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domingo, 27 de febrero de 2022

El fin de la energía renovable barata


Queridos lectores:

Durante los últimos meses se han acumulado cierta cantidad de noticias negativas sobre el desempeño económico de empresas dedicadas al negocio de la fabricación de sistemas para el aprovechamiento de la energía renovable. Por el lado de la eólica, nos encontramos con que Gamesa cerró el año pasado con fuertes pérdidas, tras haber tenido que cerrar su fábrica de componentes eólicos en As Somozas. Orsted y Vestas también registraron una fuerte disminución de sus beneficios, y por ejemplo la última cerró una fábrica en Viveiro, igual que recientemente ha hecho Nordex en la Vall d'Uixó. En cuanto a la fotovoltaica, la noticia más sonada es el completo abandono del sector por parte de LG. La situación de cada una de esas empresas responde a causas diferentes, pero en todos los casos se cita el encarecimiento de los materiales como una de las razones de la precariedad económica de las compañías. Y es que en la época de la Gran Escasez todo se está encareciendo, incluyendo los materiales que se usan para la fabricación de los sistemas de energía renovable. Por ejemplo, el precio del silicio policristalino, material que se usa en la fabricación de paneles fotovoltaicos, ha multiplicado su precio casi por 7 en los dos últimos años, y no se espera que baje de precio hasta 2025, mientras otros materiales indispensables para la transición energética proyectada siguen rumbos similares, como el litio, cuyo precio se ha multiplicado por 6. Se aduce como causa de la subida de precios de los materiales la disparada demanda, aunque ya sabemos que también el encarecimiento de la energía tiene algo que ver. La consecuencia práctica de todo esto es que el año pasado la Unión Europea no instaló ni la mitad de la eólica que estaba prevista.

La energía renovable se está encareciendo. Aún sigue siendo barata comparada con, por ejemplo, sus precios de hace 10 años, pero es evidente que se ha roto la tendencia que venía siguiendo desde al menos dos décadas. Peor aún: la situación de repentina escasez de materias primas está poniendo en aprietos a la industria, y es lo que las hace cerrar fábricas y en algunos casos quebrar. El discurso del ascenso irresistible de las renovables ha chocado de bruces con unos límites planetarios que los defensores del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) no se esperaban en absoluto, y que aún hoy en día se niegan a aceptar. De hecho, algunos de los mayores adalides del modelo REI me han cuestionado en más de una ocasión que realmente vaya a haber algún problema con la producción de hidrocarburos o el uranio. Puede parecer paradójico que personas cuyo discurso central es la necesidad de descarbonizarnos para luchar contra el Cambio Climático rechacen de plano la posibilidad del agotamiento de los combustibles fósiles, cuando debería ser algo que les resultase atractivo. Sin embargo, este rechazo es completamente lógico: sin combustibles fósiles, el REI no es viable, al menos a día de hoy.

Ya hemos comentado muchas veces que algunos autores como Gail Tverberg consideran que el REI y la nuclear son simplemente fossil fuel extenders, es decir, extensiones de los combustibles fósiles. En suma, que son sistemas que pueden proporcionar una energía extra pero solamente si hay combustibles fósiles disponibles. Y es que ni el modelo REI ni la nuclear han completado jamás su ciclo de vida (que incluye la extracción de materiales, su procesado, los procesos de fabricación, ensamblaje e instalación, el mantenimiento y, eventualmente, el desmantelamiento) usando para ello solamente energía renovable o nuclear: el hecho es que siempre acaba entrando bastante energía fósil en el proceso. De nada sirve decir que completar el ciclo de vida solo con energía renovable/nuclear es teóricamente posible: la cuestión es saber cómo funciona eso en la práctica, en el mundo real. Al pasar de la mesa de diseño al mundo real siempre aparecen multitud de problemas, de necesidades de adaptación, de costes imprevistos; por eso todo siempre necesita ser testeado primero con prototipos y luego con plantas piloto. Utilizar solamente energía renovable o nuclear en todos esos procesos puede incrementar enormemente los costes energéticos, hasta el punto que los sistemas resultantes dejasen de ser fuentes de energía y pasasen a ser sumideros energéticos, es decir, que en todo el proceso se perdiese más energía que la que se produce. Hasta que no se haya probado que se puede completar todo el proceso sin combustibles fósiles, ésta es una objeción relevante que debe abordarse.

En el momento actual, el discurso tecnoeufórico dice que durante los últimos años ha habido una auténtica revolución tecnológica en el campo de las REI, mejorando eficiencias y disminuyendo el consumo energético y de materiales. Yo más que una revolución, lo que veo es una evolución, similar a la de cualquier sector industrial: ha habido un progreso muy grande cuando se mira sobre un período de 10 años o así, pero como digo es similar al progreso de otros campos con semejante grado de madurez. Y en el momento actual no se vislumbran posibilidades técnicas de aumentar espectacularmente ninguna de esas variables: estamos llegando a la fase de rendimientos decrecientes, propia de cualquier proceso industrial mientras no se cambie radicalmente el paradigma. Además, como norma general lo que se vende como "mejora productiva" está más bien asociado al descenso exponencialmente rápido del coste monetario por kW instalado. Ése es una mal indicador del progreso tecnológico por dos motivos. Primero, porque en los costes influyen muchos factores, no solo las mejoras objetivas: se incluye, por ejemplo, el dumping salarial que ha hecho China en el campo de la fotovoltaica. Y segundo, porque ahora que se produce un repunte de precios, ¿qué tenemos que interpretar? ¿Que se ha producido un retroceso tecnológico? Por terminar, hay que recordar que muchas veces las mejoras tecnológicas se consiguen con un mayor uso de recursos, incluyendo materiales escasos, que son viables en un entorno de energía fósil abundante y barata; por tanto, una parte de esas celebradas mejoras en eficiencia hacen el modelo REI más dependiente de la energía fósil, y no menos.

En estos momentos turbulentos en los que Rusia ha invadido Ucrania, la incertidumbre es máxima. No sabemos cuánto durará ni cómo acabará esta guerra. Incluso a pesar de lo tibio y pusilánime de las medidas de castigo acordadas por la UE y los EE.UU., el impacto de la guerra y sus consecuencias sobre el mercado de la energía y de todas las materias primas en general puede ser de gran magnitud. Los líderes occidentales están seriamente preocupados por el daño que van a sufrir sus economías y de ahí lo mezquino de su respuesta. Debería ser en este momento que el REI se alzase con fuerza, y sin embargo el tambaleamiento del comercio internacional de esas materias primas indispensables indica que el REI no es viable en un mundo que no esté bien engrasado por los combustibles fósiles. Pues, si la escasez de materias primas generaba problemas de viabilidad económica antes de la guerra en Ucrania, ¿cómo será ahora? Y teniendo en cuenta que en las próximas décadas vamos a ir hacia una sucesión de guerras, revueltas e inestabilidades a escala global, ¿es creíble pensar que se podrá mantener un REI tan dependiente del suministro de tantas materias primas y con una componente tecnológica muy vulnerable a estas disrupciones?

Ya lo comentamos hace casi un año: el modelo de transición renovable REI podía haber sido implementado quizá hace 20 ó 30 años, pero ahora, probablemente, ya no es viable. Es la transición que no fue, es un modelo que actualmente es fallido. Lo más probable es que hayamos llegado ya al fin de la energía renovable barata. Entendámosnos: no todos los sistemas renovables serán caros; en algunos lugares y con ciertas tecnologías el precio seguirá siendo competitivo. Pero cuando se intente extender masivamente (tal y como se pretende), en la mayoría de los lugares y a la escala deseada la renovable será más cara a partir de ahora, y probablemente irá encareciéndose cada vez más a medida que pase el tiempo. Determinar en qué casos y bajo qué condiciones se puede implementar de manera rentable estos sistemas REI necesitaría cálculos muy precisos y detallados de ese concepto sutil y esquivo que denominamos Tasa de Retorno Energético. En cualquier caso, es muy dudoso que el REI pueda implementarse de manera masiva. El REI barato y para todo el mundo es probablemente cosa del pasado. A despecho de todos sus palmeros que se niegan a reconocerlo, el REI está desnudo.

Deberíamos de aceptar que se cuestione el modelo de transición imperante por las múltiples dudas que plantea, en vez de la actual cerrazón de creer que el REI es el único modelo posible. Pero no solo hay que cambiar el modelo de transición energética: urge, y mucho, pensar en las otras crisis que se nos están echando encima. La más imperiosa,  la crisis  alimentaria desencadenada por la crisis de los fertilizantes (recordemos que una buena parte de los fertilizantes nitrogenados se sintetizan con gas natural, que ahora es caro y escasea). Crisis de los fertilizantes que se está agravando por la guerra en Ucrania, y eso por no hablar de la dependencia del mercado global del cereal de lo que se produce en las famosas tierras negras de ese país. Fijemos correctamente nuestras prioridades o lo pagaremos muy caro.

Salu2.

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viernes, 11 de junio de 2021

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 1).

Queridos lectores:

Al nutrido elenco de autores que contribuyen a este blog, se le une hoy uno nuevo, Cabulco, un ingeniero especialista en energías renovables en transición. A dónde le llevará esta transición, nadie lo puede saber, pero estoy seguro que encontrarán sus reflexiones sobre sus vivencias de lo más interesante para entender mejor qué es lo que está pasando en las bambalinas de la transición energética.

Les dejo con Calbuco, a quien espero que dispensen una calurosa bienvenida.

Salu2.

AMT




 

Relatos de un ingeniero en transición (volumen 1).

Por Calbuco

La primera vez que me tocó realizar una visita técnico-comercial para vender una instalación de autoconsumo fue a finales de 2018. Se había aprobado el RDL 15/2018, el mal llamado “impuesto al sol” fue derogado y la locura solar se había desatado.

Tras varios meses de formaciones técnicas con fabricantes, redacción de proyectos y alguna que otra sesión con el equipo de comerciales, esta vez me tocaba acompañar al responsable comercial de zona porque era un “cliente VIP”. Mi presencia allí era postureo puro y duro. Al ser yo el “señor ingeniero” tenía que convencer al cliente que estaba casi a punto de caramelo. Éste tiene un Ferrari y lo que le gusta es fardar. Ofértale el último modelo de placa solar y las baterías esas de litio de alto voltaje – me decía mi jefe, como si eso fuera un aliciente para motivarme. En efecto, el cliente VIP era el delegado territorial de una conocida cadena de bocadillos. Su casa era una oda al despilfarro y la pretensión. Al llegar a la azotea, tras subir en ascensor dos pisos, divisé dos unidades exteriores de aire acondicionado. Le pregunté si ambos estaban activos y su mirada me dio a entender que la duda ofendía. Obviamente tenía un dispositivo split en cada piso. La potencia contratada estaba por encima de los 10 kW en monofásica. Por cierto, ésta era su residencia de vacaciones. Comprobé el espacio disponible según el plano de implantación y no cuadraban algunas medidas. Nos tocaba reducir la potencia pico (potencia fotovoltaica) y por tanto el almacenamiento que se había diseñado se vería afectado. Al plantear al cliente la leve reducción (su ratio de autoconsumo seguía por encima del 65%) los problemas empezaron. Yo no sé como lo harás, pero quiero mantener encendido los dos aires acondicionados desde que me voy a la playa hasta que me acuesto. Aquí hace mucho calor y la factura de la luz me está saliendo muy cara los últimos veranos – declaró con soberbia, como si fuera un empleado suyo. Le contesté que la instalación fotovoltaica no le ayudaría a ahorrar si seguía con los mismos hábitos de consumo y que al tener la monitorización web (app de la instalación) de la producción FV y de su consumo, posiblemente le ayudaría a racionalizar la energía. ¡Uy, sí! Encima que hago la inversión de placas me va a tocar estar pendiente de cuando conecto y desconecto cada aparato. Yo quiero olvidarme de las facturas y taparme con una sabanita por las noches que mi mujer sino se me queja. Posiblemente mi cara fue un poema tras escuchar el argumentario que ponía patas arriba mis creencias de eficiencia energética y medio ambiente. Al salir de la mansión de los bocadillos, el responsable comercial que me acompañaba me dijo que no podía negarle nunca a un cliente que se instalara más placas de las que quería. Daba igual cualquier motivo técnico. El objetivo era vender por encima de todo. Por suerte, los siguientes clientes no fueron tan esperpénticos y el equipo de comerciales poco a poco y con mucha formación iba entendiendo los entresijos de la energía solar.

Pero de repente, una llamada de un antiguo colega de la facultad lo cambió todo. Necesitaban gente en el departamento de ingeniería de la empresa en que trabajaba y me animó a que presentara mi candidatura. Con mucho escepticismo le hice caso. No me consideraba a la altura, ni de lejos, para entrar en esa gran empresa multinacional extranjera. Referencia internacional en proyectos de energía renovable, con unos cuantos GW instalados por todo el mundo. Pero lo conseguí, tuve buen rollo con los jefes de departamento que me entrevistaron y tras un mes de pruebas absurdas de todo tipo, salí de esa empresa, que vendía a particulares con pasta, para hacer grandes proyectos alrededor del mundo. Qué tierno me recuerdo y solo han pasado 2 años.

Como todo cambio laboral, los primeros días son duros. Nunca había estado en una oficina tan grande y con tanta gente. Protocolos de seguridad, varias sesiones de formación corporativa y los últimos gadgets informáticos para que no tuviera excusa en no rendir al máximo. Faltaría más. Recuerdo con especial detalle el primer proyecto que me encomendaron. 366 MWp de módulos monocristalinos en una zona remota del país en el que había vivido más de tres años. El kmz que disponíamos en Google Earth ocupaba más de 700 Ha en medio de una zona que sólo había selva. Al preguntarle a un compañero por más información sobre la localización exacta, me indicó la ubicación de la carpeta con fotos del anteproyecto. Google Earth estaba desactualizado y esas cuantas hectáreas se apreciaban en las fotos aéreas como “calvas” en medio de la selva. Algunas de estas fotos estaban en el dossier del anteproyecto marcando la cronología de las obras y siempre acompañadas del slogan del proyecto: “llevamos la sostenibilidad de …” Entre otras tareas diversas, me tocaba ajustar la curva de GEI del ciclo de vida del proyecto. Utilizaba el software PVsyst y según los equipos empleados, país de fabricación y lugar de implantación, salían unas emisiones asociadas a la ejecución del parque solar. Las primeras simulaciones que realicé me salían unos datos completamente dispares a los que “según el contrato” teníamos que ajustarnos. Esta vez mi jefe, al notar mi frustración, me indicó que había una forma manual de estimar la huella de carbono y que el total de emisiones no tenia porque abarcar los 25 años que se suponía que duraba el proyecto. No pierdas el tiempo en esas chorradas, nadie se fija en esos detalles – me decía mientras yo trataba de cuadrar varios números. El mismo informe del programa volcaba resultados al gusto del chef y se acercaban a esas toneladas de CO2 definidas en un contrato de unos cuantos miles de millones de dólares. El greenwashing a golpe de click.

A las pocas semanas, me pasaron al departamento de estudios. Necesitaban manos para generar documentación en lo que era la oferta del año. Estábamos en lo que llaman fase shortlist. Como epecistas, competíamos con los finalistas para ser adjudicatarios del proyecto de fotovoltaica más grande jamás contando en ese lejano país. La verdad que el diseño y cálculo de la producción estimada fue muy estimulante. En esta fase final de oferta, el cliente solicita que garantices una producción de electricidad en base a un precio por MWp instalado. Es decir, tienes que ser el que mejor rendimiento (PR) ofrezcas a menor precio. En fases futuras se negocian las disponibilidades del Sol durante x años y las penalizaciones en caso de no cumplirlas. Sí, habéis leído bien, te obligan a pagar si la producción solar es inferior a las fuentes de datos meteorológicos que has utilizado para ese diseño. Finalmente, esta oferta, como la gran mayoría, se quedó en nada y el adjudicatario fue el que más estranguló a las subcontratas locales y/o menor margen final aceptó. Todo el trabajo técnico y de diseño no importó. Lo que realmente afectó, como en cualquier megaproyecto, fue el dinero. Bienvenido al mundo del diseño de grandes plantas.

Los meses pasaron y el 5 de abril de 2019 se aprobó el RD 244/2019. El autoconsumo eléctrico por fin tenía una base legal y técnica donde apoyarse. Retomé apuntes del RDL del 2018, el cual en mi anterior trabajo me había empollado bien y empecé a dar la matraca con las oportunidades que se abrían en el sector. Para mi sorpresa, me propusieron si quería liderar el departamento de autoconsumo fotovoltaico industrial. Accedí con las orejas sin saber bien donde me metía. Empecé como hombre orquesta, pero sobre todo empecé a reunirme con grandes empresarios conocidos por directivos del grupo multinacional. Eventos, jornadas, foros; el autoconsumo era una fiesta en España y yo estaba en la liga de las estrellas. Me adentré en el maravilloso mundo de estudios de facturas eléctricas en empresas. Las hipótesis a tomar, como muchos saben, son una verdadera quimera. Con una bola de cristal estimas incremento del precio de la electricidad, degradación anual del módulo fotovoltaico que el fabricante se suele inventar y una producción solar según condiciones de contorno. Esa coctelera proporciona un retorno de la inversión y una rentabilidad que serán las claves para convencer al encargado de la empresa en cuestión, que trata de entender de qué va esto de las placas solares. A medida que avanzaba en los diferentes proyectos, estudios y reuniones, comprobaba que algo no encajaba.

El boom solar volvía a resonar en España tras una década que se hizo todo mal. La competencia, sin escrúpulos, mentía descaradamente en informes de producción. Por ejemplo, muchas garantizan unos kWh autoconsumidos que son los que luego utilizan para calcular el ahorro, cuando realmente son los kWh generados, sin tener en cuenta el perfil de carga. Otras asumen que la electricidad incrementará un 4% anual durante 25 años y así salen los estupendos 4 años de payback. Tienes que mejorar la oferta porque nuestro comité de dirección no se mete en inversiones superiores a 3 años de retorno – me dijo una vez el director financiero de una gran empresa agroindustrial. Otra escena divertida es cuando el cliente final te “sopla” que tu competencia ofrece más potencia instalada. Argumentas que su perfil de carga se ajusta con una potencia que generará menos de un 10% de excedentes (sin vertido a red) y por tanto es el diseño óptimo. La clásica respuesta es que les da igual los excedentes que se pierden, queremos la máxima potencia fotovoltaica porque el banco nos permite un renting muy interesante. Y los bancos vuelven a la carga. La financiación es un aspecto que, en mi opinión, ha distorsionado el concepto del autoconsumo. Muchas empresas directamente están solicitando que ofertes un PPA. PPA on site le llaman, para hacerlo más rimbombante. Esto implica que no haya inversión inicial y la instalación se paga con el ahorro que se genera al pactar un precio de electricidad fijo durante, normalmente, la vida útil de la instalación. Es un acuerdo entre una comercializadora (apoyada y financiada con fondos de inversión extranjeros), la instaladora de turno y el cliente final. He llegado a ver PPA’s que son instalaciones que vierten toda la producción a la red. No inyectan electricidad en la acometida del punto de suministro. Simplemente generan energía en una cubierta, que esta pasa a ser propiedad de la comercializadora, y la vierten a la red de distribución. Y son instalaciones de apenas 400 kWp. No hay autoconsumo instantáneo ¿Dónde está el beneficio de autoconsumir? Que contesten los fondos de inversión que hacen el lío a pequeñas y medianas instaladoras. Eso sí, la empresa “beneficiaria” con fotovoltaica, en un tejado que deja de ser de su propiedad, presentará un video molón contando las bondades de su transición energética y los árboles equivalentes que plantará durante los próximos 25 años.

Las incongruencias de los proyectos de gran escala se pueden apreciar, en dimensiones distintas, también en instalaciones de autoconsumo. El fetichismo solar es tendencia y alardear de los megavatios instalados es lo que se lleva en las redes sociales. Es un hecho que cualquier sector con perspectivas de crecimiento suele ser invadido por charlatanes y vendemotos. Lo preocupante es volver a repetir, en otro contexto y otras formas, los mismos errores del pasado. La energía es un sector en el que, desgraciadamente, abundan los vendedores de “productos” a cualquier precio sin importar aspectos técnicos o ambientales. En los próximos meses veremos, en grandes superficies comerciales, placas solares al lado de aspiradoras. El autoconsumo fotovoltaico crea una cadena de valor que pasa por adentrarse en nuestras casas y empresas y, como mínimo, deberíamos ser rigurosos y responsables en ofrecer soluciones acordes a las necesidades. La transición energética se está convirtiendo en una carrera llena de obstáculos, amenazada por perder su propio significado por fantasmas del pasado e intereses del presente. Dejemos de correr, hagamos las cosas con buena letra y transitemos de manera ecológica.

lunes, 19 de abril de 2021

La Ley de Cambio Climático y Transición Energética: una valoración personal


Queridos lectores:

Hace unos días, el Congreso de los Diputados de España aprobó el proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, y lo remitió al Senado, donde en breve se discutirán enmiendas (por la vía exprés) y posteriormente se devolverá al Congreso para su aprobación definitiva.  Si todo va como está previsto, la Ley estará definitivamente aprobada de aquí en pocas semanas.

Como saben, esta misma semana comparecí delante de la Comisión de Transición Ecológica del Senado, la cual tiene un papel destacado, justamente, en la discusión de esta Ley a su paso por esta cámara. Se podría decir que mi comparecencia no ha podido ser más oportuna. Sin embargo, dado la comprensible urgencia por aprobar por fin una ley tan crítica y que ha tenido una tramitación tan larga hace improbable que ninguna de las críticas que hice en mi comparecencia (fundamentalmente, la falta de mención a la crisis energética) pueda ser incorporada en la Ley en este momento.

Varias personas me han pedido que escriba un post valorando la Ley, así que me he leído las 39 páginas del texto remitido al Senado para poder opinar con buen conocimiento. Yo tenía muy bajas expectativas sobre esta Ley, teniendo en cuenta cómo fue el procedimiento de participación ciudadana (comenzado por el anterior Gobierno), y lo cierto es que el redactado final me ha sorprendido. La Ley está, de hecho, muy bien, y en muchos aspectos es una Ley valiente. Hubiera sido una muy buena Ley, si se hubiera aprobado hace 20 años. El problema que tiene esta Ley es que ahora es demasiado poco demasiado tarde, y no encara correctamente los retos que vamos a tener a corto plazo; pero para el tempo político es mucho y pronto: es una ley avanzada.

Incluso si por un momento dejamos al margen el mayor defecto de la Ley (es decir, que llega tarde pues está pensada para ser aplicada a un mundo que ya no existe), tiene también algunos otros defectos. En lo que sigue comentaré con cierto detalle la estructura de la Ley, destacando de cada apartado aquellos aspectos que considero más relevantes.

El preámbulo es una justificación de motivos y una definición de objetivos de la Ley. Dentro de los párrafos preliminares, en medio de cosas con las que puedo estar más o menos de acuerdo, se encuentran frases que considero curiosas, como por ejemplo (las negritas son siempre mías):

"España debe ofrecer respuestas solidarias e inclusivas a los colectivos más afectados por el cambio climático y la transformación de la economía, así como facilitar las señales adecuadas para atraer la confianza de los inversores y minorar los riesgos financieros asociados al incremento en el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero o a la mayor vulnerabilidad frente a los impactos físicos del cambio climático."

Sinceramente, si estamos preocupados en "minorar los riesgos financieros" no hemos entendido nada.

"La lucha contra el cambio climático y la transición energética conllevan transformaciones tecnológicas y cambios en la industria. Por ello, es necesario ligar la transición energética a la política industrial y a la I+D, estableciendo mecanismos de apoyo a la industria para que la transición tecnológica genere mayor competitividad y un mejor posicionamiento de la misma, y resulte en generación de riqueza y empleo de calidad."

Las primeras frases bordean la falacia (no va a haber un "progreso tecnológico" solo porque nos interesaría mucho), pero pase. Sin embargo, esa "transición tecnológica", con mayor probabilidad, va a ser un retroceso tecnológico, y no va a generar más competitividad en el sentido actual, ni va a generar más riqueza en el sentido actual, ni tampoco empleos de calidad en el sentido actual. No tiene por qué pasar tal cosa, y además todo indica que no va a pasar eso.

" La Comunicación de la Unión Europea relativa al Pacto Verde Europeo («The European Green Deal»), de diciembre de 2019, establece una nueva estrategia de crecimiento que persigue transformar la Unión Europea en una sociedad justa y próspera, con una economía moderna, eficiente en el uso de sus recursos y competitiva, y con la finalidad de hacer de la Unión Europea el primer continente neutro climáticamente en el año 2050."

Obviamente, lo del "crecimiento" no tiene ningún sentido, es no haber comprendido el origen de los problemas y tampoco que ya hemos llegado a los límites del crecimiento y que estamos condenados a decrecer. Lo de "competitivo", tres cuartos de lo mismo: no se puede garantizar, y casi seguro no podrá ser. Y lo de ser neutros climáticamente en 2050 es discutible de muchas manera diferentes, pero ya hablaremos de ello.

"La obligación de limitar las emisiones condiciona las políticas sectoriales e implica cambios en los patrones de consumo. Pero esta transformación conlleva ventajas relacionadas con la modernización del modelo productivo y el sistema energético, y ofrece oportunidades de empleo, de negocio y de crecimiento siempre que se incorpore una perspectiva de medio y largo plazo que facilite la descarbonización ordenada de la economía."

Si por "modernización" se quisiera decir sistemas económicamente no rentables en nuestro modelo económico actual, aún se podría entender. Pero no va a haber oportunidades de empleo, de negocio ni de crecimiento. Lo siento: la lucha contra el cambio climático no es una "vibrante oportunidad". No lo es. Y combinada con la crisis energética es más bien un amargo declinar...

"Así, entre las importantes transformaciones que se van a producir en el sistema energético, y por ende en la economía en su conjunto, como consecuencia de la transición energética impulsada por esta ley, está la mejora sistemática de la eficiencia energética de la economía. Concretamente, la previsión es que la intensidad energética primaria de la economía española mejore anualmente en un 3,5 % anual hasta 2030; asimismo, la dependencia energética del país, del 74 % en 2017, se estima que descienda al 61 % en el año 2030 como consecuencia de la caída de las importaciones de carbón y de petróleo."

Me he estado mirando los datos más actuales que he encontrado sobre intensidad energética primaria de España, y de acuerdo con ellos la mejora anual en los últimos 20 años ha sido del 1% anual. Recordemos que el concepto de intensidad energética es por si bastante discutible, porque lo que reflejan estas "mejoras" es un incremento de la terciarización de la economía española y una externalización a otros países (China, sobre todo) de las actividades más contaminantes e intensivas en energía, aunque luego los productos se consuman aquí, con mayor gasto energético y emisiones debido a los costes de transporte aumentados, lo cual implica cierto cinismo cuando se dice que "luchamos contra el Cambio Climático" pero provocamos que las emisiones mundiales aumenten gracias a este modelo de externalización. Y aquí en la Ley nos dicen que, por decreto legislativo, no bajará ya al 1% anual, sino hasta el 3,5% anual y así desde ya mismo y hasta el 2030. Esto es ridículo: es imposible decretar que vaya a suceder algo así, y si se pone ese número es porque alguien ha determinado qué trayectoria se debía seguir y ha calculado ese número absurdo. De otro lado, que la dependencia energética solo baje del 74% hasta el 61% (una caída del 18%), teniendo en cuenta que del exterior viene principalmente combustibles fósiles, nos da una indicación de que el camino no va a ser tan magnífico, a pesar de esa mejora de la intensidad energética, y es que se está asumiendo que el PIB de España va a crecer. Por eso se estima que las emisiones se van a reducir un 23% en 2030: eso, básicamente, significa suponer un consumo energético total muy parecido al actual (como un 95% del actual) y con la mejora en intensidad energética del 3,5% anual el PIB podrá crecer entre el 1,6 y el 2,5% anual que cuentan más tarde. La cuadratura del círculo, vamos. Obviamente esto es lo primero que se va a ver que no sucede ni de broma, sobre todo con la grave crisis económica en ciernes por culpa de la crisis energética.

"Es necesario fijar, en el marco de la ley, objetivos de reducción de emisiones para el año 2030 y 2050 ofreciendo previsibilidad para orientar las decisiones de los inversores y de los reguladores con competencias en la materia. Los objetivos cuantificados buscan favorecer la predictibilidad y las señales económicas adecuadas, recogiendo el principio de no regresión en los objetivos marcados. Desde el punto de vista medioambiental, este principio de no regresión se define como aquel en virtud del cual la normativa, la actividad de las Administraciones Públicas y la práctica jurisdiccional no pueden implicar una rebaja o un retroceso cuantitativo ni cualitativo respecto de los niveles de protección ambiental existentes en cada momento, salvo situaciones plenamente justificadas basadas en razones de interés público, y una vez realizado un juicio de ponderación entre los diferentes bienes jurídicos que pudieran entrar en contradicción con el ambiental."

Preocupante declaración de intenciones. Los objetivos se mantendrán, a no ser que no se mantengan...

Justo antes del articulado de la Ley, se establecen los objetivos: reducción de las emisiones de CO2 en 2030 del 23% respecto al valor de 1990, y neutralidad de emisiones en 2050. Mucha gente ha criticado la falta de ambición de la Ley, porque este objetivo ya está desfasado con respecto a lo que marcaba el IPCC en la propia cumbre de Madrid de 2019 (un 55% para 2030, a escala global). A mi, sinceramente, es lo que menos me preocupa. Se dice también que de la generación eléctrica al menos el 74% debe ser renovable en 2030. Si se compara con el 43% del año pasado parece muchísimo, pero en realidad hay momentos puntuales en los que se ha llegado al 60%, así que debería ser factible. Pero hay un problema que ha explicado Beamspot diversas veces en este blog, y es la inestabilidad de la red subsecuente a la integración de mucha potencia renovable, que es un problema al que se ha enfrentado repetidas veces Alemania y que dificulta la expansión renovable. Así, aunque no se diga, la manera de conseguir esta expansión y evitar la inestabilidad es dedicando directamente una parte sustancial de esta electricidad renovable a la producción in situ de hidrógeno verde, esa quimera. Así que, aunque no se diga, probablemente se está pensando en fiarlo todo a la ruina del hidrógeno verde. Otra cosa divertida es que se establece que se tendrá que mejorar la eficiencia energética disminuyendo el consumo de energía primaria al menos un 39,5% para 2030, aunque no me queda claro con respecto a qué. Una reducción tan salvaje del consumo de energía solo significa una cosa: una contracción económica brutal. Y es que el aumento de la eficiencia energética no implica un descenso del consumo de energía por culpa de la paradoja de Jevons. Lo curioso de esto es que, teniendo en cuenta lo que se nos viene encima, es hasta probable que tal descenso sí que tenga lugar. 

Respecto al articulado, como digo, no me detendré en analizarlo en detalle y destacaré algunos aspectos dispersos. Los artículos que no comento (que son, de hecho, la mayoría) no los comento porque ya me parece bien (o, al menos, no me parece mal) lo que dicen.

El artículo 6 va de digitalización. No se considera que la digitalización está amenazada por la escasez presente y futura de microchips. En esto, como en tantas otras cosas, no hay plan B para hacer frente al escenario más realista.

El artículo 7 explica el aprovechamiento hidráulico. Se pone el énfasis en las centrales reversibles, a pesar de que se sabe que su capacidad total para almacenar excedentes energéticos es muy limitada. Se incide también en que se pueden aprovechar las canalizaciones de abastecimiento y saneamiento urbano para generar electricidad. Buena suerte con eso también.

El artículo 9 prohíbe conceder nuevas licencias de estudio o explotación de hidrocarburos en España. Es ciertamente un artículo muy valiente, aunque también es verdad que no queda nada rentable por explotar, ahora que los promotores del fracking patrios se han dado cuenta de que no iba a ser nunca rentable.

El artículo 10 prohíbe lo mismo con minas de materiales radioactivos. Es aún más valiente que el anterior. Tampoco hay ninguna mina de nada radioactivo rentable en España, pero aún así es muy valiente.

El artículo 12 dice que se fomentará la penetración del uso del gas renovable, incluyendo el biogás y el hidrógeno. El biogás se puede producir en cantidades limitadas (por un problema semejante al que explicamos al principio de todo de este blog), y en cuanto al hidrógeno ya sabemos de qué va. Lo preocupante de la introducción del hidrógeno aquí es que parece ir en la dirección que apuntaba Beamspot: que se mezclará con el gas natural, disminuyendo así su poder combustible pero nos lo van a cobrar como si fuera gas del bueno.

En el artículo 13 se dice que se fomentarán los combustibles renovables para el transporte. Eso solo puede ser los biocombustibles (un grave error) y, cómo no, el hidrógeno otra vez. Ya sabemos que el hidrógeno es la única alternativa para intentar mantener la matriz industrial europea, aunque sea una mala y dudosa alternativa que, seguramente, bombeará la renta de las clases trabajadoras a las del capital.

Del artículo 14 me gustaría destacar dos cosas: una, que a partir de 2040 los coches tendrán que ser de cero emisiones de CO2 (esto lo veo fácil de conseguir: total, no tendremos coches en 2040); dos, que en los municipios de más de 50.000 habitantes se van a tener que implantar toda una serie de medidas no más tarde de 2023 que estoy seguro que van a dar mucho de que hablar en los próximos años, incluyendo limitaciones estrictas de la circulación de vehículos convencionales.

El artículo 15 va de la instalación de puntos de recarga eléctrica, dando por hecho que va a haber una implantación masiva del coche eléctrico, cosa por lo menos incierta. Añadan a lo que se comenta en el anterior enlace esto otro: hace poco revisé mis cálculos de hace 10 años sobre la cantidad de coches eléctricos que se podrían fabricar al año si destinásemos todo el litio que se produce mundialmente a eso. La producción ha aumentado mucho desde 2010 (se ha multiplicado por 3), aunque sufre considerables altibajos; y la cantidad de litio por coche ha disminuido considerablemente. Tomando como referencia un vehículo de 50 Kw·h o 8 Kg de litio metálico, hoy en día se podrían fabricar 8 millones de coches eléctricos al año. La producción mundial de coches ha caído actualmente por la CoVid y se sitúa en casi 80 millones de coches al año, por debajo de los casi 100 millones de 2018. Así pues, si se destinara toda la producción mundial de litio a fabricar coches  (adiós móviles, tablets, portátiles y sistemas de backup eléctrico de ordenadores y data centers), harían falta 175 años para renovar toda la flota mundial de 1.400 millones de coches. Y eso es con el litio: si miramos la situación con el cobalto y con el neodimio los cuellos de botella son peores. Pero, eso sí, se pone el acento en poner más puntos de recarga que solo podrán disfrutar los pocos (y seguramente adinerados) privilegiados que tendrán un coche eléctrico. Interesante también que en este artículo se obliga a las estaciones de servicio que vendieron más de 5 millones de litros de combustible en 2019 a instalar esos puntos de recarga, asumiendo ellos mismos el gasto (esto creo que va a levantar muchas ampollas). Ah, y a partir de este mismo año, cuando haya que revisar la licencia de concesión de una estación de servicio te obligarán a poner un punto de recarga eléctrica, no importa cuánto combustible vendas. Y por cierto que el nuevo Código Técnico de Edificación también obligará a tener puntos de recarga en los garajes de las casas.

El artículo 16 va de disminuir las emisiones en el sector marítimo. Se habla de "estimular el suministro eléctrico o el uso de combustibles alternativos en barcos atracados". Salvo en barcos realmente muy pequeños y de poca autonomía, es completamente impensable la electrificación de los buques. La clave está pues, en esos "combustibles alternativos". El paso al hidrógeno es todavía más dificultoso en el caso de grandes navíos, por las dificultades de manejo y contención del hidrógeno para trayectos tan largos como los marinos, así que seguramente tendrá que recurrirse a soluciones de energía naranja (aceptando la bola de que no tienen emisiones netas). Con el inconveniente añadido de que el coste de la energía naranja es muy elevado y la capacidad de producción bastante limitada. El problema de fondo es que la transmutación a energía verde del sector marítimo es irrealizable en la práctica, y eso va a causar muy serios problemas.

Los artículos que siguen, siendo honestos, me gustan mucho, especialmente el 20 que habla de aumentar la resiliencia de las infraestructuras del medio marino. Interesante el artículo 21, que habla de proteger áreas naturales sensibles de las nuevas instalaciones energéticas. Y espectacular el artículo 22, que habla del impacto de la dieta. El resto de artículos, realmente muy buenos, de lo mejor de la Ley.

A partir del artículo 27 se habla de que la Transición Energética sea justa, lo cual está muy bien e introduce ideas interesantes. Lo que a mi me parece muy difícil es garantizar eso. Y mirando las medidas concretas, están pensando en un esquema de cosas propio de hace 20 años, con una mantenimiento de la actual sociedad industrial. No es eso lo que va a pasar. El artículo 29 habla del cese de la producción de carbón nacional, y aquí también habrá un gran punto de fricción. Máxime cuando yo preveo que, cuando deje de llegar el petróleo, vamos a tener que recurrir al carbón nacional y a Fischer-Tropsch para poder mantener la maquinaria indispensable en marcha.

Me salto los artículos del Título VII (recursos que se ponen a disposición), que no me interesa en absoluto y me parece un poco extraterrestre, y me voy al Título VIII, sobre educación e investigación: en principio, todo lo que dicen suena razonable. El Título IX va sobre gobernanza, y aquí lo más importante a destacar es la creación del Comité de Expertos: ya veremos a quién eligen y en qué queda todo. Muy interesante la creación de la Asamblea Ciudadana, aunque se tendrá que ver cómo se articula.

Son también interesantes las disposiciones adicionales. La primera excluye al Ejército de todo esto, aunque se la anima a cumplir. En la cuarta se menciona a la aviación por primera vez, y es de manera laxa: es como decir "descarbonizaos lo que podáis, a vuestro gusto". La quinta va de economía circular: bonito concepto de difícil implementación. La sexta, de fomento del ferrocarril, que veo acertada e incluso que podría haber sido más incisiva. Y en las disposiciones finales se hace un montón de cambios normativos de leyes y reglamentos anteriores cuyo alcance se me escapa, pero hay cosas que tienen pinta de tener mucho impacto. Seguramente de algunas de éstas oiremos hablar en los próximos meses.

En resumen, hay muy buenas ideas en esta Ley. Es una Ley, además, que levantará bastante ampollas en muchos sectores porque les obliga a hacer cosas que claramente van contra sus intereses.

Lo peor del caso es que es una Ley inútil, o bastante inútil, a pesar de que estoy convencido de que se han puesto mucho empeño y buenas intenciones en ella. Todos los planes de ejecución, todas las ideas de transición, todas las previsiones que en ella hay, se irán al traste cuando en unos meses tengamos el primer pico de precios del petróleo y entremos en la negra senda del descenso energético para la que no nos hemos preparado. Una lástima, porque mucha gente criticará a esta Ley como si fuera la causa, cuando en realidad su problema es llegar demasiado tarde. 

Salu2.

AMT