acabar creando una retroalimentación positiva, de modo de un grupo creciente de excluidos y desplazados asuman su rol de parias y enemigos de Europa, arrastrándonos a una verdadera guerra civil.


- Crisis global de legitimidad del establishment político: Si algo ha marcado el año 2016 es la sucesión de sorpresas políticas cuando se le ha preguntado al pueblo llano sobre sus preferencias en temas de los cuales, por algún motivo, era moneda común asumir cuál era el resultado correcto. Primero fue el Brexit, después la victoria de Donald Trump en las presidenciales americanas, y por último la derrota de Mateo Renzi en el referéndum sobre la reforma constitucional italiana. En todos los casos (aunque en los medios cueste de reconocer) se daba por hecho que el pueblo votaría "lo que se debía", en todos los casos las encuestas avanzaban la victoria de "lo que se debía", y en todos los casos el electorado ha elegido la opción rupturista (lo más rupturista de entre lo que se le ofertaba). Todas estas votaciones reflejan lo que cada vez más parece un clamor en Occidente: que el ciudadano de a pie no se siente representado por un poder político que es percibido como demasiado supeditado (cuando no directamente comprado) por el poder económico; y la clase media, en pleno proceso histórico de hundimiento, busca con desesperación opciones que le ofrezcan alternativas mejores que simplemente resignarse al plan impuesto por las élites para capear el descenso energético, consistente en que los más tendrán cada vez menos mientras que los menos tendrán, a pesar de la caída global, aún más. Es tal la ceguera oficial ante un proceso, por lo demás completamente lógico y evidente, que por más que se multiplican los signos por doquier no se quiere aceptar. El populismo avanza y la desesperación de las masas empuja a Occidente en una nueva dirección. Si al final esta dirección seguirá la ruta que se pretendía marcar, hacia el totalitarismo, u otra diferente, es una cosa todavía por dirimir.

- También en España el descrédito político sigue creciendo: Este año ha sido de auténtico vodevil, con la repetición de las elecciones de diciembre de 2015 en junio de este año. El país ha estado prácticamente un año sin renovar el Gobierno y con una legislatura completamente estéril. El partido tradicionalmente de izquierdas, el PSOE, continúa en la ruta segura de su hundimiento secular, probablemente acelerado por la poca honrosa (y poco democrática) defenestración de su líder. El partido dicho de izquierdas de nuevo cuño, Podemos, o toda la constelación de fuerzas que más o menos se agrupan detrás de ese nombre, no ha sabido aún capitalizar la debacle del PSOE, en parte por sus tempranas y hueras luchas internas (fruto, posiblemente, de la indefinición inicial de su proyecto político). En este contexto, el conservador PP ha conseguido revalidar el Gobierno, aunque sea en minoría, gracias a un no demasiado noble apoyo de un PSOE (apoyo que puede costarle aún más votos al centenario partido). Como ven, todo un galimatías político y una opereta, que refleja la pérdida de fronteras bien definidas entre las diferentes opciones políticas y un exceso de TINA (que podría ser traducido en español castizo como: "Esto es lo que hay"), con el hartazgo del electorado en aumento. En el extremo oriental de la península ibérica, el Govern de Cataluña opta decididamente por la vía separatista, aunque envía mensajes contradictorios, a veces acelerando el denominado "Proceso", a veces ralentizándolo, aunque la desafortunada tendencia del ejecutivo nacional a judicializar asuntos que más valdría tratar políticamente pueden acabar precipitando la balanza del lado de la independencia.


- La transición climática: Y mientras los expertos miran con preocupación la evolución del mercado de materias primas, mientras las guerras se multiplican, mientras el drama de los refugiados arrecia, mientras los atentados rompen el aparente orden apacible occidental (sobre todo, en lo que respecta a la multiculturalidad) y mientras el descrédito político ocupa todas las tertulias, un fenómeno de alcance global que puede poner en jaque a toda la Humanidad continúa su curso impasible, siendo el foco de atención de muy pocos. Los últimos meses han sido los más cálidos desde que hay registros y este año, por primera vez desde que consta, la cobertura de hielo marino del Ártico y del Antártico están al mismo tiempo por debajo de los mínimos propios de la época. No hace tanto, los años en los que el hielo ártico avanzaba el antártico retrocedía y viceversa. Ahora ya no. Como muestra la gráfica que abre el post, la cobertura global de hielo marino se separa completamente de la evolución de los últimos años; no es simplemente la paulatina disminución de la superficie marina helada, este año algo ha cambiado de manera radical. Alguna cosa del sistema climático está experimentado un cambio de fase, un cambio de comportamiento, y las consecuencias son impredecibles: el mundo podría cambiar para siempre. O para lo que le resta a la Humanidad sobre este planeta, que para el caso, para nuestro caso, es lo mismo.

Salu2,
AMT

domingo, 1 de noviembre de 2015

Octubre de 2015: rumor al fondo



Queridos lectores,

El mes de octubre de 2015 ha pasado sin pena ni gloria por los medios de comunicación occidentales. Viendo las noticias, uno diría que ha sido un mes tranquilo, sin grandes sobresaltos. Y seguramente así ha sido para los que tenemos la suerte de vivir en el acomodado (y a veces adormilado) Occidente. Sin embargo, las crisis concéntricas de las que hablábamos en el post que glosaba el mes de septiembre continúan imparables su curso; simplemente, no ha habido novedades en ese curso: todo discurre según lo previsto y esperable. Lo cual no es precisamente bueno. Veamos algunas de esas noticias.

Desde el punto de vista de los recursos el mes ha continuado la marcha esperada. A pesar del ansia de muchos productores de materias primas de que los precios remonten, lo cierto es que la recuperación económica mundial no está ni se la espera; al contrario, se anticipa una recesión mundial, como reconocía hace unas pocas semanas el propio Fondo Monetario Mundial (curiosamente, los diarios españoles - que, como saben, no enlazo en este blog- daban una visión absurdamente optimista del último informe del FMI). En este contexto, algunos analistas han comenzado a apuntar hacia Arabia Saudi, ya que el propio informe del FMI señalaba, a la vista de sus presentes desbalances fiscales, que podría quebrar en 5 años. Aunque tal aseveración hay que tomarla con ciertas reservas (el FMI no es un organismo neutro, sino que intenta influir políticamente en el mundo), lo cierto es que el futuro de Arabia Saudita depende de cuándo llegue a su particular peak oil, que muchos estudios estiman para 2028 pero que se podría estar produciendo ya o estar a punto de producirse. Se ha de tener en cuenta que en la actualidad las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita ya están disminuyendo, a un ritmo del 2% anual, debido al enorme aumento de su autoconsumo, el cual crece no sólo debido al aumento de población y los gastos en aire acondicionado, sino también debido a que su industria de explotación de petróleo requiere más energía puesto que los yacimientos ya están muy explotados y sacar petróleo requiere cada vez más energía (en suma, que a pesar de las mejoras tecnológicas está bajando la TRE, con las consecuencias funestas conocidas). Lo cierto es que Arabia Saudita está más cerca de lo que sus dirigentes se piensan de la bancarrota petrolífera, y si Arabia Saudita se hunde en el caos social, dado que es el primer productor y exportador de petróleo del mundo, sus efectos se dejarían sentir por todo el globo. En particular, nos llevaría a otra vertiginosa vuelta a la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda, que es como se materializará el peak oil global debido a la huida hacia adelante que ha propiciado nuestra sobrefinanciaricida sociedad. En suma, una manera abrupta de deslizarse por el lado derecho de la curva de Hubbert.

En este contexto, los precios de las materias primas continúan deprimidos y muchos productores llegando a la quiebra. En particular, el sector del fracking en los EE.UU. es especialmente vulnerable, con continuas noticias de quiebras y la producción de petróleo de fracking continua cayendo, a pesar de las voces que lo loan, ciertamente cada vez más amortiguadas, de nuestros expertos despistados.

Sin embargo, durante el mes de octubre no ha habido un temido lunes negro en las bolsas mundiales, a pesar de lo largamente esperado y la reputación que tiene este mes como ser aquél en el que habitualmente se hunde la bolsa. Y eso que numerosas compañías están reportando pérdidas en el tercer trimestre, incluyendo algunas tan conocidas como Twitter o Statoil, mientras que otras tan representativas del estado de la economía como Caterpillar presentan fuertes bajadas de beneficio. 

Con todo, la caída más espectacular es la de Volkswagen, que por primera vez en 15 años reporta pérdidas, de nada menos que 1.800 millones de euros, en el tercer cuatrimestre de 2015. La crisis de la automoción en diésel continúa: mientras las consecuencias finales que tendrá para Volkswagen son todavía inciertas aunque seguramente no serán nada buenas, otras marcas entran en el punto de mira: recientemente, General Motors y en particular por sus automóviles de la marca Opel, acusada de trucar también sus coches para engañar a los tests de emisiones. Parecería que se ha desencadenado una auténtica cacería al diésel, cuando en realidad hace años que se sabe que es muy dañino con el medio ambiente. Una posible causa de este encarnizamiento podría encontrarse en la creciente falta de disponibilidad de diésel debido a que los hidrocarburos líquidos de los cuales se refina son cada vez más escasos. Si ésta fuera la causa última, nos encontraríamos en una situación de auténtico engaño a la población sobre las causas reales de esta crisis en particular, y una preocupante muestra de lo que nos depara el futuro, si nuestros dirigentes prefieren engañarnos con falsas preocupaciones por la salud de la población cuando en realidad se quieren introducir medidas de racionamiento encubierto en frente de una escasez que se nos viene encima. Por eso no es extraño que no pocos lectores de este blog hayan relacionado el reciente anuncio de la Organización Mundial de la Salud sobre los efectos cancerígenos del consumo de carne roja y procesada con la misma estrategia de ocultación de la verdad, en este caso de la insostenibilidad de la producción cárnica a gran escala en una época de energía y agua cada vez más escasos. Y no contribuye mucho a disipar esa percepción cuando, casi simultáneamente, el Parlamento Europeo aprueba una modificación de la regulación sobre la incorporación de "nuevos alimentos", que permitirá que en breve se puedan vender en Europa alimentos a base de hongos, algas, insectos o tejidos celulares (a los lectores más veteranos todo esto les recordará cierto post de hace un par de años). Yendo aún más lejos, hay una creciente insistencia, cada vez más aceptada en los medios de comunicación convencionales, en que se puede sustituir fácilmente todo el consumo de energía fósil por energía de origen renovable (deliberadamente ignorando los numerosos límites de ésta última); y siempre recalcando que éste es el único medio que tenemos para luchar contra el temible cambio climático global. Este meme tiene muchos elementos de esa misma confusión interesada y de manipulación de la opinión pública de los casos del diésel y de la carne roja que describíamos más arriba, y en particular los dos más importantes: una grave amenaza al bienestar humano, completamente real pero perfectamente ignorada y ninguneada por el poder económico durante décadas; y una falsa solución que nos dicen que servirá para proyectar plácidamente el BAU en el futuro mientras que en realidad nos conduce dulcemente a una era de racionamiento y exclusión social. Los ánimos están ya bastante exaltados de cara a  la próxima cumbre de Naciones Unidas sobre el Clima en París, de la cual nadie espera ningún avance significativo y que por eso mismo, por tener todas las papeletas de que será una vuelta de tuerca adicional al descontento social y ambiental, puede acabar siendo el perfecto tiro de salida para una campaña triunfal pero poco reflexiva de "conquista de las energías renovables" y de desinversión en combustibles fósiles, sin que se aborden los verdaderos problemas sociales y económicos que están sobre la mesa.

Por lo que respecta a otra de las crisis que comentábamos el mes pasado, este mes de octubre vio la llegada del huracán Patricia a las costas mexicanas en el Pacífico. Un huracán de categoría 5, que es el mayor jamás observado en el Pacífico oriental y que siguió una trayectoria poco común (generalmente los tifones se desplazan hacia el oeste, aunque por supuesto sus trayectorias pueden ser más complejas dependiendo de los patrones de circulación imperantes en cada momento). Afortunadamente, lo escarpado de la orografía mexicana hizo que Patricia perdiera rápidamente fuerza al tocar tierra y a pesar de los cuantiosos daños la situación es mucho mejor de lo que hubiera sido de impactar en tierra más llana (el recuerdo del huracán Katrina sigue muy vivo en el área de Nueva Orleans). Los restos de Patricia se combinaron con una tempestad muy activa que estaba esperándolos en el Golfo de México y produjeron unos par de días más tarde lluvias intensísimas en los EE.UU., más concretamente en los estados del Golfo que justamente están viviendo un año de precipitaciones desbocadas; literalmente, llueve sobre mojado. El gran motor de las anomalías climáticas de este año, el fenómeno de El Niño, muestra síntomas de ralentización y parece poco probable ahora mismo que supere la intensidad de El Niño de 1997-1998; con todo, será uno de los fenómenos de El Niño más intensos desde que hay registros, y puesto que se combina con una fase positiva de la Oscilación Decadal del Pacífico se producirán otros efectos importantes a escala global.


Otra de las crisis que en septiembre llegó con fuerza a los medios, la de los refugiados sirios, no ha disminuido sino que en realidad ha aumentado, a pesar de la disminución de su relevancia mediática. En vista de que la opinión pública europea, en el lejano norte, está empezando a pasar página sobre este tema una vez superada la conmoción inicial, los países más sureños están empezando a tomar medidas cada vez más coercitivas y cada vez más militares, que dejan en papel mojado las pretendidas "razones humanitarias" que se aducían hace unas pocas semanas. Lo cierto es que en este momento Hungría ha movilizado su ejército para repeler por la fuerza si es preciso la marea humana. Al mismo tiempo, el Gobierno húngaro ha decidido levantar una valla a lo largo de su frontera sur, una inversión a largo plazo que servirá para frenar estas invasiones de desarrapados, que hoy son de sirios y mañana podrían ser de cualquier cosa (sauditas incluidos). No sólo gobiernos de menor tradición democrática están optando por la represión pura y dura del flujo de desamparados; Austria ha decidido que construirá un muro de 300 kilómetros de largo en su frontera con Eslovenia. Quien tenga dinero vallará su jardín para que no entren indeseables, en este caso pobres; esos mismos pobres que no hace tanto nos vendían su petróleo a precio de saldo. Pero el enemigo ya está en casa: este mes de octubre se han cumplido 10 años de las violentas revueltas en la banlieu francesa y, como muchos analistas coinciden en destacar, los problemas que dieron pie a aquellas semanas de sangre y fuego no se han resuelto en absoluto; algunos, como la pobreza, se ha agravado con la crisis.

El desafío soberanista en Cataluña es, cada vez más, un conflicto de dos legitimidades: la establecida, española; y la que algunos quisieran que fuera, la catalana. Ninguna de las dos partes en conflicto parece tener el más mínimo interés en buscar un acuerdo y progresivamente se avanza hacia una colisión en toda regla. Por la parte española y de las opciones políticas no independentistas se niega legitimidad a las fuerzas independentistas, a pesar del hecho insoslayable de que la lista unitaria Junts pel si, juntamente con la también fuertemente independentista  (además de ecofeminista y anticapitalista) CUP suman la mayoría absoluta de los escaños del parlamento y un porcentaje de votos no tan lejano al 50% como se pretende hacer ver. Por la parte independentista, se insiste en dibujar una trayectoria exprés hacia la independencia en sólo 18 meses que es completamente ilusoria, teniendo en cuenta las complejidades logísticas y lógicas de un proceso de esta naturaleza, incluso si hubiese concertación entre las dos partes (la cual encima está obviamente ausente), y con el problema no menor de que aún aceptando que los independentistas fuesen la mayoría de los ciudadanos (cosa difícil de saber sin hacer un referéndum de verdad), los resultados actuales dejan claro que los no independentistas seguirían siendo un porcentaje de al menos el 40% largo de la población. El hecho es que nadie quiere reconocer que la sociedad catalana está fuertemente polarizada, y unos se echan la culpa a otros por "dividir la sociedad", "romper la convivencia" y "no aceptar la democracia". Para poner la guinda al pastel de la confusión, las negociaciones entre la Junts pel sí y la CUP para definir un programa de gobierno independentista se están alargando muchísimo, en parte por la enorme distancia ideológica entre las dos formaciones, y en parte porque están jugando con los tiempos para que las medidas más radicales se tomen en plena campaña electoral española (pues el parlamento español se acaba de disolver, en preparación de las elecciones que tendrán lugar el 20 de Diciembre). El embrollo que viene puede tener dimensiones épicas, sobre todo ahora que Junts pel sí y CUP han propuesto que se debata en el parlament una declaración en favor de la independencia y los partidos españoles se preparan para la ofensiva.

En otro orden de cosas, este blog ha llegado a los 6 millones de páginas vistas. Tampoco eso es positivo, y no porque el número de lectores no crezca exponencialmente (en realidad sigue creciendo a buen ritmo, como vimos), sino porque el grado de concienciación sobre los problemas de sostenibilidad que están, ya en este momento, inestabilizando nuestra sociedad continúan despertando un interés muy minoritario, y porque simplemente leyendo este blog no se van a resolver: hay que pasar de la idea a la acción. Es triste comprobar que hay un grupo de personas que machaconamente tachan a este blog de apocalíptico en las redes sociales, cuando, justamente, yo defiendo la tesis contraria; cuando, justamente, yo digo que si encaramos la situación con madurez podemos tener un futuro brillante. Ésa es la clave: madurar; dejar de mirar el mundo como si fuéramos niños y aceptar ver las cosas tal cual son, con una visión crítica (no se debe aceptar sin más la opinión de nadie, tampoco las que se vierten en este blog) y tratar de buscar soluciones, no esperar a que nos vengan dadas por un ente superior y benévolo. Porque quizá los que se arrogan este papel de entes superiores no son en realidad tan benévolos.
 
Salu2,
AMT