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martes, 27 de mayo de 2014

Perdiendo gas

Queridos lectores,

La Unión Europea se encuentra en una encrucijada histórica. En las recientes elecciones al Parlamento Europeo la mayoría de los partidos en el Gobierno o con posibilidades de estarlo han recibido un considerable varapalo por parte de los electores, mientras que opciones más radicales se van abriendo camino. La cacareada recuperación económica está a punto de demostrar que no era más que un espejismo; y especialmente en España, donde una conveniente adulteración de estadísticas ha permitido hacer creer que el PIB se recupera vigorosamente mientras que en realidad el consumo interno cae, la producción industrial no está remontando y la balanza comercial empeora mes a mes (las exportaciones ya no son el tan vitoreado "motor económico de España" puesto que claramente desde principios de año las importaciones las superan en valor económico). Pero mucho más allá de las fronteras de Europa ciertos acontecimientos recientes estrangularán aún más la capacidad económica del Viejo Continente durante los próximos años y décadas con consecuencias políticas y sociales que aún pocos se atreven a discutir.

La primera de estas noticias es el anuncio reciente de la firma de un histórico acuerdo entre la compañía rusa Gazprom (arropada por el Gobierno de Rusia) y la compañía china CNPC (controlada por el gobierno de aquel país) según el cual Gazprom se compromete a suministrar 38 millardos de metros cúbicos (en unidades americanas serían unos 1,3 billones de pies cúbicos) de gas natural al año a CNPC a partir de 2018 y durante 30 años. La Unión Europea importó en 2012 14 billones de pies cúbicos de gas natural, de los cuales aproximadamente un tercio (34%) vino de Rusia, es decir, 4,76 billones de pies cúbicos, con lo que el acuerdo ruso-chino representaría alrededor de un 27% del suministro anual de gas ruso a Europa. Está claro que a la Unión Europea le ha surgido un competidor importante por el gas natural ruso. Para poner las cosas en mejor perspectiva, fíjense en la siguiente gráfica de producción de gas natural rusa, sacada como siempre de la web Flujos de Energía y elaborada con datos el anuario de 2012 de BP:


Rusia produjo algo menos de 60 millardos de pies cúbicos de gas natural al día, es decir, unos 21 billones de pies cúbicos al año. El suministro anual actual a la Unión Europea y el previsto a China representan, respectivamente, el 22% y el 6% de la producción anual de gas de Rusia, lo cual deja clara la importancia de estas transacciones y de la dependencia económica mutua entre Rusia y la Unión Europa, la cual la primera está en mejores condiciones de disminuir que la segunda, sobre todo ahora que el problema en Ucrania las ha distanciado. Lo verdaderamente preocupante del acuerdo entre rusos y chinos es su larga duración, máxime si se tiene en cuenta que Rusia parece estar llegando a su particular peak gas. No es fácil encontrar proyecciones sobre la producción futura de gas en Rusia; la única estimación más o menos fiable que he encontrado es la del informe pormenorizado de 2013 del Energy Watch Group; de ahí extraigo esta gráfica con la previsión de producción de gas natural en Rusia.




Como se ve, mantenerse más o menos en una meseta productiva durante los próximos 15 años depende de que se desarrollen una serie de campos ya identificados (Kruzenshten, Shtokmanskoye, Tambey, Yamal y Mar de Barents); más allá, no hay nada ahora mismo y será difícil que haya algo más, teniendo en cuenta que Rusia ya empezó a poner en marcha sus campos de Siberia, los más alejados, hace casi 10 años. Las tasas anuales de declive de la producción de gas natural de los diferentes yacimientos, como se ve, son muy elevadas, siendo típico caídas del 50% en sólo 10 años. Además, como muestra la caída de 2009 (un año después del pico de precios en el petróleo), la producción es muy sensible a la inversión y a los precios sostenidamente elevados. No sería pues extraño que hacia el año 2035, con el acuerdo ruso-chino aún en la mitad de su vida, la producción de gas ruso fuera la mitad que ahora y hacia el tiempo de su expiración tan sólo llegara a ser la cuarta parte de la actual. Incluso contando con un estancamiento del consumo europeo durante esas tres décadas en aquella época Rusia tendría que decidir si exportar todo su gas a la UE o bien dejarlo parcialmente desabastecido y suministrar a su vecino del sur. Con una recesión instalada y sin poder competir con el gigante asiático, es más que probable que Europa tenga todas las de perder en esta situación.

Podría parecer que los problemas que va a tener Europa con el suministro de gas se podrían resolver confiando más en otros suministradores también cercanos geográficamente, en este caso los países del Golfo Pérsico, que son ricos en gas y petróleo (en España se alimenta la falacia del suministro inacabable desde Argelia, cuando este país ya ha superado claramente su peak oil y su peak gas particulares). Al que piense eso le resultará por tanto desconcertante una noticia aparecida la semana pasada, de acuerdo con la cual el gas comienza a escasear en el Golfo Pérsico. Y es que el gas natural, que durante años fue despreciado en una zona tan abundante en petróleo, ahora empieza a ser muy buscado porque resulta más rentable para la producción de electricidad, y aunque la noticia no lo diga también para dejar más petróleo disponible para la exportación ahora que la producción de petróleo de la OPEP ha llegado a una meseta irremontable. Pero resulta que para producir gas natural se tiene que hacer una inversión en infraestructura de almacenamiento y transporte muy elevada, la cual no siempre es fácil de amortizar teniendo en cuenta los bajos precios del gas comparado con el petróleo (en parte porque el gas es menos versátil: más difícil de manipular y almacenar, más peligroso, etc). En añadidura, como refleja el artículo, las grandes reservas de gas del Golfo Pérsico resulta que tienen más contenido en azufre y por tanto exigen más tratamiento para poderlo utilizar. Todo ello se puede resumir de una manera simple: este gas tiene una Tasa de Retorno Energético (TRE) inferior a lo esperado, lo cual se traduce en que las presumidas como grandiosas reservas de gas natural de la zona no son de manera neta tan grandiosas como se presumía (algo que a los economistas les cuesta horrores de entender). La consecuencia final y real de esta situación es que el Golfo Pérsico, en vez de ser un productor neto de gas natural, va con paso firme a ser un importador neto, con lo cual en vez de aliviar los problemas de Europa incrementa su inseguridad.

Y si Europa quisiera mirar al otro lado del Atlántico, la cosa no está mucho mejor. No detallaré aquí las razones por las cuales es completamente absurdo pensar que EE.UU. podría exportar algún día gas natural a Europa; ya lo hizo Gail Tverberg por mi. Pero es que encima los EE.UU. van a necesitar en los próximos años aumentar sus importaciones de gas natural: dejando al margen el hundimiento de la burbuja del fracking en progreso, resulta que la Agencia para la Información de la Energía (AIE, dependiente del Departamento de Energía de los EE.UU.) está falseando los datos de producción de gas natural en los EE.UU., como se explica en este artículo y se resume con este gráfico:


La franja roja representa toda la sobrestimación de producción de gas natural; lo irónico es que la curva amarilla se obtiene con los datos de producción de cada compañía individualizados... ¡que la propia AIE hace públicos! Como ven, la AIE está contribuyendo a crear una falsa apariencia de bonanza pero el engaño no se podrá mantener por demasiado tiempo. Así que no sólo los EE.UU. no van a proporcionarle más gas a Europa, sino que van a ser otro competidor más por el preciado recurso.


El gas natural, eterna promesa de combustible con menores emisiones de CO2, no es la solución a ningún problema porque su disponibilidad ya se encuentra seriamente comprometida y lo estará más en los años que vendrán; no podemos eludir el peak gas del mismo modo que no podemos eludir el peak oil. Una política energética nacional sensata tendría que tener en cuenta este factor, y también el ocaso del petróleo y el cercano pico del uranio para preparar un verdadero plan de contingencia de cara a una transición (no sólo energética, sino sistémica) que ya no puede esperar.


Salu2,
AMT 

P. Data: La cuarta noticia relevante de la semana no tiene que ver con gas, sino con el denominado shale oil (el petróleo ligero que se extrae de rocas poco porosas usando la técnica de fracking). Resulta que recientemente el servicio geológico minero de los EE.UU. ha rebajado su estimación de las reservas en la formación de Monterey, California... ¡en nada menos que un 96%! Han leído bien: las reservas inicialmente estimadas en 15,4 millardos de barriles dicen ahora que son sólo de 600 millones de barriles. Lo grave es que se estimaba que la formación de Monterey representaba el 63% del shale oil de los EE.UU., con lo que las reservas norteamericanas de shale oil son hoy un 60% inferiores a lo que eran la semana pasada... y eso hasta que reevalúen el resto de yacimientos. El ridículo sueño de la independencia energética de los EE.UU. se desvanece por momentos.

lunes, 31 de marzo de 2014

La clave ucraniana



Queridos lectores,

Víctor Wilches ha escrito la siguiente pieza sobre la actual situación de Ucrania. Es un texto bastante duro y en contradicción con el discurso oficial que se suele oír en Occidente, bien argumentado y contundente. Espero que sirva para su discusión.

Les dejo con Víctor.

Salu2,
AMT

Ucrania: laboratorio neonazi, gas y petróleo



"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista.
Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro.
Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío.
Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí."
Martin Niemoeller
Pastor protestante, 1892-1984.

“Todo tiene sus límites, y en el caso de Ucrania nuestros socios occidentales se han pasado de la raya, se han comportado de manera grosera, irresponsable y poco profesional”… “San Petersburgo fue la cabeza de Rusia, Moscú su corazón, pero Kiev la madre”.
Vladimir Putin
Discurso sobre Crimea, 2014
       



Por: Víctor Wilches



Los tambores que anuncian el inicio de una gran guerra mundial continúan repicando en Ucrania. La injerencia a fondo por parte de EE.UU./UE/OTAN en la desestabilización de Ucrania entraña unas connotaciones geopolíticas que van más allá del golpe de estado inducido para instalar un régimen/laboratorio neonazi a las puertas de Europa. Los acontecimientos conducen a conjeturar que con esta agresión se busca alterarle el rumbo al orden internacional multipolar gestado en la última década e impedir su consolidación, y en su lugar imponer un orden internacional hegemónico, opresor, militar/mercenarizado y violento capitaneado por la plutocracia de EE.UU.

La agresión político-militar desplegada por EE.UU./UE/OTAN para forzar un nuevo orden internacional que responda a los intereses de EE.UU. está develando que inevitablemente todos los caminos conducen finalmente a una guerra frontal con China. Para llevar a cabo este arriesgado sueño imperial, Washington y Bruselas tienen que controlar/derrotar tres lugares emblemáticos: La Plaza Maidan, la Plaza Roja, y la Plaza Tiananmen. Tarea no fácil, pero el desespero puede llevar a cualquier demencial aventura, así ésta sea una pugna intercapitalista.

Esta peligrosa jugada por parte de EE.UU./UE/OTAN es producto de la pérdida de influencia y de poder global de EE.UU., cuyo declive acelerado viene acompañado de una profunda crisis económica y energética sin retorno. El modelo capitalista de producción depredó, destruyó y agotó los recursos naturales y energéticos, y contaminó todos los ecosistemas del planeta en su afán de acumulación. El crecimiento económico es cosa del pasado. Sin energía es imposible crecer. Para crecer económicamente se requiere aumentar el consumo de energía, y a la inversa, sin aumento del consumo de energía es imposible crecer económicamente. Por lo tanto, si un sistema basado en el crecimiento económico infinito no puede crecer está abocado a un colapso societal. El modelo capitalista ha llegado a su punto límite y ha comenzado su implosión arrastrado por una crisis multidimensional inherente al propio modelo. “La decadencia y caída del imperio global de Estados Unidos es el hecho más importante de la geopolítica en el mundo de hoy” (1), el colapso está en camino y su impacto es de grandes proporciones telúricas a nivel global. Ucrania acusa ser un revelador síntoma para evitar que el sistema colapse. Esta encrucijada hace que los apetitos imperiales de Estados Unidos en su huida hacia adelante por el control de territorios y de los recursos que quedan conduzcan a una guerra mundial nuclear.

El sistema capitalista estocado de muerte en el alma hegemónica imperial ha entrado de lleno en un giro geopolítico de eje geográfico/Asia/ acelerado. Los acontecimientos internacionales están testificando que la transición de paradigma post imperial-USAmericano se precipita a empellones, dejando a su paso profundas y graves crisis económicas, sociales, ecológicas, políticas, culturales, éticas y humanitarias. Ninguna transición y disolución imperial hegemónica puede ocurrir sin crisis, violencia, ni guerras, así ese escenario sea el menos deseado por la mayoría de la humanidad. Lo ideal sería que ésta fuera pacífica, pero un poder hegemónico erigido a base de violencia y de destrucción no va dar el paso al lado de manera pacífica para que otros llenen este vacío.

La actual ofensiva geopolítico puesta en marcha en Ucrania por EE.UU./UE/OTAN para remodelar el orden internacional -aparte de sus peligros, costos y desenlace final- ha dejado al descubierto dos líneas relevantes interrelacionadas que deben ser analizadas con atención: instauración de un régimen/laboratorio neonazi en Kiev; y una gran crisis energética en especial gas y el petróleo.

¿Por qué Ucrania es centro de rivalidad?

Ucrania juega un rol estratégico en los intereses y en las aspiraciones hegemónicas de EE.UU. desde siempre en su afán por controlar el mundo. Estas tendencias vienen desde tiempo atrás. A inicios del siglo XX la teoría del “Heartland” de Halford Mackinder sostiene que “Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo." Y más concretamente quien domina el “Heartland”, domina el mundo, especialmente si controla Ucrania.

La particular situación geopolítica de comienzos del siglo XXI revive y da un nuevo impulso y valor funcional a la región euroasiática como segmento espacial a controlar para dominar el mundo, lo cual choca frontalmente con las visiones geopolíticas del euroasianismo ruso y de la alianza sino-rusa de revivir la Ruta de la Seda. Este nuevo impulso en “occidente” vendrá de las pretensiones imperiales delineadas por el estratega de seguridad de EE.UU. Zbigniew Brzezinski, quien enfatiza la doctrina que el Estado que domine este vasto continente, el cual constituye un eje geopolítico, de hecho controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos. En Eurasia, vive el 75% de la población mundial y están depositadas 3/4 de las fuentes de energía conocidas en todo el mundo. Y más en concreto afirma que “Rusia sin Ucrania deja de ser un imperio, pero Rusia con Ucrania sobornada y luego subordinada, automáticamente se convierte en un imperio”. Estos parámetros expuestos muestran por qué EE.UU./UE/OTAN están dispuestos a jugar sus últimas cartas en una aventura bélica en Ucrania; y además, por qué en sus propósitos de alcanzar sus metas de dominio y control de Eurasia no existe parámetros de ninguna especie que les impida acudir a los métodos y alianzas execrables, como el apoyo a grupos neonazis y extremistas violentos de derecha.

En el complot dirigido y patrocinado por EE.UU./UE/OTAN para derribar el gobierno de Viktor Yanukóvich y empotrar un régimen neonazi en Kiev, hace gala de la combinación de una serie de elementos entrelazados que deben ser analizados.

Laboratorio neonazi en Kiev

En Ucrania no se empleó el típico golpe de estado blando sustentado en el modelo “revolución de colores” del Albert Einstein Institution, de Gene Sharp, en este caso se recurrió a la aplicación de diferentes instrumentos para llevar a cabo el golpe de estado. Estos van desde la utilización de la protesta social pacífica hasta métodos abiertamente radicales, en los que prevalecen formas de violencia extrema apuntaladas con grupos neonazis y extremistas nacionalistas y mercenarios-francotiradores.

Cambios y variantes al modelo de Gene Sharp ya se habían visto en Egipto, Libia, Siria. Allí se acude abiertamente a yihadistas islámicos como complemento central. En el actual complot en Ucrania por su importancia geoestratégica se sincronizan, se actualizaron y se ejecutan nuevos mecanismos. Por un lado tenemos el modelo de “golpe de estado blando” con toda su parafernalia: la mass media corporativa de “occidente” acusando de lo peor y demonizando hasta el paroxismo al gobierno de Yanukóvich, a Rusia y en especial a Putin (Nota: aquí el autor de ninguna manera está afirmando que Yanukóvich y Putin sean unos santos, se está es analizando el desarrollo de los acontecimientos de rivalidad intercapitalista); las ONGs actuando a tope para velar por los “derechos humanos” y las “libertades civiles y democráticas”. Además, ahora encontramos que las cancillerías, embajadas, parlamentos e instituciones de EE.UU., Unión Europea, Canadá, OTAN, OSCE, tienen una nueva misión diplomática participar abiertamente y en masa en las revueltas de la Plaza Maidan de Kiev, abrazados de partidarios de la neonazi Svoboda de Stepan Bandera y del Sector Derecho.

Por otro lado, esto va acompañado con la participación de multinacionales como Chevron orientadas a la apropiación del gas esquisto de región oriental de Ucrania –en cualquier análisis con relación a Ucrania es básico ver el papel que juegan las multinacionales en la crisis-. La firma de un acuerdo de 10 mil millones de dólares para la producción compartida de gas esquisto entre el gobierno ucraniano y Chevron, es tomado desde Washington como un paso en dirección de la independencia energética de Rusia, y en la tradición de unir los intereses de las corporaciones multinacionales bajo el paraguas y pretexto de la seguridad nacional de EE.UU. Al respecto el International Business Times afirmó que “el acuerdo de Chevron con Ucrania fue apoyado por USA como parte de su estrategia de seguridad nacional para ayudar a reducir la dependencia energética de Europa y de Kiev de Rusia.”  A la par de esto, la multinacional Cargill apunta al control de la producción de los alimentos fortaleciendo la posición comercial de la corporación en uno de los negocios al invertir más de 200 millones de dólares en las acciones de UkrLandFarming (Financial Times, enero 12, 2014). Esta empresa ucraniana que posee 500 mil hectáreas de tierra, es la octava cultivadora de tierra más grande del mundo y el segundo mayor productor de huevos. Cargill también tiene en Ucrania negocios en plantas de procesamiento y terminales de exportación en el Mar Negro. Seguramente necesitaba un puerto para aumentar el grado de control sobre el mercado. No se debe olvidar la importancia mundial agrícola de Ucrania y de la franja de tierra de gran fértil que abarca la mayor parte de las llamadas "tierras negras" o chernozem, al centro y oeste del país. Y para completar el cuadro, Monsanto, la empresa de semillas transgénicas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. Jugada comercial de control agrícola que busca cerrarle espacio a China en el mercado ucraniano. Lo cual se puede inscribir dentro de las guerras por las tierras fértiles y la alimentación desatada a nivel mundial.

Esto se complementa con las medidas que el gobierno neonazi títere de Kiev ha comenzado a tomar para preparar al país para “que afronte las dolorosas pero necesarias reformas sociales y económicas” impuestas por la medicina del FMI. Una de los primeros requerimientos del FMI es que los subsidios al gas de los hogares se reduzcan en un 50%. Otros requisitos onerosos del IMF incluyen recortes a las pensiones, en el empleo estatal y la privatización de los activos y propiedad del gobierno (traducción: que las corporaciones occidentales puedan comprar a precio de regalo los bienes públicos); así como otras reducciones en los programas de gastos sociales en Ucrania (Voice of Russia: Ukraine's economic crisis: Who benefits? Who pays?).

El laboratorio neonazi/neofascista de Kiev no es un mero hecho coyuntural para Ucrania o para ciudadanos de tercera o cuarta clase. Ese es el modelo que UU.EE., la Unión Europea, Canadá y en los países del autoproclamado “occidente” vienen adecuando y refinando para implantar en sus propios países. La pérdida y la restricción continuada de las libertades civiles, políticas, sociales y derechos democráticos avanzan a pasos agigantados. Las demandas sociales y políticas son acalladas. Nada de esto existe mientras no esté en la falsimedia corporativa. La protesta ciudadana es criminalizada y penada severamente. El desmonte del estado de bienestar es a marchas forzadas y a golpe de decreto. Todo lo público y los bienes comunes son saqueados. El control e interceptación de todas las fuentes de información y a todos los ciudadanos, pese a ser uno de los más aberrantes ataques a la libertad, no es otra cosa que el miedo de estas plutocracias y sus amos. Las legislaciones nacionales del autoproclamado occidente se están ajustando a un modelo neofascista en ciernes para ser aplicado a sus ciudadanos. Por ello, EE.UU./Obama, el gobierno de Canadá y los gobiernos de Europa salieron presurosos a afirmar y ratificar que el gobierno títere neonazi montado en Kiev tras el golpe de estado es un “gobierno legítimo”. Ese experimento puesto en escena en Kiev es todo un laboratorio neonazi/neofascista que esperan trasladar depurado a sus propias naciones. Un ejemplo palmario de lo que puede pasar en inmediato futuro es la destitución del periodista finlandés Jari Sarasvuo (ver: http://rawnata.blogspot.se, Känd finsk programledare Jari Sarasvuo fick sparken; y en Helsingin Sanomat www.hs.fi/) y el cierre fulminante de su programa por entrevistar al catedrático de la Universidad de Helsinki, Johan Beckman, quien exigió la liberación de Europa de la "junta fascista" ucraniana y acusó al canciller de Finlandia de apoyo a los nazis.

Que nadie se llame a engaño. Alguien puede imaginarse a EE.UU., la Unión Europea, Canadá, la OTAN, entregándole 5000 millones de dólares a unos grupos ucranianos sin saber quiénes eran éstos (dinero confirmado por la misma la Secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland). Ni quiénes son los que conforman esos grupos, y mucho menos darse por enterados quiénes son sus líderes. Naturalmente que todos sabían que sus pupilos/marioneta encargados del golpe eran miembros de grupos neonazis y de extrema derecha. Este monto económico aportado no es una bicoca, ni tampoco gratis. Ante la magnitud de los objetivos occidentales se podría pensar que es mucho más dinero. La infraestructura y los niveles de coordinación entre los interesados en el caos y el complot contra el gobierno de Yanukóvich y el control de Ucrania pueden ser mucho más oscuros de lo que cualquier mente pueda imaginar. La apuesta de EE.UU./UE/OTAN es una jugada geopolítica temeraria, pero ante la crisis multidimensional por la que están atravesando los conduce inevitablemente a esa aventura.

Crisis energética: Gas y petróleo
La crisis económica mundial galopante desde 2007/2008, y en especial, en los países desarrollados (mal-desarrollados es la mejor definición), se debe a la escasez y el declive de los hidrocarburos. Al no poder disponer de ingentes cantidades de energía en el mercado, fundamentalmente de petróleo, hace que el complejo sistema industrial y tecnológico, sustentado en esta fuente de energía, no pueda funcionar y mucho menos crecer. Por consiguientemente, el sistema al no poder continuar con su crecimiento y su consumo sin límites entra en crisis. El sistema ha chocado con un mundo que es finito, realidad física de la cual no se puede escapar: el cenit del petróleo.

El cenit del petróleo que ya hemos pasado, y que la propia Agencia Internacional de la Energía en su informe anual de 2010 (World Energy Outlook 2010) finalmente reconoce, y afirma que éste tuvo lugar en 2006. Además, muchos expertos y estudios señalan que el cenit de los hidrocarburos más el uranio tendrá lugar en 2018, de ser así estamos ante un problema muy grueso. Estas gráficas de diferentes reportes lo ratifican: el de la izquierda es de Energy Watch Group: Fossil and Nuclear Fuels, the Supply Outlook 2013. Y el otro tomado de The Future.

http://www.resilience.org/articles/General/2013/05_May/chart.JPGhttp://www.thefuture.net.nz/peak.png


Esto cambia el panorama y le da un vuelco total a las políticas de seguridad y a relaciones internacionales de los países de las economías (mal)desarrolladas, pues en su afán de garantizar el acceso, disposición, transporte y control de los recursos energéticos chocan frontalmente con los intereses de otros países y poderes que también están compitiendo por los mismos escasos recursos. Por ello, EE.UU./UE/OTAN han estado involucrados en la última década en cantidad de agresiones e invasiones a países que cuentan todavía con recursos como gas y petróleo, o con abundante agua dulce y tierras fértiles.

En la actual situación internacional de crisis, Ucrania es una puerta crucial en la búsqueda del control de los hidrocarburos de Rusia y de las regiones del Mar Caspio y de Asia Central. Ucrania es una zona geoestratégica que juega un papel central en la estrategia de EE.UU. en sus ansias de hegemonía global. Con esta arremetida Washington, en primer lugar, busca sacar a Rusia de Ucrania y a su vez, quitarle la posibilidad de acceso al Mar Negro y a las aguas del Mediterráneo. Segundo, correr las fronteras de la OTAN si es posible al centro de la Plaza Roja. Tercero, desmembrar a Rusia para controlar sus hidrocarburos y su vasto territorio. Cuarto, tratar de estrangular a China por sus flancos norte y occidental como refuerzo de la llamada política del “pivote Asia-Pacífico” de Obama, para entrar a asestarle de golpe de gracia.

Por lo tanto, nadie se puede auto-engañar o dejarse engañar. Aquí todo tiene que ver con petróleo y gas: energía. Petróleo es casi sinónimo de poder. La trama ucraniana de EE.UU./UE/OTAN obedece al acceso y control del petróleo y el gas de Rusia, Mar Caspio y Asia Central. Sin energía y sin petróleo no hay posibilidad de sostener la máquina de dominio y es imposible parar la caída del imperio. Sin petróleo el dólar chatarra es eso chatarra, pues no hay fuerzas armadas, ni misiles amenazantes que lo impongan como moneda global.

La “aparente sensación de empate” que se presenta en la crisis ucraniana encierra muchos peligros escondidos. Esto no para ahí. Por un lado, porque EE.UU. y sus aliados europeos aunque estén contentos con su gobierno-títere neonazi en Kiev, no se van a quedar satisfechos con lo logrado. Y por el otro lado, Rusia no duerme tranquila pese a la rápida adhesión de Crimea tras el masivo referendo autodeterminación.

El forzoso alto en la marcha al que se vio obligado EE.UU./UE/OTAN, tras la rápida jugada del Kremlin al consolidar su posición en Crimea y de un control seguro de la base militar de Sebastopol, es un simple interregno para preparar los siguientes pasos. Mientras tanto, la obscura realidad es maquillada con sanciones y expulsiones de organismos que ya no juegan un papel preponderante en el contexto internacional.

La pregunta que surge es ¿qué obligó a EE.UU./UE/OTAN a hacer este alto en la marcha de conquista? Respuesta, la carencia y garantía de insumos energéticos (gas y petróleo) suficientes y seguros que permitan seguir a delante con la agresión.

Por tal motivo, petróleo y gas y su garantía de abastecimiento es el tema recurrente en actual la crisis ucraniana por parte de las élites gobernantes europeas y de EE.UU., asunto que contiene dos vertientes centrales: 1) que los países de Europa no disponen de gas y petróleo, y 2) que Europa en gran parte depende las importaciones de gas y de petróleo de Rusia.

Esta baza a favor de Rusia y el hecho de que Moscú pueda cortar el suministro de energía hace que las agresiones se detengan un momento, mientras se resuelve cómo garantizar el abastecimiento para que la economía europea no se vea comprometida y paralizada. Ante esta circunstancia han surgido las más variadas soluciones y respuestas. Estas van desde acudir a la supuesta abundancia e independencia energética de EE.UU. para usarla como arma energética estratégica contra Rusia, hasta llegar a plantearse el supuesto abastecimiento energético con gas del norte de África.

Ninguna de estas alternativas son reales, ni tampoco fáciles de concretar, por más que sus líderes las den como ciertas. En cuanto al gas procedente del norte África, surge una inquietud, si esa vía puede abastecer con tanto gas a Europa por qué no se ha puesto en marcha de tiempo atrás. Y súmele a esto que Europa no cuenta con gasoductos, ni con plantas de licuefacción de gas en Europa. Ni con plantas de almacenamiento de grandes cantidades. Por lo tanto, esto para tranquilizar a los ciudadanos puede estar bien, pero con  meros deseos no basta para garantizar la seguridad energética de un continente que no cuenta con petróleo y gas.

Con relación a la abundancia de gas y de petróleo de EE.UU. encontramos argumentaciones de que Washington podría suplir las necesidades de gas de Europa o, como afirma Angela Merkel que “El gas estadounidense podría ser una opción”. Sabrá Merkel lo que esconde la historia del gas esquisto, que no existe tal abundancia que permite exportar, y que esto no es más que una gran burbuja energética más parecida a una pirámide Ponzi. Que el decline del gas esquisto de Estados Unidos ya está en camino como lo señala este artículo de Oil Price.com Shale Bust: North America Natural Gas Production set to Seriously Decline”. Además, Ella debería saber que los inversores están huyendo del negocio por la baja rentabilidad y la oposición de los habitantes de los lugares afectados por el fracking, por los graves problemas de contaminación medioambiental. Ella y los gobernantes europeos podrían consultar el completo estudio sobre el tema: “Baby, Drill, Baby” de David Hughes, para que no especulen con el gas pizarra de EE.UU., ni de Polonia.

Veamos cómo quedan las pretensiones de inundar a Europa con gas estadounidense, escuchemos que dicen al respecto los militares y expertos que se reunieron en la última cumbre de diciembre del Dialogo Transatlántico de Seguridad Energética. Afirma el coronel US Army Daniel Davis: “La producción del gas pizarra de USA ha soportado una meseta en el último año que es poco probable que consiga mantener la sostenibilidad a largo plazo debido al modo impresionante de las altas tasas de declive, y debido a que gran parte de la producción proviene sólo de dos o tres campos.”   

Y qué hablar de crear una “unión energética europea”, esto parece más un pomposo discurso para el oído de los ciudadanos europeos. Es algo así como no hace falta el gas ruso, no lo necesitamos. No se preocupen que si vamos a la guerra les garantizamos que no pasarán frio en el invierno. La pregunta es dónde están los hidrocarburos, quizá la UE cuenta con los recursos de otros países.

Asimismo el petróleo esquisto de EE.UU. tampoco inundará a Europa. La abundancia e independencia procedente del boom petróleo esquisto ha tocado las cumbres del pico y comienza su declive acelerado. Contemplemos la relación que presenta BP para el año 2012 con relación a importación/exportación de EE.UU., para ver si de verdad puede enviar petróleo a los sedientos países europeos. EE.UU. produjo 8.9 millones de barriles diarios, consumió 18.5 Mbd e importó 10.5 Mbd. Según la U.S. Energy Information Administration (EIA), en enero de 2014 el consumo fue de 18.89 Mbd y su producción de 8.39 Mbd, lo cual indica que tiene un déficit de 10.5 Mbd, que deben importar. Por lo tanto, en dónde está el petróleo para enviar a Europa y evitar la dependencia de las importaciones europeas procedentes de Rusia.

Al mismo tiempo, encontramos información que corrobora cuál será el devenir del boom energético de EE.UU. en el corto tiempo, y existen muchas preguntas sobre qué va a pasar cuando la burbuja procedente del gas y petróleo pizarra se desinfle. Le Monde de Francia se pregunta Según Washington, el boom del petróleo de esquisto estadounidense alcanza el pico en 2016. ¿Después qué?” Por su parte Christian Science Monitor, enero 21 de 2014, preguntaQué pasará cuando el boom del shale finalice?” Mientras que  Bloomberg, feb. 27 de 2014, se refiere a que El sueño de la independencia del petróleo de USA le tira la puerta por la cara contra los costos del petróleo pizarra. Y Wall Street Journal, enero 28 de 2014, preocupado por los negocios se refiere a que “Las grandes compañías petroleras luchan para justificar los crecientes costos de los proyectos. Y a manera de remate tomemos lo que dice el experto Arthur Berman en una entrevista el 5 de marzo de 2014: Seamos honestos, después de todo. La producción de combustibles pizarra no es una revolución, es una fiesta de jubilación. (Oilprice.com y en Produktionen från Skiffer är inte en Revolution utan ett Pensionärsparty!).

Lo anterior completa el cuadro. Esto sugiere y reitera que la aparente “calma que se presenta” en la crisis ucraniana, post-adhesión de Crimea a Rusia, es un periodo de preparación mientras EE.UU./UE/OTAN resuelven de manara expedita y “segura” el problema central: los energéticos, para poder seguir con los planes de copar a Ucrania, desmembrar a Rusia y continuar la marcha a Pekín.

Aquí en este momento del análisis es que aparece de forma diáfana la pieza del puzle energético que hace falta en toda esta aventura bélica: Venezuela. Los hidrocarburos de Venezuela son los que van a garantizar que EE.UU./UE/OTAN puedan continuar con sus pretensiones de imponer un nuevo orden internacional hegemónico. La desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro es parte de la obra geoestratégica. Por lo tanto, lo que viene para Venezuela es un ataque con la combinación de todos los instrumentos posible de parte de Washington para derrocar al gobierno bolivariano, pues ese petróleo es requerido con urgencia. Ese petróleo para EE.UU. es la garantía de que no desaparezca de la escena internacional como imperio. Aquellos países que cuentan con recursos energéticos suficientes y que pueden ser apropiados para los intereses de EE.UU., deben esperar la misma medicina. País que cuente con gas o petróleo será agasajado con “bombardeos humanitarios” y la democracia le llegará con drones.

A manera de conclusión hay que resaltar el selecto gambito Sebastopol Севастóпoль de Putin, de la profiláctica defensa Crimea que acusa extenderse por el flanco oriental, y  que su vez, amenaza por rayos X con su poderosa pareja de alfiles: gasífero y petrolífero, el corazón de la industria y de la economía jadeante europea que no vislumbra signos de recuperación. El Zar prepara enroque corto, mientras se introducirse en las complejas estrategias del weiqi围棋(Go), juego de los eruditos chinos. Todo acontece bajo la atenta mirada de los bric+s, jugadores de un moderno chaturanga. Pero a pesar de tan rápidos movimientos y de las obligadas alianzas defensivas para detener el monstruo, en el tablero global danza amenazantemente una guerra mundial nuclear. En el escenario global, el orden mundial que más probable se percibe es el de un darwinismo social militar-mercenarizado regido bajo dictámenes de un neofascismo social, capitaneado por la plutocracia de EE.UU. y secundado por la Unión Europea e Israel. Si esta seria amenaza a la humanidad no logra ser contenida por los poderes que han venido consolidando el orden internacional multipolar actual, el futuro será demasiado aciago. Y si a la par de esto, los pueblos del mundo y sus luchas no cuentan con la suficiente unidad y fortaleza el futuro de las nuevas generaciones será sombrío. Por ello, todos los esfuerzos y las luchas que se emprendan para detener a la barbarie puesta en marcha son una conquista. Cada segundo que se gane para evitar que el leviatán avance es un tiempo valioso para la humanidad. El aleteo de la mariposa puede desencadenar olas de emancipación social y política a nivel global y la sed de libertad de los pueblos puede derribar imperios.

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Notas:
1. John Michael Greer: Decline and Fall. The end of empire and the future of democracy in 21 century America. Ed. New Society, 2014.