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martes, 31 de agosto de 2021

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 2)

Queridos lectores:

Después de un receso estival, volvemos a la carga con la segunda entrega del relato de Cabulco sobre sus sinsabores como ingeniero concienciado que intenta llevar la transición energética y ecológica hacia algún lugar que tenga sentido. Como la primera, muy interesante.

Les dejo con Cabulco.


Salu2.

AMT




Relatos de un ingeniero en transición (volumen 2).

Por Calbuco

 

Resulta muy interesante analizar el giro y cambio de discurso que han tenido las grandes empresas eléctricas de este país en los últimos tres años a tenor del cambio climático y las energías renovables. El mismo día que se aprobó el RD 244/2019, que impulsaba el autoconsumo eléctrico y derogaba el impuesto al sol, una de estas empresas anunciaba por televisión la posibilidad de instalarse placas solares junto con un eslogan muy pegadizo. Es natural, aunque paradójico, que estas grandes corporaciones busquen aumentar beneficios a costa de mitigar emisiones que ellas mismas generaron en un pasado no muy lejano. Verde que te quiero verde, titulaba Eduardo Galeano a un cuento corto, haciendo homenaje a García Lorca, sobre lo que luego se denominaría greenwashing. Y esto no había hecho más que empezar.

Tras el verano de 2019, una de estas grandes y verdes utilities (le llamaremos X) nos contactó para estudiar varios proyectos de autoconsumo en gran parte de sus centrales de generación fósil repartidas a lo largo del territorio español. La primera reunión con X estuve con un compañero frente a seis empleados de la central. Nos explicaron el alcance del proyecto, plazos de ejecución y el modo de presentar la propuesta técnica - económica para que en unos meses se lanzara una licitación privada. Es decir, antes de nada, contactan con empresas especialistas para que diseñen las diferentes opciones y luego se plasman en unas bases técnicas y económicas. Hasta aquí, todo normal, si no fuera porque todo el trabajo que implica preparar una propuesta de este tipo no está remunerado de ninguna de las maneras.

Pero claro, como le vas a decir que no a X. Tras visitar las centrales (tres ciclos combinados y una nuclear) tuvimos que participar en cuatro licitaciones diferentes que, además, se publicaron prácticamente en el mismo espacio de tiempo. Para más inri, coincidió con el confinamiento más duro que sufrimos el pasado 2020. Las fases de licitación para cualquier actividad con X son muy claras. Un primer corte técnico donde los “especialistas” evalúan si la propuesta enviada cumple con los aspectos principales de producción, tecnología, implantación, etc. Pongo las comillas en especialistas porque en este caso, los que supervisaban las propuestas, eran los responsables de las diferentes plantas de generación fósil. Unas cuantas videollamadas fueron necesarias para explicar a técnicos nucleares como funcionaba una planta de autoconsumo fotovoltaico y por qué los módulos bifaciales no eran rentables para determinadas potencias. La actividad en X se divide en generación fósil y renovable. Posiblemente, la división de renovables, con su actividad frenética en batir récords de potencia instalada en la península, no tenia tiempo para gestionar migajas de megavatios y cedió toda la responsabilidad a los técnicos de las plantas de generación contaminantes. Eso sí, la poca información que manejaban estos técnicos se basaba en grandes plantas fotovoltaicas y nada tenían que ver con proyectos de autoconsumo. Tal era su desconocimiento de las posibilidades del autoconsumo, que lo que en un principio iba a ser un proyecto de autoconsumo sin excedentes, con el fin de cubrir los consumos auxiliares de la central, se convirtió (burocrática y técnicamente) en un proyecto de conexión a red. Toda la energía generada se vertería en las barras de transporte con el resto de MWh de origen fósil para recorrer cientos de kilómetros. Pero el slogan de X remarca la importancia del autoconsumo en sus plantas fósiles. La revolución ha llegado.

Una vez recibimos las bases técnicas y demás documentos corporativos de X, comenzaba la cuenta atrás para presentar nuestra mejor propuesta. El documento “Criterios de diseño” reflejaba el trabajo de varias videollamadas y las recomendaciones técnicas que habíamos sugerido en las últimas semanas. Imagino que otros contratistas aportaron su granito de arena, pero la gran mayoría de aspectos técnicos era cosecha propia. Ahora nos tocaba ofertar ciñéndonos a todos los documentos que X obligaba seguir al pie de la letra. De hecho, en caso de sugerir alguna modificación, existe una tabla de desviaciones donde hay que incluir el documento, página y párrafo que cumple con tu oferta y firmarlo para que quede registrado. Todo muy formal y riguroso, aparentemente. Pero lo divertido llegó en la segunda fase, la sección económica. Desde la sección de compras en Madrid convocan una reunión para revisar los precios estimados y te dicen qué porcentaje estas por encima del contratista más barato. En nuestro caso era un 25 % por encima. Revisando partida por partida, la encargada del “regateo” por parte de X nos indicó que en la parte de estructuras y obra civil estábamos por encima de la media. Pregunté sin tapujos si el resto de contratistas estaban ofertando estructura metálica, tal y como indicaban las bases técnicas, con su correspondiente hincado directo y/o pre-taladrado en caso de ser necesario. Mi sorpresa fue cuando, por parte de Compras, me invitaron a contactar de nuevo con los responsables técnicos para verificar esa información. Al cabo de 20 minutos tenia un correo solicitando una revisión de mi oferta con estructura no metálica. Obviamente esto suponía que alguien había hecho trampas, no cumpliendo con los requisitos técnicos y que X lo había consentido sin avisar a otros contratistas, como era nuestro caso. La noticia en nuestra dirección sobre estos trapicheos no sentó nada bien. Aun así, seguimos en el proceso. Conseguimos mejorar hasta un 18 % con respecto a la anterior oferta. Pero no fue suficiente. Al contrario de lo que defendían algunos expertos en contratos con X, se acabó adjudicando a la empresa más barata. Y todo el trabajo previo, de nuevo, no sirvió para nada. Sólo para hacerle el trabajo sucio a los técnicos de X, responsables de la licitación. A día de hoy, me consta que la ejecución del proyecto está parada por permisos relativos a la excavación de tierras. Desde mi equipo avisamos ese posible problema, pero claro, eso suponía más euros en el contrato.

Cambiando a otra super compañía generadora, distribuidora y comercializadora de electricidad, nos encontramos con Y. Mis primeras relaciones con Y fueron bastante agresivas. Me contactaron directamente para firmar un NDA (Contrato de confidencialidad) sujeto al estudio de varios proyectos estratégicos. Inicialmente nos reunimos en Madrid, pero tuvimos otras reuniones en Barcelona y Sevilla. Llegué a conocer a más de diez responsables/directores/heads/managers del área de negocio (así lo llaman en Y) relativo al autoconsumo y generación distribuida. Era curioso ver el cambio de Y a los nuevos tiempos, pero también era sospechoso observar que ninguno con los que trataba tenía las ideas claras sobre la energía solar fotovoltaica. En los primeros estudios nos solicitaron presentar oferta para realizar un EPC, pero en el último momento cambiaron el alcance a BOP. Para los que desconocen la jerga, EPC comprende el alcance completo de un contrato de construcción (Ingeniería, adquisición de equipos y construcción), mientras que el BOP se limita a la instalación. Esta es una practica habitual de X e Y en los grandes proyectos. Exprimen desde el minuto uno justificando que es EPC y cuando no puedes ajustar más margen y has puesto las cartas sobre la mesa, te cambian a BOP. ¡Abran juego, señores!

Tras varias propuestas y muchas reuniones, nos plantearon ofertar instalaciones de autoconsumo en base a un preciario cerrado. El desconocimiento de la casuística en instalaciones de autoconsumo era tal que, por mucho que insistíamos en que era inviable ceñirse a un preciario sin tener en cuenta las particularidades de cada emplazamiento, seguían erre que erre. Al igual que con X, las bases y especificaciones técnicas eran heredadas de grandes plantas y la normativa, poco o nada tenía que ver con proyectos de autoconsumo. La estrategia de Y consiste, hasta el momento, en lanzar preciarios a todos los comerciales que conservan en activo y bombardear a clientes de suministro eléctrico existente. Poco importa que oferten al mismo cliente que, por tu cuenta, como contratista “independiente”, has encontrado, y obviamente existe un NDA que les sirve para hacer aviones de papel. En caso de que piquen el anzuelo, contactan al contratista más barato que haya rellenado el preciario, a ver si hay suerte y no se desvía mucho del precio inicial. ¿Para qué formar equipos especialistas en diferentes áreas de negocios? ¿Para qué aportar un valor añadido a la sociedad aprovechando los ingentes recursos económicos y humanos? ¿Para qué cambiar de modelo si este funciona de maravilla? Pues estas y muchas otras preguntas me hacía en las videollamadas eternas con Y que nunca acababan de concretar nada. Como anécdota personal, hace unas semanas me contactaron unos agentes comerciales que trabajan indirectamente para Y. Querían saber la disponibilidad de unas pequeñas tierras, heredadas de mis padres, para la implantación de un gran proyecto de Hidrógeno. Estuve más de media hora al teléfono para sacar la máxima información posible. En resumen, pretenden hacer una instalación de “autoconsumo” de más de 1GW de potencia fotovoltaica conectada a una planta que produzca cantidades enormes del gas de moda. Que el lugar sea posiblemente de los más remotos y poco comunicados de España da igual. Que las necesidades energéticas locales sean ridículas en comparación a la producción de hidrógeno también importa poco. Por suerte, a día de hoy, unas cuantas plataformas están en pie de guerra contra este tipo de proyectos tan alejados de la realidad y tan innecesarios en ese contexto y a esa escala. El debate generado ante esta tendencia de reventar territorio a costa de todo, está surtiendo efecto y algunos fondos de inversión parece que empiezan a dudar. Las energías renovables deben seguir desplegándose por el territorio, en eso no hay debate, pero debemos reflexionar y revisar el cómo y el para quién.

Podría seguir alargando la ecuación con otras incógnitas que representen a grandes compañías eléctricas o incluso petroleras, pero no vale la pena seguir destapando sus formas tan poco elegantes (quedémonos aquí) de actuar sin reflexionar y plantear una alternativa a cómo confrontarlas en la transición energética que tenemos delante. Y sí, a todos los que estamos en el sector, nos llena de rabia las jugarretas que hacen a su antojo. Más todavía desde dentro, cuando conoces su funcionamiento, pero quizá el oligopolio que se han montado tiene sus días contados. Y en esto, el autoconsumo fotovoltaico tiene mucho que ver. En concreto el autoconsumo colectivo, que servirá de catalizador para las comunidades energéticas locales. 

Los escenarios que se plantean a corto y medio plazo no son buenos. Los lectores habituales de este blog lo saben. El cambio climático puede golpear fuerte y de nosotros depende cómo combatirlo, o al menos, cómo protegernos de los peores augurios. El tejido eco social será fundamental y las comunidades energéticas, que poco a poco van surgiendo en todo el país, pueden ser una muestra del futuro a seguir. Obviamente, queda mucho camino que recorrer. El autoconsumo colectivo tiene que superar los 500 metros de distancia máxima entre generación y consumo. Los coeficientes de reparto deben fijarse de la manera más dinámica posible y así, evitar excedentes de producción y por tanto, tener instalaciones más eficientes. Se debe ampliar a que las llamadas instalaciones próximas, incluyan aquellas con media tensión y no sólo las conectadas en BT. El acceso a las redes de distribución debe pasar a manos de la ciudadanía, para acceder a los datos y así gestionar la demanda de forma más ágil y transparente. Si conseguimos hacer realidad estas demandas, y muchos colectivos están empujando por conseguirlo, habremos ganado unas cuantas batallas a “X”, “Y” y todo el enjambre económico que se beneficia de nuestros derechos energéticos. Mientras escribo estas líneas (junio de 2021), se estrenan las nuevas tarifas eléctricas y los chascarrillos sobre cuando poner la lavadora ya empiezan a cansar. Hay mucho por hacer pero también, poco a poco, se están consiguiendo cambios en el sector eléctrico que años antes eran impensables. Entre ellos, paralelo al hecatombe de las nuevas tarifas, se ha propuesto un anteproyecto que pretende regular los conocidos como “beneficios caídos del cielo” a algunas de estas eléctricas y dará paso a limitar que plantas de generación sin emisiones cobren derechos de emisión. Sigue como asignatura pendiente revisar el sistema de casación que otorga beneficios a los de siempre. Pero soy optimista y quiero creer que el modelo está cambiando.

Cambia, todo cambia y el modelo empezará a cambiar y será la ciudadanía quien gestione la energía eléctrica. Y este será el primer paso. Las comunidades energéticas tienen que hacer honor a su apellido y la electricidad es uno de otros componentes de la energía final. Podremos gestionar en comunidad las necesidades térmicas, nuestros alimentos, el transporte o incluso la gestión del agua. Quizá es demasiada presión, pero de nosotros depende que las grandes corporaciones no nos pasen por encima, gestionando fondos públicos para ejecutar sus instalaciones faraónicas y que el beneficio real se lo repartan unos pocos. 

Si existe una voluntad colectiva para transitar hacia un modelo más sostenible y sensato, ganaremos todos. El camino no será nada fácil, pero creando comunidad y replicando modelos, que ya comienzan a florecer, nuestra adaptación a las futuras crisis que están por venir será menos ardua. Seguramente esta forma de organización energética de paso a otras organizaciones colectivas que nos hagan replantearnos el actual modelo económico y social. Y puede, también, que todos estos cambios tan complejos consigan culminar una transición ecológica en manos de la ciudadanía y de muchas pequeñas comunidades de personas con ansia de cambio y ganas de dejar algo mejor.

viernes, 11 de junio de 2021

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 1).

Queridos lectores:

Al nutrido elenco de autores que contribuyen a este blog, se le une hoy uno nuevo, Cabulco, un ingeniero especialista en energías renovables en transición. A dónde le llevará esta transición, nadie lo puede saber, pero estoy seguro que encontrarán sus reflexiones sobre sus vivencias de lo más interesante para entender mejor qué es lo que está pasando en las bambalinas de la transición energética.

Les dejo con Calbuco, a quien espero que dispensen una calurosa bienvenida.

Salu2.

AMT




 

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 1).

Por Calbuco

La primera vez que me tocó realizar una visita técnico-comercial para vender una instalación de autoconsumo fue a finales de 2018. Se había aprobado el RDL 15/2018, el mal llamado “impuesto al sol” fue derogado y la locura solar se había desatado.

Tras varios meses de formaciones técnicas con fabricantes, redacción de proyectos y alguna que otra sesión con el equipo de comerciales, esta vez me tocaba acompañar al responsable comercial de zona porque era un “cliente VIP”. Mi presencia allí era postureo puro y duro. Al ser yo el “señor ingeniero” tenía que convencer al cliente que estaba casi a punto de caramelo. Éste tiene un Ferrari y lo que le gusta es fardar. Ofértale el último modelo de placa solar y las baterías esas de litio de alto voltaje – me decía mi jefe, como si eso fuera un aliciente para motivarme. En efecto, el cliente VIP era el delegado territorial de una conocida cadena de bocadillos. Su casa era una oda al despilfarro y la pretensión. Al llegar a la azotea, tras subir en ascensor dos pisos, divisé dos unidades exteriores de aire acondicionado. Le pregunté si ambos estaban activos y su mirada me dio a entender que la duda ofendía. Obviamente tenía un dispositivo split en cada piso. La potencia contratada estaba por encima de los 10 kW en monofásica. Por cierto, ésta era su residencia de vacaciones. Comprobé el espacio disponible según el plano de implantación y no cuadraban algunas medidas. Nos tocaba reducir la potencia pico (potencia fotovoltaica) y por tanto el almacenamiento que se había diseñado se vería afectado. Al plantear al cliente la leve reducción (su ratio de autoconsumo seguía por encima del 65%) los problemas empezaron. Yo no sé como lo harás, pero quiero mantener encendido los dos aires acondicionados desde que me voy a la playa hasta que me acuesto. Aquí hace mucho calor y la factura de la luz me está saliendo muy cara los últimos veranos – declaró con soberbia, como si fuera un empleado suyo. Le contesté que la instalación fotovoltaica no le ayudaría a ahorrar si seguía con los mismos hábitos de consumo y que al tener la monitorización web (app de la instalación) de la producción FV y de su consumo, posiblemente le ayudaría a racionalizar la energía. ¡Uy, sí! Encima que hago la inversión de placas me va a tocar estar pendiente de cuando conecto y desconecto cada aparato. Yo quiero olvidarme de las facturas y taparme con una sabanita por las noches que mi mujer sino se me queja. Posiblemente mi cara fue un poema tras escuchar el argumentario que ponía patas arriba mis creencias de eficiencia energética y medio ambiente. Al salir de la mansión de los bocadillos, el responsable comercial que me acompañaba me dijo que no podía negarle nunca a un cliente que se instalara más placas de las que quería. Daba igual cualquier motivo técnico. El objetivo era vender por encima de todo. Por suerte, los siguientes clientes no fueron tan esperpénticos y el equipo de comerciales poco a poco y con mucha formación iba entendiendo los entresijos de la energía solar.

Pero de repente, una llamada de un antiguo colega de la facultad lo cambió todo. Necesitaban gente en el departamento de ingeniería de la empresa en que trabajaba y me animó a que presentara mi candidatura. Con mucho escepticismo le hice caso. No me consideraba a la altura, ni de lejos, para entrar en esa gran empresa multinacional extranjera. Referencia internacional en proyectos de energía renovable, con unos cuantos GW instalados por todo el mundo. Pero lo conseguí, tuve buen rollo con los jefes de departamento que me entrevistaron y tras un mes de pruebas absurdas de todo tipo, salí de esa empresa, que vendía a particulares con pasta, para hacer grandes proyectos alrededor del mundo. Qué tierno me recuerdo y solo han pasado 2 años.

Como todo cambio laboral, los primeros días son duros. Nunca había estado en una oficina tan grande y con tanta gente. Protocolos de seguridad, varias sesiones de formación corporativa y los últimos gadgets informáticos para que no tuviera excusa en no rendir al máximo. Faltaría más. Recuerdo con especial detalle el primer proyecto que me encomendaron. 366 MWp de módulos monocristalinos en una zona remota del país en el que había vivido más de tres años. El kmz que disponíamos en Google Earth ocupaba más de 700 Ha en medio de una zona que sólo había selva. Al preguntarle a un compañero por más información sobre la localización exacta, me indicó la ubicación de la carpeta con fotos del anteproyecto. Google Earth estaba desactualizado y esas cuantas hectáreas se apreciaban en las fotos aéreas como “calvas” en medio de la selva. Algunas de estas fotos estaban en el dossier del anteproyecto marcando la cronología de las obras y siempre acompañadas del slogan del proyecto: “llevamos la sostenibilidad de …” Entre otras tareas diversas, me tocaba ajustar la curva de GEI del ciclo de vida del proyecto. Utilizaba el software PVsyst y según los equipos empleados, país de fabricación y lugar de implantación, salían unas emisiones asociadas a la ejecución del parque solar. Las primeras simulaciones que realicé me salían unos datos completamente dispares a los que “según el contrato” teníamos que ajustarnos. Esta vez mi jefe, al notar mi frustración, me indicó que había una forma manual de estimar la huella de carbono y que el total de emisiones no tenia porque abarcar los 25 años que se suponía que duraba el proyecto. No pierdas el tiempo en esas chorradas, nadie se fija en esos detalles – me decía mientras yo trataba de cuadrar varios números. El mismo informe del programa volcaba resultados al gusto del chef y se acercaban a esas toneladas de CO2 definidas en un contrato de unos cuantos miles de millones de dólares. El greenwashing a golpe de click.

A las pocas semanas, me pasaron al departamento de estudios. Necesitaban manos para generar documentación en lo que era la oferta del año. Estábamos en lo que llaman fase shortlist. Como epecistas, competíamos con los finalistas para ser adjudicatarios del proyecto de fotovoltaica más grande jamás contando en ese lejano país. La verdad que el diseño y cálculo de la producción estimada fue muy estimulante. En esta fase final de oferta, el cliente solicita que garantices una producción de electricidad en base a un precio por MWp instalado. Es decir, tienes que ser el que mejor rendimiento (PR) ofrezcas a menor precio. En fases futuras se negocian las disponibilidades del Sol durante x años y las penalizaciones en caso de no cumplirlas. Sí, habéis leído bien, te obligan a pagar si la producción solar es inferior a las fuentes de datos meteorológicos que has utilizado para ese diseño. Finalmente, esta oferta, como la gran mayoría, se quedó en nada y el adjudicatario fue el que más estranguló a las subcontratas locales y/o menor margen final aceptó. Todo el trabajo técnico y de diseño no importó. Lo que realmente afectó, como en cualquier megaproyecto, fue el dinero. Bienvenido al mundo del diseño de grandes plantas.

Los meses pasaron y el 5 de abril de 2019 se aprobó el RD 244/2019. El autoconsumo eléctrico por fin tenía una base legal y técnica donde apoyarse. Retomé apuntes del RDL del 2018, el cual en mi anterior trabajo me había empollado bien y empecé a dar la matraca con las oportunidades que se abrían en el sector. Para mi sorpresa, me propusieron si quería liderar el departamento de autoconsumo fotovoltaico industrial. Accedí con las orejas sin saber bien donde me metía. Empecé como hombre orquesta, pero sobre todo empecé a reunirme con grandes empresarios conocidos por directivos del grupo multinacional. Eventos, jornadas, foros; el autoconsumo era una fiesta en España y yo estaba en la liga de las estrellas. Me adentré en el maravilloso mundo de estudios de facturas eléctricas en empresas. Las hipótesis a tomar, como muchos saben, son una verdadera quimera. Con una bola de cristal estimas incremento del precio de la electricidad, degradación anual del módulo fotovoltaico que el fabricante se suele inventar y una producción solar según condiciones de contorno. Esa coctelera proporciona un retorno de la inversión y una rentabilidad que serán las claves para convencer al encargado de la empresa en cuestión, que trata de entender de qué va esto de las placas solares. A medida que avanzaba en los diferentes proyectos, estudios y reuniones, comprobaba que algo no encajaba.

El boom solar volvía a resonar en España tras una década que se hizo todo mal. La competencia, sin escrúpulos, mentía descaradamente en informes de producción. Por ejemplo, muchas garantizan unos kWh autoconsumidos que son los que luego utilizan para calcular el ahorro, cuando realmente son los kWh generados, sin tener en cuenta el perfil de carga. Otras asumen que la electricidad incrementará un 4% anual durante 25 años y así salen los estupendos 4 años de payback. Tienes que mejorar la oferta porque nuestro comité de dirección no se mete en inversiones superiores a 3 años de retorno – me dijo una vez el director financiero de una gran empresa agroindustrial. Otra escena divertida es cuando el cliente final te “sopla” que tu competencia ofrece más potencia instalada. Argumentas que su perfil de carga se ajusta con una potencia que generará menos de un 10% de excedentes (sin vertido a red) y por tanto es el diseño óptimo. La clásica respuesta es que les da igual los excedentes que se pierden, queremos la máxima potencia fotovoltaica porque el banco nos permite un renting muy interesante. Y los bancos vuelven a la carga. La financiación es un aspecto que, en mi opinión, ha distorsionado el concepto del autoconsumo. Muchas empresas directamente están solicitando que ofertes un PPA. PPA on site le llaman, para hacerlo más rimbombante. Esto implica que no haya inversión inicial y la instalación se paga con el ahorro que se genera al pactar un precio de electricidad fijo durante, normalmente, la vida útil de la instalación. Es un acuerdo entre una comercializadora (apoyada y financiada con fondos de inversión extranjeros), la instaladora de turno y el cliente final. He llegado a ver PPA’s que son instalaciones que vierten toda la producción a la red. No inyectan electricidad en la acometida del punto de suministro. Simplemente generan energía en una cubierta, que esta pasa a ser propiedad de la comercializadora, y la vierten a la red de distribución. Y son instalaciones de apenas 400 kWp. No hay autoconsumo instantáneo ¿Dónde está el beneficio de autoconsumir? Que contesten los fondos de inversión que hacen el lío a pequeñas y medianas instaladoras. Eso sí, la empresa “beneficiaria” con fotovoltaica, en un tejado que deja de ser de su propiedad, presentará un video molón contando las bondades de su transición energética y los árboles equivalentes que plantará durante los próximos 25 años.

Las incongruencias de los proyectos de gran escala se pueden apreciar, en dimensiones distintas, también en instalaciones de autoconsumo. El fetichismo solar es tendencia y alardear de los megavatios instalados es lo que se lleva en las redes sociales. Es un hecho que cualquier sector con perspectivas de crecimiento suele ser invadido por charlatanes y vendemotos. Lo preocupante es volver a repetir, en otro contexto y otras formas, los mismos errores del pasado. La energía es un sector en el que, desgraciadamente, abundan los vendedores de “productos” a cualquier precio sin importar aspectos técnicos o ambientales. En los próximos meses veremos, en grandes superficies comerciales, placas solares al lado de aspiradoras. El autoconsumo fotovoltaico crea una cadena de valor que pasa por adentrarse en nuestras casas y empresas y, como mínimo, deberíamos ser rigurosos y responsables en ofrecer soluciones acordes a las necesidades. La transición energética se está convirtiendo en una carrera llena de obstáculos, amenazada por perder su propio significado por fantasmas del pasado e intereses del presente. Dejemos de correr, hagamos las cosas con buena letra y transitemos de manera ecológica.