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viernes, 29 de diciembre de 2017

The Oil Crash: año 12



Queridos lectores,

Como cada año por estas fechas hago un repaso de las noticias que, a mi entender, han marcado más claramente el curso del mismo desde el punto de visto de la creciente escasez de recursos y sus impactos socio-económicos. En muchos sentidos, 2017 ha sido un año de transición, un año de espera. Lo peor de la crisis económica y financiera que empezó en 2008 y que se recrudeció en 2011 ha quedado ya superado, a pesar de que ha dejado profundas huellas: en Occidente, con unas clases medias que no son capaces de recuperar su renta disponible, y en el resto del mundo, con amenazas más cercanas e inmediatas. Hace ya tres años, en septiembre de 2014, que el precio del petróleo bajó repentinamente, después de 3 años de precios medios históricamente elevados. Ese bajo precio de la materia prima energética que es la sangre de nuestro sistema económico es lo que ha permitido a Occidente levantar cabeza mientras que ha hundido a otros países. Y eso obviamente ha desencadenado muchas consecuencias.

La revisión de hechos que ahora mostraré no pretende ser, ni mucho menos, exhaustiva, sino ofrecer un pequeño punto de complementariedad con las informaciones que verán estos días en la prensa. Un punto de vista alternativo sobre por dónde va y hacia dónde se dirige nuestra sociedad.


- Atentados en Barcelona (y en otros muchos sitios): Durante 2017 las oleadas de atentados de carácter extremista, casi siempre fundamentados en una visión obcecada del Islam, han sido la norma. Los muertos se cuentan por miles, los heridos por decenas de miles. Pocos de estos atentados llegan a trascender significativamente en las pantallas de los televisores occidentales porque pasan en países muy lejanos no geográficamente pero sí de las preocupaciones de la mayoría de la gente de aquí. Ocasionalmente, algunos de esos atentados tienen lugar en nuestro suelo y entonces experimentamos personalmente el vértigo del horror absurdo e indiscriminado del terrorismo. Eso es lo que por desgracia ha pasado este año en la ciudad donde yo trabajo, Barcelona. Unos atentados afortunadamente chapuceros, ejecutados por un grupo de jóvenes fanatizados, dejaron un reguero de muertos entre Barcelona y Cambrils, en una jornada negra de agosto de este año. Unos atentados low cost sin utilidad ni efecto a ningún otro fin que el horror por el horror mismo. La reacción de la sociedad española en su conjunto fue de unánime repulsa ante tanta barbarie, y después, poco a poco, el recuerdo de esos tristes días se ha ido borrando. Pero el de Barcelona, a pesar del impacto que nos ha causado a nosotros, ni siquiera entra destacado en el ominoso ranking de los atentados globales de 2017: de acuerdo con la lista que proporciona la Wikipedia, en 2017 se han producido 8 atentados (en Siria, Afganistán, Libia, Somalia y Egipto) con más de 100 muertos cada uno. Cada mes de 2017 ha habido en el mundo más de 100 atentados, con al menos 10 por mes que han causado más muertes que en Barcelona. Ése es el triste y desquiciado mundo en el que actualmente vivimos, aunque esta negra realidad no siempre transcienda a los medios de comunicación.

- Final del Estado Islámico: El pasado 21 de noviembre el presidente de Irán declaraba el final del Estado Islámico. Durante los últimos tiempos las fuerzas de Irak, Iran y Siria han actuado conjuntamente para arrinconar al autoproclamado califato, que llevaba operando en la zona desde 2014. El papel que habrá tenido Arabia Saudita, probablemente suspendiendo su subrepticio apoyo a Daesh, es algo que tardaremos años en saber. El caso es que tras la caída de Mosul y otras ciudades importantes, la superestructura del Estado Islámico se puede considerar completamente desarticulada. Eso no quiere decir, obviamente, que todos los combatientes de Estado Islámico hayan sido aniquilados, sino que pasamos a una nueva fase del conflicto que en realidad es una vieja: grupos terroristas clandestinos, atentados indiscriminados, etc. Esencialmente, una puesta al día de Al Qaeda. La caída del Estado Islámico probablemente no tendrá efectos positivos sobre la plaga del terrorismo global (si no la empeora), y simplemente cambiará quién se beneficia de la venta del petróleo que se produce en la zona.

- Las otras guerras: Nada ha cambiado respecto al año pasado. Algunos países, como Ucrania y Yemen, no consiguen salir del agujero de guerra y destrucción donde cayeron, mientras que negros nubarrones se dibujan en el horizonte para muchos países, como Argelia, Nigeria y media docena más; incluso Venezuela, donde la producción de petróleo cae ya a un ritmo del 14% anual podría precipitarse en un importante conflicto civil, más si cabe si se desencadena una nueva crisis económica global.


- El problema invisible: los refugiados: Si Vd. le pregunta a una persona por la calle cómo está actualmente la situación de los refugiados que huían de la guerra de Siria y de otras guerras, lo más probable es que le diga que no lo sabe. Es un tema del cual prácticamente ya no se habla. En parte porque el flujo de refugiados ya no es tan intenso, es cierto, aunque no siempre por buenas razones (recuerden la vergonzosa coacción de Italia y Libia a la ONG Open Arms cuando ésta última intentaba rescatar refugiados en medio del Mediterráneo). Pero aún hay centenares de miles de refugiados hacinados en campos de concentración principalmente entre Grecia y Turquía, en condiciones precarias y sin poder asentarse en Europa ni tener la posibilidad de rehacer sus vidas. El problema no ha desaparecido, sigue ahí pero simplemente no se habla de él. Sshh, no hagan ruido.



- Sequía intensa en España: España en su conjunto está sufriendo el año más seco desde 1965, y si se va al detalle en algunas zonas de España no hay registros de una sequía tan fuerte como la de este año. Y eso pasa en particular en Galicia, que está en la llamada España húmeda, donde este año los incendios forestales han arrasado una enorme masa forestal, al mismo tiempo que el norte de Portugal también ardía. Las pérdida de cobertura boscosa juntamente con las escorrentías de las cenizas (cuando llueva) y la llegada de los fuertes temporales de finales de este año, unido a la propia sequía, puede producir cambios drásticos en la estructura ecosistémica de Galicia y pone en peligro su actual condición de vergel atlántico. El estrés hídrico de Galicia se manifiesta en las dificultades de las explotaciones agropecuarias y también en el suministro de agua a grandes ciudades como Vigo. En el extremo opuesto de la Península, el bajo caudal del río Tajo imposibilita trasvasar agua a la cuenca del Segura y pone en serio peligro la viabilidad de la huerta murciana si la situación se prolonga en demasía. Entre medias, en las dos Castillas, los embalses están en mínimos y en algunas zonas ya no tienen agua para dar de beber al ganado. Probablemente éste es el problema más grave que está sufriendo ahora mismo España, pero su eco queda acallado por las convulsiones políticas (a las que luego me referiré) y también por el enorme grado de alienación de la Naturaleza, de la tierra misma, que tiene la población general, que se piensa que si no tiene agua en el grifo entonces la comprará embotellada y que no se plantea de dónde salen los alimentos que come.


- Otro año de precio del petróleo estancado, pero..: Este año hemos continuado con la tregua que ha dado el precio del petróleo, que se ha mantenido alrededor de los 50 dólares por barril durante la mayoría del año. Esto ha sido tremendamente conveniente para las economías occidentales, incluyendo los EE.UU., que son netamente importadoras de grandes cantidades de petróleo. Sin embargo, a final de año se ha observado una tendencia creciente que ya dura unos meses y que probablemente anticipa lo que tanto la Agencia Internacional de la Energía (AIE) como el banco HSBC prevén para el año 2018: un fuerte repunte del precio del petróleo, debido, por una parte, a la disminución de los stocks almacenados previamente, y por la otra, a la fuerte caída en la inversión petrolífera. Todo apunta a que el año 2018 es un año de fuerte riesgo de que se produzca un nuevo pico de precios.

- Desinversión en petróleo (excepto EE.UU.): De acuerdo con las estadísticas que proporciona la AIE, después de una caída del 46% en el bienio de  2014 a 2016, de 2016 a 2017 se ha observado un ligero repunte, del 6%, en la inversión global en exploración y desarrollo de nuevos pozos de petróleo y otras explotaciones de hidrocarburos líquidos.
Sin embargo, este repunte es sólo debido al fuerte aumento de inversión en los EE.UU., quien ha incrementado un 50% la inversión en upstream actualmente para generar tan sólo un leve aumento de la producción global: el petróleo de fracking norteamericano supone solamente el 5% de la producción global y cada vez cuesta más mantener su producción, pues los pozos duran poco tiempo y hay que perforar nuevos a un ritmo creciente, y aún más debido a que se ha explotado primero los pozos más rentables y van quedando los más marginales para el final. De hecho, como suele explicar Art Berman, el fracking es un negocio ruinoso, cosa ya más que verificada tras 7 años de explotación. El actual incremento de inversión en un negocio que se iba a pique sólo puede explicarse por las políticas proteccionistas de Donald Trump, que está favoreciendo la producción doméstica aunque eso implique el empobrecimiento de su país, en una idea completamente equivocada de intentar ser el que más tiempo aguante. Y a pesar de todo eso, a escala global el tenue incremento de inversión de este año no compensa en absoluto las caídas de los dos años previos, máxime cuando el grueso de la inversión de ha concentrado en el peor de los recursos disponibles y el que menos rendimiento tiene, con lo que el descenso de la producción en los próximos e inmediatos años (por las razones que ya discutimos en su momento) parece completamente imposible de evitar.

- ... y también en renovables: Podría pensarse que las malas perspectivas del sector de los hidrocarburos, con unos precios de venta excesivamente bajos para los productores, debería favorecer a la industria de generación de energía renovable, pero parece que tampoco es ese el caso. Como muestra el gráfico de Bloomberg que acompaña a estas líneas, que corresponde al tercer trimestre de 2017, la tendencia no es en absoluto creciente y más bien tiene una cierta tendencia decreciente. No es fácil caracterizar la tendencia en el sector, pues como el gráfico de inversión trimestral de aquí arriba muestra hay repetidos ciclos de inversión típicamente anuales (las visibles "escaleras de 4 peldaños" en la franja roja, que corresponde a la región de Asia Pacífico, muy dominada por la economía china, tan planificada a nivel central). El gráfico también muestra una disminución rápida de la inversión en Europa, Oriente Medio y África, sólo compensada ligeramente por la que se ejecuta en América (todo el continente). En todo caso, da la impresión de que hay un punto de inflexión en la inversión renovable, un verdadero cambio de tendencia, que habrá que seguir con atención durante los próximos años, tratando de dilucidar qué parte de esta menor inversión proviene del abaratamiento de las tecnologías y qué parte proviene de la falta de interés de los inversionistas.

- Evolución del PIB mundial: Todos los indicadores avanzados apuntan a que el PIB mundial este año aumentará, y no sólo a escala global sino en la mayoría de los países, incluyendo a la mayoría de las economías occidentales. Se diría que en este momento se está sacando el máximo partido del abaratamiento de la energía y se deja atrás los dos años previos de estancamiento e incluso retroceso. Cuando se produzca el próximo pico de precios del petróleo podremos dilucidar hasta qué punto la recuperación económica era sólida o sólo un espejismo favorecido por el bajo precio del petróleo.

- El laberinto catalán (y el español): Este año la situación política en España, principalmente debido al problema catalán, ha sido realmente caótica. Éste ha sido el tema al que más posts le he dedicado este año en el blog, y en general esos artículos han tenido bastante mala recepción debido a la fuerte emocionalidad que rodea a este tema, a pesar de que la mayoría de las cosas que yo intuía se han acabado verificando. Los últimos dos meses, con la autonomía intervenida por el gobierno, han supuesto una relativa pero tensa tregua, y ahora que las nuevas elecciones han dejado claro que el independentismo tiene una base social consolidada muy amplia pero no suficiente sería el mejor momento para que los políticos se ganasen su sueldo e hiciesen aquello que se supone que deben hacer: política. Ninguno de los dos bandos en disputa (la nomenclatura de los cuales varía según el bando: para unos son soberanistas versus unionistas, para los otros son secesionistas versus constitucionalistas) tiene legitimidad para reclamar una victoria absoluta sobre el otro, pues la sociedad catalana está dividida en dos mitades de tamaño semejante, quizá un poco más decantada en este momento del lado independentista. Nadie parece tener las ideas claras de hacia donde seguir y por lo que se ve la posibilidad de negociar no está sobre la mesa; mientras tanto, la maquinaria judicial sigue su paso imparable, lo cual puede crear aún más dificultades a la política. El peligro de que el problema catalán se enquiste y degenere es bien real. Como ya he planteado varias veces, el tema catalán puede ser la forma que tome el colapso en el caso concreto de España, mientras que con nuestra visión hormigácea seguimos oliendo la manzana sin ser capaces de llegar a ella. Por otro lado, conviene recordar que el actual Gobierno de España se sostiene con un apoyo precario tras un año de infructuosos intentos que llevó a una repetición de elecciones, y que factores emergentes (por ejemplo, el creciente apoyo electoral al partido político Ciudadanos) pueden causar su caída e inaugurar un nuevo período de inestabilidad política en España. Cataluña puede ser la gota que haga colmar el vaso español.

- Europa ante la encrucijada: El año que ahora termina ha dejado en Europa muchos problemas mal resueltos por las propias instancias europeas. A las negociaciones del Brexit se le ha unido el persistente crecimiento de la ultraderecha en Centroeuropa, la cuestión arrinconada pero para nada solucionada de los refugiados, la cuestión catalana (que no es tan fácil de arrinconar debido a la desfachatez de Carles Puigdemont de huir precisamente a Bélgica) y ya en la recta final del año las elecciones alemanas que han dejado una situación de ingobernabilidad semejante a aquella a la que nos vamos acostumbrando por estas latitudes. Después de dos meses de negociaciones, parece que la única coalición viable para Angela Merkel es con los socialdemócratas, cuyo líder, después de rechazar categóricamente la posibilidad de reeditar la Gran Coalición, se ha visto obligado a reconsiderarla tras consultar a sus bases (¿les suena similar a algo?). Entre tanto, la popularidad del presidente francés Emmanuel Macron continúa siendo bastante mediocre, después de las reformas liberalizadoras que ha tomado. El corazón político de Europa sufre mientras la periferia se va anquilosando, justo en el momento en que se debería ser capaz de dar una respuesta eficaz a grandes desafíos cuyo curso empeorará en los próximos años: los refugiados, el desencanto de las clases medias, la dificultad de acceso a los recursos, los crecientes estragos del cambio climático y, en cualquier momento, una crisis económica que se está cocinando a fuego lento y que tiene visos de ser mucho peor que la de 2008. Lo preocupante de todo esto no es que, cuando  estos problemas muestren su peor cara, falte un liderazgo fuerte en Europa, sino qué tipo de liderazgo se instaurará.


Éste es el resumen del año que pronto acaba. En seguida discutiré mis previsiones para el año que comenzará. Permanezcan en sintonía.

Salu2,
AMT

miércoles, 28 de diciembre de 2016

The Oil Crash: año 11

Evolución del hielo marino global a lo largo de diversos años

Queridos lectores,

Hace 11 años ya que la producción de petróleo convencional llegó a su máximo efectivo (leve y brevemente superado en 2008) y desde entonces el mundo entró en una nueva época, la del petróleo difícil de conseguir, la de la economía global disfuncional, aunque a los líderes económicos y políticos les cueste reconocerlo. Durante todo este tiempo se ha intentado compensar el estancamiento (y últimamente el declive) de la producción de petróleo convencional introduciendo otros hidrocarburos líquidos, no convencionales, que se parecen más o menos al petróleo (aunque no puedan replicarlo en todos sus usos). Estos "petróleos no convencionales" han introducido un montón de nuevos problemas, no sólo por su repercusión ambiental sino también por su baja rentabilidad, que ha arrastrado a las compañías productoras a los números rojos incluso mientras el petróleo fue caro (hasta 2014). Pero incluso con esos malos sustitutos, la producción total de hidrocarburos líquidos más o menos asimilables a petróleo (lo que en un abuso de notación se conoce como "todos los líquidos del petróleo") probablemente llegó a su máximo absoluto histórico el año pasado - aún faltan un años para saber si 2015 marca realmente ese valor máximo, aunque en todo caso la cifra de 2015 no será nunca superada de manera significativa, y la fecha del inicio del declive terminal no puede estar demasiado lejana.

Una vez más, en este post hago un recorrido por determinadas noticias que durante este año han marcado la cada vez más difícil relación entre energía, economía y sociedad en un mundo que se ve enfrentado a una progresiva escasez energética y de recursos. En los medios de comunicación y en el lenguaje de los expertos, este nexo es sistemáticamente ignorado o ninguneado, y por ese motivo veo especialmente relevante este post, para como mínimo motivar una pequeña reflexión fuera de las veredas más comúnmente transitadas.

He aquí, por fin, la relación de eventos que he destacado este año.

- El precio del petróleo no sube: Después de 3 años (2011 a 2014) de precios históricamente elevados, el elevado precio de los hidrocarburos líquidos motivó un significativo descenso de la demanda que llevó a una drástica bajada del precio (un ciclo más de la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda de la que ya hemos hablado). A pesar de que los bajos precios del petróleo debían estimular un rápido crecimiento de la demanda, lo cierto es que la demanda no se ha recuperado tan rápido como esperaban muchos analistas. La razón tiene mucho que ver con la progresiva devaluación interna de las clases medias en Occidente y la incapacidad de hacer crecer el consumo de masas de manera persistente. Al final, por tanto, la demanda destruida no se ha recuperado con la celeridad esperada. También ha contribuido a postergar la subida de los precios el hecho de que durante 2014 y 2015 los stocks (la cantidad de petróleo almacenada por estados y empresas) ha llegado a niveles históricamente elevados, y hasta que tal stock no sea evacuado el precio se mantendrá bajo aún un tiempo.

Gráfica del último Oil Market Report de la Agencia Internacional de la Energía

 

- Las compañías petroleras desinvierten agresivamente de la exploración: Los costes de exploración y desarrollo de nuevos yacimientos y explotaciones de hidrocarburos líquidos se multiplicaron por tres, en términos reales, en el conjunto de la industria del petróleo y el gas desde el año 2000 hasta el año 2014. Lo cual es lógico, porque desde 2005 una proporción cada vez mayor de estos hidrocarburos líquidos provienen de explotaciones no convencionales, mucho más costosas. Desde 2011 al 2014, a pesar de tener un precio del barril de petróleo por encima de los 110$, las 127 mayores compañías de petróleo y gas del mundo perdieron en su conjunto más de 100.000 millones de dólares al año. Desde agosto de 2014 y hasta ahora, con un precio a penas por encima de los 50$ por barril, la sangría se ha hecho mucho más grande. No es de extrañar así que quiebren dos o tres compañías pequeñas o medianas cada semana. Tal sangría ha llevado a las grandes compañías a tomar una decisión drástica, y desde comienzos de año han disminuido sus gastos en exploración y desarrollo de manera taxativa, en un movimiento que tiene más de lucha por la supervivencia que de estrategia a largo plazo.


Ahora mismo, la trayectoria que sigue la industria es prácticamente de barrena: ya explicábamos al analizar el informe anual de 2016 de la Agencia Internacional de la Energía que si no se cambia rápido esta tendencia, durante 2017 se tendrían que aprobar nuevos proyectos a un ritmo nunca visto históricamente. 



Dada el lapso de tiempo que pasa entre que se empieza un proyecto y se empieza a vender la primera gota de petróleo, la actual desinversión garantiza una caída bastante rápida del suministro de petróleo dentro de unos pocos años. De hecho, por primera vez en un informe anual la Agencia Internacional de la Energía nos ha mostrado qué es asomarse en este abismo, y aún así lo ha edulcorado bastante para que no se vea toda su profundidad.

  

La destrucción de Alepo
- La guerra de Siria: Entre tanto, en Siria se continúa librando una guerra confusa al servicio de intereses no declarados. No casualmente el terreno en disputa, donde se asienta el fantasmagórico Estado Islámico, toma buena parte no sólo del Kurdistán sirio sino también del irakí, donde están algunas de las últimas reservas de petróleo no completamente explotadas del mundo y eterno Eldorado por el que suspiran los principales asesores energéticos del mundo. Mientras las dos principales potencias mundiales, EE.UU. y Rusia, libran una partida de ajedrez, apoyados localmente por otras potencias regionales (Arabia Saudita, Turquía e Irán), la guerra sigue cobrándose su implacable precio de vidas humanas y de destrucción salvaje, sin que en Occidente la ciudadanía se pregunte sobre las causas reales del conflicto y si realmente tanta muerte y miseria merece la pena. Entre tanto, otras guerras por el control de los recursos, ya sea su producción o su distribución, o simplemente restos de guerras anteriores, siguen librándose en cada vez más rincones sin que gocen ya del foco mediático: ¿Quién se acuerda de Ucrania? ¿De Sudán del Sur? ¿De Malí? ¿Llegó por fin la paz y la democracia a Egipto?

Tropas españolas destacadas en Malí
- Y otras guerras que vienen: La tensión creciente de un mundo escaso de recursos para la ambición de unos pocos que siguen creyendo que se puede crecer indefinidamente en un planeta finito hace que 2016 haya sido una nueva vuelta de tuerca en el crecimiento de tensiones internas que acabarán derivando, si nadie lo remedia, en guerra abiertas, ya sea civiles, ya sea con los países vecinos. El caso de Nigeria es paradigmático, pues la situación de guerra civil es casi un hecho allí. La lista de otros países donde la tensión va creciendo por problemas diversos (problemas entre los que destaca pero no es el único la escasez de petróleo o gas) es muy extensa. Destacaré solamente tres por las implicaciones que tienen para España. Por un lado está el caso de Argelia, donde la caída de ingresos por la venta de petróleo y gas acerca al país a un escenario de guerra civil, y si la división fuera suficientemente profunda podría alentar a países europeos, particularmente España y Francia por sus intereses gasísticoS, a intervenir sobre el terreno. Por otro lado, tenemos el caso de Malí (y Níger), del cual ya tratamos con cierto detalle la intervención militar francesa. Por último, es especialmente doloroso el caso de Venezuela, país cuya producción de petróleo está en un compromiso más serio de lo que se podría deducir de las estadísticas oficiales debido al hecho de que más de una tercera parte del total es petróleo extrapesado de la franja del Orinoco, el cual tiene un rendimiento económico y energético muy bajo y por tanto ayuda poco a la economía nacional. Diversos factores sobre el terreno están contribuyendo a llevar a Venezuela en una dirección cada vez más peligrosa, en la que ninguno deseamos que vaya.

- El problema de los refugiados: La contrapartida de las guerras cada vez más intensas en Oriente Próximo (lugar, por cierto, donde se produce la mitad del petróleo del globo) está llevando a un volumen de desplazados como el mundo no había visto desde la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de esos refugiados intentan entrar en la opulenta Europa, pero ésta es reacia a aceptar a los cientos de miles que huyen del horror y la muerte. La solución, por omisión o deliberada (a veces es difícil distinguir), es el confinamiento de esos centenares de miles de personas desesperadas en campos de refugiados, generalmente militarizados para que no escapen (cosa que los hace no tan lejanos a los antiguos campos de concentración para prisioneros de guerra). El año que ahora acaba ha visto cómo estos campos han incrementado su número y población, gracias sobre todo a un vergonzante acuerdo que la UE ha suscrito con Turquía. Con todo, la solución será como intentar poner una tirita en el muro agrietado de un embalse, si las guerras y revueltas continúan extendiéndose por Oriente Medio y el Norte de África. La creciente concienciación del ciudadano medio europeo ante el drama y la injusticia que están viviendo los refugiados necesitaba algún antídoto para evitar que éstos forzasen a sus gobiernos a tomar medidas humanitarias expeditivas tales como abrir las fronteras, y de este "antídoto" 2016 ha tenido también varias dosis.

- 2016, año de atentados indiscriminados: A rebufo de los ataques de París de noviembre de 2015, 2016 se ha visto trufado por una serie de atentados atribuidos a fanáticos islamistas, más o menos afines al Estado Islámico. Algunos han requerido el uso de armas y explosivos y un mayor nivel de preparación, al menos material (como el atentado del aeropuerto de Bruselas o el tiroteo en un pub gay en Orlando), pero para otros se han utilizado medios más sencillos sin ser por ello menos efectivos (como los atropellos múltiples, camión de gran tonelaje mediante, de Niza o Berlín), amén de un goteo de ataques "menores" (si se puede decir tal cosa) en los que un número reducido de personas fueron apuñaladas por algún energúmeno que se creía en la legitimidad para hacerlo. Todos estos atentados han sido mediatizados por algunos para crear una cierta psicosis colectiva que permita seguir recortando libertades individuales (recordemos que en Francia se ha extendido el estado de emergencia seis meses más) al tiempo que se demoniza convenientemente a los refugiados, para así despojarlos de su Humanidad y hacer aceptable sus deplorables condiciones actuales. Tal proceso es peligrosísimo, pues puede acabar creando una retroalimentación positiva, de modo de un grupo creciente de excluidos y desplazados asuman su rol de parias y enemigos de Europa, arrastrándonos a una verdadera guerra civil.


- Crisis global de legitimidad del establishment político: Si algo ha marcado el año 2016 es la sucesión de sorpresas políticas cuando se le ha preguntado al pueblo llano sobre sus preferencias en temas de los cuales, por algún motivo, era moneda común asumir cuál era el resultado correcto. Primero fue el Brexit, después la victoria de Donald Trump en las presidenciales americanas, y por último la derrota de Mateo Renzi en el referéndum sobre la reforma constitucional italiana. En todos los casos (aunque en los medios cueste de reconocer) se daba por hecho que el pueblo votaría "lo que se debía", en todos los casos las encuestas avanzaban la victoria de "lo que se debía", y en todos los casos el electorado ha elegido la opción rupturista (lo más rupturista de entre lo que se le ofertaba). Todas estas votaciones reflejan lo que cada vez más parece un clamor en Occidente: que el ciudadano de a pie no se siente representado por un poder político que es percibido como demasiado supeditado (cuando no directamente comprado) por el poder económico; y la clase media, en pleno proceso histórico de hundimiento, busca con desesperación opciones que le ofrezcan alternativas mejores que simplemente resignarse al plan impuesto por las élites para capear el descenso energético, consistente en que los más tendrán cada vez menos mientras que los menos tendrán, a pesar de la caída global, aún más. Es tal la ceguera oficial ante un proceso, por lo demás completamente lógico y evidente, que por más que se multiplican los signos por doquier no se quiere aceptar. El populismo avanza y la desesperación de las masas empuja a Occidente en una nueva dirección. Si al final esta dirección seguirá la ruta que se pretendía marcar, hacia el totalitarismo, u otra diferente, es una cosa todavía por dirimir.

- También en España el descrédito político sigue creciendo: Este año ha sido de auténtico vodevil, con la repetición de las elecciones de diciembre de 2015 en junio de este año. El país ha estado prácticamente un año sin renovar el Gobierno y con una legislatura completamente estéril. El partido tradicionalmente de izquierdas, el PSOE, continúa en la ruta segura de su hundimiento secular, probablemente acelerado por la poca honrosa (y poco democrática) defenestración de su líder. El partido dicho de izquierdas de nuevo cuño, Podemos, o toda la constelación de fuerzas que más o menos se agrupan detrás de ese nombre, no ha sabido aún capitalizar la debacle del PSOE, en parte por sus tempranas y hueras luchas internas (fruto, posiblemente, de la indefinición inicial de su proyecto político). En este contexto, el conservador PP ha conseguido revalidar el Gobierno, aunque sea en minoría, gracias a un no demasiado noble apoyo de un PSOE (apoyo que puede costarle aún más votos al centenario partido). Como ven, todo un galimatías político y una opereta, que refleja la pérdida de fronteras bien definidas entre las diferentes opciones políticas y un exceso de TINA (que podría ser traducido en español castizo como: "Esto es lo que hay"), con el hartazgo del electorado en aumento. En el extremo oriental de la península ibérica, el Govern de Cataluña opta decididamente por la vía separatista, aunque envía mensajes contradictorios, a veces acelerando el denominado "Proceso", a veces ralentizándolo, aunque la desafortunada tendencia del ejecutivo nacional a judicializar asuntos que más valdría tratar políticamente pueden acabar precipitando la balanza del lado de la independencia.


- La transición climática: Y mientras los expertos miran con preocupación la evolución del mercado de materias primas, mientras las guerras se multiplican, mientras el drama de los refugiados arrecia, mientras los atentados rompen el aparente orden apacible occidental (sobre todo, en lo que respecta a la multiculturalidad) y mientras el descrédito político ocupa todas las tertulias, un fenómeno de alcance global que puede poner en jaque a toda la Humanidad continúa su curso impasible, siendo el foco de atención de muy pocos. Los últimos meses han sido los más cálidos desde que hay registros y este año, por primera vez desde que consta, la cobertura de hielo marino del Ártico y del Antártico están al mismo tiempo por debajo de los mínimos propios de la época. No hace tanto, los años en los que el hielo ártico avanzaba el antártico retrocedía y viceversa. Ahora ya no. Como muestra la gráfica que abre el post, la cobertura global de hielo marino se separa completamente de la evolución de los últimos años; no es simplemente la paulatina disminución de la superficie marina helada, este año algo ha cambiado de manera radical. Alguna cosa del sistema climático está experimentado un cambio de fase, un cambio de comportamiento, y las consecuencias son impredecibles: el mundo podría cambiar para siempre. O para lo que le resta a la Humanidad sobre este planeta, que para el caso, para nuestro caso, es lo mismo.

Salu2,
AMT