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domingo, 9 de marzo de 2014

Cómo será la economía tras el cenit de la energía y los materiales



Queridos lectores,
Antonio García-Olivares ha sido tan amable de escribir una reseña detallada y algo técnica sobre el artículo que comentábamos la semana pasada, escrito por el mismo y Joaquim Ballabrera. Es un trabajo detallado que sin duda merece su atención, sobre cómo podría ser una economía de estado estacionario si actuáramos racionalmente.
Salu2,
AMT





El cénit de la energía y de los minerales y la futura economía de estado estacionario
Antonio García-Olivares


En un artículo que será publicado próximamente en Technological Forecasting and Social Change he estudiado, junto con Joaquim Ballabrera, una manera de tener en cuenta la posible evolución económica de un país occidental (EEUU) tras el cénit de los combustibles fósiles a partir de los modelos propuestos por Kummel et al. (2002) y por  Warr and Ayres (2006). Estos investigadores han utilizado una función de producción que introduce tres inputs: trabajo,  capital y energía útil, y que calcula como output el producto nacional bruto (GDP en inglés) que una economía puede generar, que es una función no lineal de esos tres inputs relativamente independientes. Este post resume el contenido de ese artículo.
Esta función de producción, llamada LINEX (y basada en Kummel), ha sido modificada introduciendo en ella el efecto de las tecnologías de la información y la comunicación en la amplificación del output económico de tal manera que se conservan las convenientes propiedades asintóticas que diseñó Kümmel para las productividades de los tres factores. Además, hemos generalizado la función para que permita rendimientos constantes o decrecientes con la escala. La función de producción resultante es:
            (1)
Esta función ha sido calibrada para la economía USA y es capaz de predecir su GDP con una varianza explicada del 99% aproximadamente, o sea, de una forma muy precisa, cuando se la alimenta con datos históricos de fuerza de trabajo l, stock de capital k, fracción i de tecnologías de la información y las comunicacones (TICs) en el capital k, y energía útil (u) de la economía norteamericana, entre 1900 y el año 2000. La energía útil u es la suma de una serie de aportaciones que proceden de las energías producidas por las fuentes habituales de potencia (petróleo, carbón, gas, nuclear, hidroeléctrica, renovables y biomasa) multiplicadas por sus factores respectivos de eficiencia de conversión a energía útil. Esto hace que la energía útil de la economía USA en el año 2000 tuviera una eficiencia global media del 13% aproximadamente. Esto es, el 13% de la energía contenida en los combustibles de partida han pasado a una forma útil para realizar trabajo y funciones económicas y el 87% se ha perdido a lo largo del camino.
La precisión del ajuste aumenta aún más si se permite que los parámetros a, b en (1) puedan variar tras las grandes crisis energéticas, como la que tuvo lugar a mediados de los 70. Kümmel usó esta aproximación para tener en cuenta que tras las grandes crisis energéticas aumenta la eficiencia con la que el trabajo y la energía hacen funcionar al stock de capital (aumento del parámetro a) y disminuye la tasa de uso máximo de exergía útil (trabajo útil) por unidad de capital físico (disminución del parámetro b), dado que es razonable pensar que los momentos de crisis energéticas son momentos de rápido aumento de la eficiencia y del ahorro energético. Nuestra calibración de (1) sugiere que tras la crisis energética de los 70 el parámetro a subió un 19% en unos 10 años y el b bajó un 22%. Una futura crisis energética muy probable es la que tendrá lugar tras el cénit del petróleo y de los combustibles fósiles (que hemos agregado juntas en torno al año 2038, fecha en la que podría tener lugar el segundo evento). Otra futura crisis es la que se produciría tras una instalación de unos 12 TW de potencia renovable, lo cual implicará el consumo de unos 330-384 Mt de cobre, una fracción importante (49-56%) de la actual reserva de cobre e incluso de la reserva base de cobre (33-38%), que incluye recursos actualmente no explotables técnicamente pero que podrían convertirse en reservas, con suerte, a finales de siglo. Tras cada una de estas dos crisis probables, supusimos que los parámetros a, b se comportarían igual que se han comportado tras la crisis energética de los 70.
Pues bien, hemos utilizado este modelo para estimar cual puede ser la evolución del PIB norteamericano en varios escenarios posibles.
En el primer escenario, que llamamos “pesimista” (P) suponemos que la energía útil de que dispondrá EEUU en el futuro será sólo la derivada de la evolución de los combustibles fósiles y de unas fuentes renovables y nuclear al nivel actual de potencia. El segundo escenario, o “medio” (M) supone que la energía útil de esa economía será la que  se derive de la evolución previsible de los combustibles fósiles y de una evolución de las energías renovables con la misma pendiente de crecimiento que ha tenido en los últimos diez años (unos 0.48 EJ/a a nivel global). El tercer escenario, que llamamos “optimista” (O), supone que las renovables en todo el mundo incrementarán en diez años su pendiente de crecimiento hasta alcanzar la necesaria para llegar en 50 años adicionales a la potencia eléctrica necesaria para suplir por completo todas las necesidades globales de un mundo industrializado a un nivel parecido al actual (y que Jacobson y Delucchi estimaban en unos 11.5 TW de potencia media utilizada global).  Tal potencia, se añadiría a la derivada de los combustibles fósiles que, aunque estaría en declive desde el 2038, no caería abruptamente, sino siguiendo la curva descendente de la campana de Hubbert que se muestra en la figura (línea azul superior).

Fig. 1. Ajuste de los datos históricos de los tres combustibles fósiles: petróleo (línea de trazos cortos), carbón (línea de trazos largos) y gas (línea de trazos y puntos). Las curvas superiores corresponden a la agregación de las series de los tres combustibles inferiores (o de sus tres ajustes).

En este ajuste hemos supuesto que las reservas de los tres combustibles son de 400 Gtoe (petróleo), 300 Gtoe (gas) y 750 Gtoe (carbón), tal como defiende Laherrère, aunque hemos hecho hipótesis conservadoras en el caso del petróleo, para satisfacer el optimismo tecnológico de alguno de los revisores. Sin embargo, con una interpretación más ajustada de las reservas, Laherrère obtiene el cénit de todos los combustibles un poco antes, alrededor de 2030.
En un post anterior en este mismo blog explicamos cómo calculamos la evolución futura de la eficiencia de conversión de la energía bruta en trabajo útil, descomponiéndola en una parte derivada del uso de combustibles fósiles y otra parte derivada del uso de electricidad renovable. Las curvas siguientes muestran la evolución obtenida para las dos eficiencias extremas (una puramente renovable arriba y otra puramente fósil abajo) y la evolución de la eficiencia en nuestros tres escenarios P, M y O, que usan distintas combinaciones a lo largo del tiempo de las eficiencias renovable y fósil.
Fig. 2. Eficiencia de conversión a trabajo útil para una economía completamente renovable (línea superior), para una economía fósil (línea gris inferior) y tres trayectorias correspondientes a nuestros tres escenarios: P(línea punteada), M (línea a trazos) y O (línea negra continua).

A partir del año 2000, el stock de capital k(t) del año t se predice teniendo en cuenta una formación de capital proporcional al PIB del año previo, y(t-1), y una depreciación d:
                    (2)
La fracción i de este capital k que está ligado a las TIC se ha ajustado logísticamente a los datos históricos de i de EEUU entre 1970 y 2010, suponiendo dos niveles de saturación diferentes a largo plazo: 25% y 33%. No parece creíble pensar que más de un tercio del capital pueda estar ligado a capital TIC cuando la mayor parte de la demanda económica pertenece a la economía material y no a la intangible, y es difícil de concebir cómo podría esto modificarse cualitativamente en el futuro próximo.
Otra hipótesis de nuestro modelo es que la fracción r que se reinvierte un año (con respecto al PIB del año anterior) decrecerá proporcionalmente a medida que haya menos capital disponible para reinvertir, debido a la bajada de la TRE. La TRE la calculamos, para cada combustible fósil, mediante un modelo basado en el de Dolores García:
TREi (t) = c 100 fi(t)2                                 (3)
Donde fi(t) es la fracción de combustible fósil “i” que queda por extraer en el tiempo t. El exponente y la asíntota de este modelo fueron modificados para ajustar mejor las observaciones de TRE del petróleo. La expresión de Dolores García tiene la propiedad de que cuesta la misma energía extraer la primera mitad de combustible que la que cuesta extraer la siguiente mitad (1/4 restante) y así sucesivamente.
Calculamos el TRE social efectivo como la media de cada TREi pesada con el peso que tenga en ese momento cada combustible en el mix energético. Para las renovables supongo un TRE constante igual al actual, que para eólica y termosolar es cercano a 20 según algunas referencias. Suponemos que la solar fotovoltaica no formará parte de un despliegue global renovable hasta que alcance TREs de este orden. Hoy en día sus TREs son muy inferiores.
Suponemos también que la fracción de capital invertido en el sector energético (x) con respecto al PIB es la misma fracción que la energía invertida en producción energética con respecto a la energía total consumida: x=1/TRE.
La figura siguiente muestra la tasa de retorno energético (TRE, o EROEI) obtenido para los combustibles individuales y para la economía como un todo.
Fig. 3. Evolución de la TRE con el tiempo en el escenario M para el petróleo (línea fina continua), gas (línea punteada), carbón (línea a trazos) y para toda la economía (línea gruesa continua).

Debido a que las renovables (y la aportación nuclear, mientras dure el uranio) mantienen la TRE social en un valor mínimo de 20, la futura bajada de la TRE social no provoca una caída importante de la reinversión de capital en ninguno de los tres escenarios (esta caída es solamente del orden del 10% entre la actualidad y el momentos de mínima TRE). Si no se utilizaran renovables en el mix energético futuro, la caída de la reinversión r sería mucho mayor.
Si los valores de los parámetros a, b se mantuvieran iguales a su valor aparente actual, la función de producción (1) predice una evolución del PIB de EEUU que viene dado por la figura siguiente:
 
Fig. 4. PIB de EEUU suponiendo una i que se satura en 0.33, y constantes a, b.

Si los valores de los parámetros a, b se dejan variar tras las crisis energéticas, la función de producción (1) predice una evolución del PIB de EEUU que viene dado por la figura siguiente:
Fig. 5. PIB de EEUU (relativo a 1900) para los escenarios P (línea punteada), M (línea a trazos), O cuando las ICT se supone se saturan en el 25% (33%) del capital (línea a trazos- punteada y línea continua, respectivamente). Los datos históricos del PIB de EEUU se muestran también en línea negra punteada, hasta el 2012.

Hemos usado el escenario de crecimiento medio de la población predicho por la ONU. El uso de otros modelos de crecimiento poblacional no modifica apreciablemente los resultados, lo cual sugiere que la fuerza de trabajo tiene una aportación relativamente más pequeña que el capital y el trabajo-útil en el output económico de las economías desarrolladas actuales. Las curvas de las productividades (elasticidades) de los tres factores así lo confirman (Fig. 6). Una elasticidad se define como la variación relativa del PIB (y/y) por unidad de variación relativa de un factor (k/k en el caso del capital).
Fig. 6. Productividades (elasticidades) de los tres factores de producción: capital (línea continua), trabajo útil (línea a trazos) y fuerza de trabajo (línea punteada), para el escenario O.

La automatización que se produjo después de la guerra mundial hizo aparentemente bajar la productividad del trabajo muy por debajo de los niveles de las otras dos productividades, la del capital y la de la exergía útil (trabajo útil).
Los resultados de la figura 5 nos hacen ser escépticos sobre la posibilidad de un crecimiento indefinido.
Tal como puede apreciarse, incluso bajo las hipótesis más optimistas (línea superior de la Fig. 5) el PIB de EEUU tiende a un estado estacionario a largo plazo. Aparentemente, la única manera de conseguir un crecimiento indefinido sería conseguir un crecimiento indefinido de la producción de trabajo útil u(t).
Sin embargo, tal como mostramos en un artículo previo (García-Olivares et al. 2012) el crecimiento de las fuentes renovables de energía pueden estar limitadas a unos 12 TW debido a las limitaciones de las reservas de cobre.
La incorporación de la energía de fusión a la red eléctrica no contribuiría a aliviar la escasez de cobre, sino todo lo contrario (se necesita alrededor de 1 tonelada de cobre por cada MW transformado tanto en generadores como en motores). Por lo que la única manera de garantizar el crecimiento indefinido a final de siglo sería: (i) una completa sustitución de nuestra economía dependiente del petróleo por una economía electrificada; (ii) una sustitución global del cobre por aluminio, grafeno y superconductores de alta temperatura.
Sin embargo, esto garantizaría el crecimiento indefinido sólo si conseguimos evitar que la polución, los residuos y la degradación del llamado “capital natural” no provoquen rendimientos decrecientes con la escala en el output económico. En efecto, el estudio de Bradshaw et al. muestra que el PIB es el mejor estimador de impacto ambiental, muy por encima incluso de la población. Una expresión de tipo Kaya para el impacto ambiental sería de la siguiente forma:
                            (4)
Donde I es el impacto, p la población e y el PIB. Sin embargo, la relación [I/y] no parece decrecer con el PIB, en contra de la teoría de Kuznet (véase Knight), por lo que es razonable esperar retornos económicos decrecientes con la escala a partir de un cierto momento que no puede estar lejano. ¿Cuándo empezarán a observarse claramente estos retornos decrecientes debido a la degradación del llamado “capital natural”? Barnosky et al. nos proporcionan una pista cuando nos dicen que en el periodo 2025-2045 entre el 50% y el 60% de todos los ecosistemas estarán perturbados por la actividad humana y que en  ese periodo tendrá lugar un punto de no retorno ecológico, con “sorpresas globales y locales” no precisamente agradables. Tal periodo coincide con el estimado para el llamado “pico del fósforo” y con la saturación de la productividad agrícola de los tres cereales principales y, por tanto, puede constituir el comienzo de “la era de las consecuencias” en lo relativo a la degradación del capital natural. Usando el año de 2045 como el del posible comienzo de la erosión de las productividades de los factores, hemos utilizado el siguiente modelo para estudiar la influencia de probables retornos decrecientes con la escala sobre el PIB:
                        (5)
Donde y(t) es el PIB predicho por nuestro modelo en el año t, y(2045) el PIB que predice para el año 2045, y  un parámetro igual o inferior a 1. Cuanto más bajo sea , más ligera es la influencia de la escala de la economía sobre las productividades de los factores. La (t) es el mismo parámetro que aparece en la ecuación (1) y que habíamos mantenido igual a 1 en los escenarios P, M y O. Se puede demostrar (haciendo las tres derivadas parciales de la ecuación 1) que la suma de las tres productividades (elasticidades) de los factores es igual a . Y por este motivo, la ecuación (1) permite retornos decrecientes con la escala si  < 1, cosa que ocurre según (5) cuando el PIB tiene un tamaño mayor que el previsto para el año 2045.
La figura siguiente muestra las predicciones del modelo para un caso hipotético en que la producción de energía crece indefinidamente (escenario I, de “ideal”, al menos para la perspectiva BAU). Se han estudiado los casos =1, 1/2, 1/4, 1/8, 1/16, 1/32 and 0 (esto es,  =1) para ver el efecto de una erosión más rápida o más lenta de las productividades de los factoresasociada con el crecimiento del PIB por encima del valor de 2045.
Puede observarse que en cuanto aparecen rendimientos decrecientes, es fácil que el PIB se sature, incluso bajo una u(t) exponencialmente creciente, generando curvas cercanas a las mostradas en la parte inferior de la figura 7. Basta con que la duplicación del PIB provoque una degradación del 2% (o mayor) en las productividades de los tres factores (1/32 <  ≤1 ) para que se produzca una inflexión del crecimiento hacia un estado estacionario.


Fig. 7. Evolución del PIB para el escenario I con varios modelos de erosión de las productividades de los factores. Las líneas de abajo arriba corresponden a =1, 1/2, 1/4, 1/8, 1/16, 1/32 and 0 ( =1)

Así pues, el crecimiento permanente exigiría que se cumplieran las siguientes condiciones:
A- Tras el cénit del petróleo, nuevos sistemas industriales, agrícolas y de transporte reemplazarán a los antiguos sistemas basados en el petróleo y esto se conseguirá sin pérdidas relevantes de eficiencia económica
B- Tras el cénit de los combustibles fósiles, se realizará una electrificación a gran escala de la economía, y esta reestructuración no producirá pérdidas relevantes de eficiencia económica
C- Tras la electrificación global, el cobre de los generadores, motores y cables será sustituido por otros materiales, y esto no tendrá efectos importantes en la eficiencia industrial
D- El crecimiento del PIB y de la población podrá ser desacoplado de la degradación del capital natural (en particular suelos, agua, productividad agrícola, reciclado de residuos y biodiversidad), de modo que se podrán evitar los rendimientos decrecientes con la escala.
A y B suponen retos mayores para el sistema actual, con resultado muy incierto; no sabemos si la posibilidad C podrá ser realizada o se topará con impedimentos físicos y de ingeniería; y la posibilidad D está en contra de todas las pautas observadas hasta el presente, de acuerdo con (Grantham 2012; Barnosky et al. 2012; Bradshaw et al. 2010; Knight 2013). Daly (1991; 1992; 2007) por su parte considera esta eventualidad como imposible debido a las enormes proporciones que tiene el uso (y derroche) de recursos en la economía global actual.
En conclusión, la hipótesis D nos parece implausible. Por tanto, deberíamos esperar retornos  decrecientes con la escale en un futuro cercano, probablemente entre 2025 y 2045 si atendemos a las predicciones de Barnosky et al. (2012) sobre el futuro colapso de los ecosistemas globales; y ello produciría un output económico estacionario pocas décadas después.
Estos factores, que podríamos llamar “externos” a la economía, actuarán en paralelo con una serie de factores internos que han sido expuestos por Ayres y que, por sí solos, podrían provocar también el fin del crecimiento. Según Ayres, aunque la especialización del trabajo fue un importante motor del crecimiento, probablemente llegó a su cénit durante el clímax del Taylorismo; los beneficios de la escala del comercio internacional han llegado también a su cénit; la monetización de los servicios realizados por las mujeres y los campesinos se ha completado ya en una gran parte en los países urbanizados; el tomar prestado del futuro para aumentar el consumo presente no puede alimentar un crecimiento duradero y sostenible; finalmente, la eficiencia tecnológica de conversión de combustibles y materiales en trabajo útil aumentó enormemente durante la primera parte del siglo 20, pero la tasa de crecimiento de esta eficiencia se ha ralentizado significativamente desde 1970 y está constreñida a largo plazo por límites termodinámicos.
Así pues, dada la dificultad de concebir un crecimiento exponencial indefinido sin impactos ambientales desde nuestra tecnología actual, el concepto de economía estacionaria se convierte en un concepto plausible e incluso deseable, dado que representa la mejor opción entre las alternativas más probables para el futuro. Tal clase de economía es muy diferente de la que políticos, grandes empresas y agencias económicas  internacionales han estado persiguiendo desde hace décadas, y deberá ser pensada con antelación para evitar sorpresas económicas y ecológicas inmanejables en el futuro.
Como explica muy bien Kerschner, la mayor parte de los economistas clásicos estaban de acuerdo en la posible existencia de una economía de estado estacionario. El primero en mencionarla fue Adam Smith, en 1776, aunque como algo equivalente a pobreza. Para Malthus era la incapacidad de la sociedad humana de conseguir un estado estacionario lo que la condenaba a la miseria. John Stuart Mill tenía una opinión muy optimista del estado estacionario y estaba convencido de que los humanos estarían satisfechos de mantenerse estacionarios mucho antes de que la necesidad les obligase a ello. Sin embargo, la enorme innovación tecnológica de la revolución industrial, alimentada por carbón y petróleo, modificó la visión de los economistas sobre el estado estacionario, porque el crecimiento comenzó a parecer ilimitado. Sólo unos pocos economistas con una  perspectiva más amplia fueron excepciones a esa tendencia durante el siglo 20: Keynes, Schumpeter, Georgescu-Roegen, Boulding, Meadows and Meadows y, más recientemente, Daly, Martinez-Alier, Ayres y muchos nuevos economistas relacionados con la escuela de la Economía Ecológica. Esta escuela y otros programas de investigación relacionados están proporcionando importantes conceptos nuevos que pueden ser la base de un nuevo paradigma económico.

lunes, 16 de septiembre de 2013

El callejón donde no hay milagros

Queridos lectores,

Javier Pérez me ha hecho llegar esta pieza donde analiza de una manera sencilla los límites duros contra los que estamos chocando en materia económica. Un simple ejercicio de introspección nos muestra que estamos dándonos de cabezazos dentro de una jaula cada vez más estrecha...

Salu2,
AMT

El callejón donde no hay milagros


Los humanos tomamos nuestras ideas de la naturaleza y las reelaboramos hasta convertirlas en filosofía, matemáticas o tecnología. El primer matemático fue sin duda un tipo que se miró los cinco dedos de una mano y pensó que, con ese instrumento, podía contar y comunicar a los demás el número de gacelas que pastaban en la pradera. El pato contiene la idea del primer barco, el pez lleva consigo el germen del primer submarino y el pájaro el del primer avión. Posiblemente, la metamorfosis del gusano en mariposa sea la base inicial del optimismo tecnológico: todo cambia, y a mejor, por un proceso que no sabemos muy bien cómo funciona, pero cuyos resultados saltan a la vista.
    Lo que parece que nos cuesta un poco más asumir es la realidad de que la energía son las alas de esa mariposa, y que, a medida que se reducen, la mariposa se acerca más al gusano que un día fue, pero sin perspectivas. O como decimos por aquí: cuando eres niño y comes papillas, esperas a que te salgan los dientes. Cuando eres viejo y comes papillas, mala cosa…
    La cuestión, por tanto, es que nuestras alas se reducen, y con ellas nuestras posibilidades. Una vez asumida esa triste realidad, tenemos el deber imperativo de buscar un camino, una nueva mecánica que nos permita seguir adelante o buscar una nueva metamorfosis, y para ello, a mi entender, es preciso intentar averiguar cual será el curso futuro de las cosas.
    A largo plazo, todos calvos, o como dicen en África, a largo plazo, todos seremos blancos. Por tanto, olvidémonos de las ideas apocalípticas y tratemos de analizar cómo evolucionarán en el corto plazo los asuntos que nos interesan: empleo, suministros y paz.
    La construcción de un modelo que nos permita determinar por dónde se encaminarán los acontecimientos, no es nada fácil. Pero ahí va mi intento, con sus premisas:
-1- La cantidad de energía que contiene un barril medio es menguante. Pongamos que en un 0,5 % anual.
Ya se ha hablado algunas veces en este blog del asunto, pero no está de más insistir en la obviedad de que los barriles sacados de más abajo contienen más arena, por decirlo a lo bruto, o en que hemos extraído en primer lugar el petróleo de mayor calidad y rendimiento energético, por decirlo a lo fino. El número de barriles de petróleo producidos no es, por tanto, una variable homogénea. No importan los barriles, sino la energía que contienen, igual que en una dieta no importan tanto los gramos de alimento como las calorías que contienen.
Un barril de petróleo equivale a 42 galones estadounidenses o 159 litros, y su valor energético medio se considera equivalente a 6,12 × 109 J o 1.700 Kw·h.
Como digo, esto es sólo teórico, porque en la práctica la energía que contiene el barril medio extraído desciende paulatinamente.
-2- La producción de los pozos tradicionales, declina en un 3% anual. La cifra es arbitraria, o aproximada.
También este es un tema recurrente en todos los estudios sobre energía, y su realidad es muy dispar. Mientras algunos campos petrolíferos ven reducida su productividad en un 5% o un 6% anual, otro consiguen mantenerse prácticamente sin cambios.  Aunque la propia Agencia Internacional de la Energía reconoció un declive medio del 5 % en su informe del 2010, vamos a ser un poco más optimistas (justo lo que nunca se esperan los lectores de esta web) y aceptar un declive anual medio de los pozos conocidos de sólo un tres por ciento.


La gráfica expresa las predicciones de la OIE, dando por hecho el declive de los pozos tradicionales (azul oscuro) y añadiendo franjas de otros colores para representar las nuevas fuentes que, según ellos, sustituirán las menores cantidades de petróleo extraídas. Que los pozos al envejecer producen menos, es fácil de entender de modo intuitivo. Que se pueda sustituir eso con otra cosa, está por ver.
-3- La población mundial crece en un 1 % anual.
Y no sólo la población, sino también el consumo de energía per cápita, ya que parte de la población que hace unos años iba en burro ahora va en moto, o en coche.
Aquí va, de nuevo, la gráfica sobre la evolución demográfica de la Tierra en los últimos 200 años:
En cuanto al consumo total de energía, esta es la evolución del consumo de energía eléctrica, según datos del Banco Mundial:
En cuanto a la demanda mundial de energía, aquí va otra gráfica. La fuente es Artinaid.com:
Con una población creciente, sólo se puede reducir el consumo de energía total reduciendo fuertemente el consumo per cápita. Y a eso, por cierto, se le llama pobreza.
En este blog ya se habló, y bien, de la bomba malthusiana, así que echadle un vistazo.
-4- Cuando el precio del petróleo aumenta, su consumo disminuye.
Esto, que parece una obviedad, entraña una enorme dificultad en su cálculo, pues aunque sucede con todos los productos no se experimenta en magnitudes idénticas.
De hecho, hay una variable en economía, la elasticidad, que se encarga de estudiar las variaciones de oferta y de demanda en función del precio. La elasticidad, en general, depende de la naturaleza del producto. No puedo ponerme a explicar ahora toda la teoría pero, resumo:
Cuanto más caro es un producto, hay menos gente que lo compra ya que es menos interesante o hay menos personas que pueden pagarlo. Si el producto es poco importante o se puede sustituir fácilmente, un pequeño incremento de precio produce una disminución muy grande de demanda. Por ejemplo, las manzanas. Si suben de precio, podemos comprar peras, o no comprar fruta esa semana.
Si el bien es fundamental o de primera necesidad, la disminución de consumo es muy pequeña respecto al aumento de precio. Ese es el caso, del agua, la sal (por eso los ingleses cobraban a la población de India salvajes impuestos sobre la sal), el pan, las patatas y… sí, los combustibles.
Un aumento en el precio de la gasolina produce una disminución en su consumo, pero menor al aumento del precio, porque hay una serie de cosas que tenemos que hacer de todos modos (transportar comida, ir al trabajo, etc…)
-5- Cuando se reduce el precio del petróleo, su producción disminuye.
Y esto es así, por dos razones: cuando sacas menos dinero de vender el petróleo que produces, puede resultarte más interesante invertir tu dinero en otra cosa,  como poner fábricas, abrir otras explotaciones, etc. Las industrias petroleras tienen que pedir dinero a los inversores para abrir pozos o mantenerlos, y cuanto menor es el precio del petróleo menor es la rentabilidad de las inversiones ya realizadas. Por tanto, una reducción del petróleo implica menos capitales para esa industria y una menor producción.
De igual modo, una reducción del precio del petróleo convierte en poco rentables o ruinosos los yacimientos que tienen un alto coste de extracción. Por ejemplo, el fracking tiene unos costes medios de 85$ por barril. Si el petróleo está por encima de ese precio, el fracking es rentable, peor si baja, deja de ser rentable y la producción disminuye, al dejar de aportar crudo al mercado este tipo de explotaciones.


-6- La producción total no se puede aumentar gran cosa, a no ser a costa de un incremento brutal de los costes de producción.
     Los pozos baratos ya se están explotando. Para producir más petróleo y cubrir así la demanda de una población creciente y un consumo creciente, hay que echar mano de métodos y lugares carísimos.
    No es posible seguir teniendo petróleo abundante y barato, que es la base de nuestro sistema económico y de nuestra capacidad demográfica.
Y hasta aquí las premisas.
Pero el caso es que he puesto en una Excel todo esto,  tratando de predecir la evolución de los años futuros, y no me acaba de cuadrar ni a tiros. O el precio se va muy arriba, con lo que debería disminuir la demanda, porque a partir de cierto punto no hay manera de continuar la actividad, o se va muy abajo, por la cantidad de industrias que cierran y actividades que cesan, con lo que el nuevo precio no cubre los cotes de producción y se reduce, a lo bestia, la cantidad producida.
     Entiendo, por tanto, que nos movemos en una estrecha banda de equilibrio entre los precios asumibles y los costes de producción.
Se trata de una estrecha banda de fluctuación, más estrecha cada vez, donde los precios fluctúan como locos en busca de un equilibrio. El futuro, por tanto, no pasa por grandes  alzas como las que muestran los modelos matemáticos que usé en otro artículo sino por constante dientes de sierra en una franja determinada, en un callejón en forma de embudo del que no se puede salir sin adelgazar.  
Y si miramos de cerca esa situación, creo que vemos la verdadera naturaleza de la jugada: el concepto de coste de producción es global, como lo es el mercado. Al final, los costes de producción se convierten en una media, porque todos los productores concurren como oferta al misma mercado y todos los consumidores concurren, o casi, al mercado como demanda global. Pero el concepto de coste asumible es local y muy diferente entre unos y otros, y depende sobre todo de lo que se haga con esa energía y de lo que con ella se sea capaz de producir. Si te dedicas, por ejemplo, a actividades de bajo valor añadido, la energía te resultará cada vez más cara; pero si empleas el petróleo, por decir algo, para producir medicamentos, entonces no te importa gran cosa que un barril suba treinta dólares, porque de un barril haces un millón de pastillas que vendes a cinco dólares la unidad.
El concepto “coste asumible” depende de la estructura productiva de cada sector, de cada familia y de cada país, con lo que entiendo que la caída, que ya ha comenzado, será primero por sectores y luego por países. Hay ya sectores que no pueden seguir trabajando con los costes actuales. Un ejemplo que conozco muy bien es la hostelería de montaña: es imposible competir en precio en un hotel en el Norte, porque el coste de la calefacción es tal que te obliga a subir los precios (y no vendes) o da no ganar dinero (y no quieres vender).
A la postre, Los países que puedan mantener una serie de servicios a pesar de la caída de algunos sectores conservarán la estabilidad, y los que no, como el caso de Egipto, serán los primeros en irse al carajo, al paso de la oca y con banda de música.
Pero a la gente no le gusta ser pobre. A la gente no le gusta irse al carajo. ¿ Y qué pasa entonces?
    Pero a pesar de todo, de momento el precio en sí no caerá ni subirá gran cosa, oscilando en esa banda de equilibrio y añadiendo nuevos cadáveres al cementerio económico con cada diente de sierra.
     En el caso de España han caído ya muchos sectores (de ahí el desempleo salvaje), y mantenemos los servicios (o lo simulamos) a base de deuda.
     Si, como preveo, el siguiente colapso financiero es en Asia, nos vamos a echar unas risas con la deuda…
     Por no llorar, más que nada.

www.javier-perez.es