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martes, 31 de agosto de 2021

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 2)

Queridos lectores:

Después de un receso estival, volvemos a la carga con la segunda entrega del relato de Cabulco sobre sus sinsabores como ingeniero concienciado que intenta llevar la transición energética y ecológica hacia algún lugar que tenga sentido. Como la primera, muy interesante.

Les dejo con Cabulco.


Salu2.

AMT




Relatos de un ingeniero en transición (volumen 2).

Por Calbuco

 

Resulta muy interesante analizar el giro y cambio de discurso que han tenido las grandes empresas eléctricas de este país en los últimos tres años a tenor del cambio climático y las energías renovables. El mismo día que se aprobó el RD 244/2019, que impulsaba el autoconsumo eléctrico y derogaba el impuesto al sol, una de estas empresas anunciaba por televisión la posibilidad de instalarse placas solares junto con un eslogan muy pegadizo. Es natural, aunque paradójico, que estas grandes corporaciones busquen aumentar beneficios a costa de mitigar emisiones que ellas mismas generaron en un pasado no muy lejano. Verde que te quiero verde, titulaba Eduardo Galeano a un cuento corto, haciendo homenaje a García Lorca, sobre lo que luego se denominaría greenwashing. Y esto no había hecho más que empezar.

Tras el verano de 2019, una de estas grandes y verdes utilities (le llamaremos X) nos contactó para estudiar varios proyectos de autoconsumo en gran parte de sus centrales de generación fósil repartidas a lo largo del territorio español. La primera reunión con X estuve con un compañero frente a seis empleados de la central. Nos explicaron el alcance del proyecto, plazos de ejecución y el modo de presentar la propuesta técnica - económica para que en unos meses se lanzara una licitación privada. Es decir, antes de nada, contactan con empresas especialistas para que diseñen las diferentes opciones y luego se plasman en unas bases técnicas y económicas. Hasta aquí, todo normal, si no fuera porque todo el trabajo que implica preparar una propuesta de este tipo no está remunerado de ninguna de las maneras.

Pero claro, como le vas a decir que no a X. Tras visitar las centrales (tres ciclos combinados y una nuclear) tuvimos que participar en cuatro licitaciones diferentes que, además, se publicaron prácticamente en el mismo espacio de tiempo. Para más inri, coincidió con el confinamiento más duro que sufrimos el pasado 2020. Las fases de licitación para cualquier actividad con X son muy claras. Un primer corte técnico donde los “especialistas” evalúan si la propuesta enviada cumple con los aspectos principales de producción, tecnología, implantación, etc. Pongo las comillas en especialistas porque en este caso, los que supervisaban las propuestas, eran los responsables de las diferentes plantas de generación fósil. Unas cuantas videollamadas fueron necesarias para explicar a técnicos nucleares como funcionaba una planta de autoconsumo fotovoltaico y por qué los módulos bifaciales no eran rentables para determinadas potencias. La actividad en X se divide en generación fósil y renovable. Posiblemente, la división de renovables, con su actividad frenética en batir récords de potencia instalada en la península, no tenia tiempo para gestionar migajas de megavatios y cedió toda la responsabilidad a los técnicos de las plantas de generación contaminantes. Eso sí, la poca información que manejaban estos técnicos se basaba en grandes plantas fotovoltaicas y nada tenían que ver con proyectos de autoconsumo. Tal era su desconocimiento de las posibilidades del autoconsumo, que lo que en un principio iba a ser un proyecto de autoconsumo sin excedentes, con el fin de cubrir los consumos auxiliares de la central, se convirtió (burocrática y técnicamente) en un proyecto de conexión a red. Toda la energía generada se vertería en las barras de transporte con el resto de MWh de origen fósil para recorrer cientos de kilómetros. Pero el slogan de X remarca la importancia del autoconsumo en sus plantas fósiles. La revolución ha llegado.

Una vez recibimos las bases técnicas y demás documentos corporativos de X, comenzaba la cuenta atrás para presentar nuestra mejor propuesta. El documento “Criterios de diseño” reflejaba el trabajo de varias videollamadas y las recomendaciones técnicas que habíamos sugerido en las últimas semanas. Imagino que otros contratistas aportaron su granito de arena, pero la gran mayoría de aspectos técnicos era cosecha propia. Ahora nos tocaba ofertar ciñéndonos a todos los documentos que X obligaba seguir al pie de la letra. De hecho, en caso de sugerir alguna modificación, existe una tabla de desviaciones donde hay que incluir el documento, página y párrafo que cumple con tu oferta y firmarlo para que quede registrado. Todo muy formal y riguroso, aparentemente. Pero lo divertido llegó en la segunda fase, la sección económica. Desde la sección de compras en Madrid convocan una reunión para revisar los precios estimados y te dicen qué porcentaje estas por encima del contratista más barato. En nuestro caso era un 25 % por encima. Revisando partida por partida, la encargada del “regateo” por parte de X nos indicó que en la parte de estructuras y obra civil estábamos por encima de la media. Pregunté sin tapujos si el resto de contratistas estaban ofertando estructura metálica, tal y como indicaban las bases técnicas, con su correspondiente hincado directo y/o pre-taladrado en caso de ser necesario. Mi sorpresa fue cuando, por parte de Compras, me invitaron a contactar de nuevo con los responsables técnicos para verificar esa información. Al cabo de 20 minutos tenia un correo solicitando una revisión de mi oferta con estructura no metálica. Obviamente esto suponía que alguien había hecho trampas, no cumpliendo con los requisitos técnicos y que X lo había consentido sin avisar a otros contratistas, como era nuestro caso. La noticia en nuestra dirección sobre estos trapicheos no sentó nada bien. Aun así, seguimos en el proceso. Conseguimos mejorar hasta un 18 % con respecto a la anterior oferta. Pero no fue suficiente. Al contrario de lo que defendían algunos expertos en contratos con X, se acabó adjudicando a la empresa más barata. Y todo el trabajo previo, de nuevo, no sirvió para nada. Sólo para hacerle el trabajo sucio a los técnicos de X, responsables de la licitación. A día de hoy, me consta que la ejecución del proyecto está parada por permisos relativos a la excavación de tierras. Desde mi equipo avisamos ese posible problema, pero claro, eso suponía más euros en el contrato.

Cambiando a otra super compañía generadora, distribuidora y comercializadora de electricidad, nos encontramos con Y. Mis primeras relaciones con Y fueron bastante agresivas. Me contactaron directamente para firmar un NDA (Contrato de confidencialidad) sujeto al estudio de varios proyectos estratégicos. Inicialmente nos reunimos en Madrid, pero tuvimos otras reuniones en Barcelona y Sevilla. Llegué a conocer a más de diez responsables/directores/heads/managers del área de negocio (así lo llaman en Y) relativo al autoconsumo y generación distribuida. Era curioso ver el cambio de Y a los nuevos tiempos, pero también era sospechoso observar que ninguno con los que trataba tenía las ideas claras sobre la energía solar fotovoltaica. En los primeros estudios nos solicitaron presentar oferta para realizar un EPC, pero en el último momento cambiaron el alcance a BOP. Para los que desconocen la jerga, EPC comprende el alcance completo de un contrato de construcción (Ingeniería, adquisición de equipos y construcción), mientras que el BOP se limita a la instalación. Esta es una practica habitual de X e Y en los grandes proyectos. Exprimen desde el minuto uno justificando que es EPC y cuando no puedes ajustar más margen y has puesto las cartas sobre la mesa, te cambian a BOP. ¡Abran juego, señores!

Tras varias propuestas y muchas reuniones, nos plantearon ofertar instalaciones de autoconsumo en base a un preciario cerrado. El desconocimiento de la casuística en instalaciones de autoconsumo era tal que, por mucho que insistíamos en que era inviable ceñirse a un preciario sin tener en cuenta las particularidades de cada emplazamiento, seguían erre que erre. Al igual que con X, las bases y especificaciones técnicas eran heredadas de grandes plantas y la normativa, poco o nada tenía que ver con proyectos de autoconsumo. La estrategia de Y consiste, hasta el momento, en lanzar preciarios a todos los comerciales que conservan en activo y bombardear a clientes de suministro eléctrico existente. Poco importa que oferten al mismo cliente que, por tu cuenta, como contratista “independiente”, has encontrado, y obviamente existe un NDA que les sirve para hacer aviones de papel. En caso de que piquen el anzuelo, contactan al contratista más barato que haya rellenado el preciario, a ver si hay suerte y no se desvía mucho del precio inicial. ¿Para qué formar equipos especialistas en diferentes áreas de negocios? ¿Para qué aportar un valor añadido a la sociedad aprovechando los ingentes recursos económicos y humanos? ¿Para qué cambiar de modelo si este funciona de maravilla? Pues estas y muchas otras preguntas me hacía en las videollamadas eternas con Y que nunca acababan de concretar nada. Como anécdota personal, hace unas semanas me contactaron unos agentes comerciales que trabajan indirectamente para Y. Querían saber la disponibilidad de unas pequeñas tierras, heredadas de mis padres, para la implantación de un gran proyecto de Hidrógeno. Estuve más de media hora al teléfono para sacar la máxima información posible. En resumen, pretenden hacer una instalación de “autoconsumo” de más de 1GW de potencia fotovoltaica conectada a una planta que produzca cantidades enormes del gas de moda. Que el lugar sea posiblemente de los más remotos y poco comunicados de España da igual. Que las necesidades energéticas locales sean ridículas en comparación a la producción de hidrógeno también importa poco. Por suerte, a día de hoy, unas cuantas plataformas están en pie de guerra contra este tipo de proyectos tan alejados de la realidad y tan innecesarios en ese contexto y a esa escala. El debate generado ante esta tendencia de reventar territorio a costa de todo, está surtiendo efecto y algunos fondos de inversión parece que empiezan a dudar. Las energías renovables deben seguir desplegándose por el territorio, en eso no hay debate, pero debemos reflexionar y revisar el cómo y el para quién.

Podría seguir alargando la ecuación con otras incógnitas que representen a grandes compañías eléctricas o incluso petroleras, pero no vale la pena seguir destapando sus formas tan poco elegantes (quedémonos aquí) de actuar sin reflexionar y plantear una alternativa a cómo confrontarlas en la transición energética que tenemos delante. Y sí, a todos los que estamos en el sector, nos llena de rabia las jugarretas que hacen a su antojo. Más todavía desde dentro, cuando conoces su funcionamiento, pero quizá el oligopolio que se han montado tiene sus días contados. Y en esto, el autoconsumo fotovoltaico tiene mucho que ver. En concreto el autoconsumo colectivo, que servirá de catalizador para las comunidades energéticas locales. 

Los escenarios que se plantean a corto y medio plazo no son buenos. Los lectores habituales de este blog lo saben. El cambio climático puede golpear fuerte y de nosotros depende cómo combatirlo, o al menos, cómo protegernos de los peores augurios. El tejido eco social será fundamental y las comunidades energéticas, que poco a poco van surgiendo en todo el país, pueden ser una muestra del futuro a seguir. Obviamente, queda mucho camino que recorrer. El autoconsumo colectivo tiene que superar los 500 metros de distancia máxima entre generación y consumo. Los coeficientes de reparto deben fijarse de la manera más dinámica posible y así, evitar excedentes de producción y por tanto, tener instalaciones más eficientes. Se debe ampliar a que las llamadas instalaciones próximas, incluyan aquellas con media tensión y no sólo las conectadas en BT. El acceso a las redes de distribución debe pasar a manos de la ciudadanía, para acceder a los datos y así gestionar la demanda de forma más ágil y transparente. Si conseguimos hacer realidad estas demandas, y muchos colectivos están empujando por conseguirlo, habremos ganado unas cuantas batallas a “X”, “Y” y todo el enjambre económico que se beneficia de nuestros derechos energéticos. Mientras escribo estas líneas (junio de 2021), se estrenan las nuevas tarifas eléctricas y los chascarrillos sobre cuando poner la lavadora ya empiezan a cansar. Hay mucho por hacer pero también, poco a poco, se están consiguiendo cambios en el sector eléctrico que años antes eran impensables. Entre ellos, paralelo al hecatombe de las nuevas tarifas, se ha propuesto un anteproyecto que pretende regular los conocidos como “beneficios caídos del cielo” a algunas de estas eléctricas y dará paso a limitar que plantas de generación sin emisiones cobren derechos de emisión. Sigue como asignatura pendiente revisar el sistema de casación que otorga beneficios a los de siempre. Pero soy optimista y quiero creer que el modelo está cambiando.

Cambia, todo cambia y el modelo empezará a cambiar y será la ciudadanía quien gestione la energía eléctrica. Y este será el primer paso. Las comunidades energéticas tienen que hacer honor a su apellido y la electricidad es uno de otros componentes de la energía final. Podremos gestionar en comunidad las necesidades térmicas, nuestros alimentos, el transporte o incluso la gestión del agua. Quizá es demasiada presión, pero de nosotros depende que las grandes corporaciones no nos pasen por encima, gestionando fondos públicos para ejecutar sus instalaciones faraónicas y que el beneficio real se lo repartan unos pocos. 

Si existe una voluntad colectiva para transitar hacia un modelo más sostenible y sensato, ganaremos todos. El camino no será nada fácil, pero creando comunidad y replicando modelos, que ya comienzan a florecer, nuestra adaptación a las futuras crisis que están por venir será menos ardua. Seguramente esta forma de organización energética de paso a otras organizaciones colectivas que nos hagan replantearnos el actual modelo económico y social. Y puede, también, que todos estos cambios tan complejos consigan culminar una transición ecológica en manos de la ciudadanía y de muchas pequeñas comunidades de personas con ansia de cambio y ganas de dejar algo mejor.

domingo, 18 de julio de 2021

Las ilusiones renovables

 

Queridos lectores:

Al hilo de recientes discusiones en las redes sociales, me he dado cuenta de que un argumento que se está usando para justificar el insostenible y procolapsante modelo de transición renovable que se está proponiendo desde las instancias públicas es la gran cantidad de estudios aparecidos en revistas científicas que "demuestran" (así me dicen) que el 100% renovable es posible. Me han llegado a citar que se han compilado 180 artículos científicos que muestran tal tipo de transición renovable, como si el masivo número fuera prueba de autoridad suficiente y no cupiera discutir más. Dado que, contrariamente a lo que suelen pensar mis contertulios en las redes sociales, algo sé de este tema porque mi escasa producción científica en este campo es precisamente sobre el diseño de sistemas 100% renovables, he creído conveniente escribir este post para sintetizar mejor por qué ése no es un argumento válido, y menos aún para justificar las políticas públicas que se están emprendiendo. Discutiré la cuestión primero desde la perspectiva general, y luego aludiré a mi experiencia personal en el campo, puesto que a veces las cosas se entienden mejor por la virtud del ejemplo (y espero que así también entiendan que mi posición no viene de un agorerismo fanático apriorístico, sino de una contemplación de y reflexión sobre la naturaleza de las cosas).

Comencemos por algo muy básico: la ciencia no funciona por un sistema democrático. La verdad de un aserto no se valida por el hecho de que haya muchos estudios, aunque sean 180, que parecen respaldarlo. Por supuesto que la gran cantidad de estudios avalan que probablemente se puede hacer, pero hay que estudiar y analizar los susodichos 180 estudios para ver cuáles son las condiciones de aplicación. Porque ésta es la primera cosa que los profanos al ejercicio de la ciencia no entienden: ningún estudio es completamente comprehensivo porque tal cosa es imposible, dada la complejidad y multitud de factores que intervienen en el mundo real. Cada estudio se apoya en un conjunto de hipótesis limitantes bien definidas, y ningún estudio sobre una cuestión de mediana complejidad pretende dar la solución última y final a esa cuestión, sino tan solo entender una parte del problema. Para hacer las cosas más complicadas, cada estudio establece unas hipótesis explícitas, pero al tiempo, inevitablemente, parte de unas hipótesis implícitas que no siempre son evidentes. Por ejemplo, y como cuestionaba yo a unos de mis contertulios, ninguno de los citados estudios considera ni integra el problema de la escasez de materiales y energía, o el rendimiento energético de las instalaciones; y todos ellos asumen que habrá una base industrial funcional como la actual que, de manera continua, va a permitir sin mayores sobresaltos construir todos esos sistemas.

La segunda cuestión a considerar es que lo que están proponiendo esos 180 artículos son cosas muy dispares y en ocasiones contradictorias. Cuando uno entra en los detalles de lo que dicen los artículos, algunos asumen una cantidad de energía en los vientos que es hasta 10 veces superior a la que suponen otros estudios; en algunos casos, las curvas de producción solar son bastante más grandes que en otros, que los últimos resuelven asumiendo que habrá un aumento desmesurado de la eficiencia. La manera de hacer el aprovechamiento energético también varía salvajemente de un estudio a otro, en algunos casos apoyándose en el coche eléctrico, en otros en los motores basados en hidrógeno y en algunos otros en biocombustibles. No es por tanto de extrañar que, al margen de esa cifra relativa de producción renovable, 100%, que se dice poder alcanzar, las cantidades absolutas de energía que creen poder producir unos y otros estudios difieren a veces hasta en dos órdenes de magnitud. Tal disparidad de criterios debería hacer sospechar al lector de que la madurez técnica de estos estudios es todavía limitada, que las incertidumbres sobre el potencial renovable son bastante amplias y que aunque uno encuentre 180 estudios en los que se consigue el 100% renovable, debería haber una cantidad significativa de otros estudios que se queden sensiblemente por debajo del 100%. Pero ahí interviene otro factor: cuando un grupo de investigación hace un estudio y no consigue llegar al anhelado 100%, simplemente no lo publica, dado que el objetivo está claramente marcado y si uno no lo consigue se considera que no es interesante. De ese modo, se tiene un sesgo de confirmación en la producción científica, porque de todo el amplio abanico de resultados se publican solo aquéllos que llegan a la marca del 100%.

Hay, por último, una tercera cuestión, que es de nuevo un sesgo de confirmación, que funciona como un sesgo de elección. Quien me cita esos 180 artículos que muestran, a su entender, la factibilidad del 100% renovable, está ignorando la vastísima literatura científica sobre los límites que la escasez de materiales y de petróleo imponen a la transición renovable. Esos artículos están ahí, publicados en las mismas revistas que los otros, solo hay que buscar "renewable" y "scarcity" o "resource scarcity". Seguramente no son tantos, porque no es una temática muy popular (y ahí hay un tercer sesgo: muchas veces hay que pelearse con los revisores para que te lo publiquen, porque no les gustan las conclusiones pero no porque sean lógica o científicamente erróneas) pero cada vez son más, porque es una temática emergente. En todo caso, nadie que se plantee un análisis sobre la viabilidad de una transición 100% renovable puede decidir ignorar esos estudios que hablan de dificultades, dificultades que precisamente los otros estudios no consideran. No es ni medianamente serio, a día de hoy, que se plantee una discusión sobre la transición renovable sin haber leído nada de Carlos de Castro, Ínigo Capellán o Alicia Valero, por poner ejemplos de tres autores patrios; pero es que hay muchos más en la escena internacional (y para desmayo de los gestores que lo apuestan todo al 100% renovable eléctrico, cada día hay más).

Plantear un modelo de transición al 100% renovable es algo extremadamente complejo, y que requiere un grupo de trabajo multidisciplinar y un estudio durante mucho tiempo, complementado tanto como se pueda con experiencia de campo. Es presuntuoso y arrogante creer que uno solo puede acometer una tarea de tal envergadura, con tantos vericuetos y complejidades tan pronto como uno empieza a entrar en los detalles de los usos energéticos en cada industria y en cada sector. Demasiadas veces me he encontrado con algún ingeniero con muchas primaveras ya en sus cabellos que pretender planificar la transición a golpe de hoja Excel. Ojalá fuera tan sencillo.

Justamente, mi propia escasa experiencia en estas lides me ha demostrado cómo de difícil y complejo es hacer un diseño de transición al 100% renovable que pueda ser medianamente creíble. Comentaré aquí solamente sobre tres artículos en cuya elaboración yo participé y que por tanto conozco mejor, aunque mi grupo publicó unos cuantos más.

En el año 2012 publicamos un estudio sobre cómo implementar un modelo 100% renovable (García-Olivares A., Ballabrera J., García-Ladona E. & Turiel A., 2012. A global renewable mix with proven technologies and common materials. Energy Policy 41, 561–574; también escribimos un post sobre el artículo). El objetivo de este estudio era determinar si era posible hacer una transición hacia el 100% renovable sin tener que asumir, como hacían muchos otros estudios, que aparecerían nuevas tecnologías disruptivas que permitirían mejorar de manera inverosímil la eficiencia. Además, buscamos que no se tuviera que utilizar materiales escasos, justamente para no tener que preocuparnos de los límites materiales. Por último, los sistemas a implementar deberían tener una TRE adecuada. La conclusión de nuestro estudio es que, efectivamente, se podría hacer tal sistema. Eso sí, se requeriría 1)  una cooperación internacional sin precedentes; 2) el práctico agotamiento de las reservas conocidas de cobre; y 3) el establecimiento de una economía de guerra durante 30 años. Como bonus, además, una vez culminada la transición la economía debería ser estacionaria para siempre jamás. Entre las limitaciones de este estudio se encuentran que utilizamos un enfoque bottom-up (en vez del top-down, que Carlos de Castro y sus colaboradores demostraron que era el correcto), por lo que nuestra estimación del potencial renovable está sobreestimada; y que no integrábamos el impacto del inminente descenso de la producción de petróleo en nuestros planes de transición.

En 2018 publicamos otro estudio que abordaba parcialmente el último de esos problemas (Solé J., García-Olivares A., Turiel A. & Ballabrera-Poy J., 2018. Renewable transitions and the net energy from oil liquids: A scenarios study. Renewable Energy 116, 258-271; y su post asociado). Tomando como referencia varios escenarios de declive de la producción de petróleo a partir de los informes de la AIE - retrospectivamente, la mayoría de estos escenarios resultan ser demasiado optimistas -, analizamos a qué ritmo se debería producir la sustitución renovable para compensar su caída. En los casos más extremos, los ritmos llegaban al 8% de crecimiento anual (y eso que descartamos incluir en el artículo algunos escenarios donde se llegaba al 20% anual para evitar el rechazo de los revisores). Por último, el artículo discute cómo debería ser el sistema de sustitución al 100% renovable, dando algunas directrices de cómo debería implementarse teniendo en cuenta estos problemas.

En aquel momento, sin embargo, ya teníamos claro que el problema era demasiado complejo, con demasiadas variables interactuando entre ellas. En la época en la que enviamos el artículo ya estábamos comenzando el proyecto MEDEAS, un proyecto financiado por la Comisión Europea que coordinó mi compañero Jordi Solé, cuyo objetivo era la elaboración de un modelo que permitiese testear los problemas de los escenarios de transición que se quieran proponer. Usando MEDEAS uno puede detectar si, para hacer un determinado modelo de transición, uno va a agotar algunas materias primas, va quedarse corto de petróleo o si va a disparar la concentración de CO2 o el paro. Así son los modelos de dinámica de sistemas, indispensables para poder capturar una parte aún pequeña pero significativa de la complejidad del mundo. Fruto de esos cuatro años de trabajo intensos, aparte del Libro Blanco, sacamos un artículo (J. Solé, R. Samsó, E. García-Ladona, A. García-Olivares, J. Ballabrera-Poy, T. Madurell, A. Turiel, O. Osychenko, D. Álvarez, U. Bardi, M. Baumann, K. Buchmann, Í. Capellán-Pérez, M. Cerny, Ó. Carpintero, De Blas, C. De Castro, J-D. De Lathouwer, C. Duce, L. Eggler, J.M. Enríquez, S. Falsini, K. Feng, N. Ferreras, F. Frechoso, K. Hubacek, A. Jones, R. Kaclíková, C. Kershner, C. Kimmich , L.F. Lobejón, P.L. Lomas, G. Martelloni, M. Mediavilla, L.J. Miguel, D. Natalini, J. Nieto, A. Nikolaev, G. Parrado, S. Papagianni, I. Perissi, C. Ploiner, L. Radulov, P. Rodrigo, L. Sun, M. Theofilidi, 2020. Modelling the Renewable Transition: scenarios and pathways for a decarbonised future using pymedeas, a new open-source energy systems model. Renewable and Sustainable Energy Reviews 132, 110105). Se habrán fijado en lo larga de la lista de autores: es lo que tiene ponerse en serio en una modelización de la transición, que se requieren equipos amplios y multidisciplinares. El artículo es una presentación de la herramienta pymedeas, el programa en Python de software libre (sí, se lo pueden descargar si quieren) que contiene el modelo MEDEAS. Como he dicho, este modelo sirve para comprobar si determinados escenarios de transición son o no transitables, y dónde se producen los mayores problemas, dando pistas sobre cómo resolverlos. Como ejemplo de aplicación, se muestran varias ejecuciones del modelo MEDEAS pero de manera restringida (desactivando algunos módulos de retroalimentación). Uno de los escenarios es el de Transición Renovable Rápida, y arroja información interesante: 1) la temperatura del planeta supera durante algunos años la marca de los 1,5 ºC que se ha fijado por el IPCC, por culpa del gran consumo fósiles requerido para el despliegue masivo renovable, y ello obliga a que el esfuerzo final se centre en la captura de carbono; y 2) el consumo de algunos materiales se dispara hasta tres veces sus reservas conocidas (el módulo de materiales se desconecta parcialmente para esta simulación).

El proyecto MEDEAS no representa ni mucho menos el final del camino, puesto que es necesario incrementar la granulosidad de la simulación y mejorar las funciones de producción y retroalimentación para describir mejor y con más detalle los escenarios. Éste es el trabajo que se está llevando a cabo con un nuevo proyecto europeo, LOCOMOTION, coordinado desde la Universidad de Valladolid. 

Y a medida que conocemos mejor la situación y mejoramos nuestro entendimiento de las retroalimentaciones entre las diferentes variables, queda cada vez más claro que a la transición renovable se llega por un camino cada vez más estrecho el cual podría cerrarse abruptamente si tomamos malas decisiones.

Por eso, queridos lectores, las cosas no son tan sencillas como contar cuántos artículos parecen decir una tal cosa. Hay que leer, hay que entender y, sobre todo, hay que reflexionar. Nos lo jugamos todo en esta apuesta y no nos podemos permitir el lujo de fallar.

Salu2.

AMT

viernes, 11 de junio de 2021

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 1).

Queridos lectores:

Al nutrido elenco de autores que contribuyen a este blog, se le une hoy uno nuevo, Cabulco, un ingeniero especialista en energías renovables en transición. A dónde le llevará esta transición, nadie lo puede saber, pero estoy seguro que encontrarán sus reflexiones sobre sus vivencias de lo más interesante para entender mejor qué es lo que está pasando en las bambalinas de la transición energética.

Les dejo con Calbuco, a quien espero que dispensen una calurosa bienvenida.

Salu2.

AMT




 

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 1).

Por Calbuco

La primera vez que me tocó realizar una visita técnico-comercial para vender una instalación de autoconsumo fue a finales de 2018. Se había aprobado el RDL 15/2018, el mal llamado “impuesto al sol” fue derogado y la locura solar se había desatado.

Tras varios meses de formaciones técnicas con fabricantes, redacción de proyectos y alguna que otra sesión con el equipo de comerciales, esta vez me tocaba acompañar al responsable comercial de zona porque era un “cliente VIP”. Mi presencia allí era postureo puro y duro. Al ser yo el “señor ingeniero” tenía que convencer al cliente que estaba casi a punto de caramelo. Éste tiene un Ferrari y lo que le gusta es fardar. Ofértale el último modelo de placa solar y las baterías esas de litio de alto voltaje – me decía mi jefe, como si eso fuera un aliciente para motivarme. En efecto, el cliente VIP era el delegado territorial de una conocida cadena de bocadillos. Su casa era una oda al despilfarro y la pretensión. Al llegar a la azotea, tras subir en ascensor dos pisos, divisé dos unidades exteriores de aire acondicionado. Le pregunté si ambos estaban activos y su mirada me dio a entender que la duda ofendía. Obviamente tenía un dispositivo split en cada piso. La potencia contratada estaba por encima de los 10 kW en monofásica. Por cierto, ésta era su residencia de vacaciones. Comprobé el espacio disponible según el plano de implantación y no cuadraban algunas medidas. Nos tocaba reducir la potencia pico (potencia fotovoltaica) y por tanto el almacenamiento que se había diseñado se vería afectado. Al plantear al cliente la leve reducción (su ratio de autoconsumo seguía por encima del 65%) los problemas empezaron. Yo no sé como lo harás, pero quiero mantener encendido los dos aires acondicionados desde que me voy a la playa hasta que me acuesto. Aquí hace mucho calor y la factura de la luz me está saliendo muy cara los últimos veranos – declaró con soberbia, como si fuera un empleado suyo. Le contesté que la instalación fotovoltaica no le ayudaría a ahorrar si seguía con los mismos hábitos de consumo y que al tener la monitorización web (app de la instalación) de la producción FV y de su consumo, posiblemente le ayudaría a racionalizar la energía. ¡Uy, sí! Encima que hago la inversión de placas me va a tocar estar pendiente de cuando conecto y desconecto cada aparato. Yo quiero olvidarme de las facturas y taparme con una sabanita por las noches que mi mujer sino se me queja. Posiblemente mi cara fue un poema tras escuchar el argumentario que ponía patas arriba mis creencias de eficiencia energética y medio ambiente. Al salir de la mansión de los bocadillos, el responsable comercial que me acompañaba me dijo que no podía negarle nunca a un cliente que se instalara más placas de las que quería. Daba igual cualquier motivo técnico. El objetivo era vender por encima de todo. Por suerte, los siguientes clientes no fueron tan esperpénticos y el equipo de comerciales poco a poco y con mucha formación iba entendiendo los entresijos de la energía solar.

Pero de repente, una llamada de un antiguo colega de la facultad lo cambió todo. Necesitaban gente en el departamento de ingeniería de la empresa en que trabajaba y me animó a que presentara mi candidatura. Con mucho escepticismo le hice caso. No me consideraba a la altura, ni de lejos, para entrar en esa gran empresa multinacional extranjera. Referencia internacional en proyectos de energía renovable, con unos cuantos GW instalados por todo el mundo. Pero lo conseguí, tuve buen rollo con los jefes de departamento que me entrevistaron y tras un mes de pruebas absurdas de todo tipo, salí de esa empresa, que vendía a particulares con pasta, para hacer grandes proyectos alrededor del mundo. Qué tierno me recuerdo y solo han pasado 2 años.

Como todo cambio laboral, los primeros días son duros. Nunca había estado en una oficina tan grande y con tanta gente. Protocolos de seguridad, varias sesiones de formación corporativa y los últimos gadgets informáticos para que no tuviera excusa en no rendir al máximo. Faltaría más. Recuerdo con especial detalle el primer proyecto que me encomendaron. 366 MWp de módulos monocristalinos en una zona remota del país en el que había vivido más de tres años. El kmz que disponíamos en Google Earth ocupaba más de 700 Ha en medio de una zona que sólo había selva. Al preguntarle a un compañero por más información sobre la localización exacta, me indicó la ubicación de la carpeta con fotos del anteproyecto. Google Earth estaba desactualizado y esas cuantas hectáreas se apreciaban en las fotos aéreas como “calvas” en medio de la selva. Algunas de estas fotos estaban en el dossier del anteproyecto marcando la cronología de las obras y siempre acompañadas del slogan del proyecto: “llevamos la sostenibilidad de …” Entre otras tareas diversas, me tocaba ajustar la curva de GEI del ciclo de vida del proyecto. Utilizaba el software PVsyst y según los equipos empleados, país de fabricación y lugar de implantación, salían unas emisiones asociadas a la ejecución del parque solar. Las primeras simulaciones que realicé me salían unos datos completamente dispares a los que “según el contrato” teníamos que ajustarnos. Esta vez mi jefe, al notar mi frustración, me indicó que había una forma manual de estimar la huella de carbono y que el total de emisiones no tenia porque abarcar los 25 años que se suponía que duraba el proyecto. No pierdas el tiempo en esas chorradas, nadie se fija en esos detalles – me decía mientras yo trataba de cuadrar varios números. El mismo informe del programa volcaba resultados al gusto del chef y se acercaban a esas toneladas de CO2 definidas en un contrato de unos cuantos miles de millones de dólares. El greenwashing a golpe de click.

A las pocas semanas, me pasaron al departamento de estudios. Necesitaban manos para generar documentación en lo que era la oferta del año. Estábamos en lo que llaman fase shortlist. Como epecistas, competíamos con los finalistas para ser adjudicatarios del proyecto de fotovoltaica más grande jamás contando en ese lejano país. La verdad que el diseño y cálculo de la producción estimada fue muy estimulante. En esta fase final de oferta, el cliente solicita que garantices una producción de electricidad en base a un precio por MWp instalado. Es decir, tienes que ser el que mejor rendimiento (PR) ofrezcas a menor precio. En fases futuras se negocian las disponibilidades del Sol durante x años y las penalizaciones en caso de no cumplirlas. Sí, habéis leído bien, te obligan a pagar si la producción solar es inferior a las fuentes de datos meteorológicos que has utilizado para ese diseño. Finalmente, esta oferta, como la gran mayoría, se quedó en nada y el adjudicatario fue el que más estranguló a las subcontratas locales y/o menor margen final aceptó. Todo el trabajo técnico y de diseño no importó. Lo que realmente afectó, como en cualquier megaproyecto, fue el dinero. Bienvenido al mundo del diseño de grandes plantas.

Los meses pasaron y el 5 de abril de 2019 se aprobó el RD 244/2019. El autoconsumo eléctrico por fin tenía una base legal y técnica donde apoyarse. Retomé apuntes del RDL del 2018, el cual en mi anterior trabajo me había empollado bien y empecé a dar la matraca con las oportunidades que se abrían en el sector. Para mi sorpresa, me propusieron si quería liderar el departamento de autoconsumo fotovoltaico industrial. Accedí con las orejas sin saber bien donde me metía. Empecé como hombre orquesta, pero sobre todo empecé a reunirme con grandes empresarios conocidos por directivos del grupo multinacional. Eventos, jornadas, foros; el autoconsumo era una fiesta en España y yo estaba en la liga de las estrellas. Me adentré en el maravilloso mundo de estudios de facturas eléctricas en empresas. Las hipótesis a tomar, como muchos saben, son una verdadera quimera. Con una bola de cristal estimas incremento del precio de la electricidad, degradación anual del módulo fotovoltaico que el fabricante se suele inventar y una producción solar según condiciones de contorno. Esa coctelera proporciona un retorno de la inversión y una rentabilidad que serán las claves para convencer al encargado de la empresa en cuestión, que trata de entender de qué va esto de las placas solares. A medida que avanzaba en los diferentes proyectos, estudios y reuniones, comprobaba que algo no encajaba.

El boom solar volvía a resonar en España tras una década que se hizo todo mal. La competencia, sin escrúpulos, mentía descaradamente en informes de producción. Por ejemplo, muchas garantizan unos kWh autoconsumidos que son los que luego utilizan para calcular el ahorro, cuando realmente son los kWh generados, sin tener en cuenta el perfil de carga. Otras asumen que la electricidad incrementará un 4% anual durante 25 años y así salen los estupendos 4 años de payback. Tienes que mejorar la oferta porque nuestro comité de dirección no se mete en inversiones superiores a 3 años de retorno – me dijo una vez el director financiero de una gran empresa agroindustrial. Otra escena divertida es cuando el cliente final te “sopla” que tu competencia ofrece más potencia instalada. Argumentas que su perfil de carga se ajusta con una potencia que generará menos de un 10% de excedentes (sin vertido a red) y por tanto es el diseño óptimo. La clásica respuesta es que les da igual los excedentes que se pierden, queremos la máxima potencia fotovoltaica porque el banco nos permite un renting muy interesante. Y los bancos vuelven a la carga. La financiación es un aspecto que, en mi opinión, ha distorsionado el concepto del autoconsumo. Muchas empresas directamente están solicitando que ofertes un PPA. PPA on site le llaman, para hacerlo más rimbombante. Esto implica que no haya inversión inicial y la instalación se paga con el ahorro que se genera al pactar un precio de electricidad fijo durante, normalmente, la vida útil de la instalación. Es un acuerdo entre una comercializadora (apoyada y financiada con fondos de inversión extranjeros), la instaladora de turno y el cliente final. He llegado a ver PPA’s que son instalaciones que vierten toda la producción a la red. No inyectan electricidad en la acometida del punto de suministro. Simplemente generan energía en una cubierta, que esta pasa a ser propiedad de la comercializadora, y la vierten a la red de distribución. Y son instalaciones de apenas 400 kWp. No hay autoconsumo instantáneo ¿Dónde está el beneficio de autoconsumir? Que contesten los fondos de inversión que hacen el lío a pequeñas y medianas instaladoras. Eso sí, la empresa “beneficiaria” con fotovoltaica, en un tejado que deja de ser de su propiedad, presentará un video molón contando las bondades de su transición energética y los árboles equivalentes que plantará durante los próximos 25 años.

Las incongruencias de los proyectos de gran escala se pueden apreciar, en dimensiones distintas, también en instalaciones de autoconsumo. El fetichismo solar es tendencia y alardear de los megavatios instalados es lo que se lleva en las redes sociales. Es un hecho que cualquier sector con perspectivas de crecimiento suele ser invadido por charlatanes y vendemotos. Lo preocupante es volver a repetir, en otro contexto y otras formas, los mismos errores del pasado. La energía es un sector en el que, desgraciadamente, abundan los vendedores de “productos” a cualquier precio sin importar aspectos técnicos o ambientales. En los próximos meses veremos, en grandes superficies comerciales, placas solares al lado de aspiradoras. El autoconsumo fotovoltaico crea una cadena de valor que pasa por adentrarse en nuestras casas y empresas y, como mínimo, deberíamos ser rigurosos y responsables en ofrecer soluciones acordes a las necesidades. La transición energética se está convirtiendo en una carrera llena de obstáculos, amenazada por perder su propio significado por fantasmas del pasado e intereses del presente. Dejemos de correr, hagamos las cosas con buena letra y transitemos de manera ecológica.

domingo, 25 de abril de 2021

La transición que no fue

 

Queridos lectores:

Desde mi comparecencia en el Senado de España, algunas personas me han remitido diversos informes sobre el estado de algunos sectores industriales en España. Todos ellos están relacionados con un tema que mencioné en mi comparecencia y sobre el que ya escribí aquí, el fin del plástico barato. Los informes mencionan siempre lo mismo: encarecimiento más que significativo en el último año de los plásticos y otras materias primas (maderas, aluminio, acero laminado, etc), empresas declarando fuerza mayor para no cumplir con sus contratos de suministro, ruptura de stock en algunos casos... Y en general, nadie espera que estos problemas se vayan a resolver antes de 2022 o 2023.

Si uno lee los análisis sobre las causas de estos problemas de suministro, suele encontrar toda una diversidad de problemas aducidos. Suele mencionarse la escasez de materia prima (a veces presentada de manera elíptica; por ejemplo, "desajustes entre la oferta y la demanda"), pero también se mencionan muchas cuestiones coyunturales de influencia variable pero que claramente se exagera en esos informes: se habla de la tormenta de nieve en Texas, la obstrucción del canal de Suez o el incremento del consumo de ciertos productos higiénicos derivados de las medidas contra la CoVid. Lo cierto es que en 2020 el consumo en general se redujo muchísimo, y los problemas de escasez ya eran notorios a finales de 2020, así que todos esos problemas mencionados suenan a excusas más que a la verdadera causa de tanto desarreglo. Todos, excepto la escasez de materia prima.

Y es que en la raíz de todos estos problemas está el acelerado descenso de la producción de petróleo en el que ya estamos inmersos. No voy a repetir aquí una vez más los mismos argumentos con todo detalle; consulten, si lo consideran necesario, lo que se discutió en el post "El Gran Despilfarro". El resumen del argumento es el siguiente: las compañías petroleras descubrieron hace unos años que no quedan yacimientos de petróleo rentables, porque a pesar de estar en precios récord perdían dinero a manos llenas; así pues, desde 2014 están reduciendo drásticamente sus inversiones y por ese motivo la propia Agencia Internacional de la Energía anticipa una caída de la producción de petróleo muy importante y ya imparable, que podría llegar a ser hasta del 50% en 2025 si no reaccionamos. Incluso si hay una fuerte reacción, una caída del 20% parece inevitable. Una caída tan grande de la producción de petróleo augura un auténtico desastre económico. Solo este año, la producción podría caer ya un 10%. La escasez de ciertas materias primas que se está observando nos indica que efectivamente vamos por ese camino. El precio del barril de petróleo aún no se ha disparado de precio, pero por culpa de la ley de Liebig de las refinerías (que comentábamos al hablar de la escasez de plásticos) el plástico ya escasea. La escasez de otras materias primas, como los microchips o algunos metales, tiene una componente energética y otra que depende de muchos otros factores, pero en todo caso será agudizada por el descenso del petróleo.

Y aún en este momento, en el que la producción de petróleo cae desde 2018 sin posibilidades de recuperarse nunca más, en el que sabemos que ya hemos pasado el temido peak oil, aún sale algún langrán diciendo que eso del peak oil ya fue desmentido, o el típico avispado que dice una variante de aquello de "Llevan años diciendo lo mismo. Siempre dicen que quedan 30 años para que se acabe el petróleo". Dejando al margen que ningún científico ha dicho nunca que el petróleo se fuera a acabar en 30 años (no, ninguno nunca lo ha dicho: nómbrese uno) y que quien dice eso tiene una supina ignorancia de qué es exactamente el pico del petróleo o peak oil (para quien le interese, aquí encontrará un sencillo vídeo explicativo), es absolutamente grotesco que en un momento tan delicado como el actual, en el que la producción de petróleo ya cae y que por culpa de la espantada de las petroleras va a seguir cayendo y encima más rápido de lo que debería haber sido, en un momento en que se nos viene encima una bofetada de realidad histórica con una Gran Escasez de casi todo, se pretenda de manera tan autosuficiente ignorar un problema que ya nos está explotando en las narices. Por poner una analogía: imaginen un fumador empedernido al que amigos y familiares le han dicho durante años que deje de fumar  porque al final contraerá un cáncer. El fumador siempre les había respondido, burlonamente, que llevan años diciéndole lo mismo pero que el cáncer nunca llega. Hasta que un día va al médico porque tiene unas molestias y el médico le dice que tiene un cáncer. Ahora imagínense que delante de ese diagnóstico, nuestro fumador se burlase del médico y le dijera que no le venga con la misma cantinela de siempre, de asustarle con que tendrá un cáncer. Sin entender que ya tiene el cáncer. Pues igual de grotesco es que en este momento tan delicado aparezcan algunos aturdidos diciendo que eso del peak oil es la misma cantinela de siempre. Pues no, señores: el peak oil ahora ya ha pasado. El tiempo de prevenirlo ya ha pasado; ahora es el tiempo de adaptarnos. Igual que con el ejemplo del fumador, ya no es simplemente cuestión de dejar de fumar: ahora tendremos que emprender tratamientos agresivos para parar el cáncer. Y lo último que necesitamos es a unos zangolotinos que solo quieren seguir arrastrando los pies un rato más.

Pero, por ese mismo motivo, porque ya estamos iniciando el descenso, ya no hay tiempo para las soluciones que se están proponiendo para la Transición Energética, motivada por la lucha contra el Cambio Climático pero que también deberían valer para hacer frente a la escasez energética y material que se nos viene encima. Llevamos muchos, demasiados, años discutiendo los pros y contras de la transición renovable. Llevamos muchos, demasiados, años discutiendo los límites de las renovables, con discrepancias legítimas que aún no se han resuelto. No se hizo nada cuando se tenía que hacer porque, en el fondo, no nos parecía tan urgente. Y ahora, simplemente, lo que teníamos planeado ya no se puede.

Latinoamérica pasó su pico de la energía en 2016, y justo antes de la CoVid su consumo de energía  sobrepasó su producción. Con el actual agravamiento global del problema energético, ¿va a poder Chile seguir enviándonos su cobre, sobre todo ahora que sus costes se han disparado por la pobreza de ley de las minas? ¿Va a seguir Argentina exportando su litio para las baterías? ¿Va a seguir México enviándonos su petróleo? Esto último ya sabemos que no: el consumo de petróleo de México ya supera a su producción desde hace un par de años.

¿Seguirán viniendo los paneles solares de China como hasta ahora? ¿Y el neodimio? ¿Y el cobalto desde el Congo? ¿El uranio de Níger?

En una situación en que la urgencia energética afectará a todo el globo, en la que todo el mundo tendrá que hacer de alguna manera su transición energética, ¿se va a poder mantener el tráfico mundial de las esenciales materias primas para la transición energética? Rotundamente, no. Con una producción de petróleo en descenso, ¿cómo funcionarán las máquinas que operan en las remotas minas de cobre, litio, platino, plata, oro? ¿Cómo trabajará la maquinaria que se usa para procesar en neodimio, el disprosio o el praseodimio? ¿Qué coste tendrá transportar esas materias de las minas a otros países donde se procesan? ¿Qué coste el transporte de las materias ya procesadas hasta llegar a Europa? Si ya sería extremadamente complejo si solo Europa emprendiera la transición energética, en el contexto al que vamos la competencia por esas materias será global. Porque no se trata ya de luchar contra el Cambio Climático, contra el cual hay países más comprometidos y concienciados que otros; aquí, es verdaderamente una guerra de todos contra todos. Y, además, por nuestro propio interés necesitaríamos que algunos países fuera de Europa hicieran también su transición, porque si no sus minas cerrarían y nos quedaríamos sin esos materiales.

Las hojas Excel de nuestros economistas de guardia, aquellos que asesoran a nuestros gobiernos y grandes empresas, no contemplan ningún problema. El mercado proveerá. Si se les señalan las dificultades, alegan que el ingenio humano no tiene límites y que el mercado siempre encuentra sustitutos eficientes para todo, y que el que no entienda eso es que es un ignorante en economía. Pero son ellos los que no saben nada. No saben que hace tiempo que se hicieron modelos complejos para describir la interacción entre todos los factores, tanto los económicos como los físicos, con mayor realismo. No saben nada del modelo World3, no saben nada de MEDEAS, no saben nada de Locomotion. Para ellos, su Excel es más que suficiente para describir la complejidad del mundo.

Ahora, al calor de los fondos NextGenerationEU, en España las grandes empresas y los grandes fondos de inversión se han lanzado a promover enormes proyectos de parques renovables, para generar una electricidad que no sabemos si necesitamos, y si no la necesitamos la usaremos para hacer hidrógeno. El hidrógeno, que como reconocía un ponente de unas conferencias a las que asistí hace unos días, se había intentado introducir hace 20 años y se fracasó, que se volvió a intentar hacer 10 años y se volvió a fracasar, y que esperan a ver si a la tercera va la vencida. Todos esos parques y esas plantas de hidrólisis, que necesitan de materias primas y elaboradas que tienen que venir de tan lejos y que no podrán llegar, si falta petróleo. En la Ley del Cambio Climático y la Transición Energética se habla de la descarbonización total de la economía española en 2050, y de un avance significativo para 2030; por ello, el plan es hacer todos estos parques y sistemas, que ya antes no sabíamos si serían adecuados, pero que ahora sabemos que simplemente no será posible ni instalarlos. Hablamos de transicionar parcialmente en 2030 y totalmente en 2050, cuando quizá el año que viene haya cosas que ya estén fallando.

Hemos esperado demasiado tiempo. En medio del incendio no es el momento de hacer una junta de vecinos para aprobar la instalación de una escalera de incendios. En un avión gravemente averiado, cuando el comandante dice "brace, brace" no es el momento para discutir qué visitaremos primero cuando lleguemos a nuestro destino. Ya no hay tiempo para eso.

Quizá haya tiempo de instalar en los próximos años algunos, unos pocos, de estos parques renovables y otros sistemas. Sin embargo, el foco debería estar en otro lado. Deberíamos dotarnos, a la mayor brevedad, de la capacidad de ser autosuficientes en la producción de alimentos. Deberíamos de asegurar el suministro de agua, en condiciones de potabilidad, y la capacidad de depurar las aguas residuales. Deberíamos relocalizar la producción de todo lo que sea relocalizable. Deberíamos abrir nuestros vertederos y chatarrerías para reaprovechar todo lo reaprovechable. Reciclar todo lo que sea reciclable y hacer una reingeniería de los procesos industriales para favorecer el reciclaje, sobre todo de ciertos metales. Deberíamos abandonar la megalomanía de esos proyectos que a día de hoy son imposibles y centrarnos en salvar lo más pequeño, lo fundamental. Hay que olvidar esa transición que soñamos, que quizá pudiera haber sido hace 20 años pero que hoy ya no será. Es mejor que la dejemos ir. La transición que no será. La transición que no fue. Porque ya no hay tiempo.

Salu2.

AMT

miércoles, 9 de agosto de 2017

El camino imposible hacia la transición renovable


Queridos lectores,

Cada vez que discuto sobre el problema de la crisis energética con especialistas del sector de las renovables, me encuentro, siempre, con los mismos planteamientos y con la misma discusión. Suele comenzar mi interlocutor, quien me comenta de los avances que se están haciendo en tal o cual tecnología para el mejor aprovechamiento renovable o para incrementar su penetración en la generación eléctrica. A esto vuelvo yo recordando que la electricidad representa poco más del 20% de la energía final consumida en un país avanzado como España, y que el 70 y muchos por ciento no eléctrico no es fácil de electrificar, y que se requiere mucho esfuerzo y planificación para llevar tal tarea a cabo, sabiendo que ciertos usos de la energía probablemente nunca se electrificarán. En añadidura, hacer toda esa transformación en el contexto que supone el desafío del peak oil, momento probablemente ya superado, en conjunción con los probablemente ya pasados picos del carbón y del uranio, y el no demasiado lejano pico del gas, implica que en relativamente poco tiempo vamos a necesitar mucha energía que ya no tendremos. Y que quizá el foco se debería poner en ver cómo se tienen que diseñar los escenarios para que la transición renovable sea estable, pues sin planificación podríamos acabar siguiendo un callejón sin salida (como los primeros resultados del proyecto MEDEAS parecen indicar - serán presentados el próximo septiembre, por cierto). En ese momento, mi interlocutor suele responder que todo lo que sea ir incrementando el potencial de generación renovable nos hace avanzar en la necesaria transición energética. Esa respuesta (la de que ir añadiendo sistemas de generación renovable es siempre avanzar en la buena dirección) demuestra, entre otras cosas, que mi interlocutor no ha entendido lo que le acabo de decir. Pues justamente uno de los problemas que tenemos es que, para que la transición renovable llegue a buen puerto y no nos conduzca más rápidamente al colapso, se requiere un alto grado de planificación.

Que la transición renovable, para que sea efectiva, requiere un alto grado de planificación, es algo que choca con las expectativas de la mayoría de los expertos, y no hablo aquí sólo de los despistados de los que me suelo mofar. Incluso a aquellos expertos con posiciones más aperturistas, que comprenden que lo que llamamos (sin serlo) libre mercado no lo puede regular todo, les resulta incomprensible que se tenga que tomar una medida tan drástica como inhibir la autoregulación y marcar férreamente desde una autoridad central qué se debe hacer y cómo se debe hacer. Sin embargo, tenemos ya muchos indicios de que tal planificación es absolutamente necesaria. Por ejemplo, en el trabajo que publicamos en 2012 (en el que asumíamos muchas simplificaciones pero como mínimo introducíamos planteamientos realistas sobre la capacidad tecnológica de los sistemas a utilizar y sobre el uso de materiales requeridos) llegábamos a la conclusión de que la meta del 100% renovable podría ser alcanzada pero 1) se tenía que implantar, a escala mundial, una economía de guerra inmediatamente y durante los siguientes 30 años; 2) se necesitaría un grado de cooperación internacional a una escala nunca vista; y 3) una vez llegado al 100% renovable se tendría que abandonar para siempre el objetivo del crecimiento, pues el abastecimiento energético ya no podría crecer sobre el nivel conseguido, y todo lo más que se podría hacer sería repartir lo que hubiese.

Existe entre los especialistas una gran (y alarmante) disparidad de opiniones sobre el potencial renovable y muchas discrepancias en cómo se podría construir un mix 100% renovable a escala global - conviene aclarar primero que por tal cosa queremos decir uno capaz de producir una cantidad de energía que mantuviera una parte substancial de la actual sociedad industrial; obviamente, si colapsaramos por completo las sociedades humanas sobrevivientes serían 100% renovables a la fuerza, pero lógicamente a un nivel energético muchísimo menor que el actual. Y las diferencias de opinión son tan grandes que algunos expertos afirman que se podría mantener el objetivo del crecimiento durante muchas décadas aún, mientras que otros indican que es imposible de conseguir el 100% renovable, si lo que se pretende es mantener el nivel de consumo similar al actual. Pero, a pesar de esas diferencias, los estudios medianamente serios suelen llegar a una conclusión no demasiado diferente de la de nuestro trabajo de 2012, es decir, que es necesario tomar medidas muy drásticas de planificación en el uso de recursos y en las políticas energéticas e industriales para poder conseguir el objetivo 100% renovable, y que tales políticas tendrían que ser vigentes durante muchos años. En algunos casos, análogamente a nuestras conclusiones, se explicita la imposibilidad de seguir creciendo; en todos ellos, queda claro que hay que poner coto a los sistemas de libre mercado e imponer una planificación obligatoria a escala mundial.

Éste es uno de los grandes problemas de la transición a un modelo de producción de energía 100% renovable (se sobreentiende siempre, manteniendo la sociedad industrial). Y es que, con esos planteamientos, el mix energético 100% renovable es incompatible con la economía de mercado. El problema es muy profundo, pues no afecta solamente a la producción y distribución de energía: dentro de un paradigma capitalista se podría llegar a aceptar que la energía fuera un servicio nacionalizado, con tal de que se permitiera que el resto de actividades fuera completamente liberalizado; sin embargo, dado que la energía es la precursora de la actividad económica (la energía es la capacidad de hacer trabajo, y porque somos grandes consumidores de energía podemos incrementar enormemente el PIB - recordemos que el incremento de consumo de energía es responsable del 60% del incremento del PIB), si uno limita el uso de la energía (y la planificación energética no se limita a la producción, sino que abarca también quién usa y cómo usa la energía) toda la actividad económica acaba sometida a planificación.

Éste es el gran problema de la transición energética. No es sólo que se consiga una rentabilidad a la altura de las expectativas de los inversores, sino que, en cuanto se habla de un cambio radical y a gran escala de la matriz energética, se hace necesario cambiar todo el sistema productivo y, por ende, el sistema económico. Yendo más lejos aún, no queda más remedio que abandonar dos pilares del capitalismo: la liberalización económica de los sectores productivos y el crecimiento perpetuo. Debido a eso, es completamente natural que los grandes capitalistas sientan una profunda aversión por la transición energética, a la que ven como poco menos que un neocomunismo disfrazado de ecologismo (aunque, como ya vimos, el comunismo tiene el mismo problema de insostenibilidad energética que el capitalismo). No deja de ser curioso que la bastante manifiesta aversión de los máximos exponentes del capitalismo a la transición renovable sea interpretada por los grupos pro transición como un miedo a la posibilidad de "democratizar el acceso a la energía", ya que -interpretan estos grupos- la producción de energía renovable sería de manera natural descentralizada (o sea, que cada hijo de vecino podría "producir su propia energía", como suelen decir). Dejando al margen si los sistemas renovables podrían producir tanta energía como se piensan (cosa en sí misma discutible, habida cuenta de los límites de los sistemas renovables), resulta obvio que la liberalización real y absoluta de la producción de energía no es realmente lo que preocupa a los capitalistas, como tristemente muestra el caso de España (pues si es preciso se usa el poder político, completamente cooptado por el económico, para introducir barreras de acceso al mercado al productor minorista).

En realidad, el problema de los sistemas renovables, además de sus límites, es que la producción de energía de origen renovable (dejando de lado la hidráulica) tiene una baja densidad energética y baja exergía. En todas las transiciones energéticas que ha vivido la Humanidad desde el principio de la Primera Revolución Industrial, siempre se ha pasado de fuentes de energía menos densas energéticamente a otras más densas energéticamente, y además las fuentes antiguas no eran abandonadas, sino que todo se iba acumulando. En este caso, se requiere no sólo sustituir una energía densa y versátil, como la que nos proporcionan los combustibles fósiles, por una menos densa y menos versátil, y encima al tiempo ir eliminando el uso de los combustibles fósiles por la doble necesidad de su producción decreciente y por la lucha contra el cambio climático. Como digo, la restricción es doble: por un lado, es necesario reducir nuestras emisiones de CO2 a un ritmo muy rápido para evitar desestabilizar aún más el clima de nuestro planeta; pero, por el otro, aún cuando quisiéramos alargar la época de los combustibles fósiles todo lo posible, el progresivo y termodinámicamente inevitable descenso de la producción de energía fósil minará la viabilidad de nuestro sistema económico, condenándonos a una crisis que no acabará nunca. Bajo tales restricciones, nuestro sistema económico está tocado de muerte y es inevitable buscar un sistema de planificación energética y económica, como comentábamos más arriba, pero no por cuestiones ideológicas, sino meramente lógicas. Parafraseando a Bill Clinton, podríamos decir: ¡Es la Termodinámica, estúpido! Sin embargo, la mayoría de los grupos ecologistas y concienciados con el medio ambiente insisten en las vías evolutivas y posibilistas, como el ejemplo que explicaba al principio de este post. Estas personas creen de buena fe que el ir incorporando sistemas renovables va contribuyendo, aunque sea poco a poco, a disminuir las emisiones de CO2 y nos lleva por la buena dirección. Una buena dirección sobre la que siempre he dudado, y que por las razones expuestas en este post es más bien un malgasto de recursos, puesto que con ella no se consigue una disminución del consumo de combustibles fósiles y no se va a la raíz del problema. En suma, alentar las vías evolutivas dentro del mecanismo de un (presunto) libre mercado no es más que una distracción inútil, cuando lo que ya es inaplazable es un cambio del sistema económico y productivo. Sin embargo, todos somos conscientes de que el discurso de la mayoría de las organizaciones pro transición energética sigue encerrado en el posibilismo de una evolución del sistema, en vez de plantear abiertamente una revolución del sistema.

Por supuesto mi posición no sólo es minoritaria, sino  también bastante impopular. Por todo ello, viendo la falta de avances reales hacia una transición energética que merezca tal nombre mientras que en la prensa se jalean como si fueran grandes logros cambios verdaderamente anecdóticos, y viendo cómo proliferan los análisis que anuncian décadas de precios bajos del petróleo cuando claramente nos dirigimos hacia una caída abrupta de la producción que generará un nuevo shock de precios (que la Agencia Internacional de la Energía espera para antes del final del 2018), lamentablemente sólo puedo ser pesimista en lo que a nuestro futuro inmediato se refiere. Tal y como lo veo, un cierto grado de colapso es ya inevitable, porque sólo cuando haya graves disfuncionalidades a gran escala se comprenderá que hace falta algo más que un cambio cosmético y posibilista. Es una manera necia de obrar, pues para cuando los problemas tengan tal magnitud tendremos menos recursos y menos margen de maniobra para actuar de manera eficiente, pero aún quiero creer que en ese momento podremos implementar los cambios que todos necesitamos y que a todos nos benefician.


Salu2,
AMT

jueves, 17 de noviembre de 2016

World Energy Outlook 2016: Las palabras malditas


Queridos lectores,

Ayer, 16 de noviembre de 2016, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó su informe anual sobre el estado de la energía en el mundo, el World Energy Outlook (WEO). Como cada año, me dispongo a ofrecerles un análisis rápido de este extenso documento, reservándome la posibilidad de analizar en más detalle algún aspecto en posts posteriores.

Lo primero que llama la atención es el sumario. Otros años el WEO presentaba un capítulo de un análisis más pormenorizado de una región, país o tecnología. En este caso, sólo hay dos secciones: la de las tendencias globales y la del foco sobre la energía renovable, que tampoco es una sección demasiado extensa. Eso hace que este WEO sea un poco más corto que los inmediatamente anteriores, y que esté más focalizado en las cuestiones críticas, que son las tendencias y el enorme despliegue que se requiere para que la transición renovable tenga lugar.

La búsqueda del término "peak oil" arroja un cantidad de cero resultados: mencionar ese concepto sigue siendo prácticamente tabú para la AIE, que sólo osó llamarlo por su nombre hace 3 años (y fue para negar la posibilidad de su ocurrencia). Sin embargo, los efectos del peak oil, y que tantas veces hemos comentado desde este blog,  son mencionados en repetidas ocasiones en el documento. Pero no nos avancemos y entremos ya en el análisis detallado del WEO 2016.

Desde el prefacio y el resumen ejecutivo, la AIE envía un mensaje contundente: de cara a cumplir con los objetivos de la pasada cumbre de París sobre el cambio climático (COP21) es necesario apostar, ahora ya seriamente, por una transición hacia las energías renovables. A continuación pasa a enumerar una serie de hechos ciertos pero de los que se derivan conclusiones falsas: las emisiones humanas de CO2 no aumentaron el año pasado a pesar de que el PIB creció (fruto probablemente del pico del carbón  y del maquillaje estadístico de China, aparte de ciertas inercias del sistema de contabilidad - e.g., el año pasado se consumió el carbón que se usó en manufacturar las placas fotovoltaicas que se instalan hoy), más de la capacidad de generación eléctrica instalada el año pasado fue renovable (más fruto de la ralentización energética global que del mérito renovable, y de nuevo conviene recordar que la capacidad instalada es mucho mayor que la energía realmente generada, en el caso de la renovable), etc. En el resumen ejecutivo encontramos otros mensajes bastante contundentes: el consumo de petróleo sólo crecerá un 0,3% anual de aquí a 2040 (desde los casi 95 millones de barriles diarios - Mb/d - de 2015 hasta los 103 Mb/d en 2040), el consumo de carbón no va a volver a crecer (según la AIE, por la necesidad de luchar contra el cambio climático, y no porque sea físicamente imposible aumentar el ritmo de extracción de esta materia prima), el gas aún va a crecer bastante, pero lo que va a crecer a un ritmo inverosímil es la producción de energía renovable, más de lo que nunca se había aventurado a creer la AIE. Y otro mensaje muy claro: la demanda de energía de la OCDE va a decrecer durante las próximas décadas, y donde crecerá el consumo es en el resto del mundo. Lo cierto es que nunca se ha visto un crecimiento duradero del PIB que no vaya acompañado de un crecimiento del consumo energético. A corto plazo se puede esquivar este principio y hacer crecer el PIB mientras cae el consumo de energía pasando por la devaluación interna de los salarios y los problemas de inestabilidad social que eso acaba generando. Pero tal perspectiva no parece enturbiar los optimistas sueños de la AIE.

También en el resume ejecutivo la AIE nos reconoce que en el caso del petróleo el mayor esfuerzo va dirigido a compensar el declive de los campos actualmente en producción, que según palabras de la AIE "es igual a perder el equivalente a la producción de Irak cada 2 años". Con una producción iraquí de casi 5 Mb/d, lo que nos dice la AIE es que los campos actualmente en producción decaen a un ritmo de 2,5 Mb/d, o un 2,6% anual. Es la cifra de declive de los campos actualmente en producción más baja que ha dado la AIE en los últimos años, por debajo del 3% anual que usaba para maquillar sus gráficas en los WEO 2014 y WEO 2015, y muy por debajo del más realista 6% anual que anunciaba en el WEO 2012. Más tarde volveremos sobre este mismo tema.

El resto del resumen ejecutivo se dedica a analizar el declive industrial de China (en transición, nos dicen, a una economía de consumo doméstico y servicios), a hablar de los objetivos para cumplir los acuerdos de la COP21 y la perla de este WEO: La AIE nos anuncia un incremento espectacular del número de vehículos eléctricos (sí, esos que hemos analizado con detalle y sabemos que son inviables a gran escala), que según la AIE pasarán de ser 1,3 millones en 2015 a 30 millones en 2025 y más de 150 millones en 2040 en el escenario de referencia, que podrían ser hasta 715 millones en 2040 en el escenario más favorable. Todo un absurdo brindis al Sol que contamina el WEO y que lo hace completamente inverosímil, pero que es fundamental para que no se desmorone la visión optimista sobre el futuro que por lo visto la AIE tiene siempre que proyectar. Añadir a esto la creencia de la AIE de que un incremento en los subsidios a las renovables, mientras menguan los de los combustibles fósiles, hará progresar el despliegue renovable, sin entender que han sido los combustibles fósiles de alta TRE los que lo han subvencionado todo y que en la actual era de TRE menguante todo se va a derrumbar si no se toman medidas adecuadas y más realistas. En todo caso, la AIE ya avisa que cumplir los objetivos que se propone no es nada fácil y que hará falta una acción política decidida.

Acaba el resumen ejecutivo anunciándonos que probablemente se avecinan tiempos turbulentos en el mercado del petróleo, algo que es fácil de anticipar y de lo que hace tiempo que alertamos; que el mercado del gas se volverá verdaderamente global (por las mejoras en las capacidades de exportación, nos dicen); que el mercado del carbón irá a la baja y, punto importante pero no novedoso, que hay que mirar a la interdependencia entre energía y agua, la cual es preocupante.

Analicemos ahora el cuerpo del documento, comenzando por los escenarios tendenciales para los combustibles no renovables.

En el capítulo introductorio, como siempre, la AIE nos presenta los tres escenarios con el que trabajan: el de "Políticas Actuales" (continuar tal cual con las tendencias actuales), el de "Nuevas Políticas" (en el que se implementan las nuevas políticas anunciadas por los diferentes países) y el "Escenario 450" (en el que los países del mundo se esfuerzan para conseguir que la concentración de CO2 no sobrepase las 450 partes por millón). Por primera vez, la AIE incluye dos nuevos casi-escenarios, de decarbonización más intensa de la economía: "Bastante por debajo de 2ºC" (de calentamiento global sobre el nivel pre-industrial, se entiende) y "Hacia 1,5ºC". Éstos son cuasi-escenarios pues no se introducen con el nivel de detalle de los anteriores, aunque la AIE nos da algunas pinceladas de los mismos. El escenario de referencia para la AIE es el de "Nuevas Políticas" y si no decimos otra cosa se entenderá que estamos refiriéndonos a esta proyección central. Por cierto que resulta chocante que, en el capítulo preliminar en el que se introducen los escenarios y también el modelo usado por la AIE, se nos informa de que Japón llegó a su pico de energía primaria en 2004 y la Unión Europea en 2006, sin que, de nuevo, se haga el más mínimo esfuerzo en relacionar estos hechos con otros indicadores macroeconómicos que no sean sólo el PIB (por ejemplo, el salario típico de los trabajadores, o los indicadores demográficos, nulos o negativos para ambas regiones, según la propia tabla 1.3 de la página 44).

En la página 53 la AIE nos muestra cuál ha sido la evolución del coste de diversas tecnologías en los últimos 8 años (figura aquí debajo).



 

Esta gráfica es muy reveladora, pues nos muestra la gran caída de algunas tecnologías necesarias para el despliegue renovable, pero curiosamente muestra también la fuerte caída del sector de desarrollo de gas y petróleo. Y he aquí el problema de este tipo de gráficas: lo que nos están mostrando en esa gráfica es lo que invierten las empresas en esas tecnologías, lo cual no es necesariamente un reflejo del coste de las tecnologías en sí (lo cual es clarísimo en el caso del gas y petróleo) pues también interviene el interés en invertir en las tecnologías de referencia.

En el capítulo dedicado a la visión general del WEO, nos enseñan cuáles se esperan que sean las tendencias en consumo de energía primaria en el mundo.




Para el mundo en su conjunto, la AIE nos anuncia un crecimiento del consumo de energía primaria total (de todas las fuentes) de un 30% desde el 2014 hasta el 2040. Sin embargo, nos anuncian una caída, en el mismo período, del 5,4% en los EE.UU., del 14% en Japón y del 13% en la Unión Europea. Como ya comentábamos el año pasado, todo un canto al decrecimiento sin decirlo explícitamente.

Resulta bastante curioso ver como la AIE alaba la general reducción de los subsidios a las energías fósiles, dando a entender que es por culpa de estos subsidios que no hay más dinero para subsidiar las energías renovables. Como se comprueba leyendo la tabla que dan en la página 98 (que reproduzco íntegra más abajo), los subsidios que se están recortando son los que aplican los países productores a su población, y que son el cimiento de la paz social. La AIE, en un ansia por sacar el mayor rendimiento a unos recursos de TRE menguante, no se da cuenta de que se están minando las bases mismas del sistema.



Como muestra de lo perdida que está la AIE en su valoración de lo que sólo es la desestabilización de los países productores y su acercamiento a la bancarrota petrolífera, la tabla de la página siguiente lo deja completamente claro.


El pie de la figura dice: "La caída del precio de los combustibles fósiles y del valor de los subsidios alimenta las perspectivas de la reforma: la caída de los costes de la tecnología han aumentado enormemente la efectividad de los subsidios a las renovables"

La falta de comprensión de que son los combustibles fósiles los que proporcionan los excedentes energéticos que alimentan a los demás hace que confundan el paso seguro hacia el colapso con una oportunidad, y les lleva a hacer una valoración tan completamente desquiciada.

En la página 102 encontramos otro ejemplo de sorprendente desinformación, manipulación o confusión por parte de la AIE. Analiza el impacto de la reforma energética en México (que básicamente avanza en la privatización de los recursos petroleros del país, entre otras cosas) y promete un escenario de relativa bonanza futura para el petróleo mexicano.



Lo cual es completamente incoherente con la evolución de la producción de petróleo en México durante las últimas décadas.


Datos extraídos de los anuarios estadísticos de BP, compilados en la web Flujos de Energía: http://mazamascience.com/OilExport/index_es.html



La comparación de ambas gráficas nos dice que la AIE parece querer dar a entender que abrirse (aún más) a la inversión extranjera va a cambiar un hecho físico y geológico como es el peak oil mexicano, que como muestra la gráfica se basaría en petróleos de muy baja TRE, con consecuencias que ya sabemos cómo de nefastas han sido en suelo estadounidense. La malo es que en México y fuera de él algunos usarán estas proyecciones completamente elucubrativas, infundadas y contrafactuales de la AIE para justificar unas políticas que no serán necesariamente del interés nacional mexicano.


Petróleo:

El capítulo dedicado a las tendencias del mercado del petróleo comienza con una discusión sobre los eventos que a juicio de la AIE han marcado el último año. A pesar de la caída de la producción de petróleo de fracking (tight oil) en los EE.UU. en más de un 10% (en este mismo WEO se reconoce, en la página 132, que la caída de la producción de tight oil en EE.UU. es de un 15%), en la AIE hablan de "estancamiento en la producción", pues toman estimaciones anuales y el pico de producción fue a mediados de 2015. A pesar de la flagrante evidencia de que grandes compañías como Shell están en números rojos, y que los problemas empezaron cuando el petróleo aún era caro, la AIE nos anuncia que, en cuanto el precio del petróleo suba, el fracking retomará el rumbo. Y habla de una presunta intervención de la OPEP para mantener cuotas de producción, cuando la explicación más probable es que nadie controla el mercado. A pesar de este mal análisis de comienzo, la AIE identifica correctamente un gran riesgo de inestabilidad futura en el mercado del petróleo debido a la observada fuerte desinversión en exploración y desarrollo de nuevos campos (algo que, repito, ya avisamos desde aquí hace meses). 

Después de una prolija explicación de cómo las diversas políticas y escenarios impactarán la demanda de petróleo (jamás se identifica un problema a nivel de oferta), la AIE nos ofrece esta tabla que resume los escenarios de demanda que prevé.



A destacar que esta vez la AIE incluye los biocombustibles por su valor energético, no por su volumen (contrariamente a lo que muchas veces ha hecho). Por otro lado, el escenario 450 comienza a indicar una caída bastante marcada de la demanda (en realidad, de la producción) de hidrocarburos líquidos. La diferencia tan acusada entre los diversos escenarios, nos dice, viene causada por cambios radicales en el transporte. Ésta es la evolución de la implantación del vehículo eléctrico que prevé, contra toda lógica, la AIE para los próximos años en el escenario de referencia.



150 millones de vehículos eléctricos en 2040, que serán aproximadamente el 37% de todos los vehículos en ese año serán vehículos que funcionan sólo con batería (en frente de los híbridos de diversos tipos, que serían el resto). Buscando entre el texto, nos damos cuenta de que esos 150 millones de vehículos eléctricos representarán el 8% del total, o sea que la AIE prevé que en el mundo circularán casi 1.900 millones de vehículos en 2040 y el vehículo eléctrico, a pesar de todas las dosis de pensamiento mágico de esta aproximación, seguirá siendo algo bastante minoritario. Cuando uno ve la tabla que da la AIE con el tiempo para compensar el sobrecoste de un vehículo eléctrico con el ahorro en combustible (payback time), se entiende perfectamente el porqué de esa escasa implementación, incluso con las hipótesis que hacen de la mejora de costes de las baterías (cosa, por cierto, contradictoria con la escalada de precios actual del litio que es fruto de la escasez de su producción, algo que también anticipábamos aquí hace unos años).



En suma, la AIE nos quiere hacer creer que habrá una bajada considerable de demanda de petróleo gracias a los coches eléctricos (la menor parte, pues sólo representarán el 8% de un parque que se habrá casi duplicado) y a un gran crecimiento de la eficiencia de los vehículos movidos por hidrocarburos líquidos (que por su mayor cuantía son los que realmente importan).

Después de tan digresiva discusión, el WEO vuelve al petróleo y demás hidrocarburos líquidos, identificando primero las reservas (sin cambios dramáticos con respecto a previas estimaciones, aunque con cierta tendencia a la baja, entre otras cosas porque lo económicamente extraíble es menor ahora, en un escenario de precios bajos). A partir de ahí, discute los diversos tipos de hidrocarburos y encontramos mensajes interesantes, como el reconocimiento que ni con la estimación más favorable sobre los recursos de tight oil disponibles en los EE.UU. la producción de los mismos va a superar nunca los 8 Mb/d (y para las estimaciones sobre los recursos disponibles más realistas el decaimiento será bastante más rápido: ojo al pico perceptible en 2015).



En ese punto del informe se introduce una interesante discusión sobre las refinerías, sus dificultades con los márgenes empresariales y los problemas que pueden tener en un futuro próximo, mostrando una más de las complejidades del ámbito petrolero.

El capítulo concluye con una larga discusión sobre los riesgos financieros de la inversión en exploración y desarrollo de hidrocarburos, que las cifras de nuevas explotaciones están en mínimos de 6 décadas. Esta parte es la más interesante de todo el WEO, pues la AIE ha retomado el análisis sobre los ritmos de declive que hiciera en 2013, y aporta una serie de informaciones muy interesantes.

La AIE clasifica la procedencia de todos los hidrocarburos líquidos en cuatro tipos de explotación principales:
  • Campos de petróleo crudo que han superado su peak oil particular o campos post-peak (increíblemente, los llaman así): Representaron poco más del 50% de la producción en 2015.
  • Campos de petróleo crudo sin tendencia definida o campos legados: Se empezaron a explotar antes del 2000, han sufrido parones o ralentizaciones en su explotación por razones diversos (control de precios de la OPEP, guerras, revoluciones, colapso de la URSS, etc). Podrían haber pasado su máximo productivo o quizá no. Representan el 8% del total.
  • Campos en ascenso: Campos de petróleo crudo que se empezaron a explotar después del 2000 y no muestran signos de haber llegado a su peak oil. Representan el 15% del total.
  • Resto: Incluye Líquidos del gas natural o NGL (17%), no convencionales (9%) y otros (1%).


Pues bien, el WEO nos informa que el ritmo de declive de los campos post-peak es de un 6,2% anual, pero si no se invirtiese nada en mantener su producción caerían a un ritmo natural del 9% anual, lo cual nos da una idea de lo importante que es que no ceje el esfuerzo en producción de petróleo. De hecho, la caída en inversión de 2015 y 2016 ya ha tenido consecuencias en la producción que se notará durante décadas.




Fíjense bien: el descenso en inversión en exploración y desarrollo durante el pasado año y medio va a suponer la pérdida de varios cientos de miles de barriles diarios durante las próximas décadas, y esto no ha hecho más que comenzar: como dice el informe, ellos asumen que la inversión se va a recuperar y de ese modo los campos post-peak van a pasar de 47 Mb/d en 2015 a 29 Mb/d en 2025, esto es, van a tener un declive anual del 4,8% anual. Lo cual no es excesivamente coherente, pues aquí la AIE se contradice al asumir que una fuerte inversión es capaz de frenar el ritmo de decaimiento del 6,2% anual, observado antes de la caída de inversiones y cuando de hecho éstas estaban en máximos históricos. Si fueran consistentes con sus propias afirmaciones, deberían suponer que en el mejor de los casos en 2025 la producción de los campos post-peak estaría en los 24,8 Mb/d, es decir, unos 4 Mb/d por debajo de la previsión que han hecho. Y de hecho, si el actual escenario de desinversión continúa la producción de 2025 estaría más cerca de la del declive natural del 9% anual, es decir, 18,3 Mb/d o unos 10,7 Mb/d por debajo de su previsión actual; y eso contando sólo con la contribución de los campos post-peak. Pero claro, si hicieran eso la producción de petróleo estaría en declive en 2040 en su escenario de referencia.


Para los campos legados, la AIE estima su ritmo de declive usando la información sobre cómo han evolucionado los campos que ahora son post-peak, y nos cuenta una historial ligeramente diferente a la que suele contarse en los círculos peakoilers. Así, lo habitual es que un campo llegue a su peak oil cuando se ha explotado el 30% de todas sus reservas (y no el 50%, como se suele decir); que la producción baje al 85% del valor pico cuando se han consumido el 50% de las reservas, y que la producción entre en fase de declive terminal, con un valor de producción que es la mitad del pico, cuando se han explotado ya el 80% de las reservas. En suma, que el peak oil suele sobrevenir antes de que lo que se suele decir, con un declive más prolongado en el tiempo (aunque, claro, asumiendo que se produce la inversión adecuada para evitar caer en el rápido declive natural del 9% anual). De ese modo, asumen que la producción de los campos legados pasa de 7,8 Mb/d en 2015 a 5,1 Mb/d en 2025, entiendo que de nuevo asumiendo un escenario de recuperación de la inversión poco probable y que seguramente hará que esta cifra baje en uno o dos millones de barriles diarios más.

Pero lo mejor viene ahora: respecto a los campos en ascenso, resulta que se trata mayoritariamente de explotaciones de recursos con muy baja TRE, y que por tanto tienden a declinar muy rápido.




De hecho, nos muestran curvas de producción tipo para varios tipos de explotación, contando desde la fecha de aprobación administrativa, y que son muy reveladoras. Lo que se ve es que los recursos que se están explotando hoy en día llegan en cuestión de muy pocos años a sus respectivos peak oil, pues se trata de recursos de poca calidad y difíciles de explotar.


Por ese motivo, la AIE estima que la producción de los campos en ascenso subirá de 13,4 Mb en 2015 a 15,7 Mb/d en 2018, para después caer a 10,5 Mb en 2025 (y eso, de nuevo, asumiendo una recuperación de la inversión). Sumando todas esas caídas (y sin discutir el impacto en los demás hidrocarburos líquidos no discutidos, como el NGL o los biocombustibles) la AIE se espera una caída de producción de los campos existentes de nada más y nada menos 23,7 Mb/d de aquí a 2025, una caída del 25% desde los niveles actuales o una caída del 3% anual sobre el total de hidrocarburos líquidos (es de aquí de donde se saca que equivale a perder la producción de Irak cada dos años). La situación, en realidad, va a ser mucho más dramática, porque no va a haber una recuperación duradera en la inversión, y ni en sueños ésta va a subir, como requiere la AIE, y los otros hidrocarburos líquidos también van a disminuir su producción, con lo que la caída de producción de aquí a 2025 puede fácilmente llegar a ser el doble de lo previsto por la AIE, es decir, un 50% de los niveles actuales. En suma, si no se produce una intervención decidida en el mercado de los hidrocarburos para detener la sangría de desinversión para 2025 la producción de todos los líquidos del petróleo será probablemente la mitad de lo que es ahora. Siendo así, creo que este problema merece una atención urgente.

Pero la AIE prefiere mirar para otro lado y así asume que la caída actual en la demanda va a proseguir (sin causar graves altercados por todo el mundo) y gracias a eso, los almacenes y las ganancias de proceso se va a compensar parte del déficit que ellos estiman en 23,7 Mb/d. El resto va a tener que venir de campos aún por explotar y por descubrir, y aquí viene la tabla 3.11, de producción de petróleo por tipos, la más detallada que hasta ahora hayamos visto de este tipo y que nos servirá para elaborar la edición de este año del post "El ocaso del petróleo".


Y justo a continuación viene la curva clave de todo este WEO: la producción "de unos tipos seleccionados" de petróleo. Básicamente, los únicos tipos excluidos son los que provienen de yacimientos pendientes de ser aprobados y los que aún se tienen que descubrir. La gráfica tiene un aspecto conocido para los viejos peakoilers, con una curva de demanda superpuesta que la oferta ya no puede seguir y la referencia a un "suministro faltante" (supply gap).




La gráfica es espectacular, pues nos dice que según la AIE la oferta comenzó en 2015 un ligero declive, y que hacia el año 2018 la demanda sobrepasará la oferta, a expensas de que los proyectos no aprobados y los yacimientos por descubrir rellenen el vacío. Es lo más cerca que ha estado nunca la AIE de reconocer que el peak oil está sobre nuestras cabeza. Según nos explica en el texto, si continuase la actual falta de inversión durante 2017 se produciría un repunte de precios que sólo podría ser compensado por un aumento de la producción o una caída de la demanda. En la AIE dan por hecho de que se producirá un aumento de la demanda que llevará a un aumento de la inversión, y que es precisamente el petróleo de fracking el que puede reaccionar más rápidamente a esos estímulos (a pesar de la evidencia de que el fracking siempre ha sido un negocio ruinoso, incluso con precios altos). Sin darse cuenta, la AIE enuncia cómo se va a resolver en realidad este problema: cuando los precios del petróleo vuelvan a ser altos se producirá una caída de la demanda vía destrucción de la actividad económica y recesión (cosa que ya puede venir solita, sin que medie el petróleo) y todos los problemas de caída de producción que enuncia la AIE serán aún más graves: es la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda que tanto hemos discutido aquí. Pero es que además la gráfica de la AIE es tremendamente optimista, pues no establece cuál va a ser el impacto de los precios bajos del petróleo sobre la parte de producción que si contempla su figura 3.16, y que analizaremos en la versión de este año de "El Ocaso del Petróleo". En todo caso, la inserción de esta figura en el WEO 2016 no es ociosa en absoluto: con ella la AIE pretende anticiparse a las críticas que le lloverán en un par de años cuando se compruebe que la producción de petróleo está cayendo; en ese momento, con remitirse a este figura podrán argumentar que ya dejaban claro que sin más inversión la proyección era de descenso de la producción. Sólo que no será tan moderada...

Se entiende, al llegar a este punto, por qué la AIE se entretiene de hablar de vehículos eléctricos en medio del capítulo dedicado al petróleo, a pesar de que no sería el lugar lógico para hacerlo y además reconoce implícitamente que a pesar de su rápido crecimiento aún sería algo minoritario en 2040 (un 8%). Y todo el discurso de cortar tan finas las lonchas de los diversos tipos de campo y tipos de producción, para intentar desglosar los diferentes impactos de la más que probable continuación del proceso histórico de desinversión en explotación petrolífero, con el objetivo de presentar una gráfica "peakoilera" como la 3.16 pero sin reconocer explícitamente el peak oil, sin osar escribir el término por su nombre. Llegados a este punto, la farsa es evidente: fallando la previsión sobre la evolución del petróleo (y fíjense de nuevo qué corto es el horizonte temporal: sólo hasta 2025 y los problemas ya son evidentes. La razón es que si extendiesen la gráfica hasta el 2040 sería espeluznante, ya que básicamente estaríamos en la mitad de la producción actual; por eso, jugando una vez más con la presentación de los resultados, la AIE entorpece su interpretación.

La AIE remata esta discusión con una gráfica que nos da idea la cantidad de nuevos proyectos que tendrían que ser aprobados anualmente hasta el 2025, según si la caída en inversión se mantiene sólo el 2015, si lo hace el 2015 y el 2016, o si lo hace todo el trienio 2015-2017. En el último caso, implicaría volver a ritmos no vistos desde los años 70. Como si por el simple hecho de desearlo ese petróleo fuera a aparecer.




La parte final de esta sección se dedica a una discusión sobre el impacto de la lucha contra el cambio climático en la producción de petróleo, y aquí nos encontramos con otra de las sorpresas del WEO 2016: resulta que la adopción del escenario 450, el más comprometido con los objetivos de reducción de emisiones de CO2,  puede llevar a que la producción de petróleo caiga más deprisa de lo que el propio escenario requiere.




Y es que mientras en el escenario de Nuevas políticas el 85% de la inversión se destina a compensar la caída de la producción ya existente y aún queda un 15% para aumentar un poco la oferta, en el escenario 450 los precios del petróleo se mantienen demasiado bajos - con la progresiva descarbonización de la sociedad - y eso hace caer demasiado rápido la inversión, la cual se destinaría ya al 100% a compensar el declive (es decir, evitar que la caída anual pase del 6% al 9%) y no completamente. Con esto, la AIE intenta prevenir a las compañías de que tomen las medidas adecuadas para evitar invertir demasiado y que se vean después habiendo hecho un gasto no recuperable, con activos inmovilizados; incluso, crean un escenario ad hoc ("Transición descoyuntada") para ver lo peor que podría pasar. Así que el mensaje para las compañías acaba siendo bastante mixto: no invirtáis demasiado poco, que se puede generar volatilidad y destrucción de mercados, y no invirtáis demasiado, que os podéis quedar con activos bloqueados que no podréis llegar a explotar. En el fondo, sin decirlo explícitamente en ningún momento la AIE está haciendo un llamamiento al establecimiento de políticas estatales, probablemente coordinadas internacionalmente, para asegurar la evolución suave de esta transición. Y en el fondo, a que haya una transferencia del capital público hacia la inversión en exploración y desarrollo de hidrocarburos, liberando así a las compañías del riesgo financiero.
 



Gas natural

Como aún faltan algunos (aunque no muchos) años para llegar al pico del gas, en la AIE nos se ve ningún problema en lontananza: la producción y consumo continuará creciendo hasta 2040, y sólo se estabilizaría en el caso del escenario 450.




La gran discusión de esta sección es sobre la capacidad de las nuevas instalaciones de licuefacción y regasificación, para la exportación internacional de gas. Se comenta brevemente la importancia que puede tener el actual ciclo de desinversión, pero se considera tal cosa algo pasajero. En la sección en la que se discuten las reservas, se hace una absurda abogacía del shale gas explotado con fracking (un recurso aún más ruinoso que el petróleo de fracking), aunque como mínimo se reconoce que independientemente de lo grandes que al final sean los recursos de shale gas la producción se va a estancar en la próxima década, al menos en los EE.UU., manteniéndose después una poco realista meseta productiva. En todo caso, incluso asumiendo esa temprana meseta se pone un tanto en cuestión la conveniencia del despliegue masivo de instalaciones carísimas para la distribución del gas natural, que costaría después mucho rentabilizar.






A continuación nos encontramos con un discutible análisis de la productividad del shale gas, y después un análisis por regiones productoras y consumidoras; particularmente interesante la discusión sobre los yacimientos de Vaca Muerta en Argentina. Después, una discusión sobre el comercio internacional del gas y sobre las inversiones en el sector. En general, éste capítulo es de poca enjundia, puesto que el gas natural todavía no ha llegado a su pico productivo.


 

Carbón

Hay una expresión típicamente inglesa, "estar entre una roca y un lugar duro", para decir que uno se encuentra en una mala situación y las alternativas no son mucho mejores. Por eso, no deja de ser significativo el título de este capítulo: "Panorama del mercado del carbón: ¿Una roca en un lugar duro?".

Al principio del capítulo nos informan de que la demanda mundial, que subía a un ritmo promedio del 4,7% anual, se estancó en 2014 y descendió un 3% en 2015, coincidiendo con, dicen, el inicio de la transición de China a una economía de servicios, lo cual, a decir de la AIE, se confirma por el hecho de que la producción china de acero y de cemento llegó a su cenit en 2014. Desafortunadamente, los señores de la AIE no leen el excelente blog de DFC: Historia, economía y filosofía, pues si no sabrían que lo de China era un desastre económico anunciado y que no tiene nada que ver con la transición a una economía de servicios y sí mucho que ver con el estallido de la burbuja inmobiliaria más grande del mundo. Sin embargo, sí que acierta la AIE al decir que el consumo de carbón no va a crecer significativamente a partir de ahora, y es que la producción china de carbón llegó a su máximo y con ella probablemente lo haya hecho el mundo en su conjunto. El panorama del sector es desolador ahora mismo, pues como nos cuenta la AIE el 80% de los productores chinos de carbón están en pérdidas y en los EE.UU. cincuenta compañías, que producen conjuntamente la mitad del carbón del país americano, se han declarado en bancarrota. En ese punto la discusión se embarulla al introducir el WEO los acuerdos de la COP21 de París, que pese a ser menos vinculantes que nunca parecen tener mucha fuerza para la AIE (y posiblemente sólo para ella, si con ello consigue disfrazar el desastre).

Al analizar los escenarios, vemos que según la AIE los próximos años verán aún más reducciones de capacidad productiva del carbón - producidos, nos dicen, por cuestiones políticas, de mercado o de agotamiento geológico. Pero esos recortes no bastarán para ajustarse a una demanda a la baja. La AIE no espera ver subir la demanda de nuevo hasta 2020, principalmente impulsada por la India y el sudeste asiático. De hecho, la gráfica de la AIE ya refleja esa caída de producción de 2015, peor se intenta disimular asumiendo un rápido crecimiento de la demanda hasta 2020 y luego un crecimiento más progresivo hasta 2040, si nos fijamos en el escenario de referencia. Sólo el escenario 450 refleja algo más parecido al curso más probable de demanda y producción, que ya conocemos  de los WEO 2014 y 2015.




En las páginas siguientes se discute los diversos escenarios para el carbón desde la perspectiva de la descarbonización de la economía, y se pasa un rato discutiendo la más que cuestionable e irrealizable en la práctica tecnología de la Captura y Secuestro de Carbono (CCS). Al analizar la demanda de las diversas regiones, llama la atención que afirme con rotundidad que los EE.UU., el Japón y la Unión Europea harán menos uso del carbón, cuando precisamente Alemania ha mantenido su competitividad en los últimos años aumentando su consumo de carbón, y del más sucio (y mucho más que las energías renovables, a pesar de su Energiewende). Como se ve en la tabla 5.4, de acuerdo con el escenario de referencia para la AIE no se recuperan los niveles de producción de carbón del 2014 hasta pasado el 2025. Las razones aducidas por la AIE para presuponer ese repunte tan tardío son bastante discutible, y lo son tanto más si se tiene en cuenta que la crisis económica que se va a desencadenar secundaria a la volatilidad de precios del petróleo van a deteriorar el mercado del carbón, tanto en la oferta como en la demanda. Teniendo en cuenta esos factores, el escenario más probable en realidad es el de un pico del carbón o peak coal, con un descenso más rápido de lo que se preveía en anteriores WEO's.




Favorece aún más esta impresión de que se está llegando al peak coal las estimaciones que hacen para el comercio mundial de esta materia prima, que no se recupera del bajón actual hasta el 2030.





Poco después, encontramos una interesante discusión acerca de por qué las compañías de carbón no recortan producción, a pesar de los números rojos. Las razones son diversas: estructura de costes complejos, más intensos al principio, que hace interesante mantenerse para poder seguir pagando intereses aunque no se recupere el principal de los créditos, compromisos forzosos de adquisición o de explotación, tendencia a mantenerse en el negocio en tanto que se cubran los costes variables y un general optimismo respecto al futuro, que hace que muchos consejeros delegados de estas compañías apuesten a que la clave está en aguantar más que los demás, esperando la vuelta de la bonanza. Como dice la AIE, este exceso de optimismo puede agravar los problemas futuros, y tener razón (sobre todo si al final se certifica que efectivamente hemos superado el peak coal). Lo curioso es que habiendo hecho este análisis tan certero de los problemas  en el mercado del carbón no sean capaces de darse cuenta de que exactamente lo mismo le pasa al del petróleo de fracking (tight oil) y continúen pensando que es tan ágil y versátil.

Otro punto interesante de la discusión, también compartido por la industria del petróleo, es que la industria del carbón ocupa a mucha mano de obra, y que los problemas de esta industria generan desempleo masivo y una presión a la baja de los salarios. Pero en vez de darse cuenta del potencial de desestabilización social que se genera, la AIE nos dice que eso es una oportunidad para las empresas, que pueden reducir así sus costes variables. La ceguera de ver sólo las variables macroeconómicas al margen de su contexto social.

El resto del capítulo se dedica a la discusión de las inversiones en el sector y al análisis regional, comenzando por la situación en China, con una interesante discusión: ¿podría China volver a ser un exportador neto de carbón en el futuro? (la respuesta es no, pues el declive del consumo chino de carbón no será demasiado rápido, según se ve). El análisis de los EE.UU. es también interesante, sobre todo porque el escenario que maneja la AIE se quedará rápidamente obsoleto si la administración Trump opta por la misma estrategia que los alemanes para ganar competitividad en una industria relocalizada en suelo estadounidense, es decir, apuesta por consumir más carbón. De hecho, los EE.UU. es uno de los pocos países que podría darle la vuelta al pico del carbón y aplazarlo durante unos años (para precipitarlo después). Tras los EE.UU., se estudia el caso de la India y después el de los mayores exportadores. Y poco más.



 

Sector eléctrico:

En este capítulo se engloba el análisis de tendencias para el sector renovable (excluidos biocombustibles) y la energía nuclear. Esencialmente, la AIE ve un futuro en el que el consumo de electricidad seguirá subiendo a buen ritmo a escala global, un 2,3% anual hasta el 2040 (con lo que ese año será un 72% superior al actual), que es un ritmo de crecimiento ligeramente inferior a lo observado en los últimos años. Llama la atención el hecho resaltado por el informe de que la demanda de electricidad en toda la OCDE ha permanecido prácticamente constante durante los últimos 5 años, lo cual tiene muchas lecturas en términos de estancamiento industrial y empobrecimiento energético de la población más desfavorecida.


Mirando en detalle cuál es la evolución de cada una de las fuentes de electricidad que se usan en el mundo, obviamente lo que la AIE espera es un despegue brutal de la energía renovable, aunque todas las fuentes aumentan su producción (incluyendo la electricidad proveniente de la quema de petróleo y gas, curiosamente incluidos ambos en la misma categoría).
 


También llama la atención el nada despreciable incremento relativo de producción nuclear (un 80% más en 2040) a pesar de que esta fuente tiene que hacer frente al pico del uranio (el cual, según el WEO 2014, ya está aquí). De hecho, el recurso a la nuclear es más fuerte aún en el escenario 450, en el que también cobra un peso específico una tecnología en la que aún se trabaja sin demasiado éxito, la Captura y Secuestro de Carbono (CCS). Todo lo cual plantea serias dudas la validez de tal escenario. Nota curiosa: la palabra "uranio" ni se menciona en todo el WEO (lo cual evita tener que explicar la penosa situación de este recurso no renovable).

 
El resto de la sección aporta una serie de informaciones muy interesantes sobre el sector eléctrico (consumo por sectores, evolución de los mismos, inversión, precios, evolución de la capacidad, análisis regionales) pero de poca relevancia para lo que se discute en este post.



Eficiencia energética

El WEO 2016 dedica todo un capítulo a la eficiencia energética. El resumen comienza de una manera clarificadora: "Durante 2015, a pesar de los precios relativamente bajos de la energía, la intensidad energética global mejoró un 1,8% (casi el doble que el ritmo de variación anual observado durante la última década". Este hecho, que contradice la teoría económica vigente: ¿cuál es el incentivo económico para mejorar la intensidad energética - cantidad de energía consumida por unidad de PIB producida - si la energía es más barata? Desde un punto de vista de la teoría clásica, no tiene demasiado sentido que el esfuerzo del capital para mejorar la intensidad energética aumente justo cuando el coste del factor energético disminuye ¿No debería hacerles pensar a los economistas de la AIE que aquí hay algo que falla? ¿Que quizá la mejora aparente de la intensidad energética responde más a la destrucción de los sectores económicos más consumidores de energía, haciendo que relativamente la intensidad mejore pero siendo el preludio de una fuerte recesión económica global? Pues no, la AIE, como suelen hacer los expertos en energía, toman una tendencia en corto y extraen conclusiones que contradicen los datos y sus propias conclusiones, y atribuyen el mérito la implementación de políticas que realmente no son tan importantes (pero nadie audita su efecto real).

Resulta bastante reveladora la gráfica en la que la AIE nos muestra cómo ha ido evolucionando la intensidad energética y la renta per cápita de diversos países en los últimos 25 años.

 Si se fijan bien, existe una cierta tendencia, en los países de mayor renta per cápita, a que las flechas se vuelvan cada vez más verticales. La Unión Europea y el Japón son las dos regiones donde se cae más a plomo, y como son dos lugares donde la población crece más lentamente esto nos indica que el PIB de estas zonas está bastante estancado. Como en el Japón y la UE la intensidad energética mejora (menos consumo de energía por unidad del PIB), lo que nos dice la gráfica en el caso de esas dos regiones es que disminuye el consumo de energía mientras se mantiene el PIB. ¿Y qué quiere decir eso? Que se están destruyendo actividades de mayor consumo energético y menor valor añadido (típicamente, actividad industrial) por otras de menor consumo energético y más valor añadido (típicamente, servicios financieros). Como que los primeros emplean mucha más mano de obra que los segundos, esas "mejoras" significan, en realidad, un crecimiento del paro y del empleo precario. Claro que, visto así, no parece tan excitante. En realidad, un proceso similar se está viviendo también en los EE.UU., Canadá o Australia (y luego se preguntan por qué van ascendiendo los movimientos populistas en los diferentes países). Por cierto, fíjense que el eje vertical va en escala logarítmica, con lo que en realidad los cambios de intensidad energética en los países avanzados no son tan importantes en valor absoluto.

El resto del capítulo se dedica a elucubrar cómo evolucionará la eficiencia energética en los próximos años de acuerdo con los escenarios. Dado que no se introducen criterios termodinámicos para hacer esta proyección, toda esta parte me parece completamente prescindible por ser completamente especulativa y probablemente errónea. Noten sin embargo que estas suposiciones son clave para el escenario central del WEO 2016, ya que entre otras cosas implica un incremento de la eficiencia de los coches con motor de combustión interna más que considerable.

Energía y cambio climático

De este capítulo, lo que me parece más destacable es la siguiente gráfica, en la que se nos muestra el incremento relativo de PIB, emisiones de CO2 y consumo de energía primaria del mundo durante los últimos 15 años.

 
Como cabría esperar, las emisiones de CO2 siguen de manera muy estrecha al consumo de energía primaria. De hecho, hay un momento en que las emisiones se incrementan un poco más que el consumo de energía primaria, hacia el 2004, pero esta ventaja no se incrementa continuamente sino que se mantiene bastante constante hasta el 2012 y últimamente la distancia se está acortando. Esto hace pensar que en un momento dado se invirtió más energía fósil en el desarrollo de sistemas de generación energética (renovable u otro) y que por tanto se "anticipó" su gasto energético a su producción, mientras que lo que estaríamos haciendo últimamente es amortizar esas instalaciones mientras vamos ralentizando la construcción de nuevas capacidades: por eso las emisiones se mantienen bastante planas pero aún están por encima de la referencia del crecimiento relativo del consumo de energía. En cuanto al PIB, se tiene que recordar que el consumo de energía sólo explica el 60% del crecimiento del PIB por lo que probablemente no hay realmente desacoplo sustancial, sólo proporcionalidad.


El resto del capítulo es bastantes estándar, y está construido con las premisas habituales.

Vínculo agua-energía

Uno de los capítulos más interesantes del nuevo WEO, por dos motivos: uno, porque el sector energético requiere cada vez más agua para su funcionamiento, en tanto que la falta de agua potable, problema cada vez más acuciante a escala global,  implica más consumo de energía; y dos, porque, como indica la AIE, la transición hacia un sistema energético descarbonizado si no se gestiona apropiadamente puede agravar el problema del agua.

El capítulo es prolijamente técnico y por eso no lo comentaré con detalle en este momento, pero es muy interesante. Les dejo sólo un par de gráficas que suscita muchas cuestiones importantes.





Foco en las energías renovables

El WEO de este año concluye con tres capítulos dedicados a las energías renovables: Revisión de la situación actual, competitividad de las renovables e integración de las energías renovables en los sistemas eléctricos. Básicamente, es una discusión más profundizada y con más detalles de lo ya presentado anteriormente. Como detalle interesante, comentar que una de las dificultades que más claramente ha encontrado la AIE es conseguir generar más calor para usos diversos a partir de renovables.


Conclusiones


La sombra del peak oil planea pesada sobre este WEO, pero la AIE no quiere reconocer que lo tenemos encima, y quiere seguir creyendo que en algún momento las tendencias se van a invertir y va a volver la bonanza. Si falla el petróleo, todo el endeble andamiaje de los escenarios que traza la AIE saltarán por los aires, y por lo visto podremos comprobar dónde estamos en poco tiempo, un par de años a lo sumo.

La principal vía de escape para la AIE es una apuesta fuerte y decidida por las renovables. Dejando al margen los límites que éstas tienen (y que al igual con los recursos no renovables la AIE ni considera), está el crítico problema del tiempo. No es lo mismo organizar una transición energética en cien años que en diez; sin embargo, parece que sólo tendremos diez años. La presión sobre la AIE es muy fuerte y las vías de escapatoria para mantener su infundado optimismo son cada vez más escasas y estrechas.

Pero, por desgracia, las derivadas sociales que los economistas de la AIE ignoran al hacer sus análisis macroeconómicos puede echar al traste esa última oportunidad. La reciente elección de Donald Trump como presidente de los EE.UU. deja en papel mojado todas las buenas intenciones sobre energías renovables con las que la AIE pretende disimular el cada vez más difícil de ocultar declive físico y geológico de las energías fósiles. En vista de quienes están formando parte del comité que organiza la transición de la administración Obama a la administración Trump, dominado por conocidos negacionistas del cambio climático y gente afín al lobby de los hidrocarburos, y teniendo en cuenta sus declaraciones a este respecto, parece claro que EE.UU. va camino de un desmantelamiento más o menos de facto de su Agencia del Medio Ambiente y a una relajación generalizada de las normativa y los impuestos aplicables a la extracción de hidrocarburos, con la intención de fomentar la explotación de los cada vez más magros recursos nacionales. Juntamente con el giro aislacionista y nacionalista que parece ser que Dondal Trump le daría a la política internacional y doméstica de su país, todo indica que EE.UU. va a recurrir masivamente a explotar sin cortapisas de lo que le resta de energía fósil. Pero al igual que cuando planteábamos estas cuestiones para España, recurrir a hidrocarburos de cada vez más baja calidad y capacidad implica un transvase mayor de recursos a las empresas extractivas, la cual cosa se traducirá en la práctica en una transferencia explícita o implícita de fondos públicos hacia las empresas privadas de petróleo y gas y en una disminución de las prestaciones públicas del Estado. Aunque tal estrategia garantiza la pérdida de popularidad de Trump, durante los próximos cuatro años EE.UU. se va a alejar de los objetivos de abandono progresivo, ya un poco apresurado, de la energía fósil que nos marca la AIE, y con el mal ejemplo que da empujará a otros países a seguir la misma senda. Por eso, y por el inestable escenario financiero para la energía fósil, el camino que nos disponemos a seguir va a ser mucho más accidentado y menos dulce que el que dibuja la AIE.

Quizá a la AIE le fuera mejor si reconociera la verdad y pidiera la ayuda que verdaderamente hay que pedir. Quizá todo se simplificara si pronunciara las dos palabras malditas: peak oil. Quizá... el año que viene.

Salu2,
AMT