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lunes, 15 de septiembre de 2025

Crónicas de la caída: Septiembre de 2025


 

Queridos lectores:

Mientras escribo estas líneas, hay todavía manifestantes en diversos puntos de Madrid, sobre todo en las inmediaciones de la Plaza de Cibeles. Estas manifestaciones en la capital de España son el colofón de tres semanas en las que las protestas contra la Vuelta Ciclista a España por la participación de un equipo israelí se han ido progresivamente recrudeciendo, desde el puñado de personas que protestó cerca de la ciudad que me ha acogido, Figueres, hasta los centenares que se congregaron en el País Vasco, Asturias y Galicia, para finalmente llegar a los probablemente decenas de miles que hoy han colapsado las calles de Madrid y han impedido la finalización de la etapa y la entrega de premios. A otras personas les corresponderá  analizar el hartazgo de la población española (y también europea) con la horrible masacre que de forma indiscriminada está aplicando el ejército de Israel a la población de Palestina (muy visiblemente en Gaza y de manera más discreta en Cisjordania), y cómo esta explosión de rabia y protesta es en buena medida un rechazo contra nuestras propias élites (que se afanan en disimular la gravedad del genocidio, e incluso cuando lo reconocen lo hacen con la boca pequeña y sin acabar de tomar medidas decisivas, en lugar de como mínimo no plegarse a la voluntad de los genocidas, por más poder económico que controlen directa o indirectamente). Pero yo aquí querría destacar otra cuestión, a saber: que la circulación de la información es cada vez más lenta y azarosa, siendo el caso de las protestas en la Vuelta una de los pocos casos en los que la población ha podido identificarse y movilizarse, en forma creciente, al darse cuenta de que los sentimientos de rechazo eran compartidos y para nada minoritarios. No es una casualidad que a medida que iban pasando los días se hayan ido sumando más y más personas a las protestas, hasta culminar con la demostración de hoy en Madrid.

Estos mismos días ha habido protestas generalizadas y masivas, en ocasiones con cierta violencia, en nuestro país vecino, Francia. El lunes cayó el primer ministro, François Bayrou, después de someterse a una moción de confianza que encontró necesaria para poder acometer medidas de ajuste económico bastante drásticas. Emmanuel Macron, no osando convocar unas nuevas elecciones legislativas de desenlace incierto, nombró en seguida un nuevo primer ministro, Sébastien Lecornu, hombre de su confianza. El miércoles, respondiendo a una convocatoria para bloquear todo el país, se dieron todo tipo de incidentes, protestas y altercados. Se prevén nuevas jornadas de protesta a finales de mes, y el ambiente está cada vez más caldeado. Pero de esto apenas se habla, muy poco, en España e imagino que en otros países vecinos de Francia.

Mientras tanto, Alemania no levanta cabeza. El último trimestre volvió a registrar un descenso del PIB que pone en peligro la incipiente recuperación económica a la que apuntaban los dos primeros trimestres de 2025. Las encuestas muestran el irresistible ascenso del ultraderechista Alternativa por Alemania, que es la respuesta que le está dando el electorado alemán a sus inoperantes élites, que no son capaces de sacarlos de una recesión instalada desde que dejó de tener acceso a la energía barata que venía de Rusia. Una buena parte de la energía todavía llega de Rusia, en realidad, pero pasando por intermediarios para camuflar su origen y por eso ya no es tan barata. Otra parte viene de los EE.UU., particularmente el gas del fracking, que nunca fue ni será barato. Y sin los insumos a bajo precio, un país como Alemania, donde los sueldos no son bajos, no puede competir en el mercado global.

La transición energética se hunde lentamente en Europa. Nadie lo va a reconocer, pero poco a poco las metas de la transición están pasando a un segundo plano. Particularmente preocupa la pérdida de competitividad francesa y alemana y la destrucción de empleo, y aún más el hundimiento constante de la industria de la automoción, una de las industrias más importantes de Europa. No pasa semana sin noticias negativas en este sector, sin que se vea una salida razonable, mientras las ventas en Europa continúan su curva descendente y las exteriores se volatilizan. Pero todas estas cuestiones se sustituyen por el rearmamento, por alimentar la amenaza fantasma de la guerra con Rusia. Y como quiera que últimamente la población está perdiendo el entusiasmo por la causa bélica, las últimas semanas han estado jalonadas por noticias, éstas sí bien iluminadas y puestas en el foco mediático, dirigidas a alimentar la psicosis: la pérdida del GPS del avión de Úrsula von der Leyen, la intrusión de drones rusos en el espacio aéreo de Polonia y Rumanía... De nuevo, los flujos de información son azarosos. Aunque no arbitrarios. 

De vuelta a España, esta semana ha sido "noticia" algo que en realidad era una nota de prensa auspiciada por las grandes compañías eléctricas, de acuerdo con la cual el 83% de los nodos de la red eléctrica española están saturados y no pueden dar cabida a toda la nueva generación renovable que supuestamente tiene que entrar. Se ha llegado a decir que esta saturación ha llevado a perder 60.000 millones de euros en "inversiones potenciales", en referencia a un informe de Spain DC que citaba esa cifra, y como ejemplo se mencionan todas las industrias que no están "pudiendo despegar" por estas deficiencias de la red, desde los centros de datos hasta "otras industrias electrointensivas" curiosamente no especificadas. Pero como respuesta a estos "apremiantes" hechos, el Ministerio de Transición Ecológica español ha anunciado esta misma semana un incremento de la partida presupuestaria a destinar para el refuerzo de la red eléctrica, que llegaría así a los 13.590 millones de euros que se van a invertir desde ahora hasta 2030. Nadie va a explicar que todo esto es mentira. Nadie va a explicar que la demanda eléctrica en España está cayendo desde 2008, 17 años ya, y que este año seguramente cerrará con una nueva caída. No hay demanda para esa generación eléctrica que se pretende incorporar: en la actualidad, se están produciendo curtailments o pérdida de energía que se podría producir pero no se aprovecha, de más del 20% en algunos momentos. Los grandes fondos de inversión se retiran desde hace meses en lo que saben que es un negocio no rentable, cuando no ruinoso. Y eso sin contar con los problemas de intentar incorporar tanta electricidad renovable sin estabilización. Da exactamente igual: el plan es seguir adelante con el REI aunque sea un fracaso, y no hay plan alternativo. Se da por sentado que se necesita nueva generación eléctrica y que ésta debe ser renovable, cuando ambas afirmaciones son mentira.

Mientras tanto, bajando al terreno de lo real, de la gente que está sufriendo el inevitable descenso energético en el que estamos embarcados, vemos que los problemas crecen en Bolivia, en México y Nigeria, convertidos en tres de los puntos calientes de la caída de la disponibilidad de combustibles derivados del petróleo tras el pico de producción de petróleo crudo y condensado que se produjo en noviembre de 2018. El precio del barril de petróleo se mantiene moderado desde hace meses, y eso hace pensar a muchos en los países occidentales que la crisis energética es algo del pasado. En realidad, lo que sucede es que la crisis no se está distribuyendo de manera equitativa, y simplemente algunos países están empezando a quedar marginados del reparto. Justamente como estrategia para que aquí no haya escasez. Esto, por supuesto, no puede mantenerse indefinidamente, pero nadie va a hacer un análisis en profundidad sobre el tema. Nadie hablará del desastre en ciernes hasta que ya lo tengamos encima y sea inevitable.

Porque, además, en este momento en el que se necesitaría tener una información precisa sobre la situación energética global, nos encontramos con que vamos a tener mucha menos. De entrada, este año la Energy Information Administration de los EE.UU. no sacará su informe anual, debido a los recortes de Trump. Y en cuanto al informe anual de la Agencia Internacional de la Energía, al cual dedicamos un post cada año en este blog, aún no tiene fecha de publicación. Otros años ha salido en octubre y a estas alturas tendríamos más que clara la fecha de publicación, pero este año parece que se va a retrasar. ¿La razón? Seguramente porque, como comenta Javier Blas, en el borrador al que ha tenido acceso se ve que se recupera un escenario que desapareció hace unos años, el de Políticas Actuales, probablemente por la presión de la actual administración estadounidense. Un escenario en el que ya no se prevé una caída del consumo de carbón, petróleo y gas, simplemente porque ya no hay voluntad en los EE.UU. (y, aunque no se quiera reconocer, tampoco en Europa) de seguir luchando para abatir el Cambio Climático. Pero, claro, hacer ese encaje de bolillos va a ser complicado. Hasta ahora se había usado la narrativa del pico de demanda, es decir, que se iba a consumir menos petróleo porque queríamos consumir menos, no porque no hubiera. Sin embargo, tanto en EE.UU. como en Europa hay ahora urgencia por un volantazo a la situación económica, y para eso necesitan combustibles fósiles, toda vez que la transición energética ha fracasado. Así que ya no queremos consumir menos petróleo. Pero, después de años de insistir en que lo que estábamos viendo era un pico de demanda, ¿quién sale ahora en la AIE a explicar que, en realidad, estamos ya en un pico de oferta, y que no va a producirse más petróleo, sino cada vez menos? Por eso la necesidad de tiempo extra, para hacer cuadrar lo incuadrable. El análisis del WEO de este año promete ser una experiencia muy emocionante...

Crisis social, crisis energética... y, recordémoslo, estamos a las puertas de un nuevo desastre climático. Este otoño es un momento de máximo riesgo. Pero tampoco se habla de ello. No sucede. Hasta que suceda. 

Por tanto, si algo caracteriza este momento es el bloqueo de la información. Algo siempre presente, pero que ahora es creciente. Azaroso, pero no arbitrario.

Así que, para despedir este post, quiero mencionar una noticia de las que se habla tan poco como se puede: la Global Sumud Flotilla, un conjunto de embarcaciones que están en este momento navegando hacia Gaza con alimentos y medicamentos. Un grupo de personas que, desarmadas, pretenden hacer llegar una ayuda de primera necesidad a quienes están siendo exterminados, y a los que el gobierno de Israel ya ha amenazado diciendo que tratará como terroristas. Entre las noticias que no habrán leído estos días está la de que, mientras estaban atracados en el puerto de Túnez, sufrieron dos ataques con drones provenientes de mar abierto y que transportaban pequeños dispositivos incendiarios, un ataque de baja intensidad pero que es una advertencia. Simplemente otra noticia sobre la que no leerán hoy pero que quizá merezca la pena que sepan.

Salu2.

AMT 

P. Data: Adelante, Juan. 

viernes, 11 de octubre de 2024

Colapsismo, o más de lo mismo



Queridos lectores:

Hemos discutido ya varias veces en este blog sobre la obsesión de los industrialistas en que su modelo de transición energético es el único válido y aplicable, y que todos los que señalamos sus deficiencias y limitaciones somos como mínimo derrotistas y posiblemente tenemos, a su modo de ver, algún tipo de tara mental. Esta gente, por supuesto, no entran nunca a discutir la sustancia técnica de las pegas señaladas, entre otras cosas porque su formación tampoco les permite, en muchos casos, entender de qué problemas se hablan, menudeando en el colectivo industrialista gente del ámbito de las humanidades y no siendo tan frecuentes las personas formadas en las ciencias naturales. Es cierto que en este colectivo encontramos también cierta cantidad de ingenieros, todos ellos trabajando para empresas del sector, pero éstos tampoco entran en la sustancia de las críticas y prefieren distraer la atención con otros datos no pertinentes a las cuestiones suscitadas, entre otras cosas porque son bien conscientes de que las críticas son ciertas y pertinentes. De hecho, conozco no pocos ingenieros que han trabajado en el sector y que lo han abandonado por una elemental cuestión de ética profesional y personal.

Viene esto a colación por el hastío que me ha producido leer el enésimo artículo, firmado por tres personas que dicen ser ecologistas, en el que se hace una defensa acrítica del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI). Repiten, una vez más, que solo mediante una apuesta total por el REI podremos detener el desastre ambiental en ciernes, que tenemos que cumplir con nuestros compromisos internacionales, que tenemos que reducir nuestra dependencia exterior... Y delante de la evidencia que se acumula de que el modelo está fracasando, sacan a pasear uno de sus espantajos favoritos. La culpa de que haya oposición en el territorio es de los que ellos denominan "colapsistas", que están difundiendo ideas falsas, confundiendo a la población, ofuscando el debate, entorpeciendo nuestra salvación climática, energética y económica...

Esta anomalía de puro cuño ibérico, de denominar "colapsistas" a quienes argumentan que el REI está desnudo, a quienes muestran que esta transición no funciona, se gestó en el seno del partido político Más Madrid. Una élite no electa de gente con excesiva buena opinión sobre sí mismos y sus capacidades intelectuales, a pesar de que no tienen particulares méritos académicos, decidió convertir la descalificación de los argumentos contrarios al REI motejando así, "colapsista", a quien los exponía. Por supuesto en ningún momento definieron qué se quería decir con la palabra "colapsista", con la intención de dar a entender que quien defendía esa posición apostaba, por pura locura, por que la sociedad colapse. Dado que no eran capaces de proporcionar una argumentación rigurosa a favor de sus tesis, y dado que cada vez se hace más patente el atropello y la apropiación colonial del territorio, los másmadrileños de esta cuerda apostaron por la descalificación, esperando que de esa manera quedara expedito el espacio político que querían ocupar y que de alguna manera sentían en peligro.

Llevamos ya más de dos años con esta monserga, y algunas cosas están cambiando. En los últimos tiempos detecto que el manoseo del término "colapsista" por parte de los másmadrileños y su entono está consiguiendo que se devalúe tanto el término en sí como quien lo utiliza. Básicamente, cuando no tienen argumentos que oponer a la crítica, recurren al término de marras, con lo que cada vez está más claro que quien lo usa simplemente no tiene argumentos.

Algo que me ha llamado la atención desde el principio es la falta de profundidad intelectual de las personas que han escogido librar esta batalla terminológica. Viendo sus argumentos, uno se da cuenta de lo escasas, mal escogidas y peor digeridas que son sus  lecturas - en realidad no solo en este ámbito: causa repetido sonrojo las posiciones dóciles y sumisas, reminiscentes del entreguismo del período entreguerras del siglo pasado en muchas otras cuestiones de la discusión pública. Pero en el caso del colapsismo, es particularmente ridículo lo menguado de su bagaje intelectual y la total ignorancia de los que son y han sido referencia tanto en la discusión del riesgo del colapso de la sociedad como los que han defendido, incluso, la conveniencia del colapso.

La discusión intelectual sobre la decadencia y caída de la civilización occidental empezó por lo menos en los años 70 del siglo pasado, y no hablo aquí de los trabajos del ámbito de las ciencias naturales como "Los límites del crecimiento", sino de los realizados en los campos de la filosofía, la sociología y la antropología. Yendo ya a este siglo, hablando de colapso sería obligado mencionar a Pablo Sevigne o a referentes intelectuales nacionales como Jorge Riechmann o Carlos Taibo, que han abordado la cuestión en diversas ocasiones, incluso argumentando sobre la conveniencia tanto ambiental como social de un colapso temprano, en la línea de aquel "colapse ahora y evite las aglomeraciones" de John Michael Greer, otro referente intelectual ignorado, como lo son Josep Tainter o Jared Diamond, ambos también completamente ausentes de sus disquisiciones. Llama también al atención, de nuevo en clave doméstica, la deliberada omisión a Félix Moreno y su manifiesto colapsista, o versiones más argumentadas sobre la necesidad de la "Incivilización" del Black Mountain Project. Nada de esto se escucha en los argumentos másmadrileños, únicamente una garrula y agañanada repetición del mantra "eres un colapsista" cuando alguien les lleva la contraria, sin obviamente saber qué narices están diciendo.

Como también he comentado muchas veces, básicamente esta gente llama "colapsista" a los decrecentistas, y particularmente a los que venimos del ámbito académico. Es decir, quienes les molestamos somos los que defendemos la necesidad de una sociedad en equilibrio con la naturaleza y que satisfaga las necesidades de su población sin necesitar el crecimiento hasta el infinito y más allá del capital. Es decir, gente que no defendemos nada que se parezca al colapso de la civilización, aunque probablemente sí sea el colapso del capitalismo.

Porque ése es el problema real. La razón por la que molestamos y nos incordian es porque somos enemigos de su amo.

El problema es que se les está viendo demasiado el plumero a estas alturas. Es obvio que el REI está fracasando: las ventas de coches eléctricos se desploman en Europa mientras las compañías automovilísticas ponen sus planes de electrificación en el refrigerador, los curtailments de extienden, el consumo eléctrico sigue bajando y ahora, para colmo de males, el Gobierno español penalizará a las instalaciones de autoconsumo, obligándolas a instalar caros sistemas de estabilización para permitir que accedan a la red (lean esta interesante entrada del maestro Beamspot sobre el tema). Mientras tanto, tanto la producción de cobre como la de plata ya bajan, anticipando un futuro en el que las renovables eléctricas serán un lujo no al alcance de cualquiera.

Y mientras tanto, estos buenos para nada, estos salvadores de la patria por nadie elegidos, estos fascistas de medio pelo, siguen apostándolo todo a un modelo que, ése sí, nos puede hacer colapsar si nos empeñamos a seguirlo a pies juntillas. Precisamente, como nos avisa el último informe sobre el estado del planeta, en el que los científicos ambientales más reconocidos del planeta nos previenen del peligro inminente del colapso de nuestra civilización si no hay un cambio de rumbo mucho más profundo que instalar renovables.

Vosotros, (eco)fascistas, sois los colapsistas.


Salu2.

AMT