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jueves, 13 de noviembre de 2025

World Energy Outlook 2025: Intentando reconciliar dos visiones contradictorias


Queridos lectores:

El 12 de noviembre, un mes más tarde de lo que acostumbraba en los últimos años, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado su informe anual, el World Energy Outlook (WEO). Aparentemente, el retraso en la publicación de este informe se ha debido a la reincorporación del Escenario de Políticas Actuales (escenario que se corresponde por lo esencial con el Business as Usual), el cual había sido abandonado hace unos años precisamente porque a nadie le cabía en la cabeza que se siguiera con la suicida tendencia de la civilización actual. Sin embargo, por presiones de los EE.UU., se reincorpora el escenario CPS y se hace a costa de relegar un tanto el que estos años había sido el único de referencia, el STEPS o Escenario de Políticas Declaradas, dando por hecho que las políticas que se pensaban en marcha en realidad están siendo desmanteladas y que más nos vale ver por dónde vamos si seguimos pisando el acelerador - de hecho, el Escenario de Políticas Anunciadas (APS) desaparece por completo. Un desagradable retroceso, máxime cuando este informe se ha sacado justo la semana que ha empezado la ya muy descafeinada Conferencia de Partes sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, la COP30. Como cada año, en las siguientes líneas haremos un análisis de lo más relevante del WEO 2025.

Como siempre, lo primero que he hecho es buscar la palabra "peak". Sale un total de 225 veces en este documento, pero, sorpresa, en ningún caso se refiere al pico de producción de ninguna materia prima. Y a diferencia de otros años, en los que ha pasado lo mismo, en este caso sí que es una sorpresa relativa dada la reciente publicación en septiembre de un informe especial de la AIE sobre los picos de producción de petróleo y gas, que ya comentamos en este blog. Sin embargo, de cara al informe anual han preferido obviar completamente este hecho. Está claro que el WEO de este año es simplemente un documento para contentar a un establishment, sobre todo americano, que no quiere ver la verdad.

Este WEO2025 tiene 519 páginas, lo cual lo hace más largo que el sucinto informe del año pasado, pero bastante menos que los WEOs que se estilaban antaño. Está estructurado en 3 partes y 8 capítulos:

1.- Visión general y hallazgos clave.

2.- Definición de escenarios.

3.- Escenario de Políticas Actuales (CPS)

4.- Escenario de Políticas Declaradas (STEPS) 

5.- Implicaciones de CPS y STEPS

6.- Asegurando el acceso a la energía para todos.

7.- Cero Neto de Emisiones para 2050

8.- Análisis regionales.

 

Interesante ver como el escenario del cero neto queda completamente separado de los otros, en la parte de "Análisis de objetivos".

Antes de entrar en el análisis de los capítulos en sí, me gustaría destacar algunos conceptos que se nos ofrecen en el resumen ejecutivo.

Comienza el resumen con esta frase: "En un mundo volátil, la seguridad energética se adueña del centro del escenario". Es justamente lo que llevamos años diciendo, que en las discusiones sobre energía poco a poco el foco se irá desplazando de la cuestión ambiental hacia la de la seguridad del suministro. Y, como se ve, la cosa va tomando más peso con el paso de los años, a medida que las dificultades de mantener el suministro de energía se hacen más evidentes. Y sigue: "Las amenazas urgentes y los riesgos a largo plazo están elevando a la energía a una cuestión central de la seguridad económica y nacional. La energía está en el corazón de las actuales tensiones geopolíticas, con los riesgos tradicionales para el suministro de combustibles ahora acompañados con las restricciones que afectan a materiales críticos. El sector eléctrico es cada vez más vulnerable a ataques". En fin, es difícil decirlo más claramente. Añade que, a pesar de las dificultades, sobra suministro de petróleo (cierto, en buena parte por la debilidad de la demanda), que el actual sistema comercial está en peligro (obvio, con el desplazamiento del dólar como divisa de reserva) y que hay menos entusiasmo para limitar las emisiones de CO2 aunque los riesgos climático están aumentando.

El resto del resumen abunda en estas ideas, en la necesidad de construir un sistema resiliente, que la demanda de energía no deja de crecer y que la Edad de la Electricidad ya está aquí (cosa harto discutible en vista de lo estancada que está la electrificación de las economías más avanzadas). Y por supuesto que la inteligencia artificial (la última burbuja) va a suponer un incremento incesante del consumo de electricidad.

Desde el punto de vista del suministro, nos anuncian que la producción de electricidad renovable va a subir con fuerza, sobre todo la fotovoltaica, y que la energía nuclear está volviendo (ambas cosas son mentira, pero da igual, es demasiado pronto para que la AIE pueda aceptar la desagradable verdad).

Vamos ya con el análisis crítico de los capítulos de este WEO 2025. Excluyo los últimos 3 porque creo que no tienen demasiado contenido relevante.


1.- Visión general y hallazgos clave.

De acuerdo con el WEO, los dos escenarios principales (CPS y STEPS) corresponden a diferentes ritmos de adopción de tecnologías y por eso, aunque en ambos el consumo de combustibles fósiles se mantiene elevado o incluso crece, lo hace a un ritmo diferente. Eso sí, el CPS nos lleva a un calentamiento de +3ºC en 2100, en tanto que para STEPS es de +2,6ºC. Se tiene que decir que ambas perspectivas son horribles, pero es que en realidad probablemente se quedan cortas teniendo en cuenta el comportamiento que se está observando últimamente en el desbalance radiativo del planeta. Pero lo mejor es que se nos dice que incluso en el escenario de Cero Neto en 2050 (NZE) se llegaría a +1,65ºC en 2050, y que después comenzaría a bajar por las tecnologías que activamente eliminarán CO2 de la atmósfera. Tecnologías que a día de hoy no tenemos, difiriendo el problema a una fecha relativamente lejana para no hacer frente al desastre que estamos generando incluso en el mejor de sus escenarios...

El resto del capítulo tiene poca chicha. Se habla, por ejemplo, del aumento del consumo de energía y de la demanda de electricidad en los dos escenarios, CPS y STEPS, de la irrupción de la IA, del parón que supuso la CoVid... Todo generalidades sin demasiado contenido. Lo que sí que se ve es una diferencia enorme entre la evolución del consumo de petróleo y gas, pues mientras en STEPS bajan, en CPS suben (como si no hubieran sacado el informe de septiembre, vamos: una vez más, se nota que CPS lo han metido forzados). Por qué insisten en que el carbón bajará tan deprisa, cuando todo apunta exactamente en la dirección contraria (es decir, que será lo que más tarde en comenzar a bajar), es para mi siempre un misterio.

 


Después discute sobre las emisiones, y por último presenta las curvas de evolución de la temperatura del planeta. Tremendamente preocupantes porque muestran ya subidas muy importantes en todos los escenarios, que encima serán mayores teniendo en cuenta que el desbalance radiativo del planeta es mucho mayor de lo previsto (si no sabe de qué va esto, encontrará una breve explicación en este post).

 


A continuación se introducen muchos argumentos muy discutibles sobre la evolución de la energía, pero en general tienen poco interés, sobre todo por lo fantasioso de la fanfarria asociada a la proclamada "Era de la Electricidad". De lo poco salvable es esta gráfica que nos da el porcentaje del primer productor del refinado de algunos minerales estratégicos. China arrasa, y de qué manera.


Hay algunos comentarios inquietantes sobre la posibilidad de conversión de carbón en gas natural (proceso altamente ineficiente y contaminante), y una gráfica particularmente divertida que muestra a las claras a dónde está yendo el modelo de Renovable Eléctrica Industrial: comparativa entre la producción y la capacidad productiva de ciertos sectores industriales asociados al REI.


O, por ejemplo, las desmedidas expectativas de inversión en los diferentes tipos de suministro energético: ya el petróleo cuesta de mantener, y se está esperando niveles de inversión aún mayores en renovables. Poco realista, sobre todo a medida que la subvención energética de los combustibles fósiles al resto de actividades vaya disminuyendo.



2.- Definición de escenarios.

Esta sección comienza con una larga nota autoexculpatoria por presentar escenarios tan radicalmente diferentes y divergentes entre sí, al punto de que los dos escenarios principales, CPS y STEPS, son completamente disonantes. Alegan la volatilidad del momento, los cambios de políticas, la incertidumbre... Y en realidad tienen razón, en este momento es muy difícil saber qué pasará incluso en espacios de tiempo relativamente breves.

Lo cierto es que para definir aspectos clave de los diseños de los escenarios se utiliza mucho texto pero muy vacío: este capítulo está trufado de grandes parrafadas que no dicen nada, y de gráficas inútiles que aportan poca o nada de información. Vean un ejemplo de entre muchos que hay.

 


Aquí también se definen con mayor precisión los escenarios que se van a usar:

  • Current Policies Scenario (CPS): Este escenario se caracteriza porque no se implementan medidas nuevas, se sigue a partir de lo que hay ahora mismo, y cuando hay metas propuestas se eligen las más conservadores. Es lo que los gobiernos preferirían hacer, no nos engañemos, y por eso Donald Trump ha presionado para que vuelva a aparecer.
  • Stated Policies Scenario (STEPS): En el que las políticas que se han anunciado realmente se ponen en marcha con objetivos razonables. Es una versión más suave del CPS, no tan reaccionario pero no verdaderamente comprometido.
  • Net Zero Emissions by 2050 (NZE) Scenario: Un escenario en el que se intenta evitar pasar de un calentamiento global de +1,5ºC. Por contraste con otros años, se acepta que no podemos evitar pasar de ese calentamiento (de hecho, se llegaría a +1,65ºC en 2050), pero se asume que después la temperatura va a bajar porque vamos a implementar masivamente tecnologías que no tenemos.
  • Accelerating Clean Cooking and Electricity Services Scenario (ACCESS): Un escenario de relleno al que se alude poco en el informe, y nunca para explicar las tendencias generales, y con el que se pretende enjugar la mala conciencia de no tomar medidas efectivas para luchar contra uno de los mayores desafíos de la Humanidad, el Cambio Climático; en este escenario se lucha contra la desigualdad global en el acceso a la electricidad y se consigue cierto grado de justicia social. Más inverosímil que un dado de tres caras.

En cuanto a la modelización económica, como siempre es ajena a la modelización energética, que la usa como forzamiento. Se asume que el PIB del planeta crecerá un 2,6% anual en promedio de aquí a 2050, y da igual si es posible o no, los escenarios energéticos tienen que adaptarse a este requerimiento. En cuanto a la población, se asume que llegará a los 9.600 millones de personas en 2050, una marca ligeramente inferior a la de otros años. En cuanto al precio del petróleo, no pasa de media de 106 dólares por barril en CPS, de 80 en STEPS y de 33 dólares en NZE.

De otro lado, los precios de las tecnologías verdes van a seguir bajando y bajando porque no va a haber problemas de suministro de ningún tipo de materiales y el progreso tecnológico seguirá sin cesar.


Capítulo bastante insulso, en suma, teniendo en cuenta la cantidad de cosas interesantes que se hubieran podido explicar.

 

3.- Escenario de Políticas Actuales (CPS)

Creo que esta figura resume muy bien el capítulo. Básicamente, no se espera ningún pico de demanda en petróleo y gas, pero sí en el carbón.

 

La siguiente figura da una idea más precisa de la evolución prevista en CPS. Atención a las renovables, que se espera que superen al petróleo en 2050, incluso en este escenario tan poco favorable a la transición energética:


Este despliegue, por supuesto, se va a basar en la fotovoltaica sobre todo. 


Se ve que a la AIE no le han llegado las noticias del repliegue salvaje de la inversión en energía solar en todo el mundo (de aquí unos meses, con el final del NextGenerationEU, esto va a ser una masacre). También se comenta sobre el nuevo empuje de la nuclear, aunque como pueden ver en el gráfico su aportación total no es demasiado grande (por lo menos en este WEO se menciona la palabra "uranio", cuatro veces, y se dice que los proyectos de minas son importantes, aunque no hay ninguna previsión sobre la evolución de su extracción). También nos dicen lo mucho que se van a expandir las líneas eléctricas, lo cual es gracioso teniendo en cuenta los graves problemas de mantenimiento que tenemos ya con su extensión actual. No pasa nada: vamos a añadir unos cuantos millones de kilómetros más en los países más desarrollados, y decenas de millones de kilómetros en el resto.

En el resto del capítulo hay muchas discusiones sobre consumo por sectores, pero se echa bastante de menos un análisis más detallado en lo que es lo más crítico, que es el suministro de energía y no tanto su uso. Por supuesto, no hay ninguna discusión sobre las diferentes fuentes de "todos los líquidos del petróleo" o del gas - curiosamente sí que hay un poco en el caso del carbón - , así que todo se queda en meras discusiones sobre cómo usar lo que se da por hecho que va a haber. En general, este capítulo llama la atención por su superficialidad, comparado con los WEOs de otros años. 

4.- Escenario de Políticas Declaradas (STEPS) 

Enfatizando la gran contradicción con el escenario CPS, he aquí la gráfica de resumen de la demanda esperada de energía por fuente.


Como ven, aquí todos los combustibles fósiles llegan a su máxima producción en los próximos años y luego comienzan su declive, suave para el petróleo y el gas, rápido para el carbón. Al igual que en CPS, la nuclear se duplica y las renovables crecen aún más rápido en STEPS. 

El resto del capítulo es todavía más insulso que el de CPS, muy centrado en el uso de la energía y muy poco en cómo obtenerla, lo que no deja de ser curioso teniendo en cuenta el foco que se la da desde la primera frase de este WEO a la seguridad energética. Por poner una gráfica, pongo la de la generación de electricidad, y me remito a mis comentarios en el caso del CPS.


Eso sí, nos da una ligera indicación sobre la procedencia del petróleo, pero en cifras porcentuales, no absolutas. El ligero repunte porcentual hacia 2050 del petróleo convencional onshore no es porque su producción aumente, sino por que los otros caen más rápido entonces. Todo muy curioso.

 

Cabe decir que, al final del WEO hay un largo anexo con tablas y allí que hay información más detallada sobre la producción de petróleo por tipos en los dos escenarios de referencia.


 

 

Eso sí, hay toda una discusión sobre el enorme potencial, sobre todo en Europa, para el biogás y la biomasa que es enormemente preocupante, puesto que yo tengo claro que ésa será la siguiente burbuja renovable.

5.- Implicaciones de CPS y STEPS

Éste es un capítulo un tanto confuso, pero en él se pueden encontrar algunos mensajes interesantes. Por ejemplo, el de la siguiente gráfica:

 

Es la manera de la AIE de decir que ellos tienen que introducir dos escenarios para poder cubrir todo el abanico de predicciones que se están haciendo, y lo hacen desde una cierta moderación; así, su CPS no es el más pro-fósil ni su STEPS es el que da la caída más fuerte de la producción de petróleo y gas. Por cierto que llama la atención que los escenarios más pesimistas son de compañías de petróleo y gas, precisamente.

De otro lado, nos recuerdan lo que ya comentamos en el post sobre el informe de septiembre: hace falta una grandísima inversión para poder cubrir la demanda futura de petróleo y gas, y que realmente aparezcan nuevos yacimientos y en gran cantidad (cosa más que dudosa). Recordemos que el 90% de la inversión en upstream de los últimos años ha ido a mantener la producción existente, y solo el 10% a incrementarla.


Otra gráfica interesante es la situación actual y la previsión según STEPS para 2035, de cómo se cubre la demanda eléctrica tanto promedio como en momentos de pico en tres regiones: Europa, China e India.




Como se ve en la gráfica, hoy en día, aunque en promedio la aportación de las renovables es bastante significativa, en los momentos de pico prácticamente desaparecen del mix. Lo más interesante es que, en STEPS 2035 en el caso de Europa, es más importante la respuesta del lado de la demanda que las baterías. Básicamente, que la gente deje de consumir tanto en las horas pico. Una aceptación de la imposibilidad de cubrir esa demanda en esos momentos. Y no es que no se vayan a instalar baterías, no. Decir que la capacidad instalada se va a incrementar significativamente es como decir que en el Océano Pacífico hay una cantidad significativa de agua. 

 


Hay también una discusión sobre la vulnerabilidad a los materiales críticos, fundamentales para el modelo de transición REI. Una interesante figura de esa sección:

 


Y, como queriendo decir algo, hasta qué punto se podría abastecer el mercado de ciertos minerales refinados si, por alguna razón, faltara el suministrador más importante.

 


La dependencia de China no es solo en los materiales; es también en la tecnología.


Sigue después una discusión sobre el papel de la Inteligencia Artificial, un poco superficial para mi gusto, y después nos encontramos con esta bonita previsión sobre cuál va a ser el grado de penetración de electricidad sobre el total de consumo de energía final, lo que sirve de base para justificar la afirmación de que entramos en la Era de la Electricidad:


Vamos, que vamos a pasar del 21% actual al 28% en 2035. Que no está mal, pero de ahí a denominarlo "Era de la Electricidad" media un abismo, y más teniendo en cuenta que en los países avanzados el porcentaje lleva prácticamente estancado desde hace décadas (y no llega generalmente al 28%), así que aquí hay más de deseo que de realidad.

Empieza entonces una sección sobre el impacto de los eventos extremos en los sistemas de generación de electricidad. Como dice Carlos de Castro, un problema de la renovable es que tiene que estar necesariamente expuesta al ambiente porque es de donde capta la energía. Y el ambiente a veces es especialmente duro.


Lo que es más interesante, han evaluado el riesgo que suponen las tormentas de granizo para las placas fotovoltaicas. Aquí EE.UU. y Europa salen muy mal paradas.

 

Otro efecto del clima cambiante es el incremento del uso del aire acondicionado (quien lo tenga y pueda pagar la factura de la luz, claro) y que por ello se espera un importante incremento del consumo de electricidad.

 


Resumen:

Se trata de un WEO un tanto extraño y desigual, con partes que se nota que han estado trabajadas con detalle y sobre todo con lógica interna, y otras que son auténticos pegotes. El más interesante de todos los capítulos es el 5, que tiene ese extraño título de "Implicaciones para CPS y STEPS" pero que en realidad prosigue la discusión sobre seguridad energética del WEO 2024. Solo allí se pueden encontrar detalles importantes sobre las limitaciones de los escenarios que se proponen y dan un planteamiento más realista de la situación. Los otros capítulos están claramente incompletos, particularmente el de CPS, que se nota que llegó a última hora. La entrada forzada del CPS, que además desplaza al APS de otras ediciones, hace que todo el WEO quede deslavazado y un tanto incoherente, sobre todo porque desde la AIE se han visto forzados a decir que tanto CPS como STEPS son sus escenarios de referencia (lo que contradice también la práctica histórica de fijar un solo escenario de referencia). STEPS era el intento de la AIE de hacer aceptables los cambios inevitables en nuestro sistema energético debido al declive energético, con grandes dosis de tecnooptimiso. CPS es una pataleta, una rabieta de niño pequeño que se cree que si se proponía STEPS era por conciencia ambiental y buenrollismo ecologista, y por eso propone un escenario diferente, de seguir creciendo y consumiendo sin límites; la AIE lo ha intentado rebajar un poco, pero aún así se sigue viendo el disparate que es: si ya el STEPS es poco realista, el CPS es una aberración total.

El acto fallido que representa este WEO es fruto de décadas de autoengaño. Durante tantos años hemos insistido en que venían picos de demanda, que se iba a producir una sustitución energética y tecnológica, que podríamos mantener el capitalismo tal cual y que todo estaba bajo control. Ahora que los hechos hacen evidente que nada de eso es posible, justo en el peor momento, sufrimos este retroceso en la aceptación de nuestra cruda realidad en forma de CPS. Más vale que en la AIE se pongan rápidamente las pilas y reconduzcan la situación, porque con el auge del populismo y la radicalidad en todo el mundo, si no se hace entender rápidamente donde estamos, podemos llegar a un punto en que la OCDE desbarate la AIE por innecesaria o inútil. Y entonces sí que será difícil entender hacia donde vamos.

Salu2.

AMT 

 

viernes, 16 de noviembre de 2018

World Energy Outlook 2018: Alguien gritó "peak oil"



Queridos lectores:

Como cada año por estas fechas, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha publicado su informe anual, el World Energy Outlook (WEO). En esta ocasión, un WEO un poco más corto de lo habitual ("solo" 661 páginas), con algunas novedades. La más útil para el que esto escribe es que en esta ocasión la AIE da la opción de descargar las figuras del informe como ficheros PNG, lo que me ahorraría la farragosa tarea de extraerlas del documento PDF... de no ser porque la calidad es tan baja que he preferido seguir extrayéndolas del documento original de la misma manera de siempre. Otra cosa de agradecer es la mejora de la tabulación de datos en un Excel descargable, el cual me ayudará sin duda para ciertos análisis futuros. Como siempre, he intentado hacer un resumen de los aspectos más interesantes a mi entender de lo que contiene este informe, reservándome la posibilidad de ampliar el análisis sobre aspectos concretos del mismo en ulteriores posts.

Como saben, cada año la AIE publica sus previsiones para la evolución de la demanda y el suministro de energía para las próximas décadas, basándose en sus modelos y bajo distintos escenarios, los más importantes de los cuales se denominan Políticas Actuales (continuar como hasta ahora), Nuevas Políticas (adaptaciones en las líneas que han anunciado los gobiernos) y Desarrollo Sostenible (escenario que fue introducido hace un par de años, y que aboga por mantener el crecimiento pero sin incrementar la presión ambiental y sobre los recursos, algo que sabemos que es imposible). El escenario de referencia siempre es el de Nuevas Políticas, y si no se dice explícitamente se asume que nos estamos refiriendo a éste.

Como cada año, la primera cosa que he hecho es buscar la expresión "peak oil" en el documento. Sorpresa relativa: Aparece dos veces en el documento. No es la primera vez que la expresión "peak oil" aparece en un WEO, aunque lo más habitual es que aparezca asociada a la expresión "demand", para introducir el concepto del cenit de demanda de petróleo (es decir, que se dejará de producir petróleo porque se dejará de demandar), falacia lógica que ya desmontamos aquí. Y, como era de esperar, una de las veces que aparece la expresión es "peak oil demand", en la página 63. Sin embargo, la otra vez que se usa la expresión "peak oil" es en la página 56 y en esa ocasión está asociada a "supply", en un párrafo bastante esclarecedor:

"En la medida que el crecimiento de la demanda futura siga los patrones del pasado, el escenario parece preparado para el retorno de las tradicionales tensiones del sistema, especialmente en los mercados del petróleo. Desde el año 2015, la demanda ha crecido a un ritmo bastante por encima de 1 Mb/d [Millones de barriles diarios]: el escenario Políticas Actuales prevé una continuación de esto y el mundo volviéndose muy dependiente de volúmenes sin precedentes provenientes de los principales poseedores de este recurso en Oriente Medio, y eso a pesar de que los altos precios animarán la producción de los países no OPEP. La producción en Arabia Saudita subirá hasta los 15 Mb/d en 2040, e Irán e Irak producirán cada uno 7 Mb/d. Este escenario nos recuerda que, aunque eclipsado hoy en día por otras preocupaciones, puede que no hayamos aún oído el final del debate sobre el cenit de producción de petróleo [negrita mía]."

Este párrafo es bastante significativo, porque es una de las veces que la AIE ha estado más cerca de reconocer que, efectivamente, hay un problema real con el suministro de petróleo. Está claro que intentan no reconocer la existencia de tal cuestión, pero al mismo tiempo quieren cubrirse las espaldas (cuando se les exija responsabilidades) delante de un problema que no solo es inminente, sino que probablemente se va a declarar de una forma muy agravada debido a la fortísima desinversión de las compañías petroleras. Llama la atención, además, que prevén problemas a pesar de asumir hipótesis completamente irrazonables sobre la producción futura de Arabia Saudita, Irán e Irak, lo cual nos hace intuir que el problema va a ser seguramente mucho peor de lo que prevé la AIE.

Pero dejémonos de anticiparnos a la discusión de su contenido y volvamos al análisis pormenorizado del informe. Como vamos a ver, este informe tiene muchos puntos que son absolutamente fundamentales para el futuro de la energía, así que en vez de comentar la multitud de detalles que contiene el informe en muchos aspectos laterales, en esta ocasión me voy a concentrar sobre esos aspectos que a mi juicio son más cruciales.

El informe tiene tres grandes partes:  Tendencias globales en energía; Análisis en profundidad de la electricidad; y el WEO insight, que es una sección dedicada a mirar un tema prospectivo con detalle y que en este caso se dedica a la posibilidad de extraer petróleo y gas "de una manera limpia" (!!).

El resumen ejecutivo tiene una estructura bastante anodina y no parece anticipar nada interesante en este WEO. Hay algunos lugares comunes, como que el petróleo de fracking va a continuar creciendo en los EE.UU. y que la electricidad es el futuro, y poca cosa más a reseñar.

Parte A: Tendencias globales:

En la sección de resumen de los principales hallazgos del WEO nos encontramos con la siguiente gráfica para empezar:




No es nada nuevo, ya lo hemos visto en varios WEOs anteriores: la AIE anticipa un descenso energético bastante marcado para Europa, algo menor para Japón y un práctico estancamiento para los EE.UU. durante los próximos 22 años. También nos dicen que, a pesar de que la demanda de electricidad se va incrementar un 60%, el 90% de ese incremento se va a materializar en los países en desarrollo.

Se van comentando diversos ítems, nos informan de que la demanda de petróleo se va a incrementar otros 11,5 Mb/d pero, de nuevo, solo en países en desarrollo, cuando de repente hay el primer grito de alarma camuflado en este WEO:

"La inversión en nuevos proyectos de petróleo convencional se encuentra bastante por debajo de lo que se requeriría para satisfacer la demanda en el escenario de Nuevas Políticas. La divergencia de tendencias entre un aumento fuerte de la demanda y una inversión débil en nueva oferta, si se mantiene, apunta a picos de precio del petróleo dañinos durante la década de los 20. Sería arriesgado confiar en que la producción del petróleo ligero de roca compacta de los EE.UU. se vaya a triplicar desde los niveles actuales hacia 2025 para compensar la ausencia de nuevos proyectos de petróleo convencional." Dado que la producción de LTO americano se encuentra ya alrededor de los 5,5 Mb/d, triplicarse significa que se tendrían que añadir otros 11 Mb/d más para compensar la caída de la inversión en petróleo convencional. Es completamente ilusorio pensarse que el LTO americano va a llegar a alcanzar esas cifras de producción cuando es un negocio ruinoso desde el principio y cuando las posibilidades de que siga aumentando en una cantidad significativa son simplemente nulas. Pero es que además la AIE nos está diciendo cuánto cree que va a caer la producción convencional: unos 11 Mb/d de aquí a 2025 (más tarde veremos que en realidad estiman este déficit en unos 13 Mb/d). Lo peor del caso es que parecen no entender por qué las compañías desinvierten en la búsqueda de nuevo petróleo no convencional: es que simplemente no queda nada rentable, como dijo hace cosa de un mes Antonio Brufau, presidente de la española Repsol. Simplemente, estamos en la fase descendente de la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda, pero la AIE sigue sin darse por enterada. Lo que sí anticipan es el shock de precios que se nos viene encima, y lo gracioso es que no comprenden que tales shocks, como son comportamientos no lineales, hacen que los modelos dejen de ser válidos: no es posible predecir qué pasa después de un cambio abrupto. Por ese motivo el WEO 2007 no podía predecir qué iba a pasar a partir de 2008, y por eso este WEO no tiene capacidad de predecir qué va a pasar después del primero de los shocks petroleros que anuncian, porque la economía sufrirá, la demanda de todo bajará y a partir de aquí se desencadenarán muchos procesos que no sabemos en qué van a desembocar.

No solo el petróleo está comprometido: en el resumen ejecutivo se afirma que no se va a poder producir electricidad suficiente para 650 millones de personas, y en torno a 2.000 millones seguirán cocinando con sistemas ineficientes y que generan humos tóxicos.

Yendo ya al contenido de la parte A, se comienza por los puntos positivos: la cuarta parte de toda la electricidad producida en el mundo ya es de origen renovable y los sistemas de energía fotovoltaica son más baratos que nunca. Con respecto a lo primero, conviene recordar que la electricidad es solo el 16% de toda la energía final consumida en el mundo, con lo cual de toda la energía final global la renovable es solo el 4% - lo que está bien, pero es obvio que es largamente insuficiente. En cuanto al precio de los paneles fotovoltaicos cabe recordar que son solo uno más de los costes de una instalación solar y que su rentabilidad en general sigue siendo baja, en cuanto se tienen en cuenta el resto de elementos del sistema (inversor, sistema de almacenamiento, etc).

Se presentan la evolución prevista para la demanda de las diversas fuentes de energía, sin novedades destacables, y tampoco hay sorpresas en lo que se refiere a las previsiones de generación de energía eléctrica. Conviene destacar la siguiente gráfica, que contiene la evolución prevista por regiones para la generación de energía "baja en carbono" (término equívoco y que por eso se usa aquí) y, más interesante, el consumo de los diversos combustibles. Destaca el descenso del consumo de petróleo en las economías avanzadas, y de carbón tanto en éstas como en China. Es interesante, porque pasando los años podremos comparar la evolución real con la prevista, particularmente por lo que se refiere al consumo de carbón, recurso del que estas economías aún disponen de recursos apreciables.




Tras varias discusiones sobre la generación de electricidad, llegamos a un punto crucial del WEO. En la página 45 se afirma: "La producción de petróleo crudo convencional llegó a su pico máximo en 2008, en 69,5 Mb/d, y desde entonces ha caído aproximadamente en 2,5 Mb/d. En el escenario de Nuevas Políticas, cae un 3 Mb/d adicional entre 2017 y 2040, y su proporción sobre el suministro global de petróleo decae de manera estable del 72% hoy hasta el 62% en 2040. El nivel de recursos convencionales aprobada para ser desarrollados en los últimos años está muy por debajo de los requerimientos de demanda en el escenario de Nuevas Políticas, creando el riesgo de un tensionamiento en el mercado en la década del 2020". La gráfica que acompaña esas líneas muestra la evolución que esperan para las distintas regiones.



Algunas sorpresas relativas en esta gráfica: la producción de petróleo y gas de los EE.UU. llegaría a a su máximo a principios de la década de los 20, y eso a pesar del fracking. Rusia también llegará a sus máximos de producción hacia los mismos años, y por lo que respecta a Arabia Saudita se espera un incremento que en realidad es modesto, porque recordemos que esta gráfica mezcla petróleo y gas. A pesar de que se intenta transmitir un mensaje tranquilizador, es bastante evidente que aquí hay muchas cosas que no acaban de cuadrar.

El grueso de lo que sigue se destina, una vez más, a hablar de electricidad, durante muchas páginas. Parece que la AIE quiere hablar de electricidad para no tener que hablar de otras cosas, con un montón de gráficas y discusiones cuya interpretación en muchos casos es mixta, con aspectos positivos y otros que no lo parecen tanto. Por ejemplo, se identifica que puede haber problemas significativos con la producción (e incluso con los recursos) de litio y de cobalto.





Justo después, se nos habla que una de las grandes preocupaciones para el período que viene es la alta volatilidad del precio del petróleo, aunque tal "volatilidad" la ilustran con unas gráficas con sus estimaciones del gasto según el tipo de combustible que, aunque reveladoras, no explican toda la historia.


Y es que "volatilidad" no significa "precios altos todo el tiempo", sino "precios rápidamente oscilantes", es decir, a veces bajos y a veces altos. Con precios permanentemente altos los consumidores sufren, pero los productores están relativamente blindados en frente de los problemas. Sin embargo, con precios oscilantes todos sufren, según el momento del ciclo en que nos encontremos: los productores, cuando los precios son bajos, y los consumidores, cuando los precios son altos. Eso es, básicamente, la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda tantas veces comentada. De nuevo, es un proceso fuertemente no lineal, pero la AIE no quiere entrar en eso.

Tras muchas otras discusiones sobre electricidad y eficiencia (la estructura del informe no sigue un hilo lógico para las discusiones que yo creo que se deberían de dar), hay una pequeña sección destinada a discutir el renovado interés en el hidrógeno - a mi modo de ver, bastante absurda, aunque al menos tiene la decencia de reconocer que la producción mundial actual de hidrógeno se deriva del procesamiento de hidrocarburos. Algunas loas a la investigación y una vuelta tuerca más a una idea ya hace mucho desacreditada pero que aún colea.

Y por fin llegamos a la sección que estábamos intuyendo y esperando, en la que se habla del efecto de la caída en inversión que se observa actualmente en todos los campos de la energía, desde la energía renovable - aviso a navegantes - a las fuentes de energía más tradicional. Y aquí, como un iceberg flotando a la deriva en las postrimerías del mar de la autocomplacencia nos encontramos la siguiente gráfica sobre la evolución prevista para la producción de petróleo, atención al dato, durante los próximos 7 años (sí, solamente 7 años).


¿Cómo se interpreta esta alarmante gráfica? De acuerdo con el texto, la franja de color granate es lo que denominan "declive natural" y corresponde a cómo disminuiría la producción de petróleo si las compañías ni siquiera invirtieran en mantener los pozos actuales; como se explica en el informe, es del 8% anual. La franja de color claro corresponde al "declive observado" y es lo que la AIE infiere que decaerá en realidad la producción si las compañías por lo menos invierten lo que se necesita para el correcto mantenimiento de los yacimientos actuales (lo cual no se cumplirá en todos los casos, cabe decir). Este declive corresponde a un 4% anual. Si no fueran a entrar en línea nuevos yacimientos, en tan solo 7 años a partir de ahora nos encontraríamos que la producción estaría 34 Mb/d por debajo de donde se espera que debería estar la demanda con el escenario de Nuevas Políticas, o unos 25 Mb/d por debajo de la demanda mucho más moderada del escenario de Desarrollo Sostenible. Es un agujero enorme, de más del 35% de todo el petróleo que se produce hoy en día.

En el texto, la AIE nos advierte que no hay nada de particular con esta gráfica tan terrorífica porque se aprobará la explotación de nuevos yacimientos que cubrirán en buena medida ese agujero. Sin embargo, nos advierten, para evitar todo ese agujero nos haría falta aprobar yacimientos con recursos alrededor de 16 mil millones de barriles cada año, cuando se están aprobando con recursos de 8 mil millones cada año que ha pasado desde 2014. A este ritmo, estima la AIE, nos vamos a encontrar con un déficit de 13 Mb/d en el año 2025. En suma: la AIE está asumiendo, sin mostrarlo simple y abiertamente en una gráfica, que la producción en 2025 será inferior a la de hoy en día. En esencia, el peak oil.

No es la primera vez que la AIE muestra una producción de petróleo declinante desde prácticamente ahora mismo; ya en el WEO 2016 nos mostró una gráfica muy similar (también cortada en 2025, para no asustar demasiado).



La gran diferencia entre la gráfica de 2016 y la de 2018 es el tamaño del agujero de suministro. Y es que la gráfica de 2016 tampoco incluía la producción de los proyectos pendientes de aprobación, y mientras entonces el agujero se extendía unos 20 Mb/d en 2025, actualmente ese agujero puede llegar hasta los 34 Mb/d. Lo cual muestra a las claras que la situación ha ido a peor.

No es ningún misterio: fuera de los EE.UU., las compañías están replegando velas de manera cada vez más decidida. Ya comentamos que la española Repsol ya no invertirá en buscar nuevos yacimientos de petróleo y solo mantendrá lo que ya tiene en marcha; y como ella están haciendo muchas otras compañías, que tras gastar muchísimo dinero en exploración y desarrollo desde comienzos del siglo XXI ya hace 5 años decidieron que no invertirían más, sino cada vez menos. Es el colapso de la producción que anticipábamos que iba a producirse, que se veía como algo inevitable hace dos años y del cual la AIE nos lleva avisando en los últimos meses. Ya está aquí.

A la AIE ya solo le queda una bala en la recámara: el fracking de los EE.UU. Como de manera fáctica los EE.UU. están financiando (con grandes perdidas) el consumo de petróleo del resto del mundo y es el único país donde la inversión en petróleo sube, la AIE quiere creer que serán ellos los que podrán compensar este faltante. Lo que pasa es que la cantidad a compensar es simplemente desorbitante. El propio escenario de la AIE contempla que la producción de fracking en los EE.UU. llegue a su máximo en 2025, con 9 Mb/d, cuando debería ser por lo menos 15 Mb/d para evitar problemas, y en el propio WEO se reconoce que el recurso base estimado para el fracking no da para eso.

Es un grito de desesperación. Es un último esfuerzo de la AIE para negarse a aceptar que va a pasar lo que inevitablemente va a pasar, lo que hace años que sabíamos que inevitablemente había de pasar. Ahora ya lo tenemos encima.

La cosa no queda aquí. Nos avisan que por culpa de cambios normativos, como el que obliga a que los barcos usen gasóleos con menor contenido de azufre, habrá un encarecimiento y posible pico de precios específico para el diésel (nota relevante: en fechas próximas haré una actualización sobre el problema del pico del diésel, el cual mostrará la gravedad de la situación actual de la producción de diésel y que es obviamente la causa real de esos problemas que refiere el WEO).

Después de estas cuñas tan inquietantes, el WEO se va por otros derroteros, insistiendo de nuevo en la importancia de la electrificación, de la universalización del acceso a la electricidad y relacionándola mucho con los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas. De toda esa larga discusión me parece interesante resaltar una gráfica que nos da una idea de las proyecciones que hace la AIE sobre cuáles serán en el futuro la participación absoluta y relativa de las diferentes fuentes de energía en la generación de electricidad.



Las proyecciones de la AIE están asumiendo que desde los reducidos porcentajes de generación eólica y fotovoltaica actuales vamos a llegar más de la tercera parte del total con esas dos fuentes, y también que el consumo de carbón caerá drásticamente, un poco compensado por los fabulosos y nunca rentables sistemas de captura de carbono (ahora denominados sistemas de captura, utilización y almacenamiento de carbono).

En las siguientes páginas se discute mucho sobre las emisiones de CO2 según el combustible y muchos otros aspectos relacionado con las previsibles curvas de emisiones,  y también sobre cómo conseguir cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU. Son temas muy interesantes, y particularmente el de los objetivos de sostenibilidad (de los cuales se va a hablar mucho en el futuro) pero que por el momento obviaré para concentrarme en los aspectos que me parecen más críticos, particularmente las cuestiones de seguridad de suministro.

Llegamos por fin al capítulo específicamente dedicado al petróleo (pues todo lo que habíamos visto hasta ahora eran solo consideraciones genéricas sobre la situación de esta materia prima). Aquí se dan muchos más detalles, con discusiones pormenorizadas por países, consumo de petróleo por sectores, etcétera. Cuando se habla del más que posible pico de precios que nos espera, nos encontramos con la siguiente gráfica que nos muestra cómo se espera que evolucione la producción de petróleo de fracking en los EE.UU. (como comentábamos, la última esperanza) en el escenario de Nuevas Políticas.



La curva de producción esperada asume que se van a abrir nuevos pozos como si no hubiera mañana (cada franja representa la evolución de los pozos que comenzaron a producir en un determinado período). Como se ve, la producción decae muy rápidamente en pocos años y para compensarla se han de introducir nuevos pozos, en un número creciente no solo para compensar el decaimiento de todo lo que había antes, sino también porque los pozos que se van explotando cada vez son peores. Solo con un esfuerzo titánico (y multiplicando varias veces las pérdidas económicas actuales) podría EE.UU. seguir la curva de producción que aquí se indica, que se debe entender por tanto como lo mejor de lo mejor que se podría hacer. Y aún así se queda lejos de los 15 Mb/d que la AIE dice precisar.

En este punto, la AIE introduce una gráfica aún más espectacular que todas las anteriores: cómo evolucionaría la producción de petróleo si cesase de golpe la inversión desde 2018.



El ritmo de decaimiento que se observa en este caso es absolutamente salvaje, impresión que se ve aún más agravada porque, en este caso sí, la AIE nos muestra la evolución hasta 2040. Éste seria un escenario de pesadilla. ¿Cuál es el objeto de poner aquí esta gráfica? La intencionalidad más plausible es mostrar de una manera clara y tajante qué nos podría pasar si las compañías petrolíferas tomaran su decisión más drástica. Este escenario solo sería realista si el fracking de los EE.UU. se desmoronara, simplemente porque el sector financiero aceptara ya que la deuda que tienen es impagable, y que en el resto del mundo las urgencias y necesidades de las empresas petroleras hiciera que se concentraran en conseguir tanta liquidez como les fuera posible. Esta gráfica es, básicamente, un aviso a navegantes delante de un escenario que la AIE considera posible (aunque no necesariamente probable). Por otro lado, los lectores más añejos de este blog habrán observado cómo se parece la curva que nos muestra la AIE a las que yo obtengo cuando estimo la evolución posible de la energía neta del petróleo, por ejemplo en el post "El ocaso del petróleo: Edición de 2017".



La similitud de aspecto no es una coincidencia: en mi gráfica estimo cuál es la cantidad real de energía que podemos sacar del petróleo, mientras que en la gráfica de la AIE estiman básicamente que es lo que nos va a dar el petróleo si no malgastamos más dinero en intentar extraer más. Con todo, la gráfica de la AIE es aún peor que la que yo obtenía, pero eso es lógico porque los ritmos de decaimiento que yo usé eran del 6% anual, mientras que según parece el decaimiento natural está más bien cerca del 8% anual.

Abundando más en la idea de buscar la salvación en el fracking de los EE.UU., nos encontramos con la siguiente gráfica sobre cómo tendría que evolucionar la producción del shale oil en ese país según el nuevo volumen de reservas de petróleo se aprueben cada año en el resto del mundo.



Como ven, el sobreesfuerzo a hacer por la ya muy endeudada industria americana es mayúsculo. La insistencia de la AIE en recurrir al shale solo se puede entender porque probablemente la AIE considera que solo en los EE.UU. están tan locos como para seguir explotando algo que es ruinoso, mientras que el resto del mundo está arrojando la toalla. Ya es bastante poco realista pensar que los EE.UU. puedan duplicar su producción actual de petróleo de fracking, como considera el escenario de Nuevas Políticas; lo que se propone aquí es que tendría que incluso triplicarlo.

El siguiente capítulo está dedicado al gas natural. Pocas sorpresas aquí: aún estamos a unos años (aunque seguramente menos de una década) del pico del gas, y por tanto todo son vino y rosas para la AIE, que asume que la producción de gas va a aumentar el 60% en los próximos 22 años. No sorprendentemente, para la AIE el gas natural se va a volver la fuente de energía principal del mundo - simplemente, porque no son capaces de anticipar su pico (como no anticiparon el peak oil: ¡si aún están intentando asimilarlo!). Sí que llama la atención que el incremento de precio esperado para la UE, EE.UU., y Japón es bastante considerable, especialmente para la primera (un 50% de subida para los dos primeros, aunque en EE.UU. sea mucho más barato que en Europa), lo cual posiblemente también es excesivamente caro para no tener efectos económicos concretos (léase recesión económica). Una vez más, la AIE es incapaz de entender que se puedan desencadenar fenómenos no lineales.



Prosigue una exhaustiva discusión sobre el comercio del gas (cuestión clave, porque el gas no es algo fácil de transportar), su uso por regiones y por sectores económicos. Sobre lo último quisiera destacar la siguiente gráfica:


La categoría "autoconsumo para producción energética" es muy interesante: es una franja nada despreciable, que representa poco menos del 10% del total. Aunque seguramente los procesos contabilizados no se refieren solamente al gas natural (una parte de ellos, por ejemplo, probablemente tienen que ver con el uso del gas para extraer el bitumen de las arenas bituminosas y su ulterior mejorado en las refinerías), el porcentaje es una indicación de que la Tasa de Retorno Energético (TRE) del gas natural debe estar bastante cerca de 10, un valor crítico: una rentabilidad energética (y por tanto económica) del gas natural tan baja anticipa cambios drásticos en su explotación, y probablemente preludia la llegada al pico del gas.

Otro indicio de que las cosas no son tanto del color de rosa en el gas natural es la comparativa que se hace entre la capacidad de licuefación de gas natural (para su exportación en buques metaneros) y los requerimientos que implicaría cumplir con las previsiones del escenario central.



El caso es que se necesita que los proyectos aprobados pero aún no ejecutados comiencen a entrar en operación para evitar problemas tan pronto como ahora, e incluso con eso, con lo que se ha aprobado hasta hoy habría falta de capacidad para atender la demanda tan pronto como en 2025. Ciertamente en el futuro se podrían ampliar los proyectos de licuefación y que por tanto el faltante que se muestra en ese gráfico no llegue a suceder, pero también es cierto que en un futuro económicamente incierto (máxime si se materializan los picos de precios del petróleo de los que hablábamos más arriba) lo más probable es que justamente se restrinja la inversión y que por tanto falte capacidad de licuefación para llevar el gas natural al mercado, aún cuando se pueda producir. En todo caso, esta gráfica es de nuevo un aviso a navegantes que envía la AIE, puesto que en sus modelos de previsión no deben tener tan claro que se acaben aprobando nuevos proyectos de licuefación (máxime cuando son proyectos costosos y que requieren años para su ejecución).

También significativa es la gráfica en la que se analizan las dificultades que tendrá la UE para abastecerse de gas natural en los próximos años (como se muestra en la parte de la izquierda de la siguiente figura), y de dónde considera la AIE que podrían venir ese gas que falta (básicamente, pagando más de lo estipulado y de otros puntos a través del mar Caspio, es decir, de nuevos exportadores de Oriente Medio). Cabe añadir que en el texto la AIE reconoce que la producción de Noruega y Rusia va a decaer en los próximos años.



Como anticipándose a lo que pueda pasar, este WEO analiza dos subescenarios, dentro del de Nuevas Políticas y dirigidos específicamente a la cuestión del gas en Europa, uno denominado "Unión energética", en el que todos los países de la UE colaboran para garantizar el flujo de gas por todos los países, y otro denominado "Contrafactual", caracterizado por la falta de compromisos y contratos y la escasa colaboración entre países de la UE. Lógicamente, el segundo es mucho más problemático e incierto que el primero.

El siguiente capítulo está dedicado al carbón. Bastante al comienzo vemos una gráfica sobre la producción futura, bastante similar a la que ya vimos en el WEO de 2014:


Como en 2014, lo que se muestra en una caída de la producción de carbón en los años venideros, que solo podrá ser compensada si las minas proyectadas pero que aún no ha comenzado la ejecución (las "greenfield mines") entran en operación. Como indica el gráfico, si no llegan pronto al rescate hacia 2025 (año muy crítico, por lo que se ve) la caída de la producción de carbón será muy precipitada. Pero la gráfica del WEO de este año tiene dos importantes diferencias con respecto a la de 2014. En primer lugar, el eje temporal está cortado: no se muestra qué pasó antes de 2015. Si se mostrara ese rango temporal (ver el gráfico de 2014 debajo de estas líneas), se vería que antes la producción crecía, y que en realidad ya hemos pasado el máximo de producción (en 2014 creían que en 2040 la producción de carbón sería superior a los 6.000 millones de toneladas equivalentes a petróleo, mientras que en este WEO asumen que en 2040 será de poco más de 5.000 millones, similar a la producción de 2015).


La otra importante diferencia con respecto a 2014 es que, como muestra la figura, hubo ya una caída de producción de carbón de 2015 a 2016, ligeramente remontada en 2017 pero que aún nos sitúa en niveles inferiores a los de 2015. Sin la aportación de las "greenfield mines", la tendencia inevitable sería a la caída de producción, así que esta gráfica sería un nuevo indicio de la llegada del pico del carbón (aunque en este caso se produciría no solo por factores geológicos). Lo que es significativo también de este WEO es que en el texto se reconoce que los precios no han cubierto costes y por eso ha habido muchas compañías que han quebrado, y que se observa algo parecido a lo que pasa con el petróleo, esto es, se están planteando pocos proyectos de minas nuevas. Es nuevamente un reconocimiento tácito del pico del carbón.

El resto del capítulo transcurre por los derroteros habituales: producción por regiones, uso por sectores económicos, comercio... Es gracioso ver cómo se da por hecho que en las próximas décadas el carbón irá perdiendo peso relativo en la generación de electricidad en favor de las renovables. Aunque es cierto que así ha sido durante los últimos años, la experiencia de Alemania durante la Energiewende nos hace albergar más que fundadas sospechas de que la tendencia se puede quebrar (y máxime ahora que China anunció el pasado 1 de junio que congelaba toda nueva inversión en energía fotovoltaica). Para acabar, la parte final del capítulo discute sobre la capacidad de las centrales térmicas de carbón de aportar flexibilidad (capacidad de suplir electricidad cuando las renovables no pueden), sus emisiones de CO2 y el disparate de los sistemas de captura y secuestro de carbono.

El siguiente capítulo está destinado a la discusión sobre energías renovables y eficiencia. Es curioso que liguen ambos conceptos, mucho más que en las mucho menos eficientes fuentes de energía no renovable, pero también es lógico: sin un aumento increíble (e inverosímil) de la eficiencia sería imposible que la energía que podremos producir cubra todas las expectativas económicas. Para cubrir la demanda prevista en el escenario de referencia hasta 2040, la producción de energía renovable debería multiplicarse casi por 3, para lo cual sería preciso multiplicar por dos los subsidios anuales que ahora recibe. Cifras ambiciosas pero que no suenan a descabelladas. Sin embargo, esas cifras globales están un poco maquilladas ya que contienen la hidráulica, mucho más importante hoy por hoy que las demás renovables. Descontando la generación de hidroelectricidad, el resto de producción renovable tendría que multiplicarse con 5, un objetivo sin duda ambicioso pero que parece perfectamente planteable si hay una verdadera voluntad política detrás. Cabe decir que la mitad de todo lo no hidráulico es biomasa para generación de calor y combustibles, y que descontado eso el incremento que deberían hacer las otras renovables es todavía mayor.

Dado que se comienza a ver que el gran caballo de batalla será el uso de energía renovable para el transporte, en este WEO se le concede mucha importancia a los biocombustibles (que cuando nos da la gana los contamos también con el petróleo, lo cual hace que las cifras totales estén un poco desvirtuadas por culpa de esta doble contabilidad). Es risible la insistencia en que la producción de biocombustibles no causa problemas a la producción de alimentos para consumo humano y del ganado, a pesar de la numerosa evidencia en sentido contrario.

El tema de la eficiencia es también muy llamativo: fíjense en la siguiente gráfica cuál es el nivel de demanda que se asume nos vamos a poder ahorrar gracias a las ganancias en eficiencia en el transporte (incidentalmente, observen también la escasa aportación de las renovables):



El discurso sobre la eficiencia sigue con una discusión sobre las viviendas con un consumo casi nulo de energía, lo que proponen como una solución perfecta especialmente para Europa (recordemos que a nosotros nos toca un descenso energético bastante fuerte, de acuerdo con el WEO). Por supuesto, la digitalización es un aspecto clave en ese proceso de desmaterialización energética de Europa. No hace falta decir que hay mucho brindis al Sol y poco realismo en todos esos planteamientos.

La segunda parte del WEO es específicamente sobre electricidad. No voy a comentar demasiado de esta parte. Sí que mostraré una gráfica en la que se muestra cómo han caído en los últimos años los costes de producción eléctrica de diversos sistemas renovables, porque ése es el argumento fundamental que usan los defensores de un modelo 100% renovable continuista respecto al modelo actual; será interesante observar cómo evolucionan estos costes en los años venideros.



Hay muchas otras cuestiones interesantes, como la gestionabilidad de las fuentes de energía renovable, pero no aportan realmente nada nuevo a las discusiones de siempre. Simplemente, hacer notar que para la AIE la electrificación de todo es al solución a los problemas tan serios que tenemos planteados con la escasez de petróleo y de carbón.

La última parte del WEO está dedicado al análisis en profundidad de un tema, en este caso el petróleo y gas "limpios". Es una parte principalmente centrada en cuestiones ambientales (emisiones de todo tipo implicadas por todos los aspectos de ambas industrias) y no pensaba detenerme demasiado en ella, aunque he encontrado algo muy interesante allí: las proyecciones sobre la evolución de la TRE del petróleo que hace la AIE:


Dejando al margen que los valores de TRE que reporta la AIE (que no sabemos de dónde los saca) son demasiado elevados comparados con los que se suelen reportar en la literatura científica, es muy positivo que la AIE comience a incorporar aspectos termodinámicos en la discusión de la futura disponibilidad de los recursos. De hecho, en el apartado donde se encuentra esta gráfica se discute correctamente que al quedar cada vez menos recursos y ser éstos de peor calidad, el rendimiento energético baja. Es un poco triste que una discusión tan fundamental haya ido a caer a una sección donde este aspecto es marginal, en vez de ocupar un lugar más central en la discusión del petróleo, pero ésta es la manera que tiene la AIE de decir las cosas que no es correcto decir en público: decirlas, sí, pero escondiéndolas en el fárrago de páginas del WEO. Así, en el futuro, nadie podrá acusar a los oficiales de la AIE de no haber dicho las cosas, y al mismo tiempo evitan susceptibilidades actuales.


Conclusiones:

En muchos aspectos, este WEO marca un nuevo punto de inflexión en la complicada trayectoria de la AIE. Ha habido varios hitos importantes en este proceso de difícil equilibrio entre la negación a aceptar una realidad desagradable y la obligación de servir responsablemente a sus administrados: en 2010 reconocieron que la producción de petróleo crudo convencional había tocado techo; en 2014 mostraron varias gráficas que anticipaban picos de producción (por cierto que en este WEO ni se menciona al uranio); y en 2016 mostraron por primera vez una gráfica en la que la producción de petróleo no podría cubrir la demanda. Este año, sin embargo, el mensaje es aún más contundente: va a faltar petróleo, va a faltar mucho y va a faltar ya. De aquí a 2025 tenemos 13 Mb/d como mínimo que no se van a poder cubrir, y la cantidad total podría llegar a ser de 34 Mb/d. 34 Mb/d es el 37% de todo el petróleo que se consume hoy en día, y este faltante sobrevendría en 7 años, en el peor de los escenarios posibles. Sin duda, al final las cosas no irán de esta manera tan horrible, pero lo que parece inevitable, según las propias palabras de la AIE, es que se produzcan picos (en plural) de precios del petróleo en los próximos años (y eso solo hablando de petróleo, pues el carbón tampoco está mucho mejor). Alguien en la AIE ha gritado "peak oil". En realidad no es alguien: es todas las personas que participaron en la elaboración de este informe, que entienden perfectamente de qué están hablando. El mensaje ha sido claro. Ahora falta saber si alguien quiere escuchar.


Salu2.
AMT