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jueves, 12 de junio de 2014

Vientos de cambio



Queridos lectores,

Durante las dos últimas semanas se han producido varias noticias de gran impacto en el mundo de la energía, todas las cuales merecerían tener un puesto destacado en la primera página de los diarios y algunos minutos en los noticieros televisivos, cosa que por supuesto o bien no ha pasado o bien se ha disfrazado de otra cosa. Todas estas noticias implican una creciente angustia y preocupación por el futuro no ya de la energía sino de la economía mundial, y anticipan que el declive energético puede entrar en una nueva fase más rápida, en una caída más precipitada. Hagamos una revisión rápida de estos sucesos:


  • El World Energy Investment Outlook de la Agencia Internacional de la Energía: Como hace 11 años, la Agencia ha sacado un informe sobre las necesidades de financiación y oportunidades para inversores en el sector de la energía global. El informe ha causado un gran revuelo entre la comunidad concienciada con la crisis energética por dos motivos: porque indica que se necesitarán 48 billones (¡españoles!) de dólares en inversión en energía de aquí a 2035, y porque dice que el sistema europeo de precios para la electricidad garantizan que la red eléctrica europea no es sostenible. Respecto a la primera de las amenazas, hay que ponerla en contexto: 48 billones a gastarse en 22 años implica un gasto medio de 2,18 billones al año (comenzando por 1,5 billones este año y acabando por 2,5 billones el año 2035). Entiendo que todas estas cifras se dan en dólares constantes. Comparado con el PIB actual (2012) del planeta Tierra (unos 71,8 billones de dólares) ese gasto medio anual representa un 3% del PIB; significativo, pero no impresionante; incluso los 2,5 billones del 2035 representarían sólo el 3,5% del PIB de hoy en día. El problema, como apunta Gail Tverberg, es que la AIE está asumiendo un crecimiento de la economía mundial del 3,6% anual, cosa que viendo el actual frenazo económico parece cada vez más difícil y, lo que es peor, teniendo en cuenta el indisimulable ocaso del petróleo que conlleva que esta crisis no acabará nunca, en ese período tan dilatado de tiempo el PIB del planeta comenzará a contraerse. Lo cual es grave porque, aparte de que las previsiones de necesidades de inversión de la AIE son seguramente optimistas, en una situación de PIB menguante el peso del coste energético será cada vez mayor. Recordemos que, como indica James Hamilton, cuando el coste final de la energía excede del 10% del PIB una economía entra en recesión. Y los 48 billones que indica la AIE no son el coste total de la energía, sino sólo la inversión total necesaria (según ellos) para que siga fluyendo (y eso asumiendo que la OPEP cogerá el relevo de la fallida aventura americana del fracking, que el propio informe muestra que tiene las alas muy pequeñas). Es por ello fácil suponer que el precio de la energía es un porcentaje mayor del PIB global que ese 3% de costes de producción, y en una economía que no crece será muy fácil superar ese umbral de dolor del 10% del PIB, a partir del cual la economía entrará en una barrena irrecuperable  puesto que la recesión implicará menos inversión en energía y un aumento de precio de la misma que aún hundirá más la economía en una espiral mortal y por primera vez global. Con respecto al segundo riesgo que apunta la AIE, poca cosa hay que decir: el sector eléctrico europeo (recordemos, no obstante, que la electricidad representa un porcentaje minoritario, de alrededor del 20%, de todo el consumo de energía final en economías desarrolladas y sólo un 10% a escala global) está en crisis y las eléctricas no tienen demasiado interés en invertir en su mantenimiento y expansión; parece por tanto que los apagones serán inevitables en las próximas décadas. Para un análisis más en profundidad recomiendo el excelente artículo de Gail Tverberg en Our Finite World y también este otro de Richard Heinberg traducido al castellano.
  • El documento sobre la Estrategia Europea de Seguridad Energética: Hace dos semanas la Comisión Europea sacó una luz un documento de estrategia energética cuyo objetivo es el de preparar a la Unión a una posible interrupción repentina en el suministro de gas natural a Europa. Aunque no se dice abiertamente, el choque entre Occidente y Rusia por el caso de Ucrania está detrás de este planteamiento estratégico. La Comisión considera verosímil que pueda haber problemas este mismo invierno y ha encargado que se hagan a la menor dilación pruebas de estrés (stress tests) para ver la capacidad del sistema europeo de resistir a estas interrupciones. Aunque se habla mucho de gas natural, no se habla poco de petróleo, y en principio las pruebas de estrés son para todo el sistema energético, o sea que también se contempla una interrupción del suministro de petróleo;  aunque se enfatiza lo mucho que depende Europa del petróleo ruso, se le quita hierro a esta posibilidad dejando claro que Rusia hasta ahora ha dependido mucho de los refinados que le enviamos desde aquí  - pero, claro, hoy en día los movimientos de los países son cada vez más imprevisibles. Para combatir estos riesgos y en el breve plazo que resta - meses de aquí a invierno - los medios son favorecer interconexiones, apelar a la solidaridad entre los Estados miembros y apoyar la producción energética autóctona mediante renovables (ignorando todas las limitaciones de éstas últimas y que de hecho no están funcionando demasiado bien a nivel europeo, ya no en el caso particularísimo de España, sino en Alemania).
  • La producción de petróleo crudo y condensados de planta, descontando el tight oil de fracking, está cayendo ya: Matthieu Auzanneau se hace eco de este hecho en el último artículo de su blog, de donde tomo esta gráfica:
    Como Matthieu hace notar en la gráfica de arriba, la caída no se justifica ni descontando los países donde se está observando problemas serios (ahora hablaremos de ellos), con lo que la conclusión es que realmente la OPEP ya no puede más (cosa que se disfraza diciendo que "el mundo está bien abastecido" a pesar de la abundancia de evidencia en contrario). En particular, Arabia Saudita ha puesto a plena producción el campo de Manifa, cuyo petróleo fuertemente contaminado de vanadio y muy sulfuroso es muy difícil de refinar, y coloca este mal producto en mezclas de precio más barato. Era ya su última bala, no le queda nada más. Mal asunto, cuando el informe de la AIE que comentábamos al principio hacía reposar sobre los hasta ahora amplios hombros de la OPEP la responsabilidad de aguantar (petroleramente) al mundo.
  • La interrupción de las exportaciones de petróleo libio: Hace días transcendía la noticia de que Libia dejaría de exportar los exiguos 200.000 barriles de petróleo diarios que aún era capaz de producir para abastecer sus necesidades nacionales. Lo cierto es que después de la guerra relámpago de hace 3 años el país no se ha estabilizado sino que ha ido progresivamente colapsando, convirtiéndose en un reino de taifas, como evidencia la siguiente gráfica de producción petrolífera (casi la única exportación del país), sacada también del artículo de Matthieu Auzanneau:
    Antes de la guerra el país era capaz de producir más de 1,6 millones de barriles de petróleo diarios (Mb/d); ahora prácticamente nada. Las potencias occidentales no tienen capacidad para implantar su voluntad sobre un tablero de juego cada vez más grande y complejo, y los países, en vez de quedar controlados, colapsan. Y en una situación en que la producción de petróleo está en su máxima capacidad y bajando, los 1,6 Mb/d de Libia no son nada despreciables. O no lo eran.
  • La guerra civil en Irak: El paradigma de colapso incontrolado está viniendo del país que más tiempo llevaba bajo el nuevo orden petrolero del mundo: Irak, el eterno Eldorado del petróleo cuya producción debía pasar de los 3 Mb/d actuales a los 6 Mb/d en unos años e incluso llegar a 12 Mb/d algún día, resulta que también está colapsando. La guerra civil nunca cesó por completo y con la retirada de las tropas de los EE.UU. se fue agravando. El conflicto civil en la cercana siria ha favorecido que un movimiento yihadista que se mueve entre los dos países haya tomado fuerza y ahora haya conquistado la ciudad de Mosul, ciudad clave para el control del petróleo del Kurdistán por su refinería y por el paso del oleoducto Mosul-Haifa (situado bastante más al sur). Si el grupo armado sigue avanzando podrán tomar el control de una de las zonas más productivas del Irak y el sueño de la abundancia petrolera en el país se acabará para siempre; como demuestra el caso libio y la historia del propio Irak, cuesta décadas borrar las improntas de la guerra en una industria tan delicada como es la petrolera.
  • La inestabilidad general en algunos productores: La producción sigue cayendo en Angola y en Venezuela (en esta última, empujadas por las protestas y huelgas); el desastre ecológico del Delta del Níger tiene mucho que ver con el alzamiento de grupos como Boko Haram y hace huir algunos inversionistas del país, poniendo aún más en compromiso la producción; Yemen está a punto de colapsar, Egipto y Siria ya lo hicieron... la lista podría hacerse bastante más larga, pero creo que ya se hacen una idea.
  • El reconocimiento cada vez más sonoro de que las explotaciones de shale gas y shale oil con la técnica de fracking son completamente ruinosas económicamente: Hace poco más de un año abordamos aquí la escasa (o negativa) rentabilidad del fracking, y hace unos siete meses cómo se empezaban a manifestar los síntomas del hundimiento de esta burbuja financiera. Pues bien: parece que comienza a ser una verdad a voces.  Ahora es la mismísima Bloomberg quien ha hecho un análisis en profundidad de las pérdidas de las empresas del sector, llegando a la conclusión de que muchas de ellas desparecerán. No habrá, por tanto, salida al problema petrolero por aquí, aunque fuera provisional (hasta 2020, según reconocía la propia AIE). El modelo de importar energía exportando miseria, propiciado por la condición de moneda de reserva del dólar, ya no se sostiene más, y es que las compañías petroleras no pueden seguir invirtiendo en negocios de rentabilidad dudosa y se han lanzado a una agresiva desinversión con consecuencias nefastas para nuestro futuro inmediato. Esto ocasionará no que no aumente la producción de petróleo en un futuro inmediato, sino que el colchón que nos daba actualmente el fracking prácticamente se desvanezca en cuestión de meses. Añadido a todo lo comentado arriba pone en una nueva y más inquietante perspectiva el informe de la AIE, y hace comprender que su lenguaje moderado oculta una realidad cada vez más inquietante.


Después de tal colección de nefastas noticias, con malos augurios para nuestro futuro, ¿qué vemos? En vez de sonar las lógicas señales de alarma, lo único que se oye por estas latitudes y por muchas otras son las bocinas de los aficionados al fútbol, disfrutando como nunca de uno de los últimos campeonatos mundiales de este deporte. Habiendo fútbol, ¿quién tiene interés en ver que el mundo se desmorona? Y sin embargo, una parte de la muy futbolera población de la anfitriona del campeonato, Brasil, sale a la calle a decir que eso no, que así no...



Quizá son ellos la última esperanza de que no todo está perdido.

Salu2,
AMT

lunes, 31 de marzo de 2014

La clave ucraniana



Queridos lectores,

Víctor Wilches ha escrito la siguiente pieza sobre la actual situación de Ucrania. Es un texto bastante duro y en contradicción con el discurso oficial que se suele oír en Occidente, bien argumentado y contundente. Espero que sirva para su discusión.

Les dejo con Víctor.

Salu2,
AMT

Ucrania: laboratorio neonazi, gas y petróleo



"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro.
Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí."
Martin Niemoeller
Pastor protestante, 1892-1984.

“Todo tiene sus límites, y en el caso de Ucrania nuestros socios occidentales se han pasado de la raya, se han comportado de manera grosera, irresponsable y poco profesional”… “San Petersburgo fue la cabeza de Rusia, Moscú su corazón, pero Kiev la madre”.
Vladimir Putin
Discurso sobre Crimea, 2014
       



Por: Víctor Wilches



Los tambores que anuncian el inicio de una gran guerra mundial continúan repicando en Ucrania. La injerencia a fondo por parte de EE.UU./UE/OTAN en la desestabilización de Ucrania entraña unas connotaciones geopolíticas que van más allá del golpe de estado inducido para instalar un régimen/laboratorio neonazi a las puertas de Europa. Los acontecimientos conducen a conjeturar que con esta agresión se busca alterarle el rumbo al orden internacional multipolar gestado en la última década e impedir su consolidación, y en su lugar imponer un orden internacional hegemónico, opresor, militar/mercenarizado y violento capitaneado por la plutocracia de EE.UU.

La agresión político-militar desplegada por EE.UU./UE/OTAN para forzar un nuevo orden internacional que responda a los intereses de EE.UU. está develando que inevitablemente todos los caminos conducen finalmente a una guerra frontal con China. Para llevar a cabo este arriesgado sueño imperial, Washington y Bruselas tienen que controlar/derrotar tres lugares emblemáticos: La Plaza Maidan, la Plaza Roja, y la Plaza Tiananmen. Tarea no fácil, pero el desespero puede llevar a cualquier demencial aventura, así ésta sea una pugna intercapitalista.

Esta peligrosa jugada por parte de EE.UU./UE/OTAN es producto de la pérdida de influencia y de poder global de EE.UU., cuyo declive acelerado viene acompañado de una profunda crisis económica y energética sin retorno. El modelo capitalista de producción depredó, destruyó y agotó los recursos naturales y energéticos, y contaminó todos los ecosistemas del planeta en su afán de acumulación. El crecimiento económico es cosa del pasado. Sin energía es imposible crecer. Para crecer económicamente se requiere aumentar el consumo de energía, y a la inversa, sin aumento del consumo de energía es imposible crecer económicamente. Por lo tanto, si un sistema basado en el crecimiento económico infinito no puede crecer está abocado a un colapso societal. El modelo capitalista ha llegado a su punto límite y ha comenzado su implosión arrastrado por una crisis multidimensional inherente al propio modelo. “La decadencia y caída del imperio global de Estados Unidos es el hecho más importante de la geopolítica en el mundo de hoy” (1), el colapso está en camino y su impacto es de grandes proporciones telúricas a nivel global. Ucrania acusa ser un revelador síntoma para evitar que el sistema colapse. Esta encrucijada hace que los apetitos imperiales de Estados Unidos en su huida hacia adelante por el control de territorios y de los recursos que quedan conduzcan a una guerra mundial nuclear.

El sistema capitalista estocado de muerte en el alma hegemónica imperial ha entrado de lleno en un giro geopolítico de eje geográfico/Asia/ acelerado. Los acontecimientos internacionales están testificando que la transición de paradigma post imperial-USAmericano se precipita a empellones, dejando a su paso profundas y graves crisis económicas, sociales, ecológicas, políticas, culturales, éticas y humanitarias. Ninguna transición y disolución imperial hegemónica puede ocurrir sin crisis, violencia, ni guerras, así ese escenario sea el menos deseado por la mayoría de la humanidad. Lo ideal sería que ésta fuera pacífica, pero un poder hegemónico erigido a base de violencia y de destrucción no va dar el paso al lado de manera pacífica para que otros llenen este vacío.

La actual ofensiva geopolítico puesta en marcha en Ucrania por EE.UU./UE/OTAN para remodelar el orden internacional -aparte de sus peligros, costos y desenlace final- ha dejado al descubierto dos líneas relevantes interrelacionadas que deben ser analizadas con atención: instauración de un régimen/laboratorio neonazi en Kiev; y una gran crisis energética en especial gas y el petróleo.

¿Por qué Ucrania es centro de rivalidad?

Ucrania juega un rol estratégico en los intereses y en las aspiraciones hegemónicas de EE.UU. desde siempre en su afán por controlar el mundo. Estas tendencias vienen desde tiempo atrás. A inicios del siglo XX la teoría del “Heartland” de Halford Mackinder sostiene que “Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo." Y más concretamente quien domina el “Heartland”, domina el mundo, especialmente si controla Ucrania.

La particular situación geopolítica de comienzos del siglo XXI revive y da un nuevo impulso y valor funcional a la región euroasiática como segmento espacial a controlar para dominar el mundo, lo cual choca frontalmente con las visiones geopolíticas del euroasianismo ruso y de la alianza sino-rusa de revivir la Ruta de la Seda. Este nuevo impulso en “occidente” vendrá de las pretensiones imperiales delineadas por el estratega de seguridad de EE.UU. Zbigniew Brzezinski, quien enfatiza la doctrina que el Estado que domine este vasto continente, el cual constituye un eje geopolítico, de hecho controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos. En Eurasia, vive el 75% de la población mundial y están depositadas 3/4 de las fuentes de energía conocidas en todo el mundo. Y más en concreto afirma que “Rusia sin Ucrania deja de ser un imperio, pero Rusia con Ucrania sobornada y luego subordinada, automáticamente se convierte en un imperio”. Estos parámetros expuestos muestran por qué EE.UU./UE/OTAN están dispuestos a jugar sus últimas cartas en una aventura bélica en Ucrania; y además, por qué en sus propósitos de alcanzar sus metas de dominio y control de Eurasia no existe parámetros de ninguna especie que les impida acudir a los métodos y alianzas execrables, como el apoyo a grupos neonazis y extremistas violentos de derecha.

En el complot dirigido y patrocinado por EE.UU./UE/OTAN para derribar el gobierno de Viktor Yanukóvich y empotrar un régimen neonazi en Kiev, hace gala de la combinación de una serie de elementos entrelazados que deben ser analizados.

Laboratorio neonazi en Kiev

En Ucrania no se empleó el típico golpe de estado blando sustentado en el modelo “revolución de colores” del Albert Einstein Institution, de Gene Sharp, en este caso se recurrió a la aplicación de diferentes instrumentos para llevar a cabo el golpe de estado. Estos van desde la utilización de la protesta social pacífica hasta métodos abiertamente radicales, en los que prevalecen formas de violencia extrema apuntaladas con grupos neonazis y extremistas nacionalistas y mercenarios-francotiradores.

Cambios y variantes al modelo de Gene Sharp ya se habían visto en Egipto, Libia, Siria. Allí se acude abiertamente a yihadistas islámicos como complemento central. En el actual complot en Ucrania por su importancia geoestratégica se sincronizan, se actualizaron y se ejecutan nuevos mecanismos. Por un lado tenemos el modelo de “golpe de estado blando” con toda su parafernalia: la mass media corporativa de “occidente” acusando de lo peor y demonizando hasta el paroxismo al gobierno de Yanukóvich, a Rusia y en especial a Putin (Nota: aquí el autor de ninguna manera está afirmando que Yanukóvich y Putin sean unos santos, se está es analizando el desarrollo de los acontecimientos de rivalidad intercapitalista); las ONGs actuando a tope para velar por los “derechos humanos” y las “libertades civiles y democráticas”. Además, ahora encontramos que las cancillerías, embajadas, parlamentos e instituciones de EE.UU., Unión Europea, Canadá, OTAN, OSCE, tienen una nueva misión diplomática participar abiertamente y en masa en las revueltas de la Plaza Maidan de Kiev, abrazados de partidarios de la neonazi Svoboda de Stepan Bandera y del Sector Derecho.

Por otro lado, esto va acompañado con la participación de multinacionales como Chevron orientadas a la apropiación del gas esquisto de región oriental de Ucrania –en cualquier análisis con relación a Ucrania es básico ver el papel que juegan las multinacionales en la crisis-. La firma de un acuerdo de 10 mil millones de dólares para la producción compartida de gas esquisto entre el gobierno ucraniano y Chevron, es tomado desde Washington como un paso en dirección de la independencia energética de Rusia, y en la tradición de unir los intereses de las corporaciones multinacionales bajo el paraguas y pretexto de la seguridad nacional de EE.UU. Al respecto el International Business Times afirmó que “el acuerdo de Chevron con Ucrania fue apoyado por USA como parte de su estrategia de seguridad nacional para ayudar a reducir la dependencia energética de Europa y de Kiev de Rusia.”  A la par de esto, la multinacional Cargill apunta al control de la producción de los alimentos fortaleciendo la posición comercial de la corporación en uno de los negocios al invertir más de 200 millones de dólares en las acciones de UkrLandFarming (Financial Times, enero 12, 2014). Esta empresa ucraniana que posee 500 mil hectáreas de tierra, es la octava cultivadora de tierra más grande del mundo y el segundo mayor productor de huevos. Cargill también tiene en Ucrania negocios en plantas de procesamiento y terminales de exportación en el Mar Negro. Seguramente necesitaba un puerto para aumentar el grado de control sobre el mercado. No se debe olvidar la importancia mundial agrícola de Ucrania y de la franja de tierra de gran fértil que abarca la mayor parte de las llamadas "tierras negras" o chernozem, al centro y oeste del país. Y para completar el cuadro, Monsanto, la empresa de semillas transgénicas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. Jugada comercial de control agrícola que busca cerrarle espacio a China en el mercado ucraniano. Lo cual se puede inscribir dentro de las guerras por las tierras fértiles y la alimentación desatada a nivel mundial.

Esto se complementa con las medidas que el gobierno neonazi títere de Kiev ha comenzado a tomar para preparar al país para “que afronte las dolorosas pero necesarias reformas sociales y económicas” impuestas por la medicina del FMI. Una de los primeros requerimientos del FMI es que los subsidios al gas de los hogares se reduzcan en un 50%. Otros requisitos onerosos del IMF incluyen recortes a las pensiones, en el empleo estatal y la privatización de los activos y propiedad del gobierno (traducción: que las corporaciones occidentales puedan comprar a precio de regalo los bienes públicos); así como otras reducciones en los programas de gastos sociales en Ucrania (Voice of Russia: Ukraine's economic crisis: Who benefits? Who pays?).

El laboratorio neonazi/neofascista de Kiev no es un mero hecho coyuntural para Ucrania o para ciudadanos de tercera o cuarta clase. Ese es el modelo que UU.EE., la Unión Europea, Canadá y en los países del autoproclamado “occidente” vienen adecuando y refinando para implantar en sus propios países. La pérdida y la restricción continuada de las libertades civiles, políticas, sociales y derechos democráticos avanzan a pasos agigantados. Las demandas sociales y políticas son acalladas. Nada de esto existe mientras no esté en la falsimedia corporativa. La protesta ciudadana es criminalizada y penada severamente. El desmonte del estado de bienestar es a marchas forzadas y a golpe de decreto. Todo lo público y los bienes comunes son saqueados. El control e interceptación de todas las fuentes de información y a todos los ciudadanos, pese a ser uno de los más aberrantes ataques a la libertad, no es otra cosa que el miedo de estas plutocracias y sus amos. Las legislaciones nacionales del autoproclamado occidente se están ajustando a un modelo neofascista en ciernes para ser aplicado a sus ciudadanos. Por ello, EE.UU./Obama, el gobierno de Canadá y los gobiernos de Europa salieron presurosos a afirmar y ratificar que el gobierno títere neonazi montado en Kiev tras el golpe de estado es un “gobierno legítimo”. Ese experimento puesto en escena en Kiev es todo un laboratorio neonazi/neofascista que esperan trasladar depurado a sus propias naciones. Un ejemplo palmario de lo que puede pasar en inmediato futuro es la destitución del periodista finlandés Jari Sarasvuo (ver: http://rawnata.blogspot.se, Känd finsk programledare Jari Sarasvuo fick sparken; y en Helsingin Sanomat www.hs.fi/) y el cierre fulminante de su programa por entrevistar al catedrático de la Universidad de Helsinki, Johan Beckman, quien exigió la liberación de Europa de la "junta fascista" ucraniana y acusó al canciller de Finlandia de apoyo a los nazis.

Que nadie se llame a engaño. Alguien puede imaginarse a EE.UU., la Unión Europea, Canadá, la OTAN, entregándole 5000 millones de dólares a unos grupos ucranianos sin saber quiénes eran éstos (dinero confirmado por la misma la Secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland). Ni quiénes son los que conforman esos grupos, y mucho menos darse por enterados quiénes son sus líderes. Naturalmente que todos sabían que sus pupilos/marioneta encargados del golpe eran miembros de grupos neonazis y de extrema derecha. Este monto económico aportado no es una bicoca, ni tampoco gratis. Ante la magnitud de los objetivos occidentales se podría pensar que es mucho más dinero. La infraestructura y los niveles de coordinación entre los interesados en el caos y el complot contra el gobierno de Yanukóvich y el control de Ucrania pueden ser mucho más oscuros de lo que cualquier mente pueda imaginar. La apuesta de EE.UU./UE/OTAN es una jugada geopolítica temeraria, pero ante la crisis multidimensional por la que están atravesando los conduce inevitablemente a esa aventura.

Crisis energética: Gas y petróleo
La crisis económica mundial galopante desde 2007/2008, y en especial, en los países desarrollados (mal-desarrollados es la mejor definición), se debe a la escasez y el declive de los hidrocarburos. Al no poder disponer de ingentes cantidades de energía en el mercado, fundamentalmente de petróleo, hace que el complejo sistema industrial y tecnológico, sustentado en esta fuente de energía, no pueda funcionar y mucho menos crecer. Por consiguientemente, el sistema al no poder continuar con su crecimiento y su consumo sin límites entra en crisis. El sistema ha chocado con un mundo que es finito, realidad física de la cual no se puede escapar: el cenit del petróleo.

El cenit del petróleo que ya hemos pasado, y que la propia Agencia Internacional de la Energía en su informe anual de 2010 (World Energy Outlook 2010) finalmente reconoce, y afirma que éste tuvo lugar en 2006. Además, muchos expertos y estudios señalan que el cenit de los hidrocarburos más el uranio tendrá lugar en 2018, de ser así estamos ante un problema muy grueso. Estas gráficas de diferentes reportes lo ratifican: el de la izquierda es de Energy Watch Group: Fossil and Nuclear Fuels, the Supply Outlook 2013. Y el otro tomado de The Future.

http://www.resilience.org/articles/General/2013/05_May/chart.JPGhttp://www.thefuture.net.nz/peak.png


Esto cambia el panorama y le da un vuelco total a las políticas de seguridad y a relaciones internacionales de los países de las economías (mal)desarrolladas, pues en su afán de garantizar el acceso, disposición, transporte y control de los recursos energéticos chocan frontalmente con los intereses de otros países y poderes que también están compitiendo por los mismos escasos recursos. Por ello, EE.UU./UE/OTAN han estado involucrados en la última década en cantidad de agresiones e invasiones a países que cuentan todavía con recursos como gas y petróleo, o con abundante agua dulce y tierras fértiles.

En la actual situación internacional de crisis, Ucrania es una puerta crucial en la búsqueda del control de los hidrocarburos de Rusia y de las regiones del Mar Caspio y de Asia Central. Ucrania es una zona geoestratégica que juega un papel central en la estrategia de EE.UU. en sus ansias de hegemonía global. Con esta arremetida Washington, en primer lugar, busca sacar a Rusia de Ucrania y a su vez, quitarle la posibilidad de acceso al Mar Negro y a las aguas del Mediterráneo. Segundo, correr las fronteras de la OTAN si es posible al centro de la Plaza Roja. Tercero, desmembrar a Rusia para controlar sus hidrocarburos y su vasto territorio. Cuarto, tratar de estrangular a China por sus flancos norte y occidental como refuerzo de la llamada política del “pivote Asia-Pacífico” de Obama, para entrar a asestarle de golpe de gracia.

Por lo tanto, nadie se puede auto-engañar o dejarse engañar. Aquí todo tiene que ver con petróleo y gas: energía. Petróleo es casi sinónimo de poder. La trama ucraniana de EE.UU./UE/OTAN obedece al acceso y control del petróleo y el gas de Rusia, Mar Caspio y Asia Central. Sin energía y sin petróleo no hay posibilidad de sostener la máquina de dominio y es imposible parar la caída del imperio. Sin petróleo el dólar chatarra es eso chatarra, pues no hay fuerzas armadas, ni misiles amenazantes que lo impongan como moneda global.

La “aparente sensación de empate” que se presenta en la crisis ucraniana encierra muchos peligros escondidos. Esto no para ahí. Por un lado, porque EE.UU. y sus aliados europeos aunque estén contentos con su gobierno-títere neonazi en Kiev, no se van a quedar satisfechos con lo logrado. Y por el otro lado, Rusia no duerme tranquila pese a la rápida adhesión de Crimea tras el masivo referendo autodeterminación.

El forzoso alto en la marcha al que se vio obligado EE.UU./UE/OTAN, tras la rápida jugada del Kremlin al consolidar su posición en Crimea y de un control seguro de la base militar de Sebastopol, es un simple interregno para preparar los siguientes pasos. Mientras tanto, la obscura realidad es maquillada con sanciones y expulsiones de organismos que ya no juegan un papel preponderante en el contexto internacional.

La pregunta que surge es ¿qué obligó a EE.UU./UE/OTAN a hacer este alto en la marcha de conquista? Respuesta, la carencia y garantía de insumos energéticos (gas y petróleo) suficientes y seguros que permitan seguir a delante con la agresión.

Por tal motivo, petróleo y gas y su garantía de abastecimiento es el tema recurrente en actual la crisis ucraniana por parte de las élites gobernantes europeas y de EE.UU., asunto que contiene dos vertientes centrales: 1) que los países de Europa no disponen de gas y petróleo, y 2) que Europa en gran parte depende las importaciones de gas y de petróleo de Rusia.

Esta baza a favor de Rusia y el hecho de que Moscú pueda cortar el suministro de energía hace que las agresiones se detengan un momento, mientras se resuelve cómo garantizar el abastecimiento para que la economía europea no se vea comprometida y paralizada. Ante esta circunstancia han surgido las más variadas soluciones y respuestas. Estas van desde acudir a la supuesta abundancia e independencia energética de EE.UU. para usarla como arma energética estratégica contra Rusia, hasta llegar a plantearse el supuesto abastecimiento energético con gas del norte de África.

Ninguna de estas alternativas son reales, ni tampoco fáciles de concretar, por más que sus líderes las den como ciertas. En cuanto al gas procedente del norte África, surge una inquietud, si esa vía puede abastecer con tanto gas a Europa por qué no se ha puesto en marcha de tiempo atrás. Y súmele a esto que Europa no cuenta con gasoductos, ni con plantas de licuefacción de gas en Europa. Ni con plantas de almacenamiento de grandes cantidades. Por lo tanto, esto para tranquilizar a los ciudadanos puede estar bien, pero con  meros deseos no basta para garantizar la seguridad energética de un continente que no cuenta con petróleo y gas.

Con relación a la abundancia de gas y de petróleo de EE.UU. encontramos argumentaciones de que Washington podría suplir las necesidades de gas de Europa o, como afirma Angela Merkel que “El gas estadounidense podría ser una opción”. Sabrá Merkel lo que esconde la historia del gas esquisto, que no existe tal abundancia que permite exportar, y que esto no es más que una gran burbuja energética más parecida a una pirámide Ponzi. Que el decline del gas esquisto de Estados Unidos ya está en camino como lo señala este artículo de Oil Price.com “Shale Bust: North America Natural Gas Production set to Seriously Decline”. Además, Ella debería saber que los inversores están huyendo del negocio por la baja rentabilidad y la oposición de los habitantes de los lugares afectados por el fracking, por los graves problemas de contaminación medioambiental. Ella y los gobernantes europeos podrían consultar el completo estudio sobre el tema: “Baby, Drill, Baby” de David Hughes, para que no especulen con el gas pizarra de EE.UU., ni de Polonia.

Veamos cómo quedan las pretensiones de inundar a Europa con gas estadounidense, escuchemos que dicen al respecto los militares y expertos que se reunieron en la última cumbre de diciembre del Dialogo Transatlántico de Seguridad Energética. Afirma el coronel US Army Daniel Davis: “La producción del gas pizarra de USA ha soportado una meseta en el último año que es poco probable que consiga mantener la sostenibilidad a largo plazo debido al modo impresionante de las altas tasas de declive, y debido a que gran parte de la producción proviene sólo de dos o tres campos.”   

Y qué hablar de crear una “unión energética europea”, esto parece más un pomposo discurso para el oído de los ciudadanos europeos. Es algo así como no hace falta el gas ruso, no lo necesitamos. No se preocupen que si vamos a la guerra les garantizamos que no pasarán frio en el invierno. La pregunta es dónde están los hidrocarburos, quizá la UE cuenta con los recursos de otros países.

Asimismo el petróleo esquisto de EE.UU. tampoco inundará a Europa. La abundancia e independencia procedente del boom petróleo esquisto ha tocado las cumbres del pico y comienza su declive acelerado. Contemplemos la relación que presenta BP para el año 2012 con relación a importación/exportación de EE.UU., para ver si de verdad puede enviar petróleo a los sedientos países europeos. EE.UU. produjo 8.9 millones de barriles diarios, consumió 18.5 Mbd e importó 10.5 Mbd. Según la U.S. Energy Information Administration (EIA), en enero de 2014 el consumo fue de 18.89 Mbd y su producción de 8.39 Mbd, lo cual indica que tiene un déficit de 10.5 Mbd, que deben importar. Por lo tanto, en dónde está el petróleo para enviar a Europa y evitar la dependencia de las importaciones europeas procedentes de Rusia.

Al mismo tiempo, encontramos información que corrobora cuál será el devenir del boom energético de EE.UU. en el corto tiempo, y existen muchas preguntas sobre qué va a pasar cuando la burbuja procedente del gas y petróleo pizarra se desinfle. Le Monde de Francia se pregunta “Según Washington, el boom del petróleo de esquisto estadounidense alcanza el pico en 2016. ¿Después qué?” Por su parte Christian Science Monitor, enero 21 de 2014, pregunta “Qué pasará cuando el boom del shale finalice?” Mientras que  Bloomberg, feb. 27 de 2014, se refiere a que “El sueño de la independencia del petróleo de USA le tira la puerta por la cara contra los costos del petróleo pizarra”. Y Wall Street Journal, enero 28 de 2014, preocupado por los negocios se refiere a que “Las grandes compañías petroleras luchan para justificar los crecientes costos de los proyectos”. Y a manera de remate tomemos lo que dice el experto Arthur Berman en una entrevista el 5 de marzo de 2014: Seamos honestos, después de todo. La producción de combustibles pizarra no es una revolución, es una fiesta de jubilación. (Oilprice.com y en Produktionen från Skiffer är inte en Revolution utan ett Pensionärsparty!).

Lo anterior completa el cuadro. Esto sugiere y reitera que la aparente “calma que se presenta” en la crisis ucraniana, post-adhesión de Crimea a Rusia, es un periodo de preparación mientras EE.UU./UE/OTAN resuelven de manara expedita y “segura” el problema central: los energéticos, para poder seguir con los planes de copar a Ucrania, desmembrar a Rusia y continuar la marcha a Pekín.

Aquí en este momento del análisis es que aparece de forma diáfana la pieza del puzle energético que hace falta en toda esta aventura bélica: Venezuela. Los hidrocarburos de Venezuela son los que van a garantizar que EE.UU./UE/OTAN puedan continuar con sus pretensiones de imponer un nuevo orden internacional hegemónico. La desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro es parte de la obra geoestratégica. Por lo tanto, lo que viene para Venezuela es un ataque con la combinación de todos los instrumentos posible de parte de Washington para derrocar al gobierno bolivariano, pues ese petróleo es requerido con urgencia. Ese petróleo para EE.UU. es la garantía de que no desaparezca de la escena internacional como imperio. Aquellos países que cuentan con recursos energéticos suficientes y que pueden ser apropiados para los intereses de EE.UU., deben esperar la misma medicina. País que cuente con gas o petróleo será agasajado con “bombardeos humanitarios” y la democracia le llegará con drones.

A manera de conclusión hay que resaltar el selecto gambito Sebastopol Севастóпoль de Putin, de la profiláctica defensa Crimea que acusa extenderse por el flanco oriental, y  que su vez, amenaza por rayos X con su poderosa pareja de alfiles: gasífero y petrolífero, el corazón de la industria y de la economía jadeante europea que no vislumbra signos de recuperación. El Zar prepara enroque corto, mientras se introducirse en las complejas estrategias del weiqi围棋(Go), juego de los eruditos chinos. Todo acontece bajo la atenta mirada de los bric+s, jugadores de un moderno chaturanga. Pero a pesar de tan rápidos movimientos y de las obligadas alianzas defensivas para detener el monstruo, en el tablero global danza amenazantemente una guerra mundial nuclear. En el escenario global, el orden mundial que más probable se percibe es el de un darwinismo social militar-mercenarizado regido bajo dictámenes de un neofascismo social, capitaneado por la plutocracia de EE.UU. y secundado por la Unión Europea e Israel. Si esta seria amenaza a la humanidad no logra ser contenida por los poderes que han venido consolidando el orden internacional multipolar actual, el futuro será demasiado aciago. Y si a la par de esto, los pueblos del mundo y sus luchas no cuentan con la suficiente unidad y fortaleza el futuro de las nuevas generaciones será sombrío. Por ello, todos los esfuerzos y las luchas que se emprendan para detener a la barbarie puesta en marcha son una conquista. Cada segundo que se gane para evitar que el leviatán avance es un tiempo valioso para la humanidad. El aleteo de la mariposa puede desencadenar olas de emancipación social y política a nivel global y la sed de libertad de los pueblos puede derribar imperios.

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Notas:
1. John Michael Greer: Decline and Fall. The end of empire and the future of democracy in 21 century America. Ed. New Society, 2014.