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miércoles, 17 de febrero de 2021

El legado de Santa Bárbara

 

Queridos lectores:

Como habrán notado, llevaba tres semanas sin publicar ningún post. La razón es la de siempre: mucha carga de trabajo - agravada por las dificultades de la nueva "realidad CoVid" - y por tanto menos tiempo libre, entre otras cosas para escribir en este blog. Sin embargo, en esta ocasión esta sobrecarga laboral ha ascendido un escalón adicional, y ese escalón tiene un nombre: NextGenerationEU.

En el caso de que no lo conozcan, les diré que NextGenerationEU es un enorme paquete de estímulo económico (tres cuartos de billón de euros) que la Unión Europea ha destinado para estimular la recuperación económica de los países miembros. La mayor parte de este paquete está formado por el denominado Fondo de Recuperación y Resiliencia (!), el cual tiene unos objetivos muy concretos, entre los cuales destacan la lucha contra el Cambio Climático (un mínimo de 37% de los fondos) y la transformación digital (al menos un 20%). 

De estos fondos a España le han correspondido nada más y nada menos que 140.000 millones de euros. Es por ello que durante las últimas semanas han proliferado por todo el territorio español decenas de proyectos para la instalación de sistemas de generación de energía renovable y de producción de combustibles "limpios" como el hidrógeno verde.

El desembarco de este chorro de dinero en España ha tenido consecuencias directas en mi sector, el de la ciencia. Una pequeña parte de esos fondos (me comentaban ayer que unos 4.000 millones de euros) se van a destinar al sistema de ciencia español. Esta cantidad es ligeramente superior al presupuesto anual ordinario del Ministerio de Ciencia e Innovación, y es casi 6 veces el presupuesto anual de la Agencia Estatal de Investigación, que es la encargada de dotar presupuestariamente los proyectos de investigación en España y que de hecho es la principal fuente de financiación del sistema de ciencia español.

Como saben, aparte del trabajo de divulgación sobre los problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, mi trabajo de investigación se centra en otras materias y más concretamente en el estudio de los océanos utilizando satélites de observación de la Tierra. Además, desde hace algún tiempo tengo el encargo y el honor de coordinar las actividades de teledetección del CSIC a través de una Plataforma Temática Interdisciplinar, actividad muy importante y que me implica una mayor carga de trabajo. Justamente por esta ocupación, actualmente tengo un mejor conocimiento del funcionamiento de mi institución y me entero más de los cambios que está experimentando. Y así he sabido que, de los fondos de NextGenerationEU, este año se han asignado directamente al CSIC 150 millones de euros, dirigidos a la actividad de ciertas plataformas muy estratégicas (entre ellas Salud Global, la plataforma que lleva la investigadora Margarita del Val y que ha hecho un trabajo extraordinario durante la pandemia). Conviene hacer notar que 150 millones de euros es un 16% del presupuesto del CSIC para este año, así que esta inyección de dinero es más que notable.

Pero ésa no es la única partida de dinero que le está llegando al sistema de ciencia desde NextGenerationEU. Las comunidades autónomas están recibiendo partidas de dinero de varias decenas de millones de euros, en algún caso llegando al centenar, con el encargo de que deben ser gastados en 8 áreas científicas prioritarias: comunicación cuántica; energía e hidrógeno verde; agroalimentación; biodiversidad; astrofísica y física de altas energías; ciencias marinas; ciencias de materiales; y biotecnología aplicada a la salud. Eso ha motivado que las Comunidades Autónomas estén contactando con investigadores y centros de investigación para montar proyectos sobre estos temas, porque además se están encontrando con la dificultad de que las propuestas deben ser entregadas en el plazo de algunas pocas semanas.

Y eso no es todo: otros ministerios, como el de Industria, el de Agricultura, Pesca y Alimentación o el de Transición Ecológica y Reto Demográfico, tienen también asignadas cuantiosas partidas asociadas a NextGenerationEU, una parte de las cuales deberán plasmarse a través de proyectos en los que la participación de investigadores será fundamental. Y este frenesí que se está viviendo en el CSIC me imagino que se vivirá con similar intensidad en otros Organismos Públicos de Investigación y en las Universidades; es decir, que debe afectar a todo el sistema de ciencia español.

En resumen: después de haber pasado unos cuantos años de progresiva deprivación y lenta decadencia (por ser honestos, parcialmente remontados durante el último año), la Ciencia española se encuentra actualmente inundada por una cantidad de dinero sin precedentes en toda su historia, lo cual está generando una actividad frenética. Gracias a esta sorpresiva disponibilidad de fondos, muchas buenas ideas que nunca habían podido prosperar se están recuperando del fondo de los cajones donde estaban cogiendo polvo. Los investigadores nos estamos encontrando con una gran receptividad para que propongamos nuestras ideas y que llevemos a cabo iniciativas que sin duda serán muy positivas para la ciencia en general y para España en particular.

Esta increíble bonanza del sistema de ciencia español (alimentada por una fracción mínima de los fondos europeos, pero que comparada con nuestros fondos habituales es una barbaridad de dinero) contrasta con la penuria generalizada de prácticamente todos los sectores económicos del país. No es por tanto sorprendente que una condición que nos dejan clara en el acceso a los fondos es que por cada euro que se reciba se han de generar 5 euros en iniciativa privada. Trabajamos a destajo, cada uno en nuestra área, para intentar impulsar los sectores económicos del país, eminentemente en sus áreas más tecnológicas pero no solamente: en muchos casos, intentamos introducir procedimientos para mejorar la eficiencia y el rendimiento, tanto en las explotaciones agrícolas y ganaderas como en las fábricas, tanto en la gestión del litoral como la de los bosques, tanto en la predicción del clima como en el pronóstico a corto plazo, y así un larguísimo etcétera. Se nos está pidiendo que demos impulso a la economía del país, que hagamos un esfuerzo, aquéllos que probablemente estamos mejor preparados, para sacarnos de este atolladero.

El problema, sin embargo, es que somos la cantidad de gente que somos. Los que estamos somos los supervivientes de múltiples recortes y carestías a nivel de personal, los que pudimos pasar el corte en un momento determinado. Toda la gente que quedó atrás ya no está disponible: dejaron la ciencia y se dedicaron a otras tareas para ganarse la vida. Y ahora que tanto se nos pide, tenemos la masa humana que tenemos. Intentamos multiplicar nuestros esfuerzos, siendo conscientes como somos de la irrepetibilidad del momento y de la importancia de estar a la altura del reto, en parte para aliviar la situación actual, en parte para demostrar que siempre debieron confiar a nosotros. Pero el día tiene 24 horas y somos seres humanos. En la actualidad, yo puedo comenzar con mis reuniones a las 9 de la mañana y acabarlas a las 8 o las 9 de la noche, con paradas mínimas para atender lo más básico. Y siempre con la inquietud encima: ¿llegaremos a todo? ¿estaremos a la altura?

En situaciones como ésta (y por eso repetidamente estos días) suelo contar un chiste para hacer comprender la "lógica" económica que a veces guía algunas decisiones. El chiste reza así: "un economista es un tío que cree que si una mujer puede hacer un bebé en 9 meses, 9 mujeres pueden hacer un bebé en un mes". Lo que nos estamos encontrando estos días es que determinadas personas, seguramente con formación en gestión de empresas, con educación en lo que es el mainstream económico, han pensado en que si ponemos el doble de input en el sistema de ciencia, entonces se va a obtener de doble de output. Pero la cosa no es tan sencilla. A veces doblando las entradas se pueden producir más del doble a la salida, pero otras veces no se obtiene mucho más que antes de doblar. La ciencia es no lineal, caprichosa, y tiene sus propios ritmos, contemplativos y reflexivos; y a veces la respuesta a nuestras preguntas es un sonoro "No se puede". Pero en el contexto actual, un "no se puede" o un "no se llega" o un "no se duplican las salidas" no es una respuesta aceptable. De aquí el agobio actual.

¿Cómo hemos llegado a esta histeria, a esta mala planificación, a estas prisas?

Hemos llegado aquí porque tenemos el futuro, literalmente, encima. Y no es un futuro demasiado agradable. 

Desengáñense: Esto no va de la pandemia. No porque la crisis sanitaria de la CoVid se pueda considerar resuelta; es que no es el factor más importante ahora mismo.

Ni siquiera va de la necesaria lucha contra la Emergencia Climática, una emergencia dominada por un Cambio Climático desbocado que, de acuerdo con nuestros datos, parece estar acelerándose durante los últimos años y especialmente durante el último lustro.

De lo que va esto es de transición energética. De lo que va esto es de la adaptación económica para hacer sobrevivir el actual sistema industrial y social en una situación en la que la energía no va a ser abundante.

Un año antes de la llegada de la CoVid la Agencia Internacional de la Energía nos avisaba de que antes de 2025 tendríamos graves problemas con el acceso a la principal fuente energética del mundo, el petróleo. 

 


¿La razón de este descenso anunciado de la producción de petróleo? La fuerte desinversión de las compañías petroleras desde 2014. ¿Dejaban de invertir las petroleras por compromisos en la lucha contra el cambio climático? No; dejaban de hacerlo porque se estaban arruinando buscando más petróleo, porque no queda petróleo rentable.

La llegada de la CoVid ha acelerado lo inevitable: el fracking se ha ido definitivamente al garete, y en el último informe anual la AIE nos enseñaba cuatro posibles escenarios para la producción de petróleo en función de cuánto dinero se invirtiese en nueva producción. ¿Adivinan cuál de los cuatro estamos siguiendo? Efectivamente: el peor, el que anticipa un caída de la producción de petróleo de hasta el 50% solo de aquí a 2025, si los Gobiernos no reaccionan para impedirlo (cosa que probablemente harán).


La partida está acabando y estamos llegando a las últimas bazas. En septiembre de 2020 BP reconocía que la producción de petróleo ya no volverá a remontar, aunque lo disfrazaba de un fantasmagórico "pico de demanda", es decir, que la gente querría consumir menos petróleo porque sí. Poco después, Exxon se veía obligada a moderar sus optimistas previsiones sobre la producción futura. Hace unos días, Shell reconocía que su producción ha llegado a su máximo y que a partir de ahora solo decrecerá. Y hace una semana, Total avisaba que, debido a la desinversión petrolera, en 2025 faltará al menos el 10% de la demanda. Las grandes petroleras lo saben y ya lo van anunciando, aunque lo disfracen más o menos convenientemente.

Esto se acaba. Peor, esto se acelera: el precio del petróleo no para de subir y el pico de precios que esperábamos para finales de 2021 o principios de 2022 podría adelantarse unos cuantos meses.

A ambos lados del Atlántico, tanto a los EE.UU. como en Europa, se están lanzando ambiciosos programas de financiación pública de la actividad. Se pone un especial acento e interés en la transición energética. Hay prisa. Los problemas se nos están tirando encima.

Sabíamos que esto iba a pasar por lo menos desde 1970. Teníamos 50 años por delante y no hicimos nada. Nos volvieron a avisar en 1998. Teníamos 20 años por delante y no hicimos nada. En 2008 recibimos el primer susto, y cualquiera que estuviera atento habría percibido la importancia de la escasez de petróleo en la grave crisis económica que se desencadenó. Pero teníamos más de 10 años por delante, y no hicimos nada. Ahora ya está. Ya nos está explotando en las narices. Y ahora queremos una solución, basada en renovables a tutiplén y quimérico hidrógeno verde; y los mil problemas que la escasez de petróleo va a generar, queremos solucionarlos en unos pocos años, mejor incluso si son meses. Y siguiendo la lógica del economista, si pongo el doble de millones reduciré el tiempo de desarrollo a la mitad.

En ésas estamos. Los responsables públicos pidiéndonos milagros, y los científicos gestionando el legado de Santa Bárbara; ya saben, aquélla de la que nos acordamos solo en determinadas situaciones.

Salu2.

AMT 

P. Data: Tengo una buena cartera de temas para tratar, que se me han ido acumulando, y asumiendo que tenga algo de tiempo para respirar espero ir escribiendo sobre ellos en los próximos días. Permanezcan atentos. 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Entendiendo el Cambio Climático

 
Queridos lectores:

Hace poco participé en la grabación de un programa de una televisión española (de momento no les puedo decir más sobre el programa en cuestión, salvo que se emite este domingo). En un momento dado, el conductor del programa me preguntó sobre qué pensaba sobre un manifiesto difundido hace unos meses, en el que un grupo de científicos italianos vertían vitriólicas críticas contra lo que consideran "la estafa del cambio climático" y que denuncian que éste no es real porque no se han tenido en cuenta diversos factores (ciclos del Sol, erupciones volcánicas, etc). Yo le respondí que dentro de la comunidad científica que se dedica a estudiar el Cambio Climático hay prácticamente consenso (97%) en que el Cambio Climático es real, antropogénico (causado por el hombre con las emisiones de gases de efecto invernadero) y acelerado; y que toda esta gente que "denuncia" que no se ha tenido en cuenta tal o cual factor miente, porque todos esos factores sí que se consideran en los modelos numéricos que se usan para predecir el clima del futuro. Precisamente la presencia de esos factores, que a veces suman y a veces restan, es lo que explica que la temperatura y el resto de variables climáticas que se examinan no sigan un camino simple, sino punteado con numerosas oscilaciones. Vemos un ejemplo: aumento de la temperatura media de la Tierra durante las 17 últimas décadas, tomando como referencia el año 1970:



Un simple vistazo a la gráfica nos muestra que de 1920 a 1970 probablemente la temperatura de la Tierra comenzó a subir gradualmente, y que a partir de 1970 claramente hemos entrado en una fase de aumento de la temperatura bastante acelerado y consistente. Y sin embargo verán que sobre la tendencia general a aumentar hay superpuesta una oscilación bastante importante, con una amplitud variable pero que puede llegar a ser de 0,4 ºC o más. Fruto de la fase ascendente de una de esas oscilaciones un poco más fuerte, en 2016 la temperatura media del planeta subió mucho con respecto a su valor en los años anteriores; lógicamente, durante 2017 y 2018, entrando ya en la fase descendente de la oscilación, la temperatura media volvió a su línea de referencia, que continua siendo una línea ascendente. Y sin embargo no hace mucho me encontré con el argumento de que en realidad vamos a una glaciación porque en los dos últimos años hemos bajado más de 0,4ºC. Cualquiera que mire esta gráfica se da cuenta inmediata de la tergiversación y la manipulación absoluta de la verdad del que eso afirme. Pero ahí están, una pequeña legión de negacionistas que intentan "demostrar" que "la ciencia oficial" está engañando a la ciudadanía por oscuros y perversos motivos. La realidad es que cualquiera que tenga experiencia directa de campo habrá podido comprobar cualquiera de los numerosos indicadores que nos muestran que el clima está cambiando y que lo está haciendo rápidamente.

Al finalizar la grabación, el conductor del programa se disculpó por haberme planteado esa pregunta tan inoportuna. Yo le dije que, al contrario, me parecía una pregunta pertinente y necesaria, puesto que algunas personas tienen la falsa impresión de que la ciencia del Cambio Climático no se está ejecutando con el rigor debido, como si los que son los verdaderos especialistas no hubieran caído en la cuenta de esos factores "que lo cambian todo". Lo cual es bastante poco verosímil, si se paran a pensarlo, teniendo en cuenta que son los mismos "factores no contabilizados" que llevan alegando desde hace 20 años: ¿alguien se cree que a estas alturas no habría habido ya algún equipo científico que hubiera incorporado esos factores para ver si, efectivamente, contradicen lo que los modelos y la propia experiencia de campo nos indican? Incluso aceptando que la mayoría de la comunidad científica son corruptos o imbéciles, ¿no piensan que alguna petrolera no habría financiado ya un estudio de esas características para contrarrestar la mala propaganda del Cambio Climático? Lógicamente, no pueden financiar tal estudio porque todos esos factores que nos dicen que "no se han tenido en cuenta" (desde la variabilidad de la actividad solar hasta los ciclos naturales del planeta) en realidad sí que se incluyen en los modelos estándar que se usan hoy en día en la predicción climática.

Una de las cosas más curiosas que he observado durante los últimos años, en cuestión de realmente muy poco tiempo, 5 años a todo estirar, es que a estas alturas en ningún foro medianamente serio - en Europa, cabe añadir; luego hablaremos de otras regiones - nadie discute la existencia de un Cambio Climático causado por las emisiones de gases de efecto invernadero, ni siquiera las empresas a las que más se señala como responsables de la crisis climática actual. De hecho, en ese debate televisivo en el que participaba nadie cuestionaba la veracidad del Cambio Climático, y eso que había un representante de una petrolera. Parece que ya no es el momento de intentar sembrar la duda sobre lo que parece obvio e inevitable. En lo único que sí que hubo cierta discusión y confrontación en ese debate fue en las medidas a adoptar y el calendario para su adopción; ahí sí que claramente se vio que la posición de la industria es en favor de una transición lenta y moderada, mientras que el mundo científico y el activismo son perfectamente conscientes de que hay que apostar por cambios rápidos y radicales. Viendo como ha ido todo, me da la impresión de que el mundo empresarial europeo quizá no ha llegado aún a aceptar esos cambios rápidos y radicales, pero ya llegará. Pensando en esa evolución paulatina de las posturas oficiales, me acordé de los cambios que ha hecho la propia Comisión Europea: hace 20 años hablaba de "prevención del Cambio Climático"; hace 10 años, la idea clave era la "mitigación"; y ya hace unos 5 años que la posición dominante, sin descartar la mitigación, es la "adaptación". Viendo esta evolución, esa aceptación tácita de que cada vez hay menos en nuestro mano para luchar contra este problema, cabría preguntarse si el concepto definitorio de dentro de 5 años no será "sálvese quién pueda".

Al otro lado del Atlántico y en algunos rincones de Centroeuropa nos encontramos otro tipo de líderes que hacen de la negación del Cambio Climático uno de los puntos importantes de su agenda. Y aunque resulte paradójico, esos tipos probablemente están entendiendo lo que significa el Cambio Climático mucho mejor que muchas otras personas que dicen tener "conciencia ecológica". Porque esas personas que se creen que están "salvando el planeta" porque conducen un coche híbrido o eléctrico, instalan paneles solares en su casa o separan sus residuos y los reciclan, al no seguir el ciclo de vida de los materiales que consumen y de los residuos que generan no se dan cuenta de que a lo mejor sus elecciones de consumo tienen un impacto mayor que otras opciones consideradas más convencionales y "sucias", y en todo caso muchísimo mayores de lo que deberían ser si queremos evitar destruir nuestro hábitat. Por el contrario, Donald Trump, Jair Bolsonaro y todos los incendiarios de esta orilla del Atlántico comprenden perfectamente que el Cambio Climático implica la necesidad de un cambio radical, comenzando por una disminución enorme del consumo: es por eso que furibundamente lo niegan, porque si lo aceptasen saben perfectamente que los cambios a hacer no son meramente cosméticos y destinados a aliviar la propia conciencia.

Pero incluso estos adalides de la Reacción tienen sus días contados, o al menos están condenados a modificar su posición con respecto al Cambio Climático. El propio Trump, persona con mucho olfato político, está empezando a suavizar sus diatribas en esta cuestión (a su estilo: un día da la de cal y otro la de arena). Se comienza a detectar el surgimiento de una nueva Reacción (término que prefiero al simplista y no verdaderamente definitorio de "extrema derecha") en el que sus líderes aceptan la realidad del Cambio Climático y comienzan a configurar su programa de Reacción siguiendo una línea hace tiempo anticipada y temida: el ecofascismo.

Sea como sea, y viendo el ritmo de evolución de los acontecimientos tanto climáticos como políticos, es bastante probable que en uno o dos lustros ya ninguna personalidad pública defienda el negacionismo climático. En Europa Occidental su retroceso es más evidente, pero también llegará a los EE.UU. y al resto de los países. Yo vislumbro un futuro nada lejano en el que los trolls que se dedican a dar la murga con el manido argumentario negacionista comenzarán a desaparecer como por ensalmo, como si nunca hubieran existido. Los verdaderamente profesionales, los mercenarios de la mentira y la duda, ésos desaparecerán de la noche al día sin dejar ni rastro, fieles a sus contratos. A los trolls que ejercen de tales por convicciones ideológicas les costará un poco más, pero al final seguirán la enseña de su amo y plegarán velas con él, buscando nuevos frentes donde mejor servirle. Al final quedarán solamente, dispersas, las clases bajas del energumenismo climático, el lumpentrolletariado, ciudadanos de a pie que se han abonado a la supuesta teoría de la conspiración, que han caído en el pozo de la radicalización del que siempre es difícil salir. Esos últimos trolls que languidecerán en foros donde nadie les hará caso, luchando por una causa justa que nadie comprende, tontos útiles de los que los poderes políticos y económicos se han aprovechado durante estos años y que entonces quedarán en tierra de nadie.

Incluso entre la gente que me es afín hay quien tiene una posición beligerante con respecto al drama del Cambio Climático. Hace unos días se revitalizó una discusión recurrente en ciertas partes de la esfera peakoiler: la crítica a los escenarios de mayores emisiones contemplados por el informe del IPCC (el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, por sus sus siglas en inglés) porque, simplemente, no hay suficientes combustibles fósiles para producir tanto CO2 como se considera en tales escenarios. La amarga crítica de estos picoleros nace, probablemente, del desdén que les causa ver cómo el Cambio Climático es ahora un tema de consenso transversal en Europa (y, como digo, pronto en todo el mundo), conocido y aceptado desde el ciudadano común hasta las altas esferas políticas y empresariales; mientras que la escasez de recursos  en general y el peak oil en particular sigue siendo, a pesar de su gravedad concomitante con la del Cambio Climático, un tema mayormente desconocido, cuando no ninguneado. Para mi es una discusión sinsentido: los diversos escenarios del IPCC se plantean para estudiar cómo son de sensibles los modelos climáticos a los diferentes valores de la variable de referencia (concentración de gases de efecto invernadero), y no tanto como trayectorias realistas. Por supuesto que no hay suficientes combustibles fósiles para producir tanto CO2 como se asume en el escenario 8.5, pero tampoco existen sistemas de captura y secuestro de CO2 a la escala que los contemplan todos los escenarios del IPCC (al menos un 40% de CO2 capturado); y tampoco contemplan esos modelos el efecto de la liberación rápida del metano contenido en los clatratos marinos y en el permafrost. Todo eso da igual: los modelos del IPCC sirven para ajustar la sensibilidad a ese parámetro y para darnos un cono de incertidumbre, un idea del rango de valores por donde se va a mover la evolución futura del clima de nuestro planeta. No se trata de hacer una predicción realista de dónde vamos a estar dentro de 30 o 50 años, sino estimar correctamente las tendencias a corto plazo e ir corrigiendo y mejorando los modelos.

Últimamente, todo en mi actividad profesional gira en torno al Cambio Climático. Escribo esto en el tren de regreso para mi casa, después de haber estado en una reunión en la sede de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Roma. La reunión, o más bien pequeño congreso, iba sobre el uso de métodos de inteligencia artificial para mejorar nuestra predicción climática, dentro de la de la Iniciativa contra el Cambio Climático (CCI), un programa científico y técnico de la ESA en el que yo participo a través de un proyecto con diversas entidades europeas, en nuestro caso estudiando la salinidad superficial del océano y sus cambios. Hay mucho interés y mucha necesidad, es un sector estratégico para los intereses de Europa. Reuniones, proyectos, decisiones... Estando allí me comentaron que la líder de nuestro proyecto CCI ha decidido que a partir de ahora se desplazará a las reuniones en tren, siempre que sea posible. Pensaba en eso mientras las turbulencias que generaba el frente que ha barrido Barcelona las pasadas horas nos iba zarandeando salvajamente en el avión en el que volvía. Odio volar y me encantan los trenes, sobre todo los convencionales, como los que cojo cada día para ir a trabajar en Barcelona. Pero viajar lento es un lujo que no está al alcance de todo el mundo; es un lujo no por el precio, y desde luego no por el impacto ambiental (muchísimo menor al del avión), sino por el tiempo, esa materia prima que nos falta con desesperación. Pero, pensaba, dentro de poco, viajar (es igual si lento o rápido) será simplemente un lujo.

Todo en mi día a día se refiere al Cambio Climático.

Hablando de evidencias del Cambio Climático: en la reunión tuve la ocasión de presentar algunos resultados preliminares del trabajo de mi grupo en el Océano Glacial Ártico. Tenemos vigente un contrato con la ESA para producir datos de salinidad superficial del océano en la región, un contrato que está llevando, con gran éxito, mi compañero Justino Martínez. Yo presentaba, entre otros, sus resultados.

Se acordarán quizás de un post que escribí en 2012, "Las Guerras del Hambre". Allí enseñaba unos mapas bastante preocupantes de la superficie de Groenlandia que se había vuelto líquida durante ciertos días de julio.



Entre el 8 y el 12 de julio de 2012, casi el 100% de la superficie de Groenlandia se volvió agua. Un evento que podríamos calificar de extraordinario, de no ser porque volvió a suceder en 2016 y ha vuelto a suceder este año 2019. La mayoría de ese agua se volvió a congelar en el sitio, pero una cantidad desconocida se filtró por las grietas de la cubierta helada de Groenlandia y seguramente acabó en el mar. Toda ese agua fría y dulce puede causar grandes disrupciones en la circulación oceánica con consecuencias de largo alcance no solo para el clima del Ártico, sino de todo el Hemisferio Norte, pero hasta ahora no habíamos sido capaces de observarla.

La imagen inferior, generada por Justino Martínez, muestra las anomalías (diferencia con el valor típico de la zona) de salinidad observadas entre los días 11 y 19 de julio de 2012; están expresadas en gramos de sal por cada kilo de agua marina. Las zonas marcadas en blanco corresponden con la presencia de hielo marino. La gran mancha azul que va desde Groenlandia hasta Islandia es sin duda debida a la descarga de agua dulce proveniente del deshielo superficial en Groenlandia. Es la primera observación de este fenómeno, y sorprende tanto su extensión como su intensidad. Seguramente Groenlandia está descargando más agua dulce de lo que pensábamos. Y éste es solo uno más de los signos de esta catástrofe global; cuanto más investigamos, más problemas descubrimos.




Mucha suerte, Justino. Mis pensamientos están contigo.

Salu2.
AMT

lunes, 15 de julio de 2013

Mi colapso y yo: el CSIC zozobra




Queridos lectores,

Está visto que cada seis meses me toca escribir sobre la degradación que está sufriendo la institución para la que trabajo, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Hace ahora un año se produjo la suspensión de pagos a proveedores, afortunadamente temporal, aunque a mi me quedó claro que era el pistoletazo de salida de un proceso que acabará por destruir al CSIC. Un proceso, porque no se puede barrer de un plumazo una institución con 79 años de historia, más de 13.000 trabajadores y 130 centros (bueno, ahora algunos menos, no tengo la cuenta actualizada: la realidad es fluida). 

Hace siete meses el Presidente hizo balance público de nuestros números: nos habíamos quedado sin ahorros y comenzaban a tomarse medidas de dudosa legalidad para gestionar una institución que ya hacía aguas. Lo dije entonces: todo estaba preparado para que la farsa comenzase.

Y la farsa ya ha comenzado. Como habrá leído en los diarios españoles quien siga este tema, se han tomado dos medidas con carácter de urgencia:  una, el CSIC ha "confiscado" los fondos remanentes en poder de los institutos e investigadores, y dos, el CSIC ha hecho una previsión de gasto para el resto del año muy a la baja. Expliquemos un poco ambas medidas para que entiendan por qué estamos abocados a un "cataclismo", en palabras de nuestro presidente.

La primera medida afecta a los fondos remanentes, que a veces coloquialmente se han denominado "ahorros". Esos fondos vienen de dinero sobrante de la ejecución de proyectos y contratos. Cualquiera que haya llevado un proyecto o un contrato sabe que es imposible ejecutar el gasto exactamente hasta el céntimo de euro: siempre se gasta o más o menos de lo presupuestado. En el caso de una empresa tales desviaciones no generan un problema contable: si se gasta de menos la empresa aumenta su margen de beneficio, y si se gasta de más se compensa con otros fondos y posiblemente al responsable del gasto extra, si no da buenas explicaciones, se le pone en la calle. Pero en el caso del CSIC, al ser una administración pública, la cosa es más compleja. No podemos gastar de más, porque el dinero necesario tiene que salir de algún sitio, ya sea de otro proyecto o bien de los fondos propios que se usan para gastos de infraestructura (facturas de luz, agua, gas, mantenimiento, obras o algunos contratos, incluyendo de personal), y esto puede generar muchos problemas. La tendencia, por tanto, es a evitar gastar de más. Pero si gastamos menos de lo previsto, de acuerdo de la ley, debemos devolver los fondos sobrantes si estos provienen de una administración española o europea. Únicamente podríamos "ahorrar" en contratos con empresas, ya que la ley no obliga a devolverles los sobrantes, aunque también es discutible hacerles una factura que se desvíe mucho de la ejecución real final.

El criterio del CSIC hasta ahora ha sido que aquel dinero que ha sobrado de un contrato o proyecto quede a disposición del investigador que lo produjo. Ese dinero, que obviamente no es propiedad de aquel investigador, se usa para cubrir agujeros: un contrato
que se acaba a deshora y el Ministerio no ha pagado aún los fondos para el siguiente, material que se hace urgente comprar, a veces alguna obra en las instalaciones, etc. El investigador decide qué usos se le da a ese dinero, en función de sus propios intereses, pero siempre dentro de las finalidades de investigación. Y aquí empieza el primer problema. Algunos investigadores, que han perdido con la medida "incautatoria" del CSIC el acceso a estos fondos, están planteándose entablar un pleito con el CSIC. Desde mi punto de vista personal, reclamar ese dinero al CSIC es completamente inútil por dos motivos. 

  • El primero es jurídico. El CSIC no tiene una estructura de caja diferenciada ni por institutos, no digamos ya por investigadores; hay un único NIF y una única caja. El dinero, siempre, ha estado a la disposición del CSIC, y el criterio hasta ahora fue dejar que el investigador que generó un remanente decidiese cómo se gastaba, pero en realidad no hay ninguna base legal para ello. De hecho, si se levantara mucha polvareda y la Inspección de Hacienda empieza a estudiar la proveniencia de estos fondos (cosa difícil, dada la complejidad contable del CSIC) se vería que muchos de ellos se tendrían que haber devuelto, y posiblemente lo único que se ganase es que nos los reclamase: el tira y afloja entre la Organización Central del CSIC y los investigadores acabaría en un "ni para ti ni para mi". Además nos podríamos enfrascar en un follón contable y legal que podría durar décadas, con multitud de hijuelas; e.g., la UE hasta ahora reconocía costes indirectos variables, muy abultados en el caso de algunos institutos - en el mío llegaban al 160% del coste directo- pero en la práctica los costes indirectos que aplicaba la Organización Central eran mucho menores - 20% -  y se generaban los dichosos remanentes, aunque el uso que se acaba haciendo de esos remanentes se podía considerar, efectivamente, como el que ha de cubrir un coste indirecto. Y es que en realidad, aunque las reglas se aplicasen de manera torcida, el uso del dinero era el correcto. Como digo, un follón jurídico de bigotes. Lo realmente grave es que faltando esos fondos se cambia una dinámica interna de golpe, y eso implica que determinados costes indirectos de la noche al día no se pueden pagar. Eso, en particular, puede implicar parar equipos, cerrar laboratorios y despedir gente. 
  • La segunda razón por la que es inútil pedir ese dinero es porque en realidad hace tiempo que se gastó. El CSIC sólo está oficializando algo que es una realidad desde Noviembre pasado: todo dinero remanente de proyectos y contratos, todos nuestros ahorros, se terminó entonces. Como digo, la caja es única, y el CSIC acabó el año pasado gastando más de lo que recibió. La diferencia fue contra esos sobrantes, todos ellos en la misma caja, y como digo ya hace tiempo que desaparecieron. Lo que muchas veces se está llamando "remanentes" en la prensa se refiere al dinero que aún queda en la caja (por ejemplo, cuando se dice que a 1 de Enero los remanentes de tesorería del CSIC eran de 80 millones de euros se dice que al acabar el año, y antes de hacer los ingresos del año siguiente, quedaban en caja esos 80 millones), sin tener en cuenta que los proyectos duran más de un año y que en realidad esos "remanente de tesorería" ya estaban comprometidos a un fin; que no "sobraban", en suma.  Sea como sea el CSIC no puede "devolver" (si es que realmente los investigadores tenían derechos sobre esos remanentes) lo que hace tiempo que no tiene. Sucede, simplemente, que algunas personas vivían en una nube sin comprender la situación real de la institución y de la sociedad (en parte, quizá, porque no leen este blog ;)  ).

Pero es la segunda de las medidas que se ha tenido que tomar desde la Organización Central del CSIC la que realmente nos pone a un paso del colapso: el CSIC impone lo que se ha denominado un "corralito" sobre el dinero asignado a cada uno de sus institutos, lo cual significa que les pasará menos dinero del que necesitan para acabar el año. Habrán visto una ensalada de números, millones para arriba y para abajo, bastante confusa. No sirve de mucho decir que el CSIC necesita 100 millones más para acabar el año si no explicas que la institución gasta (más bien, debería gastar) algo más de 50 millones al mes contando todo tipo de gasto, o un poco menos de 25 millones si sacas las nóminas del personal de plantilla (cuya dotación ya se hizo en Enero).


En la caja del CSIC queda, según nos dicen, dinero para que la institución mantenga su actividad normal durante menos de un mes, pero si llegan a tiempo unos ingresos previstos para este mes de Julio podríamos tirar unos dos meses, es decir, podemos seguir como si tal cosa hasta finales de Septiembre. Si en esas fechas el Gobierno no aporta 75 millones adicionales (el equivalente a unos 3 meses de gasto descontando el personal de plantilla, que como he dicho ya está cubierto) el CSIC, simplemente, tendría que cerrar todas sus instalaciones. El Ministerio ha dicho que nos aportará 50 millones, y se entiende que los otros 25 tenemos que conseguir "ahorrarlos" gastando menos. En suma, grosso modo nos ofrecen dos meses y el tercero lo tenemos que ahorrar.

A pesar de que el CSIC es una Agencia Estatal, debido a las suspicacias de los diversos equipos que ha habido en el Ministerio de Hacienda nunca se ha firmado el Contrato de Gestión que prevé la ley, y por ese motivo el CSIC no puede pedir créditos, no puede endeudarse: en el momento en que se le acabe el dinero en la caja se acabó el juego. Hace sólo 5 años el CSIC tenía ahorros por más de 300 millones de euros. Esos ahorros a día de hoy se han esfumado; se han usado para ir pagando los déficits de los años anteriores. No hay ninguna red de seguridad. Si llegamos al fondo de la caja es el fin.

Los funcionarios y el personal laboral fijo representan alrededor del 50% del gasto total de la institución. El problema es que el personal del plantilla es un poco más de la mitad de todo el personal. La otra mitad se compone de becarios (8% del total del personal del CSIC, y que son pagados por otras entidades) y personal contratado por obra y servicio (40% sobre el total del CSIC). Aquí empiezan los problemas serios. Este personal se contrata con dinero de proyectos y de contratos, y con ese fin. Es decir: son partidas finalistas de dinero, que no se pueden dedicar a otra cosa. Por ejemplo, no se puede coger el dinero que tengo en mi proyecto para contratar un especialista en difusometría por satélite y con eso pagar la factura eléctrica de mi centro. Eso es ilegal, y tarde de hora alguien pedirá responsabilidades por ello, inclusive penales. Así que lo que se está intentando hacer es ralentizar la ejecución de los proyectos mientras se juegan con las diferentes partidas de dinero y se espera a que el Gobierno nos rescate.

Porque ésa es la clave: el rescate. A principios de año, reservado ya el dinero de nóminas de personal de plantilla, con el dinero realmente en caja se calculaba que el CSIC se quedaría a cero durante la primera semana de Mayo. Cundió el nerviosismo en la entidad ante la inminente "quiebra". In extremis el Ministerio acordó adelantar los pagos del siguiente trimestre, de modo que en Mayo tuvimos ya las transferencias de Julio, Agosto y Septiembre, y en Julio las de Octubre, Noviembre y Diciembre. Obviamente, en Octubre no habría más transferencias, pues lo que se acordó en ese momento fue sólo un adelanto, no un pago adicional. Igualmente faltaban 100 millones para acabar el año; simplemente se había postergado el momento del estallido final, haciéndolo más grande.

En la última semana de Junio, tras intensas semanas de negociaciones, y de nuevo in extremis, el Gobierno acordó por primera vez un pago adicional, de 25 millones de euros. El equipo de Gobierno del CSIC, que está haciendo un trabajo increíble estirando tanto como puede los fondos y luchando a brazo partido para salvar la institución - a pesar de la incomprensión y a veces la ingratitud de los propios investigadores- , sigue negociando con el Ministerio para conseguir que a más tardar en Septiembre se pongan otros 75 millones de euros más. A base de aplazar pagos a la Seguridad Social y otras medidas extremas los gestores del CSIC confían en poder soportar con lo que tenemos ahora hasta principios de Octubre. Pero si entonces no llega más dinero el CSIC tendría que suspender inmediatamente todas sus actividades y, lo que es más grave, dejar de pagar al personal contratado. Si el Gobierno concede 25 millones, el CSIC podrá sobrevivir, agonizante, incumpliendo compromisos de proyectos y contratos y por tanto agravando su situación futura. Si se conceden 50 millones se podrá cumplir los compromisos de este año, aplazando los de años venideros y complicándose por tanto el futuro. Para salir realmente del hoyo harían falta 75 millones.

La situación, por supuesto, es más complicada; una parte sustancial de la carga se está poniendo en las espaldas de los institutos, que tienen situaciones muy diversas, y existe el riesgo de que por el camino alguno de ellos reviente por imposibilidad de cumplir con lo que se le pide.

No sé cómo va a terminar esta crisis del CSIC. Es posible que el Gobierno suelte algo de dinero en Septiembre para desactivar esta posible bomba de relojería con gran repercusión mediática internacional, pero el problema es que nuestro Gobierno tiene demasiados frentes por atender, y cualquier pequeña dilación haría que el dinero no llegase a tiempo y el "cataclismo" se desencadenase. Estamos en el filo de la navaja. Lo que a mi realmente me preocupa de la situación actual es que ya se han puesto algunas ideas clave sobre la mesa. Cerrar centros, dejar de pagar facturas, dejar de pagar a los contratados... Seguramente no será este año en el que se manifestará el problema con toda su crudeza, pero tarde o temprano pasará. A finales de este año, cuando se aprueben los nuevos presupuestos, siendo optimistas el Gobierno dejará congelado el presupuesto del CSIC, pero no tardando mucho lo volverá a reducir. En algún momento nos tendrán que enviar algunas semanas a casa, por incapacidad de pagar costes. Todo esto desanimará al personal, que se involucra - a veces con bastante compromiso legal - a tirar adelante proyectos con un dinero que luego la institución, agonizante, usa para otros fines; esta situación de una manera u otra por fuerza acabará redundando en que los investigadores conseguirán todavía menos dinero, aparte de la caída de ingresos originada por la crisis, agravando aún más la situación.

Respecto a mi propio futuro, empiezo a vislumbrar que en un par de años, quizá más pero no muchos más, no podré ir a trabajar la mayoría de los días. Al ser funcionario no me pueden despedir, y al reducirse la Administración en general no podrán colocarme en otro lugar fácilmente (por ejemplo, de ordenanza en Correos), así que me pagarán por quedarme en casa. Pero como no tendré destino ni ocupación me quitarán los complementos correspondientes, y con el tiempo me quitarán los de antigüedad y de méritos de investigación, con lo que me quedaré con el sueldo base (1.100 euros brutos al mes), congelado de por vida. Seré un hombre afortunado, porque a la mayoría de mis compañeros, el 60% de la gente con la que trabajo cada día, los echarán a la calle sin más, al no ser funcionarios; espero y deseo que la mayoría emigren.

Mientras tanto yo voy dando poco a poco mis pasos en mi plan B (montar una spin off), C (ganar algo de dinero con pequeños trabajos de consultoría y con cursos y libros) y D (mantener el huerto). Conozco gente que pensaba, y aún piensa, que sacarse una oposición es una garantía de por vida. Esa gente lo pasarán mal. Ya no estamos en la época de las garantías, sino en la del colapso progresivo. Ahora toca moverse, ser dinámico, anticipar e implicarse, bajar a la arena, mancharse las manos. Nadie dijo que fuera a ser fácil. Lo importante es que sea posible.

Salu2,
AMT